jueves, 30 de agosto de 2012

Nada por aquí, mucho por allá


Mientras el jefe de gobierno porteño continúa enfurruñado porque hay docentes que lo parodian y jóvenes interesados en la discusión política, el kirchnerismo –como siempre- va más allá de todo para proponer que los jóvenes puedan votar a partir de los 16 años. Ante esto, el viejaje saca a relucir apolillados y deslucidos argumentos sobre la pertinencia del voto adolescente. Pero detrás de estas ideas vetustas se esconde el temor a una juventud politizada, de un colegio en ebullición, de un sentido común que se va de las manos. Para colmo, el 0800 fue severamente acotado por la justicia porteña y pierde su espíritu fascistoide. Que quede en claro: si en este espacio la figura de Macri tiene un protagonismo inmerecido es porque aparece como las antípodas del modelo llevado adelante por el Gobierno Nacional. La destrucción vs la construcción. Además, porque el muñecote del PRO pretende convertirse en presidente de la Nación, transformando su sueño personal en la pesadilla de millones. Si su accionar sólo se limitara a la CABA sin aspiraciones a más, Apuntes Discontinuos lo ignoraría por completo.
En estos días el ministro de Educación porteño Esteban Bullrich tuvo que presentarse ante la jueza Elena Liberatori para justificar el 0800 pergeñado para limitar la discusión política en las escuelas estatales. La Magistrada porteña restringió el uso de esa línea delatora en la medida en que implique “persecución política a jóvenes y niños” y acotó las denuncias a “conductas penales tipificadas en el Código Penal”. Por lo tanto, ese número sólo podrá servir para denunciar delitos penados, en los que el Ministro de Educación deberá promover las denuncias judiciales correspondientes “hasta tanto exista un protocolo de funcionamiento y utilización de la información obtenida por ese medio”. Además, ese servicio comenzará a tener un costo para la administración de Macri, que puede alcanzar cifras exorbitantes para un objetivo tan pobre.
En tanto la derecha patricia protege su arcaico pero vulnerable sentido común, algunos legisladores del oficialismo nacional están prestos a proponer una baja en la edad en la que se puede ejercer el voto. El senador Aníbal Fernández defendió su proyecto del voto a partir de los 16 años de manera optativa porque ahora “la juventud madura más rápido” que 80 años atrás. Por si no queda clara la comparación, bien vale un esquema: el PRO se asusta porque ve fantasmas por todos lados; fantasmas que Macri no entiende pero teme; son fantasmas desconocidos que para los no-PRO son simplemente ideas de un país mejor; ideas que a ninguno de los integrantes de ese espacio no-político se les puede ocurrir; porque para la gente PRO, lo que no piensan ellos es ideología de la más deplorable; hasta una historieta los saca de quicio; no escucharlos ni obedecerlos es autoritario; cuestionarlos, también; mirar a Macri a los ojos es considerado franca rebelión; también realizar una imitación-parodia que no tenga como objetivo adorar su exasperante superficialidad.
En un mundo más luminoso, La Presidenta destacó que “esta Argentina es un país de libertad” y defendió el “derecho que tienen los estudiantes de hablar de política en la calle, en las universidades, en la escuela, en el trabajo y donde quieran”. En la ciudad entrerriana de Concordia, justamente, CFK cuestionó a aquéllos que “se dicen liberales y tienen prácticas similares a las que tenía el stalinismo, que fomentaba la denuncia contra el otro” por pensar distinto. Con una clara referencia a los caprichos del alcalde play boy –o viceversa- Cristina afirmó que “nadie ha sido tan criticada, injuriada, parodiada y burlada como yo y el ex presidente Néstor Kirchner. No me importa que me parodien, que hablen mal, que se disfracen, que me injurien; en definitiva, son apenas caricaturas de una Argentina que definitivamente se fue”. Claro, nadie fue despedido ni censurado por imitar a La Primera Mandataria como los docentes porteños por hacer lo propio con el alcalde y su ministro.
Cuando se tienen ideas, cuando se tiene una decisión firme, cuando se avanza en una dirección irrenunciable, no hay críticas ni burlas que afecten. Las sátiras ofenden sólo cuando dan en el blanco. En el caso del Gobierno Nacional, los principales cuestionamientos se originan porque, como recordó en el discurso en Concordia, “nos atrevimos a cambiar una cultura hegemónica que decía que nadie podía aguantar ser gobierno sin tener el apoyo de ciertas corporaciones”. En un tramo muy fuerte, La Presidenta llamó a quienes “no piensan como nosotros a pensar en la patria, no en el partido ni en el gobierno de turno, porque cuando se piensa primero en la patria, es mucho más difícil equivocarse”.
Claro, eso explica que la gestión PRO sea un error permanente y su alcalde esté más empeñado en generar problemas que en solucionar los existentes. O en tomar decisiones que forman parte de una escenografía atroz. Mientras el Congreso Nacional discute el Nuevo Código Civil, después de haber expropiado CVS, el Presidente de YPF anuncia nuevas inversiones para exploración y La Presidenta lanza el proyecto del Polo Audiovisual, entre muchísimas otras medidas, Macri tardó ocho meses en hacerse cargo del Subte. En tanto Cristina recibe al premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, Mauricio se prepara para recibir a su gurú, el impresentable chanta del Arte de Vivir. Hay mucha alevosía en tanta estupidez.  
En estos días, algunas encuestadoras difundieron sus números. Aunque los adornen con los dibujos más espeluznantes, CFK sigue liderando el ranking de imagen positiva e intención de voto. Lejos, con apenas un 18 por ciento, Macri ocupa un segundo lugar. No es tiempo de hablar de elecciones pero sí de modelos. El proyecto transformador iniciado con timidez numérica pero con contundencia espiritual en mayo de 2003 continúa alcanzando logros impensables. Aunque todavía queda mucho por hacer, el Gobierno Nacional lleva la iniciativa del transitar hacia un país distinto. El modelo PRO –si es que existe algo que pueda llamarse así- sólo se preocupa por retroceder. El estilo que gobierna la CABA y que fue avalado por más del sesenta de los votos el año pasado es un revoltijo de uñas y dientes. El partido no-político que quiere reemplazar el modelo K sólo es un muestrario de división y desánimo. Y de destrucción, porque sólo piensa en defender un reducto de pensamiento oscuro, de resentimiento malsano, de individualismo extremo que no sugiere en absoluto la construcción de una patria.

