jueves, 31 de mayo de 2018

Las locuras del emperador


El túnel en el que nos metió el Cambio, además de oscuro, es laberíntico. Un enredo detrás de otro; en cada recodo, una monstruosidad, un absurdo o una pesadilla. En un pasillo, hay pérdida de derechos; en otro, cipayismo. En todo el recorrido, amenazas, presiones y deterioro todo terreno. Tantos zarpazos a nuestra dignidad que no dan tiempo a esquivarlos. Desde el comienzo de la Revolución de la Alegría, las promesas de campaña se han convertido en zancadillas para nuestros pasos en una rampa cada vez más descendente. El empresidente Macri, en lugar de reconocer el daño que está provocando con sus brutales medidas, se enorgullece de lo realizado y reivindica el tortuoso camino que nos obliga a transitar.
El espíritu de esta banda gubernamental desborda cinismo, que es la ostentación de una hipocresía sistémica. Lo que cada uno de sus integrantes expresa se contradice con las causas y se estrella con sus efectos. Tan insostenible es el relato oficial que ni los propios lo toman en serio; tan inverosímil que hay que ser muy voluntario para creerlo; tan desatinado que parece parodia de sí mismo. Los ejemplos aparecen todos los días y enumerarlos demandaría mucho más que 24 horas. Algunos se destacan por el desparpajo con que se burlan de los destinatarios, esos que aún se aferran a un optimismo endeble. Otros, por su puerilidad o su obsceno afán manipulador. Otros por el matiz fanfarrón del embustero de turno. Todos manipulan, desinforman, tergiversan, mienten: abusan de un auditorio crédulo. Todos, desde la tribuna perversa situada del peor lado de la Grieta. Todos desde la impunidad del Poder.
El Ingeniero decidió comenzar la semana con un discurso híper ensayado en una casi cadena nacional. Tanto por su forma como por su contenido merece formar parte de la galería del ridículo. Con risas de fondo, podría formar parte de una eficaz comedia. En boca de un presidente, esos minutos de definiciones políticas deberían abochornar a todos. Por lo que parece, en el incremento descomunal de las tarifas de los servicios públicos está basado todo el plan de gobierno, aunque afecte de manera sustancial el bolsillo de la mayoría. Además de acusar a los usuarios de derrochones, promocionó el uso de las lámparas led -cuyo principal importador es primo del Jefe de Gabinete, Marcos Peña Braum- por el ahorro y su durabilidad, sin tener en cuenta que la iluminación apenas representa el 15 por ciento del consumo de un hogar. Eso fue lo paródico; lo demás es peligroso.
Una caída necesaria
Después de oficiar como locutor publicitario y consejero doméstico, Macri exigió racionalidad a los Senadores en el tratamiento de la ley para retraer las tarifas. Otra vez apeló a la oposición responsable y dialoguista para que habilite el saqueo a los usuarios, con la excusa de las inversiones y el desarrollo. Una vez más mintió, al decir que los subsidios los pagamos entre todos: anulan las partidas que benefician a la mayoría para sostener las millonadas –eliminación impositiva- que sólo engrosan las arcas de una minoría. En una pose que traspasa el caradurismo, Mauricio explicó que “cada parte tiene que ceder un poco para que gane el conjunto”, frase que no utilizó para calmar a los agrogarcas que alzaron su voz cuando corrió el rumor del retorno a las retenciones. Bastante han cedido los sectores medios y bajos para que los más ricos acumulen y fuguen sin derramar más que miseria. Macri podría utilizar la misma frase para solicitar a los formadores de precios que renuncien a un mínimo porcentaje de sus ganancias. Pero no: en el modelo neoliberal, las mayorías sacrifican lo indispensable para que las minorías sigan gozando de lo superfluo.
