jueves, 30 de marzo de 2017

Una sociedad impermeable



Cada día queda más claro que gran parte del ideario PRO no puede vencer la resistencia en algunos sectores de la sociedad. Y si no es por la doctrina, será por el resultado de sus medidas. Si no son los piquetes de los cada vez más desplazados, son las protestas de los futuros ajustados. Si no son mujeres que denuncian el abandono de las políticas de género, son pequeños productores que quieren cesar de menguar. A medida que este precipitado striptease deja en evidencia la horrenda desnudez del Cambio, más crece la intransigencia de un pueblo que empieza a reconocer el engaño. Los rostros gobernantes pierden la publicitaria calma para revelar la tensión del que es descubierto en falta. La impronta cambiadora ya no encuentra resquicio para infiltrar el alucinógeno que más de un año atrás resultó tan efectivo. Los antídotos empiezan a funcionar en esta dramática pulseada entre dos inconfundibles modelos de país: el de los privilegios y el de los derechos, el excluyente y el inclusivo, el desigual y el equitativo, el que es para pocos y el que es para todos. El que no percibe esto será porque aún tiene los ojos cerrados.
El Engendro Amarillo está perdiendo el esplendor que le permitió ganar de manera espuria el balotaje y esputa su opacidad todos los días. Cada acción exuda sus perversas intenciones, cada palabra trasluce desprecio, cada promesa augura su incumplimiento. Cuando quieren presentarse como revolucionarios, aparecen más retrógrados, como la maestra que pasó el escalofriante y apologista video en la escuela de La Boca. Cuando quieren parecer políticos, se vuelven más despectivos, como el presidente del Banco Nación, Javier González Fraga, que sobre la marcha del Día de la Memoria consideró que "hay una pequeña parte de la sociedad que busca agrandar la grieta y está poniendo millones de dólares mal habidos para pagar toda esta movilización que tiene mucho ruido en la calle”. En lugar de esforzarse por comprender, sólo estigmatiza en la reiterada línea PRO: proyectan su espíritu al resto y los demás –en esta caprichosa mirada- terminan siendo como Ellos, que no mueven una célula si no es con enorme beneficio monetario. Además, resulta absurdo pensar que una fuerza política que, según Ellos, está en retirada invierta 200 millones de pesos para que una manifestación histórica sea, una vez más, multitudinaria. Y esto sin tener en cuenta la variopinta concurrencia ni que los obedientes jueces que inventan una causa detrás de la otra aún no han encontrado dinero mal habido.
Finalmente, cuando quieren mostrarse más profundos, quedan más playos, como el ministro de Educación, Esteban Bullrich, al reflexionar sobre los sueños de Ana Frank que “quedaron truncos en gran parte por una dirigencia que no fue capaz de unir y llevar paz a un mundo que promovía la intolerancia”. Justo él habla de intolerancia, el que propuso “una Conquista del Desierto sin espadas”, el que piensa en los docentes como el tocino de un desayuno o en las escuelas como fábricas de chorizos. ¿Qué lección de tolerancia puede dar esta banda de discriminadores, promotores de un desprecio ancestral hacia los que no forman parte de su élite?
Hacia un previsible final
El licuado de Macri acepta cualquier ingrediente, siempre que sea lo más tóxico posible para la mayoría de los ciudadanos. Quien piense que el plan incomprensible que está aplicando será beneficioso para el país aún no ha podido desenredarse de la red de patrañas que ha tendido. Desde que El Ingeniero convirtió la Casa de Gobierno en La Rosada SA, los únicos beneficiados han sido los sectores parasitarios y rentísticos, que no se caracterizan por generar empleo ni reinvertir utilidades. El Campo, los servicios públicos y los bancos son los principales ganadores de la gestión del Gran Equipo. En cambio, los verdaderos perdedores de esta historia son la industria manufacturera, hoteles, restaurantes y los comercios mayoristas y minoristas, que son los que en realidad brindan empleo y reinvierten parte de sus ganancias. Y esto no se desprende de informes opositores sino de un estudio realizado por el INDEC de Jorge Todesca.
Con una soberbia de clase nunca experimentada en colores y HD y un cinismo en sonido digital envolvente, el empresidente culpa a los trabajadores, desempleados y desplazados que se movilizan por la sequía de inversiones. Claro, como si piquetes y manifestaciones fueran un entretenimiento para los que no saben qué hacer con su tiempo libre y no el resultado de la inconcebible política de ajuste y saqueo que está aplicando. Esto no es más que la justificación anticipada de la represión que quiere desatar sobre la resistencia a la miseria que se viene. Si la lluvia de inversiones aún no ha llegado no es por la protesta, sino porque no hay mercado interno –casi un 80 por ciento del PBI- para generar ganancias. Los Amarillos han decapitado a la gallina de los huevos de oro, pero, como siempre, tratan de desentenderse de toda responsabilidad.     
Los que están en la calle defienden sus derechos y tratan de recuperar el terreno perdido en su poder adquisitivo, eso que González Fraga, cuando no era funcionario, consideraba una creencia del “empleado medio que su sueldo servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior”. Ahora que los sueldos medios apenas alcanzan para comer y pagar las abultadas tarifas de los servicios públicos, se nota, no sólo el desprecio de clase, sino también lo destructiva que es esa mirada. Eso es el resultado de la devaluación, la quita de retenciones y las desregulaciones en el comercio exterior: una transferencia de ingresos de los sectores medios y bajos hacia los más ricos, los que ganaron.    
Ante tanto movimiento en las calles, los PRO se muestran desconcertados. Algunos hablan de palos en la rueda, otros de interrupción del “proceso de cambio” y todos exigen que se respete la voluntad de las urnas. Los que deberían respetar ese contrato son Ellos que prometieron no devaluar, no aumentar las tarifas, no endeudar el país, no abrir las importaciones y hasta la continuidad del Fútbol Para Todos. No existe promesa del famoso debate presidencial sin incumplir. La bronca de los estafados se siente cada vez más y por eso están apurados.
Nadie quiere la culminación de este precipitado retroceso neoliberal más que Ellos, porque son Ellos mismos los que lo boicotean. Ellos generan los conflictos, fabrican la recesión y ejecutan el vaciamiento. Aunque clamen por inversiones y propongan la flexibilización laboral para alentarlas, saben que no podrán cumplir con las condiciones exigidas: el pueblo movilizado y algunas fuerzas de la oposición consustanciada con sus intereses impedirán la precarización que eso significa. Si todavía despiertan algo de credibilidad es por la enloquecedora cadena oficial de medios independientes, más dedicada a amplificar escuchas ilegales y procesamientos absurdos que a informar con responsabilidad a los ciudadanos.
Si los inversores extranjeros se muestran reticentes no es porque estén esperando que se calmen las aguas o el resultado de las elecciones legislativas, sino porque perciben una catástrofe descomunal. Y si vamos hacia allí no es por la Pesada Herencia ni el afán destituyente de los kirchneristas, sino por la impericia de origen y la ambición de destino de alguien que –por muchos motivos- en ningún país debería estar habilitado para ser presidente. 

