jueves, 29 de agosto de 2019

El Cambio: una pesadilla recurrente


La jugada es tan siniestra como increíble. El discurso oficial y dominante trata de pegotear al candidato opositor Alberto Fernández al seguro fracaso de la economía amarilla. El riesgo país aumenta al ritmo de la inflación y ya supera los 2100 puntos. Sí, se puede. Y por si esto fuera poco, el FMI introduce en la discusión la idea del vacío de poder y toma al ganador de las PASO como si ya fuera presidente electo. Hasta dejaron correr el rumor de la necesidad de un adelantamiento de las elecciones, mientras un sector de Cambiemos supone que Macri no llegará a completar su mandato. Tan desesperados están por la posible derrota electoral, que productores agropecuarios de Tucumán prometen a sus empleados un bono de 5000 pesos si el Buen Mauricio llega al balotaje. Y para que no queden dudas de que dan manotazos de ahogado, ya están metiendo en la agenda una transición todavía lejana.
Pero hay más, porque los fanáticos cambiemitas acusan a los kirchneristas de destituyentes, cuando en realidad es el propio Macri el que hace lo imposible para que todo se derrumbe. En una estoica aceptación de su futuro, consideró la posibilidad de que a partir del 10 de diciembre sea oposición. Y como muestra de su incontenible hipocresía, afirmó que en ese caso, "apoyaría todas las cosas en las que creo", algo tan ambiguo como "mantener lo bueno y cambiar lo malo" que sostenía en campaña. O como asegurar que "lo más importante para nosotros es salir adelante”,  sin aclarar a quiénes incluye ese 'nosotros' y adónde queda 'adelante'.
Ya deberíamos estar acostumbrados a las generalidades y vacíos conceptuales  que pueblan la verba del empresidente. Él es el que ganó con la promesa de cambio y, para nombrar de manera elegante el saqueo salvaje que estamos padeciendo, se apropió de una expresión como "trabajo en equipo" que nos costará mucho tiempo recuperar. Él es el que constantemente pregona sobre el diálogo y el consenso para referirse al acatamiento a las órdenes que emanan del poder fáctico. Y también ensaya una expresión beatífica para pontificar sobre la verdad, aunque ya sabemos que es un fabulero de feria.
Antes de las elecciones, había lanzado esa extraña idea de convencer sin argumentos, como si los votantes fueran autómatas y ahora, en un intento más de engatusar, sale él y su banda con la cantinela de que “aprendieron a escuchar”. Como si fuera una virtud después de tres años y medio de deteriorar todo sin atender las advertencias, abrir sus oídos para escuchar los lamentos de los padecientes. Entonces, como si fuera un relator de la realidad y no su artífice, simula empatía con un relato jamás experimentado por él sobre lo que es no llegar a fin de mes y que todo aumente de manera alocada. Tanto simulacro, en estos tiempos, ya es insoportable.
Ilimitada paciencia
Tanta farsa es una falta de respeto a la banda presidencial que jamás debió vestir un personaje como él. En una muestra extrema de enajenación, aseguró estar convencido “de que el 27 de octubre vamos a ratificar este rumbo. Vamos a convencer a algunos que están con bronca de que todo lo que hemos conseguido es mucho”. Claro que es mucho todo lo que consiguieron: se perdonaron sus deudas, blanquearon sus evasiones, absorbieron todos los negocios, incrementaron sus ganancias con tarifazos, fugaron todo lo que pidieron prestado y cargaron las facturas sobre nuestras espaldas. Y por si esto fuera poco, empujaron a muchos ciudadanos a padecer hambre y miseria. Además, incrementaron la desigualdad, provocaron desempleo, duplicaron la inflación, potenciaron la concentración, alentaron la especulación y todavía estamos esperando la lluvia de inversiones, el segundo semestre, los brotes verdes y todas las pamplinas con que lograron embaucar a muchos que hoy están más que arrepentidos.
No es sólo bronca, sino mucho más que eso. Hartazgo, furia, indignación. Ganas de que se vayan de una buena vez antes de que sigan arruinando más las cosas. La inserción al mundo nos condujo a ser uno de los países más endeudados y con el Riesgo País más alto. Tanta es la fragilidad en que nos dejan los cambios estructurales que han realizado que estamos renegociando una deuda que no nos sirvió para nada. Una forma de default selectivo que, en el afán de camuflar esta estafa, llaman “reperfilar”, un novedoso moño para adornar la Pesada Herencia que nos dejan de verdad.    
Pero hay más. Porque lejos de reconocer los errores –dicho con elegancia- que han cometido desde el primer día, quieren responsabilizar a la oposición de la situación en que nos metieron. Ahora sí convoca al Congreso para renegociar la deuda, después de haberlo ninguneado, presionado y denostado. Ahora sí se preocupan por las instituciones que pisotearon a fuerza de decretos inconstitucionales. Ahora sí nos piden ayuda a todos, después de habernos humillado con promesas incumplibles por este camino, de mentirnos en la cara con desparpajo, de demonizar de todas las maneras posibles, de culpar a otros por las faltas propias, de justificar muertes injustificables… Ahora que nos estamos hundiendo por el boquete que practicó El Gran Equipo, nos piden los botes, los salvavidas y los chalecos inflables.
Y la que se viene cuando sean oposición. Desde los medios que serán acólitos del modelo que nos desbarrancó otra vez, hablarán de impunidad cuando los injustamente encarcelados vean la luz y de persecución política cuando empiecen los procesos judiciales de estos delincuentes profesionales y confesos. El coro enloquecedor volverá con los choriplaneros, los negros que no quieren laburar, el látigo y la chequera, el populismo, la Cadena Nacional y “el dedito levantado”. Y por qué no remasterizar viejos hits, como el asesinato de Nisman o las pibitas se embarazan por la platita. Otra vez saldrán los caceroleros que defienden la República y la Democracia pero piden proscripción, a ventilar odio, a ostentar incomprensión; esos que el 24 A salieron a protestar por el resultado desfavorable de las elecciones, desde el 10 de diciembre, harán sonar sus cacharros contra todo lo que busque cierta equidad. Los titulares denunciarán que nos están llevando a ser Venezuela, Cuba o Tombuctú. Los periodistas seguirán siendo cómplices del Círculo Rojo y construirán con su falaz opinión el presente de pesadilla que durante tres años y medio ocultaron. En fin, el mito del eterno retorno o el País de Nomeacuerdo. Alguna vez vamos a salir de este laberinto.

