lunes, 29 de abril de 2013

Peligro amarillo



Advertencia necesaria: los primeros párrafos de este texto se elaboraron a partir de los segundos iniciales de la conferencia de prensa que el Jefe de Gobierno brindó el viernes a las 19:26. El autor de estos apuntes observó varias veces ese fragmento, con serios riesgos para su salud mental.

La siniestra incomprensión del Ingeniero
Para uno que lo ve desde lejos, la gestión de Mauricio Macri al frente de la CABA provoca un alivio bastante egoísta. Un alivio que deviene de la falta de maquillaje con que se exhibe este fiel exponente de una oligarquía destructiva. Ya no busca engañar, sino consolidar el núcleo más duro de sus seguidores, los que alientan desde los foros on line su retrógrado accionar. Esos que seguramente celebraron la represión sanguinaria que los efectivos de la Policía Metropolitana desplegaron en el hospital neuropsiquiátrico Borda. Y él, el Jefe de Gobierno que ordenó destruir lo que estaba protegido por la Justicia, expuso ante las cámaras su rostro más cínico, las mentiras más insostenibles, la irreflexión más perversa. Así comenzó la conferencia de prensa este siniestro personaje que los porteños se han regalado y que pretenden endosar al resto del país: “la verdad que no se puede entender”. Su rostro cincelado con el rictus de un prócer mediocre; el ceño severo y rígido, con una mezcla de enojo y preocupación; indignado con el destino que descarga su furia para opacar una luminosa gestión.
¿Qué es lo que no se puede entender? ¿Que la ciudad no es una maqueta para que juegue con sus amiguitos? ¿Que enfermeros, pacientes, legisladores y trabajadores de prensa hagan tantos melindres por unas cuantas balas de goma en sus cuerpos? ¿Que algunos se resistan a sus caprichos comerciales? ¿Que el marketing y la impunidad que lo han mantenido inmaculado se está terminando? ¿Que nada puede camuflar su inconmensurable bestialidad? ¿Que el diálogo que tanto proclama es una de sus tantas hipocresías, porque lo único que exige es obediencia? ¿Que representa a la derecha más recalcitrante que se quiere imponer a la fuerza para someter lo público a sus antojos? ¿Qué es lo que no puede entender el Jefe de Gobierno porteño?
Y que no lo entienda parece la promesa de continuar con su accionar prepotente. Después de afirmar su incomprensión, asume la defensa de sus desvalidos esbirros. “Me da mucha tristeza que tengamos un policía intentando salvar un ojo”, afirma, como si fuera un chiste. “Otro policía intentando recuperarse de una conmoción cerebral”, continúa con su repudiable enumeración. Lo que no se entiende es que policías con cascos, escudos, bastones y armas de fuego hayan salido tan lastimados ante un grupo de trabajadores desarmados. O son inútiles o se pegaron entre ellos. Eso sí, nada dijo de los 50 heridos que dejó la arremetida. Y, como el personaje de una tragedia griega, clama a los cielos: “la verdad que no se entiende por qué nos pasa esto”. Lo que quizá no pueda comprender es que un grupo de personas defienda herramientas y obras de los pacientes del Borda, que fueron destruidas e incineradas por las fuerzas de ocupación amarillas. No puede comprender que alguien se preocupe por tan poca cosa. Tal vez no entienda que el valor de muchos de esos objetos no es sólo monetario; que lo que él considera basura, para otros puede ser arte, por más locos que estén. O tal vez por eso.
