lunes, 25 de noviembre de 2019

Últimas postales de la pesadilla


A menos de 20 días del fin de su mandato, el Buen Mauricio se sigue esforzando para ser el peor de todos. No el peor de los amarillos, sino de todos los presidentes desde el ‘83 para acá. Y encaramado en ese podio, elige a los peores, como eso de poner a Patricia Bullrich de presidenta del PRO. Mientras pasa papelones con la anulación del protocolo ILE y la alianza gobernante en retirada parece a punto de estallar, Macri se da el gusto de mantener una charla “divertida, entretenida y constructiva” con los usuarios de Instagram. En verdad, el tipo no puede brindar nada que sea divertido, entretenido y constructivo porque es todo lo contrario. Quien se haya divertido con estos cuatro años de terror debe ser un morboso y si, encima ve como ‘constructivo’ al mentor de todo esto, debe ser admirador de súper villanos de comic. El peor hace lo peor para recibir el aplauso de los peores. Peores con los que tendremos que lidiar en los años venideros para que el sentido común neoliberal deje de ser dominante.
Que al Ingeniero le guste la cumbia, quiera aprender a cocinar o prefiera el helado de pistacho no explica por qué se enorgullece de lo realizado durante su mandato. Si los que integran el 40 por ciento que lo votó se interesan por estas cosas, ahora se entiende el nulo grado de preocupación por el desastre que heredará el próximo gobierno. Si se conforman con que “la situación es muy confusa”, que la crisis explotó por sí sola y que “fue el peor momento que viví después del secuestro” no deben tener muy en claro lo que ha ocurrido. Y si encima creen que Macri va a coordinar “una oposición constructiva, responsable e inteligente”, es lógico concluir que estamos en problemas.
El problema principal es que ya sabemos que no serán constructivos, responsables ni inteligentes. No lo han sido antes de 2015 como oposición ni después como oficialismo. Tampoco lo serán ahora que se les atragantó la derrota y se van con ganas de conspirar contra cualquier camino opuesto al que Ellos sostienen como dogma. Aunque el resultado de las urnas dijo ‘No’ al modelo neoliberal, sus principios están instalados no sólo en las conciencias del 40 sino en la de algunos que optaron por el Frente de Todos. El fracaso del Cambio aún no se comprende como una disfuncionalidad de las recetas desigualadoras, sino apenas como una mala aplicación de sus preceptos. Si no logramos transformar esto, no sólo por un tiempo sino para siempre, jamás dejaremos de estar a merced de los vaivenes electorales que resultan tan retrógrados.
Una guía para el futuro
Los pueblos de la región están dando una importante lección a los confundidos locales. Chile, Colombia, Ecuador están convulsionados por movilizaciones que piden a gritos un abandono de las directivas del Imperio vía FMI. En Bolivia, las calles rechazan la interrupción del camino a la equidad llevado adelante por Evo Morales. En Uruguay, la confusión conduce a un empate peligroso. Si Argentina transita en calma hacia el 10 de diciembre no es por mérito de Macri y sus políticas demoledoras. A pesar de él y todo lo que ha hecho y sigue haciendo, continuará como presidente hasta el último día. Un logro de la democracia o un exceso de paciencia, porque un gobierno así debería ser inaceptable, no sólo por los innumerables yerros cometidos, sino también por sus decisiones cargadas de malicia.
Si estamos como estamos es porque el modelo neoliberal nos quiere dejar como nos deja. Para sus mentores, el equilibrio de la Economía se logra con el despojo de derechos. Un equilibrio en los números que nunca llega y deja millones de desplazados. Y así será en cualquier país del mundo, con independencia de quien lo aplique. El modelo neoliberal sólo busca enriquecer a una minoría enriquecida que siempre quiere más sin medir las consecuencias de tanta angurria. La metáfora del derrame es tan falaz como la de la mano invisible. Nunca derrama nada el que quiere tenerlo todo y más aún si las recetas incluyen la facilidad de obtener ganancias multimillonarias con la timba financiera.
