lunes, 24 de septiembre de 2018

Sin errores ni excesos


La andanada de soserías con forma de frases célebres es constante: hay que poner el hombro, un sacrificio necesario, esta vez va en serio y muchas más por el estilo siguen colonizando desde la usina de pensamiento del Cambio. Un ‘florilegio’ de sandeces cuyos autores no se destacarán por sus valores literarios o humanos sino por su cinismo y su crueldad. Que Macri diga que estos “fueron los peores cinco meses de su vida”, en referencia a la crisis inflacionaria y financiera desatada por sus propias medidas, es una muestra de eso. O que aconseje que no lo volvamos loco pues nos “podría hacer mucho daño”. En el tope del ranking siempre estará el juramento de que “hace lo imposible todos los días para tratar” de ayudarnos. En realidad, nos haría menos daño y nos ayudaría mucho más si se trepase de una vez al helicóptero que muchos estamos invocando.
Si el relato K se inscribía en una épica de conquistas, los sobres de azúcar M son una serie de excusas para el fracaso. Un fracaso más visible que el “Crecimiento Invisible” del empresidente. Tan fracaso que la vice Michetti no puede dormir de tanto pensar en el sufrimiento de las víctimas de la Tormenta Amarilla. Un fracaso de tal magnitud que la revista norteamericana Vanity Fair –insospechada de militancia K- afirmó que “Mauricio amenaza con llevar a Argentina a la quiebra”.
Sin embargo, los rostros oficiales que aparecen día a día ante las cámaras expresan resignación y optimismo en un mismo gesto hartamente ensayado con el fin de simular un sacrificio especular: si el pueblo sufre, los que gobiernan también. Como si los miembros del Gran Equipo fueran capaces de imaginar la imposibilidad del pan en la mesa, un techo seguro o una dignidad ascendente. Porque son torpes en eso de empatizar con la mayoría, se escudan en las planillas y convierten al ciudadano en un número. O peor, en un estorbo para sus planes de “un país normal”, como dijo Macri en estos días.
Ni siquiera los convencidos pueden negar que las cosas no están saliendo como esperaban. Que las promesas de campaña se hayan perdido en el camino no perturba tanto la adhesión como la inflación incontrolable y la devaluación recurrente. Pero la colonización mediática hace que los que aún esperan algo bueno de este entuerto crean que al buen Mauricio le duele esta situación y traguen el verso de que éste es el “único camino y que cuando los argentinos se proponen algo, logran cosas increíbles”. Tan increíble como poner de presidente a alguien que ni se reconoce argentino.
Números que no mienten
Ya nadie espera que la Revolución de la Alegría materialice una distribución progresiva del ingreso; al contrario, la distribución es regresiva porque es un gobierno de ricos para ser más ricos. Las promesas de campaña ya se convirtieron en una estafa electoral histórica que debería servir como ejemplo de conducta antidemocrática. Y los votantes que confiaron en que un pseudo empresario multimillonario, contrabandista, evasor, egoísta y fugador pueda llevar adelante un gobierno con sensibilidad social, deberían ser los primeros denunciar la estafa.
