miércoles, 14 de abril de 2021

Denunciantes impunes

 

La vice Cristina, el gobernador Kicillof y otros ex funcionarios K fueron sobreseídos en la causa Dólar Futuro. La vocinglería opositora clamará desde todos los medios contra la impunidad digitada desde el “oficialismo opresor”, sin reconocer que ese proceso fue un absurdo, que ni debería haber existido la denuncia del senador Federico Pinedo y el diputado Mario Negri, ambos cambiemitas. Y menos aún el procesamiento porque, como decidió finalmente la Cámara de Casación, el delito es inexistente desde el principio. De una vez por todas, algo hay que hacer con esta justicia que demora cinco años en reconocer lo evidente. En primer lugar, los magistrados que dieron inicio a esta pantomima judicial deberían ser eyectados sin demoras y sin privilegios futuros por ser tan vergonzantes en su accionar y tan obedientes –y funcionales- a los poderes fácticos. En segundo lugar, deberían ser los denunciantes –Pinedo y Negri- que sabían de antemano que denunciaban un no-delito, los que paguen todos los gastos del proceso e indemnicen a las víctimas de esta atrocidad. Y, por último, deberían ser imputados penalmente por alterar el orden y desorientar a la opinión pública. Algo similar debería ocurrir con el proceso del Memorandun con Irán, que no era delito ni se concretó y encima, aceleró la muerte del ex canciller Héctor Timmerman.

No es posible convivir con estos perversos que conquistan espacios políticos en los medios hegemónicos y en la complicidad con los tribunales. Criticones enfadados que ostentan ignorancia y pretenden representar los intereses del pueblo. ¿Qué aporte hace Patricia Bullrich, además de confundir vacunas chinas y exhibir su desprecio por la vida de los que dice defender? ¿O no les basta con el papelón que pasó el inefable Eduardo Amadeo en la entrevista radial con Nancy Pazos, cónyuge del vice jefe de Gobierno porteño Diego Santilli? ¿Hasta cuándo vamos a soportar a estos inútiles tan dañinos? Y ni hablar de los mediáticos, capaces de desinformar a su público sin ponerse colorados. Hay una lista inmensa de personajes que provocan desde sus destacados espacios y generan malestar sin utilizar un solo dato certero.

Y que nadie venga a agitar la bandera de la libertad de expresión que, como toda libertad, debe ser ejercida de manera responsable. Mentir es una vileza que no debe escudarse en las garantías constitucionales. Que en medio de una pandemia que azota a todo el mundo, estos tipejos hablen de infectadura, inoculación de veneno y se opongan a toda restricción es una forma de alentar un genocidio del que nunca quedarán como responsables. Ante el incremento de casos de Covid, no podemos circular por las calles como si nada. En los países que tomaron el toro por las astas hay toque de queda, se suspenden las clases presenciales y toda actividad innecesaria. Acá, abundan las fiestas clandestinas, hay amontonamiento en colectivos y trenes y expandimos virus en los colegios con burbujas que se revientan apenas infladas. Y el gobierno nacional, temeroso de la reacción que pueden alentar los irresponsables opositores, se contiene de tomar medidas restrictivas que evitarían más contagios. En una situación de emergencia, las disidencias infundadas deberían quedar fuera de juego porque lo que menos les importa es la salud de la población. Covid o no Covid, that is a cuestión.

domingo, 4 de abril de 2021

Piedras en los zapatos

 

La oposición mediática y política es tan predecible y berreta que sorprende que aún tengan cierta incidencia dañina en la sociedad. La magnificación de falacias y el ocultamiento de verdades es tan obscena que ni los propios emisores la soportan. La sobreactuación ante las cámaras de cambiemitas y comunicadores apologistas, las delirantes teorías conspirativas que se tejen en los titulares y el énfasis que despliegan para las críticas –a veces infundadas y algunas con cierto apoyo en hechos- convierten el trabajo periodístico de los medios hegemónicos en un decadente camino hacia la peor parodia.

Si antes se escandalizaban porque –de acuerdo a testigos condenados por mentir- el juez Casanello visitó una vez a Cristina en Olivos, ahora toman con naturalidad que muchos jueces y fiscales hayan convertido La Rosada y la Quinta Presidencial en un lugar de tertulias, deportes y armado de causas contra Cristina y otros ex funcionarios. Y esto fundamentado en los registros de ingreso y egreso de esos edificios. Tan desconcertados están que tratan de desarmar este desaguisado con la foto de Martín Guzman jugando al paddle con el presidente, cuando no hay posibilidad de comparar una cosa con otra. Así son de primitivos, pues todavía explotan el vacunatorio VIP –veinte adelantados en la fila- que eyectó a Ginés González García pero guardan silencio ante las vacunas que un intendente amarillo arruinó por desconectar las heladeras o las 900 dosis que el ministro de Salud de Corrientes llevaba en su camioneta con destino incierto.

Y si tomamos las zonceras con que tratan de argumentar su indignación, podríamos confeccionar una enciclopedia de cien tomos con frases desopilantes. Los ejemplos abundan con sólo poner diez minutos de cualquiera de sus productos. Tarea insana, si las hay. Además, el manipulado entendimiento de los espectadores cautivos es un amasijo de contradicciones y falsos lemas: en poco tiempo deben asimilar que el virus no existe, que la vacuna es veneno, que en el resto del mundo no pasa nada, que atentan contra la libertad y miles de pamplinas que sólo buscan generar malestar y desesperanza. Con el verso de una garantía constitucional –la Libertad de Expresión- estos peleles con cara de enojados –para simular seriedad- alteran la vida democrática para diseñar un país al servicio de una minoría angurrienta.

