jueves, 30 de junio de 2016

Sin elecciones, la campaña continúa



Entre todo lo confuso y tortuoso del gobierno de los globitos, hay algo bueno: la independencia se celebrará el 9 de julio y no el 4, como muchos temían. Que venga el viejo rey Juan Carlos para participar de los festejos no significa que Prat Gay pida disculpas por la ruptura con el yugo colonial. Aunque ésta sea una buena señal, en cuanto la rodilla recién operada del empresidente se encuentre en óptimas condiciones, renovarán los votos por un colonialismo siglo XXI con la Alianza del Pacífico. Lo demás sigue su curso como hasta ahora: la actividad económica cae, el dólar da nuevas señales de vida, el descontento crece, la lluvia de inversiones se posterga para un semestre impredecible y Margarita Stolbizer se molesta con una foto y no con la película. La prensa hegemónica, ahora oficialista, trata de proteger al Gran Equipo con nuevos escándalos de cabaret y ficciones judiciales muy bien producidas. En el medio, un pueblo se debate entre la añoranza de tiempos mejores devaluados por la infamia de algunos dirigentes y la creencia en inasibles metáforas esperanzadoras que empiezan a mostrar sus engañosas intenciones. Así son los vertiginosos tiempos que el cambio amarillo está dejando por nuestras tierras.
“Al final, son todos iguales”, dice un paisano con disfraz de taxista. Algunos tiran dólares por los muros de un convento y otros los derivan con más elegancia a paraísos fiscales, le faltó agregar. En un ping pong de impresentables y corruptos, casi que quedamos empatados. Más ahora que pueden amplificar sus dicterios sin que exista posibilidad de réplica. Las trituradoras mediáticas convierten a un preso en un informador de prestigio y sus fantasiosas acusaciones, en palabra santa. No importa si ante un juez no pueda sostener una coma, como ocurrió con Martín Lanatta el año pasado, cuando señaló a Aníbal Fernández como el ideólogo del Triple Crimen de la Efedrina. Lo importante es que, por obra y gracia de la insistencia, la imposibilidad se transforme en certeza para un público cautivo y prejuicioso. Gotas constantes que horadan la piedra y modifican la voluntad electoral. Cuando la mentira se desmonte, inocularán distracción. La realidad se puede tapar y la irrealidad se puede hacer tapa.
Antes del Lanatta que ahora sabe todos los chanchullos de Aníbal y Cristina, Héctor Méndez, ex presidente de la UIA, denunció que “los empresarios sabían que la obra pública es como el Movicom, que va con un 15 adelante”. En el contexto de Lodelópez, hablar de coimas resulta oportuno para recuperar protagonismo. Cuando el fiscal Federico Delgado le solicitó alguna prueba, reconoció no saber “nada específico, me hice eco de un conocimiento extendido en la población”. Con la diferencia de que un ciudadano que vocifera en una esquina “son todos coimeros” no tiene la misma responsabilidad que un dirigente industrial. Los medios confunden todo y construyen el universo de lo simbólico con piezas de dudosa procedencia. Un cambalache muy perjudicial para la vida democrática que produce interferencias en las decisiones del ciudadano.  
De la ciencia a los consejos