La Pobreza Cero no sólo se desmiente por la alarma del Observatorio Social de la UCA, que anticipa un crecimiento porcentual del número de pobres e indigentes por la inflación, la cotización del dólar y la pérdida de puestos de trabajo. Hilal Elver, la Relatora Especial sobre el Derecho a la Alimentación de la ONU –después de un relevamiento in situ- denunció que en Argentina “hay amplios sectores de la población que sufren una seria inseguridad alimentaria”. En su declaración, Elver consideró que “el Gobierno debería tomar más en cuenta el impacto directo e indirecto de sus medidas de austeridad sobre la accesibilidad a los alimentos por los más pobres en la sociedad argentina”. Y destacó la gran paradoja de un país que produce suficientes alimentos para 450 millones de personas, pero casi cuatro millones entre sus propios ciudadanos” no tienen para comer. Que nadie venga a hablar de la Pesada Herencia, porque antes de la llegada del Cambio, habíamos logrado el Hambre Cero, de acuerdo a las conclusiones de Juan Carr de Red Solidaria.
En campaña, los entonces candidatos Macri y Vidal enternecían a la teleaudiencia hablando de “nuestros queridos abuelos” y prometían la Reparación Histórica como un fruto edénico. En realidad, terminó siendo uno de los tantos engaños captadores de votos. La famosa reparación acabó como un Caballo de Troya para que los familiares y amigos presidenciales puedan blanquear sumas ilícitas con poca tributación y ninguna obligación. Los jubilados, además, padecieron el recorte en la entrega de medicamentos y otras prestaciones y una pérdida de su poder adquisitivo del 35 por ciento respecto a 2015. Aquellos que obtuvieron su jubilación con moratoria no sólo se resignaron a bajar a la categoría de pensión sino que deben soportar la constante estigmatización de los funcionarios y sus voceros mediáticos. Por si esto fuera poco, el presupuesto 2019 que están presentando en el Congreso restringe el acceso a la Pensión para Adultos Mayores y sentencia la liquidación del Fondo de Garantías de Sustentabilidad, un preciado botín que los especuladores, comandados por el Grupo Clarín, pretenden recuperar.
Los mentirosos spots del Cambio son la prueba palpable de que en La Rosada se constituyó una asociación ilícita en serio. El “más empleo de calidad” se transformó en una desocupación de casi el diez por ciento y van por más. Eso de “en mi gobierno los trabajadores no van a pagar impuesto a las ganancias” se convirtió en que son más los que pagan. La inflación que Macri prometía “bajar en dos minutos” porque “es la muestra de la incapacidad para gobernar” apunta a superar el 45 por ciento. La “unión de los argentinos” significa denostar, perseguir, apalear y encarcelar opositores, además de mandarlos “en un cohete a la luna”. La seguridad que iban a garantizar concluyó en un incremento de los delitos y una política de guerra que nos aleja de los principios constitucionales. Los operativos policiales terminan en represión, capturas, vejaciones y tormentos, además de infiltrados revoltosos. La doctrina Chocobar que tanto reivindican recibe aplausos mediáticos pero, gran esperanza, condena en los tribunales.
Tomar todo esto como el resultado de la impericia de Macri y sus funcionarios ya queda como un análisis tontuelo. Pensar en errores cuando no cesan de hacer apología del tortuoso túnel en que nos metieron es propio de chupamedias. La soberbia que destilan los amarillos es un indicio de que no se están equivocando sino que “hacen lo que hay que hacer”: someter el país y gran parte de sus habitantes a los caprichos de la timba internacional, que no es otra cosa que servir a los planes del Imperio decadente. Como hace más de 200 años nos declaramos independientes, deberíamos reciclar ese compromiso exigiendo al Ingeniero y sus secuaces que comiencen a hacer lo contrario de lo que están haciendo. Y si no quieren o no pueden que termine cuanto antes la usurpación que estamos padeciendo antes de que no nos dejen nada para defender.

