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jueves, 31 de marzo de 2016

Lo mejor entre lo pésimo



En medio de las malas noticias que la pandilla de Macri genera a diario, las buenas nuevas quedan opacadas. Que Carrió reaparezca para ser oposición del engendro que ella misma creó no merece formar parte de este grupo, aunque resulta gratificante que los amarillos la padezcan un poco. La semana comenzó con la condena de Marcos Levín en Salta, la primera entre todas las causas abiertas a empresarios cómplices y beneficiarios de la dictadura. La otra buena novedad es que Cancillería anunció lo que se había conocido durante el fin de semana largo: un fallo de la ONU agrega 1,7 millones de kilómetros cuadrados a nuestra plataforma continental y las Islas Malvinas quedarán dentro de nuestros límites. Aunque los medios hegemónicos intentaron sumar un poroto al Gran Equipo, el senador Federico Pinedo fue quien reconoció el mérito de la administración K en este logro. Lo demás sólo es el triste panorama de la Revolución de la Alegría, donde la Pobreza Cero no era un combate contra la desigualdad, sino un partido donde los más vulnerables pierden por goleada.
Los despidos, los tarifazos, la censura y la persecución política serían medidas revolucionarias en el marco de un gobierno de derecha, pero no producen ninguna alegría: sólo pueden despertar risotadas bobas en los que esperan una injustificable revancha. Que los medios públicos se conviertan en versiones light de los hegemónicos contribuye a la pérdida de audiencia: espectadores y oyentes que antes disfrutaban de sus contenidos ya han migrado hace mucho a medios alternativos para poder informarse en serio. Que el tercer ARSAT duerma hasta que los otros den ganancias confirma la impronta empresarial con que Macri conduce el Estado. Que Milagro Sala siga ilegalmente presa y que el poder adquisitivo del salario se deteriore cada día sólo pueden ser celebrados por odiadores incurables. Nada de esto puede considerarse buena noticia y menos aún, indicativo de que estamos por el buen camino.
Para la mayoría de los argentinos, que nuestro territorio crezca hasta abrazar las Malvinas es una gran noticia. Si esto hubiera ocurrido en tiempos de Cristina, hubiese sido Ella la encargada de informarlo, junto a los funcionarios de cancillería. Tal vez ese día se habría transformado en fiesta. Pero como a Macri le importan poco las cuestiones de soberanía, hizo mutis por el foro. Nada para sorprenderse, si no hace mucho tiempo consideró que la administración de las Islas nos costaría mucho dinero. Aunque ahora debe estar calculando cuánto redituará la privatización de esos recursos y cuántas sonrisas recibirá de los buitres que se verán beneficiados con el nuevo botín. No fue Macri el que anunció esta resolución histórica, sino un video de la canciller Susana Malcorra, que la consideró como “un verdadero ejemplo de política de Estado”. Que ellos hablen de ‘política de Estado’ suena extraño, no sólo por su desprecio por lo público sino también por su pulsión destructiva hacia todo lo realizado en los últimos doce años.
Pesadillas amarillentas
Ya conocemos el verso: cuando desde la derecha hablan de políticas de Estado no están pensando en lo que beneficia a la mayoría, sino en las reglas de juego que enriquecen a los más ricos. Por eso eliminaron la ley de SCA pisoteando la constitución y menospreciando el trabajo comunitario que la elaboró. Y todo para favorecer al Grupo Clarín, que, en agradecimiento a los esfuerzos realizados para convertir a Macri en presidente, ahora no deberá someterse a ningún plan de adecuación. Del ninguneo al Congreso, ni hablar, si sus integrantes son capaces de derogar las leyes que permitieron re-estructurar la deuda que estaba de verdad en default. Después vienen a pontificar sobre políticas de Estado, cuando están a punto de poner al país a merced de los usureros, además del riesgo de desbaratar el desendeudamiento que habíamos logrado con tanto esfuerzo. ‘Políticas de Estado’, ‘gobernabilidad’, ‘unión de los argentinos’ son los eufemismos a los que recurren los saboteadores de nuestro porvenir.
