lunes, 2 de enero de 2017

Tropezar con la misma piedra



Mientras el ministerio de Educación deja afuera a casi 3000 empleados públicos, el presidente off shore Mauricio Macri afirma en Villa Traful “estamos vocacionados a generar trabajo”. Además del contraste, el Ingeniero cometió un nuevo furcio. Tal vez introdujo ese neo verbo confundiéndolo con ‘abocado’ o porque, a la vez que su boca se movía, su cerebro evocaba las vacaciones interrumpidas para simular ocupación. Antes de recitar sus líneas de stand up decidió alterar su trayecto para comprar alfajores y toparse, casualmente, con una marcha de los trabajadores del Estado. Un cristal roto en la camioneta –desde adentro y no desde afuera- sirvió como excusa para otro episodio de victimización al mejor estilo de Pimpinela. Un nuevo verso amarillo, por supuesto: si todos los perjudicados y disconformes de la Revolución de la Alegría arrojaran al menos un grano de arena, Macri y su Gran Equipo terminarían lapidados. El primer año del retroceso termina y el que empieza no promete ser mejor, más aún si insisten en transitar por este túnel oscuro y sembrado de piedras que no tienen otro objetivo que hacernos tropezar.
Después de inaugurar por segunda vez el Centro de Interpretación e Información Turística de Villa Traful y del simulacro de agresión, Macri brindó un muestrario de sus frases más incoherentes en una entrevista con radio Mitre, donde su pulsión confundidora recrudeció. Como si fuera un corresponsal de guerra, explicó: “soy responsable de exponerme, pero yo necesito conectarme con los argentinos para saber qué les pasa”. En realidad, lo que necesitaba en ese momento era comprar alfajores y si quiere saber qué nos pasa a los argentinos, que analice las consecuencias de sus políticas y lo sabrá con facilidad.
A sabiendas de recitar sandeces en una radio cómplice, afirmó: “nosotros somos el Gobierno que más apoyo tiene en América Latina". ¿Apoyo de quién? ¿Del establishment internacional que sólo ve negocios jugosos en donde nosotros queremos construir un país? ¿De las grandes corporaciones, que esperan que Macri siga desmantelando nuestros derechos para volcar algunas gotas de especulación con formato de inversiones? ¿Del presidente entrante Donald Trump, que tiene en mente cerrar sus fronteras e invadir la región de todas las formas posibles? Según Macri, Trump le dijo: “vamos a tener la mejor relación, olvidate”. ¿Así habla el nuevo mandatario yanqui, como cualquier adolescente argentino o es una nueva patraña del estafador serial que copó La Rosada? 
La boca del mentiroso
Pero volvamos a la falacia original: Macri aseguró que su gobierno es el que más apoyo tiene en América Latina. Si su entusiasmo estadístico proviene del resultado del balotaje, no debería olvidar que superar a Scioli por menos de dos puntos no es un gran apoyo. Si hoy fuera opositor, estaría deslegitimando cualquier decisión del ex gobernador con esa excusa, como lo hizo con Cristina, que logró un porcentaje mayor contra seis candidatos en 2011. El apoyo que imagina Macri tampoco proviene de las recientes encuestas, que señalan una caída de casi 16 puntos en su imagen positiva. Si en diciembre del año pasado había un 46 por ciento de argentinos que se consideraban oficialistas, hoy no llegan al 32. Y si alguno piensa que el apoyo proviene de los empresarios vernáculos, se está equivocando: el partido gobernante tuvo que solicitar la contribución económica de funcionarios y voluntarios porque los principales beneficiados por el cambio archivaron la chequera hasta nuevo aviso.   
Aunque ya deberíamos estar acostumbrados a sus tretas discursivas, no dejan de exasperar. Esa manera de disimular sus embustes con un envoltorio campechano y el tono infantil con que trata de llegar a su gente todavía logra algún efecto. Y no hay que lucubrar demasiado para arribar a la siguiente conclusión: el empresidente abusa constantemente de la credulidad de sus oyentes porque el principal apoyo que tiene es el blindaje que construyen los medios de comunicación hegemónicos. Blindaje que pasa por alto las asperezas y tropelías amarillas y resalta las ficciones que surgen de la creatividad periodística y el afán servil de algunos fiscales y jueces que han abandonado hace rato cualquier idea de justicia.