jueves, 20 de septiembre de 2018

El amargo sabor del pasado


El Cambio no para de arruinar la vida de gran parte de los argentinos. No hay que hacer demasiado esfuerzo para descubrir que la Revolución de la Alegría está cada vez más lejos, como todo lo prometido por el Ingeniero y sus secuaces. La frase con que la gobernadora Vidal celebró su espurio triunfo -“cambiamos futuro por pasado”- parece más una declaración de principios que un fallido. Que el empresidente declame –prescindiendo de datos, como siempre- que “la decadencia argentina comenzó hace 70 años” es un indicio de que nos quiere llevar a la década del 30 del siglo pasado; a esos tiempos en blanco y negro de vacas, granos, peones esclavizados, millones de excluidos y mucho fraude. Un futuro tan pasado en el que unos pocos vivirán de lujo gracias al sacrificio del resto.
El Mejor Equipo de los Últimos 50 Años nos conduce hacia los peores momentos de nuestro ayer. El candidato que fanfarroneaba con bajar la inflación en dos minutos ahora debería reconocer su “incapacidad para gobernar”, como decía de Cristina por no poder controlarla. Hoy, que el índice de agosto araña el cinco por ciento y promete más de siete para septiembre pone como excusa los problemas del mundo al que tanto nos quiso integrar. Para encontrar estos números deberíamos remontarnos a los primeros años del gobierno de Menem. Y como el INDEC registró que el índice de precios mayoristas interanual es del 51,4 por ciento, este viaje al pasado sobrevuela la Híper de Alfonsín a finales de los 80. Con estas cifras, el Gran Equipo casi duplicó la inflación de 2015 -23 por ciento contra 45- aunque sigan hablando de la Pesada Herencia.
Además, algunos se esfuerzan por olvidar que el Gerente de La Rosada SA prometió en campaña “el Gran Cordobazo del Crecimiento”, porque manifestó estar “harto de que seamos la paradoja del mundo, con la riqueza de recursos naturales y humanos que tenemos”. Y para que no queden dudas de que invitaba al electorado a un desarrollo histórico, cerraba sus recitados con “llegó la hora de demostrarnos a nosotros primero y después al mundo de lo que somos capaces los argentinos". A pesar de estos encendidos versos, la  caída de la actividad será del 2,4 por ciento este año, lo que indica una diferencia de cinco puntos negativos respecto a 2015, año del inicio de la Revolución de la Alegría. No es para menos, si el consumo se redujo en un 2,9 por ciento en comparación con agosto del año pasado y todos saben –menos los amarillos- que constituye casi un 70 por ciento del PBI. Sin consumo, no hay crecimiento; así de fácil. De lo que los argentinos somos capaces es de permitir que alguien como Macri haya trepado a la Primera Magistratura para traicionar la voluntad popular y destruir lo más posible. Y tan capaces, que le estamos teniendo mucha paciencia.
Sin sopa ni mosca
Si los que votaron por los globos no se sienten burlados es porque un falso orgullo los domina. Si se exaltaban con la demagógica fantasía de Pobreza Cero, deberían estar muy indignados ahora que estamos más lejos de esa meta. El director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, Agustín Salvia –cuyas cifras eran sagradas en los tiempos en que estos oficialistas eran oposición- aseguró que de acá a diciembre se va a desatar “un shock tanto por precios como por estancamiento y va a producir un aumento importante de la pobreza por ingresos”. Si a poco de asumir, Macri pidió que lo evalúen en base a la reducción de la pobreza, ahora que se ha incrementado a niveles mayores que los de 2014 y 2015, ¿cuánto más hay que esperar para aplazarlo?
Y si lo votaron por la eliminación del Impuesto a las Ganancias, ¿no se sentirán un poco incómodos porque cada vez lo pagan más trabajadores sin recomposiciones salariales significativas? Un tributo que ya no se dirige a la equidad, sino al agujero negro de la deuda. Si todavía piensan que vamos a salir del túnel de la mano de Mauricio, habría que comenzar a decepcionarlos. Mientras más sigamos avanzando por este tenebroso recorrido, el deterioro económico será mayor y la soberanía se convertirá en un buen recuerdo.
A estos retrocesos malintencionados, se suma el condimento preferido de la derecha gobernante y sus perversos instigadores: la cruda violencia que se manifiesta en el discurso dominante, el pisoteo institucional y la arbitrariedad judicial. La lluvia de episodios violentos que ahoga nuestra memoria debería ocasionar una repulsa hacia los usurpadores amarillos. Sin embargo, aún quedan bastantes individuos que aplauden con fervor los linchamientos, tanto simbólicos como carnales. ¡Cuántos habrán sonreído con placer ante el encarcelamiento del dirigente social Juan Grabois por defender a los senegaleses! ¡Cuántos estarán añorando una Ley de Residencia que expulse sin dudar a los extranjeros insumisos! ¡Cuántos estarán esperando el diseño de un muro inexpugnable a lo largo de la Grieta para que los indeseables se pierdan de vista para siempre!
Y por supuesto, también están preparados para festejar con champaña y petardos cuando el inefable juez Bonadío logre meter presa a Cristina, aunque haya más excusas que motivos, más prejuicios que pruebas, más venganza que justicia. Aunque sea por unas causas inventadas por operadores periodísticos, por el sólo gusto de tenerla entre las rejas por unas horas, por el mezquino placer de verla vencida.
Los números importan menos que las imágenes a la hora de identificarse con lo que no son ni serán nunca. Esos que por recibir una sonrisa complaciente del amo son capaces de renunciar a la dignidad y por un amago de caricia, patear la cabeza de sus pares. Después, cuando la caricia se transforma en sopapo, buscan el apoyo de los que antes traicionaron y simulan fraternidad hasta que termine el problema. Finalmente, la rutina se transforma en amnesia y al tiempo, vuelven a caer en la trampa y nos meten a casi todos en ese vicioso círculo.
Tal vez sea el momento de romper esta rueda para impedir que el egoísmo absoluto vuelva a ensombrecer nuestro futuro. De una vez por todas debemos aprender a diferenciar adversarios de enemigos para evitar que nos vuelvan a meter en el mismo túnel.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Salvajismo en Globolandia


