jueves, 1 de diciembre de 2016

Las huellas de Cristina



La Presidenta tocó el pianito por un capricho del juez que está acusado por haber permitido que se cometa el supuesto delito del que se la acusa. Por el mismo hecho hay dos causas: una con funcionarios del gobierno anterior y la otra, con funcionarios del actual. Los primeros, no se beneficiaron con la decisión política pero los segundos, sí, con el agravante de que tomaron la iniciativa de devaluar la moneda y determinar el monto de las ganancias. Si el juez Claudio Bonadío hubiera impedido que se liquide la operatoria del Dólar Futuro cuando el presidente del Banco Central le preguntó, no habría daño alguno en las arcas del Estado. Un conflicto de intereses que sólo involucra a muchos de los amarillos. Sin embargo, la única que aparece demonizada en las tapas es Cristina, víctima de una persecución judicial con tintes políticos. La promesa del respeto a las instituciones merecerá un nuevo te la debo, porque para seguir adelante con esta amarga Revolución de la Alegría es necesario pisotearlas a todas.
Cristina toca el pianito porque la prepotencia nos gobierna. El entusiasmo inicial que muchos sentían ante un nuevo gobierno comenzó a transformarse en pasmo apenas conocieron las primeras medidas. Los decretazos para desmantelar leyes lo convirtieron en un violador serial de las normas constitucionales. La minoría parlamentaria que parecía ser un obstáculo se trocó en una desconcertante mayoría a fuerza de sobornos y amenazas. Los uniformados de todos los colores y todo terreno comenzaron a poblar las calles para aplicar los silenciadores de toda protesta. Los desfiles que en tiempos de la dictadura adornaban las fechas patrias hoy es el espectáculo de todos los días.
La advertencia tomó forma con la captura de Milagro Sala, presa en cárcel común desde hace casi un año sin que se haya realizado una acusación concreta. A pesar de las protestas de organismos de DDHH nacionales e internacionales, el republicano gobernador de Jujuy asume el rol de juez y carcelero para ejecutar la venganza de un impune empresario de la zona: Pedro Blaquier. Una forma algo papelonera de integrarnos al mundo, pues los reclamos contra semejante atrocidad ocurren casi todos los días. Ni Macri ni Morales esperaban tanto revuelo por “una coya en cana”. Que la ONU, la OEA y la CIDH reclamen su inmediata liberación indica que la ceocracia amarilla ha traspasado un límite oscuro. En su visita al país, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau mencionó el tema y descolocó al Gerente de La Rosada. El secretario de DDHH Claudio Avruj también recibió demandas parecidas en su visita a Francia. Hasta funcionarios propios susurran sobre la incomodidad del asunto. Todos piden la liberación de la militante social indígena Milagro Sala pero la respuesta oficial es más que indignante: Morales se sienta sobre el emblema arrebatado y Macri sólo ofrece una visita guiada por las instalaciones carcelarias. Parafraseando un célebre dicho popular, son más peligrosos que un mono con navaja. O que un gorila con sable, sería más adecuado.
Yira yira: nada es amor
Mientras Cristina toca el pianito, las fuerzas gobernantes se preparan para atenuar las consecuencias de su penosa gestión. La desocupación creciente, la recesión y el cierre de negocios han dejado a muchos argentinos con poco para sobrevivir. Hasta la militante social Margarita Barrientos –villera estrella de los amarillos- describe con dolor y asombro cómo ha crecido el número de concurrentes al comedor que administra en el barrio Los Piletones. Pero el Gran Equipo, lejos de asumir toda responsabilidad en el incremento de la pobreza, habla del tema como si fuera una epidemia.
