lunes, 31 de octubre de 2016

¿Feliz cumpleaños?



El aniversario se aproxima. Un año no es mucho tiempo y la memoria no puede flaquear. Si todos los años duran lo mismo –salvo los bisiestos- éste ha pasado mucho más rápido que otros. Paradójicamente, enumerar lo que ha sucedido nos llevaría más de una década, no sólo por su cantidad sino –sobre todo- por su intensidad. Un cambio de época con consentimiento de los ciudadanos. Un consentimiento obtenido a fuerza de promesas que los candidatos no pensaban cumplir, vale recordar. La frase de Vidal en la noche de su triunfo- “cambiamos futuro por pasado”- no estaba en los spot de campaña pero fue un fallido revelador. La Revolución de la Alegría parece un retroceso a nuestras peores angustias y la tan cacareada Pobreza Cero es la derrota padecida por una parte importante de la población. El Gran Equipo no se equivocó porque a esto venían: a enriquecer a los más ricos y profundizar la desigualdad. Y tanto retrocedemos que dan ganas de parafrasear un célebre cántico que recorría las calles durante los primeros meses del retorno a la democracia: no hubo errores, pero sí muchos excesos en este primer año del Cambio.
Del “sí, se puede” que coreaban los entusiastas asistentes a los actos del PRO pasamos al “ahora ya no” que recitan todos los días los funcionarios. Y no hace falta que aclaren demasiado porque lo experimentan muchos ciudadanos todos los días. Ya no se puede nutrir la mesa, ya no se puede renovar la indumentaria, ya no se puede planear vacaciones, ya no se puede mantener abierto el negocio y muchos más ‘ya no’ que resultaría agotador especificar. Un país que produce alimentos para 400 millones de personas no puede alimentar como corresponde a sus 40 millones de habitantes. En un país que recauda más de 180 mil millones de pesos por mes en impuestos, muchos ciudadanos deben vivir en la indigencia. En el país que había duplicado su capacidad productiva, ahora crece el desempleo y la industria está declinante. De la expansión del consumo pasamos a una recesión histórica, de los records de turismo en los findes largos pasamos a discutir los feriados puente, del Fútbol Para Todos pasamos a la mercantilización de la pelota. El recorrido que estamos haciendo no estaba en el GPS del Cambio y por lo que parece, los conductores de este tren fantasma no piensan corregir el rumbo, a pesar de las alarmas que ya ensordecen.
Aunque el engaño estuvo bien orquestado, se sorprende el que estaba distraído. Si el año pasado ganaron gracias a la confusión, ahora la estafa es evidente. El discurso que Macri pronunció desde Tucumán en el Bicentenario de la Independencia no fue un fallido como el de Vidal, pero fue igual de revelador. Después del querido Rey, el empresidente rescribió la historia al referirse a la angustia que debieron sentir nuestros próceres al forjar la construcción de nuestra Nación. Tal vez por eso los desplacen de los billetes: es mejor poner animalitos en vías de extinción que héroes que se angustiaron por conseguir la independencia.
 De la angustia a la vergüenza
No es como piensan algunos malintencionados, que Macri pone animalitos en los billetes para garantizar su lugar en el futuro. Aunque lo parezca, no lo es. Lo de los héroes angustiados no es porque entendió mal las lecturas de Billiken con que debe haber nutrido su imaginario. Esta etapa de nuestra historia necesita que Nuestra Historia no nos enorgullezca. Para continuar con el ajuste que ya están aplicando y seducir a los capitales extranjeros necesitan instalar en nosotros un complejo de inferioridad que neutralice cualquier resistencia. Un pueblo sin autoestima no se resiste a las salvajadas del capital desbocado. Un pueblo deprimido soporta ajustes, cercenamiento de derechos, pérdida de poder adquisitivo.
