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lunes, 26 de junio de 2017

Mucho más que nombres



Los medios de comunicación capitalinos presentaron el cierre de las listas para la primera vuelta electoral como si fuera la final del Mundial. No es para menos: de las elecciones de octubre depende la continuidad del Cambio o el retorno a una vida más promisoria; la profundización del despojo amarillo o la búsqueda de formas más equitativas de distribución del ingreso. En los meses que se vienen, los ciudadanos debemos estar muy atentos para que no nos vuelvan a vender gato en lugar de liebre. El engaño está al descubierto y dejarse tentar otra vez por él ya no es inocencia, sino tozudez. Si el marketing vuelve a triunfar sobre la política, si los spots oficiales logran velar esta realidad cada vez más adversa, si el denuncismo mitológico disfraza el latrocinio real que están ejecutando, no estamos aprendiendo nada.
Por lo que parece, no da resultado la deconstrucción de las versiones amañadas que como cascada, vierten día a día los apologistas del Cambio. Todavía convence más el video de López con dos bolsos que el intento de Macri de escamotearnos 70 mil millones de pesos con el Correo, y eso que esta suma necesitaría más de 400 bolsos. La indignación selectiva que construyen los medios produce tal efecto en el público cautivo que haría bailar a los autores de la vetusta Teoría Hipodérmica en el más allá. La aguja inocula tantas falacias que los televidentes ya padecen sobredosis. Si enoja más quién lleva el bolso, estamos en presencia de una víctima de la indignación selectiva. Después del acto en Arsenal, los voceros del establishment se preocuparon por narrar las causas en las que estaban involucrados los integrantes del Palco de Cristina. Si hicieran lo mismo con los miembros del Mejor Equipo de los Últimos 50 Años, vaya y pase. Pero no: los muestran como honradísimos héroes que bregan para mejorar nuestras vidas.
En la vorágine informativa a que nos someten, es razonable que algunas cosas se nos pasen por alto o la memoria nos juegue una mala pasada. Tal vez algunos habitantes de este bendito suelo olviden el escándalo que armaron hace unos años con el título de CFK. Hasta un prestigioso constitucionalista vociferaba en cada oportunidad una frase digna de la galería del ridículo: “yo quiero que me muestre el título, que no lo esconda más”. En uno de los tantos cacerolazos orquestados durante el gobierno de Cristina, había carteles que lo exigían. ¿Acaso han susurrado alguna objeción a la idoneidad de Sergio Bergman para ocupar la secretaría de Medio Ambiente? Y eso que lo aclaró al momento de asumir y lo ha demostrado ante las contingencias catastróficas que se han producido en estos casi dos años. ¿A nadie tienta el desconocimiento que ostenta la vice Gabriela Michetti en cada tema que aborda para pedir, al menos, el certificado de primaria? Pero claro, el problema no pasa por la trayectoria académica, sino por los intereses que representan. Aquellos que intentan expandir derechos, siempre serán demonizados. Los que sólo impulsan multiplicar privilegios para una minoría empachada, serán ángeles dignos de devoción.
Algo para recordar
