viernes, 10 de junio de 2022

Obscenidad de los angurrientos

 


La incontinencia verbal de los miembros del establishment y sus apologistas inspira declaraciones insostenibles y hasta groseras. Algunos pensaron que el egoísmo había llegado a su climax con la confesión de Carlos Rosenkrantz en Chile, pero no. Los representantes de la minoría privilegiada no temen al ridículo. Como el Supremo que entró por decreto negó la transformación de las necesidades en derechos, los exponentes de la derecha más dura se sienten habilitados para ir por mucho más, lo que significa mucho menos para la mayoría.

Mentira que no hay recursos para cubrir todas las necesidades de los argentinos. La avaricia de un puñado hace injusta la distribución. En la fiestita por los 20 años de AEA –que nuclea a los empresarios más importantes- se materializó esa pulsión angurrienta de sus participantes. El gerente de la entidad, Jaime Campos pidió que “las cuentas públicas estén medianamente ordenadas”, pero nada dijo de las privadas, que nunca se exhiben en público. Para congraciarse con el auditorio, se sumó al coro de los que responsabilizan al déficit como “causa central de la inflación”. Pero no mucho tiempo después, Federico Braum, titular de los supermercados La Anónima, se encargó de la desmentida de ese lugar común al reconocer, entre risas contagiosas, que ante la inflación “remarca precios todos los días”. Los balances de la compañía muestran el resultado de tan malsana treta: una ganancia superior al 140 por ciento de un año a otro.

Y no es el único, por supuesto. Arcor, Clarín, Techint y unas cuantas más acumulan cifras semejantes mientras hablan de la inflación como si fuera un fenómeno meteorológico que los afecta tanto como a los cada vez más empobrecidos consumidores. Y encima lloran como heroínas de culebrón cuando recuerdan los inexistentes “160 impuestos” que deben pagar. Hasta justifican la evasión ante tanto despojo de sus incontables riquezas. Como si fueran víctimas, se oponen con vehemencia a cualquier incremento a los tributos y suplican por una reducción de los costos laborales. Impunes en su angurria, apelan al lugar común de que las cosas aumentan porque “le dan a la maquinita” –con un movimiento circular de una mano- como si tuvieran contabilizada la cantidad de billetes que circulan por todo el país.

Si están envalentonados es porque sus representantes políticos convierten en propuestas sus apetencias. La impresentable Patricia Bullrich difundió sus amenazas si llega a ser electa como presidenta, porque “no le va a temblar la mano” para precarizar el empleo, disminuir jubilaciones, reprimir las protestas y, por supuesto, bajar los impuestos a los más ricos. Como siempre, valiente con los débiles y sumisa ante los poderosos.

Sin embargo, a pesar de tanta pavada convertida en Sentido Común gracias a la colonización discursiva, en los últimos cinco años los trabajadores aportaron 7,6 billones de pesos a las arcas de los empresarios. Más de un 20 por ciento del poder adquisitivo engrosa las ganancias de los que no tienen necesidades. No faltan los recursos, sobra la avaricia. El Estado en manos de un gobierno que se dice nacional y popular es el que debe forzar una distribución más justa del ingreso y domesticar a las fieras insaciables que siempre pugnan por engullir cada vez más.

lunes, 30 de mayo de 2022

La violencia de los precios

 

La discontinuidad de estos apuntes se ha acrecentado tanto que ya parece agónica. Una crisis de ansiedad del Autor se suma a la inacción del Gobierno Nacional al abuso de los precios. Aunque muchas veces el Presidente enuncie frases enérgicas con buenas intenciones, los saqueadores no cesan de hostigarnos en su afán de ganar cada vez más. Muchos explican la inflación por el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, pero los productos que consumimos a diario no comenzaron a inflarse en febrero. Además, Argentina no debería tener problemas para abastecerse de lo que está faltando en el mundo porque produce todo lo necesario. La hambruna global que se avecina –y que ya se nota en algunos países europeos- no debería afectarnos. Si nos afecta es por la angurria depredadora del uno por ciento que no cesa en su afán de acumular y un Ejecutivo que evita tomar medidas que enojen a esa minoría avarienta.

