lunes, 20 de mayo de 2019

Una jugada maestra


 “Sorpresas te da la vida”, cantaba Rubén Blades en los ochenta. Malas o buenas. Y el fin de semana, la sorpresa la dio CFK con el ya conocido video. Todos estábamos preparados para adherir o cuestionar su candidatura a la presidencia y nos dejó pedaleando en el aire. La tan acusada de soberbia se ubica en segundo lugar para donar sus votos al primero. Si esta jugada suma o resta, el tiempo lo dirá. Lo indudable es que descolocó a más de uno. Sobre todo al empresidente Macri, que a duras penas estaba dispuesto para enfrentar a una Fernández y ahora deberá lidiar con dos
Lo primero que hicieron los trolls de Marcos Peña Braun fue viralizar las críticas que el ahora precandidato a presidente Alberto Fernández había pronunciado contra Cristina. Un bumerang: que hayan superado sus diferencias para compartir una fórmula enaltece a ambos. El consenso que muchos pregonan. Claro que otros pueden interpretar algo distinto y están en su derecho. Los archivos existen para señalar las contradicciones y de eso, casi nadie se salva. Pero las de los dirigentes son más visibles y muchas veces más graves que las que podemos tener los demás. Para nosotros, reconocer una contradicción puede significar un aprendizaje que contribuya a nuestro pensar. En los que asumen la representación ciudadana, eso puede ser oportunismo.
Lo que dice el exfuncionario es demoledor. No hay posibilidad de disfrazar la contundencia con que Alberto Fernández califica de “deplorables” los dos mandatos de CFK. Para no considerar oportunista la confección de esta fórmula, debería agregar algo más al “Cristina maduró” y “no es la misma”. En todo caso, confesar si exageró para apuntalar la candidatura de Massa o piensa eso en serio. En estos tres años y medio, pasaron cosas y es lógico suponer que haya aprendido lo que es un gobierno deplorable en serio. Al menos, respecto a la telenovela de Nisman, reconocer la diferencia entre un suicidio y un magnicidio inventado por los que hoy nos gobiernan. Y si, en aquel entonces, cuestionaba el manejo de la Justicia, debería gritar a los cuatro vientos que lo actual es peor.
Y algo de eso está haciendo. Las presiones a la Corte y el inicio de un juicio oral sin las pruebas de la acusación ni las de la defensa son blanco de sus observaciones. En los tiempos del kirchnerismo, una organización mafiosa dedicada a armar causas, espiar ilegalmente y extorsionar a imputados inocentes conformada por jueces, fiscales, espías, periodistas y funcionarios hubiera sido un escándalo para el caceroleo. Hoy apenas es desvío y ocultamiento. Y si entonces criticaba el cepo y el control del comercio exterior, ahora debería reconocer cuán necesarias son esas medidas proteccionistas para una economía como la nuestra. En definitiva, si el primer Fernández de la fórmula quiere conquistar voluntades, debería aclarar que sus observaciones tan negativas formaban parte de la campaña 2015, si no se corre el riesgo de que unos voten por un Fernández y otros, por la otra. Y cuando un gobierno asume con estrabismo, el camino se hace confuso.
Los estafadores de siempre
A pesar de todas estas consideraciones, debe ser difícil el papel de Alberto Fernández porque, a pesar de ser el primero, por un tiempo será el segundo. Pero más difícil la tiene el buen Mauricio, que es el tercero en discordia. Y el menos hábil. Respecto a esta novedad, el Ingeniero aseguró que en las otras alternativas políticas “hay demasiadas ganas de confrontar, de pelear, de agredir. Nosotros no, somos tranquilos, pero con fortaleza”. De la fortaleza pueden dar cuenta los apaleados por las fuerzas de Seguridad, pero la tranquilidad, cada vez se ve menos. Además, ¿no consideran confrontación los agravios, insultos y falacias que vomitan a cada rato? ¿No es agresivo decir que “los enemigos del Cambio” son los “mafiosos, los mentirosos, los matones, los corruptos, los perezosos”? Casi como si estuvieran afirmando que Ellos son sus propios enemigos. ¿O debe tomarse como un piropo el tuit de Carrió que compara la fórmula Fernández-Fernández con Jack el destripador?
La imagen de los mansos PRO ya no se la traga casi nadie. Como si sus políticas económicas que dejan un tendal de excluidos para beneficiar a un puñado de avarientos no fueran una agresión. Como si las estigmatizaciones hacia todos los que se oponen a este modelo de saqueo fueran prendas de paz. Como si el cinismo que despliegan a diario fuese una invitación a la concordia: que sea el propio Macri el que acuse a los demás de querer “mantener sus privilegios”, cuando no ha hecho otra cosa que incrementar los suyos y los de sus amigotes desde que asumió la presidencia. Como si sus declaraciones no fueran un insulto a la inteligencia: “volver al pasado sería autodestruirnos”, cuando lo que nos está destruyendo son las apolilladas políticas implementadas por el Gran Equipo; el Cambio “no es algo que sacamos de un libro”, cuando cumplen a rajatabla el recetario del FMI;  “salgamos juntos, como lo estamos haciendo, a la calle a decir 'es por acá y creemos en lo que estamos haciendo'", cuando están perdiendo todas las elecciones provinciales y no pueden encabezar un acto con más de veinte personas.
Pavadas que dice Macri para odiadores y desinformados; lemas tontuelos producto más del marketing que de la coherencia política; engañifas adornadas con promesas lejanas para apuntalar un núcleo duro que se va desinflando. Pero en medio de tantas pamplinas, el más insospechado de estos personajes tira algo en serio. El exterminador de los medios públicos, Hernán Lombardi fue uno de los que se abrazaron a la analogía “Cámpora al gobierno, Perón al poder” para desacreditar la dupla Fernández-Fernández: algo así termina en “Isabel, Videla y la catástrofe”. Un análisis un poco forzado pero revelador, sobre todo por la explicación: “cada vez que se bifurca el poder real del poder institucional la República se debilita”.
¿Amenaza? ¿Advertencia? Algo de eso hay, como si fuera la confesión de una falta futura. Pero sobre todo, la síntesis de un plan de gobierno aceptable para el establishment: las instituciones deben a estar al servicio del Mercado, esa entelequia que camufla a los más angurrientos, carroñeros y dañinos. La República funciona mientras el resto de la sociedad satisfaga sus infinitas apetencias. En el diccionario PRO la República no se debilita con el hambre, el desempleo y el endeudamiento, sino con el enojo de los que se creen dueños del país. Más didáctico, imposible.
La sorpresa del video descolocó al oficialismo, al punto de dejarlo sin agenda. Sus exponentes tuvieron que improvisar generalidades sin guion y enumerar logros inexistentes. El eje de campaña que estaban pergeñando se quebró: la foto de Cristina en el banquillo incluirá a Alberto a su lado. Los dos juntos, a pesar de los videos. Los denunciadores seriales deben estar exprimiendo su inventiva para salpicarlo con el veneno de sus prejuicios. Los analistas acólitos desempolvarán análisis que ya esbozaron tiempo atrás al estilo de fulano es el títere de mengano. En fin, nada nuevo para los atentos. Mientras los amarillos desesperan, la salida del túnel se está construyendo. El tiempo dirá si la unidad es el retorno a un sendero más amigable o la profundización de este caos que nos está asfixiando.

