lunes, 2 de agosto de 2021

Por los caminos de Santiago

 

Difícil elegir qué es lo peor del macrismo: su desaforado engendro económico, su incontenible pulsión angurrienta, su desprecio a lo popular, su impronta anti-democrática, su impunidad que parece eterna. O quizá el macrismo sea lo peor en todo, hasta los sarcasmos que no cesan de esputar y la insistencia de permanecer para seguir haciendo daño.

El día de la Pachamama, mientras tomábamos la recetada caña con ruda, muchos recordamos el cuarto aniversario de la desaparición de Santiago Maldonado. En aquellos días, los medios apologistas del macrismo trataron de minimizar el drama y, como siempre, despistar la opinión pública hasta el ridículo. “Hay un barrio de Gualeguaychú donde todos se parecen a Santiago”, vomitaba la impunidad de Clarín bajo la volanta “La desaparición del artesano”. Una vergüenza periodística que hizo escuela y contagió a comunicadores, exponentes de la derecha y hasta una buena porción del público cautivo. En aquellos tiempos, Santiago estaba en todas partes, menos en el lugar donde lo buscaron tantas veces: a orillas del río Chubut, donde lo instalaron 78 días después para sentenciar que “se ahogó solo”. Ahora, la infame Patricia Bullrich trepa a una tranquera y muy burlona celebra que “la verdad triunfó sobre el relato kirchnerista”. Una provocación más de este personaje que se cree más allá de la Justicia, que sabe que cualquier estupidez que diga será validada por un Poder comunicacional más vociferador que veraz, que cree que ni en sus peores pesadillas se verá revolcada por el barro que merece.

Pero aún no está todo dicho. Nada está dicho, aunque desde la derecha más rancia digan lo contrario. “Por suerte, se supo la verdad”, suspira la ex funcionaria y actual petardista. O petardista desde siempre, que supo concluir que Nisman, en la soledad de su baño fue asesinado y Santiago, rodeado de gendarmes, murió solo. Paradojas de los siervos del Poder Real. Bullrich se abraza a una verdad construida a martillazos. No le importa que el secretario privado de Macri, Darío Nieto haya anotado en su celular que el nuevo juez Gustavo Lleral “era propio” y que recibiría la visita del operador judicial PRO Juan Bautista Mahiques. Esa verdad tampoco incluye la salvedad de que las órdenes de Gendarmería eran desalojar la ruta y no invadir el Pu Lof de Cushamen y disparar sin límites a los aterrados mapuches. Ni la presencia de Pablo Noceti, segundo del ministerio de Seguridad, en el operativo. Ni que jamás le tomaron testimonio al payador chileno Nicasio Luna, el último que vio con vida a Santiago mientras cruzaba el río bajo las balas de los uniformados. Tampoco declararon los gendarmes que participaron de la invasión ilegal, porque el sistema de impunidad amarillo no lo permite.

El juez Gustavo Lleral no ha investigado nada; sólo ha puesto las versiones del oficialismo de entonces para salvar a todos los que ocasionaron la muerte de Santiago. Una desaparición seguida de muerte, aunque los jueces macristas Mariano Borinsky –visita habitual de Olivos- y Javier Carbajo lo nieguen. El actual ministerio de Seguridad, a cargo de Sabina Frederic, presentó una denuncia en Comodoro Py por el operativo atroz de Gendarmería, después de realizar una investigación interna. Pero nada avanza: el relato amarillo sigue siendo avalado por la Corte Suprema de Justicia que tiene congelada la continuidad de la investigación. La causa está frenada y por eso los nefastos juntistas festejan. Ellos congelan todo para seguir gozando de la impunidad por todas sus tropelías. Mientras tanto, Santiago sigue doliendo en el corazón de muchos argentinos convencidos de la injusticia que provocó su muerte.

sábado, 31 de julio de 2021

Durmiendo con los enemigos

 

El peligro no terminó, aunque algunos no se han dado cuenta. Los que obstaculizan todo se pelean entre sí para ocultar sus propuestas destructivas. Si pensaran en serio en el bienestar de todos, pedirían disculpas por las molestias ocasionadas y colgarían los guantes para siempre.