En su afán de encantar al electorado que le regaló el inmerecido cargo que ocupa, el Gerente de La Rosada SA recurrió al cuco, al viejo de la bolsa, al pombero y a cualquiera de los mitos que le fueron tan funcionales para su triunfo electoral: no con la Pesada Herencia ni el “se robaron todo”, sino con las locuras de Cristina. Una etiqueta sólo para odiadores, de esos que creen que el mal está en la ex presidenta y no en la pandilla que está aniquilando el futuro. Michel Foucault explica que la locura es uno de los mecanismos de exclusión discursiva que utiliza el Poder para desterrar cualquier idea distorsiva. No censura al loco, sino que lo convierte en inescuchable; más que un insulto es un consejo para la sociedad.
Por eso sorprende que Cristina haya desviado la atención hacia la actitud machista y no hacia lo autoritario de ese recurso. El argumento del loco no debe ser tenido en cuenta porque todo lo que dice proviene de su locura. Una locura que conquistó más derechos, bienestar y crecimiento que la cordura que guía los pasos del Gran Equipo. La cordura de Macri infló la deuda en más de 150 mil millones de dólares, incrementó el desempleo, provocó el cierre de fábricas y negocios, derramó pobreza, depreció el poder adquisitivo, multiplicó la inflación y sembró de desesperanza las décadas venideras. La racionalidad del Ingeniero nos arrodilló ante el Imperio y nos convirtió en los mejores alumnos en la escuela de la desigualdad.
La cordura de Macri sólo apunta a satisfacer las angurrias del establishment al que representa, aunque declare que “no vine a hacer lo que me conviene a mí”. Hay un listado de medidas que desmienten esa afirmación, como la deuda del Correo, la modificación por decreto de la Ley de Blanqueo, el incremento de los peajes, los cambios introducidos en la ley de tierras, la destitución de jueces y fiscales desobedientes y muchas más que lo tienen como uno de los beneficiarios, junto a sus familiares y amigos. La racionalidad que orienta sus pasos contiene la lógica del egoísmo, promueve el individualismo y demuestra la ausencia de empatía con los sacrificados. Macri vino a revertir la distribución del ingreso que comenzó en 2003 en beneficio de los más para producir una brutal transferencia hacia una minoría avarienta.
Los resultados están a la vista: en un país que produce alimentos para 400 millones de personas, hay muchos que no pueden nutrir su mesa, si es que la tienen; después de duplicar la capacidad industrial y manufacturera en doce años, ahora se importa hasta lo más sencillo para que no nos tilden de proteccionistas; lejos de promover las economías regionales, se las aniquila con productos primarios que cruzan la aduana sin pagar aranceles. “Nuestros queridos  abuelos”  ya ni pueden subsistir porque a la compra cotidiana de alimentos y el pago de impuestos y servicios, se suma que gran parte de los medicamentos han dejado de ser gratuitos.
Si la locura nos conducía a un país más justo y equitativo, ahora estamos gobernados por una enloquecedora racionalidad que cada vez nos deja con menos. Como la obediente reflexión de la gobernadora Vidal sobre el acceso de los más pobres a las universidades públicas, no para aceitar el ascenso social, sino para cercenarlo. Para la cordura amarilla, mejorar la vida de los excluidos es un delirio. La racionalidad oficial sólo permite la contención y la limosna, pero cuando esto no alcanza, apela a la represión. La horrorosa lógica del Gran Equipo está a la vista y es inaceptable para la democracia. Por eso, no hay que esperar a las próximas elecciones para retornar al sendero de la locura. La gobernabilidad la vulneran los ceos que han invadido el país para concentrar las riquezas de todos en la menor cantidad de manos posible.

