viernes, 19 de noviembre de 2021

El desafío de entusiasmar

Después de las elecciones legislativas y del reencuentro en la calle, el FDT debe demostrar el compromiso para iniciar la recuperación del país. La energía de estos días alcanza para los próximos dos años y más allá. Pero no con los buitres amarillos y sus fotocopias, que cada vez con más énfasis evidencian que no quieren nada bueno para el futuro.

La multitud en la Plaza inocula tanta energía que la derrota atenuada tiene otro sabor. ¿Qué festejan?, se preguntan los rabiosos opositores. No sólo se quejan por la felicidad ajena sino también reclaman llamadas de felicitación. Una incongruencia entre tantas: ¿para qué exigen el reconocimiento de los que tanto desprecian? ¿En serio quieren congratulaciones de los que tildan de populistas, delincuentes o el "cáncer" del país? ¿De verdad esperan un par de palmadas en la espalda después de haber amenazado con copar la presidencia de las dos cámaras del Congreso y a partir de ahí forzar un cambio anticipado de gobierno? ¿No les avergüenza haber conquistado las urnas con mentiras y conspiraciones? ¿Acaso esperan que los feliciten por el endeudamiento con el FMI o por las cuentas off shore que abundan en sus filas? Ya lo sabemos: en realidad, no desean un amistoso gesto de reconocimiento sino que demandan una humillante rendición. Consustanciados con el establishment destructivo del que son serviles, actúan como conquistadores que quieren ver sumisos a los conquistados.  

Pero nada de eso ocurrió. Los salvajes oficialistas desbordaron la Plaza, no para quemar barbijos, clamar por la libertad o denostar vacunas como hacen Ellos con menor concurrencia, sino para celebrar con alivio el empate y reafirmar su adhesión al Presidente. Sí, ése que los opositores llaman Albertítere y algunos quieren "cagar a trompadas". Y de quien, a pesar de esto, esperan felicitaciones. Después de mucho tiempo, volvió la multitud a las calles y tanto asusta esto, que la Embajada advirtió a los turistas norteamericanos que ni se atrevan a pasar por ese lugar. La sorpresa oligarca por octubre del '45 aún mantiene su vigencia.

En el Día de la Militancia, Alberto Fernández consideró que "es un día oportuno para que demos inicio a esta segunda etapa de Gobierno y empecemos con toda nuestra fuerza a levantar lo que haya que levantar en Argentina". Y para eso insistió con la idea del acuerdo, diálogo o como quiera llamarlo, no con Milei ni Macri, claro. Entonces, ¿con quiénes?. Si denunció que el macrismo y los sectores económicos concentrados prepararon un estallido contra el gobierno esta semana, no quedan demasiados para dialogar. Por si esto fuera poco, la mesa nacional de Juntos rechaza cualquier forma de diálogo, salvo en el Congreso donde van a representar, seguramente, sus mejores actos circenses. Finalmente, no puede haber ningún punto de encuentro con los que quieren cercenar derechos, precarizar el trabajo y desigualar aún más para seguir enriqueciendo a los más ricos. 

Más que dialogar con los poderosos y sus escuderos, hay que tomar aquellas decisiones que cambien la vida de la mayoría sin pedir permiso a nadie. En lugar de mirar tanto a la derecha nociva -toda-, hay que dirigir la mirada más hacia la izquierda y construir poder con la fuerza de los hechos y sus resultados. No es de tibios exclamar ante una multitud exaltada que "el triunfo no es vencer, sino nunca darse por vencidos". La fuerza de los votos que permitió disminuir el avance amarillo y el entusiasmo de la Plaza invitan a algo más enérgico que conciliar con los que actúan como enemigos. Todo está dado para construir de una vez para siempre el país desarrollado e inclusivo que los angurrientos y sus mercenarios no quieren que seamos.

martes, 16 de noviembre de 2021

Vencedores vencidos

 

El oficialismo recuperó algo pero no lo suficiente. La oposición no logró la extinción del peronismo. Votantes cómplices de la destrucción de sus propias vidas.

Los triunfadores se enojan porque los perdedores festejan y en eso demuestran cómo les molesta la felicidad ajena. Los amarillos querían aniquilar al gobierno; saboreaban la destrucción del peronismo con anticipación; deseaban cumplir el  anhelo de la oligarquía que lo ha intentado tantas veces con bombardeos, proscripciones y desapariciones. Con persecución judicial, demonización mediática y presiones con el blue, apenas lograron un empate. Los que se quejan de la Grieta lograron pintar de amarillo una franja del país y como en un TEG gigante las fichas azules resisten en los extremos. En estas condiciones, ¿cómo no ver como victoria una derrota atenuada?

Lejos quedó la tensa espera de los resultados del domingo. Los números cantaron pero nadie bailó. Unos esperaban un éxito arrollador; otros rogaban por un milagro. No ocurrió lo uno ni lo otro. Unos planeaban recuperar el control del país cuanto antes, copar el Congreso y hasta desplazar al Ejecutivo. Otros diseñaban formas de aguantar los golpes que ya estaban anunciando. Unos terminaron el domingo enfurruñados y otros, sonrientes. Pero las calles estuvieron vacías.

Algunos gobernadores lograron recuperar los votos que perdieron en las PASO, sobre todo los que no dudan en identificarse con el FDT. Los que no son ni chicha ni limonada, como Perotti, Bordet y Schiaretti, recibieron el vacío. Claro, los anti no quieren fotocopias, sino los originales. Una lección ineludible de cara al 2023. Y el oficialismo podría haber logrado un poco más si hubiera puesto en marcha el “Plan Platita” denunciado por los peleles mediáticos y la oposición malintencionada. Si la crítica rabiosa ya había instalado la patraña, ¿por qué no hacerla realidad para aliviar el bolsillo de los que menos tienen? Ésta es otra lección: actuar sin amilanarse por la reacción, si ya sabemos que van a cuestionar todo; mientras más se enojen, mejor. Si el acuerdo con el FMI incluye el listado de los que fugaron para que paguen la deuda, quedará en evidencia que los juntistas –antes cambiemitas pero siempre buitres- quieren que la pague el pueblo, que no recibió un centavo de esos 47 mil millones de dólares.

Bueno, lo de la evidencia es relativo: hay un 40 por ciento del electorado indiferente a las evidencias, inmune a los argumentos, empecinado en sus prejuicios y cómodo con la colonización. Casi la mitad que cree que la identificación con lo que no son ya los convierte en élite. Votantes despolitizados convencidos de que la bronca es el camino. Individuos adoctrinados con las bondades de la meritocracia que votan a farsantes sin méritos. Ingenuos a voluntad que concluyen que los salvadores son los que siempre nos hundieron y quieren profundizar su tarea.

Mucho se ha dicho en estas horas sobre el 14/11 y mucho se dirá. Si fue derrota, empate o victoria está en manos del FDT. Lo que haga el Gobierno desde ahora será determinante para garantizar la continuidad en 2023. El diálogo que propone no debe ser para congraciarse con los poderosos, sino para exigirles que devuelvan lo que nos han esquilmado durante tanto tiempo.

jueves, 11 de noviembre de 2021

Invitación a una sorpresa

 

A pocos días de las elecciones, la oposición se agranda y ya festeja. Les calzó tan bien el disfraz de salvadores que algunos olvidan que son culpables de gran parte de nuestros padecimientos.

