jueves, 27 de junio de 2019

Las lejanías del Cambio


El discurso dominante no sabe cómo neutralizar lo que es inevitable: el ocaso amarillo. Los voceros mediáticos estrujan sus cerebros para inventar acusaciones contra el cuco K, los peones políticos cuestionan las elecciones PASO sólo para distraer y los siervos judiciales pisotean los códigos con procesamientos exprés como ofrenda al establishment. Mientras tanto, el buen Mauricio celebra que el restaurant de un argentino sea el mejor del mundo y parte raudo hacia la cumbre del G20, después de liberar al fantasma de la decadencia. Todo normal en este oscuro túnel que, aunque parece un desagüe, muchos consideran como el único camino posible para solucionar los problemas que El Gran Equipo nos ha generado.
El cierre de listas para las elecciones nacionales deja, como siempre, una colección de curiosidades para la impugnación o el anecdotario. Algunas contradicciones, como que la perseguidora de corruptos imaginarios, Margarita Stolbizer se haya aliado con el corrupto real Luis Barrionuevo, por ejemplo. Atrocidades como que un candidato a concejal por el Cambio en Zárate es el carnicero que asesinó a un ladrón con su auto. Y patrañas, como la de los medios apologistas que acusan a La Cámpora de copar las boletas del Frente de Todos. Nada extraño en la previa de un partido crucial que se va a jugar en un campo minado.
Minado de deuda, pobreza y cinismo. Que Macri haya tuiteado "El mejor restorán del mundo es de un cocinero argentino. ¡Qué orgullo!", no es malo en sí mismo. Cualquiera puede tener el mejor restaurante si cobra entre 160 y 260 Euros el cubierto, aunque no haya pensado en eso el empresidente. Tampoco debe haber pensado que con esa cifra para una cena, muchos argentinos tienen que comer durante un mes. Ni que ése es un logro individual de alguien que emigró del país en 2001, cuando se venía la crisis y pudo hacer en Francia lo que acá no hubiera podido. Tampoco debe haber considerado que el contexto de pobreza, desempleo y recesión le aporta gravedad a su felicitación tuitera. En el momento de escribir ese tuit, Macri no debe haber recordado que los comedores comunitarios y escolares ven crecer día a día su asistencia con vecinos que ni sueñan con restaurantes de lujo a la orilla del Mediterráneo. Qué lejos está el Ingeniero del país que le tocó gobernar.
Danza con globos
Macri está en Japón para participar de la Cumbre de los 20 países más desarrollados del mundo. Ajeno a los desastres provocados, posará sonriente junto a los demás mandatarios, orgulloso del Cambio destructivo que defecó sobre nosotros. Necesitado de fotos para su campaña, estrechará manos y palmeará hombros de gobernantes más preparados y comprometidos. Embustero como siempre, recitará logros inexistentes y suplicará auxilio para simular alguna bonanza que embauque a los votantes decepcionados. Con su deplorable soberbia de clase, pontificará sobre la revolución que está comandando, unos días después del histórico Apagón del Día del Padre que dejó sin energía a casi todo el territorio y algunos países limítrofes. De eso tratará de no hablar y, si alguien le pregunta apelará a las estupideces de siempre, los “pasaron cosas” que convencen a muy pocos.
El Ingeniero no hablará de lo difícil que le resulta tapar el intento de condonación de deuda que su familia tiene con el Estado por el vaciamiento del Correo Argentino. Tampoco intentará blanquear lo poco que le importa la tragedia del submarino ARA San Juan con sus 44 tripulantes. Si estaba tan afectado por el accidente de Once, ¿por qué tanto silencio con un caso similar? Así es el Cambio: las muertes son dolorosas sólo si sirven para la campaña. Menos explicará por qué hay a una red ilegal de espionaje y extorsión ligada a su gobierno con el objetivo de inventar causas contra los opositores ni aclarará por qué no han encontrado las fortunas que se robaron los K, mientras brotan como hongos cuentas en paraísos fiscales a nombre de los M.
En el marco de la Cumbre del G 20, que a nadie se le ocurra preguntar por qué, si su principal promesa de campaña fue la Pobreza Cero, la desigualdad sigue creciendo: sólo dirá que hay que seguir esperando, “que ya viene”. Según el INDEC, el 10 por ciento de la población de mayores ingresos obtuvo 21,2 veces más que la de menores ingresos, un punto más que el año pasado. Pero no hace falta que alguien le aclare que para cumplir esa promesa hay que hacer todo lo contrario de lo que ha hecho desde aquel fatídico día del Bailecito en el Balcón. Ya lo sabe y se vanagloria de eso. Y si llega a ser reelecto, hará lo mismo, pero “más rápido”, como confesó ante un babeado Mario Vargas Llosa en una temible escena pseudo cultural.
En ese encuentro internacional, Macri se sentirá integrado al mundo, no como país desarrollado sino como colonia rural. “Ya no estamos aislados”, anunciará sonriente porque ha entregado el país a la usura de los buitres y se ha convertido en el principal deudor del FMI. Feliz, ponderará la libertad que ha otorgado para que los especuladores fuguen 70 mil millones de dólares en tres años y medio. Orgulloso, a pesar de que Argentina se ubicará este año como la octava recesión más profunda del mundo. Caradura, se codeará con los presidentes de los países más desarrollados después de provocar un retroceso industrial monstruoso, una caída de la actividad vertiginosa, una inflación que alcanza el 50 por ciento y la crueldad de convertir los alimentos que producimos en abundancia en artículos de lujo o piezas de museo.
El Gerente de la Rosada está muy lejos del país que gobierna, pero también del país que visita. La fama del empresario exitoso sólo le sirvió para ganar el balotaje, no para gobernar. Tampoco para mostrarse como un gran líder allá, en Japón. Los demás lo mirarán con sorna cuando con su entonación monocorde y tropezona recite las pamplinas que memorizó a los apurones. Otra vez nos avergonzará, tan lejos del país que gobierna, también de Japón y sobre todo, de seguir aniquilando nuestro futuro con cuatro años más de esto.

