viernes, 21 de enero de 2022

La ostentación de los privilegiados

 

Los bandidos nos acosan y no se mueven en motos, sino en coches de alta gama. Lejos de esconderse luego de sus fechorías –evasión, contrabando y demás- se exhiben impúdicos ante la sociedad gozando sus fortunas ilícitas. Cínicos, se erigen como modelos de trabajo y esfuerzo y claman al Estado una baja impositiva para poder invertir y bajar los precios. Encima, se van al Mundial.

 

Después de haber vivido unos cuantos años –casi sesenta- el autor de estos apuntes puede afirmar que la desigualdad no es un fenómeno meteorológico sino la consecuencia de la avidez de una minoría que no tiene límites para acumular fortunas. Lo que a unos les falta es porque otros pocos succionan de más. Y no de la mejor manera, por supuesto. En plena pandemia, las grandes fortunas se multiplicaron mientras la mayoría perdió poder adquisitivo casi hasta la indigencia. El Estado debe hacer mucho más que aliviar semejante injusticia: es necesario revertir el proceso regresivo que comenzó con la asunción de Mauricio Macri y continuó con la llegada del Covid.

Las tretas de los angurrientos son muchas y cuando el Gobierno cree tener detectada una, Ellos ya están implementando una nueva. Todas obtienen el mismo resultado: siempre son los mismos los que se quedan con la mayor tajada de la torta. Aunque la Economía esté creciendo, cada vez son más los que ven precarizada su vida. De nada sirve el crecimiento del empleo si gran parte de los salarios no alcanza a cubrir siquiera la canasta de alimentos.

Y es mentira que el diálogo y el consenso resuelven todo. El acuerdo de precios encarado por el Secretario de Comercio Roberto Feletti con los grandes empresarios se cumplió en parte. Sin embargo, algunos tránsfugas hicieron trampas. Una pequeña modificación al envase de lo que venden les permitió una nueva estafa a los consumidores. Diez gramos de más justifican un precio cincuenta por ciento superior. Un capitalismo tan salvaje que no se preocupa por tener más consumidores sino abusar de los pocos que quedan.

El control de precios es una medida simpática que no transforma nada. Con el estafador no se dialoga: se lo castiga para adecuarlo al sistema, por más traje caro que vista. Lo mismo con el evasor, contrabandista, fugador, especulador o cualquiera de los personajes que asumen los avarientos para desbordar sus arcas. Con una multa no basta porque con lo que incautaron podrían pagar miles, aunque siempre aparece un juez funcional a los intereses minoritarios que salva las papas anulando la sanción. O un tipo como Macri que posó sus sentaderas en el sillón de Rivadavia –es un decir- para favorecer a sus amigotes. Lo primero que hizo fue anular todas las multas que debían pagar las distribuidoras eléctricas EDENOR y EDESUR por no invertir. El resultado es la interrupción del servicio en muchas zonas de Capital Federal y Gran Buenos Aires, que obliga a los usuarios a vivir una experiencia decimonónica durante muchos días en medio de una temperatura superior a los 35 grados. Los dueños de esas empresas –Marcelo Midlin, Joe Lewis y algún testaferro del Buen Mauricio- encabezan las listas de los titulares de empresas off shore.

En estos días apareció una noticia que puede ayudar a detectar a los que acumulan fortunas a costa del empobrecimiento del resto. Algunos lo tomaron como un dato de color. Nuestro país es el segundo en adquirir entradas para el Mundial de Qatar, detrás del organizador y antes de México, Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos, Inglaterra, India, Arabia Saudita, Brasil y Francia. Para ver todos los partidos de la Selección, una persona debe disponer entre 2000 y algo menos de 5000 dólares y a eso hay que agregar pasaje, estadía y otros gastos. Unos diez mil dólares (dos millones de pesos) que significan muchísimo para casi todos y un vuelto para los privilegiados. Si el Gobierno pone la lupa sobre el listado, encontrará seguramente a muchos de esos que nos hacen la vida imposible con sus trapisondas. No merecen disfrutar de sus fortunas mal habidas porque son como los tiradores de manteca de los tiempos del Granero del Mundo, salvo que el blanco no serán los techos europeos sino de la mundialista Qatar.