lunes, 27 de agosto de 2012

El juego del miedo


Por supuesto que el Jefe de Gobierno porteño jamás pensó en prohibir el libro de historietas “El Eternauta” en las escuelas. Aunque ni lo debe haber ojeado, no va a cometer semejante burrada. También debe saber que no existe historieta o libro que se llame el Nestornauta. Lo importante es sembrar el miedo y la desconfianza. El 0800 que habilitó para denunciar la intromisión de grupos partidarios en las escuelas tiene corta vida. Pero no importa, el objetivo ya está cumplido: arrojó la piedra para que se dibujen las ondas expansivas en el agua. Lo demás viene solo. Los gremios docentes, padres en desacuerdo, los alumnos, exponentes de diversas fuerzas políticas hacen oír sus protestas. Del otro lado, periodistas exaltados por el avance del autoritarismo y las juventudes hitlerianas; padres temerosos que no encuentran lugar donde poner nuevas rejas ante la inseguridad que ataca desde todos los frentes, que ven vulnerado el lugar que debe ser más seguro; y caceroleros que nunca saben de qué va la cosa pero igual siempre están dispuestos a  oponerse, porque nada es suficiente para frenar a las hordas K. Como su personaje está construido a partir de una monstruosa vacuidad, cualquier torpeza está perdonada de antemano. Además, Macri sabe que está apostando a futuro, que sin decirlo está presentando su presidente modelo 2015. Como todavía tiene tiempo para diseñar un candidato de proyección nacional, antes que elaborar un listado de ideas y propuestas, está probando diferentes máscaras para ver cuál cae mejor.
Pero siempre es bueno prestar atención cuando se recurre a generar el miedo en una sociedad. Dicen que dijo Bertold Brecht: “nada más parecido a un fascista que un burgués asustado”. Miedo al diferente, miedo al mal vestido, miedo al que piensa, al que lee, al pobre. Miedo a un libro. En la novela de Ray Bradbury, Fareheit 451, la inseguridad estaba en los libros. Un estado autoritario en serio había instalado la desconfianza hacia los libros a través de una televisión constante y vacía, omnipresente, familiar. Los libros estaban prohibidos y se los quemaba. Un grupo de rebeldes resiste en la periferia de esa sociedad memorizando las grandes obras literarias, filosóficas, teatrales. Cada rebelde es un libro y puede recitarlo íntegramente. Esto no quiere decir que el alcalde de la CABA pretenda formar un temible cuerpo de bomberos cuyo objetivo sea quemar libros con un lanzallamas. Aunque tenga ganas, no se atrevería a tanto. Pero su 0800 funciona más o menos como eso. No quema libros pero sí la posibilidad de difundir ideas. Ante la dificultad de tipificar el delito, cualquier cosa puede ser denunciada. Desde una visita al Museo de la Memoria hasta una charla sobre las nuevas formas de la comunicación. Y cualquier actor de un colegio puede ser denunciado. Ante ese temor, se produce la inmovilidad, que sería un colegio acotado a su entorno y con sus contenidos controlados.
Aunque las analogías a veces resultan odiosas y exageradas –y erróneas, también- son muy tentadoras. En tiempos de la Santa Inquisición, la sola denuncia de una herejía era una prueba de culpabilidad y el denunciado no zafaba jamás, aunque las pruebas mostraran su inocencia. Y las denuncias se efectuaban con irresponsabilidad, con desconocimiento, por venganza, por incomprensión, para eliminar a un competidor, por ignorancia. Sobre todo por miedo. Alguna madre puede sentir temor al cuco del adoctrinamiento. Algún padre puede pensar en la vulnerabilidad de la mente de un chico. Entonces, el teléfono está a la mano para sacarse el temor. Irresponsable por parte de una autoridad. Tirar la piedra para que se agiten las aguas. Sembrar confusión, a riesgo de quedar como ignorante.
El Eternauta es una historieta de finales de los cincuenta que ha ganado un lugar enorme. Historieta que zambulle su historia en la historia del país, que emerge de los momentos más oscuros con un mensaje esperanzador, luminoso. El Néstornauta es una broma de militantes que se convirtió en símbolo. El juego que se presenta en distintos colegios está basado en la historieta, no en la broma.  “Es lógico que no conozca El Eternauta –explicó con su acidez acostumbrada el Senador Aníbal Fernández- porque jamás leyó algo que vaya más allá de Los Teritos o Upa. Paradójicamente, compartió un acto con Isidoro Cañones. Es lógico que admire a un tilingo que jamás laburó y vivía de la guita del viejo”.  “Lo único que le interesa es instalar un clima persecutorio y represivo –remarcó, con menos humor, el senador Daniel Filmus–. No tiene autoridad para cuestionar, porque él y Narodowski están procesados justamente por financiar desde el presupuesto educativo actividades de espionaje a través de Ciro James.”
Pero vayamos a la escuela. Este juego de El Eternauta fue elaborado por la Subsecretaría para la Reforma Institucional y el Fortalecimiento de la Democracia, dependiente de la Jefatura de Gabinete de la Nación. En el instructivo para docentes que acompaña el tablero y las cartas, explica que los objetivos del juego son “sensibilizar a los participantes acerca del respeto, la solidaridad y la acción colectiva y la organización como camino para la transformación de las situaciones de desigualdad e injusticia”. Desde la Casa Rosada niegan que se trate de un ejercicio de adoctrinamiento partidario, sino que se trata de fomentar “la reflexión y la discusión sobre temas relevantes para el fortalecimiento de la democracia”. Si bien este juego fue pensado para realizarse en escuelas, también es apto para comedores, organizaciones sociales y otros espacios en contacto con la juventud. En Tecnópolis existe la posibilidad de jugar a este ejercicio grupal, con una dinámica parecida a los juegos de rol, donde seis o siete participantes deben consensuar decisiones que les permitan sobrevivir. A partir del argumento de la historieta, se toman tópicos como la solidaridad o el consenso. “La decisiones deben argumentarse y a partir de esto, los coordinadores de grupo fomentan el intercambio de ideas y el debate” aclara el manual de instrucciones.
La Cámpora no tiene que ver en todo esto. O tal vez sí. Pero nada justifica la construcción infernal que realiza el establishment. Como en tiempos de la Inquisición, la demonización sugiere la inocencia. Y los custodios del sentido común se olvidan de una regla nunca escrita pero muchas veces confirmada: la prohibición despierta una fascinación casi irresistible hacia lo prohibido. Pero son tan pero tan brutos, que los trogloditas no lo entienden.

sábado, 25 de agosto de 2012

Debates sobre la recuperación de un país


El programita de la TV Pública que tanto enoja al establishment está presentando algunos debates que pueden ser interesantes, aunque deban suspender para eso el objetivo de desarticular el discurso mediático dominante. Claro, eso si continúan con la línea de invitar opositores con ganas de contraponer propuestas y modelos, para corregir el rumbo de nuestro querido país. No tiene demasiado sentido invitar a aquéllos que son sólo rupturistas. Un debate político no es un encuentro de Titanes en el Ring o un patético griterío en el living de “Intrusos”. Un revoleo de denuncias ante la defensa de las transformaciones que ha tenido nuestro país en los últimos años no es muy enriquecedor. Las denuncias pueden resultar reveladoras si no apuntan a la destrucción absoluta del camino que hemos emprendido. Con el periodista Jorge Lanata no hay muchas posibilidades de debate, porque él no defiende nada, sino que ataca todo desde la particularidad del dato. Con Marcelo Bonelli, tampoco, porque no se entiende lo que dice. Con muchos exponentes de la oposición política ocurre algo similar, como se vio en las sesiones en el Congreso por la expropiación de CVS. La diputada del PRO Laura Alonso demostró, a través de un mensaje en Twitter que su capacidad para el debate es inexistente. Decir que cuando Macri sea gobierno –en la dimensión desconocida, por supuesto- no existirá La Cámpora y Vatayón Militante la desautoriza plenamente; o que la SIDE y la AFIP no perseguirán al que piensa distinto sugiere el retorno al pensamiento único que tanto daño nos ha hecho. Interesante lo de la AFIP. Si para la diputada pensar distinto es evadir, por supuesto que la AFIP deberá perseguir al evasor.
Además de sus dichos poco democráticos, el mensaje de Alonso revela que algo nuevo molesta. Inexplicablemente, el organismo recaudador ha tomado mayor protagonismo en los últimos tiempos, lo que demuestra que se ha terminado la paciencia y que la estrategia de la persuasión ha fracasado. Empresas grandes y chicas, nacionales y multis, comerciantes, productores y representantes de fútbol… Todos evaden. Y eso dificulta la redistribución del ingreso. El zócalo de un noticiero decía hace unos días: La AFIP está insaciable. Proyección, se llama este procedimiento. Cuando se acusa al otro de algo que ostenta el propio acusador. Precisamente, son los que más ganan los que más evaden. Y sobre eso no hay debate posible. Aunque llama la atención que recién ahora se están desarticulando los siniestros mecanismos que utilizan los evasores, nunca es tarde si el objetivo es que todos contribuyan. No sólo los grandes grupos económicos locales y multinacionales estructuran sus negocios para abusar de las zonas grises que deja la legislación; también algunos ahorristas y hasta los representantes de futbolistas. Con sus dichos, la diputada del PRO, Laura Alonso, sale a defender a individuos que sólo piensan en dañar el crecimiento económico del país. Hermoso ejemplo democrático y de defensa de las instituciones.
Porque las instituciones no tienen sentido si no actúan en defensa del objetivo colectivo, que es recuperar un país equitativo, en constante crecimiento con inclusión. Tampoco si están al servicio de las minorías angurrientas y saqueadoras, verdaderamente insaciables y destructivas. Por eso, algunas intervenciones en el Congreso revelaron más la defensa de intereses corporativos que la intención de construir institucionalidad. Si un tiempo atrás consideraban importante para el país que sea el Estado el que imprima los billetes y otros documentos, cuesta creer que esos mismos hayan votado en contra de la expropiación de CVS (ex Ciccone calcográfica). “Muchos bloques opositores presentaron proyectos en este mismo sentido. Algunos mantienen esa posición y otros la revirtieron. ¿Qué cambió de hace tres meses ahora?”, se preguntó el jefe del bloque kirchnerista, Agustín Rossi. Claro que es extraña la historia de esta oscura empresa en relación con los sucesivos gobiernos, desde la dictadura hasta ahora. Pero para eso están las instituciones, para transformar lo que es oscuro en luminoso.
La discusión de esta ley se extendió porque muchos diputados se empeñaron en focalizar sus exposiciones en las denuncias periodísticas que pesan sobre el vicepresidente Amado Boudou. “El progresismo que no combate la corrupción o el progresismo ineficiente es tanto o más dañino que las concepciones neoliberales o antipolíticas en la gestión”, explicó Ricardo Alfonsín, como si supiera. “Esta ley va a ser recordada como la ley Boudou, la ley Ciccone o la ley de la corrupción”, dibujó Ricardo Gil Lavedra, olvidando todo principio de presunción de inocencia. Pero quien más se esforzó por romper la discusión en el Congreso fue la diputada Elisa Carrió, tan histriónica como destructiva. “No hay dudas de que el señor Boudou es el propietario de la empresa a expropiar y tiene de rehenes a todos los diputados del Frente para la Victoria”, expuso, sin detenerse a pensar en lo contradictorio y ridículo de sus dichos. Y pidió, con el objetivo de obtener algunos segundos en los flashes informativos, que se “amplíen las denuncias penales a la Presidenta”. Y, por las dudas, Carrió deslizó una nueva denuncia hacia la nada: “los jueces federales de Comodoro Py son el banco que administra el freezer de la impunidad en la República Argentina”.
Pero el que sintetizó los motivos del verdadero enojo opositor fue Oscar Aguad. “Se va en contra de la inviolabilidad de la propiedad privada, lo que está en juego es la propiedad privada”, aseguró. Al menos fue sincero. En su concepción de la vida, haga lo que haga el propietario, la propiedad es inviolable. Y después de los resultados a favor de la expropiación, el paraguas estaba ya abierto. Durante las dos semanas que duró el debate en ambas cámaras, políticos y periodistas que encabezan la oposición intentaron instalar la idea de que la medida apuntaba a garantizar la impunidad de Boudou. Ahí se ve la enagua, como decían las abuelas. Si en unos meses las investigaciones judiciales demuestran que las acusaciones hacia el ex ministro de economía no revelan la existencia de ningún acto de corrupción, seguramente dirán que la ley de expropiación cumplió con su objetivo.
Como la historia de expropiaciones no empieza ni termina con la ex Ciccone, basta ver los resultados de la YPF bajo el comando estatal. No sólo se ha recuperado la producción, sino también se está reduciendo el porcentual de importación de combustible. Pero además, se están ampliando las acciones de exploración. “Este es un día histórico –aseguró el presidente de la petrolera, Miguel Galuccio- en el cual ustedes deben sentirse orgullosos porque va a definir el futuro energético de los próximos veinte años”. Los proyectos de exploración que presentó esta semana y que se detallarán en los próximos días contempla la inversión de 277 millones de dólares en provincias que hasta ahora eran consideradas no petroleras para ampliar la frontera hidrocarburífera del país. “Estamos volviendo a cantidades de pozos de exploración que son históricas –anunció Galuccio- Pensamos terminar el 2012 con 50 pozos exploratorios versus los 19 que se hicieron en los últimos cinco años en promedio”.
Estos logros son la base para debatir en serio. Debatir con los que quieren la reconstrucción de un país, no con los que quieren retornar a los tiempos de la destrucción. Los que añoran volver a aquellos tiempos oscuros quedarán en soledad inoculando el veneno que ya pocos quieren consumir.