lunes, 24 de junio de 2019

Los estrategas del mal


Todavía retumba el eco de las palabras de Macri en el homenaje a la bandera. El escenario fue un club de barrio del sur de Rosario, con público reducido y cautivo, la intendenta Mónica Fein aterrada por lo que estaba escuchando y la ministra Bullrich disimulando con su sonrisa etílica las ganas de reprimir a los chicos que correteaban por ahí. Lejos del Monumento, el buen Mauricio no calificó de emprendedor a Belgrano, de angustiado ni nada, porque no habló de él. Cansado de sus papelones históricos, decidió hacer uno novedoso y atado a una coyuntura que sólo él afirma ver. Más que atado, enredado en esa modulación amodorrada que ya ni las vocales incluye. Infundado, porque trató de explicar la actual crisis echando la culpa a los camioneros. Y sobre todo vergonzante, porque parecía más un vecino chamuyero que el presidente que nunca podrá ser.
Ya sabemos que nada bueno o brillante se puede esperar de él porque no es ni una cosa ni la otra. Apenas un impresentable angurriento que está ahí porque es lo único que el establishment consiguió para desequilibrar la balanza a su favor. Si no fuera por el blindaje de los medios cómplices, a los pocos meses de asumir habría abandonado el inmerecido cargo que usurpa. A punto de terminar su mandato, acumula yerros y tropelías suficientes para voltear cinco gobiernos de un plumazo a fuerza de calles pobladas. La paciencia que el discurso dominante inyectó en la población deberá ser estudiada en el futuro para desterrar tan malsanas tretas de marketing. Ningún país merece tanto engaño publicitario, tanta demagogia, tanta manipulación. Ningún pueblo debe aceptar todo esto, salvo que todos sus integrantes se hayan convertido en zombis.
Con muy poco esfuerzo se puede comprender que si denuncia mafias es porque no quiere competencia, si acusa de corrupción es para ocultar la propia, si habla de tormentas es porque está desatando una. No hace falta tener una mollera luminosa para descubrir que las cosas no salieron mal, sino que las quería así. En la decadencia creciente que lleva adelante, los padecientes aceptarán cualquier cosa antes que seguir padeciendo la angustia de no tener nada. El deterioro es el plan y hasta no hace mucho, tuvo poca resistencia. Aunque con altibajos, las encuestas señalan el rechazo a esta gestión nefasta. Pronto serán las urnas las que lo confirmen.
Desde siempre nos gobiernan
Aunque parezca un oxímoron, Ellos iluminan con su oscuridad. La vice Michetti es una experta para eso. En territorio amigable despliega sus incoherencias como pez en el agua. “Si perdemos –esputó sin pudor- no sólo es culpa nuestra, es un problema de la sociedad”. Hace tres años y medio que estamos perdiendo y por eso es un problema de la sociedad. El problema es haber puesto a alguien como ella –y todos- en un cargo tan importante. Al referirse a la inflación, aclaró que “no todo es culpa nuestra, es como una enfermedad muy rara en el siglo XXI”. Y con un cinismo que abruma, agregó que hicieron “grandes cambios, pero bueno, quedó tapado por el tema de la inflación”. Lo que finge no entender es que “esos grandes cambios” fueron los generadores de la inflación que Macri prometió “bajar en dos minutos”.
Si la inflación se duplicó es porque quintuplicaron el valor del dólar, incrementaron las tarifas en más de un 3000 por ciento y nos endeudaron por décadas. Si la leche y el pan se han convertido en lujo es porque liberaron las exportaciones a la medida de los agrogarcas. Si nos cobran lo que quieren por los productos más cotidianos es porque desde La Rosada SA alientan la concentración de la economía y la estafa consecuente. Todas las medidas que tomaron sólo sirvieron para aniquilar la producción; por eso cerraron miles de pymes y comercios. Para llevar el salario del primer lugar en la región hasta el último provocaron un desempleo superior al diez por ciento. Además, degradaron a los jubilados con fórmulas perniciosas de incremento en sus haberes y reducción de medicamentos gratuitos. Con todo esto y mucho más condenan a millones a la pobreza y la indigencia. La vice Michetti tiene razón: hicieron grandes cambios pero no hay manera de tomarlos como buenos.
Y menos aun cuando han desatado la violencia policial a niveles nunca vistos en democracia: una bestia que será muy difícil de domesticar. La muerte de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel tiene como ejecutores a uniformados reivindicados por la temible ministra Bullrich, la principal patotera de esta banda mafiosa. Insaciables, felicitan y premian a los ejecutores de gatillo fácil. Las fuerzas de seguridad están tan desbocadas que asesinan inocentes en muchos rincones del país. La reducción de las partidas presupuestarias ha convertido la violencia de género en fotografías cotidianas. Y esta señora de la silla de ruedas viene a ponderar los grandes cambios que han realizado.
Los amarillos se excitan con las muertes, por eso Macri accedió a la Jefatura porteña montado en el incendio de Cromañón y después a la presidencia en el accidente ferroviario de Once: a pesar de que los frenos de la locomotora funcionaban, condenaron a funcionarios y empresarios para alimentar la campaña. Tanto es así que ahora premian a la madre de una de las víctimas –la más activa en la exigencia de una justicia vengativa- con una candidatura a diputada. En cambio, el hundimiento del submarino ARA San Juan con sus 44 tripulantes, resultado de la inoperancia, la desidia y el desprecio, está sumergido en el silencio cómplice de los medios y la lentitud inaceptable de la Justicia.
“Este es el camino” dice el farsante con banda presidencial: regalar bienes de todos, rematar nuestros recursos naturales, blanquear evasiones y facilitar la fuga de capitales; resguardar once mil kilos de oro en la cueva de los piratas que usurparon las Islas Malvinas; idolatrar a los presidentes buitres del Imperio; sonreír a los usureros que nos están vaciando; tejer una red de espionaje y extorsión para perseguir opositores y simular que luchan contra la corrupción que –salvo en casos aislados y minúsculos- no han podido demostrar.
El latiguillo “hacemos lo que hay que hacer” es una confesión de que son los autores de este despojo. En los spots televisivos se ufanan de obras que hicieron otros y las pocas que los tienen como artífices las ejecutaron mal y a precios monstruosos: puentes que se derrumban, trochas por las que no puede pasar un vagón y túneles donde dos camiones se atoran. Los frescos locutores anuncian planes asistenciales que no asisten a nadie y relatan maravillas que deben ocurrir en otra dimensión. Los parques eólicos –un negoción presidencial- son presentados como una solución a los problemas generados por la avaricia de los empresarios amigos y testaferros del buen Mauricio. Tan expertos son en la distribución de la energía que provocaron un apagón histórico que afectó a todo el país y alrededores.
A pesar de todo, estos facinerosos siguen atrincherados en Balcarce 50, pergeñando más daños para los próximos cuatro años porque, aunque pierdan las elecciones, seguirán gobernando el país como han hecho siempre. Alguna vez tenemos que deshacernos de estos succionadores de sueños.

