lunes, 19 de febrero de 2018

Los piratas del virrey


Como ya sabemos, los ejecutores del Cambio usan un lenguaje muy gourmet para los indigestos platos que nos convidan. Al blanqueo de capitales le dicen Reparación Histórica; al desguace del Estado, reestructuración; a los tarifazos, rebalanceo; al cierre de fábricas, reconversión y a las changas de subsistencia, cerveza artesanal. Así encantaron al electorado, que pensó que era algo nuevo. Tan nuevo que no les alcanza el vocabulario y necesitan inventar términos extravagantes y cacofónicos. Tanto que, aunque de espirituales tienen poco, se enclaustran en un retiro para diseñar otros versos que sostengan la tambaleante imagen gubernamental.
Eso sí: la creatividad sale cara. Mientras el Gran Equipo serrucha a mansalva y pregona austeridad, esas bocas que recitan pavadas ingieren en un solo día lo que una familia de ingresos medios en más de una semana. Como si esos pequeños espíritus habitaran en elefantes, el servicio de catering costó 2175 pesos por cabeza. “Y lo pagamos entre todos”, como vociferaba la prensa oficialista cuando era opositora. A pesar de semejante gasto público, no salieron más sabios.
Ante unos periodistas de la National Geographic, el empresidente Macri mencionó las “atractividades” de Argentina y así nos integra al mundo, con invitaciones coloniales y neologismos que no convencen a nadie. Un fallido más del mandatario que en dos años nos ha colocado entre las tres economías más miserables, junto a Sudáfrica y Venezuela, de acuerdo al reciente informe de la agencia Bloomberg. Miserable no por falta de recursos sino por la inflación y el desempleo, cuyos índices no paran de crecer desde la asunción del Ingeniero. Un podio al que hemos accedido por la distribución regresiva del ingreso que efectúan los miserables que nos gobiernan.
Tan miserables que aceleran el saqueo antes de que se despabilen casi todos los que los votaron. Como el primo de Marcos Peña Braum, Alejandro Braum Peña, que a pesar de las intimaciones –tímidas- del Ministerio de Medio Ambiente, sigue desmontando bosques protegidos, poniendo en riesgo a más de 17 familias wichi. Después hablan del daño al ecosistema y el desarrollo sustentable. O salen a disfrazar su cinismo con obviedades costosas, a la manera de Macri al declarar, después del retiro: “este encuentro tiene como objetivo promover, revalidar el valor del equipo, de compartir. El conjunto es más importante que el individuo”. Lo que comparten es la impunidad porque los individuos de este equipo sólo saben succionar lo que produce el conjunto. Y esto no es un exabrupto del teclado, pues se evidencia con la proliferación de cuentas off shore a nombre de los que se presentan como honestos y transparentes. Lo que es motivo de renuncia en funcionarios de muchos países, acá merece palmadas en la espalda y una sonrisa socarrona.
El honestismo hace aguas
Muy bien eso de la lucha contra la corrupción. Desde hace años está en nuestra agenda y es la causa de todos los males del país. Pero, para el imaginario colectivo ‘corrupción’ tiene un solo apellido: la política, aunque representa un mínimo porcentaje del dinero ilegal que circula por el mundo. Las operaciones ilícitas de las corporaciones globales y de los grandes empresarios ocupan el primer lugar y el porcentaje da pavor. Sin embargo, la evasión impositiva, el lavado de dinero y la especulación no indignan a la sociedad tanto como el robo de una cartera en la vía pública, aunque los montos sean infinitamente superiores.
¿Por qué la búsqueda de una bóveda en la Patagonia se convierte en una condena para el sospechoso y el hallazgo de una empresa no declarada en una cueva fiscal pasa como si nada? ¿Por qué cuesta tanto explicar que una sociedad en Bahamas o Islas Caimán es lo mismo que un bolso lleno de dinero? Más aún cuando las bóvedas no fueron encontradas pero las cuentas off shore de los funcionarios PRO brotan en cada filtración desde foros y medios internacionales. En parte, la imagen parece ser todo: un fiscal excavando como un arqueólogo o un equipo de la policía científica buscando dinero oculto en un dragón de metal impactan más en el telespectador. El video de un empresario contando billetes se convierte en un acto delictivo que termina en la cárcel. En cambio, una cuenta off shore es tan abstracta que no brinda la posibilidad de la imagen, salvo con paisajes de ensueño.
Pero hay algo más grave que involucra cierta mirada aspiracional de los sectores medios: la evasión impositiva de los ricos es tomada más como una picardía necesaria que como un delito que nos perjudica a todos. Por eso, el Subsecretario de la Presidencia, Valentín Díaz Gilligan puede afirmar con desfachatez que el millón de euros encontrado a su nombre en Andorra es “de un amigo que tenía problemas con el fisco”. O que el ministro de Finanzas Luis Caputo se beneficie con los bonos de deuda que él mismo emite. O que casi todos los funcionarios operen para hacer dinero desde el Estado. O que el buen Mauricio aparezca en más de 40 cuentas en paraísos fiscales y sea el anfitrión de la próxima Cumbre del G 20, donde los presidentes buscarán la manera de combatir esas formas elegantes de esconder fortunas.
Todo bien, total está la diputada militante PRO Laura Alonso al frente de la Oficina Anticorrupción para tranquilizar a los desconfiados. Además, la Unidad de Información Financiera –que se encarga de detectar el lavado de dinero- está a cargo de abogados provenientes de bancos que facilitan el lavado de dinero. Y la Justicia es tan independiente que otorga un sobreseimiento exprés a los funcionarios oficialistas pero dictamina prisión a perpetuidad a los del gobierno anterior, aunque no hayan encontrado dinero en cajas de zapatos ni en bóvedas. Siempre estará a mano el extraño video de José López escondiendo bolsos con dinero termosellado del Tesoro norteamericano.
Y si algún magistrado se atreve a imputar a un ungido por la mancha amarilla, recibirá una sanción del funcional Consejo de la Magistratura o un balbuceo público de incoherencias por parte de Macri. Con su espíritu recargado en Chapadmalal, el Gerente de La Rosada SA descargó su enojo con los integrantes de la Cámara del Crimen por ratificar el procesamiento del policía Luis Chocobar. Desde su barbarismo conceptual, tildó de asesino a quien no mató a nadie y aseguró que “habrá instancias donde podemos investigar si hizo las cosas bien”. Si no es en los Tribunales, ¿dónde estarán esas instancias?
Así estamos, en un país comandado por desaforados que quieren controlar todo y ocultar sus trapisondas con nuevas trapisondas o con mentiras infames para ingenuos empecinados. Y, por si el desencanto se vuelca a las calles, amenazan con balas eyectadas por esos policías que saben hacer las cosas bien.

