jueves, 30 de noviembre de 2017

El virreinato del revés

¡Qué difícil resulta analizar el discurso de los apologistas de cualquier muerte! Mientras unos lloran y otros festejan, desentrañar lo que se esconde detrás de las palabras parece una tarea vana. Las emociones postergan la recepción de los conceptos, algo comprensible cuando hay lágrimas pero repudiable cuando monstruosos aplausos agregan más dolor. Sin embargo, renunciar a la reflexión es ceder demasiado terreno a los conquistadores amarillos. ¿Cómo no señalar las contradicciones, hipocresías y yerros teóricos de los que se creen inmunes? ¿Cómo observar, impasible, la destrucción oficial de los principios? ¿Cómo callar ante las barbaridades que inyectan a diario en la opinión pública? Desmontar el discurso dominante, cargado de mantras nefastos e intenciones destructivas, es un compromiso ineludible en esta batalla de ideas que lleva más de un siglo. Además, debe ser cotidiana y tozuda, aunque uno crea que nadie escucha.
Después del fusilamiento de Rafael Nahuel en Villa Mascardi, en lugar de mostrar mesura, los PRO recrudecieron su salvajismo. En realidad, no tanto, porque se privaron de exhibir imágenes de la pieza obtenida en la cacería de mapuches. Apenas justificaron, apelando al catálogo de necedades que saben de memoria y alardeando de una ignorancia sorprendente. La presentación realizada por los ministros de Justicia, Germán Garavano y de Seguridad, Patricia Bullrich hubiera tenido más éxito como stand up que como comunicado oficial. Aunque muchos salieron a afirmar que no existe, ellos siguen hablando de la RAM, como pueril estrategia para construir un enemigo a la altura de sus votantes. La propia Bullrich consideró que la RAM no es una organización concreta, sino un nombre genérico de grupos que actúan violentamente”. Un criterio tan amplio que impone una etiqueta perversa: cualquier violento será considerado ‘mapuche’, aunque sea en una cancha.
Esto no es nada en comparación con las atrocidades que dijeron como verdades jurídicas. “Nosotros no tenemos que probar lo que hacen las fuerzas de seguridad –sentenció Bullrich- Le damos a la versión que nos da la Prefectura carácter de verdad”. Si a esto sumamos el decreto que autoriza a un efectivo incumplir una orden judicial que juzga ilegal, nada puede fallar en La Revolución de la Alegría. Más aún si aporta certezas con tanta imprecisión: “las armas aún están ahí o ya las sacaron”. Menos mal que ni siquiera intentó explicar cómo un “atacante” recibió un disparo en el glúteo; un violento tan extraño que no sólo estaba de espaldas sino también agachado.
Pero la ministra fue más allá en la apología del horror: “no tenemos ningún límite más que los de la Constitución”. Sin embargo, en nuestra Carta Magna no existe la pena de muerte y el derecho a la tierra de los pueblos originarios es un mandato ineludible. Además, envalentonada por las cámaras, prometió que “no va a permitir ningún tipo de ilegalidad”, aunque los desalojos están prohibidos por la ley 26160, prorrogada por el Senado por cuatro años. Y después de tergiversar datos y conceptos, la funcionaria sentenció: “se acabó el mundo del revés”.
Exposición de la violencia
Pero el mundo del revés no se acabó porque los PRO siguen gobernando. Germán Garavano, más que de Justicia debería ser ministro de Manipulación porque en sintonía con las patrañas de Bullrich expresó las suyas con mucha seguridad. Para él, estamos ante “grupos violentos que usan medios violentos, que desconocen la Constitución, el Estado e incluso la propia Justicia”, pero además, los mapuches son tan malos que “no tienen interés en dialogar con los argentinos”. ¿Cómo van a rechazar la fórmula secreta de los amarillos para solucionar todos los problemas? Si algo faltaba para oscurecer el discurso PRO, la vice Michetti realizó sus nutridos aportes. "El beneficio de la duda lo tiene que tener la fuerza que ejerce el monopolio de la fuerza del Estado –explicó -si no le damos el beneficio de la duda, estamos haciendo las cosas mal”, agregó sin esperar los aplausos.
Sin dudas, la política del Estado macrista incluye el exterminio de los que no acepten su impronta. En ningún momento lamentaron la muerte del joven mapuche, ni siquiera como daño colateral. Por el contrario, esgrimieron el crimen como advertencia para los ‘violentos’ del futuro. Claro que Ellos ven violencia sólo en los que resisten el avance colonizador de los ceócratas. Para Ellos despedir, ajustar y cercenar derechos no es violencia; como tampoco lo es mentir, manipular o inundar las redes con operadores rentados; ni endeudar el país y rifar su soberanía. Para Ellos, violencia no es demonizar a los adversarios para convertirlos en enemigos ni presionar opositores para que aceiten este tortuoso sendero.
Ellos son los violentos que convocan al diálogo después de realizar el despojo. Ellos son los violentos porque hablan de consenso cuando sólo exigen sumisión y obediencia. Sin dudas, los Amarillos violentan las instituciones, aunque juren que las respetan. Ellos son los violentos, que exhiben hipocresía y cinismo, que ostentan corrupción porque son sus creadores, que transfieren fortunas a los que no las necesitan, dejando en el desamparo a los que tienen casi nada. Macri y su troupe son violentos porque han incumplido todas las promesas de campaña que permitieron el apretado triunfo electoral. Sin embargo, en estos días, el Gerente de la Rosada SA realizó una promesa que ya se está convirtiendo en realidad: “hay que volver a la época en la que dar la voz de alto significaba que había que entregarse”. Este es el país de sus sueños y después acusa a los demás de ser violentos.