Y después, arremete con uno de sus latiguillos más insustanciales y reiterativos: “no se entiende por qué este nivel de agresión”. Oportuno aclarar que esta frase ni siquiera amaga con ser autocrítica. Para su patricia concepción de la vida, que un regimiento de la Metropolitana invada los terrenos de un hospital neuropsiquátrico para destruir un taller protegido como patrimonio, a pesar de la prohibición judicial, no es agresión. Sus órdenes violentas no constituyen agresión. La agresión, para él, es que no le obedezcan.  No sólo eludió la autocrítica, sino que justificó la represión. “No podemos ceder ante los violentos”, amenazó. Como siempre, asumió el rol de una víctima de las miserias humanas: “vamos a seguir trabajando, intentando dialogar, proponer y pedimos que baje este nivel de violencia". Por supuesto, un experto en hermenéutica podría interpretar esta frase como “seguiremos arrasando lo público, dictando órdenes, imponiendo nuestros intereses y exigimos absoluta sumisión”, o algo por el estilo.
Tipo peligroso, si los hay. Un colonizador desalmado, visiblemente cebado, que se cree omnipotente y que arrasa todo a su paso. Un ambicioso que no tiene límites. Un cacerolero con poder. Hábil para destruir, impotente para construir. Como advierte que nunca podrá conquistar la presidencia, trata de explotar al máximo el coto de caza que los habitantes de la CABA le obsequiaron. Jamás podrá salir de la fortaleza que se supo construir. Demasiado clasista para representar a cuarenta millones. Demasiado patrón para ser presidente. Demasiado individuo para pertenecer a un colectivo. Demasiado bruto para disimular su brutalidad.
Después de todo esto, no puede salir ileso. Ni él ni los funcionarios responsables de semejante atrocidad. "Lo peor es que las autoridades políticas lo justificaron –comentó La Presidenta desde su cuenta en Twitter- Desbordes policiales o de las fuerzas de seguridad hay en todas partes del mundo. El gran tema es qué hace después el responsable político cuando esto sucede". La interpelación al ministro de Seguridad Guillermo Montenegro dejó en claro lo que hace un responsable –es un decir- político: gambetea. A pesar de que los legisladores porteños de la oposición relataron la lamentable experiencia de ser atropellados por esas fuerzas de choque y argumentaron con bases sólidas los pedidos de renuncia del funcionario, nada de esto pasó. “Mi designación fue hecha por el jefe de Gobierno –afirmó el ex juez federal- y ni él me ha pedido la renuncia, ni yo considero que sea necesario renunciar”. Mejor, mientras más alto vuelen, más dura será la caída.
Por ahora, la Justicia porteña dictaminó que la demolición del taller vulneró una medida judicial vigente y además, impuso una multa de 20 mil pesos para Macri y sus funcionarios. También habrá denuncias penales que provendrán desde distintos sectores damnificados por “grave incumplimiento de los deberes de funcionario público y desobediencia a un fallo judicial”. Los sindicatos involucrados convocaron para el martes una medida de fuerza en protesta por la represión y la prepotencia. Los legisladores porteños, por su parte, se reunirán en estos días para “pedir juicio político contra el ministro de Desarrollo Urbano, Daniel Chain, Montenegro, Giménez y Macri” porque “había una medida cautelar que impedía hacer lo que hicieron”. Si hay Justicia en la CABA, este arsenal de medidas hará blanco en su impoluta imagen y producirá la interrupción de su tétrico camino.
Mientras todo esto ocurre en la ciudad de la furia, una encuesta de la consultora Equis, de Artemio López, echa un manto de optimismo ante tanta desazón. De acuerdo a una consulta realizada entre el 20 y 24 de abril en la región metropolitana, más del 53 por ciento de los habitantes tiene una evaluación positiva de la gestión del Gobierno Nacional, mientras sólo el 24 por ciento mantiene una mirada negativa. En un hipotético escenario electoral, La Presidenta se impondría con el 51 por ciento de los votos, 40 puntos por encima de Binner, que rasguña los 12 puntos. Y nuestro personaje oscuro, aunque se vista de amarillo, se arrastra a duras penas a un escuálido 10 por ciento de intención de voto. Un final feliz después de tanto odio, atropello y destrucción. El Godzilla porteño no conquista multitudes: apenas a un puñado de individuos enceguecidos por los libelos que degluten a diario. Entonces, queridos lectores, tenemos un futuro que promete.

