lunes, 29 de febrero de 2016

La sonrisa que no fue



Las burlas hacia la gestión amarilla y sus funcionarios proliferan por las redes sociales todos los días. Las fotos trucadas que muestran a un burro con traje o con banda presidencial, los disparatados diálogos que se reproducen -algunos reales y otros inventados- y demás muestras de la fructífera imaginación de los usuarios son divertimentos, pero no pueden constituir crítica. Si los colores de la bandera francesa estaban invertidos puede ser un problema de proyección y la enseña argentina con las franjas verticales también apareció en algunos actos de Cristina. Estos detalles entretienen y por eso, nos distraen del fondo del entuerto en el que estamos metidos. Pero no todas las fotos son distractivas: la imagen del encuentro entre Macri y Francisco vale –en serio- más que mil palabras. Y además muestra un fondo, el de una relación de cordialidad casi imposible. La ausencia de sonrisa en el rostro del Papa –que abunda en otras ocasiones- arruinó la foto que Macri más deseaba. Seguramente, el portarretratos al que esté destinada no tendrá un lugar muy destacado en la repisa donde se ubiquen estas cosas.
La excusa esgrimida por el opo-oficialista Juan Manuel Urtubey –convalecencia por unas líneas de fiebre- se desmorona con el siguiente encuentro que tuvo el Sumo Pontífice. Después de aburrirse con Macri, el  ex Bergoglio mantuvo una reunión con el obispo de Quilmes, Carlos José Tissera, donde las sonrisas abundaron. Y los minutos también, porque duró 53, contra los 22 que le concedió a Macri. Sin dudas, ni ganas de fingir tuvo Francisco durante la visita del empresidente. Encima, que el ex Alcalde haya trasladado la interna del Justicialismo hasta el Vaticano fue un aporte para el malhumor papal. Y más aún cuando la gobernadora de Tierra del Fuego es sobrina del cardenal Tarcisio Bertone, con quien el Papa mantiene una relación tensa. En estas condiciones, cualquier foto puede tener interferencias.
Pero hay algo más que dibujó esa mala cara en el rostro de Francisco. Macri representa lo que el Papa condena: la angurria empresarial, el individualismo, la exclusión y el modelo del derrame. Si alguien duda de esto, basta hacer una rápida lectura de los dos textos que le regaló al empresidente: la exhortación Evangelii Gaudium y la encíclica Laudato si. Algunas frases pueden esclarecer más los motivos del gesto ceñudo del Pontífice: “el gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada”; “así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata”; “algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante”. Si Macri leyera estas cosas, entendería que esa incomodidad del Papa expresa más que mil marchas en su contra.
Provocaciones, trampas y algo más
Además de los dos documentos, Francisco entregó a Macri un medallón con un olivo que “une lo que está separado”, un obsequio que acostumbra a hacer a los jefes de Estado. Después del encuentro, el Ocupante Temporal de La Rosada recitó uno de sus más emotivos hits: “con el Papa hablamos de la gran preocupación por unir a los argentinos, de dejar atrás los rencores, de la importancia que depongamos posiciones extremas”. Claro, para él y los que piensan como él, para llegar a ese objetivo hay que erradicar todo rastro K. Por eso sus intentos de dividir el PJ, derogar con decretos leyes sustanciales, desmantelar organismos y denostar con fábulas inverosímiles los grandes logros de la Década Ganada. Una vez que el país se deskirchnerice todos estaremos unidos y dominados.
Aunque se creen triunfantes, sólo han logrado un empate apenas inclinado. Aunque lograron enceguecer el presente individual, los PRO no podrán vulnerar la memoria colectiva. Aunque sueñen con quedarse el resto de la historia, apenas estamos viviendo un breve paréntesis. Aunque reciten las excusas de la pesada herencia, el afán destructivo de estas fuerzas de ocupación ya está en evidencia. Aunque muestren los colmillos, cada vez somos más los que queremos recuperar el país.