lunes, 27 de noviembre de 2017

La osadía de correr el velo

Las tropelías de los amarillos tienen, todavía, pocas consecuencias en la percepción positiva de una parte importante de la sociedad. Nada la afecta, ni los chanchullos económicos del Gran Equipo, el furor represivo contra los que se ponen en su camino ni la succión vampírica de nuestros bolsillos. Nada extirpa la angelical imagen de Macri y su ballet que los cautivos incrustaron en sus retinas ni destierra las esperanzas que abrazan, aunque La Revolución de la Alegría ya no despierta ninguna. Cuando los muertos se empiezan a amontonar no debe haber lugar para la indiferencia. Si en tiempos de Cristina vociferaban por la inseguridad hasta por el fallecimiento de una mascota y marcharon bajo la lluvia por el falso homicidio del fiscal, ahora no mueven ni una célula ante la pulsión gubernamental de asesinar compatriotas.
El público globoadicto parece inflado a imagen y semejanza de sus gobernantes y por eso, las reacciones son monstruosas. Que el empresidente aproveche un finde largo para descansar y jugar al tenis en medio de la crisis del submarino es una muestra de eso. Quizá no tenga mucho para aportar en un incidente tan específico, pero al menos que disimule lo poco que le interesa. Una foto bien dispuesta con funcionarios preocupados ante un mapa no alcanza para gobernar el país, aunque los trolls de Marcos Peña la multipliquen por las redes. Sin embargo, muchos cautivos se conmueven ante las puestas en escena que construyen el simulacro amarillo. Aunque la imagen sea en extremo obscena -tanto en su composición como en sus fines-, alcanza para alimentar a los seguidores del Cambio. Los crispados de otrora son los híper relajados de hoy, a pesar de que sobren los motivos para estar como antes.
Ahora que los problemas son reales, las quejas parecen desterradas o al menos, contenidas, como si el consejo con forma de orden “hay que darle tiempo” tuviese validez eterna; como si ignorasen que la sensación de metida de pata comienza a trepar a la categoría de certeza; como si el narcótico fuese incapaz de adormecer por siempre todo atisbo de conciencia. El encantado sabe que cuando se rompa el hechizo, el horror explotará ante sus ojos. Por eso se aferra a los jirones de optimismo que los ceócratas tejen con dificultad. Cualquier filtración negativa podrá ser neutralizada con unos cuantos sí, se puede y seguirá por la vida feliz por haber contribuido al fin de la tiranía K.
El hábito del terror
Desde que 42 gendarmes dieron su vida por la causa represiva en un accidente de tránsito en Salta, la tragedia empezó a salpicar estas tierras. Así comenzó a gobernar Macri, poniendo todas sus piezas sobre el tablero, aunque tenga que sacrificar algunas. Según la Correpi –Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional- las tropas amarillas baten el triste récord de casi un muerto por día. El gatillo fácil se ha convertido en obligación para los uniformados que se despliegan en todas las latitudes. Los familiares de Santiago Maldonado no habían terminado de despedirse de sus restos cuando una nueva bala detonó en nuestros corazones. Rafael Nahuel, un mapuche de 22 años, es otra víctima de esta Conquista del Desierto siglo XXI que, como la del siglo XIX, sólo busca resguardar a los terratenientes.
Esta vez fue prefectura la encargada de desalojar a una comunidad mapuche de un lote en Villa Mascardi, a dos días de promulgada la ley 26160, que suspende por cuatro años los desalojos en tierras ancestrales. Y como el peor pasado confluye en este presente, las versiones oficiales toman por valedera la excusa del enfrentamiento. Un enfrentamiento extraño de hondas y boleadoras contra fusiles y metralletas; tan extraño que la víctima recibió un disparo que entró por un glúteo y salió por el tórax. En tiempos de la dictadura, los titulares ponían combate cuando relataban oscuros secuestros, homicidios y fusilamientos. La diferencia es que las tapas de ahora son a todo color. En aquel entonces, los lectores no tenían a su alcance información contra hegemónica, pero ahora sí. Si todavía quedan crédulos incondicionales es porque están guiados por una voluntad malsana.
Los cautivos televidentes del asfixiante relato oficial consumen a diario los argumentos de los poderosos. Los conflictos generados por la guadaña impiadosa de la Gerencia PRO son interpretados como palos en la rueda en este camino al paraíso neoliberal. Los mapuches son terroristas peligrosos que pretenden apoderarse del país con piedras y lanzas, los trabajadores impiden la competitividad con sus pretensiones de una vida digna y los jubilados provocan el déficit fiscal que tanto desvela a los funcionarios. En la mirada patronal de los canales más vistos, el salario es un gasto, la seguridad social, un desperdicio y la desigualdad, un principio arcano. Los voceros de la pantalla deben justificar este purgatorio que padece la mayoría por el pecado de haber gozado de algo parecido a la equidad. Los apologistas mediáticos ponderan a los pobres que agradecen, sumisos y humillados, los mendrugos que caen de la mesa del amo y señalan como enemigos a los que reclaman por sus derechos. Los monigotes detrás del vidrio se emocionan con gestos dadivosos y comedores comunitarios exitosos y condenan con furor las acciones solidarias y la organización horizontal. La programación tiene como fin aglutinar individuos para evitar que la comunidad se consolide como pueblo.
El televidente que antes recibía sobredosis de indignación hoy inunda sus venas con una paciencia de rumiante. Los venenos que regurgita contagian el cinismo de la clase gobernante, tanto que es capaz de celebrar el resultado de una autopsia y festejar como si fuera un gol, la puntería de un balazo en el glúteo de un joven.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Piedra libre para el Cambio

