jueves, 21 de noviembre de 2019

Un porcentaje que avergüenza


Con rayitas en la pared, estamos contando los días que faltan para que Macri deje de ser presidente. Todos: unos con esperanza de algo mejor y otros que, inexplicablemente, lo extrañarán. La transición se acelera mientras el Ingeniero aprovecha el poco tiempo que le queda para seguir cerrando negocios y garantizar su impunidad y la de sus cómplices. Aunque el 40 por ciento que votó por este engendro no quiera admitirlo, el Gran Equipo nos deja un país peor que el recibido y ha cometido tantas tropelías que más que una gestión de gobierno pareció un plan de saqueo. La construcción del sentido común ejecutada por los medios hegemónicos podría considerarse un crimen: que muchos estén convencidos de que los enemigos son los K es un contundente argumento. Lo que se viene es un nuevo episodio de la batalla cultural, donde los que fueron complacientes apologistas de estos monstruosos cuatro años se convertirán en feroces denostadores del intento de recuperación de algo.
En realidad, ya lo están haciendo. Desde el triunfo en primera vuelta, el acoso periodístico es constante. Tituleros y analistas no saben cómo sembrar el desaliento y provocar una disolución social. En su afán de horadar el consenso hacia el gobierno entrante, son capaces de convertir en noticia principal de tapa el comentario de un obispo en Facebook sobre el proyecto de IVE del futuro presidente. Y encima, Clarín y La Nación resultaron tan obvios al publicar el mismo título en sus tapas que hay que ser muy obcecado para no cuestionar la jugada. A todas luces, una operación de prensa tan absurda como repudiable; una muestra más de la subestimación a lectores dispuestos a dejarse subestimar.
Como los medios bolivianos que, obedeciendo órdenes del gobierno de facto, mostraron el interior de la casa de Evo para justificar el golpe. Los voceros vernáculos se hicieron eco del show, por supuesto, aunque en simultáneo, el Buen Mauricio estaba disfrutando de unas nuevas vacaciones en un complejo turístico de lujo en la provincia de Córdoba. Esto es colonización de la conciencia; es, no sólo mostrar un hecho insignificante, sino instaurar una capciosa lectura de las cosas; es manipular de manera vil la información en abandono de la objetividad e independencia que tanto pregonan. Los lujos de Evo son “inaceptables” porque un indio que representa a pobres y trabajadores debe vivir de manera precaria, tal como sus representados. En cambio Macri, como es blanco y rico, no es merecedor de ninguna objeción a sus privilegios, sino todo lo contrario. Siempre suena la célebre frase de Javier González Fraga a poco de empezar esta pesadilla –“les hicieron creer que…”- como una declaración de principios de la oligarquía gobernante: los ricos merecen todo y los demás, algunas migajas.  
La continuidad del saqueo
Sin dudas, el mayor éxito de esta colonización es el pobre de derecha, el que justifica las angurrias del patrón, el que adopta los desprecios de la clase dominante sin advertir que también es blanco de esos desprecios, el que está dispuesto a renunciar a sus derechos con la vana ilusión de recibir una caricia de los privilegiados. El que cree que coincidir con los explotadores es la llave de acceso al círculo de los poderosos. Una víctima que idolatra a los victimarios. Una identificación ferviente con lo que nunca será. Un rotundo éxito en la distorsión de la conciencia de unos cuantos que se enorgullecen de estar tan extraviados.
Sólo así es posible un modelo tan destructivo, que desiguala, que deja afuera a millones, porque muchos de esos millones votan gustosos por los que lo llevan adelante. Tan exitosa es la colonización que, a pesar de que el Banco Central tenía 24000 millones de reservas al asumir Macri y ahora tiene apenas 8000, el 40 por ciento sigue diciendo “los K se robaron todo”. Aunque la gestión amarilla haya dilapidado gran parte del Fondo de Garantías de la Anses, eran los K los que malgastaban “la plata de los jubilados”. En estos cuatro años, la deuda pública se incrementó en más de 100000 millones de dólares y aunque esa exorbitante suma no ha sido destinada al desarrollo y la obra pública sino a la fuga de capitales, los caceroleros siguen tildando de corruptos a los K. Las reformas impositivas realizadas por estos tránsfugas significan casi 700000 millones de pesos que benefician a un sector muy pequeño de la economía y, a pesar de esto, todavía siguen hablando del capitalismo de amigos ejecutado por los K.
Y para sumar un granito de arena a la presión del establishment al gobierno entrante, los agrogarcas ya empezaron a tocar los tambores de guerra. Nada de retenciones ni controles; nada de subas impositivas ni límites a la especulación; nada de obligaciones para abaratar el costo de los alimentos. El egoísmo como bandera alentado por la tropa de ocupación gobernante. Los terratenientes no aprenden lecciones y están dispuestos a remasterizar la Rebelión de los Estancieros de 2008. Envalentonados, cuentan con el apoyo de ese 40 por ciento de caceroleros urbanos que ya se están preparando para volver a ser el Campo.
Como una muestra más de para quiénes gobiernan Macri y sus secuaces, el Ente Regulador del Gas compensará a las petroleras con más de 24000 millones de pesos, como si no fuera suficiente la dolarización de las tarifas internas y el bestial incremento del que han gozado los amigos del empresidente. Ya se están yendo, pero siguen garantizando sus negocios, como la concesión de las obras del nuevo puerto de Buenos Aires por 50 años. Demasiada obviedad, angurria y abuso de autoridad de estos malandras que nunca deberían haber ocupado cargos públicos.
Demasiada vergüenza da que un país como el nuestro tenga que diseñar un plan especial para combatir el hambre mientras estos delincuentes sin guantes asignan partidas para sus amigos multimillonarios. Pero más vergüenza da que muchos peatones sigan ofuscados porque estos representantes del poder real no hayan conseguido la reelección para continuar con este latrocinio.