 

La variante Delta aparece para revitalizar la pandemia, que parecía controlada con los planes de vacunación. Por su alta contagiosidad, algunos países europeos ya están retornando a las restricciones y a los toques de queda para evitar lo más posible la circulación. En nuestro país, a pesar de que más de 31 millones de personas han recibido al menos una dosis, los contagios amenazan con crecer, sobre todo por la insistencia de algunos distritos de volver a una peligrosa normalidad. Y también por unos cuantos sujetos que se creen invulnerables por repudiar al populismo que cercena sus libertades por aplicar controles sanitarios en defensa de la comunidad. Sin dudas, éste es el resultado de la irresponsabilidad discursiva de una oposición desquiciada y maliciosa y de los des-comunicadores que amplifican sus sandeces. A esto se suma un oficialismo que aún cree que podrá convencer a los detractores irracionales con argumentos bien fundados.

A falta de propuestas, los pre-candidatos del abanico derechoso esgrimen metáforas dolorosas que dibujan un escenario similar a la dictadura. Desde negar el número de desaparecidos hasta equiparar el seguimiento de los viajeros con los falcon verdes. En algunas provincias –como Mendoza o Santa Fe- se está diseñando un sistema de incentivos para los vacunados, lo que inspira a algunos individuos a denunciar la discriminación que practican a diario con sus vecinos y a plantarse como constitucionalistas de la primera hora después de celebrar las inconstitucionalidades de La Revolución de la Alegría con el “sí, se puede”. Desinformados como nunca, cuestionan las vacunas y hasta proclaman que no formarán parte del experimento, ignorando la validación científica de cada una de ellas. En realidad, el único experimento del que son víctimas es el de cuántas tonterías pueden asimilar antes de convertirse en monstruosos zapallos.

En un clima de belicosidad –por ahora, verbal- el no tan variopinto abanico opositor agita la bandera blanca para no ser blancos del fuego amigo. “No podemos actuar como buitres entre nosotros”, confesó la inefable Patricia Bullrich. Con los demás, sí, le faltó decir. Por eso, los diseñadores de los versos del PRO sostienen que "Argentina necesita transformaciones profundas, de fondo y a largo plazo” y para eso “no hay otro camino que la moderación y la apertura al diálogo sincero y frontal”. Algo que no practican nunca, vale aclarar, porque sus exponentes sólo recitan frases de posters, fábulas inverosímiles y denostaciones viscerales. Si se acusan entre sí de mitómanos, hipócritas, sembradores de desconfianza, malversadores de lo público y oportunistas, ¿qué destinarán para los pre-candidatos oficialistas?

Como tienen la parafernalia mediática a su favor, cualquier pavada que exponen se convierte en tendencia y, por más negativa que sea, termina sumando a su no-propuesta. Cualquier cosa con tal de defender los intereses de esa minoría mezquina que apeló al Estado que tanto desprecian para solicitar los ATP y poder así fugar y repartir utilidades entre los accionistas. Todo vale a la hora de avalar a los que especulan con el precio de los alimentos y a los que exportan productos sin declarar. No les importa si los salarios no alcanzan para la canasta básica si sus verdaderos representados siguen acumulando fortunas en paraísos fiscales. Mientras se indignan por el número de pobres, militan la baja de impuestos para los empresarios que no paran de ganar.

Como demostró el Infame Ingeniero en su paso por La Rosada, el modelo que defienden es el de la desigualdad creciente y como nunca lo pueden blanquear –Ellos no blanquean nada- apelan a frases edulcoradas y bien ensayadas, a banalidades camufladas de eximia profundidad, a legalidades que no están dispuestos a respetar, a falsedades que denuncian en otros. La piel de oveja ya no les alcanza para ocultar el lomo depredador que en realidad tienen.

miércoles, 28 de julio de 2021

Los colonizados y su voto

 

Aunque los cambiemitas se pongan otra camiseta, todos sabemos para qué lado patean. Lo más grave es que muchos votantes están tan confundidos que aplauden los goles en contra.