Hasta los más obsecuentes reconocen que el Cambio no está funcionando. Las críticas llueven tanto de izquierda como de derecha; razonables las primeras y sorpresivas las segundas. Los medios internacionales ubican al gobierno de Macri entre los tres más corruptos del mundo. La violación a los DDHH en Argentina se convierte en noticia de tapa en Francia, Suecia, Inglaterra, EEUU mientras los diarios locales –salvo algunos casos- practican un coro de grillitos. Que miles de personas hayan salido a condenar el despido de Víctor Hugo Morales de C5N por cambios en la línea editorial es un grito colectivo de desesperación ante tanto agobio informativo, tanto dominio manipulador, tanta amenaza de discurso único. Ante el enorme retroceso que estamos padeciendo por regalar el honor de presidir el país a alguien tan deshonroso.
La manipulación de los medios cómplices es tan obscena que menosprecia la competencia cognitiva del público cautivo. Y tan atractiva que los televidentes se dejan menospreciar. Tanto que van por la vida convencidos de que el voto electrónico se usa en todo el mundo menos acá. Un poco de responsabilidad para fundar esa afirmación no vendría nada mal. Con cinco minutos de búsqueda podrían refutar esa falacia y empezar a desconfiar de todas las que consumen a diario. Jamás almorzarían alimentos pre digeridos pero se tragan las indigestas regurgitaciones que fluyen desde las pantallas sin una mueca de asco. Y eso que abundan los malos platos en tan nefasta programación.
Un compilado de las mentiras que presentaron como ciertas con la desaparición de Santiago Maldonado y las interpretaciones falaces eructadas después de la aparición de su cuerpo bastaría para descartar su función noticiosa. No vierten una mirada diferente de los hechos, sino que los inventan para imponerlos como verdad indiscutible. Y en base a ellos construyen una opinión pública malformada que toma decisiones explosivas.
Un sentido común que tiene como principio que todo lo realizado por el Gran Equipo es para normalizar el país, para reparar los desastres de la Pesada Herencia. Sin embargo, la siempre sorprendente Gabriela Michetti dejó escapar una de las miles patas de la mentira PRO. Después de justificar la reforma previsional que “busca ordenar algo que se había salido de cauce” y de condenar “las medidas de demagogia y populismo” de los gobiernos anteriores, deslizó su principal crítica al kirchnerismo.
Crece desde el pie
Para la balbuceante vice, los K se aprovecharon "de toda la riqueza que puede venir en un momento de buena economía, como le pasó a la Argentina en los últimos años que fue una economía que muchos definen el mejor momento económico de la historia”. Entonces, lo del país fundido es un verso. Finalmente, la confesión de una oligarca inexperta: se repartió, se distribuyó y se hicieron un montón de cosas que en realidad no son sostenibles en el tiempo porque se hace en un momento de sobre-recaudación". Michetti no critica la política económica kirchnerista, sino la distribución del ingreso. A la clase gobernante le molesta que los demás vivan bien y por eso, ese ideario puede sintetizarse en una frase: empobrecer a los que menos tienen para enriquecer a los que tienen de sobra. Esta idea explica todo lo realizado por los ceócratas.
Gracias a ingeniosas zanahorias, han logrado que muchas de sus iniciativas desigualadoras se convirtieran en realidad, como el pago a los fondos buitre, que bastante contribuyeron en la campaña, la estafa de la reparación histórica que sólo fue la excusa para que familiares y amigos blanquearan fortunas multiplicadas por corrupción y el bestial endeudamiento que alimenta la bicicleta financiera y la fuga de divisas. Con máscaras adecuadas para cada situación, suspendieron pensiones, desfinanciaron programas de asistencia, redujeron medicamentos y prestaciones gratuitas a los jubilados y archivaron el Qunitas con miles de excusas y poca vergüenza. Con la impunidad de los que se saben intocables, gambetean las offshore y todas las denuncias que los involucran en conflictos de intereses, sobre precios y contrataciones digitadas. Como una burla para todos, sostienen en sus funciones a individuos incapaces y hasta se dan el lujo de convertir en ministro al evasor, especulador y esclavista Luis Miguel Etchevehere.
En medio de todo esto, que no incluyan Las Malvinas en los mapas oficiales es apenas un detalle. Una pieza más del terrorífico rompecabezas del Cambio. No podemos esperar demasiado patriotismo de una gestión que está planeando recolectar la comida desechada de los restaurantes y los alimentos prontos a vencer de los supermercados para alimentar a los pobres. En un país que produce alimentos para 400 millones de personas, esta idea debería avergonzar tanto a los que la tuvieron como a los que la miran con simpatía.
En verdad, todo es vergonzante en la gestión PRO. Y eso empieza a notarse. Las encuestas recientes están revelando un descontento notorio ante los intentos de modificar la Ley de Contrato de Trabajo y el sistema previsional. Tarde pero seguro, gran parte de la población está descubriendo que estas iniciativas son propias de golosos. Los principales beneficiarios –las grandes empresas- no necesitan serruchar derechos ni rebajar impuestos para invertir en nuestra economía. Los recursos sobran pero siempre reclaman, como los supermercadistas que, no conformes con la renta de la que se apropian con la suba extorsiva de los precios, apuran al oficialismo para que baje los impuestos y los salarios.
El modelo del derrame que se está aplicando a rajatabla propone que el país crezca contra natura, de arriba para abajo. No, todas las cosas crecen al revés, de abajo para arriba: la distribución del ingreso tan criticada por Michetti, tan atacada por los Amarillos, tan denostada por los confundidos fue la fórmula que permitió al país crecer como nunca. Y con todos adentro, no como quieren los cultores del Cambio, que buscan la exclusividad en todo. Ya no hay nada para descubrir; es el momento de actuar. El límite del ajuste lo ponen los ajustados y esta banda está tan desenfrenada que no alcanza con uno. Estos tiempos exigen que el descontento creciente se transforme en calle; que sea nuestra conciencia quien guíe los pasos para defender nuestra dignidad y no el marketing pornográfico que desorienta a todos.

lunes, 20 de noviembre de 2017

El gran carnaval

Nada que aplaudir. Pocos están a salvo. La Revolución de la Alegría es una lágrima gigante que va a terminar ahogando a muchos de los que confiaron en ella. La traición a la voluntad de los ciudadanos comenzó hace casi dos años, con medidas que el empresidente Macri había prometido no tomar. Decisiones que no han sido fructuosas y nos conducen a una crisis fabricada que exigirá nuevos sacrificios para superarla. Un ajuste que se presenta como Reformismo Permanente, el flamante envoltorio con que el Gran Equipo quiere seguir embaucando a los argentinos. Con esta prometedora etiqueta, los ceócratas continuarán aplicando recetas de laboratorio que malogran nuestras vidas y transfieren fortunas a los que acumulan sin invertir un centavo. Mientras confundidos y acomodaticios consienten el drama que se presiente, la pluralidad de voces tan cacareada amenaza convertirse en un discurso único que aniquila cualquier principio democrático.
El despido de Víctor Hugo Morales del canal C5N es el clímax de una política de medios que sólo busca la complacencia y la crítica controlada. Que nadie lo ponga en duda ni engalane el conflicto: la Gerencia Amarilla utiliza los fondos del Estado para premiar a los medios cómplices y apologistas y castiga a los críticos con presiones financieras. Las deudas de los anteriores propietarios no justifican la expulsión de Roberto Navarro y Víctor Hugo, cuyos programas superaban el rating del clarinista TN. La mirada de estos periodistas es  “irreconciliable con la nueva línea del canal”. No es para menos, si el canal fue adquirido por el fondo OP Investments de EEUU y su nuevo administrador es Ignacio Rosner, compañero de estudios de Macri y de currículum ligado a la empresa familiar Sideco y al Grupo Clarín. Un perfil a la medida del oficialismo.
Tal como prometieron en campaña, no persiguen al que piensa distinto sino que lo silencian. Y los periodistas que antes clamaban por la libertad de expresión hasta cuando una paloma defecaba en su hombro, hoy apenas susurran un ¡qué barbaridad! con un forzado gesto de preocupación. Mientras el cierre de medios ha dejado en la calle a miles de trabajadores de prensa, el titular del Sistema Federal de Medios Públicos, Hernán Lombardi celebró las muestras de solidaridad con el inventor del Barrilete Cósmico: “está buenísimo que todo el mundo se pueda expresar”. Una burla del funcionario que ha pisoteado ese derecho desde el primer minuto de su asunción. Tanto cinismo circula por las venas PRO que quizá le ofrezcan al locutor charrúa un espacio en la TV Pública, pero no para hacer política, sino para conducir un programa de manualidades.
La mordaza amarilla
CFK se solidarizó con VHM y deslizó una sentencia alarmante: “se consolida el apagón informativo en Argentina”. La opinión pública estará a merced de la manipulada agenda y las caprichosas interpretaciones de los medios hegemónicos y sus plumas ilustres. Si no hay voces críticas que puedan desmontar las patrañas que expelen esas usinas apologistas, el pensar de los ciudadanos se convertirá en un cóctel psicodélico que vomitarán en las urnas. Para muestra, la telenovela de Nisman inclinó la balanza en 2015 y los nuevos capítulos se emiten cuando la crueldad amarilla necesita desviar la atención del público. Y una evidencia más: la tapa de Clarín del último domingo presente como buena noticia la suba de la edad jubilatoria debería avergonzar a sus fieles lectores.
Gracias a tanto chupamedismo mediático disfrazado de periodismo independiente, las medidas más antipáticas se convierten en necesarias, desde los descomunales tarifazos hasta el blanqueo de los familiares, desde las empresas offshore hasta las trapisondas de los amigotes, desde los recortes hasta la eliminación de impuestos a los más ricos. La reforma laboral del siglo XXI aparece como la solución mágica para el desempleo creciente, aunque es similar al cercenamiento de derechos que ya se probó muchas veces con dañosos resultados. Las amenazas a jueces y fiscales que no conviertan en procesamientos a las denuncias domingueras contra los K o se atrevan a emitir fallos contrarios a los deseos del Gerente de La Rosada SA surgen en los titulares como la búsqueda de una justicia independiente.
La destitución del camarista Eduardo Freiler, además de un adefesio institucional, es la venganza de Héctor Magneto, el capo mafia de Clarín. Este juez sentenció que la apropiación de Papel Prensa se produjo con delitos de Lesa Humanidad y pidió a Julián Ercolini que cite a declaración indagatoria a los dueños de Clarín y La Nación. Por supuesto, no los citó y además, cajoneó la causa porque intuía que transitar ese camino le traería serias jaquecas. Como a Freiler, que lo expulsaron por mal desempeño usando como excusa un enriquecimiento ilícito del que había sido sobreseído. Si a esto agregamos que la acusación se votó cuando uno de sus miembros estaba secuestrado por el Supremo Lorenzetti y que Pablo Tonelli usurpa el puesto que corresponde a un kirchnerista, debería anularse todo lo actuado por el Consejo de la Magistratura desde que comenzó la Hecatombe Amarilla. Pero el público cautivo jamás se entera de estas cosas porque apenas accede a un titular: “Echaron a un juez K por enriquecimiento ilícito”. Y con eso ya se siente un experto.
Más que un experto, un cautivo que se niega a salir de la caverna; un colonizado que transita por el mundo propalando los argumentos del amo; un esclavo del sentido común que consiente su explotación. Tan todo esto y mucho más porque es capaz de asimilar como sentencia arcana la catarata de sandeces que Macri vierte a diario. Tanto que no le sorprende que el Ingeniero pida a los gobernadores algo tan infame como “si le competimos con salarios más altos, el sector privado no va a poder generar la mano de obra que necesita para su crecimiento”. El paladín de la libertad de mercado quiere bajar los salarios públicos para que sus empresarios cómplices puedan contratar cuatro o cinco personas. El que se quejaba del intervencionismo estatal interviene para beneficiar a los privados. No hay que hacer mucho esfuerzo para comprender de qué lado está el Estado del Cambio. Un click basta para empezar a recuperar la conciencia.
El derecho a la información ya está vulnerado desde el momento mismo en que el Grupo Clarín expandió sus tentáculos con el beneplácito gubernamental, convirtiéndose en una potencia comunicacional única en el mundo. Además, peligroso, porque siempre estaremos a merced de sus caprichos para desordenar nuestros pensamientos. Y eso es lo que quieren para que aplaudamos con fervor a los que nos están despojando de todo.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Esperando el Grito Sagrado

