miércoles, 21 de agosto de 2013

Harto ya de estar harto



El simulacro que supimos conseguir
Todavía no ganaron y ya están asumiendo. Aún no asumieron y, excitados por el clima de conspiración, ya se están desuniendo. De acuerdo a la orden dictada por el Gran Titiritero, están generando El Caos. No todos, sino algunos. O mejor dicho, unos se encargan de agitar por aquí, otros por allá y el resto, por acullá. Es la magia de la televisión destituyente que organiza la realidad para hacerla inmanejable. El periodista Jorge Lanata, convertido en denunciador compulsivo de ficciones dudosas, aporta lo suyo para confundir a los confundidos y alimentar a los prejuiciosos. Entre el show dominical y la febril tertulia del lunes por la noche, reconstruye sus mentiras a partir de correcciones falaces. Y no importan las contradicciones en que incurre: total, el público no las advierte o las ignora. Si hasta Margarita Stolbizer se exhibe como la manipulada perfecta y realiza declaraciones ardientes para manchar de sospechas a La Primera Mandataria. Sin pruebas y con mucha incoherencia, El Grupo la ha declarado culpable y debe cumplir la sentencia. Por ahora, es un ostracismo verbal. Mientras tanto, están operando para convertirlo en efectivo. 
Desde el 11 de agosto, el triunfalismo los embriaga casi al límite del coma. Alucinados por el aroma del golpismo, se arriesgan a todo para recuperar posiciones. Ansiosos por cambiar de película, oprimen todos los botones del control remoto, enloqueciendo cualquier aparato. Como bestias famélicas, muestran los colmillos pestilentes, prestos a dar una dentellada letal. Con la seguridad de que sus fábulas serán íntegramente creídas, pueblan las pantallas de absurdos mimetizados como investigaciones profundas y análisis sesudos. Lo de siempre, pero con más saña. Lo que han hecho desde que comenzaron a ser poder: condicionar a los gobiernos democráticos o derrocarlos. La misma duda existencial que nos atraviesa desde los orígenes de nuestro país: gobierna el Pueblo a través de sus representantes o las corporaciones con sus cómplices, laderos, sicarios y siervos.
Aunque parezca exagerado, el resultado de las PASO se convirtió en la bandera de largada para una carrera de los Autos Locos, el cartoon que deleitaba a muchos en una infancia lejana. El que oficiaba de villano, Pierre Nodoyuna, de tan malo, tramposo y ladino, resultaba simpático. Ni hablar de Patán, el perro que celebraba con burlonas risas los fracasos de su amo. Después protagonizaron sus propias series, con resultados adversos. Eso sí: por más que idearan las más sofisticadas trampas, siempre resultaban perjudicados. La moraleja fortalecía la idea de que la competencia debía estar basada en la honestidad y quien incumpliera con esa regla básica estaba condenado a perder de la peor manera. Algunos no aprendieron esa lección tan elemental de los dibujos animados y se lanzan a la carrera democrática buscando atajos y disponiendo celadas. Eso sí: nuestros villanos vernáculos carecen de simpatía y no tendrán la oportunidad de protagonizar otra serie. Si fracasan ahora, será para siempre. Por eso recrudecen sus embates. Por eso se exponen a representar las más inconsistentes parodias. Por eso se muestran con su más espantosa desnudez.
La opereta de Seychelles comenzó el domingo y aunque era inconsistente desde el arranque, el reciclado diario ya la hace insostenible. En la reconstrucción de estos días hasta confunden las fechas y, según el diario Clarín, estuvo en esa zona en marzo, no en enero. No importa, el lector aportará lo suyo para creer el cuento. No hay verdad que valga mientras logre incrementar la desconfianza como la principal excusa para desmoronar este proyecto. Si la corrupción funciona como misil para horadar la legitimidad, bienvenida sea. Y si no se encuentra, habrá que inventarla. Entonces, de ahí en más, todo es un invento. La sobreactuación de los investigadores y analistas agrega drama al ridículo. Si el Gobierno Nacional no responde a las acusaciones, resultará culpable de ellas. Y las respuestas serán interpretadas como feroces ataques que vulneran la libertad de expresión. De tan reiterada, esta treta resulta pueril y los que se prenden de ella merecen ser subestimados.