A pocos días de la presentación de las listas, los “juntistas” se sacan chispas. Reproches, chicanas, descalificaciones que indican que más que una interna, protagonizarán una guerra. La viralización de los tuits de una de las pre-candidatas de Patricia Bullrich en CABA demostró que no son prolijos, coherentes ni patriotas. Ni siquiera conocen la Constitución por la que van a jurar en el Congreso. Además, afirman ser lo que no son, como el trasplantado Diego Santilli. Y casi todos hablan de temas de los que ni tienen idea. Sobre todo, sugieren el público al que se dirigen: un individuo desmemoriado, desatento, odiador, indignado que pondrá su voto sin pensar en lo que hará el beneficiado para diseñar un país mejor.

Lo más escandaloso de estos días fue la catarata de mensajes desempolvados de la pre-candidata Sabrina Ajmechet, que no es una barrabrava de cantina sino una profesora universitaria. De Historia, lo que aporta cicuta a sus dichos. El odio borra todo conocimiento previo. Si bien estos tuits tienen más de ocho años, la gravedad de su contenido no tiene fecha de caducidad. Algunos miembros de la amalgama política que la sostiene exigieron que pida disculpas, algo muy difícil en el caso de “Haga Patria, mate un judío”, escrito en 2013. No es que los otros sean menos embarazosos, pero de algo así no se vuelve por más que se deshidrate en lágrimas. Que alguien que ocupa una cátedra de Historia afirme que "Las Malvinas no son ni NUNCA fueron argentinas" no puede despertar respeto entre sus estudiantes y sí avergonzar a las instituciones que la tienen como profesora, la UBA y la UNSAM. Además de anti histórica, la pre-candidata es anti patria con frases como "las Malvinas siguen siendo inglesas" o "las Malvinas no existen, las Falkland islands son de los kelpers". Algunos desorientados apelarán al respeto de la opinión “de los que piensan distinto”, pero esto escapa a ese pacato tópico: la defensa de la soberanía en Malvinas es un mandato constitucional que todos debemos respetar desde cualquier lado de La Grieta y más aún cuando alguien aspira a representar al pueblo en el Congreso. La Libertad de Expresión no tiene nada que ver con esto, aunque lo dibujen como quieran.

Pero no es la única que se enreda con su lengua. La periodista rosarina Carolina Losada ha dicho algo no tan punzante, pero igual de doloso. La gravedad en la que incurre esta juntista con aspiración a banca es la estigmatización de una parte de la sociedad. Quien asegure que “los chicos santafesinos sueñan con ser narcos o sicarios”, no está aportando lucidez a la campaña sino todo lo contrario. Ni datos ni piedad y menos propuesta. La nada, como casi todos los amarillos que supieron ser cambiemitas. Tan nada como Diego Santilli que, de ser Vicejefe de gobierno en la CABA pasa a ser candidato a diputado por provincia de Buenos Aires. Y esto es grave porque es como si el intendente de Rosario, Pablo Javkin, de la noche a la mañana, apareciera como candidato en Córdoba. Más allá del problema de domicilio, también está la identidad territorial.

Pero Santilli no tiene un pelo de zonzo, como se demostró en la previa con esa absurda y superficial pre-campaña de la fotografía de su cabellera. El colorado sabe que el destinatario de sus palabras se abraza a cualquier sandez, por más insostenible que sea. Por eso puede decir sin ponerse más colorado de lo que es que “el modelo del PRO es el de Lula”. Una muestra de lo hipócritas que son, porque ellos aplaudieron la destitución de Dilma Rusef sin motivo, la asunción del insostenible Bolsonaro y homenajearon al juez Moro que metió preso al ex presidente Lula “sin pruebas pero con mucha convicción”. Una señal de lo engañosa que es la palabra de estos impresentables. Y tan irrespetuosos que obligan a sus seguidores –odiadores de lo popular- a que cambien diametralmente de ideas para votar lo contrario de lo que han sostenido siempre. Demasiado esfuerzo para los prejuiciosos pero facilísimo para los manipulados con énfasis. Por eso ahora les resulta simple denostar el acuerdo con el laboratorio Pfizer por la vacuna que unos meses atrás adoraban como si fuera maná.

Por historia y por presente, esta fuerza no política debería perder escandalosamente en cualquier latitud del planeta. Si pueden obtener algunos porotos es por la inaceptable protección mediática y judicial que les ha permitido llegar hasta aquí. Y también por la distracción a conciencia de los que siempre se niegan a ser ciudadanos.

domingo, 25 de julio de 2021

Las urnas están a dos pasos

 

En poco tiempo volveremos a las urnas. El acto electoral debe ser un momento trascendente para cualquier ciudadano cuando se asume con responsabilidad. Una oposición con malos chistes, denuncias infundadas, prejuicios sobrealimentados y nada de autocrítica no está en condiciones de tener buenos resultados. El peligro de los distraídos siempre está latente.