lunes, 26 de agosto de 2019

El amargo sabor de la despedida


Las movilizaciones siempre son saludables, tanto las de apoyo como las de protesta. El problema con las marchas del 24A que se concretaron en distintos puntos del país es que no se sabe qué apoyan ni contra qué protestan. Que el empresidente Macri haya utilizado el balcón de La Rosada para un acto partidario es un indicio más de que se cree dueño de las instituciones que tanto declama defender. Lo de la eliminación de las vallas y la apertura de las rejas evoca una vieja consigna PRO: “vos sos bienvenido”. Y los bienvenidos fueron aquellos que mejor respondieron a la colonización informativa del discurso dominante y que hacen propio el ideario del lado más oscuro de la Grieta.
 El mediano éxito de la convocatoria augura una despedida. El contenido de cánticos y consignas indica una incomprensión de todo. El relato de los cronistas revela el odio y el desprecio de unos cuantos que agredieron a los que intentaban pernoctar en los alrededores de la Plaza que sabe de multitudes. La edad promedio de los manifestantes sugiere un rechazo ancestral que se marchita. El clamor por la proscripción de CFK –“Argentina sin Cristina”- es una muestra de que comprenden poco de República y Democracia. El esfuerzo que hicieron los medios dominantes por magnificar la movida, después de haber minimizado cientos de marchas más contundentes, confirma cuánto vulneran el derecho a la información. 
“Borom bom bom, el que no salta, es un ladrón” cantaron con entusiasmo, convencidos de que un PBI en el ARSAT es más real que cincuenta empresas offshore. El prejuicio indigna más que la certeza, a pesar de que las causas contra la expresidenta y sus funcionarios se desmoronan a poco de comenzar los verdaderos juicios. La sentencia de un titular vale más que la de los jueces. Aunque las pericias revelen que no hubo sobreprecios ni desvíos en la ejecución de la obra pública en Santa Cruz y que la Ruta del Dinero K fue una falacia dominguera, los globoadictos seguirán acusando de chorros a cualquiera que se oponga a la infernal Macrilandia. Aunque hayan marchado para defender la República, consienten que existan presos sin condena, tanto ex funcionarios como propietarios de medios opositores.  
Una contradicción que emana desde la cabeza del desgobierno amarillo. El Ingeniero que cuestionaba la Cadena Nacional porque “interrumpía la telenovela”, ahora exige que CFK salga a hablar porque “el silencio no nos da tranquilidad”. Y ese silencio que tanto le incomoda no existe porque ella sigue hablando mucho y ante multitudes que dejan a esta marcha de apoyo al saqueo como una minúscula congregación geriátrica.
Víctimas de un licuado mental
Algo insólito: los manifestantes protestaron contra el posible triunfo de Les Fernández en octubre. Los pocos entrevistados por los periodistas que lograron sobrevivir al intento de realizar su trabajo explicaban que el resultado de las PASO había sido fraguado por narcotraficantes que no dejaron ingresar fiscales PRO a las mesas electorales. Hechos inexistentes que nadie denunció, salvo la diputada Elisa Carrió, que sabe vomitar incongruencias sin rendir cuentas a nadie y que calan hondo en los bastantes que confían en su palabra. Y así terminan balbuceando fantasías apocalípticas que se viralizan por las redes y se convierten en memes desopilantes.
Así van, denostando la inexorable voz de las urnas en defensa de la Democracia y afirmando defender la República que, debilitada por los atropellos amarillos, aún goza de buena salud. Así se expresan, convencidos de sumarse a una fuerza no política que está aniquilando la economía del país y nos deja décadas de deuda. Así celebran que los pobres, hambreados y excluidos sean cada vez más. Así alientan las muertes que acumula –más de una por día- La Revolución de la Alegría por violencia policial.
Inmunes a la angustia que se expande, aceptan las explicaciones más absurdas y se suman al silencio oficial ante hechos aborrecibles. Ajenos a la legalidad, asimilan que la ministra Bullrich –eyectable desde hace tiempo- justifique la patada mortal de un policía a un borracho desorientado con "cuando un policía termina con una amenaza está haciendo lo correcto". Y para entorpecer aún más el entendimiento de los fanáticos explicó que “un cuchillo es una de las armas más peligrosas que puede tener una persona" ante más de cuatro policías con casco y chaleco anti balas. La ferviente apatía de los que salieron a la calle el 24A ignora, al igual que el oficialismo, que Vicente Ferrer, un hombre de 70 años que intentó hurtar algunos productos de un supermercado, murió por la ciega obsecuencia de los custodios y la inacción de los policías que observaban con deleite la golpiza letal. Coto no sólo almacena un arsenal en sus locales sino también, cuando no te conoce, te asesina.
Por segunda vez como presidente, Macri se asomó al balcón de la Casa Rosada, con exagerada emoción ante la muchedumbre que apenas llenaba la mitad de la Plaza. En medio de sus gritos futboleros, pronunció una frase entera cuyo contenido debería desalentar a todos: “tres años y medio es poco tiempo para cambiar todo lo que hay que cambiar”. Tanta generalidad contiene esta oración que hasta parece razonable, salvo que los resultados de tanto cambio pronostican mayor deterioro en la vida cotidiana de la mayoría de los argentinos.
Si algo hay que agradecer al Ingeniero es que exhibió públicamente la horrenda cara del Poder Real; detrás de sus alocuciones vacías se esconde la voracidad de un puñado de angurrientos incontenibles, que no generan nada pero que se llevan todo; que son capaces de desmontar bosques para sembrar avaricia. Un Poder Real tan destructivo que no siente remordimiento por la tierra arrasada que deja a su paso.
Esto es lo que hay que cambiar en serio: que la vida de todos gire en torno a las apetencias insaciables de unos pocos. Si no se comprende esto, tenemos por delante un camino laberíntico poblado de avances y retrocesos con destino de decadencia perpetua. Un concepto complejo para los que se encandilan con globos y sacrifican sus conciencias en el altar del capitalismo más bestial con tal de que no gobiernen aquéllos a los que aprendieron a odiar.