Y sus cómplices también, como lo serán a partir de ahora los diputados y senadores que aprobaron el proyecto del oficialismo para acordar con los buitres. Ante los micrófonos dicen que no les gusta, que no es bueno, que podría ser mejor, pero lo aprueban igual. Ningún argumento los convence, salvo la extorsión macrista que recorrió las provincias. Si billetera mata galán, a las convicciones las aniquila. Las partidas especiales convirtieron la nueva ofensa de Darío Lopérfido, que consideró una secta a los gobiernos de Néstor y Cristina, en una nimiedad para los senadores que conquistaron sus bancas gracias al kirchnerismo. Tampoco el riesgo de que los bonistas se conviertan en litigantes dentro de unos días, pues Paul Singer también tiene papeles estructurados y está buscando conseguir más para seguir enriqueciéndose a nuestra costa. Ni siquiera la denuncia presentada por el periodista norteamericano Greg Palast que coloca a Singer como financiador de la campaña de Macri les hizo desconfiar al momento de apoyar al oficialismo. Estos diputados y senadores del FPV que aprobaron la renuncia a la soberanía ni siquiera pensaron en los votantes que los eligieron para mantener lo más posible lo conquistado en estos doce años que emociona recordar.
¿Qué hicieron Macri y su Gran Equipo para alcanzar tanto apoyo? ¿Qué muestras están dando de que todo lo que deciden es en beneficio de la mayoría? ¿Qué garantías han dado de que todo esto va a resultar bien? ¿Cuál es el compromiso que han tomado para asegurar que el costo de esta extorsión no caerá sobre las espaldas de los más vulnerables? ¿O también se dejaron engañar por el cuentito de la confianza, las inversiones y la lluvia de dólares? Este no es el final de un capítulo, como se oyó decir en el recinto del Senado, sino el principio de otro más tenebroso.
¿Qué van a hacer estos legisladores que en campaña hablaban de la continuidad del proyecto K cuando tengan en sus manos proyectos de ley para limar derechos conquistados con mucho esfuerzo? ¿Pensarán en la gobernabilidad al debatir un proyecto de flexibilización laboral? ¿Y cuando propongan la suba de la edad jubilatoria? ¿Avalarán que las jubilaciones futuras discriminen entre quienes hicieron sus aportes en tiempo y forma y los que se acogieron a una moratoria? Y si las reformas del Estado no se detienen en los aberrantes despidos que están ejecutando y deciden privatizar, ¿también dejarán sus convicciones en la puerta del Congreso?
Porque eso es lo que han hecho los diputados y senadores kirchneristas que avalaron el plan de Macri para engrosar las cuentas de Paul Singer y los demás carroñeros: abandonaron los lineamientos del proyecto que hasta ayer los enorgullecía. Ellos, que utilizaron las frases más famosas de Néstor Kirchner para simular emoción y pertenencia, ¿habrán recordado la tan vibrante “vengo a proponerles un sueño”? Y no digan que el sueño no se cumplió, porque desde 2003 hasta no hace mucho tiempo casi todos los argentinos gozábamos de un país en el que podíamos soñar.
Y ése es el país al que debemos retornar. No el país de las maravillas, como ironizaban los agoreros, sino el que asegure que nuestros sueños puedan convertirse en una realidad bastante parecida. Y que después de cumplido, podamos elaborar un nuevo sueño. Ya no estamos en ese país y cada deflexión nos aleja más. Ahora, amenazas, desprecio, burlas alimentan nuestro sentir y de ese licuado indigesto sólo pueden salir pesadillas. Para el futuro, debemos recordar quiénes produjeron nuestras pesadillas y tratar de estar bien consolidados para cuando se conviertan en realidad.

