lunes, 16 de septiembre de 2019

Lecciones desde el Altiplano


Una semana antes que en Argentina, Bolivia también tendrá elecciones presidenciales. Tanto allá como acá, el resultado es predecible. Allá el pueblo votará por continuar un camino; acá por retomarlo después de un período de amargo paréntesis. Las postales de acá pueden servir para que nadie se equivoque allá. Las postales de allá servirán para reavivar una nostalgia por lo que debemos recuperar. En ambos casos, los pasos deberán alejarnos cada vez más del neoliberalismo que pulula por el mundo esparciendo su hálito infecto de ambición y egoísmo. Pero para que su impronta destructiva no amenace nuestro futuro, deberíamos desterrarlo para siempre.
Uno observa a Evo Morales y la pasión que despierta a su paso, el compromiso que revela cada una de sus sonrisas y siente envidia cuando compara ese rostro tan terrenal y sincero con la máscara del villano que Argentina eligió como presidente cuatro años atrás. Máscara que ya no es efectiva para Macri ni lo son las muecas ensayadas que se mezclan con sus rasgos despectivos y odiadores. Y los ojos, que revelan todo. Los de Evo firmes, cálidos y humildes; los de Macri esquivos, helados y soberbios. ¿Cómo se puede soslayar ese detalle? Con un poco de atención, algunos argentinos no hubieran inclinado la balanza en 2015. Una lección para no volver a errar en el futuro y no quedar empantanados en el mismo punto de partida.
Porque nosotros retrocedimos mientras Bolivia avanzaba, mientras la embrutecedora mirada del discurso dominante sólo vomitaba titulares despreciativos. Muchos exponentes del establishment vernáculo se hicieron cruces como si fuera una herejía cuando el presidente Evo decidió expulsar al embajador norteamericano. Sin embargo, el presidente aimara sigue en pie, después de 13 años revolucionando su país. Entonces, ésa debe ser la clave: deshacerse de los conspiradores que vienen del Norte.
Cuando el dirigente cocalero asumió la presidencia, Bolivia tenía una economía pequeña y atrasada, con altos niveles de pobreza y poco desarrollo. La discriminación hacia las poblaciones originarias era casi una razón de Estado. Después de 13 años de políticas soberanas, estatistas e indigenistas, el crecimiento no tiene precedentes y lidera la región. Pero lo más importante es que, gracias al Modelo Económico Social Comunitario Productivo, la vida de los bolivianos ha mejorado sustancialmente, con una reducción significativa de la pobreza. Redistribución en lugar de sustracción: mientras el salario argentino se redujo a la mitad en la era Macri, el boliviano se incrementó en más de un 300 por ciento desde la asunción de Evo Morales.
Los pasos necesarios
Evo Morales es un mandatario que viene de muy abajo y bate el record de permanencia en el poder, contra todos los deseos del establishment boliviano que lo bombardea con toda su artillería: apelan a las mismas mentiras mediáticas que utilizan en Argentina, porque los angurrientos están cortados con la misma tijera en todas las latitudes. Ellos se erigen como patricios y se convierten en guardianes de la República, pero quieren acceder al gobierno con patrañas para apoderarse de todo. En la República que sueñan los miembros del Poder Real lo público debe ser de unos pocos.
Sin la Embajada ni el FMI, Evo nacionalizó los recursos naturales y la industrialización de hidrocarburos: una recuperación soberana que debería ser un ejemplo para la región. Como también lo es el endeudamiento externo que, si bien se duplicó desde 2005, los 10187 millones de dólares están por debajo de los límites fijados por los organismos internacionales. Además, su deuda representa un 23 por ciento de su PBI, que se ha cuadruplicado en estos 13 años. Una diferencia más con el modelo macrista en un punto de crucial importancia: la soberanía económica.
Pero las transformaciones bolivianas no versan sólo sobre dinero: las que más se sienten mejoran la vida de sus ciudadanos. Al constituirse como Estado Plurinacional, incluye a los pueblos originarios como ciudadanos plenos, no como acá que se los expulsa a los balazos de sus territorios ancestrales. Allá, la educación pública no es un lugar en el que se cae, como expresó una vez el empresidente Macri, sino uno que eleva. Por eso es notoria la reducción del analfabetismo y la mejora de la calidad educativa.
Mientras acá se fomentó desde 2015 la especulación financiera que no produce ni derrama nada, el gobierno boliviano impulsa la producción industrial. Mientras acá debatimos sobre la emergencia alimentaria, allá se garantizan siempre los alimentos. Mientras Macri duplica la inflación que prometió bajar en dos minutos, Bolivia ostenta apenas un 0,2 por ciento mensual. Mientras El Gran Equipo serrucha los haberes jubilatorios y busca elevar la edad de los beneficiarios, en Bolivia la Renta Dignidad garantiza un ingreso a todos los mayores de 60 años, lo que lo convierte en uno de los seis países con una cobertura del 100 por ciento en seguridad social.
El camino es distinto y eso se nota, por más que Macri diga que el que propone es el único. Muchas veces hemos escuchado al Buen Mauricio fanfarronear con eso de que “estamos construyendo los cimientos…”, pero como buen ingeniero debería saber que van en la base y no en la punta de la pirámide. Evo, sin ser ingeniero, lo supo desde el principio y en eso se centró: en mejorar la vida de los postergados de siempre, en escuchar el lamento de los que sufren y no las órdenes de los que tienen de sobra. Así se construye un país y se hace historia. Lo demás es una historieta de terror.