jueves, 22 de agosto de 2019

La boca que mata al pez


Uno sabe que recomponer todo lo que han roto estos tipos es un desafío para el futuro. Hay otros, quizá menos prioritarios pero sí imprescindibles, como contar qué nos pasó y sobre todo, cómo pasó todo esto. Durante la campaña 2015 hubo millones de advertencias, no sólo desde los que eran candidatos oficialistas antes de ese fatídico balotaje, sino también desde los propios candidatos de los que entonces eran oposición: decían estupideces antes y las siguen diciendo ahora. El maquillaje intenso, el denuncismo arbitrario y la vocinglería criticona de los medios convirtieron la incoherencia verbal de los amarillos en genialidades óptimas para conquistar el Sillón de Rivadavia.
Algún laborioso compilador podría elaborar una antología de las frases más memorables de los integrantes del Mejor Equipo de los Últimos 50 Años, no sólo para leer como chistes en una fiesta aburrida, sino para mostrar a nuestros descendientes cómo ocultan sus peores intenciones los exponentes del Poder Real. Porque ante eso estamos: el establishment hecho gobierno; los más ricos empresarios, lo peor del poder judicial, los más cínicos gerentes, acólitos, meritócratas y obsecuentes acovachados en La Rosada para succionarnos todo; y un coro de fabuladores con la potestad de construir un público prejuicioso y odiador gracias a un monopolio mediático inadmisible en cualquier país del mundo.
Desde aquel aciago 10 de diciembre de 2015 nuestros oídos han sido saturados con las locuciones incongruentes de estos farsantes -el Buen Mauricio y todos los que lo secundan- para disfrazar de Revolución de la Alegría este pillaje inconmensurable. Con cada uno de ellos, llenaríamos un tomo. Los balbuceos de la vice Michetti, las bravuconadas etílicas de la ministra Bullrich o las atrocidades legales de Laura Alonso convertirían la colección en la más destacada pieza de la Galería del Ridículo. La metáfora del túnel de la rodante Gaby sería una muestra de los estragos mentales que puede provocar el pensar anti político y la célebre sentencia de Bullrich –“el que quiera andar armado que ande armado”- sería el resultado de sostener un funcionario elegido por mero capricho.  
El Jefe de Gabinete, Marcos Peña Braun, con su verborragia contundente y a la vez, vacua ha logrado presentarse ante la sociedad como un político ideal, aunque es el más chanta de todos. Al defender la decisión de transportar a Luis Caputo del Ministerio de Finanzas al Banco Central, apeló a una demagógica metáfora futbolera al comparar su avidez especuladora con la magia de Messi. Y en uno de sus informes en el Congreso, exclamó, con cinismo: “la corrupción son los bolsos de López, no las offshore”. Habría que ver qué dice ahora, que se ha demostrado en el juicio al ex funcionario K que gran parte de esos nueve millones de dólares provenían de la empresa IECSA, cuyo dueño era entonces el testaferro presidencial Ángelo Calcaterra. “No somos lo mismo”, rugió el funcionario, y los hechos demuestran que son peores que cualquier cosa que hayamos experimentado como gobierno.
Desinflando globolandia
A poco de comenzar esta pesadilla, el economista Javier González Fraga expresó en una oración el pensar de una clase: “les hicieron creer que con sus sueldos medios podían comprar plasmas, celulares, viajar…”. Aunque parezca mentira, muchos de los aludidos adoptaron la idea como una justificación del sacrificio por venir. Además de confesar lo que piensan de nosotros, también nos provocan, como cuando el ex ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne se sorprendió porque el bestial ajuste no hizo caer al gobierno.
Algunos habrán aplaudido al escuchar a Prat Gay hablar de la “grasa militante” o habrán aceptado los primeros tarifazos porque representaban apenas dos pizzas. O se habrán emocionado cuando el apologista arrepentido y fosforescente Luis Majul explicó en su programa que Macri “tiene algo de Nelson Mandela”. Gracias a estas estupideces verbales convencieron a muchos distraídos y sostuvieron un consenso inusitado. Ahora que el Cambio está desnudo, la adhesión está menguando lo que anticipa un feliz desalojo.
En este apresurado recorrido falta el personaje principal de esta tragicomedia: el empresidente Macri. Desde la promesa de construir “puertos en Santiago del Estero” hasta la que usó para alardear su soberbia: “la inflación es una muestra de la incapacidad de gobernar”. Su locuacidad robótica ocuparía la mitad de los tomos de esta enciclopedia. Como una selección de sus frases de autoayuda, torpezas discursivas y mentiras flagrantes ocuparía muchos apuntes, con algunas de esta semana quedaremos satisfechos en la deconstrucción discursiva del impresentable mandatario.
O mejor con una, que sintetiza a todas. No la de “gracias por venir tan temprano un lunes” pronunciada por el Ingeniero el martes a las 830, sino la otra, la que le dijo al nuevo fracaso ministerial Hernán Lacunza: “te pido que cuides a los argentinos. No te lo pido como candidato, sino como presidente”. Con este simulacro de preocupación, confesó de todo. Primero, que él –por impericia o maldad- no es capaz de cuidarnos, a pesar de que lo prometió en campaña. Segundo, que el anterior ministro no nos cuidaba. Tercero, que al candidato no le interesa si nos cuidan o no. Y cuarto, ¿de qué nos tiene que cuidar el ministro? Con dejar de hacer lo que han hecho hasta ahora ya estaríamos a salvo, si lo único que nos ha puesto en peligro es el gobierno de Macri.
“La mona aunque se vista de seda, mona queda”, ilustra un viejo refrán. La boñiga con moño, sigue siendo boñiga. Por más que intente mostrarse ingenioso y simpático, siempre se escapa lo que abunda en su interior: cinismo, angurria y  malicia. Que todavía conserve un tercio del electorado hace necesaria la recopilación de las frases con que los miembros del Círculo Rojo disfrazan su despreciable y riesgoso pensar.