lunes, 18 de noviembre de 2019

En busca de un golpe amarillo


Aunque a algunos les parezca una exageración, decir No al golpe de Estado en Bolivia es marcar la cancha para el futuro de la Región. Según algunos medios apologistas de lo peor, la democracia está perdiendo rating en estas tierras bárbaras y, por tanto, habrá que empezar a acostumbrarse a que algún alucinado portador de biblias se autoproclame presidente, aunque no lo conozca ni la familia. Quien discuta si lo de Bolivia fue o no un golpe no atrasa una semana, sino quichicientos años. A la errática y tibia reacción del Gran Equipo, se suma la posibilidad de que Macri estuviera al tanto de todo. Y no sólo eso: hasta da la sensación de que están armando algo para que el gobierno entrante caiga a poco de empezar.
“Esto recién comienza” recita Macri en el spot de invitación al 7 D, su espontánea fiestita de despedida. Esta frase puede interpretarse como una promesa, pero ya todos sabemos que nunca se preocupa por cumplirlas. También puede pensarse como un augurio, aunque los que ha hecho durante su mandato jamás se convirtieron en realidad, como la lluvia de inversiones, el segundo semestre, los brotes verdes, el crecimiento invisible, el alivio… Si no es promesa ni vaticinio, sólo queda pensarlo como amenaza, una especie de Revolución de la Alegría II que aterrorizará más que la precuela.
Si alguien piensa que estamos llamando ‘golpista’ al Buen Mauricio, tenga a bien saber que no está equivocado. Si no es golpista, será destituyente. Y esta afirmación no indica que quien escribe estas líneas sea adivino. No, apenas un atento lector de los hechos. El Gerente de la Rosada SA siempre se apropió de las operaciones que intentaban socavar la gobernabilidad de CFK. Si no fuera por las patrañas mediáticas, no lo tendríamos como presidente. ¿O acaso no se montó al penoso espectáculo de convertir en magnicidio el suicidio del fiscal Nisman? ¿O no explotó la acusación de asesino al candidato a gobernador de Buenos Aires Aníbal Fernández? La mentira hegemónica es tan mortal para la democracia como las botas de un militar. Y ese poder de sembrar falsedades sigue intacto, tanto por el desparpajo con que lo hacen sus exponentes como por la ingenua receptividad del público cautivo.
Las trampas de Mauricio
De entrada, el gobierno de Les Fernández comenzará con el sayo de ‘corrupto’ que han tejido durante años los periodistas independientes de la ética con el hilo de prejuicios que enreda a muchos individuos. Ya están los convencidos propalando en las redes cartelitos y acusaciones que han sido desechadas por los magistrados. Tan infundadas son las denuncias que, en breve, los fiscales y jueces que convirtieron las fábulas en procesos judiciales van a empezar a dictar falta de mérito y a liberar a los secuestrados por la mafia de Comodoro Py. Y ahí está la primera trampa armada por los amarillos: si fueron tantas las denuncias vomitadas en programas domingueros durante cientos de semanas, ¿cómo es posible que casi ninguno termine preso? Claro, los prejuiciosos jamás pensarán que han sido engañados sino que con el gobierno K empieza la impunidad. Un gobierno corrupto e impune merece ser volteado por la fuerza de los buenos vecinos domesticados por el establishment.
Durante estos cuatro años, los amarillos han acumulado denuncias acomodadas en la elegante estantería de los conflictos de interés. Autopistas del Sol, Correo Argentino, Flybondi, Farmacity, parques eólicos, las bolsas de Michetti, los aportantes truchos, parientes y amigos presidenciales beneficiados con negocios multimillonarios y muchos casos más que fueron silenciados por los medios cómplices e ignorados por la titular de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso, por temor al bullying de los cambiemitas. Todas con muchos más fundamentos que las cursadas contra los funcionarios K, por supuesto. Como desde hace meses descansan en el freezer de los Tribunales, es probable que los nuevos vientos comiencen a descongelarlas para que se aceleren los trámites procesales. Entonces, la prepotencia de la clase dominante, sus voceros mediáticos y los transeúntes repetidores de zonceras comenzarán a denunciar una inverosímil persecución política contra los M. Ésta es la segunda trampa: un gobierno que persigue a los adversarios tiene que caer más  temprano que tarde.
La tercera trampa está en los Ocho Puntos de la Economía que difundieron la semana pasada desde la usina fantasiosa de Marcos Peña Braum. En ese documento se narra que se hizo todo bien para que al próximo presidente le resulte más sencillo crecer, combatir la inflación y bajar la pobreza. Si el Frente de Todes logra estos objetivos no será por su experticia sino por los cambios estructurales realizados por El Mejor Equipo de los Últimos 50 Años. Una mentira en la que ni Ellos creen, pero que servirá como falso argumento para polemizar en los tiempos venideros. Y si no logran mejorar la situación en los primeros días, serán desalojados de la Casa Rosada por ineptos, incapaces, inmorales y todos los calificativos que los PRO proyectan sobre el Otro tan despreciado.
Por supuesto, hay otras trampas que Macri ha dejado para el próximo gobierno, como la exorbitante deuda externa de la que él, seguramente, será acreedor, la destrucción sistemática del aparato productivo o los aportes millonarios que deja instaurados para sus empresarios amigos. El peor gobierno desde la vuelta a la democracia se va de la peor manera y promete –como oposición- ser todavía peor. Y lo peor es que estas malísimas personas han sido avaladas por el peor 40 por ciento que lograron conseguir. Si escapamos de tantas trampas, seguro que nos convertimos en inmortales.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Demócratas maquillados


