lunes, 31 de diciembre de 2018

El año que vivimos en peligro


Que este año termina y empieza uno nuevo no es ninguna novedad. El contexto nos invita a un balance que nadie realiza en serio. El momento del brindis es tan breve que no alcanza para nada. Apenas para un balbuceo etílico de lugares comunes: el deseo de un nuevo año mejor y todo lo demás. Sin embargo, a algunos no les alcanza ni para formular deseos. Y menos aún después de este año, que ha sido el peor en mucho tiempo. El que estamos por estrenar tampoco promete demasiado porque la Pandilla Gobernante planea triunfar en las elecciones haciendo lo mismo que hasta ahora: engañar, mentir, demonizar y prometer, pero sin mejorar un ápice la vida de la mayoría. Y esto no es pesimismo, sino realidad. En lo único que se ha esforzado el Gran Equipo es en demostrar las malvadas intenciones que tiene. El resto es puro marketing.
 Así y todo, Macri y sus saqueadores siguen en carrera. Como si no bastara haber endeudado al país en más de 250 mil millones de dólares, condicionando nuestra vida no sólo en 2019, sino en los años sucesivos hasta 2023. Y todo para estar peor. ¿Qué tiene de democrático hacer algo así? ¿Dónde está el mérito de vivir embargados? ¿Quién puede enorgullecerse de esto? ¿Qué clase de apologista hay que ser? Que algunos perjudicados piensen votarlos otra vez dan ganas de desear que pierdan el documento un día antes de las elecciones. Este deseo no es anti-republicano: que un rico vote a un rico para volverse más rico no merece ningún reproche pero que un pobre vote a un rico para que lo siga empobreciendo, los merece todos.
 Las reflexiones sobre esto explotan en mi cabeza cada vez que me siento ante el teclado. El ¿qué pasó en 2015? inspira mis noches en vela. Como si la ciudadanía estuviera dispuesta a refutar la casi nunca demostrada frase “el pueblo nunca se equivoca”. Como si el votante estuviera dispuesto a insistir en el error, a pesar de las evidencias.
Evidencias que no aparecen en grandes titulares, pero que se palpan a diario. El bestial incremento de las tarifas de los servicios públicos no necesita demasiada difusión para volverse indignante. Claro, parafraseando a González Fraga, “les hicieron creer” que está mal pagar poco por la luz, el agua, el gas, el transporte y ahora está bien desangrar al usuario en cuotas. Encima, el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich recurre a la Pesada Herencia como excusa para los nuevos incrementos de una manera tan pueril que debería avergonzar a los que le creen. Para este bribón, el gobierno anterior “nos dijo que todo era un viva la Pepa, que todo era gratis” para justificar el latrocinio. Y lo peor es que muchos conciudadanos repiten semejante estupidez como una revelación divina. Desmontar el embrutecido sentido común parece más difícil que navegar en dulce de leche.
La hoja de ruta
Pero no hay que bajar los brazos para esclarecer ante un año electoral que pinta intenso. Hasta el que está convencido de que sus penurias conforman el sacrificio necesario para el futuro del país merece unos minutos de nuestra atención. Lo más difícil no es presentar argumentos para desalentar su entusiasmo sacrificial, sino contener la risa. Tampoco va a ayudar una expresión de conmiseración en nuestro rostro. Con rictus neutro habrá que explicar que la dignidad horadada sólo contribuye a engrosar los bolsillos de los que jamás derramarán nada. Si esto no lo convence, que siga gozando de su sacrificio y a otra cosa.
Derrotar a Cambiemos con sus expoliadores dentro no debería ser difícil después de todo lo que hemos conocido de ellos. Eso más allá de las encuestas, que arrojan números contradictorios todos los días. Mientras algunas afirman que ocho de cada diez argentinos tienen una imagen negativa del empresidente Macri, otras dicen que conserva un 36 por ciento de intención de voto. Otras aseguran que la imagen negativa duplica la positiva y algunas llegan a apostar que gana en primera vuelta. En medio de este torbellino numérico, la Universidad Austral –insospechada de kirchnerista- realizó un estudio que demuestra que el 53 por ciento de los argentinos está convencido de que el buen Mauricio y casi todos los funcionarios son corruptos. Esto a pesar de los esfuerzos de parodia de los medios oficialistas para demostrar lo contrario. El trabajo se llama “Indicadores internacionales de la corrupción Argentina 2018” y está avalado por Transparencia Internacional, el Banco Mundial, el Foro Económico Mundial, Latinobarómetro y el BID, entidades globales que deberían coincidir con un gobierno de empresarios.    
Como ya sabemos, no sólo la parafernalia comunicacional construye un escudo de protección: un entramado de jueces y fiscales acólitos hacen las piruetas más absurdas para complacer al establishment gobernante. Prisiones preventivas eternas, procesamientos insostenibles y sentencias sin pruebas son las acrobacias más comunes de estos saltimbanquis judiciales. Esto para los K, por supuesto, porque para los M desparraman sobreseimientos exprés sin leer las denuncias. El clímax de esta persecución judicial se alcanzó el fin de semana pasado con la muerte de Héctor Timerman, acusado injustamente por el Juez Claudio Bonadío y acosado desde las propaladoras de estiércol por traición a la Patria.
El año que se inicia es electoral y será enloquecedor. La campaña promete mucha acción. El Poder Real bombardeará con operaciones, noticias falsas, denuncias injustificadas y mucho malabarismo de magistrados serviles. Los ciudadanos debemos estar muy atentos para no errar en nuestra elección. En cambio, los irresponsables expulsarán su voto como si la urna fuese un excusado; si no reeligen a los embaucadores, optarán por oficialistas camuflados de opositores que resultarán funcionales a la continuidad del saqueo.
De un lado el modelo desigualador con todas sus variantes y del otro, la unidad. Muchos de los que se apartaron del kirchnerismo durante la Rebelión de los Estancieros ahora pronuncian esta palabra como si fuera un conjuro. Los que contribuyeron a horadar al gobierno de Cristina ahora se enfilan tras ella para derrotar a Macri. Primero el pegote, después las ideas, cuando debería ser al revés: la idea de recomponer el país que han descompuesto, castigar a estos malandras y todos sus secuaces, desarmar el maléfico Grupo Clarín, reeducar a los mega empresarios para que contribuyan al conjunto, recuperar la soberanía y la independencia, echar a patadas a los funcionarios judiciales que mancillaron las leyes, exigir que el botín obtenido con explotación, evasión y especulación sea devuelto y que la deuda externa sea pagada por los que la contrajeron y se beneficiaron con ella.
Todo esto debe incluir la Unidad, de lo contrario, no servirá de nada. Si al primer gruñido de los poderosos se produce la estampida, estaremos dando vueltas sin transformar nada. Si no convertimos en delito lo que el Cambio ha hecho en estos tres años, estaremos condenados a servir a unos pocos. Si no comprendemos que la democracia debe construir igualdad, siempre estaremos a merced de desigualadores como éstos. Si el Cambio nos hundió hasta acá, tendremos que considerar caminos más revolucionarios.

