jueves, 5 de mayo de 2022

Que no se rompa ni se doble

 

Además de la confusa dinámica de la actualidad informativa, algunos problemas personales me impidieron continuar con la publicación en este querido blog. Si bien esto no preocupó demasiado a los menguantes lectores -salvo algunos que manifestaron su inquietud- la escritura de un apunte ordena no sólo mi pensamiento sino también el de los que lo lean.

 Lo que antes era apenas un intercambio de visiones en el FDT ahora parece un cruce de potrero. Las declaraciones de Andrés Larroque pueden ser vistas casi como un crujido. Afirmar que Alberto Fernández “rompió el contrato electoral” es un poco exagerado. Que la coalición se haya armado por iniciativa de CFK con su mayor caudal de votos no justifica una deslegitimación de la figura presidencial. Pero tampoco es saludable tanta desatención por parte de Alberto a las sugerencias de Cristina. El que “tiene la lapicera” es él, pero no es el dueño absoluto del Gobierno. Tampoco Cristina es la dueña, aunque muchos lo sueñan. Por eso no es momento de imitar a Pimpinela, más aún cuando hay cosas que se están yendo de las manos. Algunos aclararán que nuestro régimen es presidencialista, pero nadie gobierna solo, ni siquiera un rey.

La experiencia de este gobierno es insólita: después del saqueo macrista, dos años de pandemia y una guerra en Europa. A pesar de todo, Argentina mostró el año pasado un crecimiento de más del 10 por ciento del PBI, entre los más altos del mundo. El de este año no será tan alto pero hay augurios de casi un cuatro por ciento. El uso de la capacidad instalada de la industria se ubica en 64,3 por ciento, cuando el año pasado estaba en el 58,3 por ciento. Las exportaciones del agro se incrementaron un 4,6 por ciento respecto al año pasado, con un total de 3.171.793.606 dólares. La inversión productiva se incrementó en un 15,7 por ciento y el desempleo descendió hasta el 6. Buenos números, por supuesto.

Lo que embarra el panorama y siembra confusión es el descontrol de los precios y la consecuente pérdida del poder adquisitivo de los salarios. No bastan las paritarias para contrarrestar tanto acoso de los angurrientos. La peor foto es la de los trabajadores pobres, que son muchos. Y eso no puede expresarse con un número, porque es una herida que un gobierno como éste debe saldar cuanto antes y no sólo por su continuidad electoral, sino también por la supervivencia de las víctimas de este saqueo

Y los que provocan la tragedia de sueldos que no duran ni dos semanas, los formadores de precio, se burlan de todos acusando a la inflación o al “por las dudas”. Los márgenes de ganancia de los grandes empresarios son una blasfemia, como el de ARCOR, que se ubica en 142 por ciento, inadmisible en cualquier latitud. Y lo que ganan de más los grandotes lo gana de menos el resto

Lo que está exigiendo el ala kirchnerista del FDT es una distribución más equitativa del ingreso cercana al 50-50 y no dentro de cinco años, sino casi ya. Y un poco de enojo por parte del Presidente hacia estos empresarios inescrupulosos. Mostrar sus ganancias en una Cadena Nacional alcanzaría para avergonzarlos ante una sociedad que cada vez accede a menos. Y si no, en lugar de tanto diálogo y acuerdo, habría que aplicar las leyes que castigan semejante “alteración del orden público”. Porque es eso lo que están haciendo con sus remarcaciones destituyentes para apropiarse cada vez más de lo que nos corresponde a todos.

lunes, 18 de abril de 2022

La golpiza de las corporaciones

 

Los conspiradores no cesan de provocar al Gobierno. El control de la inflación no da resultado y los bolsillos son saqueados todos los días por los (de) formadores de precio. Los que lograron incrementar sus ganancias en la pandemia y ahora con la guerra a costa de empobrecer al resto no están dispuestos a ceder un céntimo. Cualquier medida que tome el Ejecutivo o el Legislativo será, seguramente, frenada por algún juez amigo. Y si no lo hay, el Consejo de la Magistratura -ahora presidido por el presidente de la Corte Suprema de Justicia- podrá inducir a los que no lo son a proteger los intereses de una minoría cada vez más enriquecida.

El Poder Económico -aunque no está definido así en la Constitución- es el que realmente gobierna porque nunca se han aplicado los frenos que la propia Constitución establece para que no sean un poder. Malinterpretadas por propios y ajenos, la Vice Cristina manifestó una vez más que ocupar la presidencia no es tener todo el poder. Constitucionalmente, es un tercio; el segundo tercio es el Legislativo y el resto, el Judicial. Pero hoy el Económico –inconstitucional- es el que condiciona a los otros tres. El desembarco de Horacio Rosatti –juez de la Corte nombrado por decreto y autovotado como Presidente- al Consejo de la Magistratura significa el alineamiento de sistema de (in)justicia a las avaricias del Poder Real. No sólo por poner el sistema de Justicia al servicio de una minoría es una aberración, sino porque literalmente es anticonstitucional. El artículo 114 establece:

El Consejo será integrado periódicamente de modo que se procure el equilibrio entre la representación de los órganos políticos resultante de la elección popular, de los jueces de todas las instancias y de los abogados de la matrícula federal. Será integrado, asimismo, por otras personas del ámbito académico y científico, en el número y la forma que indique la ley.

Como puede apreciarse, no establece que sea el Presidente de la CSJN quien lo integra sino lo que indique la ley. Pero los Supremos derogaron una ley después de 16 años de funcionamiento y restauraron una que había sido derogada por el Congreso, algo que de ninguna manera pueden hacer. La aproximación al Poder Real contagia bastante esa impunidad de la que gozan los privilegiados, que ya no son más los niños.

Los que se llenan la boca de República, Democracia y coso no paran de pisotear la institucionalidad. Si nos pusiéramos estrictamente constitucionalistas, otro sería nuestro país. Unos años atrás, cuando era presidenta, CFK fijó como meta “la igualdad de oportunidades para todos y todas”. Un imposible porque la igualdad significa la eliminación de todo lo que nos diferencia, incluidos apellido, herencia, educación privada. Pero no es una aspiración ideológica de la Vicepresidenta sino un mandato constitucional del artículo 75 inc 19, que establece que el Congreso debe sancionar leyes que “aseguren la responsabilidad indelegable del estado de garantizar la igualdad de oportunidades y posibilidades sin discriminación alguna”.