lunes, 19 de agosto de 2019

La república de los matones


Después de las elecciones primarias, el oficialismo perdió la compostura. El Buen Mauricio es el primero, que nos mandó a dormir sin datos, nos castigó por votar mal, habla del mundo que no quiere al kirchnerismo, nos pide perdón, se culpa a sí mismo y toma medidas de emergencia que antes rechazaba. “No se inunda más, carajo” vociferó Macri en campaña pero la mitad de la población se siente con el agua al cuello. Bastante desconcertados, los referentes amarillos apelan a sus más absurdas tretas para recuperar los votos perdidos, desde el populismo tan denostado hasta los exabruptos verbales de la diputada Carrió, pasando por la audacia de la gobernadora Vidal hablándole a una puerta sospechada de acosar a una joven.
Que la diputada Elisa Carrió y el senador Miguel Ángel Pichetto hayan participado de la reunión de gabinete ampliado es una desprolijidad institucional que no debería pasarse por alto. Estos dos legisladores no son funcionarios del gobierno, al igual que la Primera Dama, Juliana Awada, también presente en el CCK. Sin embargo estuvieron, junto a los mil cambiemitas que aplaudieron a rabiar. Una vez más, la diputada más ausente en el Congreso brindó un stand up digno de ocupar un lugar destacado en la comedia internacional. Decir que Juntos por el Cambio perdió las elecciones porque sus amigos están esquiando en el verano europeo o que los narcos fraguaron las elecciones son argumentos tan desopilantes como ridículos. Agresivos, como calificar de ladrones a los exponentes del Frente de Todos o que Alberto Fernández es un ordinario. Peligrosa y antidemocrática: “a nosotros no nos van a sacar de Olivos. ¡Nos van a sacar muertos!". Olivos es la residencia presidencial, no la casa de gobierno y ella no tiene injerencia en ninguno de los dos edificios. Si el voto de los ciudadanos decide desalojarlos, se tendrán que ir. La violencia de la legisladora es inusitada y desubicada, más propia de un gobierno revolucionario que de uno en perfecta sintonía con el establishment.
Después afirman defender la República, aunque éste es el gobierno más antirrepublicano desde la vuelta a la democracia. Las prisiones sin condena, la represión desaforada, la destitución de jueces desobedientes, la monumental pauta oficial, que beneficia a los medios cómplices y asfixia a los críticos y las mentiras constantes hacen del Gran Equipo una patota antidemocrática. Y ni hablar de las promesas realizadas por Macri en la campaña de 2015, de las cuales casi ninguna ha cumplido, no por imposibilidad sino porque no estaban en sus planes de empobrecimiento de la mayoría.
Perdedores desquiciados
El Ingeniero y sus acólitos insisten en lo “maravilloso que estamos logrando juntos”, “las bases para transformar Argentina” y “estamos cerca de la orilla”. La Revolución de la Alegría se convirtió en una penosa escalada del Aconcagua. Ahora no prometen nada: sólo piden paciencia y acompañamiento; suplican los votos “para no volver al pasado”; agitan fantasmas para los que entienden poco y nada. Cuando se gobierna con patrañas, la democracia se debilita. Y en eso son expertos.
También crueles, porque se burlan de los más necesitados, de los desocupados, de los hambreados, de los que no llegan ni a mediados de mes. Así quieren conquistar las urnas otra vez para desigualar aún más y seguir entregando el patrimonio de todos a las manos de sus amigotes. Tan crueles que dejaron escalar el dólar para alarmar a la población sobre las consecuencias de la vuelta del kirchnerismo. Tanto que, simulando empatía, afirman que “tomaron nota del mensaje de las urnas” e implementan medidas insuficientes por tres meses para aliviar a los damnificados. Y eso que Carrió dijo que no le importan los pobres. La demagogia financiera se transforma en populismo tardío. Por un tiempo, por supuesto, porque si pierden en octubre descargarán toda su furia contra nosotros, incluidos sus votantes.
   Antidemocrático es culpar a las elecciones por la crisis financiera y después decir que no existieron. Antidemocrático es comprar el blindaje de los medios y elaborar listas negras con más de mil periodistas que no encuentran lugar donde trabajar. Antidemocrático es doblar las boletas en el cuarto oscuro para que el principal candidato permanezca oculto. Antidemocrático es gobernar para una minoría empachada a costa del hambre del resto. Antidemocrático es entregar el país al Imperio afirmando que lo hacen por el bien de todos. Antidemocrático es alentar la devaluación de la moneda para que los argentinos aprendamos a votar por él, aunque nos cueste la dignidad.
Afortunadamente, nada de lo que hizo Macri después de las elecciones lo deja mejor parado que antes. De acuerdo a un estudio de CEOP, liderado por Roberto Bacman, sobre 1695 encuestas telefónicas, la conferencia de prensa del lunes encabezada por el Gerente de La Rosada SA dejó la sensación de bronca y pesimismo. Además, seis de cada diez consultados consideran que Macri fue el responsable del incremento del dólar y opinan que las medidas económicas tienen objetivos electorales y no solucionarán los problemas que ellos mismos han creado. El rechazo conquistado por el gobierno nacional en estos días supera el 60 por ciento, mucho más que el porcentaje obtenido por Les Fernández.
Sin triunfalismo exagerado, octubre volverá a decir ‘No’ a la continuidad del latrocinio macrista. Ese 27, en conmemoración del noveno aniversario de la muerte de Néstor Kirchner, desalojaremos de la Casa Rosada y de Olivos a esta banda de saqueadores que se disfrazaron de gobernantes, por más Lilita que interpongan. Y es de esperar que para siempre. El tránsito hasta ese momento estará poblado de ansiedad y paciencia porque estos malandras harán cualquier cosa para sacarnos de quicio, como han hecho hasta ahora. Y después, cuando las urnas hayan dado el veredicto de expulsión tendremos que cuidarnos más que nunca de las minas que hayan dejado en el camino hacia un país más amigable.

