lunes, 19 de noviembre de 2018

Los impresentables


La cantidad de libros que va a generar este calamitoso gobierno es incalculable. Dentro de treinta o cuarenta años, los historiadores tratarán de dilucidar cómo se incrustó en la línea de tiempo semejante engendro. No sólo por haber conquistado las urnas gracias a patrañas mediáticas y promesas sin voluntad de cumplir, sino también por haberse mantenido en funciones a pesar de los desastres evidentes. Y de las bravatas que despliegan a diario. Lo del ministro Dujovne además de una burla, es una invitación. Pero éste es sólo un episodio. Desde el primer día, Macri y su Gran Equipo se mofan de fans, opositores e indiferentes y provocan a todos para precipitar su huida. Y esto no sólo lo hacen con palabras y gestos, sino también con las torpezas y maldades que ostentan y de las que se vanaglorian.
El Ingeniero presentó a su gabinete como el mejor de los últimos 50 años, con Patricia Bullrich, Sergio Bergman, Oscar Aguad, Jorge Triaca y muchos más que demostraron no estar preparados -ni técnica ni éticamente- para ocupar cargos públicos. Ni él ni la Vice Michetti lo están. Por esto estamos como estamos y como estaremos. A pesar de esto, con la soberbia de clase que los desborda, afirman que todo está bien porque es el único camino. La palabra creadora de un bienestar inexistente y de un futuro venturoso que jamás va a llegar.
Con la clasista palabra blindada crean una realidad que hoy sólo puede convencer a unos pocos pero indigna a cada vez más. En una situación de normalidad informativa, todos estarían armando sus maletas para volver al oscuro agujero del que han salido. Pero como todavía quedan periodistas que arriesgan lo poco que queda de su carrera para hacer que esto parezca un gobierno en serio, el proceso de ruptura con el Cambio se hace más lento que lo previsible. Un ejemplo de esto es la entrevista que Luis Majul mantuvo con la ministra de in-Seguridad Bullrich. Que la etílica funcionaria recomiende a los porteños que “se tomen el fin de semana largo para irse” no sólo mereció el asentimiento gestual de Majul, sino también una muestra de obsecuencia en una frase: “no va a haber espacio para hacerse el loco”.
Manifestar contra la Cumbre del G 20, ¿es hacerse el loco? Demostrar ante los líderes del mundo que el desacuerdo con el rumbo global, ¿es hacerse el loco? Evidenciar que estamos contra el modelo del Ingeniero, ¿es hacerse el loco? Además de lo pueril de la frase, quita contenido al descontento que se manifestará en las calles. La alineación vergonzante por parte de un comunicador con un personaje tan impresentable es una irresponsabilidad. Avalar que la ministra expulse a los habitantes de una ciudad para que las tropas de ocupación hagan las delicias de los odiadores reprimiendo a los disconformes es un golpe más a la democracia tan mancillada en estos tres años. 
Cómo nutrir el descontento
Este nefasto proceso que estamos padeciendo no sólo tiene personajes inadmisibles. La mayoría de los episodios –por no decir todos- no se quedan atrás. Un petardo en una tumba, un rompe-portones en la puerta de Bonadío, un sospechoso televisor viejo abandonado en el obelisco, un paquete con sábanas y una bolsa con pollo podrido aceleran la adrenalina de los servicios de Inteligencia, valga la paradoja. Anarquistas y musulmanes se convierten en ‘tan terroristas’ como los mapuches. La funcionaria que hace unos días declaró que en Argentina hay libertad para tener armas, encuentra culpabilidad en la tenencia de unos apolillados matagatos de colección. Si esto ocurriera en una comedia de enredos, resultaría inverosímil, pero todo es posible en Macrilandia.
Y mucho más: el hallazgo del submarino ARA San Juan habilita el despliegue de sandeces a las que no nos deberíamos acostumbrar y pone sobre la mesa el desapego por los dramas que ellos mismos provocan. El Gerente de La Rosada SA grabó un video con frases de ocasión para simular empatía con un accidente del que ni se preocupó durante un año. Cuántas veces habrá repetido su discursito para poder pronunciar ‘solidaridad’ sin que su lengua se haga un nudo. Si los tripulantes son héroes o víctimas se sabrá cuando se conozcan las condiciones en que el submarino zarpó y la misión que tenían que cumplir.
Si las autoridades sabían dónde podría encontrarse y estiraron el tiempo para especular con el olvido lo establecerá la información que se vaya conociendo. Lo que sí se sabe es la indiferencia con que los amarillos y los medios acólitos abordaron el tema. Lo que sí se sabe es que tanto el empresidente como el ministro de Defensa se preocuparon más por tapar que por esclarecer. Lo que sí se sabe es que los familiares tuvieron que encadenarse a las rejas de la Casa de Gobierno durante dos meses para que Macri les concediera un poco de atención. A pesar de eso, el buen Mauricio ahora sentenció que “no están solos” y que cuentan con él “como desde el primer día”. Fiel a su estilo, apeló al cinismo que exuda y sostuvo que “ahora se abre una etapa de serias investigaciones para conocer la verdad”.
Serias investigaciones, dice, aunque las presiones a los jueces cada vez son más notorias. Presiones como las que recibió el juez de Avellaneda, Luis Carzoglio para que encarcele sin causas al dirigente gremial Pablo Moyano. O las que deben haber hecho para que la denuncia de la fiscal Paloma Ochoa contra la titular de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso por desvincular a Macri de la causa Correo quede en manos del Fiscal Gerardo Pollicita y el juez Ariel Lijo, que aún no han indagado a nadie. Menos mal que ahora el oficialismo ha perdido la mayoría automática en el Consejo de la Magistratura, por lo que no podrá destituir sin causa a los jueces que no respondan a sus órdenes de persecución a los opositores.
