lunes, 29 de agosto de 2016

Subversión en Macrilandia



Que el propio Macri cuestione a los trabajadores por la inasistencia o abuso de licencias fue blanco de incontables bromas en las redes sociales. ¿Cómo se le ocurre hablar de ausentismo a quien asistió sólo al 20 por ciento de las sesiones cuando era diputado y se tomó más licencias de las habituales como Jefe de Gobierno porteño? Tan inapropiado como si criticara a los empresarios que tienen empresas fantasmas o cuentas en paraísos fiscales. Su pasado lo condena, la hipocresía lo inunda y el cinismo lo atraviesa. Mientras más trata de disfrazarse, más al desnudo queda. Nada conserva del personaje encantador de la campaña, ni siquiera las ganas de bailar. La alegría ya no tiene lugar en esta revolución y si nos descuidamos, pronto será un buen recuerdo. Si insiste por este camino, los dramas serán mayores. Y no son pocos los que se están dando cuenta de esto: la convocatoria para apoyar al empresidente apenas logró rodear el Obelisco. Si se está quedando solo no es por una confabulación o intento destituyente, sino porque ha decidido dar la espalda a gran parte de los que prometió representar.
Desde su asunción, todas las decisiones apuntan a llenar los copones superiores a fuerza de vaciar los vasitos de abajo. Más que el modelo del derrame, aplica el flagelo del drenaje. Hacia arriba dirige los mimos y hacia abajo, los sopapos. Y nada de protestas, que serán consideradas palos en la rueda o desestabilización. Hay que aguantar mansos y tranquilos el saqueo para que los inversores extranjeros aprecien el paraíso que pueden tener en sus manos. Ningún comensal acepta un bocado que se resiste a ser comido, salvo que sea adepto a la cacería. Pero el Gran Equipo se topó con el peor escenario para la lluvia de dólares: el de un pueblo que se resiste a renunciar a sus derechos.  
La resistencia a retroceder varias décadas es un obstáculo que los Amarillos no esperaban. Los globitos no son tan convincentes cuando el desempleo amenaza y el hambre es el pan de cada día. Las frases de auto-ayuda no alcanzan cuando la caída en las ventas y la invasión de importados obligan a bajar las persianas. Las sonrisas zen ya resultan monstruosas de tanto postergar la bonanza. Después de nueve meses de gobierno PRO, la resistencia no es confabulación, sino supervivencia. Más aún cuando no hay señales de recuperación y la reacción gubernamental es inexistente. Por el contrario, los Gerentes de La Rosada avanzan a toda máquina hacia el iceberg a pesar de las advertencias de los pasajeros. Las malas lenguas dicen que Balcarce –la mascota del partido gobernante- podría hacerlo mejor o, al menos, sus decisiones tendrían más humanidad.
Una palabra de ayer
Las ganas no faltaron pero sobraba el pudor. Durante la década pasada se escapaba cada tanto el vocablo montoneros como insulto o etiqueta por parte de los nostálgicos de la dictadura. Hasta pareciera que no han ganado para gobernar, sino para usar esa palabra que algunos ya están modulando. Lo que faltaba: sacaron del viejo arcón el tan extrañado ‘subversivo’ para calificar cualquier disidencia. Los que prometían no perseguir al que piensa distinto no cesan de demonizar cualquier voz opositora. Como las mentiras mediáticas y los adefesios jurídicos no alcanzan, ahora invocan los fantasmas del pasado que más añoran.