miércoles, 22 de agosto de 2012

La incontinencia de muchos espíritus


No hay nada escrito sobre el tema, pero se supone que un asesor debe ser más inteligente que el asesorado. Sin embargo, el gurú espiritual del Jefe de Gobierno porteño está protagonizando un pequeño conflicto en la India, su país de origen. Quizá pueda provocar sorpresa que Macri necesite un gurú para orientar algo tan lejano a él como su espíritu, pero así es. Sri Ravi Shankar visitará la CABA para brindar un seminario espiritual y una meditación masiva en Palermo, actividades de las que participará el alcalde con aspiraciones a más. Tal para cual, el iluminado indio declaró durante una ceremonia que las escuelas públicas son un caldo de cultivo de la violencia y el terrorismo. Y por si esto fuera poco, recomendó al gobierno de la India no seguir sosteniendo la educación pública y que las universidades financiadas por el Estado deberían ser entregadas a organismos privados. Para eso, Macri no necesita demasiada inspiración. El desmantelamiento de la escuela pública y la concepción del semillero peligroso parece ser una constante en su inexistente espíritu. Pese a todo, el gurú podrá iluminar con su palabra privatizadora y persecutoria a los desorientados individuos con los dineros del Estado porteño.
Mientras tanto, pasan cosas importantes en el verdadero país. Aunque muchos afirman que falta mucho tiempo para las elecciones presidenciales –y efectivamente es así- algunos ya están operando para acceder al podio de los candidatos. Afiches callejeros con la leyenda Scioli 2015 o encuentros de Macri con dirigentes de algunos pasos más allá del obelisco así lo demuestran. Y los medios, desaforados y enloquecidos, ya están protestando ante los rumores de una reforma constitucional que “eternice” a Cristina. De uno y otro lado hay mucha ansiedad. Porque los rumores existen y se palpa un ambiente de reforma.
El próximo documento de Carta Abierta, el grupo de intelectuales que apoya a este modelo, presentará una serie de argumentos en ese sentido. Ricardo Forster, uno de sus exponentes, aclaró que no habrá una mención explícita a la cláusula electoral, porque no hubo consenso para su inclusión. “Sí hacemos una defensa sobre los modos como en América latina se construyen los liderazgos”, aseguró el filósofo, en clara alusión a figuras como Lula da Silva, Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales. “El sábado en la Biblioteca se leyó un borrador –relató Carlos Girotti, otro de los integrantes- en donde con buen criterio se sugería que la cuestión de la proyección de la Presidenta, de su liderazgo, es un desafío”. El debate sobre una nueva constitución está creciendo ante la necesidad de incluir muchas de las transformaciones que se han realizado en estos años, para que no sean borradas de un plumazo por algún nostálgico de los noventa. “Estamos en un debate en curso –agregó Girotti- y en ese debate el acuerdo unánime de la asamblea es sobre la necesidad de impulsar la reforma de la Constitución. De hecho, Carta Abierta integra el Movimiento por una Nueva Constitución Emancipadora”.
Pero con este tema, los medios de comunicación y muchos políticos de la comparsa apelan a uno de los mecanismos de exclusión descriptos por Michel Foucault en “El orden del discurso”: el tabú. Desde las columnas periodísticas alertan con miedo supersticioso ante la simple mención de una reforma de la Carta Magna. Con tono serio y esclarecido advierten sobre las consecuencias de dar un paso en ese sentido. Inimaginables castigos divinos se desatarán sobre nuestras testas con sólo pensar en algo así. No es que este ignoto profesor de provincias piense que haya que cambiar de constitución como de camiseta, pero un país nuevo necesita algo nuevo que lo organice. Que establezca la imposibilidad de volver al país que fuimos y que tanto mal nos ha hecho. Que impida que el país se entregue como para regalo. Que instituya un compromiso en serio de los representantes con los representados, pero con todos, no sólo con algunos. Que la búsqueda de la equidad sea un mandato ineludible para todo gobierno. Que sea inconstitucional la defensa de los intereses corporativos, a costa del empobrecimiento de las mayorías. Claro, por eso meten miedo desde las propaladoras de estiércol, porque una nueva constitución puede convertirse en la plataforma para el país que ellos no quieren.
Todavía estamos desenredando el siniestro mecanismo de saqueo pergeñado por el neoliberalismo. Tratados, convenios, acuerdos y contratos perjudiciales para los intereses del país saltan a cada paso. Uno de los primeros que se ha dejado sin efecto es el firmado con España a mediados de los noventa, que exime a los españoles, accionistas o socios de una empresa localizada en Argentina de pagar el impuesto a los bienes personales correspondiente a esa participación. Muchas grandes compañías radicaron su administración en Madrid –sin moverse del país- para evadir el pago de tributos locales. El Grupo Techint, Petrobras, McCain, Nextel, Acindar, Quilmes y Monsanto son algunas de las empresas que explotaron este recurso y fueron detectadas por la AFIP. También el Gobierno Nacional dio de baja convenios tributarios con Chile y Suiza que permitían diferentes estrategias para no rendir sus obligaciones fiscales en Argentina. La tabacalera Massalin Particulares, Molinos Río de la Plata, firma del Grupo Pérez Companc, directivos y accionistas de Aluar, Banco Patagonia, Banco Macro y Arcor y las principales mineras y cerealeras del país aprovechaban estos convenios para diferentes estrategias de evasión. Mudanza de empresas, triangulación de exportaciones, compra de bonos y muchas otras trapisondas para no contribuir con el territorio que les da enormes ganancias.
Porque han ganado mucho. La han levantado en pala, como expresó varias veces La Presidenta. El índice Merval creció un 254 por ciento durante su gobierno, las mejores ganancias que han tenido las empresas que cotizan en la Bolsa porteña. Y no sólo eso. Un informe elaborado por Pablo Manzanelli, de FLACSO, revela que durante el período 1993-2001 el índice de rentabilidad sobre el capital fijo alcanzó el 24,8 por ciento, mientras que entre 2003 y 2010 ascendió al 37,2 por ciento. Esto indica que han ganado más que durante la perversa convertibilidad a la que tanto quieren volver algunos personeros de la oscuridad. Y a pesar de esto, se niegan a contribuir y a renunciar a una porción mínima de sus ganancias para alcanzar la tan ansiada redistribución del ingreso. Además, especulan con los precios y no dudan en apropiarse hasta de las ínfimas sumas que se consiguen a través de las discusiones paritarias. Por si esto fuera poco, lloran a moco tendido ante las cámaras de televisión ante la leve amenaza de perder una moneda.
Todavía queda una injusta matriz distributiva heredada de la dictadura y de los nefastos noventa que es necesario revertir. Discusiones pendientes como una reforma tributaria que logre una progresión contributiva, para que paguen más los que más ganan o severos castigos para los que insisten en el sendero egoísta de la evasión. Claro que todavía falta mucho para alcanzar el país con el que muchos soñamos; que quedan muchos excluidos y persisten las amenazas de los angurrientos. Muchas batallas quedan pendientes, como la de una reforma constitucional que siente las bases para la construcción de una Argentina –por primera vez y en serio- diferente. Vale la pena el desafío, por supuesto.   