Miles de estudios y teorías no pueden desterrar la ingenuidad con que muchos se someten a los mensajes mediáticos. Desde la Aguja Hipodérmica hasta las nuevas formulaciones sobre la nocividad de las corporaciones comunicativas, tratan de distinguir un lector atento de uno vulnerable. Nadie está obligado a consultar todo lo que se ha escrito sobre el tema, pero al menos, confiar en los que sí lo han hecho. Entre los estudiosos del periodismo contemporáneo está el español Pascual Serrano, cuyo libro Desinformación sorprendería a los que aún se zambullen en los medios prestigiosos para enterarse de lo que pasa. Pero no es el único. No sólo se pueden encontrar libros que desmontan las grandes mentiras de la historia, sino también sobre las tretas que utilizan para condicionar el pensamiento del espectador.
Así es: aunque muchos consideren autónoma la actividad de su sesera, no hay que olvidar con qué se alimenta cotidianamente. Los datos nos permiten construir argumentos y arribar a conclusiones pero, si son erróneos o falaces, el resto también lo será. Lo falso que se destaca, lo veraz que se oculta, los prejuicios validados como norma, la interpretación de un sector presentado como mirada única. Todo servido en una tentadora bandeja para que el espectador sacie su conexión con el mundo. En lugar de honrar esa responsabilidad, los medios hegemónicos la malversan a diario.
Algunos pueden objetar la idea de la manipulación sin embargo, muchos objetores han actuado en otras ocasiones como manipulados. ¿O acaso no han salido a las calles para cacerolear en contra de Cristina ante cualquier insignificancia? Lo han hecho en demanda de seguridad y hoy, que se producen tantos delitos como el año pasado, el problema ha pasado a un tercer lugar en las preocupaciones del ciudadano. ¿Por qué? Porque aquellos canales que machacaban todo el día con el tema hoy apenas si mencionan algunos hechos. La sensación de inseguridad –idea tan denostada en su momento- ya no es funcional a los intereses del establishment. Si a Cristina le hubieran descubierto cuentas en paraísos fiscales habrían promovido una rebelión ciudadana para exigir su renuncia. Hoy, que tanto Macri como muchos de sus funcionarios están incluidos en los Panamá Papers, evitan en lo posible hablar del asunto o lo toman con naturalidad.
Y los políticos se nutren también de estos libelos, por coincidencia ideológica o conveniencia electoral. Entonces, se suman a la ola manipuladora y se han convertido en caceroleros con cargo. Para ser invitados permanentes en los programas, tienen que generar la mayor cantidad posible de titulares, siempre orientados a demonizar al anterior gobierno. Los personajes son muchos, pero la intención es la misma. Héctor Méndez ha inmolado su figura con la metáfora de los desaparecidos y Margarita Stolbizer liquida su poco prestigio minimizando el incidente del fiscal Marijuán. Todo vale con tal de no perder pantalla. Así, se vuelven actores de las comedias que pergeñan las usinas de estiércol para apuntalar los intereses del establishment.
Los ejemplos sobran. Clarín y sus medios electrónicos, junto a todos los que bailan a su ritmo han sido destituyentes desde la asunción de Cristina y hoy son oficialistas. Y esto con el disfraz de independientes y objetivos, agravado con la tergiversación y las falacias con que abonan sus contenidos. Como no hay ley que los detenga, sólo el público debe activar los filtros o al menos, empezar a desconfiar. Y, por las dudas, no repetir los prejuicios transformados en lemas que a diario intentan sintetizar la vida sin analizarlos un poquito. Más que nada para no quedar como marionetas accionadas a fuerza de titulares.

