miércoles, 16 de mayo de 2018

Vacaciones necesarias

Estimados lectores: hasta el 28 de mayo no habrá textos nuevos porque me tomaré unas vacaciones. Aprovechen estos días para leer los apuntes que se han perdido o re-leer los que gustaron. Memoricen cada idea y advertencia porque de este entuerto no saldremos fácilmente y cuando salgamos, no podemos equivocarnos de nuevo. Abrazo enorme y hasta la vuelta. Gustavo Rosa

lunes, 14 de mayo de 2018

Un accidente planeado


El escenario económico ya no invita a la esperanza. El túnel es cada vez más tenebroso y la luz del final ha desaparecido, no sólo porque los especuladores tienen más herramientas para despojarnos de todo sino porque el oficialismo insiste en que éste es el mejor camino. De una vez por todas hay que aceptar que es un gobierno de timberos y succionadores. Lo grave es que muchos legisladores de la oposición que cuestionan las medidas del Gran Equipo no dejan de avalar las leyes más destructivas. Lo contradictorio es que los que apoyan la baja de las tarifas y cuestionan las tratativas con el FMI, después votan la desregulación del mercado de capitales. Lo desconcertante es que, a sabiendas de que empeorará la situación, muchos de ellos ya están evaluando la propuesta de reforma laboral. ¿Por qué no flexibilizamos de una buena vez a los cien más ricos de Argentina así nos deshacemos del principal escollo para construir un país desarrollado y más justo?
Claro que si llegamos hasta acá no fue por la coherencia de muchos dirigentes. De esos que hacían paros por el impuesto a las ganancias y hoy, que afecta a muchos más trabajadores, guardan un silencio vergonzante. De esos que consideraban como un derecho constitucional la adquisición de dólares y hoy miran impávidos el drenaje incontenible que pagaremos entre todos. De esos que se plantaban como defensores de la libertad de expresión y hoy ni se mosquean por la desigual distribución de la pauta oficial, el soborno a periodistas ni el cierre de medios que dejará a las usinas de Clarín con más poder para amoldar el sentido común a su antojo. De esos que se quejaban por los planes trabajar o los subsidios a los servicios y hoy consienten el flujo de recursos a los que no necesitan nada. Que hayamos llegado hasta acá no fue sólo por el accionar de los Gerentes sino también por la sumisión de muchos que fueron elegidos para hacer lo contrario de lo que están haciendo.
Con la incoherencia como inspiración muchos fueron funcionales al arribo de este reiterado infierno. Y lo siguen siendo, como Margarita Stolbizer, que para recuperar espacio declaró formar “parte de la mayoría que piensa que hoy estamos mejor que antes”. Nadie que se tilde de progresista puede sostener eso, salvo que esté pidiendo a gritos un poco de atención. Si considera que el crecimiento monstruoso de la deuda externa, la aniquilación del mercado interno, el déficit auto infligido, el incremento de la pobreza y la pérdida del poder adquisitivo del salario es estar mejor, ¿cómo puede llamarse progresista? Y si, además de eso, cree formar parte de una mayoría está peor que Mr Magoo.
Y muy desinformada, porque no hay encuesta que avale semejante afirmación. Hasta los sondeos más oficialistas reconocen que la imagen negativa del empresidente y sus secuaces supera el 50 por ciento y el rechazo a la gestión alcanza el 70. El anti kirchnerismo patológico convierte a los afectados en cómplices de la crueldad del modelo que estamos padeciendo y el único antídoto lo inocula la conciencia.
Perversos titiriteros