 Como ya todos deben saber, el sábado se cerró la presentación de las listas para las elecciones de medio término. Desde ahora comienza la campaña electoral propiamente dicha, apasionante y divertida para los que gustamos de la política, incomprensible y tediosa para los que no. Una pena que haya argentinos impermeables a las discusiones para decidir la manera de construir el país. Esos que se escudan en clichés como “son todos iguales”, “no me interesa” o “el problema son los políticos” conforman el conjunto de los erráticos que inclinan la balanza en las urnas coronando a personajes que no merecen cargos de tanta responsabilidad. La política es lo que define nuestra vida y votar no es arrojar un papelito en un tacho. Comprender esto significaría una gran transformación. Cuando el individuo se convierte en ciudadano –cuando no piensa sólo en sí mismo sino en el conjunto- el futuro luminoso está a la vuelta de la esquina.

No es el objetivo de este apunte convertirse en un ABC para despolitizados. Tampoco despertar un repentino interés en los que cierran sus ojos y se fastidian cuando ven a cualquier candidato. Esos, por ahora, resultan difíciles de atraer. Con el tiempo, quizá, cuando empiecen a aparecer buenos resultados. El problema esencial se circunscribe a aquellos que se interesan pero creen que con memorizar un par de titulares ya se convierten en eximios politólogos. Encima, la patraña se graba a fuego en su entendimiento como un tatuaje perpetuo. Por eso, un impresentable como Luis Juez puede proponer que sean los vacunados VIP los que prueben los penes de madera. Primero, el invento del vacunatorio VIP acabó por inexistencia de delito; segundo, los penes de madera son para educar, no para satisfacción sexual. La picardía que siempre exhibe demuestra que su público es tan irresponsable como él, el primero por explotar la desinformación y los prejuicios y los segundos por ser desinformados y prejuiciosos.

Estos episodios que parecen insignificantes muestran el fondo del personaje. Pequeños detalles que no conforman el todo, pero son símbolos para aproximarse. La forma que sugiere el fondo. Que los candidatos amarillos para diputados por provincia de Buenos Aires sean casi todos porteños y se presenten en el Club Hípico y de Golf de City Bell revela el público al que se dirigen: una élite exclusiva y los desclasados que se identifican con ella. Que en Santa Fe vayan a las paso con cuatro listas muestra que lo de juntos les queda enorme para cualquier cosa que quieran hacer. Y lo más importante es que juntarse no significa nada transcendente para la política; no es un valor ni una idea; tampoco una garantía, como ya hemos experimentado con La Revolución de la Alegría.

Entonces eran Cambiemos y se presentaron como “el mejor equipo de los últimos 50 años”. Una banda de malandrines que invadieron el Estado para hacer negocios, como Rodríguez Larreta en la CABA, que está privatizando la capital del país con emprendimientos inmobiliarios para ricos, mientras la pobreza abarca a más del 27 por ciento de la población. Aunque traten de esconder a Macri, ninguno de estos candidatos que se presentan como recién llegados del Paraíso ha condenado el bestial endeudamiento contraído para alimentar la fuga de capitales. Hasta presentaron como el “Messi de las finanzas” a Luis Caputo, que emitió el primer bono a cien años de nuestra historia, con un interés de casi 8 por ciento. Tampoco condenan la entrega de balas y el aporte de espías para perpetrar el golpe de Estado en Bolivia. Y menos aún hablan del hundimiento del ARA San Juan los que aprovecharon el accidente de Once para su campaña.