El país parece rendirse ante el poder económico: el acuerdo por la reforma laboral se realizó en la Sociedad Rural. Una burla más del Gerente de la Rosada SA. Una nueva foto para el álbum del cinismo. Los triunviros de la CGT, en lugar de defender los derechos de los trabajadores, gimen como dóciles cachorros en el antro de los que añoran la esclavitud. Y hasta salieron contentos por incorporar algunos cambios al borrador, como si no sospecharan que el oficialismo hace lo que quiere; como si no supieran que, después, a fuerza de carpetazos y decretos, traicionan cualquier acuerdo para seguir multiplicando privilegios.
Esto es lo que subyace en todo gesto de los ceócratas: que la gobernanza hacia el desastre está garantizada. Ante cada iniciativa oficial, críticas a montones, pero los malos tragos pasan con vaselina. Todo lo que pergeñan se convierte en realidad y también, en tragedias. Las medidas contradicen los propósitos anunciados porque van a la par de objetivos indecibles. Lo que dicen mejorar, lo empeoran y lo que pretenden componer, lo rompen pero siempre el resultado beneficia a un actor oculto del Círculo Amarillo. Desde la asunción del empresidente Macri, la lógica es la misma, predecible desde siempre: empobrecer a la mayoría para enriquecer a una minoría. Tan fácil y simple, pero dirigentes de cuero duro no lo pueden descifrar… o no lo quieren descifrar. O lo descifran pero no actúan en consecuencia. Como sea, el Gran Equipo logra sus designios con el aval de los que deberían frenarlo.
Todos los poderes están sometidos al Poder Real. No a Macri, sino a lo que representa. Tanto que hasta la sorpresa parece rebeldía. No por el frío sino por la extorsión, los salarios industriales de Tierra del Fuego permanecerán congelados hasta 2020. A cambio, no se despedirá a nadie. Lo de siempre: “aceptá estas condiciones porque hay una fila larga esperando tu puesto”. El más débil en una relación laboral está más debilitado que nunca porque el administrador del Estado está del lado del más fuerte. Hasta el diputado electo por Cambiemos y máximo referente del PRO en esa provincia, Héctor Stefani cuestionó este mafioso acuerdo que pretende convertirse en un modelo para todo el país.
Una impronta asfixiante
En realidad, el modelo está en todo. El pensar amarillo se propagó como una epidemia: una cheta se queja de sus vecinos grasa, un muchacho es reprimido por tomar mate, un taxista grita “debería haberte pasado por encima” a un patinador que casi atropella, una señora le reprocha a otra por leer un medio opositor en el transporte público… La mancha venenosa pasa de unos a otros con abrumadora rapidez. Los estigmas ideados en las cloacas del PRO se propalan por la cadena de estiércol de los medios hegemónicos y convierten a los salpicados en difusores del veneno. Los colonizados tienen luz verde para operar como la policía del pensamiento de un ideario nefasto.
Mientras la disolución social se evidencia en lo cotidiano, el Ingeniero observa con satisfacción: el país se une del peor lado de La Grieta. Sus insustanciales dichos se convierten en norma gracias a los apologistas full time. Sus pueriles conceptos descienden al llano adornados con el barniz de una sabiduría sempiterna. El ensayado tono didáctico hace de sus tartamudeos moralejas de almanaque. Sus promesas vuelan con el viento y sus pronósticos son demolidos por la realidad implacable. Sin embargo, el camino del Cambio es aceptado como el más adecuado, a pesar de las consecuencias.
Lo llamativo de este embrujo es que se nota que lo es. Todos saben que el invento de una secretaria con un título-trabalengua es para acomodar a algún allegado que jamás será tildado de ñoqui. A nadie sorprende que las medidas se etiqueten con el nombre de la empresa familiar que ganará con ellas. A ninguno asombra que todo vaya mal, aunque salgan a afirmar que las cosas van muy bien. Nadie se enoja por las tropelías porque Ellos son así, evasores, especuladores, egoístas y extorsionadores.
Total, Macri siempre saca de la galera una de esas frases tan obscenamente engañosas para encantar a casi todos. “Me pregunto por qué las empresas chicas son buenas y las grandes son malas” esputó esta semana, con esa ingenuidad cargada de cinismo que lo caracteriza. Quizá habría que explicarle que las Pymes contienen al 99 por ciento de las empresas argentinas y generan el 70 por ciento del empleo formal, de acuerdo a datos del ministerio de la Producción. Además, las pequeñas y medianas surgen desde abajo, con el esfuerzo de dueños y empleados, con arraigo territorial y cercanía con el entorno. Cuando estas empresas andan mal, sus propietarios también lo están. Las grandes, en cambio, aspiran a ser globales y por eso se desentienden de los daños que producen. Sus propietarios jamás se empobrecen aunque las empresas quiebren porque en lugar de invertir las ganancias, las fugan a paraísos fiscales.
Eso, sin dudas, las hace malas. Cinco días atrás, el ex primer ministro del Reino Unido, Gordon Brown hizo pública una carta que ya ha recibido más de un millón de adhesiones. En su texto, Brown explica que “el nivel de desigualdad global es espantoso. Ocho personas ostentan la misma riqueza que la mitad del planeta. Esa brecha no para de crecer, en parte, gracias al sombrío mundo de los paraísos fiscales que permiten canalizar de manera offshore billones de dólares fuera de nuestras economías”. Como nuestro país será anfitrión de la próxima reunión del G 20, el británico entregará al presidente off shore Mauricio Macri un petitorio para “acabar con los paraísos fiscales y garantizar que quienes los mantienen y los explotan rindan cuentas”. Un destino de bollito al cesto se avizora para ese documento. El Reformismo Permanente no prevé tanta transparencia. El modelo del derrame reclama mucho más flujo de divisas antes de evaluar la posibilidad de algunas gotas.
Mientras los usuarios se convierten en inversionistas de las empresas de servicios públicos a fuerza de tarifazos, la basura se recicla para comida y el ahorro del Estado serrucha el bienestar de los más vulnerables, los Amarillos aprovechan un consenso inexplicable para consolidar este indigesto camino hacia la desigualdad.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Truco para superar el bajón

