jueves, 31 de octubre de 2019

Hasta nunca, carroñeros


Algunos renuncian, otros lloran; están los que buscan amoldarse a los nuevos vientos y los que pergeñarán la revancha desde algún rincón oscuro. Los melones se están acomodando tanto que algunos jueces ya empiezan a comportarse con más justicia y los formadores de precios pretenden mostrarse arrepentidos por la indecorosa conducta de estos años de libertinaje; pretenden, pero no lo logran. A medida que los días nos alejan del 27 O, la desconfianza por los números provisorios crece a pasos agigantados. Si el conteo definitivo de votos incrementa la brecha entre ganador y perdedor, las sospechas de fraude informático quedarán más que confirmadas. También demostrará que los amarillos no tienen escrúpulos y la preocupación por la Democracia y las instituciones es un verso más grande que los brotes verdes, el segundo semestre y el crecimiento invisible.
Como todo. Lágrimas porque perdieron y no por el daño que han provocado. Los que ahora dicen que se dedicarán a otra cosa no deberían tener cabida ni en el más sórdido empleo. Como la futura ex ministra de Seguridad –la peor en mucho tiempo- quien aseguró que ahora tendrá que trabajar para mantenerse; una confesión encubierta de que hasta ahora no lo ha hecho, ni en sus tiempos de diputada anunciadora de índices inflacionarios, denunciadora de homicidios inexistentes o de apologista de represión y gatillo fácil. Y para reforzar la deformada visión que tiene de la vida, agregó que tiene que pensar en lo que va a hacer y “ver si me inserto en el mundo laboral o en el privado”. Siempre y cuando no tenga que dedicarse a recorrer los pasillos de Tribunales para dar cuenta de su inoperancia y su crueldad en el cargo al que nunca debió acceder.
El ex candidato a vice Pichetto confirma que va a abandonar la política, después del estrepitoso fracaso y de las barbaridades dichas durante la campaña. Inolvidables monstruosidades que deberían dejarlo afuera antes de renunciar. Igual que Carrió, que promete que sólo se dedicará a la televisión, actividad que no marcará ninguna diferencia con lo que ha hecho hasta ahora. En realidad, ninguno de los integrantes del Mejor Equipo de los Últimos 50 años debería tener ningún futuro porque se han empeñado en estos cuatro años para arruinarnos el nuestro.
Y los verdaderos representados -esa minoría avarienta, rentística y evasora- tampoco deben salir impunes de este trágico episodio. Para satisfacer sus insaciables apetencias, queda en el camino un tendal de damnificados. Macri y sus secuaces perdieron las elecciones, pero no los Calcaterra, Magneto, Caputo, Midlin, Lewis, Benetton, Rocca, Eurnekian y un puñado más de ricachones a los que les sobra prontuario para etiquetarlos como vagos que viven del Estado. Esos que han dado motivos más que suficientes para volverlos perdedores.
Un listado extenso
Eso que Macri llamó El Círculo Rojo debe estar incluido en el bando perdedor. Banqueros, contratistas, distribuidores de servicios, exportadores, explotadores y demás delicias del capitalismo: fugadores a cambio de nada que nos dejan una deuda que no deberíamos pagar los que nada ganamos con ella. Si queremos que todo salga bien, si estamos convencidos de no volver nunca más al neoliberalismo, deberíamos obligar a estos tipejos a que nos devuelvan las exorbitantes cifras que tienen ocultas en guaridas fiscales. Después sí podemos hablar de pacto, conciliación o como quieran llamar al camino hacia una armonía necesaria para alcanzar la equidad.
También tendrán que saldar sus cuentas los que engañaron al público con patrañas increíbles; los que demonizaron hasta el absurdo; los que banalizaron todo; los que mintieron noticias sin avergonzarse; los que defendieron lo indefendible. Y los que siguen siendo serviles, como el pseudo periodista Majul, que calificó como “muy buena” la elección de Macri y “no tan mala” la de Les Fernández. Para el podio del ridículo quedará la conclusión de “empate técnico” ante una elección con ocho puntos de diferencia. No es el único, por supuesto. El canal de noticias TN ahora es repudiado por los perdedores; un rechazo que se suma al de los que ya lo hacemos desde hace mucho: un pequeño paso para superar la Grieta. Si no neutralizamos tanto daño discursivo, corremos el riesgo de que estos personeros de la manipulación vuelvan a inyectar alucinógenos en el entendimiento de los votantes.
Y lo más inaceptable: los jueces y fiscales cómplices del establishment; los que inventaron causas para aparecer como héroes en los titulares hegemónicos; los que se jactan de independientes pero reciben órdenes de la Embajada; los que dilapidaron fortunas en procesamientos con el único objetivo de perseguir a los que demostraron ser mejores gobernantes. Bonadío es el emblema, pero hay muchos más que hicieron de la Justicia una herramienta de estigmatización. Tampoco éstos deben tener paz en el futuro y quedar como anti-ejemplo para abogados, jueces y fiscales.
Estos cuatro años de macrismo deben ser una lección grabada a fuego en las conciencias de los argentinos. No sólo Macri debe tener un destino de ostracismo, después de pagar sus culpas y devolver gran parte de lo rapiñado sino todos los que contribuyeron y se beneficiaron con su destructiva impronta. Todos los que lo fabricaron, alentaron, blanquearon, adulado, secundado, perdonaron, aplaudieron merecen una lección para que esta nefasta experiencia no vuelva a obstaculizar nuestro tránsito hacia un país mejor.