Los titulares se regocijan ante el aumento de la pobreza pero al día siguiente o en la misma tapa salen en defensa de los depredadores si el oficialismo plantea alguna medida para atenuar la desigualdad. Con mucha vehemencia rechazan la intervención del Estado a la hora de controlar los precios internos, el comercio exterior, la evasión pero la exigen cuando las ganancias de los grandes empresarios disminuyen una milésima. Para esta minoría de multimillonarios inescrupulosos el Estado debe estar para garantizar sus negocios a costa de succionar el bienestar de la mayoría.

Encima, el oficialismo es tan errático, tímido y, a veces contradictorio que parece no tener convicciones. El positivo de Alberto –algo previsto a pesar de la vacuna- alimenta más el desconcierto porque brinda un argumento para el desaliento que el Poder Real tanto explota. La vacuna no sirve será la canción que, en coro, entonarán en estos días los mediáticos serviles al establishment. Por más que miles de expertos expliquen que la vacuna no nos hace invulnerables sino que nos da más herramientas para enfrentar al virus, nos toparemos en las calles con algunos transeúntes que repitan la letanía. En esto hay un poco –por no decir bastante- responsabilidad de la comunicación oficialista: la idea de que tenemos que seguir cuidándonos hasta que llegue la vacuna induce a pensar que, una vez inoculada permite que vayamos por la vida lengüeteando picaportes o abrazándonos con quien nos topemos.

La potencia embrutecedora de las propaladoras de estiércol –los medios hegemónicos- es descomunal pero no inexpugnable. Para mitigarla existen algunos mecanismos legales que deberían aplicarse en el mediano plazo. Mientras tanto, los funcionarios del FDT deberán apelar a su capacidad para convencer no sólo con palabras sino también con hechos que esta opción es la más adecuada para la construcción de un país que no someta a gran parte de su población a una inaceptable inequidad.

jueves, 1 de abril de 2021

No hay futuro sin Justicia

 

Empezamos la semana con la asunción del flamante ministro de Justicia, Martín Soria. Pavada de trabajo le toca, después de haber dicho muchas veces como diputado que nuestro país necesita una profunda reforma judicial. Hace unas semanas se difundió una encuesta que, entre otras cosas, revelaba que más del 70 por ciento de los argentinos no cree en la Justicia. Ya sabemos que no debemos abrazar con fervor estos resultados: en ese porcentaje se engloba a los que piden perpetua por el robo de un celular, los que perciben que hay tribunales amañados y los que quieren que Cristina vaya presa aunque las causas que la involucran sean absurdas; y ese número también incluye a los que estamos convencidos de que el ex empresidente Macri debe estar en la cárcel, no sólo por el latrocinio de su gobierno sino por su accionar delictivo en las décadas anteriores.

Por decir algo así, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto tuvo que soportar las críticas más despiadadas de muchos cambiemitas que, recién ahora comprenden que no se puede meter presa a una persona sin un juicio previo. Y también ahora se convierten en predicadores de los DDHH a los que consideraban un curro y los vulneraron con énfasis. La cárcel como método de extorsión, persecución y adoctrinamiento fue una práctica muy usada durante el mandato del Buen Mauricio. Pero la protección de muchos jueces hacia este ilegal personaje viene de antes, vale recordar. La Corte Suprema de Justicia menemista lo absolvió caprichosamente por el contrabando de auto partes en 2002. Otra: en menos de una semana se vence el plazo para que Correo Argentino, a cargo de Socma (empresa de la famiglia) entre en quiebra por una deuda que el Estado reclama desde hace veinte años. ¡Veinte años!... que en el tango es nada pero en este caso es un montón… y los amarillos se enojan porque Estela considera que Macri debería ir preso.

La justicia, cuando es lenta, deja de ser justa. Y cuando, además de lentísima, es cómplice de los poderosos que se lo pasan pergeñando estratagemas para eludir la ley, estamos al horno. No basta con una reforma: hay que crear una justicia nueva con jueces que no estén al servicio del establishment, sino del pueblo, que es el que debe ser defendido de los salvajes empresarios. O, por lo menos, el gobierno debería empezar a tomar medidas correctivas contra aquellos magistrados que retuercen la ley para agradar a sus amos. Ya tendría que haber una ley o un decreto que destituya sin pensión a los jueces que den curso a un amparo contra el Aporte Solidario de la Grandes Fortunas. Un juez que habilita un recurso de protección, no para un desamparado o un usuario estafado, sino para un multimillonario que no quiere soltar un mango, no merece el honor de ser juez de la Nación.

En estos días, Canal Trece, Santo Biasatti y María Laura Santillán fueron condenados a indemnizar a ex funcionarios estatales por injuriarlos con una cámara oculta del programa Telenoche Investiga. Por lesionar derechos personalísimos de los agentes que denegaron la internación de una niña por fallas estructurales del Instituto Nacional para Ciegos Román Rosell. Uno puede decir “qué bueno: una denuncia falsa que es sancionada”. Muy bien. ¿Pero de qué sirve, si el programa se emitió en 2004? Esa falsedad con formato de sentencia presentado como investigación seria y comprometida ya hizo el daño que se había propuesto. La sentencia es bienvenida, aunque debe ser cuestionada la demora. Si queremos que nuestra sociedad sea más justa, no sólo los chorros deben ser castigados en poco tiempo, sino también los ricachones que, con sólo mover un dedo nos hacen la vida imposible. En todo, no sólo con los mensajes mediáticos.

