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jueves, 2 de febrero de 2017

De la post verdad a la PRO mentira



Una recorrida por las ideas que circulan en estos días puede llegar a estremecer. Desde la negación del genocidio hasta la justificación de aumentos tarifarios, todo lo que dicen los ceócratas, aliados y apologistas indica que estamos en serios problemas. La promesa de Macri de que en su gobierno íbamos a estar “cada día mejor” -con un enérgico sacudón de su puño derecho- se deshace con cada medida que toman sus funcionarios. Mientras endeuda el país como nunca antes, planea rifar las empresas que tanto nos costó recuperar. Como si en lugar de un gobierno votado para lograr el bienestar de la mayoría estuviéramos ante una tropa de asalto resuelta a saquear lo más posible en beneficio de una minoría. Lo más preocupante no son las patrañas que recitan como excusas para el destructivo plan, sino que algunos ciudadanos sigan creyendo en ellas. Y peor aún, que los descreídos no atinen a reaccionar para frenar los estropicios.
Una frase del diputado Carlos Heller puede reordenar las ideas: “el límite de los ajustes deben ponerlo los ajustados”. Y son muchos los que en estos últimos tiempos han comenzado a recurrir al ingenio para atenuar el impacto de los golpes al bolsillo que cada día se producen. Si no es restringir los placeres es apelar a segundas marcas en las compras o caminar más para no gastar en colectivo o usar una revista vieja para abanicarse en lugar de encender el aire acondicionado. Y la lista es extensa porque desde la asunción del empresidente pocas medidas se han tomado para beneficiar a los que menos tienen y esas pocas se diluyen ante las infinitas tomadas para colmar las arcas de los que tienen de sobra.
Mientras los titulares nos dicen que los problemas del país pasan por la Pesada Herencia, los inmigrantes indeseables o unas tetas en la playa, en un país muy solvente, la mayoría debe vivir como mendicante. A pesar de esto, los editorialistas han olvidado la palabra ‘crispación’, que tanto utilizaron para calificar al gobierno de Cristina o la confrontación que ponía los pelos de punta a los representantes del establishment. Claro, como antes había ciertos frenos al saqueo empresarial –o al menos, reprimendas oficiales- la libertad que se vive ahora no da para ciertos calificativos. Un ricachón contenido crispa más que una población hambreada. Ahora que están desenfrenados se nota más el daño que producen.
Hoy que el capitalismo más vil ha invadido La Rosada, sólo unos pocos están a salvo de la guadaña. Y las explicaciones que recibimos del Gran Equipo, más que alentar la adhesión a un proyecto, nos invitan al rechazo. Porque el país que piensan Macri y sus secuaces no está al alcance de los 40 millones y cuando el paraíso neoliberal esté cerca lamentaremos cuántos han quedado en el camino.
El peor de los túneles
Las malas intenciones son más que evidentes: para la oligarquía que nos gobierna, la movilidad social debe ser descendente; una vez que se apodere de todos los recursos podrá derramar sus dádivas. Esa es la normalidad tan deseada, que el Estado esté al servicio de la inequidad. El más notable ejemplo es el anuncio de los nuevos incrementos de tarifas. Escuchar que un ministro de Energía incompatible por su identificación con la actividad privada nos diga cuántas horas al día debemos utilizar nuestros aparatos debería indignar a una comunidad consciente de sus derechos. Porque no estamos en medio de una crisis energética como nos quieren hacer creer. Si hay una crisis, es ética. Los amarillos nos roban nuestros recursos, nos mienten en la cara y encima nos exigen que seamos agradecidos.
El ceo de Shell que simula ser ministro, anunció aumentos de entre 60 y 148 por ciento con el pétreo rostro del cinismo: estamos celebrando poder recomponer una realidad que no tendríamos que haber perdido”. Los que celebran, en realidad, son los amigotes de Macri –Caputo y Lewis, entre otros- que ganarán fortunas sin invertir medio centavo. El mayor cínico de todos es, como siempre, el que lidera la banda: el gerente disfrazado de mandatario explicó que “Aranguren tuvo que volver a anunciar algo que no es simpático”. El problema no pasa por la simpatía, sino por el desparpajo con que desnudan la angurria de los verdaderos representados por esta ceocracia. Y agregó: “a nadie le gusta tener que decir que hay que aumentar las tarifas”. Mentira: les encanta; no pueden disimular la felicidad que les causa castigar al pueblo con sus decisiones. Si pensaran en nosotros, no habrían tomado ni una de las medidas que han tomado desde el 10 de diciembre.
Mucho se habla en estos días de la post verdad, un término nuevo para un concepto vetusto del que se habla desde que Orson Welles presentó la novela “La guerra de los mundos” con formato de noticiero. La advertencia de que eso era una ficción se producía cada diez minutos; si algunos escuchas entraron en pánico no es responsabilidad del que se convirtió en uno de los mejores directores de cine. La post verdad es la ficción que se toma como verdadera, como el personaje de Leslie Caron en la película “Lili”, que cree que los títeres con los que interactúa son personas chiquitas. La post verdad necesita de la credulidad del destinatario, pero está lejos del engaño. Un engaño es la omisión de la advertencia y eso es otra cosa. Cuando Macri afirma que el país que dejó Cristina estaba al borde del colapso no está explotando estos sutiles conceptos comunicacionales: está mintiendo. No se está equivocando, sino diciendo lo que sabe que no es cierto. Eso es la mentira: decir lo contrario de lo que uno sabe que es verdad. El relato de los amarillos no puede analizarse en términos de post verdad, sino en los de la PRO mentira.
Los cortes de luz que padecen muchos ciudadanos no se producen por problemas en la generación de energía –que está a cargo de una empresa, por ahora, estatal- sino en la distribución en manos de privados. Y si las tarifas aumentan no es para invertir en la mejora del servicio, sino para fugar y engrosar sus paradisíacas cuentas. Tampoco hay razonabilidad en la medida, sino estafa: nos cobran el megawatt/hora a 40 dólares, un 20 por ciento más de lo que se cobró el año pasado en EEUU. Ni siquiera con los precios internacionales se llevan bien.
En tiempos de Cristina, por mucho menos que esto los televidentes indignados salían a las calles con sus cacharros para clamar por excusas cacareadas en las tapas de los diarios hegemónicos. No olvidemos el cacerolazo que de manera espontánea explotó por el Discurso del Miedo, en septiembre de 2012, cuando se manipuló un fragmento de los dichos de Cristina para despertar a una población falsamente sometida. No olvidemos que el macrismo conquistó las urnas en base a dos acusaciones falaces de homicidio, en los que involucraron a La Presidenta y a Aníbal Fernández. Como el estado de ánimo de la población es estimulado, en parte, por los medios dominantes, el deterioro del poder adquisitivo, la pérdida de fuentes de trabajo, la inalcanzable canasta familiar y el bienestar que se diluye son menos importantes que la apología del mercantilismo que están imponiendo. Para Ellos, es necesario atravesar este túnel para alcanzar la bonanza. Sin embargo, el camino hacia eso lo abandonamos hace más de un año. Parece que necesitábamos padecer un infierno para valorar aquello que, por capricho o confusión, estamos perdiendo a zarpazos despiadados. El tiempo que dure esta pesadilla está en nuestras manos.

