lunes, 13 de julio de 2020

Una Independencia todo terreno


Un sector minúsculo de la población usurpó el Día de la Independencia para clamar por la libertad en medio de la cuarentena. Ya se habló mucho del absurdo de clamar por la libertad sin que nadie lo impida, siquiera por incumplir las restricciones de la cuarentena. Como los pseudo periodistas de los medios hegemónicos, que denuncian censura y persecución sin que nadie los censure y los persiga. Contradicciones propias de la Revolución de la Alegría residual. Un entramado de consignas confusas que ocupa la superficie para ocultar el verdadero ideario. La disociación entre la fantasía malsana y la vida real; un mundo paralelo en donde importan más las falacias que fundamentan los prejuicios que los hechos que los demuelen; una puja eterna entre el individuo colonizado que lame la mano del conquistador y un ser social libre que lucha por romper las cadenas que va descubriendo en su construcción.
Individuos absolutos capaces de participar en marchas sin distanciamiento ni motivos, de organizar torneos de truco o fiestas de cumpleaños con más de veinte personas. ¿En qué cabeza cabe tanta negación del riesgo? Y esto no significa un guiño a los hipocondríacos, sino un llamado a la responsabilidad social. Más allá del enojo de los anti cuarentena, los países que ostentan mayor número de muertos y contagiados son aquellos que apelaron a la inmunidad de la manada y priorizaron la economía por encima del cuidado de la salud. Y el individuo absoluto no entiende que no sólo se contagia él, sino que puede contagiar a otros. Este reclamo incongruente por la libertad no es más que una forma elegante del más extremo egoísmo.
Pero ya sabemos que todo es una excusa: detrás de estas catarsis caceroleras se esconde el rechazo a un modelo que busca limar apenas las grandes fortunas para intentar un poco de equidad. Una hipocresía salir en defensa de la propiedad privada cuando la mayoría ni sabe lo que es eso. Los que marcharon el jueves –muchos de ellos inquilinos- piensan que están clamando por un derecho cuando en realidad están defendiendo el privilegio de unos pocos.
Porque eso es lo que nunca van a entender: resulta contradictorio que se lamenten por los pobres, compartan fotos de chicos desnutridos y se sumen a campañas caritativas exorcizadoras de culpas y después participen de una manifestación apologista de los generadores de desigualdad. La libertad es una idea tentadora para todos, pero es un concepto apropiado por el neoliberalismo más extremo para justificar el saqueo. La cereza de un postre del que nunca probamos un bocado. Los pobres son despojados de su acceso a todo –cercenando libertades- por estos multimillonarios que han obtenido todo a fuerza de despojar. Y los caceroleros dirán que “si son ricos es porque han trabajado toda su vida”, una patraña que se desmonta con pocos datos. Ni trabajando cien vidas se pueden obtener fortunas de miles de millones de dólares. Mientras estos enajenados protestones recitan “los k se dobadon todo”, estas megaempresas monopólicas nos saquean todos los días.
Una de las grandes dudas es cómo hará el gobierno nacional para reactivar la economía post pandemia. Ya se están filtrando algunas de las medidas más importantes, como auxilio a las pymes, construcción de viviendas sociales e incentivo a las legendarias economías regionales: una especie de plan Marshall vernáculo versión siglo XXI; una reformulación del modelo del derrame donde las gotas caerán desde menos altura, para que no horade tanto la base. Mientras estén las grandes empresas monopólicas y multinacionales, incontenibles en su angurria, soplando su fétido aliento sobre nuestras cabezas, ningún plan funcionará. Con estos gigantescos carroñeros que apelan a todas sus tretas para multiplicar ganancias sin invertir ni tributar, fugando cada centavo a paraísos lejanos, estafando a más no poder a cada uno de nosotros, no hay país desarrollado posible. Ese puñado de avarientos no debe estar incluido en el país que necesitamos construir.