lunes, 28 de octubre de 2019

El dedo en la grieta


El estado meteorológico del domingo sirve para la elaboración de metáforas. Si llovió es porque el cielo llora, si brilló el sol es porque el futuro será mejor. También, la lluvia limpia la mugre y el sol reseca tierra y plantas. Con las metáforas climáticas que quieran, una vez más elegimos. Y esta vez, bastante mejor que en 2015. ¡Por fin!, digamos también, porque desde las PASO hasta ayer, se hizo muy largo y el ‘muy’ con muchas ‘u’. Pero llegamos, como sobrevivientes de una travesía tortuosa con una tripulación que no hizo más que arruinarnos la estadía. Muchos desempolvarán la vieja frase “el pueblo nunca se equivoca” y algunos agregarán pero “esta vez sí”; unos harán juegos numéricos para dibujar cuántos votaron en contra de Fulano o Mengano y otros mascullarán su veneno con un “volvemos al pasado”. Como sea, muchos votamos con la convicción de que nunca más vuelva un modelo tan nefasto como el aplicado en estos cuatro oscurísimos años y otros, con la inconciencia del “Sí se puede” entorpeciendo el entendimiento.
Si de algo sirven las malas experiencias es para aprender de ellas. La Dictadura y el Menemato fueron experimentos neoliberales impuestos con sangre y camuflaje. El que abandonamos ahora, que conquistó las preferencias con engaños, dejó en evidencia a los que se benefician siempre con las crisis, algo que no había quedado tan expuesto en los episodios anteriores. Empresarios y ceos pusieron la cara para esta nueva etapa de despojo, la que consideraban definitiva. Como actuaron de conquistadores desaforados, el pillaje duró poco, aunque se llevaron mucho. Y no hay que buscar bóvedas enterradas en la Patagonia para recuperar el botín: las off shore los deja al descubierto. Y los esquiladores son tan pocos que no demandará mucho tiempo probar sus delitos y encarcelarlos.
Pero no hay que adelantarse: por ahora debemos celebrar que hayamos expulsado a los que nunca tendríamos que haber aceptado como gobernantes. Una pena que no haya sido una expulsión en serio, con un zapatazo que deberían recordar por siempre. Aunque hay que esperar el recuento definitivo, los números marcan un triunfo en primera vuelta pero con el aliento de la bestia soplando en nuestra nuca. Lo que las encuestadoras marcaban como una diferencia cercana a los 20 puntos terminó siendo apenas un apretado ocho y la derrota del macrismo no fue proporcional al daño provocado. Cinco distritos permitieron que Macri no termine tan humillado como merecía. Cinco distritos que en lugar de palos otorgaron un caprichoso premio al peor equipo de los últimos 50 años.
Esperanza en construcción
Los números no fueron los esperados. Con el sisepuedismo agónico de la Caravana amarilla, con promesas absurdas como “ya llega el alivio” o hay que defender la República, con la complicidad sistémica y vergonzante de los medios hegemónicos, el macrismo sumó casi diez puntos al resultado de las PASO. Un par de semanas más de campaña y terminaban forzando un balotaje. Con nada, por supuesto. ¿Qué apoyaron los que apoyaron? ¿El crecimiento de la pobreza, del desempleo, del hambre? ¿La caída en la producción, en las ventas, en la actividad? ¿Una inflación acumulada del 200 por ciento y un dólar que comenzó en 10 y termina en más de 60 pesos? Nada más preocupante que convivir con ese 40 por ciento enceguecido por un odio difícil de erradicar, más dispuestos a aplaudir estupideces antes que evaluar logros.
Pero nos estamos adelantando. Les Fernández no perdieron votos, sino que sumaron un puchito. Las calles explotaron aunque el triunfo no fue tan contundente. La ansiedad contenida durante tanto tiempo, la bronca acumulada por tamaño deterioro, la furia por tanta estigmatización difundida en cadena nacional hicieron de la noche del domingo una fiesta popular. Miles de gargantas entonaban el Nosepudo como una catarsis colectiva que ignoraba la proximidad de los resultados. Los bocinazos y las manos triunfales poblaron las principales plazas hasta muy tarde. Un alivio que merecíamos aunque con una diferencia preocupante.
Si desde 2015 los dos puntos de diferencia valieron como 20 para las fieras gobernantes, los ocho del domingo servirán como si fueran mil. Salir de este pozo económico requerirá un gran esfuerzo, pero más insumirá esquivar las arremetidas de la oposición que se conformará a partir del 10 de diciembre. Aunque la felicidad ilumine nuestros corazones, la convivencia con los perdedores será tan turbulenta como lo ha sido hasta ahora con los oficialistas salientes. La autocrítica que exigieron durante estos cuatro años estará ausente de ahora en más, a pesar de los desastres provocados por el Cambio. Las urnas no los expulsaron con la contundencia merecida ni la convicción necesaria. El desafío es construir con esta casi paridad tan destructiva.
Lo que se viene requerirá mucha paciencia, entendimiento y voluntad. Paciencia para soportar titulares difamatorios, operaciones judiciales y críticas despiadadas. Entendimiento para desarmar las bombas de estiércol que arrojarán los medios que seguirán siendo apologistas de la oscuridad. Voluntad para seguir iluminando a los repetidores de zonceras. Una parte de ese cuarenta por ciento que insistió con el Cambio está confundida y hay que recuperarla. El resto seguirá siendo esa minoría que cada tanto se convierte en mayoría con la propalación del odio y del individualismo más perjudicial.
Siempre queda la esperanza de que hayan agotado las tretas para ocupar el poder en su exclusivo beneficio. Si la esperanza no funciona debemos neutralizar las armas que utilizan siempre para convertirse en gobierno.