 

Como era predecible, actores extra políticos invaden la campaña para inclinar un poco más el resultado electoral. La libertad condicional de dos ex funcionarios de Cristina y un caso de inseguridad forjan el más cómodo anillo para el dedo anti democrático del Poder Real. La indignación selectiva y la ametralladora de patrañas que inspiran estos temas refuerzan la insustancial batería de no-propuestas de los candidatos juntistas. Del otro lado, el oficialismo intenta aprovechar la inefable confesión de Macri sobre el destino de la deuda sin las potentes armas mediáticas ni la despiadada insistencia de los destructores. Mientras tanto, un porcentaje importante de la población deja conducir con docilidad su entendimiento sin sospechar que meterán la pata de la peor manera.

Una semana antes de las elecciones generales, el TOF 1 concedió la libertad condicional a José López, aunque en realidad podrían habérsela otorgado mucho antes. Un hueso oportuno para que las propaladoras de estiércol y las marionetas odiadoras de los medios incluyan el tema en plena campaña y jueguen con la idea de la impunidad K. Claro, se indignan a rabiar con los nueve palos verdes de López pero dan miles de volteretas para minimizar los 44 mil millones de dólares fugados –confusión mediante- por el “Mejor Equipo de los Últimos 40 años”. ¿Cuántos bolsos hay que revolear para fugar los millones M?

Los prejuicios de una parte de la población se activan, más aún cuando todos los candidatos juntistas gritan ante las cámaras amigables que éste es un gobierno de “chorros y delincuentes”, cuando las pruebas y las propias confesiones de los ex funcionarios muestran todo lo contrario. Las caprichosas interpretaciones importan más que los contundentes hechos. El homicidio del kiosquero de Ramos Mejía muestra bastante eso. Todo es culpa de la “liberación de presos” ordenada por Alberto –cosa que nunca ocurrió- y hay que “bajar la edad de imputabilidad. No importa si el asesino tiene 30 años y fue liberado por la Justicia Porteña después de cumplir su condena. Y encima, María Eugenia Vidal atribuyó a una menor el homicidio y hasta, en una mueca de humanidad, reconoció que no debería ir a una cárcel de mujeres. ¿De qué hablan estos candidatos, si ni saben lo que están diciendo? Menos aún los cautivos votantes de estos mentirosos seriales.

Ni falta les hace prometer nada de tanto que han dañado el escenario político. Blindaje mediante, pueden burlarse de la operación de CFK, mostrar la ignorancia más extrema o amenazar con eliminar la indemnización por despido. Hasta proponen condicionar al Ejecutivo o llevarse puesto al presidente si el establishment así lo exige. Con recitar Basta canalizan los deseos difusos de una parte del electorado; con un edulcorado “juntos” especifican la estrategia para el país que nunca definen, aunque con la Revolución de la Alegría ya mostraron demasiado.

Después de las PASO, los peleles televisivos inventaron lo del “Plan Platita”, que nunca ocurrió. Gracias a esa patraña, la jueza electoral María Servini suspendió dos proyectos de distribución para consumo cultural. Después vienen con el verso de la independencia de los poderes, como si los jueces no se metieran en ninguna decisión de los políticos. Los que presionaron hasta la obscenidad a jueces y fiscales cuando fueron gobierno y también ahora, no cesan de recitar esas pamplinas.

Y ahora no sólo padecemos el indignómetro: también inventaron el obligómetro. Cuando uno intenta destacar el buen manejo del oficialismo en pandemia con las restricciones y el exitoso plan de vacunación, retrucan con un escueto “es obligación del Estado cuidar la salud de la población”. Algo que no dijeron cuando Macri bajó el presupuesto en salud, degradó el ministerio a secretaría, dejó vencer vacunas o suspendió los remedios gratuitos para los jubilados. Ni media objeción cuando la ex gobernadora Vidal aseguró no inaugurar ningún hospital más en la provincia, aunque les faltase muy poco.

Como decía un mensaje en las redes, “el FDT no asegura el paraíso, pero los Juntistas –y sus fotocopias- nos garantizan el infierno”. Los amarillos acusan a los kirchneristas de delincuentes y ladrones, pero los evasores, contrabandistas, especuladores y fugadores están entre sus filas. Lástima que muchos no se den cuenta de semejante evidencia. El domingo está ahí nomás y los milagros son cosa del pasado. Lindo sería que las urnas nos sorprendan y deban guardar el triunfalismo burlón que ostentaron estos meses en el lugar más recóndito de sus oscuros espíritus.

domingo, 7 de noviembre de 2021

La injusticia electoral

 

Los contrastes que no se tienen en cuenta. La parafernalia mediática debilita la Democracia. El Gobierno no resalta sus logros. Los votantes distraídos coronarán a los peores.

 

Una pausa prolongada en estos apuntes confirma su característica: son discontinuos. Pero no es por eso que no he escrito nada en todo este tiempo. Un descanso necesario ante la evidencia de una injusticia. En Argentina hay muchas y es necesario reforzar el camino para desterrarlas. De eso han dado cuenta muchos apuntes desde el nacimiento de este espacio en abril de 2011. La injusticia que será el eje de éste es la electoral. Que sea la no-propuesta de los desigualadores la que ponga en jaque este camino que está comenzando provoca desazón. Y también desánimo, impotencia, incomprensión y mucho miedo porque si los juntistas logran repetir o mejorar el resultado de las PASO tendrán el poder para entorpecer todo lo bueno que proponga el Gobierno Nacional. Y eso, sin dudas, aumentará las injusticias.

Esto no es un vaticinio ni un pronóstico infundado: es una evidencia. No hace mucho estuvieron al frente del país y el resultado fue desastroso, no por herencia o errores, sino por voluntaria malicia de producir daño. Una caída del poder adquisitivo del 20 por ciento en gran parte de la población, crecimiento del desempleo, aumento de la pobreza, inflación potenciada, fuga de capitales y el consecuente endeudamiento externo histórico. Y lejos de arrepentirse o de elaborar tenues autocríticas, reivindican La Revolución de la Alegría como si fueran los mejores años de nuestra historia. Encima, hablan de la República como si Ellos no la hubieran atropellado desde el principio; denuncian inexistentes ataques a la libertad de expresión cuando en aquellos años despidieron periodistas de los medios públicos y presionaron hasta la extinción a los medios privados que osaban esbozar una crítica; declaman que no hay inversiones cuando lo único que fomentaron fue la especulación. Y por si esto fuera poco, lo que recitan los candidatos en los spots de campaña y en las amables entrevistas son generalidades, promesas que no están en su ADN y falacias hartamente desmentidas. El coro mediático y los cómplices judiciales decoran el engendro para que resulte apetecible para los desprevenidos.

 Mientras tanto, el oficialismo susurra con timidez los logros alcanzados en estos meses de pandemia. La OMS considera que Argentina está entre los países que mejor enfrentó la crisis mundial del coronavirus y que más población ha vacunado. Sin embargo, los amarillos culpan al Gobierno por las más de 100 mil muertes como si no hubieran orquestado marchas anti restricciones, anti barbijos, anti vacunas. Todavía recitan la pavada de “la cuarentena más larga del mundo” para que los pavos los voten. Y profundizan la estupidez con consignas a favor de la libertad que jamás fue vulnerada.

En temas económicos, también tienen que mentir para llamar la atención de los desatentos. Sin pudor, denuncian que estamos peor que nunca, que nadie confía en los gobiernos populistas, que estamos aislados del mundo. Lejos de eso, los números muestran otra realidad. Mientras países como Francia, España, Italia, Inglaterra recuperan este año la mitad del crecimiento que perdieron en 2020, nuestro país recuperará casi todo el PBI perdido a fines de este año. La inversión de este año subió un 20 por ciento respecto al año pasado, un 16,3 sobre 2019 y un 8,4 por encima de la de 2018. En síntesis, hay más inversión que en los años anteriores pero la sensación que construye la parafernalia mediática señala todo lo contrario.

