lunes, 31 de julio de 2017

Un camino a la vergüenza



Apunte 900
El dólar ya no es un problema. Así dicen ahora los funcionarios que un par de años atrás basaban las críticas en su cotización. Tanto que hasta creían en sus mentiras, como eso de que la bestial devaluación con que debutaron no iba a impactar en los precios. Para los amnésicos, impactó porque el dólar oficial que ignoraban –menos de 10 pesos- era el ordenador de los precios y no el blue, con el que construyeron un escenario caótico. Lo querían sin cepo y hoy, que la moneda verde es tan libre como un colibrí, no saben cómo contenerlo. Y los que son apologistas de la mano invisible tuvieron que abandonar sus principios y soltar algunos billetes para que no se escape. ¿Dónde quedó el shock confianza que iba a atraer torrentes de inversiones? Pura especulación financiera y fuga de capitales es lo que ha alentado el Cambio. Ni siquiera los agrogarcas –aliados y principales beneficiados- se animan a apostar por el plan de Macri. Aunque el empresidente balbucee fábulas en La Rural, no invierten ni vuelcan lo producido: sólo acumulan y especulan.
El simulacro es tan obsceno que son felicitados por generar trabajo, a pesar de que los informes oficiales afirman que el Campo perdió más de cuatro mil empleos directos en 2016. Numéricamente quizá no sea mucho, pero es lo contrario de lo que dice. No sólo miente por ellos sino que promete premiarlos con una reforma impositiva para “sacarles el pie de encima”. Pero el pie no puede quedar flotando por lo que debe apoyarse en algo. Cuando un gobierno no pisa a los poderosos, termina pisando a los débiles. Cuando el Estado renuncia a recaudar de los más ricos, necesita recortar lo destinado a los que menos tienen. Por eso no debe sorprender la amenaza constante de ajustes futuros ni la tétrica promesa de adecuar los salarios a las apetencias de los empleadores. La flexibilización laboral, lejos de generar empleo, termina doblegando al trabajador y deprimiendo el mercado interno. Si la competitividad es el problema, pongamos sobre la mesa todos los números, incluida la tasa de ganancia de los grandes productores y exportadores.
Aunque cueste creerlo, nos quieren convencer de que la dificultad pasa por nuestros ingresos y no por la incalculable ambición del establishment que gobierna. Si las medidas del Gran Equipo convierten nuestro país en el Paraíso de la Bicicleta Financiera –de acuerdo a los medios internacionales-, si es más rentable especular con las Lebacs y el dólar que convertir nuestro potencial en productos consumibles y exportables, si es más conveniente importar que fabricar, la generación de empleo y la Pobreza Cero estarán cada vez más lejos. Por eso, como aconsejó Jaime Durán Barba, no conviene hablar de Economía.
El escarmiento amarillo
Entonces, hablan de otra cosa. Y eso tampoco les sale muy bien. Algunos exaltados acólitos tratan de presentar el rechazo a la expulsión de Julio De Vido del Congreso como el Día de la Vergüenza Nacional. Después despotrican contra otros países: de prosperar esa pantomima de republicanismo se hubiera pisoteado gravemente la Constitución. Pero eso no importa si el objetivo es alterar la memoria colectiva. Para recuperar la normalidad que conviene a la minoría gobernante es necesario presentar como el Mal Absoluto al proyecto que nos sacó del infierno. Con todas las herramientas posibles, aunque la institucionalidad se resienta y la interpretación retuerza las leyes, el público cautivo y algunos desorientados más deben sumarse a la repulsa y arrastrar a las brujas para que ardan en la hoguera.