jueves, 24 de octubre de 2019

Infames en fuga


La cuenta regresiva se puebla de alarmas. Advertencias que brotan no sólo en nuestro país, sino también en los vecinos. Mientras la derecha boliviana se apoya en las fuerzas imperiales para desconocer el resultado de las urnas, en Chile el oficialismo reconoce que el modelo aplicado profundiza la desigualdad. Ambos casos confluyen en las reacciones de los saqueadores que desgobiernan Argentina: por un lado, defienden al presidente chileno Sebastián Piñera y por el otro, avalan al opositor boliviano Carlos Mesa en su cruzada antidemocrática. Y todo esto mientras afirman que son la República, la Democracia y la Libertad. Como los amarillos nunca retroceden cuando se sumergen en el absurdo, toman un tuit de la Embajada como dato certero y afirman que la región padece una conspiración cubano venezolana.
Los que reaccionan en Chile son extranjeros o alienígenas, de acuerdo a la interpretación de la Primera Dama, Cecilia Morel, pero los que provocan los incendios son los carabineros, tal como muestran muchos videos que han circulado en las redes. Los violentos son siempre los que resisten y no los que provocan la precarización de la vida de las mayorías. En el audio ya harto conocido, la compañera de Piñera reconoce: "vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás". Una forma muy poco sutil de reconocer el origen del problema: mientras una minoría goza de mayores privilegios, la mayoría pierde derechos de manera proporcional. El modelo trasandino, tantas veces exhibido como exitoso por la derecha vernácula, demuestra con crudeza sus verdaderos resultados.
Mientras las fuerzas de seguridad chilenas reciben denuncias por secuestros, torturas, fusilamientos y desapariciones, el gobierno boliviano revela un intento de golpe de Estado por parte de opositores que no aceptan la derrota. Así actúan siempre, atropellando todo, a la vez que afirman portar valores que ni conocen. Estas tensiones tan cercanas alimentan el clima electoral en estas tierras y demuestran que la famosa Grieta no es un invento argentino, sino un fenómeno que habita desde hace mucho en la región. Y para reforzar el revuelo que se vive a nuestros alrededores, el presidente brasilero, Jair Bolsonaro, vomita una amenaza por demás de tontuela: si gana Alberto Fernández promoverá la suspensión de Argentina en el Mercosur. Todo mal con los bárbaros ultraderechosos que buscan gobernar en contra de sus pueblos y a favor de la minoría globalizada y altamente perjudicial.
El castigo por venir
Mientras tanto, el futuro ex presidente, Mauricio Macri se hace bendecir por pastores evangélicos a orillas del río Paraná, en Rosario, la ciudad que lo vio amenazar a los Moyano el día de la Bandera, ante chicos de primario arrastrados hasta un club de barrio. Más vergüenza no puede dar el Ingeniero. Aunque grite “Sí se puede” ante sus manipulados fans, no puede caer más bajo en su afán de forzar un balotaje. Sin dudas, el episodio boliviano inspirará a este apátrida para instalar esa idea, aunque los números indiquen lo contrario. De manual: de repente, aparecen los cuadernos quemados de Centeno para que los colonizados no olviden la tontería de que los K se robaron todo y la empresa Smartmatic, encargada del conteo provisorio, ya tiene los resultados listos para, con la ayuda de las usinas mediáticas, instalar un clima de incertidumbre política que habilite el saqueo definitivo a nuestras reservas.
Desesperada, la gobernadora Vidal, Leona en retirada, esputa la necedad de que Alberto, instaurará una dictadura. Como si a ella y sus partidarios no les gustara un gobierno así, donde podrían hacer lo que quieran sin las trabas “burocráticas” que dispone la Constitución, como el debate parlamentario o la expresión de los opositores en las calles y los medios. Con un leve recorrido por las reacciones discursivas de los personajes del Cambio ante una protesta basta para descubrir lo poco democráticos que son. Cortar calles para demandar la recuperación de derechos merece todos los agravios; en cambio, hacerlo para alabar al Buen Mauricio es lo más ponderable de la República. Y como desprecian la verdad, los medios críticos son vapuleados discursiva y económicamente y hasta los periodistas que osan revelar lo oculto reciben amenazas verbales y físicas, como el caso de Roberto Navarro el día de su cumpleaños.
Ellos, que dicen ser la República, no paran de pisotearla, degradarla, deformarla. No olvidemos que los Macri se enriquecieron durante la dictadura, que elogian al intendente de facto Cacciatore, que añoran esos tiempos en que los trabajadores eran sometidos por el miedo a torturas, secuestros y desapariciones. Ellos, que afirman ser democráticos, gobernaron a fuerza de decretos y aprietes a los legisladores, presionaron a los trabajadores con el fantasma del desempleo, además de palos, gases y detenciones arbitrarias, persiguieron a los opositores y hasta los encarcelaron sin garantías con la complicidad de jueces y fiscales espurios. Ellos, que no paran de mentir, afirman ser la verdad. Ellos, que se lo pasan especulando, evadiendo y trampeando, no dejan de hablar sobre la transparencia. Ellos, que han bombardeado la industria y la ciencia, no cesan de prometer desarrollo. Ellos son los infames, los que merecen ser humillados en las urnas y castigados no dentro de quince años, sino apenas pongan un pie fuera de la Casa Rosada que lograron usurpar con mentiras obscenas para gloria del dios Mercado, del que son sus más fieles creyentes.