Con las exportaciones ocurre algo similar. A esta altura del año superan los números de 2013 y el saldo comercial acumula más de 12 mil millones de dólares, algo muy lejano al aislamiento del mundo que tanto cacarean los impresentables opositores. También la actividad industrial está un 11 por ciento sobre la del 2020, más del 10 encima de la de 2019 y supera en un 8,8 por ciento la de 2018. Claro que estos números tardan en mejorar nuestra vida, pero no serán los juntistas los que acelerarán la redistribución.

La gran injusticia es que los cambiemitas estén en condiciones de triunfar en esta contienda después de demostrar que son los peores. Según el Banco Mundial, durante la gerencia de Macri el PBI per cápita cayó un 11 por ciento, la deuda pública trepó al 92 por ciento, la inflación se duplicó hasta el 52 por ciento, el desempleo escaló del 6,5 al 10,5 por ciento y el salario en dólares pasó de 580 a 275. A pesar de que nos hicieron pelota, siguen en carrera y conquistan adeptos con patrañas, denuncias infundadas y expresiones de odio. Y en el tema que más apasiona a los despolitizados –la tan mencionada corrupción- también se llevan los laureles.

El próximo domingo se puede concretar la paradoja de que ganen los peores. Si esto ocurre, las posibilidades de mejorar nuestra vida, domesticar a los poderosos, adecentar la comunicación pública, corregir el desordenado Poder Judicial estarán más lejos. La corrección política aconseja no cuestionar la decisión de los ciudadanos pero, en un caso como éste, no cabe la elegancia. Cuando el verdugo es votado por sus víctimas, la corrección política va camino al retrete. Si los resultados se repiten no será la derrota de una opción política sino la confirmación de que no hemos aprendido nada.

viernes, 29 de octubre de 2021

Una voz nos ilumina

 

El desenfreno expone a los empresarios aumentadores, evasores y fugadores. Encima, concentrados. Tan evidente es la cosa que, hasta Rodríguez Larreta –con mucha hipocresía- reconoció que los monopolios son el problema. No cambió sus ideas, sino que adoptó un vox populi. Oportunismo, por supuesto, pero un indicio de que muchos comprenden dónde está la raíz de nuestro gradual retroceso.

 A quince días de las elecciones generales, la ansiedad y la incertidumbre nos carcomen. La semana se carga de hechos, revelaciones y bravatas que contribuyen a incrementar ese estado. Piedras que nos hacen tropezar desde hace años y no nos atrevemos a apartar del camino. Todas se relacionan con el Poder Real y sus intenciones de seguir incrementando privilegios y riqueza. Personajes que nadie vota pero desgobiernan nuestras vidas. Villanos impunes que avanzan sobre nuestros derechos. Individuos indignos que pontifican sobre la República, la transparencia y el esfuerzo. Piratas del siglo XXI que saquean todos los mares y esconden sus botines en paraísos fiscales. Dueños de todo que colonizan el entendimiento de los distraídos con sus marionetas mediáticas, políticas y judiciales. Estas piedras son tan descomunales que para moverlas necesitamos fuerzas titánicas. Como no hay dioses ni héroes que acudan en nuestra ayuda, semejante tarea queda en manos de una conciencia ciudadana que tarda en despertar.

Un caso puede ayudar a seguir este hilo. El problema recurrente de nuestra historia es la inflación, a veces disminuida, a veces desbocada, pero nunca desterrada. Tanto la hemos padecido que parece formar parte de nuestro ADN y si alguien logra extirparla alguna vez, quizá la extrañaríamos. Sin embargo, a pesar de tan larga e intensa convivencia, no la conocemos del todo ni sabemos de dónde viene. Ahora algo cambió: escaló a tal extremo sin motivos que quedó al descubierto el origen. Con una devaluación del 20 por ciento y una emisión monetaria del 27, no se puede explicar que supere el 50 o más. “No hay mal que por bien no venga”, decían los abuelos y este episodio deja al descubierto que la inflación no es un espíritu maligno que se prendó de los argentinos. Los autores de este abuso tienen nombre y apellido. También son malignos pero no sienten amor por nosotros; por el contrario, nos consideran presas para satisfacer la angurria.

No sólo quieren ganar más produciendo menos, sino también llevar sus tesoros lo más lejos posible. Argentina ocupa el tercer lugar en cantidad de cuentas offshore con una fuga de capitales que podría superar varios PBIses. Gran parte de esa fuga es evasión y conforma las divisas que nos faltan para desarrollarnos y distribuir. Un puñado de empresarios desplegó una trama económica agobiante que encontramos en cada cosa que queremos comprar. La concentración inconcebible no se reduce con un temporal control de precios. Esta es la punta del hilo que nos conduce a la comprensión del problema central.

Los diez o veinte apellidos más ricos del país son los que nos empobrecen cada vez más. El caso Vicentín es una muestra: un grupo de estafadores disfrazados de serios robó más de 800 millones de dólares, además de triangular y sub-facturar exportaciones. Sobre eso hay que avanzar, sobre todos los que nos saquean. Y no esperar tanto una condena judicial: la política tiene que actuar. Si un juez interpone una cautelar para proteger a estos verdaderos corruptos, hay que sancionarlo. Y que no pase como con Carlos Rosenkrantz, vicepresidente de la Corte Suprema de Justicia, que anunció sin pudor que podrá decidir en causas de 300 ex clientes de su estudio jurídico. Un escándalo mundial. Una atrocidad jurídica. Una confesión que debería dejarlo fuera del cargo.

Estas son algunas de las piedras y un apunte no alcanza para enumerarlas. Pero ésta define a todas. La lucha es desigual y asusta. Convencer de su necesidad es una tarea ardua. Y lo peor es que sabemos que las urnas no alcanzan para emprenderla. Esta semana recordamos a Néstor Kirchner, que supo mucho de eso. Y su mejor enseñanza: la mejor batalla no es la que no se abandona, sino la que se gana.

sábado, 23 de octubre de 2021

El mejor de los desafíos

 

El congelamiento es una tregua para diseñar una relación más racional entre los productos y los precios. Humanizar el consumo no sólo por tres meses sino para siempre. Este episodio evidencia quiénes son los villanos y se convierte en una invitación para que aparezcan los héroes.


La pelea por los precios es lo que necesitamos para recuperar el entusiasmo en la construcción del camino hacia la equidad. Este episodio es lo más parecido a una épica porque conjuga todos los componentes de una batalla histórica entre los que quieren una distribución más justa de la riqueza y los que no. El botín es el bienestar de gran parte de los argentinos, que urge restablecer después de La Revolución de la Alegría y el año y pico de pandemia, con el agregado de la ingenuidad del Presidente al creer que el diálogo, el consenso y la amable explicación catedrática bastan para ello. Quienes niegan que ésta es una puja entre buenos y malos se equivocan: no hay mayor maldad que convertir la comida en un privilegio.

El Gobierno advirtió tarde que cualquier acuerdo es imposible con los angurrientos. Empresarios que, además de avaros, son necios, porque durante el mandato del Buen Mauricio los balances de las empresas mono y oligopólicas estuvieron en negativo y, a pesar de que desde el 2020 han ganado como nunca, prefirieren a los ceócratas antes que a los despreciables populistas. Aunque tambaleen con el modelo neoliberal, les encanta escuchar las consignas de bajar los impuestos, someter al Estado y anular derechos laborales; se excitan cuando escuchan proponer meritocracia y llegan al orgasmo cuando alguien menciona “Libertad”; de Mercado, por supuesto.