viernes, 10 de julio de 2020

Cancerberos del Poder


Desde hace unos días, uno de los problemas del país parece ser la proliferación de atentados a los silobolsas y los culpables son, como siempre, los vándalos K. Claro, esto desde la mirada exclusiva de los medios hegemónicos que defienden los intereses del mal llamado Campo. En realidad, hay apenas unas cien denuncias sobre más de 400 mil silobolsas existentes y las roturas fueron provocadas por granizo, ratones, caballos, pájaros, algún trabajador mal despedido, chicos en patineta y no por hordas desaforadas de cristinistas. Si no quieren que sus cosechas sean dañadas, que las exporten cuanto antes, en lugar de especular con la devaluación. Que Clarín, La Nación y sus medios satélites defiendan su propia avaricia es razonable, pero que cuidamacetas barriales se ofrezcan como sus fuerzas de choque resulta por demás de servil.
Si los banderudos tuvieran al menos el diez por ciento de información certera, no andarían pasando tantos papelones. Pero apenas las pantallas exclaman “la propiedad privada está en peligro”, salen con la celeste y blanca a apoyar estafadores, especuladores, evasores y fugadores justo el Día de la Independencia. Ni saben lo que es Vicentín ni lo que han hecho sus titulares, pero no toleran que el Estado intervenga. Y si uno se toma el trabajo de explicarles el mecanismo de triangulación que utilizan muchas exportadoras para tributar menos, entran en cortocircuito. Un titular les alcanza para tomar partido por los que nunca se preocuparían por ellos.
Seguramente, los caceroleros anticuarentena pro Vicentín creerán que el fiscal Gerardo Pollicita es un ferviente militante K por haber solicitado la inhibición de bienes de Javier González Fraga y Lucas Llach, presidente y vicepresidente del Banco Nación por "créditos millonarios en dólares irregularmente otorgados a Vicentin SA". Sin embargo, este fiscal indagó a Aníbal Fernández y otros ex funcionarios por sobreprecios en Fútbol Para Todos y pidió que CFK vaya a juicio oral por la infundada causa Los Sauces. Además de los funcionarios del Banco, la medida también alcanza a los directores de la empresa sobre muchos de sus bienes.
Pollicita, a cargo de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional Federal nº 11, manifiesta que "los elementos probatorios recabados hasta el momento permiten sostener que funcionarios del Banco Nación, algunas veces por acción y otras por omisión, incumplieron deliberadamente los deberes a su cargo y perjudicaron los intereses confiados para su administración". Y los titulares de Vicentín Daniel Buyatti, Alberto Macua y Sergio Nardelli, en lugar de pagar sus obligaciones, fugaron a paraísos fiscales los más de 1400 millones de dólares que deben. Los banderudos están defendiendo a truhanes que estafaron a los que confiaron crediticiamente en ellos.
La inconciencia de este grupete de cancerberos del Poder los llevará a aplaudir las inconsistencias que, como parte de la actividad “La Otra Mirada de Latinoamérica”, expresó Macri en una entrevista guionada que mantuvo con Alvaro Vargas Llosa. "Acá lamentablemente hemos visto un Gobierno que intentó avanzar sobre las libertades: la libertad de expresión, el funcionamiento de la Justicia, la independencia de los poderes, la propiedad privada”, enumeró sin fundamentos el Infame Ingeniero. Y sin risas grabadas, agregó que esto “generó una reacción activa y fuerte de la sociedad, que se movilizó para expresarse en contra de estos abusos". Mentiroso como pocos, toma como toda la sociedad al núcleo duro de seguidores amarillos, eso que Macri considera “nuestra gente”, esos que sí serán bienvenidos al festín neoliberal que pergeña, pero sólo como servidores. Y tan extraviados están que aclamarán a sus amos por las migajas que caerán de la mesa.