jueves, 16 de mayo de 2019

Terremotos en La Rosada


Quizá algún teorema demuestre que, mientras más se aleja el peligro de reelección de Macri, más recrudecen las oscuras tretas a las que los PRO apelan para confundir al electorado. Desde el extraño episodio del Congreso en el que perdieron la vida Olivares y Yadón, la artimaña es mostrar como violenta a la oposición: el comando iraní-venezolano-mapuche-gitano entrenado en Cuba ahora se dedica a las travesuras telefónicas, como una versión remasterizada del bromista Tangalanga. Después de la presentación de “Sinceramente”, los melones empiezan a acomodarse de otra manera y el andar del carro hace tambalear las estanterías marketineras que tan bien habían acomodado.
Mientras crece la sensación de ir para atrás a pasos agigantados, los spots oficialistas terminan con la frase “juntos vamos a salir adelante”. Un absurdo: como si uno creyera que podremos “salir adelante” con las mismas herramientas que nos empujaron hacia atrás; o peor, como si uno creyera que nos quieren sacar adelante los mismos que nos empujaron para atrás. En cierta forma, reconocen que nos han creado dificultades que antes no teníamos para las que no tienen más recetas que las mismas que aplicaron para crearlas. Complicado, pero cierto. Y por más que los cómplices mediáticos hablen de errores de diagnóstico o mala praxis, muchos nos estamos dando cuenta de que hubo más malicia que otra cosa.
Que la imagen positiva de Macri iba a caer lo sabíamos casi de entrada. La sorpresa es que haya tardado tanto en provocar alarma. O significar esperanza. Durante más de tres años, la prudencia, el temor o la creencia apuntalaron la adhesión de unos cuantos que no deberían haber adherido nunca. Esos que, más por conveniencia que por convicción, se sumaron al coro de la Pesada Herencia y a la ostentación de dedos acusadores. Ahora se dan cuenta de la farsa o simulan hacerlo y se ponen del lado donde mejor calienta el sol. Ahora ven el tamaño del fenómeno que desdeñaban.
 Que la presentación del libro haya sido en La Rural y bajo la lluvia, suma más épica y refuerza el contenido. Los rostros mojados contagiaban entusiasmo. Un llamado de atención para todos los que la condenaban al pasado. Ante el caos que genera Macri, Cristina porta otro orden. Y, en cierta forma, ordenó todo, empezando por la oposición.
Escenas del derrumbe
A los sacudones que aporta una oposición que se está delineando, las filas del oficialismo contribuyen con crujidos de ruptura. Las acusaciones cruzadas por las derrotas en las provincias y las propuestas de ampliar Cambiemos con otro nombre y sin Macri son una muestra de eso. Tan anonadados están por la caída inminente que no saben esquivar los baches que ellos mismos forjaron. Cínicos como siempre, salen a celebrar por el dato de inflación que muestra una baja respecto al mes anterior pero bate records en la serie anualizada: 3,4 por ciento en abril y 56 por ciento anual. A eso se suman las caídas en la actividad que afecta a casi todos los rubros, menos, por supuesto, la parasitaria especulación financiera.
Como no pueden aceptar que el camino no es por acá, se sulfuran con una realidad que no les obedece. A la falta de logros se suma el desmoronamiento del castillo de naipes marcados que habían construido para la campaña. La causa D’Alessio-Stornelli queda en manos del juez de Dolores, Alejo Ramos Padilla; el Consejo de Evaluación de la Procuraduría pide que se inicie un sumario administrativo al fiscal sospechado de extorsión y espionaje; la Cámara Federal de General Roca modificó la carátula de la represión en Lago Mascardi y el prefecto Francisco Pintos –defendido por la Ministra Bullrich- deberá cumplir prisión preventiva por el homicidio del joven mapuche Rafael Nahuel; no encuentran la manera de frenar el proceso de investigación del vaciamiento y la condonación de deuda del Correo Argentino; y encima la Corte Suprema de Justicia quiso impidir la foto que tanto deseaban para basar la campaña. Pero no se animaron a tanto.
A pesar de los zapateos alterados de los funcionarios PRO, la decisión de los Supremos es tardía pero lógica. ¿Cómo va a comenzar el juicio oral en mayo cuando las pruebas esenciales recién estarán listas en agosto? Si los jueces funcionales no pueden manejar los tiempos de acuerdo a la agenda informativa de los medios hegemónicos y a las exuberancias del marketing, no es problema del Máximo Tribunal, sino de los oscuros operadores judiciales. CFK sentada en el banquillo del primer juicio oral en su contra era la imagen de poster que necesitaban para la competencia electoral, aunque después todo se anule por procedimientos poco justos. Además, si los informes de Vialidad Nacional sobre la obra pública en Santa Cruz no mostraron irregularidades de ningún tipo, si no encontraron bóvedas ni cuentas en paraísos fiscales y los bienes de la expresidenta están declarados, ¿de qué la acusan?
En sus desaforadas protestas exhiben su afán disciplinador: con Cristina presa quieren exterminar eso que llaman populismo para siempre. El camino no consiste sólo en transitar por una crisis artificial y catastrófica sino desalentar para siempre cualquier alternativa. El recorrido incluye, además de medidas económicas nocivas para la mayoría, la entrega del patrimonio nacional a las manos del Imperio. Una pena que la denuncia de la gobernadora de Tierra del Fuego, Rosana Bertone haya pasado desapercibida: el gobierno planea reconocer a Gran Bretaña como “estado ribereño” en las Islas Malvinas para entregar sus recursos, en lugar de tratarlos como usurpadores.  
Y los Diputados, en lugar de poner freno a este desquicio, siguen avalando sus iniciativas parlamentarias. Ante la evidencia de que el oficialismo quiere legalizar sus trampas, los representantes del pueblo aprueban la ley de Financiamiento de los Partidos Políticos. ¿Cómo se les ocurre aceptar una propuesta de los que diseñaron el sistema de aportantes truchos en los dos procesos electorales anteriores? Una ley que habilita a las empresas a aportar fondos a los partidos pero impide que los sindicatos lo hagan. Cuando se promulgue, las ofertas electorales también estarán en manos del Mercado. Los patrones podrán facilitar el crecimiento de las fuerzas políticas que más los representen, pero los trabajadores, a través de sus representaciones gremiales, no. Una manera lisa y llana de privatizar la democracia.
En lugar de denunciar que el Fondo de Garantías de Sustentabilidad de la ANSES –la plata de los jubilados- perdió más de 20 mil millones de dólares en un año, en vez de exigir a los funcionarios que expliquen por qué nos metieron en este laberinto, en lugar de desairar una propuesta política dañina para este planeta, los diputados y senadores siguen legitimando el saqueo. Después se hacen los opositores en los medios para simular interés en el futuro. Si el país fuera una empresa, estos gerentes ya estarían fuera de sus oficinas por malos administradores. Siete meses nos separan del fin de esta pesadilla y debemos encargarnos de que sea verdaderamente el fin del eterno retorno de modelos como éste.