jueves, 15 de febrero de 2018

El final tan esperado


Las cortinas de humo que el Gran Equipo intenta a diario duran menos que las metas de inflación que propone. Aunque intoxiquen a algunos distraídos, las bombas de estruendo de los amarillos cada vez hacen menos ruido. Quien se preocupe en serio por la amenaza de secuestro al papá de la vice Michetti merece un lugar destacado en el podio de la ingenuidad. Aunque las argucias pergeñadas en la usina PRO son cada vez más obvias, logran impactar en algunos incautos que se enteran de las cosas pero jamás se informan. La subestimación es tan obscena que el público colonizado debería empezar a reaccionar. O por lo menos, subir un poco la vara del entendimiento para no facilitar tanto el engaño.
El éxito de la manipulación depende, en parte, de la potencia de los medios dominantes y de la habilidad oficial para construir consenso. Sin embargo, puede fracasar cuando el espectador empieza a activar sus filtros, cuando el contraste entre las ficciones informativas y la experiencia cotidiana se torna evidente, cuando el despertar de la conciencia transforma al individuo en ciudadano. Si la manipulación triunfa es por la buena disposición del que está del otro lado.
El olfato puede ayudar: ni en las comedias más tontas un secuestrador revela sus intenciones de manera tan imprudente en un lugar como Laprida y con un blanco tan elevado. Este nuevo capítulo del Cambio busca consenso con la victimización de siempre y la alarma por el enemigo interno que tanto se esfuerzan por construir. Un personaje hostil que puede tomar la forma de un mapuche, un militante social, un trabajador disconforme, un sindicalista o de cualquiera que obstaculice los oscuros planes del Ingeniero y sus secuaces. Los esfuerzos de las plumas ilustres del establishment para hacer del Papa Francisco un personaje peligroso y detestable forman parte de esta perversa treta. Y muchos fieles se dejaron llevar hasta afirmar que no les “gusta tanto este Papa”.
Con tanto poder confundidor, la pantalla puede despertar odios de temporada e implantar ideas insostenibles en el teleadicto. Odio hacia personas que ni conocen por historias que no entienden o hechos que no ocurrieron. Tomar posición con el único sustento de un titular es el atajo hacia la incomprensión absoluta. En paisajes cotidianos ya nadie menciona a la ex procuradora Alejandra Gils Carbó, aunque meses atrás, cuando la prepotencia PRO quería quitársela de encima por mera venganza, su nombre era masticado con furor. En breve, el nombre de la fiscal Gabriela Boquín –la que investiga la estafa que la familia presidencial realizó con el Correo- estará en boca de todos como la enemiga de turno.
Un régimen de terror
Mientras tanto, Eugenio Zaffaroni surge en la escena como un golpista confeso. Si el juez Ariel Lijo ordenó la captura de la entrevista con un temible operativo policial en Radio Caput es por inocultable obsecuencia, pues podría haber accedido al audio en internet, como cualquier vecino. Todo para amedrentar y marcar la cancha. De “apología del crimen” acusan al ex Supremo y actual juez de la CIDH, como si estuviera para pergeñar golpes de Estado. ¿Dónde quedó aquello de “no perseguir al que piensa distinto”? Que Zaffaroni haya expresado su deseo de que este gobierno termine cuanto antes “porque nos está llevando a una catástrofe social” no es la reivindicación de ningún delito. Y la sugerencia de un juicio político tampoco vulnera la Constitución. Nadie imputó a Macri como golpista cuando dijo en agosto de 2010 que “habría que tirar a Kirchner por la ventana porque no lo aguantamos más”. Ni tampoco se lo acusó de nada al aplaudir la destitución de Dilma Roussef en Brasil por delitos no demostrados. Y nadie se asombra de que confabule con el Imperio para provocar la caída de Nicolás Maduro en Venezuela.
Si predecir el dramático desenlace de esta tragicomedia es golpismo, deberían procesar a muchos analistas económicos que encienden las alarmas hasta en los medios oficialistas. La caída del consumo, la baja en las exportaciones, el cierre de fábricas, la desocupación alentada desde la Rosada SA y la inflación provocada por los tarifazos y la desregulación, más la transferencia de recursos desde los sectores más pobres hacia los más ricos, son los ingredientes de un estallido cercano. A esto hay que agregar el crecimiento descomunal de la deuda externa hasta superar los 150 mil millones de dólares y la espada de las Lebacs –que ya regaló ganancias superiores a los 20 mil millones- para que no queden dudas. Este oscuro panorama no tiene en cuenta los innumerables conflictos de intereses –una versión refinada de la corrupción- que involucran a casi todos los funcionarios por operar en beneficio de las empresas de procedencia.
Ellos se presentan como iluminados demócratas después de conquistar la presidencia a fuerza de promesas que no pensaban cumplir y fábulas alucinadas con formato denuncista. Ellos se plantan como defensores de las instituciones cuando las han pisoteado con decretos y ostentación de fuerza. Ellos denuncian golpismo a pesar de haber mamado ideas y divisas de la dictadura. Ellos hablan de apología del delito aunque no sepan cómo disimular el deseo de exculpar a los genocidas en pos de una hipócrita reconciliación.
Desear que este gobierno termine cuanto antes debería ser un acto de patriotismo porque estos desaforados están desmadrando todo. Si este modelo continúa más allá de 2019, despidámonos de la dignidad que alguna vez estuvo entre nosotros. Además, los deseos populares no desembocan en golpes, sino en revoluciones y el argentino está muy lejos de eso. Los golpes siempre provienen del Poder Económico y sus acólitos porque tienen la capacidad para desestabilizar cualquier proyecto que intente una distribución más justa de las riquezas. De eso no hay peligro porque Macri gobierna como un fiel servidor de las apetencias de esa minoría avarienta. Este plan vampírico deja afuera a más de la mitad de la población porque no aspira a otra cosa que convertir al país en una colonia agroexportadora, como más de cien años atrás. Como confesó María Eugenia Vidal con un fallido histórico el día que conquistó la gobernación de Buenos Aires: “cambiamos futuro por pasado”.
¿Cómo no desear que esta pesadilla termine si los amarillos esgrimen la represión como única herramienta para solucionar los conflictos? ¿Cómo no desear eso si reivindican los abusos policiales y convierten en héroes a los que asesinan a indefensos por la espalda? ¿Cómo, si desmantelan el Estado para dejar todo en manos del Mercado? ¿Cómo no querer adelantar los tiempos si los que prometían integrarnos al mundo pasan papelones en los foros internacionales y los atropellos a los DDHH son titulares en todos los idiomas? ¿Cómo no estar en contra de un mandatario que conquistó las urnas con el “sí, se puede” para aplicar un modelo que sólo reparte imposibilidades para la mayoría? ¿Cómo soportar mucho más a alguien que pregona sobre la honestidad y la transparencia cuando amasó su fortuna con estafas y contrabando para esconderla en cuevas financieras?
Si esta banda de saqueadores debe abandonar el gobierno de manera anticipada, no será por los deseos del doctor Zaffaroni, sino por inoperancia, tozudez, entreguismo y sobre todo, por no contener sus pulsiones succionadoras. Entonces, nadie puede ser señalado como apologista cuando sólo anuncia un autogolpe.