Sin dudas, la crisis que vamos a padecer en nada se relaciona con las condiciones pre-existentes: es pura creación amarilla. Si esgrimen el Estado quebrado para justificar los despidos, ¿para qué renuncian a la recaudación tributaria con el mercado externo? Si están preocupados por la inflación, ¿por qué toman medidas que, sin dudas, la disparan? Si el objetivo es la Pobreza Cero, ¿por qué sus decisiones acrecientan la desigualdad? Si quieren combatir el narcotráfico y la corrupción, ¿por qué desmantelaron la UIF y nombraron al frente a funcionarios de bancos sospechados de lavado de dinero? Si quieren unir al país, ¿por qué Milagro Sala sigue presa, a pesar de que no han formulado ninguna acusación judicial en su contra?
Tampoco quieren un país en paz. En tiempos del kirchnerismo, los medios hegemónicos hablaban de crispación para sintetizar la disputa del Gobierno con el Poder Económico; dramatizaban sobre divisiones y adoptaron la grieta como la mejor metáfora para graficar una realidad que atraviesa toda nuestra historia. De aquel lado está la oligarquía de siempre pero con trajes distintos; de éste está el pueblo, que aún no termina de despertar. De aquel lado están los enemigos, sus adláteres y los sirvientes de siempre; de éste, un colectivo solidario que ya encontró, una vez más, el camino hacia el país que nació en 1810. De aquel lado están los cipayos de otrora, después, neocoloniales y ahora, indisimulables agentes del Imperio Global; de éste, ciudadanos que comprenden el peligro que nos acecha. Pero en el medio, habita un número indeterminado que aún no ha encontrado con quién identificarse, que ha olvidado su raíz, que ha extraviado su rumbo. A veces, se inclina por un lado y otras, por otro. Un nuevo vaivén inicia este capítulo de Nuestra Historia.  
Si será breve o eterno no depende de la voluntad divina, sino de la paciencia para soportar los golpes y provocaciones que nos destinan los amarillos. Los despidos, recortes, retrocesos, torpezas, mentiras, amenazas forman parte de las agresiones que día a día destinan, tanto a los que no votaron por ellos como a los que sí confiaron en las promesas del cambio. El paro de ATE fue una primera reacción; el tan peligroso protocolo de seguridad, la advertencia. La ilegal prisión de Milagro Sala, el castigo; las movilizaciones y protestas nacionales e internacionales, la respuesta. Las modificaciones en el impuesto a las ganancias, el cebo; el clima de impotencia y malhumor como caldo de cultivo para un descontento mayor.
En lugar de buscar la concordia, quieren provocar el caos. La visita de Obama parece una afrenta en plena conmemoración del 24 de marzo. El re estreno del culebrón de Nisman, semeja la burla de un mal vencedor. La citación de Bonadío a Cristina, una chispa sobre un polvorín. O una ostentación del más absurdo poder. Como si quisieran unirnos, pero todos de este lado. Como si quisieran que hagamos lío, para despertar la sonrisa de Francisco.

viernes, 26 de febrero de 2016

Una telenovela que tapa el bosque



En pocos días, Macri encabezará el inicio del año parlamentario y allí delineará su plan de gobierno. Además de burlarnos un poco por la duración del discurso, su pronunciación paposa o la manera escolar como lee, podremos apreciar qué es lo que quiere hacer con nuestro querido país. Seguramente, dedicará gran parte del tiempo a desarrollar el mito de la pesada herencia, que le servirá de excusa para pedir apoyo en sus planes de ajuste. En los minutos restantes, recitará algunas de sus más celebradas promesas de campaña, como la pobreza cero, unir al país y cuidarnos a todos. Esto es pura especulación, pues no ha trascendido ningún borrador. Tal vez un pronóstico, que es un anticipo del futuro a partir de datos del pasado. De ninguna manera puede pensarse como una hipótesis, que necesita algunos datos preliminares que la sustenten. Aunque en estos días el fiscal Ricardo Saenz haya usado ese concepto para arrojar un titular sobre la muerte de Nisman, lo suyo no es una hipótesis, sino una vergüenza. No sólo por el lugar que ocupa en la aplicación de justicia, sino por la insistencia en una excusa que alimentó la campaña del que hoy ocupa La Rosada.