viernes, 21 de junio de 2019

La barbarie “civilizada”


Defender Macrilandia traspasa la identificación política para sumergirse en un pantano de crueldad. Con un recetario que condujo a más de un tercio de la población a la pobreza y deja casi 11 puntos de desempleo –comparable al tercer trimestre de 2006-, no hay nada para aplaudir. Sin embargo, algunos personajes mediáticos aseguran que, en caso de que gane la fórmula del Frente de Todos, abandonarán el país y hasta el senador Federico Pinedo promete que se tirará por el balcón. Que nadie se asuste ni celebre: sólo son gestos desesperados de los que apuestan a la continuidad de este engendro para confundir a los que aún no están ni de un lado ni del otro.
El que no confunde es el presidente de Fiat, Cristiano Ratazzi, que consideró como “cosas que pasanla suspensión de 2000 trabajadores de la planta de Córdoba. Sin titubeos, le restó gravedad al asunto al celebrar que “siguen cobrando el 75 por ciento del salario”, como si él supiera lo que es vivir con la tres cuarta parte de un sueldo acosado por este saqueo. Para que no queden dudas de lo malo que es el lugar en donde está situado este nefasto empresario, calificó la gestión de Macri como “la mejor de los últimos 90 años”. Igualar el gobierno amarillo con el inicio de la Década Infame es toda una definición. Como si la suspensión de trabajadores fuese un hecho aislado, explicó que “la economía empieza a sincerarse, a abrirse un poquitito y se combate la inflación con términos lógicos y no con payasadas”. Tan lógicos son esos términos que el índice minorista de mayo superó los tres puntos y el mayorista, rozó los cinco. Y si hablamos de ‘payasadas’, nada mejor que su conclusión: “estamos saliendo de una cleptocracia”, omitiendo el latrocinio que Macri y su banda están ejecutando desde su asunción.
Pero claro, ya sabemos que la agenda mediática aporta estos argumentos absurdos. En estos días, la delantera judicial conformada por el arbitrario juez Claudio Bonadío y el fiscal extorsionador en rebeldía Carlos Stornelli elevó a juicio oral la insostenible causa de Los Cuadernos Inexistentes. Esta fantasía literaria sirvió para imputar a 47 exfuncionarios y empresarios como parte de una asociación ilícita con CFK como jefa sin haber encontrado un solo billete ilegal. ¿Qué pasará cuando estos dos magistrados se enteren de las fortunas que Macri y sus amigotes esconden en paraísos fiscales o cuando examinen el crecimiento patrimonial de muchos de sus transparentes funcionarios?
Comparación de homenajes
El cocoliche Ratazzi desdeña las payasadas, pero no se inmuta con las etiquetas extemporáneas que el candidato a vice del Cambio, Miguel Ángel Pichetto distribuye por doquier. O quizá le agrade la estigmatización de inmigrantes, pobres y comunistas. Esas sí son cosas de la década del treinta del siglo pasado y suenan tan vetustas como descalificar al gobernador electo de Tierra del Fuego, Gustavo Melella por ser gay. Los PRO atrasan tanto que no alcanza la historia para situarlos.
Por supuesto, el principal ‘atrasador’ es Macri, que desiguala la sociedad para enriquecer a los más ricos. Aunque todos sabemos que la caída del empleo es la treta neoliberal para precarizar los salarios y justificar una salida por la flexibilización, sigue emperrado con sus otrora aliados los Moyano. Este año, el empresidente decidió no conmemorar el día de la bandera en el emblemático monumento, sino en un club de barrio que atraviesa penurias por los tarifazos. Ante alumnos y padres que poblaban la cancha de básquet, el desubicado mandatario denunció que "la mafia del transporte impide que generemos empleo en todo el país". Ni siquiera es un absurdo para necios: sólo el vómito de un odiador que no encuentra cómo explicar tanto estropicio. Eso sí: muchos vecinos acompañaron al Buen Mauricio entonando el inspirado hit que ya traspasa todas las estaciones del año y con un gigantesco cartel que rezaba Macri=hambre colgado en la fachada de un centro cultural comunista enfrente de la entidad deportiva.
Una diferencia enorme con la recepción que los rosarinos dieron a la presentación del libro Sinceramente, de Cristina Fernández. Ante miles de entusiastas, la expresidenta hizo un recorrido apresurado sobre algunos momentos de su obra, tanto literaria como gubernamental. Ese pareció ser el verdadero acto cívico en homenaje a Belgrano. Estas no son cosas que pasan, sino construcciones para recuperar algo de lo perdido en estos tres años y pico de gobierno del establishment. Y nadie debería desdeñarlas.