lunes, 28 de marzo de 2016

El desconcierto amarillo



La última tapa de la revista Noticias podrá ser muy graciosa y provocativa pero dificulta cualquier análisis serio del significado de la visita de Obama y la alineación con el Primer Mundo que planea Macri. Que una revista española se explaye sobre la adicción sexual de Juliana Awada es tan insultante como intrascendente. Tampoco aportan demasiado los apelativos burlescos que circulan por las redes en referencia al ocupante temporal de La Rosada. Estas formas de catarsis pueden parecer útiles en lo inmediato, pero no aportan más que una sencilla distracción, a la manera de los medios hegemónicos. Reducir a un beso entre dos mandatarios la renuncia a nuestra soberanía y sus consecuencias o estigmatizar con la ninfomanía a una explotadora laboral es jugar con la inteligencia del destinatario, que queda tan confundido que termina votando cualquier cosa.
Gracias a estas estrategias des-ideologizadas, Macri conquistó la presidencia pero no servirán para resistir su impronta entreguista. Con la pavada marketinera podrán mantenerse un tiempo más, pero no podremos contrarrestar sus consignas vacías con otras similares. Al contrario, lo imprescindible es combatir, no en el escenario de la superficialidad en el que se mueven como peces en el agua, sino en el territorio de las ideas donde siempre trastabillan. Las Plazas del jueves desconcertaron a los funcionarios amarillos pues, sin choripanes, micros ni convocatoria oficial, miles y miles de ciudadanos honraron la Memoria y manifestaron su compromiso con un futuro sin buitres.
 La multitud en las calles no sólo expresó un repudio al nefasto accionar de la dictadura que se inició cuarenta años atrás, sino también un rechazo a su ideario económico. El cuarenta aniversario se actualizó con una marcada oposición a los Cien Días de Macri, el acuerdo con los buitres y la visita de Obama. Después de cuatro décadas, nos encontramos con un gobierno democrático que aplica las recetas económicas de entonces. Democrático en apariencia, porque más que surgir de la voluntad popular es el resultado de la pulsión odiadora de un público manipulado. Sólo una porción de ese 51 por ciento puede coincidir con la impronta macrista; el resto, no tardará en advertir cuánto se ha equivocado.
Tan desconcertados quedan con estas manifestaciones, que el Secretario de DDHH y Pluralismo Cultural, Claudio Avruj sólo pudo balbucear algunas inconsistencias que demuestran lo poco que comprende el cargo que ocupa. O Macri, que sobre la visita de Obama, aseguró ver “en los argentinos gran desesperación por mostrarle afecto”. Claro, lee el diario de Yrigoyen o no debe considerar como tales a millones de argentinos que no ven con buenos ojos las relaciones carnales con el Imperio.
Balbuceos y cinismo
Si consideramos una de las últimas notas de opinión del periodista Alfredo Leuco, que propuso el reemplazo de los dirigentes de organismos de DDHH o la creación de nuevas organizaciones, el absurdo demuestra no tener límites. Las Madres, las Abuelas, los Hijos y los Nietos no ocupan sus cargos por haber superado un casting, sino como resultado de una lucha iniciada después de la tragedia. ¿Qué propone este periodista, nuevas tragedias, nuevas formas de vulnerar derechos elementales para que surjan otros organismos? ¿O pretenderá desplazar por decreto a las protagonistas-víctimas de la historia más oscura y dramática de nuestro país? Esto ya no es periodismo, sino anti-cristinismo del más embaucador y obsecuente.
Pero Leuco es apenas un militante de los medios hegemónicos y no un funcionario. Peor lo de Avruj quien, por ocupar un cargo, debería pensar un poco más sus declaraciones. A pesar de los intentos de los comunicadores dominantes de disminuir los números, la cantidad de participantes de las marchas del jueves superó las expectativas de los propios organizadores. Y eso desconcertó al Secretario encargado de los DDHH y la pluralidad cultural. En una entrevista que mantuvo con radio Splendid, Avruj explicó que el rechazo a las políticas macristas expresadas en las Plazas se debe a que “necesitan un discurso agresivo para seguir cohesionados entre ellos”. Para él no es agresivo que los funcionarios amarillos hablen de grasa militante, ñoquis, basura; la detención ilegal de Milagro Sala no es agresión para el Secretario de DDHH, ni los masivos despidos, la censura o la persecución política; no le resulta violento que haya fuerzas de seguridad desbocadas que dejen un tendal de heridos y muertos. Para Avruj, la agresión está en los cantitos de la multitud en rechazo a las políticas de Macri.    
