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lunes, 12 de diciembre de 2016

Amarillo despecho



O estamos ante un nuevo simulacro o los PRO se descontrolaron como nunca. Si es lo primero, resulta demasiado dramático para dar marcha atrás; si es lo segundo, cabe preguntarse en manos de quiénes estamos. La reacción de los amarillos por la aprobación del proyecto kirchnerista es por demás exagerada. Una traición conyugal hubiera tenido una respuesta más mesurada. Descalificaciones, insultos y demonizaciones por doquier en boca de los que vinieron a civilizar el país. Encima, los coloca en un lugar más oscuro que el túnel por el que transitamos, pues se enojan por un proyecto que mejora el ingreso de los trabajadores afectados por el mal llamado impuesto a las ganancias. Si eso es lo que les molesta, que lo digan claramente, en lugar de apelar a evasivas o sentencias que poca claridad aportan al confuso panorama del primer año del Cambio.
Quizá tanta ira desproporcionada sea parte de la pantomima y se convierta en la antesala de otros padecimientos para los más vulnerables. Este incidente parlamentario puede ser utilizado para justificar nuevos ajustes o despidos en las áreas afectadas. Por las dudas, los grandes empresarios amenazan con incrementos en los precios, como siempre hacen cuando olfatean que los consumidores tendrán más dinero en los bolsillos. La remarcación constante y las ganancias desmesuradas han alterado nuestra relación con las góndolas y parece que no hay forma de domesticar a estos insaciables succionadores. Menos aún con un gobierno que tiene la Libertad de Mercado como bandera. Libertad que significa la opresión para los que estamos indefensos ante tanta piratería.
Como sea, la filosofía Zen no prevé la desobediencia legislativa y una cadena de improperios y desatinos recorrió los medios hegemónicos. Lo más destacado en este culebrón de desamor es que Macri llamó impostor a Massa. El muerto se asusta del degollado, dirá algún abuelo. Y el que engañó a sus votantes con promesas que no pensaba cumplir señaló que el líder del Frente Renovador “no va a poder engañarnos de que al final del camino terminan siendo todos lo mismo”. Aunque el Gerente de La Rosada se muestre como un pedagogo impaciente, apuesta a que Massa “aprenda con los años” a ser confiable. ¿Qué lecciones de confiabilidad puede dar alguien que se ha enriquecido por su connivencia con la dictadura, con el contrabando de autos, con las irregularidades en las cloacas de Morón, con las estatizaciones que lo libraron de sus deudas? ¿Qué lecciones de confiabilidad puede dar alguien que ha mentido en campaña para conquistar la voluntad de los votantes? ¿Para quién es confiable alguien que tiene una fortuna evadida en una treintena de empresas en paraísos fiscales?
La grieta al desnudo
Los amarillos están en condiciones de imponer sus inconsistencias como discurso único porque actúan como herederos del patriciado decimonónico en la normalización de la República. Normalización que no es más que adaptarla a sus negociados. Ellos pueden afirmar que dicen la verdad, aunque mientan hasta cuando están callados. Ellos recitan lemas de autoayuda como si fueran las conclusiones de una ciencia indiscutible. Ellos pueden decir que respetan al otro aunque lo estén denostando sin piedad. El empresidente Macri, que calificó con un ocho su calamitosa gestión, desaprobó a Massa porque terminó siendo lo mismo. El tigrense no aprendió porque aprobó una Ley K, aunque hayan votado doce bloques más en favor de esa norma. Massa ya no es confiable para la ceocracia casi mafiosa que el Ingeniero cree encabezar.   
En la histórica sesión del Congreso que descolocó al oficialismo, la diputada Silvia Lospennato experimentó un exabrupto revelador. En su acalorada intervención, no sólo evidenció su desprecio hacia una fuerza política que gobernó doce años el país sino que confesó que “van a seguir teniendo todos los micrófonos para hablar”. A diferencia del kirchnerismo, el PRO tiene gran parte de los medios privados a su favor y la potestad de debilitar a los medios públicos en su incidencia. El sentido común dominante no necesita cadena nacional porque la hegemonía discursiva se ha transformado en un 678 continuo. Aunque algunos periodistas del establishment esbocen juiciosas críticas a funcionarios y al propio presidente, jamás pondrán en cuestión la lógica que se ha reinstaurado: es necesario llenar las arcas de los que habitan la punta de la pirámide para que, en algún momento, derrame hacia el resto una esporádica y mezquina bonanza.
Para que eso suceda –las tan prometidas inversiones- debe cumplirse una serie de requisitos, a la manera de la burocracia extenuante que padecía Joe Rígoli en el trámite del arbolito. Muchos de los miembros del Gran Equipo han manifestado su sorpresa ante la demora de esa lluvia de dólares pues se han hecho todos los deberes. Falta lo más peliagudo, que es precarizar las condiciones laborales, que es eso que el empresidente llama modernización o adaptación a estos nuevos tiempos. Lo que sería re estrenar la explotación de principios del siglo XX remasterizada, a colores y en todas las dimensiones que la tecnología permite.
Para el ideario PRO, el peronismo es un obstáculo para lograr ese objetivo. El peronismo expresado en esa novedad que fue el kirchnerismo, vale aclarar. Por eso, todo el que se aproxima, termina siendo el lo mismo’ que tanto irrita a Macri y sus secuaces. Desde su base de operaciones en Miami, la diputada Elisa Carrió aseguró que “las inversiones tardarán por el PJ”. Otros referentes amarillos habían dicho lo mismo, pero usando ‘populismo’ con pronunciación a punto de vómito. Macri, en cambio, apela a un concepto que no lo excluye: el pasado. Como si fuera un púber en la historia del país, olvida que su apellido está ligado a las peores expresiones del poder en las últimas cuatro décadas. Pero todo sirve a la hora de echar culpas al otro por los fracasos propios.
Quien quiso aportar un poco de originalidad en estas demonizaciones fue el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, al dejar en claro que para el Gobierno “pensar no es importante”. A contramano de innumerables corrientes filosóficas, Marquitos instaura una nueva polaridad en el pensamiento contemporáneo. “En la Argentina se piensa que ser crítico es ser inteligente –teorizó- pero nosotros creemos que ser entusiasta y optimista es ser inteligente”. El pensamiento crítico no es patrimonio de Argentina, como el dulce de leche o el colectivo, sino que incluye a muchos teóricos en todo tiempo y lugar que buscaron alternativas al statu quo. El opuesto al crítico sería el conformista: dos posiciones intelectuales que han inspirado miles de páginas. El optimismo y el entusiasmo, en cambio, son estados de ánimo y sus opuestos son, sin dudas, el pesimismo y la apatía. Además, la crítica también es compatible con el entusiasmo y el optimismo.
El consejo de Marcos Peña –creer antes que pensar- va en sintonía con el fallido de María Eugenia Vidal cuando conquistó la gobernación: “cambiamos futuro por pasado”. Un pasado que quiso construir un país pequeño con gran parte de la población afuera, invisibilizada, proscripta, desaparecida. Las tretas son distintas pero el objetivo, el mismo: incrementar los privilegios de una minoría a costa de horadar los derechos de la mayoría. Por eso se enojan los amarillos, porque cualquier tropiezo los retrasa en la concreción de su meta. Como el futuro que prometen es el pasado que más duele, alcemos nuestras copas por cada escollo que pongamos en este camino hacia la desigualdad que desean.