Como no podía ser de otra manera, los juntistas, antes cambiemitas pero siempre buitres, se pusieron del lado de los empresarios que se niegan a los precios congelados. Con un cinismo nada sutil, la siempre dulce aunque ya poco convincente María Eugenia Vidal aseguró, desde su ignorancia, que “la culpa de la inflación no la tienen los empresarios, sino la emisión monetaria”. Los datos la desmienten porque la emisión siempre estuvo por debajo de la inflación. Después están los “economistas astrólogos” que cacarean al unísono que “el control de precios nunca ha funcionado”, algo que no es cierto pero de ser así, hay que hacer que funcione. Tampoco es cierto que el control de precios traerá desabastecimiento y si lo hay, como amenaza Mario Grinman, presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, la Ley obligará a estos destituyentes a que produzcan más y especulen menos.

En estos días, las ganancias de las empresas más concentradas estuvieron sobre la mesa. Mientras muchos perdían poder adquisitivo estos ladinos acumulaban fortunas y repartían dividendos trabajando con apenas el 60 por ciento de su capacidad instalada: produciendo menos quieren ganar más. Arcor, con una ganancia de 4894 millones de pesos en el segundo trimestre del año, un 27 por ciento más que en los meses anteriores; Molinos Río de la Plata, con casi mil millones de pesos en medio año; el azúcar Ledesma le reportó a la impune familia Blaquier más de 5200 millones de pesos, quintuplicando las cifras del 2020. Estas ganancias no las obtuvieron trabajando más, como el sentido común embrutecido por el discurso dominante induce a creer, sino porque aumentaron sus productos hasta la locura. No sólo son codiciosos y mezquinos, sino también inhumanos. Ciegos de avaricia, exponen su vileza. También los que se aglutinan en torno a esta movida desestabilizadora en plena campaña. Esos que hablan de “respetar las reglas de juego” para los grandes empresarios pero pisotearlas cuando se trata de los trabajadores. Esta actitud extorsionadora los expone y si no deponen su actitud, no pueden terminar indemnes. Y si esta contienda sale bien y si gran parte de los votantes comprende dónde están los generadores de problemas y verdaderos enemigos de nuestro desarrollo, este escueto capítulo puede ser el comienzo de una novela épica que nos lleve a la mejor historia: la de lograr una distribución más justa de las millonadas que generamos entre todos.

domingo, 17 de octubre de 2021

Una humillante bandera blanca

 

El abuso de los precios no se soluciona con consenso. Como dicen por ahí, las leyes están para volverse efectivas y los actores principales de la Economía están en rebeldía desde hace mucho. El diálogo es insuficiente ante tanta avaricia.

 El presidente Fernández estuvo en el coloquio de IDEA para hablar de asuntos que los asistentes no quieren escuchar. Claro, los grandes empresarios sólo tienen una idea: la de ganar más invirtiendo menos. En su carta de presentación, los organizadores de este encuentro anual y sus patrocinadores declaran que “las empresas tenemos un rol fundamental en la generación de valor y de trabajo de calidad, que necesitamos potenciar” y para eso convocan “a todos los actores sociales a sumarse en un diálogo plural acerca de los temas estructurales que necesitamos abordar para lograr el desarrollo sostenible de la Argentina en el marco de las grandes tendencias globales”. Como para creerles, si siempre reclaman “soluciones” para engrosar sus enormes arcas: baja impositiva, quita de derechos a los trabajadores, subsidios, eliminación de controles, devaluación de la moneda de acuerdo a sus apetencias. Y encima nos saquean los bolsillos con los precios de lo que producen.

No es una revelación: maquillan con palabras bonitas la depredación que ejecutan desde hace años para obtener el abultado botín que esconden en paraísos fiscales. Detrás del “diálogo plural acerca de los temas estructurales” se oculta la exigencia de un Estado cómplice que les facilite la multiplicación de sus fortunas a costa de empobrecimiento de la mayoría. Ante estos nefastos personajes, Alberto no abandonó su tono conciliador y pedagógico para invitarlos a "abandonar los insultos y las quejas altisonantes" para dejar de ser una sociedad “con bandos en pugna”. En otras palabras, el mandatario les pidió que dejen de ser como son.

En la explicación está la solución: "Argentina necesita empresarios que sean los primeros trabajadores. Sin lobbyes y con creatividad. Sin especulación y con producción. Sin codicia y con solidaridad”. En cierta manera, les señaló la puerta de salida. Pero no nos entusiasmemos: Alberto ladra pero no muerde y los grandes empresarios saben que tienen el poder suficiente para frenar cualquier tarascón. Por eso no se alteraron cuando el presidente –en referencia al descontrol de los precios- advirtió “seremos inflexibles con la especulación”. Si en estos casi dos años de pandemia se han mostrado tan flexibles como invertebrados practicantes de yoga, ¿cómo esperar que empiecen a actuar con dureza?

En su nuevo rol de secretario de Comercio, Roberto Feletti se muestra dispuesto a solucionar la destituyente locura de los precios. Quizá por indicación de Alberto, busca un acuerdo para congelar el precio de 1247 productos por noventa días, después de retrotraerlos al 1 de octubre. En una entrevista radial, el funcionario señaló que espera “cerrar este acuerdo y ponerlo operativo el lunes” y advirtió que de no alcanzar ese objetivo “aplicaremos las leyes”, en referencia a la ley de Abastecimiento de 1974. ¿Cómo es esto? ¿Lograr un acuerdo para no aplicar una ley? ¿Desde cuándo ejecutar una ley es una amenaza? ¿Hay que suplicarles un poco de cordura? Esto es como agitar la bandera blanca para que dejen de considerar el país como un coto de caza.

Demasiada consideración para quienes no la merecen. Ni siquiera en pandemia los formadores de precio contuvieron su angurria y ahora les piden solidaridad. Las leyes están para protegernos de los poderosos y hay que aplicarlas ya para que no nos pasen por encima. Desconcentrar la producción de alimentos y controlar la tasa de ganancia de cada actor de la cadena de comercialización deben ser las acciones prioritarias para humanizar el consumo. Fomentar la competencia en serio, no con marcas de la misma empresa ni con intentos cooperativos más simbólicos que efectivos. Disminuir la macrocefalia productiva de Buenos Aires y promover en cada provincia la industrialización de sus consumos para que las economías regionales tan prometidas no se reduzcan a los alfajores. Ya que los desigualadores tanto insisten con la flexibilización laboral, habría que contraponerles una flexibilización empresarial para dejar fuera de juego a los que están empeñados en dificultarnos la vida.

domingo, 3 de octubre de 2021

Lecciones del enemigo

 

Los integrantes del FDT deben aprender de los macristas, que cuando apuntan a un objetivo avanzan con todo sin pedir permiso a nadie. Hacer lo mismo pero con buenos fines debe ser la estrategia oficialista para la campaña.

Octubre empieza con nuevos vientos. El clima primaveral, el abandono de algunas restricciones y el consecuente movimiento en las calles parecen mejorar el humor social, al menos en parte. A poco más de un mes para las elecciones generales, el FDT rearmó el equipo y comienza a transitar la campaña. La oposición amarilla –envalentonada- refuerza su lado más cruel, validada por los medios sobornados con abultados recursos monetarios. Mientras tanto, muchos argentinos viven ajenos a esta contienda, más preocupados por sus crecientes carencias que por los pormenores de este partido. El día a día no da tregua, las promesas ya no entusiasman y el compromiso no convence. Si el oficialismo nacional quiere revertir las urnas debe empezar a mostrar enérgicos indicios de que el futuro más amigable queda a pocos pasos.