Ahora es el momento de recuperar el poder que se ha perdido: el popular, que debería ser el primero, el principal. Para ello se requiere mucha audacia de los poderes políticos -del Ejecutivo y el Legislativo- que deben tensar la relación con los avarientos poderes concentrados. Y no sólo con sus decisiones sino también con La Palabra. Hay que explicar los que pasa y exponer con nombre y apellido quienes dificultan la distribución igualitaria de la renta. Recuperar el salario perdido desde 2015 debe ser el principal objetivo de esta puja. Los que se opongan quedarán en evidencia al demostrar que son anticonstitucionales y les importa un pepino el padecimiento de gran parte de los argentinos.

miércoles, 6 de abril de 2022

La impotencia nos acosa

 

No es así, pero parece que el presidente diseña su propia derrota, que será la de la mayoría. Las medidas parecen una versión microscópica de sus anuncios. Sus decisiones buscan más la conciliación que las soluciones. Ya se muestra vencido ante un establishment que no se atreve a enfrentar. El que en campaña anunciaba que no iba a “pagar la deuda con la mesa de los argentinos” permite que los alimentos estén por las nubes. El Poder Real lo tiene acobardado, maniatado, tan enmudecido que ni siquiera se anima a explicar a la ciudadanía qué es lo que está pasando. Las filminas quedaron en el olvido. La debilidad o la flojera que demuestra produce un efecto derrame hacia todos sus funcionarios que se sienten incapaces de enfrentar la crisis con el coraje necesario. Mientras tanto, el PRO y sus secuaces explotan la inacción oficial para desembarcar con el modelo destructivo que ya hemos conocido.

La Guerra contra la Inflación terminó como una aceptación de las reglas de los especuladores. Ni se le ocurre denunciar cuánto están ganando los que condenan al hambre a gran parte de los argentinos. Los grandes empresarios destinan al salario la mitad que siete años atrás y eso se nota. “¿Quién se está quedando con lo que cobraba un trabajador en 2015?” preguntó Máximo Kirchner en un acto en Merlo. No hay que indagar mucho para responder: con sólo echar una mirada a las ganancias empresariales en 2020 y 2021 basta para descubrir a los que se apropiaron del poder adquisitivo de la mayoría. Y los productores agropecuarios que inundan las rutas con sus lágrimas de avaricia también contribuyen al descalabro de los precios: en los tres primeros meses del año más que duplicaron sus ganancias con la venta de granos. Encima, invocan rayos y centellas si el Gobierno intenta subir unos puntos las retenciones o reducir cupos de exportación en beneficio del mercado interno, pero protestan a los cuatro vientos –o a quichicientos micrófonos- porque no consiguen el gasoil al precio subsidiado por el Estado que tanto desprecian.

El secretario de Comercio, Roberto Feletti confesó su impotencia: “milagros uno no hace”, como una forma de reclamar medidas macroeconómicas en la lucha contra los aumentos desproporcionados de precios. Como decisión ejemplar, multó a Molino Cañuelas, a la Federación Argentina de la Industria Molinera y a la Cámara de Industriales Molineros y a la Asociación de Pequeñas y Medianas Industrias Molineras de la República Argentina “por ejecutar una práctica horizontal concertada de fijación de precios mínimos e intercambio de información sensible en el mercado de la molienda de trigo y la comercialización de harina de trigo en todo el territorio nacional, afectando el interés económico general del mercado”. Como no podía ser de otra manera, la Federación Argentina de la Industria Molinera rechazó con argumentos falaces la millonaria sanción y amenazó con recurrir a algún juez amigo que patee a veinte años la resolución.

Así, el oficialismo se deja pisotear. Y no sólo el Ejecutivo, sino también el Legislativo que, casi sin chistar, empieza a tratar una nueva ley del Consejo de la Magistratura después de que la Corte Suprema de Justicia declarara inconstitucional la norma vigente durante 16 años. Un atropello, una intromisión de poderes, una malversación constitucional. El Círculo Rojo tiene su poder intacto y sigue condicionando a los proyectos que pretenden limar sus privilegios, aunque el gobierno del FDT –por ser cada vez menos de Todos- ni siquiera lo intenta. Abandonar de una vez el dialoguismo ante tanta prepotencia ayudaría a superar el complejo de inferioridad que el oficialismo ostenta y así recuperar poder para que no nos sigan pasando por encima.

jueves, 31 de marzo de 2022

Los ricos no piden permiso

 

La oposición está desencajada y el oficialismo busca su rumbo, mientras gran parte de los argentinos padece la irracionalidad de los precios. Los primeros disputan ante las cámaras la candidatura a la presidencia, aunque falta más de un año para las elecciones. Macri no sólo piensa en el bridge, sino también en el tan temido Segundo Tiempo. Él afirma que quiere volver al Poder, como si alguna vez lo hubiera perdido: gran parte de las gravísimas causas que lo tienen como protagonista descansan en cajones que sus jueces amigos ni se animan a abrir; los periodistas de los medios cómplices y los propios practican las volteretas más sorprendentes para blanquear su imagen y la de todos los cambiemitas; todos gozan de una impunidad verbal que debería avergonzar a los que escuchan. El FDT, en tanto, trata de sanar las heridas internas provocadas por el acuerdo con el Fondo a la vez que el presidente busca atenuar los daños de la escalada de los precios.

En verdad, Alberto se muestra demasiado calmo ante tanto abuso. Que un trabajador registrado con un salario cercano a los 100 mil pesos apenas llegue a cubrir las necesidades básicas de su familia debería enojar a cualquier representante de la mayoría. Por eso, el problema no es la inflación sino las cifras con que adornan todos los productos. La Guerra contra la Inflación no puede encararse si no se hace un estudio profundo de cómo se forman los precios y cuál es la ganancia de cada uno de los actores. En todo caso, deberían establecer por ley, como en muchos países, la tasa de rentabilidad máxima para que nadie se apropie de renta ajena. Que aumenten los salarios puede atenuar la emergencia alimenticia pero no soluciona el problema de fondo: no puede haber trabajadores pobres. Y éste es el punto de partida: un sueldo no debe alcanzar sólo para comer, sino también para la vivienda, los servicios, la indumentaria, la recreación y el ahorro. La comida no debe exigir más que un 20 por ciento de la remuneración mensual. Por supuesto, estamos muy lejos de esa meta y también de la discusión.

Que el presidente proponga “una suerte de terapia de grupo y para encontrar una solución en conjunto, dialogada" parece un chiste en un velorio. O que pida que “reflexionen” a los que considera “diablos”. Los formadores de precios ya reflexionaron y por eso se la llevan toda. El Primer Mandatario tiene el hábito de eludir las definiciones para que no se alteren los destinatarios, pero no hay que tratar con algodones a los abusadores económicos, evasores y especuladores. Que exprese que “hay una inflación autoconstruida” confunde bastante, más aún si agrega que “el hecho de que tengan una especie de oligopolio no los autoriza a subir los precios”. Pero, como son oligopolios no necesitan autorización para hacer lo que quieran. Para eso se concentran y cartelizan. Primero hay que atenuarlos como poder y después, disciplinarlos. Con los que reparten injusticias no hay diálogo posible.