lunes, 13 de mayo de 2019

Las revoluciones amarillas


No es bueno reírse de las desgracias ajenas, aunque da un poco de ganas. Que la mafia de los gitanos se transforme en unos improvisados vengadores podría ser un buen gag. Que al éxito editorial de “Sinceramente” y a la numerosa concurrencia a la presentación del libro se sume una inesperada Cadena Nacional que enloqueció a algunos periodistas hegemónicos puede ser otro. Sin dudas, el más gracioso de todos es que el empresidente Macri nombre como revolucionarios los logros que no ha alcanzado en casi tres años y medio de gestión. Gracioso para una comedia, pero en la vida real está provocando un drama inconmensurable que no da para reírse.
Pero todo parece parodia: hasta que el juez perseguidor de la expresidenta deba tratar su enfermedad con un medicamento llamado Vincristina lo es. Parece el juego de “¿cuál es el colmo de…?”. Parodia en medio de una crisis artificial sin precedentes y todo terreno. Una caricatura tan obscena que los actores se esfuerzan al extremo para demostrar que lo es. El jueves amanecimos con el ataque al funcionario riojano Miguel Yadón y al diputado Héctor Olivares en los alrededores del Congreso. El video demostró que los atacantes eran dos borrachos que ni sabían lo que hacer ante una cámara en una zona liberada con dos extras que entraban y salían de la escena sin acabar su parlamento.
En serio, tan torpe que despierta toda suspicacia, como que era una forma de opacar a CFK en la Feria del Libro; provocar un duelo nacional para forzar la suspensión del acto; la vieja treta de tirar un muerto para sugerir que el adversario es violento. En definitiva, una nueva acción mafiosa de los PRO presentada como mafia ajena, algo que siempre hacen. Ya sabemos que son muy posmodernos y se reciclan de manera permanente: por eso pasaron de decir que era un crimen político a venganza gitana para terminar en noche de copas; y esto respecto a los pistoleros, no a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Y después, los funcionarios se felicitaron en la conferencia de prensa por algo que habían resuelto los propios delincuentes con sus torpezas.
Pero lo más siniestro de los PRO es que con cada definición estigmatizan. En este extraño episodio, vomitaron contra los gitanos todo su odio de clase, como si convocaran a su público a recorrer las calles para apedrear a cualquier miembro de esa comunidad. Algo parecido a lo del Secretario de Cultura, Pablo Avelluto que desde que fue abucheado por un puñado de personas en la apertura oficial de la Feria del libro y después de ver el multitudinario acto de la expresidenta, no para de acusar a los organizadores de falta de “pluralismo”. Hasta llegó a decir que la Fundación El Libro fue “oficialista en dictadura y oportunista en democracia”, lo que habilitó a los trols de Marcos Peña para que atacaran virtualmente a su presidenta, María Teresa Carbano. La pluralidad para los amarillos significa que los demás no se expresen y eso es lo que manifiestan siempre.
Comparaciones nada odiosas
Macri y sus secuaces están desconcertados: no pueden entender que a pesar de tantos esfuerzos, CFK siga en carrera. No sólo eso, sino que sea la referente política que más mide en las encuestas y más poder de convocatoria conserva. Pero sobre todo, que sus palabras –tanto escritas como orales- sean seguidas con tanta atención y se conviertan en esperanza para muchos conciudadanos. El Ingeniero, acostumbrado a actos casi privados y gestos serios, no podrá nunca competir con los encuentros K, cargados de pasión y rostros felices.
Pero lo intenta. Aunque salude al vacío y se dirija a la nada, trata de que los extras se conmuevan con los breves parlamentos que otros escriben para que él recite con entonación parecida a lo humano. Mientras Cristina describe su relación con Néstor desde el amor y la convicción, el tipo dice que Juliana es una hechicera universal. A los cuestionamientos que ella esboza al modelo neoliberal de colonialismo con exclusión, él responde con un lacónico “éste es el camino”.
O sino, en un delirio de grandeza injustificado, destaca “el momento de alegría que estamos viviendo”. Momento que no se nota y menos en los rostros de sus acompañantes. En la inauguración de una de las pocas obras públicas realizadas, el buen Mauricio aseguró que así empieza “la revolución de los trenes” para la Argentina del futuro junto a la “revolución de los aviones, de las autopistas y rutas seguras, de la energía y de la conectividad”. La liviandad con que utiliza el término ‘revolución’ da pavor. Y hasta un poco de pena: creerse revolucionario cuando se es un absoluto retrógrado.
Tampoco es revolucionaria la propuesta de CFK porque no plantea romper con el sistema capitalista, sino volverlo algo más amable. Si esta propuesta pone loco al establishment, difícil imaginar cómo se pondrían ante proclamas más rupturistas. Cuando Cristina dice “yo no soy neutral, no lo fui nunca ni lo quiero ser ni lo voy a ser”, se posiciona respecto a las opciones del sistema y si habla del “contrato social de ciudadanía responsable” está alentando una refundación republicana. De lo que no hay dudas es que desea abandonar el salvajismo del Cambio y volver a los tiempos del crecimiento con inclusión social. Algo que, en comparación con esto, sería un paraíso.
Como sea, la expresidenta volvió a mostrar su tamaño. Ineludible por la pasión que despierta, tanto a favor como en contra. Gravitante, porque todo se organiza después de cada aparición. Inspiradora de análisis profundos y de absurdos desechables. Capaz de limar sus asperezas, de abandonar la pedantería del pedagogo y de contener su elocuencia para no exasperar a los impacientes como formas de autocrítica. Ya volvió a entrar en escena para esta crucial contienda electoral y no está “vieja, sola y enferma”, como algún mercenario periodístico pronosticó, sino dispuesta a dar batalla para torcer el cruel rumbo tomado por los bandoleros que usurparon La Rosada.