jueves, 27 de diciembre de 2018

De todo, menos alegría


Por más que pongan animalitos en los billetes, la historia que quieren tapar siempre explota en el presente. Los restos de una revista de historietas en un bunker del monte Tumbledown, escenario del combate que puso fin a la Guerra de Malvinas, llegan como un emotivo regalo de Navidad. El des-gobierno amarillo desmalviniza el presente para coquetear con el Imperio, pero la Historia no se deja pisotear así nomás. Por más que estos embaucadores hablen de un futuro impreciso, nos traen el peor pasado camuflado como una novedad que algunos, de tan distraídos, toman por revolución.
Después de tres años de decadencia, ¿cómo alguien del montón puede posar sonriente al lado del Ingeniero en un supermercado? El punto no es burlarse de su calzado o de la pajaril postura de sus piernas; analizar el gesto distante y aterrado o la forma tan poco habitual de sostener los frascos. Lo crucial es entender por qué sonríen los que están junto a él, si por las amenazas de los custodios o porque no entienden nada. O las dos cosas. ¿Qué orgullo puede sentir un ciudadano común y corriente junto a alguien que nos está haciendo tanto daño?
No es cualquier presidente: es el que adrede está desmadrando todo; el que aconseja no endeudarse pero bate récord de endeudamiento; el que nos integró al mundo como el país de menor crecimiento, con el salario más bajo, con el riesgo país entre los más altos; el que pontifica sobre la meritocracia desde su púlpito de heredero; el que se disfraza de honesto aunque gran parte de su fortuna es espuria. Macri es el que ahora promete una vez más que estaremos mejor con un “abrazo fuerte, largo y silencioso”, como el de una boa antes de devorar a su presa. ¿Cómo dibujar una sonrisa junto a alguien que sigue deteriorando la vida de casi todos?
Tanta indiferencia duele en lo más hondo. Tanta distracción no puede explicarse sólo por el blindaje mediático. Hay algo más que desentrañar en todo esto que, en verdad, asusta. Quizá los que se acomodan para la foto ven en Macri un famoso más, como un cantante o un actor y aprovechan para eternizar ese contacto único con alguien a quien sólo ven en la tele. Tal vez no relacionen lo que ocurre en su entorno con ese hombre de carne y hueso que irrumpe en la cotidianeidad para comprar aceitunas. A lo mejor conservarán ese momento como una anécdota para contar a sus nietos, que tendrán empeñado hasta el chupete. Y lo peor: no sólo piensan que el padecimiento de muchos es el paso necesario para un país mejor sino que son merecedores de semejantes penurias.
De mal en peor
Los asesores de Macri saben cómo enternecer al público cautivo y por eso titularon “El lazo que nos une” al saludo de Navidad. Lazo que, sin dudas, nos está acogotando. Mientras el entorno nos anuncia con bombos y platillos que hay que festejar y los medios nos cuentan con qué manjares hacerlo, la mesa navideña se incrementó en un 250 por ciento desde 2015. El clima navideño es inevitable hasta para los que practican otra religión o ninguna. Los movileros recorrieron galerías y comercios en pos de hallar una multitud de compradores de regalos pero se encontraron con la resignación de un Papá Noel ajustadísimo. El Mercado despojó de sacralidad esta fecha al punto de desplazar a un quinto plano el mito que se conmemora, en tanto sacerdotes y pastores se encargan de encauzar a sus fieles para recuperar el matiz espiritual que casi está extraviado. La puja de siempre en la conducción del rebaño.
Pero esta vez, un nuevo actor entró en escena. La capital del país llenó sus carteles electrónicos con un mensaje impropio para un Estado laico: “Navidad es Jesús”. Ninguna información reservada porque esto lo sabe hasta el más desinformado. Sin embargo, detrás de esto hay una estrategia nefasta que pretende aceitar el camino hacia las elecciones, a la manera del peligroso Bolsonaro. Esta preocupante leyenda que lleva el logo oficial del gobierno de la CABA aparece a pedido de la JUCUM, Juventud con una Misión, una asociación evangélica con poder de lobby que creció de la mano del macrismo en la ciudad y que ahora pretende expandirse a la provincia de Buenos Aires y, por supuesto, a todo el país. Una manera de hacer campaña sin que se note.
Todo para seguir engañando al votante y convencerlo de que éste es el camino. Más allá de los malos resultados, por supuesto. Aunque se hayan perdido más de 120 mil puestos de trabajo registrados en un año y nada augure que se puedan recuperar. Desde que comenzó el Cambio, hay un diez por ciento menos de empleos de los que existían. Y se viene más destrucción, por supuesto, porque la alegría no se detiene ni en verano. La maldad del Gran Equipo no tiene límites y lo público es el principal objetivo. El cierre de 14 escuelas en la CABA es una prueba piloto para seguir practicándolo en el resto del país. Una bestialidad tan descomunal como el desguace del Hospital Posadas que, a los 1300 despidos ya ejecutados, en esta semana se sumarán más. No hay manera de disfrazar las malas intenciones cuando escuelas y hospitales están en la mira de la guadaña.
Los que advertimos todo esto desde antes del balotaje no salimos de la sorpresa ante tanta pasividad, tanta naturalización de las tragedias que recorren el país, tanta esperanza en vano. Tanto perejil posando junto al embaucador. El recién partido Osvaldo Bayer se lamentaba en una entrevista de dos años atrás: “tengo 89 años y nunca pensé que volvería a ver un gobierno de derecha. No hemos aprendido absolutamente nada”. Por el contrario, después de tantas experiencias perniciosas para la mayoría, seguimos desaprendiendo.