domingo, 28 de marzo de 2021

La Memoria como reconstrucción

 

Si alguien afirma que los PRO y sus seguidores obstaculizan cualquier intento de futuro, no se equivoca. Destructivos jugando como oposición o como oficialismo. Falaces, siempre. Hipócritas, cínicos, confusos, contradictorios. Y, como defienden siempre a los más poderosos y no pueden decirlo de manera frontal, terminan siendo siniestros. El Día de la Memoria los encuentra siempre desencajados: guardan silencio cómplice o vomitan burradas. El recuerdo de Horacio Rodríguez Larreta sobre el secuestro de su padre muestra un poco eso: si tanto le impacta ese episodio de su vida, ¿qué hace mezclado con los perversos negacionistas? ¿Para qué esa evocación: para seguir tapando los pañuelos pintados en la Plaza? ¿Un simulacro de emoción para conquistar la voluntad de algunos desprevenidos? ¿Será un nuevo personaje de cara a las presidenciales del 23?

Por supuesto que sí, si no, no estaría del peor lado de la Grieta, pegoteado con apologistas y beneficiados de la dictadura, gozando de un blindaje mediático inaceptable en democracia. Claro que, en comparación con los dichos de otros amarillos, lo del Jefe de Gobierno porteño es como un “mensaje de paz”. Por supuesto, el ex empresidente Macri se destaca por la superficialidad de sus balbuceos. Que haya padecido un secuestro extorsivo en los noventa no lo iguala para nada con Estela de Carlotto ni con las demás víctimas del Terrorismo de Estado. Más aún porque en esos tiempos –y también ahora- comparte el ideario anti obrero, especulador y persecutorio. En fin, una tontería más que sólo cala en los tontos que ven en él algo respetable. Y si la presidenta de Abuelas pide cárcel para el Buen Mauricio, es porque sabe, como muchos, que la merece con creces, por más que el diputado odiador Fernando Iglesias patalee en el Congreso.

Y no es que uno esté ensañado con los cambiemitas. Lo que pasa es que no hay posibilidad de conciliar nada con ellos. ¿Qué empatía puede despertar que un troll use el nombre de una desaparecida en su cuenta de Twitter y no para nada positivo, precisamente, sino para burlarse de su hija? ¿Qué adhesión puede lograr el escrache mediático realizado a una maestra de nivel inicial por exhibir un video sobre la Memoria? ¿Acaso un títere de una abuela adoctrina más que los monigotes que siembran descontento y disolución desde los medios hegemónicos? Para desconcertar más a los detractores, el Ministerio de Educación de Santa Fe comparte el video de Haydeé Spatz en su plataforma oficial por su valor pedagógico.

Pero hay más, porque los amarillos insisten en exhibir sin reparos que están del peor lado. En una entrevista con los periodistas de su Canal –La Nación +- Mauricio Macri reiteró su absurdo latiguillo del aislamiento del mundo. Ahora usa como excusa que Argentina no aceptó las pretensiones colonizadoras del laboratorio Pfizer y puso como ejemplo a Chile, que, a pesar de haber vacunado a gran parte de la población, debe recurrir a las medidas de aislamiento que tanto denuestan en el país. Y también alzan la voz porque Alberto Fernández decidió abandonar el Grupo de Lima, el organismo internacional rejuntado por el Imperio para recuperar el control sobre los recursos petroleros venezolanos.

Aunque el Gobierno Nacional también es merecedor de algunas críticas –más por tibieza y prudencia que por mala intención- gran parte de los argentinos sabemos que con un Macri –con cualquiera de ellos más allá del apellido- al frente estaríamos mucho peor. Ahora que los números de la Economía empiezan lentamente a mejorar, la redistribución del ingreso debe ser la diferencia entre los dos modelos. Recuperar algo cercano al 50-50 –que la dictadura destruyó- será uno de los mayores logros de cara a un futuro más beneficioso.

domingo, 21 de marzo de 2021

“M”: una letra que nos desafía

 

La semana pasada comenzó tormentosa: la búsqueda de una menor angustió durante los primeros días y, cuando se temía lo peor, la rescataron sana y salva. Un final que podría ser feliz evidencia, en realidad, la infelicidad de muchos que no tienen nada. Ni nombre, siquiera. “M” nos interpela, no para que respondamos con un conmovedor y temporal espíritu caritativo, sino para que transformemos la distribución en serio. Algunos opinadores se sorprenden por la cantidad de personas que viven en situación de calle y, por supuesto, claman por soluciones urgentes. La asistencia del Estado –de cualquier Estado- puede atenuar el drama, pero no modifica nada. Si más de la mitad de los trabajadores formales no accede a cubrir la canasta básica de alimentos, ¿qué podemos esperar para los informales, los desempleados y los que ni siquiera tienen nombre? Lo urgente posterga lo importante, que es discutir seriamente cómo se reparte la riqueza generada en nuestro país –que es muchísima- entre todos sus habitantes. Para evitar las urgencias no debemos perder de vista lo importante.

Claro que –por múltiples motivos- algunos sectores políticos no están preparados para esta discusión. Menos los que aseguran que el “Caso M” fue una treta K para opacar la presentación del libro que escribió –es un decir- el ex empresidente Macri. Ni tampoco los que estigmatizan a las víctimas de este sistema que institucionaliza la desigualdad. Ni los que ponen su fe en la teoría del derrame o en la tan siniestra meritocracia. Para vencer la desigualdad hay que neutralizar a los que desigualan.