jueves, 9 de mayo de 2019

La desnudez del virrey


La carta de Macri no fue un best seller ni nadie aplaudió después de su lectura. Un papelito con destino de cesto. Una de las tantas puestas en escena de este farsante, como el anuncio de la electrificación del Ferrocarril Roca que ya estaba casi listo antes de su asunción. O la pantomima de que ayudaron a mucha gente que convivía “con la mierda”, antes de que el INDEC asegure que desde que comenzó el Cambio no se avanzó casi nada en el tema de cloacas. ¿Quién va a firmar un acuerdo con esta gente tan falaz, tan destructiva, tan maliciosa? Un acuerdo impuesto por los que están saqueando una vez más el país. Diez puntos para que el drenaje continúe. Mientras suplican por un salvavidas, allanan sindicatos y esgrimen las Taser. Y ostentan su cinismo en las pantallas que ya se están cansando de ser tan apologistas.
Una de las figuras más decadentes del Cambio es la diputada Elisa Carrió. Aunque está cada vez más enredada en la causa D’Alessio –por elaborar y efectuar denuncias infundadas-, no deja de sorprender por su verba altisonante. Para mal, por supuesto. En sus intentos por apuntalar la campaña oficialista fuera de la burbuja porteña, cada vez la embarra más. Tan obsesionada está por señalar narcos en las filas ajenas que no advierte que las propias están plagadas. Ante tanto tropiezo oratorio, lo único que atina a decir es que está “harta de este país”, aunque hace quichicientos años que vive holgadamente a su costa.
Muchos conciudadanos también están hartos, pero no del país, sino de los que hacen lo imposible por hundirlo. Hartos de las promesas incumplidas, de la hipocresía de los chetos, de los corruptos que se hacen los virtuosos, de la soberbia de los ignorantes, de los estafadores con traje y de los que aún no entienden nada. Hartos de no llegar a fin de mes, de suprimir lo esencial para satisfacer la avaricia de los empachados, de gastar ingenio en gambetear la miseria y de no tener ganas de ilusionarse.
Hartos de la prepotencia de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, que más parece patotera que funcionaria. La que, después de una cena con abundante vino, vomitó la espantosa frase “el que quiera estar armado, que esté armado: éste es un país libre”. La que ahora presenta como solución a la invisibilizada inseguridad las pistolas Taser y las califica como no letales, contra todo lo que dicen los expertos y hasta los propios fabricantes. Y los casos, que son miles, de lesiones irreversibles o muertes por electrocución. ¿Cómo no estar hartos de los que alientan tanta violencia en defensa de una paz que no pueden garantizar?
Hartos de estar en un túnel en el que nos embutieron sin advertencias. Hartos de seguir un camino tortuoso ponderado como el único posible para desembocar en el pantano. Hartos de escuchar inaceptables excusas, metáforas delirantes y explicaciones incomprensibles. Hartos de esperar un hartazgo que ya debería haber llegado.
Una política epistolar  
El Gran Equipo convoca a un acuerdo que a todas luces suena extraño: a pocos meses de las elecciones, sin conflictos incontrolables a pesar del daño realizado y para seguir haciendo lo mismo que nos condujo hasta acá. Los famosos diez puntos no son “generalidades con las que nadie puede disentir”, como explicaron algunos en un intento de despegarse pero no tanto. No es lo mismo defender “un banco central independiente” que impulsar la paz en el mundo. Proponer reformas laborales y jubilatorias para someter la dignidad a la depredación de los especuladores no es algo en lo que todos deban estar de acuerdo, sino todo lo contrario: debería ser delito sostener una idea así.
El ministro del Interior, Rogelio Frigerio fue el encargado de defender los diez puntos de la peor manera que encontró: "nos tenemos que poner de acuerdo en qué cosas no van a formar parte de la discusión electoral, con qué cosas no se joroba". ¿Quién es él para decir qué cosas deben formar parte de la discusión electoral? ¿Con qué autoridad moral puede hablar de las cosas con las que “no se joroba” después de haber jorobado con hambre, desempleo, inflación, represión y endeudamiento? Después exigen autocrítica a los demás y ellos se vanaglorian de haber destruido tanto en tan poco tiempo.
La convocatoria a un acuerdo de estas características puede ser vista como una muestra de fortaleza, aunque también de debilidad, sobre todo porque incluye, a regañadientes, a CFK, tan vilipendiada en estos años. En pocos meses, pasaron del “no vuelve más” a condicionar su futuro –y posible- gobierno. También puede interpretarse como una muestra más de lo ladinos que son. Si la ex presidenta rechaza los diez puntos, será tildada de soberbia, egoísta, no dialoguista o de que no se interesa por el futuro de los argentinos. Patrañas que serán amplificadas en los medios comprados para estigmatizarla de cara a las elecciones como la más corrupta, la más autoritaria, la más contradictoria. Por ahora, es la que más ejemplares de “Sinceramente” ha vendido, un éxito editorial que ya hace historia, más aún porque su autora es primeriza.  
Además de esto, en muchos sentidos son torpes, para no decir en todos. Como el diputado tucumano Facundo Garretón, que no dudó un segundo en felicitar a la bióloga Marina Simian por haber ganado 500 mil pesos en un programa televisivo y destinar el premio a financiar la investigación contra el cáncer, amenazada por los ajustes en el CONICET. ¿Acaso no interpretan el episodio como una evidencia del daño que producen las políticas aplicadas por Macri? ¿O lo verán como un éxito de la meritocracia y del “sí, se puede”? Un agregado es que su conductor, Santiago del Moro, no pudo frenar las críticas por los recortes a la ciencia ejecutados por el gobierno al que tanto aportó con su programejo infumable. Lo que menos hay que hacer es felicitar a la científica-concursante, sino pedir perdón.
No sólo Cristina, sino toda la oposición deben rechazar de plano estos diez puntos y presentar otros que propongan un camino distinto. Una hoja de ruta que nos lleve a una Argentina desarrollada, sin explotados ni pobres, sin especuladores ni succionadores, con soberanía y dignidad. Los amarillos proponen todo lo contrario. De una vez por todas, hay que entender que son posiciones inconciliables; que la precarización y el empobrecimiento de la mayoría para enriquecer a una minoría conforman un recorrido atroz con resultados nefastos, como hemos experimentado muchas veces; que la “Libertad” de una minoría es la opresión para los demás; que el modelo del derrame es un fracaso, sobre todo cuando el Estado es artífice de que apenas sea un mísero goteo; que el Mercado no debe ser libre, sino rigurosamente regulado para estar al servicio de todos. Eso es un acuerdo para mejorar las cosas; lo demás es más de lo peor.