jueves, 15 de agosto de 2019

Una experiencia descontrolada


La Argentina cambiemita no es una comedia de enredos sino un drama de la vida real. Enredos hay, pero no hacen reír: enojan, indignan, irritan y hasta hacen llorar. Por más ridículo que sea, el empresidente Macri ya no provoca risa. Tan cerca estamos del drama que ni los tropiezos verbales de la vice Michetti resultan divertidos. El abismo está cerca en serio y no sólo desde el domingo, sino desde mucho tiempo atrás. En los últimos días explotó la bomba que comenzó con la asunción del tipo menos preparado para ser presidente. Tan poco preparado que no sabe cómo frenar la hecatombe que él mismo desató. No sólo él, por supuesto: el Mejor Equipo de los Últimos 50 Años también hizo lo suyo. Y, claro está, el tan idolatrado Mercado, beneficiario casi exclusivo de la impronta amarilla. Nada de esto hubiera sido posible, como ya sabemos, sin la contribución impune de los medios de comunicación dominantes y los periodistas acólitos que, con el incendio a la vista, sólo pueden simular sorpresa, indignación y un atisbo de autocrítica.
El resultado de las PASO sorprendió a todos, pero no es ése el punto de partida de la debacle que estamos padeciendo. Desde el primer día de su mandato, el Ingeniero puso la economía del país en manos del Mercado, eliminando controles cambiarios, obligaciones a los exportadores, elevando las tasas de interés y batiendo records de endeudamiento para alimentar ese círculo vicioso. La dolarización de la vida doméstica y la devaluación habilitaron que nuestra dignidad quede a merced de los especuladores y de los formadores de precio. El Mundo del que habla Macri y al que nos integró está fagocitando nuestro futuro, no por la certeza de que habrá un cambio de rumbo después de las elecciones, sino porque el modelo de Macri está en agonía.
En estos días, los medios se poblaron de expertos que analizaron la psiquis del mandatario por la reacción ante la contundente derrota y sus gestos robóticos y desencajados. Hasta Nelson Castro le destinó un diagnóstico de Hubris para no quedar afuera de la guardia médico-mediática. Psicótico, golpeador, perverso fueron algunas de las etiquetas que trataron de explicar las palabras que destinó Macri a los argentinos entre el domingo y el lunes. Primero, desencajado y demolido, nos mandó a dormir sin postre, como si fuéramos los autores de una travesura pueril. Al día siguiente, pronunció una frase muy estúpida para alguien con su responsabilidad: “el mundo no quiere al kirchnerismo”. Al día siguiente, los diarios especializados internacionales, las calificadoras de riesgo y hasta los integrantes del Círculo Rojo vernáculos dictaron una sentencia inapelable: el principal escollo es el Macrismo.
Psicosis de anti políticos
En estos días, muchos se encargaron de recordar la frase más amenazante de este impostor: “si me pongo loco, les puedo hacer mucho daño”. En realidad, lo está haciendo desde que asumió y por más que el candidato a vicepresidente Pichetto asegure que el presidente “está en control”, como si fuera un coche en la RTV o el Súper Agente 86 en su oficina, la situación está descontrolada. Tanto, que hablan de la institucionalidad con el cartel de presidencia de fondo y, en lugar de estar Michetti junto a Macri, está Pichetto. Claro que ninguno de los dos aporta demasiado, pero desplazar de ese papel a la rodante Gaby ya es poco institucional. Tan descontrolado está el panorama que a las pocas horas de anunciar un congelamiento del precio de los combustibles, los empresarios petroleros alzan su voz como si fueran indigentes.
Los perdedores oficiales, con los números –tanto electorales como económicos- estampados en sus rostros, salieron a lamentar la situación y a ofrecer toda su ayuda para aliviar a los padecientes. Imposible tanto cinismo: ellos no integran una red de beneficencia sino que conducen el país; no tienen que ayudar, sino gestionar para que no haga falta ayudar a nadie, salvo ante fenómenos imprevistos. Ellos ofrecen su ayuda angelical después de haber construido esta catástrofe innecesaria. Y, aunque pasó un poco desapercibido en medio del caos del dólar y los precios, el subsecretario de Cultura, Pablo Avelluto, ostentó su impudicia el lunes por la noche: si despidió a 1600 empleados de la cartera a su cargo fue porque tuvo “el coraje, la audacia y la voluntad política de hacerlo”. Valentía, audacia y voluntad con los trabajadores pero sumisión, obsecuencia y complicidad con los poderosos que se están llevando el país a paraísos fiscales.
Esta es la impronta PRO: generar tormentas para después repartir salvavidas de plomo. Ahora sale el buen Mauricio para disculparse por haber reprochado la decisión del voto ciudadano, a pedir perdón por hacernos escalar el Aconcagua, por convertir los alimentos en artículos de lujo. No está loco ni es psicótico sino es lo que es, lo que son todos los que pergeñaron el Cambio, le dieron forma electoral y garantizaron el nefasto triunfo de 2015: avarientos insensibles que jamás han asomado la nariz de la burbuja de lujos en la que siempre han vivido. Ese engendro, convertido en gobierno democrático, es lo que jamás deberemos volver a experimentar.

