lunes, 30 de abril de 2018

El futuro es una hoguera


En esta semana, muchos habrán recordado el fallido de la gobernadora Vidal cuando festejó su triunfo electoral: “cambiamos futuro por pasado”. Un pasado que se vuelve presente para arruinar todo futuro. Como si estuviésemos condenados a una siniestra repetición, parece que Cavallo se vuelve asesor para dar el golpe de gracia a La Revolución de la Alegría, para poner el moño a la destrucción que comenzó el 10 de diciembre de 2015. Cuando uno anticipaba las medidas y sus consecuencias, en pleno proceso electoral, los apologistas inventaron eso de la campaña del miedo. Ahora que el miedo es real, los hechizados comienzan a vislumbrar la monstruosidad del Cambio. La Argentina de Macri exhibe las peores postales que creíamos olvidadas, con desocupados, excluidos y productores desesperados. En un país donde los recursos alimentarios, energéticos y monetarios sobran, cada vez más viven como mendigos por la decisión política de profundizar la desigualdad.
Para aplicar este modelo del derrame –que sólo fluye en torrente hacia la punta de la pirámide- alimentaron prejuicios existentes en los sectores medios y bajos respecto al gobierno anterior, que apenas pudo limar intereses oligárquicos para avanzar hacia una tímida redistribución del ingreso. La corrupción –que no es un delito sino una síntesis para el consumo masivo- siempre es la excusa que utilizan las élites económicas para horadar las bases de los proyectos populares. Para fomentar el rechazo, debieron explotar todos los medios –tanto comunicacionales como judiciales- con el fin de convertir las fábulas más descabelladas en verdades indiscutibles.
A pesar de la amplia cobertura televisiva, en cadena nacional a toda hora, las causas más relevantes están congeladas porque las pruebas demuestran su falsedad. ¿Cuánto hace que están dando vueltas con la causa Hotesur y Los Sauces, en la que Lázaro Báez premiaba a los Kirchner con el pago de alquileres por ocupar el puesto 34 en el ranking de contratos con el Estado? Con operaciones bancarias, locaciones a precio de mercado y obra pública ejecutada a tiempo y sin sobreprecios, ¿dónde está la ilegalidad? Si no hay cohecho ni malversación de fondos públicos, ¿por qué gastan tanto dinero en un proceso judicial que terminará con “falta de mérito”? Lázaro Báez está preso desde hace más de dos años por esta causa y por tener dinero en Suiza, como muchos empresarios que gozan de libertad y prestigio. Ni siquiera encontraron su nombre en las filtraciones de guaridas fiscales, en las que sí están muchos de los funcionarios del gobierno amarillo, el empresidente Macri incluido.
Y éste es uno de los tantos ejemplos de manipulación mediática que lograron convencer a los votantes de que la Década Ganada fue lo peor que nos pasó en la historia. Tan enloquecedora es esta campaña de demonización, que hicieron de Cristina la asesina de Nisman, y de Aníbal Fernández, el ideólogo del Triple Crimen de la Efedrina. Tanto incrustaron estas patrañas que será difícil extirparlas, aunque todos los juicios en curso sentencien inocencia.
Sobre versos y verseros
Que el público asimile tanta infamia es casi comprensible, pero que los dirigentes la transformen en argumentos para sostener este desastre es una vergüenza. Las demonizaciones sobre los funcionarios del pasado sirven para ocultar las trapisondas de los de hoy, tan evidentes que no necesitan una investigación muy sagaz para demostrarlas. Pero casi todos los dardos que disparan hacia los K parecen girar como un boomerang para hacer blanco en algún M.
Si a esto sumamos que el plan aplicado hace aguas y el iceberg está cada vez más cerca, es inexplicable que la caída de la imagen presidencial no sea más abrupta. Enumerar las medidas que han tomado desde que Macri asumió este inmerecido cargo demostraría no sólo el engaño sino también las intenciones: si estamos ante una crisis económica es porque así lo planearon. No olvidemos que nos gobiernan empresarios que no necesitan producir ni vender para obtener ganancias; la especulación financiera y las recurrentes estafas al Estado multiplican sus fortunas sin que nadie ose acusarlos de nada. La mirada del ciudadano distraído siempre apunta a los políticos, al punto de proponer una rebaja en las dietas de diputados y senadores, pero no de los ministros, jueces y fiscales. La sospecha sólo apunta a los funcionarios que elegimos con el voto y no al resto. Y menos aún a los que deterioran nuestros ingresos a fuerza de precios exorbitantes, explotación laboral, evasión impositiva y reclamos de privilegios. Los grandes empresarios, los más ricos del país, son los beneficiarios de la desigualdad que nunca nos abandona, pero que ahora es creciente.
Aunque dibujen los números y los medios cómplices se hagan los distraídos, la desocupación provocada por el propio gobierno es palpable. El fin de mes que se adelanta forma parte de lo cotidiano y los 18000 pesos que marcan el límite de la pobreza son insuficientes para vivir con dignidad. El incremento de los precios hace inalcanzable la canasta de alimentos. Nada de lo que decidieron produjo los efectos que auguraban: inflación, desinversión y devaluación no auspician un futuro armonioso. El déficit comercial ha crecido respecto al año pasado porque se importa más de lo que se exporta. Los recortes en todas las áreas del Estado para equilibrar las cuentas empeoran la situación porque deprimen el mercado interno.
Y más aún cuando la mayoría de los ciudadanos tiene que destinar gran parte de sus ingresos al pago de tarifas de servicios públicos por la eliminación de los subsidios a los usuarios y la multiplicación del costo, que convierte las facturas en la confesión de una estafa. Claro, lograron que los usuarios se quejen por pagar poco pero hasta diciembre de 2015, Argentina estaba entre los países que menos dinero destinaba para aligerar el costo de la energía. A pesar de que EEUU aporta más de 2000 dólares anuales, China 1600 o Australia 1200, el establishment protestaba porque los gobiernos kirchneristas contribuyeron con algo más de 400 dólares anuales per cápita. Y encima siguen cacareando que “en ningún país del mundo se hace eso”.
Esta semana en que el dólar trepó como nunca, el Banco Central desembolsó más de 4000 millones para subsidiar la ganancia de los especuladores de la timba financiera y ningún titular protestó por eso. Hasta ofrece tasas de interés que superan el 30 por ciento. Estas cifras que van a parar a manos de unos pocos son pagadas entre todos en forma de deuda externa. Y esto no sólo daña nuestro futuro; también significa una contradicción respecto a la mirada ortodoxa sobre el rol del Estado: los clamores ensordecen cuando interviene para facilitar la vida de la mayoría, pero el silencio aturde cuando lo hacen para enriquecer al cinco por ciento de la población. Total, para disfrazar estos dislates siempre hay jueces que reparten prisiones para que el público cautivo no olvide que estamos pagando la fiesta del pasado, la ilusión de bienestar que produjo el kirchnerismo.
Ese incendio que mencionó el diputado Mario Negri en la sesión de esta semana para rechazar las iniciativas de rebajar las tarifas. Justo él habla de incendio, el que formó parte de la Alianza que hizo estallar el país a principios de siglo. Un país desendeudado, que redujo la pobreza a la mitad, que provocó un crecimiento industrial del 100 por ciento, que construyó más de 1500 escuelas, hospitales, rutas, autopistas entre muchas otras cosas no está incendiado en ningún lugar del planeta. Justo él apela a la Pesada Herencia en versión pirómana, que ahora integra una alianza que nos está conduciendo a una hoguera de la que sólo unos pocos saldrán ilesos.