Como la crisis se torna palpable, el marketing empieza a perder eficacia. La paciencia que parecía inagotable se vuelca a las calles para recuperar la dignidad rapiñada. Aunque ya es tarde para muchas cosas, lo imperioso es frenar a estos farsantes. Los Apóstoles del Cambio no pueden disimular la desazón ante el fracaso de una receta que pensaban efectiva para resolver problemas que no existían. El camuflaje que les permitió llegar hasta acá ahora sólo engaña a los consustanciados, odiadores, beneficiados e ilusos incurables; un número bastante lejos del 51 por ciento conquistado en el balotaje. Desconcertados, no dejan de ser como son ni intentan probar algunas correcciones. Por eso insisten -torpes, ignorantes y bestiales- con lo que ya todos sabemos que nos está conduciendo a una hecatombe. Algo sabido desde el mismo momento en que Macri se disfrazó con el traje de candidato.
“Esta vez va en serio”, advierte por tercera vez el empresidente, mientras su ministra de Seguridad sobreactúa su experticia basada en series de Netflix y algunos comics apolillados. Tan en serio que Bullrich asegura que encontraron “pozos con forma de caja fuerte” y el ‘inconfundible’ olor a dólar húmedo en las costosas excavaciones patagónicas. Tan en serio que los medios hegemónicos aseguran que el juez inquisidor Claudio Bonadío ya tiene preparado el pedido de prisión preventiva para La Presidenta, aunque no haya encontrado pruebas que contradigan la inocencia que el derecho debería garantizar.
CFK tras las rejas sería el único triunfo del que podrían enorgullecerse las tropas amarillas y sus seguidores, al menos por un tiempo. Aunque eso signifique patear de manera peligrosa el tablero de este juego en el que casi todos estamos perdiendo. Si eso de “si la tocan a Cristina…” se hace realidad, el alivio será en estéreo: servirá para forzar la salida de este tortuoso túnel y permitirá a los saqueadores salientes jugar el papel de víctimas de una injusta destitución. Como sea, todos estaremos fuera, lamiendo las heridas, planeando el saneamiento y preparando el enfrentamiento con los buitres alentados por estos cipayos. Y la deuda que la paguen los que la contrajeron para beneficiarse con la especulación; que los funcionarios, financistas y agrogarcas hagan una devolución de todo lo que intentaron llevarse, después de las necesarias disculpas y la férrea promesa de no retornar jamás con sus destructivos planes.
Sobre huevos y serpientes
Mientras tanto, el allanamiento innecesario ordenado por Bonadío en la casa de El Calafate dejó estragos que deberían avergonzar a los senadores que lo habilitaron. Antes de cualquier discusión en el Congreso, los legisladores en su conjunto deberían repudiar el accionar de este juez desencajado y orquestar un juicio político que lo desaloje de los tribunales para siempre. Si todavía no encontró el botín, a pesar de sus vandálicos esfuerzos, será porque no existe. Ni en paraísos fiscales, ni en bóvedas secretas en casas particulares, ni en cajas fuertes enterradas en páramos solitarios.
Si quisieran buscar la verdad, deberían haber aprovechado este tiempo para realizar una auditoría de la obra pública en todo el país, el primer paso para detectar sobre precios, desvíos o sub-ejecuciones. Claro, como las indagaciones de Vialidad Nacional en Santa Cruz –comandadas por el actual funcionario de Transporte, Javier Iguacel- no revelaron irregularidades, temen resultados similares en el resto del país y por eso Bonadío rechazó el pedido de Cristina. El establishment necesita mantener vivas las falacias que durante tanto tiempo alimentaron los prejuicios de los colonizados para ocultar que el Cambio no ha construido nada de lo que prometió: rutas, gasoductos, cloacas, viviendas, escuelas, jardines están en el ‘Debe’ de un Gran Equipo que prometió maravillas. Ni siquiera los “puertos en Santiago del Estero” ni el puente para unir Rosario con Corrientes, obras que serían milagrosas.
Y en el poco tiempo que queda de esta Revolución de la Alegría tampoco habrá demasiado para inaugurar por los recortes que se vienen. Esta semana comenzará la discusión por el presupuesto que debe ser el puntapié inicial para el sometimiento total a los dictámenes del FMI y las nefastas sugerencias del Tesoro norteamericano. ¿Para qué van a invertir tanto esfuerzo en un acuerdo legislativo que será malversado por sus ejecutores? Por ejemplo, el presupuesto del año pasado planteaba una meta de inflación del diez por ciento que, al día siguiente de su aprobación pasó al 15 y que ahora se proyecta al 45. Además, las partidas para ciertas áreas, como Educación, Cultura y Ciencia fueron serruchadas y desviadas hacia otro destino, como Seguridad y Defensa. Con un gobierno como el actual, cualquier acuerdo será traicionado. Y no vengan con el verso de la gobernabilidad, si son Ellos los que más atentan contra ella.
El embrollo económico en el que estamos, con pérdida de reservas, endeudamiento desaforado, crecimiento de la pobreza y precarización del conjunto, no es producto de vendavales, tormentas o estornudos imperiales, sino de incapacidad o malicia del Ingeniero y su banda. El deterioro no se da sólo en nuestros bolsillos, sino también en la convivencia cotidiana. Las amenazas que esputan los oficialistas hacia los que se oponen en serio desmiente la promesa de “no perseguir al que piensa distinto”. Y se materializan en secuestros, torturas y atentados. Hasta en la reivindicación de la venganza como una forma instantánea de justicia.
Mientras algunos periodistas adornan su mediocridad con excesos derechosos, en Mar del Plata, un policía de la bonaerense estrangula a un chico de nueve años por portación de pistola de juguete. Las redes sociales se vuelven cloacas verbales y las conversaciones cotidianas, cacareos inconducentes. La brutalidad gobernante amenaza con convertirse en dogma. Los que venían a reparar la Grieta no hacen más que ensancharla. La prédica de estos despreciadores sólo invita a la aniquilación del otro con desempleo, hambre, enfermedad o linchamiento. Unos meses más de este veneno y nos perderemos en la individualidad recelosa que derrama desde el trono de La Rosada SA. Y así, sin el otro, ya no tendremos Patria para reconstruir.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Macrilandia y el peligro de la clarincracia