Si tiene cuatro patas, rabo y ladra, sin dudas estamos ante un golpe de Estado. “Total normalidad”, suspiraron los gerentes de la Rosada SA. El Buen Mauricio, descolocado como siempre, ponderó la transición boliviana, aunque en la escena no esté presente ni el presidente en ejercicio ni el electo, que es la misma persona. Un republicanismo sui generis a la medida de los que sólo respetan la democracia cuando obedece a sus intereses. Lo único que falta es que el oficialismo amarillo no reconozca a la autoproclamada presidenta Jeanine Añez sólo porque dijo “sí, se pudo” para desatar la envidia de los cambiemitas. Como sea, el primer mandatario indígena orgullo de la Región no está donde debe estar sino muy lejos de donde lo ubicó su pueblo. Algunos ya se apuran a nombrarlo como ex, pero será presidente por el resto de la historia.
Ahora más que nunca porque el Imperio metió su cola, como buen diablo que es. Los malos perdedores hicieron todo para desatar un caos que parezca improvisado. Los servidores del establishment, como incivilizados que son, se volcaron a la barbarie en pos de la paz y el desarrollo. La cruz y la espada para volver a conquistar un territorio con riquezas. El líder de la revuelta, elquenovotónadie Luis Camacho, se erige como salvador, espantando a los dioses autóctonos para implantar un dios importado que en ningún momento había sido expulsado. Todos los dioses pueden convivir en un Estado Plurinacional; en cambio, los humanos, no. Y menos los blancos que se creen dueños de todo.
Un episodio golpista tan claro que sólo puede avalar alguien que tenga en mente copiar algo así. En esto no hay medias tintas, dos campanas ni Corea del Centro. Tampoco una ancha avenida del medio por la que todos marchemos en paz. Quien trata de justificar se pone del peor lado. Quien intente ver República en esta asonada autoritaria que no se enoje si le destinamos los peores epítetos. El canciller Jorge Fraurie ya debería estar renunciando. Nuestro país tiene una posición muy definida respecto a los golpes y es inaceptable que un funcionario sea tan errático. Hasta la ex canciller Susana Malcorra tiró de sus orejas por su indefinición. Fraurie consideró que no es un golpe de Estado porque “las fuerzas armadas no han asumido el poder”. Un burro, como casi todos los PRO. Para él, que una patota de ricachones desplace al presidente que ganó su reelección significa apenas una crisis institucional. Casi todos los integrantes del Gran Equipo deberían ser inhibidos de ocupar cargos públicos en el futuro porque son muy tóxicos para las instituciones. Tanto que hasta coinciden con la posición de Donald Trump sin ponerse tan colorados como él.
El golpe que se viene
No es la primera vez que los amarillos interpretan las cosas como se les antoja y para el lado desigualador de siempre. Las dictaduras son menos condenables que los gobiernos que Ellos consideran populistas. Ya escuchamos a Macri hablar del curro de los DDHH y jugar con el número de desaparecidos; ya oímos a muchos de Ellos especular con los beneficios obtenidos por las Madres de Plaza de Mayo; ya los hemos visto coquetear con la Teoría de los dos demonios o con el absurdo de la Memoria Completa. Macri menciona la Dictadura como “algo terrible que nos pasó” y no como un plan para imponer un modelo económico y social que enriquece a los que son como él.
Los hemos visto apoyar la destitución de Lugo y Dilma y hasta llamar presidente al usurpador venezolano Juan Guaidó. Por lo tanto, no debe sorprendernos que les cueste contener los aplausos ante el golpe en Bolivia. Algunos aplaudieron y otros justificaron. Y están los que explican todo con un fraude inexistente. Todos bailan en el límite de la apología de un delito condenado desde el retorno a la democracia. Todos bailan como Macri cuando se disfrazó de presidente.
El porqué del golpe no está en los errores cometidos por Evo Morales en su tránsito a la reelección, sino en los aciertos de sus años de gobierno. Gracias al MAS, Bolivia se convirtió en el país más exitoso de la región, con crecimiento sostenido, baja inflación, reducción del desempleo, mejora del poder adquisitivo y en la distribución del ingreso, estabilidad cambiaria, bajo nivel de deuda y muchas cosas más que desatan la furia de la minoría privilegiada.
Lo que más molesta de la nueva Bolivia es que los indios accedan al bienestar. Esa es la Grieta que atraviesa la Patria Grande: ricos que detestan que los demás vivan bien, que consideran propio todo lo que el otro disfruta, que pretenden incrementar sus privilegios a costa de exterminar derechos. Por eso el golpe de Estado; lo demás es verso.
Y a no confundir la situación de Bolivia con la de Chile: en el país trasandino es el pueblo de verdad el que está diciendo basta de alternancia entre partidos para que no cambie nada. Las minorías empachadas hacen un golpe de Estado por pura angurria pero las mayorías desplazadas y empobrecidas hacen una revolución por necesidad. A las primeras hay que condenarlas y a las segundas, alentarlas.
Macri y los que son como él hacen lo contrario porque la desigualdad es lo que orienta sus pasos. Por eso son ricos, porque explotan, especulan y estafan y así empobrecen al resto. Por eso se quejan de los impuestos, los controles y los derechos de los trabajadores. Y tratan de impedir que acceda al gobierno una fuerza política que distribuya con un poco más de justicia. En cuanto eso ocurre, se vuelven los más feroces golpistas. Después de ver cómo se posicionaron sobre el golpe en Bolivia, corremos un serio peligro al tenerlos como oposición. Con el 40 por ciento de aval, harán lo imposible para que el gobierno de Les Fernández fracase en su intención de frenar el saqueo de estos cuatro años. Si se entiende esto, estamos a salvo; de lo contrario, estaremos siempre a merced de sus dentelladas.