Además de la incomprensión, también abundó el cinismo. Con risas grabadas, esta declaración parecería una sátira televisiva: "el compromiso nuestro en derechos humanos va mucho más allá de 'memoria, verdad y justicia', que lo tenemos en el centro de la política de derechos humanos". En otro tramo de la entrevista, las risas estarían de más: “Macri es el político más estigmatizado y con más prejuicio por los derechos humanos, cosa que no es cierta porque su compromiso es muy claro". Además de confusa, esta afirmación sobrepasa los parámetros de la hipocresía. ¿O no fue Macri quien prometió que como presidente terminaría con el curro de los DDHH? Y en lugar de retractarse de esa declaración bestial, es la promesa que más está cumpliendo al cerrar todas las oficinas dedicadas al tema en distintas dependencias del Estado, como el Banco Central o el ministerio de Seguridad.
Si Macri y su Gran Equipo tuvieran como centro la política de DDHH no hubieran hecho nada de lo que hicieron. Ni la devaluación, la distribución regresiva de los ingresos, la suspensión de las moratorias previsionales, los despidos masivos sólo justificados por el desprecio garantizan derechos. Al contrario, los pisotean. Ajustes y tarifazos aportan muchísimo a deteriorar la dignidad. La quita de retenciones desabastece nuestras mesas y la eliminación de los aranceles en la importación, además de la recaudación, hace peligrar el empleo. Recitar Nunca Más y arrojar flores al río no es un compromiso con los DDHH, sino puro simulacro. Si tienen en carpeta un proyecto para que los condenados por delitos de Lesa Humanidad cumplan sus penas con arresto domiciliario, no pueden decir que están comprometidos con los DDHH. En este tema, la escenografía PRO se derrumba.
Ni los derechos atrozmente vulnerados en el pasado ni los pisoteados hoy combinan con el amarillo de la Revolución de la Alegría. Mientras la Pesada Herencia suma varios kilómetros a nuestra plataforma submarina, el Gran Equipo no sabe cómo hacer para estamparnos más rápido contra el iceberg de siempre. En pocos días, la torpeza, la cobardía, la corrupción, la amnesia y la malicia se convertirán en un aval para que la avaricia financiera nos convierta en carroña. El endeudamiento es un viaje de ida, no te subas. La frase original hablaba de drogas, pero la deuda parece una adicción en nuestra historia. Y nunca genera derechos. Por el contrario, los desaparece.

viernes, 25 de marzo de 2016

La Memoria no es un chiste



No fue un aniversario más. Si “20 años no es nada”, 40 es un montón. Pero no sólo fue por las cuatro décadas transcurridas que la conmemoración del jueves se convirtió en histórica. Las políticas de los primeros 100 días del Gran Equipo y la visita de Obama agregaron más calor a la jornada. Que muchos funcionarios macristas se hayan visto obligados a encabezar actos protocolares sobre un tema que los incomoda es un triunfo de la Memoria Colectiva. Y que Martiniano Molina haya confundido el centro clandestino de detención conocido como “Pozo de Quilmes” con un bache en una de las calles de la ciudad que gobierna es un indicio de que –en este tema- los amarillos son como extraterrestres recién bajados de la Nave Madre. Con un formal “Nunca Más” pretenden simular compromiso, pero no mucho más. El fastidio del empresidente y la incomprensión de Obama en el Parque de la Memoria no se pueden disfrazar y la foto que los mostró en soledad contrasta con la festiva presencia de multitudes en casi todas las plazas del país.