domingo, 26 de diciembre de 2021

Los rebuznos del orejudo

 

Al autor de estos apuntes le queda energía para un nuevo texto. La carta de Macri lo inspira. Pero el problema no es el ex mandatario y su impudicia, sino los que con sus votos brindan la continuidad de un licuado antipolítico que sólo puede provocar indigestión al futuro del país.

 

Quizá éste sea el último apunte del año, aunque no podría asegurar nada porque, como los lectores ya saben, la discontinuidad es la constante. Por ese motivo, no es el propósito hacer un balance para evaluar si la copa está medio llena o medio vacía. Demasiadas copas pasaron en estos días para usar el disfraz de equilibrado. De cualquier modo, siempre es oportuno compartir algunas ideas, aunque no sean las más originales. El punto de partida será la carta que el Infame Ingeniero publicó esta semana para posicionarse de cara al 2023. Hay que tener cara para algo así. Caradura, por supuesto. En esta epístola no sólo se muestra a sí mismo –cínico, mentiroso, manipulador- sino también exhibe sin pudor cómo son sus seguidores.

Envalentonado por el inmerecido triunfo del amasijo político que lidera en las elecciones de medio término, tiene el tupé de criticar al actual gobierno, que no es perfecto pero tampoco tan desastroso. En pos del diálogo y el consenso, el ex empresidente arranca su misiva con "termina un año que en realidad son casi dos, porque se unen de manera inseparable las mentiras y las innumerables decisiones equivocadas tomadas por el Gobierno en 2020 y 2021”. Por supuesto, no se refiere a la marcha atrás con la expropiación de Vicentín ni a la exigua ayuda económica brindada a los más vulnerados. Sin siquiera ojear un diario, este embustero incluye en el Debe “el manejo insensato de la pandemia”, a pesar de que la OMS –que sabe mucho más que él- ha ubicado a Argentina entre los países que mejor han sobrellevado la emergencia. Si hubo más de 110 mil muertes fue en gran medida por la feroz campaña anticuarentena, antibarbijos, antivacuna encarada por Macri y sus secuaces políticos y mediáticos. De algo se tienen que hacer cargo de una buena vez. Pero, si hay distraídos que aún los toman en serio, poco y nada puede hacerse.

Otro insensato punto de su panfleto posee un tono poético que induce a pensar que no fue escrito por él, un ingeniero que prometió puertos en Santiago del Estero. “El falso heroísmo de la vacuna rusa, traída entre lágrimas por Aerolíneas Argentinas”, refunfuña desde un rincón. Si él hubiera protagonizado un hecho así –el primer cargamento de vacunas para enfrentar al Covid- habría organizado un Lollapalooza en el aeropuerto. No conmoverse en ese momento es síntoma de granito en el pecho. Pero qué se puede esperar de un Gran Equipo que redujo el presupuesto en salud, convirtió el ministerio en secretaría y hasta dejó vencer vacunas que no habían sido distribuidas. Millones, no cien. Y después habla del Vacunatorio Vip, una torpeza que la Justicia ni tomó en cuenta.

Inconsistente como todos los juntistas, el Buen Mauricio acusa al Gobierno Nacional de haber destruido la Economía, sin pispiar los números que afirman lo contrario. Además, como dirían todos los abuelos del mundo, “el muerto se asusta del degollado”, porque él y su pandilla de filibusteros redujeron el 50 por ciento del ingreso de los trabajadores, un 20 el de los jubilados, duplicaron la inflación, auspiciaron la especulación financiera y la fuga de divisas y redujeron a recuerdo miles y miles de Pymes. Eso es destruir la economía.