Lo mismo ocurre con el diagnóstico del doctor Castro. El síndrome de Hubris no está reconocido por la OMS y parece ser un trastorno inventado por psiquiatras de derecha para desautorizar a mandatarios de izquierda. Si uno revisa los síntomas, parecen las características propias de cualquier presidente que quiera modificar el estado de las cosas. La única cura es la destitución o la renuncia, cuando la obediencia no da resultados. Michel Foucault ya lo había anunciado en su lección inaugural de principios de los setenta. Uno de los mecanismos que utiliza el Poder para expulsar o impedir el acceso al discurso dominante es el de la locura. Desde la asunción de Cristina, su salud mental se encuentra en constante examen mediático. Los primeros días de enero de 2008, los medios comenzaron a hablar de sus dificultades para madrugar, del trastorno bipolar, de sus exaltados discursos, de su mirada extraviada y vaya a saber uno cuántas estupideces más. Todo para neutralizar su palabra, que es lo que busca la acusación de locura. El loco no merece ser escuchado y menos aún ocupar el Poder Ejecutivo.
Los mensajes mediáticos de mayor llegada se han transformado en una cadena de mitos a la medida de los que quieren retomar el control del país. Periodistas, políticos, jueces y demás integrantes del siniestro ballet se sacuden al ritmo de la angurria minoritaria. Cada uno desde su quehacer apuntala el discurso destituyente y amplifica las descalificaciones. El resultado de las elecciones primarias los envalentonó y la fecha dispuesta para la resolución de la constitucionalidad de la LSCA los compele a sacar los ases de todas las mangas posibles. Así estamos y así estaremos, a merced de los sacudones de esta bestia que se resiste a la democracia.
Traidores y distraídos habilitaron este despliegue con el despreocupado voto del 11 de agosto. Menos mal que por ahora todo es un ensayo. El escenario puede ser diferente en octubre. Debe serlo, porque de lo contrario, lo que ahora es una muestra se convertirá en la más cruda realidad. Y ya sabemos: nos cuesta mucho escalar pero es fácil resbalar a los abismos conocidos.

lunes, 19 de agosto de 2013

Una campaña mediática para aniquilar un país



Carroñeros que perdieron todo límite
No del todo superado el impacto por los números del domingo, se hace imperioso zambullirse en las variables que los hicieron realidad. Mientras tanto, los operadores triunfantes continúan haciendo lo que mejor saben: confundir, mentir, distorsionar, amenazar y, sobre todo, festejar. Y lo seguirán haciendo hasta el 27 de octubre, la fecha dispuesta para las elecciones definitivas. Y aunque los números sean más favorables para el oficialismo nacional, continuarán con su prédica pestilente, negando la realidad, empozoñando el ambiente con su accionar anti-político y horadando cualquier legitimidad. Porque no son políticos los que triunfaron. Los que más celebraron la noche del domingo no se aglutinan en ningún partido de la oposición, sino detrás de una usina de dicterios que no se lleva bien con la democracia, sobre todo cuando no está al servicio de malsanos intereses. No atañe el nombre del candidato a coronar mientras se posicione como adversario del kirchnerismo; tampoco las propuestas que presente a la sociedad. Lo que más importa es que se comprometa a destruir la relación que parecía indisoluble entre Cristina y sus seguidores.
No hay que desesperar. Las primarias pueden considerarse como un ensayo, pero no sólo para los candidatos, sino también para los votantes. Desde el lunes, los que nos consideramos parte de este proyecto estamos padeciendo lo que sería el futuro sin kirchnerismo. La soberbia inexistente que tanto denunciaron desde los libelos mediáticos ahora reina en los estudios de televisión. Las sonrisas socarronas abundan en todas las pantallas. En la cadena mediática ilegal abundan los análisis políticos y psicológicos que no buscan corregir un rumbo, sino torcerlo hasta la ruptura y así tener vía libre al saqueo neoliberal que tanto añoran. La seguridad del que cree tener razón es la más absurda de las ostentaciones. Que estas imágenes sirvan para aquellos que, a pesar de simpatizar con el proyecto K, votaron otras opciones pensando que así mejoraban el equilibrio del poder. Que este simulacro de derrota haga reflexionar a los que repararon su situación económica a lo largo de estos diez años pero confiaron su voto a quien promete un retroceso. Que este escenario de suplentes danzantes aparezca como una postal del horror que se nos puede venir con resultados como éstos. ¿No es masoquista votar algo diferente de lo que nos ha beneficiado?