3 comentarios:

  1. la falta de inversión genera inflación

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    1. En realidad, no hay un solo factor que produzca inflación. La falta de inversiones puede traer recesión que debería provocar una baja en los precios para incrementar las ventas. En nuestro caso, es el fenómeno estanflación, una economía estancada con aumento de precios. Las variables que producen inflación son la devaluación, el endeudamiento, el déficit fiscal, cambios climáticos y estacionales y la emisión monetaria. En nuestro caso, también se agrega una concentración económica en pocas manos de productos esenciales y las políticas de comercio exterior. Abrazo

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  2. Bueno, "inversión" no hay, te la deben, hasta cuándo?, no se sabe porque, ay, horror de horrores!, en una de ésas vuelve el populismo, el peronismo o alguna asquerosidad por el estilo, sí, claro, se posterga la revolución de la alegría (masoquista) y nos zambullimos en el revoltijo del cagazo (al populista malo,malisimo). Nacimos pa' sufrir nomás.
    Hablando de sufrir, los que iban a terminarla (a la inflación, of course) - fácil, decian - la duplicaron, o sea, ahora es "galopante por dos" (triunfazo) y como son gente muy pero muy brillante en la incompetancia. la mejoran, ahora es inflación MÁS recesión.... ¿no son divinos?. Al hambre las ganas de comer (sin calorías), genial.
    Antes uno decía "lo que mata es la humedad" y pasaba casi como filósofo definiendo el sentido de la vida... ahora en cambio un pequeño führer norteafricano (Jujuy, bah) te manda en cana por india y quilombera y lo "democrático" es plebiscitar el irrespeto de derechos humanos, constituciones y tratados internacionales firmados.... en fin, mucha burocracia, lo que hay que resolver de una vez es si los indios, nativos o por opción, son seres humanos y cuál es la solución final, claro, gas o rifle sanitario y todos seamos felices y amarillos.
    Como soy un argentino decente, blanco y de ojos claros como corresponde, es que prefiero tener una mirada british sobre la realidad, así, este paisito de morondanga es, cuando mucho, un show de Banny Hill, una maravilla maravillosa, dónde si no, es imaginable un presidente que pase frío con 3 pulloveres y 9 cardiólogos en invierno y antes de terminar la primavera, en patas y remera con sus primo-ferros se compre un banco.... más caro de lo que vale y con única sucursal en las Cayman Islands..... digan la verdad, ¿no hay que alambrar esta Argentina, paraíso de la joda, de nunca acabar?.
    Como dijo alguna vez, Gustavo, se desangra en estos posts y, no digamos en 3 días, en apenas una hora se los dejan jovatos, hay siempre inventos y desgracias nuevas... hay talento ahí, no?, pa' la maldad, claro.

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