lunes, 24 de diciembre de 2018

Reflexiones al pie del arbolito


El Papá Noel flaco que posó junto a la familia Macri es una muestra más del fracaso de la gestión amarilla o una invitación a una vida saludable. Una postal light para fin de año. Lástima la Infanta, que esta vez escatimó su sonrisa tantas veces explotada por sus progenitores. Como 18 años atrás, volvemos a un fin de año triste, tenso, opaco, donde no se podrá brindar por lo bueno del año vivido ni por lo auspicioso del que vendrá. Muchas copas rebosarán de lágrimas; muchos platos estarán vacíos; muchos corazones no tendrán esperanza. A pesar de esto, el Ingeniero se va por tres semanas, con el empeño de batir el record de 130 días de vacaciones desde que invadió la Casa Rosada. Pero eso es sólo un detalle en medio del auto-tsunami que el buen Mauricio insiste en llamar tormenta.
En tanto, la vocinglería oficial sólo derrama excusas y busca echar culpas hacia cualquier lado menos a los verdaderos responsables: los mismos que recitan versos armados desde las usinas propagandísticas del PRO. El repertorio incluye todo lo que ya sabemos de la Pesada Herencia, se robaron todo y les hicieron creer que…, pero hace un par de meses apareció eso de “los fracasos económicos de los últimos 70 años”. Según este novedoso eslogan, todo iba bien hasta que llegó el peronismo. Entonces, las “bondades” del país oligárquico, rentístico y agroexportador se vieron interrumpidos por derechos laborales y desarrollo industrial. El dinero de todos empezó a derramar hacia todos sin demasiadas pretensiones revolucionarias. Desde 1955 hasta acá, gracias a golpes militares, democracias condicionadas y unos cuantos engaños, la oligarquía pretendió recuperar el mando del país para hacerlo propio. Por lo tanto, los fracasos económicos de los que tanto se lamentan son más propios que ajenos. Y con las peores intenciones.
El Patio de las Palmeras de La Rosada SA fue el escenario de una nueva sandez presidencial. Como buen farsante que es, habló de “los momentos difíciles que tuvimos que recorrer”, como si alguna vez hubiera experimentado algo parecido a las penurias de muchos de sus gobernados y amenazó con “grandes desafíos que tenemos por delante”. ¿Más? El principal desafío que tenemos por delante es deshacernos de esta banda de maleantes, exigir que nos devuelvan lo que fugaron, encerrarlos en jaulas reforzadas para que no vuelvan a hacer daño a nadie y reconstruir el país que se dedicaron a destruir no sólo desde la asunción de Macri sino mucho antes.
Algo parecido a un brindis
Con las pocas luces que demuestra tener, el empresidente se atribuyó la ‘genialidad’ de llamar ‘tormenta’ a la crisis económica que fabricó y en un intento de inyectar optimismo donde no existe tal posibilidad, sentenció que los sacudones “nos han fortalecido”. ¿A quiénes? A Ellos, por supuesto, que han aprendido la manera de esquilmar a los ciudadanos y que, encima, siga en pie la posible continuidad. Después recitó las pamplinas del diálogo, el debate y todo el repertorio de palabrerío insustancial que sólo engaña a los que se dejan engañar. Que se engañan a pesar de todos los desengaños.
El desengaño más palpable es el resultado del plan que el Gran Equipo lleva adelante desde el inicio de su mandato. La recesión, la inflación, la caída de las ventas, el cierre de fábricas y comercios, el número de desocupados, el crecimiento de la pobreza, el endeudamiento monumental, la fuga de divisas, la caída de las inversiones, la devaluación constituyen un combo que hacen de 2018 el peor año económico desde 2002. Seguir esperando algo bueno de todo esto requiere un fanatismo cercano a lo religioso o, como decía Serrat en una vieja canción, “bienaventurados los que están en el fondo del pozo porque de allí en adelante sólo cabe ir mejorando”. Algo de eso intentó exhibir el INDEC con el resultado del índice de Gini, que muestra una leve caída respecto al año anterior, de 0,427 a 0,424. Si esto puede tomarse como un avance hacia la igualdad, en realidad, indica que todos están cayendo y cuando caigan los de arriba, aplastarán a los de abajo.
Pero hay otros desengaños sobre los que hay que hilar más fino. No tanto, por supuesto, aunque hace falta insistir. En el inicio de 2015, la denuncia del Memorando con Irán y el suicidio del fiscal Nisman alimentaron una campaña electoral que pintaba muy sucia. Los medios dominantes, los PRO y algunos satélites más se colgaron de estos embustes y acusaron a CFK de homicidio. Una pantomima en la que todos se prendían a pesar de las pericias de la Corte que sentenciaban un suicidio. Muchos pusieron su voto con la imagen imborrable de una Cristina asesina. Con todo el poder en sus manos, los amarillos inventaron un informe de Gendarmería en el que se basó el juez Ercolini para diseñar un juicio oral en el que la ex presidenta ni está mencionada. Ahora, la ex esposa del fiscal, la jueza Sandra Arroyo Salgado, que durante todo este tiempo sostuvo la hipótesis de homicidio, renunció a ser querellante porque sabe que va a perder no sólo el juicio sino mucho dinero. En breve, la madre del suicida, Sara Garfunkel, que estuvo en la escena aquel día de enero, también renunciará a la querella. En el camino quedan impunes los que armaron el escándalo en los días previos y posteriores al fatal desenlace: las entonces diputadas Laura Alonso y Patricia Bullrich. Tantas evidencias no hacen mella en la convicción prejuiciosa del que todavía sigue con la idea de que nunca se sabrá quién mató a Nisman porque niegan la certeza del suicidio.   
La campaña presidencial del próximo año tendrá más mugre con la causa de los no-cuadernos de Centeno. Con fotocopias, sin botín, con arrepentimientos no registrados en audio o video como indica la ley, con la sola intención de alimentar titulares, con la impunidad de un poder arbitrario y desencajado, los jueces de la Sala I de la Cámara Federal dibujaron una proscripción con formato de procesamiento y frutilla de prisión preventiva contra Cristina. Los que nunca se someten al voto popular deciden quiénes serán los candidatos. O, al menos, quiénes no podrán serlo. Todo para seguir engañando a los que siguen engañados.
Una confesión necesaria: yo no tengo espíritu navideño, no creo en Papá Noel, el niño Dios ni los Reyes Magos; tampoco creo que los deseos se conviertan en realidad con sólo desearlos; no alzo mi copa como pedido a ningún dios ni genio benefactor para que transforme ninguna realidad. Si brindo es para saludar a mis pares, para confraternizar con los cercanos, para aproximarme más a los próximos. Si digo algo es para despertar conciencias,  desentumecer el entendimiento, para desentrañar verdades, deconstruir mentiras. Si existiera algo superior a lo humano y me permitiera un deseo, le pediría una chispa que ilumine los corazones de los que todavía insisten en transitar por este camino de tinieblas y una pizca de memoria para que comprendan que los que nos conducen son los enemigos de toda dignidad y justicia. Como no existe, tendré que seguir escribiendo.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Aplaudidores de cipayos