El plan del macrismo nos necesita tristes, además de acomplejados. Acomplejados por haber disfrutado de un populismo que no merecíamos. Por eso nos dan a elegir entre pizzas o electricidad, líneas de bandera o jardines de infantes, fútbol gratis o jubilaciones. Mientras los más ricos acrecientan sus fortunas en paraísos fiscales, los más pobres ven evaporarse la modesta dignidad que estaban consiguiendo. Mentira que estamos en una crisis y que debemos hacer un agujero más a nuestros cinturones. Mentira que no podemos disfrutar de un buen salario, vacaciones y fútbol gratis. La situación económica no necesitaba esta sangría: sólo está justificada por una ideología encubierta basada en el más bestial egoísmo.
La insistencia con la Pesada Herencia y las denuncias de corrupción magnificadas por jueces consustanciados con la persecución distraen al público que todavía no ha sido alcanzado por la guadaña amarilla. Pero ya hay muchos que han padecido su filo o sienten cerca su temible siseo. Los ceócratas no se olvidaron de serruchar nada: ya no se reparten netbooks ni libros, ya no hay camiones odontológicos, medicamentos o preservativos para los más humildes, ni becas para estudiantes ni créditos blandos para vivienda. Pero, mientras condenan a muerte estos beneficios, afirman ante las cámaras que se preocupan por los más vulnerables. Mientras la actividad en la construcción cayó más de un 20 por ciento en septiembre, el spot televisivo de Presidencia anuncia obras que ya se hicieron en la gestión anterior o que recién se harán el año que viene. La información pública está en peligro con esta banda de mentirosos.
Otro de los versos con los que Macri ganó las elecciones fue el aislamiento del mundo. Un absurdo insostenible que conquistó algunos corazones incautos. Ahora estamos integrados de una extraña manera: batimos un récord de endeudamiento en poco tiempo, tenemos un presidente con cuentas off shore que ni se pone colorado por el tema y traicionamos a todos los países que nos apoyaron en el conflicto con los buitres. La obsecuencia desplegada hacia el Imperio, lejos de atraer inversiones, sólo multiplica la militarización de las Islas Malvinas. Si no es la Relatoría Especial de la Comisión Interamericana que reta al gobierno por aniquilar la Ley de Medios es el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de la ONU que reclama la liberación inmediata de Milagro Sala.
Qué lejos estamos del presidente que nos sacó de un infierno en serio y nos devolvió la autoestima. Qué pequeño queda este entregador en la comparación con Néstor Kirchner, el que no dejó sus convicciones en la puerta de La Rosada, por más patrañas que digan de él. Aquél gobernaba para sacar del fango a los damnificados por la mayor crisis económica y social de nuestra historia. Macri, en cambio, sólo para facilitar los negocios de las empresas propias y de sus ministros, aunque para eso deba someter a los otros poderes del Estado y acallar las voces opositoras. Si los años venideros son tan acelerados como éste la Ceocracia Amarilla se pasará volando pero la desolación que dejará en su camino la recordaremos por siempre. Al menos, eso es lo único auspicioso.