viernes, 26 de abril de 2013

Las fieras acorraladas



Uñas y dientes para mordisquear la República
Si no fuera por la trascendencia del tema, la sesión de 20 horas en Diputados podría ser cómica. Los sainetes aportan una mirada divertida y crítica sobre la vida cotidiana, pero no producen leyes. No es la primera vez que el Congreso es escenario del absurdo. Tampoco es el único país en el que ocurren estas cosas. Muchas veces hemos visto videos que incluyen hasta encuentros de pugilato entre parlamentarios bien trajeados de diferentes latitudes, con patadas y revolcones incluidos. Que mientras se trataban tres proyectos para democratizar la justicia haya habido empujones, gritos, amenazas, tironeos, insultos, botellazos y otras variaciones de la violencia indica que lo que está en juego es mucho más de lo que parece. No aporta demasiado determinar quién comenzó el escándalo, aunque ya puede intuirse. Con ver las imágenes uno puede advertir las intenciones que portaban los diputados de la oposición. Si querían restar legitimidad a las leyes votadas, de manera ilegítima lo han logrado. Algunos dirán que la diferencia entre votos positivos y negativos es mínima. Basta recordar que la famosa ley 125 fue destronada con un solo voto, a pesar de haber sido aprobada en diputados por mayoría. Pero hay que reconocer que, en la vida, hay malos perdedores. Y tramposos, que apelan a sus peores artimañas para lograr imponer su voluntad. Este año va a estar muy movido y conviene estar preparados.
Desde el momento en que La Presidenta envió los proyectos de Democratización de la Justicia, las cartas parecían estar echadas. Los opositores seriales comenzaron a hacer berrinches ante cámaras y micrófonos como si estuviera por producirse el fin del mundo. Para variar, desplegaron un abanico de mentiras y fantasías agoreras destinadas a los que siempre desconfían, a los que viven desbordados de prejuicios, a los que se niegan a relajar el entrecejo. Muchas expresiones de hipocresía también. La más esgrimida se relacionó con la manera en que se pretendía tratar los proyectos del Ejecutivo. Con la mejor máscara, proponían una amplia discusión con la convocatoria de diferentes sectores involucrados, para lograr otras líneas de análisis y herramientas diferentes y conformar una ley consensuada. Cínicos, como si eso hubiera servido con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. A pesar de haberse discutido en múltiples foros en todo el país, con amplia participación y discusión, con un tratamiento en Comisiones nunca visto y que se aprobó con amplia mayoría, la norma ha sido pisoteada como ninguna. Y no sólo por los periodistas del Monopolio, los políticos afines y jueces consustanciados con intereses minoritarios, sino por los mismos que la aprobaron en el Congreso.
A pesar de todo esto, las tres leyes han sido ratificadas y una de ellas, la que regula el funcionamiento del Consejo de la Magistratura, deberá volver a la Cámara de Senadores para tratar las modificaciones sugeridas por los jueces. El escándalo no debe ocultar lo sustancial. La sesión es válida, a pesar de los histriónicos gestos de los opositores y las exasperadas respuestas de los oficialistas. Las leyes están casi listas para ser promulgadas, aunque abogados, jueces y opo-perdedores amenacen con revolear denuncias, cautelares y demás recursos para maquillar su impotencia. Nada detendrá esta importante transformación, más allá de la resistencia al régimen emprendido por el establishment y sus servidores.
Cuando se promulgue una de las leyes, los miembros del Consejo de la Magistratura serán elegidos por el voto popular, con representación de jueces, abogados y académicos por mayorías y minorías. Por este tema, muchos de los exponentes de la oposición pusieron el grito en el cielo, insultando de manera impune la base de todo orden democrático, la voluntad del pueblo. Incongruente. Y todo para defender intereses minoritarios.