Mientras los desaguisados que se filtran entre el silencio cómplice de los medios sorprenden a los alelados televidentes, el Ingeniero y su Gran Equipo disponen el escenario para la Cumbre del G 20. Que nuestro país sea el anfitrión de la reunión de los mandatarios de los países más desarrollados es una paradoja en el contexto de decadencia en el que estamos inmersos. Los funcionarios del área de Seguridad están preocupados por detectar terroristas pero, ¿quién va a hacer un atentado si el propio Macri está destruyendo todo? Un gobierno que, como señaló la senadora CFK, “va a dejar un país infinitamente peor del que recibieron”.
¿Qué cara va a poner Macri cuando declame que apuesta al desarrollo industrial, tecnológico y científico? ¿Cómo va a pedir controles a los paraísos fiscales si tanto él como sus familiares ocultan sus fortunas en ellos y hasta pretenden instalar uno en la propia CABA? ¿Qué reacción tendrán sus oyentes cuando pontifique contra la evasión impositiva, justo él que es un obsceno evasor? Todavía faltan unos días para esta puesta en escena, en la que tratará de demostrar el resultado de las ‘fantásticas transformaciones’ que ha realizado desde el Bailecito en el Balcón. Si se enorgullece por haber empobrecido a la población, aniquilado la industria y endeudado al país como nunca a cambio de nada, estamos ante un impresentable que los historiadores del futuro no sabrán cómo catalogar.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Las burlas de los conquistadores


Como los directivos del FMI, el ministro Nicolás Dujovne se vanagloria del daño que el Cambio está provocando en la población. No sólo eso: además se sorprende por la poca resistencia. En eso hay que darle la razón. Como él mismo dice: “en la Argentina nunca se hizo un ajuste de esta magnitud sin que caiga el Gobierno". Si el descontento no se volvió desalojo es gracias al blindaje mediático y la gobernabilidad regalada por los opoficialistas ‘racionales’. Si no fuera por esto, Macri, en lugar de escribir pavadas sobre las inundaciones, involucrar a su hija en las atrocidades que despliega y probarse productos capilares, ya sería el peor de nuestros recuerdos.
Encima, muchos que gruñen en los medios contra los desastres gubernamentales, a la hora de aprobar, bajan las orejas, gimen como cachorros y lamen las manos de los destructores. Y luego siguen gruñendo. Como el dirigente cegetista Héctor Daer, que después de renunciar al susurrado paro por un insustancial bono de 5000 pesos, se sumó a la mesa del frente opositor que se está gestando para derrotar a los amarillos. Alguien debería exigir que primero demuestre ser opositor antes de pegotearse a un frente opositor. Nadie se ofendería ante una cuota de ingreso tan razonable. Y no es el único, por supuesto: son muchos los que advierten la proximidad del abismo pero nada hacer para virar el rumbo.
Como si temieran los titulares que una acción así pueda merecer; como si prefirieran abandonar a sus representados antes que enemistarse con el Círculo Rojo; como si la hecatombe que ya estamos percibiendo fuera la antesala de un mundo mejor. Por supuesto, cualquier cosa es mejor que esto. La crueldad del plan de despojo que se aprobó en el Congreso parece atenuarse con las estudiadas sandeces que recitan los hacedores de La Revolución de la Alegría. Una leve caricia suaviza los bofetones que durante meses nos estuvieron destinando. Un partido de fútbol –por más histórico que sea- no debería distraer de los verdaderos dramas que muchos conciudadanos están padeciendo. Las tretas de distracción son tan obvias que sólo un lelo puede caer en ellas.
¿O no se preguntan por qué esta vez no hubo cruceros televisados en las zonas afectadas por las lluvias? ¿No les llama la atención que los gomones con movileros conmocionados por las dramáticas escenas hayan brillado por su ausencia? Claro, después de tres años de gobierno ya no pueden jugar con la Pesada Herencia, aunque el Ingeniero se ocupó de eso de la forma más absurda: Aerolíneas tiene la culpa de las inundaciones. No la deforestación, el monocultivo ni la urbanización descontrolada, sino la línea de bandera. Un silogismo tan burdo que debería avergonzar a los que se abracen a la ilógica conclusión.
Merecedores del desalojo
La felicidad de Dujovne tiene sentido: el rechazo no es proporcional a los estragos voluntarios que están produciendo. La empatía simplona de los ensayados gestos todavía resulta efectiva para muchos de los afectados. En el contexto del temporal, el intendente-cocinero de Quilmes se calzó una campera de lluvia, grabó un spot con cara de preocupación y compromiso y después se fue a la cancha para disfrutar de la final de la Libertadores. La gobernadora Vidal ya no usa las botas para chapotear en el barro como en campaña, pero actúa su dolor con esas frases tan PRO destinadas sólo a los odiadores. Con un “no somos lo mismo” da por clausurada toda duda sobre el latrocinio gobernante.
Dujovne se emociona porque "lo que se ha hecho en estos tres años no se ha hecho nunca en la historia argentina". Mentira, es lo mismo que hemos padecido en los dos aluviones neoliberales anteriores: el primero, con la prepotencia bestial de la dictadura y el segundo con el disfraz peronista de Menem. La gran diferencia es que esta vez el proceso de reorganización nacional fue más acelerado.
¿De qué se enorgullece el Ministro? ¿De haber más que duplicado la inflación, cuadruplicado la devaluación, incrementado el déficit, aniquilado el crecimiento? ¿De que la demanda de servicios públicos haya decrecido un uno por ciento? ¿Acaso es un logro que el uso de la capacidad industrial instalada haya retrocedido a un 61 por ciento? ¿O es motivo de orgullo para el funcionario que el desempleo pueda escalar al 12 por ciento? ¿O se hace merecedor de la medalla al mérito por degradar el salario argentino del primer puesto al último en el ranking regional? Mientras la canasta básica de alimentos se escapa de la mesa familiar y la pobreza se aleja cada vez más del cero, el Ministro posa para el cuadro de honor de la rapiña financiera. En lugar de agradecer nuestra paciencia, se burla de los padecimientos y nos provoca desde la seguridad de su bunker.
