lunes, 16 de julio de 2018

Los peores del podio


Algo es algo: ante la catástrofe que ya estamos avizorando, algunos farfullan un estereotipado “al final son todos iguales”, una de las máximas más debilitadoras de la democracia, el anticipo del “que se vayan todos” que conocimos 17 años atrás. La ecuación es sencilla: si todos los políticos mienten, roban y nos despojan del bienestar, las elecciones pierden sentido. ¿Para qué vamos a preocuparnos por conocer y escuchar a los candidatos si todos terminarán cometiendo tropelías y desastres? La decepción ante el Cambio es cada vez más notoria, pero eso no conduce a aceptar el error de haber elegido al candidato más predispuesto a decepcionar. Apenas un irreflexivo “son todos iguales” como más profunda reflexión.
Sin embargo, no es así. La diferencia entre el gobierno anterior y este engendro que estamos padeciendo es notoria. Las denuncias de corrupción que se magnificaban desde los medios hegemónicos se empantanan en los Tribunales por falta de pruebas o inconsistencias de los acusadores. Los que insisten con eso de “se robaron todo” ni siquiera consideran la imposibilidad de esa afirmación. Ni los sátrapas que han copado La Rosada son capaces de robarse todo, aunque ganas no faltan. Si Cristina hubiera hurtado un PBI –como instalaron con perfidia- sería la persona más rica del planeta y su fortuna sería inocultable. En las millones de empresas fantasmas que se conocieron gracias al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación no aparece ningún kirchnerista. Al contrario, abundan los macristas –políticos, funcionarios y simpatizantes- que apelan a esos recursos para esconder dinero ilegal. En eso, no hay igualdad entre los K y los M: aunque excavaron en la Patagonia, viajaron a Seychelles y hurgaron en Delaware no encontraron un billete de la tan mentada Ruta del Dinero K que durante tantos domingos enardeció al público cautivo.
La corrupción del populismo que las pantallas denunciaban a toda hora no se materializa en sentencias, sino en arbitrarios encarcelamientos que huelen a persecución política. Lo que antes eran fantasías prejuiciosas se torna real con el Gran Equipo, con funcionarios que operan para beneficiar empresas propias y amigas, nepotismo obsceno y saqueo institucionalizado. Ni hace falta investigar demasiado para condenar a casi todos. Los televidentes que se escandalizaban por las patrañas en cadena, hoy permanecen impasibles porque el latrocinio amarillo no aparece en los medios del Monopolio.
Desequilibrio en el imaginario
Por eso es un peligro que la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia haya aprobado la fusión de Cablevisión y Telecom. El doctor en Ciencias de la Información, Martín Becerra explicó que esta burla con forma de dictamen institucional amenaza el pluralismo, la diversidad, la cultura y el derecho a la información. El que más conoce la historia del Grupo Clarín destacó que “una fusión de esta naturaleza no sería aceptada en Estados Unidos, Alemania o Francia”. Y no sólo por su tamaño, sino también por sus nefastas intenciones. No hay que olvidar que han mentido sin pudor durante los dos gobiernos de CFK y han instalado las nociones más absurdas en el pensar de los colonizados. Hasta convirtieron el suicidio demostrado de un fiscal en un magnicidio sólo demostrable con hipótesis de ficción. Hasta hicieron de la adquisición de dólares un derecho constitucional. Hasta lograron que muchos usuarios se quejen porque las tarifas de los servicios públicos eran baratas. Y lo peor de todo: consiguieron instalar a Macri como un honesto patriota preocupado por el futuro del país.
Quien minimice la incidencia de los medios dominantes en el ideario del público es un ingenuo o un perverso favorecido por la distorsión de la realidad que presentan a diario. Con indagar sin demasiado rigor los motivos que llevaron a muchos votantes a optar por el Cambio aparecerá un catálogo completo de titulares de Clarín, TN, radio Mitre o El Trece. Que Cristina interrumpía la telenovela, que era soberbia, chorra, autoritaria, mentirosa y bipolar. Y por supuesto, convencieron al 51 por ciento que todos los K son corruptos y merecedores de todos los castigos imaginables. Tanto que la calificación de ‘kirchnerista’ no sólo esboza el insulto, sino también sugiere un delito.
De esta manera, el secretario de Medios Públicos, Hernán Lombardi –más destructor que administrador- puede justificar los despidos en Télam con una afinidad partidaria que, de existir, no sería causa de despido. O la gobernadora Vidal puede desestimar las denuncias de aportantes y afiliados falsos en el financiamiento de sus campañas electorales porque provienen del kirchnerismo. O la militante macrista de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso puede condenar de “fraudulenta e ilegal” la nacionalización –que ella llama confiscación- del 51 por ciento de las acciones de YPF porque la decidió el kirchnerismo.
Que a pesar del blindaje mediático inaudito en torno al des gobierno PRO la imagen del empresidente Macri esté en picada es una invitación a la esperanza. Claro que hay más méritos en las atrocidades de los Gerentes que en la responsabilidad informativa de los desencantados. No es para menos, si los que decían que estábamos aislados del mundo están abriendo las fronteras para que nos invadan; los que prometían bajar la inflación en dos minutos han convertido nuestra economía en hiperinflacionaria por haber acumulado en tres años más del 100 por ciento, de acuerdo a las Normas Internacionales de Información financiera, organismo regulador de Estados Unidos; los que soñaban con la distracción del Mundial nos hicieron ganar el campeonato del ranking internacional de tasa de interés, con una cifra superior al 40 por ciento anual; los que ganaron con lo de Pobreza Cero lograron que proliferen las ollas populares, retornen los trueques por comida y se multipliquen los asistentes a comedores comunitarios.
En un país con responsabilidad informativa, las off shore, la estafa del Correo Argentino, los falsos aportantes de campaña, el blanqueo de familiares por decreto, el nombramiento de jueces a dedo y el extravío del Submarino ARA San Juan aportarían motivos de sobra para desalojar a estos salvajes. Y con el abuso de las Fuerzas de Seguridad, que provocaron la muerte de Santiago Maldonado, Rafael Nahuel y Facundo Burgos, entre otros, bastaría para condenarlos por autoritarios. Y si incluimos el crecimiento patrimonial de los que se decían honestos, la cárcel es el único destino.
No, no son todos iguales. Los K eran malos en la ficción, pero éstos son malvados en la cruda realidad. Mientras los otros buscaban la manera de mejorar nuestra vida, éstos hacen lo imposible para deteriorarla. Mientras los otros impulsaban derechos, éstos potencian privilegios. Por todo esto y mucho más, no son todos iguales. Y –a pesar de la excesiva paciencia- éstos están entre los peores que hemos experimentado en nuestra historia.