jueves, 26 de abril de 2018

Evidencias del saqueo


Por desaforados, el episodio de las tarifas se está convirtiendo en crítico, no sólo por el descontento que genera sino también por las pavadas con que los funcionarios intentan justificar los incrementos. Culpar a los usuarios, pagar las facturas en cuotas y dejar la solución en manos de los gobernadores es lo único que se les ocurre para poner paños fríos al torbellino que desataron. Y la siempre disponible y cada vez más tontuela excusa de la Pesada Herencia, que apenas alcanza a aliviar las tensiones en los que creen -por ejemplo- que la ausencia de gente en los locales se debe a la proliferación de las compras on line. Si los funcionarios dicen pavadas es porque hay pavos que las disfrutan; si mienten en canon es porque hay crédulos que siguen la melodía de las mentiras; si vierten de su boca las barbaridades más inimaginables es porque hay sedientos de incongruencias. Eso sí, cada vez menos, pero suficientes para asustar con la continuidad de esta pesadilla, con Macri o con lo que sea parecido.
De ahí que Vidal sea la más amparada, la más blindada, la más angelada. Un maquillaje que se desmonta con un soplido. En medio de este entuerto del tarifazo, ella misma brindó algunos ejemplos. El primero, anunciar, segundos después del spot presidencial, la quita de unos impuestos que recién ahora están vigentes luego de unos meses de suspensión y que representan sólo el 15,5 por ciento de lo facturado. El segundo, al decir que “durante muchos años estuvimos acostumbrados a pagar tarifas irreales”. No eran irreales porque existían, aparecían en las facturas y eran pagadas por los usuarios; sólo eran baratas; accesibles para cualquiera. Si eso molesta, que lo diga con claridad y no con eufemismos. Que sea sincera, como Javier González Fraga al considerar que los derechos dependen de los recursos. De ser así, no serían derechos, sino privilegios.
El último ejemplo -para no espantar lectores con este personaje que amenaza con tomar la posta de la destrucción- se relaciona con su disfraz de bruja bondadosa. Después de anunciar la rebaja impositiva, declaró su compromiso de “acompañar a los argentinos en sus dificultades”. Que el des-gobierno haya decidido reducir el déficit provocado por sus propias decisiones eliminando los subsidios y multiplicando los precios de la energía no es una dificultad, sino un latrocinio. Ella y todos los funcionarios amarillos no deben acompañarnos ante las dificultades, sino atenuarlas. O cuanto mucho, dejar de fabricarlas. Ellos son los que ponen las piedras con que tropezamos en este oscuro y tortuoso camino.
Un aluvión de falacias
Los miembros del Gran Equipo son tan mentirosos que deben jurar a cada rato que no mienten. No pueden justificar nada de lo que deciden hacer sin apelar a una falsedad. Y son tan burdas que después deben pedir disculpas, como la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich al considerar a Holanda como narco-estado para cercenar todo debate sobre la despenalización de la tenencia y consumo de drogas. Como cuando dicen que buscan el desarrollo, aunque el empleo en las actividades manufactureras se redujo a los valores de 2010, con la destrucción de casi 69000 puestos desde que asumió Macri. Como cuando pontifican sobre la libertad de mercado y el cese del intervencionismo estatal, aunque el Estado sólo opera para garantizar negocios y ganancias a los privados a costa de empobrecer a la población.
Con respecto al saqueo de nuestros bolsillos con las tarifas, los funcionarios amarillos han vomitado tantas mentiras que el hedor es insoportable. En la sesión en Diputados de esta semana, Axel Kicillof desmontó tres, pero hay muchas más. La primera tiene que ver con lo más evidente: el sincero Mauricio prometió en campaña no incrementar las tarifas de los servicios públicos. Por esto, desde hace mucho tiempo, es necesario resaltar la estafa electoral del Cambio. La segunda es que el gobierno anterior dejó al país en una crisis energética, pero hoy se produce menos petróleo y se importa más –explicó el ex ministro de Economía- Mintió al decir que era para hacer inversiones: ahora hay menos que antes”. Y la tercera se relaciona con el simulacro de preocupación por el impacto de los descomunales incrementos. Ya había sido pautado –aclaró Kicillof- que un 25 por ciento de la tarifa del gas podría pagarse en cuotas con un interés anual del 20 por ciento”, aunque lo presentaron como una novedad ante el creciente rechazo.
Por supuesto, hay más mentiras. El Gerente de La Rosada SA ha dicho un par de veces que no queda otra salida porque “en ningún lugar del mundo se subsidian las tarifas”. Hasta en EEUU el Estado alivia los bolsillos de los usuarios con subsidios porque la producción de energía es cara. Y si subsidiar puede producir un déficit sólo basta retornar al cobro de impuestos a los bienes personales y de importación y exportación, para que sean los más ricos los que auxilien a los demás y no a la inversa. Otra mentira –quizá la más insultante- es decir que los argentinos somos derrochones. Hasta el Banco Mundial lo desmiente: los argentinos tenemos un consumo eléctrico inferior en un 22 por ciento respecto a Chile y más del uno, a Uruguay y usamos en promedio de 3,5 metros cúbicos de gas diarios. Ellos quieren que consumamos menos para que sus amigotes puedan exportar electricidad, gas y combustible produciendo lo mismo.
Un modelo tan destructivo sólo puede aplicarse con patrañas amplificadas por los medios cómplices y demasiada crueldad. Y mucha ingenuidad de parte de los ciudadanos que siguen esperando algo bueno de esta pandilla de atracadores. Tan ingenuos que creen en la idea de que los amarillos abandonaron sus negocios para sacrificarse por el bien del país. Al contrario, por el bien de sus negocios que nunca abandonan están sacrificando al país. Y esto es tan evidente que hay que estar muy enceguecido para no verlo o ser tan perversos como ellos.