Los anti kirchneristas incurables son peligrosos. La diputada Elisa Carrió es el mejor ejemplo, capaz de contradecirse en una misma frase o de comprar un chivo a 6000 pesos en un supermercado. La misma que en 2002 presentó un proyecto para repudiar la visita del emisario indio del FMI, Anoop Singh, hoy califica la vuelta al Fondo como “una acción preventiva, de una eficacia brutal de decirle basta a los golpistas devaluacionistas de siempre”. Como si no supiera nada, afirmó que el crédito de ese organismo internacional “es como una garantía que tienen los países para evitar un golpe cambiario o a los inversores golondrinas”. Incoherente y contradictoria como sus votantes, no comprende que la gestión amarilla no sólo alimenta la especulación sino que la estimula. O es ignorante o muy cínica: cada dólar que nos manden se fugará al instante y será devuelto con la pérdida de derechos de los que no disfrutan de nada.
Tan difícil no es desentrañar esta ecuación: un poco de memoria basta para intuir el resultado. Y si la memoria está atrofiada, habrá que recurrir al olfato. La lluvia de inversiones tan prometida sólo cae en la ruleta de las Lebacs. Por cada apostador que abandona el juego, la sangría de divisas se acrecienta como devaluación, como deuda y como incremento de los intereses y eso sólo promete desolación. Además de una espiral inflacionaria ascendente que no se podrá tapar con mensajes tranquilizadores ni consejos zen. En lo que va de mayo, alimentos, bebidas y artículos de limpieza registran aumentos de entre el 6 y el 8 por ciento. Aunque después dibujen los números, el bolsillo no se equivoca: cada vez se puede comprar menos.
Esto no es estar mejor en ningún lugar del planeta. Menos aún en un país que produce alimentos para 400 millones de personas. Algo funciona mal y todos sabemos qué es: la distribución. Mientras más ajusten a los que menos tienen peor vamos a estar. El 1° de mayo, el Foro de Convergencia Empresarial emitió un documento para avalar el tarifazo y el accionar del Régimen M. Sin embargo, un sector de la cúpula empresarial se desprendió del contenido de ese documento al decir que fue idea de seis personas sin el aval de todas las entidades que la conforman. El idilio de muchos empresarios que se ilusionaron con el Ingeniero comienza a romperse por las consecuencias de la apertura de importaciones y la caída del consumo. Lo incoherente es que sigan reclamando bajas salariales, quitas impositivas y desregulación, que sólo profundizarán la crisis.
Por si algunos no lo advierten, estamos padeciendo la Libertad de Mercado, un libertinaje parecido a la ley de la selva en donde los más fuertes devoran a los débiles, ya sean trabajadores, productores o comerciantes. Fieras que no necesitan producir nada para multiplicar sus fortunas porque con sólo pedalear un poco succionan cifras incalculables y no dejan nada a su paso. El país está en manos de los especuladores y el golpismo que tanto denuncian los cómplices y apologistas del Cambio comenzó el 10 de diciembre de 2015. O mucho antes, cuando intoxicaron la voluntad ciudadana con falsos conceptos y denuncias falaces.
Que Carrió sugiera “matar a Durán Barba” por la manipulación informativa sólo aporta más desconcierto. El asesor ecuatoriano sería un mediocre operador si no contara con los medios hegemónicos que convierten en genialidades las incongruencias que vomita y hacen de sus obscenas tretas inteligentes estrategias de marketing. Si el aire está tan enrarecido, es por la enloquecedora diatriba de titulares y pantallas, capaz de presentar el plan de saqueo de un puñado de angurrientos como un cambio cargado de futuro. Para el país de nuestros sueños, debemos desarmar a los hacedores de tantas pesadillas.