Si muchos exponentes del neoliberalismo consideran esta fecha como una manifestación de nostalgia es porque la reducen al horror de los secuestros, la tortura y la desaparición. Este es el aspecto en el que todos coinciden –en apariencia- al cuestionar la dictadura del ’76 y si evitan avanzar un poco más es porque no les conviene. Por eso prohíben en los informativos de Radio Nacional hablar de dictadura cívico-militar, para que todo quede como la chifladura de unos generales desencajados. Cuanto mucho, pueden apelar a la teoría de los dos demonios, que interpreta al terrorismo de Estado como una excesiva respuesta a la violencia guerrillera y no como delito de Lesa Humanidad. Pero no van más atrás, a los bombardeos en la Plaza para matar a Perón, al golpe del ’55, los fusilamientos o la proscripción. Ahí, los verdaderos impulsores de casi todos los golpes de Estado construyeron una coraza que les permite gobernar el país a su antojo y operar la destitución cuando un gobierno popular debilita un poco su capacidad de daño.
La oligarquía de ayer y el establishment de hoy acusan a medio mundo de corrupción, pero sus integrantes jamás se han sentado ante un juez, aunque haya sobradas pruebas para que estén tras las rejas. Si hubo golpes de Estado fue para proteger intereses y privilegios de esa minoría que cree ser dueña de todo y pretende apropiarse de mucho más. Que Macri recuerde la dictadura como una “época de división entre los argentinos”, es como una confesión de parte. Eso que él llama división, en realidad es la resistencia a la inequidad que Ellos quieren imponer. Si el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay confiesa que “hasta ahora estuvimos acomodando la basura”, es porque están transformando al Estado en un facilitador del saqueo empresarial y financiero que se viene. Para Macri y su Gran Equipo, la basura son las barreras que nos protegen de la avidez del Poder Económico y el Estado como garante de la dignidad de los más vulnerables. La basura, para ellos, somos todos los que estuvimos presentes en la tarde del jueves, no sólo para conmemorar el aniversario del golpe del ’76 sino también para rechazar el ideario económico que lo impulsó, que es el que hoy están restaurando.
Otro ítem de la Pesada Herencia
Aunque los medios hegemónicos trataron de ignorarla, la marcha por el Día de la Memoria trascendió por su contundencia. Miles y miles de personas volcadas a la calle no pueden ocultarse con las vacaciones sureñas de la familia Obama. Tanta voluntad de movilización, tanto compromiso organizativo, tanto fervor en el encuentro no tenían como único objetivo conmemorar el golpe y repudiar el plan económico del Gran Equipo. Además de los despidos, la censura y la persecución política, la visita de Obama y el acuerdo con los buitres fueron también los blancos de las protestas de la multitud. Una señal de alerta para los senadores que tienen la posibilidad de revertir la entrega que ya se concretó en la Cámara de Diputados.
No puede ser que nuestros representantes no perciban la desconfianza que nos provoca la proximidad de los carroñeros. ¿O acaso no olfatean una trampa en la premura con que el gobierno de EEUU se presenta como amicus curiae en la Corte de Apelaciones para facilitar los pagos? ¿O también se muestran satisfechos, como Hernán Lombardi al decir que “la visita de Obama significa que volvemos al mundo”? ¿O quizá comparten el optimismo del embajador en el Imperio, Martín Lousteau que interpretó el hecho como un signo de que “Argentina está en la agenda internacional”? ¿O no les provoca cierta aprensión –para no decir repulsión- que el empresidente esté fascinado con tan ilustres visitantes?
La marcha del jueves interpela a la memoria: ¿cuándo nos benefició la proximidad con ese país? Si a comienzos de este siglo, cuando más necesitábamos ayuda, los que nos arrastraron a la crisis se burlaron de nuestras desgracias. ¿Para qué los senadores van a actuar como opositores responsables o razonables, para que el gobierno amarillo siga denostando a la fuerza política con la que accedieron a sus bancas; para que sigan ajustando, menospreciando, excluyendo, empobreciendo a la mayoría?