En este sentido, las intervenciones de Alberto y todos sus funcionarios, más que calmar las aguas, las agitan. Quizá porque no experimentan la desesperación de no poder nutrir la mesa, de depender de las viandas, de no llegar nunca, de vivir en el límite de la miseria. En su afán de demostrar que está mejorando la distribución del ingreso, celebran la baja de la pobreza y el desempleo y anuncian que el salario le tiene que ganar a la inflación. La vida real no se transforma con números. De nada vale lograr incrementos salariales que superen por dos puntos a la inflación cuando el despropósito de los precios nos ataca todos los días. Y los precios no tienen la culpa, sino los que los inventan. Ellos son los que nos atacan y no es sólo desde el inicio de la Guerra, sino desde hace mucho tiempo. En lugar de metáforas, circunloquios y pipas de la Paz, habría que desarmar de una vez y para siempre a estos conspiradores.

sábado, 26 de marzo de 2022

Los “Nunca Más” que nos faltan

 

Después de dos años de pandemia, el Día de la Memoria volvió a las calles de manera contundente en muchos puntos del país. También volvieron los odiadores a simular desconcierto, denostar a los participantes y burlarse de banderas y cánticos. Los negacionistas que cuestionan el número de desaparecidos y resucitan a los Dos Demonios asomaron una vez más el hocico. Los refunfuñadores de siempre no callaron sus quejas al kirchnerismo que –según refunfuñan- se apropió de la fecha. Algunos periodistas del establishment cuestionaron la modalidad de las marchas: “deberían ser reflexivas y en silencio”, pontificaron. Claro, no entienden que la Memoria no significa un ancla, sino una perspectiva al futuro; que no es un lamento prolongado de individuos sino una construcción colectiva constante. No entienden porque no les conviene, por supuesto.

Tampoco entienden –o simulan- que “Nunca Más” no sólo es un rechazo a los golpes de Estado, sino también la exigencia de Justicia a los ejecutores y los instigadores. Además, incluye la necesidad de desmontar el (des) orden económico y social instaurado en aquellos años. Por eso, el Día de la Memoria debería marcar el rumbo de la Argentina deseada por la mayoría.

Casualmente –valga la ironía-, los denostadores de esta fecha no quieren ese país. Mentira que fuerzas políticas antagónicas quieren llegar al mismo punto por diferentes caminos. No se puede disminuir la pobreza precarizando el trabajo y desmantelando el sistema previsional. No hay desarrollo si se abren las importaciones de todo y se manda a los científicos a lavar los platos. Nunca van a derramar los ricachones que claman pagar menos impuestos por más empachados que estén. No quieren el mismo país esos privilegiados que ordenan respetar las reglas del juego; reglas que nadie puede citar pero sirven para que una minoría siga multiplicando el contenido de sus arcas mientras gran parte de la población recibe cada vez menos migajas.

El Día de la Memoria está para dejarlos al desnudo. Como no les da la cara para reivindicar la Dictadura, recorren sinuosos caminos que rozan la apología. Sus eufemismos son tan confusos que llegan a convencer a los desprevenidos. Un recorrido por los dichos de estos días demandaría mucho más que un apunte. Además, sabemos quiénes son, qué color los identifica, la embajada que visitan y el destructivo modelo que defienden.

El ex presidente Mauricio Macri es la síntesis de todo esto, pero, por supuesto, no es el único. El que calificó como curro los DDHH, que considera la Dictadura como “eso tan terrible que nos pasó”, que tilda a la democracia como “el peor de los sistemas pero el único posible", sale a ponderar a Menem. Más preocupado por el bridge que por el futuro de los argentinos, afirmó que Menem resolvió los problemas de La Grieta y pacificó el país. No hay que ser un experto para descifrar esto como un contundente aplauso a los indultos.

Convencido de que el Infame Riojano será reivindicado con el tiempo, Macri piensa que intentó “unir a los argentinos detrás de la producción, el empleo y progreso pacífico de la Argentina”. Nada de esto pasó: la convertibilidad destruyó la producción nacional, generó más desempleo y aniquiló el progreso. Sólo un constructor de amnesia puede balbucear tantas patrañas y seguir en carrera. Lo que admira de Menem es el desmantelamiento del Estado, la privatización de empresas públicas, la invasión de multinacionales, la integración al mundo como anexo del Imperio, la renuncia de la Soberanía a cambio de relaciones carnales.

Pero hay más, porque el ex gerente de La Rosada quiere retornar y sus promesas no son tan dulces como las de 2015, al menos por ahora. Muy cómodo en su sincericidio, amenazó con privatizar a Aerolíneas Argentinas con la excusa de que es un despilfarro de recursos públicos, un latiguillo que no tiene sustento. Y en un exceso de comodidad en su propio canal, confesó que “la democracia es un sistema improductivo porque requiere tiempo de debate y está llena de problemas”. En todo está su mirada empresarial. Pero no es el único: todos los juntistas comparten ese ideario porque representan intereses minoritarios. Los mismos que pergeñaron los golpes, la misma oligarquía que quiere incrementar sus privilegios, los mismos estancieros que hoy exhiben en las rutas sus tractores 0 km y sus camionetas de alta gama. La Democracia los incomoda si no satisface sus apetencias. El Día de la Memoria los pone en evidencia y saben que el Nunca Más los incluye.

martes, 22 de marzo de 2022

La unidad no es ceder siempre

 

El resultado de las elecciones legislativas evidenció diferencias entre el kirchnerismo y el albertismo y desde entonces comenzó a palparse una posible derrota en las presidenciales del año próximo. Claro, a pesar del buen manejo de la pandemia y los positivos índices de crecimiento, los números fueron esquivos para el oficialismo. La presentación del acuerdo con el FMI en el Congreso provocó un cimbronazo mayor en el frente gobernante y algunos agoreros alientan una peligrosa ruptura. La imagen de culebrón con Cristina y Alberto sin dirigirse la palabra circula en boca de los analistas, algunos felices y otros preocupados. Ambos advierten que un divorcio facilitaría el regreso de halcones, palomas y buitres a La Rosada, con todo lo que eso significa. Para unos, el retorno de los amarillos sería la llegada al Paraíso neoliberal del que jamás hemos disfrutado; para otros esa foto sería el comienzo de una aterradora película.