Muchas personas dirán que los principales problemas del país son la inseguridad, la inflación y la corrupción. Difícil resolver estos temas planteados desde la abstracción. Instalar absolutos como asuntos de agenda política es la mejor estrategia para no encontrar jamás una salida. Buscar la perfección es un camino ideal para futuras frustraciones. La inseguridad tiene como meta el opuesto absoluto, que es la seguridad, algo imposible porque un solo caso la refutaría. Más que buscar la seguridad, hay que disminuir los delitos y para eso es necesario actuar sobre las condiciones que los hacen posibles y pugnar por la inclusión, el control político de las fuerzas policiales, de la Justicia y del sistema carcelario. Pero poco se podrá hacer con un sistema de medios que amplifica cada caso hasta la pandemia y lo presenta como peligro latente del que todos podemos ser víctimas. Planteado en estos términos no es una negación del problema sino la instalación de un poco de racionalidad para diseñar posibles soluciones. Quizá un primer paso sería desechar aquellas medidas de emergencia que muchos candidatos vociferan sin sentido, como la multiplicación de las penas o la militarización de las calles. Demagogia pura que produce gran impacto mediático pero nulo efecto real.
Algo similar ocurre con la tan mentada inflación. La reducción del asunto a un titular o una consigna es la mejor forma de instalarlo más como una fobia que como una realidad. Aunque el incremento de los precios rondara cifras cercanas al cero, seguirían asustando con ese fantasma que tanto daño nos ha hecho en otros tiempos. Porque hablar de inflación sin incursionar en sus causas es una práctica dañina. Que el INDEC manipule el IPC no es la causa del aumento de los productos. El número que se difunde mes a mes no tiene como objetivo señalar lo que gasta de más el consumidor en sus compras cotidianas, que de tan diversas son imposibles de clasificar. En todo caso, habría que poner el foco en las empresas que son formadoras de precios, sobre todo las que concentran gran parte de la producción de artículos de la canasta básica. Una economía en pocas manos siempre significa un peligro. ¿Apoyarían estos medios medidas que apunten a controlar la formación de los precios? ¿Qué dirían de sanciones hacia estos grandotes que sólo buscan apropiarse de gran parte del salario de los trabajadores? ¿Cómo reaccionarían ante la aplicación de las leyes anti-monopólicas? ¿Con qué titulares adornarían las tapas si el Gobierno Nacional interviniera una empresa sospechada de especulación? Profecía: se pondrían en contra, por supuesto. Y organizarían cacerolazos espontáneos para defender la libertad de mercado. Para ellos, la inflación se produce porque el Estado gasta dinero en planes sociales para los negros vagos y militantes de La Cámpora.
Y por la corrupción, claro está. Esas acciones que se producen en los rincones más ocultos del poder, donde la mirada del ciudadano no puede llegar. Basta un solo caso para deslegitimar a cualquier gobierno, siempre y cuando tenga una amplia difusión por los medios interesados. Con la denuncia mediática alcanza para desmoronar todo proyecto, sobre todo cuando se insiste en una sola dirección. No importa que el caso quede en la nada, como la famosa bóveda de cartón prensado o la añeja amistad del vicepresidente con alguien a quien no conocía. La machacona denuncia desde los estudios televisivos y radiales y la congelada presencia en los pasquines impresos construyen una desconfianza a perpetuidad que socava la democracia hasta el aniquilamiento. Más aún cuando la resolución del caso se prolonga en el tiempo. No importa que dentro de dos años un juez perezoso desestime la causa cuando ya nadie se acuerde. El impacto de la denuncia se produce hoy porque el periodista que la difunde con el rostro arrebatado por la indignación republicana se transforma en el juez que dicta sentencia ante las cámaras.