lunes, 23 de abril de 2018

La magia del estafador


En medio de las protestas y el maquillaje oficial por los tarifazos, el empresidente Macri aclaró que no es un mago ni un estafador. Sin embargo, a pesar de sus yerros geográficos y conceptuales y la torpeza de su lengua, ha logrado que nadie reclame su título universitario como hicieron, de manera insistente, con CFK. Además, dice que no es mago pero consiguió mostrarse como honesto con su pesado prontuario a cuestas, aplicar un plan de desigualdad con la Pobreza Cero como meta y hasta hacer que los yaguaretés vuelen de nuestros bolsillos como alados seres míticos. Para que alguien como él conquiste la voluntad de las urnas se necesita mucha magia y estafa, de lo contrario, no habría llegado ni a la esquina.
La estafa principal es el contraste entre sus promesas de campaña y las medidas que ha tomado desde el funesto día en que –como una burla- bailó en el balcón de La Rosada. Nada de lo que decidió tiene como fin cumplir con lo prometido y eso se nota en los malos resultados que está logrando. O buenos, si se los mira desde el lado oscuro de La Grieta. El crecimiento de la pobreza, la caída del poder adquisitivo de los salarios y el consecuente declive del consumo, el cierre de fábricas, Pymes y negocios, el aumento de los desocupados y la inflación que parece imparable es el escenario que oscurece el horizonte. Si no es un estafador, es un incapaz o algo aún peor.
Con escuchar el debate presidencial previo al balotaje alcanza para demostrar que sus intenciones estaban muy lejos de lo que prometía. “No voy a devaluar”, “no voy a abrir las importaciones”, “no voy a eliminar el Fútbol Para Todos”, “no voy a incrementar las tarifas” y muchas más que evidencian su estafa. Hasta prometió que en su gobierno, “ningún trabajador pagará impuesto a las ganancias”, aunque la cifra de los afectados ascendió a más del 78 por ciento. En enero de 2016 había 1230000 trabajadores que afrontaban esa carga y en diciembre de 2017 superó los 2200000. Y todo esto sin recomposiciones salariales significativas. Eso sí es magia, pero de la peor.
Como todo mago espectacular, tiene detrás de su figura un staff de colaboradores para realizar sus actos: funcionarios bien entrenados para trocar cinismo con sinceridad, medios de comunicación hegemónicos que pintan un cuadro maravilloso y minimizan las tropelías y un público alienado dispuesto a sorprenderse con los peores trucos. Que Javier González Fraga explique, con soltura, que "la inflación deriva de que la sociedad cree que tiene más derechos que recursos" es un ejemplo de lo primero. Que Clarín, La Nación, Ámbito Financiero y El Cronista hayan presentado como buena noticia el pago de las tarifas en cuotas financiadas por las provincias es una muestra de lo segundo. Y para demostrar lo tercero, basta escuchar a algunos transeúntes que aún justifican el deterioro con el verso de la Pesada Herencia y las calles que, a pesar de las masivas manifestaciones de protesta, todavía no están desbordadas por el descontento.
Un error carísimo
Los nefastos trucos que el mago Mauricio despliega ante nuestros ojos se basan en la naturalización de conceptos inaceptables. Entre todos, se destaca la ilusión de bienestar del populismo kirchnerista: convencer a la población de que con sus ingresos vivir bien es una fantasía. O una mentira, como repite con insistencia la vice Michetti. Que un trabajador acepte este concepto es una renuncia a su dignidad. Un salario debe alcanzar para satisfacer alimentación, vivienda, salud, educación, vestimenta y  recreación. Cualquiera que piense lo contrario acuerda con la explotación inhumana del peor capitalismo. Si un gran empresario tiene esta intención, el Estado debe desalentarlo. Un gobierno democrático debe ponerse de parte de los más vulnerables, no de los más poderosos. Que el Gran Equipo gestione para convertir la explotación en ley sugiere una adulteración de las obligaciones de un representante. Esto ya no sorprende tanto porque se ha naturalizado la idea de que es un gobierno de ricos para ricos o que La Rosada está invadida por ceos. Así, no sólo parece lógica sino necesaria la bestial transferencia de recursos de los sectores bajos y medios a los que no necesitan nada.
En el capítulo de las tarifas hay una síntesis de todo esto. Unos años atrás, los medios oficialistas comenzaron a instalar la idea de que los usuarios pagaban muy poco por los servicios, por eso eran deficitarios y se prestaban mal. Y eso que los denostados subsidios aliviaban la economía doméstica e iban a parar a los bolsillos de los empresarios. Un leve corte de luz merecía las tapas y la cobertura excesiva en los canales de noticias. Tanto machacaron que convencieron a la población de que pagar poco estaba mal. Ahora, cuando llegan esas facturas con cifras abusivas, la justificación apela a la Pesada Herencia: ahora pagamos de más porque antes pagábamos de menos. Antes de que comience esta pesadilla, la incidencia del gas natural y la electricidad sobre el salario alcanzaba un 2,7 por ciento y ahora, gracias a la magia amarilla, entre un 14 y un 17 por ciento. En la mente del colonizado, la culpa es de los que garantizaban una baja incidencia y no de los que la multiplicaron. Que los saqueados se abracen a los argumentos de los saqueadores es un insulto a la lógica.
Estos sí vienen por todo, porque la transferencia regresiva de recursos no ha terminado. El aumento en el precio de los servicios seguirá un par de años más porque se les antoja seguir engrosando las arcas de los amigotes, que fugan y especulan pero no invierten una moneda. Y a la par, seguirán aplastando los salarios para que dejen de ser los más altos de la región, algo que molesta a los angurrientos. Aunque esto dé asco, resulta razonable en la lógica succionadora, pero incongruente en el pensar de un trabajador. Y sin embargo, eso también era una queja.
Cuando el pobre aplaude al empobrecedor, estamos ante una atrocidad social. Si lo vota, estamos en problemas. Y si la mafia mágica del oficialismo digita a una parte importante de la oposición, la democracia es sólo un sello de goma. La estatua del Alfonsín derrotado en La Plata es una advertencia con forma de homenaje para los aliados radicales: el que pretenda alzar la cabeza, quedará tan sumiso como esa escultura a fuerza de titulares y denuncias; el que intente recordar las banderas del centenario partido quedará relegado del plantel.
No conforme con esto, el Cambio también avanzó sobre el PJ, depositando momias anti kirchneristas para descafeinar al movimiento y boicotear cualquier posibilidad electoral. Para lograr todo esto hay que ser un mago poderoso y siniestro. Un estafador de los mejores y tan peligroso que, por unos limones, es capaz de entregar la Patria a los planes del Imperio.