jueves, 10 de mayo de 2018

Los nostálgicos del cipayismo


Las pesadillas recurrentes incomodan. Para identificar ésta, podríamos ponerle nombre: “Futuro por Pasado”. La Campaña del miedo se transformó en terror experimentable. Después de una semana con corridas cambiarias, anuncios de más ajustes y amenazas de Cavallo, nada mejor que dormir con el enemigo y convocar al FMI para que nos tire un salvavidas de plomo. De manera pueril, la Revolución de la Alegría desafía la frágil memoria colectiva. Con perversidad, el empresidente Macri provoca hasta a sus admiradores. Hay que ser muy militante para defender el fantasma que retorna a Argentina y hace falta ser demasiado voluntario para creer que este deja vù parirá algo bueno para todos.
Quien cuente con más de 40 años no puede aplaudir este retroceso. Sólo un veinteañero inmune a los alaridos de la Historia renueva sus esperanzas con este nuevo paso del Cambio. Un paso amargo, suicida, criminal, que encierra la mentira del imprevisto, la patraña de la solución y la cantinela de la Pesada Herencia. Con un discurso para tontos, el Ingeniero posó como un timonel en medio de una tormenta salvaje y artificial, exhibiendo en menos de dos minutos el as de una derrota planificada. “Esto nos va a permitir reforzar este crecimiento y desarrollo –tartamudeó Mauricio- para evitar crisis como las que hemos tenido en nuestra historia”. Puro verso: no se puede reforzar lo que han destruido con decisiones que siempre han terminado en catástrofe.
Si la desazón puebla los ánimos es porque no hay espacio para el optimismo. En todo caso, para la indignación justificada de los que amamos en serio nuestro país. De prosperar este acuerdo del que no veremos un centavo, el FMI será el que decida nuestro futuro hasta que no lo tengamos más. Adiós soberanía y hasta siempre democracia. Si el primer requisito para este auxilio es sacrificar el ingreso de los jubilados, “nuestros queridos abuelos”, como decían Los Hipócritas en campaña. Y el segundo, será recortar salarios. Ahorrar más y más para reducir el déficit provocado por las exenciones impositivas a los más ricos, el drenaje de las importaciones, los despidos públicos y privados y el bombardeo al mercado interno. Y todo para tentar inversiones que terminan en bicicleta financiera.
Menos mal que este nefasto anuncio recibió el rechazo de gran parte de la sociedad y de casi todos los opositores. Aunque un poco tarde, ya no hay lugar para apoyar este tortuoso camino que, como muchos advertíamos, nos conduce al abismo. Ya es momento de poner palos en la rueda para interrumpir este latrocinio tan anunciado.
La punta del ovillo
Para no eludir la costumbre, Macri miente. Siempre presenta como un desastre o un fracaso la gestión anterior, sin datos ni argumentos, sino con lemas insustanciales para alimentar los prejuicios de sus seguidores. Sin embargo, hasta sus propios números desmantelan el mito. El INDEC amarillo –el que ahora sí dice la verdad- realizó una revisión de los datos desde 2003 a la fecha y, para sorpresa de los que se enteraron, verifica con énfasis la Década Ganada. Hasta encontraron menor desigualdad de la que medía el INDEC K. A partir de esta revisión, el Banco Mundial elaboró un informe en el que destaca que “el período de mayor producción de riqueza y de menor desigualdad fue la segunda presidencia de Cristina Kirchner”. Además, a partir de 2003, “el país crece económicamente y baja la desigualdad de manera sistemática y sin precedentes”. Por si esto fuera poco y para despabilar a los hipnotizados, desde el bailecito en el balcón, “aumentó el índice de desigualdad y hubo una menor producción de riqueza”.
Así, la Pesada Herencia toma forma de desarrollo con equidad y el Cambio, de todo lo contrario. Sin dudas, el kirchnerismo es más cuestionado por sus aciertos que por sus errores. Las falaces denuncias de corrupción abonaron el rechazo a un proyecto de país más humano que el actual modelo de despojo. Los medios hegemónicos construyeron las sensaciones necesarias para que el votante decida cambiar algo que debería haberse profundizado: la sensación de inseguridad, inflación, aislamiento, dictadura, cepo, crispación y muchas más que aparecían en titulares rimbombantes sin anclaje real. Hoy, que la situación es angustiante y promete no mejorar, el discurso mediático pone paños fríos para que las sensaciones no invadan el sentir de los colonizados.
Aunque la inflación –que Macri aseguraba bajar en dos minutos- está desbaratando todas las metas del Gran Equipo, la resignación es la consigna. Ya nadie cree en el 15 por ciento que esgrimieron para aplastar la recomposición salarial y las consultoras auguran más de 20 puntos. A pesar de que en abril el índice podría alcanzar los tres puntos, la naturalidad que derrama la cadena apologista apacigua el ánimo de los que antes se alteraban por incrementos menores. Ni siquiera mencionan que el poder adquisitivo del salario ha perdido casi el siete por ciento gracias a tantos cambios. Si esto hubiera pasado en el gobierno anterior, otra sería la sensación construida desde pantallas y portadas.
Y ni hablar si en medio de ajustes y despidos, el Boletín Oficial anuncia más de 40 designaciones de cargos medios y altos en el Ejecutivo Nacional. La austeridad tan pregonada no incluye familiares, amigos y adherentes que se acomodan en el barco antes de la colisión. El nepotismo es evidente pero los medios no arman un escándalo similar al que hicieron cuando Delfina Rossi fue designada como directivo del Banco Nación. Y eso sin mencionar que muchos de los que ocupan cargos ministeriales ostentan una ineptitud insólita.
Los medios que antes horadaron los logros del kirchnerismo para facilitar el triunfo de esta pandilla de sátrapas son ahora maquilladores de este desastroso camino al abismo. Aunque esbozan algunas tímidas críticas de forma, jamás cuestionan el fondo: este modelo sólo busca producir decadencia y más desigualdad. Desde las usinas de estiércol alientan el sacrificio de la mayoría mientras una minoría esconde el botín en cuentas secretas ya no tan inescrutables. En tanto precarizan nuestra vida para tentar inversiones productivas que jamás llegarán, un puñado de argentinos guarda casi 300 mil millones de dólares en guaridas fiscales y los agrogarcas retienen gran parte de su producción para multiplicar sus ganancias. En un país tan rico como el nuestro, un gobierno comprometido con el futuro debería impulsar el derrame tan prometido en lugar de seguir desecando a los de abajo. El ajuste debería apuntar a los que se acomodan en la punta de la pirámide para que contribuyan con algunas gotas de las fortunas que han acumulado en pala gracias a la evasión, la especulación y la complicidad de gobernantes tan corruptos como ellos.