jueves, 12 de septiembre de 2019

El futuro es la Memoria


La Revolución de la Alegría nos ha integrado tanto al mundo que hasta importaremos residuos reciclables sin certificado de inocuidad. Receptores de basura importada. Y no es una metáfora malintencionada, sino un capítulo más de la Pesada Herencia que nos dejará el Cambio. No es una chicana, sino una muestra más de lo poco que importa el país a la Banda Gobernante. De lo nada que le importamos nosotros, porque ellos se fugarán detrás de sus fortunas y no padecerán las toxinas económicas, medioambientales y simbólicas que nos dejan. Un daño multidimensional que llevará tiempo reparar.
La experiencia sugiere que el final feliz no se producirá el 27 de octubre ni el 10 de diciembre sino mucho después, cuando esquivemos el coro encantador con promesas de cambio de los que vendrán otra vez a robarnos el futuro; cuando la memoria nos advierta sobre los embaucadores maquillados que pontifican sobre honestidad y transparencia; cuando el olfato nos revele el hedor a lobo que destila la piel de cordero que calzan; cuando el establishment mediático no pueda hacer votable a un candidato que como empresario rico y exitoso no nos robará, sino derramará éxito y riquezas sobre nuestras vidas. El final feliz de esta tragedia se producirá cuando todos estemos convencidos de que todo es de todos y no de unos pocos empachados.
Mientras tanto, tendremos que soportar las barbaridades que supuran a toda hora estas bestias heridas. Una semana atrás, el senador Miguel Ángel Pichetto calificó como una patología la solidaridad expresada por organismos de DDHH nacionales e internacionales sobre el regreso de Vanesa Cuevas, la ciudadana peruana que fue expulsada del país después de cumplir su condena. Para los que son como el candidato a vice presidente, ella siempre será culpable, por más que la ley diga lo contrario. Vender drogas es peor que vaciar un país, que las estafas que la familia presidencial ha realizado al Estado, que acaparar todos los negocios que llegan a La Rosada SA.
Para la oligarquía que nos gobierna, robar un celular o cortar una calle es un delito más grave que provocar desempleo y empobrecer jubilados. Hasta consideran un delito el hambre y no las políticas que lo acrecientan. Ellos, que no saben lo que es padecer una carencia, se burlan de los que claman por los alimentos que producimos en abundancia. La ministra Bullrich, experta más en vomitar veneno que en garantizar seguridad, consideró que “en Argentina hay gente que está pasando necesidades pero no llegaría a decir hay gente que hoy está en una situación de no comer”. Eufemismos y trabalenguas para negar una realidad que ya está explotando, como que el 35 por ciento de la población está debajo de la línea de pobreza. Pero siempre hay más con estos inhumanos, porque la funcionaria ofrece una solución: “tiene comedores y una cantidad de lugares donde poder ir y no pasar hambre”. Bestial.
¿Adversarios o enemigos?
Inevitable recordar la Pobreza Cero que Macri y sus secuaces prometían en campaña. Lejos de lamentarse por haberla incrementado, ahora sólo ofrecen limosnas y represión. Palos, gases y balas para los que reclaman contención; dólar controlado e intereses más altos para los especuladores. Deudas a pagar para todos, menos para ellos, esa minoría que se enriqueció gracias a la bicicleta financiera siglo XXI que instrumentaron desde el primer día de gobierno. Un plan de saqueo que se ejecutó con la complicidad de muchos periodistas, varios jueces y unos cuantos que hoy juegan de opositores. Una historia oscura que no debe esperar mucho tiempo para ser contada y menos aún para que todos sus protagonistas y beneficiarios sean condenados.
El Mejor Equipo de los Últimos 50 Años logró el objetivo de multiplicar la brecha entre ricos y pobres y dejó en evidencia lo que nunca más debe volver a la Argentina: el Poder Real hecho gobierno. Y también, lo que nunca más debemos aceptar: el neoliberalismo como recorrido. Desde ahora y para siempre deberá ser considerado una palabrota. Para tener futuro, deberemos definirlo de la manera más sencilla posible para que no vuelva a tentar a los incautos. Cuando alguien base sus propuestas en recetas de mercado, cuando en las medidas que plantee no esté incluida la mayoría, cuando en los deseos expresados aparezcan con insistencia la rebaja de impuestos o la integración al mundo, será inevitable evocar este nefasto momento. Ya sabemos que los personeros del peor capitalismo saben disfrazarse muy bien y algunos distraídos insisten en dejarse engañar sin atender razones, pero de alguna manera debemos fabricar anticuerpos para evitar que nos despedacen.
La tercera es la vencida, dice un viejo refrán: la Dictadura cívico-militar como punto de partida, el Menemismo con sus toques pintorescos y la Alianza que continuó el plan hasta hundirnos y el Cambio, que se presentó como nuevo aunque es un reciclado de todo lo anterior; y más salvaje, porque en menos tiempo nos despojó como nunca. ¿Cuántas lecciones más necesitamos para descubrir a los enemigos de nuestra dignidad? ¿Cuánto más deberemos padecer para desactivar sus tretas? ¿Cuánto más deberemos hundirnos para rechazar el camino que nos ofrecen los embaucadores disfrazados de impolutos?
¿Cuántas advertencias deberá contener el prospecto antes de cada elección?: ojo con los que cuestionan el tamaño del Estado, los que califican de ñoquis a los funcionarios, los que señalan a los de abajo como culpables de todo, los que miran al Imperio con adoración, los que convierten en dogma la lucha contra la corrupción ajena. Después de esta experiencia nefasta la conclusión no debería rondar por las variantes de “al final son todos iguales” o “todos los políticos roban”. Estos, que presentaron como valor no provenir de la política, nos aplastaron con crueldad en una versión abreviada de los procesos anteriores. Que en todo estemos peor que en 2015 demuele esos lemas de ascensor.
Ahora hay una salida de emergencia a la vista, que intentará evitar una catástrofe mayor y atenuar el dolor que ha expandido la Revolución de la Alegría. Un primer paso para empezar a alejarnos y trazar un camino que no tenga zarzas ni baches para transitar hacia un futuro en donde buitres y vampiros no tengan cabida.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Un final cada vez más cerrado