domingo, 10 de noviembre de 2019

Una grieta de ocho puntos


Los funcionarios amarillos que exigían autocrítica del gobierno anterior no paran de auto elogiarse. Según ellos, hicieron todo bien aunque dejan el país más estropeado que como lo encontraron. Después de perder por ocho puntos en las elecciones generales, difunden los “Ocho puntos de la economía”, un documento de Estado que más parece un cuento de hadas que la realidad que nos legan. Y como malos perdedores, refunfuñan, gruñen y no paran de ensanchar la Grieta, montados al inmerecido 40 por ciento obtenido en las urnas. No sólo inmerecido, sino también vergonzante, porque esos que los votaron avalan todo lo malo que han hecho desde aquel fatídico 10 de diciembre de 2015 sin poder mencionar algo positivo más que las pavadas de República, Democracia y Libertad.
Ese 40 por ciento será un hueso duro en los meses venideros. Sus componentes serán los primeros en hacer oír sus gritos ante problemas que antes no inspiraban la mínima queja. Los primeros en señalar que una inflación de dos por ciento es más alarmante que la actual de más de cinco, que convertirán en condena fantasías vomitadas en titulares, que babearán su rabia tildando de “chorros” sin poder enumerar qué robaron. La inseguridad volverá a ser el problema central gracias a la repetición de los medios, que logra multiplicar cada hecho. Ahora sí mirarán la miseria que antes ignoraban. Si hasta ahora han sido los mejores oficialistas, desde ahora serán los peores opositores, sin más fundamento que los prejuicios arraigados en lo más hondo de su sentir.
La convivencia con ese 40 por ciento será difícil. Echar la culpa al presidente electo de todo lo que pase será el pan de cada día. Si hasta 2015 se quejaban porque las tarifas eran baratas, en breve organizarán cacerolazos de protesta porque el precio de las cosas comienza a bajar. Por cualquier cosa dirán que nos parecemos a Venezuela, Cuba o al país demonizado de turno. Escuchar en silencio el recitado a repetición de las patrañas mediáticas requerirá mucha paciencia. En cambio, contrastar las falacias con informaciones verídicas insumirá litros de saliva. El desafío será disminuir ese porcentaje a fuerza de argumentos, no con la persecución, la amenaza o la censura que aplicaron los amarillos. Los datos sobran para despertar la conciencia de al menos el 10 por ciento que los votó por confusión. Si logramos mantener en alrededor de un cuarto a los anti populistas, el tránsito hacia un país más equitativo será armonioso. De lo contrario, corremos el riesgo de caer en la tentación de la alternancia, una treta del establishment para mantener sus negocios.
Fotos para argumentar
En la región hay tres ejemplos que nos pueden servir: Bolivia, Brasil y Chile. En el primero, los malos perdedores de la derecha imperial apelaron a la barbarie más repudiable, como humillar públicamente a una alcaldesa oficialista e incendiar casas de funcionarios y parientes, para forzar nuevas elecciones. Todo con el apoyo de la mano “democrática” de Estados Unidos, que busca vengarse de Evo por haber cerrado su embajada y expulsado a sus representantes diplomáticos. Aunque el presidente aymara ganó las elecciones con un apretado margen de diez puntos, los angurrientos quieren revancha. Así seguirán hasta ganar por cansancio.