Unos días atrás, Alberto Fernández reconoció en una entrevista radial que "el instrumento por el cual se desacopla más fácilmente los precios internos de los internacionales son las retenciones". El recuerdo de la Rebelión de los Estancieros desalienta emprender ese camino. Además, el acoso permanente de los precios no afecta sólo a los alimentos. La agresión numérica abarca cualquier cosa que queremos adquirir. En este tema no hay discriminación. Sin devaluación de la moneda ni escasez; sin aumento de la demanda ni incremento salarial significativo. Sin motivos todo sube su precio. Y ante tanto desenfreno, el Presidente le pide a Luis Pagani, el CEO de ARCOR que le ayude a bajar la inflación, mientras los productos de esa empresa se remarcaban a casi un 10 por ciento. ¿Cómo se le ocurre pedir ayuda al empresario que logró una ganancia del 142 por ciento el año pasado sin que ningún número justifique semejante incremento? En lugar de dialogar, debería exigir que explique a la sociedad por qué se apropió de semejante tajada.

Y no sólo a ARCOR, sino a todas –que son un puñado- las empresas que timbean con la mesa de los argentinos. Y no sólo con los alimentos. Por no enojar a los empresarios, consiente el sufrimiento de millones de compatriotas que ven pisoteados sus derechos elementales. A pesar de que el Gobierno toma algunas medidas redistributivas, el despojo es constante. Desde que se hace el anuncio hasta que el dinero llega a los beneficiarios, los precios devoran mucho más que el incremento. No basta con paritarias o bonos cuando la inflación es desaforada y sin motivos. Y el Estado tiene las herramientas necesarias para frenar esta situación agobiante y desestabilizadora. Violenta, además.

Si el aumento de las mal llamadas retenciones –derechos de exportación- o establecer cupos exportables son medidas desechadas por el equipo económico, si los Precios Cuidados no sirven como referencia ni como alivio de los bolsillos, si las palabras de conciliación del presidente no frenan la avaricia de los especuladores, se puede hacer otra cosa: aplicar la Ley de Abastecimiento sin demora. Esta norma vigente desde 1974 regula todo tipo de transacción económica, como la salud, la alimentación, el transporte, la vestimenta, la vivienda y todo bien inmueble o servicio. Autoriza al Ejecutivo a fijar precios máximos, márgenes de utilidad o congelar los precios. También lo faculta a obligar la continuación de producción de bienes y servicios, a prohibir o restringir la exportación y a exigir la documentación de las empresas. Y las empresas pueden ser sancionadas por elevar artificialmente o sin motivos los precios de los productos. Esta ley da herramientas al gobierno para frenar esta disparada intolerable, esta desenfrenada expropiación de la dignidad de los argentinos.

Nadie se puede enojar por la aplicación de una ley. El juez que intervenga deberá ser eyectado de su función al instante. Los defensores de la seguridad jurídica no podrán oponerse con ningún verso. Hacer cumplir la ley es obligación del Estado. Y el conflicto lo iniciaron Ellos, los que no se conforman con los millones que ganan. Para frenarlos hay que exponerlos con nombre y cifras para que la aplicación de la ley y el consecuente castigo sean comprendidos por casi todos. El conflicto es claro: la pobreza no afecta sólo a los desempleados, sino a gran parte de los trabajadores formales. Si eso no es violencia, si eso no es una provocación a la luz del día, si el Ejecutivo no entiende esto como un desafío al que debe responder con firmeza, estamos fritos, porque los que están del otro lado nos odian. Con reformas laborales y previsionales, quita de impuestos a los más ricos, destrucción de la producción y todo lo que harían si fueran gobierno la desigualdad se incrementará. Ya no hacen promesas, sino amenazas. No hay que perder las esperanzas, pero en algo deben basarse. Ese algo está en manos del Presidente y sus ministros. Acabar con la angustia de millones de argentinos no debe postergarse más y eso requiere disputar la riqueza de los poderosos.

