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lunes, 26 de septiembre de 2016

La interminable campaña amarilla



Cada vez que el empresidente Macri se enreda en sus inconsistencias discursivas o la realidad opaca la Revolución de la Alegría, los amarillos destinan sus esfuerzos a lo que más saben: el simulacro de proximidad con los vecinos. Ni bien llegado del Imperio, Mauricio trepó a un colectivo para acompañar a los desprevenidos pasajeros durante algunas cuadras. Una puesta en escena, como se descubrió a los pocos minutos. No conforme con el nuevo papelón, funcionarios y militantes –perdón, voluntarios- se calzaron las pilchas más informales que encontraron para irrumpir en la cotidianidad de los barrios de todo el país con el clásico timbreo. Una pantomima que, además de incluir a la Hija Presidencial, requirió la selección de los sorprendidos receptores de tan ilustres visitas. Como nada de lo que prometieron se convertirá en realidad salvo que medie un milagro y la incapacidad o la tozudez del Gran Equipo impide torcer el rumbo, lo único que se les ocurre es convertir una campaña que ya debería haber terminado en la principal obra pública de un Estado amorfo.
Algo de coherencia hay en medio de este embrollo: como el mandatario off shore cuestionaba las cadenas nacionales de Cristina porque interrumpían la telenovela, ahora ofrece un culebrón de 24 horas que hasta incluye la boda de un gobernador. Una inverosímil tira dramática que tiene a La Presidenta como la principal villana y culpable de todos los males que los argentinos estamos padeciendo. Una historia épica con espadachines judiciales que con sus estocadas desequilibran la balanza siempre para el mismo lado y convierten las leyes en piedras para lapidar ex funcionarios. Tan variado es este espectacular adefesio que intercala deslumbrantes cuadros musicales con periodistas que cantan la misma canción y ejecutan una sincronizada y monótona coreografía.
Una superproducción que tiene como objetivos ocultar la tragedia que muchos están viviendo y disimular la hecatombe que se está gestando. Los datos recientes del INDEC señalan que una familia necesita más de 13 mil pesos para no caer en la pobreza y unos 5400 pesos para no estar en la indigencia. Números que sitúan a gran parte de la población en un escenario de precariedad que puede empeorar si la ceocracia gobernante persiste en continuar por este camino. La misma fuente indica que la actividad económica cayó 3,4 por ciento en el segundo trimestre respecto del año pasado y el PBI se contrajo 1,7 por ciento en la primera mitad del año. Y lejos de la confianza que cree destilar el Gerente de La Rosada con sus nuevas reglas de juego, las inversiones se contrajeron un 4,9 por ciento –contra una expansión del 4,7 del año pasado- y en el período enero-agosto la demanda de dólares para atesoramiento, ahorro y turismo fue de 23106 millones. Y, como en tiempos nefastos, el endeudamiento crece para financiar semejante vaciamiento.
Cuesta abajo
Además de los estragos económicos que ya comienzan a ser visibles, otras sutilezas enrarecen el clima. Si los aliados judiciales apelan a sus tretas más vergonzantes para sostener las sospechas sobre Cristina y algunos de sus ex funcionarios, las fuerzas de seguridad despliegan su potencial represor ante la más mínima muestra de resistencia. Los que prometían unir a los argentinos y no perseguir al que piensa distinto han convertido el encarcelamiento en la herramienta más eficaz para disciplinar a los díscolos. Ante el silencio cómplice del Gobierno Amarillo, Milagro Sala y muchos de los integrantes de la agrupación Tupac Amaru siguen presos en Jujuy sin que haya siquiera una acusación concreta. La venganza y la prepotencia de clase habilitan que sean los primeros presos políticos desde la vuelta a la democracia.
Inocentes amenazas vía redes sociales hacen de sus autores víctimas de un castigo ejemplar. Ya son más de cien los episodios de violencia de las fuerzas de seguridad denunciados por los organismos de derechos humanos. Hasta diputados y senadores se sienten presionados por temor a quedar enredados en absurdos judiciales o que las provincias de las que provienen reciban menos recursos para obras. Por ser la cuna del kirchnerismo, Santa Cruz será la provincia más perjudicada si el presupuesto presentado por el gobierno se convierte en ley: recibirá un 86 por ciento menos para infraestructura; Jujuy, en cambio, se beneficiará con un incremento de casi el 300 por ciento. El cambio que prometía el angelical Ingeniero durante la campaña se ha transformado en una institucionalidad endeble donde abundan más los castigos que los premios.
Muy difícil esconder tanta oscuridad. Ni con las luminarias de los estudios televisivos se puede disimular tanta sombra. Ni los más histriónicos y falsarios periodistas pueden elaborar editoriales que logren continuar con el engaño. Ni los mejores directores cinematográficos pueden transformar a los Gerentes de La Rosada en funcionarios responsables dedicados al desarrollo de nuestro país. Ni reciclar la denuncia de Nisman ni utilizar su cadáver logran que los globitos vuelvan a tomar una forma atractiva. La imagen presidencial ha caído más de veinte puntos y la esperanza de muchos argentinos ya es declinante. El cambio es un fiasco: una de las peores estafas perpetradas en nuestra vida democrática.
Las movilizaciones y protestas se multiplican por todos los rincones. Estatales y docentes ya están de pie mientras la CGT le pone fecha a un paro general. La reapertura de las paritarias será una excusa pero poner un freno a estos falsos representantes debe ser el objetivo fundamental. Detrás de cada manifestación están los puestos de trabajo perdidos y en riesgo, la caída del poder adquisitivo del salario, el incremento de la pobreza, el cierre de industrias y negocios, el aumento de las tarifas, el enriquecimiento de unos pocos, el vaciamiento y entrega del país, la mentira permanente, el retorno de un discurso único imperial, la pérdida de derechos
En cada protesta se denuncia la hipocresía de los que ganaron con malas artes, prometiendo lo que no tenían intenciones de cumplir. En las calles se siente el rechazo a la mentira convertida en la forma en que nos gobiernan los que parecen ser nuestros peores enemigos. Frenarlos no es poner palos en la rueda ni intentar destituirlos, sino responder al mandato de defender la Patria y todo lo que hay en ella. Nosotros incluidos.

2 comentarios:

  1. Es verdad, son los enemigos. Es la oligarquía de siempre con otra onda. Engatusaron a una cuarta parte de los votantes, que son los que ahora se lamentan. No hay que olvidar a los cómplices mediáticos. Muy buen texto. Abrazo
    Carlos Galimberti

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  2. Bueno, pero hay que mirar esa campaña con alguna esperanza en cosas positivas.... por ejemplo, es cierto que es una campaña interminable pero, a medida que se reproducen los éxitos va a ser insoportable, crecientemente insoportable; especialmente para aquellos que querían "cambiar" y descubrieron tantos sinónimos, defraudar, estafar, palmar, ensartar, currar, en fin, la lista es larga, ojalá la paciencia sea más corta.

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