Durante más de un año han insistido con que Nisman fue asesinado a pesar de que la escena no aportó ni una mísera pista en ese sentido. Más deseo que certeza. Si la jueza Fabiana Palmaghini ha afirmado muchas veces que no hay evidencias que puedan sugerir el homicidio, ¿por qué insiste con semejante patraña? El operador-fiscal Saenz omite todas las pruebas científicas recogidas en el departamento y sólo se basa en que Patricia Bullrich y Laura Alonso afirmaron que estaba de buen humor y entusiasmado en los días previos a presentar la denuncia ante el Congreso. Entonces, ¿por qué llamaron tantas veces a su teléfono durante ese misterioso fin de semana? En lugar de realizar estas extrañas acusaciones, ¿por qué no intenta explicar la manera en que se produjo tan fantástico homicidio?
No lo hace porque no hay manera; sólo se le ocurre emitir un dictamen con formato de orden patronal: "el objeto procesal de esta causa hasta el momento, lo constituye la hipótesis de que Alberto Nisman ha sido víctima del delito de homicidio", en coincidencia con los familiares ansiosos por cobrar el seguro de vida. Y esto puede ser más ridículo hasta convertirse en burla: “los recurrentes sostienen con razón que la presencia en el departamento de Nisman del arma que le dio muerte no está avalada por una explicación lógica, pues las tres versiones dadas en la causa son contradictorias y sólo podrían ser corroboradas o no por el fallecido”. Claro, para saber la verdad es necesario contratar a un médium y si no, seguirán alimentando las sospechas sobre Cristina hasta convertirla en ideóloga del crimen. Porque eso es lo que quieren: involucrarla en el homicidio para desterrarla de la escena política para siempre. El establishment empresario-judicial necesita debilitar al kirchnerismo para poder avanzar con su plan de restaurar el país minoritario que apetecen.
La Independencia no será una fiesta
Que un fiscal alineado con el ideario amarillo presente un dictamen sin fundamento y nada imparcial un día después del primer paro nacional contra el gobierno de Macri resulta sospechoso. Claro, el objetivo es mudar la causa al fuero federal para que nos entretengan con esta telenovela durante varias temporadas; las suficientes para impedir que los K lleguen con fuerza a 2019 o, cuanto mucho, a las elecciones de medio término. O por lo menos, que el comienzo de las sesiones ordinarias del Congreso encuentre al kirchnerismo un poco desbandado para que los PRO puedan obtener los avales necesarios para sus inconvenientes primeros pasos.
Con la excusa de la gobernabilidad, necesitan que muchos de los decretos firmados en estos meses pasen incólumes por la mirada de diputados y senadores, desde los más livianos, como nombramientos y modificaciones ministeriales, hasta los más controvertidos, como la derogación de la Ley de SCA y la postergación de la entrada en vigencia del Nuevo Código Procesal. Pero sobre todo, el Gran Equipo necesita que sean eliminadas de un plumazo las dos leyes que nos protegen de los buitres: la Ley Cerrojo y de Pago Soberano. El juez Thomas Griesa lo sentenció desde su imperial estrado y, como declaró Macri desde siempre, “lo que diga Griesa, hay que hacerlo”. Aunque eso signifique convertirnos en presas de las fieras más angurrientas, aunque eso hipoteque nuestro futuro por varias décadas, aunque eso sólo sirva para transferir recursos de nuestros bolsillos a las abultadas cuentas de un puñado de especuladores.
Esta es una discusión crucial que debería atravesar a toda la sociedad, no sólo desde una visión estrictamente económica sino también de cara al Bicentenario de la Independencia. Seguramente, ya debe haber un marketinero grupo de expertos organizando los festejos para tan trascendente fecha, pero de la Soberanía no se ocupa nadie. Ya lo demostró Macri al calificar como ‘linda’ la reunión que mantuvo con David Cameron, que desechó de plano toda discusión sobre la devolución de Nuestras Islas Malvinas. Lo ha evidenciado en estos días al recibir a los mandatarios de Italia y Francia con el país casi envuelto para regalo. Y quedará de manifiesto en unas semanas, cuando la visita de Barack Obama haga menear el rabo y secretar saliva a más de uno. La versión amarilla de la soberanía es tan ligth que casi ni se nota.
