Páginas vistas en total

domingo, 29 de noviembre de 2015

Amarillo republiqueta



El casi empate en el balotaje es interpretado por el establishment como un rotundo triunfo. Y bueno, de ilusión también se vive. Aunque nadie discute que Mauricio Macri será el próximo presidente, desde el 10 de diciembre deberá afianzar su legitimidad en un terreno que desconoce. Hasta ahora, llegó a La Rosada gracias a la protección mediática, la denostación amplificada y la fundamentación de prejuicios, con el agregado de globos, amorosas frases de posters y la revolución de la alegría. Sin embargo, desde las pantallas y antes de asumir, exige un acatamiento absoluto, como si fuese lo mismo un 51 por ciento ante un solo oponente que el 55 por ciento ante seis. Si ellos hubiesen reconocido a Cristina Fernández y a todos sus seguidores y apologistas a lo largo de estos años, el futuro del Ingeniero al frente del país sería más sencillo. Pero el desprecio que han desplegado en esta década no hará tan fácil la convivencia entre las dos mitades. No por rencor ni venganza, sino porque siguen pensando que los que no votamos por ellos somos alimañas de charcas putrefactas.
Y esto no es exagerado. No sólo están exigiendo la renuncia de funcionarios con mandato prolongado –Sabbatella, Vanoli, Bauer- y de Gils Carbó, que tiene un cargo vitalicio como un fiscal o un juez, sino también piden a los gritos que el Congreso no sesione. Todo a pedido del artífice de esta pesadilla, el Ministro desde las Sombras: Héctor Magneto. De cualquier modo, el Presidente Amarillo ya debe tener los vetos preparados para anular las noventa leyes aprobadas en una jornada intensa. Total, en su distrito está acostumbrado a la vetocracia, cuando lo decidido por los representantes del pueblo no satisface los caprichos de su Club. Un desconocimiento de las normas propio del que está dispuesto a atropellar la República. Como la insistencia en designar a Laura Alonso al frente de la Oficina Anticorrupción, que exige el título de abogado y la diputada es licenciada en Ciencias Políticas. El mayor mérito que tiene no sólo es el financiamiento de Paul Singer sino el de ser una feroz opositora al actual gobierno. Además, con el afán de alcanzar la impunidad cero, prometió que destinará todos sus esfuerzos en demostrar lo malo que es Amado Boudou –una venganza por la destrucción de las AFJP-, en lugar de indagar en los prontuarios de los futuros ministros y hasta del propio Macri. Por supuesto que el principal objetivo del nuevo presidente es unir al país, pero antes deberá extirpar todo rastro de kirchnerismo, aunque eso signifique menospreciar a casi la mitad del país.
Acerca de la pesada herencia
En esta contienda, el principal ganador es el Multimedios, como ordenador y difusor del pensamiento único del establishment. Si uno solicita a un vecino que enumere cuáles son las principales críticas que tiene hacia La Presidenta, recibirá un listado de chimentos elevados a la categoría de noticia: un catálogo de hechos de corrupción ficticios, infiernos ilusorios, epítetos, insultos y falacias sobre Cristina, funcionarios, periodistas y seguidores. La que cala hondo –hasta en algunos de los votantes de Daniel Scioli- es la soberbia. Casi desde los primeros días de su primer mandato –además de bipolar, dormilona y frívola- La Presidenta fue tildada de soberbia. Los últimos presidentes constitucionales han sido calificados de cualquier cosa, menos de soberbios, aunque fueran insistentes en el fundamento de sus decisiones. Ella, en cambio, sí. En esto hay un tufillo machista porque una mujer implacable y decida no es adecuada como modelo para la sociedad. Una mujer, para Ellos, debe ser obediente, sumisa y sobre todo, callada. Cristina, por supuesto, no es nada de eso.