lunes, 27 de marzo de 2017

La burbuja de los Amarillos



Después de algo más de un año, resulta incomprensible la perversa insistencia de la Ceocracia gobernante en castigar a los votantes que le permitieron ganar el balotaje: la crisis prefabricada por el Gran Equipo la padecen muchos del 49 por ciento y bastantes del 51. Quizá puede sonar exagerado, pero los PRO ya no combinan tanto con nuestro país. La lejanía que manifiestan en cada declaración pública los muestra como un mal recuerdo para guardar en el futuro. Por eso no sorprende que las calles estén tan pobladas y las marchas por el Día de la Memoria que conmovieron al país se hayan convertido en manifestaciones opositoras. Pero lejos de entender La Calle, persisten en demonizarla, minimizarla, etiquetarla. Ellos, que condenaban la soberbia de la gestión anterior, no escuchan nada; son cada vez más ajenos y lo muestran todos los días con frases que desconciertan. Ahora necesitan una multitud que se manifieste a favor de Macri, aunque sus participantes tengan que renunciar a una tarde de navegación, un partido de golf o una sesión de spa.
Entre tantas protestas y manifestaciones adversas, los Amarillos precisan la foto con una muchedumbre. Como pinta la cosa, para eso deberán contratar extras, proyectar hologramas o achicar la Plaza en pocos días. Si bien en tiempos de Cristina lograron convocar un buen número de protestones con cacharros, no estiman que sean demasiados los deseosos de celebrar el fin del cepo y la eliminación de impuestos a los autos de alta gama. Si antes resultaba heroico cacerolear contra la Dictadura K por la falta de libertad para comprar dólares, ahora no enorgullece tanto festejar la fuga de 4000 millones de verdes en estos dos meses, la más grande desde 2003. Si la defensa del republicanismo pasaba por denunciar que los K se chorearon todo, hoy no es tan elegante señalar a aquellas empresas que nos han llevado al quinto lugar en el ranking mundial de evasión impositiva. El instituto Wider -dependiente de la ONU- reveló que los flujos financieros ilícitos que horadan los ingresos tributarios de los países no son los provenientes del narcotráfico ni la corrupción política, sino de las trapisondas de las multinacionales y las grandes empresas locales. Nuestro país pierde más de 22 mil millones de dólares al año gracias a la corrupción de los ilustres que nunca serán blanco de los caceroleros. Gran parte de los seguidores del PRO son protestones y los logros de gestión no son muy apropiados para la fiesta, porque generan más desigualdad y desfinancian al país. Por eso el respaldo a Macri –que no es un modelo de la pureza empresarial- tal vez no alcance la contundencia esperada.  
De la Calle y sus durezas
¿Qué van a apoyar los adherentes al cambio; que la eliminación de las retenciones encarece nuestra mesa; que las importaciones destruyen la industria local; que el mercado interno está en retirada; que llevaron al 10 por ciento la tasa de desempleo y que sumaron más de 1,5 millones de pobres? Y que no vengan con el verso de la transparencia después de los escándalos que involucran al empresidente Macri y sus secuaces. Menos con el funcionamiento de las instituciones, si, en realidad, tratan de amoldarlas a martillazos para poder hacer negocios. Ni con la Justicia independiente que inventa causas para vulnerar la memoria colectiva. Ni con la libertad de expresión, con la cadena de medios apologistas que no duda en demonizar al que piensa distinto. ¿Qué van a festejar los seguidores del PRO, que la parafernalia mediática y el maquillaje colorinche lograron que una parte importante de ciudadanos de sectores medios y bajos acepte ser representado por los más ricos?