lunes, 28 de mayo de 2018

El plan de los piratas


Todo pasa sin que nada pase. La gobernadora Vidal admite que mintieron al mundo para conseguir inversiones, aunque los datos de la Pesada Herencia no sólo eran veraces, sino también tentadores. Hasta el INDEC de Todesca asegura que la Argentina K era mejor que la M, que había menos desigualdad, más crecimiento y un mercado interno pujante, que la inflación era menor y el salario alcanzaba para mucho más que ahora. El Cambio instauró todo lo contrario, para deleite de mil familias que multiplican sus fortunas más con la especulación que con la producción, esa élite que considera que los derechos de la mayoría son caprichos demagógicos del tan odiado populismo para desmontar sus anquilosados privilegios. Esta ecuación tan evidente está mimetizada con los mitos que construyeron los voceros mediáticos. Tanta difusión de pamplinas hizo de los ciudadanos un manojo de individuos tan desorientados que ya no se preocupan por sostenerse en el escalón al que han llegado, sino que babean de admiración al ver cómo los que están mucho más arriba los patean sin piedad para que caigan lo más abajo posible.
Tan despistados que creen en el modelo del derrame y que los injustos sacrificios de hoy sientan las bases del paraíso del futuro. Tan confundidos que asienten cuando los funcionarios tildan de violentos a los que se movilizan para recuperar derechos y aplauden la represión desaforada de las fuerzas de seguridad. Tan embrollados que ven como golpistas a los que se resisten y no a los que evaden y especulan. Tan enmarañados que piensan que las mafias están en cualquier lado menos en el accionar de los poderosos. Tan extraviados que acusan de corruptos a los anteriores funcionarios pero justifican o consienten las trapisondas obscenas de los actuales. Tan perdidos que aceptan el deterioro de estos días como una expiación por la holgura del pasado y hasta se sienten merecedores de un castigo por “haber estado demasiado bien”.
Por eso despotrican contra todos los que protestan: justo ellos, que hicieron sonar sus cacerolas por nimiedades para seguir el ritmo del establishment desestabilizador, que fueron más quejosos que críticos, que apoyaron al Campo que hoy les da la espalda, que clamaron por la libertad para comprar dólares y se sumaron a la cruzada de Clarín para obstaculizar la ley que garantizaba la democratización de la palabra. Esos que hoy consideran que los cuestionadores de la gestión de Macri y su pandilla no se suman al diálogo y ponen palos en la rueda. Esos que denostaban los subsidios y hoy ven cómo las tarifas de los servicios absorben gran parte de sus ingresos. Esos que boicotearon su futuro con un voto cargado de manipulación y odio y hoy siguen empecinados en defender este declive hacia un abismo del que nos costará mucho salir. Esos son los que todavía no reconocen el error de haber elegido a los verdugos y siguen alimentando sus prejuicios con las diatribas del pasado. Esos que nunca reaccionan a tiempo y después exigen el auxilio de los que han sido blanco de sus más envenenados agravios.
Ya no hay luz en La Rosada
Tan simple es comprender lo que pasa y sin embargo la reacción no resulta proporcional a los estragos que el Gran Equipo está provocando. Si bien la Segunda Marcha Federal Educativa del año fue contundente, las excusas oficiales todavía siguen teniendo algún efecto en los que no se beneficiarán jamás con esta transferencia de recursos disfrazada de ajuste. Como si esos que asimilan la demonización a los maestros creyeran que la educación se construye sólo con frases bonitas. Como si no entendieran que el Gobierno incumple la ley al no convocar a paritarias nacionales. Como si no importaran las condiciones laborales de los encargados de educar a sus hijos. Como si no olfatearan que el deterioro económico del otro produce un contagio que socava el bienestar de casi todos. Como si aún no hubieran descubierto que enriquecer a los más ricos sólo provoca el empobrecimiento del resto de la sociedad.