Unos días atrás, el buen Mauricio confesó que su locura podría causarnos mucho daño. Esto significa que no estamos ante un ‘loco lindo’, sino todo lo contrario. Su locura no propone sueños, sino pesadillas. El mensaje toma la forma de una advertencia: no conviene despertar al monstruo que habita en su interior. Ni él sabe lo que puede pasar, pero será muy dañoso, mucho más de lo ocurrido hasta ahora. La locura del empresidente ya no es la alocada hipótesis de periodistas del establishment, sino confesión del propio afectado. Sin embargo, a pocos meses de asumir, explicó que “si decía lo que iba a hacer, hubieran votado para encerrarme en un manicomio”. ¿Contradicción o cinismo? Loco desde siempre o loco por venir. Como sea, la cordura no gobierna en Macrilandia y lo que se viene podría dejar a los sobrevivientes a merced de dementes peligrosos sin chaleco de fuerza.
Si una diputada nacional celebra el cambio de presidente en la Corte Suprema con la viralización de su imagen con ruleros, estamos lejos de toda cordura. Que Carlos Rosenkrantz haya desplazado a Ricardo Lorenzetti unos meses antes de lo previsto no augura nada bueno: además de haber aceptado su nombramiento por decreto, en su currículum abunda el servilismo a las corporaciones. Hasta armó una falsa ONG –Asociación para Defensa de la Competencia- para presentar una medida cautelar contra el decreto que establecía la caducidad de Fibertel, absorbida por Cablevisión de manera fraudulenta. Si presidió esa pantalla como abogado de Clarín, asusta imaginar lo que hará desde la cima del Máximo Tribunal. Y si tomamos sus fallos en asuntos relacionados con los DDHH, la Memoria está en peligro. Pero la escena se torna más peliaguda al considerar que el Supremo puede ser el sucesor del empresidente Macri en caso de renuncia, destitución o insania. Entonces, si el Ingeniero se vuelve loco, pronto tendremos a Clarín presidiendo el país sin intermediarios.
Con sólo cinco tapas, Mauricio volvería a ser Macri y sus días en La Rosada SA estarían contados. Si decidieran publicar un cuadro comparativo entre lo que se podía comprar con 100 pesos en 2015 y lo que se puede comprar hoy, el público cautivo pondría en movimiento sus estruendosas cacerolas.
La única salida
Como el blindaje mediático está muy bien pago, las infructuosas excavaciones en la Patagonia todavía ostentan su absurdo en letras de molde o coloridas pantallas. Indagaciones arqueológicas multimillonarias para encontrar al menos una moneda de la fantasiosa Ruta del Dinero K. Y si esta telenovela no funciona, las fotocopias de los no cuadernos de Centeno todavía esconden unos capítulos atractivos en su medieval trama. Con métodos inquisitorios condenados por los organismos internacionales de DDHH, las mentirosas confesiones a la carta brotan en la mesa de tortura del juez Bonadío para regocijo de los odiadores. Todo porque la inoperancia del Gran Equipo y su DT puso al país una bandera de remate. Más que inoperancia, la intencionalidad de servir en bandeja la soberanía para recibir una sonrisa complaciente del Imperio.
Pero el panorama es tan oscuro que los constructores de la realidad paralela deben esforzarse cada día más para tapar con sus tapas las inmundicias que brotan de las paredes de este túnel. En un medio periodístico comprometido con el buen destino de los ciudadanos, que la deuda ya representa el 82 por ciento del PBI debería estar todos los días como denuncia destacada. Sobre todo porque esa cifra no se veía desde 2005. Y si el dólar alcanza los 44 pesos, superaría la totalidad del producto. Pero claro, como ya está instalada la patraña de que los K se robaron un PBI, sería muy difícil convencer a los colonizados de que los amarillos están transfiriendo uno en serio.
Detrás del blindaje, el pueblo está clamando contra el ajuste aplicado y el que se viene. Las víctimas de este saqueo copan las calles de los centros urbanos para exigir un cambio de rumbo. Los traicionados se suman –con ciertos reparos- para recuperar la dignidad perdida. Los decepcionados se asoman al balcón, ya no para expresar su deprecio a la manifestación, sino para exhibir tímidos gestos comprensivos, sin abandonar la expresión “al final son todos iguales”, aunque internamente sientan que no lo son.
En medio de la sensación de desastre próximo, la semilla oscura que alimentaron durante tantos años empieza a mostrar sus primeros brotes. La estigmatización que pobló titulares y editoriales se está haciendo evidente en las entrañas de la sociedad. Un programa de radio debate si el carnicero es culpable o inocente por haber atropellado al delincuente que le robó. La venganza toma forma de justicia y el dinero es más importante que la vida en boca de los oyentes que participan. La Doctrina Chocobar aplaudida por el presidente amenaza con convertirse en ley de facto. El desprecio por la Educación Pública no sólo emerge de la palabra clasista de los funcionarios, sino que se hace carne en la tortura a Corina de Bonis, la maestra de Moreno. Un secuestro, una capucha, una sangrienta orden y una amenaza para siempre por servir comida caliente a los desamparados. Después se quejan cuando uno los compara con la dictadura, pero la persecución política, el encarcelamiento arbitrario, la construcción del enemigo interno y el empobrecimiento creciente de la población no son propios de una democracia.  
La democracia no se defiende garantizando la gobernabilidad de estos farsantes ni aprobando lo que proponen en el Congreso. La voluntad de las urnas cobra sentido cuando el gobierno votado expande derechos, alienta la creación de empleos, defiende la mesa de los ciudadanos, protege su salud y promueve la educación. Si pasa lo contrario, esa voluntad es pisoteada por los elegidos. Y cuando pasa algo así, no queda más remedio que desalojar a los traidores y castigarlos como se merecen para retomar el rumbo hacia el país que soñamos, sin locos peligrosos ni saqueadores compulsivos.

