jueves, 6 de mayo de 2021

Para contagiar entusiasmo

 

El revuelo de la semana lo armó la Corte. En un fallo predecible, los Supremos intentaron ganar una vez más una nefasta centralidad en política que no les corresponde, después de amparar por un tiempo a los acomodados Bruglia y Bertuzzi en la Cámara Federal. Ahora, quedaron peor que nunca porque, además de señalar de manera obscena su posición partidaria y horadar un poco el poder presidencial, realizan una tentadora invitación para un juicio político ejemplar. Pero no son los únicos que se arrastran para servir al Poder Real. Los jueces José Luis López Castiñeira y Luis María Márquez de la sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal también buscan un poco de atención por parte del poder político después de dictar una medida cautelar a favor de Telecom y Clarín para estafar a los usuarios. Estos exabruptos –más los englobados en el Law Fare- muestran a las claras que el aparato judicial no funciona y con urgencia hay que repararlo porque, además de ser un obstáculo para la concreción de un país más justo, operan para sembrar el desánimo en una ciudadanía que se resiste a estar desanimada.

Desde hace un tiempo, los jueces federales –sobre todo los de Comodoro Py- bailan al ritmo de las tapas de Clarín, convirtiendo en procesos los prejuiciosos titulares del diario y las fabulosas patrañas de un programa dominguero. En la enorme cadena de medios que ostentan ilegalidad, la difusión de semejantes panfletos intenta convencer a los argentinos de que la situación es más calamitosa de lo esperable en medio de una pandemia. El resultado es una caída en el rating de las emisiones de su principal caballito de batalla: el canal de noticias TN. También, de todos los medios que le siguen en esta comparsa de desinformación e información falaz. Ya no conformes con eso, el Poder Fáctico exige a los magistrados que se inmolen para disputar poder político, algo que contradice la principal función de impartir justicia. Sus representantes –los amarillos y sus secuaces- aprovechan esta anomalía para recuperar su razón de ser después de haber perdido las elecciones de 2019. Las clases presenciales se convierten en una absurda bandera para ondear de cara a las elecciones legislativas, como si eso pudiera formar parte del paquete propositivo insustancial que incluye la República, la Libertad y “Coso”.

A pesar de sus dubitaciones en algunos aspectos, el Gobierno Nacional puede exhibir mucho más que una ponderable administración sanitaria, más allá de los intentos manipuladores de los agoreros. Aunque Argentina se sitúa entre los veinte países que implementaron el mejor plan de vacunación –con casi ocho millones de inoculados- y entre los diez que más dosis han conseguido, algunos individuos guardan con tozudez denostadora el vergonzoso –e insignificante- episodio que titularon “Vacunatorio VIP”. A eso se agregan los convenios para fabricar en nuestro país las vacunas Sputnik V,  Sinopharm y Soberana, aunque los opositores sigan haciendo campaña para la colonizadora Pfizer.

Si bien la situación económica de la mayoría de los argentinos es angustiante, la red de contención multisectorial funciona con eficacia, pero no alcanza para enorgullecerse con énfasis del rumbo emprendido. Aunque la recaudación haya crecido respecto al año pasado un 105 por ciento –lo que indica una mejora de la economía- esta tibia bonanza debería verse reflejada en una mejor distribución del ingreso. Aunque Ford esté construyendo una nueva planta para la fabricación de vehículos y el desempleo decrezca tímidamente, el poder adquisitivo del salario pierde por goleada ante el inaceptable crecimiento del precio de los alimentos y de casi todo. Que se haya potenciado la obra pública y se inauguren viviendas populares no basta para equilibrar el déficit habitacional. Nada alcanza porque hemos perdido mucho, pero avanzamos de a poco. La agenda informativa debe empezar a mostrar estos logros para ganar impulso hacia más transformaciones. Algunas necesarias, como hacer más accesible la canasta básica y contener la angurria de los empresarios inescrupulosos y otras épicas, como recuperar el tránsito de mercancías en el río Paraná y hacer de la comunicación mediática algo mejor que propaladoras de estiércol. El entusiasmo debe sobrar para dar estos próximos pasos no sólo de cara a las elecciones sino para las próximas décadas.