Quizá tuerzan el rostro al escuchar que la titular de Ctera, Sonia Alesso, plantea que “la discusión no es sólo por el modelo educativo, sino también por el modelo de patria”.  En realidad, el modelo de Macri no tiene como objetivo ninguna patria, si no, no hubiera siquiera considerado convertirse en presidente. Su patria no es el otro ni tiene más bandera que la de remate. Su horizonte es la felicitación del Imperio, las palmadas en la espalda de los especuladores internacionales y las sonrisas cómplices de los líderes de la desigualdad global. Su modelo es integrar a Argentina como una gigantesca y dócil teta colonial para atenuar la crisis del Primer Mundo.  
Aunque la imagen positiva del gobierno está en caída libre, los amarillos actúan como si tuvieran todo el apoyo. De manera incomprensible, consiguieron  el aval en dos oportunidades electorales, a pesar de que las garras estaban a la vista y jamás disimularon sus colmillos. Mientras la proximidad del pantano destila sus pestilencias, los PRO aseguran que “éste es el camino correcto”; que la apertura indiscriminada de importaciones traerá trabajo y desarrollo; que la especulación financiera es la inversión que necesitamos; y que, como dijo el Jefe de Gabinete, Marcos Peña Braum, “el préstamo con el Fondo no va a reducir nuestra soberanía sino nuestra volatilidad”. Por si no se entendió, con la soberbia de clase que los caracteriza, apuestan el país en un juego del que, sin dudas, saldremos perdiendo. Y la quiebra la pagaremos entre todos los que ni nos arrimamos a este infernal casino.
Las señales son tan evidentes que cuesta creer que todavía exista ese engendro de oposición dialoguista y responsable. No hay diálogo posible con un gobierno que está destruyendo todo futuro. ¿Para qué garantizar la gobernabilidad de un modelo de despojo tan mal disimulado que hasta el cardenal Mario Poli utilizó el episodio de Zaqueo para ilustrar la actualidad? ¿O a nadie le llama la atención que Macri y su elenco conmemoren el 25 de mayo enclaustrados en Olivos? ¿A nadie le resulta sospechoso que sus festejos sean en soledad, sin público ni querido Rey?
Esto es así porque no hay nada para festejar desde el 10 de diciembre de 2015. La Revolución de la Alegría sólo es la festichola de unos pocos. Por eso las banderas del 25 flamearon en manos del pueblo, de los que se movilizaron al Obelisco y a muchas plazas del país para entonar el Himno y advertir que “la Patria está en peligro”. Lo está desde el momento en que el Ingeniero ganó el balotaje gracias a sus infames promesas de campaña, desde que bailó en el balcón para expresar el triunfo del peor lado de la Grieta, desde que conformó su gabinete con los más serviles gerentes de las corporaciones, desde que arremetió con la institucionalidad a fuerza de decretos validados por timoratos representantes legislativos.
Mientras muchos padecen la crueldad del Cambio, los saqueadores aseguran que “lo peor ya pasó” y que “no hay plan B”. Los que jamás han experimentado una necesidad explotan la paciencia de los que casi no pueden comer. Los que no saben lo que es una carencia serruchan hasta lo más básico de los que ya no pueden renunciar a nada. Y dicen que éste es el único camino. Ya sabemos que no es el único ni el mejor. Para la construcción de un país no debe haber planes, sino proyecto, compromiso, solidaridad y convicciones. Sin eso, no hay más que una colonia que renuncia a convertirse en Patria.