¡Cuántos habrán votado el domingo influenciados por tanto humo televisivo! ¿Cuántos hablarán hoy del viaje de La Presidenta cargada de valijas con dinero K? ¿Cuántos se considerarán expertos en síndrome de Hubris y analizarán cada gesto de Cristina para diagnosticarla? ¿No es enloquecedor ir tras la agenda de unos medios que sólo buscan enloquecernos?
Por ahora, están ganando. Ya consideran que La Presidenta es parte del pasado. En estos días, los sicarios se regodean porque dan por sepultado un proyecto que recién está comenzando. El domingo, muchos distraídos o confundidos ayudaron a que la oscuridad nuevamente nos amenace. Si lo hicieron como ensayo o chiste, ya pueden comprobar cuánto daño pueden causar si en octubre confirman esa decisión. Ya no serán víctimas de la manipulación mediática, sino cómplices de la destrucción de este sueño.

sábado, 17 de agosto de 2013

Los suplentes y sus reacciones



Un episodio decisivo a la vista
El poder de Sergio Massa todavía no apuró la germinación de la semillita, pero sí logró resucitar a Chiche Duhalde, aunque no alcanzó para incrementar su inteligencia ni suavizar su corazón. En una respuesta vehemente a unos mensajes de Cristina, la ex primera dama del presidente de prepo hizo gala de su vetusto no-pensar. Nada para sorprenderse, pero su reaparición para el ridículo suena desconcertante. Eso sí, detrás de tanta sandez hay algo de coherencia que está en sintonía con los planes del establishment. Ansiosos a más no poder, los personeros del Poder Fáctico mandan a cualquiera de sus sicarios para enlodar la escena. Porque nadie en su sano juicio diría a esta altura del partido lo que Chiche ha dicho respecto al rol de la mujer en la política y en todos los ámbitos de la vida. Si lo dijo fue para llamar la atención y que se escuche lo que en realidad quería decir. Quedarse en la superficie de sus palabras es no comprender lo crucial de estos tiempos. Un mensaje oscuro para enviar contenidos más oscuros aún. El miércoles, en cambio, La Presidenta fue más clara. Su “quiero hablar con los titulares, no con los suplentes” no se presta a demasiadas confusiones. Pero, como peces hambrientos, los suplentes de las listas se engancharon en cualquier anzuelo y salieron a responder a una invitación que no estaba dirigida a ellos. Y bueno, están en campaña y tienen que figurar, aunque sea de la peor manera. 
 “Es evidente que está atravesando un proceso de desequilibrio o falta de inteligencia emocional para darse cuenta de que no encuentra la solución”, dijo la señora Chiche, como si estuviera explicando la receta de un budín inglés. El significado de ‘inteligencia emocional’ quedará para su próxima lección, porque es mucho más complejo de lo que parece. Además, uno debe buscar una solución cuando está ante un problema y el resultado de las PASO podría ser, apenas, una advertencia. Sin embargo, Hilda recrudeció sus inconsistentes explicaciones con amenazas encubiertas. “El no reconocimiento de la derrota electoral y las cosas que dice la ubican en un lugar muy desgraciado para todos nosotros. Me preocupa porque le quedan más de dos años de gestión”. Sugestivo pensar quiénes son ‘todos nosotros’, ¿los de TN? Si a ella le preocupan los dos años de gestión que le quedan, bienvenido sea. Que alguien como ella esté preocupada es una buena señal para este colectivo.