lunes, 21 de octubre de 2019

El futuro no es con Ellos


La “Marcha del Millón” no llegó ni a la mitad. Un número considerable para una fuerza no-política que desdeña expresiones de este tipo. Poco, si tenemos en cuenta que los medios hegemónicos alimentaron la hoguera de esta actividad sabatina con la idea de dar vuelta un resultado que parece inamovible. Esta vez nadie protestó por restricciones a la circulación, los micros alquilados ni la mugre posterior. Tampoco nadie se atrevió a exaltar la espontaneidad ni la ausencia de banderías. No hubo ni lo uno ni lo otro. Un acto armado de antemano para expresar apoyo a un candidato-presidente que tiene pocos logros que exhibir y casi ninguna promesa que formular, más que tonterías como Libertad, República y Verdad, entre tantas. Aunque tuvo la intención de sumar votos, apenas alcanzó para sostener al núcleo duro de los cambiemitas: un público alelado por pamplinas mediáticas que sólo se expresa en contra del Otro, aunque simule estar a favor del que consideran propio.
Un cacerolazo sin cacerolas o algo así. El ruido estuvo puesto por las gargantas que entonaban “Mauricio la da vuelta”, sin tener en cuenta que los números no alcanzan porque dio vuelta los bolsillos de casi todos en beneficio de unos pocos. Y el infaltable hit “Sí, se puede”, que acelera el marcapasos y sacude las prótesis dentales de muchos de los asistentes. El grito “chorra” o “cárcel” se dejaba oír cada tanto como la propuesta más política que podía circular entre esas voces. Si supieran la mitad de los chanchullos oficiales que ocultan los medios apologistas, los destinatarios de esos gritos serían los que danzaban y canturreaban sobre el escenario. Pero lo que más abundó fue el absurdo de instalar en estas expresiones la idea de la rebeldía, que votar por los candidatos del Poder Real es resistir a no se sabe qué.
Eso es lo que más irrita de los seguidores del Cambio: que no se atreven a decir qué país quieren; que escudan con generalidades las barbaridades que piensan; que no se animan a afirmar que están en contra de un país más desarrollado, menos injusto, más equitativo; que disfrazan su complicidad con la pátina de la anti-corrupción ajena. Individuos que babean de rabia con las engañosas acusaciones mediáticas pero destinan indiferencia a las evidentes trapisondas de estos saqueadores. Que, si se enteran de que Juan José Aranguren operó desde la función pública para beneficiar a Shell, lo justifican como privilegio de una clase a la que no pertenecen. Que antes se preocupaban por “la plata de los jubilados” y ahora ni se inmutan cuando procesan a Luis María Blaquier por malversar fondos de la ANSES en beneficio de empresas con las que está vinculado. Tan manipulados están que llaman “conflicto de intereses” a los latrocinios amarillos que son, a todas luces, la verdadera corrupción del país.
Acuerdos con el enemigo
En eso estamos: unas 350 mil personas se juntaron en los alrededores del Obelisco para apoyar la continuidad de este engendro. Algunos ingenuos piensan que estas marchas pueden insuflar ánimos al oficialismo y hasta contagiar a algunos incautos. Otros, más timoratos, consideran que estas manifestaciones son saludables para la democracia. Las dos opciones chocan con la realidad: las marchas del “Sí, se puede” son la humillante despedida del macrismo y es de esperar que sea un contundente Nunca Más al neoliberalismo; nada saludable es para una democracia que un tercio del padrón vote desinformado y con odio, ajeno a las dañinas consecuencias de su equivocada elección.
Demasiado aguantamos este ajuste innecesario y, sobre todo, salvaje que unos llaman gradualismo y otros el único camino. Envidia da la reacción de chilenos y ecuatorianos ante incrementos tarifarios que parecen mínimos en comparación con el aplicado en nuestro país. Después de llevar todo a precios inalcanzables, de fundir empresas pequeñas, medianas y grandes, de implementar la burla como concepto político y de instaurar la mentira como única explicación de los desastres provocados, que el Cambio conserve un 30 por ciento de intención de voto es un rotundo fracaso de la democracia.
Por el bien de todos, no van a pasar mucho más de ese número. Todo indica que Les Fernández ganarán en primera vuelta con más del 50 por ciento. Por más que el Buen Mauricio ensaye los mejores discursos motivacionales o invoque a un dios en el que no cree, por más que defienda las dos vidas aunque aliente el gatillo fácil, por más que mienta a cuatro manos en el debate presidencial, la situación económica y social en la que deja el país hace que su triunfo esté muy lejano. Por más que los apologistas rentados pueblen el espacio simbólico de alabanzas al desempeño de Macri, el votante, por ahora, ha dejado de comprar espejitos de colores.
Según parece, la ilusión de recuperar el bienestar perdido está depositada en Alberto, aunque el Ingeniero agite las aguas de la corrupción K no demostrada, aunque Espert tire entre sus cavernícolas propuestas algún palo a la Década Ganada o Del Caño iguale a los dos postulantes que polarizan las preferencias. La propuesta del ex Jefe de Gabinete de los Kirchner pasa por un acuerdo, como si todas las partes involucradas estuvieran dispuestas a algo así. Para muestra basta con observar el colchón que están armando los formadores de precios para un posterior simulacro de retroceso. Especuladores, avaros y estafadores. Tan egoístas y descomprometidos como los mil asistentes al Coloquio de IDEA que, ante la pregunta de quiénes contratarían a un piquetero, sólo tres levantaron la mano.
¿Con tipos como éstos vamos a pactar para garantizar un mejor futuro? ¿Con angurrientos dispuestos a dar un zarpazo cuando sus ganancias bajen unos céntimos? ¿Con individuos absolutos que no invierten proporcionalmente a lo que ganan y que esperan cualquier descuido para esquilmar nuestros bolsillos? ¿Con explotadores que no ven la hora de que alguien impulse una reforma laboral que precarice aún más a los trabajadores y dé por tierra con los convenios colectivos?
En lugar de un pacto, ¿por qué no proponer una reforma empresarial que obligue a los más ricos a tratar con más respeto a la sociedad en la que hacen sus negocios; que les exija a invertir y no reclamen rebajas impositivas o cargas patronales; que brinde al Estado herramientas para controlar las ganancias de estos succionadores del trabajo ajeno? No se puede acordar con los depredadores, menos aún si nosotros seremos sus seguras presas. Que otros se queden discutiendo sobre el dedito, el supuesto auricular o las patrañas que usó Macri para disimular sus falencias discursivas. Los que queremos un país para todos sabemos que no puede haber un futuro armonioso con estas fieras ávidas que habitan el lado más oscuro de La Grieta.

jueves, 17 de octubre de 2019

La necedad de mirar un dedo


Después del primer debate presidencial, la caída cambiemita es estrepitosa. Entre la desmentida de los datos recitados por el empresidente, el cráter catastrófico en la ruta 7, el “no se inunda más” como orden fallida, los nombramientos precipitados antes de la retirada definitiva, los 650 millones para comprar a los desempleados y el soborno a los fiscales para garantizar la victoria, el oficialismo debería recibir menos votos que en las elecciones primarias. O casi ninguno, porque todos son in-votables. Encima la inflación, que Macri prometió bajar en dos minutos porque "es una muestra de tu incapacidad para gobernar", no para de subir. Pero siempre hay más con un gobierno nacido para estafar. Ajenos a todo esto, los apologistas desvergonzados, casi faltos de argumentos y como buenos necios que son, sólo pueden mirar el dedo que agitó el candidato Alberto Fernández.
Eso no es nada: el Necio Mayor utiliza el índice de Alberto en su campaña para seguir embaucando a los necios que lo aclaman. Así, Macri calificó el gesto del opositor como autoritario porque “nos quiere decir cómo tenemos que vivir”. Con desfachatez, el Buen Mauricio posa ante sus fans como si fuera un héroe contra fáctico, un combatiente contra el Poder Real, como si, con sus desigualadoras medidas, no estuviese condenando a gran parte de los argentinos a vivir como la oligarquía desea: pobres, hambrientos y suplicantes. Y en un insostenible giro discursivo, alienta a sus hechizados con un absurdo “no tengamos miedo”. ¿De qué? Si desde 2015 estamos padeciendo la precarización creciente de nuestra vida, la entrega del patrimonio de todos, el endeudamiento histórico, la devaluación más brutal, la persecución a los opositores, la censura más atroz, la transferencia regresiva de recursos más salvaje, la discriminación constante y las balas represoras y cobardes que alienta la ministra Bullrich, ¿a qué más podemos tener miedo? El macrismo nos ha entrenado para enfrentar miedos peores que el retorno de lo que Ellos llaman, con desprecio, populismo.
Y después hablan de diálogo y consenso. Ellos, que sacuden sus puños sobre nuestra dignidad y ubican sus índices en nuestros lugares más sensibles, ¿se muestran intimidados porque un orador utiliza su dedo, como lo han hecho Alfonsín, Kennedy, Nelson Mandela y hasta el propio Macri? ¿Qué se puede consensuar y qué diálogo mantener con estos farsantes? ¿Cómo no calificar de necio al que se abraza a esta insostenible interpretación de las cosas y está dispuesto de volver a votarlos?
Índices para todos los gustos
Para los que aún no lo han advertido, Macri es todo lo que dice combatir. Macri es más que un apellido: representa a una clase privilegiada que vive succionando al resto, en un parasitismo vampírico que casi casi nació con Nuestra Patria. “Macri” es un apellido que incluye muchos apellidos ilustres que hicieron fortuna estafando al Estado y explotando trabajadores. Cuando Macri, Vidal o quien sea afirman que combaten las mafias y la corrupción, en realidad, están eliminando la competencia. Cuando gastan su saliva para afirmar que dicen la verdad, es porque están mintiendo a repetición. Nunca antes habíamos visto tanto cinismo hecho gobierno.
Y acá están los resultados. No sólo la crisis económica –más un desagüe de sus medidas que un castigo de dioses malignos- sino también el descalabro institucional, ético y hasta discursivo que tendremos como herencia. La deconstrucción de la oscuridad alimentada durante todos estos años con la difusión de falacias, demonizaciones y acusaciones sin sustento nos va a llevar mucho tiempo. Convertir el amarillo en un color aceptable o utilizar el “sí, se puede” sin vergüenza exigirá un esfuerzo sobre humano. Despojar la solidaridad de los estigmas demagógicos demandará mucho amor. Ni hablar del concepto ‘verdad’, tan bastardeado por los inventores de los “brotes verdes”, “el segundo semestre”, “la lluvia de inversiones” y “el crecimiento invisible”, entre muchas otras patrañas de extensa enumeración.
O la idea de la transparencia, tan pontificada por estos sátrapas que han hecho del Estado un facilitador de sus negocios, tal como confesó el Ingeniero con la metáfora del canchero. ¿Cómo puede pregonar sobre la honestidad un tipo que esconde parte de su fortuna en paraísos fiscales o toma medidas para beneficiar a empresas de parientes, amigos y testaferros?
De la Justicia, ni hablar, después de haber nombrado a los miembros de la Corte por decreto, destituido jueces para acomodar cómplices sin puntaje, apretado a Alejandra Gils Carbó por simple venganza, acordar prisiones preventivas para funcionarios y competidores, espiar magistrados para después extorsionarlos, instruir peritos para inventar causas judiciales, proteger a un fiscal en rebeldía, nada pueden decir del tema. Nada pueden decir de la justicia los que convirtieron un suicidio en un magnicidio, los que hicieron de un candidato a gobernador un triple asesino, los que transformaron un satélite en una caja fuerte.
Nada pueden decir de nada. Nada más que protestar por un dedito que los acusa de lo que son. El dedo incomoda a estos oscuros personajes porque se saben culpables del daño que nos han hecho. Los demás no miramos el dedo, sino el camino que señala. Por eso estamos tranquilos.