lunes, 14 de mayo de 2018

Un accidente planeado


El escenario económico ya no invita a la esperanza. El túnel es cada vez más tenebroso y la luz del final ha desaparecido, no sólo porque los especuladores tienen más herramientas para despojarnos de todo sino porque el oficialismo insiste en que éste es el mejor camino. De una vez por todas hay que aceptar que es un gobierno de timberos y succionadores. Lo grave es que muchos legisladores de la oposición que cuestionan las medidas del Gran Equipo no dejan de avalar las leyes más destructivas. Lo contradictorio es que los que apoyan la baja de las tarifas y cuestionan las tratativas con el FMI, después votan la desregulación del mercado de capitales. Lo desconcertante es que, a sabiendas de que empeorará la situación, muchos de ellos ya están evaluando la propuesta de reforma laboral. ¿Por qué no flexibilizamos de una buena vez a los cien más ricos de Argentina así nos deshacemos del principal escollo para construir un país desarrollado y más justo?
Claro que si llegamos hasta acá no fue por la coherencia de muchos dirigentes. De esos que hacían paros por el impuesto a las ganancias y hoy, que afecta a muchos más trabajadores, guardan un silencio vergonzante. De esos que consideraban como un derecho constitucional la adquisición de dólares y hoy miran impávidos el drenaje incontenible que pagaremos entre todos. De esos que se plantaban como defensores de la libertad de expresión y hoy ni se mosquean por la desigual distribución de la pauta oficial, el soborno a periodistas ni el cierre de medios que dejará a las usinas de Clarín con más poder para amoldar el sentido común a su antojo. De esos que se quejaban por los planes trabajar o los subsidios a los servicios y hoy consienten el flujo de recursos a los que no necesitan nada. Que hayamos llegado hasta acá no fue sólo por el accionar de los Gerentes sino también por la sumisión de muchos que fueron elegidos para hacer lo contrario de lo que están haciendo.
Con la incoherencia como inspiración muchos fueron funcionales al arribo de este reiterado infierno. Y lo siguen siendo, como Margarita Stolbizer, que para recuperar espacio declaró formar “parte de la mayoría que piensa que hoy estamos mejor que antes”. Nadie que se tilde de progresista puede sostener eso, salvo que esté pidiendo a gritos un poco de atención. Si considera que el crecimiento monstruoso de la deuda externa, la aniquilación del mercado interno, el déficit auto infligido, el incremento de la pobreza y la pérdida del poder adquisitivo del salario es estar mejor, ¿cómo puede llamarse progresista? Y si, además de eso, cree formar parte de una mayoría está peor que Mr Magoo.
Y muy desinformada, porque no hay encuesta que avale semejante afirmación. Hasta los sondeos más oficialistas reconocen que la imagen negativa del empresidente y sus secuaces supera el 50 por ciento y el rechazo a la gestión alcanza el 70. El anti kirchnerismo patológico convierte a los afectados en cómplices de la crueldad del modelo que estamos padeciendo y el único antídoto lo inocula la conciencia.
Perversos titiriteros
Los anti kirchneristas incurables son peligrosos. La diputada Elisa Carrió es el mejor ejemplo, capaz de contradecirse en una misma frase o de comprar un chivo a 6000 pesos en un supermercado. La misma que en 2002 presentó un proyecto para repudiar la visita del emisario indio del FMI, Anoop Singh, hoy califica la vuelta al Fondo como “una acción preventiva, de una eficacia brutal de decirle basta a los golpistas devaluacionistas de siempre”. Como si no supiera nada, afirmó que el crédito de ese organismo internacional “es como una garantía que tienen los países para evitar un golpe cambiario o a los inversores golondrinas”. Incoherente y contradictoria como sus votantes, no comprende que la gestión amarilla no sólo alimenta la especulación sino que la estimula. O es ignorante o muy cínica: cada dólar que nos manden se fugará al instante y será devuelto con la pérdida de derechos de los que no disfrutan de nada.
Tan difícil no es desentrañar esta ecuación: un poco de memoria basta para intuir el resultado. Y si la memoria está atrofiada, habrá que recurrir al olfato. La lluvia de inversiones tan prometida sólo cae en la ruleta de las Lebacs. Por cada apostador que abandona el juego, la sangría de divisas se acrecienta como devaluación, como deuda y como incremento de los intereses y eso sólo promete desolación. Además de una espiral inflacionaria ascendente que no se podrá tapar con mensajes tranquilizadores ni consejos zen. En lo que va de mayo, alimentos, bebidas y artículos de limpieza registran aumentos de entre el 6 y el 8 por ciento. Aunque después dibujen los números, el bolsillo no se equivoca: cada vez se puede comprar menos.
Esto no es estar mejor en ningún lugar del planeta. Menos aún en un país que produce alimentos para 400 millones de personas. Algo funciona mal y todos sabemos qué es: la distribución. Mientras más ajusten a los que menos tienen peor vamos a estar. El 1° de mayo, el Foro de Convergencia Empresarial emitió un documento para avalar el tarifazo y el accionar del Régimen M. Sin embargo, un sector de la cúpula empresarial se desprendió del contenido de ese documento al decir que fue idea de seis personas sin el aval de todas las entidades que la conforman. El idilio de muchos empresarios que se ilusionaron con el Ingeniero comienza a romperse por las consecuencias de la apertura de importaciones y la caída del consumo. Lo incoherente es que sigan reclamando bajas salariales, quitas impositivas y desregulación, que sólo profundizarán la crisis.
Por si algunos no lo advierten, estamos padeciendo la Libertad de Mercado, un libertinaje parecido a la ley de la selva en donde los más fuertes devoran a los débiles, ya sean trabajadores, productores o comerciantes. Fieras que no necesitan producir nada para multiplicar sus fortunas porque con sólo pedalear un poco succionan cifras incalculables y no dejan nada a su paso. El país está en manos de los especuladores y el golpismo que tanto denuncian los cómplices y apologistas del Cambio comenzó el 10 de diciembre de 2015. O mucho antes, cuando intoxicaron la voluntad ciudadana con falsos conceptos y denuncias falaces.
Que Carrió sugiera “matar a Durán Barba” por la manipulación informativa sólo aporta más desconcierto. El asesor ecuatoriano sería un mediocre operador si no contara con los medios hegemónicos que convierten en genialidades las incongruencias que vomita y hacen de sus obscenas tretas inteligentes estrategias de marketing. Si el aire está tan enrarecido, es por la enloquecedora diatriba de titulares y pantallas, capaz de presentar el plan de saqueo de un puñado de angurrientos como un cambio cargado de futuro. Para el país de nuestros sueños, debemos desarmar a los hacedores de tantas pesadillas.