En estos días, los intelectuales de ambas partes –K y A- expusieron sus diferencias a través de sendas cartas, lo que sugiere la necesidad de salvarlas para seguir adelante. María Seoane –periodista y ex directora de Radio Nacional- fue firmante de ambas cartas y no por un problema de personalidad múltiple sino porque considera que “la unidad no se negocia”. En un ultimátum vía twitter, Seoane manifestó: “nos sentamos a discutir a los besos o a los gritos, pero del Frente no se baja nadie. Enfrente hay una derecha vengativa que quiere terminar la faena de Macri. Es la muerte de la Argentina posible y popular. Sépanlo". Ese es el diagnóstico que parece común: la unidad aunque duela. Ya dolió en 2019 eso de codearse con personajes tan críticos de Cristina que terminaron auspiciando la asunción de Macri. Ante un momento tan crucial, la disolución del FDT preanuncia una nueva tragedia.

Ya lo decía Perón: “unidos o dominados”. El dilema es el “para qué” de esa unidad. Si no está claro el objetivo, la unidad termina siendo un pegote. Por eso aparece el gobernador Perotti –que ya había operado para frenar la expropiación de Vicentín y la estatización de la mal llamada Hidrovía- para dejar en claro su oposición a la suba de retenciones. Si bien el presidente aclaró en estos días que en el Frente no sobra nadie, ¿qué pito toca este representante de los agrogarcas? ¿Con alguien así se cuenta para combatir a los deformadores de precios? Si no se tienen en claro los objetivos de la unidad, las fracturas siempre serán expuestas.

En una entrevista con Roberto Navarro, el Presidente llamó a “convivir con las diferencias”, pero a veces las diferencias son infumables. "Me sentiría muy mal si, por nuestras diferencias, le abriéramos paso a la derecha", agregó, aunque algunos integrantes del Frente sean más amarillos que un PRO. "Yo escucho a todos –frase muy repetida y cumplida por Macri- pero el presidente soy yo y el que tiene que tomar las decisiones soy yo”. Claro que, a veces, las decisiones, los retrocesos, las confusiones, los anuncios que no llegan a nada amenazan la ruptura.

Como si fuera un valor, Alberto repite que, aunque comparta el ideario de la vicepresidenta, es un moderado. Una pena, porque la moderación ante los voraces es una señal de debilidad. Si no fuera moderado, ordenaría retrotraer los precios de TODO al 1 de febrero y no al 10 de marzo. Si no fuera moderado, investigaría en serio la cadena de valor de cada producto para concluir en su precio exacto, sin abusos en la rentabilidad de cada parte. Si no fuera moderado, extraería mucho más de los ricos para disminuir la monstruosa desigualdad. Quizá la unidad está en riesgo por exceso de moderación. Un gobierno con pretensiones de popular debe proteger a la mayoría de las angurrias de la minoría y eso no lo hace un moderado. El presidente, cada tanto, evoca muchos momentos vividos con Néstor Kirchner pero olvida citar una frase que lo haría abandonar su centrismo: “es fácil ser fuerte con los débiles y ser débil con los poderosos”. Así comprendería que para recuperar la dignidad perdida y conquistar lo que falta hay que invertir esa ecuación y si se enojan los poderosos, será la mejor señal de que la unidad está en su mejor momento.

sábado, 19 de marzo de 2022

Esto es todo, amigos

 

Nadie empieza una guerra agitando la bandera blanca. Las expectativas generadas por los anuncios del Presidente atravesaron toda la semana y por eso muchos esperaban algo más de lo que fue. Seguro que, mientras Alberto hablaba, los formadores de precio remarcaban en sus madrigueras. Tanto es así que los productos que integran la canasta básica de alimentos aumentaron un 2,5 por ciento en promedio los últimos siete días. Ellos dispararon primero y el Primer Mandatario respondió con un armisticio. Nadie espera de él discursos exaltados ni extensos, pero 18 minutos y sin Cadena Nacional es demasiado poco. "Nuestra batalla hoy es contra los especuladores –aclaró- Contra los codiciosos. Contra quienes buscan aún en situaciones tan complejas sacar una renta extraordinaria”. Pero las medidas anunciadas no son suficientes para semejante enemigo.

Una Cadena en la que difunda las monstruosas ganancias que han tenido las principales empresas durante el año pasado –sin incrementos de la producción ni el consumo de manera notoria- bastaría para desnudarlos. Más aún si se los señala como evasores que sub-facturan exportaciones y sobre-facturan importaciones para acumular cada vez más. ¿Con ellos piensa hacer un acuerdo? ¿Basta con un fondo que contenga el precio de la harina y el aceite? ¿Alcanza con el precio fijo de 50 productos en todo el país mientras todo lo demás sube por un ascensor de máxima velocidad? ¿Los precios empezaron a inflarse con la guerra o este saqueo comenzó mucho antes? En febrero, los alimentos y bebidas escalaron un 7,5 por ciento, el índice más elevado desde enero de 2017. Y sólo se preocupa por la harina y el aceite. ¿Qué pasa con los artículos de limpieza, los medicamentos, la indumentaria y todo lo demás? ¿Dejará que continúe la estafa?

“No permaneceré pasivo” advirtió el Presidente, casi una confesión de que hasta ahora fue ésa su actitud, como si recién ahora tomara la decisión de abandonar la pasividad para defender nuestros bolsillos. Y si un juez presenta una medida cautelar contra el leve aumento de las retenciones, ¿abandonará la pasividad? Además de especuladores y codiciosos, los calificó como “agoreros”, pero Ellos no sólo anuncian catástrofes, sino también las construyen. Y el incremento metódico de los precios es esa catástrofe. La angurria está en el ADN de un 5 por ciento de la población que se cree dueño y merecedor de todo. Una minoría privilegiada que está por encima de la ley porque ejerce el primer poder del país.

Y lo más doloroso: el Presidente consideró “histórica” la aprobación del acuerdo con el FMI. Histórico hubiera sido el desconocimiento de esa deuda fraudulenta e ilegítima. Histórico sería que los que fugaron la monstruosa cifra la devuelvan sin chistar y los que la pidieron estén en la cárcel. El camino al 2023 se oscurece cada vez más. Las elecciones de medio término expresaron el desencanto, sobre todo de los que lo votaron en las presidenciales. El acuerdo con el FMI produjo una severa fisura con el kirchnerismo, que aportó la mayor cantidad de votos en 2019. Si Alberto aborda con sonrisas los problemas de los argentinos, preparémonos para ver a La Rosada teñida de amarillo.

miércoles, 16 de marzo de 2022

La guerra de siempre

 

Desde finales de febrero, la invasión de  Rusia a Ucrania –alentada por la OTAN- convirtió en sobrentendido la palabra ‘guerra’, a tal punto que parece la única existente desde hace décadas. Mencionar ese vocablo en cualquier charla cotidiana basta para que los participantes evoquen las imágenes, videos e interpretaciones alocadas que se difunden por los medios hegemónicos. Hasta fragmentos de un video juego fueron analizados por dos periodistas como si formaran parte del conflicto. Cualquier guerra es inaceptable, dramática, cruenta y. sobre todo, innecesaria. La pérdida de vidas deja heridas muy profundas. Todo deja heridas muy profundas cuando estalla algo así.