lunes, 7 de mayo de 2018

Un estallido de crueldad


Cada vez queda más claro que el Cambio sólo distribuye injusticias. Y eso pudo apreciarse en la conmemoración del 1° de mayo, atravesado más por la angustia que por la conquista, con actos desperdigados, enérgicas consignas que rebotan en oídos tapados y una CGT casi claudicante. La potencia que muchos dirigentes exhibían contra el impuesto a las ganancias durante el gobierno de Cristina se ha transformado en el camino de una babosa. Esa distribución de injusticias también puede verse en la respuesta del Gran Equipo ante la corrida cambiaria: más dólares para que un puñado de timberos siga apostando a costa de ajustes que padecerá la mayoría. Los muchos subsidiamos la angurria de unos pocos. Y sobre el final de la semana –como alimento pre-digerido para fieras-, el pillaje a los cuadros de Víctor Hugo Morales evidencia cuán prepotentes se vuelven los poderosos cuando advierten que no hay frenos. Así estamos, ante una banda de saqueadores desbocados que, con desparpajo nos prometen más injusticias.
Esto sí es autoritarismo: que algunos fiscales y jueces -cómplices o timoratos-pongan los mecanismos de la justicia a los pies de un empresario para que pueda ejecutar su venganza por la travesura de un periodista. Pero no es el único, pues los más de treinta presos políticos que hay en el país experimentan esa lógica. El establishment comandado por Héctor Magneto está castigando a los que lo han desafiado y amenazando a los que lo pueden hacer. Ahora que el país está en manos de unos pocos para amoldarlo a su antojo, ya no hay más crispación ni grieta, aunque el hambre esté invadiendo muchos hogares y la pobreza sea creciente, aunque las promesas de campaña hayan acabado en burla, aunque los apologistas se disfracen, temporalmente, de críticos, aunque el oficialismo quiera doblegar al Congreso.
Las venganzas del Grupo Clarín están en casi todas las causas judiciales que imputan a funcionarios del gobierno anterior que impidieron la realización de algún negocio. Como son inviables, estiran la resolución para que el público cautivo siga creyendo que todos los tropiezos del presente son consecuencia de la corrupción K. La demonización del pasado reciente aún sirve para saborizar los malos tragos de hoy. Además, aportan algunas noticias falsas para militar el ajuste, como los consejos para ahorrar energía, lo bueno de las vacaciones en casa o ahora está de moda comprar ropa usada. Y para reforzar el efecto anestésico, nada mejor que presentar a Cavallo como el cuco que puede volver si protestamos mucho. De un lado ponen a Cristina y del otro al Mingo, para que tomemos como suaves las asperezas del Cambio.
El error es la intención
El deterioro es tan evidente que hasta el Jefe de la Policía Bonaerense, Fabián Perroni, consideró que el delito más simple aumenta porque hay gente que no tiene para comer. La impresentable Patricia Bullrich ladró desde Washington: “su declaración no fue de lo más feliz”. Y después de aullar esa mentira de que la pobreza está bajando, disparó que “la sensación de inseguridad es muy fuerte en la Argentina”. Justo ella, que se burló cuando era la cabecilla de una oposición rabiosa, apela a esa expresión. Además de malos gobernantes, son copiones. La sensación de lo que sea se construye gracias al poder mediático, que ahora apuntala este régimen. Si la comisión de delitos supera el blindaje la situación debe ser alarmante.
No es para menos: el consumo masivo cerró el primer trimestre con una caída del 1 por ciento respecto al mismo período del año pasado. Cuando la venta de alimentos en almacenes y supermercados disminuye no es porque los ciudadanos hayan decidido hacer dieta. El abuso en los precios, la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos y el desempleo operan para que esto ocurra. Y el bestial incremento en las tarifas de los servicios públicos influye mucho más de lo que los amarillos reconocen. Pero a Ellos no les interesa el bienestar de los argentinos, sino incrementar las ganancias de sus empresas con el mínimo esfuerzo.
Tampoco les interesa el desarrollo, como tanto cacarean, si no, insistirían con que las empresas energéticas inviertan parte del botín para mejorar la producción y distribución. Y ni hablar de los combustibles: con un ministro de Energía del palo de las petroleras, la meta del autoabastecimiento está cada vez más lejana. A pesar de la impactante recuperación de los precios internacionales, la producción local de petróleo sigue en picada. Aunque Macri use Vaca Muerta como escenografía para recitar sus prometedores balbuceos, la importación de crudo se incrementó en un 1544 por ciento respecto a 2015. Y lo peor es que en dos años y un trimestre, el ingreso de crudo equivale a casi todo lo que se importó entre 2003 y 2015.
Hasta ahora, el Cambio es un drenaje de divisas hacia guaridas fiscales. Un flujo que parece no ser eterno. Desde Wall Street están cerrando el grifo. Y como la política macrista está basada en financiamiento externo y restricción interna es normal que empecemos a experimentar algunos sacudones ante cualquier estornudo en el Imperio. La calificadora internacional Moodys advierte que "el reciente debilitamiento del peso refleja una mayor percepción de riesgo para activos argentinos". La revista Forbes aconseja a sus especu-lectores que es momento de salir de la Argentina”. El londinense Financial Times destaca la “suba de las tasas de interés mientras se desploma el peso”. La agencia Bloomberg asegura que los inversores –especuladores golondrinas- “cuestionan la credibilidad del Banco Central”. Un exitazo de la integración al mundo: Argentina es el país que más se endeudó en tan poco tiempo. Los apostadores huyen porque están a punto de quebrar la banca. Tanto cambiamos “futuro por pasado” que pronto volveremos a ver en los medios el Riesgo País junto a la cotización del dólar y el pronóstico del tiempo.
Mientras tanto, la respuesta del Gran Equipo es más ajuste. Lo que recortaron a los jubilados es lo que el Banco Central destinó para que los especuladores tengan un dólar contenido. Los amarillos dicen que subsidiar el consumo de energía es un derroche, pero no lo es dejar que se lleven los dólares que engrosan la deuda pública. Y esto no es un error, sino El Plan. En lugar de controlar la sangría de capitales y cobrar unas monedas a los que la levantan con pala mecánica, aplican recortes en educación, salud, obra pública y desmantelan los organismos públicos encargados de garantizar la calidad de lo que consumimos. Para favorecer la especulación, nos dejan desamparados. Todo por la promesa de una lluvia de inversiones que jamás llegará. Si es más fácil ganar con corridas cambiarias y financieras, nadie derrama nada. Macri no debería mostrarse decepcionado, porque forma parte de ese selecto grupo. El error es que alguien así se haya convertido en presidente. Error que pronto deberemos subsanar.