jueves, 12 de julio de 2018

Con el flotador a mano


En este Día de la Independencia, Macri no habló de héroes angustiados ni saludó al “querido rey”. Como hemos experimentado con los gobiernos neoliberales anteriores, los festejos patrios parecen velorios. Con un mandatario cada vez más lejos del pueblo, no se puede esperar otra cosa. Como no tiene logros que exhibir, sólo puede balbucear excusas y esbozar reproches. De lo que sí se enorgullece es del camino iniciado en diciembre de 2015 –ése que la Vice Rodante llama túnel- que no es ninguna Revolución de la Alegría sino un plan de saqueo para desigualar aún más a la sociedad argentina. Con la convicción de un suicida, afirma que el rumbo es el correcto aunque esté llevando al país hacia una feroz tormenta que nos dejará asolados.
Tormenta que no es producto del enojo de los hados, sino de las medidas que El Mejor Equipo de los Últimos 50 Años ha tomado desde que inauguraron La Rosada SA. Cada uno de los problemas que enfrentamos a diario es la consecuencia de una decisión: la eliminación de los controles cambiarios puso la estabilidad de la moneda en manos de fugadores y especuladores; el descomunal endeudamiento sólo sirvió para condicionar nuestro futuro; la tasa de interés de las Lebac desecó el crédito productivo para alimentar la bicicleta financiera; la apertura de importaciones demolió la industria local e incrementó el desempleo; la eliminación de cargas impositivas no fomentó la inversión y desfinanció al Estado; la quita de retenciones y la exportación libre significó un incremento bestial del precio de los alimentos; la obsesión por bajar el déficit genera más recesión; y la Libertad de Mercado que los amarillos reivindican no produce más que opresión para los más indefensos, que somos casi todos. La tormenta la armaron Ellos y como desactivarla implicaría hacer lo contrario de lo que piensan, nada mejor que enfilar hacia su núcleo para que la colisión les permita retomar el saqueo desde cero.
El Cambio vino para eso: para realizar una redistribución regresiva de la riqueza que producimos entre todos; para convertir el bienestar cotidiano en un lujo de sultanes; para eliminar derechos y multiplicar privilegios; para castigar a un pueblo que probó por otro camino. Aunque el empresidente Macri reconoció algunos errores de gestión, aprovechó del Día de la Independencia para recitar su hipocresía favorita: “debemos ponernos a trabajar juntos, hombro con hombro, para que el país pueda salir de una vez por todas de esa historia de crisis recurrentes que nos lastimaron durante 70 años”. Esta frase requiere muchas aclaraciones: su ideario clasista interpreta esas crisis como casualidades y no como la resistencia de la oligarquía a los derechos conquistados por la mayoría desde la irrupción del peronismo. La desperonización de la Revolución Libertadora –o Fusiladora- toma la forma de deskirchnerización en la Revolución de la Alegría.
Un shock a la vista
El caso del despido de 357 trabajadores de la agencia Télam resulta ilustrativo. Esta agencia estatal de noticias fue inaugurada el 14 de abril de 1945 por Juan Domingo Perón para enfrentar la hegemonía informativa de las agencias imperiales. Ahora la desmantelan para favorecer la dominación deformativa del Grupo Clarín, acrecentada con la manipulación de la legalidad y los desproporcionados aportes de pauta oficial que ya supera los 1200 millones de pesos. Este personaje siniestro, cuyo apellido se asemeja al del dictador de los 50 –Lombardi, Lonardi- aparece en escena con el verso de la pluralidad de voces para cercenar los medios que se atreven a esquivar el blindaje para contar las atrocidades del Cambio.
Su explicación ante los Diputados es la confesión del crimen: “Télam pasó de ser una usina de periodismo a un espacio de militancia partidaria, cuando no de operaciones políticas o privilegios individuales”. Siempre hay que aclarar: para la oligarquía, todo lo que contradiga su nefasto ideario es denostado por ideológico, partidario, militante, sin reconocer que sus integrantes, acólitos y servidores también recurren a eso. Defender cualquier idea es ideológico, partidario y militante. Lo que pasa es que la clase dominante considera que sus ideas son designios divinos, inmutables, indiscutibles: si el crecimiento patrimonial implica succionar a los demás, es una orden del cosmos, un mandato genético, el equilibrio de las cosas. Por eso la gobernadora Vidal –cada vez más lejos de su imagen angelical- interpreta la pobreza en clave genética, primero para justificarla y segundo para no hacer nada por reducirla. La movilidad social ascendente es una herejía para el establishment, el Círculo Rojo, el Poder Económico.
Si a pesar de la inflación galopante, el desempleo alentado, la pobreza creciente, la producción en declive, la catástrofe cercana, el Ingeniero y sus secuaces insisten con este programa de gobierno es porque quieren zambullirnos en la tormenta. La mejor manera de profundizar esta restauración oligárquica es provocando una colisión histórica, quizá peor que la de 2001. Un shock semejante parece que golpea a todos, pero no: los que producen la tragedia son los únicos que se benefician, porque ya han puesto a resguardo el botín y depositarán sus deudas sobre la espalda del Pueblo. Después de la hecatombe, los damnificados aceptan cualquier cosa que se parezca a una mejora, hasta propinas a cambio de trabajo arduo, hasta las migajas que se caen de la mesa de los empachados.
De una vez por todas, hay que entenderlo: estos modelos están para provocar un salto regresivo en la desigualdad y se aplican para que unos pocos incrementen sus ganancias con facilidad, sin producir nada, con la mera apuesta de unas fichas en el casillero que saben ganador. Y todavía quedan algunos que dicen no estar ni de un lado ni del otro o los místicos que pregonan sobre la ancha avenida del medio. Aún quedan los que esperan que salga algo bueno de todo esto o los que sostienen que todo es culpa de los kirchneristas. Menos mal que crece la multitud convencida de que por este tortuoso laberinto vamos al peor de los mundos, lejos de la soberanía, la independencia y la dignidad. Una mayoría persuadida de que en las calles está el mejor camino para llegar al país con el que todavía soñamos.