lunes, 6 de julio de 2020

Otra vuelta de tuerca


Los cambiemitas están bastante desorientados. Al parecer, no encuentran argumentos coherentes para oponerse. Sus intelectuales –dicho esto con mucha generosidad- sólo cuestionan la cuarentena desde la exageración del peligro o el atropello a las libertades individuales. Para que estas pamplinas tengan eco, necesitan aislar informativamente a su electorado cautivo, que ni siquiera se entera de que un militante anti-cuarentena murió de coronavirus. Sin embargo, en todos los idiomas, la cuarentena es –por ahora- la única manera de evitar el contagio y la caída de la Economía es la previsible consecuencia de la pandemia. La hegemonía discursiva siempre intenta mostrar lo que pasa en Argentina como si fuera una anomalía mundial donde el Estado es el único culpable, sobre todo cuando lo gobierna algo más o menos parecido al peronismo. Para lograr cierta aceptación, los voceros del establishment deben embrutecer a su público, aunque incurran en groseras contradicciones: aplaudir la estatización de una aerolínea en Alemania pero repudiar la intervención en Vicentín, por ejemplo. Lo que Allá es ponderable, acá es repudiable. Y el televidente responde con su manipulada indignación sin entender absolutamente nada.
Ese es el caldo de cultivo para transformar el asesinato de Fabián Gutiérrez en un crimen político, como intentaron hacer con el suicidio del fiscal Alberto Nisman, con total éxito en el sentido común. Además, tienen un poder discursivo en apariencia indestructible, seguidores capaces de creer cualquier cosa que fundamente sus prejuicios y la voluntad intacta de proyectar su vileza hacia todos los que detestan visceralmente. Por eso puede resurgir de sus cenizas Laura Alonso, para calificar de “G-R-A-V-I-S-I-M-O” lo que a todas luces es un homicidio por extorsión de quien fuera secretario de CFK durante poco tiempo y un arrepentido que no aportó nada en la inconsistente causa de los Cuadernos Quemados. Y todo para desviar la atención del cimbronazo judicial y político del entramado de espionaje ilegal.
A todo esto se suman los hondazos del titular de la UCR, Alfredo Cornejo que propone la declaración de la provincia de Mendoza como país independiente. O los miembros de FOPEA, que agitan las banderas de la libertad de expresión para defender a los periodistas que se beneficiaron con el espionaje ilegal. O los estancieros que convocan a protegerse con armas a los inexistentes atentados K contra los silo-bolsas. O los cómplices de Macri que firman una nota para denunciar persecución política en lugar de indignarse con el entramado mafioso orquestado por la fuerza política que los contiene. Si el Infausto Ingeniero deseaba enviar a la luna a 562 argentinos que le molestaban, ¿qué debería hacerse con estos tránsfugas cuya razón de ser es alterar la vida democrática para beneficio exclusivo de unos cuantos estafadores?
Porque los que se lo pasan pontificando sobre la República y las Instituciones, no han hecho más que vulnerarlas en cuanto han tenido oportunidad, desde el gobierno o fuera de él. Los que más han desgobernado el país son los que nunca han sido votados. El Poder Real no necesita elecciones para modelar la realidad a su más egoísta conveniencia. El caso de Macri es único: él no necesitaba acceder a la presidencia para incrementar sus negocios. Lo hizo por puro ego, por mero capricho de niño rico, de angurriento desmedido. Así nos fue y cuesta creer que algunos todavía se atrevan a defenderlo.
Pero el asunto no pasa por Macri, como quieren hacer creer los que están armando un buzón electoral sin tenerlo en cuenta. Lo que nunca está en discusión es lo más importante: el sistema que está detrás del monigote que designan; la defensa de un sistema empresarial corrupto que genera fortunas para sus accionistas sin invertir en producción real; el empobrecimiento creciente de la mayoría para el incremento bestial de fortunas personales. Hasta que no se comprenda quiénes son los que obstaculizan el desarrollo y la equidad, siempre estaremos perdidos en los mismos senderos escabrosos.