domingo, 5 de mayo de 2019

La desesperación de los conquistadores


El presidente que tomó más vacaciones de las correspondientes pontifica sobre sus seis décadas de trabajador, la ministra de Seguridad pasa factura a los sindicatos por los gastos en represión policial y las luminarias amarillas afirman que si Cambiemos pierde las elecciones es porque la sociedad no está preparada para tanta genialidad. Mientras el desgobierno nacional supera sus propios absurdos, el salario mínimo -que supo encabezar el ranking regional- apenas alcanza los nueve dólares por día y la persecución judicial a la oposición se desinfla a medida que avanza la investigación del juez de Dolores. Tanto desánimo hay en las filas oficialistas que Claudio Bonadío dará un paso al costado porque el veneno destilado afectó bastante la salud de su cerebro. Una semana más y una semana menos de esta pesadilla que jamás debería haber comenzado.
El tránsito hacia las elecciones sugiere un desalojo paulatino del macrismo. En las provincias, sus candidatos apenas rasguñan la comodidad de un tercer puesto. Las encuestas –poco confiables pero inevitables- anticipan un giro de vientos con diferencias numéricas apretadas. Todavía persiste en muchos colonizados padecientes la eficaz demonización sobre el gobierno anterior construida desde la hegemonía mediática. Por más argumentos que se esgriman, por más causas que se caigan, por más evidencias que se presenten, aún quedan esos que grabaron en su mente la idea de que la “yegua se robó todo”. Al menos reconocen que la crisis actual ya no es por la Pesada Herencia sino por la impericia presente, pero esto no los conduce a optar por la que les enseñaron a odiar. Por eso hay que temer cuando el prejuicio se convierte en voto, algo que estamos experimentando desde diciembre de 2015.
A pesar de todo esto, el Gran Equipo no sabe qué inventar para engatusar a los distraídos. El diario Ámbito Financiero difundió una frase que el empresidente Macri pronunció en el círculo íntimo del gobierno: “si perdemos será porque la sociedad no estaba lista para un cambio estructural". Tal vez, esta pavada se convierta en un nuevo lema de campaña. Claro, los vecinos no se habitúan a las bondades de la gestión amarilla, como el desempleo, el cierre de fábricas y negocios, la restricción hasta de lo imprescindible o la amenaza de las tarifas de los servicios. Una sociedad que no estaba lista para las promesas incumplibles de la impronta PRO, que no estaba preparada para recorrer un camino plagado de espinas hacia un destino de abismo, que no tiene el oído afinado para escuchar tanto cinismo. Los culpables somos todos los que no aceptamos el deterioro permanente como forma de vida para que una minoría selecta ostente el privilegio de ganar fortunas poniendo cada vez menos. Ellos hicieron todo bien, según quieren hacernos creer, y si las reformas nos caen mal es porque no entendemos lo promisorio que es el sacrificio de los que no tienen ni para comer, que serán cada vez más.
El final de la paciencia
Todos son impresentables, desde el invisible rabino Sergio Bergman hasta la inentendible Gabriela Michetti, desde la pendenciera Patricia Bullrich hasta el entregador Nicolás Dujovne. Si no se producen cambios en el gabinete es porque nadie quiere quedar pegado al fracaso. Marcos Peña Braun es el más atornillado, aunque ha dado muchas muestras de su embaucadora presencia. Errador de pronósticos y mentiroso compulsivo, sigue aportando sus burlas ante los más amables micrófonos. Lejos de comprender los dramas reales de las personas de carne y hueso, el insustancial muñecote aconsejó que "aquel que quiera votar por el bolsillo debería votar por Macri y Cambiemos para que siga este proceso". ¿Por el bolsillo de quién?, cabría preguntar, porque los de la mayoría están cada vez más desprovistos. Y ni hablar de las alacenas y heladeras, que no se pueden llenar ni con el Ahora 12 de intereses usurarios. Ni los Precios Esenciales pueden combatir tanto vacío.
Pero estos buenos muchachos son capaces de todo. En tren de buscar diálogo y consenso, estos cachivaches presentan un acuerdo que no acordaron con nadie. Un libreto armado en las oficinas del FMI que estos farsantes presentan como propio. Una invitación a la complicidad de la oposición racional, dialoguista, blanca y civilizada para continuar en esta autopista hacia la hecatombe. Un guion destinado a condicionar al gobierno que venga para que satisfaga la avidez de los especuladores a costa de desigualar más el reparto de una torta cada vez más pequeña. En diez puntos condensan las apetencias del establishment y ni mencionan una mínima mejora en salud, educación y asistencia. Al contrario, amenazan con más deterioro de la mano de la tan deseada reforma laboral y previsional. Si no es para solucionar los problemas que Ellos han creado, nadie que se considere opositor debería tener en cuenta una letra de lo que propongan. En las “comas” y reglamentaciones se esconden las peores trampas, como en todas las leyes que se han debatido en el Congreso por iniciativa oficial.
Sólo merecen el vacío porque han demostrado que son lo peor desde la vuelta a la democracia. Angurrientos y perversos, prepotentes y antidemocráticos. Tanto que pregonan respetar las reglas de juego y modifican disposiciones electorales por decreto, algo prohibido por la Constitución. Tan defensores de la seguridad jurídica que aprietan a los jueces y fiscales que se niegan a obedecer sus impulsos persecutorios. El caso del Ministro de Justicia, Germán Garavano desborda obscenidad. No sólo entrenó a un testigo colaborador para que recite una fábula que involucre a CFK, sino que extorsionó al juez Carlos Rozanski para que renuncie y hasta le explicó la manera de hacerlo. Y hay pruebas más que suficientes para eyectarlo de su cargo directo a la cárcel con inhabilitación de por vida. Claro, obedece la orden que en algún momento emitió Macri respecto a los jueces “que los representen”. En criollo, que emprendan una cruzada en defensa de sus intereses y proscripción del denostado populismo.
Desde mediados del verano, la investigación que lleva adelante el juez de Dolores, Alejo Ramos Padilla pone sobre la mesa una asociación ilícita dedicada a eliminar simbólicamente a “los que piensan distinto”. Una organización mafiosa que incluye espías, jueces, fiscales, periodistas, diputados, funcionarios y personal de la embajada norteamericana. Nunca antes se había descubierto algo así. Como el peligro es inminente, los PRO quieren atropellar al juez para momificar la causa en el sarcófago de Comodoro Py. Como han hecho desde que asumieron cuando alguien les molesta: destituirlos, forzar la renuncia o mandarlos en “un cohete a la luna”, de acuerdo a los deseos del Ingeniero Macri. Tan transparentes son en sus malas intenciones, que cortaron la luz en la Plaza Lavalle de la CABA para interrumpir el apoyo popular al accionar del juez.
Pero tanta oscuridad está por terminar. La bestialidad de este modelo es tan destructiva que es muy difícil de disimular. Si la paciencia no aguanta hasta las elecciones, habrá que empezar a martillar las paredes del oscuro túnel en el que nos han metido.