El juez Claudio Bonadío lo comprendió muy bien; tanto que se está convirtiendo en una caricatura de sí mismo. Tan servil que se excede. Tan odiador como sus amos. Y tan enceguecido que se está enredando en la confusa red que ha tejido. Después de procesar a todos los imputados en la causa paralela Los Sauces, se declaró incompetente y la dejó en manos del juez Julián Ercolini, que investiga Hotesur. ‘Incompetente’ significa que ya no tiene injerencia en ese asunto pero, a pesar de eso, sigue metiendo sus zarpas para generar titulares estridentes. En plena feria judicial, apresó a Víctor Manzanares -el contador de los Kirchner- y lo trasladó a Ezeiza como si fuera Hannibal Lecter. Y ahora pretende desalojar a Florencia Kirchner y su hija del departamento que le pertenece por unas expensas ya pagadas y que nadie reclama. Esto es una vergüenza nacional: tener un juez pistolero que persigue a sus víctimas para ejecutar una venganza de clase, para indicar a los desprevenidos quiénes son los herejes. Tan vergonzante es este magistrado que ni siquiera sus empleadores lo ponderan como héroe. No lo felicitan pero tampoco lo calman, aunque ponga a los pies de los patrones un triste remedo de justicia.
El gobernador Gerardo Morales no se queda atrás en el podio: quiso castigar como impía a Milagro Sala y la transformó en una mártir, en una víctima de las injusticias de una clase vengativa. Al punto de obligar a la CIDH a tomar la insólita decisión de dictar una medida cautelar sobre las condiciones y arbitrariedad de su detención. Ni siquiera en dictadura ha llegado tan lejos. El presidente del organismo, Francisco Eguiguren, señaló que “el hostigamiento por exceso de vigilancia, procesos disciplinarios, multitud de procesos judiciales, le han ido creando un cuadro de agobio que atañe su integridad psíquica, moral y eso le genera un cuadro peligroso para su vida”. Aunque a los Amarillos les pese, la líder de la Tupac Amaru deberá ser liberada y padecer los amañados procesos judiciales en libertad porque, de acuerdo a Eguiguren, “las decisiones de los organismos internacionales, cada uno en su competencia, deben ser respetadas”.
Y si deciden liberarla, que no presuman como hacen con el verso de haber bajado la inflación a la mitad después de haberla duplicado. Si Milagro Sala traspone las puertas de la cárcel no será por magnanimidad de los carceleros sino porque no hay razón para que esté allí. De ser un ejemplo a nivel internacional en materia de DDHH, en castigar los crímenes de Lesa Humanidad, de tener Madres, Abuelas, Hijos y Familiares que merecerían el Nobel de la Paz, vienen estos nostálgicos a dar por tierra con todo. Los PRO arribaron para cuestionar el número de los desaparecidos, estigmatizar al adversario como en los Tiempos Oscuros, demonizar apellidos para adoctrinar a los desprevenidos, proscribir a los díscolos y hacer de la calumnia un dogma. Los PRO coparon el gobierno para colonizar el país, para distorsionar sus principios, para convertir su potencial en una empresa, para atesorar sus riquezas en un paraíso fiscal.
Y después vienen los lacayos rentados a difundir eso del Día de la Vergüenza Nacional por las redes sociales. De necesitar una fecha así, debería ser el 10 de diciembre de 2015, el día que asumió este embaucador con su banda de ceos, después de haber conquistado un consenso inaudito a fuerza de falsas promesas, patrañas judiciales y mucho poder mediático. Vergüenza deberían sentir Ellos por hacer de la mentira el combustible de sus malas acciones, por haber simulado interés en los problemas de los más vulnerables, por el orgullo que sienten al habernos empobrecido en tan poco tiempo, por el retroceso en los derechos que conlleva su impronta. Ellos son la vergüenza y no los que no piensan renunciar a la dignidad conquistada no mucho tiempo atrás.