En Brasil, tuvieron que encarcelar al candidato Lula Da Silva con acusaciones falsas para que Jair Bolsonaro pueda convertirse en presidente. Ahora que Lula está libre a la espera de la confirmación de la insostenible condena, Bolsonaro tiene apenas 26 puntos de aprobación a menos de un año de haber asumido. Las noticias falsas y los procesos judiciales amañados hicieron estragos en el electorado del país vecino que ahora ve desmoronarse el andamiaje de mentiras en el que basaron el voto.
Pero el caso más emblemático es el de Chile, el modelo neoliberal por excelencia, el ejemplo de superación de grietas para el mundo y más allá, el éxito económico de todos los tiempos. El mito estalló como una pompa de jabón. Después de tres décadas de amable alternancia entre partidos similares, el endeble equilibrio establecido por el dictador Pinochet para beneplácito del establishment trasandino empieza a tambalear por la gota de avaricia que desbordó el tanque de la paciencia ciudadana. Chile es ahora un ejemplo de lucha contra las políticas desigualadoras de la derecha vampírica.
El entendimiento del votante cambiemita puede entrar en cortocircuito cuando estas tres fotos van acompañadas de algunas explicaciones. Si Macri es amigo de Piñera, coincide con las ideas de Bolsonaro y acompaña a los destituyentes bolivianos, ¿qué clase de engendro han votado? Un monstruo que no tiene las agallas para mostrarse como es –como muchos apologistas cuestionaron- y esconde sus monstruosidades tras un maquillaje de ciudadano ejemplar. Un cínico que, de tanto mentir es capaz de creer en esos ocho puntos de falsedades que difundieron esta semana. Y tanto cree en sus mentiras que declara impunemente: “hay gato para rato”. Aunque el Financial Times, el principal diario económico anuncie que “el vencedor de las elecciones en Argentina heredará uno de los desastres económicos menos envidiables del mundoo The Washington Post opine que “los frutos de la tarea de Macri son una economía” peor que la heredada, el Buen Mauricio se ufana de su gestión. El “trabajo en equipo” logró sentar las bases para crecer, disminuir la inflación y crear empleo, dicen los cráneos del Cambio y sus obnubilados seguidores les creen.
 Tanto subestima Macri a sus seguidores que se atreve a alardear de haber sido “un gobierno que no robó, que no negó y que no abusó del poder”. Mentira, por supuesto. De lo primero, deberá dar cuenta la titular de la Oficina Anticorrupción por haber protegido al presidente del que “está enamorada” y sus secuaces para que no la tilden de parcial. Y después, por supuesto, todos los protegidos por este personaje nefasto que jamás debió haber ocupado ese cargo. Lo de no negar también es una falacia, porque negó a muchos la posibilidad de vivir dignamente con su gestión succionadora. Y que no abusaron del poder se desmonta con el pedido de informes de la ONU sobre los atropellos a magistrados cometidos en estos oscuros cuatro años.
Convivir con ese 40 por ciento será muy difícil porque ya empiezan a actuar como lo que son: manipulados mediáticos que salen a defender a Bugs Bunny sólo porque Alberto Fernández expuso un análisis teórico sobre ese simpático personaje. Y todo lo demás, por supuesto, porque volverán a ser caceroleros rabiosos que rechazarán cualquier iniciativa del gobierno entrante porque odian y sólo asimilan lo que alimenta ese odio. Aunque sea una tarea ciclópea, debemos reducir ese porcentaje que rechaza sin comprender porque así está avalando un proyecto de país que tarde o temprano lo dejará fuera del camino.