Estos confundidores seriales transformaron convicciones, compromiso, conocimiento, claridad conceptual y capacidad oratoria en un chisme de harpías envidiosas. Cuando asuma el nuevo presidente, nadie dirigirá ese adjetivo hacia su figura. Sin embargo, el calificativo le cuadra mejor porque es el personaje que, por gozar de una posición social de privilegio, cree que lo sabe todo y pretende convertir su desconocimiento en sentido común y lo peor, en plan de gobierno. Para el futuro: es más razonable la inmodestia del que ha estudiado mucho que la petulancia del ignorante todo terreno.
Pero no sólo lograron convencer a los votantes de que Cristina es la persona más soberbia del Universo: también con la inseguridad hicieron lo propio. Si hasta horas antes de que comience el balotaje vivíamos en un país inseguro, desde el día siguiente desaparecieron de los medios dominantes los delitos menores que antes amplificaban. El país cambió y eso sí fue magia, pero de la perversa. Y también, por arte de magia, la inflación se transformó en sinceramiento, reacomodamiento y demás eufemismos para que el público esté preparado para el futuro de abusos y deterioro que se escondía detrás de las angelicales promesas de los candidatos amarillos. Ahora vamos a padecer en serio la inflación y el ajuste, pero Ellos apelarán a la excusa de la pesada herencia del kirchnerismo.
Una mentira más. Tal vez sería conveniente una Cadena Nacional, aunque sea de diez horas, en donde todos los funcionarios salientes expliquen cómo dejan el país, con números y cuadros comparativos. Y que también estén los funcionarios –empresarios y gerentes, en realidad- entrantes. Juntos deberían firmar todos esos informes como si fueran un acta para que después no mientan cuando tomen las destructivas decisiones que tienen en mente. Esa sería una verdadera transición responsable. Porque la pesada herencia que recibe el Ingeniero y su troupe de malandrines no está en los números sino en los ciudadanos que como nunca han visto mejorar su calidad de vida.
Para que la sociedad comprenda que, si de acá en más, aumentan las tarifas, devalúan la moneda, reducen beneficios sociales no será para acomodar las cuentas sino para incrementar las ganancias de los que ya están empachados. Todo lo que decidirá Mauricio Macri a partir del 11 de diciembre no será para beneficiar a todos los argentinos, sino para transferir recursos hacia los miembros del Poder Económico. Los incautos votantes de la engañosa fórmula Cambiemos deberán olvidarse de esas encantadoras frases de campaña en donde aseguraban ayuda, amor y felicidad. Lo más justo sería que estas poco novedosas propuestas las padezcan sólo los que se encapricharon con el marketinero candidato del establishment. Sin embargo, las padeceremos todos. En realidad, la pesadilla se está materializando con los aumentos preventivos, gracias a las expectativas generadas por la devaluación prometida.   
El civismo indica desear que al nuevo gobierno le vaya bien, aunque no se tiene en claro qué significa esto. Si el objetivo es engrosar las arcas de los que más tienen, lo más razonable sería desearles un absoluto fracaso, porque su éxito será nuestra ruina. En todas partes del mundo, el modelo del derrame que van a reinstalar sólo ha derramado miseria. Y ya lo hemos vivido. La pesada herencia que recibe Macri es la de muchos argentinos que han logrado incorporar cosas impensadas, que incluye no sólo salud, alimento, educación y vestimenta sino vacaciones, esparcimiento y renovación de aparatos domésticos. La herencia es una Patria que estaba incorporando a todos sus ciudadanos, pero la ola amarilla desembarcó para interrumpir este proyecto. Por eso, no sólo hay que desear, sino hacer todo lo posible para que fracasen.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Una cuestión de Fe



A partir de ahora, los de esta mitad seremos opositores pero no como ellos, que más que críticos han sido criticones. Si alzamos la voz, será para defender derechos y no para amparar privilegios. Si esbozamos una objeción, será por su seguro resultado negativo sobre la mayoría de la población. Y sobre todo, nos tomaremos un tiempo para evaluar los resultados de la futura gestión. Sin embargo, todavía no han asumido y las tentaciones son muchas. Los temores, aún más. El listado de personajes que ocuparán los ministerios es más adecuado para una galería del terror. El perfil empresarial genera desconfianza y las medidas que prometen ya las hemos probado antes  con consecuencias catastróficas. Eso sin hablar del prontuario de algunos de ellos. Pero además, ya están entrando en contradicciones en cuestiones fundamentales, como el respeto a la institucionalidad y la libertad de expresión. Los tiempos venideros no serán muy armoniosos. Más temprano que tarde, nuestra vida se convertirá en un tobogán gracias al capricho de elegir lo que siempre nos ha producido gravísimos daños. Y todo por la nefasta manipulación mediática que hechizó a una parte del electorado con la difusa idea de cambiar.