Los símbolos del Cambio son muchos y casi todos negativos. Imágenes que se amontonan en un cajón siniestro. Revisar una por una no es aconsejable para la salud, aunque resulta necesario para comprender que pusimos a comandar el país a personajes que no merecen tal honor. El plural no significa asumir la responsabilidad del resultado electoral, sino aceptar las reglas del juego de un sistema democrático que tiene sus fallas. Uno de esos yerros es que tipos tan poco democráticos hayan conquistado con malas artes la representación de los ciudadanos y que sigan ahí a pesar de todas las muestras de irresponsabilidad institucional que brindan a diario.
El que quiera seguir engañado, que lo haga, pero a sabiendas de que está perjudicando a todos. Que siga creyendo que son honestos, bienintencionados y que dicen la verdad; que siga esperanzado en el futuro venturoso que prometen; que siga creyendo vivir en una Revolución de la Alegría, aunque esa alegría esté destinada a muy pocos. Si quiere seguir coreando enfervorizado el “sí, se puede”, que lo haga, aunque advierta que cada vez se puede menos. Si quiere seguir aplaudiendo las justificaciones del desastre, los tartamudeos insustanciales de Macri, las inconsistencias intelectuales de Michetti, los recitados cínicos de Vidal y la cara de Rodríguez Larreta que lo dice todo, que siga aplaudiendo mientras todo se hunde.
Tal vez le parezca correcto que separen a los directivos de una escuela porque uno de los graduados eligió la “Marcha Peronista” al momento de recibir el diploma. ¿Las autoridades de Educación hubieran reaccionado igual de haber elegido la “Marcha Radical”? No, por supuesto, porque para Ellos sólo es ideología lo que contradice el pensar dominante; sólo es partidario lo que cuestiona al establishment; sólo es crispación la desobediencia al Poder Real; sólo es violencia el rechazo a los golpes que la angurria gobernante destina a diestra y siniestra.
Quizá suponga que la Justicia es justa cuando mata por la espalda, condena sin pruebas y encarcela sin juicio o que un titular basta para sepultar otra manera de mirar el mundo. Tal vez acepte que la libertad de expresión sea la monotonía discursiva y el obsceno blindaje mediático que entorpecen el entendimiento o que “no perseguir al que piense distinto” sea, en realidad, hostigar a los desobedientes. Quizá asuma que un juez es independiente cuando no obstaculiza el accionar del Gran Equipo; que le parezca bien que las autoridades de TELAM hayan pedido un jury ante el Consejo de la Magistratura para destituir a los dos jueces que fallaron a favor de los trabajadores o que el ministro de Justicia, Germán Garavano haya visitado en secreto a la Suprema Elena Highton de Nolasco para que no se sume a la mayoría en la Corte. El sujeto en cuestión está en todo su derecho de acordar con todo esto, pero de una vez por todas, deberá comprender que está del peor lado de La Grieta.
Un álbum de terror
Los símbolos son muchos y no es posible dar cuenta de todos. Algunos lo habrán tomado como una osadía del Cambio, pero Macri no juró con patriotismo, sino con honestidad. Un detalle simpático, la travesura de un playboy que después se refrendó con su accionar entreguista, anti nacional, apátrida. Ni honesto ni patriota. El bicentenario de la Independencia lo conmemoró con austeridad, héroes angustiados, el querido Rey y los carapintadas. No lo celebró con una fiesta, sino con la resignación por venir. La Independencia es un escollo para sus planes destructivos. Que una bandera argentina golpee su cabeza en un acto no fue señal suficiente para los encantados y siguieron aplaudiendo.
Los medios públicos –actores contra hegemónicos en la gestión anterior- se convirtieron en sucursales de Clarín para amplificar el pensar dominante. Ahora no los consume nadie: los que antes encontraban en ellos desmentidas y aclaraciones, buscaron otras alternativas; los que sólo fagocitan las razones del establishment, se quedaron con la casa matriz y no con las repetidoras. El vaciamiento anticipa la clausura de lo que antes era orgullo y ahora sólo humillación. Lo mismo pasa con Aerolíneas Argentinas, que perdió las rutas más rentables en beneficio de las líneas de bajo costo de amigos y familiares. La línea de bandera recuperada se desmorona ante una feroz competencia subsidiada por el propio Estado.
La celeste y blanca se vacía con cada medida del Gran Equipo. La bandera de remate es la única que flamea en La Rosada SA. Los amarillos abandonaron el mandato constitucional de la Soberanía en Malvinas y habilitan a la Corona para la explotación de los recursos. Hasta el embajador argentino en Londres, Carlos Sersale, celebró que “las autoridades máximas de las Islas” hayan recibido al empresario Eduardo Eurnekian. Error diplomático, si los hay, no sólo porque desconoce que Malvinas integra la provincia de Tierra del Fuego y su autoridad es la gobernadora argentina sino porque sienta un precedente de renuncia a la soberanía para reclamos posteriores. Eso sí que es traición a la Patria.
Cuando eran oposición, el Ingeniero y sus secuaces parloteaban sobre esa tontería del país aislado del mundo, como si eso fuera posible. Los colonizados babeaban de placer ante la idea de la integración porque no querían ser más “como Venezuela” ni aliarse con los países de la Patria Grande. Para el tilingo, el mundo es Europa y EEUU. El resto es otra galaxia y de ahí nos querían sacar. Desde el primer día, nos incrustaron en el Primer Mundo pavoneándose en Davos y acatando el reclamo carroñero de los Buitres. El Banco Central y el ministerio de Finanzas se transformaron en intermediarias de los especuladores internacionales y batieron un récord de endeudamiento para financiar la timba. Y así nos arrastraron hasta el FMI para que su directora, Christine Lagarde, se convierta en presidenta de facto. Y los colonizados ni se preocupan.
Nada de esto mejoró nada, sino todo lo contrario. Los números desmienten cualquier apología. “Nuestros queridos abuelos” perdieron más del 18 por ciento del poder adquisitivo de sus jubilaciones, además de muchas prestaciones que brindaba el PAMI y la Reparación Histórica sólo fue un caballo de Troya para que familiares y amigos blanqueen parte de su botín espurio. La lluvia de inversiones se materializó en una sequía que obliga a la suspensión de la obra pública. La confianza de los Mercados devino en un riesgo país cercano a los 800 puntos. La inflación que Macri prometió “bajar en dos minutos” porque es una “muestra de la incapacidad para gobernar”, será este año superior al 45 por ciento.
Macri se presentó como desarrollista pero la industria sólo utiliza la mitad de su capacidad instalada, las Pymes están boqueando y hasta los agrogarcas se quejan del no-plan económico. El desempleo amenaza con superar los diez puntos y la pobreza, lejos de tender a cero, no para de crecer. Los amarillos se presentaron como defensores de la educación pública pero sólo operan para destruirla, bajando el presupuesto, mezquinando salarios y descuidando el mantenimiento de los edificios. Los miles de jardines de infantes brillan por su ausencia. Por primera vez desde el retorno a la democracia, se van a cerrar escuelas.
Hay muchas más imágenes que nos deja este nefasto gobierno. Todas son horrorosas, pero lo que más espanta es la indiferencia y la pasividad que se palpa en el ambiente. La decepción se percibe, aunque, en lugar de volverse acción, aparece como una mueca resignada mientras algunos siguen aplaudiendo.