Desde el fatídico día en que bailó en el balcón de la Casa Rosada, Macri se dedicó a favorecer a tres sectores que tienen la malsana costumbre de no reinvertir nada: bancos, energéticas y agroexportadores. Las tentadoras tasas de interés, el incentivo para especular con el dólar y la facilidad para fugar divisas favorecieron al primer sector que acumula ganancias cercanas al 200 por ciento anual. Las empresas generadoras y distribuidoras de energía obtuvieron ganancias superiores al 1000 por ciento, por encima de cualquier índice de inflación y, a pesar de eso, la producción energética disminuyó contra todo lo prometido. Por supuesto, la empresa que menos ganó es la estatal YPF, a la que boicotearon desde el principio.
¿Y qué decir del Campo? Ese concepto siniestro construido por el establishment intentó voltear al gobierno de Cristina en 2008 con la excusa de la resolución 125. Detrás de esa palabra entrañable y sencilla se escudaron los peores intereses de una minoría golosa. Esa expresión afable convocó a miles de caceroleros que apenas veían tierra en una maceta del balcón, en una alianza incomprensible alentada desde los medios de comunicación dominantes. Después de cuatro años de mimos oficiales, ahora, como niños malcriados, los agrogarcas amenazan con reeditar la Rebelión de los Estancieros, aunque parece que esta vez con la Mesa de Enlace incompleta. Desde que se calzó la inmerecida banda presidencial, Macri subsidió a la burguesía agroexportadora con quita y rebaja de las retenciones, además de otras reducciones impositivas. Encima de que esto genera el déficit fiscal que tanto cuestionan, de las ganancias extraordinarias obtenidas de esa manera, no han derramado nada ni con inversión ni con la baja del precio interno de los alimentos.
Sin tener en cuenta todo esto, ahora amenazan al gobierno entrante: nada de retenciones, impuestos, controles ni obligaciones. La oligarquía terrateniente quiere todo para sí porque así ha sido siempre: egoísta y parasitaria. Golpista, también. Ideóloga de crímenes aberrantes en las distintas dictaduras. Siempre para incrementar y custodiar sus tesoros. Los demás sólo existimos para admirar sus lujos y privilegios y para salir a defender sus intereses en la calle con ruidosos cacharros sin obtener nada a cambio.
El 40 por ciento parece dispuesto a cumplir ese rol de ahora en más. La tarea que viene es lograr, en primer lugar, reducir ese porcentaje vergonzante que sigue apoyando este modelo de latrocinio; y, después tratar de que la unidad confeccionada por el espanto no se desgrane al primer gruñido de los poderosos, como pasó once años atrás. Duros tiempos los que se vienen, pues tendremos que expandir la idea de que la equidad nunca vendrá del lado de aquellos que se quieren quedar con todo.

jueves, 21 de noviembre de 2019

Un porcentaje que avergüenza


Con rayitas en la pared, estamos contando los días que faltan para que Macri deje de ser presidente. Todos: unos con esperanza de algo mejor y otros que, inexplicablemente, lo extrañarán. La transición se acelera mientras el Ingeniero aprovecha el poco tiempo que le queda para seguir cerrando negocios y garantizar su impunidad y la de sus cómplices. Aunque el 40 por ciento que votó por este engendro no quiera admitirlo, el Gran Equipo nos deja un país peor que el recibido y ha cometido tantas tropelías que más que una gestión de gobierno pareció un plan de saqueo. La construcción del sentido común ejecutada por los medios hegemónicos podría considerarse un crimen: que muchos estén convencidos de que los enemigos son los K es un contundente argumento. Lo que se viene es un nuevo episodio de la batalla cultural, donde los que fueron complacientes apologistas de estos monstruosos cuatro años se convertirán en feroces denostadores del intento de recuperación de algo.