jueves, 27 de julio de 2017

La Inquisición Amarilla



Que la sesión vacacional del Congreso para resolver la expulsión de Julio De Vido formó parte de la campaña ya es más que evidente. Algunos propios reconocen que este capítulo no estaba previsto en la telenovela y hasta confiesan que la renuncia a los fueros de Massa y Stolbizer sirvieron de inspiración. Este absurdo es funcional en al menos tres dimensiones: distrae al que aún no experimenta el cambio, distorsiona los motivos del que lo padece y contribuye a la proscripción para profundizarlo sin obstáculos. Si las excusas que esgrimieron el año pasado se centraban en la Pesada Herencia, en éste se montan a la posibilidad del regreso de Cristina. Si Ella gana, no vendrán inversiones, la inflación será peor, el dólar volará al infinito, las multinacionales huirán espantadas, caerán culebras del cielo y los niños nacerán con rabo. Algo así pero más incoherente. Cualquier cosa menos reconocer que la Revolución de la Alegría es un fiasco y las buenas intenciones, un simulacro.
Aunque los números de las encuestas desvelan al Gran Equipo, tampoco hay que esperar milagros. Por más que CFK obtenga un enorme porcentual de votos en las PASO, la situación no mejorará drásticamente ni tampoco lo contrario. Y si después lo confirma en las generales de octubre, sólo será una banca en el Senado: no más que eso. Macri seguirá malogrando el país, rifando su riqueza, dilapidando su potencial, desandando las conquistas y pergeñando nuevos deterioros. Que nadie imagine una reconversión porque terminará nuevamente decepcionado. Ni que Cristina lo convenza para que haga las cosas de otra manera.
El triunfo de Cristina será más simbólico. Las diatribas constantes de los medios hegemónicos, las denostaciones falaces del oficialismo y la imaginación ilimitada de fiscales y jueces para fabricar causas habrán fracasado en su tarea de proscribirla. O peor, de desterrarla del sentir popular. Donde ella pone el pie, miles la acompañan. A pesar de todo lo que han dicho de ella. Tanto veneno destilado para nada. Si esto no funciona, habrá que anular las elecciones porque parece que todavía quedan muchos vendedores de marcas falsificadas, subsidiados o narcomenudeantes, como calificó Jaime Durán Barba a los votantes de Cristina. O mujeres que, en lugar de cerveza artesanal, se dedican a fabricar hijos para cobrar la AUH, en el decir de Lucía Galán, la mitad de Pimpinella.
Pavadas que distraen. Detalles que ocultan el fondo. Huesos para entretenernos mientras amoldan la Economía a sus intereses. Eso es lo que los Amarillos no quieren discutir en la campaña: hacia dónde nos lleva el modelo que están aplicando.
Al calor de la hoguera
Quienes siguieron con pasión las alternativas del partido entre puros y herejes tal vez pensaron que en el Congreso se construía futuro. Una sesión para pochoclo, aplausos y emoción. En realidad, mucha hipocresía en esta caza de brujas. Nada de República. Abundancia de amenazas y de invasión a la independencia entre los poderes. Después hablan de mafia. El dedo acusador señalando El Mal para satisfacción de un establishment vengativo. El empresidente difundiendo advertencias de fábula para diputados y gobernadores. Un fracaso político y un éxito comunicacional para confundir lo que está en juego.