Quizá en esto debería centrarse cualquier debate: en quiénes son los beneficiados de cada medida. Siempre es necesario aclarar que reducir cargas impositivas, condonar deudas y abaratar el salario sólo busca enriquecer a los más ricos. El modelo del derrame no hace más que acrecentar la brecha. Si el Estado no se ocupa de accionar el grifo, no cae ni una gota. El Mercado sólo desvía el fluido para llenar sus barriles. Y si no es en esto, debería pensarse en los perjudicados en serio, no los que renuncian a un mínimo porcentaje de sus descomunales ganancias, sino los que lo pierden todo. Eliminar los aranceles de importación en bienes de consumo que se producen acá es un atentado a la economía y afecta el empleo. Recortar pensiones, asignaciones y beneficios a jubilados, discapacitados y pensionados es condenar a gran parte de la población a la miseria. Si el objetivo es achicar el déficit fiscal, que vuelvan a cobrar impuestos a los que más tienen. Mientras más se recorte, menos se consume, la recaudación cae y el déficit sube. Un callejón sin salida, laberíntico y en pendiente.
Pero hay candidatos que evitan abordar estas discusiones sustanciales y esconden su ideología itinerante en un honestismo confuso, al punto de acompañar a los que antes denunciaban. Otros, de tan funcionales, sólo buscan frenar a los demás opositores. Y los que aportaron su estructura partidaria para permitir que Macri sea presidente –la UCR- han quedado en el camino, abandonados como un instrumento ya innecesario. Si la distribución del ingreso no les despierta una objeción, el monstruoso crecimiento de la deuda externa tendría que estremecer alguna de sus células. ¿Quién se va a hacer cargo de reparar los estropicios que semejante irresponsabilidad financiera provocará en los próximos años, cuando sea imposible seguir ajustando y la minoría rentista se haya habituado a no contribuir con sus ganancias?
En este tema hay que ser muy claro. Cuando Macri presentó al Gran Equipo, muchos advertimos su composición empresarial, al punto de calificarlo como ‘ceocracia’. El propio Mauricio apareció más como empresidente o gerente que como representante de una mayoría circunstancial. Hasta se llegó a decir que querían manejar el país como una empresa. Enorme error porque nos están llevando a la quiebra. Además de tomar una deuda cercana a los 100 mil millones de dólares que se ha diluido en especulación, fuga y remisión de utilidades, han hecho un pésimo negocio con el préstamo a cien años. Perjudicial con todas las letras en colores rutilantes. Una torpeza incomprensible o una estafa infame. Si fueran empresarios en serio, la economía doméstica estaría repuntando. Si fueran empresarios responsables, jamás habrían aceptado un crédito tan vil como el propuesto por los bancos internacionales: 99 años de intereses sin una reducción de la cifra recibida; en 2117, nuestros descendientes seguirán debiendo 2750 millones de dólares, después de haber pagado casi 20 mil.
Inútiles, irresponsables o apátridas. O todo eso junto. Tanto los ejecutores como los apologistas y ni hablar de los que susurran críticas de ocasión antes de mirar para otro lado. Esto no sólo es inaceptable sino también invotable. La integración al mundo no dio resultado; la importación sin aranceles no bajó los precios sino que destruyó industrias y produjo desempleo; bajar impuestos y retenciones no produjo ningún derrame, sino recesión y déficit fiscal; habilitar la libre especulación, la fuga de capitales y la remisión de utilidades de las empresas multinacionales no atrajo inversiones; achicar el gasto sólo sumerge en la miseria a gran parte de la población. La receta de siempre vuelve a fracasar en tiempo record. Si ellos no piensan probar con otra cosa, éste es el momento de ponerles un freno.