lunes, 27 de junio de 2016

¿El momento de la autocrítica?



Mientras el gobierno amarillo insiste en integrarse a un mundo que se desintegra por sus fracasos, el FPV se desgrana para desorientar aún más a sus seguidores. Cuando más se necesita una oposición que defienda los derechos de los más vulnerables y las conquistas históricas de estos años, una especie de complejo de inferioridad se expande como una pandemia y contagia a todos los integrantes del kirchnerismo. Y la demanda de una autocrítica está en boca hasta de los que no forman parte del frente, no tanto para alentar su resurgimiento sino para contribuir a su sepultura definitiva. ¿Qué autocrítica debe hacer el proyecto que logró reducir a la mitad la pobreza de principios de siglo, que bajó la desocupación hasta niveles nunca vistos, que duplicó la actividad industrial, que produjo un crecimiento constante del PBI, a pesar de la crisis internacional, que disminuyó la desigualdad a pesar de las protestas y celadas de los sectores más ricos y egoístas de nuestra economía? ¿Qué autocrítica debe hacer el gobierno que logró disminuir la deuda que nos asfixió desde el retorno a la democracia? ¿No deberían hacer autocrítica los que contribuyeron a que el exponente de la oligarquía empresarial más rancia y corrupta se haya convertido en presidente?
Desde el resultado del balotaje algunos sectores están reclamando un mea culpa como si la derrota hubiera sido pasmosa, pero ante una diferencia tan ínfima el derrotado no debería estar herido de muerte. Sin embargo, parece estarlo. Si Scioli hubiera ganado por tan escaso margen no estaría gobernando con la tranquilidad con que lo hace Macri. Y no por exceso de pericia, precisamente. Al contrario, hasta uno de sus ministros se da el lujo de reconocer que “están aprendiendo”, después de haber producido un descalabro económico y social con el sinceramiento de las tarifas en los servicios públicos. Con el escaso margen con que ganó, el empresidente nos ha integrado al mundo con una deuda superior a los 30000 millones de dólares sólo para contentar a los buitres y facilitar la fuga de divisas. Y después vienen a hacer cuentas con todo lo que se podría hacer con los nueve millones de López. Si el regalo que el Gran Equipo realizó a los carroñeros más atroces se hubiera invertido para el desarrollo no habría ningún túnel y no estaríamos contando los semestres. Después vienen a exigir autocrítica los que en seis meses deprimieron el mercado interno y firmaron el acta de defunción de la producción nacional.
Con forzada modestia, algunos dirigentes del gobierno de Cristina han reconocido algunos errores, pues no se puede ser perfecto durante doce años de gestión. Pero ese esfuerzo es en vano: el kirchnerismo no ha sido denostado por sus errores, sino por sus aciertos. Y la derrota en las urnas no se debió a un error en la estrategia de campaña: la abundancia de falacias y dicterios en los medios hegemónicos y la cobardía de algunos políticos que se sienten más cómodos como opositores todo terreno antes que enfrentar al establishment hicieron tal milagro.
Un mecanismo perverso