En realidad, ya lo están haciendo. Desde el triunfo en primera vuelta, el acoso periodístico es constante. Tituleros y analistas no saben cómo sembrar el desaliento y provocar una disolución social. En su afán de horadar el consenso hacia el gobierno entrante, son capaces de convertir en noticia principal de tapa el comentario de un obispo en Facebook sobre el proyecto de IVE del futuro presidente. Y encima, Clarín y La Nación resultaron tan obvios al publicar el mismo título en sus tapas que hay que ser muy obcecado para no cuestionar la jugada. A todas luces, una operación de prensa tan absurda como repudiable; una muestra más de la subestimación a lectores dispuestos a dejarse subestimar.
Como los medios bolivianos que, obedeciendo órdenes del gobierno de facto, mostraron el interior de la casa de Evo para justificar el golpe. Los voceros vernáculos se hicieron eco del show, por supuesto, aunque en simultáneo, el Buen Mauricio estaba disfrutando de unas nuevas vacaciones en un complejo turístico de lujo en la provincia de Córdoba. Esto es colonización de la conciencia; es, no sólo mostrar un hecho insignificante, sino instaurar una capciosa lectura de las cosas; es manipular de manera vil la información en abandono de la objetividad e independencia que tanto pregonan. Los lujos de Evo son “inaceptables” porque un indio que representa a pobres y trabajadores debe vivir de manera precaria, tal como sus representados. En cambio Macri, como es blanco y rico, no es merecedor de ninguna objeción a sus privilegios, sino todo lo contrario. Siempre suena la célebre frase de Javier González Fraga a poco de empezar esta pesadilla –“les hicieron creer que…”- como una declaración de principios de la oligarquía gobernante: los ricos merecen todo y los demás, algunas migajas.  
La continuidad del saqueo
Sin dudas, el mayor éxito de esta colonización es el pobre de derecha, el que justifica las angurrias del patrón, el que adopta los desprecios de la clase dominante sin advertir que también es blanco de esos desprecios, el que está dispuesto a renunciar a sus derechos con la vana ilusión de recibir una caricia de los privilegiados. El que cree que coincidir con los explotadores es la llave de acceso al círculo de los poderosos. Una víctima que idolatra a los victimarios. Una identificación ferviente con lo que nunca será. Un rotundo éxito en la distorsión de la conciencia de unos cuantos que se enorgullecen de estar tan extraviados.
Sólo así es posible un modelo tan destructivo, que desiguala, que deja afuera a millones, porque muchos de esos millones votan gustosos por los que lo llevan adelante. Tan exitosa es la colonización que, a pesar de que el Banco Central tenía 24000 millones de reservas al asumir Macri y ahora tiene apenas 8000, el 40 por ciento sigue diciendo “los K se robaron todo”. Aunque la gestión amarilla haya dilapidado gran parte del Fondo de Garantías de la Anses, eran los K los que malgastaban “la plata de los jubilados”. En estos cuatro años, la deuda pública se incrementó en más de 100000 millones de dólares y aunque esa exorbitante suma no ha sido destinada al desarrollo y la obra pública sino a la fuga de capitales, los caceroleros siguen tildando de corruptos a los K. Las reformas impositivas realizadas por estos tránsfugas significan casi 700000 millones de pesos que benefician a un sector muy pequeño de la economía y, a pesar de esto, todavía siguen hablando del capitalismo de amigos ejecutado por los K.
Y para sumar un granito de arena a la presión del establishment al gobierno entrante, los agrogarcas ya empezaron a tocar los tambores de guerra. Nada de retenciones ni controles; nada de subas impositivas ni límites a la especulación; nada de obligaciones para abaratar el costo de los alimentos. El egoísmo como bandera alentado por la tropa de ocupación gobernante. Los terratenientes no aprenden lecciones y están dispuestos a remasterizar la Rebelión de los Estancieros de 2008. Envalentonados, cuentan con el apoyo de ese 40 por ciento de caceroleros urbanos que ya se están preparando para volver a ser el Campo.