Uno de esos pasos necesita ser no un control de precios sino una baja sustancial de las descomunales cifras que desfilan ante nuestros ojos. Que nosotros nos quejemos es una reacción predecible ante el abuso, pero el presidente y sus ministros deben hacer algo más que naturalizar este problema. Porque una cosa es la inflación y otra la irracionalidad de lo que nos cobran. Un caso personal no son todos los casos, pero puede servir como ejemplo para esta línea argumentativa. En los cambios de temporada necesito gotas nasales para atenuar la alergia y cada seis meses compro Dexalergín en su presentación de 60 ml. Mis ingresos son cómodos, pero que me cobren 1300 pesos por el mismo producto que en marzo compré a 500 sobrepasó mi habitual calma. Y no por no poder pagarlo sino por la indignación de la casi triplicación de su precio y sin saber por qué. ¿Qué tiene adentro que valga tanto? ¿Cuánto cuesta en realidad producirlo y cuál es la ganancia del laboratorio? Y así con todo: naturalizamos la estafa con el mote de inflación. Cuanto mucho, podemos no comprar el producto valuado con exceso pero el problema es que todo está así. Si extendemos esta acción, terminaríamos viviendo del aire y al aire.

A nosotros no nos queda otra más que la resignación, pero no al Gobierno Nacional. No se combate con sonrisas el latrocinio de los precios. Con buenos modos no se termina con la estafa cotidiana. Así hay que llamarlo: estafa. Y con los estafadores no se concilia, se los confronta, aunque el establishment acuse al presidente de autoritario, comunista, dictador o de violento. ¿Acaso no es violento que haya familias que no tengan dónde dormir ni qué comer? ¿O no es violencia que los sueldos alcancen para tan poco? ¿No es autoritaria la depredación constante de los angurrientos?

En esto –y cuesta decirlo- los integrantes del FDT deben aprender de los macristas, que cuando apuntan a un objetivo avanzan con todo sin pedir permiso a nadie. Y siempre para beneficiar a la minoría empachada. Si quieren champagne importado o autos de alta gama le quitan los impuestos, si quieren beneficiar a sus empresas vulneran todas las leyes, si quieren esconder sus chanchullos adornan a los periodistas, si quieren blanquear el prontuario amoldan a golpes la Justicia, si quieren anular opositores los meten presos sin causa. Y no tienen límites: desalojan a 100 mujeres y 170 chicos que ocupaban lo que antes era un basural y queman sus pertenencias sin una lágrima, dejan a esas personas a la deriva y se jactan de ello ante el aplauso de los odiadores que los alientan y votan. Y son despiadados: mandan un submarino que no estaba en condiciones a una misión secreta; explota, se hunde y mueren todos sus tripulantes; aunque sabían dónde estaba, gastan fortunas en buscarlo y mantienen la expectativa por un año; y lo peor, espiaron ilegalmente a los familiares de las víctimas.

Los amarillos se convierten en un manual de estilo para la acción política pero con fines perversos. El Gobierno Nacional debería actuar de la misma manera, no contra los más vulnerables como hacen Ellos sino contra los poderosos que nos succionan todos los días. Y si se enojan, mejor porque es la más indubitable evidencia de que vamos por el más certero camino.

jueves, 30 de septiembre de 2021

¿Suplicar o convencer?

 

Si el Frente gobernante quiere recuperar números debe mostrar más voluntad para contener la avidez de los depredadores y así ampliar derechos. La disyuntiva de suplicar o exigir, la tibieza o la épica.

 

El Gobierno Nacional se está reformulando para conseguir más apoyo parlamentario en las elecciones de noviembre y así realizar transformaciones de fondo –es de esperar- en los dos años restantes de su mandato. No está dando “manotazos de ahogado”, como algunos interpretan ni “comprando votos con dádivas” como aseguran otros malintencionados. En todo caso, el Presidente está tomando medidas para aliviar la vida de muchos que carecen de lo básico; apenas eso, porque para hacer más, la batalla se endurece. Con el incremento de salarios y asignaciones, suba del mínimo de ganancias, bonos a estatales y alguna IFE más asegurará un tímido aumento del consumo con peligro de subida de inflación. Esto más el abandono gradual de las restricciones por la pandemia puede cambiar el ánimo de los votantes en las generales. Tal vez no alcance, pero es un indicio.

Después de las PASO, emergió la disyuntiva: ¿hacia dónde ir para recuperar votos? En otras palabras: ¿quiénes son los votantes a recuperar? ¿Los adherentes a la indignación selectiva o los que no encontraron entusiasmo para acudir a las urnas? ¿Los que creen en el diálogo y el consenso o los que añoran la épica de la confrontación? ¿Los que reniegan de la política o los que sostienen que la política está en todo? ¿Los que desconfían siempre o los que todavía sueñan? Por ahora, Fernández sigue en el centro, sin convencer a los primeros ni apasionar a los segundos.

Uno de los motivos del descontento electoral es, sin dudas, el precio de las cosas. Todo lo que nos cobran es desmesurado, desde los alimentos hasta las zapatillas, desde una remera hasta un alfajor, desde un alquiler hasta un servicio. El salario promedio no alcanza para cubrir la canasta básica, cuando debería garantizar también todo lo demás. En un país productor de alimentos, la comida es carísima. Un paseo por las góndolas se convierte en un saqueo a las billeteras. En estos días en que la carne se posicionó como el tema, descubrimos que mientras los salarios apenas superaron el índice de inflación –un 58 por ciento- el precio de los principales cortes escaló más de 110 por ciento. Eso no se arregla con palmaditas en la espalda ni pacto de caballeros. Los que nos roban todos los días no merecen nuestra simpatía. Pero el Gobierno, ¿está en condiciones para exigir, domesticar y sancionar a estos abusones?

Y pensar que muchos cuestionan nuestro sistema presidencialista, en el sentido de que el poder se concentra en una persona. Mentira, porque el poder no está en el presidente. Desde la concepción formal, hay tres poderes pero en realidad, hay sólo uno que no es ninguno de los anteriores: el llamado Poder Real.

Antes de votarse como presidente de la Corte Suprema de Justicia, Horacio Rosatti reiteró el versito de la independencia del Poder Judicial respecto de los otros dos poderes, el Ejecutivo y el Legislativo. Claro, esto significa que la política no debe meterse en asuntos judiciales, como siempre recitan los peleles de los medios hegemónicos y los exponentes amarillos. Pero nada dicen cuando algunos jueces atropellan todas las leyes para defender a los poderosos. No olvidemos que un par de magistrados dictaron medidas cautelares para evitar que sus “clientes” paguen el Impuesto Extraordinario de las Grandes Fortunas. También está frenada para Telecom y Clarín la declaración de Internet como servicio público gracias a un recurso aceptado por un juez. Dos jueces –Villanueva y Heredia- protegen a José Aranda, uno de los principales accionistas del Grupo Clarín y empresario arrocero, que quiso blanquear 2500 millones de pesos de una off shore sin explicar el origen de semejante monto. Estos dos jueces no sólo impiden que se investigue al tránsfuga, sino que lo asesoran para que realice el blanqueo en un distrito menos exigente que la Inspección General de Justicia. La Política no debe interferir en la Justicia, pero la Justicia sí interfiere en la Política para defender a los poderosos.