Un show para convencidos, adherentes y algunos incautos que pueden concluir que las cosas están mal por culpa de De Vido. Vade retro, Satanás les faltó decir a los cómplices del intento de fusilamiento. “Traición a la Patria” vociferó Carrió, para convalidar el discurso de quienes están transfiriendo el país a los bolsillos de algunos, antes de apuntar el dedo hacia el próximo blanco. Si tuvieran logros, no haría falta nada de esto. Si las medidas nos acercaran a las metas, tanto histrionismo no sería necesario. Si las promesas de campaña estuvieran próximas a ser realidad, no se hubieran expuesto a tanto ridículo. Como la realidad que intentan ocultar no es mejor que la de 2015 –en rigor, todo lo contrario- elaboraron esta pantomima que quedará para la historia.
Mientras preparaban la hoguera en el Congreso, los despedidos de Pepsico padecían la prepotencia del lado más oscuro de la grieta. La misma con que se encontraron los trabajadores de Cresta Roja, procesadora de pollos invadida por fuerzas de seguridad para impedir una toma. A regañadientes tuvieron que poner paños fríos al conflicto para no malograr el símbolo del dialoguismo. Mientras una moralina agónica recorría las bancas de los legisladores, los representantes de Consumidores Libres y de Farmacéuticos y Bioquímicos denunciaban un incremento promedio del 132 por ciento en el precio de los medicamentos. Mientras el purismo más angelical estallaba en la garganta de los diputados, la Libertad de Mercado hace imposible nuestra vida y el Grupo logra privatizar otra vez el fútbol, contra lo que dispone la ley de SCA. Mientras los oficialistas ponían el pecho en defensa de las instituciones, expulsaban a Pedro Biscay del Banco Central por cuestionar las políticas monetarias y excluían de la lista de futuros fiscales a Alan Iud por su trabajo en Abuelas de Plaza de Mayo.
Quien no descubre el truco es porque su ingenuidad ya es incurable; quien lo descubre y se fascina que no se enoje si lo ubicamos en un allá poco saludable; quien destaca la importancia de la escenificación aunque no haya prosperado, es víctima de la distracción y tal vez se sorprenda cuando el abismo se abra a sus pies. Lo oculto lo sugirió Durán Barba. De su parafernalia verbal no sólo brotan sus tretas para enloquecer al adversario y embaucar a los votantes. En medio de sus diatribas a los seguidores de Cristina se escapó la clave de todo esto.
“Si el encuestado tiene poca información de lo que ocurre en el mundo –explicó el asesor ecuatoriano- cree que sería mejor que todas las empresas fueran estatales para que subsidiaran sus productos, cree en líderes mesiánicos, votará fácilmente por el populismo”. En realidad, lo que ocurre en el mundo apuntala una razón: si la Libertad de Mercado priva de lo esencial a los pueblos no debería tener tan buena prensa. No estamos hablando de un derecho, sino del abuso de los privilegiados para incrementar sus arcas con el menor esfuerzo. En la frase de Durán Barba está presente la eterna discusión sobre el rol del Estado: si debe garantizar los derechos o permitir que los cercenen; si debe impedir los abusos y castigar a los abusadores o aliarse con ellos para abusar en patota. Si el kirchnerismo ha cometido un delito es el de probar con un Estado distinto y haber alcanzado notables éxitos por ese camino. Lo demás es un decorado que se desmorona con muy poco esfuerzo.