lunes, 12 de febrero de 2018

Trampas de carnaval


El gobierno de los Amarillos nos está arrastrando por un camino peligroso, no sólo desde lo económico y social, sino también desde lo ético. Que el homicidio cometido por el policía Chocobar se convierta en modelo de protección ciudadana y habilite una irresponsable discusión sobre la pena de muerte es un ejemplo de ello. Tan confiados se sienten los personeros del Cambio del resbaloso sendero elegido, que osan despertar el morbo de la sociedad atropellando códigos, leyes y hasta la Constitución. Una estrategia embrutecedora para apartar de la agenda los graves problemas que genera el modelo de los globos y los chanchullos en los que están involucrados casi todos los funcionarios. Una pantomima para despabilar el lado oscuro de los prejuicios y consolidar un consenso tan menguante que ni la prepotencia mediática cómplice puede disfrazar.
Aunque las voces oficiales se esfuercen, el caso Chocobar no es prevención del delito ni legítima defensa. Los testimonios y el video así lo demuestran. Sin embargo, el empresidente y sus secuaces gambetean los hechos para sustentar el embuste. La ministra de Seguridad Patricia Bullrich debió apelar a mentiras infames y barbaridades jurídicas con el fin de tranquilizar las sucias conciencias que todavía la avalan. Cuando el policía disparó a mansalva, Pablo Kukoc estaba escapando, la cámara había sido recuperada y el turista norteamericano estaba a salvo. Y además, había caído por una herida en la pierna. Indefenso, fue ejecutado. Incomprensible que este claro episodio haya habilitado la discusión sobre la pena de muerte.
José Miguel Vivanco, responsable para América de Human Rights Watch, calificó el mensaje oficial como “peligroso” porque "está dispuesto a darle carta blanca a las fuerzas de seguridad para cometer abusos en la persecución de delitos". El Jefe de Gabinete, Marcos Peña, con su decadente encanto para embaucar, aseguró que “la política de seguridad está basada en el cuidado de los argentinos”, aunque Chocobar efectuó nueve disparos en plena calle que podrían haber impactado en algún transeúnte. Y Pablo Kukoc, a pesar de ser delincuente, también era argentino. Para reforzar el cinismo que siempre lo desborda, Peña Braum confesó creer “en la buena fe de los integrantes de las fuerzas de seguridad”, aunque hayan mentido en los casos de Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, Pablo Kukoc y el informe de Gendarmería sobre el suicidio de Nisman. Tanto mienten que el fiscal Ricardo Sáenz, militante PRO a cargo de la acusación de Chocobar, fue interrumpido en la lectura de su alegato por los camaristas de la Sala VI porque más parecía un defensor del homicida. Y después dicen que los fanáticos están de este lado de la Grieta.  
Mascaradas con vencimiento
La demagogia punitiva es la estrategia PRO para convocar a su núcleo duro. Una especie de justicia exprés que más se parece a un delivery exterminador. Si Macri, Bullrich, Durán Barba y todo el elenco gubernamental aprovechan este abuso policial para desviar nuestra atención, explotemos al máximo esta obvia treta para dejarlos al descubierto. El imaginario odiador supone la pena de muerte como una solución inmediata para la creciente inseguridad. Este es el resultado previsible de tanta manipulación perversa. Instaurar el castigo capital que pocos países tienen necesitaría, en nuestro marco institucional, reformar la constitución y los códigos penales y procesales, además de romper pactos internacionales, algo que nos aislaría del mundo. Tanta transformación no se hace de un día para el otro. De lograr tanto retroceso, la acción de Chocobar está muy lejos de ese anhelo de pocos.
La ejecución de un reo no es instantánea: la captura, el juicio, la sentencia y la ejecución de un delincuente lleva años; tantos que, cuando se concreta, la opinión pública ni se acuerda del delito. Además, este mecanismo penal no se aplica a robos, hurtos, heridas leves, arrebatos sino al asesinato con saña. Relacionar la pena de muerte con la sustracción de una cámara con heridas punzantes leves es un despropósito. Si así fuera, ¿cómo deberíamos castigar a los evasores, especuladores y explotadores que roban y dañan a casi toda la sociedad?
Claro que, con un presidente como Macri, todo se trastoca. Mientras fiscales y jueces acólitos inventan causas para demonizar, perseguir y encarcelar a todos los que huelan a kirchnerismo, el Ingeniero condenado por contrabando, perdonado por la estafa de las cloacas de Morón, con cuentas off shore no declaradas y que intentó perdonarse la deuda de 70 mil millones de pesos que su empresa tiene con el Estado, puede pontificar sobre honestidad y transparencia. Y, además de endeudarnos por cien años, traspasa un límite monstruoso al homenajear a un procesado por “abuso de legítima defensa”, una manera amarilla de tildar una ejecución in situ.
El Cambio nos obliga a transitar senderos oscuros y escabrosos. Sancionar con la muerte no soluciona nada, como demuestran las estadísticas en los países donde esa pena existe. Más allá de los trastornos psicológicos que pueden configurar a un homicida, ningún niño dirá que de grande quiere ser delincuente, salvo en contextos particulares. Si bien no todo pobre es ladrón, la desigualdad creciente es una invitación para que lo sea. Y esto no debe tomarse como una justificación del delito menor, sino como una búsqueda de la solución. Que un excluido robe para comer, aunque esté mal, es una consecuencia de la exclusión que padece. Pero que un multimillonario escamotee fortunas a la sociedad abusando de su posición dominante debería indignar a todos. Más aún si tenemos en cuenta que ese accionar delictivo de los más ricos es lo que provoca tanta desigualdad.
Sin embargo, el Gobierno Amarillo está conformado por personajes así: angurrientos y despiadados; cínicos que incrementan de manera espuria su patrimonio mientras pregonan sobre la cultura del trabajo y el esfuerzo. Corruptos sin freno que señalan la paja en el ojo ajeno, mientras ostentan, sonrientes, las vigas que cuelgan de los propios. Beneficiados perpetuos del nepotismo oligarca que alimentan al resto con migajas meritocráticas. Ellos se reconocen, se acomodan y se protegen, dejando a la mayoría en la indefensión.
Arrebatadores de futuro, disfrazados de intachables, lograron copar La Rosada para conquistarlo todo: premian la ignorancia con ministerios, los chanchullos, con impunidad y el saqueo, con palmadas en la espalda. Amparados en el blindaje mediático, la complicidad judicial y la confusión del público, hacen del país un negocio exclusivo, tanto que terminará con una exclusión record.
Muchos lo advirtieron antes del balotaje, pero algunos se dejaron engañar. Con el tiempo, los colmillos de esta nueva alianza quedaron tan visibles que el desengaño comenzó a expandirse, no sólo en los votantes sino en aquellos que no fueron elegidos para consentir ni para garantizar una gobernabilidad que sólo beneficia a unos pocos. El freno a estos despiadados conquistadores debe accionarse de inmediato, sin nombres pero con banderas partidarias o argentinas, en las calles, en los tribunales, en el Congreso, con la plena convicción de que lo que Ellos planean no es el país que soñamos sino el pantano en el que muchas veces ya nos hemos zambullido.

