jueves, 20 de julio de 2017

Pesadilla en continuado



La campaña da para todo. Lanata miente extorsionando a un menor, la Infanta Antonia posa a regañadientes, Macri se pone guantes protectores al revés para simular empatía con el trabajo, la gobernadora Vidal inaugura un puente de tres metros construido con tablas, los diputados intentan linchar a De Vido, el juez Claudio Bonadío apresa al contador de los Kirchner un día antes del inicio de la feria judicial y Carrió convoca a un boicot a los supermercados para combatir el abuso con los precios. Y aunque no es demasiado, Mirtha ofrenda su vida por el triunfo de Cambiemos en las elecciones. Mientras tanto, por primera vez en mucho tiempo, el desempleo se ubica como la principal preocupación, desplazando a la inseguridad, lo que no significa que se haya solucionado este problema. El cambio pega tan fuerte en la vida cotidiana que los Amarillos no saben cómo disfrazarlo. Si no fuera porque tienen a los principales medios como confundidores, a muchos opositores casi como apologistas encubiertos y a los dirigentes de la CGT como dóciles carneros, todos estaríamos en la calle clamando por el fin de esta pesadilla.
Aclarar que lo que estamos padeciendo –algunos más que otros- es el resultado de decisiones oficiales erradas respecto al objetivo sería redundar con lo muchas veces explicado en estos apuntes. Nada se condice con alcanzar la Pobreza Cero ni el desarrollo del país y la especulación financiera no es lluvia de inversiones, sino un vaciamiento de nuestras reservas. La inclusión al mundo que proponen los PRO no es más que la pérdida de la soberanía y nos deja a tres pasos de ser una colonia. Si la desigualdad se incrementó en más de un 23 por ciento, el hambre vuelve a ser una amenaza y el desempleo parece una epidemia no es por ninguna pesada herencia. Como tampoco lo es el incremento del déficit fiscal y el endeudamiento atroz con el que nos están enterrando. Todo lo que se hizo desde diciembre de 2015 ha estado dirigido a producir estos resultados para justificar ajustes más bestiales que los que estamos experimentando. El cambio está entre nosotros y no tendrá nunca mejor sabor que el que ya probamos, sino todo lo contrario.
De todos los ingratos episodios que nos ofrecen a diario, uno de los más esclarecedores es el del ARSAT 3: allí se conjuga el desprecio a lo soberano, el inocultable afán de lucro, el desconocimiento de la ley, la adicción al oscuro secreto y la tilinguería de depositar lo propio en manos de terceros, si son imperiales, mejor.
¿De quién es el Estado?
Con un panorama de urgencias que incluye la desprotección de los ancianos, la escasa alimentación de los niños, el precario horizonte de los jóvenes, la dificultad para completar una canasta y el inestable presente del trabajador, preocuparse por un satélite parece de locos. En realidad no lo es: el nuestro no es un país pobre pues tenemos potencial para albergar con holgura al doble de nuestra población en óptimas condiciones y tener todos los satélites que necesitemos. Tanto ahora como siempre. El problema histórico –y tal vez mundial- es que una minoría egoísta y destructiva pretende desbordar sus arcas con el sudor de la mayoría. Su nombre científico es ‘oligarquía rentística’ y sus integrantes son capaces de cualquier cosa por mantener su parasitario enriquecimiento.
El afán vampírico los ha orientado a desatar guerras internas, agredir vecinos, explotar, hambrear, fusilar, asesinar, conspirar, destituir, enajenar, atentar, secuestrar, torturar, desaparecer y demás maléficas acciones. Para conseguir el nombre de una avenida, han falseado la historia; para ocultar sus intenciones, se disfrazan con los trajes más costosos; para mantenerse en el poder, construyen un relato inverosímil pero tan tentador que puede convencer a muchos individuos para que acepten sus reglas de juego. Así, varios de sus principios se han hecho vox populi, al punto de repudiar lo que más nos ampara y representa. El resultado de esto es la pandilla que nos gobierna. Si uno presta un poco de atención, sus conceptos críticos apuntan a la política y el Estado. Como dicen que los políticos son corruptos nos han llenado de ceos y como sostienen que el Estado es ineficiente, quieren privatizar hasta el cielo.
La alianza del “sí, se puede” nos llena de nosepuedes destinados exclusivamente a los que pensaron que sí se podía. Mientras se puede renunciar a la recaudación tributaria de los que más tienen, no se puede sostener aquello que más debería interesarnos: el bienestar de la mayoría. Mientras se puede condonar la deuda de 70 mil millones de pesos que la empresa presidencial mantiene con el Estado, se puede rebajar el impuesto a los bienes personales y devolver lo tributado dos años atrás y multiplicar las tarifas de los servicios públicos sin ofrecer nada a cambio, no se puede mantener todas las ayudas a los más vulnerables. Mientras sí se puede especular, despedir y fugar, los trabajadores abandonados de una fábrica no pueden defender sus derechos. Mientras sí se puede subsidiar la acumulación de fortunas no se puede invertir en el desarrollo tecnológico.
Ellos sólo consideran gasto aquello que no los beneficia. La transferencia de recursos que se ha producido en estos 18 meses de succión amarilla no es un gasto, sino normalidad. Ellos sólo consideran gasto al salario y no la tasa de ganancia de los grandes empresarios, que es lo que produce la mayor distorsión en los precios. Hasta convencieron a los que nunca habían visto un dólar de la importancia de comprarlos con absoluta libertad y, ahora que podemos adquirir millones, padecemos el cepo a la leche, la carne, la luz, el gas, las vacaciones, el 0km y muchas otras cosas más. Con el verso de la libertad de mercado, nos ponen un cepo a la dignidad. Y encima se nos ríen en la cara al aconsejarnos que disfrutemos de la incertidumbre, aprendamos a pilotear drones y nos dediquemos a fabricar cerveza artesanal.
Ante el caos planificado que el Gran Equipo despliega, cuesta entender que algunos no hayan entendido el juego, que se sometan a las tretas confundidoras de los medios hegemónicos, que no sospechen siquiera el engaño del que son víctimas, que se abracen más a las excusas que a las razones, que se sumen a la persecución implacable de unos jueces que mancillan la Justicia. El Estado no debe ser el enemigo de los pueblos ni estar al servicio de los que insisten en saquearlo. Si el Estado no es de todos ni para todos, la historia nos advierte que terminaremos muy mal.