La campaña está en marcha y la recta final durará unos cincuenta días. Si es mucho o poco depende de la ansiedad porque el desenlace es previsible. Mientras unos tratan de conservar el núcleo duro, otros festejan porque ya lograron superar el suyo. Unos convocan desinformados, odiadores y empecinados y otros pueblan las calles de bailarines convencidos de que el camino no es por acá. Marketing, frases de poster y credulidad contra una cumbia que contagia entusiasmo y un libro que traspasa fronteras y se convierte en fenómeno editorial. El contraste es notorio y ni la magia más siniestra y efectiva podrá revertir el final de la pesadilla amarilla.
Como si fuera un conjuro, el empresidente Macri trata de convencerse y convencer de que las elecciones no sucedieron. Una forma pueril de ignorar la derrota que debería llamar la atención de los que lo vivaron en defensa de la democracia y la república. Nadie puede exigir sutilezas a quien culpa a la voz de las urnas del desastre económico en marcha. Nadie debería creer que la crisis comenzó el 11 de agosto, pero algunos se obligan a hacerlo para no reconocer cuánto han sido engañados en su buena voluntad democrática. Mientras tanto, voceros, apologistas y cómplices tratan de instalar la idea de incertidumbre política como si eso explicara todo, cuando en realidad lo único que está ocurriendo es un proceso electoral con final certero en medio de una crisis financiera con muy pocos beneficiados y millones de víctimas.
No es para menos, si uno de los candidatos viaja a Europa para participar en actividades académicas y se codea con los mandatarios más afines mientras el otro recibe a cantantes y deportistas. Fernández es ovacionado en el parlamento español y su visita provoca entusiasmo en el progresismo mientras Macri es empequeñecido con los análisis demoledores de la prensa internacional. Mientras Alberto protagoniza selfies, entrevistas profundas y encuentros multitudinarios, Macri se atrinchera en Olivos y ni sus pares quieren aparecer junto a él. Y no sólo es el Buen Mauricio el que empieza a padecer la soledad: la gobernadora Vidal quiso lanzar su campaña con la plaza de Morón llena y apenas la mitad la saludó en su cumpleaños y el Jefe de Gobierno Rodríguez Larreta no sólo ve amenazada su reelección sino que pierde la compostura porque los vecinos de la Villa 31 no votaron por él a pesar de las transformaciones que hizo en el lugar. Después critican el populismo y el clientelismo pero parecen exigir pleitesía porque “hacen lo que hay que hacer” y tantas veces prometieron.
Esta vez no prometen nada porque ya está a la vista que lo que menos saben es cumplir. Sólo tratan de vanagloriarse por logros inexistentes y de iluminar el futuro con la exigua llama de metáforas cada vez menos efectivas. Y como ya están resignados a una humillante retirada, recrudecen su desprecio de clase y fabulan conspiraciones que están muy lejos de ser realidad.
Los que se irán
Como si el vaciamiento de las reservas para alimentar la bicicleta financiera y la negativa a declarar la Emergencia Alimentaria no bastaran, la ministra Bullrich sigue demostrando ignorancia y odio. Amenazada por la decisión de la Cámara de Comodoro Rivadavia de reabrir la causa de Santiago Maldonado, apela una vez más a sus gruñidos etílicos para defender a los efectivos involucrados en su desaparición seguida de muerte. Además de vomitar bilis y mentiras, esputó una frase absurda para incrementar la incomprensión de sus manipulados seguidores: "los miembros de las fuerzas de seguridad también tienen derechos humanos”, cuando en realidad son los que los vulneranY por supuesto, denostó a los familiares del joven artesano, a los jueces y a los organismos de derechos humanos con la aversión propia de los que se acurrucan en el peor lado de La Grieta.
Así son los amarillos: exponentes de una clase angurrienta que ve la vida color verde, pero no porque sean defensores del medio ambiente ni estén a favor de la IVE, sino porque sólo piensan en los dólares que sacan de las entrañas de la población sufriente; hediondos xenófobos perfumados con unas gotas de tolerancia fingida; ignorantes que tratan de amoldar la realidad a su caprichosa y excluyente versión de la vida. Así son los cambiemitas: colonizadores que tratan de imponer a martillazos el ideario apolillado del Granero del Mundo.
Algunos dicen que ésta es la consecuencia de un gobierno copado por empresarios. Si lo fueran ya estarían fundidos y no con fortunas incontables en paraísos fiscales. Como empresarios son pésimos porque están arruinando el país, la “empresa” que debían administrar. Si fueran empresarios o Ceos, los números en rojo los desterrarían del mundo empresarial. No son empresarios ni gerentes fracasados, sino saqueadores exitosos que desde mucho tiempo atrás deberían estar entre rejas. Lo que pase con Ellos después de las elecciones es lo que garantizará un futuro más amigable. Esta debería ser la principal exigencia para los próximos años: no sólo sanear las heridas que dejó el Cambio sino también recordar para siempre quiénes fueron los que las provocaron.