Como con lo de Lázaro Báez estaban saturando a la teleaudiencia, Lodelópez llegó para potenciar el rating, justificar los estragos y reforzar los prejuicios. Ahora alternan entre uno y otro hasta que encuentren un arrepentido que pueda arrastrar a Cristina hasta la puerta de la cárcel, al menos mediáticamente. Para eso está la nueva ley, para convertir a los Elaskar, Fariña o Lanatta en impartidores de justicia televisiva. Para que un imputado en un delito venda cualquier verdura en pos de reducir su pena, aunque su testimonio no tenga valor jurídico alguno. A las enloquecedoras usinas de estiércol no les interesa lo que pase en Tribunales, mientras consigan embarrar lo más posible a La Presidenta y sus más emblemáticos funcionarios. Ni tampoco les interesa la transparencia, sino poblarían sus pantallas con las oscuras historias de los miembros del Gran Equipo: buitres encubiertos, fugadores seriales, especuladores incorregibles, coimeros a destajo y apologistas de un Estado mayordomo encargado de servir el festín.
Una vez que la ley del Arrepentido esté promulgada, la cadena nacional del monopolio y sus laderos poblarán las pantallas con una versión 2.0 de la proscripción de otros tiempos. Quienes duden de esto, sólo deberán calcular cuánto espacio han dedicado a alguien que se arrepintió hace ocho años y presentó documentación que prueba evasión y fuga de divisas por millones de dólares. Seguramente, gran parte del público cautivo ni sabe quién es Hernán Arbizu, un ex funcionario del JP Morgan que se inculpó para revelar una trama de corrupción que vacía en serio nuestras arcas. El juez Sergio Torres y el arqueólogo Guillermo Marijuán tienen esta causa desde el principio y recién ahora extraen los expedientes de los cajones, pero no para indagar a los principales empresarios que están involucrados en esta maniobra, sino para avanzar contra los hijos de Lázaro Báez. Otro tanto ocurre con Herve Falciani, que aportó información sobre 4040 cuentas de argentinos no declaradas en el HSBC Suiza. La justicia local, encarnada en el inefable Claudio Bonadio, en lugar de inculpar a los fugadores sólo imputa a Ricardo Etchegaray por haber vulnerado el secreto fiscal.  
Los jueces tampoco hacen autocrítica por las tropelías que cometen con sus ficciones procesales, porque el fin que persiguen no es impartir justicia, sino desterrar al kirchnerismo para que los amos puedan saquear el país a su antojo. Cuando deben procesar a los exponentes del poder real tratan de estirar los plazos y congelar las causas, sobre todo aquellas que incluyen delitos de lesa humanidad durante la dictadura. El único objetivo que cumplen es el de alimentar la perversión informativa del Monopolio y sus replicantes. Desde esas usinas de estiércol señalan el blanco y los obedientes peones judiciales hacen rodar los mecanismos de los tribunales por hechos absurdos, como la causa de dólar futuro.
Y vienen a exigir autocrítica los que deberían vivir avergonzados por los estragos producidos en nuestro país en los últimos cuarenta años, alentando secuestros, torturas y desapariciones, condicionando presidentes y demonizando un proyecto que intentó poner las cosas en su lugar. A los corruptos disfrazados de puristas no les interesa combatir la corrupción, sino hacer un uso exclusivo de ella. Tampoco les importa cómo vive la mayoría de la población, mientras puedan tener sus arcas saturadas. Unos 300 mil millones de dólares descansan en cuentas a nombre de argentinos en distintos paraísos fiscales. Y esas cifras no se alcanzan con trabajo, esfuerzo o sacrificio sino con un sistemático escamoteo de nuestros recursos.
En realidad, deberíamos instaurar la Semana de la Autocrítica pero no para rasgar nuestras vestiduras y flagelar nuestros lomos, sino para dilucidar por qué nos hemos dejado embaucar por los enemigos de siempre.