Entonces, ¿cómo esperar que Alberto Fernández tome medidas más enérgicas en pos de buscar la equidad si un puñado de jueces y fiscales se plantan como escudo de los que se creen dueños del país? La democracia está condicionada por el Poder Económico, conformado por depredadores a los que no vota nadie y cómplices judiciales que tampoco son votados. La única manera de buscar cierto equilibrio es a través de las urnas, para que los números fortalezcan a nuestros representantes. Lo que está haciendo el Frente gobernante puede parecernos insuficiente, pero sin apoyo electoral, podrá hacer menos. Y ése no será el mejor panorama.

sábado, 25 de septiembre de 2021

Entre operaciones, patrañas y gataflorismo

 

Los opositores siguen alelados por los números favorables de las PASO, pero no se muestran tan triunfadores. Como estrategia, refuerzan su treta de no hablar de nada y simular que dicen todo, mientras el Gobierno despliega medidas para demostrar un buen rumbo.

Después del resultado de las PASO, la ansiedad se acrecienta en el camino hacia las elecciones generales del 14 de noviembre. No sólo en el oficialismo, sino también en la oposición, que desearía congelar el triunfo para siempre. Y como presienten que los números se pueden revertir –aunque sea un poco- aprovechan pantallas y micrófonos para repetir las tonterías de siempre y agregar algunas nuevas. Sólo en un canal cómplice la ex ministra de Seguridad, Patricia Bullrich puede igualar las pistolas Taser con las de agua que “usan los chicos en carnaval” sin ponerse colorada y sin que ninguno de los periodistas serios e imparciales realice alguna objeción. O que Beatriz Sarlo niegue el derecho de la Primera Dama a estar embarazada: "el nacimiento de niños es algo que sucede en todos los lugares del mundo, pero no con personajes tan secundarios y desvaríos como Yáñez". Los que se babearon con la boda real entre el Buen Mauricio y la Hechicera Universal y sonrieron con ternura ante las apariciones televisivas de Antonia en campaña cuando apenas caminaba, temen que el nacimiento del Hijo Presidencial incida en los resultados electorales. Claro, es tanto el desprecio que no se animan a festejar el favorable resultado electoral que muchos votantes les regalaron sin tener en cuenta la tan pregonada meritocracia.

Como no podría ser de otra manera, todo lo transforman en escándalo para seguir alimentando los prejuicios del público cautivo. La balanza de la indignación está muy inclinada y los contrafácticos nos tientan a cada paso. Si hubiera sido una dirigente K la compradora de un departamento de lujo en el barrio más caro de la Capital, habiendo declarado media casa y medio auto, con un descuento sustancial y con un préstamo de la propia vendedora, estarían todos los días hablando de corrupción e incitarían a los buenos vecinos a marchar por las calles para reclamar su cabeza. Pero como el personaje es María Eugenia Vidal, apenas lo toman como una travesura. Y eso no influye sólo en la CABA, donde ella es candidata a diputada: la indignación selectiva es una doctrina que se difunde a todo el país. Si la foto del cumple irrita más que el endeudamiento con el FMI o si todavía siguen con lo del vacunatorio VIP cuando Argentina recibió 65 millones de dosis y ya distribuyó más de 55 millones, el entendimiento de una parte de la población está más que alienado.

En un intento desafortunado de difundir buenas noticias, la ministra de Salud, Carla Vizotti, anunció que el uso de barbijo no será obligatorio en espacios abiertos y en soledad. Los medios opositores se prendieron del hueso y transformaron la novedad en casi una prohibición de los barbijos. Algunos peleles amarillos denunciaron como irresponsabilidad que se abandonen los cuidados sanitarios. Y, en verdad, hay que estar muy distraído para creer que los que hasta hace 15 días clamaban por la libertad ahora se preocupan por la salud pública; si hasta quemaron barbijos en la Plaza, convocaron marchas anti-cuarentena, alentaron viajes al exterior y pugnaron por los varados. Desalentador que haya un porcentaje de votantes que se deje manipular con tanta facilidad.

Pero esto no es todo, por supuesto. Desde el fatídico lunes 13, el Gobierno Nacional comenzó a reformularse para recuperar el apoyo perdido. Con la carta de Cristina, el tablero comenzó a acomodarse y desde La Rosada sacan medidas de una galera que debieron usar antes. Nunca es tarde si resulta beneficioso para la mayoría que padece carencias históricas. Sólo basta recordar que cuando Macri perdió en primera vuelta aumentó el salario mínimo, implementó un bono para la AUH y los estatales, congeló los combustibles por 90 días, subió el mínimo no imponible, reforzó el salario de privados con la quita de aportes jubilatorios, suspendió el ajuste por inflación en los créditos UVA, aumentó las becas progresar y estableció una moratoria de 10 años para las Pymes sobrevivientes a su gobierno. Los medios hegemónicos aplaudieron hasta ampollarse estas medidas que traían alivio para 17 millones argentinos. Eso le permitió achicar la diferencia de 15 puntos pero no le alcanzó para ganar. Después, devaluó la moneda en un 30 por ciento para castigar a los votantes desagradecidos y envió armamento a Bolivia para apoyar un golpe de Estado.

Apenas un recordatorio para que no salgan ahora a calificar de oportunistas las medidas que tome el Presidente para atenuar levemente la desigualdad que muchos padecen. Claro, esto puede ayudar a reforzar los números pero no a encaminarnos hacia el país del que todos debemos empezar a enamorarnos.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Prometer para realizar

 

El gobierno se reordena para responder a las urnas. En dos meses debe mostrar la voluntad de convertir las promesas en realidades. Mientras la oposición se envalentona, el oficialismo necesita aprovechar el nuevo aire que está respirando y resurgir antes de ser cenizas.  

 

Después del desconcierto electoral, el Gobierno Nacional renovó algunas figuras del gabinete para responder a las demandas no atendidas hasta ahora. La tan cuestionada carta de la vicepresidenta se convirtió en una brújula para retomar el camino. Aliviar la situación económica de millones de argentinos y frenar el desenfreno de los precios debe ser el principal objetivo de cada medida. Claro que en dos meses no se puede hacer mucho, pero es necesario mostrar una voluntad que este año estuvo algo opacada. La pregunta del millón es por qué se priorizó el equilibrio fiscal al bienestar de los siempre postergados, más aún si Cristina lo venía advirtiendo desde diciembre de manera pública y en las reuniones mantenidas con el presidente. Después de lamer sus heridas, el Frente gobernante parece tomar nuevo impulso, como si la derrota hubiera actuado como un energizante: como canta Serrat, “bienaventurados los que están en el fondo del pozo, porque de allí en adelante sólo cabe ir mejorando”.

Siempre quedará flotando otra pregunta: ¿hacía falta arriesgar tanto en lugar de asumir el compromiso votado en 2019? ¿Era necesario mostrarse vencido para retomar el camino hacia la equidad? ¿O acaso es una adicción de los proyectos populares eso de renacer de las cenizas para hacer más heroico el triunfo? ¿O será que algunos disfrutan al ver dirigentes y periodistas opositores relamiendo la temporal victoria y reforzando la andanada de sandeces que recitan a diario? Tal vez algunos pensarán que mientras más alto sea el vuelo de los amarillos, más dura será la caída.

Pero detrás de estas especulaciones, hay argentinos de carne y hueso que la pasan mal en serio. Y son millones, no dos o tres. La asistencia a comedores comunitarios supera los diez millones, algo inadmisible en un país productor de alimentos. La comida debería ser accesible para cualquiera y sin embargo, casi es un lujo. Nutrir la mesa todos los días ha dejado de ser un derecho y, de seguir así, se convertirá en un privilegio. El Consejo del Salario decidió elevar el mínimo no imponible que será, a partir de febrero de 33 mil pesos, la mitad de la canasta básica de hoy. Entonces, habrá que pensar que en estos meses el precio de los alimentos no sólo dejará de subir sino que bajará para amoldarse a esa realidad. Se adecua el salario a la canasta o la canasta al salario, de lo contrario, seguiremos estando a merced de los angurrientos.