Con la mira puesta en “no perseguir al que piensa distinto”, el Presidente Amarillo amenaza arrasar cualquier rastro de kirchnerismo. Sólo se salva el ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, hasta que lo acogoten los recortes presupuestarios propios de la mirada economicista-empresarial que tendrá el nuevo gobierno. Desde hace un tiempo, el programa 678 está en la mira pero, si en el futuro deja de estar al aire por presión corporativa será un inadmisible rasgo de intolerancia: si, como ha dicho Macri muchas veces, en la TV Pública debe reinar la pluralidad de voces, sería razonable la permanencia de un producto que a partir del 10 de diciembre tendrá un tinte opositor. Pero el cinismo no se detiene en este hecho. Insistir en la renuncia de funcionarios como Martín Sabbatella, Alejandra Gils Carbó, Alejandro Vanoli y Tristán Bauer no sólo es revanchismo y persecución sino un avasallamiento institucional. Que ya haya nombrado reemplazantes para tres de esos cargos indica que está decidido a no cumplir con las leyes.
Nada más incoherente que el futuro ex Alcalde porteño pontifique sobre la necesidad de la independencia del Banco Central y pretenda incrustar a Federico Sturzenegger en ese cargo. Lo más independiente sería dejar a Vanoli y no imponer a un vocero del sector financiero más pernicioso. Y eso para no recordar la responsabilidad de Sturzenegger en una de las mayores estafas que hemos padecido con el pomposo nombre de Megacanje. Pero tanta independencia terminará pateando en contra del país porque lo menos independiente será su gobierno.
Independencia indigesta
Este término tan heroico para los pueblos, en boca de un miembro del establishment resulta dañoso. Cuando el Poder Económico habla de Independencia quiere decir lo contrario. Todo lo independiente debe ser servil a sus intereses. Cuando sus integrantes claman por libertad es porque buscan nuestro sometimiento. Independencia y libertad son los señuelos para embaucar a los incautos y conquistar mayorías circunstanciales. El resultado es un país convertido en terreno fértil para una sangría que beneficiará sólo a unos pocos.  Una parte de esa mitad más uno cayó en la trampa y casi todos padeceremos las consecuencias. 
Hasta el propio Macri ha caído en un pantano del que sólo podrá escapar en helicóptero, si es que Ernesto Sanz se lo presta. Tanto pedir independencia para los demás y ahora la suya tiene los días contados. La Corte Suprema de Justicia ya ha condicionado su política de Seguridad Social con el fallo que anula un acuerdo político entre las provincias para aportar el 15 por ciento de los fondos coparticipables. De este embrollo sólo podrá zafar con un ajuste o con endeudamiento. O con ambas, como antaño. Como agro-productor que es, prometió a sus amigotes la eliminación de las retenciones, sin pensar que así desfinancia al Estado. También la salida de este entuerto será el ajuste y el endeudamiento. Sus encendidas proclamas en contra del mal llamado cepo también terminarán de esa manera. Tanto hablar de la libertad de expresión para proteger a sus aliados mediáticos y ahora deberá hacer más concesiones de las que imaginaba. Esa libertad de expresión se convertirá en la opresión de todas las voces para pontificar su destructivo y servil accionar. Todo lo que podrá hacer en su futuro gobierno será instalar un drenaje para succionar hasta la última gota de nuestra sangre y satisfacer a estos nocivos aliados. Cuando ya no quede nada, tratarán de barrerlo de la escena como un globo pinchado para instalar un nuevo pelele que reinicie todo el ciclo.