jueves, 10 de mayo de 2018

Los nostálgicos del cipayismo


Las pesadillas recurrentes incomodan. Para identificar ésta, podríamos ponerle nombre: “Futuro por Pasado”. La Campaña del miedo se transformó en terror experimentable. Después de una semana con corridas cambiarias, anuncios de más ajustes y amenazas de Cavallo, nada mejor que dormir con el enemigo y convocar al FMI para que nos tire un salvavidas de plomo. De manera pueril, la Revolución de la Alegría desafía la frágil memoria colectiva. Con perversidad, el empresidente Macri provoca hasta a sus admiradores. Hay que ser muy militante para defender el fantasma que retorna a Argentina y hace falta ser demasiado voluntario para creer que este deja vù parirá algo bueno para todos.
Quien cuente con más de 40 años no puede aplaudir este retroceso. Sólo un veinteañero inmune a los alaridos de la Historia renueva sus esperanzas con este nuevo paso del Cambio. Un paso amargo, suicida, criminal, que encierra la mentira del imprevisto, la patraña de la solución y la cantinela de la Pesada Herencia. Con un discurso para tontos, el Ingeniero posó como un timonel en medio de una tormenta salvaje y artificial, exhibiendo en menos de dos minutos el as de una derrota planificada. “Esto nos va a permitir reforzar este crecimiento y desarrollo –tartamudeó Mauricio- para evitar crisis como las que hemos tenido en nuestra historia”. Puro verso: no se puede reforzar lo que han destruido con decisiones que siempre han terminado en catástrofe.
Si la desazón puebla los ánimos es porque no hay espacio para el optimismo. En todo caso, para la indignación justificada de los que amamos en serio nuestro país. De prosperar este acuerdo del que no veremos un centavo, el FMI será el que decida nuestro futuro hasta que no lo tengamos más. Adiós soberanía y hasta siempre democracia. Si el primer requisito para este auxilio es sacrificar el ingreso de los jubilados, “nuestros queridos abuelos”, como decían Los Hipócritas en campaña. Y el segundo, será recortar salarios. Ahorrar más y más para reducir el déficit provocado por las exenciones impositivas a los más ricos, el drenaje de las importaciones, los despidos públicos y privados y el bombardeo al mercado interno. Y todo para tentar inversiones que terminan en bicicleta financiera.
Menos mal que este nefasto anuncio recibió el rechazo de gran parte de la sociedad y de casi todos los opositores. Aunque un poco tarde, ya no hay lugar para apoyar este tortuoso camino que, como muchos advertíamos, nos conduce al abismo. Ya es momento de poner palos en la rueda para interrumpir este latrocinio tan anunciado.
La punta del ovillo
Para no eludir la costumbre, Macri miente. Siempre presenta como un desastre o un fracaso la gestión anterior, sin datos ni argumentos, sino con lemas insustanciales para alimentar los prejuicios de sus seguidores. Sin embargo, hasta sus propios números desmantelan el mito. El INDEC amarillo –el que ahora sí dice la verdad- realizó una revisión de los datos desde 2003 a la fecha y, para sorpresa de los que se enteraron, verifica con énfasis la Década Ganada. Hasta encontraron menor desigualdad de la que medía el INDEC K. A partir de esta revisión, el Banco Mundial elaboró un informe en el que destaca que “el período de mayor producción de riqueza y de menor desigualdad fue la segunda presidencia de Cristina Kirchner”. Además, a partir de 2003, “el país crece económicamente y baja la desigualdad de manera sistemática y sin precedentes”. Por si esto fuera poco y para despabilar a los hipnotizados, desde el bailecito en el balcón, “aumentó el índice de desigualdad y hubo una menor producción de riqueza”.
Así, la Pesada Herencia toma forma de desarrollo con equidad y el Cambio, de todo lo contrario. Sin dudas, el kirchnerismo es más cuestionado por sus aciertos que por sus errores. Las falaces denuncias de corrupción abonaron el rechazo a un proyecto de país más humano que el actual modelo de despojo. Los medios hegemónicos construyeron las sensaciones necesarias para que el votante decida cambiar algo que debería haberse profundizado: la sensación de inseguridad, inflación, aislamiento, dictadura, cepo, crispación y muchas más que aparecían en titulares rimbombantes sin anclaje real. Hoy, que la situación es angustiante y promete no mejorar, el discurso mediático pone paños fríos para que las sensaciones no invadan el sentir de los colonizados.
Aunque la inflación –que Macri aseguraba bajar en dos minutos- está desbaratando todas las metas del Gran Equipo, la resignación es la consigna. Ya nadie cree en el 15 por ciento que esgrimieron para aplastar la recomposición salarial y las consultoras auguran más de 20 puntos. A pesar de que en abril el índice podría alcanzar los tres puntos, la naturalidad que derrama la cadena apologista apacigua el ánimo de los que antes se alteraban por incrementos menores. Ni siquiera mencionan que el poder adquisitivo del salario ha perdido casi el siete por ciento gracias a tantos cambios. Si esto hubiera pasado en el gobierno anterior, otra sería la sensación construida desde pantallas y portadas.
Y ni hablar si en medio de ajustes y despidos, el Boletín Oficial anuncia más de 40 designaciones de cargos medios y altos en el Ejecutivo Nacional. La austeridad tan pregonada no incluye familiares, amigos y adherentes que se acomodan en el barco antes de la colisión. El nepotismo es evidente pero los medios no arman un escándalo similar al que hicieron cuando Delfina Rossi fue designada como directivo del Banco Nación. Y eso sin mencionar que muchos de los que ocupan cargos ministeriales ostentan una ineptitud insólita.
Los medios que antes horadaron los logros del kirchnerismo para facilitar el triunfo de esta pandilla de sátrapas son ahora maquilladores de este desastroso camino al abismo. Aunque esbozan algunas tímidas críticas de forma, jamás cuestionan el fondo: este modelo sólo busca producir decadencia y más desigualdad. Desde las usinas de estiércol alientan el sacrificio de la mayoría mientras una minoría esconde el botín en cuentas secretas ya no tan inescrutables. En tanto precarizan nuestra vida para tentar inversiones productivas que jamás llegarán, un puñado de argentinos guarda casi 300 mil millones de dólares en guaridas fiscales y los agrogarcas retienen gran parte de su producción para multiplicar sus ganancias. En un país tan rico como el nuestro, un gobierno comprometido con el futuro debería impulsar el derrame tan prometido en lugar de seguir desecando a los de abajo. El ajuste debería apuntar a los que se acomodan en la punta de la pirámide para que contribuyan con algunas gotas de las fortunas que han acumulado en pala gracias a la evasión, la especulación y la complicidad de gobernantes tan corruptos como ellos.