lunes, 9 de julio de 2018

El descarrilamiento amarillo


La alianza gobernante está a punto de estallar, casi en sintonía con el país. Esto no es un deseo, sino un desenlace inevitable. Como ya sabemos, la diputada Elisa Carrió, además de un personaje de oscuro pintoresquismo, es el detonante de cada engendro que defeca para mantener su banca. Allí apoya sus glúteos desde tiempos inmemorables para hacer de la política un escándalo perpetuo; allí muta su apariencia cada temporada para seguir conquistando a confundidos votantes; allí sigue simulando preocupación por la República cuando en realidad sirve al Imperio de las corporaciones internacionales. Irreverente de la peor manera, impúdica verbal, incoherente con énfasis, incapaz a destajo, golpista encubierta y con un egocentrismo de trituradora. Impune por su extravagancia, es capaz de ofrecer su living para que un delincuente acuse de asesino a un candidato a gobernador. Cuando su centralidad encandila, hay que buscar la salida de emergencia: si ella es la luz al final del túnel, no es exagerado decir que estaremos más que fritos.
Si Carrió entra en escena, los analistas se deshacen en disculpas por tener que descifrar sus parlamentos. Tanto apologistas como detractores necesitan tantas excusas que al final olvidan el núcleo de su intervención. Algunos minimizan sus conceptos con la etiqueta de la locura; otros toman su palabra como el soplo sagrado de un oráculo; los demás sólo dicen “Carrió es Carrió”, y así cierran toda discusión. Eso sí: resulta difícil explicar el porqué de su transcendencia, si jamás expresa nada sustancial, productivo, auspicioso; sólo expele la bilis de la disolución, la escoria del prejuicio y la sospecha multifocal con el autoritario trueno de una deidad. Carrió está para que nadie la tome en serio ni crea en sus dichos. En una sociedad madura, debería estar condenada al ostracismo. Sin embargo, en una sociedad sometida a las artimañas de los medios hegemónicos, monopoliza el megáfono para enloquecer el ágora.
Como distracción o kamikaze, su destemplada vocinglería genera revuelo, como si pateara un hormiguero para que sus habitantes se reacomoden, con la seguridad de que ninguno intentará picarla. Si no tilda de K a los especuladores de la timba financiera, propone paliar la crisis del Crecimiento Invisible con “propinas y coimas”; si no defenestra a los aliados para terminar con un piquito, confiesa ser una titiritera con los hilos enredados. Que con tamaña obscenidad Carrió se convierta en centro resulta muy preocupante porque con tantas penurias que nos acosan, no estamos para distraernos con alguien tan ponzoñoso.
La oscuridad se amontona
El radicalismo, vapuleado en estéreo, no cesa de cavar su fosa: comenzó al sacrificar su estructura partidaria para facilitar la proyección del PRO a la escena nacional, luego de renunciar a sus históricas banderas; lo hace al consentir el pillaje amarillo; y da unas cuantas paladas más al responder a Carrió. Si la diputada confiesa que los maneja desde afuera”, ellos se definen como "un partido nacional, soberano en sus decisiones y democrático hacia adentro". Nacional, porque son de acá y no porque se alteren demasiado por formar parte de un gobierno apátrida; soberano, pero muchos de sus integrantes hacen lo imposible para ingresar al casting de Clarín y evitan enojar al monopolio con sus empalidecidos conceptos. Democrático hacia adentro, pero cómplices y aplaudidores de las atrocidades institucionales, jurídicas y sociales de la piara gobernante.
¿Qué otra cosa se puede esperar de un partido radical aliado con otro conservador? Más que ‘conservador’ –amable calificativo utilizado por Raúl Alfonsín al referirse a Macri- los amarillos son restauradores del régimen oligárquico del siglo XIX, con una leve tendencia a la esclavitud del XVII, las peores recetas económicas del XX, cultura republicana de Billiken y toda la parafernalia del mundo digital, fotoshop incluido. Por eso, resaltar el “compromiso con la coalición Cambiemos”, aunque estén excluidos de las más cruciales decisiones y hayan aportado impresentables funcionarios, es una muestra de sumisión. Pero afirmar que lo hacen “por el futuro de la Argentina”, ahora que sabemos que La Revolución de la Alegría es champaña para pocos y lágrimas para el resto, denota, al menos, incomprensión. Esto leído con bastante ingenuidad. Si estos dirigentes no advierten el daño que está produciendo el Cambio, han perdido el olfato o son afectos a protagonizar crisis.
El radicalismo se deja fagocitar, mientras este régimen ceocrático nos devora a todos. Cómplices en la destrucción, en el despojo, en el empobrecimiento, en la entrega. Mientras aplauden la prisión de ex funcionarios por delitos no demostrados, avalan el saqueo, justifican las off shore y hacen la vista gorda a los conflictos de intereses que reinan desde La Rosada SA. Mientras dirigen su mirada al futuro, el nefasto presente se ensaña con los que deberían preservar. Los radicales creen que forman parte de una mayoría porque no perciben que la imagen de Macri está en picada: la desaprobación se transforma en bronca, la esperanza, en incertidumbre y el mañana, en miedo. Los radicales no pueden sentirse satisfechos si siete de cada diez argentinos ven deteriorada su vida, la desconfianza supera el 60 por ciento y casi nadie espera que las cosas mejoren.
Si ellos se dejan embaucar por las empalagadas promesas de la Banda de Macri, el anti kirchnerismo patológico ha trastornado su ideario. Fenómeno que no es exclusivo de quienes se consideran herederos de don Hipólito. En las filas del peronismo también hay personajes dispuestos a pisotear banderas y cantar “combatiendo al capital” a la sombra del establishment. Figuras maquilladas para servir a los poderosos y engañar a los más débiles. Los cómplices del oficialismo pululan en todos los rincones: algunos son apologistas y otros sobreactúan una oposición que no ejercen. En conjunto, construyen esta demagogia en estado puro, orquestada desde el peor lado de La Grieta, donde se acurrucan los succionadores de nuestros esfuerzos, sus repulsivos adláteres y los más serviles apologistas.
Todos están a la vista y sus planes son explícitos. El que se deja engañar será adicto a las decepciones o masoquista incurable. El gobierno de las corporaciones –con Clarín a la cabeza- no armoniza con la democracia y por eso es tan perjudicial para el pueblo. Cuando comprendamos esto, será fácil amoldarlas al desarrollo de un país equitativo al servicio de todos. Mientras tanto, hay que seguir poblando las calles para predicar con el ejemplo.