Sobre todo ahora que viene la peor parte. Prat Gay no fue tan sincero hace unos meses cuando declaró que el “trabajo sucio ya estaba hecho”. Si bien la transferencia de recursos hacia los sectores más concentrados se produjo, esencialmente, con la devaluación, la quita de retenciones, la baja impositiva y la inflación, todavía falta el más preciado botín. Que Macri se refiera en esos términos a los trabajadores indica que está pensando en serruchar derechos. Ya sabemos que un empresario de su calaña considera el salario como un costo y lo ha dicho muchas veces. El ministro de Producción, Francisco Cabrera lo reafirmó ante los invitados al Council of the Americas: “tenemos que bajar el costo del empleo”. Lo dicen los voceros del establishment cuando sentencian que se debe mejorar la competitividad. La idea es que los trabajadores rindan más por menos plata y para eso hay que flexibilizar las condiciones laborales.
Para que la mesa esté servida falta el plato principal: el Poder Ejecutivo presentó un proyecto de ley para modernizar los contratos que deja los incrementos salariales a la buena voluntad de los patrones. En breve, veremos que los apologistas mediáticos comenzarán a presentar la iniciativa como una herramienta para bajar el desempleo. Un verso noventoso que provoca malos recuerdos. Una claudicación que jamás ha dado buenos resultados. No hay que olvidar que las copas de arriba no se llenan nunca porque sus dueños son insaciables. Siempre exigen más antes de soltar algunas salpicaduras. Y muchas lágrimas, porque siempre simulan estar al borde del quebranto aunque posean cuentas bancarias de incontables dígitos. Eso sí: nunca muestran sus libros y jamás revelan cuánto ganan.
En el discurso de apertura del Council off the Americas, Jorge Di Fiori, presidente de la Cámara Argentina de Comercio, quizá haya dado en la tecla. El problema es el costo argentino. No sólo el de los insumos, la carga tributaria o los salarios, como estamos acostumbrados a incluir bajo ese tópico. Todo eso está a la vista y regulado. De lo que nunca se habla es de la ganancia empresarial. Jamás entra en discusión la tasa de rentabilidad de los que siempre se lamentan por las pérdidas que nunca han tenido. Antes de discutir precarización laboral o reducciones impositivas para reactivar la economía podríamos poner sobre la mesa los números de todos los actores.
Pero eso jamás pasará bajo un gobierno de este color: un amarillo intenso que sólo protege a los poderosos. Aunque para eso deba someter a gran parte de la población a condiciones de vida lejos de toda dignidad. A pesar del blindaje mediático y de las simulaciones permanentes, de los rostros angelicales y las palabras bonitas, muchos han advertido hacia qué abismo nos encaminamos. El hechizo terminó y todo comienza a verse tal como es. Como debe ser, para Ellos. Como no queremos que sea. Por eso hay tanto movimiento en las calles: porque no estamos dispuestos a renunciar a una vida digna.
Lo que Ellos llaman subversión, para nosotros es resistencia al hambre, la explotación y la exclusión. Ellos que venían a unir al país, dejaron la grieta más expuesta que nunca. Los que votaron por Macri y los que no votamos por él queremos el país que prometió y no el que sale de sus más egoístas anhelos. Si insiste por este camino hacia la profundización de la desigualdad, que no espere el consentimiento de sus víctimas. Si más de esto será el Gobierno PRO, más resistencia tendrá, aunque más de la mitad del país sea tildada de subversiva.