Un ejemplo puede servir: el año pasado, la empresa Arcor ganó –cubriendo todos sus gastos- 5442 millones de pesos de acuerdo al balance presentado ante la Comisión Nacional de Valores. En 2018 había tenido un resultado negativo de 1555 millones y de 196,2 millones en 2019. De ese montón que ganó mientras muchos perdían con la pandemia, el directorio de la firma de Luis Pagani repartió la mitad -2650 millones- entre sus accionistas y destinó 1691 para repartir más adelante. De más de 5400 millones de pesos de ganancia, sólo 1100 millones se guardan para inversiones. Más de dos tercios de la ganancia generada por todos los que consumimos sus innumerables productos quedan en manos de unos pocos. Y los empleos que generen las nuevas inversiones mantendrán la misma lógica desigualadora.

Mientras el presidente Fernández asegura que el incremento salarial debe ganarle a la inflación, los especuladores de las góndolas ya están aumentando a cuenta. Y también está en la mira de estos inescrupulosos el excedente que quedará en los salarios por la eliminación del mal llamado Impuesto a las Ganancias. ¿De qué sirve un incremento salarial o la eximición de un impuesto si apenas va a alcanzar para comprar exactamente lo mismo que antes? En los países que muchos exhiben como modelo, los trabajadores formales destinan menos del 10 por ciento para la compra de alimentos. Y no es porque coman menos, sino porque el precio de los productos no tiene la irracionalidad vernácula.

Para evitar que las urgencias nos desborden, más que aumentar el ingreso de los trabajadores hay que bajar sus gastos, para que el salario alcance no sólo para lo esencial, sino para la vestimenta, los servicios, el esparcimiento y el ahorro. Y eso sólo se consigue con un control estricto e inmediato de los que quieren saquear nuestros bolsillos. Entonces, será mucho más fácil asistir e incorporar a los que subsisten al margen de todo, porque con un modelo económico más justo, serán cada vez menos los “M” que no tienen nada de nada.

sábado, 13 de marzo de 2021

Estafa con forma de libro

 

En medio del esfuerzo por reconstruir el país, los conspiradores no cesan de hacernos la vida imposible. No satisfechos por sus campañas anti todo durante la pandemia, los amarillos y sus cómplices, instigadores y beneficiarios siguen vomitando su estiércol para conquistar algún poroto en el proceso electoral. Después de negar el coronavirus, condenar la cuarentena, denunciar la Sputnik V como veneno, exigir más rapidez en la campaña de vacunación, sugerir la privatización de las vacunas y muchas patrañas más que demuestran lo poco que les interesa la vida de todos nosotros, el Infame Ingeniero presenta su libro “Primer Tiempo”, más como una burla que como un aporte intelectual.

En un abuso de su condición de impune eterno, Mauricio Macri sueña con emular a la vicepresidenta Cristina Fernández con su libro “Sinceramente”, que superó las expectativas de ventas y le permitió recorrer distintos puntos del país para su presentación. Por supuesto, Macri no tiene el carisma, la oratoria, la profundidad ni el poder de convocatoria para algo así. El sólo hecho de titularlo con una metáfora futbolera sugiere que no pasa de ser un mediocre fan de Boca y un demagogo obsceno. Además, amenaza con su retorno a la presidencia en un segundo tiempo que no debería ocurrir. Bastante daño ha hecho: suficiente para pasar el resto del partido fuera de juego y, de ser posible, en las sombras.

Más que para un segundo tiempo, este farsante ha alcanzado el mérito suficiente para recibir el repudio y no el aplauso de los argentinos. No sólo él, por supuesto, sino también todos los que lo acompañaron en su cruzada para profundizar la desigualdad en nuestro país. Y, por supuesto, los medios de comunicación dominantes que hicieron de él la mejor opción para ganar las elecciones de 2015 y los jueces y fiscales federales que convirtieron delirios domingueros en causas judiciales absurdas. Macri ya demostró lo que es y no calla lo que puede hacer. Quien no lo entienda se convierte en un peligro. Para que el Buen Mauricio sea un mal pasado, las causas judiciales que acumula –desde la estafa del Correo Argentino hasta el brutal endeudamiento con el FMI- deben convertirse en sentencias no dentro de veinte años, sino en pocos meses. No sólo como un castigo al individuo y sus cómplices sino como una forma de desterrar aquellas ideas que no benefician al conjunto.

Macri es sólo un episodio, como lo fueron Menem y De La Rúa. Lo peligroso es el ideario que portan: la libertad de mercado, el individualismo, el anti estatismo, la privatización de todo. Recetas maliciosas que sólo producen el despojo de la mayoría en beneficio de una minoría avarienta. Ideas que son tentadoras para muchas de las víctimas, como ocurrió con la Revolución de la Alegría. Para que esto no nos vuelva a ocurrir, el camino emprendido por el presidente Fernández debe empezar a dar resultados con énfasis, no a través de la contención de la desigualdad sino con la igualación, no con súplicas a los que nos saquean la billetera, no con advertencias a los conspiradores sino con castigos severos, no con quejas por las mentiras infames de la prensa canalla, no con lamentos por los bosques incendiados. Los que quieren quedarse con todo, los que explotan a sus trabajadores, los que especulan, los que evaden, los que abusan de su poder deben ser considerados enemigos y como eso hay que tratarlos. De lo contrario, siempre perderemos todos los partidos.

viernes, 5 de marzo de 2021

La mafia al descubierto

 