jueves, 5 de mayo de 2022

Que no se rompa ni se doble

 

Además de la confusa dinámica de la actualidad informativa, algunos problemas personales me impidieron continuar con la publicación en este querido blog. Si bien esto no preocupó demasiado a los menguantes lectores -salvo algunos que manifestaron su inquietud- la escritura de un apunte ordena no sólo mi pensamiento sino también el de los que lo lean.

 Lo que antes era apenas un intercambio de visiones en el FDT ahora parece un cruce de potrero. Las declaraciones de Andrés Larroque pueden ser vistas casi como un crujido. Afirmar que Alberto Fernández “rompió el contrato electoral” es un poco exagerado. Que la coalición se haya armado por iniciativa de CFK con su mayor caudal de votos no justifica una deslegitimación de la figura presidencial. Pero tampoco es saludable tanta desatención por parte de Alberto a las sugerencias de Cristina. El que “tiene la lapicera” es él, pero no es el dueño absoluto del Gobierno. Tampoco Cristina es la dueña, aunque muchos lo sueñan. Por eso no es momento de imitar a Pimpinela, más aún cuando hay cosas que se están yendo de las manos. Algunos aclararán que nuestro régimen es presidencialista, pero nadie gobierna solo, ni siquiera un rey.

La experiencia de este gobierno es insólita: después del saqueo macrista, dos años de pandemia y una guerra en Europa. A pesar de todo, Argentina mostró el año pasado un crecimiento de más del 10 por ciento del PBI, entre los más altos del mundo. El de este año no será tan alto pero hay augurios de casi un cuatro por ciento. El uso de la capacidad instalada de la industria se ubica en 64,3 por ciento, cuando el año pasado estaba en el 58,3 por ciento. Las exportaciones del agro se incrementaron un 4,6 por ciento respecto al año pasado, con un total de 3.171.793.606 dólares. La inversión productiva se incrementó en un 15,7 por ciento y el desempleo descendió hasta el 6. Buenos números, por supuesto.

Lo que embarra el panorama y siembra confusión es el descontrol de los precios y la consecuente pérdida del poder adquisitivo de los salarios. No bastan las paritarias para contrarrestar tanto acoso de los angurrientos. La peor foto es la de los trabajadores pobres, que son muchos. Y eso no puede expresarse con un número, porque es una herida que un gobierno como éste debe saldar cuanto antes y no sólo por su continuidad electoral, sino también por la supervivencia de las víctimas de este saqueo

Y los que provocan la tragedia de sueldos que no duran ni dos semanas, los formadores de precio, se burlan de todos acusando a la inflación o al “por las dudas”. Los márgenes de ganancia de los grandes empresarios son una blasfemia, como el de ARCOR, que se ubica en 142 por ciento, inadmisible en cualquier latitud. Y lo que ganan de más los grandotes lo gana de menos el resto

Lo que está exigiendo el ala kirchnerista del FDT es una distribución más equitativa del ingreso cercana al 50-50 y no dentro de cinco años, sino casi ya. Y un poco de enojo por parte del Presidente hacia estos empresarios inescrupulosos. Mostrar sus ganancias en una Cadena Nacional alcanzaría para avergonzarlos ante una sociedad que cada vez accede a menos. Y si no, en lugar de tanto diálogo y acuerdo, habría que aplicar las leyes que castigan semejante “alteración del orden público”. Porque es eso lo que están haciendo con sus remarcaciones destituyentes para apropiarse cada vez más de lo que nos corresponde a todos.

lunes, 18 de abril de 2022

La golpiza de las corporaciones

 

Los conspiradores no cesan de provocar al Gobierno. El control de la inflación no da resultado y los bolsillos son saqueados todos los días por los (de) formadores de precio. Los que lograron incrementar sus ganancias en la pandemia y ahora con la guerra a costa de empobrecer al resto no están dispuestos a ceder un céntimo. Cualquier medida que tome el Ejecutivo o el Legislativo será, seguramente, frenada por algún juez amigo. Y si no lo hay, el Consejo de la Magistratura -ahora presidido por el presidente de la Corte Suprema de Justicia- podrá inducir a los que no lo son a proteger los intereses de una minoría cada vez más enriquecida.

