jueves, 28 de febrero de 2019

La desesperación de los chetos

Cubrir las lagunas informativas que dejan los medios hegemónicos es una tarea ciclópea. No sólo por los hechos que relegan a las páginas menos leídas o directamente no publican, sino por el tratamiento artero que destinan a las trapisondas de la mafia gobernante. Lo que no tergiversan, lo ignoran. Entonces, además de difusor de lo oculto, uno debe adoptar el rol de traductor. Y eso sin incluir a los canales y radios que machacan boberías para seguir entorpeciendo el entendimiento del público cautivo. La síntesis en un sobrecito de azúcar es más fácil de consumir que una explicación fundamentada de un par de páginas.
Pero el intento vale la pena, sobre todo porque está en riesgo el presente y mucho más el futuro. El trabajador que increpó al empresidente Macri con la frase “hagan algo” es, además de un personaje que invadió una nueva puesta en escena, un emblema de la incomprensión ciudadana, porque esto es lo que están haciendo. Si estamos padeciendo esta crisis multidimensional es porque así lo quiso el Gran Equipo. No en vano repiten el latiguillo de “los últimos setenta años”; no fue un exabrupto la frase de González Fraga “les hicieron creer que con sus sueldos medios…”; no es otra muestra de la brutalidad de la vice Michetti cuando dijo que “los jubilados se llevan la mayor parte de la torta”. Los PRO vinieron a restaurar la república oligárquica de principios del siglo XX: un país con privilegios para una minoría y sin derechos para la mayoría.
No es un accidente que la alimentación, los servicios, la salud, la educación, el esparcimiento, las vacaciones se conviertan en un lujo: ése es el plan; el objetivo es que unos pocos tengan de sobra y los demás vivan de sobras. Ni siquiera el rebusque de un kiosco dejan en manos de la mayoría: en estos tres años ya cerraron 28 mil en todo el país. Y las causas son todas las medidas tomadas desde el 10 de diciembre de 2015. No hay accidentes ni tormentas sino la intención de lograr esto y mucho más, si es que consiguen la reelección.
El que todavía espera algo bueno por este camino que recuerde que lo que más molesta a la oligarquía gobernante son los salarios dignos, las vacaciones pagas, el consumo popular, la jubilación, el aguinaldo. Todos los derechos conquistados por los trabajadores son un forúnculo para los más ricos porque creen que todo les pertenece. Los demás sólo somos merecedores de limosnas. Y son tan crueles que gozan de hacernos pelear entre nosotros, como los administradores del Hospital Posadas, que dejan en manos de los trabajadores la decisión de quiénes deben ser despedidos. Quien no comprenda lo que significa esto, que lea la obra Tute Cabrero de Roberto Cossa, donde verá con arte una situación similar.
Lo que necesitan callar
Pero de estas cosas no hablan los medios hegemónicos. Y mucho menos en estos términos. La inflación, el desempleo y la pobreza son fenómenos climáticos y no consecuencia de la devaluación, los tarifazos y la apertura bestial del comercio exterior. La caída en diciembre del 8,7 por ciento de las ventas en supermercados por cantidad de productos –con un anual del 3- no significa nada alarmante para los apologistas del Cambio. La actividad económica en su conjunto reflejó –de acuerdo a los números oficiales- una caída de 2,6 por ciento y dejó un saldo de casi 200 mil desempleados, un número que nos remonta a la monstruosa crisis con que inauguramos este siglo. Pero lejos de señalar que todo esto es resultado del accionar amarillo, aplauden cuando El Tipo afirma que “no hay que vivir de prestado”, después de endeudar el país como nunca, perdonarse deudas y deber al Estado más de 4000 millones de pesos de impuestos. A medida que la crisis carcome el optimismo, las tapas de los diarios insisten en hablar del gobierno anterior, después de tres años desde su finalización.
Claro que, después del caso D’Alessio, gran parte de las telenovelas en continuado de la Corrupción K pueden desmoronarse. Por eso no hablan del tema o tratan de despegarse lo más posible del pintoresco falso abogado, espía y agente de la DEA. El incontenible personaje, en su afán de convencer al empresario Pedro Etchebest de su importancia, reveló detalles que debería haber guardado hasta el último suspiro. No sólo involucró a Carlos Stornelli en su acción extorsiva, sino que atribuyó al juez Claudio Bonadío la autoría de los famosos Cuadernos Quemados. Los cuadernos Gloria ya no son de Centeno, sino de Mister Nadie, el apodo que tomó el impresentable magistrado al registrarse en el Hotel Four Seasons.
Algún distraído puede pensar que todo esto es una operación de prensa, pero esas tretas provienen de los grandes medios y no de una página web como El Cohete a la Luna. Además, hay audios, videos, fotografías y mensajes de WhatsApp entre D’Alessio, Stornelli y el periodista falaz de Clarín, Daniel Santoro, también involucrado en varias extorsiones, entre otros personajes del Cambio.
Mientras la hegemonía discursiva trata de quitar gravedad al escándalo, el submundo oficialista procura desarmarla como sea. Si no, no hubieran entrado a la casa de uno de los hijos del empresario extorsionado para robar documentación; el juez Julián Ercolini no estaría insistiendo para que Alejo Ramos Padilla le entregue la causa para arrojarla al papelero; Carrió no estaría acusando al juez de Dolores de ser kirchnerista, de La Cámpora o iraní-venezolano entrenado en Cuba; los periodistas que presentaban a D’Alessio como un genio de la investigación no escatiman esfuerzos para sacudírselo de encima. Y por si todo esto fuera poco, el Consejo de la Magistratura, un Tribunal de Disciplina que sólo castiga jueces que no obedecen a los caprichos judiciales de la dupla Magneto-Macri, quita polvo y telarañas a fojas absurdas para cargarse a otro desobediente, uno más entre tantos.
Claro que este episodio es gravísimo y la única solución es empezar a poner la lupa en Comodoro Py, sobre todo en sus principales estrellas: Claudio Bonadío, Julián Ercolini, Guillermo Marijuán, Carlos Stornelli y muchos más de los que se sumaron a la persecución política disfrazada de justicia durante muchos años. Esos que gastaron fortunas públicas para interpretar las parodias que escribían desde las oficinas de Clarín. Esos que inventaron causas para convertir en delito la búsqueda de un país más justo. Esos que archivan sin dudar las causas que salpican a los miembros del establishment y convierten la ley en una barrera de protección de los corruptos siempre impunes. Esos que deberían proteger a los que son amenazados por los poderosos, se convierten en una amenaza para los débiles.
Destronar esto es prioritario; pero ya, no dentro de un año. Esta es la oportunidad para desmoronar el andamiaje que aceitó el camino para este desmadre que estamos padeciendo: el Poder Real con la Suma del Poder Público. Todos, en una verdadera asociación ilícita, desde el lado oscuro de La Grieta manejan nuestro futuro para hacerlo más infeliz. Que no nos entretengan en la calle protestando sólo contra los tarifazos: es el gobierno entero el que tiene que caer. Y después de esta experiencia, de verdad, Nunca Más.