jueves, 5 de septiembre de 2019

De atractividades y reperfilamientos


Ahora que las papas queman, Sandleris dice que los que compran dólares son pocos: lo mismo que argumentaban los funcionarios del gobierno anterior para justificar los controles de cambio. Que los PRO "digan si son kirchneristas", si no, no entendemos nada. Todo es muy confuso. No paran de afirmar que éste es el camino y que lo que logramos en estos años es maravilloso, pero disparan las alarmas y preparan los botes; ponderan el trabajo en equipo pero se están desgranando cada vez más; auguran que la pobreza descenderá cuando se estabilice el dólar, mientras los ricos son más ricos y los pobres, más pobres. Ni el nobel de Economía Paul Krugman la tiene clara: está “llorando por Argentina y tratando de entender el desastre. En el lenguaje de los Amarillos, vamos por un túnel oscuro en un barco averiado a la deriva escalando el Aconcagua. ¡Qué difícil es disfrutar de esta Revolución de la Alegría!
No es para menos, porque mientras el fiscal Stornelli goza de su rebeldía cada vez más solo, en lugar de Pobreza Cero, tendemos a las reservas cero. Estos sí se están robando todo. Desde que Macri y su Gran Equipo firmaron el acuerdo con el FMI, de cada diez dólares, ocho se han fugado. Y, como el director del Central, Guido Sandleris aclaró que son muy pocos, podríamos identificarlos para que sean ésos los que devuelvan los 36 mil millones de dólares que se llevaron, en lugar de los que no vimos ni uno. Mientras el policía de la patada altera las pruebas para fabricar la mala suerte que diagnosticó Patricia Bullrich, la inflación, que Macri prometió bajar en dos minutos, va a superar el 50 por ciento. Desde diciembre de 2015, la duplicaron, aunque el ministro Lacunza afirma que está bajando. Por lo que parece, descendieron de la nave madre sin traductor.
Todo se empobrece: sobre todo la discusión política. Las miles de metáforas que utilizan los cambiemitas para disfrazar el latrocinio es una muestra de eso: el río, el barco, el túnel, la tormenta y demás escenarios oscuros sustraídos de la literatura. En una señal más de la crueldad de este modelo, el hasta ahora inmune Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, no conforme con protagonizar una exitosa canción y después de intoxicar con pizza a los chicos de una escuela, disfraza su egoísmo con una cínica etiqueta: llama “reemplazos” a los recortes presupuestarios en la magra vianda de nuestros estudiantes, bajando calidad y valores nutritivos. Para Ellos está bien que los chicos coman porquerías para incrementar las ganancias de unos pocos, pero si alguien menciona el retorno de la Junta Nacional de Granos o propone una reforma agraria, entonces pierden la capacidad para el lenguaje metafórico.
El camino de lo imposible
Y si no encuentran metáforas, nada mejor que los juegos de palabras que no dicen nada aunque parezcan decirlo todo. Después de “Sí, se puede”, apta para grito de liberación como para carta de suicidio, “Haciendo lo que hay que hacer” es una de las mayores genialidades de la inventiva PRO. “Lo que hay que hacer” ¿para qué? Para todo “lo maravilloso que estamos logrando juntos”. Y si uno pregunta qué tiene de maravilloso el incremento de la pobreza, la pérdida de reservas o la caída del empleo, ellos dirán que lo maravilloso es que lo hagamos juntos, en equipo, porque éste es el camino, el más difícil porque no hay que tomar atajos ni apelar a soluciones mágicas. Más magia es pensar que con la caída de la actividad generalizada vamos a crecer y que con precarización laboral y previsional la vida de todos será mejor.
Al contrario: en estos tres años y medio de fomentar la bicicleta financiera los bancos obtuvieron más del doble de ganancias que durante los doce años de kirchnerismo. De enero de 2016 a junio de 2019 las ganancias especulativas acumulan más de 424 mil millones de pesos contra menos de 200 mil de 2003 a 2015. Y esa ganancia extraordinaria es lo que cercena nuestro bienestar, lo que tenemos de menos en la vida cotidiana, lo que provoca que muchos no puedan ni comer.
Además de saquearnos como nunca y dejarnos una herencia pesadísima, se burlan de la manera más impiadosa. Como el secretario de Cultura, Pablo Avelluto que considera la Emergencia Alimentaria un eslogan de campaña. “Parece que en la Argentina -declaró el insensible funcionario- medio país se estuviera muriendo de hambre y eso es mentira”. No, la mitad no, 'apenas un tercio'. Con que sea uno, en un país con la capacidad para alimentar a más de 300 millones de personas, debería preocuparnos. Él mismo lo dice: que el hambre es "un fracaso no sólo de este Gobierno, sino de la Argentina”. Más que un fracaso, es un éxito de los insaciables que son capaces de propalar miseria para incrementar sus fortunas. Y para evidenciar la incomprensión y el cinismo de este sobrealimentado funcionario, explicó que “el Gobierno está haciendo esfuerzos por aliviar la situación de los más vulnerables". ¿Qué esfuerzos? ¿De qué manera la timba financiera contribuye a disminuir el hambre? ¿Acaso los hambreados deberán trasladarse a algún paraíso fiscal para conseguir un plato de comida?
Avelluto afirma que el hambre es culpa del país y no de la desigual distribución de sus riquezas. Alguno aclarará que todos somos responsables y otro recordará que cuando la culpa es de todos, termina siendo de nadie. Si unos pocos acaparan casi todo es porque hay una aceptación de que las cosas sean así. No de todos, pero sí de muchos: de esos que ven a los pobres como una causa y no una consecuencia; que siguen pensando que los ricos no roban y que los empresarios son buenos administradores del Estado; que abrazan los argumentos del patrón y por eso se sienten contagiados de estatus; que creen que la vida es puro sacrificio y cualquier disfrute, un pecado; que se escandalizan cuando alguien propone limar los privilegios de los miembros del Círculo Rojo pero aplauden hasta despellejarse con la reforma laboral, aunque terminen siendo sus víctimas.
El desafío no es sólo ganar una elección, sino convencer a los oscilantes. De nada servirá apartarnos por un tiempo de este tortuoso camino para retomarlo cuando las cosas nos vayan mejor. De nada sirve un nuevo gobierno que prometa más alivio que transformación. De nada sirve si no avanzamos contra todo lo que hoy nos parece imposible.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Sobre éxitos y fracasos