Quizá sea un sentimiento común pero, por no compartirlo, parece exclusivo. Una mezcla de desconcierto y desazón sofoca el ánimo, como si nada pudiera torcer el camino hacia una década que sin dudas será perdida. Y perdidosa para la mayoría, como ya se puede saborear. Lo sorprendente es que una parte de esa mayoría insiste en creer que el Cambio es lo mejor. Una exagerada credulidad mata a los más fundados argumentos. Esto ya lo hemos dicho muchas veces, como también repetimos hasta el hartazgo que los medios hegemónicos construyen un sentido común destructivo que es asimilado por su público cautivo. Además, no es nuevo decir que esa construcción incluye mentiras, operaciones y denuncismo selectivo. Que muchos aceptan patrañas como excusas para sus prejuicios, que la desproporción es abrumadora, que parecen imbatibles los que tenían fecha de vencimiento, que son malos ganadores, embusteros, provocadores y despiadados son otras de las cosas que sabemos. Como puede apreciarse, nuestro saber es amplio pero no tanto para encontrar la salida de este túnel que se está volviendo asfixiante.
Una mateada en La Bristol puede ser una divertida respuesta a la Cheta de Nordelta, pero no alcanza para frenar el plan de desigualdad del Gobierno Amarillo. El clima de época que emana del oficialismo auspicia este tipo de expresiones despectivas hacia el que intenta trepar un par de escalones en la pirámide social. El derecho de admisión impuesto por la minoría privilegiada se ha convertido en normalidad desde que el empresidente Macri accedió a La Rosada. Las condiciones para ingresar a ese selecto club varían de acuerdo a las apetencias de los que lo integran: un listado interminable de sacrificios que termina socavando la más acotada dignidad. El futuro del país depende de la tolerancia al deterioro de trabajadores, jubilados, estudiantes y público en general. El “todos tenemos que ceder un poco” que Macri espetó unos días atrás debe entenderse como Ustedes pongan casi todo para que Nosotros derramemos casi nada.
Algo que aclarar: aunque cumplamos con las exigencias, jamás entraremos. La zanahoria es con disfrute a futuro incierto con infinitas cuotas incalculables. Y para cada pago, más renuncias. La canasta básica fagocita hasta las pelusas del bolsillo, pero las reformas que pretenden imponer la volverá más inaccesible. Para Ellos exenciones impositivas y para el resto disminución del poder adquisitivo. Hasta quieren hacer de la comida casi vencida un alimento para los que menos tienen. Mientras Ellos ganan fortunas con las siderales tasas de interés, nuestro bienestar se resiente. Ellos cargan sobre nuestras espaldas una deuda monstruosa que no ha servido más que para alimentar la fuga de capitales. Todo esto ya lo sabemos, pero lo acuciante es convertirlo en antídoto para lo que se viene.
Del saber a la acción
El aluvión amarillo arrasa con la complacencia de muchos de sus arrasados. La esperanza que fluye de los apologistas colorea las penurias cotidianas. El ficcional pasado que perversos creativos construyen en las pantallas oculta la realidad que se padece. Un árbol de patrañas esconde un bosque amenazante. Aunque ya hemos hablado demasiado de esto, muchos transeúntes aún confían en los medios que han mentido siempre y basan su percepción de la realidad en relatos inverosímiles. Ni una línea ponen en duda. Si la tapa del diario dice que la reforma previsional significará un ahorro importante, ni siquiera piensan en el perjuicio para los jubilados.
Pero hay algo llamativo: en una reciente encuesta de Roberto Bacman, más del 60 por ciento de los argentinos está en contra de las políticas en ese sector: la reducción de medicamentos gratuitos, la inflación que se siente más en los consumos de la tercera edad, la reducción del haber que significará la nueva forma de cálculo y la suba en cinco años de la edad para acceder no son bien recibidas por la mayoría. Si bien los números de una encuesta no son estrictamente comparables con un resultado electoral, una porción de los votantes del Cambio comparte ese rechazo. Y eso es lo incomprensible: que hayan votado por una administración que toma medidas contrarias a su pensar y sentir. Una contradicción que ya no encuentra explicación en el desconocimiento o el engaño.
Este trabajo estadístico también indica que siete de cada diez consultados no llegan a fin de mes y consideran que este gobierno beneficia a los más ricos. Si descubrieron esto después del 22 de octubre es porque estuvieron muy dormidos. O quizá el anticristinismo sea más fuerte que el promacrismo. Y si la aversión está basada en el purismo, habrá que recordarles que desde el Gerente de Balcarce 50 para abajo casi todos están emporcados con conflictos de intereses y empresas off shore. Las bóvedas que buscaban en la Patagonia aparecieron en Panamá y Bahamas, pero los dueños no son kirchneristas, sino funcionarios PRO. Y uno se sorprende que no enoje tanto: es la evidencia de la corrupción que tanto buscan. La percepción está tan trastocada que son capaces de pensar que Cristina se robó todo pero lo puso a nombre de los Macri en paraísos fiscales.
Una percepción tan perturbada que acepta como un sofisticado homicidio la muerte del fiscal en un baño impecable y como accidente, la de Santiago Maldonado en un espacio abierto plagado de gendarmes enardecidos. Porque hasta en esto miente el Grupo Clarín con todos sus medios. Ni la muerte respeta. Gracias a eso gobierna el país a su antojo por medio de su emisario. Esto ya lo sabemos pero no nos alcanza para alejar voluntades del engañoso Cambio. Aunque parezca infructuoso, debemos seguir desmontando falsedades en una cola o en el ascensor y manifestar nuestra oposición en las calles de manera pacífica y con creatividad. ¿Qué importa si nos miran como a un loco o nos amagan con un tarascón en la yugular? La recuperación del país es más importante que los malos momentos que podemos pasar.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Engaños desde el Primer Mundo