Esta semana arrancó con énfasis. En el discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, el presidente Alberto Fernández abandonó la tibieza para remarcar el rumbo. Nada de diálogo ni conciliación para los que destruyeron nuestra economía y lo quieren seguir haciendo. Eso tranquiliza un montón porque sonreír a estos bárbaros es una muestra de debilidad. Después de las bolsas mortuorias colgadas en las rejas de La Rosada, ningún diálogo es posible con el núcleo duro del PRO. Si una investigadora del Conicet –Sandra Pitta- considera que cuando esta derecha bestial regrese al gobierno van “a pisar como cucarachas” a los kirchneristas, si el aún fiscal Carlos Stornelli quiere tener un encuentro de hombre a hombre con Alberto cuando ya no sea presidente y si muchos exponentes cambiemitas todavía sostienen que representan la eficiencia, la transparencia, el progreso, la República y coso, ¿qué se puede acordar con Ellos?

Lo han demostrado en los cuatro años de desgobierno macrista: lo único que saben hacer es potenciar privilegios para una minoría enriquecida a costa del empobrecimiento del resto. Y eso deberán pagarlo, si no en los Tribunales, al menos con una disminución de los votos. Si los jueces no castigan las atrocidades institucionales, económicas y jurídicas implementadas por la Revolución de la Alegría, que sean las urnas las que los condenen al ostracismo que merecen.

El discurso de Alberto sacudió la modorra veraniega. Las dos horas de definiciones, propuestas, proyectos y acusaciones –salpicadas con algún tropiezo lingual— definen un nuevo estilo de gobierno. Si a esto agregamos el alegato de Cristina ante los jueces de Casación por la causa Dólar Futuro, el sendero está marcado. Ningún país puede ser construido sobre las bases de un Poder Real que sólo planea la destrucción. Tanto el presidente como la vice explicaron con claridad que parte del Poder Judicial, los medios de comunicación hegemónicos y las empresas formadoras de precios son un obstáculo para un país más justo. Y lo urgente es que dejen de serlo.

Por más que Clarín, La Nación y toda la cadena de medios falaces y mafiosos señalen a CFK como agresiva, amenazante, injuriosa, la mayoría sabe que no es así. Cristina demolió no sólo a los jueces que la escuchaban sino que dejó al descubierto el entramado del Law Fare. Por más que digan que los K buscan la impunidad, gran parte de la población no come vidrio y los que vieron su intervención de casi una hora quedaron convencidos de que no hay convivencia posible con jueces y medios que –explotando una independencia inexistente- condicionan la vida democrática del país. Que anulen o no esta causa ya no tiene importancia: hagan lo que hagan seguirán demostrando que no están a la altura del cargo que usurpan. Tarde o temprano, esa corporación mafiosa liderada por Héctor Magneto y sus secuaces periodísticos, políticos y judiciales deberá ser desarmada si queremos consolidar un proyecto de país en el que todos gocemos de sus riquezas.

domingo, 28 de febrero de 2021

Una excusa para cacerolear

 

Los cambiemitas intentaron capitalizar el episodio intitulado “Vacunatorio VIP” y sólo lograron juntar un puñado de indignados selectivos, esos que se enojan sólo cuando los “errores” los cometen los otros. Con la lógica perversa del ideario PRO, la República está a salvo cuando gobiernan los emisarios del establishment, aunque nombren jueces por decreto, desmantelen leyes a machetazos, persigan y encarcelen opositores con causas sin fundamento, aprovechen el Estado para facilitar negocios propios y de algunos amigos, endeuden el país de manera bestial y sin cumplir con las normas. El indignómetro no funciona contra el color amarillo y es por eso que 20 veinte vacunados de manera solapada indignan más que el reparto de vacunas a los efectores privados de la CABA o las dos millones de dosis vencidas durante la Revolución de la Alegría. Encima, el ex empresidente Macri sale a aclarar para oscurecer con esa alocada conclusión de que garantizar las vacunas para que las prepagas repartan entre sus abonados y un local del radicalismo haga campaña es “transparente, justo y equitativo”.

Y, por supuesto, condena “los casos de avivadas y favoritismo que vimos en estos días”, poniendo el foco nada más que en el escándalo de Nación y no, por ejemplo, a lo ocurrido en Jujuy. Precisamente él condena las avivadas que le permitieron acumular fortunas con contrabando, evasión y estafas al Estado y llegó a la presidencia para garantizar un favoritismo atroz hacia empresarios aliados. Claro, ya sabemos que se dirige a un público desmemoriado y alienado por una cadena de medios que lo modela de la peor manera. Tanto que son capaces de colgar bolsas negras simulando cadáveres con nombres que despiertan su visceral odio –como Estela de Carloto o los pibes de La Cámpora, entre otros- en defensa de la democracia, la paz y el consenso. Un mensaje mafioso para garantizar el bien común. Tipos tan contradictorios, desinformados, despreciativos como sus dirigentes. Tan agresivos y falaces, a la medida de los mensajes que los colonizan. Tan pocos que dan pena, aunque repugna lo que defienden.

Pero no debemos preocuparnos de ellos, porque jamás serán convencidos por un proyecto de país más justo. El Frente de Todos jamás logrará convertir a esa banda de individuos en sus votantes. Siempre rechazarán intervenciones, controles, multas contra las empresas que nos estafan por más que después se quejen de la inflación, las tarifas de los servicios y la caída del poder adquisitivo. Incoherentes, adhieren a la propuesta que algunos empresarios hicieron en estos días, que “para bajar la inflación, hay que abandonar el control de precios y para fomentar el empleo hay que derogar la prohibición de despidos”.