lunes, 25 de febrero de 2019

Un discurso engañoso


En estos días, tres periodistas desbocados tropezaron con sus incoherencias. Primero, Jorge Lanata y Nicolás Wiñazki, junto a los medios en donde vomitan sus fabulaciones, fueron condenados a pagar 600 mil pesos por involucrar a Norberto Yauhar en un caso de narcotráfico. Poca plata para tanto daño y cinco años es mucho tiempo para castigar una mentira tan evidente. La Justicia debería actuar con más rapidez para evitar que la falsedad se convierta en norma y altere la vida democrática, como ocurrió con Aníbal Fernández, imputado mediáticamente en un triple homicidio. El otro caso es el de Mercedes Ninci y sus monstruosidades tuiteras sobre la muerte de Natacha Jaitt. Los administradores de Twitter cancelaron su cuenta con una rapidez ejemplar. Que nadie apele a la libertad de expresión en estos casos, porque las injurias y calumnias no deberían tener espacio en la comunicación pública.
Cuando la opinión se construye a partir de los caprichos imaginativos de periodistas hegemónicos, no hay democracia que aguante. Además, la vara de la verdad termina casi en el piso. Estos tres comunicadores –y muchos más- son víctimas no inocentes de la impunidad de los dueños de los medios en los que trabajan. Clarín y La Nación se han ganado el lugar de inventores de hechos sin pagar consecuencias, algo que habrá que resolver en un futuro inmediato. En el afán de actuar en política con la pátina de independencia y objetividad, han intoxicado a la parte de la sociedad que aún confía en ellos; con sus difusoras multimediales legitiman cualquier cosa, por más absurda que sea.
Y así habilitan a los demás medios para competir con la menor responsabilidad posible. La foto trucada de CFK muerta que publicó la revista Noticias es, además de una nefasta expresión de deseos, una muestra de pésimo gusto para alimentar al público odiador. Si no existe una ley que ponga límites a estas atrocidades, deberán ser los lectores los que empiecen a rechazarlas, por el bien de la convivencia y de sus propios espíritus. 
El discurso oficial está lleno de estas cosas; lejos de la promesa de “unir a los argentinos” los amarillos tratan de atomizarnos; en lugar de reparar la grieta, no paran de ensancharla; en vez de buscar una sociedad en armonía, alimentan el encono entre los conciudadanos. Los PRO exudan clase por todos sus poros, hasta cuando pretenden hacerse los buenos visitando a los Cachos y las Marías en los timbreos ensayados con pretensiones de espontaneidad.
Lo peor en un dibujo
El simulacro es lo esencial y la demagogia al palo: decir lo contrario de lo que se hace, ponderar resultados inexistentes, alentar el optimismo aunque nada auspicioso se asome en el horizonte, hipocresía sin pudor y cinismo como emblema. Después de fingir empatía con los que desprecian, difunden una despreciable ilustración para promover una rebaja impositiva: el sueño eterno de la oligarquía rentística y parasitaria.
El dibujo ya es conocido y ha circulado en las redes, con críticas demoledoras y parodias certeras creadas por los usuarios. Siete rubies elegantes se esfuerzan para sostener a una multitud de morochos: una imagen que se sintetiza con la cacerolera frase “con mis impuestos mantengo a un montón de vagos”. Claro que muchos de los que la repiten a toda hora –la evidencia de un lugar común- se identifican con el grupo al que jamás pertenecerán. Los blancos son una élite, no gente del montón y su vestimenta no es propia de empleados, trabajadores ni comerciantes: son ejecutivos, operadores de la city, empresarios improductivos.
  La imagen coloca una minoría generosa y solidaria como cimiento del resto, aunque la intención sea fundamentar la pulsión egoísta de los más ricos. Los que integran la parte de arriba no son pobres, como muchos interpretaron, sino gente común, vestida con sencillez y con expresiones sin rostro que no denotan padecimiento alguno. Así se ven los menos, como piedra basal de la sociedad, como víctimas de un sistema “desordenado”.  En realidad, esos que engrosaron el inusitado caudal electoral de Cambiemos están en el grupo de arriba, aunque los educaron para despreciar a sus iguales e identificarse con lo que no son.
El original esquema propuesto no representa ninguna realidad. Cualquier abstracción sobre las sociedades utiliza una pirámide –más o menos empinada- para sugerir la desigualdad y son las mayorías las que generan las riquezas que disfruta la minoría. La equidad se alcanza con redistribución y la igualdad con una revolución.
Pero así son los amarillos porque vinieron a dar vuelta todo para empeorar las cosas: para hacer de los valores una herramienta de dominación; para convertir la dignidad en mercancía de lujo; para hacer de las instituciones tugurios para sus pillajes; para transformar la Justicia en guardia pretoriana. Cada día está más claro quiénes son, qué representan y a qué vinieron. Casi todos somos estorbos para sus planes. El gran problema es que todavía quedan giles que van a tardar mucho en avivarse.