jueves, 25 de abril de 2019

Bestialidades al desnudo


De crecimiento invisible a precios esenciales: se ve que el único libro que han leído los integrantes del Gran Equipo es El Principito; y encima no lo entienden. Cuanto más los conocemos, menos humanos parecen, no sólo por el daño económico, político y social que han provocado, sino también porque se burlan sin tapujos de las consecuencias. Además, no paran de jactarse del “milagro”, de “los cambios estructurales”, de “lo que estamos haciendo juntos”, de “la verdad sobre la mesa”, del “trabajo en equipo” y “coso”, mientras todo parece arder. Ni los propios creen en los versos que emanan las lumbreras amarillas: hasta los más beneficiados quieren sacarse de encima a Macri –no por desobediente, sino por desgastado- y poner en su lugar la figura más engañosa de María Eugenia Vidal.
Pero parece difícil estafar otra vez al electorado, más aún cuando Cambiemos se deshoja, como si estuviera padeciendo el otoño. En tren de confiar en las encuestas, seguro que no reverdecerán en primavera. Y no lo merecen. Si aplicáramos sus reglas, la meritocracia los dejaría fuera de cualquier cargo, por ineptos, embusteros y malintencionados; por cínicos, perversos y burlones. Por ser como son: “lo peor de cada casa”. Si no portaran fortuna y apellido, no servirían ni para golpear la puerta, como demostró Macri en el video del Alivio.
En todo muestran la “incapacidad para gobernar” que tanto denunciaba el buen Mauricio en campaña. Por eso nos llevaron a donde estamos. Y a donde les permitimos también, porque con la historieta de la gobernabilidad, les dimos bastante rienda. Las bestias se desbocan y con tanto hilo, ya sabemos: el pez por la boca, muere. Y que esto no se tome como una expresión de deseos, por favor, porque para celebrar las muertes, nadie mejor que la diputada Elisa Carrió que comenzó con el funeral de Kirchner organizado por Fuerza Bruta, pasó por “estamos mejor sin él”, Santiago congelado como Walt Disney y terminó con “gracias a Dios, se murió De La Sota”. Uno no sabe si las pastillitas que toma ante las cámaras la impulsan a decir cosas así o, por el contrario, tratan de contenerla. Pero no es sólo por la medicación que ensordece con su verborragia: no hay químico que estimule tanto desprecio.
Desprecio que tienen todos los que integran el elenco: desde el presidente del Banco Nación, Javier González Fraga que asegura que los tomadores de créditos inmobiliarios atados a la inflación hicieron “un excelente negocio” hasta el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, que festeja el ajuste con un “hemos sobre-cumplido las metas fiscales del primer trimestre”, aunque semejante ahogo en la población no produjo ninguno de los resultados esperados. Por el contrario, silenciando por un rato el “éste es el camino”, sacan de la manga una medida populista que siempre criticaron para aplicarla mal y decir, luego, “vieron que estas medidas siempre fracasan”. Como si las de ellos nadaran en el éxito.
El barro de lo real
Lo nuevo es Precios Esenciales, no protegidos ni cuidados. Tan poca garra han puesto en la elaboración del parche que deberían haberla bautizado Precios Insensibles. Una mascarada más para exhibir como logro. Otra bufonada para desatar el aplauso. A sabiendas de que esto es pura demagogia, el empresario cafetero Martín Cabrales expresó: “pónganse contentos porque hay asado y vino”. Un sarcasmo propio del que nunca padeció una necesidad y arroja una moneda a una masa de desamparados. Y esto no es de sorprender porque tipos como él piensan que los derechos ajenos liman sus privilegios y nosotros somos sanguijuelas que vivimos a su costa. Para ellos, el Estado debe ser garante de sus exorbitantes ganancias y en lo posible potenciarlas con eliminación de impuestos y bajas salariales.
Pero el que marca el ritmo es Macri, por supuesto. Tan soberbio que pronuncia la mayor estupidez como iluminada sentencia. Tan mendaz que explica “el mundo duda y por eso aumenta el riesgo país”. Tan hipócrita que promete “los argentinos no vamos a volver atrás”, aunque nos quieran arrastrar primero a 70 y después a 80 años atrás. Ahora, según Cristiano Ratazzi son 90. La inflación no perdona ni los retrocesos.
¿Qué mundo es el que duda? El mundo al que Macri y su equipo de filibusteros abrieron las puertas para que saqueen a gusto. Total, la casa invita; paga la gilada. Eso que llaman El Mercado: los buitres más ávidos, los carroñeros más insaciables. Esos que hablan de incertidumbre política porque se vienen las elecciones y CFK lidera las preferencias. Un mensaje más que claro: la posibilidad de que el pueblo elija algo diferente a lo que ellos desean es lo que genera la incertidumbre política. La incertidumbre no es el desempleo, la pérdida del poder adquisitivo, el cierre de negocios y fábricas, el hambre en un país que produce tanto alimento y la certeza de estar cada vez peor. La incertidumbre política es –para Ellos- que abandonemos el camino que nunca debimos haber tomado, porque eso es, en serio, volver al pasado.  
Si no alcanza el sueldo, TN les dirá a los precarizados que el sacrificio nos llevará a un futuro esplendoroso. Si no alcanza para medicamentos, Clarín brinda los mejores remedios caseros y un curso gratis de curación mental. Si dan ganas de arrepentirse con el Cambio, los apologistas nos convencen de que antes estábamos peor, aunque sea una patraña. Pero hay algo que no pueden mimetizar: el desprecio indisimulable que brota cuando se excusan. Si los niños no tienen comida, al menos tienen pavimento. No se puede conceder todo y engrosar las cuentas off shore al mismo tiempo. El gradualismo, que le dicen y cuando nos demos cuenta, estaremos chapoteando en algo más inmundo que el barro.

