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lunes, 30 de mayo de 2016

La estafa del siglo



El sinceramiento PRO no incluye reconocer ante la sociedad que han conquistado el gobierno a fuerza de engaños mediáticos, políticos y judiciales. Eso sería casi renunciar a la poca legitimidad que les queda. El sinceramiento, para ellos, es seguir esquilmando nuestros derechos para multiplicar privilegios. Si hoy estamos comenzando a padecer la debilidad de nuestros ingresos es porque el Gran Equipo ha transferido casi 20000 millones de dólares a los más ricos de nuestro país. Compañías agroexportadoras, financieras, empresas de alimentos y grupos industriales han recibido esa descomunal cifra en estos meses con la vana esperanza de que alguna vez derrame hacia la base de la sociedad. Mientras Macri y Prat Gay anuncian –casi suplican- inversiones, los beneficiarios sólo producen inflación, desempleo y fuga de capitales. El segundo semestre del año ya casi está entre nosotros y salvo algunos alucinados, nadie augura que traiga bonanza alguna. Los amarillos han demostrado en poco tiempo que no son honestos ni transparentes, sino todo lo contrario. Además, cada día despliegan sin pudor su impronta destructiva y clasista. Y por si todo esto fuera poco, ninguna de sus medidas ha tenido como objetivo beneficiar a la mayoría. ¿Qué evidencia falta para que una parte de los votantes de Macri comience a sentirse estafado y salga a la calle para reclamar por el fraude? 
Un referente de esta pandilla de sátrapas lo ha expresado claramente en estos días. Aunque han tenido bastante rebote, las declaraciones del ex presidente del Banco Central que produjo la hiperinflación en 1989 y fundió una fábrica de dulce de leche, Javier González Fraga, no merecieron ninguna réplica por parte de sus compinches amarillos. Al contrario, van en sintonía con lo expresado por adherentes e integrantes del gobierno de Macri. La metáfora de lomo, la fiesta inmerecida, la renuncia a lo que no podamos comprar son algunas muestras de que, en el país PRO, el disfrute no debe ser un derecho, sino una exclusividad. Para González Fraga, el kirchnerismo le hizo creer  “a un empleado medio que su sueldo medio servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior. Eso era una ilusión. Eso no era normal”. En primer lugar, no hubo ilusión. Viajar, adquirir vehículos o renovar sus aparatos fue la realidad de muchos en estos años pasados. En segundo lugar, lo de la normalidad es discutible porque proviene de un posicionamiento ideológico.
En sí mismo, no tiene nada de malo que un trabajador medio pueda adquirir bienes con sus ingresos. Al contrario, eso hace girar la rueda del mercado interno, alienta la producción, genera nuevos empleos, además del modesto placer que produce poder darse los gustos. Pero, en la normalidad que valora González Fraga los sectores medios sólo deberían satisfacer sus necesidades elementales y sin demasiadas pretensiones. Estas obscenas declaraciones deberían encender las alarmas de muchos votantes del cambio que forman parte del corpus delineado por el ex funcionario. En el futuro PRO sólo unos pocos elegidos podrán acceder a aquellos bienes que dan colorido a la vida de cualquier mortal.
Algo para recordar
En estos meses, gran parte de los argentinos estamos conociendo lo que antes nos habían vedado: la ceocracia de Macri no está destinada a todos. Por fin descubrimos que cuando habla de la gente se refiere a muy pocos. La mayoría no seremos bienvenidos al mundo PRO, salvo los que estén dispuestos a someterse a su ideario clasista y padecer las consecuencias. Así piensan el mundo: selecto, exclusivo, opresor y muy desigual. Por eso la idea del sinceramiento se convierte en macabra. Ellos mismos reconocen las angustias que provocan sus medidas, pero siguen adelante. “El sinceramiento de la economía ha sido una pesada carga para muchos”, admite Macri ante los micrófonos que intentan encontrar un poco de piedad en su voz. El sinceramiento no es otra cosa que recuperar la normalidad que pondera González Fraga. Sincerar o normalizar el país no es más que volver a la lógica de una mayoría sometida a las angurrias de una minoría insaciable.