jueves, 5 de julio de 2018

Regurgitaciones para colonizados


Los personajes del Cambio no cesan de vomitar distracciones. La estrella es Elisa Carrió, que a pesar de su título y su cargo, elabora pavadas que sólo los pavos pueden tomar en serio. Y no paga consecuencias: al contrario, los pavos la votan y le siguen creyendo. Sin embargo, rascando un poco sus despropósitos, se puede hallar un trasfondo insospechado. Si es cierto que el empresidente Macri habilitó el debate parlamentario sobre la despenalización del aborto creyendo que iba a ser rechazada en el Congreso, el 51 por ciento del electorado sentó en el Sillón de Rivadavia a un pésimo jugador. Aunque eso ya es evidente desde el Bailecito en el Balcón. En lo de las propinas, hay mucha más tela para cortar. Lo cierto es que el aluvión de sandeces sugiere cierta desesperación en el oficialismo y, perdido por perdido, sus integrantes dejan al descubierto lo peor de su pensar.
Lo desopilante de Carrió refuerza la distracción de los distraídos, mientras el entrevistador brega por sostener su expresión de póker. Detrás de la tontería de las propinas se esconde el reconocimiento de una situación difícil para los que menos tienen; y no dirige su consejo a los principales beneficiados de esta bestial transferencia de recursos, sino a los integrantes de las clases media y media alta, los convidados de piedra de este gobierno de élite. El Plan Propinas de Carrió es un pequeño aporte desde el centro de la pirámide y no desde la punta: ni siquiera se atreve a sugerir el inicio del derrame tan prometido; apenas la humillante limosna para calmar temporalmente la angustia de los que no pueden satisfacer lo más elemental.
Al menos, la histriónica y desconcertante diputada reconoce que hay una crisis y que el gobierno al que defiende –a su alocado modo- no está en condiciones de solucionar. Más por voluntad que por incapacidad, el rumbo tomado por la gestión amarilla no se desviará un milímetro, a pesar de los nefastos resultados. Eso demuestra que admiten la crisis pero no dan con el origen y menos aún asumen la responsabilidad de, por lo menos, buscar una solución. Uno de los casos más emblemáticos es el del Jefe de Gabinete, Marcos Peña Braum –futuro eyectado de la banda- que habla de “un clima tormentoso”, como si la economía doméstica estuviera a merced de factores climáticos. Sin embargo, ya casi todos sabemos que la crisis es el síntoma y el Mejor Equipo de los Últimos 50 años, la enfermedad.
Mientras tanto, Macri –que acusaba de soberbia a CFK por llevar adelante un proyecto con mejores resultados- considera “correcto” este tortuoso camino y tilda de irracionales a quienes lo cuestionan. Si eso no es soberbia, será tozudez, brutalidad, ignorancia o inhumanidad, pero con echar una rápida mirada al panorama sólo se puede concluir que en dos años y medio ha producido un desastre histórico.
A propinar patadas
Por enésima vez, el ministro de Hacienda impuesto por el Grupo Clarín, Nicolás Dujovne anunció estar “seguro de que lo peor ya pasó”. Ante los miembros de la Comisión Bicameral de Seguimiento y Control de la Deuda Exterior no se atrevió a decir “esta vez va en serio”, por las dudas. “Lo peor ya pasó”, afirma el ministro, pero cada día son más los que asisten a comedores comunitarios a suplicar algo con que llenar el estómago. Y el funcionario celebra porque las exportaciones “van viento en popa”, aunque los exportadores no contribuyen en nada a la solución de los problemas alimentarios que su desmedida angurria provoca. Como ya sabemos, el neoliberalismo es una eterna promesa: por eso Dujovne se atreve a auspiciar que “la economía a futuro saldrá fortalecida”, aunque el presente sólo provoque miseria en los que no pueden esperar más.
Las promesas abundan, pero sólo se cumplen las que más perjudican a la mayoría. El ajuste que se propone en el presupuesto será mucho más profundo que lo padecido hasta ahora, pero la reducción de las retenciones a la exportación primaria no se toca. Tampoco piensan aplicar arancelamientos a las importaciones, que no sólo dañan la producción local y la generación de empleo sino también contribuyen a la fuga de dólares. Menos aún frenar la bicicleta financiera, que sólo produce riqueza para algunos y deuda para casi todos. Menos que menos interrumpir el saqueo de los tarifazos, aunque hayan echado a patadas al aumentador serial Aranguren.
Para la mayoría sólo hay retos: que consumimos mucha energía, que hay que abrigarse, que vivimos mejor de lo que merecemos… Hasta Marcos Peña Braum nos acusa al decir que “Argentina es un país acostumbrado a gastar más de lo que tiene”, cuando los que acumulan las riquezas que generamos en paraísos fiscales son Ellos, los funcionarios y sus exclusivos beneficiados. Y, en el colmo de su obsceno cinismo, el funcionario cuestiona "usar el dólar como termómetro de la situación económica", cuando son Ellos los que han dolarizado nuestra vida.
Mientras tanto, la vice Michetti echa a rodar sus barbaridades para espanto más de los propios que de los ajenos, el ministro de Defensa, Oscar Aguad deja indefensos a los familiares del Submarino y la de Desarrollo Social, Carolina Stanley acomoda mejor a su hermana. Mientras tanto, los medios hegemónicos –cómplices y beneficiarios- tratan de ocultar las ya demostradas trapisondas de la gobernadora Vidal y el cercenador de voces disidentes, Hernán Lombardi esquiva rendir cuentas de su perverso accionar ante los Diputados. Mientras tanto, persiguen músicos callejeros, incautan harapos de los sin techo, amenazan a los que manifiestan su enojo y mantienen presos políticos como si fueran trofeos. Mientras tanto, se enorgullecen de habernos insertado a un mundo que nos está succionando, de comprar armamento a los usurpadores de nuestras tierras, de perseguir mapuches para proteger a los estancieros, de regalar bienes públicos a sus amigotes.
Mientras tanto, califican de irracionales a los que se oponen a tantas atrocidades. Por lo que parece, en estos tiempos, lo racional es seguir aguantando y, por supuesto, dejar algo de propina.