lunes, 12 de agosto de 2019

El principio del fin


Los votantes no hicieron caricias a Mauricio y menos aún lograron satisfacerlo. Aunque los candidatos suplicaron por votos hasta el último minuto de campaña y hasta durante la veda, los argentinos estamos soltando la mano de los embusteros del Cambio. A pesar de que gastaron fortunas para poblar de blindaje, amabilidad y apología los medios tradicionales y saturar las redes con el accionar de trolls y bots, el fin de la ceocracia amarilla está cerca. Los gestos ensayados, los discursos coucheados y los llantos oportunos no lograron colorear la gris realidad que viven muchos compatriotas. Las acusaciones falaces sobre el gobierno anterior y los inexistentes logros del actual no alcanzaron para convencer sobre la necesidad de seguir transitando este tortuoso camino.
La potencia plebeya de los candidatos del Frente de Todos pudo más que las poses angelicales, los exabruptos controlados y las huecas frases de posters de los postulantes del oficialismo. El público comienza a convertirse en Pueblo. La conciencia empieza a despertar colonizados. La verdad está opacando a la ficción. El verso del sacrificio, castigo, tormenta o cruce del río no fueron metáforas tan eficaces para renovar el mandato del Ingeniero. A pesar de la obscena manipulación de la opinión pública, las operaciones de prensa y el viejo truco de mostrar como ciudadanos a los Mercados, las urnas empiezan a señalar la salida de este túnel y, por tanto, el fin de la pesadilla del Cambio.
Con la soberbia de clase que siempre exuda, el Buen Mauricio salió a dar la cara después de las diez de la noche, sin lluvia de globos ni bailes robóticos. Una mala cara, sin dudas. "Me duele en el alma que tantos argentinos hayan creído que hay que volver al pasado", expresó sin autocrítica. Al contrario, le exigió a la oposición que “se haga cargo de las consecuencias económicas” y le reclamó que “explique” su proyecto a los mercados. El balde de agua fría de los resultados no fue suficiente para inspirar algo de empatía con los votantes que están padeciendo en serio las consecuencias de tanto entreguismo. Gobernar para especuladores tendrá sus privilegios, pero no seduce al votante. Ya no, porque, como nunca en nuestra historia, estos tres años y medio de inserción al peor mundo no han generado el bienestar tan prometido.
Un domingo inesperado
Las encuestas venían anticipando el triunfo de les Fernández, pero no por tanta diferencia. Tanta que el horizonte pinta un nuevo rumbo. Si las cosas siguen así, la victoria en las elecciones generales está a la vuelta de la esquina. Y más aún si Macri promete más de lo mismo pero peor: después de reconocer la mala elección y mandarnos a dormir sin resultados, el empresidente a un paso de dejar de serlo amenazó con redoblar los esfuerzos para que en octubre continuemos con el cambio”. ¿Qué piensa redoblar? ¿La fuga de capitales y el consecuente endeudamiento? ¿El incremento bestial de las tarifas de los servicios públicos? ¿Los intereses de las Leliq? ¿El deterioro de las condiciones de vida de millones de argentinos? ¿Creerá que una reforma laboral va a seducir a los votantes que serán víctimas de ella? ¿Pensará que el triunfo depende de seguir culpando a los jubilados, pensionados y beneficiarios de la AUH o que la Pesada Herencia es causa de tanta decadencia?
Por suerte, no está entendiendo nada, sino volvería a engatusar a la población con promesas que, con este plan para una minoría especuladora, son incumplibles. Tocar el pavimento de una de las pocas obras inauguradas no sirvió para embaucar a los que no pueden comer todos los días. Prometer menos retenciones a los agrogarcas en la amarilla Rural no convenció a los que van entendiendo. La solidaridad le ganó a la demonización del otro. El egoísmo del medio pelo perdió por goleada. La unidad venció al pegote.
Los analistas cómplices tratarán de instalar la falacia del voto con el bolsillo para avergonzar a los que dieron la espalda a la Revolución de la Alegría. Como si la economía familiar fuera menos importante que la angurria de los que tienen de sobra. Si el ciudadano de a pie votó con el bolsillo es porque se cansó de ver como unos pocos colman sus arcas a paladas con dinero ilícito. Esta semana comenzó con el aire fresco de un mensaje esperanzador, pero quedan más de dos meses para las elecciones generales. Los amarillos pueden encarar esta nueva etapa montando una bonanza efímera o desatando una venganza insólita. Ninguna de las dos tretas servirá para revertir la decisión soberana de construir un país que esté al servicio de todos los que vivimos en él.

jueves, 8 de agosto de 2019

Insultos sin palabrotas


Primero gritó y después se disculpó. Macri pidió perdón -o sorry- por el 'carajo', nada más. Por todo lo otro, no: sólo por decir 'carajo'. Después, aplausos del público por no se sabe qué y el coro autómata del "sí, se puede". Los que antes acusaban a CFK de autoritaria por el tono de voz enérgico y el dedito levantado hoy babean por los gritos desaforados y vacuos del Buen Mauricio. Un nuevo acto para la vergüenza del presidente que nunca debió haber sido. Y que nunca deberá volver a ser. No sólo él sino todos los que en el futuro pretendan hacer lo que él hizo: gobernar para el exclusivo beneficio de una minoría privilegiada a costa de precarizar al resto.
Encima es tan hipócrita: "a mí me duele cada uno de los que la está pasando mal, cada uno de los que tiene dificultades porque vine acá para ayudar a cada uno de esos argentinos a que encuentre su lugar", recitó el farsante. Que vino para ayudar no se nota demasiado y si le duele que muchos la pasen mal o tengan dificultades, con sólo hacer lo contrario de lo que está haciendo basta para calmar su dolor. De lo que sí no quedan dudas es que quiere que cada uno encuentre su lugar y eso lo logra con los bastonazos de la policía de Bullrich. Por esto tendría que pedir disculpas, pero no lo ha hecho.
Ni lo hará, porque promete hacer lo mismo pero más rápido. Eso mismo que los amarillos consideran maravilloso pero el resto concluimos que es espantoso. Calamitoso. Tan calamitoso, que en casi cuatro años el Cambio provocó la destrucción de más de 19 mil empresas, una caída del 3,4 por ciento respecto a 2015. Tan espantoso que el artista plástico Julio César Báez sigue preso desde el 20 de julio por hacer una escultura de Santiago Maldonado. Tan calamitoso que el Gerente de La Rosada SA sólo pide aguantar que “con viento a favor” y con la iluminación “de Dios” vamos a salir adelante, aunque todos sabemos que vamos para atrás. Y por esto no pide disculpas.
Tampoco se disculpa por su cinismo, que lo lleva a afirmar que “el Estado debe estar al servicio de todos y no de la política”, aunque sus políticas sólo han beneficiado a un puñado y perjudicado al resto. Un cinismo que desborda a todos los integrantes de los conquistadores amarillos. Como María Eugenia Vidal quien, después de decir muchas veces que no hay que hacer campaña con los muertos, en la amable y oficialista mesa de Mirtha, evocó con mentiras –“un tren sin freno automático”- la Tragedia de Once. Ellos que coparon la CABA gracias al incendio en Cromañón y que conquistaron la presidencia con las víctimas de ese accidente ferroviario, el falso asesinato de Nisman y la acusación contra Aníbal Fernández, pregonan que no hay que usar a los muertos. Ellos que en tres años y medio baten el récord de muertes violentas y portan el hundimiento del ARA San Juan sobre sus espaldas. Por todo esto, jamás pedirán disculpas.
Una salida de emergencia
Ojalá fuese un ‘carajo’ su único error. Eso es lo de menos. Lo peor es todo lo que ha hecho desde el Bailecito en el Balcón. Como poner Comodoro Py al servicio de la persecución política, malgastando fortunas del Estado en causas judiciales sin fundamento. El juicio por la obra pública en Santa Cruz está por convertirse en un escándalo porque sigue adelante a pesar de que las pericias probatorias aún no están listas y ya se ha demostrado en un juicio provincial que no había ilícitos. Una pantomima para involucrar a CFK y nadie pide disculpas por ello. Como la causa de los Cuadernos Quemados, una ficción insostenible en el mundo real. O el juicio contra el Grupo Indalo, cuyos titulares Cristóbal López y Fabián de Souza están presos por negarse a que sus medios de comunicación se sumen a la causa anti K. Aunque las pericias de la Corte Suprema de Justicia indican que, si hay una deuda es porque la AFIP de Macri se negó a seguir cobrando, el juicio continúa para alimentar los prejuicios con titulares estigmatizadores.
La Argentina de Macri no pasa por una palabrota más o menos ni por la sobre actuación ensayada en un espejo. El Ingeniero recita tonterías convincentes ante un público controlado y poco numeroso. El país que diseña es para pocos, para los que ganan fortunas con la especulación sin producir más que deuda, para los que exportan alimentos sin pensar en los que hambrean, para los que consideran que los derechos de todos obstaculizan el enriquecimiento de algunos, para individuos absolutos que creen que los demás no merecen nada.
Hay otro camino, por supuesto y las elecciones primarias serán el primer paso para transitarlo. Una Argentina que no excluya ni sea indiferente ante el padecimiento de sus habitantes, donde los jubilados sean más importantes que los bancos y que tenga la ciencia como brújula del desarrollo; donde las escuelas sean un lugar para aprender y no para llenar la panza; un país en el que todos coman en su mesa y no en comedores comunitarios; donde todos puedan gozar de los servicios sin que eso signifique una estafa. El camino hacia una Argentina donde la felicidad colme a todos no es el que propone Macri: la derecha desdeña toda forma de equidad. Aunque proponga un centro amigable, el Frente de Todos es lo más parecido a una salida que tenemos a mano. Una vez que salgamos de este terreno pantanoso, podremos transitar un camino que nos lleve cada vez más cerca del país que todos soñamos, lo más lejos posible de las pesadillas que pergeñan los que se acurrucan del lado más oscuro de la grieta.