jueves, 22 de junio de 2017

Ella goza de buena salud



En las calles, debería palparse el malestar; las conversaciones cotidianas deberían centrarse en eso; los titulares de los diarios tendrían que anunciarlo como la noticia del año: Macri nos endeudó por una centuria. Y no como buena, sino como pésima. Pero no: algunos la celebraron y otros la ignoraron tanto como al discurso del Ingeniero por el Día de la Bandera. En lugar de pedir disculpas, intentó refundar su plan destructivo. Por lo que dijo, podría haberse quedado en la cama. Lo que cuestionaron fue el acto en sí, despoblado por decisión de Presidencia. Tan vallado estaba el predio del Monumento a la Bandera que ni el frío podía pasar. Una frase que circuló por las redes: “hagamos un asado que Macri pone el vacío”. Pero no estuvo tan vacío este 20 de junio. Tanto protestar porque interrumpía la telenovela, el martes los medios hegemónicos armaron una cadena nacional con el acto de Cristina en Arsenal. El cristicentrismo que ha adoptado la opinión pública hace dudar a muchos sobre quién es el que gobierna Argentina.
No es para menos: si la mayoría de los periodistas están obsesionados con Cristina; unos para atacarla y otros para defenderla de los ataques. Algunos creen que es Ella la culpable de todos los males que han comenzado a padecer en los últimos tiempos. El pasado de corrupción que han tejido en torno a su gobierno hizo que un puñado de odiadores se concentrara frente a tribunales para pedir un linchamiento camuflado de justicia. Aunque la consigna convocante –“exigir justicia para frenar la impunidad”- podría reparar la grieta, la ensancha, porque sólo apunta a convertir en realidad los prejuicios que se alimentan desde las usinas de estiércol. Si pidieran la investigación de los casos de corrupción que involucran a muchos de los miembros del Gran Equipo y hasta al propio Gerente de La Rosada SA, hubieran superado las cinco mil almas que apelaron a las cacerolas para conmemorar el Día de la Bandera.
Si realmente quisieran una justicia independiente, deberían estar indignados con la idea de Macri de tener “jueces que los representen”, que fallen a favor de los poderosos y que omitan castigar las tretas a las que apelan para multiplicar sus fortunas. Esos que tanto denuncian a los populistas, tienen sus manos más sucias que una papa y muchos de ellos no sólo con tierra, sino también con sangre. Si realmente quisieran terminar con la impunidad, deberían pedir la cárcel para todos los empresarios que instigaron el golpe del 76 y que se enriquecieron a fuerza de secuestros, torturas y desapariciones. Pero ésos no son delitos, sino libertad de mercado, dirán. Claro, han adoptado el ideario de los poderosos; por eso no ven con malos ojos que a los más ricos les perdonen deudas o reduzcan a cero sus cargas impositivas, pero chillan como locos cuando el Estado distribuye recursos hacia los que menos tienen.
Ensalada discursiva
Quizá por eso no les siente tan mal que Macri, en el contexto del Día de la Bandera, haya transformado a Manuel Belgrano en un voluntario PRO que, en su lecho de muerte, en lugar de suspirar “ay, Patria Mía”, gritó “Si, se puede”. Si se atrevió a considerar que los héroes de la independencia estaban angustiados por romper las cadenas con España, ¿por qué no va a pintar a Belgrano como un emprendedor que impulsaba la educación de calidad? Le faltó decir que buscaba el diálogo y el consenso con risas de fondo para convertir la fiesta cívica en un stand up. Pero en esos seis minutos de incongruencias, vomitó una frase bien manipuladora: afirmó que está “haciendo lo que había que hacer”. De esta manera, en su público, instala la idea de que transferir recursos hacia los más ricos, endeudar el país como nunca, desmantelar la industria y sumergir en el desamparo a gran parte de la población son pasos necesarios para salvar al país. Mentira: ésa es la mirada profundamente clasista de un oligarca. Nada de lo que hizo era necesario, por eso todo está por estallar.
En Arsenal, Cristina lo expresó con más suavidad: el Gran Equipo nos desordenó la vida. Desde que asumió, Macri concretó todos los sueños de los angurrientos: eliminó impuestos, perdonó deudas, quitó aranceles y retenciones, favoreció la concentración económica. Así y todo, los más beneficiados no sueltan un centavo y la lluvia de inversiones se transformó en una bicicleta financiera que pedalea en pendiente. Hasta tomó 100000 millones de dólares de deuda que se diluyó en la fuga y la especulación. El Gerente entregó al país como ofrenda, pero los inversores le dieron la espalda. En un intento de seducción desesperado, hasta tomó deuda por cien años para nada, sólo como un guiño para lograr una calificación de los especuladores internacionales. Pero Morgan Stanley nos considera fronterizos y eso nos deja afuera del festival de deuda que Macri y sus secuaces planeaban.
También por esto van a responsabilizar a Cristina, porque lejos de estar políticamente muerta como ellos desean, convoca a más de 50 mil personas. Contra todo lo que digan los voceros del establishment, CFK está más viva que nunca, como una defensa de los intereses de la mayoría. Por eso, los buitres piden su cabeza para convertir el país en una orgía de carroña. Y un coro de individuos enceguecidos sale a las calles a exigir la ejecución. A eso le ponen el pomposo mote de justicia.
Tan cautivos están de las pantallas que ni cuenta se dan del desastre que están dejando los amarillos. Esta sí será una pesada herencia. Tan pesada que la lamentaremos por cien años. Porque digan lo que digan, inventen lo que inventen, acusen a quien acusen, Macri nos endeudó por cien años. Eso sí que es desorganizar la vida de millones de personas. ¿Qué atribuciones se toma para condicionar a los 25 presidentes que siguen? ¿Qué potestad asume para embargar a las próximas generaciones? ¿Quién cree que es? Que alguien le avise que es un presidente y no un virrey y que apenas consiguió el 51 por ciento de los votos en un balotaje. Y que prometió en el debate presidencial no endeudar el país.
En realidad, nada de lo prometido estaba entre sus objetivos. Hay que estar muy confundido para seguir creyendo en sus buenas intenciones. Nada de lo que piensa mejorará nuestra vida, sino todo lo contrario. Por más que se maquille, suavice sus gestos o endulce sus palabras, Macri nos endeudó por cien años. Por más que pose junto a ciudadanos que aún confíen en él, Macri saluda al vacío. Por más que tartamudee discursos de laboratorio, cada vez son menos los que creen en la sinceridad de sus palabras. Y aunque trate de pintarlo de amarillo, Manuel Belgrano lo consideraría un enemigo.