lunes, 2 de julio de 2018

Estragos evidentes


La Revolución de la Alegría incrementó la pobreza y volvió a traer hambre. Que los amarillos la expliquen como quieran, que se enreden en sus sandeces argumentativas, que sigan prometiendo lo que jamás pensarán cumplir: en un país que produce alimentos para 400 millones de personas, casi la mitad de los niños son pobres y el 60 por ciento de los asalariados no llega a cubrir la canasta básica. Los datos son de la UCA, una institución que otrora –cuando estos oficialistas eran oposición- vertía números sagrados. Y también del INDEC, que ahora no miente ni lo hacía antes. La desigualdad se profundiza a la vista de todos y no todos quieren verlo. Algunos hablan de errores y otros de la necesidad de correcciones. Pamplinas. El Cambio llegó para poner las cosas en su lugar: la riqueza de todos en manos de unos pocos y un Estado al servicio de los peores especuladores. Así, dicen que algún día llegaremos a un país próspero para que lo disfruten cada vez menos argentinos.
De eso se trata: este modelo funciona si deja ciudadanos afuera. Mientras sigan apostando a la lluvia de inversiones, el endeudamiento y el ajuste perpetuo, peor nos irá a la mayoría. Y de esto hay cada vez menos dudas. A medida que recortan más daño producen y peores resultados consiguen. La seducción al Mercado se agota al ritmo de la fuga de capitales, alimentada a fuerza de deuda que pagaremos entre todos. Los Mercados se escapan porque avizoran una crisis y no quieren ser salpicados. A pesar de los esfuerzos amarillos por contentar al Mundo Financiero, mientras las bolsas internacionales recuperaban la tranquilidad, acá se desplomaban las acciones de las empresas privadas y los títulos de la deuda pública; si en el resto del planeta el dólar se devaluó, en Macrilandia cotizaba poseído por demonios desconocidos. El drenaje sólo se frena haciendo lo que detestan: empezar a regular.
Algo así recomendó el FMI, para que la ayuda no “se vaya por la canaleta” de la timba. Como aconsejar a un escorpión que deje de inocular su veneno para conquistar más amigos. ¿Cómo van a pedir a los especuladores seriales que dejen de especular, a fugadores confesos que dejen de fugar? Justo cuando se estaba firmando el nefasto acuerdo, la revista del Fondo, Finanzas & Desarrollo, informaba que nuestro país figura en el quinto puesto del ranking mundial en la utilización de guaridas fiscales. Ya sabemos que en esas cuevas se oculta el botín producto de la evasión, el lavado y la especulación, por más que los PRO aseguren que son “como cajas de seguridad”. O los directivos del FMI son muy ingenuos o son tan cínicos como los que nos gobiernan.
La salida de emergencia
Que la Selección haya quedado fuera del Mundial disminuye la autoestima, pero nos invita a poner los pies en esta tierra. El sueño de la copa se disipó para dejar paso a esta pesadilla cotidiana. E interminable, porque la luz al final del túnel debe estar apagada para ahorrar energía. Si no ponemos un freno, seguirán ajustando para saciar su angurria, para tributar cada vez menos, para serruchar nuestros derechos en pos de multiplicar privilegios y fortunas. Como ejemplo, la fusión de Telecom con Cablevisión pone al 36 por ciento de la población en manos del Grupo Clarín, que además de recaudar más, tendrá mayor poder para envenenar el pensamiento de su público cautivo. Y captar a muchos más con ofertas iniciales para fundir otras compañías y quedarse con todo. Una historia conocida.