El escueto proceso inflacionario producto del crecimiento con inclusión de estos años será combatido con medidas que no solucionarán la inexistente crisis, sino que reinstalarán una que ya hemos vivido tantas veces. Devaluar, ajustar y endeudar es la receta que nos conducirá por el sendero tenebroso que en los noventa hemos transitado y que dejará a muchos en el camino. El futuro ministro de Desarrollo Productivo –que tendrá a su cargo Industria y Comercio- explicó que “el pasaje de la devaluación a la inflación va a depender de la credibilidad del plan monetario y fiscal y la confianza que despierte el equipo económico”. La consigna será creer o reventar. Una cuestión de fe, que si puede mover montañas, también podrá transformar esas vetustas y destructivas recetas en un buen plan económico.
Una parte de esa mitad ya depositó demasiada fe y no sospechaba que detrás de esa idea del cambio se escondía tanto pasado. Ya es tarde y sólo debemos esperar que empiecen a brotar las lágrimas para consolar a nuestros confundidos hermanos. Mientras tanto, algunos nos entusiasmamos con los números del escrutinio definitivo que podrían dar vuelta el resultado. Tal vez no valga la pena el gol de último minuto. Quizá sea mejor continuar por este tortuoso laberinto. A lo mejor es más productivo dejar que algunos choquen con la misma piedra las veces que sean necesarias hasta que aprendan quiénes son nuestros verdaderos enemigos.
Si votaron con la creencia de que el kirchnerismo es una banda de chorros y demás patrañas, se encontrarán con la sorpresa de que los que vienen serán inevitablemente peores. Tarde descubrirán que han sido engañados, porque este proyecto nos sacó del pozo al que nos había arrojado el modelo que ahora van a reinstalar. Lo mejor será que la patota amarilla muestre sus garras y rompa todo lo más rápido posible, así no perdemos tanto tiempo. Que el sacudón sea tal que no permita maquillaje, así volvemos para reparar otra vez los daños. Y una vez que despertemos de esta pesadilla, podremos continuar con nuestro sueño de un país más justo.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

La restauración del Granero del Mundo



Después del enojo, sobreviene impotencia y tristeza. También desconsuelo. Un poco de humillación, sobre todo por la impronta de patrón de estancia adoptada por el presidente electo. Aún no es consciente de que todavía no asumió, pero cree que ya calza la banda y se siente con todo el poder. Ansioso, quiere descabezar organismos claves, como el AFSCA, el Banco Central, la Procuraduría y al Directorio de los Medios Públicos. No sospecha que esos cargos se terminarán dentro de unos años porque están pensados como estatales y no gubernamentales. Tampoco tiene en cuenta que en el Congreso no tendrá mayoría y muchas de las ideas en danza no podrán convertirse en realidad sin la aprobación del Poder Legislativo. Ahí tendrá una cuota de su propia medicina, pero reforzada por su calidad de segunda minoría. Menos tiene en cuenta que su victoria es apenas empate, por lo que casi la mitad del país no ha apoyado su candidatura. Pero, lo que será un balde de agua helada para Mauricio Macri es que, aunque forme parte del Círculo Rojo, su aspirado cargo ahora volverá a ser un puesto menor.
A todo esto hay que sumar que su aliado político y principal demiurgo del licuado Cambiemos, Ernesto Sanz, se eyectó de la escena ni bien empezó a olfatear la victoria. Esta decisión, ¿tendrá su origen en asuntos familiares o decidió abandonar el barco antes de que zarpe? ¿O será una versión actualizada de Frankenstein, en donde el artífice, en lugar de perseguir a la criatura para destruirla, se despega de ella para no hacerse cargo de los estropicios que ocasione? ¿O habrá descubierto que el avión hace menos ruido que el helicóptero? Total, ya cumplió su objetivo en la vida: destronar al kirchnerismo. Ahora, el dirigente radical que ofrendó el partido centenario se perderá por cualquier canaleta.