jueves, 3 de mayo de 2018

La demagogia ascendente


Cada día, los funcionarios amarillos y sus aliados esputan dicterios contra el populismo y definen como demagógico cualquier intento de mejorar la vida de la mayoría. La célebre frase “les hicieron creer que…” encabeza las justificaciones de las medidas del presente. El “sí, se puede” ha quedado muy atrás para dar paso a un rosario de imposibilidades que cada vez aprieta más la dignidad. Las fanfarrias con que Macri presentó al Mejor Equipo de los Últimos 50 Años han dejado un eco que suena a burla. A pesar de que nada evidencia ningún logro –salvo la cotización en alza de las empresas de Los Amigos- los usurpadores de La Rosada SA se enorgullecen del Cambio y, como verdaderos demagogos, aseguran que éste es el único camino para alcanzar un país desarrollado, con trabajo de calidad y miles de pamplinas más.
Esto es hacer creer: que el modelo del derrame se puede hacer realidad, que el sacrificio de hoy se convertirá en las mieles del mañana, que la luz al final del túnel no es una hoguera sino el sol del paraíso. Mientras tanto, habrá que conformarse con tabletas de arroz con sabor a asado para los que no pueden acceder a un asado de verdad. Eso es populismo: la zanahoria como promesa y distracción de los estragos que el neoliberalismo deja a su paso. Eso es demagogia: apelar a los sentimientos individualistas para socavar la conciencia del colectivo. La ficción comenzó cuando el empresidente se calzó la banda y bailó en el balcón: el bullanguero festejo de una minoría que logró conquistar la voluntad de la mayoría a fuerza de embaucar, embrutecer y simular preocupación por los más vulnerables. Un gobierno populista es el engaño permanente para esquilmar derechos. En cambio, un gobierno popular, los hace realidad.
Y eso es lo que molesta a las clases dominantes: que se distribuya con equidad lo que consideran propio. Lo increíble es que muchos despistados de los sectores medios y bajos acepten semejante muestra de egoísmo y adhieran al desprecio de clase que los tiene como destinatarios; son esos que se identifican más con los succionadores que con los succionados; son esos que desprecian a sus iguales para despertar la simpatía de los opresores; son los que fueron el Campo para sentir que su vino en cajita tiene el sabor del mejor champagne. Esos que tildaban de soberbia a Cristina y ahora callan con resignación ante el cinismo de los brutos que están saqueando el país. Esos que acusaban a los kirchneristas de prepotentes y antidemocráticos y ahora miran en silencio los aprietes, amenazas y bravuconadas que a diario despliegan los PRO para llevar adelante este plan de despojo.
Helicópteros en el hangar
Aunque la imagen positiva de Macri y su Gran Equipo está en picada, los Amarillos siguen como si nada. Un poco preocupados por las fisuras internas y los chanchullos que se filtran del blindaje mediático, pero no más que eso. Algo decepcionados porque las recetas incrustadas no dan los resultados esperados, porque la libertad de mercado deviene en libertinaje, porque la lluvia de inversiones es pura especulación, porque los brotes se han marchitado antes de tender al verde, pero decididos a no retroceder un centímetro. Que el Jefe de Gabinete, Marcos Peña señale que ya está preparado el veto presidencial para cualquier iniciativa parlamentaria de atenuar el robo de las tarifas, es muestra de todo esto. En esta postal está exhibida la soberbia, la prepotencia y la tozudez de los destructores, además de angurria incontenible y autoritarismo pornográfico. Después de sentenciar que el precio de los servicios “no es un tema parlamentario”, confesó que no quieren “que haya un espacio para la demagogia que ponga en peligro el desarrollo que necesitan los argentinos”. ¿Desde cuándo la fuga de divisas hacia guaridas fiscales contribuye a otro desarrollo más que de las fortunas de especuladores, lavadores y evasores?
¿Quién es Marcos Peña –a quien nadie votó- para decidir cuáles temas son parlamentarios y cuáles no? ¿Qué más que la soberbia lo lleva a defender con tan malos y anticonstitucionales argumentos una medida que daña el bienestar y la producción? El funcionario dice que una contención de las tarifas pondría en peligro el desarrollo, aunque las importaciones sin aranceles están demoliendo la industria local. Él habla de demagogia aunque este modelo garantice ganancias extraordinarias a los que no necesitan nada a costa de precarizar al resto. Por eso los integrantes del Círculo Rojo emitieron un documento para avalar este derrame invertido que seca cada vez más nuestra vida.
Además de hacernos creer que éste es el sendero a Macrilandia, nos dicen que sólo los demás son corruptos y mafiosos. En su última visita al Congreso, Marcos Peña pontificó sobre la honestidad, al escupir la falacia de que “las cuentas off shore son como cajas de seguridad” y que “corrupción son los Bolsos de López”. ¿Qué dirá ahora que se sabe que un tercio de esos billetes provenía de un banco cuyo dueño fue tesorero de Boca Jrs cuando el Ingeniero lo presidía?
Pero este grotesco personaje no es el único mascarón del funesto Cambio. Todos los PRO salen en coro a recitar sandeces para promocionar como fantásticas las horrendas transformaciones que están defecando sobre el país. Mientras los radicales se debaten entre continuar con el triste papel de sirvientas humilladas del desalmado patrón o ser víctimas del bullying de los estercoleros mediáticos, Cavallo asoma su hocico para dar cátedra sobre cómo destruir el país. Igual que en los ochenta, noventa y a principios de siglo, es Clarín quien decide, a través de su podredumbre comunicacional, el rumbo que más conviene a sus intereses. Como ha hecho siempre: disponer el escenario de una crisis para obtener dividendos cuantiosos mientras todos los demás chapoteamos en el fango.
Aunque muchos presenten objeciones, también nos hacen creer que estamos en democracia, que nuestro voto decide, que el candidato que gana gobierna, que las medidas que siempre destruyeron ahora pueden servir para construir, que un rostro angelical puede ser la salvación. Nos hacen creer que decidimos cuando, en verdad, todo está decidido de antemano. Hasta tienen decidido que nosotros paguemos la deuda que tomó una minoría para multiplicar su patrimonio. Ya se vio en la dictadura y después de 2001: algún monigote con banda decide estatizar pasivos privados que no han generado desarrollo ni empleo, sino que han derramado hacia paraísos intocables.
Ayer fue Videla o Duhalde y mañana será Macri, Vidal, Massa o Urtubey. No importan los nombres, sino el recorrido; no importan las excusas, sino las intenciones; no importa el decorado, sino el modelo. Ya estamos grandes para dejarnos tentar con las amargas golosinas de siempre: que el tarifazo garantiza un mejor servicio o que la flexibilización laboral va a generar empleo de calidad. Si queda algún distraído que todavía cree que éste es el gobierno del diálogo y el consenso, allá él. Mientras tanto, los demás deberíamos empezar a organizarnos para torcer este camino y desalojar a estos sátrapas antes de darnos de frente con la crisis que los amarillos han construido.