lunes, 5 de agosto de 2019

Las maravillas del Cambio


No es una novedad decir que estas elecciones no serán libres ni democráticas porque una parte de la ciudadanía asistirá a las urnas con información falsa. Individuos que portarán en su sentir el ficticio asesinato de Nisman o la inexistente imagen de López arrojando bolsos sobre los muros de un convento. Un imaginario malversador de todo entendimiento alimentado por periodistas tan falaces como el gobierno que defienden. Si bien las PASO son un ensayo, los resultados aliviarán un poco la ansiedad que muchos sentimos. Tan luminoso es el escenario que sorprende que todavía quede una nebulosa humana con la etiqueta de “indecisos”. Mientras los candidatos oficiales recitan vaguedades que ni ellos entienden, los opositores en serio a este plan de despojo van ganando terreno.
No estamos caminando por un túnel ni nadando en un río: estamos padeciendo la crisis que la Pandilla del Cambio fabricó para satisfacer sus angurrias. No somos víctimas de fenómenos naturales sino de artificios de rateros. No estamos soportando una andanada de errores cometidos por inexpertos sino presenciando un plan de expropiación del patrimonio de todos. Cuando los Cambiemitas recitan con emoción “es maravilloso lo que estamos logrando juntos” hay que tomarlo como lo que es: una perversa burla a los que sufren hambre, frío, abandono, censura, represión y cárcel. No están logrando nada maravilloso y quien así lo entienda está confundido o es tan maligno como Ellos.
¿Qué tiene de maravilloso reconocer que nos han metido en un túnel oscuro o en un río anchísimo? ¿Cuál es el mérito de “tener un INDEC que no miente” si no hacen nada para revertir los malos números que arroja? ¿Dónde está la maravilla de serruchar 12 puntos al poder adquisitivo del salario en un año? Para el empresidente todo está de maravillas porque incrementó su patrimonio en un 52 por ciento y los grandes medios miran para otro lado. Hasta tiene bonos de la deuda que él mismo decidió tomar desde La Rosada SA. Tan maravilloso es todo que Macri será un fondo buitre en el futuro.
¿Acaso es maravilloso encabezar los rankings negativos a nivel mundial? ¿Dónde está la maravilla de ser el país más vulnerable o con más inflación? Tan maravilloso es “lo que estamos logrando juntos” que el FMI ha prestado a Macri una suma similar a la del Plan Marshall, aunque éste sirvió para reconstruir un continente y aquél sólo para incrementar el patrimonio de unos cuantos vivos. Una maravilla convertirse en el principal deudor del Fondo. O tal vez sea maravilloso pedir por favor que los voten, como hacen los amarillos en los spot de campaña. Tan seguros están de la maravilla que apelan al voto suplicante.
Romper el hechizo
Por supuesto, no estamos ante ninguna maravilla, sino ante una estafa electoral histórica. El “Mejor Equipo de los Últimos 50 Años” terminó siendo una banda desaforada de vándalos. Como esos borrachos que entraban al pueblo disparando alocados en las pelis del oeste: unos bandoleros de parodia comandados por el peor de todos: un desubicado todo terreno en un rol de honor; tan desorientado que elogia la elegancia de un granadero como si fuera el disfraz para una fiesta colegial y recibe una respuesta que lo descoloca aún más: “no es por placer, es el uniforme de la Patria, señor presidente”; un individuo mediocre que sostiene a mediocres en el gabinete, como a Patricia Bullrich que, lejos de exhibir su capacidad para el cargo, ostenta la ineficacia de permitir que una ONG instale carteles de protesta justo sobre la cabeza del mandatario. ¿Qué maravilla puede acarrear semejante impostor?
Lo maravilloso es que todavía nos estén gobernando y tengan algunas chances de seguir haciéndolo. Lo maravilloso es que todavía pululen por las calles, codo a codo con nosotros, individuos que sigan defendiendo el Cambio y que reciten las tonterías que fundamentan su postura. Zombis que se indignan por las ficciones pero se muestran indiferentes ante las realidades; que babean de rabia por la Tragedia de Once pero ni se inmutan por el hundimiento del submarino; que gruñen al ritmo de los medios hegemónicos y sus ramificaciones en las redes; que desprecian de acuerdo al nuevo enemigo que señalan los titulares; que memorizan embobados la palabrería que el marketing más banal pone en boca de los maquillados personajes; que confían en los análisis basados en falsedades que predican los apologistas mediáticos; que prefieren padecer las consecuencias antes que reconocer cuánto se están equivocando; y que hacen suyas las ideas de los más ricos. Eso es lo maravilloso: que la víctima aplauda al victimario.
Eso es lo maravilloso, que a pesar de la inflación, del incremento de la pobreza, de los miles de desempleados, del sueldo precarizado, de la seguridad de estar cada vez peor, el malestar se manifieste a cuentagotas. Lo sorprendente es cómo han logrado dividirnos aún más a pesar de haber prometido lo contrario; cómo han expandido el odio de clase que exudan por sus poros; cómo han hecho para destruir tanto en tan poco tiempo con el beneplácito de los afectados. Por supuesto, nada de esto es maravilloso. Al contrario, podrá ser macabro, siniestro, malvado pero nada de maravilloso. En todo caso, lo maravilloso sería romper el hechizo y que jamás vuelva a gobernarnos una minoría en su exclusivo beneficio. Lo maravilloso sería convencer a los encantados de que la sonrisa de los Poderosos no nos hace partícipes de su poder. Que el Poder somos todos cuando convertimos en derechos lo que Ellos consideran mercancía, cuando asumimos que la Justicia no es la protección de privilegios ni la persecución de opositores, que la comunicación pública no puede convivir con los grupos concentrados de medios. En definitiva, lo maravilloso lo encontraremos cuando el Cambio comience a ser un mal recuerdo.