Sin embargo, la jugada del gobierno para arreglar con los buitres estuvo muy presente en el Congreso Nacional Justicialista que se realizó esta semana. No sólo eso, sino que, de manera inexplicable, dividió aguas. El desendeudamiento obtenido gracias a estas leyes garantiza nuestra autonomía y es la mejor herencia que Macri recibió de la Década Ganada. Que dirigentes peronistas minimicen esta cuestión resulta llamativo. Algunos, como el senador Miguel Ángel Pichetto, además de minimizarla, acuerdan con poner en riesgo el Canje para ceder a las extorsiones de los buitres. “El líder de la bancada opositora no puede expresar una opinión de esa naturaleza porque estaría asumiendo el rol de líder de bancada oficialista”, expresó Jorge Capitanich al respecto. “El juez Griesa no puede condicionar a un país soberano pidiendo la derogación de una ley”, agregó el ex Jefe de Gabinete y actual intendente de Resistencia. En realidad, el magistrado neoyorkino puede pedir cualquier cosa, lo que no debe hacer ningún representante argentino es obedecerle.
Algunos dirigentes parecen tan confundidos como muchos de los votantes del cambio. Arreglar con los buitres no garantiza la gobernabilidad, sino todo lo contrario. Además de ceder a las pretensiones usurarias de una minoría destructiva y regalar un montón de dólares a los que ya tienen de sobra, se deshonra al 93 por ciento de los bonistas que aceptaron las condiciones dispuestas por Argentina para cumplir con sus obligaciones. Como siempre, la impronta PRO es beneficiar a unos pocos. El plan A del Gran Equipo es endeudarnos para pagar ilegalmente una deuda ilegítima. Y no para librarnos del problema por siempre sino para seguir endeudándonos al infinito.
Así no, porque estos negociados que no nos benefician en nada los terminamos pagando nosotros con cercenamiento de derechos y horadación de dignidad. Nuestros representantes en el Congreso deben bloquear el plan A para garantizar el futuro. Si Macri necesita recursos, sus amigotes pueden repatriar una mínima porción de las fortunas que han fugado durante décadas. Con eso no sólo se lograría la tan ansiada gobernanza, sino el desarrollo tan cacareado durante la campaña. Mientras el futuro se decidirá en el Congreso, los medios hegemónicos enceguecen con la novela de Nisman. Y el público cautivo, que no escarmienta, jamás prueba con cambiar de canal.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Esclavos de la manipulación



Dos sensaciones confluyen en los que lamentamos que Macri haya conquistado la presidencia. La primera es que la capacidad de sorpresa ante sus medidas se encuentra tan desbordada, que parece comenzar a adormecerse. La segunda, que todos los días esperamos una decisión que se convierta en el acabose. En realidad, para nosotros el colmo ha llegado hace rato pero siempre estamos a la espera de la catarsis del otro. En cierta forma, aguardamos el elemento que aporte la excusa perfecta para que algunos de los votantes del cambio practiquen su deporte preferido: meter bullicio con cacharros. Si bien comienzan a asomar unos tímidos arrepentidos, el porcentaje extra que convalidó la minoritaria propuesta amarilla mantiene una expectante adhesión. Un poco porque no han sido afectados por despidos, suspensiones o recortes y otro poco porque atribuyen el incremento de los precios y los tarifazos a la “pesada herencia” con la que machacan los apologistas.
Y la parafernalia mediática bombardea con estrategias distractivas de manual, como las rencillas entre personajes de la farándula y las consabidas epidemias, catástrofes e invasiones: zica, dengue, tormentas, camalotes, serpientes y hasta abejas carnívoras. Todo para demostrar que los males no son producto de las medidas económicas y políticas sino de una naturaleza empecinada en poner piedras en el camino del patricio mandatario. Para sintetizar: todo lo malo proviene del anterior gobierno o de fenómenos impredecibles. Como han hecho durante los ocho años de su gestión en la CABA, pero ahora los medios redoblan su esfuerzo para expandir su oficialismo y se han convertido en un refugio antimisiles para cobijar a Macri.