lunes, 30 de abril de 2018

El futuro es una hoguera


En esta semana, muchos habrán recordado el fallido de la gobernadora Vidal cuando festejó su triunfo electoral: “cambiamos futuro por pasado”. Un pasado que se vuelve presente para arruinar todo futuro. Como si estuviésemos condenados a una siniestra repetición, parece que Cavallo se vuelve asesor para dar el golpe de gracia a La Revolución de la Alegría, para poner el moño a la destrucción que comenzó el 10 de diciembre de 2015. Cuando uno anticipaba las medidas y sus consecuencias, en pleno proceso electoral, los apologistas inventaron eso de la campaña del miedo. Ahora que el miedo es real, los hechizados comienzan a vislumbrar la monstruosidad del Cambio. La Argentina de Macri exhibe las peores postales que creíamos olvidadas, con desocupados, excluidos y productores desesperados. En un país donde los recursos alimentarios, energéticos y monetarios sobran, cada vez más viven como mendigos por la decisión política de profundizar la desigualdad.
Para aplicar este modelo del derrame –que sólo fluye en torrente hacia la punta de la pirámide- alimentaron prejuicios existentes en los sectores medios y bajos respecto al gobierno anterior, que apenas pudo limar intereses oligárquicos para avanzar hacia una tímida redistribución del ingreso. La corrupción –que no es un delito sino una síntesis para el consumo masivo- siempre es la excusa que utilizan las élites económicas para horadar las bases de los proyectos populares. Para fomentar el rechazo, debieron explotar todos los medios –tanto comunicacionales como judiciales- con el fin de convertir las fábulas más descabelladas en verdades indiscutibles.
A pesar de la amplia cobertura televisiva, en cadena nacional a toda hora, las causas más relevantes están congeladas porque las pruebas demuestran su falsedad. ¿Cuánto hace que están dando vueltas con la causa Hotesur y Los Sauces, en la que Lázaro Báez premiaba a los Kirchner con el pago de alquileres por ocupar el puesto 34 en el ranking de contratos con el Estado? Con operaciones bancarias, locaciones a precio de mercado y obra pública ejecutada a tiempo y sin sobreprecios, ¿dónde está la ilegalidad? Si no hay cohecho ni malversación de fondos públicos, ¿por qué gastan tanto dinero en un proceso judicial que terminará con “falta de mérito”? Lázaro Báez está preso desde hace más de dos años por esta causa y por tener dinero en Suiza, como muchos empresarios que gozan de libertad y prestigio. Ni siquiera encontraron su nombre en las filtraciones de guaridas fiscales, en las que sí están muchos de los funcionarios del gobierno amarillo, el empresidente Macri incluido.
Y éste es uno de los tantos ejemplos de manipulación mediática que lograron convencer a los votantes de que la Década Ganada fue lo peor que nos pasó en la historia. Tan enloquecedora es esta campaña de demonización, que hicieron de Cristina la asesina de Nisman, y de Aníbal Fernández, el ideólogo del Triple Crimen de la Efedrina. Tanto incrustaron estas patrañas que será difícil extirparlas, aunque todos los juicios en curso sentencien inocencia.
Sobre versos y verseros
Que el público asimile tanta infamia es casi comprensible, pero que los dirigentes la transformen en argumentos para sostener este desastre es una vergüenza. Las demonizaciones sobre los funcionarios del pasado sirven para ocultar las trapisondas de los de hoy, tan evidentes que no necesitan una investigación muy sagaz para demostrarlas. Pero casi todos los dardos que disparan hacia los K parecen girar como un boomerang para hacer blanco en algún M.