Nada, la desmemoria absoluta. La desinformación al extremo. El cinismo en su estado puro. Muy sueltos de cuerpo, advierten que “estamos a siete diputados de ser Venezuela” cuando en la Legislatura porteña gozan de una mayoría demoledora que levanta manos para satisfacer las angurrias de una minoría. Desencajados, recitan pavadas como “la cuarentena más larga del mundo”, mientras el mundo muestra que la pandemia no da tregua. Todavía siguen vociferando que “no hay vacunas” cuando todos los días llegan aviones desbordantes de ellas. No hay que ser un experto, sino un poco más atento. Ya pasó de moda lo de vender buzones pero quedan algunos distraídos que están muy ansiosos por comprarlos.

viernes, 23 de julio de 2021

Disfraces electorales

 El Frente de Todos tiene posibilidades de ganar las elecciones de medio término empezando a hacer ya lo que promete para después. Los hipócritas de la oposición no tienen más para mostrar que las trapisondas de La Revolución de la Alegría y del Festival Inmobiliario de la CABA. Con un poco más de energía, el oficialismo desbordará las urnas.

Desde que se desató la pandemia, el contrafáctico “cómo estaríamos si Macri continuara siendo presidente” parecía estar fuera de lugar, aunque resultara tentador. Con la confesión del ex secretario de Salud amarillo, Adolfo Rubinstein, toda especulación se convierte en certeza. Con la crisis auto infringida por Macri y su pandilla, la salud pública no fue una prioridad en el gobierno anterior y fue simbólico que se tomara la decisión de reformular los ministerios y se pasó el ministerio que yo conducía a  secretaría, decisión de la que estuve muy en contra”. En ese entonces no dijo nada y siguió en el cargo; encima llama ‘gobierno anterior’, desprendiéndose de toda responsabilidad para disfrazarse de algo distinto. El cinismo es la constante en estos tipejos que cambian de nombre pero nunca de intenciones destructivas. Si todo lo que prometen que harán no lo hicieron cuando tuvieron la oportunidad, ¿qué garantía hay de que lo hagan cuando los incautos les regalen el voto?

Y esta duda no sólo vale para estas elecciones de medio término en la que nos amenazan con que “estamos a siete diputados de ser Venezuela”, sino también para las presidenciales del ’23, en las que Horacio Rodríguez Larreta se perfila como “el favorito”. Ellos sí pueden hacer contrafácticos absurdos porque tienen el poder comunicacional para darles validez, pero HLR es lo mismo, pero mejor maquillado que el Infame Ingeniero. Aunque se vistan de seda, serán siempre gorilas, con todo respeto para esos hermosos animales que no se meten en política. Como María Eugenia Vidal, cuyo orgullo salta la frontera sin que se le mueva un músculo de su impronta desigualadora y destructiva. Y podemos citar todos los integrantes de las listas de cada distrito pero no encontraremos uno que disienta con las ideas rectoras del PRO. Aunque hablen de generalidades como La República, La Democracia, La Libertad ninguno de ellos salió a condenar el envío ya demostrado de armamento para ayudar el afán represivo del golpe de Estado en Bolivia.

En algunos aspectos, el oficialismo tiene casi todo para desbordar urnas, por más que las voces hegemónicas mascullen lo contrario, pero el “casi” es tan importante como el “todo”. La obtención de vacunas y el plan de inmunización es el mayor logro. Hasta el momento, hay más de 29 millones de argentinos que recibieron al menos una dosis. Con el último avión, alcanzamos las 41 millones de dosis y por si esto fuera poco, nos convertimos en uno de los pocos países con capacidad para producir vacunas. Los que militaron la Pfizer, ahora que Chile no recibe lo acordado, están calladitos. En esto, el gobierno nacional obtiene un 10 con comodidad. En el manejo de las condiciones económicas heredadas y las producidas por las restricciones para enfrentar el coronavirus saca un poco más de siete. Pero la disminución de la desigualdad, de la brecha entre ricos y pobres, de la recuperación del poder adquisitivo del salario, de volver más racional el precio de los alimentos, ahí pierde por goleada. Porque para resolver estos problemas hay que enfrentarse en serio con los que los ocasionan. Y si estos sectores concentrados de la Economía se enojan, mejor, porque es indicativo de que vamos por el buen camino.