lunes, 7 de mayo de 2018

Un estallido de crueldad


Cada vez queda más claro que el Cambio sólo distribuye injusticias. Y eso pudo apreciarse en la conmemoración del 1° de mayo, atravesado más por la angustia que por la conquista, con actos desperdigados, enérgicas consignas que rebotan en oídos tapados y una CGT casi claudicante. La potencia que muchos dirigentes exhibían contra el impuesto a las ganancias durante el gobierno de Cristina se ha transformado en el camino de una babosa. Esa distribución de injusticias también puede verse en la respuesta del Gran Equipo ante la corrida cambiaria: más dólares para que un puñado de timberos siga apostando a costa de ajustes que padecerá la mayoría. Los muchos subsidiamos la angurria de unos pocos. Y sobre el final de la semana –como alimento pre-digerido para fieras-, el pillaje a los cuadros de Víctor Hugo Morales evidencia cuán prepotentes se vuelven los poderosos cuando advierten que no hay frenos. Así estamos, ante una banda de saqueadores desbocados que, con desparpajo nos prometen más injusticias.
Esto sí es autoritarismo: que algunos fiscales y jueces -cómplices o timoratos-pongan los mecanismos de la justicia a los pies de un empresario para que pueda ejecutar su venganza por la travesura de un periodista. Pero no es el único, pues los más de treinta presos políticos que hay en el país experimentan esa lógica. El establishment comandado por Héctor Magneto está castigando a los que lo han desafiado y amenazando a los que lo pueden hacer. Ahora que el país está en manos de unos pocos para amoldarlo a su antojo, ya no hay más crispación ni grieta, aunque el hambre esté invadiendo muchos hogares y la pobreza sea creciente, aunque las promesas de campaña hayan acabado en burla, aunque los apologistas se disfracen, temporalmente, de críticos, aunque el oficialismo quiera doblegar al Congreso.
Las venganzas del Grupo Clarín están en casi todas las causas judiciales que imputan a funcionarios del gobierno anterior que impidieron la realización de algún negocio. Como son inviables, estiran la resolución para que el público cautivo siga creyendo que todos los tropiezos del presente son consecuencia de la corrupción K. La demonización del pasado reciente aún sirve para saborizar los malos tragos de hoy. Además, aportan algunas noticias falsas para militar el ajuste, como los consejos para ahorrar energía, lo bueno de las vacaciones en casa o ahora está de moda comprar ropa usada. Y para reforzar el efecto anestésico, nada mejor que presentar a Cavallo como el cuco que puede volver si protestamos mucho. De un lado ponen a Cristina y del otro al Mingo, para que tomemos como suaves las asperezas del Cambio.
El error es la intención
El deterioro es tan evidente que hasta el Jefe de la Policía Bonaerense, Fabián Perroni, consideró que el delito más simple aumenta porque hay gente que no tiene para comer. La impresentable Patricia Bullrich ladró desde Washington: “su declaración no fue de lo más feliz”. Y después de aullar esa mentira de que la pobreza está bajando, disparó que “la sensación de inseguridad es muy fuerte en la Argentina”. Justo ella, que se burló cuando era la cabecilla de una oposición rabiosa, apela a esa expresión. Además de malos gobernantes, son copiones. La sensación de lo que sea se construye gracias al poder mediático, que ahora apuntala este régimen. Si la comisión de delitos supera el blindaje la situación debe ser alarmante.
No es para menos: el consumo masivo cerró el primer trimestre con una caída del 1 por ciento respecto al mismo período del año pasado. Cuando la venta de alimentos en almacenes y supermercados disminuye no es porque los ciudadanos hayan decidido hacer dieta. El abuso en los precios, la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos y el desempleo operan para que esto ocurra. Y el bestial incremento en las tarifas de los servicios públicos influye mucho más de lo que los amarillos reconocen. Pero a Ellos no les interesa el bienestar de los argentinos, sino incrementar las ganancias de sus empresas con el mínimo esfuerzo.
Tampoco les interesa el desarrollo, como tanto cacarean, si no, insistirían con que las empresas energéticas inviertan parte del botín para mejorar la producción y distribución. Y ni hablar de los combustibles: con un ministro de Energía del palo de las petroleras, la meta del autoabastecimiento está cada vez más lejana. A pesar de la impactante recuperación de los precios internacionales, la producción local de petróleo sigue en picada. Aunque Macri use Vaca Muerta como escenografía para recitar sus prometedores balbuceos, la importación de crudo se incrementó en un 1544 por ciento respecto a 2015. Y lo peor es que en dos años y un trimestre, el ingreso de crudo equivale a casi todo lo que se importó entre 2003 y 2015.
Hasta ahora, el Cambio es un drenaje de divisas hacia guaridas fiscales. Un flujo que parece no ser eterno. Desde Wall Street están cerrando el grifo. Y como la política macrista está basada en financiamiento externo y restricción interna es normal que empecemos a experimentar algunos sacudones ante cualquier estornudo en el Imperio. La calificadora internacional Moodys advierte que "el reciente debilitamiento del peso refleja una mayor percepción de riesgo para activos argentinos". La revista Forbes aconseja a sus especu-lectores que es momento de salir de la Argentina”. El londinense Financial Times destaca la “suba de las tasas de interés mientras se desploma el peso”. La agencia Bloomberg asegura que los inversores –especuladores golondrinas- “cuestionan la credibilidad del Banco Central”. Un exitazo de la integración al mundo: Argentina es el país que más se endeudó en tan poco tiempo. Los apostadores huyen porque están a punto de quebrar la banca. Tanto cambiamos “futuro por pasado” que pronto volveremos a ver en los medios el Riesgo País junto a la cotización del dólar y el pronóstico del tiempo.
Mientras tanto, la respuesta del Gran Equipo es más ajuste. Lo que recortaron a los jubilados es lo que el Banco Central destinó para que los especuladores tengan un dólar contenido. Los amarillos dicen que subsidiar el consumo de energía es un derroche, pero no lo es dejar que se lleven los dólares que engrosan la deuda pública. Y esto no es un error, sino El Plan. En lugar de controlar la sangría de capitales y cobrar unas monedas a los que la levantan con pala mecánica, aplican recortes en educación, salud, obra pública y desmantelan los organismos públicos encargados de garantizar la calidad de lo que consumimos. Para favorecer la especulación, nos dejan desamparados. Todo por la promesa de una lluvia de inversiones que jamás llegará. Si es más fácil ganar con corridas cambiarias y financieras, nadie derrama nada. Macri no debería mostrarse decepcionado, porque forma parte de ese selecto grupo. El error es que alguien así se haya convertido en presidente. Error que pronto deberemos subsanar.