lunes, 24 de julio de 2017

Mucho circo y poco pan



“No hablar de economía” es el consejo que Durán Barba brindó a los candidatos del oficialismo. Claro, porque es el tópico que peor anda y que más afecta. Lo otro se puede disfrazar. La tele puede mostrar cinco veces un cargamento de marihuana secuestrado sólo una, ocultar los delitos que ocurren en intendencias M pero vociferar los que se producen en los K y diseñar los episodios más apasionantes de la novela Los K se robaron todo. El asesor ecuatoriano ha tenido bastante éxito con sus estrategias: ha convertido a Macri en presidente; ha logrado embaucar la voluntad electoral; ha transformado al ciudadano en público cautivo. Pero no es todo poderoso. La parafernalia mediática del Poder Real, algunas espadas políticas y un grupo de peones judiciales han ayudado bastante. Sin embargo, la realidad relatada por las pantallas empieza a tener las fisuras inocultables producidas por los efectos de un plan perverso que no tiene nobles objetivos.
Aunque aparece menos en el parlamento que en los estudios de TV, la diputada Elisa Carrió –que olvidó cómo volver a ser Lilita- es otra artífice inexplicable del Cambio. La alianza electoral con el que otrora tildaba de estúpido, contrabandista y mafioso resulta tan funcional como explosiva. Su treta de no hablar tan bien pero tampoco tan mal, de ametrallar con denuncias incongruentes hacia todos los flancos y de enamorar a la teleaudiencia con su histriónica labia la ha convertido en la candidata favorita de la capital del país. Y eso que el año pasado justificó sus constantes viajes al extranjero con un “este país apesta” o fundamentó su posición anti-feriados con “en Argentina nadie quiere trabajar”. Ahora pretende flexibilizar a los trabajadores sentenciando que no están capacitados, contra la opinión de muchas organizaciones de la industria y la empresa. A pesar de que sus seguidores deberían sentirse incluidos en sus diatribas infundadas, su apabullante sinceridad los seduce, un poco por la eficacia del guión, otro poco por la contundencia del recitado y el resto, por la complicidad de los entrevistadores.
Pero, si rascamos un poco el maquillaje, quedará al descubierto el horrendo pellejo del Cambio. Los diputados oficialistas suspendieron las vacaciones para lapidar a su par Julio De Vido y tratar de expulsarlo de la Cámara Baja contra lo que la Constitución dispone. La inhabilidad física o moral que esgrimen debe ser posterior a su incorporación y sólo puede ser arrestado si es sorprendido in fraganti en la comisión de un delito. Y en caso de que un juez requiera su presencia en tribunales por escrito –algo que no pasó- apenas pueden suspenderlo. Como la campaña encuentra tan flojo de logros al oficialismo, todos deben contribuir con un granito de arena.
Luminarias que ciegan
El que se puso al hombro la expulsión de De Vido es el presidente de la comisión de Asuntos Constitucionales, el diputado Pablo Tonelli, usurpador de un puesto en el Consejo de la Magistratura que correspondía a la oposición. Aunque ahora se lo ve muy firme en su decisión de condenar moralmente al ex funcionario kirchnerista, en una situación similar, su postura fue diferente. En 2006, cuando el mismo cuerpo debatía la incorporación del ex comisario Luis Abelardo Patti por delitos de Lesa Humanidad, Tonelli decía: “si el proceso de impugnación es político, no pueden imputarse delitos previstos en el código penal. Hay que hacer abstracción de la persona pues las garantías son para todos”. Menos para los kirchneristas, claro. Patti terminó fuera del Congreso y en la cárcel porque un personero de la dictadura no puede ser representante en democracia. Pero para los PRO desterrar al kirchnerismo es más importante que la coherencia.