lunes, 20 de agosto de 2012

Unidos y organizados, ¿quedó claro?


Tal vez sea una distorsión añeja producto del hábito o de la mala intención. O una construcción perversa anquilosada a lo largo de los años. De una u otra manera, cuando en situaciones cotidianas se usa el término ‘gobierno’, el sentido apunta hacia el Ejecutivo Nacional, saltando de forma prepotente el federalismo que tanto cuesta construir. Un intendente o un gobernador parece menos gobierno que el nacional, aunque suene extraño. O no tanto. A simple vista parece que todo lo que ocurre en el Territorio Nacional es responsabilidad –o culpabilidad, en casos extremos- del presidente. No se percibe de manera clara la competencia jurisdiccional. Los casos de tortura en las cárceles bonaerenses o en las comisarías salteñas salpican de manera inexplicable a La Presidenta de la Nación. Como así también los inconcebibles casos de corrupción y abusos de poder en la provincia de Formosa o en cualquier otro distrito. O el transporte público y la seguridad en la CABA. En realidad, parece que el ciudadano no tiene en claro cuáles son las competencias y responsabilidades de cada uno de sus representantes. Y también los límites de la incidencia en su bienestar –o malestar- general.
En el caso de la CABA, es posible apreciar un cordón umbilical que no se ha terminado de cortar con respecto al Ejecutivo Nacional. Antes de la reforma constitucional de 1994, la Capital Federal era competencia absoluta del presidente de la Nación, quien nombraba al intendente. De esa organización institucional, el imaginario capitalino se construía a partir de una dependencia absoluta con el Gobierno Nacional. Sumado a eso, el hecho de convivir con las principales autoridades de la República constituía un símbolo totalizador. Desde que la nueva constitución instaura la autonomía, algo nuevo comenzó a nacer con exagerada lentitud. Que recién este año, con 18 de autonomía, se esté discutiendo la responsabilidad administrativa del transporte urbano, indica una severa inmadurez. Por eso es comprensible –pero no tanto- que el ciudadano ‘crea’ en algunos de los inconsistentes argumentos del Jefe de Gobierno. Cuando reclama la presencia de la Policía Federal en hospitales y escuelas muestra una ignorancia absoluta de lo que es la autonomía o un objetivo perverso en sus reclamos. O las dos cosas. Ningún hospital o escuela del resto del país tiene custodia de la Policía Federal. En caso de ser necesaria la protección de un establecimiento provincial, serán los agentes de las fuerzas locales las que se harán cargo de la acción. Entonces, ¿por qué la Policía Federal tiene que encargarse de la custodia de un hospital de la CABA, habiendo fuerzas de seguridad locales? Distorsiones de una autonomía que se niega a abandonar la adolescencia y que se agiganta con la ineptitud y oscuridad del alcalde. El espacio compartido con las autoridades nacionales dificulta aún más la construcción de la autonomía, por convertirse en el escenario de los hechos más importantes de la vida política nacional. De ahí también la confusión de pensar la CABA como ‘El país’.
Por si fuera poco, el conglomerado urbano que rodea la Capital y que geográficamente parece integrada a ella tiene tres niveles administrativos: intendente, gobernador, presidente. Los casos de tortura en las cárceles bonaerenses son responsabilidad absoluta de la policía provincial, pero la construcción de la información parece conducir a una culpabilidad del Gobierno Nacional. Más confusión se agrega con respecto al polvorín delictivo de la provincia más poblada del país. Todo esto no justifica los hechos, sino que trata de ordenarlos. Que el gobernador Daniel Scioli transite por caminos diferentes al tomado por CFK es producto de una decisión personal, pero que confirma el carácter federal y autónomo de la administración provincial.
Como las vejaciones padecidas por los detenidos en las comisarías de Salta. Prácticas que deberían estar ya desterradas, se convierten en moneda corriente en muchos lugares del país. Un poco por las idas y vueltas que ha tenido la condena al terrorismo de estado después del retorno a la democracia. Pero el otro poco es contemporáneo y es el resultado del desprecio por la vida. Esa concepción que parece establecer que hay vidas más valiosas que otras. O individuos que consideran sus derechos como privilegios y que todo les pertenece. Y funcionarios cómplices que avalan la voracidad de los poderosos. Representantes que representan intereses particulares más que generales.
Esta semana tuvo como protagonista a la provincia de Formosa y su gobernador perpetuo. Denuncias y apologías se cruzaron en estos días como en un campo de paint ball. Corrupción y atropellos inconcebibles. Desigualdades que se eternizan. Y una alianza que ensucia. Los acuerdos electorales garantizan una victoria y la consecuente construcción de poder. Pero también deben asentar un camino, una coherencia, una construcción. Una coincidencia de objetivos que esté más allá de lo numérico. Sino esa alianza es meramente circunstancial y no aporta demasiado a la unidad. La unión es un pegote. La unidad es la armonía del todo. Un todo que es el país con el que muchos soñamos. Y el que todos nos merecemos.
Si bien La Presidenta no puede hacer mucho, algo debe hacer. Por lo menos, validar el compromiso asumido en la alianza electoral. Si hubo alianza, se debe profundizar la coincidencia. Si una provincia gobernada por un mismo signo partidario, lleva adelante medidas contrarias a lo acordado, se hace imprescindible algún llamado de atención. Si en algunos distritos se profundiza la desigualdad por el abuso del poder y la corrupción, un mensaje correctivo es necesario. Pero no en voz alta. De lo contrario, los mismos que se rasgan las vestiduras por la situación en las provincias van a clamar a los cuatro vientos que La Primera Mandataria no respeta el federalismo. Gataflorismo al que estamos acostumbrados desde hace un tiempo. Unidos y organizados es la consigna que garantiza nuestro futuro. ¿Queda alguna duda?