Pero su mirada está puesta en un futuro que no verá: el tan mentado 2015. No porque le quede poca cuerda, sino porque no será como lo desea. Y no sólo ella. Como una Moira de la Antigua Grecia, pretende hilar las hebras del destino de nuestro país. Después de afirmar que, gracias a Cristina, ninguna mujer querrá aspirar a un cargo dirigencial, arremetió con fiereza: “me parece que tiene que entrar en el debate nacional si la mujer está preparada para ejercer la política per se, con sus características, con sus condiciones y convicciones, o si simplemente va a acompañar el proyecto de alguien”. Y sentenció, antes de cualquier debate: “la mujer no participa masivamente en política. Aún es más cosa de hombres”. Y lo dijo como si evocara los tiempos de su juventud, allá por mediados del siglo XIX, con pretendida inocencia. Lo que dejó dicho sin decirlo es más tenebroso: si Cristina llega a terminar su mandato, el próximo tiene que ser Un Presidente, porque entre los hombres se entienden mejor. Con todo lo que eso significa, por supuesto.
Que Cristina haya interpelado a los dueños del Poder Económico el miércoles en Tecnópolis, dejó descolocado a más de uno. Sobre todo por el juego que utilizó con eso de los titulares y suplentes. Algunos simularon estar ofendidos y otros sacaron el pecho, pero lejos de cualquier trayectoria. Horacio Rodríguez Larreta, Jefe de Gabinete de la CABA, se sintió invitado y aceptó gustoso. “Del lado nuestro, tanto del PRO como de Mauricio, diga lo que diga Cristina, siempre vamos a estar dispuestos al diálogo”, considerando el diálogo como un espacio para órdenes y exigencias. Pino Solanas, en cambio, rechazó de plano un convite que no recibió. “La verdad es que nosotros no iríamos. Nos encontramos ante una Presidenta que está negando las expresiones de la realidad y se coloca en víctima de no se sabe qué”, anticipó, confirmando que no entiende nada. Federico Pinedo, un diputado del PRO muy paquete pero poco lúcido, consideró que “en las democracias gobierna el pueblo a través de los partidos. En el fascismo corporativo gobernaban las corporaciones con el Duce”. Además, mentiroso porque en su ideario político la democracia debe estar al servicio de una minoría selecta.
Lejos de la postal que están distribuyendo los voceros del establishment, La Presidenta no se siente derrotada. Y no porque desconoce la realidad sino porque no lo está. Tampoco debe sentirse victoriosa. Los números del domingo no la han acobardado y eso es lo que más los desespera, porque la convocatoria al diálogo con los titulares de ninguna manera debe interpretarse como un gesto de sumisión a los personeros del poder. Por el contrario, es un desafío. No es una tregua ni un pacto pacífico que le garantice la gobernabilidad lo que busca La Primera Mandataria, sino un espacio donde se pueda hablar en serio sobre el destino del país. Y lejos de los laderos mediáticos y políticos, que, serviles, confunden todo y responden a intereses de personajes oscuros. Así es que, todos los que se apresuraron a rechazar esta interpelación de CFK quedan, una vez más descolocados. Por si no entendieron, ellos son los suplentes.
Ellos son los que encubren las intenciones de los que nunca dan la cara, los que disfrazan el camino al fracaso con recursos publicitarios, los que adornan con flores y guirnaldas el atajo que nos conduce al peor pasado. “El camino al infierno está empedrado con buenas intenciones”, los descubrió Cristina. Pero también esclareció sobre las recetas habituales del neoliberalismo. “Cuando te dicen que hay que gobernar con metas de inflación, piden un cepo a los salarios”, explicó una vez más. Y ella pone el cuerpo para que todos comprendan de una buena vez qué es lo que está en juego. Los que enfrentan a este proyecto son los que siempre se han beneficiado con las crisis y no aparecen en las listas con sus nombres, sino con los de sus emisarios. Los que siempre están ocultos difunden su prédica a través de los libelos con formato periodístico.
Y entonces, todos los caminos conducen a Clarín, que, como nunca, se ha constituido como el principal organizador de la oposición a este proyecto que promete desarticular su poder o perecer en el intento. Pero Cristina no convocó a ninguno de sus integrantes a este diálogo de titulares, porque con ellos no hay diálogo posible. Ellos sólo quieren obediencia y sumisión. La convocatoria de La Presidenta intenta aislarlos y dejar en evidencia sus intenciones destructivas. Y los convidados son los que también corren peligro con ese grupo dominante arremetiendo contra los intereses de todos.