jueves, 23 de junio de 2016

La Patria no tiene vallas



Rosario no olvidará fácilmente la mancha que Macri ha dejado en el Monumento a la Bandera. El Patio Cívico vallado, la invasión de gendarmes y los francotiradores apostados en el palacio Vasallo –donde funciona el Concejo Deliberante- serán las postales de un 20 de junio infame. Los pibes, alentados por organizadores fuera de cámara, gritaban un “sí se puede” que no comprendían, mientras padres y maestras miraban desconcertados tamaña manipulación. Dicen que una piedrita intrépida golpeó la combi del empresidente y eso desató el salvajismo de las fuerzas de seguridad. Eso dicen, pero ambos hechos estaban separados por más de cinco cuadras, con la Catedral y la propia torre del monumento en medio del trayecto. Una mentira más de este cambio que se está transformando en una atroz pesadilla de la que nos costará mucho despertar.
En los primeros seis meses del año, la Cuna de la Bandera vio cerrar más de 1500 negocios. El aumento de los alquileres, el tarifazo en los servicios y la abrupta caída de las ventas provocaron que muchos deban abandonar sus emprendimientos. Empleados y dueños buscan otras formas de llenar la olla, aunque la recesión desalienta cualquier idea. Nuevos taxistas a los que hay que guiar en los recorridos más sencillos y largas colas de desesperados aspirantes en los pocos lugares que ofrecen alguna posibilidad de trabajo ya forman parte del paisaje cotidiano. Las calles del centro vuelven a poblarse de vendedores ocasionales y de ojos tristes que claman por alguna monedita. Las organizaciones que brindan asistencia a las personas en situación de calle señalan que la demanda es creciente. Umbrales y recovas vuelven a convertirse en dormitorio de los que no tienen dónde pasar la noche. La Revolución de la Alegría está entristeciendo bastante.
Y no sólo en Rosario comienza a advertirse esta forzada crisis. El fin de semana extra largo resultó bastante modesto para los que esperaban recaudar algo con la actividad turística. Según la CAME, la ocupación hotelera se ubicó entre el 40 y el 75 por ciento y sólo se movilizaron 610 mil turistas por todo el país. En los años anteriores, el día de la Bandera cayó en sábado o domingo pero en 2013, que fue viernes, el fin de semana largo registró el doble de turistas. Semejante caída preocupa a los operadores del sector que no esperan salvarse con las vacaciones de invierno.
La capacidad de ahorro de la clase media se vio vulnerada por la inflación, que ya acumula un 26 por ciento en los primeros seis meses del año. La Dirección de Estadísticas y Censos de la CABA estima que una familia tipo sin casa propia necesita casi 20 mil pesos para la canasta de consumo. El sueño de los ideólogos PRO se está cumpliendo: los sueldos medios sólo deben alcanzar para lo básico. Lo demás es una ficción. Si la clase media apenas llega, duele imaginar a los que están algunos escalones más abajo. “Sí se puede” gritaban los pibes alentados por los asistentes amarillos. Sí se puede caer más bajo, donde ya hemos estado a principios de este siglo, mientras seguimos esperando una lluvia de dólares que difícilmente se producirá.
Un túnel cada vez más largo