En estos 60 y pico de días que faltan para las elecciones, el Frente de Todos deberá demostrar, no sólo con promesas, que está decidido a inclinar la balanza a favor de la mayoría. Del otro lado está ese amplio abanico de neoliberales que quieren conquistar espacio para profundizar la pobreza y enriquecer a los más ricos. Los disfraces no logran ocultar las malsanas intenciones de ajustar para incrementar las ganancias de los angurrientos. El oficialismo tiene que empezar ahora con esa batalla, para la que no alcanza con que “el salario le gane a la inflación”. La mayor anomalía que estamos presenciando es que haya un gran porcentaje de trabajadores registrados que no alcanza a cubrir sus necesidades básicas. Y esto debe corregirse ahora, para que la campaña electoral no sea una batalla de promesas sino una comparación entre logros.

martes, 20 de julio de 2021

Creadores de padecimientos

 Unos multiplican sus fortunas con tanta facilidad que dilapidan millones en diez minutos. Y son tan cínicos que celebran sus triunfos con amplias sonrisas ante las víctimas de la succión que los hace ricos.

Para celebrar el Día del Amigo, nada mejor que volar al espacio. Festejo para unos pocos, porque los demás nos conformamos con unas empanadas y un par de copitas de vino, viendo por enésima vez el video del alunizaje del ’69. Ahora tenemos uno nuevo, el de la hazaña del hombre más rico del planeta, Jeff Bezos que se dio el gustito de invertir un poco de sus 189 mil millones de dólares para popularizar una excursión a 200 mil dólares la butaca. Destinar tanto dinero a estas exhibiciones superfluas mientras muchos carecen hasta de lo elemental es una ostentación que desborda impiedad. Y más aún cuando, en plena pandemia y con recesión en todos los puntos del planeta, los más ricos del mundo multiplicaron sus botines más que en años anteriores. Si esta injusticia no invita a los Estados a poner un freno inmediato a tanto saqueo de los privados, parece que nada lo hará.

En nuestra región, la fortuna de los multimillonarios latinoamericanos creció un 70 por ciento durante 2020, mientras el resto padeció desempleo, inflación y sobreexplotación laboral. El derrame invertido, la succión vampírica que genera pobreza, la desigualdad potenciada que promete no tener fin. Esta enorme riqueza –que alcanza 483 mil millones de dólares repartidas entre 100 personas- se concentra en cuatro sectores que, por sus características, generan sustanciosas ganancias con pocos puestos de trabajo: financiero, telecomunicaciones, medios digitales de pago y salud. En esta lista también hay argentinos, a pesar de que las voces hegemónicas esputan que éste es un país fundido. Marcos Galperín –de Mercado Libre- es el que encabeza la lista, con una fortuna de 6200 millones de dólares; le sigue Alejandro Bulgheroni –de American Energy- con 3400 millones; en tercer lugar, la siempre presente familia Pérez Companc, con 2600 millones; le sigue Alejandro Roemmers – el precio de los medicamentos no se controla- con 2400 millones y, por último en esta lista de cinco, Eduardo Eurnekian, con apenas 1400 millones de dólares.

Además de las abultadas cifras, lo que tienen en común estos tipejos y los que los siguen, es que siempre reclaman por rebajas impositivas y salariales y hasta se quejan de la inflación cuando son ellos los que la ocasionan con su descomunal angurria. No sólo eso ocasionan con su avidez, sino también la desestabilización de los gobiernos que no responden a sus exigencias. Hasta golpes de Estado blandos con mentiras mediáticas y persecución judicial y duros, como el de noviembre de 2019 en Bolivia, con la participación de la OEA y de algunos países que, gentilmente, colaboraron con armas y municiones. Como ya sabemos, Argentina jugó un lamentable papel en esta historia de la mano del Infame Ingeniero y su pandilla; todos, tanto los involucrados como los que repiten los absurdos con que intentan despegarse de esta infamia; hasta los que callan forman parte de esta banda.

Aunque los halcones, las palomas y los buitres amarillos fabulen que Evo renunció, que hubo crisis institucional o elecciones con fraude nada de esto importa. Cualquier excusa sirve cuando hay recursos naturales que expoliar. Con hipocresía –como siempre- explican que Evo quería perpetuarse en el poder, cuando son Ellos –estos usurpadores insaciables- los que quieren estar para siempre en los primeros puestos del podio que conquistan a fuerza de generar cada vez más miseria.

domingo, 18 de julio de 2021

Una transformación urgente

 

El pedido de nulidad de Cristina dejó al descubierto un oscuro entramado para perjudicar a casi todos. Las interpretaciones confusas indican que la vice señaló la matriz de todos nuestros males. El desafío es desmontar la mafiosa hegemonía discursiva que tanto daña nuestra convivencia democrática.