Como una muestra más de para quiénes gobiernan Macri y sus secuaces, el Ente Regulador del Gas compensará a las petroleras con más de 24000 millones de pesos, como si no fuera suficiente la dolarización de las tarifas internas y el bestial incremento del que han gozado los amigos del empresidente. Ya se están yendo, pero siguen garantizando sus negocios, como la concesión de las obras del nuevo puerto de Buenos Aires por 50 años. Demasiada obviedad, angurria y abuso de autoridad de estos malandras que nunca deberían haber ocupado cargos públicos.
Demasiada vergüenza da que un país como el nuestro tenga que diseñar un plan especial para combatir el hambre mientras estos delincuentes sin guantes asignan partidas para sus amigos multimillonarios. Pero más vergüenza da que muchos peatones sigan ofuscados porque estos representantes del poder real no hayan conseguido la reelección para continuar con este latrocinio.

lunes, 18 de noviembre de 2019

En busca de un golpe amarillo


Aunque a algunos les parezca una exageración, decir No al golpe de Estado en Bolivia es marcar la cancha para el futuro de la Región. Según algunos medios apologistas de lo peor, la democracia está perdiendo rating en estas tierras bárbaras y, por tanto, habrá que empezar a acostumbrarse a que algún alucinado portador de biblias se autoproclame presidente, aunque no lo conozca ni la familia. Quien discuta si lo de Bolivia fue o no un golpe no atrasa una semana, sino quichicientos años. A la errática y tibia reacción del Gran Equipo, se suma la posibilidad de que Macri estuviera al tanto de todo. Y no sólo eso: hasta da la sensación de que están armando algo para que el gobierno entrante caiga a poco de empezar.
“Esto recién comienza” recita Macri en el spot de invitación al 7 D, su espontánea fiestita de despedida. Esta frase puede interpretarse como una promesa, pero ya todos sabemos que nunca se preocupa por cumplirlas. También puede pensarse como un augurio, aunque los que ha hecho durante su mandato jamás se convirtieron en realidad, como la lluvia de inversiones, el segundo semestre, los brotes verdes, el crecimiento invisible, el alivio… Si no es promesa ni vaticinio, sólo queda pensarlo como amenaza, una especie de Revolución de la Alegría II que aterrorizará más que la precuela.
Si alguien piensa que estamos llamando ‘golpista’ al Buen Mauricio, tenga a bien saber que no está equivocado. Si no es golpista, será destituyente. Y esta afirmación no indica que quien escribe estas líneas sea adivino. No, apenas un atento lector de los hechos. El Gerente de la Rosada SA siempre se apropió de las operaciones que intentaban socavar la gobernabilidad de CFK. Si no fuera por las patrañas mediáticas, no lo tendríamos como presidente. ¿O acaso no se montó al penoso espectáculo de convertir en magnicidio el suicidio del fiscal Nisman? ¿O no explotó la acusación de asesino al candidato a gobernador de Buenos Aires Aníbal Fernández? La mentira hegemónica es tan mortal para la democracia como las botas de un militar. Y ese poder de sembrar falsedades sigue intacto, tanto por el desparpajo con que lo hacen sus exponentes como por la ingenua receptividad del público cautivo.
Las trampas de Mauricio
De entrada, el gobierno de Les Fernández comenzará con el sayo de ‘corrupto’ que han tejido durante años los periodistas independientes de la ética con el hilo de prejuicios que enreda a muchos individuos. Ya están los convencidos propalando en las redes cartelitos y acusaciones que han sido desechadas por los magistrados. Tan infundadas son las denuncias que, en breve, los fiscales y jueces que convirtieron las fábulas en procesos judiciales van a empezar a dictar falta de mérito y a liberar a los secuestrados por la mafia de Comodoro Py. Y ahí está la primera trampa armada por los amarillos: si fueron tantas las denuncias vomitadas en programas domingueros durante cientos de semanas, ¿cómo es posible que casi ninguno termine preso? Claro, los prejuiciosos jamás pensarán que han sido engañados sino que con el gobierno K empieza la impunidad. Un gobierno corrupto e impune merece ser volteado por la fuerza de los buenos vecinos domesticados por el establishment.