La otra ley que provocó controversias se relaciona con las regulaciones de las medidas cautelares. A pesar de que las intenciones de la iniciativa eran muy claras –o tal vez, precisamente por eso- muchas vestiduras se rasgaron para defender a los más desprotegidos. Pero los más desprotegidos no están alcanzados por estas limitaciones a las cautelares, sino cuando son presentadas por los grupos poderosos. Las excepciones están muy claras en la letra de la ley, pero no las ven los que no saben ver o se niegan a hacerlo por intereses inconfesables.
La construcción de la falta de debate y la imposibilidad de modificar una coma, fueron otras mentiras a las que recurrieron los que no tienen razón, ni la tendrán nunca mientras sigan del lado de los carroñeros. La realidad los desmiente, pero muchos no se enteran porque eligen medios equivocados para informarse. Muchas modificaciones se hicieron en los proyectos, incorporadas en las distintas etapas del debate. Hasta los radicales presentaron modificaciones, pero, cobardes como son, suplicaron el silencio. El diputado del Frente para la Victoria, Carlos Kunkel, decidió revelar el secreto ante la conducta nociva de algunos diputados del partido centenario. Kunkel reconoció que existieron conversaciones con la UCR para introducir cambios al proyecto del Consejo de la Magistratura, “con la condición de que nadie supiera”. "Estuvimos dos o tres horas charlando amigablemente –explicó el diputado- Le cambiamos todo lo que nos pedían que le cambiáramos y lo íbamos a presentar como iniciativa nuestra porque no querían quedar mal con los otros partidos". Traidores por partida doble.
Por supuesto, en este mundo existe Carrió. Y nos tocó a nosotros. En medio de todas las acciones caceroleras que protagonizó en estos días, también tuvo tiempo de proyectar su intestino al exterior. Quizá con el objetivo de que los marines vengan a salvar nuestra patria, la destructiva diputada envió una nota a la Organización de los Estados Americanos, en la que denuncia que en Argentina, “hay riesgo democrático por grave alteración del orden constitucional”. Cabe aclarar que la misiva no tenía un tono de confesión, sino de denuncia. Por eso, pide "la asistencia de la OEA a los fines de hacer un seguimiento de la situación que se enuncia con la finalidad de que ese seguimiento preserve la institucionalidad democrática en la Argentina y evite mayores riesgos en su proceso político". Pero la cosa va más allá, y tal vez merezca algún tipo de sanción por parte de sus pares. "En Argentina –dice la ya peligrosa representante- el partido de gobierno ha sancionado distintos proyectos de ley que reforman aspectos sustantivos del Poder Judicial de la Nación en un intento de subvertir el Orden Constitucional en desmedro de la independencia de dicho poder, configurando una grave alteración del orden constitucional que afecta el orden democrático eliminando de hecho el sistema republicano de gobierno que se ha dado la argentina desde sus orígenes". Las palabras son insuficientes para repudiar semejante traición.
Pero no hacen falta los marines, porque también tenemos a Macri, que ya prometió que cuando la elitista fuerza que lidera se convierta en mayoría –quizá en Marte- derogará esas leyes que “van contra la gente”. Pero la impunidad con que se maneja ante la justicia, también gobierna su alucinada mente. “Hay una nueva Argentina que está naciendo ­–vaticinó- y es la que se expresó el 18 de abril”. Por supuesto, alguien como él desprecia las mayorías y para su línea de no-pensamiento, esa muchedumbre exaltada sin motivo es más pueblo que los millones que se expresaron en las urnas. Y no es el único: los otros exponentes de la oposición no se alejan demasiado de la concepción del empresario devenido a político. En definitiva, un grupo de negadores de toda legitimidad democrática que pugna por conquistar algunas voluntades entre un espectro reducido de caceroleros. Y para eso se erigen como héroes mitológicos, para destituir un gobierno que los desespera y los deja impotentes. Si no se cuidan, tal vez para siempre.