Tan grave como todo esto es utilizar un escenario bélico como excusa, sobre todo por los que siguen expoliando a los siempre vulnerados. El presidente Fernández anticipó que el viernes comienza la “Guerra contra la inflación”, una manera un poco rimbombante de tomar las riendas del descontrol de los precios con el que convivimos desde hace años. En realidad, esta guerra comenzó hace tiempo pero no es la inflación quien nos ataca. Iniciar una contienda contra algo tan abstracto es señal de que no se tiene bien en claro quién es el enemigo. La inflación no es una divinidad ni un fenómeno meteorológico, sino el resultado de una nociva y avarienta acción de un puñado de privilegiados que se apropia de la dignidad del resto. Si la guerra no es contra Ellos, estamos condenados a una segura derrota.

Dos datos pueden aclarar estas afirmaciones. El primero se relaciona con las ganancias que obtuvo Arcor el año pasado. De acuerdo a lo informado por la empresa de Luis Pagani a la Comisión Nacional de Valores, más que duplicó el favorable saldo de 2020, con casi 20 mil millones de pesos, lo que representa más del 142 por ciento. Una ganancia excepcional que no merece aplausos, sino una ejemplar condena porque ni el incremento de precios del año pasado ni la evolución del consumo consiguen explicarla. La única receta para lograr esta “exitosa” acumulación es el aumento bestial del precio de los productos que Arcor elabora y comercializa, todos relacionados con los alimentos. Un abuso inadmisible de apropiación de ganancias.

El segundo dato se relaciona con la incidencia de los salarios en las cuentas empresariales. En 2015, el pago de sueldos representaba alrededor de un 20 por ciento y hoy apenas alcanza la mitad. Ese diez por ciento explica una pérdida del poder adquisitivo del 50 por ciento y para recuperarlo no basta con que los salarios “le ganen a la inflación”. La puja distributiva la ganan los formadores de precios y todos padecemos las consecuencias.

Por todo esto, el viernes no empieza la guerra contra la inflación sino una respuesta tardía de un gobierno que confía demasiado en acuerdos que siempre son pisoteados por los poderosos. No sólo Arcor, sino también Clarín, Techint, Ledesma, Molinos Ríos de la Plata y todas las empresas grandotas que operan en nuestro país han comenzado este conflicto. Cualquier medida que tome el Ejecutivo no debe ser temporal ni dubitativa: ya no es tiempo de negociar, sino de derrotar a los que nos hacen la vida imposible, por más amenazas que el Poder Real haga contra la democracia.

viernes, 11 de marzo de 2022

¿Ganamos o perdimos?

 

Difícil estar feliz después de la aprobación en Diputados del Acuerdo con el FMI. No sólo porque ninguna tratativa con ese organismo merece ser festiva, sino también porque el tamiz legislativo dejó fuera de la ley la principal garantía para que el peso de la deuda contraída de forma ilegítima no caiga sobre la espalda de la mayoría. Los que sí están contentos son los juntistas que lograron que la especificación de la (i) responsabilidad de Macri y el programa económico más o menos progresista fueran a parar el cesto. Esta victoria oficialista es confusa porque obtuvo más votos ajenos que propios. Una derrota encubierta después de haber negociado dos años una deuda que debería haberse desconocido desde el principio.

Los cambiemitas tienen más para celebrar porque –por enésima vez- lograron suavizar su prontuario. Como si no hubieran tenido nada que ver con el tema, quedan como paladines del diálogo y el consenso al sacar al Gobierno del riesgo de default. Hasta parecen más solidarios que los integrantes K del FDT. Encima tienen la posibilidad de alimentar la fractura tan deseada entre Alberto y Cristina. Y por si esto fuera poco, en una sola jugada debilitaron al adversario y allanaron más el camino hacia la presidencia. De ganar las elecciones en 2023, además de tener el tema de la deuda arreglado, podrán hacer las soñadas reformas laborales y previsionales y los ajustes regresivos de rigor para que la mayoría pierda derechos en pos de potenciar los privilegios de la minoría a la que representan. Todo esto es posible gracias a los incautos votantes que insisten en dejarse incrustar prejuicios, patrañas y mentiras por la hegemonía mediática.

Tanta insistencia con la reiteración de la tragedia, que Ricardo López Murphy tiene una inmerecida banca en la Cámara de Diputados. El efímero ministro de Economía de la Alianza denostó el proyecto porque no contenía las medidas de ajuste que lo eyectaron del ministerio más de veinte años atrás. Hasta se dio el lujo de “solidarizarse con las fuerzas de seguridad” que se entrenaban fuera del Congreso. La desmemoria de la mitad del país nos va a conducir a la extinción, más aún si siguen las moralinas de la denunciadora serial Margarita Stolbitzer: “no es de buen político andar llorando la herencia recibida, no es de buen político andar mirando cómo echar las culpas hacia el pasado”. Justo ella, que se sumó al rejunte que estuvo cuatro años justificando sus desmanes y atrocidades con la excusa de la inexistente Pesada Herencia.

Pero después de este episodio tiene que haber un futuro. No es justo dejar la cena servida para que se la fagociten los de siempre, porque en realidad, la cena somos nosotros y ya sabemos cómo devoran los angurrientos. El acuerdo con el FMI evidenció un desacuerdo en el frente gobernante que se tendría que haber aclarado antes. De aquí en más, hay que fortalecer los lazos –con más similitudes que diferencias- para enfrentar a quien sea para recuperar todo lo que hemos perdido en este tortuoso camino que venimos recorriendo desde 2015 y conquistar mucho más para garantizar la construcción de un país para todos.

sábado, 5 de marzo de 2022

Banderas, deudas y perlitas

 

La verdadera disputa se desatará cuando se plantee quiénes pagarán la deuda. Entonces, quedará más claro qué defienden los PRO, los jueces y los medios dominantes: los intereses de una minoría enriquecida a costa de nuestros padecimientos.

El acuerdo con el FMI ya está en el Congreso para su aprobación, una batalla que será dura no sólo con la oposición propiamente dicha sino también con algunos integrantes del FDT. Para desconocer la deuda ya es tarde, pero siempre es oportuno destacar su ilegitimidad, su monstruosidad y su inutilidad. En realidad, calificarla de inútil es demasiado ingenuo: los que la tomaron sabían de su cipaya utilidad. Las discusiones en el Congreso no deben pasar por aceptar o no este memorándum de entendimiento sino por quiénes son los que deberán devolver lo que fugaron. Los entendidos afirman que es “el mejor acuerdo posible” porque no incluye las reformas estructurales que siempre perjudican a la mayoría. Y el ajuste tan temido se aplicará a los más privilegiados, tal como vienen anunciando algunos funcionarios. Por supuesto, tener a los emisarios del FMI controlando nuestros números es por demás irritante pero es la pesadísima herencia que nos dejó el Infame Ingeniero y el mejor equipo de facinerosos de la historia.