jueves, 19 de abril de 2018

Un clamor con forma de Himno


El Cambio se está convirtiendo en un revoltijo. El presidente por medio día, Federico Pinedo vierte metáforas náuticas, el ex funcionario Carlos Melconián anticipa un desastre y el FMI pronostica números de miedo con consejos de más ajustes. Mientras tanto, el público globoadicto sigue sumergido en la desmemoria y permite que plumas nocivas garabateen su conciencia para evitar contradicciones. Total, lo importante es odiar y echar culpas al pasado cercano de los atropellos del presente. Sometidos al licuado indigesto de los medios dominantes, los cautivos creen que los miembros del Gran Equipo son sacrificados patriotas, el bestial tarifazo es apenas un suave reacomodamiento, los mapuches son terroristas, las guaridas fiscales son cajas de seguridad y Macri es honesto. Todo va bien aunque parezca ir mal, repiten como mantra los que viven en Macrilandia. Tan bien que ya están celebrando el triunfo en las urnas del próximo año, aunque para eso deban amañar aún más el escenario y amenazar a la oposición con espionaje y procesamientos cuasi mafiosos.
Gracias al impresentable diputado Alfredo Olmedo, los amarillos cercenaron el debate sobre las tarifas de los servicios públicos. El ambiente se venía calentando demasiado en estos días y en el Congreso podía explotar la olla. A las denuncias de los incrementos anticipados, además de desmesurados, se sumó la itinerante Elisa  Carrió que –para simular preocupación- requería que el Jefe de Gabinete, Marcos Peña Braun dé explicaciones sobre irregularidades en la facturación. Pero lo que sacó de quicio al oficialismo fue que la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner presente de un proyecto de ley para que se retrotraiga el precio de los servicios.
Tanto que, el autor de “sólo los bolsos de López son corrupción”, Peña Braun apuntó sus tacones a la cabeza de Cristina. Con mal disimulado enojo, calificó su actitud como “demagógica e irresponsable de quienes quebraron el sistema energético”. Una hipocresía: ellos desprecian la demagogia hacia la mayoría, pero la practican para sus amigotes. Y una mentira, por supuesto: el sistema no estaba quebrado sino que los dueños de las distribuidoras ganaban menos. Como muestra, la empresa CPSA, de Nicolás Caputo, el hermano de la vida de Macri, acrecentó en un 160 por ciento la recaudación desde que comenzó La Revolución de la Alegría. CPSA y Pampa Energía, del amigo-testaferro Marcelo Midlin embolsaron más de 9000 millones de pesos el año pasado gracias a los tarifazos. Y como broche de oro, el Ingeniero salió a defender el saqueo a los usuarios con una de esas burlas que le brotan de sus entrañas: “nada que les digan que viene de regalo es real”. Como si él no hubiera recibido de regalo gran parte de su patrimonio, como si no fuera un regalo el indulto que recibió de la Corte Suprema menemista por el contrabando de autopartes, como si no fuera un regalo la estatización de su deuda en tiempos de la dictadura, como si no quisiera regalarse los 70 mil millones de pesos que su empresa debe al Estado. Si no son reales, ¿para qué se preocupa tanto por obtener tantos regalos?
Las trampas a la vista
Además –y esto para romper con una de las tantas estafas oficiales- nadie quiere que la luz, el gas, el agua y los combustibles sean gratis. Lo que estamos exigiendo es que se cobren a precios razonables. Pero como la razón no está del lado de los Amarillos, pueden decir cualquier pavada con la seguridad de que hacen escuela. Antes, los asalariados podían apelar a las cuotas para satisfacer sus gustos, pero ahora lo hacen para saldar las aterradoras facturas. Indiferentes al daño que producen en la vida de sus gobernados, han puesto al país en la antesala de un colapso. La inflación que iban a bajar en dos minutos, “no fue la que queríamos”, confesó el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger. El que armó la peligrosa burbuja de las Lebacs con un monto que supera al circulante, reconoció que “con los tarifazos se vuelve difícil manejar la política monetaria”. Si entre ellos hay cortocircuitos, la población se puede electrocutar. Y con cifras impagables.
Para que el Cambio pueda realizar esta monstruosa transferencia de recursos hacia los más ricos, necesita aplacar cualquier resistencia. Aunque deje muertos en el camino, como en el caso de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel que, por los videos y demás pruebas que se tienen, murieron víctimas de una desaforada represión. Aunque acumule detenidos sin condena, como el caso de Milagro Sala y de muchos militantes sociales en la provincia de Jujuy, el experimento más desbocado de esta globocracia. Aunque deban enviar mensajes que desmienten su compromiso con los DDHH, como las condolencias que el ministro de Justicia, Germán Garavano publicó en La Nación por la muerte del interventor de Córdoba en la dictadura, Carlos Bernardo Chasseing, secuaz de Luciano Benjamín Menéndez. Por más que intentan, no pueden contener la admiración que sienten por los genocidas. Tanto les cuesta que se parecen bastante, hasta en el objetivo de imponer un sistema de desigualdad para salvar la Patria. Más que para salvarla, para transferirla a cuevas financieras.
Todo esto es tan evidente que nadie se puede seguir haciendo el distraído recitando desmentidas excusas. El que se mantiene abrazado a estas patrañas es porque ya ha cruzado la Grieta para acurrucarse en su peor lado, no para gozar de sus mieles sino para padecer sus amargores. Muchos radicales que se sumaron a esta banda de saqueadores pueden dar cuenta de ello. Tan convidados de piedra que ya parecen zapallos. Y otros que deberían jugar de opositores, coquetean con el oficialismo aunque reciban más sopapos que mimos.
Fuera del palacio, el descontento es creciente. El ruidazo –que aún no puede tomarse en sentido electoral- se sintió en todo el país y puede oficiar como invitación para los tibios. Por más que la decepción se torne preocupante, los Amarillos tienen unos cuantos ases en sus mangas de pulpo: candidatos de recambio, estrategias de confusión mediática y todos los recursos para comprar voluntades. Y para garantizar el triunfo en la batalla por las ideas, ya está firmado el convenio de colaboración para que Argentina Debate se haga cargo de armar el escenario para la continuidad de la entrega. La presidenta de esta ONG, Karina Román, contribuyó con 1,5 millones de pesos a la campaña de Cambiemos y logró una “experiencia exitosa” con la contienda entre Macri y Scioli.
Nada puede fallar con tantas estrategias de marketing, salvo que la conciencia y la memoria despierten lo que está dormido y el pueblo decida cuanto antes salir de este embrollo en el que jamás debió haberse metido.