jueves, 31 de octubre de 2019

Hasta nunca, carroñeros


Algunos renuncian, otros lloran; están los que buscan amoldarse a los nuevos vientos y los que pergeñarán la revancha desde algún rincón oscuro. Los melones se están acomodando tanto que algunos jueces ya empiezan a comportarse con más justicia y los formadores de precios pretenden mostrarse arrepentidos por la indecorosa conducta de estos años de libertinaje; pretenden, pero no lo logran. A medida que los días nos alejan del 27 O, la desconfianza por los números provisorios crece a pasos agigantados. Si el conteo definitivo de votos incrementa la brecha entre ganador y perdedor, las sospechas de fraude informático quedarán más que confirmadas. También demostrará que los amarillos no tienen escrúpulos y la preocupación por la Democracia y las instituciones es un verso más grande que los brotes verdes, el segundo semestre y el crecimiento invisible.
Como todo. Lágrimas porque perdieron y no por el daño que han provocado. Los que ahora dicen que se dedicarán a otra cosa no deberían tener cabida ni en el más sórdido empleo. Como la futura ex ministra de Seguridad –la peor en mucho tiempo- quien aseguró que ahora tendrá que trabajar para mantenerse; una confesión encubierta de que hasta ahora no lo ha hecho, ni en sus tiempos de diputada anunciadora de índices inflacionarios, denunciadora de homicidios inexistentes o de apologista de represión y gatillo fácil. Y para reforzar la deformada visión que tiene de la vida, agregó que tiene que pensar en lo que va a hacer y “ver si me inserto en el mundo laboral o en el privado”. Siempre y cuando no tenga que dedicarse a recorrer los pasillos de Tribunales para dar cuenta de su inoperancia y su crueldad en el cargo al que nunca debió acceder.
El ex candidato a vice Pichetto confirma que va a abandonar la política, después del estrepitoso fracaso y de las barbaridades dichas durante la campaña. Inolvidables monstruosidades que deberían dejarlo afuera antes de renunciar. Igual que Carrió, que promete que sólo se dedicará a la televisión, actividad que no marcará ninguna diferencia con lo que ha hecho hasta ahora. En realidad, ninguno de los integrantes del Mejor Equipo de los Últimos 50 años debería tener ningún futuro porque se han empeñado en estos cuatro años para arruinarnos el nuestro.
Y los verdaderos representados -esa minoría avarienta, rentística y evasora- tampoco deben salir impunes de este trágico episodio. Para satisfacer sus insaciables apetencias, queda en el camino un tendal de damnificados. Macri y sus secuaces perdieron las elecciones, pero no los Calcaterra, Magneto, Caputo, Midlin, Lewis, Benetton, Rocca, Eurnekian y un puñado más de ricachones a los que les sobra prontuario para etiquetarlos como vagos que viven del Estado. Esos que han dado motivos más que suficientes para volverlos perdedores.
Un listado extenso
Eso que Macri llamó El Círculo Rojo debe estar incluido en el bando perdedor. Banqueros, contratistas, distribuidores de servicios, exportadores, explotadores y demás delicias del capitalismo: fugadores a cambio de nada que nos dejan una deuda que no deberíamos pagar los que nada ganamos con ella. Si queremos que todo salga bien, si estamos convencidos de no volver nunca más al neoliberalismo, deberíamos obligar a estos tipejos a que nos devuelvan las exorbitantes cifras que tienen ocultas en guaridas fiscales. Después sí podemos hablar de pacto, conciliación o como quieran llamar al camino hacia una armonía necesaria para alcanzar la equidad.
También tendrán que saldar sus cuentas los que engañaron al público con patrañas increíbles; los que demonizaron hasta el absurdo; los que banalizaron todo; los que mintieron noticias sin avergonzarse; los que defendieron lo indefendible. Y los que siguen siendo serviles, como el pseudo periodista Majul, que calificó como “muy buena” la elección de Macri y “no tan mala” la de Les Fernández. Para el podio del ridículo quedará la conclusión de “empate técnico” ante una elección con ocho puntos de diferencia. No es el único, por supuesto. El canal de noticias TN ahora es repudiado por los perdedores; un rechazo que se suma al de los que ya lo hacemos desde hace mucho: un pequeño paso para superar la Grieta. Si no neutralizamos tanto daño discursivo, corremos el riesgo de que estos personeros de la manipulación vuelvan a inyectar alucinógenos en el entendimiento de los votantes.
Y lo más inaceptable: los jueces y fiscales cómplices del establishment; los que inventaron causas para aparecer como héroes en los titulares hegemónicos; los que se jactan de independientes pero reciben órdenes de la Embajada; los que dilapidaron fortunas en procesamientos con el único objetivo de perseguir a los que demostraron ser mejores gobernantes. Bonadío es el emblema, pero hay muchos más que hicieron de la Justicia una herramienta de estigmatización. Tampoco éstos deben tener paz en el futuro y quedar como anti-ejemplo para abogados, jueces y fiscales.
Estos cuatro años de macrismo deben ser una lección grabada a fuego en las conciencias de los argentinos. No sólo Macri debe tener un destino de ostracismo, después de pagar sus culpas y devolver gran parte de lo rapiñado sino todos los que contribuyeron y se beneficiaron con su destructiva impronta. Todos los que lo fabricaron, alentaron, blanquearon, adulado, secundado, perdonaron, aplaudieron merecen una lección para que esta nefasta experiencia no vuelva a obstaculizar nuestro tránsito hacia un país mejor.

