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jueves, 27 de abril de 2017

Quinientos días y ninguna flor



Un chiste de mal gusto que no representa la preocupación de nadie. El empresidente Macri se enteró de que los abuelos de un geriátrico visitaban páginas porno y celebró que hayan cancelado las cuentas. Aunque no sepa recitar de corrido cuánto cobra un jubilado, sí sabe con qué se entretiene. Como rezaba un viejo lema de los PRO, “en todo estás vos”. El Ingeniero está en paraísos fiscales, líneas aéreas, empresas de energía, autopistas, bancos y hasta en la sexualidad de los mayores. Pronto estará presidiendo el G 20 y sus balbuceados discursos, frases de póster y humoradas inoportunas nos integrarán al mundo. También estuvo de visita en el Imperio, promocionando una inversión de Techint que generará 1500 puestos de trabajo. Allá. Acá ofrece ayuda económica a cambio de despidos. El Gran Equipo se burla a coro revoleando promesas que apenas convencen a los propios, mientras los datos sugieren que la caída es inminente. Macri, en tanto, se ocupa de suprimir cualquier asomo de felicidad y anuncia una inversión en el Norte, como el sacrificio de un sumiso creyente en el altar de un dios sordo.
¿En qué manos estamos? El Gerente de La Rosada SA habla del Estado aguantadero, mientras el Jefe de la Policía Metropolitana, José Potocar marcha preso por recaudación ilegal cuando estaba al frente de la Dirección General de Comisarías; mientras vende sus acciones de Autopistas del Sol, después de una suba en la cotización gracias al incremento de los peajes; mientras gran parte de sus funcionarios gestionan para las empresas de las que provienen; mientras nombra como Procurador del Tesoro a un abogado a la medida de sus trapisondas; mientras los jueces cómplices hacen lo imposible para cajonear sus chanchullos; mientras los medios hegemónicos ven crecer su hegemonía por concesiones poco democráticas y muy abultadas pautas; mientras el periodismo independiente se transforma en militante. Mientras todo esto y mucho más ocurre, Macri habla del Estado aguantadero, más con la pretensión de instalar una nueva falacia que como una confesión en su autobiografía.
No estamos en manos de ningún abuelo que consume porno, sino de un equipo que hace del engaño su mejor virtud. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, presentó su informe a los senadores como si estuviera ante un grupo de neófitos. Con alucinado optimismo, confesó estar convencido de que este año Argentina va a crecer, “a salir de esta situación de estancamiento”. Y explotando al extremo esa sana costumbre de tergiversar los datos, destacó que en enero hubo una suba de 1,1 por ciento de la actividad económica, omitiendo el último dato del INDEC, que da cuenta de una nueva tendencia negativa del 2,2 en forma interanual. Aunque todos los pronósticos superan el 17 por ciento esperado, Peña aseguró que “en los próximos meses se va a notar la fuerte baja de inflación que va a ayudar el camino del crecimiento”. O es una víctima más del terrorismo informativo que padece una parte importante de la población o es más cínico de lo aceptable.
Una mueca diabólica
Aunque parezca mentira, algunos conciudadanos ven en el Gran Equipo a un grupo de sacrificados patriotas que quiere sacar adelante al país y que las cosas van mal por mera mala suerte. Si el desempleo avanza a paso redoblado, el consumo está en picada y la recesión es más que una amenaza no es porque las audaces decisiones de los funcionarios no dan el resultado esperado. Si la distribución del ingreso retrocedió tres puntos y negocios y fábricas bajan sus persianas como en otros tiempos no es por falta de confianza de los emprendedores. Si las cosas se están poniendo cada vez más fuleras no es porque opositores irresponsables conspiran para que al gobierno le vaya mal.
Así es como está planeada esta siniestra trama: "sabíamos que la transición económica iba a llevar a una etapa más compleja y compartimos la preocupación", explicó Marcos Peña en el Senado. No es eso lo que prometieron en campaña; no hablaron de sacrificios sino de Revolución de la Alegría; no anunciaron que nos hundiríamos de a poco sino que íbamos a estar cada día mejor (con un leve sacudón del puño derecho); no le iban a quitar la ayuda a nadie y ahora los viejos deben suplicar por los medicamentos gratis; iban a incentivar las economías regionales pero los horticultores deben regalar sus verduras en las plazas; iban a generar empleo pero exigen a las empresas y a las administraciones provinciales que despidan a sus empleados. No es una situación compleja ni hay preocupación sino una dramática catástrofe y muchos argentinos están desesperados.
Tanta desesperación se percibe que algunos buenos vecinos sufren infartos al recibir las facturas de la luz. Tan mal pinta la cosa que el ex presidente Eduardo Duhalde propone una “cadena de oración para que Macri tenga razón”. No para que las cosas marchen bien, sino para transformar la irracionalidad del plan de Macri en algo razonable. Porque este es el punto de partida: no se puede esperar que la economía crezca si el equipo económico produce recesión; no se puede generar empleo si desde el gobierno se alienta la desocupación; no se puede reducir la pobreza si se legaliza la especulación financiera; no se puede garantizar ningún futuro si los recursos naturales están hipotecados por una deuda que no se está convirtiendo en desarrollo, sino en una fuga de capitales inusitada. Nada de lo que hacen es para mejorar nada: todo lo están empeorando a propósito para que después un pantano pestilente parezca un paraíso. Mientras tanto, Macri celebra la generación de empleo en el Imperio y se burla de la sexualidad de los abuelos. Y algunos alucinados todavía corean si, se puede.

3 comentarios:

  1. "una cadena de oración para que Macri y sus secuaces sean abducidos por extraterrestres y no vuelvan mas", empecemos a rezar ya!-gracias Gustavo y abrazos

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  2. El rayo purificador debe apurarse... O nos van a dejar a todos en pelotas y cayendo por un interminable precipicio...

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  3. No son alucinados, son personas con escondidos y profundos sentimientos malsanos, artífices del negacionismo de sus propias miserias.

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