viernes, 17 de agosto de 2012

Un gobierno para el motín


La justicia es lenta. Idea reiterada, pero que se confirma con los tiempos que se toman los jueces para dar un caso por cerrado. En estos días, La Presidenta fue sobreseída en una causa iniciada en 2008 por enriquecimiento ilícito. Cuatro años con una causa que no fue tal. Cuatro años de sospechas que comenzaron en los tiempos de la rebelión de los estancieros. Tanto tiempo para resolver que no había nada para investigar, siquiera. Cuando la política se judicializa, la justicia debería politizarse. O tal vez ya lo hace y por eso demora tanto. Los debates por la expropiación de CVS –ex Ciccone- se mezclaron con las denuncias mediáticas hacia el vicepresidente. Muchos senadores y periodistas afirman que la expropiación tiene como objetivo archivar la causa Boudou, que todavía no existe. Meses de denuncias no comprobadas, con un toque de absurdos, ya condenan al vice. Mientras tanto, con un juicio oral por escuchas ilegales a la vista, el Jefe de Gobierno porteño parece tener la amnistía. Amnistía que se extiende hacia la totalidad de su incomprensible no-gestión. O mejor dicho: una gestión que apunta a no gestionar y complicar los problemas existentes, en lugar de solucionarlos. O algo así.
Para el póster fue la cara que puso Ernesto Tenembaun cuando Diego Santilli, Ministro de Ambiente y Espacio Público de la CABA, se explayó sobre las bondades del gobierno porteño. Marcelo Zlotogwiazda había hecho algunas correcciones a los inconsistentes argumentos esgrimidos por Santilli para no hacerse cargo de la administración del subte, ante la mirada incómoda de su colega. Pero cuando el funcionario PRO habló del óptimo estado de las escuelas y hospitales públicos, Tenembaun no pudo disimular el desconcierto. La sorpresa ante una falacia tan evidente sólo inspiró un par de balbuceos y el llamado a un corte precipitado. Tal vez esperaba un poco de autocrítica y algunas promesas, pero no tanto cinismo.
La pregunta de Tenembaun apuntaba a una comparación entre modelo K y el modelo PRO. El conductor enumeró algunos hitos del Gobierno Nacional, como la AUH, el matrimonio igualitario, YPF y le preguntó qué podía exhibir Mauricio Macri como logros. Entonces Santilli comenzó con una guitarreada increíble. No incluyó, por ejemplo, los malos tratos de la UCEP a los indigentes, la ocupación del Borda para su demolición, las escuchas ilegales o la extraña concepción que tienen sobre la vida en democracia. Claro, faltaban unas horas para la inauguración del 0800 para denunciar la actividad política en las escuelas, sino, todo hubiera sido más incómodo. Y más ridículo, si es posible.
Escuchar a Mauricio Macri cuando dice que CFK nos está llevando hacia un estado chavista puede producir más risa que otra cosa. Salvo en algunos que, lejos de haber superado los temores de la infancia, se toman toda la sopa ante la amenaza palpable del hombre de la bolsa. Eso es adoctrinar: la difusión de una doctrina es la repetición de consignas fáciles de comprender y recordar. Doctrina en su acepción más alejada de la sabiduría y más cercana al dogma. Una doctrina que no tiene como objetivo formar conciencia sino manipularla. El ingeniero usa el adjetivo ‘chavista’ con la intención de expresar con él todo lo horroroso que hay en el mundo. Como cuando en la España de Franco se hablaba de los rojos o de los ateos como los peores engendros de la Humanidad.
Cucos para los infantes y fantasmas para los adultos. Pero los cazafantasmas están siempre dispuestos para proteger a los indefensos ciudadanos de las hordas K. Por eso el ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich –que en inglés sería ‘toro rico’ o ‘despropósito ridículo’- habilitó un 0800 para denunciar las actividades políticas en las escuelas, una verdadera obsesión para la derecha más retrógrada. Como siempre, las grandes medidas se basan en grandes titulares. La no-política se nutre del no-periodismo y de ese licuado resulta la no-gestión. Lo más absurdo de esta caza de brujas se fundamenta en la persecución del supuesto “fascismo” de La Cámpora. El Ministro fue muy claro: no busca prohibir la militancia política, sino “que se denuncie un delito: el uso de fondos públicos para adoctrinar”.
En noviembre del año pasado, Apuntes discontinuos contó el accionar de Junior Achievement, una ONG de origen norteamericano cuyos objetivos se centran en la difusión de los principios neoliberales en las escuelas. Medio millón de estudiantes reciben, en horario escolar, interesantes instructivos para ser exitosos en el mercado financiero y en las altas esferas del empresariado privado, además de estrategias para evadir y especular. Los destinatarios son chicos entre cinco y veinte años que, con el desconocimiento de los padres y con serias críticas de pedagogos y especialistas en políticas públicas, reciben un recetario de cursos, charlas y actividades que los orienta hacia el individualismo para la construcción de un país desigual. Eso no tiene nada de malo para el equipo PRO: la derecha no es ideología, sino sentido común. El Estado ausente –y cómplice- es libertad; el Estado regulador es fascista, chavista, el cuco. El 0800 de Bullrich no está para denunciar la intromisión del Consenso de Washington en la educación, sino la difusión de aquellas ideas que se contrapongan.
Los que se pensaban dueños de un discurso único indiscutible, invencible, advierten que el control se va de sus manos. Los PRO –y todos los que los secundan- están cercados por argumentos que los desbordan. Y como no encuentran manera de contra-argumentar, responden sólo como ellos saben, como monos con navaja. Por eso, algunos de los senadores de la oposición no sabían qué decir durante el debate sobre la expropiación de la ex Ciccone Calcográfica.
Si bien la oscura relación de esta empresa con los diferentes gobiernos hasta no hace mucho puede resultar sospechosa, lo importante es que, después de la aprobación en Diputados del proyecto con media sanción del Senado, la impresión de billetes quedará en manos del Estado Nacional. “La cantidad de deudas que tiene la empresa con el Estado es enormeexpresó el senador oficialista, Aníbal Fernández- La vocación del Gobierno es recuperar algo que nunca debió haber dejado de estar a cargo del Estado para evitar que en cualquier lugar del país se sigan haciendo negocios, o curros, como quieran llamarlo, con lo que les pertenece a todos los argentinos”. La discusión del proyecto de nueve artículos se mezcló con las denuncias periodísticas que pesan sobre el vicepresidente Amado Boudou, como no podía ser de otra manera. El senador Marcelo Fuentes denunció una “puesta en escena” para atacar a ex ministro de Economía y reclamó “autonomía” a la oposición para que la agenda política “no se la dicten desde un multimedio”. Walter Barrionuevo, por su parte, explicó que “el Grupo Clarín lo eligió como blanco de sus ataques” porque no le perdonan “ser mentor intelectual y ejecutor material de la recuperación por parte del Estado del sistema previsional argentino”.
Y el Estado sigue avanzando, con la convicción de que es la única manera de construir un país justo e inclusivo. A pesar de las protestas mediáticas y los 0800, la política se constituye como la única herramienta para alcanzar esos objetivos. De qué otra manera podría explicarse los buenos resultados que arrojan los controles a la compra de dólares. Según el informe de Evolución del Mercado de Cambios del Banco Central, la salida neta de capitales del país por parte del sector privado fue menos de la tercera parte que el mismo período del año pasado. Las restricciones cambiarias y los ajustes al mercado de divisas frenan la sangría de la fuga de capitales. Eso es chavismo, para el líder del PRO. Defender estos controles a la especulación y la evasión es fascismo para Bullrich. La inoperancia es gestión y complicar la vida de los ciudadanos es gobernar. Eso sí, gobernar para el desastre porque, como decía la abuela, a río revuelto...