lunes, 16 de abril de 2018

Una abdicación sorprendente


En la VIII Cumbre de las Américas, el empresidente Macri presentó su renuncia. O así lo pareció, de acuerdo a sus dichos. “Allí donde la democracia se debilita, la corrupción se incrementa y allí donde la desigualdad no da tregua, la corrupción echa raíces”, pontificó Macri ante los demás mandatarios. En los dos años y pico de su gestión, con las modificaciones por decreto de leyes, la presión ejercida sobre jueces y fiscales, la intervención del PJ, los presos políticos, la imposición de los debates parlamentarios, cierre de medios opositores, entre muchos otros episodios, la democracia se ha debilitado. Tanto que “la desigualdad no da tregua” por casi todas las medidas defecadas por el Cambio, tanto que la corrupción ha echado sus raíces desde el núcleo duro gubernamental. Lo que han denunciado del gobierno anterior y no han podido demostrar, lo están haciendo Ellos con absoluto desparpajo.
Algunos hipnotizados por los globos todavía sostienen que la inevitable crisis que ya se está vislumbrando es culpa de que los K se llevaron todo. Si así fuera, deberían preocuparse por recuperar ese Todo que los K se han llevado. Hace años que lo vienen intentando con bóvedas de cartón prensado en estudios televisivos, excavaciones arqueológicas en la Patagonia y hasta destrozando dragones esculturales y no han encontrado nada. Salvo Los Bolsos de López que, por lo absurdo del hecho, huele más a puesta en escena ejemplificadora que a otra cosa. Si el objetivo fuera tapar el agujero de todo lo que los K se llevaron, no habrían eliminado o reducido las retenciones, renunciado al impuesto a los bienes personales ni suprimido los aranceles a las importaciones.
Y por si esto fuera poco, los colonizados mediáticos creen que la inflación creciente es más culpa de ese mito que de las medidas que el Gran Equipo ha tomado. Cualquiera que haya cruzado por la vereda de enfrente de cualquier facultad de Economía sabe que la devaluación de la moneda, la exportación libre, la baja de la producción y los incrementos tarifarios producen inflación. Además, un país que emite deuda a razón de 70 mil dólares por minuto no puede evitar una debacle inflacionaria y un impedimento de su desarrollo, además de la pérdida de la Soberanía.
En los escasos ocho minutos que duró su intervención en Lima, Macri reconoció la incapacidad para seguir al frente de la presidencia. “Nuestra gente merece gobernantes honestos y con vocación de servicio que no trabajen para beneficiarse a sí mismos”, expresó, en lo que podría interpretarse como una sincera autocrítica. Pero no soñemos: es tan hipócrita que siempre habla de otros, aunque pareciera hablar de sí mismo; es tan cínico que disfraza de denuncia lo que, en verdad, es una confesión.
Contradicciones que a nadie enojan
Si Macri se puede presentar como paradigma de la honestidad, que la jueza Servini de Cubría intervenga la RAE para reorganizar los significados. Pero el Ingeniero no es un arrepentido. Al contrario, se enorgullece de conducirnos al abismo del que se va a beneficiar, junto a sus secuaces. El término ‘honestidad’ choca con su trayectoria de estafas al Estado en todos sus niveles, con deudas privadas asumidas como públicas y obras cobradas pero no ejecutadas. Un honesto condenado por contrabando es una contradicción gigantesca. Un honesto no esconde su botín en guaridas fiscales ni blanquea fortunas espurias a través de familiares-testaferros; un gobernante honesto no incrementa las tarifas de peajes para después vender su empresa de autopistas al cuádruple de su valor; un honesto no se perdona su deuda con el Estado cuando se convierte en su administrador. Macri no sólo es deshonesto sino que, desde el primer día de su gestión, ha tomado decisiones para su propio beneficio y el de sus aliados, desde el endeudamiento hasta el blanqueo, desde las medidas macro-económicas hasta los tarifazos. Su vocación de servicio sólo está orientada a sus arcas.
Y si se presenta como el más democrático de los presidentes es porque sabe que se dirige a alelados que no entienden nada. Macri conquistó las urnas con promesas que no pensaba cumplir y eso no es muy democrático que digamos. La Pobreza Cero significó una multiplicación de pobres; la eliminación del impuesto a las ganancias trocó en un incremento de casi el 80 por ciento de contribuyentes; el empleo de calidad mutó en desocupación, tercerización y cuentapropismo; el desarrollo finalizó con la última notebook ensamblada en Tierra del Fuego en abril del año pasado; el Supermercado del Mundo en que nos iba a transformar está empezando a importar soja; el impulso a las economías regionales aniquiló a los horticultores y hasta exterminó a La Estancia del Rosario, una fábrica de alfajores tradicional de Córdoba, la provincia que más se inclinó hacia el Cambio.
Macri no se arrepintió por todos los desastres que está provocando, pero, como siempre, se rio en nuestra cara. En forma paralela, se realizó en Lima la Cumbre de los Pueblos, con organizaciones sociales y partidos de izquierda de todo el continente. En el documento final, los asistentes condenaron al gobierno de Estados Unidos por su recrudecida política imperialista y al de Argentina porque el régimen de Macri “se caracteriza por robarle a los pobres para enriquecer a los ricos, por el aumento de la deuda externa, por la represión a los movimientos populares y por el irrespeto a los derechos humanos”. Después de enumerar los atropellos de Mauricio el escrito advierte que con un gobierno así, “la democracia argentina está en riesgo”.
Pero Macri confía en el hipnotismo mediático que lo ha conducido hasta el lugar más inmerecido. Por eso puede ostentar ignorancia y trastocar los conceptos. Por eso dice que la desigualdad o el debilitamiento de la democracia producen corrupción, cuando es al revés. Por eso dice creer que nos está haciendo un bien aunque nos esté ocasionando un mal. Por eso se puede plantar como el mejor presidente de la historia aunque la Historia lo va a recordar como el peor. Por eso se va a sorprender cuando la conciencia despierte y lo desaloje sin disculpas del lugar de honor que nunca debió haber ocupado.