jueves, 3 de mayo de 2018

La demagogia ascendente


Cada día, los funcionarios amarillos y sus aliados esputan dicterios contra el populismo y definen como demagógico cualquier intento de mejorar la vida de la mayoría. La célebre frase “les hicieron creer que…” encabeza las justificaciones de las medidas del presente. El “sí, se puede” ha quedado muy atrás para dar paso a un rosario de imposibilidades que cada vez aprieta más la dignidad. Las fanfarrias con que Macri presentó al Mejor Equipo de los Últimos 50 Años han dejado un eco que suena a burla. A pesar de que nada evidencia ningún logro –salvo la cotización en alza de las empresas de Los Amigos- los usurpadores de La Rosada SA se enorgullecen del Cambio y, como verdaderos demagogos, aseguran que éste es el único camino para alcanzar un país desarrollado, con trabajo de calidad y miles de pamplinas más.
Esto es hacer creer: que el modelo del derrame se puede hacer realidad, que el sacrificio de hoy se convertirá en las mieles del mañana, que la luz al final del túnel no es una hoguera sino el sol del paraíso. Mientras tanto, habrá que conformarse con tabletas de arroz con sabor a asado para los que no pueden acceder a un asado de verdad. Eso es populismo: la zanahoria como promesa y distracción de los estragos que el neoliberalismo deja a su paso. Eso es demagogia: apelar a los sentimientos individualistas para socavar la conciencia del colectivo. La ficción comenzó cuando el empresidente se calzó la banda y bailó en el balcón: el bullanguero festejo de una minoría que logró conquistar la voluntad de la mayoría a fuerza de embaucar, embrutecer y simular preocupación por los más vulnerables. Un gobierno populista es el engaño permanente para esquilmar derechos. En cambio, un gobierno popular, los hace realidad.
Y eso es lo que molesta a las clases dominantes: que se distribuya con equidad lo que consideran propio. Lo increíble es que muchos despistados de los sectores medios y bajos acepten semejante muestra de egoísmo y adhieran al desprecio de clase que los tiene como destinatarios; son esos que se identifican más con los succionadores que con los succionados; son esos que desprecian a sus iguales para despertar la simpatía de los opresores; son los que fueron el Campo para sentir que su vino en cajita tiene el sabor del mejor champagne. Esos que tildaban de soberbia a Cristina y ahora callan con resignación ante el cinismo de los brutos que están saqueando el país. Esos que acusaban a los kirchneristas de prepotentes y antidemocráticos y ahora miran en silencio los aprietes, amenazas y bravuconadas que a diario despliegan los PRO para llevar adelante este plan de despojo.
Helicópteros en el hangar
Aunque la imagen positiva de Macri y su Gran Equipo está en picada, los Amarillos siguen como si nada. Un poco preocupados por las fisuras internas y los chanchullos que se filtran del blindaje mediático, pero no más que eso. Algo decepcionados porque las recetas incrustadas no dan los resultados esperados, porque la libertad de mercado deviene en libertinaje, porque la lluvia de inversiones es pura especulación, porque los brotes se han marchitado antes de tender al verde, pero decididos a no retroceder un centímetro. Que el Jefe de Gabinete, Marcos Peña señale que ya está preparado el veto presidencial para cualquier iniciativa parlamentaria de atenuar el robo de las tarifas, es muestra de todo esto. En esta postal está exhibida la soberbia, la prepotencia y la tozudez de los destructores, además de angurria incontenible y autoritarismo pornográfico. Después de sentenciar que el precio de los servicios “no es un tema parlamentario”, confesó que no quieren “que haya un espacio para la demagogia que ponga en peligro el desarrollo que necesitan los argentinos”. ¿Desde cuándo la fuga de divisas hacia guaridas fiscales contribuye a otro desarrollo más que de las fortunas de especuladores, lavadores y evasores?
¿Quién es Marcos Peña –a quien nadie votó- para decidir cuáles temas son parlamentarios y cuáles no? ¿Qué más que la soberbia lo lleva a defender con tan malos y anticonstitucionales argumentos una medida que daña el bienestar y la producción? El funcionario dice que una contención de las tarifas pondría en peligro el desarrollo, aunque las importaciones sin aranceles están demoliendo la industria local. Él habla de demagogia aunque este modelo garantice ganancias extraordinarias a los que no necesitan nada a costa de precarizar al resto. Por eso los integrantes del Círculo Rojo emitieron un documento para avalar este derrame invertido que seca cada vez más nuestra vida.
Además de hacernos creer que éste es el sendero a Macrilandia, nos dicen que sólo los demás son corruptos y mafiosos. En su última visita al Congreso, Marcos Peña pontificó sobre la honestidad, al escupir la falacia de que “las cuentas off shore son como cajas de seguridad” y que “corrupción son los Bolsos de López”. ¿Qué dirá ahora que se sabe que un tercio de esos billetes provenía de un banco cuyo dueño fue tesorero de Boca Jrs cuando el Ingeniero lo presidía?
Pero este grotesco personaje no es el único mascarón del funesto Cambio. Todos los PRO salen en coro a recitar sandeces para promocionar como fantásticas las horrendas transformaciones que están defecando sobre el país. Mientras los radicales se debaten entre continuar con el triste papel de sirvientas humilladas del desalmado patrón o ser víctimas del bullying de los estercoleros mediáticos, Cavallo asoma su hocico para dar cátedra sobre cómo destruir el país. Igual que en los ochenta, noventa y a principios de siglo, es Clarín quien decide, a través de su podredumbre comunicacional, el rumbo que más conviene a sus intereses. Como ha hecho siempre: disponer el escenario de una crisis para obtener dividendos cuantiosos mientras todos los demás chapoteamos en el fango.
Aunque muchos presenten objeciones, también nos hacen creer que estamos en democracia, que nuestro voto decide, que el candidato que gana gobierna, que las medidas que siempre destruyeron ahora pueden servir para construir, que un rostro angelical puede ser la salvación. Nos hacen creer que decidimos cuando, en verdad, todo está decidido de antemano. Hasta tienen decidido que nosotros paguemos la deuda que tomó una minoría para multiplicar su patrimonio. Ya se vio en la dictadura y después de 2001: algún monigote con banda decide estatizar pasivos privados que no han generado desarrollo ni empleo, sino que han derramado hacia paraísos intocables.
Ayer fue Videla o Duhalde y mañana será Macri, Vidal, Massa o Urtubey. No importan los nombres, sino el recorrido; no importan las excusas, sino las intenciones; no importa el decorado, sino el modelo. Ya estamos grandes para dejarnos tentar con las amargas golosinas de siempre: que el tarifazo garantiza un mejor servicio o que la flexibilización laboral va a generar empleo de calidad. Si queda algún distraído que todavía cree que éste es el gobierno del diálogo y el consenso, allá él. Mientras tanto, los demás deberíamos empezar a organizarnos para torcer este camino y desalojar a estos sátrapas antes de darnos de frente con la crisis que los amarillos han construido.

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