jueves, 27 de octubre de 2016

Animalitos y animaladas en Macrilandia



El presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, presentó desde la ciudad de Puerto Madryn el nuevo billete de 200 pesos, el segundo con un animalito autóctono en lugar de algún personaje de nuestra historia. "Quiebra esa solemnidad de los próceres y tiene conceptos más interesantes y positivos como la alegría y la liviandad", explicó quien nos condujo a una crisis fenomenal con el Megacanje. No conforme con tan suculento absurdo, agregó que el billete apunta a que "los argentinos nos podamos encontrar, nos podamos volver a unir y construir este país con el que todos soñamos". Qué fácil es todo en Macrilandia: poblar nuestras billeteras con exponentes de la fauna soluciona todo. Con el gatito de 500 o la ballena de 200 seremos más felices, aunque podamos comprar menos cosas con ellos, aunque se vuelen como golondrinas, aunque tengamos que penar mucho más para conseguirlos. La Revolución de la Alegría se sigue burlando de nosotros y los únicos que se divierten son los que pergeñaron esta estafa.
Los nuevos papeles de Sturzenegger incluyen cambios que están lejos de la armonía y la liviandad que promete. Trocar a Juan Manuel de Rosas por un guanaco y a Julio Argentino Roca y Evita por la taruca, que es un bicho con cuernos, puede resultar agresivo para los seguidores de esos personajes. Pero ya estamos acostumbrados a que los gerentes que nos gobiernan trastoquen los valores. Unos meses atrás, Alfonso Prat Gay había minimizado el incremento de las tarifas en los servicios públicos al compararlo con el precio de dos pizzas. En estos días, el empresidente Macri cuestionó el paro en Aerolíneas Argentinas y aseguró que sostener la empresa estatal cuesta “dos jardines de infantes por semana”. Una hipocresía más de quien no se preocupó por construir establecimientos para los niños durante sus dos gestiones en la CABA. Una muestra más de su cinismo, después de instalar al frente de la línea de bandera a alguien más preocupado por garantizar la rentabilidad de las empresas privadas que por el crecimiento de la estatal.
Y si el desafío es hacer comparaciones, ¿cuántos jardines de infantes se podrían construir con los tributos que deja de percibir el Estado con la renuncia a las retenciones o con la quita de aranceles para los autos importados? También podríamos incluir en la comparación los millones de dólares que regaló a los buitres o lo que podría recaudarse si no se hubiera eliminado el impuesto a los bienes personales. Pero para la mirada patricia, la culpa está siempre en los trabajadores, sobre todo los que se desempeñan en el Estado.
Tropiezos inesperados
Cuando este tipo de afirmaciones aparecen en bocas de esta calaña es porque están generando consenso para justificar la privatización. Aunque Macri prometió lo contrario, sus intenciones son otras. Por si algún incauto no comprendió, a él no le interesa la cantidad de jardines de infantes, escuelas ni universidades. Mientras más servicios estén en manos de los privados, menos obligación tendrá el Estado de recaudar para sostenerlos y eso no será en beneficio de los ciudadanos, por supuesto. Achicar el Estado es el objetivo neoliberal para que quienes más tienen paguen menos impuestos.