 

 

domingo, 2 de mayo de 2021

Escape del laberinto

 

De no creer. Nos entretienen con estupideces mientras el Poder Real nos saquea a todas horas. No conformes con succionar nuestras billeteras con precios inadmisibles, buscan la manera de eludir las leyes y continúan socavando el aparentemente menguado poder presidencial, que debería ser el de casi todos. Durante una semana y un poco más, la “gran discusión” se centró en la presencialidad en las escuelas, con el eje puesto en las sandeces vomitadas por los dirigentes de la oposición que, cuando fueron gobierno, hicieron lo imposible para bombardear la Educación. Por supuesto, con el condimento de los des-comunicadores consustanciados con los intereses de una minoría que ven crecer sus ingresos al ritmo de las tonterías que destilan por todos los medios a su alcance. Sin darnos cuenta, entramos en el juego de los manipuladores cuestionando las zonceras de los covidiotas en lugar de exigir al Gobierno Nacional que emprenda con energía las transformaciones necesarias para un país mejor.

Ningún educador negará que la presencialidad es mejor que la virtualidad. Claro, si la comparación la hacemos con la presencialidad pre pandemia, no con ésta que, gracias a la división de los cursos en burbujas, obliga a los docentes a repetir la misma clase cuatro veces, la asistencia de los alumnos es alternada en días o semanas y la convivencia y socialización es extremadamente acotada. El año pasado, un profesor daba cuatro clases al mes; este año, sólo una cuadriplicada. La virtualidad es mejor que esta presencialidad, además de ser menos peligrosa. Defender la presencialidad en pandemia es un perverso capricho de una minoría que sólo sabe esputar insultos sin sustento a un otro que desconoce; ese puñado de odiadores que está contra todo lo que no sea bendecido por las voces hegemónicas; que tilda de vagos, chorros, inútiles y hasta ordena “garrá la pala”, cuando ninguno de ellos en su vida ha usado una. Si corremos detrás de estos tipejos terminaremos tan desorientados como una brújula en una fábrica de imanes.

En lugar de responder a los covidiotas que rechazan las restricciones sanitarias escudándose en los artículos de la Constitución que ignoraron durante el gobierno de Macri, deberíamos preocuparnos por recuperar todo lo que nos han sacado desde la dictadura para acá con el verso del diálogo, el consenso y la libertad de mercado. No sólo hemos perdido poder adquisitivo porque se alteró la distribución del ingreso: también perdemos soberanía a pasos agigantados. Y como resultado de todo esto, de a poco, vamos perdiendo la Democracia porque gobiernan siempre los que nunca se someten a elecciones. Que un juez permita que TELECOM –y el Grupo Clarín- siga estafando a sus abonados desdibuja el sentido de la Justicia y es, además, una tentadora invitación para echarlo sin dudar. Que la Corte Suprema sea la encargada de validar medidas sanitarias de emergencia en medio de una pandemia tomadas por el Ejecutivo es una intromisión antidemocrática no sólo en la política sino también en la salud. Que el Gobierno Nacional titubee a la hora de estatizar el río Paraná y dejar de llamarlo “Hidrovía”, de expropiar empresas que nos patean en contra o de destituir a los jueces y fiscales que actúan contra las leyes, es una señal de confusión. Un año y pico de pandemia nos ha educado en la emergencia y ya sabemos cómo actuar con responsabilidad, salvo esos descarriados que no entienden nada. Pero no esperemos a que termine este episodio para comenzar a reconstruir todo lo que nos falta: el coronavirus no debe ser una excusa para dejarnos pasar por encima por los que ni se preocupan por el destino del país.  

 

viernes, 23 de abril de 2021

Un corso de contramano

 

El show de la resistencia PRO en la CABA continúa mientras el número de contagios crece de manera alarmante. Algunos tratan de minimizar la cuestión con la etiqueta “pelea de bandos”, cuando en realidad, es sólo uno el que tira los tarascones. Que todo el país esté pendiente de este vergonzoso episodio habla muy mal de los medios de comunicación porteños que se pretenden de alcance nacional y peor de los medios del interior que emiten casi toda la programación emitida en ese municipio. De cualquier modo, que Horacio Rodríguez Larreta y toda su comparsa batallen hasta el ridículo por las clases presenciales, más que enaltecer a la fuerza no-política de la que forma parte, la horada hasta la extinción. Y más aún cuando, mientras el Alcalde niega ante las cámaras todo peligro, dispone que se posterguen las cirugías no urgentes para dejar libradas camas para casos de coronavirus que requieran atención, entrega respiradores a las prepagas para que no pierdan el prestigio –ni abonados- y, sin ponerse colorado, pide al Gobierno Nacional que se los reponga. Y es tan cínico que, en lugar de enviar el cronograma de anotados para la vacunación en el PAMI, arroja un padrón desactualizado en donde los fallecidos abundan. Para colmo regala vacunas a los privados sin ningún tipo de control. Hay que guardar bien en la memoria este episodio, porque, como hizo Macri, trasladará su impronta destructiva del principado de la CABA al resto del país y ya sabemos qué resulta de invasiones como ésas: Revolución de la Alegría, Pobreza Cero, Lluvia de Inversiones, Revolución de los Aviones, Integración al Mundo, Crecimiento Invisible, Brotes Verdes y muchos “cosos” más.