lunes, 17 de junio de 2019

Las tinieblas del peronista cheto


La facilidad con que se desarticulan las patrañas de los medios dominantes es proporcional a la desesperación que reina en el oficialismo. Una Campaña del Miedo que incluye la vuelta del populismo autoritario, la Justicia militante de La Cámpora y la posibilidad de retornar al aislamiento del mundo. Y, por supuesto, la cada vez menos exitosa “vamos a ser Venezuela” si Macri no gana las elecciones. Cucos vergonzantes para el público cautivo que no duda en aferrarse a tales falacias para justificar una adhesión suicida. La incorporación de Pichetto a la fórmula del Cambio surge ante la sociedad como una bocanada de aire fresco, como un sorpresivo rayo que ilumina el camino, como una apertura ejemplar de las fuerzas gobernantes. Sin embargo, sus declaraciones apolilladas y vetustas lo sitúan en un pasado tan remoto que espantan hasta a sus nuevos compañeros políticos.
La aparición de Pichetto dispara contradicciones para todos lados: que antiperonistas tengan que aceptar a un peronista; que un peronista se sume a antiperonistas; que los antiperonistas canten la marcha peronista para recibir a un peronista que parece antiperonista y que nunca cantó esa marcha. Reparar la grieta requiere esfuerzos sobrehumanos. Tantos, que los que insisten en negar las “soluciones mágicas” destacan sin rubor que con Pichetto bajó el riesgo país, mejoró la cotización de la moneda y las acciones en Wall Street subieron unos puntos. Como si la historia se dividiera en AP y DP. Y tan convencido está el senador de su trascendencia que despliega un ideario xenófobo y macartista que contradice la muletilla de tirar todos para el mismo lado.
Acusar de comunista al candidato a gobernador bonaerense, Axel Kicillof evoca el fétido hedor de los setenta y los tiempos en que los periodistas de Clarín lo catalogaban como “oriundo del marxismo”. Y eso que los amarillos siguen con la cantinela de respetar al que piensa distinto, pero no es lo que han hecho desde el fatídico 10 de diciembre en que Macri bailó en el balcón: Milagro Sala y los dirigentes de la Tupac Amaru, mapuches, militantes, docentes, investigadores, periodistas y muchos más son las víctimas de la persecución incesante de la impronta PRO. Pichetto es como un Macri recargado, menos bruto pero igual de tramposo. Muchos salieron a declarar que Kicillof no es comunista cuando en realidad, serlo no sería delito ni impedimento para que acceda a la gobernación. Una muestra más del juego perverso al que nos someten a diario.
Una señal en la oscuridad
Mientras los medios se embelesan con el efecto Pichetto, el país real sigue su tránsito al abismo. Como regalo del Día del Padre y para decorar las elecciones que se celebraban en cuatro distritos, un corte masivo de energía eléctrica hizo del domingo un día inolvidable. Nunca había ocurrido algo así, al punto que muchos pensamos en una invasión extraterrestre y salimos a la calle dispuestos a toparnos con zombis. Nada de ciencia ficción, sino inoperancia verídica. La amañada versión televisiva del accidente de Chernobyl se convirtió en hecho en las afueras de Yacyretá: "son fallas que ocurren con asiduidad en el sistema argentino, como en cualquier otro país –explicó el Secretario de Energía, Gustavo Lopetegui, que está ahí sólo por ser amigo presidencial- Lo que no debe ocurrir es la cadena de acontecimientos posteriores que causaron la desconexión total". Ellos que se jactan de hacer lo que hay que hacer, no reaccionan como corresponde a una señal de alerta. Ahora van a culpar al gobierno anterior o al que viene, aunque las declaraciones del funcionario no dejan demasiado margen para algo así. Pero son tan inútiles y farsantes que no saben hacer otra cosa.
Este corte de luz que se exportó al mundo no es el ‘único logro’ de la gestión PRO. Al deterioro generalizado en las condiciones de vida de gran parte de la población por poner en manos de unos pocos casi la totalidad de lo producido, al record de caída en la actividad económica, al cierre de empresas pequeñas, medianas y hasta algunas grandotas, al crecimiento de la inflación como resultado y no como tormenta, a dejar que la leche, la carne y el pan se conviertan en artículos de lujo… a todo esto se suman el crecimiento bestial de la deuda y la construcción a martillazos de un sistema judicial que permita tanto atropello.
El día en que los que apuestan a la democracia cerraban las alianzas para las elecciones nacionales, los que gobiernan sin ser votados –banqueros y financistas- ganaron 3126 millones de pesos por la tenencia de Leliq emitidas por el Banco Central para contener al dólar. Desde octubre pasado, cuando Guido Sandleris se hizo cargo de la entidad, esas letras acumulan más de 350 mil millones de pesos en intereses, lo que equivale a 7973 millones de dólares. Emisión encubierta y deuda, por supuesto. Como una paradoja, la revista norteamericana Forbes destacó que en el último año la fortuna de los 50 argentinos más ricos cayó un 17 por ciento. Así presentado, parece que la crisis nos llega a todos y hasta dan ganas de solidarizarse con esos pobres multimillonarios. No hay que ser demasiado perspicaz para deducir que ese faltante no declarado pasó a engrosar los tesoros fugados a paraísos fiscales. Los más ricos no pierden sino que ocultan las ganancias que generamos entre todos para no tener que ‘derramarlas’. Vaciamiento, que le dicen: acumulan millones que financiamos nosotros a través del bestial endeudamiento que nos angustiará por mucho tiempo.
Como esa minoría sabe que nos está estafando, construye un aparato judicial que proteja sus espaldas. Por eso los amarillos incrustan jueces cuyo requisito es más la afinidad ideológica que el puntaje académico y borran de un plumazo a los probos que intentan frenarlos. Por eso hacen campaña del miedo con la pamplina de poblar los tribunales con jueces K. Por eso atribuyeron al pre candidato a presidente, Alberto Fernández la frase “tirar jueces a la basura” que dijo la periodista que lo entrevistaba. Y como saben que gran parte de las causas contra muchos funcionarios del gobierno anterior están plagadas de irregularidades con destino de nulidad, alertan sobre el aterrizaje de la impunidad en caso de que ganen Los Fernández.
 De a poco, muchos individuos se están convirtiendo en ciudadanos cuando se enteran de todas estas cosas. La información es un derecho que debe garantizar el Estado, pero estamos experimentando la anomalía de uno que se esfuerza por desinformar, engatusar y brindar explicaciones incoherentes y pueriles para continuar por este atajo a la aniquilación. El apagón del domingo puede ser un trailer de nuestro futuro si continúa esta pesadilla o una señal luminosa para que se termine de una vez.