En esta semana, hay encuestas que señalan que, por primera vez, la imagen negativa de Alberto Fernández supera la positiva. Por poco, pero advierten una caída en un año electoral. Para garantizar la continuidad de este proyecto –el de la campaña- debe dejar de sonreír a los que jamás serán parte de él. Si quiere inclinar la balanza legislativa, deberá aproximar más las acciones a sus palabras. Si quiere despertar entusiasmo en sus seguidores y sumar a los desencantados, deberá afrontar con énfasis los problemas que nos dificultan la vida. Y eso no se logra con la buena voluntad de los que ganan fortunas saqueando nuestros bolsillos. Ni con treguas o súplicas. El conflicto es necesario para frenar a los depredadores. Eso de “ponerse de acuerdo en un par de puntos” o “tirar todos para el mismo lado” es un verso que ni los recitadores creen. En la ancha avenida del medio nos pisotean tractores y 4x4. Para hacer de este rumbo errático un camino más definido hay que elegir la vereda que más enoja a los que se creen dueños de todo. Mientras más zapateen, mejor nos va a ir.

domingo, 21 de febrero de 2021

El Todo y sus partes

 

El episodio que sacudió el escenario político en la mañana del viernes es inaceptable. Tanto pontificar en contra de los privilegios de una minoría y desde el ministerio de Salud –reinstaurado por el presidente después de la degradación amarilla- se organiza una campaña casi secreta de vacunados a dedo. Y ninguno de los actores que pergeñaron esta instancia –ministro, asesores, secretarios y el personal del Hospital Posadas- evaluaron su gravedad. Extraño. Más extraño es la manera en que se hizo pública la trapisonda. El periodista Horacio Verbistky lo reveló –no como denuncia ni travesura- en su habitual columna en el programa “Habrá consecuencias” que se emite por El Destape Radio. Un relato en primera persona, conmovedor, familiar. Hasta recordó que su padre había fallecido en el Hospital Posadas, a donde iba a acudir por consejo de su querido amigo, Ginés González García, hasta que lo invitaron al Ministerio para agilizar la inmunización. Por intentar contrarrestar un petardo de Clarín, arrojó un bombazo contra el oficialismo.

Ginés fue expulsado al instante por el presidente; Verbistky fue despedido por Roberto Navarro de su emisora radial. Y ambos reconocen que no habían evaluado la dimensión de esas acciones. Ambos piden disculpas por lo que no deberían haber hecho: facilitar privilegios, el primero y aprovecharlos, el segundo. No hay justificativo ni atenuantes.

El dolor entre los simpatizantes del oficialismo es enorme. Igual que el desconcierto. El daño es inmenso porque aporta argumentos para los que han hecho cosas peores. Por eso algunos apelan al contraste, enumerando las tropelías de Macri y su pandilla que no tuvieron la misma repercusión. Otros, tratan de minimizar el incidente para “no hacer el juego a la derecha”. También están los que suman un desencanto más a los tantos acumulados. Y, por último, los que aplauden a Alberto Fernández por pedir la renuncia de un funcionario con muchos logros en su haber.

 De ahora en más, tanto el presidente como la nueva ministra, Carla Vizzotti, deberán garantizar el cumplimiento a rajatabla del plan de vacunación en todo el territorio nacional. Cualquier anomalía que se cometa en el más pequeño pueblo será responsabilidad de ellos. La consigna debe ser clara y el control estricto. Ni “borrón y cuenta nueva” ni diatribas a perpetuidad. Este hecho indignante no se debe repetir y si el gobierno nacional quiere remontar su imagen debe abandonar la amabilidad –como hizo con GGG- y tomar las decisiones con energía y compromiso si en verdad quiere construir un nuevo país

En definitiva, es preferible que los poderosos se enojen porque el Estado ejerce el control de las exportaciones, porque intima a los que especulan, porque busca contener la criminal inflación, porque desmantela el contrabando de granos y no porque un funcionario inauguró un vacunatorio VIP, como ya bautizaron al caso los medios hegemónicos. Si el discurso dominante intenta denostar con etiquetas –la parte por el todo- el oficialismo debe resignificar sus intenciones, no con discursos bonitos y pedagógicos sino con acciones concretas y con resultados casi inmediatos si no quiere que los que confiaron en Les Fernández abandonen la esperanza de una vida más justa. Para corregir las partes hay que fortalecer el Todo.

lunes, 15 de febrero de 2021

Recordar para desandar el camino

 

La ineludible noticia de la semana es que Menem murió el día de los enamorados. Tan paradojal como Bernardo Neustadt el día del periodista o Augusto Pinochet en el de los DDHH. No tan exacto como Videla en un inodoro. Nadie elige cuándo, cómo o dónde morir, salvo aquel fiscal que se suicidó en su baño. Sí podemos elegir cómo vivimos y, en sintonía con eso, cómo nos recordarán. En el caso específico del Infame Riojano, lo más notorio es que murió impune. Y eso da mucha bronca. Más bronca da que lo honren, que algunos hablen de las transformaciones que realizó en Argentina, de cómo “nos integró al primer mundo”, de su simpatía y de muchos tópicos más para disfrazar su monstruosidad. Hasta el presidente Fernández lo situó como víctima, como perseguido político, como preso de la dictadura. Tanto se vio afectado Menem con eso que terminó sirviendo a los perseguidores y deformando los objetivos del partido al que pertenecía.