El eje informativo que desde 2008 se centró en mostrar lo malo que es el kirchnerismo no se alteró un ápice. Por el contrario, desde la asunción del Gran Equipo, la estrategia se potencia de manera proporcional a los desastres que produce. Las tapas se han convertido en la mesa de entrada de los tribunales y desde allí se articula el accionar de fiscales y jueces. El procesamiento de Cristina decidido por el juez Julián Ercolini es una prueba de eso: sólo plasma con un lenguaje seudo tribunalicio los prejuicios que se publican en diarios, radios y canales televisivos. No importa la verdad tanto como que la acusación parezca lo más contundente posible. No interesan las pruebas, porque el Poder Fáctico no las necesita para hacer desaparecer sus obstáculos. Ni siquiera hace falta la existencia de un delito, como puede demostrarse no sólo con la causa de Ercolini, que transforma un gobierno de doce años en una asociación ilícita, sino con las otras dos que tratan de proscribir a La Presidenta: la del dólar futuro y la del memorándum con Irán. Sólo la oligarquía gobernante puede castigar al inocente con el único justificativo del odio y el desprecio: lo han hecho con el primer golpe de Estado de la historia, con los bombardeos, los fusilamientos, la represión y los desaparecidos y lo quieren hacer ahora, con menos crueldad pero igual saña.
Ahora que los que se creen dueños del país gobiernan con una apariencia de legalidad, su pulsión destructiva se ha desatado. Como si fueran predadores hambrientos en un redil, tratan de asestar la mayor cantidad de mordiscones posible antes de que los estafados por el cambio reaccionen. Mientras Macri prepara la mesa para el festín de los más ricos, el malestar de la población crece cada vez más. Con casi 200 mil despidos y 40 mil suspendidos no se puede esperar otra cosa. El deterioro de estos meses fue medido en un reciente estudio realizado en conjunto por el Conicet, Flacso y las universidades públicas sobre las consecuencias de las medidas neoliberales aplicadas por Cambiemos.
La situación es alarmante: la salud física  y mental de los trabajadores se ha resentido notablemente. Los sectores medios son los más afectados porque en estos meses han perdido el bienestar alcanzado con el gobierno anterior. La situación económica disminuye la sensación de felicidad y afecta la alimentación y el descanso. El temor a ser despedido, suspendido o ajustado altera el ánimo y baja la autoestima. Ya hemos vivido una situación similar y la fabulación simbólica de las pantallas nos han hecho caer nuevamente en la trampa.
Mientras un puñado de jueces generan titulares con los no-delitos de Cristina y Milagro Sala, los medios cómplices ocultan o amortiguan la gravedad de las 50 cuentas en paraísos fiscales de la familia Macri, el acuerdo reservado con Qatar, las irregularidades en las fundaciones PRO, las incompatibilidades de casi todos los funcionarios, los negociados millonarios de familiares y amigos, la ineptitud de ministros, secretarios y subsecretarios y encima, la ministra de Desarrollo Social de apellido colonialista nos serrucha el mapa. ¿Cómo sería el ánimo del público cautivo si todo esto ocurriera con un gobierno populista? Seguramente estarían prestos a un cacerolazo destituyente pidiendo la cabeza de todos los involucrados.
Por necedad o distracción, los argentinos estamos tropezando con las mismas piedras que nos han hecho caer varias veces. Lo saludable para este nuevo año sería despertar del letargo antes de que la caída se convierta en un sometimiento perpetuo.

2 comentarios:

  1. Excelente tu opinión, comparto al 100%

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  2. Excelente Reflexión y análisis de la realidad lastimosa de este país. Agradezco enormemente tus notas y festejo tu modo de escribir. Es como la suave caricia que no deja de advertir el trágico final de algo, valiéndose de la salvedad del aviso ante la traición permanente.

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