jueves, 13 de junio de 2019

Instrucciones para evitar el abismo


La fragilidad de la democracia es cada vez más notoria. La decisión soberana de los pueblos está siendo vulnerada por una minoría sin escrúpulos. Las corporaciones gobiernan el mundo a su antojo. Nada nuevo, pero ahora descubrimos sus tretas, cuestionamos sus procedimientos y deconstruimos el discurso único economicista y anti-político. Además, podemos gritar a los cuatro vientos que no buscan nada bueno con su accionar egoísta y angurriento, que la carrera por el podio de los más ricos implica pisotear al resto y que no conlleva nada meritorio llegar a la cima en un mundo aniquilado. Pero, sobre todo, podemos decir que estamos ante una forma de imperialismo que no necesita de ninguna bandera para conquistarlo todo. El tablero y sus piezas están a la vista: sólo nos queda tomar la decisión de abandonar este macabro juego y empezar a tomar las cosas un poco más en serio.
Con fakes news y lowfare el Poder Real construye un imaginario a la medida de sus necesidades: orientan la opinión pública hacia el peor lugar y eliminan competidores en la carrera electoral. Y cuando esto no da resultado, los golpes financieros doblegan la voluntad popular para que termine coronando a los candidatos cómplices del vaciamiento de los países. En estos días, explotó en Brasil el Morogate, un escándalo de proporciones que deja al descubierto que la persecución política –antes a cargo de militares y parapolicías- ahora es ejecutada por jueces que sentencian al margen de las pruebas y la ley a plena luz del día.
En este caso está todo: una denuncia periodística que se convierte en arbitraria condena contra el candidato que, si no mediara este espurio procedimiento, hoy sería el presidente del país vecino. La indagatoria que el ex juez carioca Sergio Moro realizó a Lula Da Silva sobre la propiedad de un departamento roza lo absurdo. En una comedia de enredos, sería una exageración. No conforme con eso, el magistrado planeó con el jefe de los fiscales de Lava Jato, Deltan Dallagnol las imputaciones contra Lula y su posterior sentencia. De más está decir que todo lo realizado en este proceso es ilegal y no busca castigar la corrupción sino exterminar los proyectos que proponen una distribución más justa de la riqueza. Y meter preso a Lula, impedir su candidatura y prohibir que apoye la campaña de Fernando Haddad facilitó que Jair Bolsonaro conquiste la presidencia. Y el siniestro Moro obtuvo su premio: ahora es ministro de Justicia, a pesar de las injusticias cometidas. Ambos escalaron a cargos inmerecidos para imponer una impronta destructiva: la película La Dictadura Perfecta convertida en realidad.
Maquillaje para el Cambio
Este oscuro personaje de una derecha inadmisible, Jair Bolsonaro, no sólo conquistó la presidencia con malas artes, sino que se da el lujo de propalar su inmundicia ideológica a través de malos consejos. En su primera visita a Argentina, no dudó en hacer campaña por Macri. Quien atienda sus malintencionadas recomendaciones está tan oscurecido como él. Más que un consejo a seguir, parece un prospecto plagado de advertencias y contraindicaciones. Señales que, de tan obscenas y macabras, impulsan a tomar el camino opuesto.
Ya hemos dicho hasta el cansancio –pero siempre es saludable insistir- que el Ingeniero se convirtió en Gerente de La Rosada SA por medio de procedimientos similares. Mentiras mediáticas, procesamientos a la carta y promesas que no pensaba cumplir aceitaron su campaña y permitieron inclinar la balanza a su favor en el inolvidable balotaje. A pesar del daño que ha provocado en estos tres años y medio, el empresidente sigue en carrera gracias a las mismas artimañas. Ese 30 por ciento de intención de votos que conserva es producto de la demonización persistente del adversario y de magistrados cómplices que convierten en juicios las ficciones más alocadas. Como en el caso de Lula, condenan sin pruebas y hasta sin delito.
Pero además, nada de esto sería posible sin el malsano accionar de los medios apologistas que, a pesar de todo, continúan con su prédica para apuntalar este sendero al abismo. Además, distorsionan el imaginario con las interpretaciones más caprichosas de las bestialidades que vomitan a diario los funcionarios amarillos. Ni uno ilumina con su intelecto, pero siguen en pie, pontificando sobre el “saneamiento de la economía”, “lo que hemos logrado juntos”, “haciendo lo que hay que hacer” y el histórico latiguillo “les hicieron creer”. En plena campaña electoral, Macri pregona que "los argentinos nos enfrentamos a una oportunidad histórica para consolidar nuestra democracia. En las próximas elecciones decidiremos si queremos vivir en una república o volver a un autoritarismo populista". Un ‘autoritarismo populista’ que permitía comprar leche, carne, pan, medicamentos, pagar los servicios y vacacionar, entre otras cosas más.
Al presentar a su compañero de fórmula, el buen Mauricio destacó el deseo de “una democracia con pluralismo, libertad de prensa y defensa de los Derechos Humanos”. Un deseo que está en contra de todo lo realizado durante su mandato: un pluralismo con opositores presos o acosados por jueces cancerberos, una libertad de prensa con medios comprados o amenazados y derechos vulnerados con cada decisión presidencial. Quien crea en la sinceridad de esa frase de poster puede creer cualquier cosa. Hasta que Miguel Ángel Pichetto es garantía de republicanismo, después de haber sido votado para una cosa y hacer todo lo contrario. Tan republicano es que pretende mantener su cargo en el Consejo de la Magistratura como representante de la oposición cuando desde hace mucho tiempo es un oficialista confeso.
Encima, para hacer más invotable la fórmula Macri-Pichetto los titulares destacan como buena noticia que los Mercados reaccionaron favorablemente al anuncio. De una vez por todas debemos asumir que cuando los poderosos aplauden un candidato, los demás tenemos que huir para otro lado. Por más que cambien el nombre, el veneno es el mismo de siempre: poner el país al servicio del enriquecimiento de unos pocos a costa de empobrecer a los demás. No es tan difícil de entender.