Como las encuestadoras sugieren que deben remar bastante para alcanzar un número digno, los galeotes recurren a todas sus fuerzas. Casi en feria judicial, el juez Claudio Bonadío, nacido en una servilleta y con un prontuario de sátira, ordenó la detención del contador de los Kirchner a pesar de haberse declarado incompetente en la causa Los Sauces. Que un juez ordene prisión en un proceso que está en manos de otro –Julián Ercolini- ya es una atrocidad legal, pero que disponga el traslado del detenido como si fuera un peligroso asesino es una exageración. Si tenemos en cuenta todo esto, Víctor Manzanares fue víctima de un secuestro del que fueron testigos millones de televidentes. Un festín para los medios hegemónicos y un poco de vitamina para la campaña amarilla. Un gasto más que pagamos entre todos y que beneficia a unos pocos.
Mientras los desocupados se sumergen en el maravilloso mundo de la fabricación de cerveza artesanal por consejo del candidato Esteban Bullrich, los actos de este circo se suceden con un vértigo enloquecedor. El espectador no sabe a quién aplaudir o abuchear. Aunque no pueda comprar leche debe reconocer a los villanos. El maestro de ceremonias estampará una K gigante en la espalda del próximo personaje, ya sea docente, militante, villero o presidente de un organismo internacional. Desde las butacas, los pulgares hacia abajo alientan la condena, a pesar de que los motivos se confunden con la persecución ideológica. Si no es la procuradora Alejandra Gils Carbó, será Pedro Biscay, el integrante por la oposición del directorio del Banco Central. Si en breve está afuera de su democrático cargo es por haber cuestionado la política económica y el endeudamiento y no por corrupción, como intentarán imponer.
El espectáculo es tan confuso que necesita notas al pie. Lo importante es castigar, aunque no se entienda bien por qué. Y aplaudir el castigo más allá de que llegue pisoteando todas las leyes. Si en Brasil se destituye a Dilma Rousseff, el presidente de facto será el héroe, aunque esté hundiendo al gigante en un pantano pestilente. Si una sentencia caprichosa cercena la vuelta de Lula, el juez será un prócer. La mirada internacional de este gobierno clasista ensancha la grieta en todas las latitudes. En Venezuela también. Al empresidente Macri le falló su jugada en la Cumbre del Mercosur en Mendoza: no pudo condenar a Maduro porque Bolivia y Uruguay votaron con mesura. Un fracaso más en plena campaña. Y una contradicción más porque el Ingeniero alienta en Venezuela una oposición que acá no toleraría.
La grieta afecta a casi todo el mundo pero en algunos países la sobrellevan mejor. En el nuestro, todavía estamos discutiendo cómo distribuir el ingreso, cómo lograr que 40 millones de personas vivan sin apuros en un territorio que produce para diez veces más. Más de dos siglos llevamos en esa contienda, mientras los que pretenden quedarse con todo nos invitan a tirar juntos para el mismo lado. Ahora que retrocedimos varios casilleros, quieren convencernos de que lo mejor es ganar menos. El salario de gran parte de los trabajadores apenas cubre la mitad de lo que necesitan, pero Ellos quieren que renuncien a más. Ahí está la grieta: que los que no saben lo que es una carencia exijan sacrificios a los que tienen casi nada para sacrificar. Y la grieta se ensancha aún más cuando, en lugar de reconocer que las recetas han fracasado, ofrecen más circo para continuar con su aplicación. Como inyectar veneno en el enfermo en lugar del antibiótico que podría curarlo.