Aunque los Covids no son un chiste, estamos muy entretenidos con esto mientras los especuladores de siempre siguen aumentando nuestra vida sin motivos ni escrúpulos. Que las familias que cobran menos de 60 mil pesos estén por debajo de la línea de pobreza con sueldos promedio que no superan los 30 mil, puede sugerir que la pandemia es una cortina de humo. No porque no exista peligro, sino porque algunos aprovechan la amenaza de este enemigo para llenar sus arcas de la manera más bestial. Por si esto fuera poco, algunos multimillonarios alcanzados por el Aporte Solidario de las Grandes Fortunas –una minoría con más de 200 millones de pesos declarados- malgastan dineros públicos en procesos judiciales para no poner un centavo. La Justicia no está para defender ricachones sino para proteger al resto de los ciudadanos de sus avarientos embates. Los jueces que den curso a las egoístas demandas de estos canallas deberían quedar fuera de los tribunales y saldar de su bolsillo los gastos producidos por semejante complicidad.

Ante la evidencia de este ataque interno a nuestros bolsillos, el presidente Fernández tiene la oportunidad de conquistar más apoyo popular enfrentando –además del virus- a estos desalmados que no paran de acaparar fortunas mientras el resto puede cada vez menos. El episodio Larreta demuestra que a los amarillos no les importa nuestro bienestar y sólo pueden conquistar adeptos entre individuos tan malvados como ellos y descerebrados que se creen inteligentes por estar siempre indignados. El Gobierno Nacional ha demostrado ser enérgico en la pelea contra el Covid, a pesar de los anti que hacen lo imposible para propagar contagios. Pero contra el otro enemigo –el que saquea nuestros bolsillos- no parece tan decidido. Si sale victorioso de estos dos ataques, pasar a la Historia no será tan difícil.

lunes, 19 de abril de 2021

La mancha amarilla

 

El Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta parece el sargento de una patrulla perdida del siglo XIX, defendiendo a los oligarcas porteños de los bárbaros federales. Contradiciéndose hasta la parodia, los amarillos se han disfrazado de grandes defensores de la República, las Instituciones, la Educación y coso. Todo lo que desatendieron –y hasta pisotearon- durante sus gestiones en la CABA, la Provincia de Buenos Aires y en el país todo, ahora lo transforman en bandera. Los que no inauguraron escuelas ni jardines de infantes, los que bajaron el presupuesto educativo, los que desprecian a los educadores, los que desconectaron la igualdad, ahora pretenden ser paladines de la Educación. Simuladores todo terreno, cuentan con el aval de comunicadores bien adornados que se cuidan mucho de dejar al descubierto la falacia PRO, que es un monstruo que parece grande y ya no pisa tan fuerte.

Con unos cuantos odiadores enceguecidos y algunos impresentables dirigentes pretenden resistir la cordura de frenar la presencialidad por un par de semanas, ante el aumento de contagios de COVID hasta niveles alarmantes. La hipocresía se ha contagiado en sus seguidores porque, de haber estado siempre preocupados por este tema, jamás hubieran votado a esta patota de ignorantes ostentosos. Con tres cámaras y cuatro micrófonos se creen autorizados para gobernar el país y todo porque la reforma constitucional del ’94 otorgó un estatus  desproporcionado a la ciudad que habitan. Ahora no sólo se creen una provincia, sino también una Ciudad Estado con una autoridad superior a la del presidente. Consecuencias de donar la capital del país y sus puertos a una oligarquía avarienta y autoritaria.