En las entrañas del Imperio, el empresidente Macri se siente como bagre en el agua. Allí, puede tartamudear en su idioma favorito el ideario infame que lo desborda. Exaltado por un triunfo incomprensible, ejecuta una obscena danza cargada de provocaciones. Desde la cima artificial sobre la que se erige, señala con un índice a los enemigos, distribuye culpas y conduce al país hacia una catástrofe todo terreno. Con un disfraz de estadista mal confeccionado, aspira a ser uno de los líderes del mundo al que pretende integrarnos. Ajeno a los paradisiacos escándalos que salpican a la pandilla amarilla, pretende seducir inversores con concesiones colonialistas propias de un pasado lejano. Confiado en el camuflaje y la distracción que despliegan los medios hegemónicos, abandona los ensayados tonos amables y permite que su duro sentir traspase con libertad la máscara en la que muchos todavía creen.
Una encuesta de unos días atrás muestra a más de la mitad de los ciudadanos que reconocen que con Cristina estaban mucho mejor, pero en un hipotético balotaje optarían mayoritariamente por Macri. Sin demasiado rigor científico, cualquiera se encuentra con peatones ajustados que recitan los mantras que las pantallas reiteran día a día: se robaron todo, se gobernaba desde el odio, la libertad de expresión estaba en riesgo, peligraba la justicia independiente… Un catálogo de falsos preceptos que justifican la paciencia ante el sacrificio que exige el Gran Equipo. Y si estas moralejas absurdas no alcanzan para atenuar el malestar, siempre tienen a mano la cobertura exagerada de temas insignificantes, como la detención de la falsa médica, para distraer la atención de un público que se resiste a abandonar los embustes de la tele.
Tan extraviado está el pensar de los cautivos que condenan sin pruebas a los funcionarios K y reciben con indiferencia las evidentes trapisondas de los actuales. Los conflictos de intereses y las empresas off shore de los ceos indignan menos que la ruta del dinero y las inhallables bóvedas patagónicas. Las patrañas de un programa dominguero convencen más que los fundamentos de prestigiosos juristas. Cinco minutos de titulares alcanzan para sentirse bien informado. El recelo teledirigido inspira conclusiones que avergonzarían hasta a una mascota.
Por eso el Ingeniero y sus secuaces pueden afirmar cualquier cosa sin fundamento. Si en el Consejo de las Américas Macri declara que a Alberto Nisman “lo mataron”, resultará muy difícil refutar su sentencia. Y en lugar de citarlo para que brinde sus pruebas, el fiscal Eduardo Taiano y el juez Julián Ercolini se suman a la opereta que Clarín comenzó en enero de 2015. Que el asesor informático y amigo de Nisman, Diego Lagomarsino, estaba implicado en su muerte por haber facilitado el arma no es una novedad. Sin embargo, lo convocan a una nueva indagatoria y ordenan otro allanamiento, no tanto para encontrar certezas sino para perpetuar sospechas con formato de titular. Que el Gerente de La Rosada SA declame que quiere hallar la verdad y base su búsqueda en la ficcional pericia de Gendarmería es otro capítulo de la manipulación más exitosa de todos los tiempos.
Un maratón de distracciones
Si antes CFK interrumpía la telenovela con sus discursos, ahora tienen una a toda hora en todos los canales, con distintos protagonistas pero con el mismo argumento: una fábula sobre el pasado para ocultar la tragedia del presente. La venganza de una clase se ejecuta en imágenes excitantes para justificar prejuicios, minimizar damnificados y disfrazar las consecuencias. Así, muy pocos se enteran de las advertencias de la CIDH por la proliferación de prisiones sin condenas o la calificación de Standard & Poor’s, que coloca a Argentina entre los cinco países más vulnerables del mundo, por el brutal endeudamiento y la fuga de capitales.
Con un argumento inverosímil, el culebrón continúa con procedimientos judiciales más histriónicos que justos. Los relatores de la realidad paralela se regodean ante el desfile de acusados K y casi celebran las omisiones y sobreseimientos a los saqueadores M. Y como buenos embaucadores, omiten mencionar la presentación del documento “La República cruje, la democracia y el pluralismo están en peligro” en el Congreso por intelectuales y referentes de DDHH. No es para menos: la propuesta para reformar el ministerio Público Fiscal que presentó el oficialismo busca adaptar el cargo abandonado por Alejandra Gils Carbó -gracias a presiones cuasi mafiosas- en una dependencia dócil a las aspiraciones vampíricas del Equipo Amarillo. Un alfil más para que los conquistadores neoliberales refuercen su protección y persigan a los que pretendan frenarlos.
¿Por qué pasa todo esto? ¿Cómo accedió a la presidencia el exponente de una élite que sólo busca potenciar privilegios a costa de exterminar derechos? ¿Tan difícil es que consustanciados, cautivos, odiadores y distraídos traspasen este velo? Tampoco hay que ser un iluminado para descubrir que las intenciones de Macri están muy lejos de mejorar la vida de todos. Y si las desmentidas, las explicaciones y las rectificaciones no bastan como argumento para despabilar a nuestros conciudadanos, el episodio gracioso de esta semana puede resultar más didáctico.
Un mensaje privado se viralizó en las redes sociales y tomó estado público: una cirujana plástica se quejaba ante una administradora de los vecinos bestias que afeaban el paisaje de Nordelta. Burlas y condenas recibió ese monólogo más propio de una mediocre parodia que de una protesta real. Unas por su contenido discriminatorio y otras porque tanta sinceridad expresa el sentir de una minoría que se pretende dueña del país. El tono despectivo con que se refiere a los que toman mate sugiere que las señoras como ella deben beber té de Ceilán cuando están en la piscina. Y seguramente, sus perros se expresan de manera más refinada que los pichichos de los pobladores molestos.
Más allá de lo divertido de descarnar a la cirujana, hay algo más profundo en todo esto: una línea de tiempo que comienza a mediados del siglo XIX. Esta profesional paqueta siente que su hábitat exclusivo y estético ha sido invadido por bestias que toman mate en sus sillitas de La Bristol. Si el lector no encuentra en esto una versión remasterizada de Civilización y Barbarie es porque se ha distraído. El exponente de una clase que manifestó su desprecio por la chusma con la expresión las patas en la fuente o que tuvo que buscar nuevas playas cuando La Bristol de Mar del Plata recibió a los trabajadores que por primera vez pudieron vacacionar.
El monólogo de esta señora está en sintonía con las confesiones de Gabriela Michetti a poco de asumir y de Javier González Fraga antes de ser presidente del Banco Nación: “les hicieron creer que sus sueldos medios alcanzaban para viajar, comprar celulares, tener un plasma”. Por si no está claro, lo que molesta a las élites es el ascenso social y el bienestar de la mayoría. No porque sean malos, sino porque son egoístas y creen merecer todo. Desde su asunción, Macri opera para que estos dañosos deseos se conviertan en realidad. Lo demás es cartón pintado para hacer más digerible la hecatombe hacia la que nos encaminamos.