En su último informe sobre inversión extranjera, la CEPAL anticipó que la recesión y la caída del mercado interno desalientan la orientación de nuevos capitales hacia nuestro país. Lo único que vendrá en el segundo semestre, al igual que en el primero, serán esos flujos especulativos que se ven tentados por las altas tasas de interés. El blanqueo tampoco se convertirá en un impulso para la economía doméstica porque no incluye la repatriación y la contribución es muy baja. Encima, la reparación para los jubilados vip encierra una trampa que dejará a la ANSES al borde de la quiebra: las cifras a pagar y las acciones a vender. Haberes superiores a 100 mil pesos para trabajadores que cobraban menos de diez mil y retroactivos calculados en la Corte para los amigos de siempre. Y la recaudación caerá no sólo por la recesión sino también por la renuncia del Estado a cobrar más a los que más tienen. El combo perfecto para seguir endeudando al país y beneficiar a los especuladores internacionales.
“No creo en el sacrificio, pero sí en el esfuerzo”, tartamudeó Macri en el Monumento a la bandera, mientras con sus medidas clasistas sacrifica a gran parte de la población que creyó en sus increíbles promesas para beneficiar a un puñado de privilegiados. Después de asegurar su creencia en la verdad, el empresidente recitó una de sus mentiras favoritas, desmentida hasta por sus propios funcionarios: que no se ha creado empleo en los últimos cinco años. Y otra vez prometió la patraña de la pobreza cero, en la que ni Marcos Peña cree. Tanto criticar los actos patrios de Cristina, que se convertían en cátedras de historia y política, el ocupante ocasional de La Rosada sólo logró un pálido remedo de sus peores alocuciones de campaña. Apenas eso le dedicó a la bandera.
Claro, confía demasiado en la protección mediática y en las operetas magnificadas que entretienen al público cautivo. Hasta que se pueda desentrañar su verdadera naturaleza, Lodelópez servirá para tapar el infierno que el Gran Equipo está produciendo. El intento de coima a los policías no fue denunciado por ninguno de ellos y no forma parte del expediente de la fiscal Alejandra Rodríguez. Si así fuera, tendría que abrir una causa por cohecho y no hay nada de eso. La excusa para ascenderlos ya no existe y no podrán brindar un nuevo capítulo de esta telenovela. Quien frenó esta iniciativa fue el senador bonaerense Jorge D’Onofrio, del Frente Renovador, que aseguró que la demora promedio de las patrullas es entre diez y treinta minutos por lo que “nos pareció raro que aparecieran a los dos minutos”. Y lo más raro de esta jugada es que los representantes de Cambiemos en el Parlasur se abstuvieran de suspender o expulsar a José López de ese organismo, cuando el artículo 30 de su reglamento así lo dispone. Cuando este acto se desmorone, encontrarán uno nuevo que les permitirá continuar con sus fechorías.
Raro, pero por ahora es efectivo este nuevo episodio de distracción que impide que muchos que aún no padecen las consecuencias de la gestión amarilla se preocupen por cosas realmente graves. Los errores de Aranguren en beneficio de sus socios, el rol buitre del presidente del Banco Nación, la fuga de capitales de la que ni se preocupan, el crecimiento de la emisión monetaria que niegan y el tercer semestre que no existe. Cuando las aguas pestilentes de esta artificial crisis lleguen a los umbrales de los aún ilusionados con el cambio ya será tarde para rehuir de sus hedores. Y la bandera que nos envolverá a todos no será la celeste y blanca, sino otra que nos terminará asfixiando.