Si alguien duda de esto, basta echar un vistazo al proyecto de ley que fue vuelto a comisión en la Cámara de Diputados. El régimen de participación público-privado en obras de infraestructura no sólo es el primer paso para un proceso privatizador, sino que es una renuncia a la soberanía al ceder la jurisdicción a tribunales extranjeros en caso de conflictos legales. Por fin los representantes del Pueblo ponen un freno al desenfreno entregador de la Ceocracia Amarilla. Un poco tarde, porque la deuda externa ha crecido en estos meses ante la indiferencia de diputados y senadores que miran para otro lado en pos de la gobernabilidad. Ni siquiera se preguntan cuántos jardines de infantes se han construido en estos meses con esos casi 40 mil millones de dólares.
Ninguno es la obvia respuesta. El marketing aconseja apelar a imágenes conmovedoras sólo para justificar ajustes. Para habilitar el blanqueo de divisas producto de la evasión y el lavado, anunciaron la Reparación Histórica para jubilados. La enternecedora evocación de un empobrecido viejecito sirvió como excusa para convertir en salvadores a tránsfugas que, en lugar de esconder bolsos en un convento, utilizan tretas más sofisticadas. Las manos aprobaron en el Congreso, pero el blanqueo es un fracaso y la Reparación, un nuevo engaño. Para dos tercios de los 600 mil jubilados, la histórica medida sólo representó un incremento inferior a 1500 pesos y apenas un siete por ciento recibió algo más de 3000. Ya deberíamos estar acostumbrados: siempre benefician a una minoría; para la mayoría, sólo burlas.
El rechazo al régimen de participación público-privado no ha sido el único tropiezo del oficialismo. El intento de modificar el Ministerio Público Fiscal se estampó con su sesgo inconstitucional: debe ser independiente de los otros poderes, con autonomía funcional y autarquía financiera. El simulacro de legalidad tenía como intención deshacerse de la actual procuradora, Alejandra Gils Carbó, una venganza del establishment que quedará pendiente. Pablo Tonelli, diputado por Cambiemos y presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales, aseguró que “Gils Carbó es incompatible con el gobierno de Cambiemos pero eso no quiere decir que la vayamos a tirar por la ventana”. Sin embargo, es lo que han intentado hacer desde la asunción de Macri, un capricho incompatible con un gobierno que prometió respetar las instituciones.
Pero la lengua no traicionó sólo a Tonelli. Daniel Lipovetzky, otro diputado de la misma fuerza y presidente de la comisión de Legislación General, admitió que “es una posibilidad la del juicio político, si encontramos las causales”. Desde hace meses demonizan a Gils Carbó y aún no saben –o no pueden revelar- el motivo de tanto encono. Pura obediencia al poder real, porque nadie se preocupa por las anomalías del fiscal Guillermo Marijuán, que abusa de su poder para inventar la excusa que permita encarcelar a Cristina. Después sacan billetes con animalitos para disfrazarse de gestores de armonía. Todo lo que hacen tiene una segunda intención. No sea cosa que descubramos que las nuevas emisiones monetarias sólo buscan destronar a Evita de nuestras billeteras.
Mientras en el ámbito legislativo se producen estas escaramuzas, la vida de los argentinos se deteriora cada vez más. El segundo semestre pinta peor que el primero y no habrá milagro que pueda mejorar el panorama del año próximo. El mezquino bono para disfrazar la malaria está cada día más lejos y el fin de año será más apropiado para ahogar penas que para festejar. Algunos argentinos querían un cambio pero nadie les advirtió que se podía cambiar para peor. Ahora ya lo saben: sólo basta que recuerden para siempre esta amarga lección.