jueves, 8 de febrero de 2018

Una novedad apolillada


El bestial sentido común de los Amarillos se impone con la prepotencia de los matones. Todas las armas están en sus manos y las utilizan sin pudor, tanto las de fuego como las simbólicas, pasando por las económicas y las judiciales. Cuando el Poder Real gobierna, no hay que sorprenderse de sus atrocidades sino de la aceptación que provoca en muchas de las víctimas de su accionar: ajustados y despedidos ofrendan, orgullosos, su dignidad para sacar al país adelante, mientras los más ricos fugan y acumulan fortunas que cargan a nuestra cuenta. “Lo que hay que hacer” es el mantra que recitan los miembros del Gran Equipo y se talla en el cerebro y el corazón de los desprevenidos. Un remedio para una enfermedad que jamás existió y que, por más que la mezclen con los más dulces jarabes, siempre sabrá al peor de los venenos.
Hasta la más edulcorada de sus fieras deja escapar la ponzoña que producen sus entrañas. La gobernadora Vidal, fuera de los ambientes controlados por sus publicistas, transforma su pose angelical en una despectiva mueca cuando tropieza con gente de carne y hueso no guionada. Ante el reclamo de una sindicalista docente por las paritarias suspendidas por un decreto de Macri, apeló a una frase del catálogo de lugares comunes de contenido incongruente: “y que los chicos aprendan”, escupió. Un docente tiene la obligación de enseñar pero no está en sus manos el aprendizaje de los alumnos. Si los chicos no aprenden, habrá que estudiar las causas. ¿Cuántos años hace que la vicepresidenta está aprendiendo a costa del Estado y siempre demuestra que no aprende nada? Si ella balbucea absurdos ante cada pregunta, ¿cómo vamos a enjuiciar a un docente porque los chicos no sepan recitar la tabla del cuatro? Cuando uno la ve derrapar en los canales amigos, es inevitable recordar el escándalo que hicieron por el título de Cristina.
El bestiario que sacuden ante nuestra nariz tiene como objetivos evidentes la amenaza y la distracción. La insólita defensa oficial de la incontinencia balística del policía Luis Chocobar es una muestra de eso. Aunque el efectivo de seguridad ostente un apellido de golosina, el episodio es por demás amargo. No sólo por el fusilamiento por la espalda de un delincuente desarmado, sino por el empecinamiento del Ingeniero y sus cómplices de exhibirlo como ejemplo. Y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich esgrime una nueva doctrina que no discutió con nadie, salvo con su emporcada conciencia. En nuestro país no hay pena de muerte pero si existiera, no sería un policía el encargado de aplicarla. La barbarie PRO nos lleva a discusiones que jamás habríamos encarado en tiempos más luminosos. Por eso suena a entretenimiento,  provocación o amenaza. Las balas amarillas tendrán como blanco no sólo a los que roben una cartera en una esquina porteña sino a cualquiera que se oponga al saqueo que comenzó hace poco más de dos años.
Detrás de la cortina
La nueva doctrina defecada por Bullrich coloca a los uniformados a su cargo como verdugos y testigos de episodios confusos y su palabra será sagrada. Algo insostenible desde todo punto de vista. Al castigo fatal en territorio le ponen el pomposo mote de ‘prevención del delito’. Y si algún fiscal o juez pretende investigar el hecho, será demonizado desde las voces oficiales y hasta podrá ser destituido por un soplido del funcional Consejo de la Magistratura. Esa es la Justicia independiente tan prometida en campaña, independiente de las leyes, de la coherencia y sobre todo, de cualquier sentido de Justicia.
Pero esta terrorífica puesta en escena tiene como objetivo camuflar una realidad que se vuelve cada vez más oscura. Cuando corre peligro la eficacia discursiva de los PRO, siempre asoma su cabezota el asesor ecuatoriano Jaime Durán Barba, no para aportar ideas coherentes sino para arrojar bombas cargadas de absurdos. Calificar a Hitler como un tipo extraordinario es uno de sus hits más memorables. Siempre despliega un mamotreto construido con el sentido común del núcleo duro presentado con un formato científico desbordante de experticia. Un manipulador que sólo puede convencer a los que ya están convencidos.
Aunque cueste creerlo, ahora salió a decir que la mayoría de los argentinos queremos la pena de muerte. Si esto es así, abramos las tranqueras para que nos planten otra bandera porque no hemos aprendido nada. Si ejecutar por la espalda a un ratero es la solución a todos nuestros problemas, renunciemos a construir un país equitativo. Si los que se emocionan hasta las lágrimas con las fotos de un niño desnutrido aplauden las balas contra un delincuente menor, si los que ovacionaron la Pobreza Cero de Macri justifican la reforma laboral o la renuncia recaudatoria del Estado a los más ricos, si los que se indignaban con las denuncias domingueras de corrupción ahora se muestran indiferentes a los conflictos de intereses que se ejecutan todos los días desde La Rosada SA, estamos en problemas porque la coherencia nos ha abandonado.
Tanto es así que los Amarillos han logrado que el desmantelamiento del Estado sea la mejor garantía de futuro. La parodia de la empleada pública se convirtió en un estigma para todos los trabajadores del Estado y en un argumento para los miles de despidos que se están produciendo. El objetivo es allanar el camino de los privados para hacer de nuestro país un negocio exclusivo. Y el perjuicio es evidente: cuando un hospital, una escuela o un servicio no tiene personal suficiente, es lógico que funcione mal. Ellos dicen que en manos de privados todo funcionaría mejor, pero Débora Pérez Volpin falleció por mala praxis en un sanatorio y Fly Bondi –la línea aérea de bajo costo ligada a un funcionario- ha demostrado que ni sabe volar.
Y este atroz y ya experimentado achicamiento del Estado involucra la producción, como Fanazul, la investigación, como el Conicet y el INTA y los controles, como el INTI y el SENASA. En los noventa, se probaron estas drásticas y destructivas medidas que sólo ocasionaron decrecimiento del desarrollo, fuga de científicos, importados con contenidos tóxicos y un brote de fiebre aftosa, entre muchas consecuencias nefastas. Eso sí: hubo un sorprendente crecimiento de la economía que no benefició al conjunto sino a un puñado de especuladores. En el ADN PRO circula el refutado concepto de la dictadura achicar el Estado es agrandar la Nación. Cuando el Estado se retira en beneficio de los privados, sólo se agranda un puñado de avarientos.
Por todo esto es auspicioso que la oposición manifieste las intenciones de rechazar de plano el mega decreto de Macri, no sólo por su contenido, sino también por apelar al DNU sin necesidad ni urgencia. Y nada de aceptar un maquillaje parlamentario que después se diluye cuando se ejecuta. Con recordar la maniobra realizada por el Ejecutivo con la Ley de Blanqueo de Capitales basta para no caer otra vez en la trampa: en su versión legislativa, excluía a familiares de funcionarios pero la reglamentación firmada por el empresidente permitió que hasta su hermano pudiera limpiar su fortuna espuria.
Aunque muchos consideren que esta advertencia es exagerada, estamos al borde de una tiranía a la que hay que frenar cuanto antes. El Poder Económico gobierna tras la figura de Macri y sus secuaces, no sólo para succionar nuestros recursos sino también para colonizar nuestro espíritu.