lunes, 6 de noviembre de 2017

El Cambio y sus peores ingredientes

Ya es más que un secreto a voces que, además del cinismo, nos gobierna la prepotencia. Quizá ambos conceptos van de la mano como una unidad indivisible. A casi dos años de Gobierno Amarillo, podría decirse que es una ecuación con horribles resultados: cinismo más prepotencia igual a todo lo espantoso que podamos enumerar. Una fórmula que se repite en todos los escenarios: toman una decisión arbitraria y destructiva para después lamentarse de sus nefastos resultados; cuando se produce la reacción de los afectados, salen con que “tenemos que ir por el camino del diálogo y el consenso” y prometen una corrección que nunca hacen; mientras entretienen a la opinión pública con este acting cínico, están pergeñando miles. Y todos con la intención de incrustar un modelo del derrame reforzado que en lugar de llevarnos a la Pobreza Cero, nos estampará contra la desigualdad más absoluta.
Para un listado de todos los ejemplos con sus explicaciones no alcanza la extensión de un Apunte. Si la intención es algo cercano a la totalidad, habría que pensar en un libro voluminoso de varios tomos: desde la ruptura sistemática de las promesas de campaña hasta la aplanadora que han puesto en marcha con la asunción de Macri. Demasiado insalubre. Para entender la lógica de la suma entre cinismo y prepotencia, basta con un recorrido a vuelo de pájaro por las últimas semanas.
El hallazgo del cuerpo de Santiago Maldonado puede ser un buen punto de partida: su aparición sin vida se produjo unos días antes de las elecciones y mientras unos se retorcían de dolor, los amarillos desplegaron las reacciones que ya tenían preparadas. La más cínica corresponde, como es de suponer, al Ingeniero y no se centra sólo en la llamada telefónica a la madre del artesano después de ignorarla durante casi tres meses y permitir que sus perversos laderos emporcaran la causa con el estiércol de siempre: las sospechas sobre los mapuches vomitadas al instante alcanzaron para aliviar a los que ya tenían decidido el globo-voto, conquistar a algunos concentrados en la pesca de excusas anti K y convencer a un puñado de distraídos incurables.
La faceta más cínica del Gerente de La Rosada SA respecto a este tema se exhibió una semana después de los resultados, tras anunciar sus planes de destrucción masiva. En una entrevista con un medio amigo, sentenció desde su tilingo Olimpo que no hay que utilizar un muerto para hacer política, como si no hubiera explotado Lodenisman para la campaña presidencial, como si no se hubiera montado a la operación de convertir en mártir al suicidado fiscal, como si no dudara en acusar a Cristina por un homicidio que no se ha cometido. Pero hay más cinismo concentrado en pocas semanas y algunas muestras más nos pueden ayudar a preparar un antídoto.
Una adicción al malestar
Muchas veces, Macri y los principales referentes del PRO exponen su compromiso para cambiar el país con una serie de palabras claves recitadas en tono amoroso pero firme. La verdad, el diálogo, la transparencia y el trabajo el equipo pueden ser algunas de las más utilizadas. Ellos se plantan para frenar a aquellos que apelan a la viveza criolla para obtener ventajas, a los que aprovechan los resquicios de la legalidad para introducir sustancias ilícitas, a los que coimean empresarios para obtener obras públicas, a los que evaden sus responsabilidades fiscales y a los que viven del Estado. Generalmente, utilizan la síntesis más efectiva de todo esto con un término que cala muy hondo en el sentir de su público: la corrupción, que parece ser una acción que sólo un sector de la sociedad ha practicado a lo largo de la historia.
Claro que en los últimos tiempos, los corruptos son sólo políticos identificados con cierto color y hasta con una sola letra. De manera incomprensible, las coimas son cobradas pero no hay nadie que las pague. El veneno de los televidentes espumea en la boca ante las imágenes de los sospechosos ya condenados. Aunque las causas se mezclen y las denuncias rocen el absurdo, los demonizados sólo merecen la cárcel, en el mejor de los casos. No importa que las empresas de la familia presidencial se hayan beneficiado con su asociación con los dictadores ni la colección de ilícitos que Macri porta sobre sus hombros; en los medios que consumen a diario, conductores, periodistas y animadores no se indignan con la empresas offshore del Ingeniero y sus secuaces ni con el intento de perdonarse la cuantiosa deuda del Correo Argentino; tampoco muestran el entramado de negocios que están armando los miembros del Gran Equipo. Ellos, que han estafado siempre al Estado y han presionado a los gobiernos para que carguen sus deudas sobre la dignidad del pueblo, anuncian, sin atisbo de pudor, que ahora se acabó la joda.
 Lejos de acabarse, Ellos la legitiman y como instalaron en la Oficina Anticorrupción a Laura Alonso, una ferviente militante de sus filas, pueden operar sin temor como desaforados saqueadores. Tan monstruosa es la burla –esa contradicción entre lo que dicen y lo que hacen- que nombran como funcionario a Luis Etchevehere, un evasor, lavador, especulador y esclavista que debería estar entre los denunciados.
La transparencia tan pregonada es la impunidad con que actúan. Macri denuncia a las mafias sindicales y judiciales mientras sus cómplices mediáticos señalan a las próximas víctimas de esta venganza de clase con camuflaje de gobierno. ¿Qué otra cosa es la publicación del teléfono de la hija de Alejandra Gils Carbó en las páginas de un diario para que reciba más de 300 amenazas contra su vida? La andanada de denuncias contra la Procuradora General es el castigo que Macri y Magneto pergeñaron para ella por haber impedido negociados ilegales cuando era una simple fiscal. Lo mismo ocurre con la vergonzosa prisión del ex vice Amado Boudou, que arrebató de las zarpas del Grupo Clarín los fondos de pensión. En este caso, la discusión no pasa sólo por el enojo del empresidente por la difusión de las imágenes, sino por la arbitrariedad con que los jueces adictos obedecen los caprichos del Círculo Rojo.
Mientras entretienen al público cacerolero con el ajusticiamiento exprés, el ajuste a los sectores más vulnerables -y no tanto- no se detiene. Mientras las fieras se reparten el botín, las pantallas encienden la hoguera para arrojar a todo el que se oponga. Mientras los colonizados aplauden las ejecuciones, el FMI señala los objetivos para precarizar. Los asalariados están en la mira, pero no para mejorar la situación laboral, sino para enriquecer a una minoría que desprecia la dignidad de los pueblos. Los jubilados también serán las próximas víctimas de la guadaña, no para equilibrar las cuentas públicas, sino para profundizar la inequidad.
Cinismo y prepotencia son los principales componentes del Cambio que fue avalado en las urnas por los que ya son los principales damnificados. El tiempo que dure este macabro capítulo de nuestra historia dependerá de la tolerancia al fango que ya empieza a cercar a los que confiaron ciegamente en los embaucadores de siempre.