La Calle no es para eso. Los adoquines están para que el pueblo defienda sus derechos y celebre las conquistas, no para convalidar la festichola de los que multiplicaron sus privilegios. La distorsión cognitiva de la comunicación hegemónica que consiguió que muchos acompañaran la protesta de los agrogarcas, hoy no podría modelar semejante adefesio social. Por eso están desconcertados ante tanta convulsión callejera. Sin la promoción de los grandes medios, las convocatorias opositoras pusieron a miles ante las cámaras del mundo. Maestros, obreros, empleados, bancarios, mujeres, defensores de DDHH, motoqueros, desplazados construyeron un marzo inolvidable.
Si la Calle los descoloca, el Día de la Memoria los ahoga en un océano de incoherencias. Lo más profundo que les sale es recitar un Nunca Más como si fuera un mantra de la disciplina zen que practican. Lo que para ellos debería ser un velorio masivo para el pueblo es una fiesta de la democracia. Como les incomoda este feriado, tratan de denostarlo y dicen tonterías tales como que está teñido de política, como si el golpe, la desaparición, la tortura y la muerte no fueran acciones políticas; como si vulnerar derechos o defenderlos dependiera más de la meteorología que del posicionamiento ideológico.
La foto de los diputados con sus cartelitos es patética, además de ilustrativa. “Nunca más a los negocios con los DDHH”, podía leerse en uno, sin recordar que Macri incrementó de 7 a 46 la cantidad de empresas en connivencia con la dictadura. “Los DDHH no tienen dueño”, decía otro, reconociendo la impotencia que les genera no poder apropiarse del tema para diluirlo. En ambos, subyace su impronta patronal y mercantil: todo lo piensan desde la clase dominante. Y el último, más que una declaración de principios parece la apertura del paraguas: “Nunca más a la interrupción del orden democrático”. El establishment siempre interrumpe el orden democrático cuando la situación no le es favorable: lo ha hecho en 1976 con los militares, en 1989 con el golpe de mercado a Alfonsín y en 2001 con el vaciamiento bancario y la crisis de deuda. Pero ahora que ese establishment gobierna, las cosas parecen diferentes: la ambición desenfrenada está gestando una nueva interrupción.
Los Amarillos no pueden simular sentimientos que estén en sintonía con los de la mayoría respecto al Día de la Memoria porque en muchos aspectos coinciden con el ideario que se condena y algunos no pueden contener sus impulsos apologistas. Si el Secretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural, Claudio Avruj, después de decir que “los argentinos no hemos procesado lo que pasó porque la política metió mucho la cola”, acudió a la CIDH para que consideren la situación de los genocidas condenados por delitos de Lesa Humanidad. Sin la contundencia de las marchas del 24 de marzo, Macri estaría firmando indultos.
 Entonces, que los revolucionarios alegres se sorprendan por el tono opositor de las marchas del Día de la Memoria no es más que un nuevo capítulo de la victimización con que siempre reaccionan. Y esto es así no sólo por su tibieza a la hora de manifestarse sobre este tema sino porque el Cambio conlleva ese plan económico que fue impuesto a sangre y fuego. La marcha del 24 no puede ser más que opositora porque Ellos forman parte de ese “Nunca Más” que se clama. 
El Nunca Más a las muertes, tortura y desapariciones es lo más fácil de comprender. Pero tanta oscuridad tenía el objetivo de revertir la matriz productiva del país para favorecer la concentración de los bienes de todos en pocas manos. Hoy están haciendo eso pero con menos crueldad. Por eso en la Calle no hay movimientos destituyentes, sino la comprensión del engaño. La presencia de jóvenes y adolescentes es la evidencia de que el Día de la Memoria no es un acto nostálgico de ancianos rencorosos ni un lamento por lo que comenzó a ocurrir hace 41 años: es un sentimiento que se vive todos los días de manera colectiva para construir el país en el que entremos todos. Por eso no lo comprenderán nunca. Por eso son tan ajenos a todo.