lunes, 5 de febrero de 2018

Todavía están aprendiendo


El empresidente Macri no se avergonzó cuando afirmó en Rusia que gobernar es más fácil que jugar al fútbol. Tampoco se ruborizó con el gesto de Vladimir Putin en la bilateral cuando habló de Antonia y el Mundial ni cuando reconoció, ante un periodista que, como es ingeniero, no sabe de Economía. Algunos toman esto como sinceridad, aunque suene a caradurismo. El marketing le aconseja que para parecer humano debe incluir en sus balbuceos metáforas futboleras o anécdotas con Cacho y María. Esto ha dado resultado para catapultarlo a la presidencia pero en sus discursos internacionales, abochorna. Tal vez no sea estrategia sino desnudez: la banalidad que aflora en su superficie no es más que el fondo que lo constituye. En nuestra historia, hemos tenido mandatarios abogados, médicos y militares pero ninguno se quejó por las limitaciones de su formación académica. Con ese criterio, sólo podrían presentarse candidatos poli-rubros o, como sugería Platón, los más sabios.
Por supuesto, la sabiduría lo esquiva. Si en ocho años al frente de la CABA y más de dos en La Rosada SA no aprendió nada de Economía, que es el motor de un país, estamos en problemas. Más aún cuando lo hemos visto opinar, prometer soluciones y hasta tomar decisiones sobre el tema. Nadie sabe todo y para eso existen asesores y ministros expertos en las diversas áreas del Estado y de tanto escuchar consejos, algo se aprende. Macri, no y por eso habla de fútbol. Si no sabe nada de Economía, ¿cómo decidió poner en práctica este plan económico y no otro? Con su excusa tan poco astuta –apenas es un ingeniero-, ¿con qué criterios toma decisiones en salud, educación, justicia? ¿O sólo es un maniquí que firma sin entender los contenidos?
Esto explica sus cuantiosos yerros cercanos a la parodia, como los puertos en Santiago del Estero que prometió en campaña o “los cosos esos que construyeron los jesuitas” en un acto en Misiones. Esto explica, pero no tranquiliza. El inusitado blindaje mediático que narcotizó a una parte de la población durante todo este tiempo comienza a perder su eficacia. La imagen positiva del empresidente ha bajado muchos puntos en los últimos meses y sólo una cuarta parte lo defiende con uñas y dientes. Más de la mitad de los ciudadanos se considera ahora opositor y los temores por una crisis se acrecientan. No es para menos: si el Ingeniero que no sabe nada de Economía ha elegido el peor rumbo para solucionar problemas que no existían.
Manotazos que espantan
Los estropicios del Gran Equipo son tan evidentes que el velo protector se está rasgando. Tanto que hasta Clarín -el inventor de Macri- esboza algunas críticas para simular compromiso con sus lectores y el diario La Nación recordó que Juan José Aranguren –ministro de Energía- había prometido en octubre de 2015 que, si Cambiemos ganaba el balotaje, la electricidad sería gratuita para los más pobres. Por supuesto, no fue así. Aunque resulte reiterativo, no sólo esto quedó incumplido, sino casi todo, por no decir todo. Como la pobreza no tiende al cero, como la inflación –tan fácil de resolver, según el Ingeniero que no sabe de Economía- sigue siendo un problema, como las inversiones no llegan, a pesar de las concesiones realizadas a los más ricos, como el desarrollo ni asoma y el crecimiento decrece, es natural que reine el desencanto hasta en los que apostaron por el Cambio. Por si alguien duda, que le pregunte al ex titular de la UIA, Héctor Méndez, cuya empresa proveedora de Peugeot, ITEC, quebró a mediados de enero. Cuando se conoció el resultado del balotaje, Méndez se sintió en la gloria, porque, si su negocio “había sobrevivido al kirchnerismo”, con el Gran Equipo le iría mejor. Cuánto se equivocó, como muchos.
Ante un consenso que se desgrana, los Amarillos decidieron a consolidar su núcleo duro de la manera que mejor saben: la mano dura y la persecución de clase. Lo primero lo intentaron con la reivindicación del repudiable homicidio de Pablo Kukoc en manos de un policía desenfrenado.  Macri y sus espadachines intentaron pintar de heroísmo la saña punitiva de Luis Chocobar, justo cuando la Justicia decidió procesarlo por abuso de legítima defensa. Un florido eufemismo para camuflar una ejecución. Que un delincuente robe y acuchille a un transeúnte está tan mal como que un policía de civil efectúe nueve disparos a alguien que está huyendo. Pero peor que el presidente legitime una pena de muerte que no existe en nuestra Constitución y que se comprometa a defenderlo en el juicio.
Claro, como es ingeniero, puede ofrecer todo su apoyo y “decirle que lo acompañamos y que confiamos en que la Justicia en otra instancia lo liberará de todo cargo, reconociendo su valentía”. Y la ministra Patricia Bullrich, en una muestra más de su bestialidad, resaltó que  “nuestra filosofía es que los policías estén en la calle, que persigan a los delincuentes en el marco de las leyes y nosotros no los vamos a dejar solos frente a interpretaciones judiciales que lo que hacen es condenarlos por trabajar”. Esto no es más que apología de delito y sólo pueden aplaudirlo los odiadores que se amontonan en el peor lado de la Grieta.
La otra treta para consolidar su núcleo duro es la persecución política: desde los titulares que estigmatizan la Década Ganada hasta la prisión preventiva por denuncias infundadas; desde la represión a los que se resisten al desamparo PRO hasta el apriete a los que intentan esbozar el rechazo a este modelo destructivo; desde la construcción del enemigo interno hasta el acoso a los sindicalistas. En medio de este berenjenal, los Moyano están en la mira. Desde que Hugo rompió con Cristina en 2011, no hubo denuncias en su contra. Hasta apareció junto a Macri como un matrimonio feliz. Ahora que convocó a la marcha del 22 de febrero y que su hijo Pablo interpretó como un error romper con el kirchnerismo, un torrente denuncista ahoga a la opinión pública.
El Ingeniero que no sabe de Economía, Justicia, Política Internacional, Salud y menos aún convertir en realidad la Revolución de la Alegría, sabe cómo interpretar el papel de víctima. Si las cosas no marchan bien es porque hay sectores violentos que ponen palos en la rueda, según su recurrente salmodia. Si el país no arranca es porque no todos están poniendo el hombro, según su sesgada interpretación de la realidad. Los palos en la rueda los ponen sus aliados que, en lugar de invertir la multimillonaria transferencia de los que menos tienen, especulan y fugan como nunca. Poner el hombro, en la jerga PRO, significa que la mayoría acepte con mansedumbre renunciar a la dignidad para potenciar los privilegios de unos pocos que no ponen ni una uña. Macri no sabe de Economía pero es un experto en conseguir que las víctimas avalen a sus victimarios.