lunes, 17 de diciembre de 2018

El Patriarcado está en todo


La acusación de Thelma Fardín contra Juan Darthes sacudió la modorra de un tránsito tranquilo hacia las Fiestas y alivió la tensión del público sobre las trapisondas del Gran Equipo. Un episodio que impacta, duele, interpela y nos desafía a una nueva manera de relacionarnos. El Patriarcado nos afecta a todes y es momento de desterrarlo. De eso no hay dudas, pero una cosa es abordar el tema y profundizarlo con la trascendencia que merece y otra el parloteo vacío de muchos programas televisivos en donde “especialistas” invitados derrapan en lugares comunes y barrabasadas que confunden al espectador. También están los apologistas que vomitan improperios contra el colectivo #MiráCómoNosPonemos porque todo lo que cuestione el Estado de las Cosas despierta el Macho que alojan en sus entrañas. Y por supuesto están los que aprovechan cualquier asunto que impacte para activar las tretas de distracción y saturación para pasar pronto a otra cosa.
Como no podía ser de otra manera, el empresidente Macri se dejó llevar por su impronta demagógica y con la intención de mejorar su imagen, se trepó una vez más al tren del feminismo y otra vez se estampó con su propia torpeza. El que una vez declaró que a las mujeres les gusta que le ponderen el trasero, habilitó el debate por la IVE para después boicotearlo y serruchó las partidas presupuestarias para combatir la violencia de género, ahora se muestra preocupado por la denuncia de Fardín. Ante un público tan desapasionado que parecía compuesto por maniquíes, el buen Mauricio mostró lo contrario de lo que quería mostrar con una de esas frases que evidencian lo poco que sabe de todo.
En un intento de parecer reflexivo y revolucionario, el Ingeniero esputó: “lo que antes parecía normal ya no corresponde”. ¿En qué momento parecía normal abusar sexualmente de una menor? ¿Cuándo era natural violar a una mujer, en el Cuaternario? ¿De dónde sale esa manera tan lavada de indicar un quiebre con el machismo dominante? ¿Acaso formará parte del grupo de patrones que babean ante las piernas de sus empleadas; de esos que se juntaban en barra para piropear y avergonzar a las que pasaban por la zona? “Ya no corresponde”, como si estuviera llenando un formulario. Como la parodia de un vetusto pedagogo, con su dedo en alto, reprendiendo a sus pupilos a sabiendas de que no será obedecido; escriban “cien veces no debo” y pasemos a otra cosa. Como sea, Macri aprovechó la volada para simular la empatía que no tiene con los problemas reales de una sociedad que aún no encuentra el momento para reaccionar.
El vértigo del Cambio
La final de la Libertadores quedó allá lejos y hace tiempo, aunque haya pasado tan solo una semana. Macrilandia es tan dinámica que no da tiempo de asimilar los hechos. Tanto que algunas cosas pasan desapercibidas. Entre los negocios inmobiliarios que habilita Rodríguez Larreta, las tormentas de verdad que parecen formar parte del entrenamiento para el apocalipsis y el inexplicable mejoramiento de la imagen positiva de Macri, la semana acumula tantos episodios disímiles que parece haber pasado un mes.
Cualquier intento de listado siempre quedará insuficiente. Establecer prioridades puede parecer capricho. Unas cuantas cosas fueron pasadas por alto y sobre ellas conviene hacer hincapié. En medio del clima de época que alienta la desmemoria, el TOF 1 de San Martín condenó a dos ex directivos de Ford -Pedro Müller y Héctor Sibila- por secuestro y torturas de trabajadores de la planta de General Pacheco durante la Dictadura. Que algo así no impacte en la opinión pública resulta desalentador. Uno entiende que los lemas anti memoria del discurso dominante hacen mella en la conciencia menguante de muchos, pero esto es histórico: es la primera vez que la Justicia argentina condena a civiles de una multinacional por su participación directa en crímenes de Lesa Humanidad. La pata civil que no sólo se vio beneficiada por el plan económico de Martínez de Hoz, sino que, además, se convirtió en ejecutora del exterminio.
Pata civil de la que formaron parte muchos de los grandes empresarios que hoy dominan la escena política, los Macri incluidos. Por más que la Justicia no perturbe su presente, no debemos olvidar que sus deudas privadas cayeron sobre nuestras espaldas desde el retorno a la democracia con el formato de deuda pública. Algo que está pasando ahora, con el monumental endeudamiento que está tomando el Gran Equipo para alimentar la especulación financiera y la fuga de divisas. Los que están calentando motores para la carrera presidencial hablan de una renegociación con los acreedores sin distinguir lo que fue usado para fines públicos y lo que fue a engrosar arcas privadas. ¿Por qué tenemos que financiar la timba con el dinero de todos; pagar los platos que no rompimos de un festín al que no fuimos invitados? Esta vez no: sólo pagaremos aquello que se usó para mejorar nuestra vida, no la de los avarientos.
Mientras los industriales y el comercio van de mal en peor, padeciendo una decadencia que se extiende como una mancha venenosa, los bancos son los únicos que ganan. La cifra de octubre supera los 19 mil millones de pesos, más de un 144 por ciento respecto a octubre del año pasado. El 2018 será recordado como un mal año, menos para estas entidades, que ya acumulan ganancias superiores a los 137 mil millones de pesos. La crisis que estamos padeciendo, para los bancos es un jolgorio, lo que demuestra lo destructivo de este modelo.
Tan destructivo que muchos empresarios reconocen el error de haber apoyado el acceso de uno de sus pares al gobierno ante el evidente fracaso del no-plan de Macri. No cualquiera, sino el peor. Un apellido que aparece en todo negocio turbio desde 1976 a la fecha. Un Macri que se presentó como candidato embanderado en la transparencia y juró por la honestidad; muchos le creyeron y hasta le siguen creyendo. Con una impostura alevosa, simula sorpresa por la causa de los No-Cuadernos, como si los K hubieran inventado eso de las coimas. Ya en 1981, la revista Time incluía a Argentina en el primer lugar entre los Grandes Receptores de coimas en el mundo, con un 20 por ciento sobre los contratos.
Aunque es un circo con objetivos inciertos, que el hermano y el padre del presidente hayan sido citados a declarar ya debería ser un escándalo. Más aún después de las cuentas off shore, el intento de estafa del Correo, las autopistas, los parques eólicos, los aportantes truchos y demás tropelías disfrazadas de medidas de gobierno. Más escandaloso si tenemos en cuenta que un periodista de Clarín reveló la incidencia que tiene Macri sobre la causa que lleva adelante el inasible juez Claudio Bonadío. La independencia de los Poderes, ésa te la debo.
Pero el circo no tapa el drama. Lo verdaderamente escandaloso es que el sacrificio a que se somete a la mayoría no servirá para nada. Lo que debería indignar es que, pese a todo lo que se declama, no van a solucionar ninguno de los problemas que crearon. Por el contrario, dejarán el país como veintitantos años atrás: con más pobres, más desempleados y encima, más endeudados. Eso es cambiar.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Entre la Mano Invisible y el pie del Estado