lunes, 17 de julio de 2017

La revelación de los deseos



Un gobierno surgido de las urnas debe buscar el bien de todos los ciudadanos o al menos de la mayoría. Si no lo hace, en poco tiempo perderá el consenso que le permitió el triunfo. Ahora, ¿qué pasa cuando ni siquiera busca ese bien o cuando todo lo que decide perjudica a muchos? Salvo que medien catástrofes climáticas o imponderables geopolíticos, ese gobierno perderá su legitimidad. O debería perderla a no ser que una grave amenaza en el horizonte obligue a los ciudadanos a abrazarse a ese mal menor del presente o que un poderoso encantamiento mantenga alelado el buen entender de los pobladores. Por las dudas, el Gran Equipo apela a las dos tretas: los peligros de la vuelta de Cristina y el escudo protector de los medios hegemónicos. En esto los Amarillos basan su potencial electoral porque si es por lo que dicen o lo que hacen, parece que ni se han enterado que están en campaña.
Mientras los candidatos de la oposición lanzaron sus propuestas en actos públicos, los del PRO recurren a los clásicos timbreos, aunque el éxito de antaño se esté transformando en un penoso ring-raje. Claro, tienen pocos logros que enumerar. ¿Qué van a decir a los vecinos de los barrios humildes, que eliminaron las retenciones de los agrogarcas, que los especuladores ganan un 27 por ciento de sus apuestas con las Lebac, que la eliminación del cepo cambiario permitió que muchos fugadores estén de fiesta a la vez que endeudan al país? ¿O van a poner como logro la transferencia de ingresos que vulneró el poder adquisitivo de los salarios o que la importación indiscriminada sin aranceles está destruyendo la producción nacional y los empleos? No, lo único que pueden hacer es escuchar y prometer; poner cara de preocupación y decir que todo se solucionará; con simulada seriedad, sembrarán la esperanza en un derrame mágico que remediará todo; con el emoticón más amable del menú, posarán una mano sobre el hombro del impaciente vecino y recitarán una frase de película al estilo de “todo saldrá bien” o “juntos saldremos de ésta”.
Consuelos que están muy lejos de los anhelos que el economista PRO, Miguel Boggiano escribió en un tuit: “deseo que venga una crisis peor que 2001 para que Argentina achique el estado, los impuestos y los sindicatos. Por las buenas nunca se dará. En esto se nota que estos tipos nunca han padecido siquiera una salpicadura de barro después de una lluvia. Esta es la situación ideal pergeñada por el Nobel de Economía, Milton Friedman, el padre del neoliberalismo: provocar un shock en la sociedad para que acepte los ajustes más brutales y renuncie a sus más esenciales derechos. El mensaje de este impresentable apologista del macrismo exhibe varias posibilidades de interpretación: un kamikaze como distracción, un experimento para evaluar la respuesta o un sincericidio inoportuno.
Nada de esto es un error
Muchas veces, el empresidente Macri ha declarado que, desde el inicio de su gestión, habla desde y con la verdad. A pesar de que a veces se le escapa el discurso demagógico de 2015, sus decisiones no mienten. Hasta en esta campaña legislativa anuncia que después de octubre habrá un ajuste mayor y que la suspensión de los convenios colectivos de trabajo está en la mira. Si la devaluación, los despidos y el incremento de los precios significaron una transferencia de ingresos monstruosa hacia los sectores más ricos, lo que se viene no será distinto. Si una garrafa de 10 kilos de gas pasó de menos de 50 pesos antes de La Revolución de la Alegría y ahora sale más de 200, no es producto de un error sino el resultado de la normalización del país. Y si reducen en un punto el impuesto a los bienes personales y además devuelven lo recaudado en 2015, no es porque alguien eligió mal un botón.