lunes, 19 de junio de 2017

Para salir del túnel



Algunos episodios aislados pueden sugerir que la famosa grieta se hace cada vez más evidente, no sólo en los vocingleros programas de debate pseudo político, sino en la sociedad misma. Lo que durante tanto tiempo los voceros del establishment han alimentado desde la pantalla, ahora detona por doquier. Escenas cotidianas –algunas trascendentes y otras insignificantes- demuestran que el versito de campaña de “unir a los argentinos” está lejos de ser realidad. Los prejuicios con forma de sentencia ya no sólo titilan en las portadas de los diarios o en los zócalos rimbombantes del canal omnipresente: rebozan el discurso oficial y se hacen carne en individuos que se sienten victoriosos. La K se ha transformado en un estigma y se tatúa en la frente de todo aquel que ose suspirar una tímida protesta hacia el accionar de la ceocracia gobernante. El republicanismo hipócrita de los amarillos se replica en frases cotidianas como estoy a favor de que se escuchen todas las voces menos las que me molestan. De ahí a un altercado en plena vía pública hay un solo paso.
La golpiza recibida por Gregorio Dalbón –abogado defensor de CFK- es algo más que la locura de un taxista. Horas de escuchar fabuleros con micrófono hicieron del chofer un vengador anónimo. ¡Cuántos habrá que atribuyen las penurias del presente a los mitos sobre el pasado que periodistas, fiscales y candidatos tejen día tras día! Como el Gerente de La Rosada SA no puede exhibir un solo logro, justifica los cuantiosos fracasos a la Pesada Herencia, excusa que, después de un año y medio, mantiene su magra eficacia gracias al accionar perturbador de los medios hegemónicos. Tan confundidor es el discurso oficial que impide hacer las cuentas: el monto de la autoamnistía que intentó Macri con la deuda del Correo Argentino equivale a más de 400 bolsos de López y, sin embargo, no indigna tanto como aquel sospechoso episodio.
 Si los trabajadores notan que han perdido poder adquisitivo no es por la inflación resultado de la devaluación y la quita de las retenciones, sino porque antes “les hicieron creer” que su salario les alcanzaba para vivir con holgura. Si el mercado interno está en caída libre no es porque se puede consumir menos sino porque los argentinos estamos ahorrando en demasía. Si el empresidente y sus funcionarios son objeto de repulsa en los escenarios no controlados no es porque las cosas marchen mal, sino porque los kirchneristas están por todos lados. Kirchneristas infiltrados entre trabajadores, jubilados, discapacitados y hasta víctimas de violencia de género. Kirchneristas en los medios extranjeros, en los organismos de DDHH y hasta en la ONU, desde donde cuestionan la política económica, la prisión ilegal de Milagro Sala, el 2x1 para genocidas y la decisión de convertir a Clarín en el multimedios más poderoso de América Latina.
El errorismo ataca de nuevo
Hasta los kirchneristas deben tener la culpa de que Flavia Champa, funcionaria de DDHH, haya tildado de “villeros”, “negros de mierda” o “mogólicos” a 300 trabajadores del área que protestaban porque sus sueldos están por debajo de la línea de la pobreza. Quizá sea porque en los tiempos del kirchnerismo hemos aprendido que esos calificativos –como muchos otros- denigran más al que los pronuncia que al que los recibe. Aunque no está probado, también los K deben ser los responsables del escrache al que convocó la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal desde un exitoso programa televisivo un par de domingos atrás. Con su histriónica entonación angelical, Vidal acusó a Jorge Candis, integrante del Concejo de la Magistratura, por no apoyar el juicio político al juez Eduardo Freiler, por un patrimonio hartamente justificado.