lunes, 14 de octubre de 2019

La caravana de la decadencia


En los primeros meses de 2016, se olfateaba que Macri sería el peor presidente después de los dictadores. El vaticinio no provenía de ningún poder extraterrenal sino de las primeras medidas y sus seguras consecuencias. Y, por supuesto, de la calaña del personaje, muchos de sus funcionarios y los verdaderos representados por este gobierno clasista. La devaluación de los primeros días, la desregulación de todo y el retiro de subsidios con el incremento bestial de las tarifas de los servicios públicos conformaban un peligroso combo que no podía concluir más que en esto que estamos padeciendo. Aunque el acuerdo con el FMI estaba muy lejos, la sumisión a los buitres pagando más de lo que pedían y la manera desmedida de pedir préstamos a privados anticipaban un incremento de la deuda pública único en nuestra historia. Y hay mucho más, porque la destrucción provocada por la impronta amarilla no fue magia, sino despiadada intencionalidad malsana.
Ahora, Macri dice que nos escuchó. De esta manera confiesa que nunca lo ha hecho. Pero escuchar no significa atender advertencias o resolver dificultades. Escuchar no resuelve nada si no se transforma en medidas. Macri y su Gran Equipo provienen de un grupo selecto de privilegiados que están acostumbrados a mandar más que obedecer, a sacar más que poner, a denostar más que comprender. En este breve –por suerte- período de nuestra historia hemos visto con más claridad las consecuencias de permitir que nos gobiernen los que se creen dueños de todo, no sólo de las riquezas sino también de los símbolos, ideas y valores. Esta vez no acudieron a dictaduras o un cómplice camuflado de nacional y popular: disfrazaron a un corrupto histórico de honorable ejemplar, convencieron a los votantes de que los ricos no roban y ejecutaron un saqueo desaforado, despojándonos de casi todo.
Desesperado por la segura derrota, el Buen Mauricio apuesta lo que le queda a la Caravana del Sí, se puede, una especie de circo donde los actores recitan los más absurdos lemas para convencer al escaso público de la lejana posibilidad de acceder al balotaje. El desafío heroico no es mejorar la situación del país ni la vida de los damnificados, sino conservar a las incautas víctimas del maléfico embrujo que destilan los exponentes del Cambio. Los infames monigotes que parlotean desde el escenario prometen que ahora sí van a hacer las cosas bien, aceptando que las hicieron mal. El tipo que inventó lo de la Revolución de la Alegría, reconoce lo “duro que es llegar a fin de mes”, aunque nunca haya experimentado algo parecido y admite que en estos cuatro años no logró siquiera derramar un alivio, sino todo lo contrario. Si en lugar de comportarse como un candidato perpetuo hubiera actuado como presidente, no estaría ante tan estrepitosa decadencia.   
Las fieras heridas
Macri es patético pero la gobernadora Vidal lo supera. En Olavarría, unos días después del cierre de la emblemática Loma Negra, la angelical María Eugenia agradeció el amor de la reducida muchedumbre y enumeró “los imposibles que se convirtieron en posibles”. Eso no incluyó la propagación del hambre en una provincia tan rica ni el récord de encabezar el primer gobierno provincial que cerró escuelas. Nada de eso: sólo reiteró la estupidez de enfrentarse a las mafias y “estar cerca”, sin aclarar lo que esto significa; si se refería a los timbreos, ya se ha demostrado lo artificiales que son; y si es tanta la cercanía, ¿por qué vive montada al helicóptero? Lejos de decir algo coherente, ahora asegura que “podemos ser el gobierno del trabajo, la producción, el salario”. Pueden, pero no quieren, como lo demuestran estos fatídicos cuatro años.
Aunque Vidal simule coraje y asegure que no se va a rendir, ya debe estar resignada a salir por la peor puerta. Lo mismo Macri, cuyo rostro revela el color de la derrota. Ambos tratan de evitar que el núcleo duro se ablande a fuerza de frases huecas y sin decir qué van a hacer en el remoto caso de que den vuelta los números. Lo único que logran es pasar vergüenza ante un público compuesto por abuelos que simulan orgullo ante las piruetas desencajadas del nieto poco dotado para la danza. Lo único que logran es que los apologistas mediáticos tengan que estrujar sus cerebros para tomar sus dichos con seriedad. Lo único que logran es demostrar lo poco preparados que están para seguir haciendo lo que han hecho en estos oscuros cuatro años.
Y así lo demostró el Ingeniero en el debate presidencial, con un licuado indigesto de sus más insostenibles hits combinados con incongruentes y mentirosos datos. Justo él que impulsó esta instancia como un componente esencial de la vida republicana no paró de exponer su cinismo y su incomprensión del país que decidió en mala hora gobernar. El embustero memorizó cifras falaces para seguir embaucando a los que insisten en ser embaucados para vivir cada vez peor. Y así quedó, destrozado ante las cámaras por los cuatro candidatos más sólidos que lo acompañaban. Cuatro porque lo de Gómez Centurión quedará para el archivo del ridículo con el paródico personaje facho que desplegó en el escenario.
Si bien Del Caño, Espert, Lavagna y Fernández no pararon de horadar el estudiado y rígido recitado del Gerente, sólo uno de ellos se mostró preparado para tomar la posta de la conducción del gobierno. Y en realidad lo está y tanto que hasta tiene diseñados los cien primeros días en La Rosada, que dejará de ser una SA para volver a ser el lugar donde se teje un buen destino. En sus planes está la pesificación de las tarifas, la revisión de los UVA, el retorno de la moratoria previsional, las paritarias libres y hasta un impuesto extraordinario sobre la rentabilidad financiera, entre otras medidas. Tan clara la tiene que por su discurso ya parecía un gobernante en ejercicio.
Aunque esta vez la lengua del Buen Mauricio no se tropezó tanto, sus diagnósticos fueron errados, sus denuncias infundadas y sus logros inexistentes. Tenso, desanimado y poco convencido, transitó como un primerizo entrenado a los apurones. Hasta se olvidó de decir para qué quiere continuar calzando la Banda o si lo dijo, no se notó tanto. Y eso que los acotados tiempos de la exposición de los candidatos no permitió enumerar el listado de chanchullos que salpican su gestión. Opacado, porque los escándalos no paran de incrementarse y cada uno de ellos desmiente el versito de la verdad, la honestidad, la transparencia y sobre todo, las buenas intenciones de su impronta destructiva.
Tan sucio está que con su réplica sobre la descomunal fuga de capitales involucró a sus amigotes en casos de corrupción, como si dijera si caigo yo, caen todos. Y claro, como es tan superficial y tan de clase, no se molestó por las pruebas que lo dejarán fuera de juego, sino por el dedito levantado de Alberto Fernández. Ellos pueden golpear la dignidad de la mayoría para desbordar sus arcas pero el autoritarismo está en un dedo levantado, en una palabra gritada, en un argumento sólido. Y llaman fanático al que tiene convicciones y no al que grita “Sí, se puede” sin saber a dónde nos llevará esa posibilidad. Ya están en retirada y pronto tendremos que dedicarnos a recomponer todo, a recuperar palabras y conceptos, a neutralizar a los futuros opositores y sobre todo, a evitar que vuelvan a convertirse en el principal obstáculo para construir ese país en el que siempre queremos vivir.