Los PRO, lejos de estar arrepentidos por todas las rocas que dejaron en nuestro camino, están más agrandados que nunca y dispuestos a volver a ser gobierno con cualquiera de los monigotes que conforman su staff. Claro, el inmerecido triunfo que obtuvieron en las elecciones de medio término alimenta el ego de estos irresponsables personajes. Los medios hegemónicos capitalinos y los clones de todo el país contribuyen a presentarlos como angelicales paladines de la patria -por más que sean emisarios del Imperio- y validan todas las incongruencias que recitan frente a cámara. Y lo peor –por más incorrecto que esto suene- son los incomprensibles votantes que bailan al ritmo de las más obscenas manipulaciones. Quizá hasta estén exultantes porque los juntistas colgaron banderitas de Ucrania en sus bancas del Congreso y abandonaron el recinto cuando Alberto recordó que la investigación por la deuda sigue adelante. No todos se fueron: los que se quedaron padecieron un bullyng despiadado que está muy lejos del diálogo, el consenso y el “respeto por los que piensan distinto”.

Sin dudas, la lógica odiadora de los macristas contamina a sus seguidores, que están a la espera de que les señalen el blanco sobre el que atacar: con situar a Cristina en cualquier hipótesis descabellada alcanza para que la rabia los llene de baba espumosa. Si presentan una foto de la vice vestida como soldado ruso, por más inverosímil que sea, por más fallido que sea el fotoshop la toman como real y la incorporan al instante como un argumento válido para denostar al kirchnerismo. Ya sabemos que la tele tradicional influye en una porción pequeña del consumidor de medios, pero los mensajes en las redes se encargan de conducir el entendimiento de muchos hacia la más absoluta irracionalidad. La suspensión de la venta de crema o ensalada rusa sobra para reflejar tamaña estupidez.

La discusión pública está bastardeada como nunca y ya sabemos quiénes la han conducido hasta ese lugar. La mentira, la tergiversación y las más alocadas interpretaciones de hechos inexistentes pululan por todos los rincones y son asimiladas por individuos que se dejan pensar por el discurso dominante. Si toman en serio a Milei o creen que Rodríguez Larreta es la mejor opción para presidir el país no es porque estos personajes sean merecedores de semejante honor. Y para peor, Patricia Bullrich lidera las preferencias. El blindaje mediático es cada vez más poderoso y parece que no basta con el desastre dejado por Macri, las revelaciones sobre la GestaPRO de Vidal ni la CABA convertida en inmobiliaria por Rodríguez Larreta para desalentar a los votantes amarillos.

El panorama parece desolador. Pero siempre hay opciones para escapar del laberinto. El discurso de Alberto Fernández en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso puso el tema de la responsabilidad en la toma de deuda –entre otros temas no menos importantes- en agenda. Sin abusar de ella, la Cadena Nacional es una herramienta necesaria para señalar el rumbo y desenmascarar a los cínicos. Una vez por semana, media hora de discurso contundente puede despabilar muchas cabezas. Y la pauta oficial en los grandes medios destructivos podría ser la clave para debilitar esas vociferaciones que tanto confunden a los argentinos. Tomando las riendas del discurso y convirtiendo en logros las promesas, el camino hacia el 2023 parece más allanado.

domingo, 27 de febrero de 2022

Un desafío histórico

 

Como todos sabemos, el conflicto bélico entre la Federación Rusa y Ucrania nos hace olvidar un poco lo padecido durante dos años por la pandemia. Aunque no es un partido de fútbol, muchos se ven tentados de hinchar para uno u otro equipo. El que se está maquillando para ser uno de los candidatos a presidente, Horacio Rodríguez Larreta, mandó a iluminar el obelisco con los colores de la bandera ucraniana como una indudable muestra de obediencia a la Embajada –la norteamericana, por supuesto- y una promesa de convocar alguna manifestación amarilla con la consigna “Yo soy Ucrania” de continuar la controversia. Nunca “fueron” los países bombardeados o invadidos por EEUU, para no quedar aislados del mundo que empieza en Miami y termina en el Central Park. Este blindado personaje –quizá más infame que Macri- puede ocupar La Rosada desde 2023 para desplegar su impronta indisimulable de facilitar negocios inmobiliarios a fuerza de secuestrar espacios públicos o borrar del mapa escuelas y hospitales, además de bombardear la soberanía con deudas y privatizaciones.

El FDT enfrenta el desafío de evitar que ocurra esto, porque ya sabemos que los modelos neoliberales son pisoteadores de derechos en pos de potenciar privilegios. Cuando los representantes del establishment gobiernan, la mayoría retrocede cientos de pasos, como hemos experimentado con Macri. Este retroceso no es casual sino la estrategia que la minoría empachada utiliza para acumular cada vez más. Según un informe de la CEPAL –Comisión Económica para América Latina y el Caribe-, la concentración de la riqueza en nuestro país es tan monstruosa que los privilegiados tienen 302750 veces más que el resto de la población adulta. Y lo peor es que quieren más y no dejan pasar ninguna ocasión para incrementar esa diferencia.

Desde que se desató la pandemia ganaron como nunca, más aumentado precios que inversión. Hoy tenemos una canasta básica que casi cuesta más de dos salarios mínimos. Un despropósito si pensamos que la compra de alimentos no debería requerir más del 30 por ciento de un sueldo. Y por más que desde el Gobierno Nacional prometan que el salario le va a ganar a la inflación, los precios que desfilan ante nuestros ojos muestran un abuso inadmisible. Un descontrol que nos hace perder siempre. El Presidente ha descuidado algunos frentes: mientras enfrentaba la pandemia de la mejor manera y trataba de negociar la descomunal deuda contraída por Macri con el FMI, dejó que los formadores de precios saqueen nuestros bolsillos. No por maldad, a la manera de los amarillos, sino para evitar grandes conflictos. Algunos pueden pensar que la presión destituyente y constante del establishment mediático, económico y judicial lo intimidan y quizá no estén tan errados. Otros sospechan que Alberto es un hábil jugador que espera el desgaste de sus adversarios para obtener el triunfo, lo que sería fantástico. También están los suspicaces que vocean “son lo mismo” desde sus cómodos palcos, algo que es una exageración.