La excusa es la presencialidad, pero el objetivo es electoral. Rodríguez Larreta quiere emular a su mentor, pero el Buen Mauricio no le permite seguir con su papel del Cordial Horacio. Como si hubiera recibido un apriete mafioso, el Intendente porteño tuvo que abandonar la máscara de dialoguista que le permitía hacer la plancha hasta las elecciones legislativas para dejar al descubierto su horripilante rostro. Defender el protocolar formato de educación burbujeante es tan absurdo como sumergirse en la apología de la virtualidad. Ninguno de los dos formatos supera a las clases presenciales, pero el virtual, al menos, contiene a casi todos al mismo tiempo todos los días y permite el desarrollo de más contenidos. Esta presencialidad no cumple con los objetivos: si se repite la misma clase a distintas burbujas, se reduce la cantidad de temas abordados; les chiques van menos días a la escuela; desordena la vida doméstica porque están algunos días en la casa y otros en la escuela; la socialización que se genera es tan contenida como en una misa de réquiem; no ven a todos los integrantes de una clase sino a una parte. Y, sobre todo, el riesgo de contraer y distribuir El Virus. 

Esto no es una puja por la Educación: es una mojada de oreja, una forma de horadar un poco más al gobierno nacional, otra prepotencia de los que se quieren quedar con todo. Este sainete va más allá de la Educación y la Salud: es una puja por el Poder donde Larreta es el títere de una minoría, Alberto, el representante de la mayoría y el premio es la torta del PBI y su manera de distribuirla. Este estertor pretende ser una remake clase C de la Rebelión de los Estancieros de 2008: detrás de la preocupación por les chiques se esconden enormes riquezas de las que se quieren apropiar. Unitarios contra federales, pero esta vez no deben ganar.

miércoles, 14 de abril de 2021

Denunciantes impunes

 

La vice Cristina, el gobernador Kicillof y otros ex funcionarios K fueron sobreseídos en la causa Dólar Futuro. La vocinglería opositora clamará desde todos los medios contra la impunidad digitada desde el “oficialismo opresor”, sin reconocer que ese proceso fue un absurdo, que ni debería haber existido la denuncia del senador Federico Pinedo y el diputado Mario Negri, ambos cambiemitas. Y menos aún el procesamiento porque, como decidió finalmente la Cámara de Casación, el delito es inexistente desde el principio. De una vez por todas, algo hay que hacer con esta justicia que demora cinco años en reconocer lo evidente. En primer lugar, los magistrados que dieron inicio a esta pantomima judicial deberían ser eyectados sin demoras y sin privilegios futuros por ser tan vergonzantes en su accionar y tan obedientes –y funcionales- a los poderes fácticos. En segundo lugar, deberían ser los denunciantes –Pinedo y Negri- que sabían de antemano que denunciaban un no-delito, los que paguen todos los gastos del proceso e indemnicen a las víctimas de esta atrocidad. Y, por último, deberían ser imputados penalmente por alterar el orden y desorientar a la opinión pública. Algo similar debería ocurrir con el proceso del Memorandun con Irán, que no era delito ni se concretó y encima, aceleró la muerte del ex canciller Héctor Timmerman.

No es posible convivir con estos perversos que conquistan espacios políticos en los medios hegemónicos y en la complicidad con los tribunales. Criticones enfadados que ostentan ignorancia y pretenden representar los intereses del pueblo. ¿Qué aporte hace Patricia Bullrich, además de confundir vacunas chinas y exhibir su desprecio por la vida de los que dice defender? ¿O no les basta con el papelón que pasó el inefable Eduardo Amadeo en la entrevista radial con Nancy Pazos, cónyuge del vice jefe de Gobierno porteño Diego Santilli? ¿Hasta cuándo vamos a soportar a estos inútiles tan dañinos? Y ni hablar de los mediáticos, capaces de desinformar a su público sin ponerse colorados. Hay una lista inmensa de personajes que provocan desde sus destacados espacios y generan malestar sin utilizar un solo dato certero.