El Poder Económico -aunque no está definido así en la Constitución- es el que realmente gobierna porque nunca se han aplicado los frenos que la propia Constitución establece para que no sean un poder. Malinterpretadas por propios y ajenos, la Vice Cristina manifestó una vez más que ocupar la presidencia no es tener todo el poder. Constitucionalmente, es un tercio; el segundo tercio es el Legislativo y el resto, el Judicial. Pero hoy el Económico –inconstitucional- es el que condiciona a los otros tres. El desembarco de Horacio Rosatti –juez de la Corte nombrado por decreto y autovotado como Presidente- al Consejo de la Magistratura significa el alineamiento de sistema de (in)justicia a las avaricias del Poder Real. No sólo por poner el sistema de Justicia al servicio de una minoría es una aberración, sino porque literalmente es anticonstitucional. El artículo 114 establece:

El Consejo será integrado periódicamente de modo que se procure el equilibrio entre la representación de los órganos políticos resultante de la elección popular, de los jueces de todas las instancias y de los abogados de la matrícula federal. Será integrado, asimismo, por otras personas del ámbito académico y científico, en el número y la forma que indique la ley.

Como puede apreciarse, no establece que sea el Presidente de la CSJN quien lo integra sino lo que indique la ley. Pero los Supremos derogaron una ley después de 16 años de funcionamiento y restauraron una que había sido derogada por el Congreso, algo que de ninguna manera pueden hacer. La aproximación al Poder Real contagia bastante esa impunidad de la que gozan los privilegiados, que ya no son más los niños.

Los que se llenan la boca de República, Democracia y coso no paran de pisotear la institucionalidad. Si nos pusiéramos estrictamente constitucionalistas, otro sería nuestro país. Unos años atrás, cuando era presidenta, CFK fijó como meta “la igualdad de oportunidades para todos y todas”. Un imposible porque la igualdad significa la eliminación de todo lo que nos diferencia, incluidos apellido, herencia, educación privada. Pero no es una aspiración ideológica de la Vicepresidenta sino un mandato constitucional del artículo 75 inc 19, que establece que el Congreso debe sancionar leyes que “aseguren la responsabilidad indelegable del estado de garantizar la igualdad de oportunidades y posibilidades sin discriminación alguna”.

Ahora es el momento de recuperar el poder que se ha perdido: el popular, que debería ser el primero, el principal. Para ello se requiere mucha audacia de los poderes políticos -del Ejecutivo y el Legislativo- que deben tensar la relación con los avarientos poderes concentrados. Y no sólo con sus decisiones sino también con La Palabra. Hay que explicar los que pasa y exponer con nombre y apellido quienes dificultan la distribución igualitaria de la renta. Recuperar el salario perdido desde 2015 debe ser el principal objetivo de esta puja. Los que se opongan quedarán en evidencia al demostrar que son anticonstitucionales y les importa un pepino el padecimiento de gran parte de los argentinos.

miércoles, 6 de abril de 2022

La impotencia nos acosa

 

No es así, pero parece que el presidente diseña su propia derrota, que será la de la mayoría. Las medidas parecen una versión microscópica de sus anuncios. Sus decisiones buscan más la conciliación que las soluciones. Ya se muestra vencido ante un establishment que no se atreve a enfrentar. El que en campaña anunciaba que no iba a “pagar la deuda con la mesa de los argentinos” permite que los alimentos estén por las nubes. El Poder Real lo tiene acobardado, maniatado, tan enmudecido que ni siquiera se anima a explicar a la ciudadanía qué es lo que está pasando. Las filminas quedaron en el olvido. La debilidad o la flojera que demuestra produce un efecto derrame hacia todos sus funcionarios que se sienten incapaces de enfrentar la crisis con el coraje necesario. Mientras tanto, el PRO y sus secuaces explotan la inacción oficial para desembarcar con el modelo destructivo que ya hemos conocido.