lunes, 29 de junio de 2020

El viejo cordón umbilical


Desde hace más de tres meses estamos hablando del coronavirus y sus consecuencias. Las discusiones sobre la cuarentena suelen versar sobre el hartazgo del encierro, la libertad y hasta las más delirantes teorías conspirativas. También sobre la Economía, desde los conceptos más abstractos vertidos por los analistas mediáticos hasta los más empíricos relacionados con los ingresos familiares. Mientras tanto, el mensaje presidencial reitera que la salud está primero, pero eso no alcanza para los millones de argentinos que aún están excluidos. En campaña y mucho después de haber asumido, Alberto Fernández insistió con la idea de que no pagaría la crisis con el hambre de los ciudadanos. Esta es una crisis: la suma de lo heredado más lo incorporado por la cuarentena y de manera dolorosa, la están padeciendo los que menos tienen, que deben ser muchos más de los que cuentan las estadísticas.
El anuncio del viernes sinceró una mala costumbre: la realidad argentina se reduce a lo que ocurre en una parte de su territorio. Y, aunque el incremento de los contagios lo justifica, las nuevas medidas sobre la intensificación de la cuarentena afectan a la CABA, el AMBA y Chaco. Por un lado, está bien que aísle las zonas de mayor peligro epidemiológico para preservar al resto del país, pero eso no debe significar que nos condene al olvido. El IFE también lo siguen necesitando muchos compatriotas cuyos ingresos son insuficientes o nulos para alcanzar lo indispensable, aunque la cifra apenas alcance para cubrir la cuarta parte de la canasta básica. Que en estos cuatro meses se hayan distribuido 20 mil pesos –a razón de 5000 por mes- no es un gran paso hacia la equidad. Ni siquiera es un alivio. Más aún si el tan proclamado impuesto a las grandes fortunas también está en cuarentena.
Aunque parezca una broma, los del mal llamado interior estamos ante una posibilidad histórica. Más que nunca, la desproporción poblacional y productiva que se concentra en el AMBA se puso en evidencia en estos más de cien días. No resulta coherente que un país tan extenso y diverso esté atado a los destinos y caprichos de una porción tan acotada. Quizá sea el momento de desconcentrar. Quizá sea la hora de avanzar hacia un país federal en serio, desde todos los puntos de vista. Que el desarrollo de las economías regionales no se reduzca a los productos turísticos ni quede a merced de las decisiones presidenciales.
La provincia de Santa Fe está en una fase de la cuarentena que permite muchas actividades, salvo en algunas localidades donde los contagios encienden las alarmas. La ciudad de Rosario tiene un movimiento casi normal; lentamente, los bares comienzan a funcionar. Hasta los comercios mayoristas de calle San Luis han quintuplicado sus ventas porque los viajes de compras a Buenos Aires están suspendidos. A pesar de eso, el desempleo en los primeros tres meses del año alcanza el 13 por ciento y durante la cuarentena debe haber crecido más. No es muy descabellado diseñar en una provincia tan productiva, no un plan de contingencia para desempleados y empobrecidos, sino un programa de desarrollo económico que mitigue la dependencia con la CABA y sus alrededores. De una vez por todas debemos cortar con el unitarismo que casi siempre nos condiciona. Y no con sucursales o segundas fábricas de los grandotes de siempre sino con las fortunas ociosas de muchos ricachones locales. La nueva normalidad tan anunciada puede contender algo de eso y por supuesto, mucho más.

lunes, 22 de junio de 2020

Privados de coherencia


Después de penosos derroteros, la oposición por fin pudo poblar la calle. Luego de sembrar confusión informativa, los medios de comunicación voceros del establishment lograron cosechar lo de siempre: un licuado indigesto de consignas infundadas que encauza el rechazo visceral de una parte importante del electorado, no sólo el porteño sino de otros puntos del país. En esa bulla enardecida se mezclaron reclamos válidos con insostenibles excusas, como nos tienen acostumbrados estas expresiones caceroleras que atraviesan casi todas las clases sociales. Lo inquietante es que el éxito bullanguero se obtiene con la adhesión y defensa de intereses que están muy lejos de muchos de sus participantes. Como sintetizó la impresentable ex ministra de Seguridad, Patricia Bullrich: “ésta es la 126”.
“A confesión de parte, relevo de pruebas”. Aunque los amarillos no se muestran muy lúcidos para comprender la Historia, son muy hábiles a la hora de construir historietas. Para confirmar esto, sólo basta recordar cuando el Infame Ingeniero consideró que “los héroes estaban angustiados” cuando rompieron las cadenas con Españaquerido Rey- o calificó como emprendedor a Manuel Belgrano. Pero lo que mejor pinta a los PRO es la preferencia del ex secretario de Cultura, Pablo Avelluto por el golpe del ’55. De entrada, que un funcionario en democracia pondere cualquier golpe de Estado ya es demasiado contradictorio. Esto sumado a la evocación de Bullrich sobre la Rebelión de los Estancieros de 2008, evidencia que tienen las intenciones de montar sobre la expropiación de Vicentín un nuevo show destituyente.
Así, con información a medias y consignas amañadas, lograron convocar al Banderazo del sábado pasado, en coincidencia con el día de la Bandera. La atrocidad de disfrazar de gesta patriótica los intereses egoístas de unos estafadores. Otra vez la imagen del CAMPO como emblema de argentinidad que no incluye a los que trabajan la tierra con sus manos, sino a los especuladores seriales que hacen que los precios de los alimentos estén por las nubes, a tono con el dólar que ellos hacen cotizar. Una vez más la defensa de la propiedad privada de empresarios que no escatiman esfuerzos para vaciar sus propias empresas. ¿Acaso sabrán los que agitaron las banderas que Vicentín pasó del puesto 19 al 6 en sólo cuatro años y que en 2019 facturó más de 120 mil millones? ¿No les hace ruido que, a pesar de esto se presentó a concurso de acreedores, por deudas de casi 100 mil millones? ¿Por qué les preocupa más la propiedad privada del deudor y no la de los que aún no cobraron? ¿O será que sólo buscan excusas para estar en contra porque es la única manera en que conciben la oposición?
Encima, el juez Civil y Comercial Fabián Lorenzini echa más barro al asunto. Este magistrado de Reconquista al frente del concurso de acreedores de Vicentín se declaró incompetente para sentenciar como inconstitucional la intervención de la empresa pero, así y todo, dictaminó desatender el decreto presidencial. Una bestialidad legal que sólo pasa cuando los intereses del Poder Real están en juego. Y por si esto fuera poco restituye al mando de Vicentín a los que fugaron y evadieron. ¿Conocerán los protagonistas del Banderazo las maniobras de triangulación, que consisten en exportar desde Paraguay y Uruguay lo producido en Argentina sólo para pagar menos impuestos? Gente estúpida que se deja llevar de la nariz como si fueran ganado al matadero. Hipócritas de doble moral que denuncian corrupción a los cuatro vientos y ponen el cuerpo para defender a corruptos e inmorales. Y agitan la bandera nacional al ritmo que marcan los cipayos desde los medios de comunicación dominantes.