El viernes se desató una “trascendente” discusión en los medios –tradicionales y redes-, como nos tiene acostumbrada la oposición periodística, política y trollística: el llamado a licitación para la compra de diez mil penes de madera pulida. Para la pacatería vernácula esto es perversión, más aún si esos adminículos son utilizados para "concientizar y evitar la propagación de enfermedades de transmisión sexual”, como explica Sandra Tirado, a cargo de la secretaría de Acceso a la Salud de la Nación. Claro, para los timoratos y protestones del establishment, cualquier cosa que sirva para fomentar la concientización sobre cualquier cosa es peligroso, porque prefieren una muchedumbre alelada antes que una ciudadanía esclarecida. Después salen con el verso de “no hay que regalar pescado, sino enseñar a pescar”, cuando son los dueños de cañas, redes, lombrices y hasta de los ríos. Contradictorios y cínicos que aún tienen algo de eficacia a la hora de embaucar al público reciclando candidatos presentados como nuevos y cambiando el nombre de su amasijo electoral.

En realidad, para eso el Poder Real se preocupa tanto por la posesión y el dominio de los medios de comunicación: para instalar el discurso hegemónico en una porción desprevenida e ingenua de la sociedad; para convencer al colonizado de lo bueno que es acatar al colonizador; para abrazar y defender las ideas que van a terminar perjudicando al que –inocentemente- las abraza y defiende; para generar desconfianza y odio hacia aquellos proyectos que pueden afectar intereses económicos minoritarios. No importan los penes, sino estimular el rechazo hacia todo lo que provenga de un gobierno que intente distribuir equidad. La mejor receta para alimentar la repulsa permanente es la indignación que sobreactúan ante cada decisión del oficialismo, sin datos ni argumentos.

Respecto a esto –y con más brillantez- la vicepresidenta CFK habló el viernes en la audiencia pública para pedir la nulidad de la infame causa del Memorándum con Irán. Una clase magistral de derecho, historia, economía y geopolítica cuyo objetivo no era lograr su impunidad –como muchos, maliciosamente, vomitaron- sino desnudar un entramado mafioso y perverso para perjudicar a casi todos los argentinos. Claro que los mecanismos de manipulación estuvieron muy activos desde entonces para desviar la atención con los penes e interpretaciones amañadas y caprichosas sobre la intervención de Cristina. Algunos se preguntaban qué tiene que ver el memorándum con los buitres y el endeudamiento, aunque ella lo dejó más claro que en un ABC para primaria.

Pero, como la idiotización del entendimiento sigue dando resultados –en menor medida- en los que quieren seguir siendo idiotas preguntarse para qué mató a Nisman si su denuncia es insostenible resulta un interrogante muy atractivo. Ese es el daño que provoca la parafernalia comunicacional que padecemos en nuestro país; ésa es la urgente anomalía que debemos corregir. Tratar de convencer a un alelado de que Nisman se suicidó por fracasos propios y presiones no esclarecidas es más difícil que escalar una montaña en ojotas. La mentira instalada desde las propaladoras de estiércol sumada a la validación que otorgan los cambiemitas es casi indeleble para los que se dejan permear hasta la estupidez. La razón no tiene cabida en esas mentes tan sopapeadas.

La Batalla Cultural es un desafío cotidiano, pero con ciudadanos comprometidos en afrontarla no basta. Desmontar un titular falaz requiere cientos de explicaciones que muchos emprendemos con empeño docente, a veces, en vano y otras con un modesto éxito. Sembrar la duda en un colonizado ya es un logro para el podio. Pero el Estado también debe ayudar no sólo desmintiendo, explicando, aclarando, sino también con una regulación enérgica de todos los medios y sus tergiversadores seriales. La libertad de expresión es un derecho para todos y no el privilegio de unos pocos. Más aún cuando la utilizan para alterar el orden democrático y confundir a la ciudadanía. La información también es un derecho y eso es lo que alteran con las fábulas que a todas horas difunden.

Por los caminos de Santiago

  Difícil elegir qué es lo peor del macrismo: su desaforado engendro económico, su incontenible pulsión angurrienta, su desprecio a lo popul...