El Cambio nos hace experimentar situaciones insólitas, desde responsabilizar a los votantes por la crisis financiera que el Gran Equipo fabricó hasta exigir que hable CFK después de haber estado años ordenándole que se calle. Las tendencias en las redes Fernández traidor o la tienen escondida hablan tan mal de los que elaboran esos mensajes como de los que los creen con los ojos cerrados. Ni hablar de los memes que muestran a la ex presidenta incendiando La Rosada con un bidón de nafta: explicaciones para imbéciles. Éste es el resultado de haber malogrado la conciencia de unos pocos con engaños y patrañas que deberían avergonzar a los que siguen creyendo. Ahora no hay vuelta atrás, por más que la nonagenaria de almuerzos y cenas califique al Ingeniero de fracasado.
Del triunfo al fracaso, así lo sintetizó en su mesaza, a pesar de que algunos de sus invitados trataron de defender con sandeces la gestión de Macri. Ni lo uno ni lo otro: cualquier multimillonario es un triunfador, más aún cuando su fortuna es espuria y la impunidad que lo cubre le permite acceder a la presidencia del país; nadie es un fracasado si logra sentarse en todos los lados del mostrador para incrementar sus negocios y los de sus amigotes. Y si después de estos cuatro años de vulnerar la institucionalidad y arruinar nuestras cuentas sale como si nada a disfrutar del botín, se convertirá en el delincuente más exitoso de la historia. El giro discursivo de la Diva, por más que parezca una crítica, no es más que una forma elegante de abandonar el blindaje para seguir confundiendo a su audiencia.
Esta es la lección más importante que nos deja el Cambio: el que engaña una vez, engaña siempre, aunque se vista de periodista independiente y autocrítico. “En boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso” sentencia un viejo refrán y los que ahora se muestran arrepentidos por haberse equivocado tanto no hacen más que tratar de recuperar el rating que se escapa como agua entre los dedos. Y también el prestigio, por haber callado durante tanto tiempo lo que se sabía desde el principio: que el plan angurriento del Gerente de La Rosada SA y su equipo de tránsfugas nos iba a llevar a la hecatombe.
Pero algunos siguen por el absurdo sendero de brindar excusas: pasaron cosas, fueron las tormentas o la culpa la tiene el que vendrá. Algo de esto dirán en estos días para justificar el decreto dominguero que reinstala el control cambiario tan denostado, la obligación de liquidar exportaciones y la restricción a las multinacionales de remitir utilidades. ¿Los caceroleros oficialistas considerarán que estas medidas restringen la libertad y marcharán, como antaño, para defender su derecho a comprar dólares?
Eufemismos de los cuatreros
De ninguna manera Macri puede considerarse un fracasado: es el primer presidente de la historia que defaultea la deuda que él mismo ha tomado; recibió una economía desendeudada y la devuelve reperfilada, la manera PRO de decir “en ruinas”. Tan exitoso es que logró destronar a De la Rúa del podio de los peores. Insuperable. No sólo es mérito del Buen Mauricio: todos los integrantes del elenco oficial se han esforzado para salir en la foto de los funcionarios más impresentables. Después se sorprenden porque fueron derrotados en las elecciones primarias. Y con estas medidas tardías intentan impedir la segura derrota de octubre.
No sólo con disposiciones en las que no creen, sino con metáforas superficiales y tontuelas, como la de Marcos Peña Braun: “fue como una crisis de pareja; no nos entendimos con los votantes”. Los amarillos tienen una extraña manera de amar: vaciar las reservas, empobrecer a la población, incrementar bestialmente las tarifas, renunciar a la soberanía, alentar la represión deben estar incluidas en sus relaciones de pareja. Y a todo eso, que a todas luces es violencia doméstica, Ellos lo llaman falta de entendimiento. El lenguaje PRO está plagado de eufemismos burdos para disfrazar el plan de saqueo que Macri aplicó desde el principio. Y sin bidón de nafta ni fósforos, Cristina, durante otra multitudinaria presentación de su libro “Sinceramente”, brindó la más exquisita síntesis de todo esto: “no es de mal presidente, es de mal ser humano”.
Falta de entendimiento, dicen los amarillos que se jactaron desde el primer día de tenerla re clara; que, con la soberbia de clase que los caracteriza, pusieron el país en manos de los especuladores; que se erigieron como paladines del diálogo y el consenso y ahora vienen con el verso de que no nos entendieron y aprendieron a escuchar. Esto es una estafa desde el primer día, porque todas las medidas que tomaron apenas asumir nos iban a llevar indefectiblemente a esto. Y la nueva etapa de este fraude ya no tiene cara de Dujovne sino de Lacunza. Con la seriedad de un chiste en un velorio, el recién estrenado timador inventa excusas para este giro de campana, como “sobredimensionamos nuestra capacidad” o “subestimamos la herencia”. Mentira, por supuesto, cualquiera con media falange de frente sabe que la Libertad de Mercado termina oprimiendo al resto. Atrás quedaron las reglas claras y todas las patrañas con que justificaron la retirada del Estado para facilitar el libre accionar de los buitres.
Esto no es un fracaso, sino un éxito rotundo, porque a pesar de todo esto aún pueden arañar el 30 por ciento en la intención de votos. Y no sólo los periodistas cómplices están renunciando a su apología: muchos de los grandes empresarios que aplaudieron fervientes la llegada de Macri están vertiendo severas críticas al Ingeniero y se están reuniendo con Alberto Fernández para que les prometa salvar sus fortunas.
Por más que Mirtha lo califique como fracasado, Macri se retirará con el éxito de mantenerse en el cargo a pesar de los tarifazos, la inflación, la caída del PBI, el desempleo, las 50 off shore (que son como bóvedas) y los conflictos de intereses (‘corrupción’, para el cacerolero promedio). Muchos de sus funcionarios también son exitosos y hasta se convertirán en acreedores de la deuda que tomaron en nombre del Estado: serán buitres amarillos. Todos son exitosos porque conquistaron La Rosada disfrazados de lo que no son para hacer lo que prometieron no hacer. Un éxito rotundo porque lograron imponer el verso de La Pesada Herencia para dejarnos una herencia pesada en serio. Y el éxito será mayor si salen impunes después de tanto daño, en unos meses se convierten en feroces críticos y en un par de años aparecen como candidatos bien posicionados. Eso será un éxito para Ellos y un nuevo fracaso de nuestra memoria colectiva.