Y que nadie venga a agitar la bandera de la libertad de expresión que, como toda libertad, debe ser ejercida de manera responsable. Mentir es una vileza que no debe escudarse en las garantías constitucionales. Que en medio de una pandemia que azota a todo el mundo, estos tipejos hablen de infectadura, inoculación de veneno y se opongan a toda restricción es una forma de alentar un genocidio del que nunca quedarán como responsables. Ante el incremento de casos de Covid, no podemos circular por las calles como si nada. En los países que tomaron el toro por las astas hay toque de queda, se suspenden las clases presenciales y toda actividad innecesaria. Acá, abundan las fiestas clandestinas, hay amontonamiento en colectivos y trenes y expandimos virus en los colegios con burbujas que se revientan apenas infladas. Y el gobierno nacional, temeroso de la reacción que pueden alentar los irresponsables opositores, se contiene de tomar medidas restrictivas que evitarían más contagios. En una situación de emergencia, las disidencias infundadas deberían quedar fuera de juego porque lo que menos les importa es la salud de la población. Covid o no Covid, that is a cuestión.

domingo, 4 de abril de 2021

Piedras en los zapatos

 

La oposición mediática y política es tan predecible y berreta que sorprende que aún tengan cierta incidencia dañina en la sociedad. La magnificación de falacias y el ocultamiento de verdades es tan obscena que ni los propios emisores la soportan. La sobreactuación ante las cámaras de cambiemitas y comunicadores apologistas, las delirantes teorías conspirativas que se tejen en los titulares y el énfasis que despliegan para las críticas –a veces infundadas y algunas con cierto apoyo en hechos- convierten el trabajo periodístico de los medios hegemónicos en un decadente camino hacia la peor parodia.

Si antes se escandalizaban porque –de acuerdo a testigos condenados por mentir- el juez Casanello visitó una vez a Cristina en Olivos, ahora toman con naturalidad que muchos jueces y fiscales hayan convertido La Rosada y la Quinta Presidencial en un lugar de tertulias, deportes y armado de causas contra Cristina y otros ex funcionarios. Y esto fundamentado en los registros de ingreso y egreso de esos edificios. Tan desconcertados están que tratan de desarmar este desaguisado con la foto de Martín Guzman jugando al paddle con el presidente, cuando no hay posibilidad de comparar una cosa con otra. Así son de primitivos, pues todavía explotan el vacunatorio VIP –veinte adelantados en la fila- que eyectó a Ginés González García pero guardan silencio ante las vacunas que un intendente amarillo arruinó por desconectar las heladeras o las 900 dosis que el ministro de Salud de Corrientes llevaba en su camioneta con destino incierto.

Y si tomamos las zonceras con que tratan de argumentar su indignación, podríamos confeccionar una enciclopedia de cien tomos con frases desopilantes. Los ejemplos abundan con sólo poner diez minutos de cualquiera de sus productos. Tarea insana, si las hay. Además, el manipulado entendimiento de los espectadores cautivos es un amasijo de contradicciones y falsos lemas: en poco tiempo deben asimilar que el virus no existe, que la vacuna es veneno, que en el resto del mundo no pasa nada, que atentan contra la libertad y miles de pamplinas que sólo buscan generar malestar y desesperanza. Con el verso de una garantía constitucional –la Libertad de Expresión- estos peleles con cara de enojados –para simular seriedad- alteran la vida democrática para diseñar un país al servicio de una minoría angurrienta.

Los titulares se regocijan ante el aumento de la pobreza pero al día siguiente o en la misma tapa salen en defensa de los depredadores si el oficialismo plantea alguna medida para atenuar la desigualdad. Con mucha vehemencia rechazan la intervención del Estado a la hora de controlar los precios internos, el comercio exterior, la evasión pero la exigen cuando las ganancias de los grandes empresarios disminuyen una milésima. Para esta minoría de multimillonarios inescrupulosos el Estado debe estar para garantizar sus negocios a costa de succionar el bienestar de la mayoría.

Encima, el oficialismo es tan errático, tímido y, a veces contradictorio que parece no tener convicciones. El positivo de Alberto –algo previsto a pesar de la vacuna- alimenta más el desconcierto porque brinda un argumento para el desaliento que el Poder Real tanto explota. La vacuna no sirve será la canción que, en coro, entonarán en estos días los mediáticos serviles al establishment. Por más que miles de expertos expliquen que la vacuna no nos hace invulnerables sino que nos da más herramientas para enfrentar al virus, nos toparemos en las calles con algunos transeúntes que repitan la letanía. En esto hay un poco –por no decir bastante- responsabilidad de la comunicación oficialista: la idea de que tenemos que seguir cuidándonos hasta que llegue la vacuna induce a pensar que, una vez inoculada permite que vayamos por la vida lengüeteando picaportes o abrazándonos con quien nos topemos.