Además de empeorar las condiciones de vida de casi todos, han forzado las instituciones para amoldarlas a las apetencias de una minoría empachada, han comprado voluntades políticas, judiciales y periodísticas; han transformado las fuerzas de seguridad en tropas de ocupación y convertido las calles en escenarios de violencia con impredecible final; se han perdonado deudas y posicionado a sus empresas entre las primeras como contratistas del Estado; han convertido el conflicto de interés en la norma para administrar lo público. Por supuesto, la lista de ‘logros’ es mucho más larga, pero estos párrafos valen como muestra.
El ministro Dujovne reconoce que merecen ser echados desde el fatídico día del Bailecito en el Balcón. El inefable funcionario admite que nada puede salir bien cuando la primera imagen que se difundió desde las usinas confundidoras oficiales es la de un perro sentado en el Sillón de Rivadavia. El obsecuente Nicolás asume que no sólo han decepcionado a muchos de sus seguidores sino que han traicionado la voluntad popular.
Y que nadie venga con el verso de la convivencia democrática porque eso se rompió cuando Macri empezó a hacer todo lo contrario de lo que había prometido en campaña. Aquel histórico primer debate presidencial debería ser un documento irrefutable para despedir a esta banda de embusteros. Por eso el 15 de noviembre tendría que convertirse en el Día Nacional de la Mentira. “No hemos hablado nunca de ajuste”, “hay que desarrollar, no ajustar”, “vamos a crear dos millones de puestos de trabajo”, “ningún trabajador pagará impuesto a las ganancias” y muchas más promesas que no pensaba cumplir.
Si todavía están en funciones es porque sobran los alelados: votantes que no se atreven a aceptar el error que han cometido, opositores que no atinan a oponerse para no ser etiquetados con la K, ajustados que creen hacer un sacrificio patriótico, aliados que temen romper, traidores, cobardes, timoratos y muchas especies más de esta fauna desorientada. El Gran Equipo es tan echable que hasta sus integrantes se sorprenden de su permanencia. Pero esta vez no basta con desalojarlos: debemos convertir en bandera el rechazo a futuro de cualquiera que pretenda desigualar, colonizar, desguazar y convertir nuestro patrimonio en una presa fácil de los carroñeros imperiales.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Las inquietudes de la infanta


Los chicos cada vez son más despiertos, dirá alguno por ahí. Antes, la mayor preocupación de un nene de siete años era no mojar la cama y ahora, el financiamiento de Aerolíneas Argentinas figura en el top ten. ¿Qué le pondrán al yogurt para lograr esos efectos? ¿O será que estamos ante una muestra más de la demagogia presidencial? De irresponsabilidad también, porque introduce a su hijita en un conflicto que no comprende. Y algo de maltrato infantil además, porque la expone a cruentas burlas en las redes sociales. Pero sobre todo, de cobardía, porque utiliza como excusa la inocencia de una menor para sus destructivos planes, que de inocentes, no tienen nada.
Mucho se ha dicho en estos días de una de las más absurdas elocuciones del empresidente entre todas las que despliega a diario. Alguna luminaria pondrá en duda la veracidad de la anécdota. Por supuesto que es mentira. Además, la frase despierta ambigüedades: “yo no quiero más que mi hija me pregunte por qué te tienen que bancar el resto de los argentinos", también puede referirse a la paciencia que estamos teniendo con su penosa gestión. Tan malo es su manejo del español, que puede interpretarse como la pregunta que hace la hija de un trabajador de Aerolíneas. De lo que no puede haber dudas es de su malsana intención: quiere que el público odiador que todavía lo banca pida a gritos la privatización de la empresa estatal.
Los amarillos son adictos a comparar cifras con cosas que no construyen, como jardines de infantes, subtes o autopistas. Ahora el buen Mauricio recurrió a su “gran invención”: el carril exclusivo para transporte público que bautizó con el pomposo nombre de metrobús. Sin dudar, destacó que “con el dinero que gastamos en Aerolíneas se pueden hacer dos metrobuses”. Sin con los mil millones de pesos mensuales que nos cuesta mantener la línea de bandera se puede construir algo así, ¿cuánto más se podrá hacer con los mil millones diarios de las Leliq? Más aún con el pago de intereses de la deuda, que significan más de tres mil millones al mes. En tren de contar gastos innecesarios, su gobierno mantiene contratos con más de cien abogados por fuera del cuerpo permanente del Estado. Uno solo de ellos, Ricardo Gil Lavedra, cobró en el primer semestre del año unos cuatro millones de pesos. Si a esto sumamos allanamientos, excavaciones y procesos judiciales para alimentar titulares, más lo que cuesta mantener el blindaje mediático a los desastres de esta patota de maleantes, nuestro país sería el más ‘metrobuseado’ del mundo.
El preguntón y sus porqués
Si Aerolíneas nos cuesta más es como consecuencia de las medidas tomadas por el Gerente de La Rosada SA. La dolarización de los combustibles y la posterior devaluación de la moneda fueron sus decisiones. Si el número de pasajeros decrece es por la pérdida del poder adquisitivo y la habilitación de empresas –competidoras desleales- ligadas al Gran Equipo. La línea de bandera es un dolor de estómago para un privatista como él y por eso pone el tema en agenda escudándose en la curiosidad de una niña. Una curiosidad que no pasa por cosas propias de su edad sino por los temas que preocupan a su padre. Una niña que no pregunta por la cigüeña o el viejo de la bolsa ni le preocupa que tío Gerardo autorice el trabajo infantil en Jujuy. Tampoco le inquieta que en un país que produce alimentos para 400 millones de personas una parte de sus habitantes pase hambre.
Macri elevó a categoría política las interrogantes de una nena de siete años, cuyos desvelos pasan más por Aerolíneas que por el Correo Argentino; que no se pregunta porqué una inexistente bóveda en la Patagonia es más corrupción que 40 cuentas off shore. O se lo preguntará pero su padre no incluye dudas tan comprometedoras en sus viles discursos. Y quizá llame la atención de la niña la contundencia con que tía Mariú dice que “no somos lo mismo”, a pesar de que la causa de los Aportantes Truchos está más demostrada que la pantomima de las fotocopias de los no-cuadernos.