jueves, 10 de octubre de 2019

Un beso es lo de menos


La campaña de Macri con visitas a 30 localidades está dando sus frutos, pero no para captar más votos sino para demostrar que “Sí, se puede” ser más cínico, superficial y demagogo. Y contradictorio, porque para juntar gente tienen que apelar a los colectivos tan criticados en los tiempos en que desdeñaban las multitudes. Hasta dicen que están distribuyendo planes sin contraprestación en algunos municipios oficialistas, lo que da origen a un nuevo estigma: los globoplaneros. Nunca un gobierno se atrevió a tanto después de haber provocado semejante daño.
Pero el empresidente siempre va más allá del ridículo conocido. Si no se luce enumerando logros inexistentes, compara su quimera electoral con el cruce de los Andes. Si no vocifera lemas y mantras para que sean repetidos por la exultante y exigua concurrencia, besa el pie de una septuagenaria admiradora de Antonio Bussi que afirma no interesarse por la política. Con cada aparición avergüenza más a sus menguantes seguidores. Con cada palabra no ensayada confirma que es más incapaz de lo que uno suponía. Con cada promesa infundada demuestra que los motivos para continuar en la presidencia son inconfesables.
Las representaciones del Buen Mauricio siempre inspiran los más desopilantes memes pero la crítica no debe quedarse sólo en eso. El beso del pie no es más que el gesto desesperado de alguien que no entiende -o no quiere entender- por qué la reelección no está al alcance de sus manos. Sus yerros discursivos y conceptuales demuestran que está entre los menos preparados para presidir cualquier cosa. Y eso no sólo por estas muestras de lejanía, sino también por la indiferencia ante los problemas que su gestión ha vomitado sobre gran parte de la población.
No es por el beso en el pie que en el último año seis argentinos por minuto han pasado a ser pobres, lo que deja un tendal de más de tres millones de excluidos nuevos. No es por la tontería de San Martín que la recuperación de la industria a niveles de 2011 va a llevar casi veinte años. No es porque llame hechicera universal a Juliana Awada o Cenicienta a la anciana que perdió un zapato que somos el anti-ejemplo del mundo. Esas son distracciones de superficie y no problemas de fondo. 
Los juegos del hambre
El problema de fondo es que nos arrastró hasta el Fondo después de fabricar las condiciones para necesitar préstamos destinados a la fuga. No importa lo que bese sino que ha dolarizado la economía y nos ha llevado a niveles inflacionarios que internacionalmente se consideran de híper. Del Hambre Cero declarado en 2012 por Juan Carr, de Red Solidaria, nos sumergió en la Emergencia Alimentaria. No importa cómo llame a quien quiera sino que a pesar de los desastres generados a conciencia, el Ingeniero recorre el país en el avión presidencial como si estuviera de vacaciones. Y no para pedir disculpas por las promesas incumplidas con énfasis, sino para seguir embaucando a los insistentes embaucados.
El problema es que convoca a defender valores que ni él ni su Gran Equipo tienen. No son democráticos porque gobiernan por decreto y con resoluciones secretas. Casi todas cuestionadas por inconstitucionales y a espaldas del Congreso, al que tienen casi paralizado. No importa tanto que Macri grite como un desaforado, sino que su ministro de Justicia, Germán Garavano diga que “la Corte es tan independiente que parece opositora”. La independencia de los jueces no depende del lado en donde se ubiquen, sino de que se ajusten al Estado de Derecho y desobedezcan la pulsión persecutoria de estos gobernantes. La independencia de los jueces depende de a quién protegen con sus dictámenes, si a los miembros del Círculo Rojo o a los ciudadanos indefensos víctimas de la avaricia de esos pocos.
El problema no pasa por burlarse de la incapacidad obscena de Macri para decir algo que parezca inteligente sino por beneficiar a sus empresas y las de sus amigotes con cada una de sus decisiones. El problema es que, haga lo que haga, las urnas van a bajar el pulgar contra este oscuro personaje que está acostumbrado a ganar, a pesar de la inoperancia que irritaba a su padre Franco, de los incontables chanchullos que encontraron impunidad en tribunales cómplices y de las reiteradas estafas al Estado que jamás han sido castigadas. En breve va a perder, quizá por primera vez en su vida. Perdón, por segunda, porque la primera fue contra Aníbal Ibarra y eso terminó en un incendio.
Un tiempo atrás, el Buen Mauricio confesó que “si se ponía loco, podría hacer mucho daño”, algo que demostró después de las primarias. En realidad, ha gobernado como un loco desde aquel fatídico 10 de diciembre de 2015, en proporción al daño que nos ha hecho en estos larguísimos cuatro años. Un loco muy peligroso que seguirá ocupando su lugar en La Rosada SA después del rechazo contundente de los votantes por cincuenta días más. Si ahora que está en campaña continúa firmando decretos a la carta y cercenando derechos con proyectos inadmisibles, ¿qué hará a partir del 28 de octubre, derrotado, loco y enfurecido? Ya deberíamos estar diseñando un plan para acelerar el camino hacia un futuro mejor. Si, con interpretaciones amañadas de las normas, le robaron a CFK 12 horas de mandato, ¿cuánto deberíamos cercenarle a Macri después de la estafa democrática que ha ejecutado desde que se disfrazó de presidente para sentarse en todos los lados del mostrador?