¿Hay algo bueno para recordar de este personaje? Algunos se atrevieron a reivindicar el legado del ex presidente. ¿Qué de bueno dejó? Algunos estarán pensando en las denuncias de corrupción de aquellos tiempos que quedaron en la nada. Aunque parezca mentira, eso es lo de menos. Menem fue un continuador del plan económico-social de la dictadura; fue un alumno modelo del Consenso de Washington; fue el que entregó los puertos a las multinacionales; fue el que regaló las empresas del Estado que tanto esfuerzo demandó conformar; fue el que dolarizó nuestra vida con la fantasía del uno a uno; fue el que creó el sistema de jubilación privada que se convirtió en una timba destructiva; fue el que inventó el monotributo como estrategia para reducir la informalidad y terminó siendo una herramienta ideal para la precarización laboral; fue el que sumó tropas a una guerra ajena para recibir a cambio dos atentados terroristas; fue el que hizo estallar una ciudad para ocultar el contrabando de armas; fue el que indultó a más de 200 genocidas con un sonriente cinismo. ¿Alguien encontró algo bueno en este apretado listado?

En los años del menemato, la farandulización de la política se convirtió en doctrina. El fin de las ideologías encontró en esos tiempos muchos apologistas. Hay varias muestras de eso, pero basta recordar algunas: el abrazo con Isaac Rojas, emblema del antiperonismo; Amalita Fortabat intentando confesar ante las cámaras que siempre había sido peronista y no logró terminar la frase porque su propia risa la interrumpía; los Alsogaray ponderando las políticas de Menem y hasta vistiéndose de funcionarios; el intento de explicar el engendro ejecutado como un peronismo reformulado. La construcción de un sentido común horroroso también forma parte del legado. La ponderación de las fortunas meteóricas tenía su expresión en el programa televisivo “Ricos y famosos”, en el que se mostraban fastuosas mansiones para reforzar el dolor de los millones desplazados. Ostentar riqueza fácil no quedaba tan mal en los noventa.

“No hay que festejar las muertes”, dicen por ahí, pero la muerte no santifica. Este muerto duele a nuestra historia y también a nuestro presente. Aún estamos padeciendo “su legado” y, en la construcción de un futuro para todos, no cabe ninguna reivindicación. Bastante premio tuvo al terminar su vida como senador. Tan generosos somos con los que sólo buscan destruirnos. En lugar de tantos homenajes y anécdotas divertidas, debemos repudiar su oscura impronta para iluminar nuestros pasos y deshacernos de todo lo que instauró. Y recordar que los embaucadores a veces se disfrazan de caudillo riojano, otras de play boy acaudalado o de porteño con cara de serio. Aunque se haya muerto el perro, la rabia aún ronda entre nosotros.

viernes, 12 de febrero de 2021

La debilidad del consensualismo

 

Las buenas intenciones no bastan para transformar un país. Menos aún el exceso de confianza hacia los que nos saquean desde siempre. Lo que más molesta es el doble discurso: eso de mostrarse enojado ante el público y después menear el rabo ante los poderosos para evitar el conflicto hace mucho daño. Tanto, que se desdibuja el entusiasmo inicial que despertó el gobierno de Alberto Fernández. Si en una entrevista amenaza con medidas extremas para los agrogarcas especuladores, evasores, contrabandistas y fugadores y a los pocos días manifiesta confianza en la "buena voluntad" de esos mismos tránsfugas, el doble discurso está a la vista. Y lo peor: eso de que los empresarios formadores de precios aplaudan al ministro de Economía Martín Guzman da un poco de miedo. 

Ya se ha dicho muchas veces en estos apuntes, pero la reiteración es necesaria para comprender por qué duele tanto ese doble discurso: la inflación no es un fenómeno meteorológico ni el resultado adverso de tecnicismos mal aplicados. El aumento de los precios -sobre todo de los alimentos- es un crimen cometido a la luz del día por criminales que gozan de inexplicable respeto en esta desorientada sociedad. De tanto respeto, que hasta tienen la osadía de mostrarse como víctimas del hado aumentador.

Mientras el INDEC dice que la inflación es del 4 por ciento, las góndolas declaman incrementos mayores. Las excusas son muchas pero el resultado es el mismo: el poder adquisitivo del salario se acerca cada vez más al suelo. Y, encima, los que más protestan son los que se la llevan en pala mecánica. No sólo protestan; también lloran como heroínas de melodrama mientras sus fortunas crecen de manera descomunal con el empobrecimiento del resto. 

Y del lado progresista de la política argentina se suplica por una tregua; se les implora que no aumenten por un tiempo; y hasta mendigan dádivas para que los que menos tienen no la pasen tan mal. Tanta cortesía pone en evidencia que el poder está en manos de los que nunca se presentan a elecciones pero se la pasan ganando. En lugar de conmoverse por la humildad de las autoridades democráticas, se burlan de manera despiadada de tantas muestras de debilidad. Hasta reciben con beneplácito la justificación de los exorbitantes porcentajes con que adornan los productos con que nos saquean los bolsillos. En el rubro alimentación, se toma con naturalidad que cada actor de la cadena de comercialización gane más del 40 por ciento. Una cifra inaceptable en otros países, pero acá parece no asombrar a nadie.

El informe mensual del INDEC sobre el incremento de precios promedia el 4 por ciento para enero, aunque algunos rubros superaron ampliamente esa cifra. El de los servicios de comunicación se ubica en torno al 15 por ciento, a pesar del decreto que prohíbe semejantes aumentos. Aunque indigne, estas empresas monopólicas hacen lo que quieren, total, saben que nada les pasará: conservan intacto su poder de fuego y están convencidos de que seguirán burlando las disposiciones gubernamentales. Con sus patrañas mediáticas conducen con facilidad el estado de ánimo de una parte de la población y tienen la capacidad y la intención de seguir sumando descontento. Y se burlan: el presidente intenta dictar cátedra mientras los peores de la clase siguen haciendo barullo.