La edad de los porqués a veces impacienta al adulto dispuesto a responder. Más aún cuando la niña advierte que su padre-abuelo-presidente le da tanta importancia a sus cuestionamientos. ¿Por qué dicen que la bruja Cristina se robó todo si aún no han encontrado ninguna ilegalidad? ¿Por qué tía Gaby es vicepresidenta si apenas entiende lo que hace y menos se entiende lo que dice? ¿Por qué todavía no bajó la inflación si ya pasaron mucho más de dos minutos? ¿Por qué tío Sergio se disfraza de árbol y reza cada vez que hay un incendio? ¿Por qué el swap con China eran papelitos de colores y ahora tabla de salvación? ¿Por qué dicen que la bruja Cristina mató a Nisman si hasta los compañeritos de la sala de cuatro saben que se suicidó, de acuerdo a las pericias de la Corte y no al cuentito de Gendarmería que inventó tía Patricia? ¿Un informe de Gendarmería cuesta más que un mes de Aerolíneas?, pronunciará la infanta.
“Si querés que te nombre en mis discursos –explicará el papá- no hagás preguntas que me pongan en aprietos”. Las mentiras de campaña y las de gestión no entran en el menú preguntón. Tampoco por qué las encuestas dan tan mal y los números de la economía, peor. Ni por qué la gente manda saludos a la abuela Alicia con una palabrota. Tantas son las dudas que tiene la nena que dan ganas de mandarla a la cama sin postre.
Pero la infanta no pregunta eso ni nada. Ella es el amigo invisible de Macri y la inspiradora de argumentos para sus atrocidades. La hija es parte de la campaña que comenzó ocho años atrás, con una boda de ensueño y un nacimiento de realeza. Un apéndice del Ingeniero para simular ternura y teñir de humanidad su inhumana presidencia. Un libro abierto que aporta intelecto donde no lo hay. Una treta más de este perverso para seguir embaucando a los desprevenidos.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Un Cambio de pesadilla


‘Unidad’ es una de las palabras más escuchadas en los últimos tiempos, casi tanto como ‘ajuste’. Todos los que no forman parte de la infame banda gobernante la pronuncian con distintas tonadas. Y, por supuesto, con diferentes intenciones: unos para garantizar una banca en las próximas elecciones y otros con el compromiso serio de transformar una realidad que cada vez golpea mejor; unos para coquetear con el establishment y otros para domesticarlo un poco; unos para garantizar la continuidad y otros para torcer el rumbo en serio. Hasta están los farsantes de siempre que plantean una unidad amplia pero sin los K, algo que contradice la idea de unidad. La unidad como simulacro, esperanza o pegote es de lo que se habla y son tantas las versiones que el oficialismo se entusiasma con semejante dispersión.
Eso sí: hay desencantados en todos los frentes, hasta en los que alguna vez formaron parte del Gran Equipo, como Carlos Melconián y Alfonso Prat Gay. Los apologistas mediáticos no saben de qué disfrazarse porque los logros brillan por su ausencia, salvo aquellos que, como sólo enriquecen a los más ricos, abochornan demasiado. Algunos simulan enojos superficiales o recitan cuestionamientos más que obvios. Otros insisten en convertir la malaria en jolgorio, olvidando cuánto criticaban antes a los panelistas de 678 por muchísimo menos. Y están los que siempre van más allá de lo ético, como la ex Tribuna de Doctrina que, en su edición del lunes, afirmó que insectos y gusanos son más nutritivos que la carne de vaca.
Claro, entretener con los inmigrantes puede desembocar en las bravuconadas exterminadoras de Patricia Bullrich o del senador Pichetto; exaltar la final con forma de clásico despierta el vergonzante espíritu de hincha del empresidente Macri; apuntar los titulares contra el Papa o los mapuches ya no tiene tanto efecto; hacer de Chocobar un héroe es una tarea monstruosa. En definitiva, camuflar la realidad es más difícil que lograr que la vice Michetti pronuncie una frase coherente, encontrar atractividades en el rostro de Rodríguez Larreta o descubrir un gesto sincero en la gobernadora Vidal. Más difícil que conseguir que el Buen Mauricio parezca un ser humano.
Tan poco humano que hasta los discapacitados debe movilizarse para defender la escasa ayuda del Estado amarillo. Y no conforme con el cruel desbarajuste que ha provocado Macri en la vida del país, la cara principal del Cambio amenaza con la reelección. ¿Para qué, se preguntará el lector? Para continuar, explica el Gerente, “si los argentinos creen que este camino de cambio vale la pena; estoy convencido de que es el único posible”.
El camino de los sueños
No vale la pena ni es el único posible. En los casi tres años al frente del país, nada de lo prometido se ha hecho realidad. La actividad industrial registra una baja similar a 2002, uno de los momentos más dramáticos, con un 11,5 por ciento. El desempleo afecta a más de la décima parte de la población activa. La inflación, que el Macri de campaña prometía bajar en dos minutos, estará este año cerca del 50 por ciento. El poder adquisitivo del salario ha tenido pérdidas que se notan en la caída del consumo y el cierre de fábricas y comercios. El bono mágico que propuso el Gran Equipo para frenar el paro de la CGT apenas alcanza para cubrir la quinta parte de la dignidad devaluada. Y esos que dicen representar los intereses de los trabajadores se marcharon muy contentos de La Rosada SA con esa limosna de fin de año.
En el terreno económico, nada indica que la continuidad de La Revolución de la Alegría esté garantizada, salvo para los que celebran con espumante importado y se pasean en coches de alta gama, con perfumes franceses y carteras con precios de pesadilla. O en los incautos que sueñan con que nos saquen de esta ciénaga los mismos que nos metieron en ella. O en los masoquistas incurables que gozan de las imposibilidades que acosan su vida cotidiana. O en los que se excitan con la sangre de la represión y defecan en las redes los conceptos más discriminatorios hacia los que consideran ciudadanos de tercera. Como ese policía de la bonaerense que comentó un mensaje de Martín Ogando del Frente Patria Grande, con la frase de póster favorita de los odiadores: “hermoso... todos delincuentes. Negros de mierda. Balas de plomo y se acaba la joda. Ignorantes aborteros piqueteros bagos (sic) hdp”. Y si alguien interpreta esto como la actitud individual de un desubicado, basta recordar que la Legislatura Porteña está tratando un proyecto para sancionar a los micros escolares que sean alquilados para trasladar piqueteros. La discriminación es oficial y eso no merece ser avalado en una democracia, por más frágil que sea.