jueves, 23 de marzo de 2017

La ruptura que se viene



Aunque parezca mentira, la sorpresa de esta semana la dio Mirtha Legrand en su cena sabatina con el empresidente Macri y su esposa. Nadie imaginó que fuera ella y no un periodista opositor quien pusiera tan incómodos a los hospitalarios anfitriones. Si hasta tuvieron que recurrir a Antonia para distender un poco el clima. La impaciencia de la conductora se manifestó en la frase que sintetiza una enorme crítica a la Revolución de la Alegría: “ustedes no ven la realidad”. Si no ven la realidad es porque no les interesa. Lo que quiere el Gran Equipo es imponer un combo sin conocer el país que gobierna; encajar un modelo que aplasta lo existente; incrustar un incomprensible plan que dejará afuera a una parte importante de los argentinos. Por eso espantan tanto los amarillos cuando se salen del libreto o apelan a crudas metáforas y afirmaciones indemostrables. Mientras más conocemos la verdadera cara de los PRO más cerca estamos de una de las promesas de campaña: están uniendo a los argentinos, pero en su contra.    
Algunas plumas de Clarín detectaron un gesto democrático en el encontronazo con la Diva de los almuerzos; otras, casi pintaron a la otrora estrella del cine como una destituyente K. Ni lo uno ni lo otro: los cuestionamientos fueron inevitables y las torpezas de Macri, evidentes. O viceversa. Pero no hay que asustarse: Mirtha no piensa cruzar la grieta. Tal vez la nueva estrategia del Monopolio Comunicacional sea concentrar las opiniones para dirigirlas mejor: apologista para no perder a los seguidores de Macri y crítico para contener a indecisos y disconformes.
Si no, no hubieran entrevistado a Alejandro Rozitchner –el filósofo que escribe los discursos del Ingeniero- para brindar sustento a la sugerencia de Gabriela Michetti de suspender las elecciones de medio término. Para él, “el país no está a la altura de las decisiones de Macri”, como si el presidente off shore fuera un iluminado con una misión divina. Y el pensador se mostró preocupado porque “el país por un lado quiere eso y está dispuesto a hacerlo, por el otro lado se amedrenta respecto de las dificultades de todo ese proceso". En esto está equivocado: el país no quiere ‘eso’, sino todo lo que Macri prometió en campaña. La preocupación no sólo del filósofo sino de casi todos los funcionarios es el creciente rechazo a las políticas que están llevando adelante. Rechazo que se manifiesta en las calles, aunque la canciller Susana Malcorra considere –de manera falaz, para variar- que “no hay una experiencia equivalente al nivel de protestas que se registra en el país”. Si en el resto del mundo no hay tantas protestas será porque el PRO gobierna sólo acá. Y las protestas seguirán mientras continúen por este camino de despojo y saqueo que no nos está llevando a ningún buen destino, aunque la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich amenace con “actuar con decisión” ante los piquetes y que los participantes se atengan a las consecuencias. Con amenazas no van a conquistar las voluntades que están perdiendo y con palos, las van a espantar de manera definitiva.
Cada día “caen” peor
Nada de esto estaba en el contrato que se votó en el balotaje: prometían transparencia y los escándalos por conflictos de intereses explotan todos los días; ellos garantizaban el desarrollo y nos conducen a una profunda recesión; íbamos a estar “cada día mejor” (con un leve sacudón del puño derecho) y no paramos de recibir golpes; no iban a perseguir al que piense distinto y hay jueces, fiscales y policías que se han transformado en alucinados perros de presa. Tan bajo hemos caído que un grupo de intelectuales, artistas, defensores de DDHH, comunicadores y dirigentes gremiales de todo el mundo firmaron una solicitada denunciando los abusos del Gobierno Amarillo. Ahora que no estamos aislados, los firmantes se solidarizaron con CFK por el “embate judicial-comunicacional cada vez más pronunciado” que padece. “En apenas quince meses –dice el documento- Macri impulsó miles de despidos tanto en la esfera pública como privada, devaluó la moneda, quitó derechos laborales con la nueva ley de ART, avanzó sobre los jubilados y sus medicamentos gratuitos y trató de poner tope a los reclamos salariales ante una inflación que no cede”. Hay más kirchneristas de lo que se sospecha o el Gran Equipo está haciendo las cosas despiadadamente mal.