jueves, 25 de agosto de 2016

La soberbia de los necios



El desparpajo con que el empresidente Macri manifiesta su desprecio a gran parte de los argentinos ya no tiene límites. Esta semana esputó que son los trabajadores los que “ponen palos en la rueda” de los empresarios al tomar licencias por enfermedad, hacer paros por mejoras salariales o iniciar juicios laborales. La lógica capitalista en su extremo más enfermizo. Los que fugan divisas, los que evaden, los que saquean nuestros bolsillos con sus confiscatorios precios son presentados por el Gerente de La Rosada como víctimas de sus empleados. Si esto fuese una comedia, hasta caería simpático un personaje con semejante barbarie discursiva. Pero las postales del Cambio son las de una Argentina que vuelve a vivir sus más atroces pesadillas: las del hambre y la desesperación. Si en un país que produce alimentos para 400 millones de personas, miles hacen cola por unas frutas gratis no es porque quieran poner palos en la rueda a la ceocracia amarilla. En nueve meses de gestión, el Gran Equipo nos ha hecho retroceder más de diez años y si sus integrantes se enorgullecen de esto, deberíamos prepararnos para escenas peores.
No hay que ser muy memorioso para recordar que el Ingeniero acusó muchas veces a Cristina de soberbia y poco dialoguista. En verdad, un proyecto que puso en pie a un país después de la crisis de 2001 merece ser más ponderado que denostado. De un 25 por ciento de desocupación se pasó a menos de un seis; la industria duplicó su incidencia en el PBI; la pobreza pasó de más de la mitad de la población a menos de un 20 por ciento; el plan energético permitió incorporar más de 4,5 millones de hogares a la red eléctrica y otros tres millones a la de gas; la explosión del turismo permitió recuperar destinos olvidados y desarrollar otros impensables; concretó casi 2900 km de autovías y autopistas, 5165 km de nuevas rutas y más de 600 puentes nuevos; el mercado interno fue el motor de un crecimiento sostenido durante doce años, algo insólito en nuestra historia. Macri y su banda de saqueadores hablan de soberbia, cuando en sólo nueve meses llevaron la desocupación a casi el diez por ciento, pusieron en agonía a Pymes y economías regionales, despoblaron supermercados, negocios y lugares de esparcimiento, mientras transfirieron millones a los que no necesitan un centavo. Ellos se erigen como expertos en diálogo cuando sólo recitan un monólogo de incongruencias, falacias y promesas que no se convertirán en realidad si continúan por este oscuro túnel del tiempo.
La soberbia macrista no está basada en logros sino en pertenencia de clase. La oligarquía es sorda y ciega cuando toma el poder y arrasa con todo lo que está a su paso. Y en lugar de reconocer que fueron sus recetas las que nos han llevado a la recesión en la que estamos, afirman que las catastróficas cifras que reveló el INDEC forman parte de un sinceramiento. Como en “1984”, la novela de George Orwell, que plantea una perfecta armonía con la historia, pues el pasado se re-escribe de manera permanente para justificar las angustiosas transformaciones del presente.
Jugando con el palo
Como tienen casi todos los medios en sus manos, pueden decir cualquier cosa. Como el blindaje mediático es tan grosero, pueden hacer las trapisondas que quieran. Como necesitan demostrar que estamos cada día mejor –con un enérgico golpe del puño derecho- diseñan un ayer con forma de pesada herencia. Hasta pueden darse el lujo de negar sus promesas respecto al segundo semestre del año. Tanto añorar los tiempos del Centenario, que olvidan que existen formas mucho más sofisticadas y accesibles de archivar voces que entonces. Tanto confían en el poder mediático para instalar sus fábulas que cada vez que algún hecho puede opacar la fantasía Pro, inventan alguna amenaza de bomba o una piedrita contra un funcionario para distraer la atención de un público cada vez más asechado por las monstruosidades del túnel.
Y si aparece algún dato nuevo sobre los Panamá Papers o investigan el extraño robo a la casa de la vicepresidenta, difunden alguna denuncia anti K hiperrecontrachequeada que se destiñe apenas se convierte en titular. Eso sí, a pesar de su inconsistencia no deja de zambullirse en los interminables laberintos de Comodoro Py para abortar cualquier retorno. Porque en eso también fallaron: se presentaron como impolutos paladines de la transparencia y están más salpicados que los demonios que fabrican. Empresas fantasmas, conflictos de intereses, 200 mil pesos junto a la cama, grandes favores de manera ostentosa, contrataciones digitadas, acomodados costosos son algunos ítems de una larga lista.
Desde el 10 de diciembre, los miembros del Gran Equipo incluyen en todas sus declaraciones y discursos algunos vocablos que suelen caer bien: diálogo y consenso son las que encabezan las preferencias. Pero para ellos, el diálogo es monólogo y el consenso, obediencia. También intentan mostrarse como humildes servidores, inexpertos funcionarios que están aprendiendo junto a nosotros. Y por si esto fuera poco, el maquillaje amarillo incluye una abundante capa de victimización. Pero, aunque traten de mostrarse así, no lo logran: suenan soberbios, prepotentes y bestiales.
Más aún con los resultados de sus experimentos. Nada de lo que han hecho resultó beneficioso para la mayoría. La concreción de las promesas de campaña queda suspendida hasta nuevo aviso. El cada día mejor se transforma en lo contrario y el golpe de puño optimista nos da de lleno en la trompa. Macri habló de palos en la rueda pero Ellos son los dueños de todos los palos: los que ponen para que tropecemos, los que usan para abollar nuestras ideas y los que fugan a paraísos fiscales. Sin dudas, los palos están en las manos equivocadas.