La Guerra contra la Inflación terminó como una aceptación de las reglas de los especuladores. Ni se le ocurre denunciar cuánto están ganando los que condenan al hambre a gran parte de los argentinos. Los grandes empresarios destinan al salario la mitad que siete años atrás y eso se nota. “¿Quién se está quedando con lo que cobraba un trabajador en 2015?” preguntó Máximo Kirchner en un acto en Merlo. No hay que indagar mucho para responder: con sólo echar una mirada a las ganancias empresariales en 2020 y 2021 basta para descubrir a los que se apropiaron del poder adquisitivo de la mayoría. Y los productores agropecuarios que inundan las rutas con sus lágrimas de avaricia también contribuyen al descalabro de los precios: en los tres primeros meses del año más que duplicaron sus ganancias con la venta de granos. Encima, invocan rayos y centellas si el Gobierno intenta subir unos puntos las retenciones o reducir cupos de exportación en beneficio del mercado interno, pero protestan a los cuatro vientos –o a quichicientos micrófonos- porque no consiguen el gasoil al precio subsidiado por el Estado que tanto desprecian.

El secretario de Comercio, Roberto Feletti confesó su impotencia: “milagros uno no hace”, como una forma de reclamar medidas macroeconómicas en la lucha contra los aumentos desproporcionados de precios. Como decisión ejemplar, multó a Molino Cañuelas, a la Federación Argentina de la Industria Molinera y a la Cámara de Industriales Molineros y a la Asociación de Pequeñas y Medianas Industrias Molineras de la República Argentina “por ejecutar una práctica horizontal concertada de fijación de precios mínimos e intercambio de información sensible en el mercado de la molienda de trigo y la comercialización de harina de trigo en todo el territorio nacional, afectando el interés económico general del mercado”. Como no podía ser de otra manera, la Federación Argentina de la Industria Molinera rechazó con argumentos falaces la millonaria sanción y amenazó con recurrir a algún juez amigo que patee a veinte años la resolución.

Así, el oficialismo se deja pisotear. Y no sólo el Ejecutivo, sino también el Legislativo que, casi sin chistar, empieza a tratar una nueva ley del Consejo de la Magistratura después de que la Corte Suprema de Justicia declarara inconstitucional la norma vigente durante 16 años. Un atropello, una intromisión de poderes, una malversación constitucional. El Círculo Rojo tiene su poder intacto y sigue condicionando a los proyectos que pretenden limar sus privilegios, aunque el gobierno del FDT –por ser cada vez menos de Todos- ni siquiera lo intenta. Abandonar de una vez el dialoguismo ante tanta prepotencia ayudaría a superar el complejo de inferioridad que el oficialismo ostenta y así recuperar poder para que no nos sigan pasando por encima.

jueves, 31 de marzo de 2022

Los ricos no piden permiso

 

La oposición está desencajada y el oficialismo busca su rumbo, mientras gran parte de los argentinos padece la irracionalidad de los precios. Los primeros disputan ante las cámaras la candidatura a la presidencia, aunque falta más de un año para las elecciones. Macri no sólo piensa en el bridge, sino también en el tan temido Segundo Tiempo. Él afirma que quiere volver al Poder, como si alguna vez lo hubiera perdido: gran parte de las gravísimas causas que lo tienen como protagonista descansan en cajones que sus jueces amigos ni se animan a abrir; los periodistas de los medios cómplices y los propios practican las volteretas más sorprendentes para blanquear su imagen y la de todos los cambiemitas; todos gozan de una impunidad verbal que debería avergonzar a los que escuchan. El FDT, en tanto, trata de sanar las heridas internas provocadas por el acuerdo con el Fondo a la vez que el presidente busca atenuar los daños de la escalada de los precios.