Así lo quieren: empachar al hartamente satisfecho y empobrecer más al que no tiene casi nada. Alguna vez, los que están apoltronados en la punta de la pirámide, de tan llenos, vomitarán un poco del excedente para que los amontonados de abajo sientan que los sacrificios de años no han sido en vano. Como el vómito es muy mezquino, los de abajo disputarán por atrapar algunas gotas, brindando un divertido espectáculo para los que están bien arriba. “Si quieren más, hagan nuevos sacrificios”, gritan los menos y los más trabajan más horas por menos dinero que les alcanza cada vez para menos porque la vida cuesta más. Y después de un tiempo prudencial o cuando las cosas allá abajo se estén caldeando, vomitarán lo mismo o un poco menos, aunque hayan comido mucho más que antes.
Esto no es nada nuevo ni oculto. Lo llaman modelo del derrame o efecto cascada, aunque el fluido es cada vez más escaso y sólo produce un goteo esporádico. Por supuesto, Macri y sus secuaces no explicarán nada de esto a las víctimas de sus timbreos. Frases como “teníamos que frenar tanta locura” o “no podemos volver a los errores del pasado” circularán por la barriada mientras los más novedosos dispositivos captarán las imágenes que se propalarán por las redes. Promesas de inversiones o excusas incomprensibles, también. Además, adoctrinan con conceptos como meritocracia, emprendedurismo o modernización. Y amenazan con seguir serruchando derechos con las mafias de los juicios laborales o el diseño de empleos para el siglo XXI. El moño del paquete aparece con el lema “todos juntos podemos”, aunque los que más se esfuerzan sean los que menos reciben.
Por todo esto, la frase de Boggiano es un sincericidio. Aunque quede como anécdota que este disfuncional acólito se haya arriesgado a desear una crisis; aunque desintegre la idea inicial de que “si a Macri le va bien, el país andará mejor”; aunque sus anhelos incluyan mucho dolor, no debemos tomarla a la ligera. No es un furcio ni un fallido que se le escapó en medio de la oralidad: pensó, escribió y revisó la frase antes de publicarla. Por si esto fuera poco, la justificó y reivindicó. Entonces, nadie puede acusar de exagerado a quien la tome como una síntesis del Plan Amarillo. Si los cambios no se dan por las buenas, se impondrán por las malas.
Para eso, el Ingeniero necesita abrir el paraguas porque la lluvia está al caer. No la de inversiones, sino la del descontento. Aunque tenga casi todos los medios a su favor y cuente con jueces y fiscales que contribuyan a la campaña con causas más mediáticas que jurídicas, una parte de la población comienza a rebelarse. Aunque abolle ideologías con palos y palabras y realice las más duras advertencias para domesticar a los díscolos, muchos se niegan a tener miedo. Aunque haya ablandado a los triunviros de la CGT hasta dejarlos con menos reacción que un caracol dopado, los límites están recrudeciendo en las calles que no puede controlar. La construcción de la crisis está en marcha desde que Macri bailó en el balcón con la banda presidencial. Cómo salimos de ella dependerá de las huellas que ha dejado la historia reciente en nuestra conciencia.