lunes, 24 de octubre de 2016

La desesperación de los amarillos



Que los dichos de Jorge Lanata contra Cristina han sido poco profesionales fue reconocido hasta por él mismo. Que la proximidad con el primer paro de mujeres permite que se encuadren como violencia de género es indiscutible. Que contengan la catarata de mentiras y prejuicios con que apuntaló la campaña del candidato del establishment no sorprende a nadie. Pero a lo que debe prestarse atención es a su tono exasperado, impotente, irritado. Después de todo lo hecho para contribuir a la causa restauradora con demonizaciones casi paródicas para confundir al electorado, La Presidenta no sólo está libre sino que encabeza las preferencias para el recambio parlamentario. No sólo no es repudiada por la ciudadanía sino que convoca multitudes en todo acto público, sus videos se replican en las redes y hasta recibe elogios y condecoraciones en otros países. En ese contexto, hasta es razonable un exabrupto como muestra de su desesperación.
A esta altura de la vida, las palabrotas no deberían provocar ningún escándalo. Si no saturan, son tan expresivas como cualquiera de las palabras que el lenguaje pone a disposición del usuario. Ese no es el problema, por supuesto. Si apela al insulto tal vez sea porque no tiene argumentos. O lo desborda un rencor inexplicable. Como sea, el pintoresco Lanata explotó en cámara –o simuló hacerlo- y recitó un monólogo más propio de un envidioso que de un analista político. Hasta minimizó la tan ponderada oratoria de CFK y la culpó de prostituir “todo lo que tocó”, de fomentar “el odio y el resentimiento” y de hacer “retroceder el país como nunca antes”. Afirmaciones tan inconsistentes como poco profesionales. La frase más destacada fue “usted sin nada es solo una pobre vieja enferma y sola peleando contra el olvido y arañando desesperadamente un lugar en la historia que ojalá la juzgue como la mierda que fue”. Cómo la juzgará la Historia es difícil de predecir, más aún si se reconstruye a partir de los matutinos de mayor tirada. El presente, en cambio, la mantiene en un lugar que altera los nervios de los que más la detestan.
Y tanto los altera que hasta dejan traslucir algo de verdad en medio de tantas mentiras. Días atrás, Margarita Stolbizer aseguró que Cristina no irá presa porque a la gerencia amarilla le conviene polarizar con ella. Lanata recicló la misma idea: “tuvo suerte con contar ahora con un gobierno especulador, chiquito, medio miserable, que espera que su libertad lo favorezca en las urnas”. Por si no se entiende: ambos afirman que Cristina está libre porque el gobierno quiere y no porque sea inocente de todo lo que la acusan. Los paladines de la institucionalidad y la transparencia no se indignan al asegurar que el empresidente Macri tenga tanta influencia en las decisiones de algunos jueces: les molesta que no use esa influencia para ejecutar la venganza tan deseada.
¿Mala praxis o malas intenciones?
Pero Stolbizer y Lanata no son los únicos desesperados. Los gerentes de La Rosada están ansiosos por mostrar los buenos resultados de su destructiva gestión. Pero como no existen, hay que seguir manipulando. Tanto cuestionar la alteración de los números del INDEC en el pasado, que ahora deben apelar a tretas similares y en 3D. Una aclaración pertinente: los datos estadísticos son más valederos por su metodología que por sus resultados, como si de una fotografía importase más el punto de vista y los modos de producción que lo que aparece en la imagen. El sinceramiento amarillo incluye un relato fundado en un pasado que cada vez resulta menos funcional para el presente. No sólo el incremento del desempleo, la baja del consumo, el cierre de negocios y fábricas opacan la panorámica que quieren exhibir, sino los tópicos que siempre están en la mira de la experticia neoliberal, como la inflación, el déficit fiscal y el crecimiento.
Este no será el primer gobierno que dibuje los números para insuflar optimismo ni será el último. Pero sí merecerá el podio por rescribir el pasado amañando los números que resulten desventajosos. Si el número de desocupados se ha incrementado en los últimos meses, nada mejor que manipular el informe laboral del Ministerio de Trabajo. Si el desequilibrio se profundiza, lo ideal es alterar la metodología de contabilidad fiscal para inflar el déficit de la anterior gestión. Si el consumo ha caído, la única treta es denostarlo. El sinceramiento PRO es maquillar los fracasos. La decisión de camuflar el declive producido casi en exclusividad por las principales medidas muestra la desesperación del Gran Equipo. 
Hasta Macri parece haber perdido la paciencia ante la avaricia de sus pares. “Ustedes tienen que dar el ejemplo, tienen que ser los primeros en plantear una agenda superadora –suplicó a los empresarios- Llamémoslo competitividad, productividad o romperse el traste, como lo quieran decir. Este país crece en el trabajo de cada uno”. Después de todas las concesiones y transferencias realizadas desde su asunción hacia los sectores más concentrados –unos 25 mil millones de dólares- lo único que recibe a cambio son despedidos, cesanteados, fuga de divisas, inflación. Y encima, la generosa amnistía fiscal conocida como blanqueo ni amaga convertirse en el logro tan cacareado. Lo que sorprende es que se sorprenda por tanto egoísmo. Si él es uno de ellos y ha actuado así durante toda su vida. Y si se desespera no es por las angustias que está expandiendo, sino porque las encuestas muestran una peligrosa caída en su imagen positiva.
No es para menos: la vida real irrumpe en la virtualidad que construyen los medios acólitos. Ni los periodistas más obsecuentes pueden ocultar las oscuras sombras que nos acechan. Ni las fábulas demonizadoras sobre el pasado pueden justificar los dramas del presente. Si están desesperados es porque saben que el engaño con el que usurparon La Rosada tiene corta vida. Si la cara de póker de todos los funcionarios ya no transmite optimismo a sus receptores es porque gran parte de ellos empieza a vislumbrar el cinismo que la atraviesa. Las buenas intenciones de los spots publicitarios han dejado lugar a las malas intenciones que traían bajo el poncho. Si están desesperados es porque no las pueden disimular y cada vez son más los que reconocen haber sido estafados.