miércoles, 15 de agosto de 2012

De un Premio Nobel a la gilada


Cuando la telenovela del subte no ocupa obsesivamente las pantallas, se puede pensar en otras cosas. Un Premio Nobel y un supermercado aportan nuevos elementos para evaluar el rumbo de la economía doméstica. El economista norteamericano Joseph Stiglitz, de visita en Argentina, ponderó el rumbo económico llevado adelante desde 2003 y lo puso como ejemplo para los suicidas europeos. Mientras compartía escenario con CFK en el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada, el INDEC hacía de las suyas y desataba la creatividad de los cibernautas. Para no caer en la indigencia, un ciudadano necesita siete pesos diarios para su alimentación. Las burlas en las redes sociales no se hicieron esperar. Hasta intimaron al polémico Moreno a que inaugure un restaurante con menú fijo a ese precio. Aunque cueste creerlo, un supermercado hizo público un programa de comidas durante un mes para una familia tipo a menos de treinta pesos por día. Oportunismo, devolución de favores o publicidad efectiva. Tal vez, todo esto junto. Pero demuestra que es posible que los empresarios renuncien a parte de sus ganancias para convertir la redistribución del ingreso en una realidad cada vez más cercana.
Si un supermercado lo hace, lo pueden hacer todos. No es magia, sino voluntad. Muchas veces se ha afirmado en estos Apuntes que la inflación es producto de la acción especulativa de algunos o todos los actores de la cadena comercial. También, que el precio de los productos forma parte de la puja por la redistribución del ingreso. Y que la billetera de los consumidores podría tener un rendimiento mayor si la de los empresarios estuviera menos abultada. Esto significa renunciar a una parte de sus ganancias, que se desconocen al no haber un mecanismo de control de costos en los productos de la canasta básica, pero que se suponen cuantiosas. La propuesta de este supermercado que tiene un 29 por ciento de la torta nacional puede tomarse como una confesión de lo antedicho. Las ofertas que presentan en variadas disposiciones, aparecen como una “declaración jurada” de lo que ganan con los precios regulares. Cuando publicitan un precio rebajado, revelan que están renunciando a un porcentaje de ganancia sin llegar a perder. Y si en lugar de rebajar mucho un día en particular, rebajaran un poco todos los días, la relación de los consumidores con las compras sería un poco más armoniosa.
En este caso, el supermercado Carrefour dio a conocer un “menú nutritivo al alcance de todos”  a un costo de siete pesos diarios por persona. Y no se compone sólo de polenta o fideos, como puede sospecharse, sino que incluye leche en polvo, quesos, carnes, pollo, verduras, frutas y legumbres. De acuerdo a esta propuesta, con 783 pesos, una familia tipo cubriría las cuatro comidas diarias a lo largo de todo el mes. No es de ciencia ficción. Más de cincuenta productos pueden comprarse y en la página web está el listado que rompe con los argumentos que tienden a desautorizar los números del INDEC. Si la jugada comercial tiene buen resultado, quizá otras firmas se sumen a esta cruzada para facilitar la economía de los ciudadanos.
Porque de eso se trata: de comprometerse con el beneficio colectivo. No dádiva, caridad ni beneficencia, sino la solidaridad como conducta permanente. La solidaridad que nos hará más sólidos como comunidad. Más fuertes. Porque se vienen tiempos duros y la crisis europea puede salpicar estas tierras. Sobre todo, si insisten con la austeridad como fórmula para facilitar el saqueo inescrupuloso del sistema financiero. Una fórmula que nos condujo al abismo y está haciendo lo propio en el viejo continente. “El gran problema de la crisis económica mundial es la falta de liderazgo político” expresó La Presidenta en la apertura del “Congreso Internacional sobre la crisis de deuda” organizado por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. “Si las decisiones no las toman los hombres y mujeres que están sentados en los sillones de los presidentes –destacó- lo hacen los mercados y los directivos de los bancos. Siempre alguien decide”. En definitiva, si la política –el Estado- no gobierna la economía en beneficio de todos, los mercados actúan en beneficio de unos pocos. “Los países de Europa no aprendieron de la Argentina –afirmó el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz- Y el resultado fue que para enfrentar la crisis aplicaron un conjunto de políticas que empeoraron las cosas rápidamente”. Profesor de la Universidad de Columbia y enrolado en la corriente de los neokeynesianos, Stiglitz cuestiona las posturas ortodoxas del Consenso de Washington y considera la necesidad de la regulación estatal. “Es para que lo escuche la gilada –resaltó CFK- Lo dice un Premio Nobel”.
Junto con otro Nobel, Paul Krugman, Stiglitz elogia la dinámica argentina desde 2002 y las políticas expansivas con las que se enfrentó la crisis. Además subraya que con la reestructuración de la deuda, el modelo K logró trasladar a los acreedores parte de las angustias que ocasionó la convertibilidad. “Lo cierto es que las ideas del Consenso de Washington estaban equivocadas –aseguró en su exposición- Esas recetas derivaron en serias crisis de deuda, con consecuencias brutales sobre las sociedades”. “En Estados Unidos y Europa no seguimos las reglas capitalistas, porque tuvimos rescates masivos al sistema financiero –cuestionó el economista- Los bancos aterrorizaron a los gobernantes, diciendo que sin rescates se habría acabado el capitalismo. Pero eso habría sido bueno, porque se hubiese terminado esa forma de mal capitalismo”. “Lo que se está haciendo ahora, restringir el consumo y que la gente no tenga para comprarse la heladera, el auto o la casa, no es capitalismo –reforzó Cristina algunos minutos después- Hay una distorsión, se pasó de concebir en el eje a la producción para reemplazarlo por el capitalismo de banqueros”.
Para Stiglitz, la experiencia argentina es la comprobación de su modelo teórico, es la puesta en acto de lo que sostiene desde hace mucho tiempo. Lejos de actuar como un militante de La Cámpora, el norteamericano dedicó un elogio a la creatividad criolla en materia económica. “Argentina mostró que no fue fácil, pero que es posible responder a la crisis –destacó- Que si se gestiona este proceso bien, la economía tiene posibilidades de seguir adelante”.
     Y para muestra, los mohines de Bonelli quedan en ridículo ante los resultados de la YPF con gestión estatal. Durante el primer semestre de 2012, logró reducir en un 47 por ciento los niveles de importación de combustible, en comparación al mismo período del año pasado, lo que da un ahorro de 218 millones de dólares. Esto más lo que la empresa dejó de gastar en sueldos encubiertos a periodistas, muchas veces cómplices de los intereses destructivos de los angurrientos. Ética periodística y publicitaria será una nueva discusión en esta jugosísima batalla cultural que estamos emprendiendo.

lunes, 13 de agosto de 2012

Cuando por las buenas no se puede


Casualidad o no, pero el índice privado siempre es un poco más del doble que el estatal. Cuestionado por costumbre, el IPC del INDEC registró en julio un aumento del 0,8 por ciento con respecto a junio y un 9,9 por ciento interanual. Aunque no cuentan con la estructura del organismo oficial, las consultoras privadas arrojan cifras que son tomadas por el arco opositor y que sirven, ni más ni menos, para hacer oposición. Los opo diputados afirmaron que la inflación fue en julio del 1,8 por ciento y de un 24,1 interanual. Números que no explican por qué el consumidor se encuentra siempre con los productos un poco más caros. Aunque no haya variaciones significativas en la macro economía, los precios aumentan siempre un poquito, como una gota que horada no la piedra, sino el poder adquisitivo de los trabajadores. Si bien no son los fantasmas del pasado, el aumento constante de los precios produce incomodidad y da un argumento a una oposición desprovista de argumentos. Desde el oficialismo, se ha tratado de alcanzar acuerdos de precios, pero sin demasiado énfasis, con la convicción de que una inflación controlada es saludable para una economía en constante desarrollo.
Más allá de los números, todo se condensa en la puja por la distribución del ingreso. Y produce incomodidad en los que cuentan con un presupuesto acotado al sueldo. Desde la ortodoxia económica, la inflación se explica por el incremento de los salarios y la emisión monetaria. Desde el oficialismo, no hay demasiadas explicaciones. Sí algunas medidas como la instalación de mercados alternativos que venden productos a muy bajo precio, pero con una distribución geográfica que no favorece a gran parte de la población. Otra propuesta ha sido el apoyo a cooperativas o fábricas recuperadas por los trabajadores, cuyos productos no alcanzan para contraponer la angurria de las grandes empresas.
La discusión por la inflación debe poner sobre la mesa algunas cuestiones muy difíciles de afrontar: la concentración y la ganancia. Primero la dictadura y después el menemismo favorecieron una economía en pocas manos, sobre todo en la producción, distribución y venta de artículos de la canasta básica. Que seis cadenas de super e hipermercados concentren el 89 por ciento de la venta de los productos alimenticios es un dato alarmante. Al igual que la producción de aceite, con un 80 por ciento en manos de Molinos Río de la Plata y Aceitera Deheza; o los lácteos, con un 75 por ciento concentrado en La Serenísima y SanCor; o Ledesma, que monopoliza el 75 por ciento de la producción de azúcar. Mucho en pocas manos. Y por si esto fuera poco, durante los infames noventa se derogaron las leyes que obligaban a las empresas a presentar costos, por lo que los precios se ponen al voleo y siempre hacia arriba. El Estado no tiene manera de controlar lo que cobran estos enormes monstruos. Pero el kirchnerismo está acostumbrado a lo difícil y más temprano que tarde, surgirá alguna propuesta en ese sentido.
Hace poco más de un año, en Venezuela, se aprobó la Ley de Costos y Precios, que entró en vigencia el 22 de noviembre con resultados por demás de significativos. Esta normativa crea la Superintendencia de Costos y Precios, encargada de controlar el margen de ganancia de las empresas y puede regular cuando la consideren excesiva. Las empresas deben presentar una estructura de costos de cada producto, que será comparada con los datos oficiales y recién entonces, se aprueba el precio final. El resultado de los primeros meses de aplicación de este método es por demás de auspicioso, con una significativa desaceleración de la inflación. Saúl Ortega, diputado de la Asamblea Nacional y miembro de la Comisión Permanente de Finanzas y Desarrollo Económico de Venezuela asegura que en cualquier país, un empresario o comerciante que gane hasta 20 por ciento sobre los costos se considera exitoso. “En cambio –asegura- algunos en este país quieren ganarle hasta el 500 o el 1000 por ciento a sus productos y servicios. Es una especie de expropiación que la burguesía industrial y comercial hace del ingreso de todos los venezolanos”. 
Ortega señaló que “gracias a la creación de la Superintendencia, el Estado tiene la oportunidad de detectar la especulación abusiva en cualquiera de los eslabones de la cadena productiva”. Karlin Granadillo, la Jefa del organismo, sostuvo que esta legislación es una herramienta que nos permite tomar medidas concretas en relación con el problema de la especulación, como una de las causas de la inflación y, a la par, nos posibilita ir en busca de cambios en el modelo económico en el país".
La dicotomía de siempre: libertad de Mercado o el Estado como interventor de la economía. El mercado siempre se auto-regula en su beneficio, con el consecuente perjuicio para los consumidores, que terminan consumidos después de tanta succión libertaria. En estos días, la consultora Ipsos-Mora y Araujo aseguró que, de acuerdo a un estudio reciente, CFK mantiene una alta aprobación de su gestión, cercana al sesenta por ciento. Lejos de lo que intentan instalar los medios dominantes, los hechos de inseguridad no influyen en la imagen presidencial y la inflación aparece como un problema menor. Lo que sigue impulsando la aprobación de La Presidenta son los planes sociales, la AUH, la salud, la educación, las obras públicas y el crecimiento económico. El estudio asegura que lo más despierta el apoyo de los encuestados es la intervención del Estado en la economía, a diferencia de lo que ocurría en los noventa. Entonces, como lo ha demostrado el Gobierno Nacional con todo éxito a lo largo de los últimos nueve años, ése es el camino que debe seguirse.
La recuperación de YPF se produjo después de muchas advertencias ante el saqueo evidente de la empresa multinacional Repsol. Los controles a la compra de dólares para ahorro y especulación se profundizaron ante la falta de respuesta de los individualistas de siempre. La Presidenta ha señalado en sus discursos que los empresarios han ganado mucho dinero durante los últimos años y que es tiempo de invertir para que la economía nacional sea un círculo virtuoso. Y que compartan sus cuantiosas ganancias. A pesar de eso, continúa la especulación, la evasión y la fuga de divisas.
Como un ejemplo de esto, la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) descubrió la existencia de 318 mil sociedades fantasma, que se han mantenido inactivas en los últimos 18 meses. Estas empresas han sido creadas por grandes firmas, presuntamente para operar de manera ilegal, con la emisión de facturas falsas para evadir tributos y fugar dinero. El titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, a través de la Resolución General 3358, ordenó la cancelación del CUIT de estas sociedades inscriptas antes del 1° de enero de 2011. Aunque no sanciona a las empresas que operaban de esta manera, la medida actúa como una advertencia.
Es evidente que no se puede confiar en los que tienen mucho, porque siempre quieren más. No se puede tener una economía sana cuando gran parte de los productos de la canasta básica está en pocas manos. Una deuda pendiente es desarticular el entramado perverso construido durante las últimas décadas del siglo pasado. Si el Gobierno Nacional tuviera también un organismo de control de  costos y contara con las herramientas para sancionar a aquellas empresas y negocios que recaudan sumas cuantiosas a través de precios abusivos, la inflación no sería más un problema. Sería apenas un número que pasaría desapercibido.