miércoles, 24 de abril de 2013

Manotazos de los negadores



La carpa de las ensaladas
Aunque parezca mentira, el Autor de Estos Apuntes mantiene la esperanza de contar con una oposición comprometida con la construcción del país y no con la defensa de intereses minoritarios. Al menos, en un futuro no tan inmediato. Esto, más allá de los exabruptos vertidos por los manifestantes y exponentes de algunas fuerzas políticas durante el último cacerolazo, con los que no podría haber consenso alguno. A pesar de todo, estos acontecimientos todavía llaman a la reflexión, más que al rechazo. Uno puede abordar un análisis de las consignas, declaraciones, carteles, expresiones faciales, hechos aislados de intolerancia y violencia y siempre llega al mismo estado: una profunda tristeza provocada por la imposibilidad de un encuentro con tantos individuos enojados casi sin motivo. Sin embargo, resulta auspicioso que gran parte del arco político haya dejado en soledad a Elisa Carrió con sus heroicos sueños de revolución urbana. O golpismo encubierto, si se quiere. Toda la repulsa del 18 de abril se transformó en una pintoresca carpa en donde se vomitarán generalidades colonizadas para evitar el salvaje “manotazo a la Justicia” que el oficialismo se dispone a aprobar en el Congreso. Nada grave: tan sólo un “manotazo”, pero de ahogados.
Una diputada por el FAP es la que encendió una luz en medio de tantas sombras opositoras. La titular del bloque, Alicia Ciciliani consideró que “los actuales legisladores fueron elegidos por la gente y la mayoría del oficialismo es legítimay, por las dudas, agregó que “esa mayoría es legítima porque los legisladores han sido elegidos por el voto popular”. Muy lejos, claro está, de la posición partidaria que tomó la UCR, que, a través del Comité Nacional convocó a los ciudadanos a sumarse a la protesta. En un ferviente comunicado, el partido centenario que ha perdido su rumbo llama a “los militantes de todo el país a movilizarse para apoyar a nuestros legisladores y hacer que aquellos que aún están en duda oigan nuestras voces y terminen de decidirse en contra de esta reforma antidemocrática”. Por supuesto, en el texto no explican por qué un proyecto que ha seguido todos los procedimientos establecidos por la Constitución y a través de los canales correspondientes es antidemocrático. Tal vez, por eso han perdido el rumbo, porque no saben explicar las posiciones que toman.
Como una muestra de eso, las declaraciones del senador radical Ernesto Sanz, hábil a la hora de repetir informaciones publicadas por el ex Gran Diario Argentino en las sesiones legislativas después de haber sido largamente desmentidas. “Estamos viviendo un final de ciclo –anticipó como un visionario- La economía no está funcionando bien y el Gobierno no acierta una. No pega una. Error tras error de gestión”, anunció en un programa televisivo sin fundamentar demasiado. “Si a todo eso lo metés en un combo y le sumás periodistas que logran pruebas y además, todo un humor social... y tenés lo que tenés: movilización, manifestación”, avanzó con su exaltado y sapiente diagnóstico. Pero lo peor estaba por llegar: “ojalá esto siga hacia octubre. Porque también a veces pienso que si la economía mejorara un poco, ¿qué pasaría con las elecciones? Ojalá que esto siga hasta octubre”. Mentiroso, ignorante, irresponsable y miserable. Tan ciego y necesitado de votos que es capaz de desear el desastre con tal de acertar con sus inconsistentes pronósticos.
La no tan sustanciosa movilización cacerolera del 18 de abril entusiasmó hasta el éxtasis a la desconcertada oposición, al punto de instalar una carpa frente al Congreso con el objetivo, no de impedir el normal funcionamiento parlamentario, pero sí de sumar voluntades para presionar a los indecisos. Algunas ONG también aportaron su granito de arena con un pormenorizado escrache a doce legisladores, con fotos, dirección y número telefónico. Pocos cuestionaron esta metodología cuasi mafiosa que afecta a representantes que suelen acompañar al oficialismo en algunas iniciativas. Si la cosa hubiera sido al revés, el escándalo que hubieran armado los paladines de la República. Basta recordar la histérica reacción que tuvieron ante el cruce verbal entre el periodista Juan Miceli y el diputado Andrés Larroque.