jueves, 13 de julio de 2017

El saqueo recrudece



Quienes aún crean que los miembros del Gran Equipo tienen el empeño de desarrollar nuestro país para que lo disfrutemos todos, las escuchas de Cristina y el traslado del avión terminaron por enloquecerlos. Si alguien acuerda con el crecimiento del desempleo, el cierre de fábricas y el empobrecimiento general debería examinar su conciencia. No está mal eso de observar con microscopio la gestión anterior para encontrar alguna irregularidad, pero eso no justifica desatender tanto el presente porque el futuro que se viene no da para inflar globos. Tampoco para seguir estafando a la gente con los teatrales timbreos. Cada vez quedan menos candidatos a las visitas sorpresa y dentro de poco van a tener que contratar extras, si es que no están apelando a ese recurso. Las fotos con funcionarios escuchando con atención las demandas de los vecinos ya no son tan efectivas cuando otras imágenes más reales y dolorosas logran atravesar el cerco mediático.
Desde el comienzo de la Revolución de la Alegría hemos visto cerrar comercios y empresas por el incremento de las tarifas y la caída del mercado interno. Si los más grandes –sobre todo los extranjeros- se suman a esta ola es a la espera de la tan deseada flexibilización laboral, que ya se ha hecho realidad en Brasil: echan obreros sabiendo que en breve los reemplazarán con otros a salarios más bajos. Por ahora, se reconvertirán en importadores y traerán sus productos desde afuera a menor precio porque no pagan aranceles. Y todo esto sin que al empresidente y sus secuaces se les mueva un músculo, como si la crisis que están provocando formara parte del plan. Mientras tanto, Unicef nos informa que la mitad de los pibes entre 13 y 17 años son pobres. Y muchos de ellos están entre los que no estudian ni trabajan, los famosos “ninis” por los que tanto se rasgaban las vestiduras los apologistas mediáticos que hoy se hacen los distraídos.
Quizá se ha hecho carne la insólita lectura que compartió Javier González Fraga cuando aún no era presidente del Banco Nación: les han hecho creer a los sectores de ingresos medios que con sus ingresos medios podían acceder a plasmas y viajes al extranjero”. Para la mirada patricia de la minoría que gobierna, sus beneficiarios y adláteres, gran parte de la población tiene que resignarse a satisfacer lo básico y darse algún gustito cada tanto y el resto conformarse con las más miserables migajas que caigan de la mesa de los patrones. Quien no acepte la normalidad del país que prometen y se resista al formateo de su conciencia progresista se hará merecedor de los más novedosos métodos represivos que se ofrezcan en el mercado y la demonización obsesiva de los medios hegemónicos que han multiplicado su poder para adulterar el pensamiento del público.
Los Amarillos vienen por todo
La represión bestial es la única respuesta que dan a los damnificados por sus medidas. Con los empresarios de Pepsico –que cerró su planta en Florida sólo para especular- palmadas en la espalda y un par de consideraciones de ocasión. Para los trabajadores que intentan recuperar sus puestos, los más violentos efectivos para desalojarlos de la planta fabril. Detrás de este triste episodio se esconde el esfuerzo para revolucionar –sin alegría, por supuesto- la relación entre los empleados y los patrones. El “vamos a estar cada día mejor” –con un leve sacudón del puño derecho- quedó atrás en la campaña y se ha transformado en lo contrario, salvo para una exclusiva minoría.
Y si no es la represión es la indiferencia, la crueldad del que observa cómo agoniza su presa después del golpe letal: despiden a estatales sólo para engrosar el número de desocupados y los reemplazan por hijos de ricos que no necesitan un centavo; hablan de progreso y echan a 1500 empleados de Atucha, en lugar de finalizar las obras; cuestionan las políticas energéticas del kirchnerismo pero en este año y medio de gestión la producción de petróleo decreció a la de 1981; se emocionan hasta las lágrimas cuando hablan de las economías regionales, pero los pequeños productores de las provincias no pueden competir con los bienes primarios o apenas manufacturados que vienen de afuera. Tanto prometer que no íbamos a perder nada y recitar lo de la pobreza cero, los grandes perdedores son los que se suman a las filas de los desamparados.
Al deterioro cotidiano que estamos padeciendo hay que sumar el poco apego a la institucionalidad que tanto decían respetar. Si a los desplazados sólo destinan bombas y gases, a los dirigentes, fiscales y jueces que se niegan a alinearse en la campaña proscriptora les arrojan incongruentes procesos judiciales y los peores dicterios mediáticos. Las víctimas son elegidas en las propaladoras de estiércol, el Ejecutivo legitima la estigmatización y los alfiles de Comodoro Py se encargan de malinterpretar las leyes para inventar causas eternas. La telenovela de la procuradora Alejandra Gils Carbó es un caso testigo. El punto de partida es la venganza de Magneto porque fue ella la que impidió la fusión entre Cablevisión y Multicanal allá lejos y hace tiempo. Si Macri se expone al ridículo embistiendo contra la procuradora es para obedecer la orden emanada del Poder Real encarnado en Clarín, como hizo con la aniquilación de la Ley de SCA y el nombramiento de dos miembros de la Corte, ambas por decreto.
La excusa, como siempre, es la sospecha que se construye en las tapas del ex Gran Diario Argentino: una comisión pagada por un privado y recibida por un intermediario convierte a Gils Carbó en un emblema de la corrupción. Y para seguir recibiendo la protección mediática que lo mantiene en la presidencia, Mauricio recita las mayores inconsistencias: “lamento que ella insista en permanecer en el cargo porque lo lógico es que siempre el presidente proponga un procurador y que el Congreso lo apruebe”. Siempre mal asesorado y peor informado. Si la procuradora no renuncia es porque su cargo es tan vitalicio como el de un juez. Sin dudas, el Ingeniero quiere un jefe de fiscales de su confianza –un ex empleado de sus empresas o un elegido de Magneto- que ignore los evidentes trapos sucios amarillos y oriente su función a convertir en realidad el sueño del establishment: los K entre rejas para siempre.
O al menos lo más cerca posible del destierro, tanto electoral como simbólico. Por eso aturden tanto con grabaciones, bóvedas y bolsos, para que el público cautivo se convenza de que cualquier cosa es mejor que el pasado de corrupción que tejieron con denuncias domingueras; que el individuo se olvide que ayer fue más ciudadano que hoy; que la dignidad y los derechos son menos importantes que la satisfacción de los poderosos; que el votante malverse su voluntad por fundamentar sus prejuicios en titulares perniciosos. El que no encuentra nada bueno en el Cambio pero lo sigue apoyando, será víctima de su propia confusión y cómplice del abismo que estos saqueadores están abriendo bajo nuestros pies.