lunes, 10 de septiembre de 2018

La boca de los bagres


El conocido dicho “el pez por la boca muere” cobra mayor sentido con los funcionarios PRO. En sus comunicaciones cotidianas pueden encontrarse yerros gramaticales, neologismos incongruentes y confesiones inconfesables, todo sazonado con abundantes dosis de cinismo, ignorancia y crueldad. Sin excepciones, los miembros del Gran Equipo juegan a los dados para repartirse el país, como si fueran una banda de ociosos niños ricos entretenidos con un TEG vernáculo. Mientras el alud está preparando su desplome, estos buenos muchachos tratan de inspirar confianza, pero sus descascaradas máscaras logran todo lo contrario.
No es para menos, si muchos amarillos exigen “poner el hombro” a los que ya no pueden poner nada, mientras los que tienen de todo no paran de sacar. Ajenos a la realidad, hablan del “esfuerzo de todos”, mientras una minoría ya no necesita siquiera pedalear para incrementar sus fortunas especulativas. Como si nadie se diera cuenta, simulan empatía con los más vulnerables cuando son ellos los que los vulneran todos los días.
Pero el colmo del Operativo Tranquilidad En La Tormenta lo brindó, como siempre, Mauricio Macri. El Gerente de La Rosada SA, al visitar la familia de una emprendedora confesó que necesita "estar tranquilo, porque si me vuelvo loco les puedo hacer mucho daño a todos ustedes”. Una especie de hombre-bestia que debe evitar la luna llena para que sus semejantes estén a salvo. ¿Y qué es sino un daño a todos nosotros, la destrucción de la industria, la inflación provocada, la devaluación inducida, el endeudamiento atroz, la desocupación creciente y la pobreza cada vez más lejos de cero? Si produce todos estos daños cuando no está loco, estremece imaginar lo que hará cuando enloquezca. ¿O su despreocupada confesión deberá interpretarse como una amenaza a quien quiera manifestarse en contra de su destructivo plan?
Algo así sugirió el ex presidente del Banco Nación, el economista Carlos Melconián. Primero, reconoció la crisis de la peor manera que se le ocurrió: “el programa original fracasó, nadie se puede ofender por eso”. ¿Por qué no le pregunta a un hambreado, un desempleado o un fundido si se siente ofendido por el fracaso del Cambio? Las promesas incumplidas, más que ofender, indignan. Un engaño, ¿no es acaso una ofensa? Pero hay algo peor de este personaje: “le digo a la oposición que no joda en el Congreso”. ¿Quién es para realizar advertencias a los legisladores como si fuera un pandillero? ¿Qué significa ‘joder’ en su clasista vocabulario, obedecer el mandato popular y proteger a sus representados del ajuste brutal, innecesario e inconducente que propone el oficialismo?
La soberbia de clase y el anzuelo del blindaje los llevan a decir cualquier cosa; por eso esputan gansadas a cada instante. Amenazas, provocaciones, patrañas y burlas brotan como las burbujas del bagre en un lodazal. Cada vez son menos los que interpretan esos hediondos efluvios como idílicos poemas para un futuro mejor. Los demás no nos dejamos envolver por los cantos de estos pescados con pretensiones de sirena. Sin intenciones de perturbar la tranquilidad del empresidente ni de joder a Melconián, sabemos que la calle es la única manera de terminar con el ofensivo despojo que comenzó aquel infausto 10 de diciembre.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Los incendios del Gran Equipo