jueves, 29 de agosto de 2019

El Cambio: una pesadilla recurrente


La jugada es tan siniestra como increíble. El discurso oficial y dominante trata de pegotear al candidato opositor Alberto Fernández al seguro fracaso de la economía amarilla. El riesgo país aumenta al ritmo de la inflación y ya supera los 2100 puntos. Sí, se puede. Y por si esto fuera poco, el FMI introduce en la discusión la idea del vacío de poder y toma al ganador de las PASO como si ya fuera presidente electo. Hasta dejaron correr el rumor de la necesidad de un adelantamiento de las elecciones, mientras un sector de Cambiemos supone que Macri no llegará a completar su mandato. Tan desesperados están por la posible derrota electoral, que productores agropecuarios de Tucumán prometen a sus empleados un bono de 5000 pesos si el Buen Mauricio llega al balotaje. Y para que no queden dudas de que dan manotazos de ahogado, ya están metiendo en la agenda una transición todavía lejana.
Pero hay más, porque los fanáticos cambiemitas acusan a los kirchneristas de destituyentes, cuando en realidad es el propio Macri el que hace lo imposible para que todo se derrumbe. En una estoica aceptación de su futuro, consideró la posibilidad de que a partir del 10 de diciembre sea oposición. Y como muestra de su incontenible hipocresía, afirmó que en ese caso, "apoyaría todas las cosas en las que creo", algo tan ambiguo como "mantener lo bueno y cambiar lo malo" que sostenía en campaña. O como asegurar que "lo más importante para nosotros es salir adelante”,  sin aclarar a quiénes incluye ese 'nosotros' y adónde queda 'adelante'.
Ya deberíamos estar acostumbrados a las generalidades y vacíos conceptuales  que pueblan la verba del empresidente. Él es el que ganó con la promesa de cambio y, para nombrar de manera elegante el saqueo salvaje que estamos padeciendo, se apropió de una expresión como "trabajo en equipo" que nos costará mucho tiempo recuperar. Él es el que constantemente pregona sobre el diálogo y el consenso para referirse al acatamiento a las órdenes que emanan del poder fáctico. Y también ensaya una expresión beatífica para pontificar sobre la verdad, aunque ya sabemos que es un fabulero de feria.
Antes de las elecciones, había lanzado esa extraña idea de convencer sin argumentos, como si los votantes fueran autómatas y ahora, en un intento más de engatusar, sale él y su banda con la cantinela de que “aprendieron a escuchar”. Como si fuera una virtud después de tres años y medio de deteriorar todo sin atender las advertencias, abrir sus oídos para escuchar los lamentos de los padecientes. Entonces, como si fuera un relator de la realidad y no su artífice, simula empatía con un relato jamás experimentado por él sobre lo que es no llegar a fin de mes y que todo aumente de manera alocada. Tanto simulacro, en estos tiempos, ya es insoportable.
Ilimitada paciencia
Tanta farsa es una falta de respeto a la banda presidencial que jamás debió vestir un personaje como él. En una muestra extrema de enajenación, aseguró estar convencido “de que el 27 de octubre vamos a ratificar este rumbo. Vamos a convencer a algunos que están con bronca de que todo lo que hemos conseguido es mucho”. Claro que es mucho todo lo que consiguieron: se perdonaron sus deudas, blanquearon sus evasiones, absorbieron todos los negocios, incrementaron sus ganancias con tarifazos, fugaron todo lo que pidieron prestado y cargaron las facturas sobre nuestras espaldas. Y por si esto fuera poco, empujaron a muchos ciudadanos a padecer hambre y miseria. Además, incrementaron la desigualdad, provocaron desempleo, duplicaron la inflación, potenciaron la concentración, alentaron la especulación y todavía estamos esperando la lluvia de inversiones, el segundo semestre, los brotes verdes y todas las pamplinas con que lograron embaucar a muchos que hoy están más que arrepentidos.
No es sólo bronca, sino mucho más que eso. Hartazgo, furia, indignación. Ganas de que se vayan de una buena vez antes de que sigan arruinando más las cosas. La inserción al mundo nos condujo a ser uno de los países más endeudados y con el Riesgo País más alto. Tanta es la fragilidad en que nos dejan los cambios estructurales que han realizado que estamos renegociando una deuda que no nos sirvió para nada. Una forma de default selectivo que, en el afán de camuflar esta estafa, llaman “reperfilar”, un novedoso moño para adornar la Pesada Herencia que nos dejan de verdad.    
Pero hay más. Porque lejos de reconocer los errores –dicho con elegancia- que han cometido desde el primer día, quieren responsabilizar a la oposición de la situación en que nos metieron. Ahora sí convoca al Congreso para renegociar la deuda, después de haberlo ninguneado, presionado y denostado. Ahora sí se preocupan por las instituciones que pisotearon a fuerza de decretos inconstitucionales. Ahora sí nos piden ayuda a todos, después de habernos humillado con promesas incumplibles por este camino, de mentirnos en la cara con desparpajo, de demonizar de todas las maneras posibles, de culpar a otros por las faltas propias, de justificar muertes injustificables… Ahora que nos estamos hundiendo por el boquete que practicó El Gran Equipo, nos piden los botes, los salvavidas y los chalecos inflables.
Y la que se viene cuando sean oposición. Desde los medios que serán acólitos del modelo que nos desbarrancó otra vez, hablarán de impunidad cuando los injustamente encarcelados vean la luz y de persecución política cuando empiecen los procesos judiciales de estos delincuentes profesionales y confesos. El coro enloquecedor volverá con los choriplaneros, los negros que no quieren laburar, el látigo y la chequera, el populismo, la Cadena Nacional y “el dedito levantado”. Y por qué no remasterizar viejos hits, como el asesinato de Nisman o las pibitas se embarazan por la platita. Otra vez saldrán los caceroleros que defienden la República y la Democracia pero piden proscripción, a ventilar odio, a ostentar incomprensión; esos que el 24 A salieron a protestar por el resultado desfavorable de las elecciones, desde el 10 de diciembre, harán sonar sus cacharros contra todo lo que busque cierta equidad. Los titulares denunciarán que nos están llevando a ser Venezuela, Cuba o Tombuctú. Los periodistas seguirán siendo cómplices del Círculo Rojo y construirán con su falaz opinión el presente de pesadilla que durante tres años y medio ocultaron. En fin, el mito del eterno retorno o el País de Nomeacuerdo. Alguna vez vamos a salir de este laberinto.

