sábado, 22 de agosto de 2015

La desorientación del presente



Los destructores siguen profundizando la famosa grieta; cada vez se alejan más del lado bueno de la vida. Mientras Mirtha se extravía con sus comparaciones televisivas, Felipe Solá sueña con votos fantasmas y una diputada amarilla, odiadora profesional y asalariada de los buitres, se enreda en el ciberespacio con sus manipuladores mensajes. Como las mentiras no alcanzan, el fiscal Nisman vuelve a la escena, en coincidencia con la nueva temporada de The Walking Dead. Cuando apelan a los muertos es porque con los vivos no podrán llegar a ningún lado. El fracaso electoral de sus operaciones los convertirá en candidatos al diván, como el ex MIDACHI, que está indagando su psiquis con ayuda profesional. Por lo que parece, después de octubre muchos le harán compañía en la sala de espera para los postulantes frustrados.
Sin dudas, la diputada por el PRO, Laura Alonso, debe necesitar una mascota, no solo para recuperar un poco de ternura sino para reforzar su intelecto. Sus últimas intervenciones la muestran más desencajada que nunca. Enojada con el Papa y con la vida, su desesperación de campaña la conduce a actuar casi como barrabrava. Tan pocas luces muestra esta representante que ni siquiera sus representados tienen en cuenta sus dichos. Primero, fue una de las primeras en difundir las falaces fotos de Scioli en Italia y de las inundaciones tomadas en cualquier tiempo y lugar. Con inexistente seriedad, justificó su militancia en las redes sociales, como si fuera uno de los tantos anónimos que comparten contenidos sin comprobar su veracidad o procedencia. Después, acusó al Gobierno por el asesinato de Ariel Velázquez en Jujuy y se lamentó por la suspensión del acto de campaña de Gerardo Morales. Finalmente, para coronar su ineptitud cuestionó la famosa foto de Francisco en la campaña para forzar el diálogo por la soberanía en Malvinas.
Considerada de esta forma, la libertad de expresión atenta contra esa garantía constitucional. Más aún cuando una diputada de la Nación es la autora de semejante catarata de sandeces. Sus partidarios deberían tomar cartas en el asunto pero no para contener su pulsión comunicativa, sino para dilucidar a favor de quién está haciendo campaña. Porque tanto desprecio hacia una fuerza política avalada por mayoría en las urnas ya parece una parodia. ¿Aún no se ha dado cuenta de que con su estrategia discursiva sólo consigue acceder al podio del ridículo? ¿O se conformará con el divertido aplauso de los que le hacen coro en la red del pajarito?
La orfandad del futuro
El jueves, mientras La Presidenta brindaba una Cadena Nacional después de mucho tiempo, la diputada macrista demostraba que su agilidad digital es inversamente proporcional a su capacidad para la ironía. Y a muchas otras capacidades, también. Pero es momento de abandonar este personaje con sus desdichas pasadas, presentes y futuras porque la comparación con el personaje que entra en escena la deja muy mal parada. No sólo a ella, sino a muchos de los que destilan hiel en cuanto Cristina se cruza en sus pensamientos.
Más allá de los odios y los amores, las diatribas y los elogios que despierta, sin dudas, todos la extrañaremos. No habrá un solo argentino después del 10 de diciembre que no la eche de menos. Todos sentiremos un vacío que será imposible de llenar. No es exagerado afirmar que la vida perderá color cuando CFK deje de ser presidenta.
Hasta los opositores estarán desorientados, pues no sabrán contra qué estampar sus vísceras. Aunque se quejen a diario, aunque despotriquen por todos los rincones, no sabrán qué hacer sin ella. Desde que asumió la presidencia conformó un insólito modelo de oposición, irrepetible. Una especie de opositor todo terreno con cuádruple tracción, dispuesto a abandonar cualquier principio con tal de oponerse. Una dócil marioneta sensible a la tensión de los hilos que la mueven. Un monigote invertebrado capaz de tomar cualquier forma que le impriman. Jamás se ha visto algo así, ni jamás se verá.
Todos hemos aprendido a pensar el país de manera distinta, a ver relaciones de fuerza donde antes sólo veíamos problemas, a valorar el conflicto cuando contribuye a la construcción del futuro, a descubrir operadores que se disfrazan de expertos. Todos hemos aprendido esto y mucho más, aunque muchos se exilien en el estrecho territorio más allá de la grieta.
Pero lo que más extrañaremos serán sus discursos. El sello que ha impuesto a cada una de sus intervenciones será difícil de superar. ¡Cuántos libros se escribirán a partir de ellos, cuántas recopilaciones se editarán en DVD, cuántas reproducciones tendrán en la web! Pero resultará complejo remedar las expectativas –tanto buenas como malas- que despierta la proximidad de una de sus Cadenas Nacionales. ¿Quién de todos los que la cuestionan podrá despertar la atención, el entusiasmo, la pasión entre un público juvenil?
¿Qué lugar simbólico ocupará Laura Alonso –y tantos como ella- después de diciembre? Tal vez vuelva a ser una ignota diputada, atornillada a una banca opositora sin mucho brillo y con el perfil bajo que merece. El lugar de Cristina no será ése. No será el olvido ni la soledad. Aunque el vacío del futuro ya produce nostalgia, Ella ya está en Nuestra Historia. Cada tanto, nos hará una visita y si las cosas se ponen difíciles se quedará una temporada para orientar nuestros pasos.

3 comentarios:

  1. Gustavo: para variar...¡estoy de acuerdo! ¡Cómo la vamos a extrañar, caracho! Un abrazo, lectura diaria obligatoria tu material!

    Pablo López

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  2. Muy buenos Gustavo tus aportes y analisis de la coyuntura a veces uso tus parrafos en discusiones comento poco pero leo todos
    Jpierantoni

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  3. Queridos lectores: son demasiado generosos con sus comentarios, tanto acá como en las redes. Todos los días recibo esos mimos verbales que alimentan mi Ego y me alientan a seguir escribiendo. Nunca he sido tan constante, entusiasta y creativo como con este espacio. Eso es gracias a ustedes, que le dan apoyo y sentido. Abrazo a todos y todas.

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