jueves, 20 de octubre de 2016

El cambio es un engendro



Todavía están aprendiendo. La inexperiencia es la excusa para tropelías y omisiones. A pesar de eso, avanzan a paso redoblado para construir un país nuevo a la medida del que tuvimos varias décadas atrás, mientras los medios hegemónicos siguen arrojando estiércol sobre el pasado reciente. Con tijeretazos alocados tratan de encantar al establishment y demostrar a los organismos internacionales que son merecedores de la confianza necesaria para habilitar la lluvia de dólares que aún esperamos. Mientras los dramas de la vida cotidiana asolan cada vez a más argentinos, los Amarillos recitan que todo está muy bien. Aunque los números desmienten todo optimismo, el Gran Equipo avanza con un automatismo incomprensible. Las empresas pequeñas y medianas empiezan a estar en agonía y muchos comercios bajan sus persianas por falta de ventas. El consumo se reduce a lo indispensable, para satisfacción de muchos ideólogos de tan perverso proyecto. La ilusión del populismo finalizó por decreto para dar paso al modelo de exclusión que ya estamos padeciendo.
Aunque los datos propios y ajenos evidencian la caída, el oficialismo exhibe con orgullo las transformaciones ejecutadas. Que la inflación repunte, el crecimiento retroceda y el déficit fiscal se incremente no preocupa a los gerentes de La Rosada y sus apologistas mediáticos. Que la deuda externa contraída en estos diez meses alcance los 40 mil millones de dólares no disminuye la hipocresía de los que se disfrazan de opositores pero actúan como oficialistas. Que las desordenadas medidas económicas beneficien a unos pocos y no alienten inversiones no parece una advertencia de los males por venir. Que la imagen positiva del empresidente Macri esté muy por debajo de la imagen negativa no parece alterar la voluntad de los que garantizan la gobernabilidad de esta ceocracia destructiva.
Por el contrario, impulsados por un anti kirchnerismo patológico siguen avalando desde el Congreso las principales iniciativas del Ejecutivo, aunque signifiquen un retroceso en los derechos de la mayoría. Aunque ya quedó demostrado que el pago a los buitres tenía como objetivo beneficiar a los que aportaron a la campaña del PRO y la Reparación Histórica a los Jubilados era una treta para facilitar el blanqueo y la posible venta de los Fondos de la ANSES, gran parte de los Diputados y Senadores continúa actuando como si el Gobierno tuviera buenas intenciones. Si el presupuesto se reduce en algunas áreas claves como educación, salud y ciencia o si la propuesta de transformación del Ministerio Público Fiscal sólo busca concretar una venganza empresarial contra Alejandra Gils Carbó importa poco para los representantes que deberían poner un freno a tanto despropósito.
En busca del desencanto
Nada de esto impidió que la reforma electoral se concrete. Con el afán de cruzar la puerta grande del siglo XXI, entraremos por la alcantarilla de la Democracia con el moderno voto electrónico. Con las excusas más inverosímiles y los prejuicios más atroces, cambiaremos un sistema electoral que jamás ha traído inconvenientes –salvo los cacareos de los malos perdedores- por un artilugio tecnológico de dudosa confiabilidad. Algunos lectores pensarán que el mundo abraza las innovaciones y que no nos podemos quedar atrás. Patrañas. Sólo en siete países funciona plenamente el voto electrónico con algunas de sus variantes. Otros, como Holanda y Alemania lo utilizaron durante un tiempo y lo han abandonado. En Gran Bretaña y España se han realizado pruebas piloto que no terminan de convencer. En la mayoría de las naciones del mundo ni se piensa en el voto electrónico, que dejaría en manos de empresas transnacionales la decisión soberana de los pueblos.  
Pero eso no importa a los Gerentes de La Rosada. Detrás de cada iniciativa hay un negocio para sus amigotes. Lejos del prejuicio construido con Lázaro Báez, que ocupó el puesto 34 en el orden de adjudicatarios de obra pública, los apellidos ligados a los Macri están primeros en el podio. Si tanto empeño ponen en hacernos votar con maquinitas, habrá algún primo, sobrino o amigo de la infancia que nos quiera vender chatarra por tecnología de punta. Y nos quieren convencer de que el voto en papel es mucho más caro que la compra de los 100 mil aparatos necesarios para todos los distritos y la respectiva asistencia. Y nos dicen que el recuento electrónico es más confiable que el manual, cuando en las últimas elecciones de la CABA un técnico logró hackear el sistema informático de la empresa Magic desde su departamento.
Si es por el tiempo de espera, podrían habilitar más mesas; si es para evitar el desperdicio de papel y las picardías en el cuarto oscuro, hubieran pensado en la boleta única, que no sirve como volante partidario; si es por la premura de anunciar los resultados, los tiempos electorales no deberían adaptarse a los tiempos mediáticos, sino a la inversa. Pero el mayor verso que nos quieren vender es el de la transparencia. ¿Alguien puede creer que un gobierno encabezado por un empresario enriquecido en complicidad con la dictadura, beneficiado con deuda pública, perdonado por contrabandear autos y con más de veinte empresas en paraísos fiscales puede garantizar transparencia alguna?
Aunque parezca mentira, sí. Este apresurado listado tiene más solidez y fundamento que los miles de titulares que apuntalan los prejuicios sobre la corrupción K. Si alguien duda de esto, basta mirar la desesperación de Margarita Stolbizer ante la nada a la que conducen sus histriónicas denuncias. Hasta cometió del desliz de sugerir que el Ejecutivo tiene injerencia sobre las decisiones judiciales. Un paréntesis: la progresista Stolbizer supone que a Macri le conviene tener como opositora a Cristina y es por eso que no va a ir presa. O estamos ante un gobierno que no respeta la independencia de poderes o la infinidad de denuncias que alimentó su campaña no era más que una sarta de mentiras.
A esto le están facilitando la gobernabilidad los diputados y senadores que quieren ser bienvenidos en los antros del establishment. A todo esto contribuyen los dirigentes gremiales que postergan la lucha por el paño frío de un mísero bono. En pocas semanas se cumplirá un año del famoso debate previo al balotaje. Quien siga con esperanza por este tortuoso túnel, podría tomarse la molestia de ver ese video con el que ha sido engañado. Después, que evalúe cómo son sus días en comparación con los anteriores. Si encuentra mejoría, que siga esperando. Si no, ¿qué más puede pasar para dar lugar al desencanto?

Extraviados por la tele

Sin demasiado esfuerzo investigativo, se puede afirmar que Lodenisman es el resultado de una manipulación perfecta , no sólo mediátic...