lunes, 26 de agosto de 2019

El amargo sabor de la despedida


Las movilizaciones siempre son saludables, tanto las de apoyo como las de protesta. El problema con las marchas del 24A que se concretaron en distintos puntos del país es que no se sabe qué apoyan ni contra qué protestan. Que el empresidente Macri haya utilizado el balcón de La Rosada para un acto partidario es un indicio más de que se cree dueño de las instituciones que tanto declama defender. Lo de la eliminación de las vallas y la apertura de las rejas evoca una vieja consigna PRO: “vos sos bienvenido”. Y los bienvenidos fueron aquellos que mejor respondieron a la colonización informativa del discurso dominante y que hacen propio el ideario del lado más oscuro de la Grieta.
 El mediano éxito de la convocatoria augura una despedida. El contenido de cánticos y consignas indica una incomprensión de todo. El relato de los cronistas revela el odio y el desprecio de unos cuantos que agredieron a los que intentaban pernoctar en los alrededores de la Plaza que sabe de multitudes. La edad promedio de los manifestantes sugiere un rechazo ancestral que se marchita. El clamor por la proscripción de CFK –“Argentina sin Cristina”- es una muestra de que comprenden poco de República y Democracia. El esfuerzo que hicieron los medios dominantes por magnificar la movida, después de haber minimizado cientos de marchas más contundentes, confirma cuánto vulneran el derecho a la información. 
“Borom bom bom, el que no salta, es un ladrón” cantaron con entusiasmo, convencidos de que un PBI en el ARSAT es más real que cincuenta empresas offshore. El prejuicio indigna más que la certeza, a pesar de que las causas contra la expresidenta y sus funcionarios se desmoronan a poco de comenzar los verdaderos juicios. La sentencia de un titular vale más que la de los jueces. Aunque las pericias revelen que no hubo sobreprecios ni desvíos en la ejecución de la obra pública en Santa Cruz y que la Ruta del Dinero K fue una falacia dominguera, los globoadictos seguirán acusando de chorros a cualquiera que se oponga a la infernal Macrilandia. Aunque hayan marchado para defender la República, consienten que existan presos sin condena, tanto ex funcionarios como propietarios de medios opositores.  
Una contradicción que emana desde la cabeza del desgobierno amarillo. El Ingeniero que cuestionaba la Cadena Nacional porque “interrumpía la telenovela”, ahora exige que CFK salga a hablar porque “el silencio no nos da tranquilidad”. Y ese silencio que tanto le incomoda no existe porque ella sigue hablando mucho y ante multitudes que dejan a esta marcha de apoyo al saqueo como una minúscula congregación geriátrica.
Víctimas de un licuado mental
Algo insólito: los manifestantes protestaron contra el posible triunfo de Les Fernández en octubre. Los pocos entrevistados por los periodistas que lograron sobrevivir al intento de realizar su trabajo explicaban que el resultado de las PASO había sido fraguado por narcotraficantes que no dejaron ingresar fiscales PRO a las mesas electorales. Hechos inexistentes que nadie denunció, salvo la diputada Elisa Carrió, que sabe vomitar incongruencias sin rendir cuentas a nadie y que calan hondo en los bastantes que confían en su palabra. Y así terminan balbuceando fantasías apocalípticas que se viralizan por las redes y se convierten en memes desopilantes.
Así van, denostando la inexorable voz de las urnas en defensa de la Democracia y afirmando defender la República que, debilitada por los atropellos amarillos, aún goza de buena salud. Así se expresan, convencidos de sumarse a una fuerza no política que está aniquilando la economía del país y nos deja décadas de deuda. Así celebran que los pobres, hambreados y excluidos sean cada vez más. Así alientan las muertes que acumula –más de una por día- La Revolución de la Alegría por violencia policial.
Inmunes a la angustia que se expande, aceptan las explicaciones más absurdas y se suman al silencio oficial ante hechos aborrecibles. Ajenos a la legalidad, asimilan que la ministra Bullrich –eyectable desde hace tiempo- justifique la patada mortal de un policía a un borracho desorientado con "cuando un policía termina con una amenaza está haciendo lo correcto". Y para entorpecer aún más el entendimiento de los fanáticos explicó que “un cuchillo es una de las armas más peligrosas que puede tener una persona" ante más de cuatro policías con casco y chaleco anti balas. La ferviente apatía de los que salieron a la calle el 24A ignora, al igual que el oficialismo, que Vicente Ferrer, un hombre de 70 años que intentó hurtar algunos productos de un supermercado, murió por la ciega obsecuencia de los custodios y la inacción de los policías que observaban con deleite la golpiza letal. Coto no sólo almacena un arsenal en sus locales sino también, cuando no te conoce, te asesina.
Por segunda vez como presidente, Macri se asomó al balcón de la Casa Rosada, con exagerada emoción ante la muchedumbre que apenas llenaba la mitad de la Plaza. En medio de sus gritos futboleros, pronunció una frase entera cuyo contenido debería desalentar a todos: “tres años y medio es poco tiempo para cambiar todo lo que hay que cambiar”. Tanta generalidad contiene esta oración que hasta parece razonable, salvo que los resultados de tanto cambio pronostican mayor deterioro en la vida cotidiana de la mayoría de los argentinos.
Si algo hay que agradecer al Ingeniero es que exhibió públicamente la horrenda cara del Poder Real; detrás de sus alocuciones vacías se esconde la voracidad de un puñado de angurrientos incontenibles, que no generan nada pero que se llevan todo; que son capaces de desmontar bosques para sembrar avaricia. Un Poder Real tan destructivo que no siente remordimiento por la tierra arrasada que deja a su paso.
Esto es lo que hay que cambiar en serio: que la vida de todos gire en torno a las apetencias insaciables de unos pocos. Si no se comprende esto, tenemos por delante un camino laberíntico poblado de avances y retrocesos con destino de decadencia perpetua. Un concepto complejo para los que se encandilan con globos y sacrifican sus conciencias en el altar del capitalismo más bestial con tal de que no gobiernen aquéllos a los que aprendieron a odiar.