Además, si algo falta para predecir dificultades en su gobernanza, ni bien se pongan en marcha sus primeras medidas económicas, muchos de los fervorosos votantes comenzarán a advertir cuánto se han equivocado. El primer cambio que advertirán en su vida será el deterioro del poder adquisitivo, cuando el dólar ilegal se legalice y se dispare al infinito. El segundo, cuando la quita de retenciones al trigo y al maíz desabastezca el mercado interno y los productos derivados se conviertan en lujo. El tercero, cuando la invasión de productos importados a precio de dumping destruya la creciente industria nacional y el empleo se convierta en variable de ajuste o herramienta de apriete. El cuarto, cuando el endeudamiento tan deseado imponga condiciones en nuestra vida cotidiana y reduzca gradualmente nuestro bienestar y consumo. Al quinto cambio, irán a la Plaza a pedir por el retorno de Cristina. Ese es el cambio que han votado y sin dudas, lo padeceremos casi todos, no sólo la mitad que se encandiló con los globos y la Revolución de la Alegría.
Las corporaciones al poder
La independencia judicial ya empezó a funcionar a tono con los tiempos que se vienen. La Corte Suprema premió a las provincias que coronaron a Macri con un fallo para que la ANSES restituya los fondos coparticipables deducidos desde 2006. Unos 90 mil millones de pesos como propina por el caudal de votos amarillos obtenidos en San Luis, Córdoba y Santa Fe. El otro fallo exprés es la declaración de inconstitucionalidad del Renatea, organismo que fiscaliza el trabajo rural para reinstaurar el regenteo explotador de Gerónimo Venegas, sindicalista asociado con los estancieros. La connivencia es evidente: tres años tuvieron archivada la demanda presentada por el aliado de Macri y dos días después del balotaje le estampan el cómplice sello. Para disimular, el presidente del Máximo Tribunal, Ricardo Lorenzetti, aseguró, ante el editorial cuasi apologista de La Nación, que los juicios por delitos de Lesa Humanidad no tendrán marcha atrás. Pero nada dijo si tendrán marcha adelante, sobre todo con los instigadores y beneficiados civiles.
Mientras tanto, los diputados por ahora opositores, solicitaron que el Congreso deje de funcionar hasta el 10 de diciembre. ¿Para qué, si la mayoría de ellos no va nunca, sobre todo los legisladores que en un par de semanas serán oficialistas? Desde el oficialismo actual –que será opositor en el futuro- la continuidad de la agenda es esencial porque los proyectos que se tratarán hace tiempo que tienen dictamen favorable. Por supuesto, quieren frenar dos leyes sustanciales: la recreación de Yacimientos Carboníferos Fiscales y el reparto de ganancias empresariales para los trabajadores telefónicos y de televisión. Oposición sospechosa de los que mañana serán oficialismo. Una connivencia previsible de la política con los intereses económicos.
Ese es el cambio que votó la mitad más uno del electorado. La política y la Justicia subordinada al Poder Real. “Creo en la independencia de la Justicia –recitó Macri- El país va a ser todo lo sólido que necesitamos cuando los jueces vuelvan a hablar por sus fallos y a todos se nos aplique la misma ley”. Si, la ley del más fuerte y gracias a los globitos, lo que significa la restauración no sólo del modelo neoliberal de los noventa, sino también del país agroexportador de principios de siglo XX. Ya no habrá peleas porque las principales corporaciones estarán al cargo del gobierno. Los ministerios estarán ocupados por gerentes de empresas o exponentes de los más angurrientos.
No sólo de los vernáculos, sino de los globales. "Si vienen más empresas a Argentina, van a tener que competir más –anunció el presidente electo- y si compiten más, vos consumidor vas a tener una alternativa para comprar más barato y de mejor calidad”. Eso si el ingreso indiscriminado de productos importados no reduce el salario de los trabajadores locales ni afecta el nivel de empleo. Y con el cinismo de siempre, agregó que la tarea es “conseguir que sus ciudadanos se sientan cuidados por su gobierno y que no haya monopolios ni oligopolios”. Él, que va a operar para su permanencia. ¿O acaso no prometió derogar  o atenuar la LSCA para favorecer a su titiritero, el CEO de Clarín? ¿O lo imaginamos a Macri desarmando las mega-empresas que controlan nuestro comercio interior?