lunes, 22 de agosto de 2016

Un gobierno en contra del Pueblo



Después del fallo adverso de la Corte Suprema respecto al tarifazo, el Gobierno Amarillo tuvo que dar algunas volteretas para recuperar el equilibrio. Cabriolas merecedoras de alguna medalla en los Juegos Olímpicos ya finalizados. Lejos del apocalipsis que anunciaban y conteniendo el enojo del empresidente, los funcionarios tentaron su mejor rostro, como si coincidieran en todo con el dictamen judicial. En un santiamén, programaron una audiencia para mediados de septiembre, que es lo que deberían haber hecho desde el principio. Por prepotencia o desconocimiento institucional, durante cuatro meses tuvieron al país en vilo con esta telenovela. O con este intento de confiscación del bolsillo del ciudadano, como especifica uno de los Supremos en la justificación de su voto. Ante la adversidad política que significa el fallo, además de los gestos de circunstancia, los PRO torcieron por el camino de la no-política. Primero, buscaron distraer con un caso de corrupción interno y después apelaron al timbreo, una movida marketinera que dio buenos resultados en campaña. Y como siempre, echaron culpas a la pesada herencia, el rosario de excusas que aún convence al público -distraído o prejuicioso- que sigue encantado con la ceocracia gobernante.
El episodio de Juan José Gómez Centurión tiene funcionalidad en dos sentidos: debilitar el impacto del fallo de la Corte y demostrar a la sociedad vocación de transparencia. Después de considerar a un ex carapintada al frente de Seguridad y estacionarlo como funcionario en aduanas, ¿lo echan a patadas por una denuncia y una grabación? No es que no sea grave el cobro de coimas para facilitar importaciones sino que lo es menos que las cuentas off shore de Macri y muchos de sus funcionarios y el affaire de Michetti con la fundación Sumar y el robo en su casa. Este acting no sólo verifica una vez más que el hilo se corta por lo más delgado, sino que rompe con elementales normas físicas al ocultar lo enorme con algo pequeño.
Aunque los medios hegemónicos tratan de restarle importancia, tener un presidente off shore no es atractivo para los inversores. Que los grandes empresarios escondan las fortunas que evaden en paraísos fiscales vaya y pase, pero el presidente… El muerto se asombra del degollado, diría un abuelo. En realidad, es perjudicial para el conjunto ese capital ilegal porque sólo produce inequidad. Tener cuentas en paraísos fiscales no es un delito en sí mismo, pero lo sugiere: nadie esconde tanto lo que es lícito. Por eso, que el Ocupante Ocasional de La Rosada esté involucrado en algo así no es para tomar a la ligera. Algo similar ocurre con el robo del que fue víctima la vice presidenta Gabriela Michetti el 22 de noviembre, que se mantuvo oculto hasta algunas semanas atrás. De un simple hecho delictivo denunciado por la propia víctima surgen muchas sospechas: injustificables sumas de dinero como cosa habitual, una fundación sin empleados ni cuenta bancaria que recibe donaciones y una empleada doméstica explotada, pues cobraba cuatro mil pesos al mes por ocho horas diarias. Estos casos serían explosivos si no fuera por la complicidad mediática. Por mucho menos, echaron a Gómez Centurión.
Puntos sobre íes