A pesar de eso, el impune Macri afirma que “termina uno de los períodos más tristes de la historia argentina”, sin tener en cuenta que la pandemia afecta a todo el mundo y que hubo momentos más tristes en nuestra historia. Hay que ser un odiador serial para escribir algo así. Y también para adherir a esta idea. La deuda que este tipo tomó para nada es la más abultada de la historia, no sólo de nuestro país sino de todo el planeta. Este destructor nos endeudó con privados y el FMI por 100 mil millones de dólares para engrosar las arcas de un puñado de amigotes y tiene la osadía de hablar de la destrucción de la economía. Tan protegido está –por los medios y por algunos jueces- que pretende dar cátedra y presentarse como la salvación que no fue. Anomalías de un país que no termina de nacer: el burro habla de orejas y las focas aplauden.

domingo, 19 de diciembre de 2021

Un golpe no tan blando

 

Veinte años atrás tuvimos un estallido. Recordatorios, imágenes y análisis en casi todos los medios. Unos toman estos hechos con nostalgia, otros con anécdotas y pocos con Memoria. “El día que el Pueblo salió a la calle”, evocan algunos. Una parte del pueblo hambreado y otra, estafada por el sistema bancario. Ambas partes degradadas, como siempre, por la angurria desaforada de unos pocos, que nunca pierden en las crisis. “Que se vayan todos” fue una expresión de hartazgo que sonó por las calles pero no sirve para un análisis político. Esa frase denuncia una decepción y no un pedido de nada. Sólo dos o tres se fueron. Los otros se reciclaron para aparecer ahora como los expertos en lo que hay que hacer. Entonces, aprendimos poco y nada.

El primero que se fue, Ricardo López Murphy, embestido como diputado, sigue aconsejando las mismas recetas de recorte que lo eyectaron de su breve ministerio de Economía. María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, que ejercieron desde el PAMI un sistema mafioso que llevó al suicidio a René Favaloro, consiguieron en la CABA un romance inexplicable. Patricia Bullrich, la que recortó el salario de empleados estatales y jubilados, ahora preside el PRO, el partido de los depredadores. Y como frutilla pútrida de este postre indigesto, Domingo Felipe Cavallo, el doctor Frankenstein que confeccionó el monstruo de la convertibilidad que terminó en el estallido, ocupa el lugar de gurú en los medios del establishment reivindicando el Corralito y dando lecciones de cómo romper todo. “Que se vayan todos”, clamaban en las calles, pero los que se tenían que ir se quedaron para seguir haciendo daño.  

 No están solos, por supuesto. Hay rostros nuevos que los secundan y también tienen sus historias. Los apuntalan los periodistas comprometidos con el modelo de despojo, disfrazados de objetivos, serios y veraces desde los medios que se dicen independientes porque tienen espalda suficiente para no depender de nadie, no por su valentía ni su calidad, sino por el entramado empresarial e ilegal que han logrado construir. Nada de esto sería posible si no fuera por el amparo que brinda un puñado de jueces más interesados por agradar a los amigos del barrio –el cerrado, por supuesto- que por hacer cumplir la Constitución, los códigos y las leyes.

Juntos otra vez –porque así se llaman- para volver a succionar lo poco que recupere la mayoría. Porque para eso están, para facilitar que unos pocos se queden cada vez con más. Ahora, por primera vez en nuestra historia, votaron en contra del presupuesto aunque digan que son una oposición constructiva. Y no lo hicieron porque encontraron formas mejores de distribución, sino porque quieren obstaculizar cualquier camino que nos lleve al desarrollo con equidad. A pesar de que esta actitud dificulta el acuerdo con el FMI por la deuda que Ellos tomaron cuando fueron gobierno, caen bien parados. Hasta están bien posicionados en las encuestas y son votados en las elecciones. Quizá los veamos aplaudidos en los esporádicos encuentros públicos.

