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jueves, 2 de marzo de 2017

El monólogo de los dialoguistas



Macri inauguró por segunda vez las sesiones del Congreso como presidente, un rol que le queda cada vez más holgado. A pesar de sus enredos linguales y tropiezos maxilares, trató de convencernos de su humanidad. Hasta un palo de escoba lo haría mejor. No se puede esperar más de alguien que ya no convoca, salvo para la repulsa. Los espacios públicos vallados e invadidos por fuerzas de seguridad es la escenografía favorita de los amarillos. Las inefables falacias y las promesas incumplibles son los ejes habituales de todo discurso PRO. El desprecio, la hipocresía y la victimización componen la pose de estos mediocres actores. Para creerles y seguir apoyándolos hay que ser muy voluntario. Y para aplaudirlos, cómplices. Cómplices del descomunal endeudamiento que ya supera los 50 mil millones de dólares, del incremento del desempleo hasta cerca del 12 por ciento, de la distribución regresiva del ingreso, de la destrucción de industrias y comercios y del latrocinio público y privado que se está orquestando desde el Estado. Cómplices de todo esto y mucho más. Ya no es tiempo de indulgencias para los engañados y menos aún si se encuentran entre las víctimas de la guadaña que estamos padeciendo desde que asumió el presidente menos soñado.
Que el empresidente haya aprovechado el reflejo para acomodar su corbata ante la vitrina que guarda el primer ejemplar de la Constitución puede interpretarse como un símbolo. Que su rostro haya mantenido el gesto de fastidio del que ve interrumpidas sus vacaciones ya es un hábito. Que simule bromas con su entorno o dibuje temibles sonrisas es la máscara para quedar como uno del montón. Que recite como un escolar un discurso híper ensayado ya forma parte de su personaje. Todo esto conforma el ropaje, la coraza y el maquillaje de un producto construido con esfuerzo y eficacia. Debajo está su otro yo, que es el verdadero.
Y ya no hay que rascar tanto para encontrarlo. Casi está a la vista cuando se sale del libreto y amenaza, demoniza y difama. En el guión -que sigue a rajatabla hasta en los furcios- también se lo puede encontrar, pero cuesta más trabajo. Hay que contrastar lo que dice con lo que pasa para encontrar el embuste y eso no todos lo hacen. Sus mentiras son tantas que se convierten en madeja y lo más divertido es que él mismo es la fuente para la desmentida. En su último discurso dijo que recibió “un país donde sólo el 41 por ciento de los argentinos tiene cloacas” pero en la apertura versión 2016 había dicho que el 41 por ciento de los argentinos no tenía cloacas. Nos robaron cloacas o nos está engañando. Después afirma que es portador de la verdad y sus números se trastocan. A pesar de todo, declamó en el Congreso “hay que creer”, como una orden, no como una súplica. Aunque sus mentiras sean para infantes, hay que creer, como si de él emanara todo el poder.
Un presidente sin sueños
Después de haber entregado la Orden del General San Martín al rey de España, Macri llegó al Congreso acompañado por los granaderos, sucesores de los héroes angustiados por romper con la corona. Después de pedir “menos relato y más verdad”, aseguró que la economía está mejorando. Después de abogar por el diálogo y el consenso, no escatimó dicterios hacia el kirchnerismo. Una contradicción detrás de la otra. Y abundó en el cinismo, como cuando se refirió al impuesto a las ganancias: “movimos las escalas sin caer en el populismo irresponsable”. El populista fue él, que durante la campaña prometió su eliminación.
Ya sumergido en una laguna de patrañas, enumeró obras que jamás se han realizado, salvo que se haya referido a la reinauguración de los restos de la Pesada Herencia y habló de Luis, Mónica y Raquel, como aconseja Durán Barba. En el medio del conflicto docente, anunció una Revolución en la Educación y de la necesidad de la tecnología, a pesar de haber desmantelado el Conectar Igualdad. Como intento de conmover con una frase de poster, recitó “la confianza de los pequeños nos obliga a ser grandes”. Y también incluyó como logro el Plan Universal de Salud, pero nada dijo del Plan Remediar, que redujo en un 90 por ciento la cantidad de medicamentos gratuitos en los hospitales públicos.
‘Cambio’ y ‘juntos’ son los términos casi mágicos a los que recurre el discurso amarillo. “Poner el hombro” en lugar de “poner palos en la rueda”. Lo de ‘palos en la rueda’ significa defender los derechos que son cercenados por el cambio para llegar a ya sabemos dónde. El sacrificio es ahora pero la zanahoria está cada vez más lejos; poner palos en la rueda por no poder comer ni pagar los servicios; poner el hombro es aplaudir cuando el Ingeniero dice que tenemos la inflación más baja desde 2008 aunque la canasta escolar registre un incremento de más del 60 por ciento.
Pero el clímax de su hipocresía aún no había llegado. Enérgico, exclamó “la obra pública dejó de ser sinónimo de corrupción”. No pronunció esa frase como una promesa, sino como un hecho consumado, como si nadie lo conociera, como si, arrepentido, hubiera devuelto gran parte de su fortuna, como si no tuviera cuentas off shore ni hubiera estado involucrado en más de 200 causas, como si desde su asunción no tuviera ninguna denuncia. Como si fuera el más inocente de los argentinos. Sus fans lo aplaudieron por la genialidad del chiste, por la osadía del cinismo, por el extremo de la burla. Si el blanqueo del que tanto se enorgullece es la legalización de las sumas que nos escamotearon sus familiares y amigotes, tan evasores y corruptos como él.
En el cierre de su discurso de apertura, cuando debía convocar a todos los ciudadanos a seguir un camino hacia el paraíso prometido, cuando debía sintetizar con una frase su impronta transformadora –bah, cambiadora-, cuando debía demostrar por qué está al frente del país, se coló lo más patético. En ese final de alocución de campaña mimetizado como institucional evidenció que no tiene nada para dar. “Nuestra Justicia necesita cambiar. Creemos en una Justicia independiente, que dé respuesta rápida a la gente”, vociferó, en un simulacro de pasión. Lo poco de prometedor que contiene esta frase se desmoronó cuando siguió con el aprovechamiento del tema que aceitó su camino hacia La Rosada: Lodenisman.
Si para Macri y sus acólitos la justicia comprometida, rápida e independiente debe seguir mordisqueando el cadáver de Nisman, bajemos la persiana. Esa justicia no es para la gente, sino para Su gente. Este es el ejemplo más marcado de una justicia amañada al servicio de intereses muy lejanos a cualquier verdad. Ni la muerte del fiscal ni su denuncia sin delito merecen una foja más y sin embargo las causas continúan porque son funcionales a una campaña interminable. Todas las pericias apuntan a un suicidio y seis jueces dictaminaron que su denuncia es un mamotreto inaceptable. Sin embargo un puñado de jueces y fiscales alimentan las fantasías de periodistas y políticos que desean que sus falsarias hipótesis se conviertan en realidad: que a Nisman lo mandó a matar Cristina porque había denunciado un pacto de impunidad con Irán por la causa AMIA. ¿Ese es el ideal de justicia que propone Macri? Si es así, estamos fritos.
Cuando Macri asegura que dice la verdad es cuando más miente. Cuando dice que más se preocupa por nosotros es cuando más nos desampara. Cuando dice que busca el bien del país es cuando más quiere destruirlo. El que se conmovió con su discurso es porque no tiene buenos sentimientos. El que se ilusionó, sigue siendo un ingenuo. Alguien que saluda en calles vacías y desprecia las muchedumbres no controladas no puede ser el presidente de ningún país. Tampoco el sueño de nadie sino, la peor pesadilla.