8 comentarios:

  1. La post verdad es la ficción que se toma como verdadera, como el personaje de Leslie Caron en la película “Lili”, que cree que los títeres con los que interactúa son personas chiquitas. Lo mejor del articulo!

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    1. Y claro. Es la idea central. El núcleo de la credulidad. Asi como Lili ve personitas en los títeres, muchos ven a Macri como representante de intereses mayoritarios

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    2. Me parece que Gustavo fue muy generoso con su respuesta. Destacas de un artículo riquísimo la frase más lavada. Se nota que tu compromiso político es inexistente. Mirta Soria

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    3. Estimada Mirta, tengo muchas coincidencias con aquellas personas que militan "la causa" Kirchnerista, no así con los enceguecidos y fanáticos. Seguramente yo debo de ser un tibio de esos que vomita Dios! En otro orden de cosas, figurese que el titulo del articulo menciona la post verdad y recién en el 7mo párrafo hiperlinkea con otra idea (Lili/Welles)que no sea afirmar que Macri es peor o igual que Ali Baba (cosa que esta a las claras) pero eso no le incumbe a usted, sino al redactor del articulo.

      PD: En algo coincidimos querida Mirta; Gustavo es un ser generoso! :>

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    4. Si recién en el séptimo párrafo hablo de la post verdad -no hiper linkeado sino con aportes propios- es para diferenciar. Muchos confunden la post verdad con las mentiras de este gobierno. Y aclarar conceptos es lo que me interesa.

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  2. Demasiada sutileza para hablar de un gobierno que nos está llevando a la destrucción. Ladrones, corruptos y despiadados. Hay que sacarlos cuanto antes. Cristian B

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  3. Llamar "pos verdad" a la pura y simple mentira es llevar la poesía a niveles insospechados (y absolutamente prescindibles, de paso). Mentira es mentira y aunque para mentiroso haya sinónimos hasta para hacer dulce, también sería bueno no dar muchas vueltas, la Argentina es desgobernada y descalabrada a partir de mentiras, embustes, falsedades y tergiversaciones (el susodicho dulce), todo sucediendo hoy, aquí y ahora, no en el limbo ni en la imaginación...
    No creo que pueda definirse a alguien (sea kirchnerista o cualquier otra cosa) como "tibio"... ¿qué?, las variantes serían "los frescos", los hervidos, los cubitos? - No, se es o no se es, las "anchas avenidas del medio" son farsa, excusa, disfraz. Ya lo decía el Hamlet.... to be or not to be (y hace un montón de siglos).
    Se puede ser crítico (debiera ser obligatorio), se puede discutir, pero vamos, ¿vamos a boludear con "pos verdades" cuando dejan sin remedios a enfermos de SIDA?, la gente se muere - y es verdad que el kirchnerismo, precisamente, laburaba para que no ocurriera, entonces llamemos las cosas por su nombre, el kirchnerismo es opinable mientras la mentira pro es fatal (y no hay revolución del eufemismo que los salve).

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  4. Soy hincha de gustavo y lo de ram es ejemplar, adhiero.

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