lunes, 7 de octubre de 2019

Rompedores desorientados


Como están seguros de perder, los exponentes del oficialismo destinan la poca energía que les queda para que el tránsito hacia las elecciones sea lo más absurdo posible. Ya no les preocupa si lo que vomitan a diario son incoherencias, exabruptos o patrañas. Con nada de ingenio, tratan de contener un núcleo duro que se derrite al calor del incendio que están provocando. Mientras el Engendro Amarillo se desarma derramando su podredumbre, el candidato Fernández pergeña la manera de sacarnos de esta ciénaga mucho antes de convertirse en presidente. El futuro necesita que conservemos este capítulo negro de nuestra historia para que rompamos con la maldición auto-infringida de tropezar con la misma piedra cada vez que empezamos a recuperar algo de dignidad.
Claro que los cambio-adictos no se preocupan por esas cosas: siguen fascinados con estos impresentables, aplauden sus monerías y esperan, alelados, que todo lo prometido se convierta en realidad; si no todo, al menos algo que justifique el odio y la credulidad depositadas casi cuatro años atrás. Tanto sometimiento al pensar dominante debería dar alguna vez un premio, aunque sea una muestra de que son mejores en algo de los que tanto desprecian. Pero no: las fotos de cada día confirman que son peores en todo, desde lo que piensan hasta lo que hacen, desde lo que dicen hasta lo que callan, desde lo que prometen hasta lo que incumplen. Reconocer esto es admitir el error de votar por Ellos y todavía no es momento para tanta toma de conciencia, si es que estamos destinados a presenciar algo así.
Si al menos exigieran algo al equipo gobernante, uno respetaría más la insistencia. Pero no: para ese 30 por ciento, todo está bien aunque todo vaya mal. Ni siquiera se incomodan cuando el senador y candidato a vice, Miguel Ángel Pichetto propone dinamitar una villa por una foto del año pasado pero ni se mosquea por la Expo Cannabis de La Rural. Tampoco se asombran si la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich explica que la crisis económica es consecuencia de que el Gran Equipo no forma parte del “establishment del poder argentino”. Menos descubrir una contradicción entre defender la Democracia y la República a la vez que ovacionan a la diputada Carrió cuando ordena que hay que festejar la victoria aunque los números indiquen lo contrario. Por eso no hay que sorprenderse que clamen por la unión de los argentinos mientras celebran el control de antecedentes a los viajeros del tren.
El extravío del treinta
El voto por el Cambio es la aceptación de un cheque en blanco a sabiendas de que no tendrá fondos; es aclamar hoy una cosa y mañana, su contrario; es poner el dedo en una llaga para que vuelva a sangrar y después echarle sal para que arda más; es aceptar que el Buen Mauricio se levante un día con ganas de ser el primer feminista que habilita un debate parlamentario sobre la IVE y después se manifieste a favor de las dos vidas; es emocionarse por tener un mandatario futbolero que considere que la semi final entre Boca y Ríver contribuye a una incertidumbre política que no existe. Todo esto y mucho más significa el voto por el Cambio: un amasijo de incoherencias y contradicciones que sólo busca desigualar la vida de los ciudadanos, incrustar nuestra economía en un mundo de especuladores y rescribir la historia a la medida de los que se amontonan en el peor lado de la Grieta.
Que Cecilia Pando se alegre porque Macri rinda homenaje a las víctimas de la guerrilla de los setenta debería ser una señal de alarma para el elector distraído. Y que el Ingeniero declame que estos “héroes estarán para siempre en la memoria de todos los argentinos”, aunque no recuerde el nombre de uno de ellos es una muestra del vacío que encierra cada uno de sus actos. Además de la oscuridad que envuelve su dictador sentir.
Tan desorientados están los integrantes de ese 30 por ciento que interpretan el desbande de Comodoro Py como la antesala de un futuro de impunidad y la libertad concedida a los que estaban injustamente encarcelados como la prueba irrefutable de que Les Fernández crearán un ministerio de la Venganza. Jamás sospecharán que los escandalosos jueces y fiscales que diseñaron procesos inconcebibles no son los magistrados ideales y probos que la tele reivindica. Nunca se convencerán de que las acusaciones contra los K sólo son chismes mediáticos convertidos en causas jurídicas sin sustento y que el mote de corruptos queda mejor en los M.
Tan extraviados están que se abrazan a estigmatizaciones que podrían salpicarlos y alientan medidas que los dejarán fuera del camino. El que se abraza a incoherencias termina tan incoherente como el que las pronuncia: se conduelen por el crecimiento de la pobreza pero avalan el plan que lo produjo; se conmueven por los pobres pero aceptan que sean blanco de diatribas y palos; tildan de planeros y vagos a los destinatarios de la “ayuda” del Estado pero se emocionan cuando la bondadosa Carolina Stanley arroja una limosna a la muchedumbre. Y ya empiezan a babear de rabia porque Alberto Fernández presenta el programa “Argentina sin hambre” para que comer sea “un derecho y no un privilegio”. Como si fueran patrones, los peones se espantan por la vuelta del populismo sin advertir que ya están padeciendo la demagogia de la derecha, la promesa del paraíso después del eterno infierno neoliberal.
Una parte de ese 30 por ciento malogra la democracia porque su decisión es producto de un licuado discursivo aberrante y lo peor es que lo sabe. Sin dudas, esos votantes terminan siendo cómplices de la manipulación que los desorienta y víctimas del empecinamiento de conciliar con los verdugos. Individuos que se abrazan a desprecios ajenos para simular lo que no son y que creen en lo increíble con tal de no reconocerse como errados. Que debamos disputar nuestra dignidad con la oligarquía ya es un desafío descomunal para que encima tengamos que estar brindando explicaciones juiciosas a los que no quieren escuchar más que pamplinas.