Pero el fallo de la Corte los descolocó y deja al oficialismo en un lugar del que no se vuelve. Aunque sólo está destinado a los usuarios domiciliarios, deja abierta la puerta para que los sectores con representación organizada también puedan exigir audiencias públicas. Y que no sean un simulacro, advierte el Supremo Tribunal. Lo que más debe haber desconcertado al ministro de Energía es que el dictamen incluye el precio del gas en boca de pozo, algo que Aranguren eludió explicar ante los diputados. Claro, duplicar lo que reciben las grandes empresas del sector respecto al precio internacional es muy difícil de fundamentar. Esa transferencia arbitraria de recursos es un dato más para el conflicto de intereses que significa la permanencia del ex gerente y actual accionista de Shell como funcionario del Estado Nacional.
Entonces, los Amarillos intentaron amortiguar el impacto del fallo con el caso Gómez Centurión y, para reforzar la distracción, apelaron al clásico timbreo. Esta tradicional puesta en escena consiste en visitas sorpresivas de representantes y funcionarios de la fuerza gobernante a vecinos advertidos y predispuestos. Videos amigables en las redes sociales y sondeos amañados sobre un incomprensible apoyo de los ciudadanos es el resultado de esta impactante ceremonia. Una patraña más que quieren imponer para seguir engañando a televidentes incautos. Si la pérdida del poder adquisitivo del salario, la posibilidad de perder el empleo, la incertidumbre de las tarifas y el deterioro general del bienestar son consecuencias bien recibidas por las principales víctimas del Cambio, la psiquiatría social debería ser la carrera del futuro.
Nada de eso. Nadie puede estar de acuerdo con precarizar sus vidas para beneficiar a los que tienen de sobra y financiar inversiones que nunca se realizarán. Una encuesta de Analogías que se difundió el fin de semana sugiere que el 77 por ciento de la población está de acuerdo con el fallo de la Corte y que un 74 por ciento considera adecuadas las tarifas abonadas antes de la asunción de Macri. Probablemente, muchos sondeos de opinión darán resultados similares si están realizados con responsabilidad. Más aún cuando los incrementos propuestos superaban, en principio, el mil por ciento.
No sólo desde lo numérico el gobierno está descolocado sino también desde lo conceptual. En el fallo, los Supremos exigen que el incremento de las tarifas debe tener razonabilidad, lo que ubica al gobierno en el terreno de lo irracional. Además, contra todo lo que sostienen muchos integrantes del Gran Equipo, los servicios públicos no deben estar afectados por las angurrias del mercado y el Estado “debe velar por la continuidad, universalidad y accesibilidad”. Breve y en criollo: la electricidad, el gas y el agua no son mercancías sino servicios y el acceso a ellos es un derecho. Y por las dudas, por unanimidad, advierten que las audiencias públicas son de cumplimiento “imprescindible” para “el ejercicio de derechos por parte de los ciudadanos” y no deben servir para “legitimar decisiones verticales tomadas con anterioridad”.
El porqué de la severidad de esta Sentencia Suprema quedará como incógnita. Algunos piensan que las manifestaciones populares equilibraron un poco la balanza. Otros, que la Corte no podía fallar de otra manera, si su objetivo es garantizar la constitucionalidad de los actos de gobierno. Unos, suspicaces, que los jueces conocen los bueyes con los que aran y otros, que esto es un freno a la impronta prepotente de esta ceocracia. Como sea, convivir con los Gerentes de La Rosada nos está habituando a estar a la defensiva porque los manotazos vienen de todos los rincones. Y da un poco de alivio saber que la razón, el derecho y la legitimidad están de este lado.