jueves, 2 de noviembre de 2017

El cinismo que intoxica

El Poder está en el poder. Los poderosos tienen plena hegemonía, como en otros momentos de nuestra historia, con el aderezo de que ahora consiguieron legitimidad en las urnas. El triunfo electoral avala lo realizado y auspicia todo lo que venga. Una situación perfecta para mutar en realidad las apetencias más egoístas; el escenario ideal para hacer del país un coto de caza con presas tan dóciles que saltan a las fauces con sólo chasquear los dedos. El voto habilita que las burlas se conviertan en motivos y las paradojas, en norma. Otra vez el cinismo se ha hecho gobierno y ha contagiado a una parte de la población para que adopte y propale el ideario desigualador de siempre. Sin las promesas de 2015 pero con la misma impronta embaucadora. Sin argumentos pero con muchos clichés. Como un embrujo, que sólo necesita unos pases y algunas palabras susurradas para controlar una legión de autómatas. Aunque el panorama sea tenebroso, siempre se puede encontrar alguna luz: de tan envalentonados, se están volviendo bravucones y de tan atolondrados, se pueden tropezar.
Algo así puede interpretarse del Discurso Refundacional del empresidente Macri el lunes pasado. Al triunfo en las legislativas, se sumó la detención de Julio De Vido y la forzada renuncia de Alejandra Gils Carbó. ¿Quién no se siente campeón con tantos puntos a favor? Más aún si juega con los más grandotes, tiene sobornados a todos los árbitros y el relator convierte el abusivo  desequilibrio en un ajusticiamiento épico. Por eso se da el lujo de decir que para tener un mejor futuro “cada uno tiene que ceder un poco”, aunque ese ‘cada uno’ se reduzca, una vez más, a los asalariados, los jubilados y los más débiles de esta cadena alimenticia. Pero claro, los poderosos a los que Macri representa nunca ceden nada: sólo exigen al Estado que colme sus barriles a cambio de derramar algo, si es que se empachan.
Que un país que produce alimentos para más de 400 millones de personas tenga dificultades para alimentar a su población –que apenas supera el diez por ciento de eso- es una muestra de la distorsión ética que padece. La desigualdad no es un virus imparable, sino el resultado de la avaricia de una minoría que no cesa de acumular fortunas. Si algún sector debe ceder es precisamente ése: el conformado por los agroexportadores, industriales y financistas más acaudalados. Lejos de ceder, no paran de reclamar rebajas impositivas y reducción de los salarios para multiplicar sus ganancias sin invertir un centavo. El reclamo del Gerente de La Rosada SA no debería estar dirigido a toda la población, sino a ésos que son dueños de casi todo y han decidido ir por más. Eso es cinismo: presentar como salida a la crisis auto-inducida la renuncia de las mayorías al temblequeante bienestar, mientras los verdaderos representados amontonan divisas en sus colchones y alimentan cuentas offshore con el producto de sus trapisondas. El descalabro económico desatado por el Gran Equipo sólo beneficia a unos pocos, pero la reparación está en manos del resto, que ya no encuentra olla que rascar. Una imagen estándar del cinismo es proponer sacrificios a los que no tienen nada que sacrificar para que los privilegiados continúen trocando en oro la sangre que chorrea del altar del Mercado.
La mascarada del Ingeniero
Afirmar que las declamaciones de Macri están empalagadas por un cinismo de antología puede resultar obvio para algunos o indignante para otros. Quienes adhieren a sus conceptos –y hasta los aplauden- deben ser tan cínicos como él o tener menos olfato que un engripado. Y si lo ignoran a voluntad, después no vengan a suplicar ayuda cuando el fango supere su cintura. El presidente offshore –sin ánimos de exagerar- es el paradigma del cinismo. Ejemplos abundan: sólo un cínico nombraría como ministro de Agroindustria al presidente de la SRA, Luis Miguel Etchevehere, después de anunciar que se terminaron las avivadas; imponer como funcionario a alguien acusado de administración fraudulenta, evasión tributaria y violación de la ley penal cambiaria por su propia hermana; instalar al frente de una cartera de Estado a alguien procesado por esclavizar personas es una provocación que los organismos de DDHH no deberían eludir.
Sólo un cínico puede fingir empatía con la familia Maldonado después de ignorar su dolor durante casi tres meses. O esputar “es tan inocente un gendarme como un ciudadano común” cuando el régimen judicial que lo secunda convierte en culpable a cualquier K que se cruce. O sentenciar que los testigos mienten cuando sus laderos pergeñaron las pamplinas más infames para confundir a la opinión pública. O alentar el cierre de la causa para reforzar el manto de impunidad que lo cubre desde siempre. O explicar que el caso Maldonado “tiene que enseñarnos a no usar una persona para hacer política”, aunque su muerte se produjo para proteger las tierras de un multimillonario extranjero.
Macri es el exponente de una aristocracia que no puede disimular su cinismo. Hasta el aliento que impulsa sus palabras debe oler a eso cuando pontifica sobre la meritocracia y denuesta a los ñoquis mientras inventa cargos de nombres incongruentes para acomodar a familiares, amigos y mascotas con salarios de seis cifras. O cuando propone la eliminación de las jubilaciones de privilegio que fueron eliminadas hace un montón como zanahoria para la aprobación de sus peligrosas reformas previsionales. O celebrar el ahorro que significará la reducción de los haberes de jubilados y pensionados, después de haber cercenado su acceso a medicamentos gratuitos. O decir que “en los próximos días presentaremos propuestas para la transición” cuando aún no se ha discutido hacia dónde se orientará la reforma jubilatoria.
Cuando el cinismo gobierna, todo se torna cínico. Como si fuera un iluminado, Macri intenta refundar el país, mientras lo está re fundiendo. Por eso quiere empezar de cero apelando a una especie de desmemoria selectiva. En sus variadas intervenciones siempre apunta a lo mismo: demonizar todo lo K porque logró disputar el Poder para instaurar cierta equidad. Para él el futuro se reduce a evitar que gran parte de la población piense en un retorno a las bondades de esa década extendida, aunque para eso deba forzar tanto hechos como interpretaciones. Aunque deba decir, con mucho cinismo, por supuesto, que “Nuestra Historia nos ha negado crear un rumbo común”. Como si la Historia fuese algo dado y no lo que todos escribimos en ella día a día. Como si fuera una señora muy mala que quiere impedir que los argentinos vivamos con dignidad. Como si fuera posible un rumbo común con egoístas tan miserables que hacen lo imposible para apoderarse de lo que producimos entre todos. Los historiadores del mañana tendrán la difícil tarea de explicar este nocivo giro de los tiempos y concluirán que sólo un eficaz y perverso alucinógeno puede lograr que un pueblo se equivoque tanto. 

El disfraz insuficiente

Quizás sean relajantes los rodillos limpia trenes e inviten a poner la espalda para comprobarlo. Tal vez sea tentadora la travesura y pued...