Si hay un poco de desesperación entre los anti kirchneristas es porque comienzan a comprender de qué va la cosa. En realidad, hace mucho intuyen que el camino emprendido avanza hacia una transformación en serio, pero no saben cómo interrumpirlo. Por eso apelan a mentiras y exageraciones para despertar el enojo de algunos prejuiciosos habitantes. Aunque se hayan movilizado en número no tan impactante como se esperaba, los exponentes de la oposición insisten con una lectura equivocada. Para ellos, todo el país está en contra. Y ése también es un error a la hora de construir alternativas de gobierno. Por el momento, han renunciado a disputar voluntades al kirchnerismo y sólo se pelean por unos cuantos porotos, esos individuos exaltados sin saber por qué; que gritan, sin argumentos, consignas que no comprenden.
Si, además de desesperados, también se los nota impotentes es porque el sentido común embrutecedor construido durante tantos años comienza a mostrar fisuras. Las verdades sostenidas a lo largo de gran parte de nuestra historia reciente comienzan a aparecer como zonceras. Lo que antes se consideraba sagrado, empieza a humanizarse. Lo que se preservaba como intocable, ahora es transformable. Desde que se presentaron los proyectos para democratizar el sistema judicial, la Justicia se transformó en inmaculada y divina. “La Justicia no se toca”, rezaban algunos carteles caceroleros. De paso, algún “no a la reforma de la constitución” también robó algunos segundos de pantalla. ¿Y por qué no se pueden reformar, si tanto las leyes como la constitución son contratos, acuerdos de convivencia que deben ser tan dinámicos como los cambios que se producen en la sociedad?
Pero no hay argumentos, sólo rechazo. O motivos prefabricados, lo que significa más o menos lo mismo. Estos bulliciosos protestones piensan el país sumido en un estado de crisis galopante, que está muy lejos de ser realidad; quieren linchar a todos los funcionarios sin realizar una evaluación equilibrada; niegan legitimidad a la decisión de la mayoría; consideran extinguida la adhesión de los votantes hacia La Presidenta; deliran con que Todo el País está en contra del kirchnerismo y, los que no, están comprados, cooptados, engañados o cosas peores. Y entonces, ante la certeza de que no puede haber acuerdo posible con ellos, invade una sensación de tristeza. Cuando uno quiere colgar a La Presidenta con todos sus funcionarios y el otro no quiere eso, ¿por dónde pasa el cacareado consenso? ¿Por colgarlos un poquito hasta que pataleen y después descolgarlos?
No hay acuerdo posible porque lo que piden es irrealizable, además de innecesario. Pero, sobre todo infundado. Además, ese rechazo visceral está circunscripto a la CABA. En las distintas ciudades del país, el tono violento no tuvo el desborde que sí dominó a los capitalinos. Y ahí está el combo del que hablaba Sanz, aunque no detalló sus ingredientes: prejuicios, titulares mentirosos y alarmistas, la desconfianza histriónica, el aval de ciertos políticos que repiten como loros, periodistas que desparraman denuncias como fiscales del paraíso… Una oposición conformada por ciudadanos, representantes y periodistas para defender un statu quo demoledor. Y ahora tienen una carpa, como cualquier circo que pretenda ser tal.