jueves, 18 de agosto de 2016

Nuevos fracasos de las tretas amarillas



En las últimas encuestas, la inflación y el deterioro de la situación económica desplazaron a la inseguridad como preocupación principal. Con forzado optimismo, todo un logro. Con conciencia crítica, un perverso artilugio del marketing. Con sensibilidad social, un drama real que reemplaza a la imposición virtual. Con mirada política, una estafa que se ha convertido en una peligrosa trampa. Mientras tanto, los conflictos se incrementan y Macri no recibe calidez ni de sus seguidores. En lugar de buscar un acercamiento, profundiza la grieta con un blindaje que no sólo es mediático, sino también material. Para justificar tanta desconfianza, inventa ataques y exagera amenazas, pero sólo logra la sobreactuada victimización de un paranoide. Sin embargo, del otro lado del globomundo, los peligros son reales y evocan los peores momentos de nuestra historia.
El departamento de una periodista revuelto como producto de un apriete, una granada en las cercanías de la casa de una jueza, familiares de víctimas de la dictadura perseguidos en una ruta, abogados de Tucumán y Catamarca acosados en sus viviendas, Milagro Sala presa por delitos insostenibles y prejuicios inconfesables son mensajes mucho más claros que una piedra que no fue. Un clima enrarecido al que nos habíamos desacostumbrado. Desde uno de los canales del establishment, un periodista apologista del oficialismo esputa delirios sobre conspiraciones y coloca a CFK y Sabbatella como orquestadores de las manifestaciones adversas que recibe Macri en actos públicos. Los jueces que con sus fallos han frenado el tarifazo son acusados de kirchneristas, como si eso, de ser cierto, fuera un atroz delito. Las presiones a los miembros de la Corte no surtieron efecto. La persecución simbólica y judicial continúa en los medios hegemónicos para mimetizar como un lastre del anterior los desastres que el gobierno actual está generando.
Desde el momento de su asunción, el Gran Equipo comandado por el empresidente no ha hecho más que provocar una crisis para justificar los ajustes aprendidos del manual de Milton Friedman. El modelo creado por el economista estrella de los ochenta que profundizó la desigualdad con la legitimación del casino financiero ha vuelto a estas tierras con una versión sospechosamente acelerada. El premio Nobel de Economía enseñaba cómo utilizar las catástrofes climáticas, los conflictos bélicos y la inestabilidad política de algunos países para enriquecer a los especuladores. Una crisis es el escenario y el endeudamiento es la herramienta para someter a los pueblos a la angurria financiera. Un país con deuda controlada, industria creciente, bajo desempleo y contención estatal no es el mejor escenario para estos experimentos. Por eso, desde el 10 de diciembre, el Gobierno Amarillo ha decidido desfinanciar y endeudar el Estado, empobrecer a los ciudadanos, desmantelar la industria y reducir el consumo: la escenografía ideal para que el fracasado recetario resurja de sus cenizas para revivir el pasado.
Motivos para el desencanto
Por si alguno no entiende bien la película que estamos protagonizando, aquí va una síntesis: el Poder Económico gobierna nuestro país por voluntad soberana de sus ciudadanos. Lo de voluntad soberana es una exageración porque la fórmula ganadora en el balotaje engañó a los votantes durante la campaña, evitando revelar sus verdaderas intenciones. Y lo sigue haciendo, aunque ya no sale tan bien. Si todavía hay dudas sobre esta afirmación basta mirar el video donde el ministro de Energía, Juan José Aranguren, trata de justificar el tarifazo ante las comisiones de la Cámara de Diputados. No hay bien común en las palabras del funcionario, sino ganancia empresarial. No hay conflicto de intereses, aunque haya sido gerente de Shell y siga siendo accionista de esa compañía petrolera. Al contrario, han sido los intereses de esa empresa los que lo han colocado en ese lugar y sólo habrá conflicto si alguien piensa desplazarlo.
Sin intermediarios, traducciones ni anestesia, la lógica empresarial busca imponerse como sentido común en pos de la difusa meta del desarrollo, la inversión y la Pobreza Cero. Una ecuación que exime a los más ricos de sus obligaciones impositivas e impone al resto un encarecimiento brutal de sus vidas. El paraíso de una minoría y el purgatorio para la mayoría. El resultado de esto es un infierno de desigualdad que sólo puede sostenerse con la ilusión de un futuro lejano pero promisorio. Y cuando esta vana promesa se torne insostenible por el barro del presente, nada mejor que una buena dosis de bastonazos para incrédulos, ansiosos y protestones, aunque superen los setenta.
Si no funciona la promesa, el manual aconseja el miedo: rechazar los ajustes es poner palos en la rueda; la reapertura de paritarias traerá más inflación; sin el descomunal aumento de las tarifas nos quedaremos sin energía; si no abaratamos el salario, no vendrán inversiones; si no liberamos el comercio exterior estaremos aislados del mundo, aunque nos invadan chucherías que hundan nuestra industria. Los que acumulamos décadas sobre nuestros hombros evocamos las expresiones de circunstancia de los ministros de turno suplicando paciencia y reclamando nuevos sacrificios para salir de un pantano cada vez más denso.
El miedo comienza a copar el discurso de los portadores del cambio. Miedo a los palazos, a un atentado, a un escrache, a los despidos, a la falta de gas, al populismo. Miedo al vecino que parece muy K, a tener una idea solidaria, a soñar un futuro mejor. Atemorizados obedecemos mejor. Así nos quieren: dóciles para esquilmarnos más. Algo se percibe en el ambiente que sugiere que esta vez fracasarán en el intento de llevarnos a la ruina. Un empresidente blindado indica una ruptura del pacto republicano. Un representante que desconfía de sus representados esboza la proximidad de un divorcio. Y como el malestar es creciente y las respuestas son burlas, los próximos meses serán tan tumultuosos que extrañaremos como nunca aquellos dulces tiempos que hasta de la memoria nos quieren extirpar.

Extraviados por la tele

Sin demasiado esfuerzo investigativo, se puede afirmar que Lodenisman es el resultado de una manipulación perfecta , no sólo mediátic...