En verdad, Alberto se muestra demasiado calmo ante tanto abuso. Que un trabajador registrado con un salario cercano a los 100 mil pesos apenas llegue a cubrir las necesidades básicas de su familia debería enojar a cualquier representante de la mayoría. Por eso, el problema no es la inflación sino las cifras con que adornan todos los productos. La Guerra contra la Inflación no puede encararse si no se hace un estudio profundo de cómo se forman los precios y cuál es la ganancia de cada uno de los actores. En todo caso, deberían establecer por ley, como en muchos países, la tasa de rentabilidad máxima para que nadie se apropie de renta ajena. Que aumenten los salarios puede atenuar la emergencia alimenticia pero no soluciona el problema de fondo: no puede haber trabajadores pobres. Y éste es el punto de partida: un sueldo no debe alcanzar sólo para comer, sino también para la vivienda, los servicios, la indumentaria, la recreación y el ahorro. La comida no debe exigir más que un 20 por ciento de la remuneración mensual. Por supuesto, estamos muy lejos de esa meta y también de la discusión.

Que el presidente proponga “una suerte de terapia de grupo y para encontrar una solución en conjunto, dialogada" parece un chiste en un velorio. O que pida que “reflexionen” a los que considera “diablos”. Los formadores de precios ya reflexionaron y por eso se la llevan toda. El Primer Mandatario tiene el hábito de eludir las definiciones para que no se alteren los destinatarios, pero no hay que tratar con algodones a los abusadores económicos, evasores y especuladores. Que exprese que “hay una inflación autoconstruida” confunde bastante, más aún si agrega que “el hecho de que tengan una especie de oligopolio no los autoriza a subir los precios”. Pero, como son oligopolios no necesitan autorización para hacer lo que quieran. Para eso se concentran y cartelizan. Primero hay que atenuarlos como poder y después, disciplinarlos. Con los que reparten injusticias no hay diálogo posible.

En este sentido, las intervenciones de Alberto y todos sus funcionarios, más que calmar las aguas, las agitan. Quizá porque no experimentan la desesperación de no poder nutrir la mesa, de depender de las viandas, de no llegar nunca, de vivir en el límite de la miseria. En su afán de demostrar que está mejorando la distribución del ingreso, celebran la baja de la pobreza y el desempleo y anuncian que el salario le tiene que ganar a la inflación. La vida real no se transforma con números. De nada vale lograr incrementos salariales que superen por dos puntos a la inflación cuando el despropósito de los precios nos ataca todos los días. Y los precios no tienen la culpa, sino los que los inventan. Ellos son los que nos atacan y no es sólo desde el inicio de la Guerra, sino desde hace mucho tiempo. En lugar de metáforas, circunloquios y pipas de la Paz, habría que desarmar de una vez y para siempre a estos conspiradores.

sábado, 26 de marzo de 2022

Los “Nunca Más” que nos faltan

 

Después de dos años de pandemia, el Día de la Memoria volvió a las calles de manera contundente en muchos puntos del país. También volvieron los odiadores a simular desconcierto, denostar a los participantes y burlarse de banderas y cánticos. Los negacionistas que cuestionan el número de desaparecidos y resucitan a los Dos Demonios asomaron una vez más el hocico. Los refunfuñadores de siempre no callaron sus quejas al kirchnerismo que –según refunfuñan- se apropió de la fecha. Algunos periodistas del establishment cuestionaron la modalidad de las marchas: “deberían ser reflexivas y en silencio”, pontificaron. Claro, no entienden que la Memoria no significa un ancla, sino una perspectiva al futuro; que no es un lamento prolongado de individuos sino una construcción colectiva constante. No entienden porque no les conviene, por supuesto.