viernes, 10 de agosto de 2012

La máscara de los destructores

Para que quede claro: una cosa es una mentira y otra una opinión. Una mentira es decir lo contrario de lo que es o lo que uno sabe que es. Una opinión es brindar un punto de vista subjetivo sobre un hecho. Respecto de la mentira, puede haber algunos atenuantes: alguien puede estar convencido de que lo que sabe es lo que en realidad ocurre, aunque no sea así. Pero no estamos hablando de eso, sino de la mentira a sabiendas disfrazada de titular. Más grave aún cuando otros periodistas repiten esa mentira y opinan sobre ella. Y también, cuando algunos políticos fijan su oposición con ese material ya viciado. Todo termina siendo una cadena de mentiras presentada al público con la etiqueta de la verdad independiente. Una verdad independiente que se difunde con estridencia por todo el territorio. Mentira y opinión se mezclan para hacer un licuado indigesto servido en bandeja a gran parte de los consumidores. La mentira –cuando uno sabe que está diciendo lo contrario a lo que es- resulta siempre intencional y catastróficamente destructiva. Tanto como los dichos de Carrió en Uruguay, que en el contexto del dragado del canal Martín García dijo: “en nombre de millones de argentinos pido perdón. Los uruguayos están siendo muy educados en el relacionamiento bilateral” y advirtió que “Uruguay no se merece una compañera tan chabacana como Argentina”. La resistencia al régimen no tiene límites.
Mientras en los distritos que concentran gran parte de la población del país se gobierna para sembrar el desánimo y el descontento, el Gobierno Nacional continúa construyendo futuro. Y convenciendo de la importancia de ese futuro, también. La recuperación de la soberanía energética y económica es lo que garantiza ese futuro, sin dudas. Y podría elaborarse un listado de las medidas que La Presidenta tomó durante los ocho meses que Macri demoró en reconocer que la administración del subte forma parte de la autonomía de la CABA, para advertir hacia dónde está el futuro. Porque, para ser claros, las peores cosas parecen ocurrir en la CABA y en provincia de Buenos Aires. El resto del país se mantiene en un apacible clima provinciano.
Salvo cuando los tamberos se enojan y se les da por tirar leche al suelo. En Santa Fe se desperdiciaron más de 140 mil litros en el marco de una protesta por el reparto de las ganancias lecheras. Algunos dirán que en lugar de arrojarla como si fuera basura, hubiera tenido mejor destino como donativo a comedores o cosas así. Pero la leche no puede ser destinada al consumo antes de ser pasteurizada. La Mesa Nacional de lechería, que está en sintonía con la otra mesa, la de enlace, impulsa piquetes en las usinas lácteas de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. Y –vaya paradoja- para protestar porque pierden plata, tiran leche. En la caótica cadena productiva y comercial de nuestro país, parece que todos no ganan lo que merecen. Y para muchos, perder plata es ganar menos que el otro. Los tamberos reciben entre 1,40 a 1,60 pesos por litro de leche, que en las góndolas se pagará a 6 o 7. Algo pasa en el medio y resulta un descontrol en la cadena de comercialización. Y ese descontrol es lo que produce la inflación. Nadie sabe lo que gana nadie, pero el pato lo paga el consumidor. En esta protesta tambera sólo participan 800 de los 12000 productores registrados y muchos de los bloqueadores venden su mercancía en industrias no bloqueadas. Vivos obscenos, tiran la leche ajena.
“Hace falta una reforma impositiva para poner un techo a las ganancias de los formadores de precios”, aseguró Carlos Heller, diputado nacional y presidente del banco Credicoop. Porque el tema de la inflación no debe pasar sólo por si el IPC se asemeja o no a lo que pasa en las góndolas, sino a los motivos que ocasionan el aumento constante del precio de los productos. La redistribución del ingreso necesita una resignación de las ganancias. Y para eso hace falta un control de la cadena de producción y comercialización de los artículos de la canasta básica, al menos. En el caso de la producción lechera, debería acordarse no un aumento de la materia prima que después se traslade al precio final, sino, en base al mismo precio que está hoy, establecer un reparto equitativo entre todos los actores. Algunos se deben estar llevando más, seguro. Pero la solución no es tirar la leche al costado de las rutas.
Pero claro, los destructores de nuestro futuro son muchos. Los que más se quejan y boicotean el actual rumbo económico son los que más tienen. Y sus laderos, que cobran cifras astronómicas para escribir libelos de dudosa veracidad. Que La Presidenta haya tenido que denunciar las mentiras de un notorio periodista del monopolio, de dudosa capacidad intelectual pero enorme habilidad de lobby, para esclarecer a la opinión pública es una muestra del hartazgo. Y por eso resaltó la necesidad de una Ley de Ética Pública para periodistas, que no sería una ley mordaza, escrache, censura o persecución, sino para establecer los límites para las fantasías nocivas con que muchas plumas ilustran los diarios. Fantasías y deseos que no se presentan como tales, sino como la más cruda verdad. “Así como nos obligan a los funcionarios públicos a declarar nuestros bienes y está muy bien, por lo menos debieran publicar de qué empresas reciben dinero. Quién les paga. Para que cuando leamos un artículo, sepamos” argumentó CFK. “Son el cuarto poder y también manejan la información pública, deben tener la misma obligación que tenemos quienes manejamos los recursos públicos agregó. Pero para resaltar esta idea, Cristina explicó que “lo que está mal es, bajo una pretendida pátina de independencia, estar sirviendo a intereses inconfesables. ¿Y por qué digo inconfesables? Porque si pudieran decirlo, lo dirían pero no lo dicen, lo ocultan”.
Porque las mentiras difundidas como verdad alteran los ánimos de la opinión pública. Por eso ganó Macri, por la irresponsabilidad de los medios con hegemonía en decadencia al proteger su imagen. Por eso el Jefe de Gobierno porteño gestiona mal a propósito, porque sabe que tiene un blindaje que adorna su inoperancia. La inauguración de una baldosa en homenaje al cantante Ricardo Arjona merece más difusión que la invasión de la Policía Metropolitana al Hospital Borda. Y todo lo malo que ocurre en la CABA –para estos operadores publicitarios disfrazados de periodistas honestos- es responsabilidad del Gobierno Nacional. Un periodista de Clarín, Claudio Díaz, hizo públicos los motivos de su renuncia. Como es larga, bastan algunas líneas: lo que viví en Clarín en los últimos tiempos superó todo… Gracias a Dios, ¡todavía tengo vergüenza! Pero lo que ya no tengo es estómago para tragarme las cosas que hace este diario en nombre del periodismo”; “Da la sensación de que los que se llaman periodistas o columnistas ya ni sienten un mínimo de pudor por haberse convertido en contadores del negocio mediático, desvividos por saber cuánto dinero ingresa a las arcas; lo único que les falta es salir con el camión de Juncadella”. La construcción de un país en serio necesita una actitud responsable y  comprometida de cada uno de los ciudadanos con el conjunto. La irresponsabilidad periodística y de muchos individualistas angurrientos está dificultando nuestro avance. Es momento de que los pongamos en su lugar.

miércoles, 8 de agosto de 2012

¿Culebrones aburridos o películas apasionantes?