Un peligro para el país, pues gracias a las mentiras difundidas por sus usinas de estiércol allanaron el camino para que Macri desembarque en La Rosada. Un riesgo para el futuro porque cuando el Ingeniero deje de ser funcional lo descartarán como un pañuelo de papel para instalar un nuevo mayordomo que llene su mesa de abundantes manjares. Algo de eso está haciendo el Monopolio al permitir que una de sus estrellas, Marcelo Bonelli revele la intención de desafectar a los trolls de Marcos Peña, que cuestan unos 200 millones de pesos al año. El monto es insignificante, pero deja al descubierto una de las tantas mentiras de estos sátrapas. Los que defenestraban a los choriplaneros tenían un ejército de operadores en las redes con dinero del Estado. De a poco, dejarán que la infausta realidad aparezca en las tapas para instalar una figura de recambio.
Mientras tanto, el presidente off shore pide a los opo oficialistas que garanticen la gobernabilidad, que sean cómplices del saqueo a cambio de unas dádivas que sofoquen el incendio que se insinúa en las provincias. Los amarillos convocan al diálogo para aceitar una reforma laboral que debilite aún más las desiguales relaciones de fuerza entre los trabajadores y los patrones. La idea es precarizar al asalariado con la zanahoria de crear nuevos puestos. La repetición de una fórmula que siempre ha fracasado. La avaricia de los que más tienen sólo permite que se derrame podredumbre. Más aún cuando el Estado está comandado por empresarios y gerentes que piensan el país en clave de ganancias. ¿Por qué en lugar de una reforma laboral no impulsamos una reforma empresarial? Una ley que limite sus ganancias, que los obligue a tributar y compartir lo que producimos entre todos. El único camino para construir un país desarrollado y próspero con equidad es la redistribución del ingreso. El crecimiento virtuoso debe producirse desde la base de la pirámide porque eso fortalece el mercado interno y no desde la punta, donde se atrincheran los que sólo acumulan.
Quien no comprenda aún que este camino nos lleva a una catástrofe es porque forma parte de esa élite sanguinaria o los prejuicios enredan su entendimiento y desecan su corazón. El que todavía cree que la Revolución de la Alegría nos conducirá a la Pobreza Cero está más desorientado que un carnívoro en un comedor vegano. El que todavía espera ver la luz al final del túnel quedará empantanado en un infierno de oscuridad. El que aún se abraza a las promesas, excusas y patrañas de los funcionarios acabará estrangulado por la incomprensión.
Si considera coherentes las denostaciones al paro general del pasado lunes –que no cambia nada, que costó 30000 mil millones, que son intentos golpistas de los malos perdedores- es porque fantasea con formar parte de la oligarquía gobernante. La sentencia de Patricia Bullrich en el ominoso programa de Joaquín Morales Solá –que no se hacen más paros generales desde los ’70 en los países lógicos- debería avergonzar a quien la escucha. Patraña semejante se desmorona con sólo echar una ojeada a lo que ocurre en Europa. Si la funcionaria mintió de manera descarada ante la aceptación cómplice del entrevistador es porque la medida de fuerza molestó más de lo que reconocen.
Así debe sonar nuestra voz, si queremos tener un futuro más amigable. Así debemos reclamar para que tuerzan el rumbo y deshagan lo que hicieron; que sean Ellos los encargados de reclamar la devolución de todo lo que han repartido. Y si no son capaces de hacerlo, que abandonen el cargo que nunca deberían haber ocupado y que se sometan al castigo que merecen por habernos estafado. Esta es la única manera de abandonar el tortuoso sendero en el que una minoría siniestra nos ha embutido.