La segunda es la más lógica, aunque los amarillos elijan la primera opción. Con el recurrente ardid de presentarse como víctimas, consideran que piquetes y cortes son intentos destituyentes de malos perdedores. Si todos los que hoy están contra las políticas de la ceocracia gobernante fuesen kirchneristas, nunca podrían haber ganado las elecciones. Muchos de los que hoy hacen escuchar su voz forman parte del creciente grupo de los estafados, que seguirá creciendo a la par de la distancia entre las promesas y las medidas.
Y más aún mientras Macri y sus funcionarios dejen aflorar su desprecio en cada aparición. En el contexto del conflicto con los docentes de todo el país y un día antes de la contundente Marcha Federal, los Gerentes no hicieron más que provocar. El analista de sistemas que oficia como ministro de Educación, Esteban Bullrich, semanas después de su metáfora de cerdos y chorizos, insiste en profundizar la crisis. Aunque la ley lo obligue a acordar paritarias y el financiamiento federal, este año ha decidido apartarse de la negociación para que “cada provincia, de acuerdo a sus recursos, pague lo que puede pagar”. Eso es lo que la ley pretende evitar: que haya diferencias sustanciales en los salarios. Tanto pontificar sobre el diálogo y terminan siendo menos dialoguistas que una pared.
Pero la provocación mayor estuvo a cargo, como siempre, de Macri. La frase ya es conocida y la pronunció al simular preocupación por los resultados de las pruebas Aprender. Con su habitual entonación robótica, lamentó la “terrible inequidad de aquel que puede ir a la escuela privada versus aquél que tiene que caer en la escuela pública”. Si esto le preocupa, debería apuntalar la educación de gestión estatal, en lugar de bombardearla, como ha hecho durante los ocho años de gobierno en la CABA o como está haciendo ahora, denostando a los docentes que reclaman por sus derechos. Lo que más dolió fue el verbo ‘caer’, como si fuera un castigo, una condena, un estigma. ¿De dónde se cae a la escuela pública? ¿Del paraíso neoliberal donde nunca hemos estado? ¿De la clase social a la que jamás hemos pertenecido? ¿Acaso Macri es una buena publicidad de la educación privada, con sus bestiales furcios, yerros y puertos en Santiago del Estero?
Para Macri y sus acólitos, la educación pública es vergonzante, aunque los cinco premios Nobel de nuestro país se hayan formado en ella. Quizá no sepa que en los países nórdicos la educación privada está prohibida, porque no conciben que se pueda comerciar con algo tan importante. Pero no hay que darle más vueltas al asunto: sólo les interesa el Estado mientras puedan sustraer su jugo. Aunque Macri sacó el 51 por ciento en un balotaje, cree que tiene el consenso para refundar el país, para cambiar de paradigma, para volver a foja cero. No está refundando nada: nos está refundiendo. Mientras la actividad económica cayó un 2,3 por ciento el año pasado, tres empresarios argentinos se sumaron a la lista de los más ricos del mundo elaborada por la revista Forbes. Aunque Mauricio afirme que su mirada está puesta en el futuro de todos, sólo aspira a formar parte de ese ranking. No llegó hasta La Rosada SA para mejorar nuestra vida, sino para blanquear las inmundicias familiares. Y como sabe que nos dimos cuenta, ya empieza a probar helicópteros.