El próximo encontronazo será el 28 de agosto, fecha que la Corte disfrazó de Audiencia para resolver la tan postergada constitucionalidad de la LSCA, la Madre de Todas las Batallas, por ahora. ¿Por qué no hizo esta jugada el año pasado, antes de su confuso fallo? ¿Por qué no resolvió de la misma manera la constitucionalidad de la ley que reformaba el Consejo de la Magistratura? ¿Por qué eligió el aniversario de la fundación del diario para esta cita tan trascendente? Tal vez, esta Corte errática también necesita compañía para tomar decisiones críticas, para destinar el golpe letal a una de las dos posiciones. Porque de ese encuentro sólo una saldrá triunfante: la legitimidad de las leyes que surgen de la voluntad del Pueblo a través de sus representantes o la avidez insaciable de los que siempre han succionado las riquezas de Nuestra Nación. Un paso al futuro o un tren fantasma al pasado. Una pena la tibieza del triunfo del domingo pasado. Todo sería más fácil si algunos no se dejaran confundir con tan poco.  

miércoles, 14 de agosto de 2013

Las PASO: el paraíso perdido



Pero el sueño puede recuperarse
Tras unos días de abatimiento por el resultado de las PASO, la mente debe focalizar su función para analizar lo sucedido y planear lo que se viene. Claro, se esperaba un número cercano al 40 por ciento a nivel nacional y sólo se rasguñó el 30. Tal vez haya sido un chiste para envalentonar a las fuerzas no-políticas opositoras, para acrecentar el ego de los operadores periodísticos, para que las fauces de los carroñeros se inunden de saliva. Si es así, todo bien. Total, esto puede considerarse como un ensayo para las elecciones definitivas. Ahora, si no es un chiste ni una celada, hay que encontrar explicaciones para comprender por qué en esta evaluación pública las cifras quedaron tan exiguas. Antes de avanzar es necesario aclarar que, de repetirse esta foto, el kirchnerismo no quedará en desventaja en el Congreso, aunque sí, un poco ajustado. Pero no es ése el apoyo que merece un proyecto que está comenzando a transformar en serio nuestro querido país. Sobre todo cuando desde los frentes opositores las propuestas no explicitadas parecen sugerir una bandera blanca –o una alfombra roja- tendida hacia los personeros del Poder Fáctico. Y ya sabemos lo que eso significa. Un largo adiós hacia muchas de las conquistas de estos diez años.
Un ‘¿qué pasó?’ enorme puede orientar este apunte, a riesgo de perderse en tortuosos caminos. Pensar que los choricitos de Binner o la ancha avenida de Massa resultaron argumentos más convincentes que los logros de esta década dejarían mal parados a muchos de los votantes. Considerar el problema sólo a la luz de la supremacía mediática de los carroñeros nos pone en desventaja en el corto plazo. De ser así, el universo de lo virtual derrotaría sin más al mundo real y entonces, no hay salvación posible. Los números son contundentes porque exhiben una merma hasta en aquellos distritos que se consideraban conquistados: sólo en diez provincias el FPV le dio sentido a su nombre. Tal vez el problema pasa por reducir la contienda a un solo escenario: la provincia de Buenos Aires y la CABA. El país es mucho más que ese 40 por ciento de población tan expuesto a los bombardeos mediáticos y a la ciclotimia crónica. Hay todo un país que está a la espera para entrar en la contienda. Aunque sea un dato menor, pero el FPV ha ganado con contundencia en dos lugares que desde los medios parecían mostrar una ruptura. Aunque esto evoca a un candidato que anunciaba haber triunfado en una mesa de Necochea en unas elecciones ya lejanas, en la Antártida logró un 53 por ciento y en la Comunidad La Primavera más de un 70 por ciento. Y eso que se esforzaron por dibujar conflictos donde no los había y hasta involucraron al Papa.