jueves, 28 de junio de 2018

Recetas poderosas para frenar la guadaña

“Acá se trabaja”, sentencia Macri, con facha de recién levantado al mediodía, en el video que difundió el lunes del paro general. Por la entonación confusa que ya conocemos, no se sabe si es una simple descripción o una orden. El uso del impersonal genera la duda de por qué no incluyó a nadie: es una acción sin sujetos ni objetivos. Quizá por su conocida pulsión vacacional, vio la necesidad de destacar el cumplimiento de su función como un logro, pero de una manera absurda, porque nadie espera que un mandatario se adhiera a un paro en su contra. El breve video está destinado a sus fans, los caceroleros de la primera hora que aplauden el deterioro ajeno sin advertir que el propio está a la vuelta de la esquina. Una provocación para expandir la Grieta y alimentar los prejuicios de los odiadores. Una provocación a la espera de una respuesta: la repulsa o la sumisión.
Como ya se suponía, los amarillos salieron en coro a denostar y minimizar la medida de fuerza con pamplinas de catálogo. El más audaz fue el ministro Dujovne –que mantiene su fortuna en el extranjero y tributa su mansión como baldío- que fantaseó con que el paro costó unos 30 mil millones de pesos, sin evaluar que la fuga de divisas de mayo es seis veces más que eso. Al menos reconoce que los trabajadores generan riqueza y no son sólo un costo más. Los demás no se esforzaron tanto y sus dichos recayeron en que “un paro no cambia nada” y que “hay que dialogar”. El empresidente Macri, como siempre, tuvo que mentir para articular su argumentación. Desde Tandil, su ciudad natal y Capital Nacional del Salame, el Ingeniero declaró, sin pudor: “yo no creo que haya habido un Gobierno en décadas con tanta preocupación por el empleo, por el trabajador, por generar nuevas oportunidades, por fortalecer los empleos que tenemos y crear nuevos”.
Al menos, confesó que es lo que cree y no lo que es. Mientras la Selección perdía ante Croacia, el INDEC dio a conocer que la cifra de desempleo en el primer trimestre del año supera el nueve por ciento. Y debe ser más, porque la industria perdió más de 2200 puestos por mes desde el inicio de este engendro. Y el Estado agrega lo suyo con el desmantelamiento de áreas de investigación y control o las feroces guadañas que sacude en los medios públicos. En medio de las expectativas por el partido entre Argentina y Nigeria, 354 profesionales de Télam fueron despedidos porque “no respondían al perfil”, de acuerdo al comunicado de la agencia estatal de noticias. Muchos de ellos, trabajan allí desde hace décadas. Sin embargo, el plan “Télam tiene futuro” no se fija en nimiedades. Ni en incongruencias, pues el titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos festejó con una frase que suena a burla: hoy ganó el periodismo y ganaron los ciudadanos. Hoy ganó el futuro de la Agencia Télam”. Sin dudas, los PRO, además de cínicos, son perversos: destruyen y dicen que construyen, despiden y dicen que cuidan el empleo, aumentan y dicen que velan por nuestros ingresos, devalúan y dicen que valoran nuestra moneda, nos endeudan y dicen que hay que vivir con lo nuestro. O no entienden el idioma o nos están tomando el pelo.
La banda gobernante
También durante el partido, el INDEC decidió difundir datos que indican el inicio de la caída en la actividad: abril mostró un retroceso de 0,9 por ciento interanual y del 2,7 respecto al mes anterior; el déficit alcanzó 9623 millones de dólares, el 34,4 por ciento más que el año pasado; la deuda se incrementó el 27,7 por ciento desde 2017 y el 57,5 desde diciembre de 2015: unos 213 millones de dólares por día; y los capitales de argentinos fuera del país superan los 280 mil millones de dólares. Por eso sorprende que Macri asegure que “estamos en una argentina que viene creciendo”.
El país emergente que aplaudieron la semana pasada se está convirtiendo en un país en emergencia. Ni el endiosado Mercado –que siempre gana cifras siderales- confía en el inescrupuloso plan gubernamental. Mimados con casi todas las medidas del Gran Equipo, sus sanguinarios integrantes siguen vaciando el país y exigiendo cada vez más. Los especuladores no son ajenos a la hecatombe a la que nos encaminamos; al contrario, muchos son sus gestores y ocupan sillones en el gabinete. Las celadas financieras no apuntan a alterar la gobernabilidad, sino a atentar contra la dignidad de casi todos.
Mientras el Mercado amenaza con el Riesgo País, la vida de muchos argentinos corre riesgo de vida. Si no es por la depreciación de sus ingresos es por la pérdida del empleo; si no es porque los hospitales públicos no dan abasto con los pacientes que caen de las pre pagas es por el presupuesto hogareño que no alcanza a llenar la mesa en un país que produce alimentos para 400 millones de personas; si no es por la delincuencia creciente -silenciada por los medios cómplices- es por la feroz represión oficial desatada contra los que se resisten al despojo. Al principio de la Revolución de la Alegría, Gerardo Morales hizo de la provincia de Jujuy la capital de la persecución a militantes sociales y de la feudalización de la democracia. Un poco después, la Patagonia empezó a remasterizar la Conquista del Desierto en beneficio de estancieros foráneos, demonizando, reprimiendo y asesinando mapuches. Ahora, el gobernador Mariano Arcioni convirtió a la provincia de Chubut en un ensayo de lo que será el país cuando empiece el ajuste en serio.
Todo lo que hemos padecido desde que el perro Balcarce se sentó en el Sillón de Rivadavia ha sido apenas un tanteo. El Mejor Equipo de los Últimos 50 Años nos está haciendo revivir los peores momentos de nuestra historia. Hasta ellos lo están anunciando: el Cambio recién empieza y no lo disfrutaremos nunca. Esto no es exagerado: La Rosada está invadida por especuladores y avarientos despiadados que nos han endeudado por cien años para su exclusivo beneficio; salvajes y crueles, dispuestos a matar por unas cuantas monedas; hipócritas que prometen mieles pero sólo reparten palos.
Y después vienen a decir que las medidas de fuerza no solucionan nada, cuando ellos apoyaban todos los paros que algunos sindicalistas hacían contra Cristina por motivos más insignificantes que los actuales. Ellos son los que no pueden solucionar nada porque han asumido para generar problemas; para bajar nuestra autoestima con el verso del país pobre. Los Amarillos no están para cumplir con las enternecedoras promesas que a diario realizan, sino para repartir el país entre los miembros de una oligarquía parasitaria que pretende seguir engrosando sus arcas con el trabajo y las penurias del resto. La salida de este túnel no debe tener semejantes acompañantes: salimos solos o nos quedaremos para siempre en este tortuoso laberinto.