Entonces, para una reacción más o menos contundente habrá que esperar que alguna de las tantas tropelías cometidas o por cometer atraviese la orquestada protección. Una coraza bastante gruesa y que abarca casi toda la superficie. El que dude de esta afirmación, podría preguntarse cuál sería el tema central de los programas principales de los medios hegemónicos si el escándalo de las joyas lo hubiera protagonizado un funcionario K y no Gabriela Michetti; o cuál sería la reacción si la trampa del impuesto a las ganancias la hubiera realizado Cristina; o qué dirían los principales analistas sobre los cuantiosos despidos en distintas áreas del Estado. Antes, se quejaban por la falacia de que a los panelistas de 678 le pagábamos con la plata de todos, pero hoy nadie dice nada sobre los 900 millones de pesos que pone el Estado para que los canales de aire hagan negocios con el fútbol. Ahora, gracias a la magia de la TV, el nombramiento de familiares, iletrados e inexpertos no irrita a nadie, a diferencia de lo que pasaba hasta hace apenas unos meses, cuando denunciaban hasta las cucharaditas de azúcar que ponían al café. Y la inflación, que antes titilaba en titulares todo terreno, ahora aparece como el sacrificio necesario para reflotar al país, el purgatorio inevitable para alcanzar el paraíso. Y enciman pintan a Macri como una víctima más del monstruo que su Gran Equipo liberó.
La conquista del Estado 
Para proteger a Macri, los grandes medios apelan al ocultamiento, la distracción y la apología extrema. La prepotencia y el destrato de los despidos en distintas dependencias del Estado debería despertar cierta indignación, pero la etiqueta de ‘ñoqui’ justifica cualquier cosa. Que alguien vaya como cada día a cumplir con su trabajo y se entere de que está en una lista de indeseables es mucho más que humillante. Algo muy lejos de la intención dialoguista con que Macri conquistó el corazón de los confundidos.
La marketinera frase “todos somos dueños del Estado y no puede actuar como un aguantadero de la política” funciona porque una parte de los que la escuchan no tiene filtro. Sólo el prejuicio y el retorno del discurso único le dan sentido. Para esa mirada antojadiza de las cosas, ‘política’ es sinónimo de kirchnerista y por tanto, es repudiable, execrable, desechable. Además, considera la política como algo ajeno al Estado y hasta a la vida misma. ¿O no es una decisión política nombrar como funcionarios a gerentes de grandes empresas o extranjeros que se nacionalizan para ocupar un cargo? El Estado no debe ser ningún aguantadero –ni de la política ni de las empresas- sino la institución que nos consolida, que nos protege, que nos ordena. No es un adorno ni un obstáculo, sino la columna vertebral de todo país.
Pero el ideario de Macri y sus secuaces considera que el Estado es un escollo para sus apetencias. Por eso tantas diatribas, tantos recortes, tanto desfinanciamiento. Mentira que quieren su eficacia para mejorar nuestra vida. Si bien algunos se muestran tan necios que hasta pugnan por su desaparición, saben que es necesario para garantizar sus negocios y contener a los cuantiosos excluidos que dejan a su paso. Un ejemplo de lo primero: nuestro país dejará de comprar gas a Bolivia –en donde abunda ese fluido- para importarlo de Chile, que no tiene; el ministro de Energía, Juan José Aranguren usará al Estado para beneficiar a una empresa chilena de Shell, de la que era gerente. Así de simple, aunque en el medio de este episodio esté la valija con joyas que ingresó ilegalmente Gabriela Michetti. Un ejemplo de lo segundo: el protocolo para la protesta social, que sólo busca desalentar a los descontentos y orientarlos hacia la resignación para proteger el latrocinio que se viene. Ese es el Estado que tanto han extrañado en estos años. Y ése es el que quieren reconstruir.