jueves, 1 de febrero de 2018

Reflexiones frescas para un verano recaliente


  Una pregunta que ya ni vale la pena hacerse es para quién gobierna Macri y su troupe de farsantes.  En los primeros meses de la Revolución de la Alegría, era la pregunta del millón. Después de dos años, este interrogante peca de ingenuidad. Y quien pretenda anunciar hoy como una gran revelación que gobierna para los más ricos es un obtuso o tan estafador como los que conformaron La Rosada SA. Ahora aparecen algunos críticos del cotillón mediático que cuestionan las formas pero no la sustancia. Puro simulacro para entorpecer el pensar del público, que no come vidrio pero sigue masticando las pantallas.
  ¿Qué ven de bueno en Macri los que lo siguen apoyando? Los inversionistas, se ve que muy poco, porque no sueltan un centavo, a pesar de las facilidades para especular y explotar que el Gran Equipo ha servido en bandeja desde el primer día. Los industriales vernáculos, acorralados por las importaciones que disputan con ventaja el desmantelado mercado interno y por los servicios públicos que no cesan de aumentar, no encuentran nada bueno en Globolandia. Los trabajadores, casi nada, porque, a la abrupta caída del poder adquisitivo se suma la amenaza del desempleo o de la tan forzada flexibilización, que los convertirá en esclavos con propina. Los que estaban excluídos sólo les queda esperar las dádivas de los comedores y que se sumen más estafados, porque lo de Pobreza Cero fue la burla más cruel de la campaña de Cambiemos.
  Esta serie de decepciones explica la caída en la imagen positiva del empresidente y las pocas expectativas para el futuro. Un futuro que se escapa porque el paraíso está cada vez más lejos. Si todavía quedan votantes que no se atreven a descreer es porque el verso mediático, judicial y político de la Pesada Herencia ha hecho mella en su entendimiento. A pesar de que mascullan protestas contra los perjuicios que produce el Cambio en sus vidas, el imaginario incrustado sobre el populismo K calma, por ahora, sus pulsiones caceroleras. Y se han dejado convencer de que todo lo que ordena el Ingeniero es necesario para desarrollar el país y mejorar la vida de los argentinos. Un poco de conciencia basta para comprender que achicar el Estado no ha sido nunca el mejor camino para reducir el déficit fiscal producido por las quitas impositivas a los sectores más ricos.  Si el tamaño del Estado es importante más lo es su intención: en una sociedad desigual lo que menos debe hacer es aliarse con los poderosos; por el contrario, debe buscar los mecanismos para reducir la desigualdad y actuar como protección de la mayoría de los ciudadanos.
¿Dónde está la alegría?
  Los más ricos están felices porque pueden fugar multimillonarias sumas que pagaremos entre todos. Los dueños y periodistas de los medios cómplices también porque reciben fortunas de pauta oficial para silenciar las atrocidades de los amarillos. Los agrogarcas pueden dañar el ambiente con venenos, fertilizantes y aniquilación de bosques protegidos para multiplicar ganancias que atesoran en paraísos fiscales sin que nadie les haga un mínimo reproche. Además, pueden comprar maquinaria agrícola y coches de alta gama gracias a la importación sin aranceles. Y por si esto fuera poco, lograron incrustar a un fiel representante de esa oligarquía parasitaria y rentística en el ministerio de Agroindustria, el esclavista y evasor Luis Miguel Etchevehere. Ellos son los más felices.
  Pero estos gozadores del Cambio no alcanzan para desbordar las urnas. El resultado del balotaje y de las últimas elecciones legislativas se completó con muchos que jamás estarán invitados al festín de los angurrientos: trabajadores que no querían pagar más el impuesto a las ganancias, docentes que sueñan con una educación mejor, amas de casa cuya adicción a las telenovelas era interrumpida por las cadenas de Cristina, usuarios de servicios públicos indignados con los subsidios, jubilados que anhelaban una vejez más digna, patriotas encantados con la idea de unir al país y muchos pobres que creyeron que Macri venía a ayudarlos de verdad. Todos seducidos con la patraña del fin de la corrupción, de los atropellos institucionales y de una dictadura que no existía. ¿Qué ven de bueno estos estafados en los dos años de gestión de Macri?
  ¿Qué es lo que les gusta de este gobierno, que la plata de nuestros impuestos vaya a manos de los que nunca ponen nada; que el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, en lugar de equilibrar la relación entre patrones y asalariados, la desequilibre a favor de los primeros y que después de mantener en la informalidad a una empleada y acomodarla en un sindicato, pida disculpas por haber dicho una palabrota; que el Gerente de La Rosada SA simule transparencia desafectando a los familiares de funcionarios de la esfera del Estado como si hubiesen caído del cielo, después de permitir por un decreto ilegal que blanqueen sumas ilícitas, se perdonen deudas y conviertan lo público en negocio exclusivo? ¿Qué es lo que apoyan los que apoyan a Macri, que las fuerzas de seguridad asesinen si pudor para proteger los bienes de los terratenientes; que Mauricio ignore a los familiares de los tripulantes del ARA San Juan, cuando su carrera política se montó sobre el incendio de Cromañón y la Tragedia de Once?
  ¿Qué apoyan de este gobierno, que Marcos Peña Braun declame que se acabaron los privilegios porque “todos somos iguales ante la ley y deben todos responder ante la Justicia"  cuanto todos ellos provienen de familias privilegiadas e impunes; que el Jefe de la bancada oficial, Nicolás Massot -sobrino de cómplices y beneficiarios de la dictadura- reclame por la reconciliación cuando en realidad está exigiendo una amnistía para los genocidas; que la Plaza de Mayo sea remodelada sólo para quitar las baldosas con los pañuelos de las Madres y que su casa haya sido allanada para robar los archivos? ¿Qué sienten cuando Macri, en su afán de apertura al mundo para convertirnos en colonia, esgrime la apolillada y rebatida zoncera de que "todos los sudamericanos somos descendientes de europeos", como si padeciéramos un exilio en tierras inhóspitas?
  Hay más de un 20 por ciento que no debería coincidir con el ideario del PRO y sin embargo, se esfuerza por hacerlo. Quizá sea porque asimilar estas ideas simule pertenencia o porque no se atrevan a sumar uno más uno. Quizá porque sea más fácil seguir confundido que escapar de la confusión. Si esos individuos que se dejaron embaucar por la mentira neoliberal reflexionaran sobre algunos interrogantes de este apunte, ya estarían oponiéndose. Además, advertirían que el populismo tan denostado desde las usinas oficialistas es más beneficioso para el conjunto que esta demogogia populista que despliega el Gran Equipo. Y, por fin aprenderían que cuando el Poder Económico toma el control del país -por golpes de Estado o elecciones amañadas- todo es corrupto, incompatible, decadente y, sobre todo, antidemocrático.