El presidente debería preocuparse por refutar estas especulaciones, que no se deja intimidar, que si se posterga el triunfo más se envalentonan los menos y sufren los más y que igualar a los PRO con los frentistas es un abuso de la simplificación. Entre los dos proyectos hay diferencias que deberían ser resaltadas de la manera más didáctica e insistente posible. Si Alberto y sus funcionarios se animaran a comunicar mejor, a recuperar la voz conductora y a aportar datos, argumentos, resultados y contrastes, se incrementaría un poco la adhesión y mucho más cuando las mejoras se vuelvan visibles. Ese consenso de las bases alimentaría la audacia y proponer una Empresa Nacional de Alimentos no sería tan irrealizable.

Alberto debería recuperar la “Voz Presidencial” que tanto se demonizó en tiempos de Cristina. Quizá abusó un poco pero sus intervenciones son enriquecedoras. El Presidente no tiene la oratoria de su vice pero logra buenos momentos en sus discursos. Claro que en comparación con Macri y Micheti es un expositor brillante. Pero, además de eso debería aprovechar mejor las millonadas que se destinan a pauta oficial, sobre todo en los medios hegemónicos manipuladores. Total, haga lo que haga el oficialismo siempre tienen dardos camuflados de críticas serias y comprometidas prestos a ser disparados.

Que cada vez más adviertan lo que se está haciendo para mejorar las cosas es imprescindible para lograr la continuidad de un proyecto de crecimiento con distribución. El adversario es peligroso no sólo para un frente político sino para casi todos los argentinos.

miércoles, 9 de febrero de 2022

Otro botón de la muestra

 

La prepotencia conquistadora de Joe Lewis debería indignar a todos. Pero no es el único que ostenta sus privilegios y se burla de la democracia: este caso tan brutal debería ser el punto de partida para domesticar a los potentados que se quieren apropiar de todo, hasta de nuestra dignidad.

 

El año arrancó movido, como no podía ser de otra manera. Muchos problemas tiene el Gobierno Nacional y debe encararlos con más énfasis si quiere garantizar una buena elección para el año próximo. No la tuvo fácil el presidente: a la exorbitante e ilegal deuda externa tomada por Macri con privados y el FMI y el descalabro económico del plan de negocios que desplegó desde La Rosada se sumó la Pandemia que desconcertó a todo el mundo. A pesar de este escenario, nuestro país está entre los que mejor manejaron la crisis sanitaria y más vacunas inocularon, a lo que se agrega la reactivación en muchos sectores productivos y de servicios, con un crecimiento cercano al 10 por ciento. El ‘debe’ más complejo es revertir la distribución regresiva de la riqueza que, con cada desembarco neoliberal, se profundiza.

Destruir a la manera de Macri es fácil, como quedó demostrado en sus cuatro años de gerencia. Reconstruir es más difícil y cada retorno de un gobierno más o menos popular encuentra una cantidad mayor de empobrecidos. Encima, la minoría beneficiada por el modelo desigualador está cada vez más despiadada y angurrienta; más impune y desaforada. Por eso, cuando el Ejecutivo o el Congreso toman medidas para frenarlos, algún juez obediente al Poder Real dicta una cautelar para proteger esos mezquinos intereses. Ejemplos hay muchos: un juez frenó la intervención de Vicentin, a pesar de las evidencias de sus chanchullos; otros magistrados se arremangaron la toga para evitar que algunos privilegiados contribuyan con el Aporte Extraordinario de las Grandes Fortunas; ninguno se atreve a llamar a indagatoria a Macri, aunque en todas las causas que lo tienen como protagonista sobran las pruebas; otro tribunal servil protege a Clarín para que sus estafas con forma de negocios no sean consideradas servicio público. El 1F fue una protesta contra todo esto y mucho más.

El integrante de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti fue el único que salió a responder a la movilización popular. “Nunca hemos cedido a presiones” aclaró sin rubor. Claro, el que es obediente no se siente presionado: está como pez en la pecera del establishment. Y como no podía ser de otra manera, esputó el lugar común de la “Justicia Independiente” del poder político. Una falacia insostenible pues muchos jueces no fueron ni son independientes del macrismo ni de lo que representa. Esa dependencia no les molesta porque es más pertenencia. Una identificación de clase que atropella leyes, códigos y hasta la propia Constitución. Con esta gentuza la Democracia está en peligro porque esa oligarquía explotadora, estafadora, evasora y fugadora pone en jaque a los gobiernos que no satisfacen sus crecientes apetencias. Desestabilizadores y prepotentes, dispuestos a exhibir garras y colmillos cuando un decreto o una ley amenaza con limar un poco sus privilegios.

Joe Lewis, el magnate inglés que se apropió de un lago, es el caso más reciente de sumisión de todo el poder político y judicial. Hace años que diferentes fallos dictaminan que el terrateniente garantice al acceso al Lago Escondido, que es público al igual que sus orillas y no hay funcionario que lo haga cumplir. Cada año incrementa sus bravuconadas. Para imponer su ley, tiene sus propios gendarmes, una banda de cazadores a caballo que pinchan o vuelcan botes, amenazan con sus armas y secuestran a civiles a la luz del día. Si el gobierno de Río Negro no interviene, es el gobierno Nacional el que tiene que poner orden. Las Fuerzas de Seguridad Federales deberían custodiar a los argentinos que quieren disfrutar del lago. Este es el mejor ejemplo de lo que funciona mal en nuestro país: mientras esto no cambie, ‘soberanía’, ‘patria’, ‘equidad’, ‘dignidad’ seguirán siendo palabras huecas y el futuro será más oscuro.

domingo, 30 de enero de 2022

Primer paso para una fiesta

 

Todos sabemos que el FMI no es Papá Noel sino una versión remasterizada de Al Capone al servicio de especuladores internacionales. Nunca es bueno tenerlo cerca… pero Macri lo volvió a incrustar en nuestro país. Si la mayoría desea que esto no vuelva a pasar, los responsables deberán ser sancionados y sus beneficiarios devolver la fortuna que fugaron. Este desagradable episodio debe ser el principio del fin de una Argentina al servicio de los avarientos.

 

Una frase nada original sobre el acuerdo con el FMI: nada para festejar, pues estaremos años pagando una deuda que se esfumó. El festejo llegará cuando algún tribunal internacional la declare abusiva por incumplir las normativas del propio Fondo y ser funcional a intereses políticos globales. La fiesta podremos hacerla cuando Macri y su Gran Equipo paguen por habernos llevado a esta situación. Y también cuando los que se beneficiaron con ella gracias a la especulación y la fuga contribuyan a saldarla. Más motivos para festejar tendremos cuando gran parte de la población comprenda que los cambiemitas, juntistas, halcones, palomas y los medios de comunicación que alientan esa comparsa no política son todos buitres.