Porque esto recién empieza. Detrás de las frases cargadas de buenas intenciones se esconde un negocio que beneficiará a unos pocos. Arreglar con los buitres significa zambullirnos en las turbulentas aguas del endeudamiento, que no beneficiará nuestro desarrollo pero engrosará las cuentas de especuladores, fugadores y negociadores. El plan canje de celulares aparece como una excelente iniciativa para modernizar los equipos y garantizar el acceso a la tecnología –recién descubierta por el ministro de Comunicación, Oscar Aguad- a los que menos recursos tienen. Pero en realidad, es un gran negocio para el Grupo Clarín, que acaba de comprar Nextel. Nunca incluyen Pymes o cooperativas; siempre a las grandes corporaciones. Después hablan de aguantadero.
Pero estas cosas que parecen tan claras no están en los titulares. Por supuesto, si son los principales beneficiarios. Si para esto han operado durante los últimos años, para retornar al Estado-mayordomo de la mesa de los grandes señores. Y nosotros, otra vez, peleando por migajas. Ese es el escenario más deseado por Ellos, el país normal sin divisiones ni conflictos. Muy lejos del país soñado que, por un tiempo, estará entre paréntesis. Breve, eso sí, porque ya descubrimos sus mañosas tretas y sus oscuras intenciones. No todos, pero sí los suficientes para que esta pesadilla dure lo menos posible.

lunes, 22 de febrero de 2016

La cáscara que debemos quebrar



Gracias a la simulación, los amarillos conquistaron la presidencia y por ahora, con la misma estrategia se mantienen. Los medios hegemónicos –vale recordar- aportaron su granito de arena… o mejor dicho, sus toneladas para cegar el entendimiento de una porción importante del electorado. De no ser por eso, Mauricio Macri no hubiera traspasado los límites de la Bombonera o tal vez, ni siquiera hubiera conquistado ese primer escalón en su ascenso al poder. En realidad, sus primeros pasos datan de los tiempos de la dictadura, cuando la familia multiplicó la cantidad de empresas de siete a más de 40, con una estatización de deuda privada mediante. Desde ese momento a esta parte, una serie de episodios oscuros hicieron asomar cada tanto su cabeza, como el extraño secuestro y el contrabando de autos cuando presidía Sevel. A pesar de este prontuario, muchos lo eligieron por sus promesas de transparencia y honestidad, entre otras cosas. Pero la cáscara es tan delgada que está pronta a quebrarse y de sus fisuras comenzarán a filtrarse las sombras que quiere expandir a todo el país.   
Su cinismo cada día es más evidente. Quienes se sientan cómodos con eso, será porque son tan cínicos como él. Los demás no lo advertirán, enredados por el clima entre festivo y distraído que instalan día a día los medios que hoy son oficialistas. El contraste entre sus promesas de campaña y las primeras medidas es una clara muestra de que no estamos sólo ante una andanada de contradicciones o desprolijidades de inexpertos, sino ante un plan diseñado desde mucho antes de soñar con la presidencia. Tanto para él como para sus adláteres, la hipocresía es más que una actitud: es esencia y como tal, se ha convertido en plan de gobierno. Eso es cinismo.
Que en campaña Macri haya dicho que quería terminar con “el curro de los Derechos Humanos” y en estos días se haya preocupado por mostrarse paseando por la ex ESMA es un ejemplo que pega donde más duele. Si esto fuera una toma de conciencia, vaya y pase, pero no lo es. Esto es más que una contradicción. Ahora necesita mostrarse interesado por estos temas tan profundos porque en los próximos días nos visitarán dos mandatarios que también son buenos simuladores. Porque Barack Obama quiere visitar ese Espacio de la Memoria, se acercó para conocerlo y como François Holland desea reunirse con Abuelas de Plaza de Mayo, ahora concede la entrevista que antes negó. Y a tanto llega su cinismo que en una entrevista con el Washington Post aseguró que está "listo para ser la voz en defensa de los derechos humanos en el mundo". ¿Sabrá de lo que habla? ¿Escuchará lo que dice?
Pero no es el único capaz de esto. La vicepresidenta, Gabriela Michetti, ocupa el segundo puesto en el podio: pontifica en contra de los ñoquis quien batió récords de inasistencia al Congreso, pregona el respeto al que piensa distinto y cuando abre su boca despide una catarata de improperios y pretende erigirse como modelo de transparencia y el episodio con la maleta de joyas debería dejarla fuera de juego. Además de todo esto, exhibe un desconocimiento sorprendente sobre cualquier tema que aborda.