jueves, 22 de agosto de 2019

La boca que mata al pez


Uno sabe que recomponer todo lo que han roto estos tipos es un desafío para el futuro. Hay otros, quizá menos prioritarios pero sí imprescindibles, como contar qué nos pasó y sobre todo, cómo pasó todo esto. Durante la campaña 2015 hubo millones de advertencias, no sólo desde los que eran candidatos oficialistas antes de ese fatídico balotaje, sino también desde los propios candidatos de los que entonces eran oposición: decían estupideces antes y las siguen diciendo ahora. El maquillaje intenso, el denuncismo arbitrario y la vocinglería criticona de los medios convirtieron la incoherencia verbal de los amarillos en genialidades óptimas para conquistar el Sillón de Rivadavia.
Algún laborioso compilador podría elaborar una antología de las frases más memorables de los integrantes del Mejor Equipo de los Últimos 50 Años, no sólo para leer como chistes en una fiesta aburrida, sino para mostrar a nuestros descendientes cómo ocultan sus peores intenciones los exponentes del Poder Real. Porque ante eso estamos: el establishment hecho gobierno; los más ricos empresarios, lo peor del poder judicial, los más cínicos gerentes, acólitos, meritócratas y obsecuentes acovachados en La Rosada para succionarnos todo; y un coro de fabuladores con la potestad de construir un público prejuicioso y odiador gracias a un monopolio mediático inadmisible en cualquier país del mundo.
Desde aquel aciago 10 de diciembre de 2015 nuestros oídos han sido saturados con las locuciones incongruentes de estos farsantes -el Buen Mauricio y todos los que lo secundan- para disfrazar de Revolución de la Alegría este pillaje inconmensurable. Con cada uno de ellos, llenaríamos un tomo. Los balbuceos de la vice Michetti, las bravuconadas etílicas de la ministra Bullrich o las atrocidades legales de Laura Alonso convertirían la colección en la más destacada pieza de la Galería del Ridículo. La metáfora del túnel de la rodante Gaby sería una muestra de los estragos mentales que puede provocar el pensar anti político y la célebre sentencia de Bullrich –“el que quiera andar armado que ande armado”- sería el resultado de sostener un funcionario elegido por mero capricho.  
El Jefe de Gabinete, Marcos Peña Braun, con su verborragia contundente y a la vez, vacua ha logrado presentarse ante la sociedad como un político ideal, aunque es el más chanta de todos. Al defender la decisión de transportar a Luis Caputo del Ministerio de Finanzas al Banco Central, apeló a una demagógica metáfora futbolera al comparar su avidez especuladora con la magia de Messi. Y en uno de sus informes en el Congreso, exclamó, con cinismo: “la corrupción son los bolsos de López, no las offshore”. Habría que ver qué dice ahora, que se ha demostrado en el juicio al ex funcionario K que gran parte de esos nueve millones de dólares provenían de la empresa IECSA, cuyo dueño era entonces el testaferro presidencial Ángelo Calcaterra. “No somos lo mismo”, rugió el funcionario, y los hechos demuestran que son peores que cualquier cosa que hayamos experimentado como gobierno.
Desinflando globolandia
A poco de comenzar esta pesadilla, el economista Javier González Fraga expresó en una oración el pensar de una clase: “les hicieron creer que con sus sueldos medios podían comprar plasmas, celulares, viajar…”. Aunque parezca mentira, muchos de los aludidos adoptaron la idea como una justificación del sacrificio por venir. Además de confesar lo que piensan de nosotros, también nos provocan, como cuando el ex ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne se sorprendió porque el bestial ajuste no hizo caer al gobierno.
Algunos habrán aplaudido al escuchar a Prat Gay hablar de la “grasa militante” o habrán aceptado los primeros tarifazos porque representaban apenas dos pizzas. O se habrán emocionado cuando el apologista arrepentido y fosforescente Luis Majul explicó en su programa que Macri “tiene algo de Nelson Mandela”. Gracias a estas estupideces verbales convencieron a muchos distraídos y sostuvieron un consenso inusitado. Ahora que el Cambio está desnudo, la adhesión está menguando lo que anticipa un feliz desalojo.
En este apresurado recorrido falta el personaje principal de esta tragicomedia: el empresidente Macri. Desde la promesa de construir “puertos en Santiago del Estero” hasta la que usó para alardear su soberbia: “la inflación es una muestra de la incapacidad de gobernar”. Su locuacidad robótica ocuparía la mitad de los tomos de esta enciclopedia. Como una selección de sus frases de autoayuda, torpezas discursivas y mentiras flagrantes ocuparía muchos apuntes, con algunas de esta semana quedaremos satisfechos en la deconstrucción discursiva del impresentable mandatario.
O mejor con una, que sintetiza a todas. No la de “gracias por venir tan temprano un lunes” pronunciada por el Ingeniero el martes a las 830, sino la otra, la que le dijo al nuevo fracaso ministerial Hernán Lacunza: “te pido que cuides a los argentinos. No te lo pido como candidato, sino como presidente”. Con este simulacro de preocupación, confesó de todo. Primero, que él –por impericia o maldad- no es capaz de cuidarnos, a pesar de que lo prometió en campaña. Segundo, que el anterior ministro no nos cuidaba. Tercero, que al candidato no le interesa si nos cuidan o no. Y cuarto, ¿de qué nos tiene que cuidar el ministro? Con dejar de hacer lo que han hecho hasta ahora ya estaríamos a salvo, si lo único que nos ha puesto en peligro es el gobierno de Macri.
“La mona aunque se vista de seda, mona queda”, ilustra un viejo refrán. La boñiga con moño, sigue siendo boñiga. Por más que intente mostrarse ingenioso y simpático, siempre se escapa lo que abunda en su interior: cinismo, angurria y  malicia. Que todavía conserve un tercio del electorado hace necesaria la recopilación de las frases con que los miembros del Círculo Rojo disfrazan su despreciable y riesgoso pensar.

Lecciones desde el Altiplano

Una semana antes que en Argentina, Bolivia también tendrá elecciones presidenciales. Tanto allá como acá, el resultado es predecible . All...