Y esto está claro desde el principio. En el discurso oficial está siempre presente el compromiso de mejorar la vida de los postergados. Máximo Kirchner nos brindó una frase que se puede convertir en bandera: “los números deben cerrar con la gente adentro”. La Economía no funciona bien si la mayoría no llega ni a mitad de mes, por más equilibrio fiscal que se consiga. Tampoco debemos olvidar que atravesamos una pandemia que aún no ha terminado y que el Gobierno Nacional ha manejado muy bien. Pero eso no alcanzó para garantizar el bienestar. Tampoco lo hará el abandono de muchas restricciones, que apenas mejorará el ánimo social. Aunque ahora los juntistas califiquen como irresponsables las nuevas decisiones –después de marchas anticuarentena, quema de barbijos, denostación de vacunas y protestas por la infectadura- esto solo no va a revertir los resultados.

Tampoco va a sumar mucho la encendida denuncia del presidente en 76° Asamblea de la ONU. Que haya calificado como deudicidio el préstamo “tóxico e irresponsable” del FMI y recuerde que gran parte de esos 57 mil millones de dólares se han fugado puede explicar nuestra crisis de cara al mundo. Pero para adentro no modifica nada. Si los que tomaron ese monstruoso endeudamiento –que equivale a lo desembolsado en pandemia a 85 países- no han tenido consecuencias y se pasean dando cátedra sobre lo bien que han hecho las cosas, la declaración de principios en la ONU más parece una excusa. Si ese préstamo histórico que se tomó de espaldas al Congreso y se dilapidó en especulación es asumido por este Gobierno como una acreencia que nos condiciona el futuro, ¿para qué denunciarlo como deudicidio?

Alberto en campaña prometía no pagar la deuda con el hambre del Pueblo. Su discurso en la ONU hace pública la estafa. Si quiere conquistar el corazón de sus votantes debe transformar sus dichos en acciones que queden para la historia. Si quiere transformar el país debe dejar de esperar el aplauso de los que siempre buscan succionar nuestros derechos.

sábado, 18 de septiembre de 2021

Mucho más que un cambio de nombres

La carta de Cristina reordenó el tablero. Alberto no pudo hacer otra cosa más que aceptar las críticas. No es momento para parches, sino para enfrentar en serio a los que nos hacen la vida imposible

Después de una semana cargada de operaciones y falacias, la tensión pos PASO empieza a atenuarse en La Rosada. Las nuevas figuras del gabinete prometen entibiar el clima en el frente gobernante, mientras los opositores y la parafernalia mediática aliada arrojan más leña al fuego. Los que aplaudieron la destitución de Dilma Rouseff y afirman que Evo Morales renunció por propia voluntad no dudan en etiquetar la carta de CFK como golpe de Estado. Claro, acostumbrados a la vice Michetti -un adorno humanitario de los cínicos- que Cristina haga valer su lugar con observaciones acertadas parece una "inmoralidad" para el patriarcado. Y como el presidente asegura haber escuchado el mensaje de las urnas, está preparando el relanzamiento de su gobierno de cara a las elecciones de noviembre y también hacia los meses subsiguientes.

Por supuesto, la cuestión de fondo no es el cambio de nombres, sino la profundización de un proyecto que se enuncia mucho, pero se concreta poco. El padecimiento de gran parte de los argentinos no puede esperar. Mientras los números indican una mejora respecto a 2019, los alimentos y los remedios se han vuelto inalcanzables, a tal punto que la frase "el salario le debe ganar a la inflacion" ya es insuficiente para subsanar las carencias. Y también lo serán los incrementos anunciados del mínimo vital y móvil, jubilaciones y asignaciones si no se pone freno a la angurria desmedida de los formadores de precio, que ya están aumentando a cuenta.

El diálogo y los acuerdos resultan inservibles con los grandes depredadores. Ellos son los que alteran nuestra vida porque no aceptan ganar un poco menos, sino todo lo contrario: quieren multiplicar sus ganancias invirtiendo lo mismo. Por eso surgen los "cantos de sirena" de bajar salarios y eliminar indemnizaciones para generar más empleo, una falacia que ni Ellos creen. El derrame invertido y acelerado. El presidente Joe Biden señaló en estos días que, 40 años atrás, el ejecutivo de una empresa ganaba 20 veces más que un empleado y hoy esa diferencia escaló hasta 350. El problema no es sólo de producción y generación de empleos sino la manera de distribuir las ganancias. Una cosa es el crecimiento y otra es el desarrollo.

El año pasado, en medio de las restricciones dispuestas por la pandemia, las grandes empresas ganaron como nunca, no por inversiones sino por el incremento desaforado de precios. Y esto no se resuelve con paritarias, cuyos porcentajes se trasladan directamente a las góndolas. La inflación no es un fenómeno meteorológico sino una accción voluntaria de especulación y estafa. Y el Estado debe abandonar de una vez por todas el rol de comentarista y víctima del latrocinio que padecemos todos. Poner racionalidad es lo más urgente. 

Los precios cuidados, protegidos, cercanos son simulacros de control porque no sabemos en realidad cuánto cuesta producir cada cosa que compramos: los consumidores sólo podemos evaluar si nos alcanza o no para comprarlo. El Estado es el que tiene que elaborar un listado de precios referenciales, no con las pretenciones empresariales sino con los costos reales de cada producto más una tasa razonable de ganancia. Convertir en realidad lo tantas veces prometido: intervenir en la cadena de comercialización para que nadie se quede con la porción más grande de la torta. En lugar de aceptar la derrota de tener una canasta de alimentos a la que pocos salarios llegan, asumir el desafío de domesticar a los que nos hacen la vida imposible. Si el frente gobernante asume este compromiso, las urnas serán más festivas y las propuestas desigualadoras sólo recibirán el vacío que merecen. 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Despertar el entusiasmo

 

El domingo padecimos una mala broma. Estos dos meses serán cruciales para definir un camino. Todo se puede revertir con la convicción de que el futuro debe ser mejor que cualquier pasado.


La sorpresa ya hizo sus estragos y la angustia aún está en pañales. Lo que viene es un desafío que necesita entusiasmo para convertirse en triunfo. Que lo será, seguramente, porque si no, no saldremos nunca del pozo de la desigualdad que empieza a doler en serio. Por derecha, no se sale. Por izquierda, sabemos que sí, pero cuesta dar los primeros pasos. Lo que sí demostraron estas primarias es que el centro no sirve para nada: el dialogo y el consenso nos llevan a perder de a poco, no sólo elecciones, sino también dignidad. No podemos llenar el Congreso de tipos que quieren facilitar los despidos y precarizar aún más el trabajo; de hipócritas que se lamentan de la pobreza a la vez que proponen quita de impuestos a los más ricos; de cínicos que consideran al laburante como obstáculo para la inversión o parásito de las empresas; de peleles que conquistan una banca denostando la política de la que van a vivir. Los que ganen en noviembre deben ser aquellos que están dispuestos no a modificar las reglas de este juego, sino a inventar un juego nuevo que se asemeje a nuestros sueños.