La ministra Carolina Stanley apuesta a un Diciembre Tranquilo gracias a algunas monedas que arrojará desde el Palacio. Y advirtió con tono severo que no responderá a las extorsiones de los que “se aprovechan de la vulnerabilidad de otros con fines personales o políticos y tomen a la gente de rehén”. Así piensan todos los reclamos: como extorsión, secuestro y robo. Las demandas sociales siempre se transforman en delito para la estirpe gobernante. Siempre piensan al otro como una proyección de sí mismos. Como Ellos son viles piensan que los demás también lo son. Si no consiguieran adhesiones vía presión, amenaza o soborno no hubieran llegado a donde están; si no tuvieran secuestrado el entendimiento de una parte de la población con enredos, patrañas y promesas, estarían tambaleando. La meta del Diciembre Tranquilo es lo máximo que pueden pretender después de haber hundido al país en un abismo del que saldremos con mucho esfuerzo. O no, si tenemos la valentía de hacer que esta transferencia brutal de recursos que llaman crisis la paguen los que se beneficiaron con ella.
Si algún lector duda de esta afirmación, la compensación a las empresas de servicios por la devaluación bastará como argumento. Mientras a sus amigos Mindlin, Caputo y Lewis Macri les perdona deudas millonarias, les otorga tarifas de saqueo y repone sus pérdidas, a los demás nos ajusta. El paciente Ingeniero explica que de esta manera “estamos sentando las bases para alcanzar ese futuro que hace tanto tiempo merecemos”. Por lo que parece, la primera persona del plural no incluye a todos. Para él, el rol del Estado en la Economía es “escuchar y facilitar el camino al sector privado”. Y con la intención de que no queden dudas, apeló a una metáfora muy emblemática del sector al que representa: “sacarles el pie de encima no es una opción, es nuestra obligación y responsabilidad si queremos generar trabajo en todo el país”.
¿Qué es eso de sacar el pie? Quizá algún transeúnte se emocione con semejante imagen, como si fuera el fin de una opresión añeja. Tal vez lo haya pensado así durante el conflicto por la 125 o la discusión de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. En el primero, los ‘oprimidos’ eran los grandes exportadores agropecuarios y en la segunda, el multiempresarial Grupo Clarín. Oprimidos bastante poderosos. Una paradoja conceptual. Un oxímoron con bombos y platillos. En la lógica de Macri no hay contradicción, porque se siente –y lo es- parte de ese sector ‘oprimido’ con impuestos, leyes y salarios que alcancen. Sacar el pie es llevar el sueldo de los trabajadores a la mitad del de 2015, que las jubilaciones sean de nueve mil en lugar de 16 mil, que el poder adquisitivo pierda más del 20 por ciento y muchas delicias más del Cambio. Hace tres años que el pie del Estado deja en libertad a la Mano Invisible del Mercado y el resultado está a la vista.
Los pisoteados
Sacar el pie es –en la lógica de la avaricia macriana- eliminar el cepo al dólar, reducir las retenciones a las exportaciones primarias, importar sin aranceles, invitar a los especuladores a una ruleta en donde siempre ganan y permitir una fuga de divisas histórica. Sacar el pie es alimentar a los empachados que se amontonan en la punta de la pirámide con la vana ilusión de que algún día derramen en inversiones, puestos de trabajo y la mar en coche. Sacar el pie para que acumulen hasta el hartazgo, momento que, al parecer, nunca llega.
Mientras tanto, el pie del Estado pisa cada vez más a la mayoría con ajustes en todas las áreas, fomentando la recesión, desfinanciando la ANSES, empobreciendo a casi todos. Mientras quitan tributos a los más ricos –sacar el pie- plantean paritarias a la baja y extienden el impuesto a las ganancias a los trabajadores -poner el pie- recién salidos del mínimo para la canasta básica. Los macrianos llaman poner el pie a las medidas redistributivas de eso que llaman populismo. La Nación –la Tribuna de Doctrina- ya está dando cuenta del descontento del empresariado avariento ante la posibilidad de discontinuar con este modelo de despojo que nos está llevando a una catástrofe económica y social.
Sin embargo, las otras empresas, las que generan y absorben el 70 por ciento de la fuerza laboral no se ven beneficiadas por esta retirada del pie. Al contrario, se sienten pisoteadas. El ex titular de la Unión Industrial Argentina, Héctor Méndez, reconoció haberse equivocado al apoyar este modelo y agregó que “si el Gobierno no demuestra capacidades para hacer correcciones, estamos perdidos. No se ve una solución ni señales de recuperación”. Él, que fue y sigue siendo crítico del gobierno anterior –sólo por costumbre- admite que este programa de gobierno es perjudicial para industriales como él y no teme por un retorno del populismo. Claro, porque un proyecto que aliente el mercado interno ayuda a repartir mejor la torta. Méndez y los que son como él deberían aprender que nunca estarán en el ‘nosotros’ que plantean los empresarios como Macri, que multiplican sus ganancias sin producir nada y convierten en goteo lo que debería ser un torrente.
Tampoco forman parte del ‘nosotros’ macriano los que se creyeron las promesas de campaña del empresidente Macri. Ya se sabe: apenas el diez por ciento de lo que prometía se convirtió en realidad; con el resto, “ésa te la debo” porque “pasaron cosas”, la herencia recibida y “coso”. Lo explicó la Vice Michetti con su trastabillante oratoria: “las promesas eran un camino y por eso decíamos que son aspiracionales”. Eso no estaba en el contrato. ¿Desde cuándo una meta es un camino? En el diccionario macriano debe ser así: Pobreza Cero para todos, Ningún trabajador va a pagar ganancias, El 82 por ciento móvil, Puertos en Santiago del Estero no son objetivos, sino procedimientos. Tal es la confusión, que muchos siguen creyendo en estas pavadas cuando tendrían que estar indignados por el engaño permanente.
En realidad, enumerar a todos los sectores que no forman parte del ‘nosotros’ de Macri sería extenso y agotador porque los que están incluidos son muy pocos. Lo aspiracional no fueron las promesas, sino el voto que coronó ese triunfo inmerecido, el del que se sintió pertenecer con sólo votar, del que pensó que ya había salvado un gran trecho de escalones por avalar a un empresario exitoso, del que se sintió incluido al Club de los Selectos por una selfie con Macri, del que pensó que un país es lo mismo que una empresa o un club, del que creyó que era honesto. Del que no pensó mucho su voto, para abreviar. Del que se dejó pensar el voto, para especificar.
El pie que antes molestaba a una minoría ahora aplasta a la mayoría. Una mayoría que parece no incomodarse demasiado por esta presión pédica, que apenas pide un poco de oxígeno para aliviar sus penurias, que soporta con resignación lo que debería ser inadmisible: un gobierno democrático que sacrifica al pueblo para engordar a sus secuaces.