jueves, 21 de febrero de 2019

El cotejo del siglo


No es cualquier año electoral, sino uno especial. En las urnas se enfrentarán un modelo muy dañino con muchas promesas de empeoramiento contra un proyecto que pretende recuperar algo de lo arrebatado por el Cambio. Continuidad hacia el desastre o una interrupción de la decadencia. Algo de eso hay, porque el nerviosismo reina en las filas amarillas. Encima, el radicalismo se está abriendo, por fin, de tanta barbarie. Tarde se agrieta una alianza que nunca debería haber existido y los que la gestaron deben quedar manchados para siempre por haber facilitado que Macri se convierta en presidente. El año empieza a pura represión y revancha, como si la violencia fuera lo único que puede salvar a la patota gobernante de una estrepitosa caída.
De las peores experiencias siempre se saca alguna buena enseñanza. Que votar a los ricos no enriquece al conjunto, sino todo lo contrario. Que no es con honestidad cómo han amasado su fortuna. Y que no se caracterizan por su generosidad, precisamente. Y si, además de ricos son malvados, votar por ellos es de suicidas. Después de estos años en el recurrente infierno, cualquier sociedad aprende a no volver a quemarse. Según las encuestas, menos la nuestra. Que el Gerente de la Rosada SA mantenga su intención de voto en torno a los 30 puntos es un indicio de eso. Mucho para unos tipos que coparon el gobierno para hacer negocios y poner el país a los pies del Imperio.
Ese porcentaje está compuesto por los beneficiarios, esos que están bien parados ante cualquier catástrofe y por los que se la pasan viendo programas de chimentos y van a las urnas con desinformación supina. Los primeros jamás han tenido una necesidad porque les sobra todo; los segundos consideran que el deterioro que experimentan es el castigo por haber gozado de cierta holgura o un sacrificio patriótico para estar mejor.
El que no olfatea la catástrofe en puerta es porque no quiere. Si hasta Coca-Cola está en problemas. La caída del consumo supera los 7 puntos interanuales y eso lo padece tanto el que vende como el que compra. En primer lugar, ese número es un promedio porque los sectores medios y bajos deben restringir sus gastos mucho más. En segundo lugar, afecta a alimentos y bebidas, lo que demuestra que muchos conciudadanos deben renunciar a lo esencial. Claro, no es lo mismo abstenerse de la carne o la leche que de un viaje a Miami. Antonio Toledo, titular de una cadena de supermercados marplatense, debe formar parte del segundo grupo. Alarmado, el supermercadista advierte que “esto no da para más; no sé si llegaremos a mayo o junio”, pero, a pesar de esto, volvería a votar por Macri. Un suicida.
Una receta sencilla
Si no miramos a los que nos rodean, de ésta no salimos. Si vivimos mirando nuestro ombligo, terminaremos con la columna doblegada. Si nos la pasamos aceptando los argumentos de los colonizadores, acabaremos colonizados. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne –que duró más de lo que pensábamos- está feliz con el superávit primario. Esto quiere decir que en enero se gastó menos de lo que ingresó al Tesoro. El famoso déficit cero que tienen los neoliberales como meta esencial. “El sendero hacia el equilibrio de las cuentas fiscales se está transitando de manera ordenada y sostenida”, aseguró el funcionario.
Un desprevenido podrá considerar esto como una buena noticia. Un orden algo extraño que deja un tendal de excluidos. Un orden que se lleva la tercera parte de nuestros ingresos en servicios. Un orden que limita la vida de los ciudadanos, que deben hacer malabares para llegar a fin de mes, que no saben cuánto podrán destinar a la comida ni cuándo perderán su empleo. Un equilibrio que desequilibra la vida de la mayoría. Un equilibrio con una inflación que roza el 50 por ciento, que alienta la especulación y la fuga de capitales, que sólo distribuye miseria, que sólo nos endeuda por décadas. Un equilibrio que deja a millones por debajo de la línea de pobreza.
Un equilibro logrado con palos para los descontentos. ¿De qué sirve el déficit cero si reprimen a los productores de verduras por querer vender más barato o a los trabajadores gráficos que reparten cuadernos? ¿De qué sirve el equilibrio fiscal si apalean a los fotógrafos que cubren una protesta? ¿Alguno creerá que Bernardino Ávila golpeó con su cámara a un policía? ¿O creerá que tomar la imagen de la anciana recogiendo berenjenas es una provocación K?
El desafío para estas elecciones es superar los versos que vomita el oficialismo desde sus 300 cloacas mediáticas. El reto es empezar a rechazar las caprichosas propuestas que presentan los amarillos para conquistar distraídos, como la extinción de dominio o la baja en la edad de punibilidad. La solución no pasa por fusilar a un motochorro o encarcelar a un opositor. La salida está en lo que más molesta a la minoría gobernante: repartir con más equidad lo que producimos entre todos. Si nos convencen de lo contrario, estamos verdaderamente fritos.