Veinte años dicen que es nada, pero parece mucho. Sobre todo cuando no sacamos las lecciones necesarias de los capítulos que nos tocaron vivir. Lo peor de la desmemoria es que se vuelve a tomar el camino que nos llevó al abismo.

jueves, 9 de diciembre de 2021

Un tímido retorno

 

El Autor de estos apuntes ha perdido el rumbo y se esfuerza por retomarlo. De la depresión al desafío en pocas líneas. Lo de siempre, cansa. La Calle tiene la palabra.

 

Después de 20 días sin escribir, las ideas no se agolpan en mi cabeza pugnando por salir ni las palabras se atropellan para acomodarse en la página en blanco. La información acumulada en estos días no se ordena en argumentos ni sistemáticas conclusiones. El vacío hace estragos y no es por el precio de la carne. Después de once años de Apuntes Discontinuos, la discontinuidad está ganando. No es que no haya nada sobre lo que escribir: Argentina, como cualquier país del mundo, genera temas en abundancia. Además, es mucho lo que hay que explicar porque los hechos lo necesitan. Quizá, después del resultado de las elecciones, haya quedado la sensación de que cualquier explicación es en vano; que los de un lado no las necesitan y los del otro las desdeñan. Como se preguntaba Charly García en una canción de Sui Generis, “¿para quién canto yo entonces?”.

La deconstrucción de las operaciones mediáticas no altera el entendimiento de los que creen en ellas. Los prejuicios arraigados en gran parte del público alteran la vida democrática porque votan con absoluta inconciencia. La desmemoria de lo ocurrido hace poco desconcierta. La indignación selectiva asombra. La confianza hacia los que nos hundieron horroriza. Y no es que el electorado se ha derechizado, porque la ideología no se tiene en cuenta. La despolitización, la despreocupación, la desatención en el cuarto oscuro aterra. La facilidad con que el discurso dominante deforma la opinión pública asusta. Ante este panorama, ¿cómo no sentir desaliento?

Con todo lo que necesitamos discutir para reconstruir nuestro país debemos detenernos a contrastar las obscenas patrañas de los peleles mediáticos y los embaucadores de la oposición servil. Con la necesidad que tenemos de reformular el sistema de Justicia tenemos que observar impávidos cómo un puñado de jueces consustanciados con los intereses de los angurrientos se burlan en nuestras barbas. Mientras el Poder Ejecutivo consiente que magistrados defiendan a Vicentín, a Telecom, a los que no quieren pagar el Aporte Extraordinario de las Grandes Fortunas, los PRO ya clavaron un pedido de juicio político al juez Bava, que se atrevió a procesar al Infame Ingeniero. Y oficialismo no presentó ni una queja contra los jueces y fiscales que lideraron el law fare.

La ausencia de épica parece debilidad. Los medios hegemónicos muestran un país quebrado que está muy lejos de la realidad. La recuperación económica supera los números de 2019 pero la redistribución del ingreso es muy lenta. La suba de precios no es el resultado de la emisión, del gasto público, de la devaluación, sino de la avidez de las grandes empresas. Y sus directivos se mofan del congelamiento, del diálogo y de los acuerdos: cuando se contienen algunos productos de un sector, se disparan los que nadie mira. Y el Gobierno queda siempre atrás de la estafa.

Nadie duda de las buenas intenciones, pero nuestra vida la manejan los malintencionados. Después de la derrota electoral, el presidente y el FDT necesitan energía. El día de la Democracia es un buen momento para eso. La calle entusiasma. También es un compromiso, una comunión, un desafío. Una demostración de fuerza para lograr todo lo que hace falta. Desperdiciar esa oportunidad nos puede conducir a otra derrota. Quizá, la definitiva.

viernes, 19 de noviembre de 2021

El desafío de entusiasmar

Después de las elecciones legislativas y del reencuentro en la calle, el FDT debe demostrar el compromiso para iniciar la recuperación del país. La energía de estos días alcanza para los próximos dos años y más allá. Pero no con los buitres amarillos y sus fotocopias, que cada vez con más énfasis evidencian que no quieren nada bueno para el futuro.