Si a esto sumamos que el plan aplicado hace aguas y el iceberg está cada vez más cerca, es inexplicable que la caída de la imagen presidencial no sea más abrupta. Enumerar las medidas que han tomado desde que Macri asumió este inmerecido cargo demostraría no sólo el engaño sino también las intenciones: si estamos ante una crisis económica es porque así lo planearon. No olvidemos que nos gobiernan empresarios que no necesitan producir ni vender para obtener ganancias; la especulación financiera y las recurrentes estafas al Estado multiplican sus fortunas sin que nadie ose acusarlos de nada. La mirada del ciudadano distraído siempre apunta a los políticos, al punto de proponer una rebaja en las dietas de diputados y senadores, pero no de los ministros, jueces y fiscales. La sospecha sólo apunta a los funcionarios que elegimos con el voto y no al resto. Y menos aún a los que deterioran nuestros ingresos a fuerza de precios exorbitantes, explotación laboral, evasión impositiva y reclamos de privilegios. Los grandes empresarios, los más ricos del país, son los beneficiarios de la desigualdad que nunca nos abandona, pero que ahora es creciente.
Aunque dibujen los números y los medios cómplices se hagan los distraídos, la desocupación provocada por el propio gobierno es palpable. El fin de mes que se adelanta forma parte de lo cotidiano y los 18000 pesos que marcan el límite de la pobreza son insuficientes para vivir con dignidad. El incremento de los precios hace inalcanzable la canasta de alimentos. Nada de lo que decidieron produjo los efectos que auguraban: inflación, desinversión y devaluación no auspician un futuro armonioso. El déficit comercial ha crecido respecto al año pasado porque se importa más de lo que se exporta. Los recortes en todas las áreas del Estado para equilibrar las cuentas empeoran la situación porque deprimen el mercado interno.
Y más aún cuando la mayoría de los ciudadanos tiene que destinar gran parte de sus ingresos al pago de tarifas de servicios públicos por la eliminación de los subsidios a los usuarios y la multiplicación del costo, que convierte las facturas en la confesión de una estafa. Claro, lograron que los usuarios se quejen por pagar poco pero hasta diciembre de 2015, Argentina estaba entre los países que menos dinero destinaba para aligerar el costo de la energía. A pesar de que EEUU aporta más de 2000 dólares anuales, China 1600 o Australia 1200, el establishment protestaba porque los gobiernos kirchneristas contribuyeron con algo más de 400 dólares anuales per cápita. Y encima siguen cacareando que “en ningún país del mundo se hace eso”.
Esta semana en que el dólar trepó como nunca, el Banco Central desembolsó más de 4000 millones para subsidiar la ganancia de los especuladores de la timba financiera y ningún titular protestó por eso. Hasta ofrece tasas de interés que superan el 30 por ciento. Estas cifras que van a parar a manos de unos pocos son pagadas entre todos en forma de deuda externa. Y esto no sólo daña nuestro futuro; también significa una contradicción respecto a la mirada ortodoxa sobre el rol del Estado: los clamores ensordecen cuando interviene para facilitar la vida de la mayoría, pero el silencio aturde cuando lo hacen para enriquecer al cinco por ciento de la población. Total, para disfrazar estos dislates siempre hay jueces que reparten prisiones para que el público cautivo no olvide que estamos pagando la fiesta del pasado, la ilusión de bienestar que produjo el kirchnerismo.
Ese incendio que mencionó el diputado Mario Negri en la sesión de esta semana para rechazar las iniciativas de rebajar las tarifas. Justo él habla de incendio, el que formó parte de la Alianza que hizo estallar el país a principios de siglo. Un país desendeudado, que redujo la pobreza a la mitad, que provocó un crecimiento industrial del 100 por ciento, que construyó más de 1500 escuelas, hospitales, rutas, autopistas entre muchas otras cosas no está incendiado en ningún lugar del planeta. Justo él apela a la Pesada Herencia en versión pirómana, que ahora integra una alianza que nos está conduciendo a una hoguera de la que sólo unos pocos saldrán ilesos.