lunes, 20 de junio de 2016

Lo que López nos dejó



A partir de Lodelópez se fabricarán muchas excusas. Detrás de ese inverosímil episodio se tenderán miles de trampas. No sólo resulta funcional a los prejuicios que pregona el discurso hegemónico, sino que permitirá a la oligarquía gobernante saquear nuestro país a su antojo, como ya lo está haciendo. No es que sus integrantes no lo hayan hecho hasta ahora, sino que continuarán acumulando fortunas con mayor impudicia. Gracias a López, le sacarán el jugo al cheque en blanco que algunos distraídos han firmado y seguirán profundizando la desigualdad. Como buenos carroñeros, estas fieras olfatean la muerte del kirchnerismo, tantas veces anunciada. Durante un tiempo, podrán saciar su avidez y blanquear sus inmundicias con leyes a medida. Pero los que bregamos por un país para todos no abandonamos nuestros sueños, aunque debamos cambiar el nombre al proyecto que los convertirá en realidad.
Para sorpresa de muchos, a Macri le está yendo muy bien en su gobierno. Tan bien que hasta parece un espectáculo minuciosamente ensayado. Todos los actores entran al escenario y cumplen su papel sin fallar en una coma. Hasta los incidentes parecen piezas de un mecanismo complejo. Después de su apretado triunfo en el balotaje, nadie anticipaba tanto control. Con tan poca diferencia, el presidente impensable parece manejar los hilos de los tres poderes con una precisión de relojería. Por supuesto, no es por su capacidad ni por el 51 por ciento de los votos que ha logrado tal milagro. La facilidad con que Macri concreta sus planes se debe a que el establishment está bien representado y sus exponentes han copado La Rosada. Por eso nadie se preocupa por la grieta, aunque cada día se ensanche más. Ahora todas las instituciones se ordenan en función de las apetencias de los sectores más ricos del país.
Tan bien le está yendo a Macri que el escándalo de los Panamá Papers -que en otros países provocó renuncias y cimbronazos- pasó sin pena ni gloria. Tan bien le está yendo a Macri que sus omisiones maliciosas se transforman en inocentes olvidos. Como cuando uno encuentra unos pesos en un rincón del cajón, los 18 millones quedaron como la travesura de un playboy. Y la burla, siempre presente, como un abuso de la protección mediática: “soy el político que más transparencia ha tenido sobre su situación personal, siempre he declarado todo”. Salvo las cuentas off shore en paraísos fiscales, entre muchas cosas ocultas de su patrimonio; como si alguien pudiera creer que uno de los empresarios más ricos sólo tiene 110 millones de pesos.
Al gobierno de Macri le está yendo bien; mejor de lo que él mismo esperaba. Incluso las reacciones adversas no se hacen visibles y parecen episodios aislados: apenas respuestas de grupúsculos indómitos que se resisten al cambio. Sin embargo, aunque las pantallas entretengan con las locuras del ingeniero López o las siliconas del Bailando, el descontento crece y la alegría está cada vez más lejana.
La fiesta de unos pocos
Una atrocidad se convierte en hábito en estos tiempos amarillos: vallar los espacios públicos. La celebración del 20 de junio encontró al Monumento a la Bandera vedado para gran parte de los rosarinos. El empresidente –como buen clasista- no se lleva bien con la chusma y sus actos necesitan asistentes controlados, como extras examinados en un riguroso casting. Jamás se ha visto que efectivos policiales soliciten documentos y autorizaciones para permitir el acceso al lugar donde Belgrano izó por primera vez la Enseña Patria. Hasta estuvo prohibida la venta de choripanes en la zona. Aunque pueda parecer un exabrupto, ni siquiera en tiempos de la dictadura pasaban estas cosas. Claro, la poca asistencia de otrora era un rechazo a los uniformados que habían copado el mando. Ahora son muchos los que quieren estar ante Macri, pero no para expresar su amor, precisamente. Y eso es lo que temen los organizadores: que miles de rebeldes arruinen la postal del simulacro patriótico.
Entonces, a pesar de que al gobierno de Macri le va muy bien, a los que deberían ser sus representados no les pasa lo mismo. Algunos ya estarán padeciendo el desempleo, el deterioro de su salario o el tarifazo. Otros se sienten cercados por esas amenazas. Y los que están seguros con sus ingresos y la posición obtenida perciben un ambiente denso en su entorno. Sólo los confundidos pueden interpretar los padecimientos ajenos como un mal necesario para la salvación eterna y -enturbiado su entendimiento- aplauden junto a los insensibles que parecen disfrutar el tortuoso experimento amarillo.
Ensayo que incluye todas las recetas probadas en la dictadura, en los últimos tiempos del gobierno de Alfonsín, en la ominosa década del menemato y en la agónica farsa de la Alianza, todo en un comprimido diminuto y de una sola toma. La única dosis contiene una bestial transferencia de recursos hacia los sectores más beneficiados, a los que no necesitan ni un centavo si su deseo es contribuir al desarrollo del país. A pesar de que les sobra para hacer crecer a un continente, siempre piden más en pos de una promesa que ni piensan cumplir.
Los grandes empresarios, productores y financistas no hacen más que reclamar ventajas para sus negociados, subsidios, quitas de impuestos, devaluaciones, reducciones salariales y devaluaciones como condición necesaria para soltar algunas monedas cada tanto. Miserables que miran en su entorno, dispuestos a pisotear las cabezas que traten de elevarse más de lo admisible y estallan de rabia si el Estado destina recursos para los que menos tienen. Ellos, estafadores, evasores y fugadores seriales, envueltos en sus elegantes trajes y carísimas fragancias, califican como corruptos a los que intentan seguir sus pasos. Ellos, que no necesitan leyes porque tienen todo el poder, presionan al Congreso para que legitimen su vampírica acumulación y conminan a los jueces para que limpien sus prontuarios. Ellos, que no necesitan gritar porque son los patrones, tienen en sus manos todos los medios para convalidar su mezquino ideario. Ellos, que nunca pierden, siempre se muestran como víctimas. Ellos son los que festejan cuando el pueblo está más triste. Ellos explotaron, bombardearon, fusilaron, desaparecieron, reprimieron. Por Ellos, un país que produce alimentos para 400 millones de personas no puede alimentar a 40. Por Ellos, todo es desigualdad, miseria y corrupción. Por Ellos estamos a punto de vivir viejos dramas. Para Ellos gobierna Macri, que forma parte de ese nocivo Ellos.

Globos para el arbolito

El clima de esta época es agobiante y no por la proximidad del verano , precisamente. Además de la avidez propia de los angurrientos, los P...