lunes, 18 de febrero de 2019

Destrucción: la herencia del futuro


La realidad del país duele tanto que las lágrimas son incontenibles, más aún ante la indiferencia que uno advierte en gran parte de los conciudadanos. No sólo indiferencia: a veces, hasta hay aplausos. Una anciana recogiendo berenjenas ante un cordón de policías es una foto de época. La desesperación por conseguir comida en un país que tiene de sobra; la injusticia de recibir gas pimienta en la cara por vender más barato. Otra foto de época es la censura que afecta a las voces opositoras. A C5N, acosado por los jueces militantes, se suman los obstáculos para ver videos en Netflix, You Tube y otras plataformas. Mientras tanto, el Estafador Con Banda Presidencial afirma que nunca hubo tanta pluralidad de voces como ahora.
El empresidente dice muchas cosas y todas son inconsistentes. Como que la inflación está bajando cuando en realidad sube; que todo va a ir bien, aunque los analistas aseguran que no hay lugar para el optimismo; que éste es el camino, aunque sin aclarar hacia dónde; que antes vivíamos endeudados y ahora no; que antes no había infraestructura y ahora sí; que antes había cadenas nacionales que interrumpían telenovelas y ahora hay 300 medios que ocultan las trapisondas del Gran Equipo con una única telenovela. Idioteces para idiotas dispuestos a creer idioteces. Hasta los periodistas ultramacristas se burlan en radio Mitre del discurso oficial y dejan en ridículo a sus votantes, a los que convencen sin propuestas y con mentiras. Jorge Lanata y algunos de su equipo consideraron que Macri puede obtener muchos votos con sólo decir “Cristina no vuelve”  y el elector responde “te voy a votar pese a todo”. Ni ellos respetan al público odiador que construyeron.
Ahora que estalló un escándalo promisorio, en el lado oscuro de la Grieta reina la desesperación. Espadas y plumas salen a defender al indefendible Stornelli porque si cae él, muchos más comprobarán la contundencia de la Ley de Gravedad. Si no esgrimen las escuchas obtenidas en la cárcel por el hijo del fiscal, tratan de mostrar a D’Alessio como un loco peligroso. Un loco avalado durante mucho tiempo por los medios hegemónicos y muy cercano al Mundo PRO; dueño de una mansión en Saint Thomas, un departamento en Puerto Madero, una propiedad en Chaco, diez autos lujosos, dos motos de alta cilindrada, un yate, 50 relojes muy caros, armas y tecnología para espionaje. Una fortuna considerable que no debió obtener sólo con sus columnas en Clarín o sus participaciones en América TV.
Tan promisorio es este hecho que la No Causa de los Cuadernos Quemados puede desmoronarse como un castillo de naipes. Tan desesperados están que no saben qué hacer para arrebatarle el expediente al juez Alejo Ramos Padilla, al que la diputada Paula Oliveto, mano derecha de Carrió, acusa de “ser un confeso kirchnerista”. Tanto desespera este episodio que hasta amenazan a Matías Etchebest, uno de los hijos del empresario extorsionado.
Los invotables
Todo el andamiaje del Cambio puede desmoronarse cuando empieza a asomar la verdad. Sólo unos pocos sostienen el verso de que a Nisman lo mataron, después de que un coro de falsarios cantó esa canción durante tres años. ¿Tendrán alguna vez algo parecido a un castigo, no sólo los periodistas cómplices, sino Patricia Bullrich, Elisa Carrió, Laura Alonso y hasta los no-peritos de Gendarmería y el juez que basa el juicio en su absurdo informe? No es poca cosa que una mentira tan evidente reciba el castigo que merece.
Cuando la mentira llega a un tribunal hay un problema muy serio en la Justicia. Por problemas de salud de uno de los jueces -dicen- se posterga para mayo lo que muchos sueñan desde hace un tiempo: CFK sentada en el banquillo. Otra foto que causará impacto; lástima que el Tribunal Oral 2 tendrá serios problemas para demostrar la acusación. Como Lázaro Báez obtuvo 51 de 81 obras viales en Santa Cruz, sospechan que hubo desvío de fondos, coimas o retornos. El inconveniente es que el informe de Vialidad Nacional, comandado por Javier Iguacel, no encontró irregularidades en la ejecución de las obras. Además, para el juicio no podrán presentar la evaluación de 51 obras sino de 5; en realidad, sólo de una: la repavimentación de la Ruta 3 en el tramo de la circunvalación de Caleta Olivia. Pero hay más: entre 2003 y 2015 en esa provincia se hicieron 111 obras públicas de todo tipo, a pesar de la patraña oficial de que no se hizo nada. Y todo fue aprobado por el Congreso Nacional, con un presupuesto inicial de 20966 millones de pesos, de los que sólo se pagaron 12915. Sin embargo, la imputación por defraudación al Estado incluye la descabellada cifra de 46000 millones de pesos. Ah, y otra cosa que dificultará a los acusadores es que licitaciones, adjudicaciones, control y certificación de las obras estuvieron a cargo de la Administración General de Vialidad Provincial. Una puesta en escena para la gilada.
Mientras tanto, el amargo circo amarillo sigue andando. Lejos quedaron las esperanzas de un buen segundo semestre y el embuste del crecimiento invisible. Lo único que pueden prometer es que este año no habrá reformas laborales ni previsionales. Sólo seguirán los recortes que horadan la vida de casi todos. Los jubilados se quedarán sin el mísero reembolso del IVA en las compras con débito. Hasta las pensiones por discapacidad están en la mira de la guadaña ordenada por el FMI.
En lo único en que son expertos es en la represión, que es lo que más disfrutan, además de rifar el patrimonio de todos. La ministra de in-Seguridad, Patricia Bullrich, después de quedar descolocada con sus consejos a Uruguay, inicia su campaña militando el proyecto para castigar a les pibes que el modelo margina. En lugar de dignidad, reparten palos y rejas. Como no han logrado nada –salvo acelerar la hecatombe- la escoria punitivista es lo mejor que pueden exhibir.
Lo malo es que nos estamos acostumbrando a estas pésimas noticias. El país que están construyendo es tan invivible como invotable. La continuidad sólo está en oscuros corazones o en conciencias vacías. Resistir ya no es un buen plan. No hay que esperar ser cenizas para poder renacer ni aguardar la destrucción para reconstruir. Los enemigos están a la vista: sólo hay que acordar la manera de combatirlos y neutralizarlos para siempre.