Si a todo esto sumamos la deuda externa que nos empobrecerá durante muchos años y la prepotencia con que intentan someternos a todos, el Cambio debería ser desplazado sin demasiados esfuerzos. Un amasijo multiperonista bastaría para dar vuelta la página. Pero el peligro de estos engendros es que se desgajan a poco de andar y los que antes posaban en las fotos, sonrientes y abrazados, se convierten en los más maleables apenas asumen su banca. De nada sirve conquistar las urnas si, ante el primer gruñido de las corporaciones, los menos unidos corren con el rabo entre las patas a cobijarse en las cuevas del lado oscuro.
Conformar un frente para derrotar al macrismo, al PRO o a Cambiemos –tres versiones de la misma boñiga- es lo más fácil del mundo: basta enumerar las cosas que hicieron mal y prometer que se van a hacer mejor. Conquistar al público disconforme no requiere mucho ingenio. Tampoco es demasiado complejo convencer de que este modelo profundiza la desigualdad a favor de los más ricos. Lo difícil es persuadir al votante de que para que el país crezca hay que distribuir mejor con impuestos progresivos y un Estado activo en la base de la pirámide. Eso no se logra con Libertad de Mercado y modelo del derrame, como estamos verificando ahora. Tampoco con sonrisas, poniendo el hombro y tirando todos para el mismo lado.
El país equitativo con que muchos soñamos no incluye “el diálogo y el consenso” que proponen hipócritas y timoratos ni los conceptos despectivos que vierten los despolitizados hacia los destinatarios de medidas inclusivas. Tampoco incluyen propuestas meritocráticas ni individualistas. La equidad se conquista acortando las brechas económicas, sociales y culturales que tantos años de angurria rentística han ensanchado. Para construir ese país no debemos asustarnos de los ladridos de la minoría empachada porque eso indica que se está distribuyendo de manera progresiva. Nuestros oídos deben estar atentos a los gemidos de los sufrientes y hacer que se conviertan en cantos de felicidad. Mientras más aúllen las fieras más se multiplicarán los cantos y esta música nos acompañará por el resto del camino. Y mientras más estridente sea, más cerca estaremos del país de nuestros sueños.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Alimentadores de estallidos


Al escuchar a algunas figuras del elenco oficial, cabe preguntarse en manos de quiénes estamos: ¿de una comparsa de irresponsables?; ¿de una banda desenfrenada dedicada al pillaje?; ¿de un staff de panelistas de un programa de televisión?; ¿de un equipo de desorientados inexpertos que no saben para dónde patear la pelota? Estas interrogantes no están guiadas por un caprichoso afán opositor, sino inducidas desde las declaraciones de los propios comandantes de la Revolución de la Alegría. En sus nefandos intentos –muchas veces exitosos- de confundir a la opinión pública, apelan a tretas cercanas al autoritarismo, próximas a la xenofobia, bañadas de demagogia y saturadas de cinismo. Todo esto sazonado con abundantes cucharadas de blindaje mediático abonado con “la plata que ponemos entre todos” y en un contexto de preocupante adormecimiento de la reacción colectiva.
Este combo facilita que al incremento bestial de los combustibles, sólo se responda con colas de autos en las estaciones de servicio para salvar unos manguitos. ¿Cómo es posible un aumento del 5 al 7 por ciento después de una baja del dólar y del precio del crudo internacional? Más aún cuando el acumulado anual supera el 70 por ciento. Una estafa que se ha naturalizado de forma peligrosa y que se extiende a otras áreas de consumo. Una aceptación del abuso que se expresa en la voz de muchos automovilistas: esto es el resultado de haber mantenido tarifas accesibles en los doce años de kirchnerismo. Una patraña que se convierte en sentencia. Más que una política pública estamos presenciando la institucionalización del saqueo. Más que un Estado ausente, estamos padeciendo uno cómplice de corporaciones angurrientas. Más que un programa de racionalidad económica, estamos sufriendo la sinrazón de los glotones.
Desde el pensar ingenuo, es factible considerar que la crisis actual sea producto de factores externos o torpezas propias y no de la malsana voluntad de ocasionar todo esto. Sin ingenuidad, estamos presenciando el sueño oligárquico del control absoluto para obtener jugosas rentas a costa de excluir a gran parte de los argentinos. Y esto se expresa en cada una de las decisiones que se toman en el cuartel general de Balcarce 50. La transferencia regresiva del ingreso no es un accidente, sino el objetivo. Por eso hacen lo que hay que hacer.
Y lo que hay que hacer es esto: licuar salarios, reducir jubilaciones, pensiones y asignaciones, convertir en maná las limosnas y someter al país a los reclamos perpetuos del FMI. Todo con la falaz promesa de que éste es el único camino posible para llegar al paraíso, al que, por supuesto, no llegaremos jamás porque, como afirman muchas veces los amarillos, no lo merecemos.
¿La final o el final?
Si la reacción es menos virulenta que lo esperable ante tanto estropicio es porque las estrategias de domesticación multimedial son efectivas, por más absurdas que sean. Los consejos para ahorrar combustible o las recetas para un asado vegano abofetean al espectador a toda hora. La justificación de los ajustes roza la parodia. La militancia rentada de los comunicadores apologistas es tan evidente que debería despabilar a los hipnotizados.
Sin embargo funciona, porque se replica en las conversaciones cotidianas, a veces con resignación y otras como súplica. Como si la dignidad se construyera con dádivas o se alcanzara en cuotas con intereses al 100 por ciento sobre deuda total. Tanto predican sobre el país pobre que convencieron a una porción de que es así. Esto logra que el asombro por el precio de la papa, la leche o el pan no se convierta en bronca. Como si nos correspondiera padecer el Purgatorio después de haber probado algo parecido al Edén.