lunes, 10 de junio de 2019

Mucho más que sombras


Desde hace un tiempo, la Alegoría de la Caverna de Platón se utiliza como metáfora de la manipulación mediática. Las sombras que se proyectan sobre el fondo de la pared constituyen la única realidad que experimentan los hombres encadenados desde su nacimiento en el interior de la cueva. Uno de ellos logra soltarse y sale “al mundo”; lo que ve no se parece en nada a todo lo que había visto. “La verdad está afuera”, decía Mulder en Los Expedientes X. En la actualización del mito, los encadenados son los cautivos de la hegemonía discursiva, que enceguece a fuerza de engaños y explicaciones caprichosas creadas para apuntalar la razón de los poderosos. La confusión que vomitan día a día las pantallas monopólicas consigue que muchos desiguales adopten los principios de los desigualadores. Si uno a uno los cautivos dejaran de serlo, ese ideario sería patrimonio sólo de los explotadores y no de los explotados.
¿Qué pasaría con el primero de ellos? ¿Vería lo nuevo como una revelación verdadera o como un engaño más? ¿Querrá volver a la comodidad desinformada de la cueva o continuar por el incómodo camino de la deconstrucción de las falsedades que antes consumía como información? ¿Tomará como sombras las nuevas percepciones? ¿Pensará en compartir estas luminosas experiencias con sus ex compañeros de cautiverio, a riesgo de que lo tomen por loco, cooptado o choriplanero?
Por supuesto, hay que modernizar la más famosa alegoría de Platón: la cueva es la burbuja embrutecedora de Clarín y sus satélites; las sombras, las patrañas cotidianas que dificultan todo entendimiento; los encadenados son los colonizados, odiadores, individuos aspiracionales y prejuiciosos caceroleros que constituyen su público; el que se libera, es el que empieza a desconfiar de la obsesiva demonización que ejecutan los comunicadores apologistas, aunque simulen cierto desencanto. Así las cosas, el liberto advierte que las piezas del rompecabezas empiezan a encajar en el diseño de una realidad diferente. Aunque lo que ve lo desconcierta, no desea dejar de verlo. Y tanto le fascina el nuevo mundo que vuelve al interior para tentar a sus congéneres. ¿Qué les contará y cuál será la respuesta?
Monólogo de Liberto
Aún tiene la marca de las cadenas y vuelve a la cueva para liberar a sus compañeros. Ellos mismos deben librarse de las ataduras, tentados por las revelaciones del ex cautivo. Unos escuchan ilusionados, otros con desdén y los menos, indignados. Primero, la incredulidad; después, la esperanza, la convicción, el compromiso y finalmente, el enojo con los que lo han cautivado durante tanto tiempo. Así reaccionan algunos. Otros se debaten entre continuar con las absurdas sombras a las que están habituados y la posibilidad de tratar con objetos palpables y más razonables. Otros se resisten, porque están convencidos de que los fantasmas sombríos que consumen todos los días son la única verdad existente.
Eufórico, Liberto enumera de forma sintética y a la vez comprensible algunas de las ficciones que ha logrado desmentir. Impúdico, desnuda que el fiscal Nisman no era tan héroe como lo pintaron y que, desesperado por una encrucijada afectiva y profesional, se suicidó; ante la mirada atónita de sus oyentes, explica que es imposible el magnicidio porque no hay pruebas del comando iraní-venezolano-mapuche-gitano entrenado en Cuba, del karateca ni del piolín; que la tan famosa denuncia es un mamarracho sin evidencias ni delito. Algunos iluminan su rostro, otros lo dejan como estaba y los últimos gruñen como fieras y no cesan de babear.
Algo envalentonado, Liberto dispara que los cuadernos no existen, no demuestran nada ni fueron escritos por el chofer; que los arrepentidos son extorsionados y hay audios que lo demuestran; que esta absurda causa no se verá afectada si el fiscal Stornelli se presenta a declarar ante el juez Ramos Padilla; que todas las instrucciones y procesamientos del juez Bonadío son caprichosas y plagadas de anomalías con destino de basurero. Para fundar su afirmación, cita al Papa Francisco, preocupado "por una nueva forma de intervención exógena en los escenarios políticos de los países, a través del uso indebido de procedimientos legales y tipificaciones judiciales". Liberto, después de felicitarse por haber reproducido bien la frase memorizada, explica que esto se conoce como Lawfare y se usa para perseguir opositores. También aclara que los jueces que participaron de ese encuentro en el Vaticano no eran K, fanáticos ni polémicos. Después de escuchar tanto fundamento, unos sacuden sus cadenas para aflojarlas, otros se quedan como estaban y los menos las abrazan como un bien preciado.
Alentado por la reacción, Liberto arremete con otro tema más complejo: la Cámara Federal de General Roca sigue afirmando que el Cabo Primero Francisco Pintos asesinó por la espalda al joven mapuche Rafael Nahuel sin enfrentamiento ni “armas capaces de cortar árboles de cuajo”, como aseguró la ministra Bullrich; que hay responsabilidad política de los funcionarios por encubrimiento y apología; que no existe la RAM ni los mapuches quieren formar una república aparte; que sólo quieren recuperar las tierras ancestrales que les pertenecen usurpadas por terratenientes angurrientos, como Joe Lewis y Luciano Benetton. Unos empiezan a aflojar los grilletes, otros siguen como si nada y los menos salen en defensa de los nobles extranjeros que invierten su dinero en nuestro país.
Decidido a dar fin a su elocución, Liberto se precipita en una enumeración de hechos que las sombras omiten: que los jubilados pasaron de “nuestros queridos abuelos” a ancianos indigentes, que la Pobreza Cero no está ni cerca, que cierran 50 pymes por día, que el fin de mes empieza el 15 y que ni pan se puede comprar. Al instante, advirtió que podía perder público con semejante obviedad experimentada por casi todos los presentes. Entonces, se dispuso a aclarar que todo eso no fue producto de herencias pesadas, tormentas, tesoros satelitales ni impericia; que tanto sacrificio nos empobrecerá cada vez más; que no debemos sentirnos culpables por querer vivir mejor. Los que lograron romper las cadenas, corrieron al exterior y lloraron de emoción. Algunos de los impávidos comenzaron a observar con recelo los grilletes y otros quedaron igual. Los menos insultaban al Liberto y a los que se iban.
Finalmente, los encadenados quedaron solos y se fueron tranquilizando ante el embrujo de las sombras. Afuera, algo bullía. La historia sigue porque algunos libertos regresan para compartir tantas revelaciones y con empeño consiguen que algunos más sacudan sus cadenas. No sólo para las elecciones que vienen, sino para que nunca más esas sombras vuelvan a oscurecer nuestro futuro.