Durante estos cuatro años, los amarillos han acumulado denuncias acomodadas en la elegante estantería de los conflictos de interés. Autopistas del Sol, Correo Argentino, Flybondi, Farmacity, parques eólicos, las bolsas de Michetti, los aportantes truchos, parientes y amigos presidenciales beneficiados con negocios multimillonarios y muchos casos más que fueron silenciados por los medios cómplices e ignorados por la titular de la Oficina Anticorrupción, Laura Alonso, por temor al bullying de los cambiemitas. Todas con muchos más fundamentos que las cursadas contra los funcionarios K, por supuesto. Como desde hace meses descansan en el freezer de los Tribunales, es probable que los nuevos vientos comiencen a descongelarlas para que se aceleren los trámites procesales. Entonces, la prepotencia de la clase dominante, sus voceros mediáticos y los transeúntes repetidores de zonceras comenzarán a denunciar una inverosímil persecución política contra los M. Ésta es la segunda trampa: un gobierno que persigue a los adversarios tiene que caer más  temprano que tarde.
La tercera trampa está en los Ocho Puntos de la Economía que difundieron la semana pasada desde la usina fantasiosa de Marcos Peña Braum. En ese documento se narra que se hizo todo bien para que al próximo presidente le resulte más sencillo crecer, combatir la inflación y bajar la pobreza. Si el Frente de Todes logra estos objetivos no será por su experticia sino por los cambios estructurales realizados por El Mejor Equipo de los Últimos 50 Años. Una mentira en la que ni Ellos creen, pero que servirá como falso argumento para polemizar en los tiempos venideros. Y si no logran mejorar la situación en los primeros días, serán desalojados de la Casa Rosada por ineptos, incapaces, inmorales y todos los calificativos que los PRO proyectan sobre el Otro tan despreciado.
Por supuesto, hay otras trampas que Macri ha dejado para el próximo gobierno, como la exorbitante deuda externa de la que él, seguramente, será acreedor, la destrucción sistemática del aparato productivo o los aportes millonarios que deja instaurados para sus empresarios amigos. El peor gobierno desde la vuelta a la democracia se va de la peor manera y promete –como oposición- ser todavía peor. Y lo peor es que estas malísimas personas han sido avaladas por el peor 40 por ciento que lograron conseguir. Si escapamos de tantas trampas, seguro que nos convertimos en inmortales.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Demócratas maquillados


Si tiene cuatro patas, rabo y ladra, sin dudas estamos ante un golpe de Estado. “Total normalidad”, suspiraron los gerentes de la Rosada SA. El Buen Mauricio, descolocado como siempre, ponderó la transición boliviana, aunque en la escena no esté presente ni el presidente en ejercicio ni el electo, que es la misma persona. Un republicanismo sui generis a la medida de los que sólo respetan la democracia cuando obedece a sus intereses. Lo único que falta es que el oficialismo amarillo no reconozca a la autoproclamada presidenta Jeanine Añez sólo porque dijo “sí, se pudo” para desatar la envidia de los cambiemitas. Como sea, el primer mandatario indígena orgullo de la Región no está donde debe estar sino muy lejos de donde lo ubicó su pueblo. Algunos ya se apuran a nombrarlo como ex, pero será presidente por el resto de la historia.