lunes, 10 de julio de 2017

Sin lugar para los Globos



La presencia de Macri en el G 20 dejó un sabor a decadencia. Como los mandatarios lo esquivaron, con el fin de obtener las mejores fotos se zambulló al escenario del Global Citizen para alardear sobre sus inexistentes habilidades como bailarín, dejar constancia de su irrenunciable cinismo y hacer chistes de fútbol de los que nadie se ríe. También se mostró orgulloso junto a Demi Lovato, la ex chica Disney, para simular preocupación por los más necesitados. En la formalidad del foro, recitó las patrañas de siempre y reclamó la libertad de Leopoldo López cuando ya estaba obteniendo el arresto domiciliario. Un poco raro eso de formar parte del grupo de los países más desarrollados cuando, desde su asunción no ha hecho otra cosa más que fundir empresas y alimentar la timba financiera. Demasiado farsante clamar por la importancia de la educación cuando su ministro del área se reconoce como gerente de recursos humanos y compara a los docentes con cerdos. Bastante hipócrita eso de lamentarse por la pobreza y no hacer más que incrementarla. El blindaje mediático que lo disfraza como presidente puertas adentro, pierde su potencia cuando cruza las fronteras y, sin eso, sólo queda al desnudo un individuo que avergüenza.
El presidente que consideró angustiados a los héroes que rompieron nuestras cadenas coloniales sabe que su maquillaje se deshace cada día porque la angustia acosa a muchos argentinos de hoy. La incertidumbre que están distribuyendo es imposible de disfrutar, por más que nos eduquen para eso. Con su atuendo estudiadamente casual y juvenil de hace un par de décadas, junto a Shakira que no entendía del todo dónde estaba el truco, Macri pontificó: “nada es más importante para el futuro que la educación, que involucra la tecnología y el desarrollo de habilidades para que estas generaciones y las próximas encuentren trabajos que, incluso, hoy ni siquiera existen”. El truco está en que su gestión destruye empleos y considera que la educación pública es un pozo en el que se cae. La trampa es que desde el primer día de su gobierno, dejó de entregar notebooks y libros a los alumnos, serruchó las becas, subejecutó el presupuesto y se negó a negociar los salarios docentes en paritarias nacionales, tal como lo dispone la ley.
Por eso nadie se ríe de sus chistes, porque la crisis que está provocando será catastrófica. Muchos diarios del mundo lo están anunciando: el Gran Equipo fabricó una tormenta donde no podía haberla. ¿Qué atractivo puede tener en el G 20 un mandatario que desde su asunción y con sus decisiones impulsó el cierre de siete empresas por día? ¿Qué modelo de desarrollo incluye un endeudamiento histórico para alimentar la especulación y el vaciamiento del país? ¿Qué muestras de respeto puede recibir un presidente que no tiene más intención que hundir a su pueblo para enriquecer a un puñado de avarientos sin límites y se enorgullece de ello?
 El Ingeniero al desnudo
¿Quién cree en la sinceridad de sus reclamos por los derechos humanos en otras latitudes cuando pisotea los más elementales principios en su propia tierra? Mientras sale en defensa del opositor venezolano condenado a 13 años por encabezar una revuelta para destituir al presidente Maduro y que dejó un saldo de 43 muertos, el mundo entero reclama la libertad de Milagro Sala. Milagro Sala, que construyó viviendas, escuelas, polideportivos y piscinas para los excluidos, está presa con la excusa de unos huevos que no tiró y miles de prejuicios construidos por los odiadores. Mientras Macri reprocha la violencia venezolana, alienta el desprecio y la represión hacia todos los que resisten su inhumano plan de ajuste y exclusión. Mientras el Ingeniero pregona el respeto por el que piensa distinto, pergeña la extinción de todos sus opositores con falaces acusaciones urdidas en los medios hegemónicos y plasmadas en amañadas causas judiciales.