martes, 9 de junio de 2020

El primer paso de un sueño

La última manifestación anticuarentena tuvo menos participantes que una de los terraplanistas. Sin embargo, sigue teniendo espacio en los medios hegemónicos, a pesar del absurdo de las posiciones. Por ahora son pocos porque las plumas ilustres no encuentran la manera de incrementar el descontento. Además, tampoco se animan a ponderar las tonterías que esgrimen sus protagonistas –inventadas desde esas mismas cloacas mediáticas y sociales- y, menos aún, aplaudir a un tipo que se presenta con una foto de Videla estampada en su remera, por más que estemos en una ilusoria infectadura. Hasta ahora, araron en el mar y se conformaron con convocar a 200 y pico de individuos vergonzantes al obelisco y magnificar esa insignificancia. La intervención y futura expropiación de Vicentín les da la excusa que necesitaban para intentar sembrar la indignación que, de momento, no resulta preocupante.
En estos días, comenzarán a agitar las banderas que les dieron éxito manipulador y a forzar la identificación con quienes, información veraz mediante, jamás merecerían semejante sacrifico: en su momento, “Yo soy el Campo” y “Yo soy Nisman” resultaron efectivas; la renuncia del individuo a ser sujeto y a convertirse en otro distante y hasta perjudicial. Banderas agitadas para un público cautivo más propenso a marchar en defensa de estafadores privados que para quejarse por el espionaje ilegal del malandra ex presidente, al que todavía reivindican por haber destruido el país.  
La decisión tomada respecto a la empresa Vicentín ordena con más fundamentos a la oposición porque reinstaura la Grieta en un lugar más definido. El cuestionamiento a la cuarentena desde las libertades y la preocupación por el ingreso de los trabajadores encubre el interés egoísta de una minoría por la reactivación económica. Reactivación económica necesaria que, en la mirada elitista de los más ricos, no va a significar una transformación positiva en la distribución porque, como ya sabemos, sólo quieren incrementar sus ganancias para fugar y no para invertir. A pesar de eso, defender la actividad privada permite definiciones ideológicas más coherentes que alentar el descuido de la salud.
El caso Vicentín no es exclusivo, sino que evidencia el comportamiento de gran parte de las grandes empresas cuyo patrimonio es más voluminoso en los paraísos fiscales que en activos visibles en el país. ¿Cómo es posible que una firma que participa en la producción, comercialización y exportación de agroalimentos, que ha pasado del puesto 19 al 6 en cuatro años, presente cesación de pagos después de haber recibido un préstamo multimillonario del Banco Nación? Eso es fuga, vaciamiento, estafa, evasión, corrupción y no el comportamiento honesto de una empresa tan pujante y con tanto auxilio estatal. Además –y esto no debe ser una invención nacional- se presenta la anomalía de compañías fundidas con dueños ricos. Entonces, que no vengan con el verso de la propiedad privada o la inconstitucionalidad. Más ilegal fue el comportamiento de Vicentín y todos los que ahora lo quieren encubrir.
La medida es el resultado del comportamiento espurio que tiene gran parte de los actores económicos tanto locales como globales y es la más aplaudible tomada por el Gobierno Nacional en medio de la pandemia. Y debería ser el primer paso en la recuperación de nuestras riquezas para que estén al servicio de todos los argentinos. ¿Estoy soñando demasiado, no?