Al igual que el Ricardo III de Shakespeare, en medio de este desastre auto-gestionado, el buen Mauricio clama “mi gobierno por un ajuste”. Como si la única manera de salir de este laberíntico túnel fuera seguir echando combustible a la hoguera en que convirtió al país. No por torpeza o impericia, no por descuido o candidez, sino con la maligna intención de desigualar aún más. Algunos pseudo-críticos afirman que Macri piensa al país como una empresa; si así fuera, estamos ante un pésimo gerente. Otros, apologistas encubiertos, apelan a la errónea metáfora de la casa para justificar la guadaña implacable que agita sobre trabajadores estatales, discapacitados, adolescentes y jubilados. Muchos hablaron de la peor semana del gobierno, olvidando que gran parte de nuestros conciudadanos hace más de dos años que no tienen ni un solo día bueno.
La corrida cambiaria que estelarizó el zócalo de los canales, junto a la escalada del Riesgo País, aportó un poco de adrenalina a una agenda hegemónica que hacía la plancha sobre los no-cuadernos de Centeno. El fantasma de la híper inflación estremeció el corazón de los memoriosos y la analogía con la crisis de 2001 despertó a desmemoriados, ingenuos y papamoscas. Los que nacieron después de todo eso sospechan que lo que se viene será una experiencia inolvidable y no de la mejor manera. Mientras unos esporádicos saqueos adelantan diciembre, el Gran Equipo se juntó el fin de semana para diseñar los próximos pasos de esta bacanal que disfrutan unos pocos.
Si el Ingeniero intranquilizó a los Mercados con sus balbuceos del miércoles, la diputada Carrió embruteció aún más a sus seguidores con citas bíblicas, augurios angelicales y acusaciones delirantes. Lo de siempre: la culpa es de los K, que desempolvaron los dólares que se robaron para desestabilizar al eficiente gobierno amarillo con la devaluación de la moneda. Comprar dólares con dólares es un absurdo para necios, pero todavía quedan algunos que se ufanan de su necedad. Los trolls de Marcos Peña, con su poder un poco devaluado, convirtieron en tendencia tuitera la tontería del golpe peronista, cuando, en verdad, los verdaderos desestabilizadores están en La Rosada SA y su entorno.
Durante el fin de semana, los rumores sobre las medidas del empresidente, en lugar de calmar las aguas, las vuelven más turbulentas; en lugar de generar confianza, alientan el recelo; en lugar de invitar a la esperanza, incentivan el desánimo. Y todo porque esta pandilla de saqueadores no propone sueños, sólo defeca pesadillas.
El menú de los farsantes
La eliminación de algunos ministerios es austeridad para la gilada; en realidad, pone más en evidencia la impronta destructiva, avarienta y despectiva de los PRO. Apuntar al déficit fiscal en pesos para enfrentar el carnaval del dólar es una muestra de eso. Un simulacro o una excusa para concretar lo que el Cambio se propone: convertir al Estado en una sucursal de las corporaciones y al pueblo, en el blanco de las succiones más despiadadas.
Esto lo ha hecho desde su primer día al frente del gobierno, pero ahora se están evidenciando las consecuencias. El candidato que se presentó en campaña como un desarrollista tomó medidas que alentaron la especulación y la fuga. Y esto que podría pensarse como una contradicción gigantesca, no lo es. El cierre de fábricas en distintas áreas, la caída de la actividad productiva y comercial y el desplome del poder adquisitivo del salario, además del ataque sistemático a las áreas de investigación y control, indican que no tiene la menor idea de lo que significa ‘desarrollo’. Si llegamos hasta acá no es por casualidad, sino por la conveniencia de los funcionarios y sus empresarios aliados.
Y si lo que el Gerente propone para salir de la crisis es un recorte de 500 mil millones de pesos, no estamos en buenas manos. Estamos en las peores: las del FMI, cuya directora, Christine Lagarde, se ha convertido en la mandataria telefónica de un país a punto de explotar. Tanto, que se produjo una estampida en el banco de suplentes del Gran Equipo. Ya sabemos que los ministros son fusibles para descomprimir las tensiones en la gobernabilidad o para aceitar las relaciones con determinado sector, pero la puerta que se abrió durante el fin de semana deja al desnudo algo más grave: el establishment empieza pensar que el fusible es el propio Macri. Y no porque el Poder Económico esté pensando en nuestro bienestar, sino porque la imagen del Ingeniero está tan deteriorada que ya no sirve a sus vampíricos planes.
Que las tapas de los medios hegemónicos del fin de semana no incluyan ni una línea de la causa de los no-cuadernos sugiere que el blindaje se está debilitando. O que están intentando una distracción más semántica que fáctica, que la distorsión conceptual es más importante que la falsificación de hechos. La necesidad de reducir el gasto público es la instalación de un concepto fuertemente ideológico como sentido común y el éxito manipulador se evidencia cuando la justificación aparece en boca de los futuros recortados.
Otro concepto que se inserta desde el discurso dominante es el de ‘incertidumbre’, como si hubiera posibilidad de que una medida mágica nos aleje del abismo, que nos saque de la tormenta, que esquive el iceberg de una buena vez. El suspenso ante los anuncios no tiene como destinatarios a los millones de argentinos que la están pasando mal, sino a las mil familias que hacen fortunas con el padecimiento del resto: esa minoría está atenta a cualquier decisión que amenace limar sus suculentas ganancias. Como los agrogarcas que, ante los rumores del retorno de las retenciones, liquidaron en pocas horas las toneladas que acaparaban en los gusanos blancos desde hace meses.
Lo de la incertidumbre es uno más de los embustes con que bombardean al público cautivo. Los demás tenemos la certeza de que las cosas irán peor. El problema no pasa por los nombres, sino por el plan. La angurria desaforada que comenzó hace casi tres años no se detendrá por un anuncio presidencial: el incremento del precio de los combustibles, las tarifas y los productos de la canasta familiar confirman esa tendencia. Los que se acostumbraron a acumular ganancias sin invertir un centavo no van a renunciar fácilmente a semejante privilegio.
En ese contexto llega el discurso refundacional de Macri, cargado de falacias, cinismo y promesas de un futuro mejor por este camino que nos está llevando a la hecatombe. Para salir de la tormenta propone lo mismo que nos metió en ella, como si estuviera pidiendo a gritos que lo expulsen de ese inmerecido cargo. Entonces, que no encarne el papel de víctima si las calles empiezan a exigir que se vayan él, sus perversos funcionarios y todos los mercenarios mediáticos que apuntalaron su destructivo triunfo.