lunes, 22 de abril de 2019

Peligrosos manotazos


Después de anunciar la burla del Plan Alivio, el Tipo se fue de vacaciones, como si hubiera derramado Maná para los más necesitados. El Mercado –que no es una divinidad sino una banda de especuladores y saqueadores- se alivió tanto que subió el riesgo país. De tan aliviados, los bonos argentinos bajaron unos ocho puntos en Wall Street. Los aliviados de Forbes nos diagnosticaron un futuro de default y los analistas vernáculos anticipan un plan bonex para liquidar las Leliq y devolver depósitos. Mientras estas abstracciones pululan como fantasmas en los titulares, una jubilada se arrojó a las vías del subte porque la plata no le alcanza para medicamentos y comida. No le pasó nada, aunque para tomar esa decisión le tiene que haber pasado de todo. El mismo día, Macri nos propinó un alivio y se fue a jugar al golf.
Sin exagerar, el mayor alivio para los argentinos sería que estos farsantes abandonen los cargos que nunca deberían haber ocupado. El que piense en la posibilidad de volver a votarlos para que arreglen este entuerto tiene muchas neuronas que le patean en contra y un corazón irrecuperable. Quien se deje embaucar por nuevas promesas supera el nivel de ingenuidad aceptable para un humano. El que esté dispuesto a creer que quienes nos hundieron en una crisis con la malsana intención de someternos son capaces de sacarnos de ella, que preste un poco más de atención a todo lo que le rodea. Que apague un rato la tele, que no se enganche en la campaña anti vacunas que los comunicadores oficialistas están haciendo para militar los recortes en salud, que desconfíe de las esperanzas que venden los apologistas de este despojo. Que, por una vez en la vida, empiece a dudar de las cosas que cuentan desde esa ventana hegemónica. Que empiece a recelar por todas las cosas que hasta ahora no contaron.
La información es un derecho y los grandes medios lo vulneran desde hace rato. Pero además de un derecho, la información es una voluntad y también debería ser una obligación de ciudadano: algunos se enorgullecen de no saber nada de política, en lugar de avergonzarse y después van a depositar su incomprensión en las urnas, como quien se presenta a un cargo de programador informático sin saber siquiera cómo se enciende un ordenador. La indiferencia y la desinformación hicieron que un contrabandista, evasor y estafador se convierta en presidente. Depositar el pensamiento y la voluntad en una pantalla permite que lo siga siendo.
Un milagro ruinoso
Como si fuera algo aliviador, la diputada Elisa Carrió grabó un spot para apuntalar la campaña. Para no perder la costumbre, su destinatario es un absoluto manipulado, odiador incurable y zapallo confeso que cree que Cambiemos efectuó “un milagro”, el de “salir de un gobierno autoritario que iba a ser Venezuela”. Una “campaña del miedo” sin fundamentos. El principal milagro de estos tiempos es que alguien como Carrió haya obtenido el 50 por ciento de los votos porteños diciendo estas tonterías, conspirando con la Embajada Imperial para defender la Patria, armando operaciones con periodistas, fiscales y jueces para fomentar prejuicios, vomitando augurios como si fuera la portavoz divina. ¿Qué poderoso embrujo hace que la tomen en serio? Encima, los PRO la eligen como si fuera una virgen milagrera para bendecir la campaña.
Ahora, con tono calmo, asegura que “en octubre vamos a estar mejor; no del todo bien, porque cuando se robó por dos generaciones falta una generación para reconstruir la Nación”. ¿Qué es robar por dos generaciones? ¿Ya no cuentan en pizzas o ‘pebeíses’? También afirma que, gracias a ellos, nos salvamos de ser esclavos. Ellos, que devaluaron salarios, jubilaciones y asignaciones, que pretenden precarizar el trabajo, que nos saquean con las tarifas, nos salvaron de una ‘esclavitud’ en la que vivíamos mucho mejor. Hay que ser inepto para tomar esto en serio.
Algunos opinan que es inimputable porque está loca; si así fuera no podría ser diputada. Si ocupa una banca y no está loca, su rol de denunciadora serial debería llegar a su fin. Cada vez más embarrada en la trama de espionaje ilegal que investiga el juez Alejo Ramos Padilla, se abraza a Macri: una mano embarra a la otra y las dos embarran a todos. Mientras más tratan de salvarse, más se hunden. La madeja que se está desenredando en el Juzgado de Dolores empieza a explicar muchas cosas. El que cree en el milagro del Cambio, seguramente no está enterado de nada; cuando sepa que Carrió, en vez de ser la Salvadora de la República es una embustera que transforma en denuncia los chismes que le pasan desde las Agencias de Inteligencia, tanto la oficial como la para-estatal, una bomba de patrañas le estallará en la cara.
Si no le incomoda la explicación que dio la titular de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso, de por qué no impulsa las causas que involucran al oficialismo, es un fanático peligroso. Si no le afecta que el fiscal Carlos Stornelli no se presente a declarar ante el requerimiento de Ramos Padilla, que después no se queje de lo injusta que es la Justicia. ¿Qué garantías da un fiscal que ofrece la libertad a cambio de mentiras? Gerardo Ferreyra, el dueño de Electroingeniería, relató ante la Cámara de Casación el diálogo que mantuvo con Stornelli antes de ir a la cárcel. “Mire, Ferreyra, si usted se arrepiente de haber colaborado con esos mugrientos se va a su casa”, narró el empresario al que presionan con prisión para comprar a precio vil su empresa. “El matrimonio –aclara el fiscal- los mugrientos que estuvieron en la Rosada”. Que un funcionario judicial se refiera así a dos ex presidentes debería dejarlo fuera de cualquier cargo público.
Aunque se resista, tarde o temprano deberá responder a las sospechas de asociación ilícita y extorsión. No sólo él, sino todos los que usaron los organismos del Estado para estigmatizar y perseguir, para convertir en realidad las fábulas más absurdas, los que hicieron un mártir de un suicidado, los que tildaron de ‘morsa’ a un candidato a gobernador, los que estigmatizaron a un gobierno que intentó distribuir mejor. Los que no cesan de ensanchar la grieta, como Eduardo Feimann, que no sabe por dónde destilar veneno o los que pensaron que con la difusión de las canciones de Santiago Maldonado muchos iban a dejar de pedir justicia por él.
Ahora van a tratar de engatusar una vez más al electorado con un pacto de caballeros entre los que devaluaron, incrementaron las tarifas con porcentajes de pesadilla y endeudaron al país por décadas y los que nos estafaron con el libertinaje de los precios. El milagro no sólo es que aún se mantengan en el poder después de tanto desastre, sino que ganen otra vez las elecciones. Más que milagro, una verdadera tragedia.