lunes, 28 de octubre de 2019

El dedo en la grieta


El estado meteorológico del domingo sirve para la elaboración de metáforas. Si llovió es porque el cielo llora, si brilló el sol es porque el futuro será mejor. También, la lluvia limpia la mugre y el sol reseca tierra y plantas. Con las metáforas climáticas que quieran, una vez más elegimos. Y esta vez, bastante mejor que en 2015. ¡Por fin!, digamos también, porque desde las PASO hasta ayer, se hizo muy largo y el ‘muy’ con muchas ‘u’. Pero llegamos, como sobrevivientes de una travesía tortuosa con una tripulación que no hizo más que arruinarnos la estadía. Muchos desempolvarán la vieja frase “el pueblo nunca se equivoca” y algunos agregarán pero “esta vez sí”; unos harán juegos numéricos para dibujar cuántos votaron en contra de Fulano o Mengano y otros mascullarán su veneno con un “volvemos al pasado”. Como sea, muchos votamos con la convicción de que nunca más vuelva un modelo tan nefasto como el aplicado en estos cuatro oscurísimos años y otros, con la inconciencia del “Sí se puede” entorpeciendo el entendimiento.
Si de algo sirven las malas experiencias es para aprender de ellas. La Dictadura y el Menemato fueron experimentos neoliberales impuestos con sangre y camuflaje. El que abandonamos ahora, que conquistó las preferencias con engaños, dejó en evidencia a los que se benefician siempre con las crisis, algo que no había quedado tan expuesto en los episodios anteriores. Empresarios y ceos pusieron la cara para esta nueva etapa de despojo, la que consideraban definitiva. Como actuaron de conquistadores desaforados, el pillaje duró poco, aunque se llevaron mucho. Y no hay que buscar bóvedas enterradas en la Patagonia para recuperar el botín: las off shore los deja al descubierto. Y los esquiladores son tan pocos que no demandará mucho tiempo probar sus delitos y encarcelarlos.
Pero no hay que adelantarse: por ahora debemos celebrar que hayamos expulsado a los que nunca tendríamos que haber aceptado como gobernantes. Una pena que no haya sido una expulsión en serio, con un zapatazo que deberían recordar por siempre. Aunque hay que esperar el recuento definitivo, los números marcan un triunfo en primera vuelta pero con el aliento de la bestia soplando en nuestra nuca. Lo que las encuestadoras marcaban como una diferencia cercana a los 20 puntos terminó siendo apenas un apretado ocho y la derrota del macrismo no fue proporcional al daño provocado. Cinco distritos permitieron que Macri no termine tan humillado como merecía. Cinco distritos que en lugar de palos otorgaron un caprichoso premio al peor equipo de los últimos 50 años.
Esperanza en construcción
Los números no fueron los esperados. Con el sisepuedismo agónico de la Caravana amarilla, con promesas absurdas como “ya llega el alivio” o hay que defender la República, con la complicidad sistémica y vergonzante de los medios hegemónicos, el macrismo sumó casi diez puntos al resultado de las PASO. Un par de semanas más de campaña y terminaban forzando un balotaje. Con nada, por supuesto. ¿Qué apoyaron los que apoyaron? ¿El crecimiento de la pobreza, del desempleo, del hambre? ¿La caída en la producción, en las ventas, en la actividad? ¿Una inflación acumulada del 200 por ciento y un dólar que comenzó en 10 y termina en más de 60 pesos? Nada más preocupante que convivir con ese 40 por ciento enceguecido por un odio difícil de erradicar, más dispuestos a aplaudir estupideces antes que evaluar logros.
Pero nos estamos adelantando. Les Fernández no perdieron votos, sino que sumaron un puchito. Las calles explotaron aunque el triunfo no fue tan contundente. La ansiedad contenida durante tanto tiempo, la bronca acumulada por tamaño deterioro, la furia por tanta estigmatización difundida en cadena nacional hicieron de la noche del domingo una fiesta popular. Miles de gargantas entonaban el Nosepudo como una catarsis colectiva que ignoraba la proximidad de los resultados. Los bocinazos y las manos triunfales poblaron las principales plazas hasta muy tarde. Un alivio que merecíamos aunque con una diferencia preocupante.
Si desde 2015 los dos puntos de diferencia valieron como 20 para las fieras gobernantes, los ocho del domingo servirán como si fueran mil. Salir de este pozo económico requerirá un gran esfuerzo, pero más insumirá esquivar las arremetidas de la oposición que se conformará a partir del 10 de diciembre. Aunque la felicidad ilumine nuestros corazones, la convivencia con los perdedores será tan turbulenta como lo ha sido hasta ahora con los oficialistas salientes. La autocrítica que exigieron durante estos cuatro años estará ausente de ahora en más, a pesar de los desastres provocados por el Cambio. Las urnas no los expulsaron con la contundencia merecida ni la convicción necesaria. El desafío es construir con esta casi paridad tan destructiva.
Lo que se viene requerirá mucha paciencia, entendimiento y voluntad. Paciencia para soportar titulares difamatorios, operaciones judiciales y críticas despiadadas. Entendimiento para desarmar las bombas de estiércol que arrojarán los medios que seguirán siendo apologistas de la oscuridad. Voluntad para seguir iluminando a los repetidores de zonceras. Una parte de ese cuarenta por ciento que insistió con el Cambio está confundida y hay que recuperarla. El resto seguirá siendo esa minoría que cada tanto se convierte en mayoría con la propalación del odio y del individualismo más perjudicial.
Siempre queda la esperanza de que hayan agotado las tretas para ocupar el poder en su exclusivo beneficio. Si la esperanza no funciona debemos neutralizar las armas que utilizan siempre para convertirse en gobierno.