lunes, 22 de abril de 2013

La oposición cacerolera



Ahora deberán encauzar tanto odio
Después de la tercera movilización cacerolera, el desconcierto y la angustia es mayor, pero no en las filas de oficialismo, sino en los exponentes de la oposición. Como si fueran ellos mismos caceroleros, no encuentran la manera de combatir al Gobierno K, única razón de su existencia. El terreno sobre el que tienen que trabajar es tan diverso, que resulta difícil imaginar una plataforma que contenga todas las demandas que se escucharon en la plaza. Sobre todo, las que tienen como objetivo colgar a La Presidenta y su equipo. Y bueno, ahora tendrán que hacerse cargo del monstruo que han engendrado con su accionar cacerolero desde los diferentes escenarios que ocupan habitualmente, tanto los mediáticos como los de representación. En sus cotidianas intervenciones, los opositores destilan inconsistencias a cuatro manos, fieles a un estilo tan disperso como el de sus seguidores urbanos. Tanto unos como otros, colonizados por ese lugar común exasperante que construyen los medios con hegemonía en decadencia.
Quien menos tiene que preocuparse de estas cosas es el kirchnerismo. Nada de lo que vociferaban allí tenía que ver con su programa de gobierno. Por el contrario, los caceroleros quieren lo que 54 por ciento no votó. Apenas una minoría que pretende manejar los destinos del país, torcer el rumbo para retroceder a nuestros peores momentos. Porque en la plaza no estuvo el pueblo: apenas un manojo de individuos exaltados que –escasos de argumentos pero desbordados de prejuicios- pretenden forzar la renuncia de CFK. No les importa lo que pase después, siempre y cuando Ella abandone la Casa Rosada. El objetivo cortoplacista y bestial de destruir lo que no están dispuestos a comprender. En eso coinciden con los políticos que los alientan: tampoco saben lo que harán después. Todo será distinto cuando la pesadilla K se aleje de sus vidas y puedan comprar dólares sin restricciones, que es lo que llaman libertad; y deje de juzgarse a los nobles militares que salvaron a la Patria de la marea roja; y terminen con los insultos y agravios dirigidos a los verdaderos motores de nuestra economía: estancieros, operadores financieros y señores con doble apellido; y dejen que los asuntos económicos se manejen por sí solos, que la mano invisible hará maravillas con nuestros recursos; que el Estado deje de regalar plata a los vagos que encima nos roban y nos matan. Y muchas consignas de odio que serían destructivas si se transformaran en programa de gobierno.
El jueves no estuvo el 46 por ciento, ni desde lo numérico ni lo institucional. Primero, se habrán movilizado cuanto mucho 200 mil personas en todo el país, lejos de los alucinados números del procesado Mauricio Macri que, como mal ingeniero no sabe ni de cifras. En segundo lugar, porque no fue un acto electoral, sino apenas una movilización de protesta por todo. Protesta alimentada por periodistas independientes de toda ética desde medios dependientes de intereses minoritarios y políticos enceguecidos, embrutecidos, manipulados y desinformados. Malintencionados, también. Desesperados, bastante, porque no saben cómo satisfacer al Amo que los alimenta y sólo atinan a lamer un poco su mano.
Muchos de los manifestantes que se acercaron a los valientes micrófonos que desafiaban la intolerancia demandaron a la oposición que se una para destronar a la barbarie K. No sería lo mejor dejar el país a merced de semejante revuelto. Como si fuera fácil soplar y hacer alianzas. Sin embargo, los activistas del PRO ven en su procesado Líder Amarillo un futuro Capriles vernáculo y quieren que el variopinto arco opositor se cuadre detrás de su sapiencia infinita. Por favor, no estamos para bromas. El ex candidato venezolano y pichón de golpista, al menos, sabe sostener un discurso entrador, atractivo, sustancioso, entretenido, vehemente. En cambio, el opositor local con ambiciones a más no llega ni a sus tobillos. Si hasta Antonia debe aburrirse cuando su padre le habla.