A tal estado de locura conduce el aire de los globos que se desinflan, que algunos exponentes de la oposición actúan como excelsos oficialistas. Ni bien el ex empleado de Macri en Boca Jrs, el fiscal Carlos Stornelli, fabuló una acusación contra el ex ministro Julio De Vido y pidió su desafuero, Sergio Massa y Margarita Stolbizer salieron a escena para renunciar a sus fueros parlamentarios. Más allá de su oportuno histrionismo de alto impacto mediático, esos fueros son irrenunciables: quieren presentarse a la sociedad como héroes transparentes y quedan como meros ignorantes. O hipócritas. Y desubicados, también, porque el juez que lleva la causa, Luis Rodríguez, consideró que en el dictamen del fiscal no hay elementos para detener a De Vido y los demás imputados, ni siquiera un “estado de sospecha” que justifique llamar a declaración indagatoria. El eje de la denuncia no incluye coimas, sobornos, facturas falsas o sobre precios, sino la firma de un convenio entre Yacimientos Carboníferos de Río Turbio y la Universidad Tecnológica Nacional y no con empresas privadas y de capital extranjero, como acostumbran a hacer los Amarillos. El escenario electoral es tan adverso al oficialismo que necesitan titulares plagados de corrupción K, aunque en este año y pico de poder absoluto no hayan encontrado ningún indicio.
Los que durante años denunciaban al gobierno de Cristina por vulnerar la libertad de expresión –cosa que no pasaba- hoy embrutecen a la sociedad con un discurso monocorde saturado de falsía. Los que prometían pluralidad de voces han convertido a los medios públicos en oficinas de propaganda y facilitado una concentración mediática sin precedentes que hace peligrar el derecho a la información. Los que hacían coro a los lamentos de los grandes medios por la distribución de la pauta oficial vuelcan gran parte de los recursos del Estado a sobornar voces amigas para que hagan apología. Los que se escandalizaban por las críticas a la tapa de un diario, hoy impiden que Página/12 llegue a todo el país al anular el convenio de distribución con la aerolínea de bandera.
El panorama es desalentador. Los analistas económicos internacionales prevén para Argentina un sacudón que afectará al mercado global. La bicicleta financiera entre las Lebac y el dólar no resultará saludable, aunque hayan nombrado a una directora de Movilidad en Bicicleta. La deuda externa se está transformando en una pesada piedra que aplastará a nuestra dignidad. El mercado interno en vías de extinción no hace más que conducirnos hacia un futuro más recesivo. La Cumbre del G 20 reveló varias cosas: que los pueblos no soportan más la dictadura de los mercados, que los líderes del mundo desarrollado prefieren profundizar la desigualdad antes que enemistarse con los poderosos y que Macri no es una buena publicidad del modelo neoliberal.

Pesadilla en continuado

La campaña da para todo. Lanata miente extorsionando a un menor , la Infanta Antonia posa a regañadientes, Macri se pone guantes pro...