Y los K deben tener la culpa de que las palabras de Macri suenen tan banales, torpes, inconsistentes, pueriles. El diálogo que mantuvo con el tal Sergio y que se viralizó esta semana es una muestra cabal del escaso sustento intelectual de la cabeza del gobierno. Un votante decepcionado envió una carta que tocó al Ingeniero, al punto de darle la razón en muchos de sus planteos. “En este tiempo –contestó Mauricio- fuimos sacando la mugre debajo de la alfombra”. ¿Qué mugre, la de los Panamá Papers, la deuda del Correo, los negociados con Shell, Avianca, Clarín, Iecsa? No, por supuesto, eso no es mugre, sino gestión. Lo que lo “desespera es que los que hicieron estas cagadas (¿?), que encima se robaron el país, como tenemos jueces como los que tenemos, los tipos siguen caminando por la calle”. Explicar esta frase, señalar los prejuicios y las manipulaciones que encierra insumiría mucho más que un viaje en taxi y cualquiera que lo intente puede ser destinatario de una feroz golpiza.
Pero el horno no está para nuevos bollos. Las excusas desplegadas desde la guarida de Balcarce 50 y amplificadas por la Cadena Nacional de los medios hegemónicos se inoculan en el público cautivo y se convierten en un dogma que parece irreversible. Si 27 horas por día repiten falacias absorbidas sin chistar por autómatas acríticos resulta muy difícil reconquistar la coherencia. Si las víctimas se abrazan con el victimario la salida de este túnel es casi imposible. Si los nuevos pobres mantienen la esperanza en los mismos que los sumergieron, si los trabajadores se sienten cómplices de la inflación que no cesa, si los nuevos desocupados aceptan estar demás en la Argentina que se viene, el cieno de este pantano sobrepasará nuestro cuello.
¿Cuánta ingenuidad hace falta para creer que la baja de las pensiones a los discapacitados forma parte de un plan de transparencia? ¿O un error, como articuló la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley? ¿O pura “mala suerte”, como balbuceó la vice Gabriela Michetti? ¿Ninguno de los que siguen caceroleando contra Cristina sospecha que los errores siempre se cometen con los más vulnerables? ¿Acaso no les hace ruido que, mientras los jubilados padecen recortes en el cuidado de su salud, los discapacitados deben luchar para recuperar derechos, las tarifas públicas amenazan con succionar nuestros sueldos y llenar el changuito es una inalcanzable utopía, Macri sigue enriqueciendo a los que ya están desbordados? ¿Tanto cuesta advertir que Ellos consideran ‘gasto’ lo que se destina a la base de la pirámide social y no a la millonada que dirigen hacia la punta? Macri no sólo perdona las deudas que sus empresas tenían con el Estado, sino las de sus amigotes de Clarín y Techint por sumas que alcanzarían para convertir este país en una potencia.  
No es tan difícil descubrir el engaño: sólo hay que empezar a atar cabos. Un país como el nuestro se recupera enseguida de cualquier crisis, hasta del saqueo bestial que estamos padeciendo. Desde las propaladoras de estiércol nos dicen que estamos mal porque Cristina se robó todo, pero es Macri el que tiene cuentas off shore, el que sigue beneficiando a sus empresas, el que ha vivido siempre multiplicando su patrimonio empobreciendo al Estado. Para dejar de ser engañado, hay que descubrirse como tal y cuestionar las falsas premisas que siempre nos imponen los poderosos. En principio, eso de tirar juntos para el mismo lado es un poco difícil cuando unos pocos tienen la ambición de quedarse con muchas más porciones de las que les corresponde y dejan para el resto sólo algunas migajas. La ancha avenida del medio se torna intransitable si la mayoría va a pie y los menos conducen autos de alta gama sin impuestos, ruedas como aplanadoras y una aspiradora súper potente en lugar de caño de escape. Por eso es difícil construir un país justo mientras algunos se dejan engañar por los que quieren todo lo contrario.