jueves, 18 de abril de 2019

Los peores recuerdos para el futuro


Los contenedores inteligentes de Rodríguez Larreta se encuadran en una postal de época: la molestia de ver gente revolviendo la basura no inspira medidas redistributivas, sino restricciones para proteger lo que otros desechan. Y no sólo con tarjeta magnética sino también con los palos de la policía. En la postal, también podemos ver a las Madres defendiendo el Archivo de la Memoria de la prepotencia de una minoría que apuesta a la amnesia. Miles de imágenes se amontonan en estos tiempos de oscuridad. Ni una aporta luz al futuro porque para eso llegó el Cambio, para sumergirnos en las sombras de un país para pocos.
No con la intención de iluminar sino de simular preocupación, el Gran Equipo improvisó un acting de Semana Santa. El Plan Alivio parecía llamarse la obra, por la cantidad de veces que los funcionarios repitieron esa palabra. La puesta en escena se dividió en dos partes: en la primera, el farsante Macri visitó a una familia ya visitada para tomar un vaso de agua y charlar, de paso, con sus integrantes. En la segunda, Dujovne, Stanley y Sica fueron los encargados de anunciar las medidas para ‘aliviar’ a la población de los nefastos resultados de las medidas anteriores. Sin modificar nada, esperan resultados diferentes, algo desopilante si uno es un fan de las comedias negras. Como estamos viviendo una tragedia insólita, hay que congelar las risas para cuando los desalojemos.
El video de Macri ya es en sí una parodia. Imposible agregar más chistes a tan impresentable engendro. Su paso cansino en la rampa de acceso al edificio, el encuentro re-casual con tres vecinas que deben trabajar de recibir a los presidentes que pasan casualmente por ahí, el recibimiento tenso pero ensayado como informal, la ostentosa austeridad… Todo es para desternillarse. Hasta la inexperiencia de Macri para golpear la puerta debería formar parte de la antología de los gags televisivos.
¿En qué estadío de la evolución humana hay que estar para conmoverse con algo así? ¡Qué poco respeto debe tener por el destinatario el que planeó una manera tan audaz de presentar medidas gubernamentales! Una audacia que salió muy mal: una mezcla indigesta entre un mensaje institucional y una publicidad de campaña hecha a los apurones. Encima, el Buen Mauricio se presenta ante los vecinos como si fuera una víctima más de su propio gobierno, como si se estuviera quejando de los revoltosos de arriba. Y el diálogo. ¿Cómo puede ser tan monocorde alguien que habla desde hace sesenta años? En todo parece un principiante eterno. Y de los peores.
La luz está por acá
El Ingeniero lo ha intentado muchas veces, pero no le sale eso de mostrarse próximo y simular comprensión ante situaciones que no experimentará jamás. ¿Qué puede saber él de “no llegar a fin de mes” o de necesitar un alivio en medio de una crisis económica bestial? ¿Qué modificación puede lograr la escucha de problemas cotidianos en un espíritu que sólo está para alimentar su angurria y generar problemas? ¿Cómo puede lograr complicidad con los que son sus víctimas?
Quizá lo más irritante de esta pandilla es la manera en que se refieren a la inflación: como un fenómeno climático, un castigo de los hados o un ataque foráneo. Pero esta vez mostraron la hilacha. El lunes, Macri anticipó que iba a haber un pico inflacionario y agregó que “hay comportamientos culturales que ‘cuestan’ (sic) erradicar”. Después de tomar medidas “técnicas” para bajar la inflación, ¿ahora dice que es un problema cultural? ¿Acaso está sugiriendo que somos todos los responsables de que las cosas aumenten alocadamente y no los oligopolios formadores de precios? La semana pasada, el directivo de una empresa grandota justificó el incremento de los precios con la caída de la demanda. Algo que escapa a toda lógica: si baja el consumo por caída del poder adquisitivo, lo ideal sería incentivarlo con ofertas de verdad.
Esto no es un problema cultural, sino de mala praxis. Si fuera cultural, unos cursos instructivos sobre ética y lealtad comercial bastarían para que la inflación no sea más un problema. En los parches que anunciaron estos días está la contradicción. O, mejor dicho, la confesión. Al suspender el aumento de las tarifas de los servicios hasta octubre están reconociendo que ése fue uno de los detonantes de la espiral de precios. Y si las encuestas siguen dando negativo de cara a octubre, van a terminar aceptando que fueron sus propias medidas las que nos llevaron a esta crisis. Dicho en pocas palabras: éste no es el camino.
Y no lo es desde el principio. En sus primeras medidas ya mostraron las garras. Si devaluaron la moneda, liberaron el comercio exterior y bombardearon con tarifazos, ¿esperaban deflación? Si nombraron dos miembros de la Corte Suprema por decreto, ¿buscaban una Justicia Independiente? Si incrustaron a una militante PRO como Laura Alonso en la Oficina Anticorrupción, ¿querían mostrar honestidad y transparencia? No, desde el primer día gritaron a los cuatro vientos que nos iban a conducir hasta acá, a pocos metros del iceberg, pero el maquillaje y la adoración mediática hicieron de los alaridos encantadoras melodías.
¿Quién puede ilusionarse, si en la fecha de vencimiento se advierte la intención maliciosa de estos anuncios? El que no se dio cuenta aún de que el alivio será efímero y casi nada aliviador que pida un cerebro prestado. El que no advierte la contradicción entre el Macri que pontifica “nadie puede gastar más de lo que gana” y el que ofrece créditos para comprar comida o pagar servicios es porque renunció a todo raciocinio. El que no se indigne con las burlas de estos saqueadores es porque está resignado en la humillación. Lo correcto es esperar hasta las elecciones, aunque dan ganas de estar todos los días en la calle para despertar a tanto incauto y adelantar los tiempos.

Una jugada maestra

 “Sorpresas te da la vida”, cantaba Rubén Blades en los ochenta. Malas o buenas. Y el fin de semana, la sorpresa la dio CFK con el ya cono...