jueves, 14 de febrero de 2019

Estamos mal pero vamos bien


¿En manos de quiénes estamos?, se preguntan cada vez más argentinos; una porción menguante sigue confiando en vaya a saber qué, a pesar del deterioro creciente; sólo unos pocos, los mismos de siempre, están satisfechos con el camino de injusticias que propone el Cambio. La codicia inspira a estos últimos; la conciencia, el olfato y la angustia a los primeros. Los del medio son oscilantes, desentendidos, desinformados, in-conscientes; tanto, que están dispuestos a dar una segunda oportunidad, de abrazarse a las excusas y esperar que, ahora sí, las promesas pendientes se cumplan; hasta son capaces de creer que todo se armó desde la cárcel, no sólo las denuncias contra Stornelli sino también la crisis prefabricada que estamos padeciendo.
En verdad, hay que hacer mucho esfuerzo para seguir confiando en los pretextos y las expectativas que emanan desde el oficialismo todo terreno; hay que subestimarse mucho para creer todo al pie de la letra y convertirlo en dogma cotidiano; hay que ser un militante de la decadencia para considerar la continuidad de Macri en el Sillón de Rivadavia; hay que ser cualquier cosa, menos un ciudadano comprometido. Escuchar la salmodia des-humanizada del empresidente ya es un reto para la dignidad y la inteligencia, no por lo complejo, sino por lo idiotizante.
Para creer que, como declaró, “hoy estamos mejor posicionados hacia el futuro de lo que estábamos en 2015”, hace falta mucha desinformación o estar incluido en el ‘nosotros’ presidencial. Asumir que hasta su asunción vivíamos por encima de nuestras posibilidades significa renunciar a nuestros derechos para potenciar privilegios de pocos con el dinero de todos. Pero aplaudir como logro de su gestión que no hay más “cadenas nacionales que invaden la vida de los argentinos” requiere una necedad extrema.
Avergüenza todo, no sólo lo que dice Macri o cualquiera de sus funcionarios funcionales a la mafia gobernante, sino también la deformación de la realidad que defecan los medios oficialistas. Después se vanagloria de la ausencia de las cadenas nacionales, cuando más de 300 usinas de estiércol blindan, intoxican y confunden a los colonizados. ¡Cuántos habrá que el lunes suspiraron aliviados al pensar que las denuncias contra el fiscal Stornelli se pergeñaron desde la cárcel o que ahora Marcelo D’alessio tiene problemas psiquiátricos! Aunque la ficción sea inverosímil, siempre es mejor abrazarse a un absurdo que reconocerse como engañado.
Consejos para charlas cotidianas
Si algunos aceptan que desde la cárcel, los reos K obligaron a D’Alessio y Stornelli a extorsionar a Echebest, pueden creer cualquier cosa. Total, no vieron las fotos ni los videos ni escucharon un solo audio. Tampoco les importa que al juez Luis Rodríguez le hagan un proceso por un chisme y a Stornelli, con tantas pruebas, ni siquiera consideren en sacarlo de la inventada causa de los No Cuadernos Quemados. Ni duden siquiera de sus prejuicios aunque el propio fiscal Stornelli admita que Cristina no está ni mencionada en las ficciones de Centeno.  
Los distraídos no buscan ninguna verdad, sino la mentira que más se acomode a sus prejuicios. Macri afirma que éste es el camino y que estamos mejor que antes, a pesar de que los únicos ganadores de este modelo de despojo son el sector financiero y su banda de especuladores que ganan fortunas con el esfuerzo de casi todos. Macri asegura que éste es el camino aunque la industria esté con casi un 60 por ciento de su capacidad ociosa, cierren comercios y fábricas y las economías regionales estén al borde de la extinción. Macri garantiza que algún día estaremos mejor, a pesar de la pobreza que crece día a día. Si Macri se lamenta porque las cosas no salieron bien, habrá que creer que fue por fenómenos climáticos y no por sus propias decisiones. Todo está bien, aunque cada vez haya más asistencia a los comedores comunitarios e inauguren cárceles en lugar de escuelas.
El país va viento en popa, aunque los ricos sean cada vez más ricos. En realidad, para la mafia gobernante, ése es el objetivo. Mientras algunos nos enojamos porque La Rosada SA alquile un vetusto satélite europeo en lugar de uno propio –el Arsat 3, suspendido en su construcción- para no perder la posición geoespacial, otros piensan que Macri es un mesías. El país está más ordenado mientras algunos nos preocupamos por un magnate inglés que se apropia de un lago y amenaza de muerte a todo el que se acerque. Nuestra economía está más sólida aunque la deuda tomada por esta gentuza nos empeñe por cien años y ponga en riesgo nuestros recursos naturales.
En tiempos de campaña, sociólogos y politólogos aconsejan cómo convencer a los que aún confían en el Cambio a pesar de las evidencias. Que hay que evitar ciertos términos despectivos como globertos, globoludos, cabeza de termo, colonizados y otros más que surgen del ingenio popular. Que uno no debe plantarse ante el confundido como si fuera un esclarecido y escuchar más que explicar. Que no hay que hacer hincapié en los engaños de campaña, en el fraude amarillo ni en las mentiras de los medios hegemónicos. Que uno debe deconstruir el discurso oficial con paciencia y humildad. Que no hay que enojarse con los empeñados en no entender. Que no debemos hablarles como si fueran niños. Que necesitamos una paciencia zen. Que, aunque la historia reciente nos dé la razón, no hay que desenrollar papiros y hablar más del presente. Eso sí, aunque pongamos todo esto en charlas cotidianas es posible que sigan siendo globoludos, globertos, cabeza de termo y colonizados. Si nada de esto funciona, sólo podemos desear que pierdan el documento cinco minutos antes de entrar al cuarto oscuro.