Ahora más que nunca porque el Imperio metió su cola, como buen diablo que es. Los malos perdedores hicieron todo para desatar un caos que parezca improvisado. Los servidores del establishment, como incivilizados que son, se volcaron a la barbarie en pos de la paz y el desarrollo. La cruz y la espada para volver a conquistar un territorio con riquezas. El líder de la revuelta, elquenovotónadie Luis Camacho, se erige como salvador, espantando a los dioses autóctonos para implantar un dios importado que en ningún momento había sido expulsado. Todos los dioses pueden convivir en un Estado Plurinacional; en cambio, los humanos, no. Y menos los blancos que se creen dueños de todo.
Un episodio golpista tan claro que sólo puede avalar alguien que tenga en mente copiar algo así. En esto no hay medias tintas, dos campanas ni Corea del Centro. Tampoco una ancha avenida del medio por la que todos marchemos en paz. Quien trata de justificar se pone del peor lado. Quien intente ver República en esta asonada autoritaria que no se enoje si le destinamos los peores epítetos. El canciller Jorge Fraurie ya debería estar renunciando. Nuestro país tiene una posición muy definida respecto a los golpes y es inaceptable que un funcionario sea tan errático. Hasta la ex canciller Susana Malcorra tiró de sus orejas por su indefinición. Fraurie consideró que no es un golpe de Estado porque “las fuerzas armadas no han asumido el poder”. Un burro, como casi todos los PRO. Para él, que una patota de ricachones desplace al presidente que ganó su reelección significa apenas una crisis institucional. Casi todos los integrantes del Gran Equipo deberían ser inhibidos de ocupar cargos públicos en el futuro porque son muy tóxicos para las instituciones. Tanto que hasta coinciden con la posición de Donald Trump sin ponerse tan colorados como él.
El golpe que se viene
No es la primera vez que los amarillos interpretan las cosas como se les antoja y para el lado desigualador de siempre. Las dictaduras son menos condenables que los gobiernos que Ellos consideran populistas. Ya escuchamos a Macri hablar del curro de los DDHH y jugar con el número de desaparecidos; ya oímos a muchos de Ellos especular con los beneficios obtenidos por las Madres de Plaza de Mayo; ya los hemos visto coquetear con la Teoría de los dos demonios o con el absurdo de la Memoria Completa. Macri menciona la Dictadura como “algo terrible que nos pasó” y no como un plan para imponer un modelo económico y social que enriquece a los que son como él.
Los hemos visto apoyar la destitución de Lugo y Dilma y hasta llamar presidente al usurpador venezolano Juan Guaidó. Por lo tanto, no debe sorprendernos que les cueste contener los aplausos ante el golpe en Bolivia. Algunos aplaudieron y otros justificaron. Y están los que explican todo con un fraude inexistente. Todos bailan en el límite de la apología de un delito condenado desde el retorno a la democracia. Todos bailan como Macri cuando se disfrazó de presidente.
El porqué del golpe no está en los errores cometidos por Evo Morales en su tránsito a la reelección, sino en los aciertos de sus años de gobierno. Gracias al MAS, Bolivia se convirtió en el país más exitoso de la región, con crecimiento sostenido, baja inflación, reducción del desempleo, mejora del poder adquisitivo y en la distribución del ingreso, estabilidad cambiaria, bajo nivel de deuda y muchas cosas más que desatan la furia de la minoría privilegiada.
Lo que más molesta de la nueva Bolivia es que los indios accedan al bienestar. Esa es la Grieta que atraviesa la Patria Grande: ricos que detestan que los demás vivan bien, que consideran propio todo lo que el otro disfruta, que pretenden incrementar sus privilegios a costa de exterminar derechos. Por eso el golpe de Estado; lo demás es verso.
Y a no confundir la situación de Bolivia con la de Chile: en el país trasandino es el pueblo de verdad el que está diciendo basta de alternancia entre partidos para que no cambie nada. Las minorías empachadas hacen un golpe de Estado por pura angurria pero las mayorías desplazadas y empobrecidas hacen una revolución por necesidad. A las primeras hay que condenarlas y a las segundas, alentarlas.