jueves, 26 de abril de 2018

Evidencias del saqueo


Por desaforados, el episodio de las tarifas se está convirtiendo en crítico, no sólo por el descontento que genera sino también por las pavadas con que los funcionarios intentan justificar los incrementos. Culpar a los usuarios, pagar las facturas en cuotas y dejar la solución en manos de los gobernadores es lo único que se les ocurre para poner paños fríos al torbellino que desataron. Y la siempre disponible y cada vez más tontuela excusa de la Pesada Herencia, que apenas alcanza a aliviar las tensiones en los que creen -por ejemplo- que la ausencia de gente en los locales se debe a la proliferación de las compras on line. Si los funcionarios dicen pavadas es porque hay pavos que las disfrutan; si mienten en canon es porque hay crédulos que siguen la melodía de las mentiras; si vierten de su boca las barbaridades más inimaginables es porque hay sedientos de incongruencias. Eso sí, cada vez menos, pero suficientes para asustar con la continuidad de esta pesadilla, con Macri o con lo que sea parecido.
De ahí que Vidal sea la más amparada, la más blindada, la más angelada. Un maquillaje que se desmonta con un soplido. En medio de este entuerto del tarifazo, ella misma brindó algunos ejemplos. El primero, anunciar, segundos después del spot presidencial, la quita de unos impuestos que recién ahora están vigentes luego de unos meses de suspensión y que representan sólo el 15,5 por ciento de lo facturado. El segundo, al decir que “durante muchos años estuvimos acostumbrados a pagar tarifas irreales”. No eran irreales porque existían, aparecían en las facturas y eran pagadas por los usuarios; sólo eran baratas; accesibles para cualquiera. Si eso molesta, que lo diga con claridad y no con eufemismos. Que sea sincera, como Javier González Fraga al considerar que los derechos dependen de los recursos. De ser así, no serían derechos, sino privilegios.
El último ejemplo -para no espantar lectores con este personaje que amenaza con tomar la posta de la destrucción- se relaciona con su disfraz de bruja bondadosa. Después de anunciar la rebaja impositiva, declaró su compromiso de “acompañar a los argentinos en sus dificultades”. Que el des-gobierno haya decidido reducir el déficit provocado por sus propias decisiones eliminando los subsidios y multiplicando los precios de la energía no es una dificultad, sino un latrocinio. Ella y todos los funcionarios amarillos no deben acompañarnos ante las dificultades, sino atenuarlas. O cuanto mucho, dejar de fabricarlas. Ellos son los que ponen las piedras con que tropezamos en este oscuro y tortuoso camino.
Un aluvión de falacias
Los miembros del Gran Equipo son tan mentirosos que deben jurar a cada rato que no mienten. No pueden justificar nada de lo que deciden hacer sin apelar a una falsedad. Y son tan burdas que después deben pedir disculpas, como la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich al considerar a Holanda como narco-estado para cercenar todo debate sobre la despenalización de la tenencia y consumo de drogas. Como cuando dicen que buscan el desarrollo, aunque el empleo en las actividades manufactureras se redujo a los valores de 2010, con la destrucción de casi 69000 puestos desde que asumió Macri. Como cuando pontifican sobre la libertad de mercado y el cese del intervencionismo estatal, aunque el Estado sólo opera para garantizar negocios y ganancias a los privados a costa de empobrecer a la población.
Con respecto al saqueo de nuestros bolsillos con las tarifas, los funcionarios amarillos han vomitado tantas mentiras que el hedor es insoportable. En la sesión en Diputados de esta semana, Axel Kicillof desmontó tres, pero hay muchas más. La primera tiene que ver con lo más evidente: el sincero Mauricio prometió en campaña no incrementar las tarifas de los servicios públicos. Por esto, desde hace mucho tiempo, es necesario resaltar la estafa electoral del Cambio. La segunda es que el gobierno anterior dejó al país en una crisis energética, pero hoy se produce menos petróleo y se importa más –explicó el ex ministro de Economía- Mintió al decir que era para hacer inversiones: ahora hay menos que antes”. Y la tercera se relaciona con el simulacro de preocupación por el impacto de los descomunales incrementos. Ya había sido pautado –aclaró Kicillof- que un 25 por ciento de la tarifa del gas podría pagarse en cuotas con un interés anual del 20 por ciento”, aunque lo presentaron como una novedad ante el creciente rechazo.
Por supuesto, hay más mentiras. El Gerente de La Rosada SA ha dicho un par de veces que no queda otra salida porque “en ningún lugar del mundo se subsidian las tarifas”. Hasta en EEUU el Estado alivia los bolsillos de los usuarios con subsidios porque la producción de energía es cara. Y si subsidiar puede producir un déficit sólo basta retornar al cobro de impuestos a los bienes personales y de importación y exportación, para que sean los más ricos los que auxilien a los demás y no a la inversa. Otra mentira –quizá la más insultante- es decir que los argentinos somos derrochones. Hasta el Banco Mundial lo desmiente: los argentinos tenemos un consumo eléctrico inferior en un 22 por ciento respecto a Chile y más del uno, a Uruguay y usamos en promedio de 3,5 metros cúbicos de gas diarios. Ellos quieren que consumamos menos para que sus amigotes puedan exportar electricidad, gas y combustible produciendo lo mismo.
Un modelo tan destructivo sólo puede aplicarse con patrañas amplificadas por los medios cómplices y demasiada crueldad. Y mucha ingenuidad de parte de los ciudadanos que siguen esperando algo bueno de esta pandilla de atracadores. Tan ingenuos que creen en la idea de que los amarillos abandonaron sus negocios para sacrificarse por el bien del país. Al contrario, por el bien de sus negocios que nunca abandonan están sacrificando al país. Y esto es tan evidente que hay que estar muy enceguecido para no verlo o ser tan perversos como ellos.

Vacaciones necesarias

Estimados lectores: hasta el 28 de mayo no habrá textos nuevos porque me tomaré unas vacaciones. Aprovechen estos días para leer los apuntes...