lunes, 11 de febrero de 2019

Nido de ratas


Fácil de prever: el año electoral será tan explosivo que el asteroide que se aproxima a la Tierra con intenciones de impacto parece menos amenazante que un petardo fallado. Ante la ausencia de logros, el oficialismo apela al humo: la demagogia punitiva y la transparencia fingida son los favoritos, además de las conocidas patrañas mediáticas que hacen las delicias del público colonizado. Y la oposición se debate entre una Unidad que desdibuja convicciones, las engañosas versiones de lo que se pretende desalojar y las postulaciones testimoniales que no están con nadie. Y por encima de todos, existen esas fuerzas políticas que nunca se presentan a elecciones pero siempre salen triunfantes y que, de una vez por todas, deberemos amoldar a la democracia.
De eso pocos hablan. O mejor dicho, muchos vociferan generalidades sobre una Justicia independiente comprometida con la ley pero no mucho más. Que sea uno de los tres poderes del Estado está establecido en la Constitución, pero que condicione a los otros dos es una atrocidad jurídica; que sea una herramienta para presionar o desterrar a los políticos que molestan al establishment es un atentado a la democracia; que castigue a representantes y funcionarios que cometen ilícitos está dentro de sus atribuciones, pero que estiren causas no demostrables para teñir de sospechas a una opción electoral lesiona la vida política de cualquier país. En este contexto de confusión, proponer una reforma drástica puede tildarse como la búsqueda de una justicia dócil, algo que los amarillos hacen todo el tiempo sin grandes aspavientos ni demasiadas críticas.
Y aquí viene el punto más álgido: los medios de comunicación. Ya parece una discusión trillada, pasada de moda, propia de patrulla perdida. Hasta hay algunos que consideran que nada tienen que ver los medios con las opciones electorales de la gente, que el ciudadano no es tonto, que la manipulación no existe y la mar en coche. Claro, esto dicen los que tienen los medios de su lado. O, para ser más precisos, que están del lado de los medios. Porque una cosa es que existan diarios, radios y canales que tomen partido por uno o por otro candidato y otra es que sean los medios los que terminen poniendo los votos en las urnas y dictando las sentencias. Esto en sentido metafórico, claro está. Y uno dice ‘los medios’ cuando en realidad está refiriéndose a un grupo monopólico que concentra un poder inusitado difícil de encontrar en otros países más o menos civilizados. Los candidatos de la oposición protestan contra la protección mediática hacia el empresidente Macri y su Gran Equipo pero pocos sugieren la forma de desarmar ese perverso poder.
Una desinfección imprescindible
El tamaño importa y también las intenciones. Que más de 300 medios estén amoldando la realidad a los intereses de sus dueños resulta nocivo en cualquier sociedad. Más aún cuando el Estado, además de favorecer su crecimiento económico, dedica los recursos públicos a acosar y desmantelar las pocas voces opositoras. El caso del grupo Indalo es el más emblemático e indignante. Sus dueños –Cristóbal López y Fabián de Souza- están presos por no pagar impuestos. Si esto se aplicara a todos, nos quedaríamos sin empresarios. En realidad, quisieron saldar la deuda pero la AFIP y un par de jueces cómplices no lo permitieron. Una anomalía intencional: las autoridades recaudadoras hacen lo imposible para que el deudor no pague. Y ahora se agrega la novedad de que, con mecanismos similares, los trabajadores no cobren, un episodio que vulnera la Constitución y los convenios internacionales. Y todo para que el público no tenga voces disidentes en medio de la campaña electoral. Tan poco democrático es este mecanismo que más se parece a un apriete mafioso.
Para quien tenga dudas de que las cosas no están funcionando como deberían ser, el episodio revelado el viernes es tan didáctico que parece una clase de civismo para jardín de infantes. Por la contraria, por supuesto. Un empresario extorsionado por un personaje ligado al poder para no ir preso a cambio de una suma importante de dinero. Los audios difundidos por Horacio Verbistky en El Cohete a la Luna no muestran la aventura de un loquito externo que aprovecha la ocasión para hacerse de unos mangos. Por el contrario, Marcelo D’ Alessio es alguien muy cercano no sólo al fiscal Carlos Stornelli y Claudio Bonadío, sino a muchos funcionarios del des-gobierno nacional y, por supuesto, a la principal mafia del país que es el Grupo Clarín con muchos de sus periodistas incluidos.
Lo que se sospechaba, queda en evidencia. La reacción del fiscal Stornelli es más que sugestiva: en lugar de enojarse con D’ Alessio que lo involucra en una extorsión, se molesta con el periodista que lo hace público. Y la actitud de Clarín y La Nación –el silencio y la protección- además de insinuar que todo es verdad, induce a pensar que el episodio es más demoledor de lo que parece. La bala de plata que destruye al monstruo que desde hace décadas malogra la vida del país.
El fiscal calificó la denuncia como una operación berreta. Claro, no es una superproducción como la Causa de los No Cuadernos Quemados, escrita por un periodista de La Nación, orquestada desde el Poder Ejecutivo, judicializada por Stornelli y Bonadío y amplificada por Clarín. Una telenovela que tiene el fin evidente de encarcelar a CFK y muchos ex funcionarios, apropiarse de empresas nacionales empobreciendo a sus dueños y seguir fabulando sobre la corrupción K. Ahora aparece un objetivo subyacente: la recaudación compulsiva de dinero ilícito. Lo confirma el propio D’ Alessio: el fiscal y el juez se quieren retirar “dentro de dos o tres años con veinte o treinta palos”.
Las pruebas son muchas para que esta causa se desmorone. Todos los arrepentidos pueden haber sido extorsionados, todo es un invento y los cuadernos son truchos. Un escándalo de proporciones que deja a todos expuestos como una banda de maleantes con destino de prisión perpetua. Hoy, quien no está repudiando esta atrocidad es porque la consiente. De ahora en más, el candidato que quiera construir un país en serio deberá incluir en sus propuestas el desmantelamiento y castigo de la mafia tripartita: empresarios angurrientos que se disfrazan de políticos, medios de comunicación que engañan al ciudadano y magistrados que malogran las leyes para permitir lo ilícito.
Los que queremos un país para todes no debemos dejar pasar esto, que se suma a los Panamá Papers, a la deuda del Correo, a la tramoya de las autopistas y los parque eólicos, a los aportantes truchos de las campañas y los conflictos de intereses. Y si a los innumerables chanchullos de Macri y su Gran Equipo se suma el deterioro de nuestra vida, hay motivos suficientes para que la mafia gobernante no llegue a las elecciones. Un objetivo que, lejos de ser antidemocrático, es el más republicano que podemos concretar.