Macri y los que son como él hacen lo contrario porque la desigualdad es lo que orienta sus pasos. Por eso son ricos, porque explotan, especulan y estafan y así empobrecen al resto. Por eso se quejan de los impuestos, los controles y los derechos de los trabajadores. Y tratan de impedir que acceda al gobierno una fuerza política que distribuya con un poco más de justicia. En cuanto eso ocurre, se vuelven los más feroces golpistas. Después de ver cómo se posicionaron sobre el golpe en Bolivia, corremos un serio peligro al tenerlos como oposición. Con el 40 por ciento de aval, harán lo imposible para que el gobierno de Les Fernández fracase en su intención de frenar el saqueo de estos cuatro años. Si se entiende esto, estamos a salvo; de lo contrario, estaremos siempre a merced de sus dentelladas.

domingo, 10 de noviembre de 2019

Una grieta de ocho puntos


Los funcionarios amarillos que exigían autocrítica del gobierno anterior no paran de auto elogiarse. Según ellos, hicieron todo bien aunque dejan el país más estropeado que como lo encontraron. Después de perder por ocho puntos en las elecciones generales, difunden los “Ocho puntos de la economía”, un documento de Estado que más parece un cuento de hadas que la realidad que nos legan. Y como malos perdedores, refunfuñan, gruñen y no paran de ensanchar la Grieta, montados al inmerecido 40 por ciento obtenido en las urnas. No sólo inmerecido, sino también vergonzante, porque esos que los votaron avalan todo lo malo que han hecho desde aquel fatídico 10 de diciembre de 2015 sin poder mencionar algo positivo más que las pavadas de República, Democracia y Libertad.
Ese 40 por ciento será un hueso duro en los meses venideros. Sus componentes serán los primeros en hacer oír sus gritos ante problemas que antes no inspiraban la mínima queja. Los primeros en señalar que una inflación de dos por ciento es más alarmante que la actual de más de cinco, que convertirán en condena fantasías vomitadas en titulares, que babearán su rabia tildando de “chorros” sin poder enumerar qué robaron. La inseguridad volverá a ser el problema central gracias a la repetición de los medios, que logra multiplicar cada hecho. Ahora sí mirarán la miseria que antes ignoraban. Si hasta ahora han sido los mejores oficialistas, desde ahora serán los peores opositores, sin más fundamento que los prejuicios arraigados en lo más hondo de su sentir.
La convivencia con ese 40 por ciento será difícil. Echar la culpa al presidente electo de todo lo que pase será el pan de cada día. Si hasta 2015 se quejaban porque las tarifas eran baratas, en breve organizarán cacerolazos de protesta porque el precio de las cosas comienza a bajar. Por cualquier cosa dirán que nos parecemos a Venezuela, Cuba o al país demonizado de turno. Escuchar en silencio el recitado a repetición de las patrañas mediáticas requerirá mucha paciencia. En cambio, contrastar las falacias con informaciones verídicas insumirá litros de saliva. El desafío será disminuir ese porcentaje a fuerza de argumentos, no con la persecución, la amenaza o la censura que aplicaron los amarillos. Los datos sobran para despertar la conciencia de al menos el 10 por ciento que los votó por confusión. Si logramos mantener en alrededor de un cuarto a los anti populistas, el tránsito hacia un país más equitativo será armonioso. De lo contrario, corremos el riesgo de caer en la tentación de la alternancia, una treta del establishment para mantener sus negocios.
Fotos para argumentar
En la región hay tres ejemplos que nos pueden servir: Bolivia, Brasil y Chile. En el primero, los malos perdedores de la derecha imperial apelaron a la barbarie más repudiable, como humillar públicamente a una alcaldesa oficialista e incendiar casas de funcionarios y parientes, para forzar nuevas elecciones. Todo con el apoyo de la mano “democrática” de Estados Unidos, que busca vengarse de Evo por haber cerrado su embajada y expulsado a sus representantes diplomáticos. Aunque el presidente aymara ganó las elecciones con un apretado margen de diez puntos, los angurrientos quieren revancha. Así seguirán hasta ganar por cansancio.