Si no entienden esto no entienden un pepino y no sirve de nada que repitan como loros Nunca Más una vez al año. Esta frase histórica incluye los propósitos macristas de convertirnos en una presa fácil de la avaricia financiera internacional, la que desmanteló nuestra industria en la dictadura, se apropió de nuestro patrimonio en los noventa y nos desintegró en 2001. En las Plazas del jueves no sólo estaban los que presenciaron esos momentos: además de abuelos y padres, también había hijos y nietos como la transmisión de un legado, como una garantía de continuidad en la Memoria. Muchas generaciones confluyeron para repudiar el pasado, rechazar el presente y garantizar el futuro. Un país que está a un paso de repetir sus peores errores, a punto de caer al abismo del que estábamos casi por salir.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Mucho más que cien días



Menos mal que en medio de tantas banderas con estrellitas aparece, cada tanto, alguna argentina, para no confundir el país en el que estamos. We love you, Mr President. Esos carteles faltaron en las paredes de la misteriosa Buenos Aires, tan multifacética, cosmopolita, ciclotímica. Pero abundó el Nunca más, firmado por presidencia de la Nación. Como los visitantes extranjeros demuestran interés por el valor de la Memoria en nuestro presente, el gobierno amarillo debe simular preocupación por aquello que Macri consideró un curro y Darío Lopérfido, una estafa. Una hipocresía más, una cita de póster que los PRO no comprenden. Si la comprendieran en toda su dimensión, descubrirían que ese Nunca Más significa un rechazo a todo lo que impulsan. Macri es el ideario económico del ’76 con las intenciones y las formas del ’55. Bicicleta financiera y endeudamiento brutal combinados con censura, persecución y deskirchnerización. Hermoso cambio padecemos gracias a los engaños mediáticos y a los incautos que se dejaron engañar. Y apenas van cien días.
Con la visita a Cuba como un señuelo y a Argentina como conquista, Obama está comenzando a domesticar el patio trasero del Imperio. Tantos años de horadar la legitimidad de las experiencias populares comienzan a rendir sus frutos. El ariete orquestado por la embajada yanqui, los medios hegemónicos y la oposición servil logró debilitar el sueño de la Patria Grande y suspenderlo por un tiempo. Qué diferencia con aquellos tiempos en que mandaron al carajo a Bush y su ALCA en la Cumbre de Mar del Plata. Ahora, quienes se sienten dueños del mundo desembarcan en estas tierras para cosechar lo sembrado y los recibe un virrey dispuesto a rematar el país para recibir una tierna mirada del conquistador.
Mientras Obama visita el país, los amarillos recitan Nunca Más, como si ese mantra bastara para simular un compromiso que no tienen. Si lo tuvieran, no celebrarían tanto la desclasificación de los documentos del Departamento de Estado sobre la dictadura sino que preguntarían el porqué de tanta demora. Si lo tuvieran, preguntarían por qué la Embajada y la CIA mantenían contactos secretos con miembros del ejército desde la muerte de Juan Domingo Perón para pergeñar el golpe de Estado. Si lo tuvieran en serio, le preguntarían al presidente Obama por qué la Embajada y la CIA tienen planes secretos para controlar nuestra región con la excusa de combatir al narcotráfico. El Nunca Más que los amarillos recitan como un mantra para respirar mejor, no significa ningún compromiso con la historia del país, su presente y su futuro, porque si lo tuvieran abandonarían, sin más, la Casa Rosada que han invadido.
Si no es revancha, se parece bastante
Esto no significa la promoción de un movimiento destituyente ni nada que se le parezca. Tampoco calificar al gobierno de Macri como una dictadura ni cosas por el estilo. De hacerse, sería, en todo caso, la más vulgar versión vernácula del ojo por ojo bíblico; devolver con la misma moneda los vómitos mediáticos que consideraban a Cristina dictadora, autoritaria, nazi y demás denostaciones injustificadas. Hoy parecería más preciso utilizar esos adjetivos después de los decretazos inconstitucionales, los despidos cotidianos, la persecución política y la censura. En pleno debate sobre la Ley de SCA, Clarín se lamentaba porque algunos de sus canales podían desaparecer. Ahora que la ley está desmantelada de manera irregular, no sólo el Grupo Clarín va a tener más poder –y negocios- sino que muchos medios ahora opositores están en vías de extinción por las presiones gubernamentales y bombardeos de los medios ahora oficialistas.