Tampoco entienden –o simulan- que “Nunca Más” no sólo es un rechazo a los golpes de Estado, sino también la exigencia de Justicia a los ejecutores y los instigadores. Además, incluye la necesidad de desmontar el (des) orden económico y social instaurado en aquellos años. Por eso, el Día de la Memoria debería marcar el rumbo de la Argentina deseada por la mayoría.

Casualmente –valga la ironía-, los denostadores de esta fecha no quieren ese país. Mentira que fuerzas políticas antagónicas quieren llegar al mismo punto por diferentes caminos. No se puede disminuir la pobreza precarizando el trabajo y desmantelando el sistema previsional. No hay desarrollo si se abren las importaciones de todo y se manda a los científicos a lavar los platos. Nunca van a derramar los ricachones que claman pagar menos impuestos por más empachados que estén. No quieren el mismo país esos privilegiados que ordenan respetar las reglas del juego; reglas que nadie puede citar pero sirven para que una minoría siga multiplicando el contenido de sus arcas mientras gran parte de la población recibe cada vez menos migajas.

El Día de la Memoria está para dejarlos al desnudo. Como no les da la cara para reivindicar la Dictadura, recorren sinuosos caminos que rozan la apología. Sus eufemismos son tan confusos que llegan a convencer a los desprevenidos. Un recorrido por los dichos de estos días demandaría mucho más que un apunte. Además, sabemos quiénes son, qué color los identifica, la embajada que visitan y el destructivo modelo que defienden.

El ex presidente Mauricio Macri es la síntesis de todo esto, pero, por supuesto, no es el único. El que calificó como curro los DDHH, que considera la Dictadura como “eso tan terrible que nos pasó”, que tilda a la democracia como “el peor de los sistemas pero el único posible", sale a ponderar a Menem. Más preocupado por el bridge que por el futuro de los argentinos, afirmó que Menem resolvió los problemas de La Grieta y pacificó el país. No hay que ser un experto para descifrar esto como un contundente aplauso a los indultos.

Convencido de que el Infame Riojano será reivindicado con el tiempo, Macri piensa que intentó “unir a los argentinos detrás de la producción, el empleo y progreso pacífico de la Argentina”. Nada de esto pasó: la convertibilidad destruyó la producción nacional, generó más desempleo y aniquiló el progreso. Sólo un constructor de amnesia puede balbucear tantas patrañas y seguir en carrera. Lo que admira de Menem es el desmantelamiento del Estado, la privatización de empresas públicas, la invasión de multinacionales, la integración al mundo como anexo del Imperio, la renuncia de la Soberanía a cambio de relaciones carnales.

Pero hay más, porque el ex gerente de La Rosada quiere retornar y sus promesas no son tan dulces como las de 2015, al menos por ahora. Muy cómodo en su sincericidio, amenazó con privatizar a Aerolíneas Argentinas con la excusa de que es un despilfarro de recursos públicos, un latiguillo que no tiene sustento. Y en un exceso de comodidad en su propio canal, confesó que “la democracia es un sistema improductivo porque requiere tiempo de debate y está llena de problemas”. En todo está su mirada empresarial. Pero no es el único: todos los juntistas comparten ese ideario porque representan intereses minoritarios. Los mismos que pergeñaron los golpes, la misma oligarquía que quiere incrementar sus privilegios, los mismos estancieros que hoy exhiben en las rutas sus tractores 0 km y sus camionetas de alta gama. La Democracia los incomoda si no satisface sus apetencias. El Día de la Memoria los pone en evidencia y saben que el Nunca Más los incluye.

Obscenidad de los angurrientos

  La incontinencia verbal de los miembros del establishment y sus apologistas inspira declaraciones insostenibles y hasta groseras. Algun...