La potencia embrutecedora de las propaladoras de estiércol –los medios hegemónicos- es descomunal pero no inexpugnable. Para mitigarla existen algunos mecanismos legales que deberían aplicarse en el mediano plazo. Mientras tanto, los funcionarios del FDT deberán apelar a su capacidad para convencer no sólo con palabras sino también con hechos que esta opción es la más adecuada para la construcción de un país que no someta a gran parte de su población a una inaceptable inequidad.

jueves, 1 de abril de 2021

No hay futuro sin Justicia

 

Empezamos la semana con la asunción del flamante ministro de Justicia, Martín Soria. Pavada de trabajo le toca, después de haber dicho muchas veces como diputado que nuestro país necesita una profunda reforma judicial. Hace unas semanas se difundió una encuesta que, entre otras cosas, revelaba que más del 70 por ciento de los argentinos no cree en la Justicia. Ya sabemos que no debemos abrazar con fervor estos resultados: en ese porcentaje se engloba a los que piden perpetua por el robo de un celular, los que perciben que hay tribunales amañados y los que quieren que Cristina vaya presa aunque las causas que la involucran sean absurdas; y ese número también incluye a los que estamos convencidos de que el ex empresidente Macri debe estar en la cárcel, no sólo por el latrocinio de su gobierno sino por su accionar delictivo en las décadas anteriores.

Por decir algo así, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto tuvo que soportar las críticas más despiadadas de muchos cambiemitas que, recién ahora comprenden que no se puede meter presa a una persona sin un juicio previo. Y también ahora se convierten en predicadores de los DDHH a los que consideraban un curro y los vulneraron con énfasis. La cárcel como método de extorsión, persecución y adoctrinamiento fue una práctica muy usada durante el mandato del Buen Mauricio. Pero la protección de muchos jueces hacia este ilegal personaje viene de antes, vale recordar. La Corte Suprema de Justicia menemista lo absolvió caprichosamente por el contrabando de auto partes en 2002. Otra: en menos de una semana se vence el plazo para que Correo Argentino, a cargo de Socma (empresa de la famiglia) entre en quiebra por una deuda que el Estado reclama desde hace veinte años. ¡Veinte años!... que en el tango es nada pero en este caso es un montón… y los amarillos se enojan porque Estela considera que Macri debería ir preso.

La justicia, cuando es lenta, deja de ser justa. Y cuando, además de lentísima, es cómplice de los poderosos que se lo pasan pergeñando estratagemas para eludir la ley, estamos al horno. No basta con una reforma: hay que crear una justicia nueva con jueces que no estén al servicio del establishment, sino del pueblo, que es el que debe ser defendido de los salvajes empresarios. O, por lo menos, el gobierno debería empezar a tomar medidas correctivas contra aquellos magistrados que retuercen la ley para agradar a sus amos. Ya tendría que haber una ley o un decreto que destituya sin pensión a los jueces que den curso a un amparo contra el Aporte Solidario de la Grandes Fortunas. Un juez que habilita un recurso de protección, no para un desamparado o un usuario estafado, sino para un multimillonario que no quiere soltar un mango, no merece el honor de ser juez de la Nación.

En estos días, Canal Trece, Santo Biasatti y María Laura Santillán fueron condenados a indemnizar a ex funcionarios estatales por injuriarlos con una cámara oculta del programa Telenoche Investiga. Por lesionar derechos personalísimos de los agentes que denegaron la internación de una niña por fallas estructurales del Instituto Nacional para Ciegos Román Rosell. Uno puede decir “qué bueno: una denuncia falsa que es sancionada”. Muy bien. ¿Pero de qué sirve, si el programa se emitió en 2004? Esa falsedad con formato de sentencia presentado como investigación seria y comprometida ya hizo el daño que se había propuesto. La sentencia es bienvenida, aunque debe ser cuestionada la demora. Si queremos que nuestra sociedad sea más justa, no sólo los chorros deben ser castigados en poco tiempo, sino también los ricachones que, con sólo mover un dedo nos hacen la vida imposible. En todo, no sólo con los mensajes mediáticos.

Para contagiar entusiasmo

  El revuelo de la semana lo armó la Corte. En un fallo predecible, los Supremos intentaron ganar una vez más una nefasta centralidad en p...