La normalidad es la transferencia de recursos fenomenal que se ha efectivizado en estos meses. La mega devaluación, la eliminación o reducción de las retenciones, la aceleración inflacionaria y la bicicleta financiera ha quitado de nuestras manos unos 281100 millones de pesos. Una cifra nada despreciable que equivale al 175 por ciento del presupuesto a obras públicas y un 130 por ciento del monto destinado a las universidades nacionales. Si esa fortuna se hubiera volcado en la base de la pirámide social, no estaríamos atravesando esta temible recesión. En cambio, como se destinó a los acumuladores patológicos no sirvió para reactivar la economía, sino para frenarla. La propia Gabriela Michetti reconoció en una entrevista en Perfil estar decepcionada con los empresarios por las subas de precios y la falta de inversiones. Casi al borde del llanto, confesó sentir “una expectativa no cumplida”.
Un simulacro más, entre tantos. Como si no conociera a los pares de su compañero de fórmula. “Creíamos que iba a haber mayor acompañamiento de los sectores” más poderosos de la economía, confesó Michetti. Y con un dolor patético, la vicepresidente suplicó que “deberían confiar plenamente en nosotros”. Confiar en los que mintieron a sus propios votantes es una sugerencia suicida. A pesar de que han cedido a todos los requerimientos -devaluación, desregulación, sometimiento a los buitres, veto a la ley anti despidos- el establishment sigue succionando sin dar nada a cambio. En lugar de acompañar al modelo que alentaban, los miembros del Círculo Rojo provocaron la mayor inflación del siglo, despidieron empleados como nunca y batieron records en fuga de divisas.
Y ahora el Gran Equipo ha presentado una trampa más: la del blanqueo de capitales para saldar deudas con los jubilados vip. Nuevos beneficios para los que más tienen por una doble vía. Encima, detrás de esta movida se esconde el objetivo real, el mayor botín del que se quieren apropiar: el fondo de garantías de sustentabilidad de la ANSES, que ha crecido más de un 500 por ciento desde su creación. La participación accionaria del Estado se convierte en el mejor control de las grandes empresas y garantiza ganancias para sustentar el sistema previsional. Ese es el principal requerimiento que Macri debe cumplir como una condición más para mantener su poder.
No para mejorar nuestra vida, por supuesto, sino para empeorarla. La Pobreza Cero está cada vez más lejos. Según el Observatorio de la UCA, en estos meses hay un 5,5 por ciento más de pobres, un crecimiento que no se daba desde 2002. Y no por accidente, sino por voracidad. En un país que produce alimentos para más de 400 millones de personas resulta inadmisible que haya personas que no puedan llenar su mesa de manera satisfactoria. Esa es la pesada herencia: un puñado de empresarios que quieren quedarse con todo aunque nos dejen en la vía. Ellos son el principal escollo para avanzar hacia un país más justo. Lo peor que puede pasarnos es que nos consustanciemos con su angurriento ideario. Ellos no están de nuestro lado y así constituyen la famosa grieta. Mientras más rápido nos demos cuenta de esto, más temprano alcanzaremos nuestros sueños. Ellos son nuestra pesadilla y cuanto antes debemos despertar para recuperar el país que desde hace mucho manejan a su antojo.

1 comentario:

  1. La verdad raro; mintieron como todos para ganar; los anteriores levantaron banderas de nacionalismo y recuperación de empresas e instituciones para el estado; Ahora nunca los escuche arrepentirse de haber apoyado las privatizaciones en lo s 90; es mas su ultimo candidato allá por el 98 o 99 sostenía que la privatización de ypf era muy beneficiosa para el país e incluso impulsaba una tercera presidencia para Menem. ESTAN TODOS EMBARRADOS.

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