Aunque lo parezca, el resultado del domingo aún no es una derrota definitiva. El baldazo de agua fría no ha terminado de caer sobre nuestras cabezas. La posibilidad de revertir los números puede convertirse en certeza. Y no es la alocada espera de un milagro sino el resultado de una lectura de los datos. La inasistencia a las urnas resulta alta y en estos 60 días se puede despertar la participación. El llamado "voto bronca" se expresó en blanco o con nulidad y no se pintó tanto de amarillo, como algunos afirman. Si las opciones de izquierda conquistaron más votos no fue por bronca, sino por convicción. La derecha más a la derecha es la receptora de esa bronca que quiere romper todo, sin más objetivo que instaurar una ley de la selva que beneficie aún más a los poderosos. La indignación que tanto construye la hegemonía mediática se canaliza en esas expresiones irracionales que, disfrazadas de rebeldía juvenil, arremeten contra los pocos límites que contienen a los depredadores. Los que se dejan tentar por el canto de las sirenas antiestatistas no imaginan que, además de imposible, un país sin Estado sería un infierno. 

Los amarillos no proponen eso, sino algo peor: un Estado que esté al servicio de una minoría para incrementar sus ganancias a costa de succionar a la mayoría; un Estado cómplice de unos pocos que no paran de enriquecerse mientras el resto sólo puede amontonar derrotas; un Estado indiferente a las estafas y condescendiente al saqueo de los que se creen dueños del país. Eso es el PRO y sus aliados, por más que su endulcorado palabrerío incluya libertad, democracia, justicia como sortilegios para solucionar todo. Ellos no pueden ser la solución porque lo que representan siempre ha sido el problema: la timba, la explotación, la fuga planteadas como condiciones para la inversión que, como hemos experimentado muchas veces, nunca llega.

Después de esto cabe preguntarse qué pasó el domingo. ¿Los frentistas decepcionados se convirtieron en juntistas? ¿Estamos ante una pesada broma de los que jugaron a la interna amarilla? ¿Todos los que se abstuvieron votarán en noviembre por el FDT o se repartirán proporcionalmente para no modificar los resultados? ¿Qué significa el incremento de los extremos? ¿Qué debe hacer el oficialismo si quiere conquistar mayoría?

Como no podía ser de otra manera, el presidente y sus candidatos manifestaron la comprensión del mensaje. Ahora presentarán un paquete de medidas para aliviar el bolsillo de los millones que no llegan a cubrir casi nada. Y eso duele porque deberían haberlo hecho antes, en lugar de aspirar a un equilibrio fiscal que  nadie aplaude. La lección está muy clara: para el país que prometen debemos abandonar este juego que ya está muy amañado. El futuro demanda mucho más que ganar una elección. Los parches no solucionan ninguna injusticia. El salario no le tiene que "ganar a la inflación", sino alcanzar para alimentos, servicios, vivienda, vestimenta y esparcimiento. En lugar de una "reforma laboral", hay que proponer una "reforma empresarial" para domesticar en serio a los angurrientos y que pongan los números sobre la mesa todos los meses. 

La discusión no debe correr detrás de la agenda caprichosa de la prensa cómplice de los poderosos. Hay que empezar a elevar la vara con una agenda que los saque de quicio, que se tengan que inmolar en el ridículo, que se expongan a defender lo indefendible. Alberto debe abandonar su papel de hombre común para transformarse en presidente y su tono catedrático para convertirse en un conductor. Si logra esto en dos meses, ya no tendremos que preocuparnos por los resultados electorales, sino por hacer cada vez más feliz a un pueblo que ya ha sufrido demasiado.

sábado, 4 de septiembre de 2021

El dolor de ya no ser

 

Evasor, contrabandista, estafador, mentiroso y malvado. Así y todo, se siente habilitado para hablar de inmoralidad. No de la suya, por supuesto, porque su espejo debe funcionar muy mal. Macri es el extraño caso del salvavidas de plomo que se mantiene a flote para sumergir a todos.

En estos días, el ex empresidente Macri estuvo hablando como nunca, a pesar de que no se postula a nada. Con sus dichos logra una centralidad que no merece y que poco beneficia a los pre-candidatos amarillos. A una semana de las elecciones primarias, el Buen Mauricio despliega una andanada ineludible de bestialidades verbales que deja muy mal parado al espacio no-político que lidera. Como su vara intelectual está muy por debajo de la rodilla, replicar sus declaraciones no es ningún desafío y, aunque nos haga perder tiempo, resulta necesario deconstruir cada una de sus declaraciones para que nadie se confunda.

Como su gobierno fue un desastre indefendible, sorprende que le sobre cara para plantarse ante una cámara a dar cátedra. Y da mucha pena el papel que juegan los peleles que lo entrevistan. Y más aún los televidentes que todavía creen en sus balbuceantes y confusos conceptos. El desprecio es su guía y la irracionalidad, la constante. En lugar de gozar su impunidad en un cómodo retiro, se planta como el faro que no es para embarrar con su bilis la escena política. Su última frase traspasó los límites: “o cambian o se van a tener que ir”. La democracia le incomoda, sobre todo cuando no gana.

En un exceso de impudicia, confesó que “estamos en un país en donde para ganar plata hay que evadir impuestos. Una frase que será tan célebre como la de Luis Barrionuevo en los noventa, “tenemos que dejar de robar por dos años para sacar el país adelante”. De ambas máximas se deduce que los más ricos son evasores y, por tanto, ladrones. No víctimas, sino victimarios del padecimiento de la mayoría. Con esto demuele el verso del emprendedor que amasa fortuna con ingenio y esfuerzo que tantas veces le escuchamos recitar. Para ser multimillonario, hay que ser un estafador como él.

La parafernalia de sandeces no se detiene en este sincericidio. Lejos de cualquier autocrítica, se erige como un estadista. El que convirtió la mal llamada doctrina Irurzum en política de Estado, se queja de “la inmoralidad de habernos encerrado” durante la pandemia. Ante la falta de argumentos, apela a la mentira de “la cuarentena más larga del mundo”. Muchos especulamos sobre cómo estaríamos si hubiera logrado la reelección, tentados por los incorrectos contrafácticos. El Buen Mauricio nos evitó el riesgo: “jamás hubiese hecho este atropello a las libertades” y “vamos viendo”, como síntesis perfecta de su compromiso. El que convirtió el ministerio de Salud en secretaría y dejó vencer millones de vacunas, también criticó el plan de inmunización ponderado a nivel internacional. Decir tantas tonterías sin sustento es, sin dudas, adoctrinar a su público.

Para terminar, en un exceso de subestimación hacia sus seguidores, acusó a CFK de no irse nunca del poder. “Ella siguió controlando desde afuera el poder en mis cuatro años, absolutamente todo”, fabuló el ex mandatario. Una frase para diván. Quizá pese el fracaso de no haber podido destruirla, a pesar de todos los artilugios judiciales que inventaron, de la demonización constante hacia su figura, de los prejuicios que alimentaron con millones de titulares y falsos informes televisivos. Esa frase, además de odio, revela impotencia porque Cristina no necesita estar todos los días ante cámaras amigables para conservar su protagonismo.

Y eso no es poder, sino trascendencia. Por el contrario, ella quedará en la historia como la que osó disputar poder a los que se creen dueños del país. Y eso explica tanto odio por parte de los que no quieren ceder un milímetro. Pero algunos no comprenden esta ecuación y se dejan engañar por los que prometen un futuro mejor con las recetas que siempre nos han hundido. Una pena que consideren inmoral a un gobierno que –con lentitud- nos está sacando del pozo y no a los que nos metieron en él.

El desafío de entusiasmar

Después de las elecciones legislativas y del reencuentro en la calle, el FDT debe demostrar el compromiso para iniciar la recuperación del p...