La multitud en la Plaza inocula tanta energía que la derrota atenuada tiene otro sabor. ¿Qué festejan?, se preguntan los rabiosos opositores. No sólo se quejan por la felicidad ajena sino también reclaman llamadas de felicitación. Una incongruencia entre tantas: ¿para qué exigen el reconocimiento de los que tanto desprecian? ¿En serio quieren congratulaciones de los que tildan de populistas, delincuentes o el "cáncer" del país? ¿De verdad esperan un par de palmadas en la espalda después de haber amenazado con copar la presidencia de las dos cámaras del Congreso y a partir de ahí forzar un cambio anticipado de gobierno? ¿No les avergüenza haber conquistado las urnas con mentiras y conspiraciones? ¿Acaso esperan que los feliciten por el endeudamiento con el FMI o por las cuentas off shore que abundan en sus filas? Ya lo sabemos: en realidad, no desean un amistoso gesto de reconocimiento sino que demandan una humillante rendición. Consustanciados con el establishment destructivo del que son serviles, actúan como conquistadores que quieren ver sumisos a los conquistados.  

Pero nada de eso ocurrió. Los salvajes oficialistas desbordaron la Plaza, no para quemar barbijos, clamar por la libertad o denostar vacunas como hacen Ellos con menor concurrencia, sino para celebrar con alivio el empate y reafirmar su adhesión al Presidente. Sí, ése que los opositores llaman Albertítere y algunos quieren "cagar a trompadas". Y de quien, a pesar de esto, esperan felicitaciones. Después de mucho tiempo, volvió la multitud a las calles y tanto asusta esto, que la Embajada advirtió a los turistas norteamericanos que ni se atrevan a pasar por ese lugar. La sorpresa oligarca por octubre del '45 aún mantiene su vigencia.

En el Día de la Militancia, Alberto Fernández consideró que "es un día oportuno para que demos inicio a esta segunda etapa de Gobierno y empecemos con toda nuestra fuerza a levantar lo que haya que levantar en Argentina". Y para eso insistió con la idea del acuerdo, diálogo o como quiera llamarlo, no con Milei ni Macri, claro. Entonces, ¿con quiénes?. Si denunció que el macrismo y los sectores económicos concentrados prepararon un estallido contra el gobierno esta semana, no quedan demasiados para dialogar. Por si esto fuera poco, la mesa nacional de Juntos rechaza cualquier forma de diálogo, salvo en el Congreso donde van a representar, seguramente, sus mejores actos circenses. Finalmente, no puede haber ningún punto de encuentro con los que quieren cercenar derechos, precarizar el trabajo y desigualar aún más para seguir enriqueciendo a los más ricos. 

Más que dialogar con los poderosos y sus escuderos, hay que tomar aquellas decisiones que cambien la vida de la mayoría sin pedir permiso a nadie. En lugar de mirar tanto a la derecha nociva -toda-, hay que dirigir la mirada más hacia la izquierda y construir poder con la fuerza de los hechos y sus resultados. No es de tibios exclamar ante una multitud exaltada que "el triunfo no es vencer, sino nunca darse por vencidos". La fuerza de los votos que permitió disminuir el avance amarillo y el entusiasmo de la Plaza invitan a algo más enérgico que conciliar con los que actúan como enemigos. Todo está dado para construir de una vez para siempre el país desarrollado e inclusivo que los angurrientos y sus mercenarios no quieren que seamos.

martes, 16 de noviembre de 2021

Vencedores vencidos

 

El oficialismo recuperó algo pero no lo suficiente. La oposición no logró la extinción del peronismo. Votantes cómplices de la destrucción de sus propias vidas.