7 comentarios:

  1. Buena lectura. Lo mas desopilante, y a la vez triste, del discurso de ayer fue cuando menciono los avances en el sistema energetico que evidencia menos cortes de luz!! Que nos diga eso a los 300000 sufridos usuarios del sur del gba es patetico. comentando esto en la fiambreria del barrio, los clientes se cag.. de risa de nuestro empresidente. Para mi los diez dias de ola de calor vendrian a ser una especie de justicia poetica, apenas salio un empresario italiano a tirar cifras de supuestas mejoras de servicio, pum 10 dias seguidos con 33 grados y saltaron las costuras.
    Opino que macri condensa lo peor de Men*m, el mundo de fantasia de Delarua y el desmanejo economico de un Walter klein y un poco del mingo

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    1. Deberías haber puesto tu nombre. Lamentable lo que estamos padeciendo con los impresentables amarillos

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  2. son siniestros, lo imposible de la razón, meten mucho miedo pero que pasa que nosotros el pueblo estamos tan lentos en reaccionar? gracias Gustavo!

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  3. Bueno, pero no deja de ser interesante ese discurso, esa gestualidad, esa impronta de looser que dejó nuestro amado virrey.... además, hay que ser agradecidos, fue tan rabiosamente anti K que, admitámoslo, nos ahorra el laburo de explicar por qué uno es K, si justamente es un honor que esta porquería infame sea anti K, ya está, bingo!, no queda otra que ser K, por contraste, por autoestima, por instinto de conservación, por pudor....
    Y lo mejor, hace falta una apelación a la estupidez reaccionaria como ésta del discurso, si no tiene NADA, pero NADA de NADA que presumir salvo que hay que ser anti K, dejate afanar vía tarifas, dejate de joder con fantasías de poder adquisitivo, hacete vegetariano (sin carnes, bienvenido al pasto) y callate la boca, así no vuelve el cuco K, buenísimo, sin la estupidez inducida, pierde su encanto la revolución de la alegría, no?.
    ¿Y no será hora de empezar a hablar de otra "autocrítica"?.... no sé, una que empiece con una preguntita, tipo "¿y por esta porquería me dejé engañar?", digo, podría ser...

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    1. Esa pregunta está latente. Uno invita a que la hagan. Por eso en el final del primer párrafo digo que no hay más lugar para indulgencias

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  4. Aguanté 20 minutos de vomitiva náusea al oir el bla bla bla y plas plas plas de los lameculos...
    Prefiero leerte a tí,Gustavo y a tantos compañeros/as que saben ponerle la guinda a la pandilla basura,mientras usan el bisturí de manera impecable llegando hasta el hueso.
    Gracias,muchas gracias.

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  5. Yo lo escuché todo, a pesar de la nueva sensación de reir entre vómitos o vomitar entre risas. Es increíble que alguien tan vacuo sea presidente en este contexto. Hasta como exponente de la derecha es una baratija.

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