jueves, 1 de agosto de 2019

Terremoto oficialista

  La escenografía del Cambio se tambalea cada vez más. Los 150 pseudo intelectuales que firmaron su apoyo a la postulación de Macri pierden los estribos a la hora de justificar su adhesión en los medios amigables. Al igual que los votantes, no encuentran nada bueno en la gestión amarilla salvo que "no están los K", como si eso bastara para que todo marche bien. Y no marcha bien, claro está, sino peor de lo que cualquiera con medio dedo de frente puede apreciar. Las frases recitadas no alcanzan para ocultar el daño profundo que está realizando el Gran Equipo. Tan frágil es el equilibrio construido que la promesa de Alberto Fernández de aumentar las jubilaciones en un 20 por ciento es calificada como "terrorismo económico".
Desde lo discursivo, el bombardeo es constante. El relato falsario se evidencia cada vez que dicen "esto no es relato" o cuando, con su tono fingido, la gobernadora bonaerense desempolva la frase “hechos, no palabras” y se vanagloria del incremento de chicos que asisten a los comedores escolares. Pero lo más irritante es cuando hablan de la transparencia, la honestidad y los valores para un público absolutamente "aislado del mundo". O cuando, con un tono ensayado recitan lo del respeto por las instituciones o la pluralidad de voces. Todas estas imposturas se desmoronan con apenas unos segundos de atención informativa.
En lo único que se les puede dar la razón es lo de la transparencia, porque concretan sus trapisondas a plena luz del día, transformando cada decisión de gobierno en un negocio propio o para alguno de los amigotes presidenciales. Desde el incremento de las tarifas hasta el impulso a los parques eólicos, desde el remate a precio vil de los bienes del Estado hasta las políticas macroeconómicas. Con un poco de compromiso informativo por parte de los grandes medios, Macri y su banda, en lugar de candidatearse para la reelección, deberían prepararse para el resto de su vida a la sombra.
Ellos pontifican sobre el respeto a las instituciones pero desde el primer día hicieron lo imposible para someter los mecanismos del Estado al ocultamiento de sus chanchullos y a la persecución política de opositores; denuncian inmateriales mafias cuando las principales están en La Rosada SA, Comodoro Py y la AEA, que agrupa a la élite empresarial; hacen una cruzada antidrogas pero muchos de sus exponentes están ligados al narcotráfico y el hijo del gobernador Morales utiliza terrenos públicos para cultivar marihuana que luego se convertirá en el oficialista aceite de cannabis para vender en las farmacias; se trepan al podio de la libertad de expresión pero los medios del Estado no paran de hacer campaña por los candidatos amarillos. Las contradicciones son tantas que abruman.
Inmundicias a traluz
La entrevista de Carla Pelliza a Ibar Pérez Corradi revela una trama oscura que inspiraría lapidarias tapas en cualquier país del mundo: que una ministra de Seguridad presione a un narcotraficante para que pronuncie un guion contra Aníbal Fernández a cambio de mejores condiciones carcelarias debería precipitar la renuncia de los involucrados, desde funcionarios hasta magistrados. Sin embargo, sólo grillitos, más aún cuando otro condenado –Leonardo Fariña- es tratado como rey por inventar la necedad “se robaron un PBI”.
Y por supuesto, eso de reparar la Grieta está muy lejos de los objetivos de los PRO. Por el contrario, la ensanchan cada vez que abren la boca. Y las inmundicias que vomitan hacen mella en los zombis que las tragan. El escultor Julio César Báez está preso porque un vecino denunció que estaba modelando una estatua en homenaje a Santiago Maldonado. Los veganos fueron corridos a rebencazos de La Rural por una demanda por los derechos de los animales. Tanto pregonar con el ajuste que la falta de vacunas o medicamentos para los enfermos de VIH no preocupa a los encantados. Al contrario, todas las víctimas del ideario amarillo son transformadas en peligrosos delincuentes en el entendimiento de los colonizados. Colonizados que ya no deberían mostrarse tan inocentes en la escena cotidiana, sino como cómplices de un engendro destructivo.
Una fila de un kilómetro de postulantes a guardiacárceles no es interpretada como una postal del desempleo creciente, sino como un sorprendente interés por estudiar. Estos farsantes transforman todo en un cuento inverosímil con la seguridad de que así van a garantizar su triunfo. Ahora se han prendido a la metáfora del río que estamos atravesando hacia una orilla venturosa. Pero no es riachuelo transparente y de correntada amigable sino un pantano torrentoso que nos conduce a una cascada abismal.
El ambiente está enturbiado y los números son confusos. Los prejuicios están servidos y los comensales parecen cada vez menos. Si la coherencia contagiara a los votantes, se convertirían en ciudadanos y contribuirían a desalojar de una vez y para siempre a esta tropa de asalto. Si no, seguiremos por el túnel pestilente en el que, por confusión histórica, nos zambullimos sin necesidad.

El desafío de entusiasmar

Después de las elecciones legislativas y del reencuentro en la calle, el FDT debe demostrar el compromiso para iniciar la recuperación del p...