Como algunas encuestas indican que las tretas mediáticas no son suficientes para consolidar el consenso ciudadano, el Gran Equipo se vuelca a los micrófonos para desorientar el entendimiento. La Vice Rodante, Gabriela Michetti no se esfuerza demasiado: con vomitar su confusión intelectual y verbal basta y sobra. Después de calmar la risa que provocan sus tartamudeos incoherentes, uno puede detectar la oscuridad que guía sus pensamientos. En una entrevista concedida a Canal 9, la inefable Gabriela aconsejó que, como “el trabajo tradicional que ofrece una empresa va a ser muy chiquito, hay que generarse uno mismo su trabajo”. Ante el egoísmo empresarial consentido por la runfla gobernante, la salida individual es lo único en agenda. A la generosidad de las propinas exigidas por Carrió, se suman las changas para engordar las migajas que muchas familias apenas alcanzan a conseguir. Para salir de la crisis provocada por los ceócratas, la única solución es el cuentapropismo generalizado.
En este cruel experimento que comenzó en diciembre de 2015, el individualismo y la meritocracia aparecen como las mejores propuestas para combatir la pobreza, el desempleo y la recesión. No sólo eso: hasta la seguridad parece quedar en manos de cada uno de nosotros. Después de unos brindis de sobremesa, la ministra Patricia Bullrich eructó una irresponsable frase para la galería del ridículo: “el que quiera estar armado, que ande armado, el que no quiere que no ande armado. La Argentina es un país libre”. Esta propuesta darwiniana de western se suma a las constantes brutalidades y mentiras que pedorrea a diario para complacer al público odiador y ganar su suculento salario. En cualquier país, alguien que en el Congreso avaló devaneos geográficos durante la búsqueda de Santiago Maldonado y afirmó que los mapuches tenían armas que “cortaban árboles de cuajo” para justificar el asesinato de Rafael Nahuel no debería ocupar un ministerio. Una de las autoras de la novela de Nisman, que convirtió una fantasiosa especulación de gendarmes en una pericia de expertos, merece más el escarnio que el elogio.
Cualquier cosa, menos tener a su cargo la seguridad del país, no tanto por sus pulsiones etílicas sino por la perversidad que contienen sus dichos y decisiones. También maldad, desprecio y discriminación. Si algunos miembros de la oposición estuvieran más preocupados por nosotros que por esquivar carpetazos, sobornos y amenazas, Bullrich ya estaría en el rincón más olvidado de su cucha. Si esos que se consideran racionales dejaran de menear el rabo por una caricia del Círculo Rojo y de actuar para inspirar titulares amables, casi todos los miembros del Gran Equipo estarían sometidos a juicio político para quedar fuera de juego. Si los opoficialistas evaluaran las consecuencias de su complicidad, hasta el propio empresidente estaría en el banquillo.
En la Argentina de hoy los condicionales abundan. El ‘si esto’ o ‘si lo otro’ llenaría muchos apuntes, pero la constante es la misma. El desconcierto que reina en muchos transeúntes también afecta a los dirigentes. O viceversa, como eso del huevo o la gallina. La paciencia de los que antes saltaban por nimiedades resulta inexplicable ahora que tenemos problemas en serio. Más aún cuando el que se calzó la banda para hacer lo contrario de lo prometido sólo está preocupado por un partido de fútbol. Perdón, por dos.

jueves, 1 de noviembre de 2018

El bolsonarismo vernáculo


Aunque un poco ignorado por el triunfador, Macri está exultante con el resultado de las elecciones en Brasil. Tanto que se atrevió a recitar, ante los asistentes al encuentro Urban 20, que “las cosas van para mejor en el mundo”. No tanto por Bolsonaro, sino por la derechización que significa. El sueño de desterrar eso que catalogan como populismo está a la vuelta de la esquina. Más aún cuando las proscripciones ya no se materializan con un decreto del Ejecutivo, como antaño, sino con caprichosas sentencias judiciales. Claro, si todos los kirchneristas están presos o demonizados, la reelección está servida en bandeja, aunque las usinas de estiércol deban inventar falacias para encauzar al distraído electorado.
Para el futuro que pergeña el Ingeniero, tendrán que apelar a engaños perversos,  como el de ese pastor evangelista que, ante sus fans, afirmó haber visto a Cristina bañarse en sangre humana para concretar un pacto con el diablo. ¿Dónde hay que tener el cerebro para creer eso? ¿No habría que hacer un control de calidad más estricto en los pregoneros de Dios? O, por lo menos, explicar que las almas tienen que llegar puras al paraíso, no idiotizadas. Pero para acceder al cielo que vende ese pastor no sólo hay que demonizar a los K sino también seguir penando por la Revolución de la Alegría como si fuera el Purgatorio. Aunque la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas asegura que no apoya a ningún partido en especial, los piropos vertidos por algunos amarillos logran que muchos líderes espirituales abonen la campaña del PRO.
Si los pastores vociferan estas sandeces será porque se sienten habilitados. El buen Mauricio, en el U 20, sorprendió a sus internacionales oyentes con una declaración de parodia: “cuando uno mira, cada vez hay menos pobreza en el mundo, menos muertos por guerras, por enfermedades”. ¿Qué mundo está mirando? ¿Por dónde lo mira? ¿O su cinismo no tiene límites? Y los que lo escuchan sin risas ni objeciones, ¿padecen alucinaciones o son tan cínicos como el orador? ¿Tan descerebrados como los que creen que CFK se baña en sangre humana?
De ahí a creer que la ex mandataria escondió un PBI en el Arsat hay medio paso. O que mandó a matar a Nisman con un comando iraní-venezolano entrenado en Cuba más un karateca. Y con un piolín. La batería de titulares falaces está haciendo estragos hasta en los que accionan el gatillo.