Un país para los argentinos
En una rueda de prensa, Michetti realizó una revelación que asusta: “basta de industrias; el modelo de Macri es India”. Hay de todo en esta frase pero, sobre todo, abunda la desinformación. Si bien en ese país ha crecido el área de servicios y software, el desarrollo industrial tampoco se detiene. Por lo tanto, ‘India’ no se contradice con la industria. Pero la vice cae en la trampa de poner con liviandad un modelo extranjero como si fuera un cambio de camiseta. Sin embargo, en India, la desocupación alcanza el 20 por ciento, la pobreza, un 30 y la organización por castas de esa sociedad hace imposible el ascenso social. Y en nuestro país, como todos sabemos, las vacas no son sagradas, sino invitadas especiales en nuestra mesa, aunque las medidas económicas traten de alejarlas.
Este es el resultado de mirar más allá de nuestras fronteras. Después de años de machacar con la tontería del aislamiento del mundo, a menos de tres meses de asumido el gobierno amarillo, los presidentes del Norte hacen fila para visitarnos. Esta foto asusta un poco. El Primer Ministro italiano, Matteo Renzi fue el primero en visitar estas tierras. Los próximos serán Hollande y Obama. Ahora que está Macri en La Rosada, parece que advierten que nuestro país puede ser un terreno fértil para trasladar sus respectivas crisis, como han hecho en otras décadas. Y el Gran Equipo, en lugar de pensar en nuestros intereses, sólo priorizan las apetencias ajenas.
En lugar de repudiar la intromisión de Thomas Griesa en nuestra legislación, el empresidente presiona al Congreso para que derogue las leyes que nos protegen de los picotazos buitrescos. Esta será una discusión crucial. Allí se podrá apreciar quiénes están realmente comprometidos con la defensa de nuestra soberanía. Un repaso sintético: en medio de la injusta situación generada por el Juez Imperial, la actitud de la gestión amarilla no sólo es sumisa, sino que pone en riesgo nuestro futuro. La estructuración de la deuda lograda con tanto esfuerzo negociador y que ha servido como base para acuerdos futuros a nivel global, puede quedar aniquilada en el afán de satisfacer al siete por ciento de los acreedores. ¿Y todo para qué? Para incrementar una deuda que no servirá para impulsar nuestro desarrollo, sino para multiplicar las cifras que los fugadores seriales guardan en los paraísos fiscales. Si en estos días la fuga de capitales ha batido los récords que ya no bate el consumo interno en alimentos, indumentaria, vehículos y turismo. Y esto no es magia, sino pura perversión.
El primer día de marzo, cuando el gerente de La Rosada inaugure las sesiones ordinarias del Congreso, exigirá a nuestros representantes que contribuyan a la gobernabilidad. Esto significa que permitan que las grandes corporaciones internacionales y lo peor del sistema financiero hagan sus negocios en nuestras tierras, reeditando una remake del modelo del derrame en su más nefasta versión. Allí, en el Congreso, descubriremos quiénes son los cipayos y quiénes los patriotas; quiénes se desentienden de nuestro futuro y quiénes lo defienden; quiénes quieren que seamos una colonia, un granero, un supermercado o un prostíbulo para el mundo y quiénes quieren que nos convirtamos en un país soberano y equitativo para todos los argentinos.
El cinismo del gobierno amarillo se puede apreciar en cada uno de sus pasos: en afirmar que nos cuidan, que velan por nosotros, que nos aman, que no nos sacarán nada cuando, en realidad, están haciendo todo lo contrario. Lo más grave que puede pasarnos es que el resto de nuestros representantes se contagie de esa impronta. Por eso, en la calle debe estar nuestra voz, para defender lo que tanto nos ha costado recuperar y para conquistar lo que nos falta.

El cuerpo de la vergüenza

La oscuridad nunca ilumina, sino que trae más oscuridad . Un cadáver abre un nuevo capítulo y las palabras se escapan del teclado, p...