Aunque parezca mentira, hay más de un cuarenta por ciento de argentinos que cree que la deuda con el FMI fue tomada por el presidente Fernández o que Macri apeló a ella para saldar deudas del gobierno de Cristina. Otra parte –menos, por suerte- ni sabe de qué se trata, abandonando la célebre frase “El Pueblo debe saber de qué se trata”. El ‘debe’ no es un adorno o un matiz: es un mandato. No es una posibilidad, sino una obligación. Para ser Pueblo, la población debe saber, si no, en lugar de ciudadanos, serán un conjunto de individuos que confunden la urna con un inodoro. Si se dejan llevar por la desinformación de la hegemonía mediática es lógico que lleguen a conclusiones erradas y no adviertan la gravedad institucional de la decisión autoritaria tomada por el Infame Ingeniero y su banda de filibusteros.

Los cuatro años del gobierno amarillo fueron en verdad una Casa Tomada con el consentimiento de sus habitantes. No hace falta enumerar los desastres económicos a conciencia provocados por los ocupantes de La Rosada desde el 15 al 19. Lo que sí hay que resaltar es la prepotencia con que conquistaron a muchos jueces y fiscales para que ejecutaran un plan de proscripción política y sindical. Sin pudor, borraron del mapa a los magistrados que se atrevieron a atenerse a la constitución y las leyes. Con recordar el enojo de Macri cuando liberaron a Cristóbal López y Fabián de Souza basta: “estoy caliente –dijo el entonces presidente- esto no es lo que habíamos acordado”. Por si no se entiende la confesión, ningún funcionario político puede acordar la prisión o la excarcelación de nadie con ningún juez. Tampoco puede orquestar un sistema de espionaje con el objetivo de armar causas judiciales, como ya se ha hecho público.

Pero Macri y sus secuaces no son los verdaderos villanos de este desastre. Los amarillos –TODOS- y algunos funcionarios judiciales son apenas los peones del Poder Real. Hasta los medios de comunicación dominantes y los seudo periodistas que actúan en ellos son instrumentos de una minoría antidemocrática y voraz. El 1 de febrero se realizará en distintos puntos del país una movilización para promover una reforma del Poder Judicial. Los motivos son muchos, desde la lentitud en la resolución de muchas causas hasta la arbitrariedad en la aplicación de las normas. Pero la más importante es la alineación incondicional de algunos jueces a los intereses de una oligarquía que necesita ser blindada para continuar con el saqueo de siempre. Un punto de partida para llegar hasta los que verdaderamente nos hacen la vida imposible con explotación, evasión, especulación y fuga de capitales. En definitiva, para que nos saquemos de encima a esa minoría que condiciona la Democracia para apoderarse de todo lo que ven.

viernes, 21 de enero de 2022

La ostentación de los privilegiados

 

Los bandidos nos acosan y no se mueven en motos, sino en coches de alta gama. Lejos de esconderse luego de sus fechorías –evasión, contrabando y demás- se exhiben impúdicos ante la sociedad gozando sus fortunas ilícitas. Cínicos, se erigen como modelos de trabajo y esfuerzo y claman al Estado una baja impositiva para poder invertir y bajar los precios. Encima, se van al Mundial.

 

Después de haber vivido unos cuantos años –casi sesenta- el autor de estos apuntes puede afirmar que la desigualdad no es un fenómeno meteorológico sino la consecuencia de la avidez de una minoría que no tiene límites para acumular fortunas. Lo que a unos les falta es porque otros pocos succionan de más. Y no de la mejor manera, por supuesto. En plena pandemia, las grandes fortunas se multiplicaron mientras la mayoría perdió poder adquisitivo casi hasta la indigencia. El Estado debe hacer mucho más que aliviar semejante injusticia: es necesario revertir el proceso regresivo que comenzó con la asunción de Mauricio Macri y continuó con la llegada del Covid.

Las tretas de los angurrientos son muchas y cuando el Gobierno cree tener detectada una, Ellos ya están implementando una nueva. Todas obtienen el mismo resultado: siempre son los mismos los que se quedan con la mayor tajada de la torta. Aunque la Economía esté creciendo, cada vez son más los que ven precarizada su vida. De nada sirve el crecimiento del empleo si gran parte de los salarios no alcanza a cubrir siquiera la canasta de alimentos.

Y es mentira que el diálogo y el consenso resuelven todo. El acuerdo de precios encarado por el Secretario de Comercio Roberto Feletti con los grandes empresarios se cumplió en parte. Sin embargo, algunos tránsfugas hicieron trampas. Una pequeña modificación al envase de lo que venden les permitió una nueva estafa a los consumidores. Diez gramos de más justifican un precio cincuenta por ciento superior. Un capitalismo tan salvaje que no se preocupa por tener más consumidores sino abusar de los pocos que quedan.

El control de precios es una medida simpática que no transforma nada. Con el estafador no se dialoga: se lo castiga para adecuarlo al sistema, por más traje caro que vista. Lo mismo con el evasor, contrabandista, fugador, especulador o cualquiera de los personajes que asumen los avarientos para desbordar sus arcas. Con una multa no basta porque con lo que incautaron podrían pagar miles, aunque siempre aparece un juez funcional a los intereses minoritarios que salva las papas anulando la sanción. O un tipo como Macri que posó sus sentaderas en el sillón de Rivadavia –es un decir- para favorecer a sus amigotes. Lo primero que hizo fue anular todas las multas que debían pagar las distribuidoras eléctricas EDENOR y EDESUR por no invertir. El resultado es la interrupción del servicio en muchas zonas de Capital Federal y Gran Buenos Aires, que obliga a los usuarios a vivir una experiencia decimonónica durante muchos días en medio de una temperatura superior a los 35 grados. Los dueños de esas empresas –Marcelo Midlin, Joe Lewis y algún testaferro del Buen Mauricio- encabezan las listas de los titulares de empresas off shore.

En estos días apareció una noticia que puede ayudar a detectar a los que acumulan fortunas a costa del empobrecimiento del resto. Algunos lo tomaron como un dato de color. Nuestro país es el segundo en adquirir entradas para el Mundial de Qatar, detrás del organizador y antes de México, Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos, Inglaterra, India, Arabia Saudita, Brasil y Francia. Para ver todos los partidos de la Selección, una persona debe disponer entre 2000 y algo menos de 5000 dólares y a eso hay que agregar pasaje, estadía y otros gastos. Unos diez mil dólares (dos millones de pesos) que significan muchísimo para casi todos y un vuelto para los privilegiados. Si el Gobierno pone la lupa sobre el listado, encontrará seguramente a muchos de esos que nos hacen la vida imposible con sus trapisondas. No merecen disfrutar de sus fortunas mal habidas porque son como los tiradores de manteca de los tiempos del Granero del Mundo, salvo que el blanco no serán los techos europeos sino de la mundialista Qatar.

Que no se rompa ni se doble

  Además de la confusa dinámica de la actualidad informativa, algunos problemas personales me impidieron continuar con la publicación en e...