jueves, 6 de junio de 2019

El problema sigue siendo Clarín


La desesperación reina en las tropas amarillas. Los números no son favorables ni en la economía ni en la intención de voto y por eso el marketing los obliga a aparecer ante las cámaras con cara de feliz cumpleaños. La ausencia de logros y el acuciante malestar de gran parte de los argentinos hacen de las mentiras y operaciones de prensa la labor cotidiana de los apologistas. Como ya sabemos, el objetivo principal es confundir al electorado para que termine votando por los que nos van a terminar de hundir. Con más lentitud de la necesaria, los encantados de 2015 se desencantan y el núcleo duro macrista derrama hacia opciones parecidas, como Lavagna o Urtubey. El principal objetivo del Poder Real es que no vuelva el kirchnerismo, ni siquiera en la versión descafeinada que encabeza Alberto Fernández.
Que Macri mantenga alrededor del 30 por ciento de caudal electoral no habla muy bien de los individuos que lo eligen. Sólo el odio más destructivo puede hacer que un tercio insista en seguir por este camino nocivo. ¿Acaso piensan premiar al presidente que llevará el PBI argentino a la caída más profunda del mundo? ¿O creen meritorio que los femicidios se hayan más que duplicado en estos tres años y pico por ausencia de políticas públicas? ¿O consideran un éxito que el riesgo país haya superado los 1000 puntos, a pesar de que Argentina es el mejor cliente del FMI? Que en el país de las vacas y el trigo, la carne, la leche y el pan sean los productos más inaccesibles debería indignar a todos porque no es “lo que hay que hacer”.
No es para aplaudir que haya reaparecido el hambre cuando producimos alimentos para 400 millones de personas. Y que los jubilados deban dosificar los medicamentos y optar por una sola comida debería avergonzar a esos tozudos. Si se enteraran de los monstruosos sobreprecios de la escasa obra pública de la que los PRO tanto se vanaglorian, entenderían por qué la Causa de los Cuadernos Quemados es insostenible. Seguir optando por este engendro es sumarse a la maldad que lo ha constituido y alentar los daños –en algunos casos, irreversibles- que está provocando.
La síntesis del mal
Camino a una crisis histórica, Clarín diagnostica una grave enfermedad inexistente a Alberto Fernández y se alarma por un cruce de llamadas entre la ex presidenta y su Secretario de Seguridad cuando Nisman apareció muerto. Una mentira y un absurdo en una misma portada. Píldoras de tonterías para desorientar aún más a sus víctimas. De la megaobra del Paseo del Bajo sólo hacen publi-notas en las que nada dicen de la ausencia de tornillos en las barandas o de los túneles estrechos por los que no pasan dos camiones. Menos aún cuentan que costó tres veces más de lo presupuestado y que los más beneficiados han sido los testaferros de Macri. Si no hay ley que castigue tanta manipulación, deberían ser los lectores quienes abandonen al ex Gran Diario Argentino.
Tampoco cuentan las once modificaciones que, por decreto, ha realizado el empresidente al sistema electoral, algo que es inconstitucional. A la eliminación de las actas de escrutinio y los telegramas con los resultados, se suma el cambio de empresa, la omisión de los mayores de 16 en el padrón, la reforma del financiamiento de los partidos políticos y el voto por correo de los argentinos en el extranjero. A todas estas trampas hay que agregar la habilitación de las listas colectoras por decreto que un par de meses atrás había inhabilitado por decreto. Todo para asegurar el triunfo de Vidal en la provincia de Buenos Aires. Y después, Macri se jacta de transparencia, institucionalidad y respeto por los valores democráticos. Cuando planean un fraude es porque se saben perdidos. Con no demasiada imaginación, se puede deducir que esto se convertiría en escandalosos titulares y acalorados editoriales si el gobierno fuera otro.
Los que cuestionaban la expresión “sensación de inseguridad” ahora vociferan sin pudor sobre “el impacto psicológico del precio del pan”. Los que antes denunciaban que la tarjeta SUBE servía para espiar a los usuarios no paran de difundir escuchas intrascendentes obtenidas por el espionaje mafioso que supieron conseguir. Los que antes se rasgaban las vestiduras por la justicia independiente alientan y aplauden la persecución a magistrados probos y el nombramiento de jueces cómplices de bajo puntaje. Los que pregonaban sobre la igualdad ante la ley, protegen al fiscal Stornelli que se niega a declarar ante el juez de Dolores que investiga su participación en una organización ilícita de espionaje y extorsión.
Desde hace años clamamos que termine tanta locura informativa que distorsiona la vida democrática. La Libertad de Expresión no habilita tanta infamia. Como toda libertad, se debe gozar de manera responsable. Un medio de comunicación no puede publicitar este plan de destrucción, entrega y despojo. ¿Qué país están construyendo con esta construcción tan caprichosa y nociva de la realidad? ¿Qué sentimientos exhiben al hacer apología de un gobierno que sólo ha venido a desigualar para siempre? ¿De qué podrán enorgullecerse sus artífices cuando la Historia cuente su participación fundante en esta pesadilla?
El problema es Clarín, guionista y director de esta peli de terror. Un pésimo ejemplo de periodismo. Una síntesis del mal en letras de molde. Pero Clarín no sólo es un diario, sino mucho más que eso. Más aún que un monopolio mediático. Clarín es una mancha que se propaga hacia todo lo que toca; una forma de amoldar cabezas en beneficio de una minoría cada vez más pequeña; un conquistador de conciencias; la marca de una clase que desprecia al resto. Desde este punto de vista y muchos más, el problema es Clarín. Pero también los que difunden sus contenidos, los que basan su pensar y su sentir en patrañas hartamente desmentidas, los que se dejan llevar por el odio que destilan sus propaladoras, los que se alían obsecuentes a sabiendas de que serán fagocitados por la bestia.
El problema es Clarín y todos los que siguen asimilando el imaginario que construye. El problema no es que Clarín mienta, sino que muchos se sigan abrazando a sus mentiras. El problema es que no encontremos la manera de adecentarlo. El problema esencial es que todavía hay muchos que no lo ven como problema.