Para enfriar un mes caliente, los avarientos ceócratas decidieron acordar una Emergencia Social con las principales organizaciones de base del país. La cifra para paliar la miseria profundizada en este primer año es irrisoria: 30000 millones de pesos en tres años a cambio de que se abstengan “de cualquier situación conflictiva, cualquiera sea su naturaleza”. Si hacemos unas cuentas no muy complejas, cada beneficiado sólo recibirá unos 3000 pesos hasta 2019. Una limosna. Y encima los firmantes aseguraron que este acuerdo fue bendecido por el Papa Francisco, una nueva mentira que se tropieza con sus cortísimas patas.
Además de mezquinos, ostentan un cinismo que irrita. Ya se ha dicho hasta el hartazgo que sus promesas de campaña fueron incumplidas a voluntad. Una de ellas –la eliminación del mal llamado Impuesto a las Ganancias- se convertirá en un proyecto de ley que incorporará a más contribuyentes. En lugar de pedir disculpas por no cumplir con uno de los tópicos que más votos debe haber conquistado, se justifican de la peor manera. Después de eliminar retenciones a las exportaciones agropecuarias y mineras, aranceles por importaciones y el tributo por bienes personales, Alfonso Prat Gay explica por qué no prescinden del descuento a los trabajadores: “a todos nos gustaría bajar impuestos, pero sepamos que la consecuencia es bajar recursos para las políticas sociales”.
Al cinismo, le agrega una insultante hipocresía, como si a él le importaran las políticas que tanto ha criticado toda su vida. Gran parte de los votantes del Cambio ha caceroleado contra los que cobran sin trabajar. Ahora usa los planes sociales –el asistencialismo tan denostado- para mantener el impuesto a las ganancias pero no dice cuánto más podría hacerse con todos los tributos que les han perdonado a los más ricos. Una hipocresía que se contagia a los dirigentes de la CGT, que hicieron cuatro paros generales durante el gobierno de Cristina y hoy guardan un vergonzoso silencio. No sólo se callan sino que patean una medida de fuerza al infinito; hoy, que la situación de los trabajadores está en la cuerda floja.
Si a este panorama sumamos el decreto simple con que Macri incorporó al blanqueo a familiares de funcionarios, además de hipócritas y cínicos, son tránsfugas con obscenidad. Precisamente a eso han venido: a indultar sus inmundicias y convertir el país en un coto de uso exclusivo. Tan transparentes que se nota a la legua que son unos estafadores. Corruptos históricos que se enriquecieron a costa del Estado y que ahora lo gobiernan para saquear a destajo.
Cristina toca el pianito mientras Macri califica su gestión con un ocho y el jefe de Gabinete, Marcos Peña asegura que no dedicaron “el primer año a hablar mal del gobierno anterior”. Con unas risas grabadas parecería un chiste, pero es la máxima burla a la que apela uno de los tantos funcionarios que ha agotado a sus oyentes con el verso de la pesada herencia. Hay que estar muy enceguecido para no sentirse estafado por estos piratas desbocados.
Pero es Cristina la que toca el pianito para satisfacer los caprichos de un vengativo juez. Este servidor del Enemigo ignora que Ella ya ha dejado sus huellas en el corazón de millones de argentinos que desde hace un año sueñan con su retorno a La Rosada. El Juez y muchos como él tratan de impedirlo pero no advierten que, con sus trapisondas y refunfuños, no hacen más que acelerar los tiempos para el reencuentro.

4 comentarios:

  1. La verdad,no puedo decir mas que: Asi es.

    ResponderEliminar
  2. Más allá de que los dirigentes renieguen de la preponderancia de Cristina o la quieran jubilar, en las calles se siente otra cosa. Mientras más sola la dejan los hipócritas y cagones que antes le chupaban las medias, más se profundiza la adhesión al mejor gobierno que hemos tenido en décadas. Virginia Solá

    ResponderEliminar
  3. Esta gente es impresentable. Modifica una ley por decreto para beneficiar a su papá y amigos. Qué mal vamos a terminar con esta escoria. Son la mafia. Eugenio I

    ResponderEliminar

¿Qué ves cuando te ves?

El camino a las elecciones legislativas se presenta tenebroso . Y un poco confuso, porque muchos de los que hacen campaña no son cand...