jueves, 15 de junio de 2017

Los peligros del cambio



Del catálogo de episodios penosos protagonizados por el empresidente Macri, el de esta semana contiene todos los condimentos para encabezar el podio. Ante embajadores que esperaban presenciar la protocolar asunción del nuevo canciller Jorge Faurie, el Ingeniero desplegó una de las partes más oscuras de su pensamiento. Si algunos aún tenían dudas sobre si los trabajadores estarán en la mira de la pulsión ajustadora de los amarillos, Macri se encargó de aniquilarlas. Y con la suspensión de las pensiones graciables a los discapacitados, deja al desnudo la poca sensibilidad del país con que sueña. Mientras el Periodismo Blanco derrama sus más histriónicas lágrimas por Ernestina Herrera, los emisarios del FMI revisan nuestras intimidades en busca de un derecho a recortar y los agrogarcas, no conformes con los beneficios que han obtenido con el cambio, se sientan sobre sus gusanos blancos ahítos de soja para forzar una nueva devaluación.
El sentido común que construye el macrismo es el más básico que pueda imaginarse, tanto como el de las fábulas que leían nuestros abuelos en su infancia. La gran diferencia es que las moralejas de antaño intentaban forjar buenas personas, en cambio, las de Macri tratan de reforzar los prejuicios y despertar los peores sentimientos de sus oyentes. Desde su mirada patronal de la vida, el otro debe coincidir plenamente con su pensar aunque resulte perjudicado con las consecuentes decisiones. El despedido debe estar feliz por contribuir a la causa del crecimiento nacional; el jubilado que ya no recibe medicamentos gratis deberá verse como un héroe tardío por renunciar a los derroches que ocasiona su salud; el ama de casa deberá estar agradecida por el desafío de preparar la misma cantidad de comida con menos de la mitad de los ingredientes. El que no se sume al grupo de los Ajustados Felices será agraviado, insultado, calumniado por todos los medios posibles.
Si unos días atrás exigía –contra toda coherencia republicana- jueces que  representen los intereses de la clase a la que pertenece, ahora considera ‘mafiosos’ a los abogados que defienden los derechos laborales. Con puerilidad insultante, el Gerente Macri denunció que “convencen a los trabajadores de hacer un juicio indebido y se lo hacen ganar porque tienen armadita la cosa para llevarse la mayor parte del juicio ellos”. Y no sólo eso, además de tildar al diputado y presidente de bloque Héctor Recalde como líder de esta banda, consideró que “este grupo de estudios laboralistas le han hecho mucho daño a la Argentina”. Claro, hay que ser muy voluntario para creer que los juicios laborales perjudican más a la economía vernácula que la especulación, la fuga de divisas, la evasión y el saqueo permanente a que nos someten las principales empresas del país, la del empresidente inclusive.
Paladines de la desigualdad
En la amañada y bestial mirada de Macri, hasta los discapacitados son mafiosos que no paran de cobrar subsidios indebidos. Desde su asunción como presidente, 170 mil ciudadanos perdieron el derecho a recibir un ingreso con miles de excusas pero nada de corazón. Gracias a un decreto heredado del menemismo, suspendieron el mísero beneficio con el argumento de revisar el padrón, con la intención de reducir el déficit y con el objetivo de denostar al kirchnerismo durante la campaña. Claro, desde 2003 hasta 2015 los titulares de pensiones crecieron de 350 mil a 1,6 millones gracias a la aplicación flexible del decreto de 1997, que exige un nivel de discapacidad del 76 por ciento, que no tengan aportes previsionales y no posean ingresos para su subsistencia. Para los que usurparon con malas artes el honor de gobernar el país, los que tienen de sobra y no paran de profundizar la desigualdad, los que no saben qué es padecer una necesidad, un discapacitado debe estar en la miseria para recibir el amparo del Estado.
Estos egoístas que usan un helicóptero hasta para hacer diez cuadras, ni se imaginan lo que debe ser trasladarse por la ciudad con una disminución visual o motriz. Tampoco consideran que muchas discapacidades requieren insumos y cuidados inaccesibles para el salario medio. Menos aún tienen en cuenta que una ley tiene más peso que un decreto y que sostener un derecho es más trascendente que cumplir con las exigencias del FMI.
Encima, ostentan el cinismo de afirmar que un ciudadano discapacitado puede trabajar cuando ni el Estado ni las empresas cumplen con el cupo del 4 por ciento establecido por nuestra legislación. ¿Quién va a emplear a estas personas cuando el desempleo crece sin cesar desde que el Gran Equipo despliega sus tropelías por estas tierras? ¿Qué gran empresa va a demostrar generosidad cuando sus dueños no paran de saquear nuestros bolsillos para incrementar sus ganancias? Que digan lo que quieran de la década pasada; que inventen cualquier patraña sobre el patrimonio de Cristina; que inicien todos los procesamientos que se les antoje. Pero durante los tres gobiernos kirchneristas más de un millón de ciudadanos obtuvieron el derecho a cobrar una asignación por discapacidad. Y el gobierno del cambio –que en campaña prometía que nadie iba a perder nada- serrucha sin dudar esos beneficios para seguir incrementando los privilegios de una minoría que no para de enriquecerse.