jueves, 12 de abril de 2018

Una Justicia invisible


En un país donde un grupo de ratas devora media tonelada de marihuana incautada puede pasar cualquier cosa. Desde granaderos de San Martín desfilando con banderas españolas hasta grandes supermercados que ven caer sus ventas; desde jueces y fiscales que obedecen los caprichos del Poder hasta Macri envidiando a la justicia brasileña por haber secuestrado al ex presidente Lula. La Revolución de la Alegría es tan dinámica que coarta todo disfrute; tan invisible que ni con microscopio se puede observar. El túnel se vuelve más oscuro y el tránsito, tortuoso. La luz tan prometida ni se asoma y el silencio expectante de los transeúntes ensordece a los que esperan una reacción ante tanto estropicio.
El Gran Equipo muestra las uñas desde todos los flancos y parece imbatible, mientras el público contempla –alelado- un cotejo desigual con la cancha tan inclinada que parece una rampa. El resultado es tan previsible que muchos ya están buscando refugio. Hasta el empresidente prevé un futuro fuera del país cuando las papas quemen. “El nivel de afecto que recibí en la visita a España fue tanto que hasta dudé en quedarme ahí a vivir para siempre”, confesó al recibir a Mariano Rajoy. Bastante ingrato, después de que muchos argentinos le han regalado la presidencia. Hasta Alicia Blanco Villegas –la mamá de Mauricio- tramitó la ciudadanía española, por si las moscas.
El encuentro entre los dos mandatarios exudó tanta humillación que nuestro futuro se muestra más turbio. Al analizar las relaciones diplomáticas, Macri expresó que “son como las de dos amantes que se han vuelto a encontrar”. Las metáforas esquivan al Gerente y por eso chocan con su verba. Y los asesores, tan torpes –o apátridas- como él, decidieron adornar a los granaderos con los colores del desalojado colonizador. Las relaciones carnales de los noventa parecen retornar con este encuentro, no sólo por la imagen de los amantes sino también por la insistente invitación a los empresarios españoles, por las excesivas disculpas brindadas por la expropiación de YPF y hasta por habernos independizado de la corona hace más de 200 años. Para que no queden dudas de qué lado se sitúa Macri, aseguró que “tuvimos un cortocircuito absurdo” que incluyó el vaciamiento de dos empresas que, gracias a la Pesada Herencia, volvieron a ser estatales. ¿Qué serán a partir de ahora?, sólo la desmemoria lo dirá.
Hay que intervenir al Ejecutivo
Ahora nos damos cuenta de que el Cambio sólo promete relaciones carnales: la intervención del Partido Justicialista es una muestra de eso. Con el disfraz de una sentencia judicial, aparece una decisión política para que la oposición sea lo más dócil posible al retorno del país oligárquico del Centenario. La intervención no es para mejorarlo, sino para amoldarlo, para neutralizar lo poco de transformador que le queda. Por eso su interventor es Luis Barrionuevo, el devenido a sindicalista por decisión de la Dictadura, el gastronómico que nunca ha servido siquiera un café, el personaje emblemático de los noventa que aconsejaba “dejar de robar por dos años”, el que confesaba que en Argentina “nadie hace plata trabajando”, uno de los principales destinatarios del “que se vayan todos”, el funcional a Macri y disfuncional al pueblo. Ese es el interventor del PJ, el que invita a Julio Bárbaro y Eduardo Duhalde, que por edad y prontuario ya les queda poco de peronistas; que convoca a todos los que desprecien al kirchnerismo, la agrupación más peronista desde el retorno de Perón, para servir en bandeja la reelección de esta pandilla de saqueadores.
Mientras este ultraje democrático se convierte en titular para tranquilizar a los espíritus odiadores, esos que desean estar seguros de que jamás retornarán Cristina, La Cámpora ni nada que se les parezca a gobernar el país, la fiesta de unos pocos ostenta su obscenidad. Funcionarios que siguen ligados a sus empresas de origen para asegurar el reparto del botín, cuevas fiscales que evidencian la evasión y el vaciamiento, iniciativas políticas que sólo buscan provocar más miseria y periodistas militantes y mercenarios que siguen culpando a los K.
Mientras la jueza que desalojó a Cristina de la presidencia con doce horas de anticipación ordena la intervención del PJ con ridículos fundamentos, el ministro de Finanzas, Luis Toto Caputo sigue sin declarar su participación en Princess International Group en las Islas Caimán y el rol de controlador en Affinis Partners y Noctúa. Además, su segundo, el secretario Santiago Bausili cobró una compensación del Deutsche Bank en los dos primeros años de su gestión, igual que el ministro Etchevehere de la Sociedad Rural. Todavía no se han enterado que, por la ley de Ética Pública deben estar desligados del sector privado tres años antes de convertirse en funcionarios y ningún juez decide intervenir sus áreas.
La fiscal Gabriela Boquín no para de denunciar las maniobras oficiales que buscan hacer realidad el deseo presidencial de perdonarse la deuda que el Correo Argentino mantiene con el Estado. Tanto preocupa este tema al Ingeniero que logró desplazar al fiscal que instruye la causa penal, Juan Pedro Zoni para ubicar en su lugar a un aliado, Gerardo Pollicita, el que lo asesoró en Seguridad cuando presidía Boca Jrs. Y el ministro de Justicia, Germán Garavano, en lugar de advertir estas irregularidades, pasea por el Sur para alimentar la ficticia peligrosidad de la inexistente Resistencia Ancestral Mapuche. Pero ningún juez opina sobre este embrollo.
Gracias a los tarifazos aplicados por el Ministro de Energía, Juan José Aranguren los usuarios aportaron unos 21 mil millones de pesos a las empresas gasíferas de Nicolás Caputo, Marcelo Mindlin y Joseph Lewis, amigos declarados de Macri. Otro tanto ocurre con la energía eléctrica, con aumentos que redundaron en ganancias que se ubican entre un 150 y un 230 por ciento a los empresarios del sector. Claro, con el desmesurado incremento del 570 por ciento en las tarifas de gas y de más de un 450 por ciento en la luz no se puede esperar otra cosa, pero ningún juez interviene este ministerio para no crispar a los empresarios.
Esto más la inflación que se calcula en más de dos puntos para marzo y superará las previsiones del 15 por ciento anual hicieron que el poder adquisitivo de los trabajadores haya descendido en 21 puntos desde que asumió Macri. Así, es lógico que los supermercados se quejen por la caída de las ventas. Si el mercado interno se desmorona es por decisión del Gran Equipo que ha tomado muchas medidas para bombardearlo.
En Globolandia, la democracia se desdibuja, el bienestar de la mayoría está en peligro, el endeudamiento vulnera nuestras posibilidades de futuro, la corrupción de los ceos es estructural, el cinismo es el pan de cada día y las libertades se restringen, pero una jueza interviene el PJ para que el desastre se perpetúe. Lo que habría que intervenir es la Casa Rosada antes de que sea tarde y La Grieta nos succione hacia el abismo. Y si no lo hace un magistrado, la resistencia callejera todos los días y a toda hora podría concretar semejante salvación.

lunes, 9 de abril de 2018

¿Qué tan malos son los malos?