lunes, 10 de diciembre de 2018

El peor de los cumpleaños


El que no se sienta subestimado por algunos lemas que circulan desde la hegemonía mediática es porque renunció a la inteligencia. El otro día alguien me dijo, para justificar su adhesión al exterminio propuesto por la ministra Bullrich, que Argentina es el único país del mundo donde se roban celulares. Hoy, que Internet ofrece una manera rápida y cómoda de acceder a la información, ¿cómo alguien puede propagar semejante sandez sin rubor? Mucho se habla de las noticias falsas, pero para calar en el entendimiento de los lectores deben tener al menos un poco de verosimilitud. En este caso, como en muchos, ni siquiera hace falta eso: con la credulidad y el prejuicio basta para convertir cualquier patraña en una verdad.
En la tentación de entablar comparaciones con el resto del mundo, podría decir –sin riesgo al error- que un grupo con posición dominante en comunicación y otras áreas como Clarín sería inadmisible en los países que la tilinguería gobernante toma como modelo. Ninguna democracia en serio permitiría tanto poder. Más aún cuando sus titulares recorren las cabezas y se transforman en sentido común; cuando su parafernalia comunicacional condiciona elecciones, leyes y sentencias judiciales; cuando convierte un suicidio en magnicidio y un crimen de Estado en un accidente; cuando hace del peor candidato un presidente aceptable.
Y en todo esto que hace hay demasiada crueldad. En su afán de seguir incrementando su poder, Clarín y sus satélites militan tanto el ajuste que hacen de la crisis provocada por el Gran Equipo un desafío para la superación individual. Los ejemplos abundan: el negocio de ser mendigo, las ventajas de vivir en la calle o los consejos para vacacionar en la ciudad. Y siempre superan los límites del decoro, la solidaridad y la coherencia. En estos días en que muchos piensan en clave navideña, son capaces de afirmar que, según los pediatras, cuanto más simples sean los regalos es mejor para los pequeños. “Papá Noel y los Reyes están al caer, en un año en el que el bolsillo llega muy golpeado”, escriben estos manipuladores y aseguran que “las cajas de cartón vacías estimulan la imaginación y la creatividad”. Por supuesto, jamás dirán quiénes son estos pediatras ni qué fundamentos tienen y menos aún quiénes son los que han golpeado nuestros bolsillos ni para qué.
No sólo el abuso de su posición dominante produce estas cosas. También la impunidad. Ya es demasiado con los medios que tienen –más de 200- y las ramificaciones en muchas áreas de servicios y producción. Encima –y esto también es único en el mundo- es dueño de la única fábrica de papel para diarios y promueve una ley para desregular el precio y así condicionar a las demás publicaciones del país. La libertad de expresión, “ésa te la debo”.
La salida es por acá
En la última sesión de Diputados donde se trató esta muestra de sumisión al Poder Real, Nicolás Massot, presidente de la bancada oficialista, además de soltar una provocación dolorosa sobre Néstor Kirchner, esputó la frase “Clarín no tiene amigos”. En principio, parece hipócrita porque la protección mediática hacia la gestión amarilla es obscena. Pero no lo es: “Clarín no tiene amigos”, sino víctimas o sirvientes. Si no sos una cosa, serás la otra. Con esta bestial lógica, domina la vida de todos. Sumisión o destrucción para tener el país en sus manos.
Así logran que los escándalos que salpican a los saqueadores del Cambio no provoquen la indignación que provocaban sus inventos sobre el anterior gobierno. Gracias a esto, Mauricio Macri es el único presidente del mundo que no ha renunciado por tener más de 40 empresas fantasma en paraísos fiscales. Algo inaceptable en un tipo que se plantó como garantía de honestidad y transparencia. Por eso Macri puede tomar decisiones de Estado en beneficio de sus empresas y las de sus cómplices. Por eso Macri cumple tres años de mandato a pesar de no haber cumplido a propósito gran parte de sus promesas de campaña, de haber endeudado el país de manera monstruosa sólo para enriquecer a una minoría, de haber generado una decadencia imperdonable y de haber empobrecido a millones. Macri ya es el peor presidente desde el retorno de la democracia y está a pocos pasos de ser el peor de la historia. Sin embargo, sigue vistiendo banda.
Ya que ellos juegan con analogías imposibles, es necesario plantear una posible. El premier de Francia, Emmanuel Macrón aún no ha cumplido dos años de mandato y las calles ya están pidiendo su renuncia por encabezar un gobierno para ricos. Por la eliminación del impuesto a la riqueza y el aumento de los combustibles, París se ha convertido en un campo donde se batalla por la dignidad. Y no sólo en la capital, sino en otras ciudades.
En nuestro país, en cambio, la reacción más extendida es una pasividad cercana a la resignación. Hasta se tomó con naturalidad que la final de la Libertadores se haya jugado en Madrid por la ineptitud de los funcionarios encargados de garantizar la seguridad. Tan torpe fue el operativo del traslado de los jugadores que parece a propósito. Y que el presidente del club donde se jugó sea Florentino Pérez, un empresario que ocupa el sexto lugar en obra pública argentina y sea el próximo beneficiario del aumento de las tarifas de peajes, no deja lugar a dudas de que todo formó parte de un plan.
El sometimiento de parte de la ciudadanía es tan alarmante, que uno ve con envidia la rebelión de los franceses que se identifican con el color amarillo. Un color que acá –por el contrario- simboliza colonización y rapiña. El engaño, además. Una representación cromática de un brillo que no tienen, que esconde la oscuridad que representan, que mimetiza las tinieblas que han desplegado sobre todo.
Los mensajes oficiales en los medios narran logros inexistentes bajo el lema “hacemos lo que hay que hacer”. Además de soberbia, esta frase encierra una falacia porque no han hecho nada de lo que dicen que hicieron y han hecho cosas de las que no se pueden enorgullecer. Como Macrón en Francia, el buen Mauricio operó para los más ricos y a los demás sólo ofreció meritocracia. Justo un heredero hablando de algo que nunca ha practicado. A tres años de la Revolución de la Alegría muchos se entretienen con calificaciones numéricas como si esto fuera un secundario. No es ni un colegio ni una empresa. Argentina es un país y es necesario que lo entendamos.
También es preciso aceptar que no es democrático un gobierno que hace lo contrario de lo prometido, que sigue engañando y que responsabiliza a los demás de sus propios yerros. Ni honesto que un presidente esté detrás de todos los negocios que impulsa desde el Estado. Ni auspicioso cuando ha embargado el futuro. Si hacemos lo que hay que hacer, deberíamos exigir la renuncia inmediata de este embustero y los malandras que lo secundan. Si esperamos que una tapa de Clarín nos diga cuándo es el momento, ya no tendremos salida posible.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Poner el cuerpo a la indiferencia