jueves, 30 de agosto de 2018

Una espiral de desastres


Las discusiones cotidianas cada vez se tornan más tensas entre los que siguen aplaudiendo al Gran Equipo sin saber muy bien por qué y los que ya consideramos que esto es una hecatombe histórica. Los colonizados se trepan a la mala broma de los flanes mientras la asistencia a los comedores comunitarios crece de manera alarmante. Aunque miren con preocupación cuánto se llevan de sus ingresos las facturas de los servicios públicos y el vacío que deja en la billetera llenar el tanque del coche, siguen pensando que esto es mejor que lo anterior. Aunque consideren pedir un préstamo para tener una heladera surtida o planear unas vacaciones más modestas, el orgullo de haber optado por el Cambio entorpece hasta los razonamientos más simples.
Tan obnubilados que creen que las cosas se enderezarán en este enredado sendero, que de golpe aparecerá la bonanza y el neoliberalismo más bestial endulzará la vida con su beatífica miel. Tanto, que convencerlos de lo contrario nos puede arruinar la mañana. Más aún cuando alguien, en una charla ocasional, sugiere con picardía que el PBI que se robaron los K debe estar escondido en el ARSAT. Ni por su peso ni por su volumen pueden entrar los más de 500 mil millones de dólares de un PBI en un satélite de dimensiones similares a un dormitorio y que no alcanza las tres toneladas. Además, ¿quién sería tan tonto de esconder semejante botín en un aparato que se autodestruye sin poder recuperar nada?
Para ocultar dinero ilícito no hay que recurrir a tecnología espacial ni artilugios arquitectónicos, pues con las guaridas fiscales basta y sobra. Los PRO pueden dar cátedra sobre eso, ya que sus nombres abundan en las filtraciones de Panamá, Bahamas y demás paraísos fiscales. Como ningún kirchnerista aparece como titular de cuentas off shore, esperan que una bóveda o un par de bolsos fundamente los prejuicios que orientaron su voto. Mientras aguardan en vano tal novedad, se consuelan con la persecución política, los mecanismos medievales de desesperación judicial y la salvaje destrucción de símbolos.
El caso más obsceno es el de la estatua de Morón, que ilustra los tres tópicos mencionados: el acoso, la condena y la aniquilación. Después de la decisión municipal de retirar el busto de Néstor Kirchner de la plaza, el intendente convocó a la policía para impedir el homenaje que muchos ciudadanos hacen en el lugar con flores y cartas. La prepotencia de los que no hacen nada para mejorar la vida de la mayoría no puede borrar el recuerdo de los que sí lo hicieron.
La espalda para el pueblo
Para no reconocer que el gobierno amarillo opera para deteriorar nuestro bienestar hay que ser muy fanático. Una economía atada al dólar e integrada al peor mundo no puede ocasionar otra cosa. Un modelo que transfiere recursos de los que menos tienen hacia los que más tienen no provoca más que empobrecimiento. Un plan de negociados que involucran millones sin producir nada no derrama más que miseria. Un candidato que aseguró bajar la inflación en dos minutos y que al cabo de dos años y medio de medidas inflacionarias la llevó a casi 35 por ciento debería reconocer su incapacidad. O la pésima intención de empeorar todo.
Mientras tanto, la mayoría que padece la impiedad de un plan que no está pensado para ella debe escuchar al empresidente Macri que suplica a los especuladores que dejen de comprar dólares. En un mensaje desesperado, anunció un nuevo acuerdo con el FMI para un desembolso que sólo alimentará la fuga de divisas, que supera los 52 mil millones de dólares. Tanto el Ingeniero como los analistas incluyen en la escena la idea de “la confianza de los mercados” que “le dieron la espalda”. Eso que llaman ‘Mercado’ no hace más que jugar al único juego que sabe con las herramientas que el Gran Equipo habilitó desde el inicio de La Revolución de la Alegría. El resultado era previsible: ante un mandatario suplicante, un dólar imparable.
Mientras no frene el drenaje ocasionado por el descontrol cambiario, la importación desbocada, la exportación angurrienta y la acumulación de utilidades en el exterior, la inestabilidad económica y el riesgo país seguirán estando entre nosotros. La ‘Libertad de Mercado’ es el libertinaje de las corporaciones especulativas y no produce más que opresión y miseria para el pueblo. Y el candidato que prometió Pobreza Cero, anuncia nuevos ajustes fiscales que no solucionarán los problemas del frente externo y empeorarán la realidad interna.
Ante un panorama tan calamitoso, una respuesta tardía comienza a articularse. Las organizaciones sociales y los desempleados hace tiempo que reclaman un socorro ante la acuciante situación de los más vulnerables. Ahora se suman los trabajadores de la Educación, que claman por una recomposición salarial que alcance para hacer frente a la inalcanzable canasta familiar. Mientras la inflación promete superar el 35 por ciento, el oficialismo sólo ofrece un mísero 15 y más estigmatización con eso de la alianza kirchnerotroskista, una tontuela etiqueta que sólo puede agradar a los odiadores empecinados. A todo esto se suman las CTA y la CGT que convocaron a una marcha y paro general para finales de septiembre. Una protesta bienvenida, aunque debería ser mucho antes porque este desastre ya no merece tanta tregua.
Si el Mercado le da la espalda a una gestión que ha hecho todo para satisfacer su avidez, ¿qué debería darle el resto de la población, acosado por tarifazos y una dolarización de todo menos de los salarios? Este breve período de la historia será recordado por la excesiva paciencia ante una receta que tiene el objetivo de desigualar de la peor manera, ante una banda de egoístas que supo aprovechar la incomprensión de una porción del electorado que se dejó llevar de la nariz hacia el iceberg más duro y previsible.

Sin errores ni excesos

La andanada de soserías con forma de frases célebres es constante: hay que poner el hombro, un sacrificio necesario, esta vez va en serio...