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viernes, 6 de noviembre de 2015

La sorpresa de los Kinder



Después del desconcierto del 25 de octubre, aprendimos a no reírnos de las tonterías amarillas, porque gracias a ellas están a punto de convertir en presidente a un personaje muy peligroso. Ellos, muy hábiles para las baratijas, comenzaron a burlarse de las advertencias sobre los economistas del PRO. El propio Mauricio Macri comenzó la serie con la incomprobable anécdota con su hija y la sorpresa de los huevitos Kinder. Después siguió una catarata en las redes sociales con desmentidas de miedos absurdos, como una estrategia para confundir a la ciudadanía, como siempre. Pero esto no es broma y no pasa por los chiches que vienen con la golosina. Con las medidas que ya están anunciando, no vendrán las siete plagas ni catástrofes imaginarias, sino conflictos y angustias vividas por la mayoría cuando el Mercado se hizo cargo de conducir el país hacia el desastre de 2001. Las sorpresas de este huevo serán por demás de amargas, además de muy conocidas.
Que en su discurso de campaña anuncie que no va “a suspender la siesta santiagueña” puede resultar gracioso, pero que confunda el nombre del gobernador de esa provincia es un indicio del desinterés que trata de disimular con sus promesas de prosperidad para el Norte argentino. Entre ellas, los puertos anunciados parecen una burla ante el sistema hídrico de esa región. Como con el Infame Riojano, la ignorancia del candidato produce más simpatía entre sus fans. Quizá no recuerden que, en los noventa, los territorios del NOA y NEA eran considerados inviables por el neoliberalismo. Nada indica que en su posible gobierno las cosas sean distintas, en sintonía con su impronta unitaria y su pulsión agroexportadora.
No en vano, el coordinador energético de Cambiemos, Juan José Aranguren, considera que "no es relevante recuperar el autoabastecimiento y la soberanía hidrocarburífera". Claro, deconstruir esta frase nos conduce a un punto de partida oscuro: Aranguren fue presidente de Shell y responsable de maniobras espurias para forzar una devaluación a comienzos de 2014. El entonces jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, lo acusó de especular en el mercado de divisas y mantener una “actitud conspirativa contraria a los intereses del país”. A pesar de esto, puede convertirse en funcionario de un hipotético –y temible- gobierno de Macri. 
Claro, ligado al mundo empresarial, no conmueven a Aranguren palabras como ‘soberanía’ o ‘autoabastecimiento’. Al contrario, son obstáculos para el clima de negocios que deberá inundar el país a partir del 10 de diciembre. Además, el combustible no será necesario cuando la devaluación y las importaciones desmantelen el entramado industrial que hemos construido en estos años. Con Macri y sus secuaces, Argentina ya no será un país, sino una empresa que dejará afuera a gran parte de sus empleados. Perdón, ciudadanos.
Una bifurcación en nuestra vida
Que muchas de sus seguras víctimas sean sus posibles votantes es un error que pagaremos muy caro. El asalariado que piense que la devaluación de la moneda, la apertura de las importaciones, la liberación de las exportaciones y la quita de subsidios a los servicios van a mejorar su vida está muy equivocado. Ninguna de estas medidas será tomada para beneficiar a las mayorías, sino para enriquecer una vez más a un puñado de angurrientos. No hay que volver a probar el veneno que nos ha enfermado tantas veces. En Santiago, Macri aseguró que su equipo es el “mejor de los últimos 50 años”. No es el mejor, sino el que ha estado gobernando nuestra vida desde el principio de la dictadura hasta la crisis de 2001. Todos los que se presentan como la novedad que nos hará cambiar son viejos conocidos que nos han hecho retroceder muchos años con cada una de sus apariciones. Este equipo es el mejor para destruir todo lo que hemos recuperado en los últimos doce años.
Si el 22 de noviembre es Macri el coronado como presidente no será como resultado de la libre elección de los votantes, sino de la manipulación perversa que los medios dominantes han ejercido sobre su voluntad. En otros tiempos, los intereses que Macri representa debían recurrir a los golpes de Estado para acceder al poder. Hoy tienen armas más poderosas y menos sangrientas: los medios de comunicación. Regularlos no es vulnerar la libertad de expresión, sino combatir la colonización de las conciencias que realizan todos los días. Quien consume sus contenidos no es un sujeto libre sino un individuo preso de las más delirantes distorsiones de la realidad. Lo que difunden a toda hora no son puntos de vista sobre hechos verídicos sino patrañas surgidas de la imaginería sanitaria: de los más hediondos retretes surgen las fábulas que difunden como noticias. Y a partir de ellas analizan, cuestionan y proponen. Con todo su poder intacto, imponen como candidato del cambio –que incluye honestidad y transparencia- a un personaje procesado por escuchas ilegales que acumula más de doscientas causas en su contra y que en su distrito no ha hecho nada de lo que promete.
Desarmar el monstruo mediático es un desafío para los próximos años, siempre y cuando podamos desatar la poderosa maraña protectora de la Justicia. Unos cuantos magistrados están empecinados en rebobinar nuestra historia y dificultan cualquier avance para horadar los privilegios que nos han perjudicado siempre. Desde sus patricios estrados han frenado todo intento de transformación y sanción del desequilibrio de poder entre el pueblo y las corporaciones. Multas frenadas por cautelares, leyes que se pierden en vericuetos burocráticos, inconstitucionalidades a medida del usuario, delitos de Lesa Humanidad ignorados por jueces timoratos son las fotos que se suceden en estos doce años. El país nunca será para todos mientras tanto poder se concentre en tan pocas garras.
El domingo 22 puede ganar el engaño y esto no es meter miedo, sino apelar a la experiencia. De ser así, todo lo que hemos comenzado a disfrutar se podrá esfumar de un plumazo. O podemos continuar por este camino colectivo que nos impulsó a diseñar un país mejor. Las corporaciones, sus gerentes y satélites con el país de las pesadillas o nosotros, los que queremos vivir en una Patria que nos contenga en los bellos sueños de sus fundadores. Esta es la decisión que está en nuestras manos: volver a destruir un país o construirlo en serio.

2 comentarios:

  1. Tal cual se expresa en el concepto PATRIA O MACRI ..
    ABZO
    J.pierantoni

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    1. Si, es la síntesis de lo que uno tiene que explicar mucho para que algunos abombados lo entiendan. Fuerza

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