jueves, 18 de enero de 2018

Totalitarismo al palo

   Desde hace tiempo, el establishment vernáculo tiene cierta inquina con el Papa Francisco. Todos los que hoy son oficialistas lo imaginaron como un aliado celestial, pero se toparon con alguien que predica en contra del ideario que están imponiendo en el país: la acumulación sin tope de riqueza, la miserabilidad de los que tienen de sobra y la crueldad de empobrecer más a los que sobreviven en la base de la pirámide social. Por eso, desde los medios dominantes, tratan de emporcar su imagen, diluir su palabra, distorsionar sus gestos para que su público también lo deteste. "No me gusta tanto este Papa", podrá comentar una vecina sin poder explicar el porqué. Con su visita a Chile sin escala en Argentina, las plumas hegemónicas estrujaron su creatividad para orquestar una campaña anti pontífice sin precedentes. Y el colonizado se deja tejer telarañas de incomprensión como si fuera un lactante ante el arrullo materno, mientras el gobierno que traiciona todos los principios sigue sembrando desigualdad y violencia.
   Así con todo, no sólo con el Papa. Los cerebros mediáticos y políticos que nos gobiernan realizan esfuerzos mancomunados para convertir la escasa conciencia del espectador en un licuado indigerible. Mentiras y justificaciones atraviesan la pantalla para sostener un consenso que se deteriora con cada medida gubernamental. A pesar de tanta apología aturdidora, las encuestas revelan una auspiciosa caída en la imagen presidencial. Si no fuera por las nocivas vociferaciones medíaticas que aturden todo entender, nadie como Macri hubiera llegado tan lejos.
   Que la gobernadora de Buenos Aires -como otros funcionarios PRO- argumente que Francisco no viene a Argentina por la violencia que reina en estos días es un desafío a la voluntad de creer. Los atentados a iglesias, edificios y helicópteros en Chile no constituyen una bienvenida muy pacífica. Aunque la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich asegure que los manifestantes del 14 y 18 de diciembre en rechazo a la Reforma Previsional arrojaron 14 toneladas de piedras contra el Congreso, en nuestro país reina la paz, a pesar de las provocaciones. Con semejante cantidad de piedras, que ocuparían más de 50 metros cúbicos, una parte del edificio hubiera quedado sepultada. Y no es la primera patraña de este inadecuado personaje. Con recordar su denuncia sobre las armas mapuches que cortan árboles de cuajo bastaría para desplazarla de cualquier cargo que exija cierta responsabilidad. Pavadas que se dicen a sabiendas de que no serán puestas en duda por la Cadena Nacional encubridora de las atrocidades del Gran Equipo.
   Desde esas usinas de estiércol llegaron a decir que no había entusiasmo por la visita papal y trataron de desalentar a los fieles que deseaban cruzar la cordillera para presenciarla. La realidad paralela que construyen a diario sólo encuentra eco en los que están convencidos de esas pamplinas. Si lograron que Macri ocupe La Rosada, ¿cómo no van a lograr que muchos católicos renieguen de Su Santidad?
 Mucho más que marketing
    El discurso amarillo llama 'violencia' al rechazo que generan sus prepotentes decisiones. Sin el efecto "amortiguación" de los medios hegemónicos, las calles argentinas estarían más efervescentes y la indignación con fundamento inundaría los rostros cotidianos. Si el Gran Equipo pudo desbaratar tanto, es por el blindaje que lo rodea. Nadie en su sano juicio podría aceptar tanto deterioro innecesario, tanto avasallamiento institucional. Aunque los titulares no lo denuncien, estamos a las puertas de algo insólito: un totalitarismo en democracia. Con un liderazgo artificial, el empresidente invade todas las esferas de la República para poner todo a disposición de las corporaciones.