jueves, 4 de junio de 2020

El periodismo necesario


Hace 35 años que estoy en esta carrera. Claro, las cosas no son iguales desde entonces. Antes, la objetividad era una aspiración y hoy descubrimos que es un imposible. Aprendimos que el punto de vista no es un pecado, sino el lugar desde el que miramos y contamos. Que el periodista que se proclama independiente es más dependiente que nadie. Que el que promete las dos campanas sólo presenta una con disfraces diferentes. Que si una imagen muestra más que mil palabras, también una palabra puede mostrar más que mil imágenes.
Cada día del Periodista, planteamos las claves para comprender esta profesión: cuáles son los desafíos, las dificultades, los compromisos que cada año se presentan. Como en un rompecabezas gigante, siempre estamos pensando en qué pieza falta y cuál sobra. Ejemplos y anti ejemplos danzan ante esta construcción. Entre los primeros, Mariano Moreno por su lucidez revolucionaria y Rodolfo Walsh por denunciar la verdad en los tiempos más oscuros. Y Roberto Arlt, por la habilidad de embellecer lo cotidiano. Hay más ejemplos, por supuesto. Muchos periodistas han puesto el cuerpo a lo largo de la historia para dar sentido a esta profesión tan necesaria. Y lo siguen poniendo hoy, resistiendo en sus puestos de trabajo, enfrentando las presiones, padeciendo el injusto despido, superando desigualdades de todo tipo, creando nuevos medios donde materializar el compromiso de contar.
Claro que también están los anti ejemplos. Además de abundar, su voz es más potente. O mejor dicho, su voz está potenciada por los medios en donde desempeñan su anti ejemplaridad. Sus amañadas interpretaciones y sus fábulas delirantes construyen una pseudo realidad cada vez más alejada de los hechos. El pescado podrido de otros tiempos ahora recibe el importado –y más elegante- mote de fake news. La amplia difusión de estas atrocidades y la ausencia de desmentida construyen la llamada posverdad, un sentido común dominante basado en puras mentiras, que convierte al consumidor mediático en un colonizado.
Algunos podrán considerar exagerada esta afirmación. Sin embargo, las manifestaciones anticuarentena sugieren poca solidez en los argumentos de los participantes; en cada uno de ellos se puede detectar la huella de una falacia instalada desde la desproporcionada influencia de los medios hegemónicos y su difusión en las redes sociales. Lo preocupante es que esas deformaciones informativas después se expresan en las urnas. No olvidemos que convirtieron el suicidio del fiscal Nisman en un asesinato espectacular, una de las más emblemáticas muestras de manipulación mediática. Periodismo de guerra, como reconoció el fallecido Julio Blanc, exponente de esa prensa canalla. Periodismo de guerra que, lejos de terminarse, recrudece. La democracia está en peligro cuando una parte de la población basa su opinión en puras falsedades.
Por eso es tan importante educar a los futuros profesionales en la detección y deconstrucción de las noticias falsas; entrenar el olfato para descubrir lo que oculta una tapa; insistir en la práctica del chequeo de la información antes de darle difusión; desconfiar de los que siempre han mentido. Porque de eso estamos hablando: de la mentira que se instala como verdad y que alimenta los prejuicios del público distraído. La mentira, no como un error del periodista, sino como la nefasta magia de hacer que pase lo que nunca podría pasar, de hacer decir a alguien lo que nunca ha dicho. Como la información es un derecho, el que miente lo está vulnerando. La libertad de expresión no debería servir como excusa para la generación y propalación de falacias.
Ni siquiera en medio de la pandemia los diarios de mayor tirada y sus satélites todo terreno dejan de mentir, instalar el desánimo y horadar las instituciones. Mientras le dan cobertura a los 300 que inventaron la infectadura, silencian la carta de diez mil científicos que, con fundamentos sólidos, apoyan la continuidad de la cuarentena. Y así, con muchos hechos. No podemos conmemorar el día del Periodista sin recordar que en octubre de 2009 se promulgó la ley 26522, De Servicios de Comunicación Audiovisual. Años de debate confluyeron en un ejemplo mundial de democratización de la palabra. Como sabemos, Macri la destrozó de un plumazo. Ahora hay que exigir el retorno de esa normativa que volverá a traer aire fresco a la circulación de la palabra veraz, comprometida más con los intereses de la mayoría que con la avidez de una minoría empachada. Sin equidad en la comunicación, sin responsabilidad en la información, nuestro futuro siempre estará en peligro.

Una Independencia todo terreno

Un sector minúsculo de la población usurpó el Día de la Independencia para clamar por la libertad en medio de la cuarentena . Ya se habló ...