Los triunfadores se enojan porque los perdedores festejan y en eso demuestran cómo les molesta la felicidad ajena. Los amarillos querían aniquilar al gobierno; saboreaban la destrucción del peronismo con anticipación; deseaban cumplir el  anhelo de la oligarquía que lo ha intentado tantas veces con bombardeos, proscripciones y desapariciones. Con persecución judicial, demonización mediática y presiones con el blue, apenas lograron un empate. Los que se quejan de la Grieta lograron pintar de amarillo una franja del país y como en un TEG gigante las fichas azules resisten en los extremos. En estas condiciones, ¿cómo no ver como victoria una derrota atenuada?

Lejos quedó la tensa espera de los resultados del domingo. Los números cantaron pero nadie bailó. Unos esperaban un éxito arrollador; otros rogaban por un milagro. No ocurrió lo uno ni lo otro. Unos planeaban recuperar el control del país cuanto antes, copar el Congreso y hasta desplazar al Ejecutivo. Otros diseñaban formas de aguantar los golpes que ya estaban anunciando. Unos terminaron el domingo enfurruñados y otros, sonrientes. Pero las calles estuvieron vacías.

Algunos gobernadores lograron recuperar los votos que perdieron en las PASO, sobre todo los que no dudan en identificarse con el FDT. Los que no son ni chicha ni limonada, como Perotti, Bordet y Schiaretti, recibieron el vacío. Claro, los anti no quieren fotocopias, sino los originales. Una lección ineludible de cara al 2023. Y el oficialismo podría haber logrado un poco más si hubiera puesto en marcha el “Plan Platita” denunciado por los peleles mediáticos y la oposición malintencionada. Si la crítica rabiosa ya había instalado la patraña, ¿por qué no hacerla realidad para aliviar el bolsillo de los que menos tienen? Ésta es otra lección: actuar sin amilanarse por la reacción, si ya sabemos que van a cuestionar todo; mientras más se enojen, mejor. Si el acuerdo con el FMI incluye el listado de los que fugaron para que paguen la deuda, quedará en evidencia que los juntistas –antes cambiemitas pero siempre buitres- quieren que la pague el pueblo, que no recibió un centavo de esos 47 mil millones de dólares.

Bueno, lo de la evidencia es relativo: hay un 40 por ciento del electorado indiferente a las evidencias, inmune a los argumentos, empecinado en sus prejuicios y cómodo con la colonización. Casi la mitad que cree que la identificación con lo que no son ya los convierte en élite. Votantes despolitizados convencidos de que la bronca es el camino. Individuos adoctrinados con las bondades de la meritocracia que votan a farsantes sin méritos. Ingenuos a voluntad que concluyen que los salvadores son los que siempre nos hundieron y quieren profundizar su tarea.

Mucho se ha dicho en estas horas sobre el 14/11 y mucho se dirá. Si fue derrota, empate o victoria está en manos del FDT. Lo que haga el Gobierno desde ahora será determinante para garantizar la continuidad en 2023. El diálogo que propone no debe ser para congraciarse con los poderosos, sino para exigirles que devuelvan lo que nos han esquilmado durante tanto tiempo.

jueves, 11 de noviembre de 2021

Invitación a una sorpresa

 

A pocos días de las elecciones, la oposición se agranda y ya festeja. Les calzó tan bien el disfraz de salvadores que algunos olvidan que son culpables de gran parte de nuestros padecimientos.

 

Como era predecible, actores extra políticos invaden la campaña para inclinar un poco más el resultado electoral. La libertad condicional de dos ex funcionarios de Cristina y un caso de inseguridad forjan el más cómodo anillo para el dedo anti democrático del Poder Real. La indignación selectiva y la ametralladora de patrañas que inspiran estos temas refuerzan la insustancial batería de no-propuestas de los candidatos juntistas. Del otro lado, el oficialismo intenta aprovechar la inefable confesión de Macri sobre el destino de la deuda sin las potentes armas mediáticas ni la despiadada insistencia de los destructores. Mientras tanto, un porcentaje importante de la población deja conducir con docilidad su entendimiento sin sospechar que meterán la pata de la peor manera.