Larga, aburrida, reiterativa, tediosa. La telenovela del subte porteño ya cansó y es hora de que se termine. Si Macri intenta con esto proyectar su imagen a nivel nacional, lo ha logrado, pero de la peor manera. Si pretende demostrar fortaleza ante el Gobierno Nacional, no va por buen camino. Si lo que quiere es solucionar “los problemas de la gente”, como siempre dice, está echando nafta al fuego. Con su pose de heroína ofendida, lo único que consigue es presentarse como inoperante, caprichoso, soberbio e impotente. Si no puede administrar un servicio público de su distrito, que tiene el mayor presupuesto del país, poco podrá hacer si su aspiración es vestir la banda presidencial. Mientras el Jefe de Gobierno porteño aburre al pueblo con su culebrón, otras cosas importantes pasan en el país que son dignas de mención. Sin embargo, la permanencia del conflicto durante ocho meses hace que temas verdaderamente importantes pasen a segundo plano.
Aunque el subte es un medio de transporte utilizado solamente en la CABA, los avatares de su administración recorren cada rincón del país. Hasta el año pasado, era el Gobierno Nacional el que se encargaba de su funcionamiento por una distorsión heredada de los destructivos noventa. Como estaba entre los reclamos del partido no-político creado por el empresario que en sus ratos libres se dedica a gobernar –es un decir-, a fines del año pasado se gestionó el traspaso de la administración de ese medio de transporte urbano. El propio Jefe de Gobierno firmó el acta con la que se comprometió a hacerse cargo, con la condición de que el Gobierno Nacional remita fondos para su funcionamiento. Una de las partes cumplió con el compromiso. La otra no. Todo lo contrario. Como los trenes subterráneos no se parecen en nada a los modelos en miniatura con los que jugaba cuando era chiquito, el ingeniero se resiste a entretenerse con algo tan desagradable. Encima, no despiertan su interés porque están destinados a un sector de la población que, por convicción o geografía, seguramente no ha aportado mucho a su incomprensible caudal electoral.
Sus secuaces, a regañadientes, siguen los pasos de esta comparsa arrítmica y aparecen ante los medios recitando guiones incomprensibles y contradictorios. Eso sí, con cara de enojados, que es la condición sine qua non que debe tener todo funcionario PRO. Estreñidos, más que serios. Ofendidos ante la injusticia de tener que gobernar. Detrás de esta trama absurda, se esconde una intención siniestra. Y un poco de estirpe, también. De historia, si se quiere. Una norma no escrita, que es ni más ni menos que la supremacía de los intereses de la metrópolis por sobre los del resto del país. Si el Poder Ejecutivo nacional traspasa la administración del subte al des-Gobierno porteño, debe entregar el sistema a nuevo y con moño, con garantías de financiamiento y unas cuantas cosas más. No sea cosa que Macri deba emplear alguna de sus neuronas en algo diferente a posar para las fotos y hacer jugosos negocios.
Pero además de lo material, está lo simbólico. El ingeniero multimillonario quiere doblegar a La Presidenta, demostrar quién es el que manda. Por eso insiste en que antes de hacerse cargo de lo que ya aceptó hace ocho meses, además de los fondos que ya están depositados, de las nuevas unidades que descansan en la aduana y de las obras de reparación que ya se están haciendo, quiere tener una reunión con CFK. Nada raro hay en ello, porque la Primera Mandataria se reúne periódicamente con gobernadores e intendentes de distintas partes del país y de diferente origen partidario. Pero la reunión que Macri pretende tiene un matiz diferente. El encuentro que tiene en su mollera no tiene como objetivo alcanzar un acuerdo, sino desplegar las condiciones de una tregua. El patrón dando órdenes a su sirvienta, así lo imagina el patricio. Y es por eso que Cristina no quiere saber nada de un encuentro con este personaje tan extemporáneo. En el medio de esta pulseada, están los usuarios y los trabajadores, que padecen las consecuencias de haber votado como alcalde a un dandy decimonónico.
El resto de los ciudadanos argentinos, los que apenas sabemos lo que es un subte, tenemos que asistir a un despliegue mediático centrado en esa puja a través de los diarios, revistas y noticieros nacionales que todavía consideran que la CABA es el país. Algunos colonizados y otros colonizadores. Un conflicto local que se proyecta como nacional por torpeza o por intereses. El resultado es que muchas cosas que debieran difundirse por su importancia transformadora pasen a un segundo plano.
El juicio por el asesinato del militante Mariano Ferreyra es uno de esos temas. Por primera vez se sientan en el banquillo los peores exponentes de la mafia sindical que no dudan en disparar cuando el reclamo de los trabajadores dificulta sus negocios. También están imputados algunos agentes de la policía federal que dejaron vía libre para el crimen y permitieron la huída de los agresores. Todo comenzó con un reclamo por la reincorporación de trabajadores al Ferrocarril Roca y la regularización de los tercerizados, una figura laboral que debería comenzar a desterrarse, por los abusos que ha permitido. Una fuerza de choque operó con un “plan criminal” para defender los intereses de José Pedraza, el líder sindical que abandonó la representación por los negocios desde hace mucho tiempo.
Las audiencias que comenzaron el lunes en el Tribunal Oral Criminal 21 durarán más de seis meses y promete desnudar una trama monstruosa ejecutada por los diecisiete acusados: Pedraza como ideólogo junto a Juan Carlos Fernández, siete ferroviarios y un barrabrava que constituían la patota agresora y siete policías, tres de ellos comisarios. La importancia de este proceso no radica sólo en el esclarecimiento de los hechos y el castigo de los culpables. Esta monstruosidad tenía como objetivo alterar el escenario político y consagrar la impunidad de las mafias sindicales y policiales. Y provocó mucho dolor. “Mi hijo siempre dice que la bala que mató a Mariano Ferreyra también rozó el corazón de su padre, y creo que tiene razón, porque estaba muy conmocionado”, confesó Cristina el mismo lunes. Muchos de los responsables que apoyarán sus mugrientos glúteos en el banquillo fueron señalados por el ex presidente, en la semana que sobrevivió a los hechos.
Pero hay otras cosas que la telenovela de Macri desplaza de los medios. La recuperación del nieto 106 por parte de las Abuelas es uno de ellos. Que la reconstrucción de la memoria y la identidad se vea desplazada por la altanería del ingeniero descoloca a aquellos medios que tanto se preocuparon por denunciar a Víctor Hugo Morales por su circunstancial relación con algunos militares de la dictadura uruguaya. Y por supuesto, lo que no se vio en estos medios es la disposición del juez Federal Pablo Cayssials con respecto a la desobediencia insistente del Grupo Clarín. En efecto, por incumplir con la grilla de canales dispuesta por la AFSCA, la empresa Cablevisión SA deberá pagar 20 mil pesos por cada día de retardo contados a partir del 16 de mayo de 2012. Para que quede claro, la prestadora de servicios de televisión por cable se niega a incluir en su programación canales informativos –CN23 y Telesur, entre otros- que aportarían una visión diferente de los hechos. Los que esgrimen la excusa de la libertad de expresión son los primeros que la restringen. Los que hacen tapas con sus siniestros deseos son los que tapan la realidad. Los que difunden hasta el hartazgo las desventuras de Macri en la vida democrática son los que nos ocultan las historias apasionantes de la transformación del país.

Globos para el arbolito

El clima de esta época es agobiante y no por la proximidad del verano , precisamente. Además de la avidez propia de los angurrientos, los P...