Ante tanta prepotencia empresarial, el Covid ya no puede usarse como herramienta para construir consenso. Esos multimillonarios insaciables se niegan a admitir que hay un mundo detrás de sus cofres rebosantes de tesoros. Y, por tanto, no se conmueven con nada. La pandemia nos asolará hasta que se complete la vacunación, pero esa minoría super enriquecida nos seguirá esquilmando por siempre si no le ponemos freno a su desmedida angurria. Gobernantes y funcionarios no deben ser relatores de la realidad, sino sus transformadores, se enoje quien se enoje. Para eso los votamos y sólo por eso pasarán a la historia.

lunes, 25 de enero de 2021

Devaneos estivales

 

No es mi intención convertir el primer apunte del año en un testimonio en primera persona ni justificar mi ausencia con depresiones inexistentes. Pero algo debo decir después de las vacaciones más largas de Apuntes Discontinuos desde sus inicios en abril de 2011. El 2020 fue atípico para todos, lo que no significa que todos lo hayamos pasado mal. En mi caso, tuve condiciones óptimas de aislamiento, sin tropiezos económicos ni edilicios, sin conflictos de convivencia, sin problemas por estar más tiempo en casa ni por estrenarme en esto del trabajo a distancia. Sin embargo, debo a los lectores –y sobre todo a mí- explicar por qué no hubo apuntes durante casi un mes y medio. Por supuesto, no fue por la falta de material, que abunda sobremanera; no porque el oficialismo -a veces bien, otras medianamente y algunas muy mal- no haya actuado en esta situación insólita y –esperemos- irrepetible; tampoco porque la oposición impresentable se haya quedado corta en brindar situaciones, declaraciones y posiciones por demás de absurdas, irrespetuosas y por momentos, destituyentes. Si sólo ésas fueran las condiciones para la elaboración de mis apuntes, deberían haber salido como dos por día.

Lo que desalienta es la monotonía; lo que aburre es que siempre estemos dando vueltas sobre lo mismo; lo que cansa es que periodistas totalmente alineados con la destrucción del país, representada políticamente por el PRO desde hace algunos años, declamen a los cuatro vientos que son objetivos e independientes; lo que desconcierta es que los miembros de la oposición digan cualquier estupidez, mentira o exabrupto sin pagar consecuencias. Lo que desmotiva es tener un oficialismo que resuelve problemas pero no transforma tanto como prometió, salvo casos muy puntuales; que haya negociado la monstruosa deuda dejada por el nefasto gobierno de Macri con la resignación de un estafado patológico, sin mover un dedo para castigar a los que tan irresponsablemente nos ataron a acreedores despiadados. Lo que desapasiona es que no se denuncien públicamente las renuncias a la soberanía de Malvinas ejecutadas por los cipayos funcionarios macristas, entregas históricas que deberían considerarse una traición al mandato constitucional.

Lo que cansa es que haya que explicar constantemente que la libertad de expresión no es un absoluto, al igual que todas las libertades. Que si Pablo Sirvén, de La Nación, utiliza la expresión “conurbano africanizado” no sea merecedor de una sanción ejemplar, no sólo por xenófobo o demonizador, sino también por ignorante, porque África es un continente diverso con realidades muy diferentes a las de las películas yanquis de la década del 50 que deben haber alimentado el intelecto del mediocre escriba. Lo que enoja es que siempre haya que explicar que la libertad de mercado no es un derecho constitucional sino un verso más grande que un edificio. Y que el equipo económico no debe ser un relator de la realidad sino un actor fundamental para modificarla. Si la inflación del año pasado fue del 36 por ciento pero hubo productos –sobre todo alimenticios- que aumentaron mucho más, no hay que negociar con los autores ni suplicarles contención en sus apetencias, sino obligarlos a que acomoden las cifras, sancionarlos por estafadores y dejarlos fuera de juego por un par de turnos, o para siempre.

Lo que molesta es que se tome con naturalidad que un grupo de policías se cuadre ante la ex ministra Bullrich como si aún fuera funcionaria y que se le destine un respeto que ni ella ni ninguno de los PRO merece. Quizá no sea incorrecto si los agentes hicieran lo mismo con cualquier civil o al menos con todos los ex ministros de Seguridad. Pero eso no ha pasado nunca y los perversos amarillos son expertos en armar estas escenas muy bien recibidas por sus anonadados seguidores. Lo que fastidia es que los hacedores de la Revolución de la Alegría, que no escatimaron esfuerzos para denostar y debilitar la educación pública sean ahora los paladines de la “vuelta a clases” y que encima haya un grupo de imbéciles que los tomen en serio.

Todo esto y mucho más hizo que el autor de estos apuntes se haya tomado una licencia tan larga: la idea de escribir nuevos textos que se parecen mucho a los anteriores porque, a pesar de que devoramos los días como si fuéramos un Pacman, parece que estuviéramos viviendo siempre el mismo. Pero no se preocupen, queridos lectores, Apuntes Discontinuos seguirá entre nosotros.

Denunciantes impunes

  La vice Cristina, el gobernador Kicillof y otros ex funcionarios K fueron sobreseídos en la causa Dólar Futuro . La vocinglería opositor...