En tiempos de Cristina se horrorizaron cuando Jorge Capitanich rompió una hoja de Clarín en una de sus conferencias de prensa pero sonríen satisfechos ante el allanamiento a C5N y la cancelación del informe de Roberto Navarro sobre Nicolás Caputo. Por si alguno no entendió, la hoja de Clarín pudo circular libremente, a pesar del gesto del entonces funcionario, pero el programa Economía Política del domingo pasado nadie pudo verlo. Desde hace muchos años, los medios de Clarín entretienen a su público con la telenovela “La ruta del dinero K” pero nadie puede hablar de La autopista de las fortunas M. En aquellos tiempos, llamaban ‘censura’ al cuestionamiento de un funcionario a cualquier contenido mediático pero ahora, a la ausencia de muchos periodistas en medios públicos y comerciales no lo llaman de ninguna manera, porque de eso no se habla.
El empresidente incluyó en su campaña una demonización del programa de la TV Pública 678, a tal punto que acusó a su competidor, Daniel Scioli, de ser uno de sus panelistas. Tanto desvelaba su sueño este producto televisivo que, en muchas entrevistas aseguró que durante su gobierno no existirían ni 678 ni 876. En algo cumplió: el primero no existió más y hacen lo imposible para obstaculizar su retorno. Pero respecto del segundo, se convirtió en una de las tantas promesas incumplidas porque el domingo pasado, mientras en C5N se cocinaba la suspensión del programa de Navarro, la TV pública emitió un largo producto que tuvo a Macri como principal protagonista. Ocho panelistas en canal 7 a las 6 de la tarde. 876. Y más como provocación que contradicción, desde el CCK, el viejo edificio del Correo que fue escenario de otra de las estafas que su familia realizó al Estado.
Ante periodistas serviles y amigables, el ex Alcalde se explayó sobre todos los temas que el guión permitía. Nada de hablar de despidos, devaluación, distribución regresiva del ingreso ni la prisión de Milagro Sala. Entre el precipitoso retorno de Lanata para hacer un programa especial sobre el anterior gobierno y este marketinero producto no-periodístico, parece que los ocupantes de La Rosada están necesitados de buena prensa. Y aunque no les sale bien, alcanzaron el éxito al convertir a Macri en presidente, con las inconsistencias que expulsa de su boca y todo.
Ante la visita de Barack Obama, pronunció la frase más hiriente: “si tenemos tanto antiamericanismo, ¿por qué cada vez que pueden viajar, viajan a Estados Unidos? ¿Por qué en la carne triunfó McDonald’s?”. Sin datos, por supuesto, sólo des-orientado por ese sentido común tan básico que ostenta. Y su indisimulable cipayismo: un argentino no diría antiamericanismo porque ‘americanos’ es el término que usan los yanquis para nombrarse a sí mismos. La más hipócrita: “les tengo que decir a los señores del Poder Judicial que no puede haber más impunidad en la Argentina. Tengan coraje. Tengan independencia”. Si tuvieran ambas cosas, él, en lugar de ser presidente estaría tras las rejas junto a sus inventores y el Grupo Clarín sería apenas un grupito. Y el absurdo, referido a la inflación: “están los vivos que tratan de aprovecharse de ese momento. El tratar de sacar ventaja genera agresión. Es también la naturaleza humana del individualismo, del egoísmo”. Claro, un ingeniero no está obligado a conocer la existencia del instinto gregario, que hace que los humanos vivamos en sociedad. No es tan instruido para comprender que el individualismo es una concepción ideológica y el egoísmo, una desviación psicológica. Como oficia de presidente, está autorizado para decir cualquier cosa, como ha hecho siempre, con esa estrategia de opinar desde la ignorancia más pueril sobre todos los temas que tientan su antojo.
El niño mimado con impostada pertenencia de clase. El niño rico que convirtió en empresa el club de sus amores, en maqueta la ciudad que gobernó y ahora pretende hacer un supermercado del país que preside. Cuando termine el idilio, nos encontraremos con un país que no podremos comparar con nada, salvo con un club de trueque, como una de aquellas postales que creíamos desterradas para siempre.