jueves, 20 de julio de 2017

Pesadilla en continuado



La campaña da para todo. Lanata miente extorsionando a un menor, la Infanta Antonia posa a regañadientes, Macri se pone guantes protectores al revés para simular empatía con el trabajo, la gobernadora Vidal inaugura un puente de tres metros construido con tablas, los diputados intentan linchar a De Vido, el juez Claudio Bonadío apresa al contador de los Kirchner un día antes del inicio de la feria judicial y Carrió convoca a un boicot a los supermercados para combatir el abuso con los precios. Y aunque no es demasiado, Mirtha ofrenda su vida por el triunfo de Cambiemos en las elecciones. Mientras tanto, por primera vez en mucho tiempo, el desempleo se ubica como la principal preocupación, desplazando a la inseguridad, lo que no significa que se haya solucionado este problema. El cambio pega tan fuerte en la vida cotidiana que los Amarillos no saben cómo disfrazarlo. Si no fuera porque tienen a los principales medios como confundidores, a muchos opositores casi como apologistas encubiertos y a los dirigentes de la CGT como dóciles carneros, todos estaríamos en la calle clamando por el fin de esta pesadilla.
Aclarar que lo que estamos padeciendo –algunos más que otros- es el resultado de decisiones oficiales erradas respecto al objetivo sería redundar con lo muchas veces explicado en estos apuntes. Nada se condice con alcanzar la Pobreza Cero ni el desarrollo del país y la especulación financiera no es lluvia de inversiones, sino un vaciamiento de nuestras reservas. La inclusión al mundo que proponen los PRO no es más que la pérdida de la soberanía y nos deja a tres pasos de ser una colonia. Si la desigualdad se incrementó en más de un 23 por ciento, el hambre vuelve a ser una amenaza y el desempleo parece una epidemia no es por ninguna pesada herencia. Como tampoco lo es el incremento del déficit fiscal y el endeudamiento atroz con el que nos están enterrando. Todo lo que se hizo desde diciembre de 2015 ha estado dirigido a producir estos resultados para justificar ajustes más bestiales que los que estamos experimentando. El cambio está entre nosotros y no tendrá nunca mejor sabor que el que ya probamos, sino todo lo contrario.
De todos los ingratos episodios que nos ofrecen a diario, uno de los más esclarecedores es el del ARSAT 3: allí se conjuga el desprecio a lo soberano, el inocultable afán de lucro, el desconocimiento de la ley, la adicción al oscuro secreto y la tilinguería de depositar lo propio en manos de terceros, si son imperiales, mejor.
¿De quién es el Estado?
Con un panorama de urgencias que incluye la desprotección de los ancianos, la escasa alimentación de los niños, el precario horizonte de los jóvenes, la dificultad para completar una canasta y el inestable presente del trabajador, preocuparse por un satélite parece de locos. En realidad no lo es: el nuestro no es un país pobre pues tenemos potencial para albergar con holgura al doble de nuestra población en óptimas condiciones y tener todos los satélites que necesitemos. Tanto ahora como siempre. El problema histórico –y tal vez mundial- es que una minoría egoísta y destructiva pretende desbordar sus arcas con el sudor de la mayoría. Su nombre científico es ‘oligarquía rentística’ y sus integrantes son capaces de cualquier cosa por mantener su parasitario enriquecimiento.
El afán vampírico los ha orientado a desatar guerras internas, agredir vecinos, explotar, hambrear, fusilar, asesinar, conspirar, destituir, enajenar, atentar, secuestrar, torturar, desaparecer y demás maléficas acciones. Para conseguir el nombre de una avenida, han falseado la historia; para ocultar sus intenciones, se disfrazan con los trajes más costosos; para mantenerse en el poder, construyen un relato inverosímil pero tan tentador que puede convencer a muchos individuos para que acepten sus reglas de juego. Así, varios de sus principios se han hecho vox populi, al punto de repudiar lo que más nos ampara y representa. El resultado de esto es la pandilla que nos gobierna. Si uno presta un poco de atención, sus conceptos críticos apuntan a la política y el Estado. Como dicen que los políticos son corruptos nos han llenado de ceos y como sostienen que el Estado es ineficiente, quieren privatizar hasta el cielo.
La alianza del “sí, se puede” nos llena de nosepuedes destinados exclusivamente a los que pensaron que sí se podía. Mientras se puede renunciar a la recaudación tributaria de los que más tienen, no se puede sostener aquello que más debería interesarnos: el bienestar de la mayoría. Mientras se puede condonar la deuda de 70 mil millones de pesos que la empresa presidencial mantiene con el Estado, se puede rebajar el impuesto a los bienes personales y devolver lo tributado dos años atrás y multiplicar las tarifas de los servicios públicos sin ofrecer nada a cambio, no se puede mantener todas las ayudas a los más vulnerables. Mientras sí se puede especular, despedir y fugar, los trabajadores abandonados de una fábrica no pueden defender sus derechos. Mientras sí se puede subsidiar la acumulación de fortunas no se puede invertir en el desarrollo tecnológico.
Ellos sólo consideran gasto aquello que no los beneficia. La transferencia de recursos que se ha producido en estos 18 meses de succión amarilla no es un gasto, sino normalidad. Ellos sólo consideran gasto al salario y no la tasa de ganancia de los grandes empresarios, que es lo que produce la mayor distorsión en los precios. Hasta convencieron a los que nunca habían visto un dólar de la importancia de comprarlos con absoluta libertad y, ahora que podemos adquirir millones, padecemos el cepo a la leche, la carne, la luz, el gas, las vacaciones, el 0km y muchas otras cosas más. Con el verso de la libertad de mercado, nos ponen un cepo a la dignidad. Y encima se nos ríen en la cara al aconsejarnos que disfrutemos de la incertidumbre, aprendamos a pilotear drones y nos dediquemos a fabricar cerveza artesanal.
Ante el caos planificado que el Gran Equipo despliega, cuesta entender que algunos no hayan entendido el juego, que se sometan a las tretas confundidoras de los medios hegemónicos, que no sospechen siquiera el engaño del que son víctimas, que se abracen más a las excusas que a las razones, que se sumen a la persecución implacable de unos jueces que mancillan la Justicia. El Estado no debe ser el enemigo de los pueblos ni estar al servicio de los que insisten en saquearlo. Si el Estado no es de todos ni para todos, la historia nos advierte que terminaremos muy mal.

Creer para reventar

A una semana del ensayo electoral conocido como PASO, la reacción de los ceócratas amarillos, acólitos y beneficiarios da más miedo q...