La mitad más uno entregó el país a los que nos volverán a desgarrar. La unión prometida será la igualdad en la miseria. Poco a poco, los ojos se abrirán y reconocerán el error de haber confiado en la engañosa idea del cambio. Algunos no lo harán en público, pero en la soledad de su baño se arrepentirán. Algunos dicen que el pueblo nunca se equivoca, pero no es el pueblo el que permitió que Macri acceda a La Rosada. Esa mitad más uno no es pueblo sino una aglomeración circunstancial producto de prejuicios, manipulaciones y traiciones.
El pueblo nunca se equivoca cuando vota convencido, apasionado, cohesionado con sus pares, solidario, consolidado en un colectivo. Esa mayoría conquistada por Macri no puede provenir del pueblo porque gran parte está conformada por individuos que votaron indignados, embaucados, extraviados. Los integrantes del pueblo eligen defender sus derechos y no los privilegios de los poderosos. La estafa está consumada y habrá que amortiguar sus consecuencias. Ya tendremos tiempo para recuperar el territorio y muchas cosas más. Entre ellas, la palabra ‘cambio’, para que vuelva a tener el sentido que los enemigos de todo pueblo le han quitado.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Un pequeño paréntesis en nuestra felicidad



No todo está perdido. No nos demos por vencidos ni aún empatados. Estos doce años no se podrán borrar de un plumazo. Primero, lamemos nuestras heridas; segundo, pasamos las facturas correspondientes sin provocar rupturas innecesarias; tercero, nos preparamos para defender los históricos logros que nos enorgullecen; y por último, aguantar este paréntesis para preparar el retorno. La resistencia estará en el Congreso, donde el kirchnerismo conserva un número importante de diputados y senadores. No hay un cambiemos absoluto ni un continuemos en retirada. Si la mitad del país espera el fin de las confrontaciones, la otra mitad está dispuesta a dar batalla para proteger los derechos conquistados. No va a ser tan fácil desandar el camino de bienestar que estamos transitando. Ni siquiera la excusa de la “pesada herencia” con que tratarán de justificar los recortes y supresiones, aunque impuestas desde la hegemonía mediática, será aceptada por la mitad de la sociedad.
Si hay una derrota, es cultural. Esa batalla que creíamos ganada, la hemos perdido. Al menos, por ahora. Los globos y las frases de autoayuda lograron opacar convicciones, argumentos y memoria. La bulla superficial se impuso a los fundamentos. El marketing y el rating vencieron a la política. Por poco, pero vencieron. En todos estos años no se pudo desarmar la parafernalia mediática. Detrás de la libertad de expresión se escudó la prepotencia manipuladora. Sólo por eso Macri es el nuevo presidente y lo seguirá siendo hasta que le suelten la mano porque no pueda ceder más sin desangrar al país.
Por si algunos lo olvidaron, detrás de esas promesas de amor y paz se escudan los peores intereses. El Estado de Macri no será una barrera de protección para los más vulnerables, sino una invitación al saqueo de todos nuestros bienes. Y no será una sangría lenta, sino vertiginosa. La liberación del dólar, la apertura del comercio exterior y la quita de impuestos a los que más tienen serán los primeros pasos para calmar esas ansias. Pero no serán los últimos. Después de doce años de contención, tienen una lista enorme de demandas. La restauración del modelo del derrame es el sueño hecho realidad. Para Ellos, por supuesto. Para nosotros, la pesadilla. Cuando se multiplique la desigualdad, cuando las fábricas se conviertan en estacionamientos o en criadero de ratas, cuando la deuda externa se acreciente para engrosar cuentas en paraísos fiscales, ya no habrá nada más para sacarnos y el nuevo presidente se convertirá en un escollo. Recién entonces los titulares empezarán a hablar mal de él.