jueves, 24 de octubre de 2019

Infames en fuga


La cuenta regresiva se puebla de alarmas. Advertencias que brotan no sólo en nuestro país, sino también en los vecinos. Mientras la derecha boliviana se apoya en las fuerzas imperiales para desconocer el resultado de las urnas, en Chile el oficialismo reconoce que el modelo aplicado profundiza la desigualdad. Ambos casos confluyen en las reacciones de los saqueadores que desgobiernan Argentina: por un lado, defienden al presidente chileno Sebastián Piñera y por el otro, avalan al opositor boliviano Carlos Mesa en su cruzada antidemocrática. Y todo esto mientras afirman que son la República, la Democracia y la Libertad. Como los amarillos nunca retroceden cuando se sumergen en el absurdo, toman un tuit de la Embajada como dato certero y afirman que la región padece una conspiración cubano venezolana.
Los que reaccionan en Chile son extranjeros o alienígenas, de acuerdo a la interpretación de la Primera Dama, Cecilia Morel, pero los que provocan los incendios son los carabineros, tal como muestran muchos videos que han circulado en las redes. Los violentos son siempre los que resisten y no los que provocan la precarización de la vida de las mayorías. En el audio ya harto conocido, la compañera de Piñera reconoce: "vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás". Una forma muy poco sutil de reconocer el origen del problema: mientras una minoría goza de mayores privilegios, la mayoría pierde derechos de manera proporcional. El modelo trasandino, tantas veces exhibido como exitoso por la derecha vernácula, demuestra con crudeza sus verdaderos resultados.
Mientras las fuerzas de seguridad chilenas reciben denuncias por secuestros, torturas, fusilamientos y desapariciones, el gobierno boliviano revela un intento de golpe de Estado por parte de opositores que no aceptan la derrota. Así actúan siempre, atropellando todo, a la vez que afirman portar valores que ni conocen. Estas tensiones tan cercanas alimentan el clima electoral en estas tierras y demuestran que la famosa Grieta no es un invento argentino, sino un fenómeno que habita desde hace mucho en la región. Y para reforzar el revuelo que se vive a nuestros alrededores, el presidente brasilero, Jair Bolsonaro, vomita una amenaza por demás de tontuela: si gana Alberto Fernández promoverá la suspensión de Argentina en el Mercosur. Todo mal con los bárbaros ultraderechosos que buscan gobernar en contra de sus pueblos y a favor de la minoría globalizada y altamente perjudicial.
El castigo por venir
Mientras tanto, el futuro ex presidente, Mauricio Macri se hace bendecir por pastores evangélicos a orillas del río Paraná, en Rosario, la ciudad que lo vio amenazar a los Moyano el día de la Bandera, ante chicos de primario arrastrados hasta un club de barrio. Más vergüenza no puede dar el Ingeniero. Aunque grite “Sí se puede” ante sus manipulados fans, no puede caer más bajo en su afán de forzar un balotaje. Sin dudas, el episodio boliviano inspirará a este apátrida para instalar esa idea, aunque los números indiquen lo contrario. De manual: de repente, aparecen los cuadernos quemados de Centeno para que los colonizados no olviden la tontería de que los K se robaron todo y la empresa Smartmatic, encargada del conteo provisorio, ya tiene los resultados listos para, con la ayuda de las usinas mediáticas, instalar un clima de incertidumbre política que habilite el saqueo definitivo a nuestras reservas.
Desesperada, la gobernadora Vidal, Leona en retirada, esputa la necedad de que Alberto, instaurará una dictadura. Como si a ella y sus partidarios no les gustara un gobierno así, donde podrían hacer lo que quieran sin las trabas “burocráticas” que dispone la Constitución, como el debate parlamentario o la expresión de los opositores en las calles y los medios. Con un leve recorrido por las reacciones discursivas de los personajes del Cambio ante una protesta basta para descubrir lo poco democráticos que son. Cortar calles para demandar la recuperación de derechos merece todos los agravios; en cambio, hacerlo para alabar al Buen Mauricio es lo más ponderable de la República. Y como desprecian la verdad, los medios críticos son vapuleados discursiva y económicamente y hasta los periodistas que osan revelar lo oculto reciben amenazas verbales y físicas, como el caso de Roberto Navarro el día de su cumpleaños.
Ellos, que dicen ser la República, no paran de pisotearla, degradarla, deformarla. No olvidemos que los Macri se enriquecieron durante la dictadura, que elogian al intendente de facto Cacciatore, que añoran esos tiempos en que los trabajadores eran sometidos por el miedo a torturas, secuestros y desapariciones. Ellos, que afirman ser democráticos, gobernaron a fuerza de decretos y aprietes a los legisladores, presionaron a los trabajadores con el fantasma del desempleo, además de palos, gases y detenciones arbitrarias, persiguieron a los opositores y hasta los encarcelaron sin garantías con la complicidad de jueces y fiscales espurios. Ellos, que no paran de mentir, afirman ser la verdad. Ellos, que se lo pasan especulando, evadiendo y trampeando, no dejan de hablar sobre la transparencia. Ellos, que han bombardeado la industria y la ciencia, no cesan de prometer desarrollo. Ellos son los infames, los que merecen ser humillados en las urnas y castigados no dentro de quince años, sino apenas pongan un pie fuera de la Casa Rosada que lograron usurpar con mentiras obscenas para gloria del dios Mercado, del que son sus más fieles creyentes.

Un porcentaje que avergüenza

Con rayitas en la pared, estamos contando los días que faltan para que Macri deje de ser presidente . Todos: unos con esperanza de algo me...