lunes, 20 de marzo de 2017

De crédulos y voluntarios



La Estrategia de la distracción figura entre las diez técnicas de manipulación detectadas por el filósofo y lingüista norteamericano Noam Chomsky y consiste en presentar una bomba mediática que desvíe la atención del público colonizado de los temas importantes. Los medios hegemónicos presentan temas atractivos y fáciles de asimilar para que los ciudadanos cautivos propaguen en ascensores, taxis o en las cada vez más diminutas colas de supermercado. Crímenes escabrosos, mensajes de alienígenas o escándalos de divas figuran entre los tópicos favoritos de estos contenidos chatarra, que incrementan su volumen de acuerdo al tamaño del asunto a ocultar. Esta es la parte más obvia de la treta, la más sencilla de eludir por un sujeto atento cuando advierte que, mientras la pantalla se puebla de griterío, sangre y colorinches, el frágil equilibrio de su vida cotidiana se sacude peligrosamente.
Otros procedimientos para la construcción de una conciencia distraída son un poco más sutiles y requieren un esfuerzo del televidente para no convertirse en blanco de ellos. Tal vez por eso, los medios dominantes de América Latina están logrando desterrar –a fuerza de patrañas y operaciones- aquellos procesos políticos que abandonaron la lógica del Consenso de Washington para mejorar la vida de sus pueblos. El establishment mediático demoniza los gobiernos populares con abundantes y falaces denuncias de corrupción para facilitar el arribo de administraciones más puras y transparentes, que terminan siendo corruptas en serio y sólo preocupadas por reconstruir la desigualdad de antaño.
Argentina es un caso. Ya sabemos: Clarín y sus satélites lograron instalar como presidente a uno de los peores candidatos después de horadar durante años la legitimidad de un proyecto que –con sus más y sus menos- alcanzó metas insólitas en nuestra historia. Con machacona insistencia, convirtieron la sospecha permanente en una confusa vara para elegir candidatos. Un parámetro tan capcioso que deja a un lado las ideas que pretenden llevar adelante. En el caso de Macri, no sólo contribuyeron a mimetizar sus ideas, sino que blanquearon su prontuario. El resultado está a la vista: la Casa Rosada convertida en la administración de las empresas más importantes del país. No es para menos, si de los 367 cargos de ministro, secretario y subsecretario disponibles, 114 están ocupados por sus ceos. Tres de cada diez funcionarios son representantes de empresas y eso genera conflicto de intereses. Y a pesar de eso, nadie habla de capitalismo de amigos, como sí hicieron durante los gobiernos kirchneristas. Los prejuicios incrustados desde la enloquecedora parafernalia mediática en el imaginario de ciertos sectores de la sociedad resultan muy difíciles de erradicar, aunque sean absurdos indemostrables.
Las torpezas de la desesperación  
Cada vez resulta más evidente que el maquillaje PRO se está descascarando y que los expertos apolíneos resultaron horrendos esperpentos. Quizá por eso, los apologistas y manipuladores vernáculos tuvieron que apelar esta semana a todo su arsenal de farsas para contener algo del 51 por ciento que, desde hace un tiempo, se está desgranando. Tanto el recital del Indio Solari en Olavarría como los misteriosos anillos de Carmen de Areco, sirven para sustraer la atención de los serios conflictos que desata el Gran Equipo con sus demoledoras medidas. O, al menos, para atenuarlos. Entonces, destacar un tema ínfimo para ocultar otro de relevancia es la artimaña de manipulación más previsible de los medios que tienen potencial para imponer la agenda informativa.