lunes, 3 de junio de 2019

Lo demás no importa nada


El camino hacia las elecciones plantea algunos dilemas y el primero es cómo transitarlo. No hace falta mucha suspicacia para suponer que estará plagado de falsas noticias y operaciones judi-mediáticas que lo harán entretenido y a la vez, tortuoso. Agotador, también porque siempre habrá que estar deconstruyendo, explicando, desmintiendo en lugar de apuntalar las ideas que nos sacarán del profundo pozo en que nos está hundiendo el Cambio. Aunque sea para refutar las patrañas, siempre estamos atados a la agenda que proponen los medios hegemónicos y sus tentáculos en redes sociales. El desafío es, pues, desinstalar la agenda marketinera para instalar una agenda propia. Y para ello no hay que perder tiempo con cada una de las bombas de humo que arrojan las propaladoras de estiércol, sino propagar el truco para desmontarlas.
Los rosarinos sabemos lo que es portar una etiqueta nacida de una mentira. Lo de comegatos surgió de un informe falaz pergeñado por el notero Julio Bazán, de canal 13 y TN allá por 1996, aunque muchos crean que fue tiempo después. En aquel entonces no se conocían como fakes news, pero ya producían estragos en la opinión pública. Más de veinte años pasaron de aquel episodio y sin embargo, el mote surge cada tanto en alguna conversación mantenida a cientos de kilómetros. La pregunta ¿es verdad que comen gatos? debería ruborizar más al preguntón que al encargado de responderla. Un montaje que sólo necesitó una parrilla con unos pellejos, un nene con un felino –vivo- en sus brazos y un puñado de testigos guionados. Eran tiempos en que los televidentes no sospechaban que los medios podían mentir con fines políticos; que ni se preguntaban para qué agregaban pedazos de “carne gatuna” en medio de unos tentadores pescados. Si diez años antes habían creído en las crónicas de José De Zer sobre extraterrestres o casas embrujadas, ¿cómo no iban a dar crédito a las elaboradas por su aprendiz en la antesala de una crisis histórica?
Los tiempos cambian, por supuesto. Hoy, la TV tradicional ya no tiene la incidencia de antaño, tal como revelan los números del rating. Las formas de consumo mediático son diferentes y el usuario cree tener en sus manos el poder de armar su propia agenda informativa. Sin embargo, los colonizadores de la subjetividad también están en las redes dispuestos a propalar cualquier falsedad que sea funcional a su ideario. Una foto y una explicación sintética se transforman en un hecho que, con una eficaz difusión, puede impactar en muchas cabezas que ni se preocupan en confirmar su veracidad, si sirve para confirmar prejuicios. Más aún cuando la novedad no proviene de grandes cadenas sino de las pequeñas, conformadas por amigos, familiares, colegas tan iguales como el destinatario.
Dosificar la pantalla
El recorrido es arduo, pero vale la pena. Para dar el primer paso hay que dejar de creer en todo lo que nos llega. Claro que ese ‘todo’ es muchísimo. Tanto que no da tiempo a saber de qué se trata cada cosa. Nos llevaría más de un día leer todo lo que nos llega en un día. Ni videos ni audios se reproducen en su totalidad. Lo importante es dar “un visto”, poner un pulgar en alto y compartir. Así, se teje una red asfixiante de contenidos racistas, procaces, machistas, violentos, agresivos. Con tanta vocinglería, cualquiera se aturde. La abundancia siempre empacha.
Esto no significa desdeñar las fantásticas herramientas comunicacionales que la tecnología pone a nuestra disposición. Al contrario, se han vuelto imprescindibles. Pero, como toda herramienta, hay que saber utilizarla para no acabar siendo utilizado. Desde el primer diario hasta hoy, los medios ejercen cierto control social. Aunque parezca mentira, con el caos de las redes también se ejerce ese control. Y, por supuesto, también se manipula, también se coloniza la conciencia con la sensación de que somos libres.   
El primer filtro para evitar esto es la voluntad de evitarlo. Evaluar si tanto tiempo al día dedicado a la pantalla no es una rutina más en lo cotidiano. Considerar si todo lo que nos llega realmente nos interesa. Quizá ese mundo que está tan a mano nos está aplastando. En medio de todo eso que nos entretiene subyace el pensar dominante; entre bromas y consignas, se cuela un ideario que modela una visión del mundo que no es la más beneficiosa. Por tomar sólo un ejemplo: esos chistes sobre situaciones que pueden malinterpretarse como acoso no hacen más que debilitar la conciencia que se está tomando del tema. Con el humor como maquillaje, se refuerza el machismo.
Así con todo. Por eso es importante tomar las riendas de la información que necesitamos para descolonizarnos. Algo de eso está pasando. Por lo menos se ha puesto un nombre –también colonizador- a la información falaz: ahora llamaríamos fakes news a lo que José De Zer hacía en el noticiero de canal 9 y a la historia de los comegatos de mediados de los noventa. La ventaja es que sabemos que existen y podemos detectarlas al instante para que no se instalen para siempre en la memoria colectiva.

Lecciones desde el Altiplano

Una semana antes que en Argentina, Bolivia también tendrá elecciones presidenciales. Tanto allá como acá, el resultado es predecible . All...