Como muchos habrán descubierto después de leer algunos de mis apuntes, formo parte del 49 por ciento que no votó por el Cambio. Ya sabía lo que iba a pasar con el país después de la asunción de Macri y no por tener una bola de cristal en el salón de mi casa. Nadie como él puede hacer nada bueno con los dineros públicos porque nunca lo ha hecho, ni como hijo, empresario, presidente de club o como alcalde. Menos como presidente. Macri hace lo que siempre ha hecho: estafar al Estado. Y como el Estado somos todos, todos somos los estafados, hasta los que votaron por él. O casi todos. Unos pocos beneficiados disfrutan ver cómo se va todo a pique mientras sus fortunas se multiplican a pasos agigantados.
Durante estos tres años pude apreciar –junto a muchos- cómo el descontento comenzó a crecer, de a poco, a medida que los pétalos con que habían camuflado sus nefastas intenciones tendían a despegarse, que la honestidad que tanto ostentaban es inexistente, que las promesas de campaña quedaban en poco menos que eso, que los resultados de las medidas eran tan malos como esperaba. Claro, la protección mediática, la distracción permanente y el embuste constante atenuaban el panorama. Y uno –como muchos- quedaba vociferando como un mal perdedor que busca el pelo en un huevo y que se empecina en ver el vaso medio vacío. Un pesimista que desea que al país le vaya mal para que las hipótesis queden confirmadas.
Con orgullo lo digo: no me dejé embaucar por los globitos ni por las promesas de campaña. Ya estoy harto de que hablen de la Pesada Herencia, de La Ruta del Dinero K, de “se llevaron todo”, de “en esos doce años no se hizo nada”. Estoy cansado de que los que antes babeaban de rabia por medio punto de inflación hoy miren resignados cómo los precios succionan, desaforados, sus billeteras. Me bulle la sangre cuando escucho a alguien decir que ahora hay más libertad y no se persigue al que piensa distinto. Me sulfura que no se den cuenta de que hoy se abrazan al swap con China los mismos que antes lo degradaban a la categoría de “papelitos de colores”. Me ataca un frenético zapateo rompebaldosas cuando alguno todavía sostiene que los ricos no roban. ¡Cuánta ingenuidad eso de pensar que con el trabajo honesto y sacrificado se llega a ser hípermillonario!
Esto les debe pasar a muchos que nunca se dejaron encantar o que comenzaron a desencantarse a poco de andar la Revolución de la Alegría. Incluso dejando de lado las desmentidas de la corrupción kirchnerista, los PRO pierden por goleada en todo. Salvo para el que vive en una muestra gratis de mayonesa, la caída del consumo, la pérdida del poder adquisitivo, el crecimiento de la pobreza, el cierre de negocios y el aumento del desempleo son tan evidentes que no pueden taparse ni con cincuenta tapas de Clarín. Sin embargo, los ánimos están contenidos hasta en muchos de los afectados. Algo se cocina en la base de la pirámide, pero a fuego muy lento.
En el umbral del fascismo
El recurso del contrafáctico es tentador, pero es sólo una especulación. Aunque uno intuya que con el otro candidato las cosas no hubieran ido tan mal, no hay pruebas para confirmarlo. Ni a favor o en contra, porque no fue. Al menos, uno puede sospechar que el equipo de Daniel Scioli no hubiera tenido el cinismo y la maldad que porta la Banda del Ingeniero. Del primero al último, los funcionarios amarillos despliegan torpeza, ignorancia, burla y, sobre todo, una intención malsana. Con escuchar más de dos minutos de sus explicaciones en cualquiera de sus apariciones públicas alcanza para desterrar a todos de la función pública.
El desaliento aflora cuando se siente la tibieza de la reacción en las escenas cotidianas. Apenas una queja susurrada, cuanto mucho. Que el empresidente Macri dé lecciones de ética con todos sus chanchullos a cuesta debería, al menos, alimentar el recelo. Sin embargo, algunos transeúntes todavía manifiestan su confianza hacia semejante filibustero. Ni siquiera las monstruosas contradicciones que se producen casi al instante inspiran algún comentario en contra. Unos días atrás, el tipo recitó diatribas contra los barrabravas y después, el más emblemático –Rafael Di Zeo- arma una procesión para acompañar a los jugadores de Boca hasta el aeropuerto. Aunque las fotos abundan, el buen Mauricio guarda silencio. Total, sabe que su núcleo duro tiene memoria corta, le perdona cualquier cosa o disfruta del juego discursivo del Gran Equipo: declamar conceptos infundados, pontificar sobre lo que no saben, afirmar que dicen la verdad aunque estén mintiendo a cuatro voces y dibujar la realidad para seguir embaucando al público cautivo.
Ejemplos hay miles, no sólo del cabecilla de esta patota sino también de sus cómplices. Casi todos –por el beneficio de la duda- son ineptos para estar donde están y ostentan esa ineptitud porque saben que una parte importante de la sociedad parece narcotizada. Hasta el ministro Dujovne se sorprende porque no hay multitudes exigiendo el desalojo, como debería ser. Por eso no entiendo nada y estoy a punto de ebullición.
Pero lo peor es que muchos iguales acepten el exterminio como solución a todos los problemas: que la pobreza se reduce matando pobres, la delincuencia, baleando delincuentes y las protestas, reprimiendo manifestantes y plantando infiltrados. En verdad, irrita tener que contar el argumento de una película vista hasta el cansancio. Encima, esos que adhieren a la resolución 956/18 me miran con asombro cuando les digo que “cualquier vida vale más que el mejor celular”. Esta licencia para matar que vomitó Patricia Bullrich es anti constitucional, no sólo por su contenido, sino –sobre todo- por su procedimiento. Ya ni me escuchan cuando les digo que el presidente no tiene la potestad de modificar una norma penal por decreto porque piensan que lo que digo es una excusa K y, por tanto, estoy a favor de los delincuentes. Si no puede el presidente, menos una ministra que está puesta a dedo y no por voluntad popular.
La calificación de ‘inconstitucional’ no hace mella en el desprecio que destilan hacia los rateros. Tampoco aclarar que nuestra Constitución no contempla la pena de muerte y que la ejecución in situ y por las dudas no se aproxima ni a una parodia de justicia. La posibilidad de un error tampoco conmueve el lema “hay que matar a todos los chorros”, aunque en el revoltijo pueda caer cualquiera. Cualquiera no, porque no tienen en la mira a los empresarios que nos chorean todos los días con sobreprecios y evasión impositiva. El enemigo es siempre el que está más cerca y no el que verdaderamente más daño nos hace. Pero a esta altura de la explicación, el oyente cierra sus oídos y dibuja en su rostro una mueca de misericordia, cuando no una de asco.
Por eso uno está un poco podrido. Que el nuevo producto electoral, “mano justa” embelese más que cualquier argumento legal o humanitario desalienta al más empedernido argumentador. Y que este demagógico adefesio logre tapar los dramas que viven a diario millones de argentinos y más aún, inclinar las urnas hacia una continuidad del saqueo que estamos padeciendo, enmudece la más lúcida oratoria. A veces me ataca el desaliento, pero me repongo enseguida. “¿Para quién canto yo entonces?”, preguntaba una canción de Sui Generis. Hay días que tengo ganas de no escribir más, pero las convicciones pueden más que el desánimo y atraviesan hasta los muros de las más obcecadas orejas.

El disfraz insuficiente

Quizás sean relajantes los rodillos limpia trenes e inviten a poner la espalda para comprobarlo. Tal vez sea tentadora la travesura y pued...