El casi empate que empodera
Todavía no asumió y ya comienzan los reclamos. La Nación pide clemencia para terminar con el vergonzoso padecimiento de condenados, procesados e incluso sospechosos de la comisión de delitos cometidos durante los años de la represión subversiva y que se hallan en cárceles a pesar de su ancianidad”. La ‘represión subversiva’ es terrorismo de Estado y los delitos son de Lesa Humanidad, vale aclarar. Amnistía, indulto, amnesia es el pliego de condiciones de La Tribuna de Doctrina para un futuro de concordia. Después de haber convertido en presidente a Macri, Clarín, por supuesto, exigirá la derogación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual o, por lo menos, su congelamiento a perpetuidad. Estos son los primeros lineamientos políticos que limitarán al nuevo mandatario, que estará entre la obediencia debida al Poder Real, por un lado y las trabas legislativas y la resistencia popular, por el otro.
Aunque se sienta ganador, apenas es algo más que un empatador. El 51 y pico que apoyó el deseo de cambiar es más difuso que el 48 y tanto que conquistó Scioli, más por espanto que por amor. La idea de cambio que lo condujo a La Rosada tiene tanta ambigüedad que se puede disparar para cualquier lado. Tanto, que el cambio que propone dejará con las ganas a muchos. Pero la otra casi mitad está convencida de que hay valores que se deben defender con uñas y dientes: soberanía, equidad, dignidad. El único cambio que aceptará esa mitad es, sino la profundización, al menos la preservación de las conquistas de estos años. De todas las formas posibles, los de esta mitad debemos evitar que cambien futuro por pasado.
Que Macri se haya convertido en presidente, más que magia es brujería. Lo imposible se hizo real. Mientras los números danzaban ante nuestros ojos y achicaban la brecha, esperábamos, como siempre, el gol en el último minuto. Pero se pinchó la pelota y esta mañana, cuando despertamos, la pesadilla continuaba. El pecho no soporta tanto dolor y las lágrimas deshidratan el cuerpo. Como con la re elección de Menem, cuando uno se sentía solo, traicionado, rodeado. Ahora estamos más maduros y sabemos cómo detectar trampas y operaciones. Además de conquistas impensadas, estos doce años nos han hecho madurar, comprender, conocer cosas que antes pasaban a kilómetros de nuestro entendimiento. Eso sí, en ningún libro podremos encontrar la explicación para este suicidio masivo. Esta mitad no permitirá que se pierda nada de lo que hemos conquistado en manos de esa propuesta tan vacía, confusa y peligrosa.
A partir de ahora, deberemos acostumbrarnos al papel opositor. Pero no como una venganza por cómo nos han hecho padecer en estos tiempos, negando legitimidad, menospreciando a la mayoría, denostando cualquier propuesta, inventando patrañas y magnificando incidentes. Ya les enseñamos a rescatar un país; ahora les mostraremos cómo actúa una oposición con responsabilidad constructora. No debemos ser caceroleros ni criticones. Sólo nos opondremos a la entrega de nuestro patrimonio, a la pérdida de soberanía y a la renuncia de nuestros derechos. También debemos memorizar las propuestas de sus spots de campaña, el único programa concreto de gobierno con que han conquistado la voluntad en las urnas. Todo lo que no sea amar, proteger, ayudar, mantener, unir o hacernos más felices debe ser rechazado de plano. Fuera de eso, pueden hacer lo que quieran.
Esta mitad está triste, sorprendida, angustiada. En un par de semanas despediremos a Cristina y no quedará nada de ella en la Casa de Gobierno, pero mucho en nuestros corazones. La despediremos alegres, pensando en su retorno. Los que querían unirnos nos han partido en dos. Y nos quedaremos apenados, huérfanos, indefensos, sabiendo que la otra mitad amenaza con pisotear las flores más hermosas de nuestra Patria.