El veneno en la tinta
Para alimentar esta andanada de falsedades no sólo hace falta mucha imaginación: también excesiva maldad. No es inocencia malversar la democracia desorientando al votante para que elija a quien va a deteriorar su vida. Convencer al ciudadano de la necesidad de sacrificar su presente por un futuro que nunca llegará requiere crueldad. Aliviar las angustias cotidianas con excusas, apelar a la resignación y vomitar consejos para disfrazar la miseria exige mucho desprecio por el otro. Más aún cuando todo está orquestado para que unos pocos potencien sus privilegios a costa de tanta pérdida de derechos mayoritarios.
Los episodios que bombardean el entendimiento alternan entre la apología del presente y la demonización de lo anterior. Ambos sin fundamentos, por supuesto. La tapa de un diario nacional puede destacar la situación judicial de la viuda del ex secretario de los Kirchner, pero nunca las confirmaciones cada vez más comprometedoras de la causa de los aportantes truchos. En la justicia PRO, las fotocopias de cuadernos de existencia cada vez más dudosa pesan más que las pruebas irrefutables de documentos oficiales. Tan malsana es la intención de los medios hegemónicos que llegan a publicar en tapa la foto de los cuatro extranjeros detenidos durante las protestas contra el presupuesto. Tanta impunidad de la otrora Tribuna de Doctrina que puede sentenciar a los que estaban a más de un kilómetro de los hechos. Impunidad que se traslada a los funcionarios que, envalentonados por el aval hegemónico, aprovechan el estigma para poner en agenda el no problema de los inmigrantes.
Pero el ex Gran Diario Argentino va, como siempre, mucho más allá. Como en los tiempos de la Dictadura, publicó el lunes el currículum del ya famoso residente turco Anil Baran. Con la frialdad de un mafioso, el matutino destaca que “tiene un perfil ideológico muy cercano a los sectores que encabezaron las protestas”, algo que los lectores deberán interpretar como evidencia de culpabilidad. Quizá inspirados en el macartismo norteamericano, las plumas de Clarín reconstruyen el perfil ideológico y aseguran que Baran “se declara abiertamente admirador de Fidel Castro y Hugo Chávez”, dato que debería despertar la repulsa del público cautivo. Y como si ya estuvieran alimentando la hoguera, agregan que “entre sus preferencias figuran el Partido de los Trabajadores de Turquía, el Frente de Izquierda, Evo Morales, Cristina Kirchner, Miriam Bregman y Axel Kicillof”. Cualquier odiador colonizado echaría espuma por la boca a esta altura del texto.
Aunque puede resultar divertido burlarse de tan absurda manipulación, el hecho es grave porque están condenando a una persona por sus afinidades ideológicas algo que contradice la amable promesa de campaña de “no perseguir al que piensa distinto”. Como es previsible, ningún oficialista salió a repudiar esta nota, lo que sugiere coincidencia con su matiz despótico. Sólo los periodistas de la vereda de enfrente y algunos opositores alzaron su voz para señalar la inconveniencia de estas expresiones anti periodísticas. La libertad de prensa se mancilla con estos escritos tan poco democráticos.
En cierta forma, hay que comprenderlos. Lo que defienden es indefendible y cuando el camuflaje no alcanza, lo ignoran por completo. Como los oscuros pronósticos del FMI, que incluyen un retroceso del 6,3 por ciento y un incremento de la deuda que significará el 116 del PBI. Todo lo que generemos el año que viene se lo llevarán los buitres y todo para estar peor. Tampoco destacan que Edesur, la empresa del hermano de la vida del empresidente, logró aumentar sus ingresos en un 91 por ciento con una caída del 0,2 de la energía vendida, sólo gracias al tarifazo bestial. Entre enero y septiembre, el botín de Luis Caputo incorporó 473 millones de pesos, 280 por ciento más que el año pasado. Pero de inversiones, ni hablar.
Menos aún encontraremos en estos destructivos medios que el gobierno de la transparencia se niega a dar a conocer el registro de ingresos de personas a la Quinta de Olivos a Poder Ciudadano, tal como exige la ley que los PRO promovieron. Y eso que de esta ONG emergió a la vida política la titular de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso. Si fuera otro el color, los voceros del establishment estarían denunciando a toda hora y sembrando sospechas para indignar a los colonizados.
Por tanta protección mediática, el buen Mauricio puede encabezar un acto en memoria de Raúl Alfonsín sin ponerse colorado. Y más aún, declamar que “el mejor homenaje es demostrar que somos capaces de construir una Argentina unida, como él soñó, con instituciones sólidas que mejoren la vida de nuestra gente”. Le debe fallar el traductor interno o ‘nuestra gente’ no incluye a todos, porque desde que asumió está haciendo todo lo contrario, mientras las plumas hegemónicas dicen que está todo bien y la culpa la tiene el otro.

lunes, 29 de octubre de 2018

A pocos pasos del límite


Sin dudas, ya no hay marcha atrás. A partir de ahora, quedan descartadas las frases esperanzadoras de auto-ayuda o la credulidad de un futuro mejor por este tortuoso sendero. También las que ahora no se dicen tanto como “hay que darle tiempo” o “si a Macri le va bien, al país también”. Menos aún las conciliadoras que proponen la ancha avenida del medio, hay que tirar todos para el mismo lado y el camino del diálogo y el consenso. Sólo la ruptura con este modelo de despojo nos puede asegurar un horizonte promisorio. Las cartas están echadas en este juego fatal donde el contrincante es el enemigo del bienestar de la mayoría. Y si no nos tomamos en serio esta partida, el sueño de un país más justo quedará archivado en el más hermético arcón por muchos años.
Ya es momento de esquivar las escenas y operaciones que pergeñan para distraernos. El tiempo de divertirnos con los balbuceos del Gerente, los tartamudeos de la Vice Rodante, la simulada dulzura de Vidal o la seriedad fingida de Rodríguez Larreta deberán pasar a un quinto plano. También deberemos descartar las disputas internas que parecen tan actuadas como las luchas de Titanes en el Ring. Huesos para que mastiquemos mientras Ellos disfrutan de una comilona interminable. Incluso, deberíamos dejar de enredarnos en las discusiones cotidianas sobre la Pesada Herencia, los PBI que se robaron, las bóvedas satelitales, el folletín de los cuadernos incinerados y hasta del piolín que mató a Nisman. Tampoco jugar a piedra, papel o tijera con las rutas del dinero K y M. La refutación de patrañas no sólo nos desvía de lo importante: rompe los lazos que deberíamos reforzar.