jueves, 7 de febrero de 2019

El culebrón amarillo


Mientras el Cambio encamina el país hacia su aniquilación, los principales afectados no reaccionan de manera proporcional y la oposición no termina de acomodar sus fichas en el tablero electoral. Los distritos gobernados por el oficialismo adelantan las elecciones para evitar el lastre Macri, menos Vidal y Rodríguez Larreta que, como los músicos del Titanic, están dispuestos a hundirse con él. Pero, como si no pasara nada, allegados, funcionarios y ex despliegan un rosario de excusas y falsedades para confundir más el guion.
Esta semana, dos estrellas rutilaron en el firmamento del ridículo. El primero de ellos fue el vice Jefe de Gabinete, Andrés Ibarra quien, en un exceso alucinógeno, aseguró que “los mercados en general están reaccionando muy bien a las medidas que se han tomado en materia de ordenamiento económico”. ¿Ordenamiento económico llama a este desmadre? Todo se está yendo a pique y este tipo habla de ordenamiento económico. Hacia el desagüe, seguramente. Por lo que parece, no se ha enterado de que la empresa Hitachi cierra sus oficinas instaladas hace 60 años para comenzar a operar desde Brasil; tampoco que Wrangler y Lee también se irán del país, sumando 200 desempleados a los 123 mil en la industria manufacturera que ha producido la gestión amarilla desde 2015. Un orden que se parece a la decadencia. 
La otra estrella fue el ex ministro de Energía –el peor de que se tenga memoria- Juan José Aranguren. En la comodidad del canal de La Nación, el ceo de Shell desplegó un ideario clasista vomitivo y contradictorio. Por un lado, dijo que “a veces, a los argentinos nos gusta la frase ‘mentime que me gusta’” y después, sin pudor, mintió con eso de “hemos vivido con una realidad de que el servicio energético es gratuito”. Luego, para reforzar la mentira destinada a los argentinos que gozan de las mentiras –telespectadores de medios como ése- agregó que “los países que han progresado han pagado por la energía”. Pero no podría estar feliz sin desplegar su desprecio de clase cuando manifestó no estar de acuerdo con que el acceso a la energía sea un derecho humano. Y su ignorancia también, porque, lejos de ser un capricho populista, el acceso a los servicios está fundamentado en la Declaración Universal de los DDHH de la ONU. No pasa por si el gobierno de turno está o no de acuerdo, pues el Estado debe garantizar ese acceso para todes. No gratis, por supuesto, pero sí accesible. 
Claro, ambos personajes hablan para una minoría y su impronta avarienta apunta a convertir todo en mercancía. En realidad, el Cambio es para una minúscula porción de argentinos que gozan de sus privilegios a costa de cercenar derechos, resultado del gran error histórico de haber convertido a esta banda en un gobierno de mayoría.
Motivos para el desalojo
Desde antes del balotaje, muchos analistas anticiparon lo que podría pasar en caso del triunfo de Macri. La hegemonía discursiva calificó estas advertencias como campaña del miedo con total éxito en el electorado. El gobierno de ricos para ricos fue trocando a un plan de negocios con ansias de saqueo y futuro colonial, si es que no se pasan de rosca y nos retrotraen al Medioevo. Si siguen los tarifazos, el consumo de agua, luz y gas se convertirá en un lujo para pocos y llevará a la mayoría a volver a las velas y bañarse cada tanto en las aguas de un lago no apropiado por un amigo extranjero del empresidente.
La Revolución de la Alegría no sólo restringe los servicios esenciales que garantizan el desarrollo humano para asegurar las ganancias extraordinarias de las distribuidoras. La inflación que Macri prometía bajar en dos minutos se muestra tan desobediente que ni la alimentación respeta. La educación de calidad que tanto prometían los PRO hizo que los productos de la canasta escolar hayan subido más de un 200 por ciento desde diciembre de 2015. El descontrol de precios y la especulación angurrienta transforma todo en inalcanzable. Y siempre suena como fondo musical la ya hartamente citada frase de Javier González Fraga: “les hicieron creer que con sus sueldos medios podían…” y uno puede agregar una lista interminable de las cosas que ya no se pueden hacer de la mano del “Sí, se puede” que coreaban los embelesados con el Cambio.
En el afán de bajar el déficit que este modelo produce, recortan todo lo que no los beneficie para satisfacer las exigencias de especuladores, fugadores y lavadores. Para ello, el Gran Equipo sigue los consejos del FMI que quiere elevar la edad jubilatoria y, en lugar de aspirar al 82 por ciento prometido, pretenden serruchar los haberes a menos de la mitad del salario. No conformes con eso, la Anses dispuso que aquellos jubilados que también perciben una pensión y que superen los 55 mil pesos tributen el impuesto a las ganancias que el Macri de campaña había prometido eliminar. En 2015, los afectados por ese impuesto eran 160 mil; el año pasado se había duplicado esa cifra y ahora serán unos 50 mil más. Y la alegría de esta revolución no se detiene, porque diseñaron nuevos requisitos para las pensiones por discapacidad, que los PRO consideran un privilegio y no una herramienta de equidad.   
A estas imposibilidades que van in crescendo, se suma un Poder Judicial que, como una metáfora de lo que es, terminó la feria con hedores cloacales, ratas y demás alimañas. Muchos de sus magistrados, en lugar de castigar a los que no cumplen la ley, operan para ocultar los desmanes de los amarillos y hacer de CFK una rea. Mientras la causa de los Cuadernos Quemados suma casi 100 imputados, el lavado de dinero, falsedad ideológica y apropiación de identidad de las campañas de 2015 y 2017 pasan al fuero electoral para que las penas sean sólo multas. Los chanchullos evidentes del Gran Equipo se esconden bajo la alfombra y los inventos mediáticos contra los opositores se convierten en costosos procesos amañados y hasta en series televisivas.
Hasta dónde llegaremos es la pregunta del millón porque esta pandilla no se detiene ante nada. Y prometen ser peores: la demagogia punitiva ya parece inquisidora y la lluvia de inversiones es un drenaje hacia paraísos fiscales. De una vez por todas, la sorpresa inmovilizadora y la paciencia resignada deben convertirse en un freno con intenciones de desalojo. Las calles deben dar un mensaje de hartazgo porque para las urnas falta mucho tiempo. No sea cosa que la pulsión recortadora despliegue sus garras hasta la suspensión de las elecciones y ahí, demostrarán ser tan antidemocráticos como desde hace tiempo muchos sospechamos.