   Sus decretos de necesidad y urgencia sólo buscan amoldar a golpes la legalidad para profundizar un reparto desigual de las riquezas que generamos entre todos. Sólo la avaricia de una minoría rentística guía los pasos del Cambio. Para justificar el mega decreto de descuartizamiento del Estado, el Jefe de Gabinete, Marcos Peña Braun apeló, una vez más, a la mentira y con el cinismo que lo caracteriza, eructó: "su implementación es urgente para fomentar la inversión y poder cumplir el objetivo de salir de la pobreza". Las tan invocadas inversiones y para tentarlas, reducen impuestos, cargas laborales y brindan un amplio abanico de posibilidades para vaciar el país. Con todo esto, no vienen. 
   Pero más grave que esta zanahoria es el objetivo que plantea: salir de la pobreza. Decir que nuestro país está en la pobreza no es más que un engaño para imponer los ajustes que se le antojen al Ingeniero y su Gran Equipo, para sumergir nuestra autoestima, para someter nuestra dignidad. Argentina no es pobre ni lo ha sido nunca sino que padece un cíclico proceso de saqueo vampírico. Mientras existan personajes que ostenten fortunas superiores a los 3000 millones de dólares, no es adecuado hablar de pobreza, sino de injusta distribución de la riqueza. Algún ingenuo dirá que esa fortuna se amasó por el trabajo de su dueño. Ningún trabajo arduo, honesto y comprometido rinde tanto en el mercado. Una cifra como ésa es resultado de la evasión, la especulación y la explotación.
   Y de la miserabilidad de gastar lo menos posible en tributos y salarios; vicio que llaman pomposamente, 'mejora de la rentabilidad'. En criollo: mutiplicar las ganancias poniendo cada vez menos. En estos días explotó el ejemplo del ministro de Trabajo, Jorge Triaca: registró a su empleada cuando asumió como funcionario pero completaba su sueldo con el aporte del sindicato de los marinos. Y encima la echa de la peor manera. Si el encargado de regular las relaciones laborales actúa así, ¿qué se puede esperar de los grandes empresarios? El hecho de que siga siendo ministro se explica porque es el Poder Real el que gobierna y lo hace como su angurria le dicte.
   Por eso sus barbaridades quedan impunes. Como la decisión de la estatal YPF de diferenciar el precio de las naftas por barrio, horario y disponibilidad, lo que desatará una "guerra", no para tender a la baja sino para que las petroleras ganen más, incluída Shell, la favorita del ministro de Energía. O la invitación de la gobernadora Vidal a los docentes a que se desafilien de sus sindicatos. Ellos hablan de diálogo y consenso pero sólo quieren acatamiento de sus órdenes. Si no, que lo cuente Carlos Anaya, el ingeniero y arborista que, después de afirmar que la palmera de la Casa Rosada podría haberse salvado, fue obligado a jubilarse con anticipación. 
   La hipocresía abunda en las filas del PRO y sus integrantes no se cansan de demostrarlo. Si Marco Peña Braun dice que "vamos a trabajar en el marco de paritarias libres" es porque las quieren limitar: con el techo artificial del 15 por ciento que sólo los trabajadores van a cumplir o con el decreto ministerial que anula la partiraria docente nacional como han hecho en estos días.
   Algunos dicen que estamos en una neodemocracia y otros, en una neodictadura. Con la etiqueta que quieran, el Cambio es perjudicial para la mayoría pero no todos se dan cuenta: mientras la telenovela de Nisman reaviva los corazones caceroleros, el aleteo de los buitres nos traen vientos putrefactos. El Ministerio de Finanzas advirtió que la capacidad del país para endeudarse "puede verse afectada por el remanente de litigios holdouts". Y eso que anunciaron hace casi dos años la salida del default. Nada les sale o nada hacen bien. Lo que les sale muy bien es el mal y cada vez son más los afectados por sus tinieblas. La luz no está tan lejos; sólo hay que saber buscarla.

Los piratas del virrey

Como ya sabemos, los ejecutores del Cambio usan un lenguaje muy gourmet para los indigestos platos que nos convidan . Al blanqueo de capit...