Una semana antes de las elecciones generales, el TOF 1 concedió la libertad condicional a José López, aunque en realidad podrían habérsela otorgado mucho antes. Un hueso oportuno para que las propaladoras de estiércol y las marionetas odiadoras de los medios incluyan el tema en plena campaña y jueguen con la idea de la impunidad K. Claro, se indignan a rabiar con los nueve palos verdes de López pero dan miles de volteretas para minimizar los 44 mil millones de dólares fugados –confusión mediante- por el “Mejor Equipo de los Últimos 40 años”. ¿Cuántos bolsos hay que revolear para fugar los millones M?

Los prejuicios de una parte de la población se activan, más aún cuando todos los candidatos juntistas gritan ante las cámaras amigables que éste es un gobierno de “chorros y delincuentes”, cuando las pruebas y las propias confesiones de los ex funcionarios muestran todo lo contrario. Las caprichosas interpretaciones importan más que los contundentes hechos. El homicidio del kiosquero de Ramos Mejía muestra bastante eso. Todo es culpa de la “liberación de presos” ordenada por Alberto –cosa que nunca ocurrió- y hay que “bajar la edad de imputabilidad. No importa si el asesino tiene 30 años y fue liberado por la Justicia Porteña después de cumplir su condena. Y encima, María Eugenia Vidal atribuyó a una menor el homicidio y hasta, en una mueca de humanidad, reconoció que no debería ir a una cárcel de mujeres. ¿De qué hablan estos candidatos, si ni saben lo que están diciendo? Menos aún los cautivos votantes de estos mentirosos seriales.

Ni falta les hace prometer nada de tanto que han dañado el escenario político. Blindaje mediante, pueden burlarse de la operación de CFK, mostrar la ignorancia más extrema o amenazar con eliminar la indemnización por despido. Hasta proponen condicionar al Ejecutivo o llevarse puesto al presidente si el establishment así lo exige. Con recitar Basta canalizan los deseos difusos de una parte del electorado; con un edulcorado “juntos” especifican la estrategia para el país que nunca definen, aunque con la Revolución de la Alegría ya mostraron demasiado.

Después de las PASO, los peleles televisivos inventaron lo del “Plan Platita”, que nunca ocurrió. Gracias a esa patraña, la jueza electoral María Servini suspendió dos proyectos de distribución para consumo cultural. Después vienen con el verso de la independencia de los poderes, como si los jueces no se metieran en ninguna decisión de los políticos. Los que presionaron hasta la obscenidad a jueces y fiscales cuando fueron gobierno y también ahora, no cesan de recitar esas pamplinas.

Y ahora no sólo padecemos el indignómetro: también inventaron el obligómetro. Cuando uno intenta destacar el buen manejo del oficialismo en pandemia con las restricciones y el exitoso plan de vacunación, retrucan con un escueto “es obligación del Estado cuidar la salud de la población”. Algo que no dijeron cuando Macri bajó el presupuesto en salud, degradó el ministerio a secretaría, dejó vencer vacunas o suspendió los remedios gratuitos para los jubilados. Ni media objeción cuando la ex gobernadora Vidal aseguró no inaugurar ningún hospital más en la provincia, aunque les faltase muy poco.

Como decía un mensaje en las redes, “el FDT no asegura el paraíso, pero los Juntistas –y sus fotocopias- nos garantizan el infierno”. Los amarillos acusan a los kirchneristas de delincuentes y ladrones, pero los evasores, contrabandistas, especuladores y fugadores están entre sus filas. Lástima que muchos no se den cuenta de semejante evidencia. El domingo está ahí nomás y los milagros son cosa del pasado. Lindo sería que las urnas nos sorprendan y deban guardar el triunfalismo burlón que ostentaron estos meses en el lugar más recóndito de sus oscuros espíritus.

La ostentación de los privilegiados

  Los bandidos nos acosan y no se mueven en motos, sino en coches de alta gama. Lejos de esconderse luego de sus fechorías –evasión, contrab...