La herencia que se viene es más pesada que cualquier otra. Tanto que ya estamos padeciendo su amargo sabor. La foto explica la película que comenzó en diciembre de 2015: todo se hizo para llegar a esto. La convicción de que las fotos venideras serán peores sugiere interrumpir la proyección. Los propios técnicos del FMI aseguran que habrá tiempos difíciles para el pueblo argentino, pero los planes de las autoridades merecen el apoyo de la comunidad internacional”. ¿Qué planes? ¿Ajustar hasta la asfixia es un plan? El apoyo de esa comunidad internacional conformada por los piratas de la timba financiera, ¿para quién es una garantía? Y encima se burlan de nosotros al evaluar que con “una situación económica complicada y una historia difícil con los préstamos del FMI, la oposición social al programa ha sido más suave que la esperada”. Además de burlarse, el Fondo nos provoca. Hasta nos dicen cómo tenemos que reaccionar ante los desastres de sus recetas. Como si fueran los bravucones de la cuadra, nos invitan a la pelea. No es el mejor momento para agitar una banderita blanca.
Y todavía falta lo peor
Desde el jueves, la escena política vernácula aparece dividida entre el triunfalismo amarillo y la derrota opositora. La media sanción del presupuesto 2019 parece sentenciar como inevitable el desembarco del FMI en nuestras tierras. Sin embargo, los diputados debatieron durante horas sin saber los pormenores del acuerdo con el organismo internacional, lo que enrarece la decisión parlamentaria. Además, el precio a pagar por la venia de los usureros será muy alto para gran parte de los argentinos. La obsesión de bajar el déficit no producirá mejoras en nuestra vida, sino todo lo contrario. La plata que viene del Fondo ni rozará nuestras billeteras: volará rauda hacia las arcas de los especuladores financieros. Un circuito que engorda a los buitres a costa de los inhumanos sacrificios que exigen. En definitiva, la deuda la pagaremos con nuestra dignidad sin obtener nada a cambio.
Nada de nada en serio. Un ajuste nunca trae mejoras, como ya hemos experimentado en los dos períodos neoliberales anteriores. Si alguno espera que el equilibrio fiscal volverá a poblar la mesa cotidiana, deberá dar un par de palmaditas en su cráneo para activar la memoria. Y si eso no funciona, puede apelar al olfato: ¿no le huele mal que mientras se eliminan los impuestos al espumante, se reduzcan las partidas para salud, educación y asistencia social? ¿O le regocija saber que unos pocos brindan mientras muchos se hunden en el abandono?
Afirmar que lo peor todavía no llegó no es ser pájaro de mal agüero, sino anticipar la llegada de lo que ya hemos vivido. Quien se oponga a esta afirmación que explique cómo la reducción de las partidas para cumplir los compromisos activará nuestra economía. No hay manera: mientras menos se distribuya, más nos hundiremos. Más aún si entre los requerimientos del FMI están la reforma laboral y previsional, con la invitación para que los timberos ganen fortunas con el retorno del sistema de jubilación privada. Todo lo que proponen es para degradar nuestra vida en beneficio de unos pocos empachados. No hay que ser adivino para llegar a estas conclusiones, sino abrazarse a la memoria colectiva.
Hasta acá llegamos gracias a las medidas tomadas por el Gran Equipo y lo que proponen no nos sacará del pozo. Si estamos acá, no fue por mala praxis ni por exuberantes fenómenos climáticos. Acá nos querían y más abajo también. “La doctrina del shock” remasterizada y en 3D. En menos de tres años, desigualaron la distribución de la torta, habilitaron un vaciamiento vertiginoso y nos cargaron una deuda por décadas. Desde el Bailecito en el Balcón el poder adquisitivo de casi todos se vio reducido de manera alarmante y el fin de mes se produce apenas cobrado el salario. Y lo más grave de todo esto es que el Gerente de la Rosada SA está dispuesto a más deterioro.
En el afán de distraer de la gravedad del presupuesto, orquestaron la escena de violencia que tan bien les sale cuando hay grandes movilizaciones de protesta. Unos cuantos encapuchados provocan disturbios y arrojan piedras para que los uniformados apaleen y capturen a manifestantes pacíficos, periodistas, transeúntes o extras a varias cuadras del lugar. Después salen los funcionarios para repudiar los hechos y cuantificar los daños para regocijo de aquellos que se preocupan más por las baldosas que por el crecimiento de la pobreza, el desempleo y el endeudamiento. Los mil millones diarios de las Leliq impactan menos que los diez millones de la reparación de roturas.
Además del estrago económico y social que están produciendo los amarillos, impulsan un deterioro conceptual para reforzar prejuicios y profundizar la Grieta. Expulsar a los extranjeros capturados aunque no se haya demostrado culpabilidad alguna y plantear una reforma migratoria que pisotee los principios constitucionales conforman la zanahoria para los odiadores. Y condimentan esta xenofobia elegante con algunas dosis de antikirchnerismo patológico que todavía cae bien en el núcleo duro y en unos pocos más.
Con esos que creen que el país puede salir adelante aniquilando –por acción o abandono- a los más vulnerables no hay conciliación posible, porque terminan siendo tan malvados, hipócritas y egoístas como los que comandan este despropósito. A pesar del hedor a derrota que apesta el ambiente, la fragancia de la victoria no debe dejar de orientarnos. No el triunfo de un partido en unas elecciones, sino el de un pueblo que desea que los mejores sueños se conviertan en realidad.

Los impresentables

La cantidad de libros que va a generar este calamitoso gobierno es incalculable. Dentro de treinta o cuarenta años, los historiadores tra...