lunes, 4 de febrero de 2019

Una luz en el cuarto oscuro


A pesar de las estrategias de marketing y el periodismo propagandístico, el enojo de la población es creciente. No es para menos, si los gobiernos amarillos no paran de hacer daño. Y de pasar papelones también, como el gobernador Gerardo Morales con el caso del músico argentino accidentado en Bolivia. Cuando el desprecio y la ambición orientan las acciones, no puede pasar otra cosa. Cuando la mentira inspira las opiniones, la falsedad se convierte en dogma. Cuando la realidad no se puede tapar, de nada valen las promesas a largo plazo ni las frases de póster con entonación estudiada.
Desde el principio del Cambio, “Haciendo lo que hay que hacer” es el eslogan oficial. El gerundio ‘haciendo’ indica que no hay sujeto, no hay un alguien que haga ese algo. Tampoco hay un ‘para qué’ se hace eso que se hace. Lo más importante es la segunda parte de la frase: ‘lo que hay que hacer’. Un imperativo que emana de vaya a saber dónde, un mandato emitido por vaya a saber quién. Esto va de la mano con el latiguillo del empresidente Macri: “éste es el camino”. Así como la primera no especifica el ‘para qué’, en la segunda se escamotea hacia dónde conduce este camino. Lo incompleto de las frases produce, en algunos, un efecto encantador, una sensación de estar en buenas manos, una confianza ciega en quien nos conduce. Los vacíos discursivos se llenan con los deseos del destinatario, mientras los funcionarios se encargan de vaciar nuestros bolsillos.
Así pasa también con la promesa de ‘empleos de calidad’: mientras algunos piensan en un trabajo cómodo y bien retribuido, otros sueñan con algo parecido a la esclavitud. O la ‘integración al mundo’, que nos volvió dependientes y sumisos. O la ‘Revolución de la Alegría’, que ya sabemos lo que ha producido. Como la lluvia de inversiones, que terminó siendo un saqueo de especuladores o el 82 por ciento para los jubilados, que mutó en una pérdida de 20 puntos del poder adquisitivo y van por más.
El Cambio es la vacuidad conceptual para híbridos que consideran que todo se resuelve “sin ideología”; para esos individuos que se consideran desideologizados aunque pidan “balas para los motochorros”, que nadie les regaló nada y que los problemas se superan sin grieta ni conflictos. Esos que se quejaban porque las “pibitas se embarazan por la platita” o que el Estado mantenía a vagos que cobraban sin trabajar. Esos que hoy ignoran –porque los medios hegemónicos no machacan tanto- que los programas asistenciales continúan  y la AUH se extendió a los monotributistas. Pero sobre todo, no se sienten perturbados porque el Estado subsidia a multimillonarios con las altas tasas de interés, la permisividad fugadora y la devaluación contenida. El Cambio es para esos que antes protestaban porque el Estado mantenía a vagos pobres pero ni se molestan porque con la plata de todos mantenemos a vagos ricos.
Advertencias y no-consejos
Este año electoral pinta apasionante, tenso, crucial. Las charlas cotidianas serán un ping-pong acelerado de denuncias y desmentidas, promesas y logros. El pasado remoto o el pasado reciente. Cambiar futuro por pasado o pasado por futuro. El país para los ricos o para todos. La alternativa que no propone nada o el rejunte que puede terminar en estampida. El recitado de títulos engañosos y la impaciencia de los súper informados. Los que se enorgullecen de no entender nada de política pero depositan en las urnas su desinterés y los que exigen más responsabilidad ciudadana. Los que dicen que son todos iguales y los que tratan de encontrar las diferencias. Esta ensalada resulta más apetitosa que la resignación o el hartazgo.    
Por supuesto, uno no espera una conversión sino un poco más de conciencia. Al menos, una pizca de desconfianza a lo que ven en la tele u ojean en las redes. ¿O no es incoherente que el diario de mayor tirada diga que un pobre comiendo de un contenedor en Caracas es síntoma de decadencia y en Buenos Aires, de decencia? ¿O no es absurdo que presente a Venezuela como el único país con pobreza de la región? La síntesis tontuela para los distraídos es que criticar a Macri es defender a Maduro. Uno sólo pide que no se dejen pensar por otros, que pongan un poco de resistencia a la colonización, que no se depositen tan mansamente los pies de los poderosos. O cuanto mucho, que reconozcan la estafa de la que han sido víctimas cuando uno muestra las pruebas. Y, sobre todo, que dejen de confiar en los estafadores.
A esos que enseguida saltan con el respeto por la opinión les digo que el primero que debe respetar la opinión es quien la emite. Si está basada en falsedades o pavadas, esa opinión no merece respeto. El que vierte una opinión ‘in-respetable’ está siendo irrespetuoso con quien escucha. La exigencia no es que seamos expertos en todo, lo que es imposible, sino tener fundamentos certeros en lo que decimos. Un ejemplo: los que militan el incremento de las tarifas eléctricas repiten la tontería oficial de que la energía no es gratis y hay que pagarla. Nunca ha sido gratis pero antes era más barata y eso es un hecho. Ahora es un latrocinio que se torna inadmisible. Tanto, que el pago de los servicios se ha convertido en una confiscación de nuestros ingresos.
Si defienden este modelo que sea porque están convencidos de sus bondades y no porque Cristina se robó todo y mató a Nisman. Claro que, a la luz de los hechos, ni lo uno ni lo otro. Ni el Gran Equipo tiene ánimos de andar prometiendo milagros ni hay tantas ganas de seguir fabulando con el memorando con Irán y el asesinato del suicidado. Por eso algunos se empiezan a despegar del oficialismo. Los industriales medianos y pequeños están con el agua al cuello y los productores regionales están a un paso de fundirse. Casi todos se arrepienten de haber confiado en Macri. ¿Por qué no lo pensaron antes? ¿Acaso no advierten que confiar en Macri es un oxímoron?
Claro que la situación es confusa: los que antes fueron funcionales a la llegada del Ingeniero ahora lo critican sin pudor; los que hicieron coro al monopolio para horadar a CFK hoy se desviven por la unidad con ella; los que convocaban paros por ganancias ahora están acurrucados en los rincones viendo cómo crece el desempleo y el salario pierde su poder adquisitivo. Los que esperaban de Macri el desarrollismo al que decía adherir, ahora ven con espanto el destino colonial. Quienes denunciaban la corrupción K ahora están impávidos ante la corrupción M.
No hay consejos ni recetas de cara a las elecciones. Aunque el camino hacia octubre parece largo, estos meses pasarán muy rápido. Vertiginoso. El tiempo no sobra para largos debates sobre el día después. Nuestro país se recompone rápido si la convicción es profunda. Uno siempre espera que las malas experiencias sirvan de lección y que la saliva invertida no se seque en un desierto de indiferencia. Uno espera un despertar, no sólo contra los tarifazos, sino contra todo. Y que sea para siempre.

Una jugada maestra

 “Sorpresas te da la vida”, cantaba Rubén Blades en los ochenta. Malas o buenas. Y el fin de semana, la sorpresa la dio CFK con el ya cono...