lunes, 25 de junio de 2018

Manotazos de ahogadores


La pluma más obsecuente del oficialismo, Joaquín Morales Solá, en su columna del último domingo, destacó que, de acuerdo a una reciente medición de Poliarquía, la imagen positiva del empresidente Macri subió seis puntos en lo que va del mes. Algo funciona mal en esto: el número desentona no sólo con el ánimo que se palpa a diario sino también con los resultados de este desquicio del Cambio. Si la desocupación supera los nueve puntos, la inflación traspasa el dos por ciento y afecta más a los que menos tienen, negocios y PYMES acusan una abrupta caída de la actividad y las tarifas de los servicios públicos atentan contra el confort de los usuarios, ¿qué motivos hay para que la imagen presidencial ascienda de manera favorable? O estamos ante una estafa informativa monstruosa o han duplicado la dosis de alucinógenos que ponen en el agua. Si hasta los funcionarios aseguran que se vienen meses duros, ¿qué motivos puede haber para que la imagen de Macri mejore?
Los resultados de un sondeo de opinión no pueden considerarse en términos de verdad o mentira: los números no tienen validez por sí mismos sino por el método de elaboración. Por eso, para encontrar optimismo habría que indagar sólo entre los beneficiados con el Cambio. ¿Qué parte de La Revolución de la Alegría puede enamorar a un ciudadano de a pie? ¿Acaso puede seducir un mandatario que felicita a su saliente ministro de Energía por haber materializado un tarifazo histórico, y que después, en una entrevista amigable, confiesa que no había considerado su impacto en la inflación? ¿Cómo puede encantar el Ingeniero que afirma que el gradualismo beneficia a los más vulnerables y que después promete el abandono del gradualismo? Al que se entusiasme con la idea de empobrecer a los más pobres habría que inyectarle unas cuantas dosis de sentimientos.
Esa encuesta que cita Joaquín Morales Solá debería ser sometida a un riguroso control de calidad. O habría que sentar en un diván a una parte importante de nuestros conciudadanos, como esa panadera que atiende a sus clientes muy abrigada porque cree que consumiendo menos energía contribuye al futuro del país o ese trabajador dispuesto a renunciar a su aguinaldo para que la economía mejore. ¿Cómo han permitido estos individuos que el discurso hegemónico deteriore tanto su entender? ¿Por qué han dejado que el pensar de la clase dominante haya invadido su espíritu de dominado? ¿Acaso no perciben que mientras el ajuste afecta su dignidad, las fortunas de los privilegiados se multiplican? ¿Qué parte de esta película de desigualación social tan didáctica no quieren comprender? ¿Qué hizo Macri en estos dos años y medio para que las picadas zanahorias que sacude se conviertan en un delicioso plato de optimismo para las narices que las huelen?
La maldad al desnudo
Nada. Al contrario, gobernó para castigar a gran parte de los que votaron por él. Y si, a pesar de eso, los afectados siguen confiando estamos ante una distorsión perceptiva muy seria. Pero antes de considerar los problemas psicológicos de los encuestados, habría que pensar en una operación de prensa para debilitar el paro; que sea un nuevo titular plagado de falacias para desalentar la adhesión a la huelga que se convirtió en contundente o al menos, para profundizar los prejuicios que algunos tienen hacia los huelguistas. Ya salieron los PRO a recitar las tonterías de siempre: “que una protesta no resuelve nada”, “que nuestro país necesita que todos pongamos el hombro”, “que el dinero que se pierde”… Y hasta llegan a decir –con desbordante cinismo- que hay que apostar al diálogo, cuando imponen sus nefastas medidas con el monólogo de los poderosos.
¿Con quién dialogaron antes de decidir la quita de retenciones, la eliminación de subsidios o los recortes en salud y educación? ¿Acaso consultaron con alguien la liquidación de terrenos públicos a sus amigotes o la entrega sin costo de la base aérea de Moreno –de tres millones de metros cuadrados- a la empresa Vía Bariloche? Si hay tanto déficit, ¿por qué regalan tanto lo que es de todos? ¿Alguien puede creer que esto contribuye al ascenso de la imagen positiva de un presidente, por más Macri que sea?
¿Cómo puede subir la imagen positiva de un gobernante que firma un perjudicial acuerdo con el FMI justo el día de la Bandera? Si unas semanas atrás casi todos los sondeos revelaban que más del 70 por ciento de los argentinos rechazaba la vuelta al fondo, ¿por qué afirman que se recuperó la imagen del entregador? Si la fuga de divisas superó en mayo los 6000 millones de dólares, ¿qué de bueno puede aportar este plan? Y menos cuando una investigación publicada por los diarios norteamericanos The Washington Post y The New York Times revela que el ministro de Modernización Andrés Ibarra estuvo mal sobreseído por la compra de maquinaria para el voto electrónico antes del rechazo legislativo a la reforma electoral. Según estos medios, “las máquinas que se utilizarán para votar en los próximos comicios nacionales del Congo fueron creadas para las elecciones argentinas de 2017”. Además, estas “máquinas de votación generan desconfianza pues expertos en sistemas emitieron alertas sobre la transparencia y credibilidad”. Sin dudas, los amarillos querían adulterar las elecciones y sin embargo, nos dicen que subió la imagen positiva.
Y si estas cosas no alteran la mirada positiva hacia esta banda de saqueadores, debería hacerlo la andanada de promesas incumplidas, no sólo las de campaña sino también las que formularon después del bailecito en el Balcón: el shock de confianza, la lluvia de inversiones, el segundo semestre, la luz al final del túnel, lo peor ya pasó. ¿O esperan que Macri diga “qué lindo es dar buenas noticias” para saltar a los botes? ¿Cómo puede mejorar la imagen positiva del empresidente si su flamante ministro de la Producción, Dante Sica advirtió que este segundo semestre va a ser mucho más difícil, como si estuviéramos en una sala de guardia”?
Si la valoración positiva del presidente asciende a pesar de sus propios esfuerzos por boicotearla, estamos frente a encuestados crueles o masoquistas. O, lo que es más seguro, ante una torpe artimaña para seguir engañando a los engañados y recuperar a los que se están desengañando. Por estos manotazos de ahogado, no hay dudas de que están en retirada. Lástima el lamentable estado de vulnerabilidad en que dejan a nuestra economía, dependiente de la ayuda externa para subsidiar las fortunas fugadas que pagaremos entre todos. Un país como el nuestro se levanta en poco tiempo cuando la convicción, el compromiso y la solidaridad vuelvan a iluminar el sentir de gran parte de los argentinos.

Los peores del podio

Algo es algo: ante la catástrofe que ya estamos avizorando , algunos farfullan un estereotipado “al final son todos iguales”, una de las ...