A pocos meses de iniciada La Revolución de La Alegría, algunas figuras del Cambio instalaron aquella absurda idea de la ilusión de bienestar del kirchnerismo. Uno de ellos, el actual presidente del Banco Nación, Javier González Fraga, para reforzar aún más su clasista posición, se preguntó “¿qué tan pobres son los pobres?”. En nuestra región sobra experticia para categorizar la pobreza y simular dolor por su existencia, pero a la hora de actuar para reducirla, aparecen las divergencias. Unos aplican recetas fracasadas, con exenciones impositivas, salariales y otras medidas de enriquecimiento a los más ricos con las que jamás han logrado el propósito cacareado, sino todo lo contrario; en lo que también son expertos es en neutralizar y hasta castigar a los otros, los que prueban con una distribución más equitativa del ingreso.
Lula está padeciendo eso: la injusta prisión por haber puesto comida en el plato de los más pobres. Como dijo antes de entregarse, “la historia es una disputa entre los que tienen todo y los que no tienen nada”. La mentira que lo pone tras las rejas es celebrada como una buena treta del establishment y sus sicarios para proscribirlo como candidato presidencial. Los voceros vernáculos aplauden mientras se preguntan por qué Cristina sigue en libertad. Cuando fracasan los argumentos de la derecha retrógrada y egoísta, rebolean denuncias infundadas para confundir a la opinión pública y lograr un consenso inmerecido. Pero, como expresó el ex mandatario brasilero ante la multitud que se convocó para respaldarlo, “no podrán encarcelar mis sueños”. El sueño de distribuir dignidad entre los que siempre han estado al margen en países donde la desigualdad es resultado de la avaricia de los que tienen de sobra.
Si Javier González Fraga preguntó “qué tan pobres son los pobres”, uno podría interrogar qué tan avarientos son los avaros o cuántas angustias necesitan provocar para satisfacer sus angurrias. ¿Qué tan ricos necesitan ser los ricos antes de empezar a derramar las bondades de la “Libertad de Mercado”? ¿Qué tan malos son para seguir acumulando -a sabiendas de los dramas que generan- con las peores herramientas que su poder descomunal les permite utilizar?
Del enojo a la depresión
Como se ha dicho muchas veces, la pobreza no es un fenómeno meteorológico sino el resultado de políticas de empobrecimiento. Para que todos disfruten de las riquezas que genera un país como el nuestro, algunos deberían renunciar a lo que no alcanzarían a gozar ni en un sinfín de vidas sucesivas. Para que los de abajo puedan trepar un par de escalones, los de arriba deberían descender un poco. O por lo menos, renunciar a la carrera hacia el podio de Forbes. No que repartan los bienes adquiridos, sino que paguen lo que corresponde por tenerlos; no que renuncien a sus ganancias, sino que sean mesuradas; no que dejen de multiplicar sus fortunas en la timba financiera, sino que generen trabajo con una parte de lo que les llueve. No hace falta instaurar un modelo que nos otorgue a todos exactamente lo mismo; con que una minoría se desprenda de una pequeña porción de lo que les sobra y moderen un poco sus apetencias alcanza para repartir felicidad entre los que no se imaginan lo que es eso.
Que un proyecto de país insinúe algo así basta para que las fieras se desboquen: unos pesos de más en impuestos o salarios, algún límite a su pulsión acumuladora o el asomo de alguna obligación para la comunidad que colma sus arcas enfurecen al monstruo egoísta que jamás descansa. Hasta sienten envidia por un obrero que cambia el coche, mejora su vivienda o adquiere algún electrodoméstico. Ni hablar de las vacaciones que, desde la irrupción del peronismo, dejaron de ser exclusividad oligárquica. No conformes con abolir estos disfrutes, sus ansias succionadoras avanzan sobre lo más elemental, como la alimentación, la salud y la educación. Ni la muerte por represión o abandono inspira una lágrima en los vampiros económicos.
Mientras Agustín Salvia –Director del Observatorio Social de la UCA- planteó que “no hay certezas sobre una tendencia a la baja de la pobreza”, los beneficiados por la gestión amarilla claman por medidas para profundizarla. Las mediciones que antes provocaban orgasmos opositores en los que hoy son oficialistas indican que "los trabajadores han perdido poder adquisitivo y los pobres no pueden salir de la pobreza por el impacto en el aumento de tarifas". Mientras tanto, el gobierno que representa a unos pocos privilegiados impulsa despidos y bajas salariales para beneficiar a los empachados.
El caso más obsceno es el de Cargil, la agroexportadora que, después de embolsar millones con la baja de las retenciones, la devaluación y la permisividad para liquidar lo que quieran cuando se les antoje, anunció el despido de 500 trabajadores con un manuscrito pegado en la puerta. Los bancos no se quedan atrás en la obscenidad: desde diciembre de 2015 las políticas especulativas mejoraron la rentabilidad –en unos 70 mil millones de pesos por año- y la recesión que se avizora no es siquiera una amenaza. En el último trimestre, los bancos de capital extranjero aumentaron un 31 por ciento sus ganancias y los de capital nacional, apenas un 7 por ciento. Sin embargo, los trabajadores del sector están peleando desde hace meses para obtener mejoras salariales.
Otro caso de estos días es el de la cadena de supermercados francesa Carrefour, que recurrió a un procedimiento preventivo de crisis ante la caída del consumo. El ministro de Trabajo, Jorge Triaca, dispuesto como siempre a perjudicar a los trabajadores, convocó a una audiencia para iniciar “un diálogo maduro entre las partes”, un eufemismo que significa flexibilizar las condiciones laborales para preservar los 19 mil empleos en los más de 600 locales. Esto no es más que aplicar sangría al moribundo para frenar las lágrimas de los patrones. Si quieren mejorar la recaudación, que dejen de robar con los precios y de estafar con ofertas dudosas; si quieren incrementar las ventas, que dejen de someter a los clientes al vampirismo que practican.
Esto no debe sorprender a nadie porque lo han hecho siempre y no sólo en los tres casos citados: las principales empresas nacionales y extranjeras son grandes por eso. Lo preocupante es que los que prometían cuidarnos están del lado de los que nos quieren aniquilar. Lo alarmante es que están todos confabulados para someternos a una imparable succión. Lo grave es que “El Mejor Equipo de los Últimos 50 Años” integra el grupo de los insaciables y lo demuestran especulando, fugando y cargando sus ganancias en nuestra deuda. Pero lo más peligroso de todo es que muchos de los damnificados, ciudadanos tan de a pie como el que escribe, esperan que este plan de negocios desigualador nos traiga la prosperidad más asombrosa de la historia. Y esto no sólo es peligroso, sino también deprimente.