Aunque algunos se entusiasmen, como el intendente de San Isidro, el radical Gustavo Posse, no es la manera más seria de encarar una alternativa al partido gobernante. “El día después del 18A la oposición tiene que constituir un frente común” -señaló Posse- “Macri es el único líder opositor que busca integrar a todas las fuerzas que apuestan al cambio”. Y no debe ser el único que alucina con algo así: un retroceso a los más dramáticos episodios de nuestra historia. Francisco de Narváez hizo un llamado de unidad a todo el arco opositor y hasta el pendular Hermes Binner se entusiasmó con la idea. “Creo que realmente hay que buscar cada vez más, a través del diálogo, una concertación mayor”, aseguró el titular del FAP, en una nueva demostración de incoherencia o de desesperación. Pero Macri le dio un merecido esquinazo: acotó la alianza que impulsa a los “grupos afines”.  “Ojalá se junten el socialismo y el radicalismo que tienen más o menos visiones parecidas en muchos aspectos” –deseó el cínico Jefe de Gobierno porteño- “Ellos tienen visiones de cómo organizar la sociedad y la economía y el Estado más parecidas al kirchnerismo que al PRO”. Tanto desprecio por el otro debería dejarlo en soledad en un futuro no muy lejano.
 Aunque lo vean como un imposible, lo quieren intentar. En una ilógica inversión, los representantes quieren ir a la pesca de representados. El senador radical, Gerardo Morales, entendió el “reclamo unánime de unidad en la oposición” y consideró “que en los temas centrales esenciales de fuerte peso institucional la tenemos”. Francisco de Narváez, por su parte, la tiene muy clara: “aquí hay dos países, el de la Presidenta haciendo 61 tuits o sus senadores votando por una ley inconstitucional para limitar la independencia de la Justicia, y el de millones de ciudadanos que se manifestaron unidos y en paz”. Y éste es el error o la trampa en su lectura: primero, ¿cómo una ley puede ser inconstitucional si se dicta a través de sus canales correspondientes?; segundo, la reforma judicial no quiere limitar la independencia, sino convertirla en realidad; y tercero, no se manifestaron millones de ciudadanos ni en paz ni en unidad, sino apenas unos miles de individuos cargados de odio e incomprensión. Quizá soñó todo esto en una de sus tantas siestas legislativas.  
Mientras algunos exponentes planean transformar semejante manojo de enojados en votos, la diputada Elisa Carrió, ya abandonada por cualquier aspiración electoral, pone el cuerpo para destruir lo inalcanzable. Desde la marginalidad de su resistencia al régimen, convoca a los caceroleros para impedir las sesiones del Congreso. Y eso es lo único que propone: romper lo que ella no supo construir. Ante la impotencia que provoca no conquistar mayorías, quiere aniquilar la gobernabilidad y pisotear el funcionamiento institucional. En su desquiciada visión de la realidad, ella se imagina como la heroína de una épica histórica: "ese día será decisivo. Hay que impedir que esa votación, pese al reclamo popular, salga". Que nadie se engañe: aunque muchos traten de edulcorar la lectura del último cacerolazo, nada se puede hacer con los deseos de los manifestantes. Lo que allí ocurrió no fue un reclamo popular, sino todo lo contrario.
Esa muchedumbre exaltada es el resultado del accionar embrutecedor de los medios con hegemonía en decadencia y los políticos que ofician de teloneros. Ahora tendrán que hacerse cargo del monstruo que construyeron: esa amalgama que ya no quiere lo que la mayoría eligió, que ya no acepta nada que provenga del universo K. Lo único que pueden hacer los políticos de la oposición es calmar tanto enojo y comenzar a pensar por sí mismos; abandonar las cacerolas y proponer una alternativa de gestión; pensar en el país y no en intereses minoritarios. En definitiva, pensar la política desde la política y no desde distorsionados titulares o programas de chimentos que se dicen periodísticos. Un primer paso ya ha sido dado: dejaron sola a Carrió con sus ladridos sediciosos. Ahora falta que se pongan a planear un futuro para el país y lo conviertan en propuestas para seducir al electorado. Con sinceridad, sin maquillaje y las cacerolas bien guardadas.

Globos para el arbolito

El clima de esta época es agobiante y no por la proximidad del verano , precisamente. Además de la avidez propia de los angurrientos, los P...