Pero además de los temas sobre los que el público debe hablar, también imponen la interpretación. Desde que se produce el hecho hasta su reconstrucción narrativa, se filtran aquellos elementos que sugieren al lector cómo integrar el acontecimiento a una secuencia. Esto explica que, para muchos colonizados, la muerte del fiscal Alberto Nisman fue un asesinato ordenado por CFK y ejecutado de manera magistral para que los 19 peritos de la Corte Suprema concluyan que fue un suicidio. Tan efectiva es la manipulación de este caso que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich puede deslizar la posibilidad de que se haya utilizado un “piolín”, después de haber visto una serie televisiva, sin que nadie ponga en duda su idoneidad para el cargo. Tan enloquecedora es la manipulación que muchos han encontrado los motivos del homicidio en la famosa denuncia de Nisman, desechada por seis jueces por inexistencia de delito y considerada por muchos juristas un mamotreto inadmisible para iniciar una causa.
Por eso esta semana lograron entretener a la opinión pública con el recital de Olavarría, donde las dos muertes se produjeron por causas ajenas a toda responsabilidad del Indio y los organizadores. Hasta es probable que muchos periodistas de esos medios lamenten –al menos en la intimidad del baño- que no haya habido más muertos. Pero lo más perverso es que utilizaron el caso para demonizar al músico por su manifiesta adhesión al kirchnerismo. En eso se centra todo: en convencer al amable vecino que está del otro lado de la pantalla que, aunque la calle esté dura, cualquier cosa es mejor que el retorno de Cristina; que los doce años de kirchnerismo en los que el empleo crecía, el consumo redistribuía y la felicidad era posible constituyen la barbarie a la que Argentina no debe retornar.
A tal punto que la vicepresidenta Gabriela Michetti pueda sugerir sin ruborizarse una suspensión de las elecciones legislativas porque la competencia electoral le parece medio destructiva. Michetti comete tamaño papelón verbal porque –además de consultar encuestas- sabe que tiene un colchón mediático que suaviza las barbaridades que salen de su boca. No hay que ser muy brillante para imaginar cómo presentarían estas declaraciones si las hubiera dicho Amado Boudou cuando era vice: desde tildar de dictadores hasta exigir el destierro de todos los K en un solo titular; magnificarían el episodio desde todas sus propaladoras de estiércol y lograrían que hasta las mascotas hablen del tema en la plaza donde descargan sus residuos orgánicos. Pero la manipulación es tan enloquecedora que logra que un presidente que ha vulnerado la Constitución a fuerza de decretos y una vicepresidenta que reniega de las elecciones sean considerados como perfectos demócratas.  
El contraste entre lo prometido y lo realizado es tan abismal, que el establishment mediático no sabe cómo hacer para que el kirchnerismo sea borrado de la memoria colectiva. Intentar que el ciudadano común considere que esa fuerza política hace todo lo posible para desestabilizar y hasta destronar a Macri incluye desde presentar a todo opositor como K hasta concluir que los periódicos y organismos internacionales que consideran ilegal la prisión de Milagro Sala o que Argentina camina hacia una profunda crisis están influenciados por ese ideario. Y como el verso de la Pesada Herencia no alcanza, probaron con la mentira del diálogo entre el empresidente Macri y Felipe González. Una falsedad que fue desmentida por los dos involucrados: ni el español puede inmiscuirse en los asuntos internos ni Macri puede presionar a la Justicia. Al menos, en principio.
Pero detrás de esta infantil travesura informativa se esconde una nueva exigencia del Poder Económico: que el populismo no vuelva nunca más. Para eso necesitan un punto final para la condena mediática que se ha construido durante tantos años. Aunque todavía no han demostrado ninguna de las insostenibles acusaciones, quieren que Cristina esté presa, porque sería la confirmación de todos los prejuicios que han potenciado. La nueva patraña que subyace en esta última operación es que Cristina es la culpable de la falta de inversiones. La catástrofe que se avecina es responsabilidad de Ella, por la Pesada Herencia o por la futura sequía. Macri, el peor candidato y el más pernicioso presidente, no tiene nada que ver. Total, siempre hay voluntarios dispuestos a creer cualquier cosa.

El gran carnaval

Nada que aplaudir. Pocos están a salvo. La Revolución de la Alegría es una lágrima gigante que va a terminar ahogando a muchos de los que c...