jueves, 3 de octubre de 2019

Los números de la despedida


En estos días, muchos evocaron cuando Macri -con su prepotencia de clase- impuso el momento desde el cual debía ser evaluado. Ese 28 de septiembre se difundía el primer dato sobre la pobreza, casi un año después de haber asumido su calamitoso mandato. Hoy, desde el ocaso que le cuesta aceptar, tanto él como sus secuaces tratan de mostrarse sorprendidos porque la pobreza no tiende al cero, "a pesar de todos los esfuerzos que estamos haciendo para lograrlo", según declaman a cada instante. En realidad, no hay que ser muy sagaz para deducir que no han hecho nada, sino todo lo contrario: cada una de las medidas tomadas desde el fatídico 10 de diciembre de 2015 sólo la ha incrementado, por más cara de circunstancias que practiquen ante las cámaras.
Y no porque los pobres se empecinen en serlo o -como expresó irrespetuosamente Carrió- porque teman ser ricos. Con tarifazos, dolarización de todo y destrucción de empleo, no se puede esperar más que exclusión y deterioro. Con un plan como el que está en marcha la pobreza no puede hacer otra cosa más que crecer. Después de las PASO, Macri intentó recuperar adeptos con manotazos que sólo agravaron la situación de los que menos tienen o peor, beneficiaron sin maquillaje a los verdaderos representados por el nefasto Gran Equipo. El bono es una burla y las modificaciones impositivas de IVA y Ganancias terminaron con un fallo de la Corte Suprema de Justicia a favor del reclamo recaudatorio de las provincias. Si al anunciarlas eran insignificantes en sus resultados positivos, ahora se erosionan con el roce de la realidad.
En una muestra más de que el interés por los pobres es su mayor hipocresía, unos días después de la Tragedia de Ezeiza, donde José Bulacio falleció en un accidente producido por el apuro de inaugurar, redujo con un DNU las indemnizaciones para beneplácito de las ART. Para que sus amigotes especuladores puedan ganar más con la sangre que los pseudo empresarios como Macri producen con su angurria. Y si esto no es suficiente, el Buen Mauricio intenta –ahora con más premura- convertir a la CABA en una guarida fiscal para poder evadir, esconder y fugar con mayor facilidad. El sueño del Paraíso propio que tiene desde que asumió como Jefe de Gobierno porteño en 2007. Alguien debería explicar sin ponerse muy colorado de qué manera contribuyen estas dos decisiones para disminuir la pobreza de la que tanto simulan lamentarse.
El problema son Ellos
En verdad, todo lo que provenga de Ellos es puro simulacro. Desde siempre. Ahora se evidencia más porque la crisis que provocaron es inocultable, por más que algunos insistan con la Pesada Herencia o “se robaron todo”. Hasta intentan, de cara a las elecciones de octubre, remasterizar el asesinato del suicidado fiscal Nisman para recordar a los odiadores lo malos que son los K. Todo para ocultar el fracaso, no del plan económico que transfirió riqueza de manera regresiva, sino de la imposición del pensamiento único dominante para garantizar la continuidad. Hoy no logran engañar a tantos como lo hicieron cuatro años atrás. Con la persecución judicial y la obsesión represiva de la inaceptable Bullrich no van a conquistar votos. Con el verso de la lucha contra el narcotráfico o el enfrentamiento con mafias inexistentes, tampoco.
Menos aún con las metáforas gastadas de “sacar el pie de encima” a los industriales o la patraña de abaratar los aportes patronales para generar empleo o poner más dinero en el bolsillo de los trabajadores. Tampoco la promesa vacía de un futuro indefinido porque esto que estamos padeciendo es el futuro que prometían anteayer. La Caravana del “Sí, se puede” no podrá convencer a demasiados incautos porque se nota que no es más que un extenso cacerolazo pero a favor de los que lo inventaron.
A medida que se acerca el 27 O más se desesperan porque no pueden inclinar los números que le fueron tan adversos en las elecciones primarias. Por eso tienen que apelar a los significantes huecos, como ‘república’, ‘libertad’, ‘democracia’, ‘valentía’ y otras tantas pavadas más que pronuncian con emoción ensayada. O, en un esfuerzo de producción sin precedentes, Macri explica que las cosas no salen como planeaban porque “hay muchos problemas estructurales que resolver”. Lo primero es mentira: en gran parte, pudieron lograr lo que pergeñaron, menos la reelección para seguir ejecutando el saqueo. Lo de los ‘problemas estructurales’ es discutible: para ellos esa expresión engloba las trabas para esquilmar derechos y seguir vulnerando cada vez a más argentinos; para nosotros, representa todo aquello que nos impide crecer y distribuir.
Una disidencia no menor; una dicotomía inconciliable entre privilegios y derechos, entre minoría y mayoría, entre oligarquía y pueblo. Un problema estructural es que existan especuladores, parásitos, evasores ahítos de fortuna succionada del Estado que pretendan seguir amoldando el país a la medida de sus apetencias. Este es el único problema estructural que tenemos que resolver si queremos construir un país que nos contenga a todos.

Una humillante bandera blanca

  El abuso de los precios no se soluciona con consenso. Como dicen por ahí, las leyes están para volverse efectivas y los actores principale...