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lunes, 31 de agosto de 2015

Los cacerolazos por venir



El lunes pasado, un enrarecido clima de violencia sacudió San Miguel de Tucumán. Pocas horas después de haber votado, una multitud se concentró en la Plaza de la Independencia para manifestar su disconformidad con los resultados. Con el infaltable aliento de los malos perdedores, la muchedumbre parecía dispuesta a todo. Por supuesto, no merecían ser reprimidos, aunque fueran preparados para copar la Casa de Gobierno, no con bombas Molotov como aconsejaba Nicolás Salvatore, asesor del frustrado José Cano, pero con furia acorde a las circunstancias. Un contra-fáctico tentador: ¿hubieran marchado de haber tenido toda la información? ¿La indignación sería similar si supieran que los autores de la quema de urnas eran candidatos y militantes de la oposición o que las fotos difundidas por redes sociales habían ilustrado otros hechos en otro tiempo y espacio? Seguramente, aún no se han enterado de esos pequeños detalles, pues los denunciadores se cuidan de hablar del tema. Una vez más, el público manipulado copó las calles y el resultado de estos eventos siempre es la confusión y el alboroto.
La represión policial era la foto que buscaban los organizadores de este estropicio electoral. Las imágenes de la violencia alimentan los titulares agoreros y los delirios intelectuales de los analistas. Una plaza que debió estar poblada por el festejo de los triunfadores se inundó con la indignación inducida por dirigentes irresponsables y la estupidez de una horda de uniformados. No será la primera vez en esta historia que las calles sirven de escenario para que individuos mal informados alcen su voz de protesta. En septiembre de 2012, la Plaza de Mayo desbordó de caceroleros que desafiaban las amenazas presidenciales. El “discurso del miedo” fue la tergiversación - por parte de los medios dominantes y los políticos sumisos- de las palabras que CFK dirigió a los funcionarios que se encargaban del saneamiento del Riachuelo. En pleno verano de este año, la Marcha de los Paraguas fue el conmovedor resultado de los esfuerzos de convertir al controvertido fiscal Nisman en un Héroe y Mártir de la Patria. Nadie se arrepiente ni avergüenza por tanta docilidad. Por el contrario, siempre se muestran dispuestos a someter su entendimiento a los cotidianos malversadores informativos.
Si no existiese un público tan manipulable, los candidatos de la oposición deberían esforzarse más para conquistar algo de trascendencia. Manipulación facilitada por prejuicios existentes en los destinatarios, cabe destacar. Si quisieran, podrían tener la información que les permita construir una secuencia más completa de los hechos y descubrir que el fraude está en los postulantes que lo denuncian. Si hasta el diario La Nación publicó el miércoles pasado los resultados de las elecciones del 9 de agosto que demostraban que el FPV no necesitaba quemar urnas para conquistar la victoria. Pero son impermeables a los datos que podrían desterrar los preconceptos que orientan sus vidas.
Jardineros del futuro
Ahora piden la nulidad con el sólo fundamento de sus caprichosos pataleos. Que se vote tantas veces como sea necesario hasta ganar por cansancio, parece ser el objetivo. Pero Tucumán ya no importa: desde hace varios días quieren trasladar la indignación a la Capital para que contagie a todo el país. Y así, la nulidad se extenderá a las elecciones futuras. En un intento desesperado, buscan incendiar la voluntad popular para condicionar el futuro.
Si la vida fuera justa, esta última operación debería dejarlos fuera de juego para siempre. Si todos advirtieran el engaño, Macri y sus secuaces deberían ser el blanco de un repudio generalizado. Si la Justicia estuviera comprometida con nuestros intereses, un oscuro personaje como Jaime Durán Barba sería expulsado del país, por inundar nuestra vida política con la mugre que pergeña. Si el público cambiara alguna vez de canal, comprendería dónde está el verdadero fraude. Si se corriese un poco más el velo, muchos individuos podrían ver los intereses que se esconden detrás de este perverso combo y así, tal vez, vislumbrarían con más claridad lo que está en juego.  
Sin embargo, a pesar de todo el estiércol que arrojaron, el FPV sigue liderando la intención de voto y con un esfuerzo más podrá conquistar la victoria en primera vuelta. Bastante ingrato que el proyecto que nos ha sacado del pantano deba batallar con los números. Desalentador que operaciones mediáticas cada vez más descabelladas amenacen con interrumpir nuestro camino. Increíble que titulares amañados puedan más que las bondades de la vida cotidiana.
Si sus fábulas periodísticas explotan apenas levantan vuelo, ¿por qué permanecen en la memoria de algunos como si fueran la Verdad Revelada? ¿O no son muchos los que todavía creen que a Nisman lo mandó a matar el Gobierno, a pesar de que las pericias indican la imposibilidad de que otra persona haya intervenido en su muerte? ¿O los que sostienen que Kicillof es un pibito marxista que cobra 400 mil pesos como director de YPF? ¿O los que ven en los militantes de La Cámpora una pandilla fascista más peligrosa que los marines? ¿O los que todavía imaginan a Máximo Kirchner como un bobalicón adicto a la Play? ¿O los que piensan que el honestismo es un parámetro adecuado para elegir un gobernante? ¿O los que aceptan la pueril idea de que el Gobierno ataca al que piensa distinto? ¿O los que suponen que el incremento de los precios es un entretenimiento de Cristina antes de acostarse, en lugar de hacer crucigramas? ¿Cuántos serán los que sienten que estamos atravesando una crisis aunque no vean ninguna señal en su entorno? ¿Cuántos los que esperan de Macri la salvación de la República?
No contemos, para evitar la acidez. De acuerdo al resultado de las primarias, alrededor de un 30 por ciento. ¿Acaso no es un exabrupto electoral que tanta gente se deje encantar por algo así? Ni su mascota debería votarlo. Menos aún después de esta última puesta en escena. ¿O habrá que hacer un dibujito para que todos comprendan que las irregularidades detectadas hasta ahora en las elecciones en Tucumán fueron realizadas por candidatos y militantes del PRO y sus aliados? ¿En qué idioma habrá que explicar que el FPV no necesitaba del fraude para ganar las elecciones?
La semilla de la desconfianza ya ha sido sembrada en muchas mentes. Ya sabemos con qué pestilencias los agoreros abonan y riegan esos sembradíos. Por lo que parece, no podemos evitar que broten pero, con paciencia y corazón podremos transformar esas futuras malezas en coloridas flores para nuestro grandioso jardín. No a todas, sino a aquéllas que no merecen estar en ese sombrío rincón. Y al resto, contenerlas para que no nos invadan.

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