En Brasil, tuvieron que encarcelar al candidato Lula Da Silva con acusaciones falsas para que Jair Bolsonaro pueda convertirse en presidente. Ahora que Lula está libre a la espera de la confirmación de la insostenible condena, Bolsonaro tiene apenas 26 puntos de aprobación a menos de un año de haber asumido. Las noticias falsas y los procesos judiciales amañados hicieron estragos en el electorado del país vecino que ahora ve desmoronarse el andamiaje de mentiras en el que basaron el voto.
Pero el caso más emblemático es el de Chile, el modelo neoliberal por excelencia, el ejemplo de superación de grietas para el mundo y más allá, el éxito económico de todos los tiempos. El mito estalló como una pompa de jabón. Después de tres décadas de amable alternancia entre partidos similares, el endeble equilibrio establecido por el dictador Pinochet para beneplácito del establishment trasandino empieza a tambalear por la gota de avaricia que desbordó el tanque de la paciencia ciudadana. Chile es ahora un ejemplo de lucha contra las políticas desigualadoras de la derecha vampírica.
El entendimiento del votante cambiemita puede entrar en cortocircuito cuando estas tres fotos van acompañadas de algunas explicaciones. Si Macri es amigo de Piñera, coincide con las ideas de Bolsonaro y acompaña a los destituyentes bolivianos, ¿qué clase de engendro han votado? Un monstruo que no tiene las agallas para mostrarse como es –como muchos apologistas cuestionaron- y esconde sus monstruosidades tras un maquillaje de ciudadano ejemplar. Un cínico que, de tanto mentir es capaz de creer en esos ocho puntos de falsedades que difundieron esta semana. Y tanto cree en sus mentiras que declara impunemente: “hay gato para rato”. Aunque el Financial Times, el principal diario económico anuncie que “el vencedor de las elecciones en Argentina heredará uno de los desastres económicos menos envidiables del mundoo The Washington Post opine que “los frutos de la tarea de Macri son una economía” peor que la heredada, el Buen Mauricio se ufana de su gestión. El “trabajo en equipo” logró sentar las bases para crecer, disminuir la inflación y crear empleo, dicen los cráneos del Cambio y sus obnubilados seguidores les creen.
 Tanto subestima Macri a sus seguidores que se atreve a alardear de haber sido “un gobierno que no robó, que no negó y que no abusó del poder”. Mentira, por supuesto. De lo primero, deberá dar cuenta la titular de la Oficina Anticorrupción por haber protegido al presidente del que “está enamorada” y sus secuaces para que no la tilden de parcial. Y después, por supuesto, todos los protegidos por este personaje nefasto que jamás debió haber ocupado ese cargo. Lo de no negar también es una falacia, porque negó a muchos la posibilidad de vivir dignamente con su gestión succionadora. Y que no abusaron del poder se desmonta con el pedido de informes de la ONU sobre los atropellos a magistrados cometidos en estos oscuros cuatro años.
Convivir con ese 40 por ciento será muy difícil porque ya empiezan a actuar como lo que son: manipulados mediáticos que salen a defender a Bugs Bunny sólo porque Alberto Fernández expuso un análisis teórico sobre ese simpático personaje. Y todo lo demás, por supuesto, porque volverán a ser caceroleros rabiosos que rechazarán cualquier iniciativa del gobierno entrante porque odian y sólo asimilan lo que alimenta ese odio. Aunque sea una tarea ciclópea, debemos reducir ese porcentaje que rechaza sin comprender porque así está avalando un proyecto de país que tarde o temprano lo dejará fuera del camino.

El desafío de entusiasmar

Después de las elecciones legislativas y del reencuentro en la calle, el FDT debe demostrar el compromiso para iniciar la recuperación del p...