jueves, 5 de abril de 2018

Hay humo en tus ojos


La gestión amarilla es experta en arruinarnos la vida y fabricar cortinas de humo. Los que no saben cómo hacer para seguir saqueando nuestras riquezas se espantan porque los legisladores canjean pasajes por dinero. Los que contribuyeron a la conquista de la presidencia con operaciones de prensa y difamación de kirchneristas se horrorizan porque en una cena sabatina se hayan ventilado chismes sobre el escándalo de la pedofilia futbolera. Por si esto fuera poco, Macri, el inventor de los próceres angustiados, el emprendedorismo de Belgrano y la repatriación de los restos de San Martín por un resucitado Rivadavia, se disfrazó de paladín de la soberanía para homenajear a los caídos en Malvinas con un logro que no le pertenece. Sólo la vulnerabilidad intelectual del público cautivo logra que la farsa continúe y el Gerente de La Rosada SA mantenga un 40 por ciento de intención de voto.
Las denuncias mediáticas sin pruebas son inadmisibles. Para todos, hasta los que se sumaron a la comparsa denostadora de los medios del Grupo Clarín. Aunque complace que saboreen el veneno que han vertido durante años, el autor de semejante perversión debe quedar al descubierto. Como nunca antes queda visible quién es el único capaz de fustigar a los que se crucen por su camino: el que creció con la dictadura y vendió su voz al diablo, el enemigo de la democracia, el artífice de nuestros males, el alma máter del grupo empresarial tan gigantesco que sería ilegal en cualquier país serio; el problema no es Mirtha, cuyo vómito discursivo es monstruoso desde siempre ni la estrella fugaz que actúa como mensajera, sino el hacedor de los peores pensamientos de la sociedad: Héctor Magneto, el único impune de los dramas pasados, presentes y los que vendrán, el que inventa presidentes y los destrona cuando dejan de ser funcionales a sus intereses. Lo demás es humo.
Como lo del canje de pasajes de los congresistas, que no es ilegal ni significa cifras astronómicas, pero se presenta como escándalo para que La Política aparezca otra vez como la única culpable. Tal como en 2001, una distorsión de las responsabilidades que condujo a la población clamar “que se vayan todos” para que se queden los que se enriquecieron con la crisis. Tan confuso es el escenario, que hasta la aliada Elisa Carrió consideró que Macri “no tiene idea de lo que significa ser decente, hacer política decentemente”. Quien cree en Carrió, debería descreer de Macri y viceversa. Pero como la confusión es enorme, no ocurre nada de eso y ambos siguen muy arriba en la percepción del público colonizado.
En defensa de la Patria
En la historia de terror que estamos padeciendo cualquier semejanza con la realidad, más que una coincidencia, sería un milagro. Por eso Macri, que consideraba a las Malvinas como “un déficit adicional para el país” y que no entendía “los temas de soberanía en un país tan grande como el nuestro”, ahora puede presentarse ante los familiares de los caídos como un reparador histórico. Y con el cinismo que no puede contener, promete que el país seguirá reclamando “lo que es legítimo y nos pertenece, que es la soberanía sobre esas islas”. La lejanía –‘esas’- revela la simulación. Si sintiera algo, diría ‘nuestras’ y no hubiera accedido a los pedidos del Reino Unido para consolidar su ilegal dominio. A cambio, sólo facilitó la visita de los familiares a las tumbas con los restos identificados por la Cruz Roja, gracias a un trabajo impulsado por CFK en 2012 y comenzado en 2014.
Pero, abusando de la protección mediática y extralimitando su desprecio, el Ingeniero recitó: “este 2 de abril es totalmente distinto al que vivimos juntos el año pasado porque algo que parecía imposible, después de tantos años de resignación y angustia, con diálogo y diplomacia madura logramos empezar a saldar la deuda que teníamos todos los argentinos con ustedes”. Él no logró nada pero puso un colorido moño. Tan poco está convencido de nuestros derechos soberanos que su ministro de Defensa, Oscar Aguad puede declarar que el submarino ARA San Juan no fue víctima de un ataque británico porque no estuvo cerca de Malvinas, “sino que nunca salió del mar Argentino”. Si el funcionario desconoce uno de los argumentos que confirman nuestra soberanía, ¿cómo puede defenderla? Las Malvinas son nuestras porque están dentro de nuestro mar. Tan ignorante como el presidente que lo sigue sosteniendo en el cargo, a pesar de sus incontables yerros.
Como sigue sosteniendo a todos los demás, tan desastrosos como Aguad y como él mismo. Ignorantes del país que están gobernando. Egoístas convencidos de que todo les pertenece. Hipócritas que se presentan como salvadores cuando, en realidad, nos están hundiendo. Voraces que incrementan las tarifas y sostienen los subsidios para optimizar las ganancias de las distribuidoras de servicios. Indecentes que se justifican por ocultar patrimonio en guaridas fiscales pero denuncian bóvedas inexistentes en el otro lado de la grieta, cada vez más profunda. Que Aranguren siga sentado en su silla de ministro de Energía con los conflictos de intereses que lo crucifican y los perjuicios que ha producido en nuestros bolsillos es un insulto para la democracia. Que Luis Caputo mantenga su cargo como ministro de Finanzas a pesar de que ha empeñado nuestro futuro para beneficiarse con el endeudamiento que no para de crecer es una muestra de impunidad. Que las calles no se pueblen todos los días para exigir la renuncia de estos impresentables significa que no hemos aprendido absolutamente nada.
Tanta farsa es posible porque el fango que han arrojado sobre la Década Ganada es difícil de limpiar. Si los engañados escucharan a los demonizados, la salida de este entuerto estaría más visible. Si los cautivos de las pantallas se atrevieran a suspender sus prejuicios por unos minutos, encontrarían una luz insoslayable. Si los indignados de antaño por denuncias domingueras dejaran caer algunas gotas de sospecha sobre la gestión actual, advertirían que la corrupción siempre ha estado del lado de los que hoy gobiernan. Si advirtieran que muchos jueces operan para condicionar las urnas. Si ocurriera todo esto, las palabras del diputado Agustín Rossi terminarían de despertarlos: “el problema que tenemos hoy es que los ricos nos gobiernan. ¡Son un accidente de la historia! Porque la democracia está hecha para que nos gobiernen iguales no desiguales”.
Mientras la especulación financiera nos pone otra vez en manos de los usureros, el FMI aplaude el Cambio y los funcionarios se burlan de todos; mientras la Revolución de la Alegría despoja a gran parte de los argentinos de derechos y disfrutes; mientras el desarrollo retrocede para que volvamos a ser el Granero del Mundo, las previsibles cortinas de humo parecen conservar su nefasta eficacia. Una nube tan tóxica que convierte en angelicales salvadores a los que sólo son los indecentes de siempre.

Un porcentaje que avergüenza

Con rayitas en la pared, estamos contando los días que faltan para que Macri deje de ser presidente . Todos: unos con esperanza de algo me...