Algo pasó con algunos gobernadores aliados y en la intimidad de las provincias las cosas parecen tensas. Sólo diez distritos acompañaron a los candidatos oficialistas. Hasta los aliados de Neuquén tropezaron con las urnas. Para refutar ese deseo disfrazado de fin de ciclo, las cosas tienen que ser diferentes en octubre. O deberemos quedarnos con la idea de que gran parte de la población ya no soporta a Cristina, aunque suene un poco ingrato. O aguantar que, con miradas socarronas, algún transeúnte nos diga ‘perdió la loca’. O quizá debamos dejar que los de Unen pegoteen a Argen y Tina. Tal vez, en el fuero íntimo, nos sentimos complacidos al ver a los amarillos que bailan entre los globos que sostienen su gobierno o que Massa hable triunfante de semillas y arbolitos. O -de puro masoquistas- disfrutamos cuando los periodistas corporativos condicionan y amenazan a La Presidenta y hablen de una transición inexistente. ¿O acaso no es humillante que un candidato haya obtenido más del 40 por ciento de los votos en Santa Fe con sólo mirar fijo a la cámara sin ofrecer más que su evidente mediocridad y servilismo?
Los principales dirigentes del kirchnerismo simularon calma. “No hay que dramatizar”, dijo Daniel Scioli. Claro que nada es definitivo. En los dos meses y monedas que faltan para las elecciones definitivas habrá que realizar ajustes a algunas líneas de campaña y redoblar esfuerzos para convencer a los indecisos. Aunque es duro reconocer que los artilugios mediáticos triunfaron sobre los argumentos políticos. Y más aún cuando están sostenidos por algunos datos irrebatibles. Desconcierta reconocer que el humo del denuncismo y las promesas de honestidad pudieron hacer mella en este colectivo. Peor aún: gran parte de los votantes todavía no comprende que el conflicto es ineludible cuando se quieren transformar las cosas en serio. Cualquiera se siente tentado por un país con buenos sueldos, sin impuestos ni inflación, sin peleas, donde todos se sonrían y nadie –absolutamente nadie- tenga la intención de robar. Un paraíso donde todo funcione bien sin demasiados esfuerzos y nada se rompa ni choque, ni se caiga ni explote. Promesas melosas que encierran oscuras intenciones. A veces desalienta tener que explicar todo tantas veces.
Porque parece que muchos no escuchan. En la CABA votaron a los que acumulan más ausencias al Congreso. ¿No se enteraron o no les importa? ¿O la democracia transcurre en los estudios televisivos y no en las Instituciones? ¿No es un poco irresponsable votar a quién faltó a casi todas las votaciones? Parece que lo más importante para algunos es quién denuncia mucho y no quien gobierna mejor.
En el apunte anterior apareció un término sugestivo: la parrhesía. Una palabra que evoca un decir comprometido, descarnado, auténtico, que se opone a la retórica, el arte de disfrazar, engañar, extraviar. El parrhesiasta interpela a los que escuchan, los convoca a una cruzada, les presenta un desafío. El rétor sólo busca encantar, complacer, adular. El resultado de las PASO deja el sabor amargo de reconocer que los retóricos están ganando terreno. Pero lo que endulza la jornada es confirmar que CFK no abandonará su rol de parrhesiasta.
En su primera aparición después del domingo, Cristina aseguró que este proyecto “se sostiene con coraje, convicciones, militancia, perseverancia y honestidad intelectual”. Y reiteró que “somos lo que somos, no mentimos y no vamos a prometer cosas que no se puedan cumplir”. Un decir sincero que señala al adversario: "tenemos que tener fuerza y templanza, porque los intereses que hoy enfrenta este proyecto no van con nombre y apellido en las listas, aunque sí tienen gerentes en esas listas". Un decir seguro que señala un rumbo: "el futuro está aquí, y para tener futuro hay que profundizar estas políticas". Pero para profundizar habrá que asumir conflictos. Como se ha demostrado a lo largo de esta década, cada conquista cuesta mucho esfuerzo. Y como nuestra historia evidencia, cuando las minorías recuperan el poder, transforman los derechos en privilegios y someten al resto a los peores tormentos. Y de un plumazo, sin disculpas ni anestesia, borran cualquier atisbo de bienestar si es un obstáculo para colmar sus arcas. Si retrocedemos un paso, estamos perdidos. Sería triste despedirnos sin más del sueño que nos hizo renacer.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...