lunes, 30 de mayo de 2016

La estafa del siglo



El sinceramiento PRO no incluye reconocer ante la sociedad que han conquistado el gobierno a fuerza de engaños mediáticos, políticos y judiciales. Eso sería casi renunciar a la poca legitimidad que les queda. El sinceramiento, para ellos, es seguir esquilmando nuestros derechos para multiplicar privilegios. Si hoy estamos comenzando a padecer la debilidad de nuestros ingresos es porque el Gran Equipo ha transferido casi 20000 millones de dólares a los más ricos de nuestro país. Compañías agroexportadoras, financieras, empresas de alimentos y grupos industriales han recibido esa descomunal cifra en estos meses con la vana esperanza de que alguna vez derrame hacia la base de la sociedad. Mientras Macri y Prat Gay anuncian –casi suplican- inversiones, los beneficiarios sólo producen inflación, desempleo y fuga de capitales. El segundo semestre del año ya casi está entre nosotros y salvo algunos alucinados, nadie augura que traiga bonanza alguna. Los amarillos han demostrado en poco tiempo que no son honestos ni transparentes, sino todo lo contrario. Además, cada día despliegan sin pudor su impronta destructiva y clasista. Y por si todo esto fuera poco, ninguna de sus medidas ha tenido como objetivo beneficiar a la mayoría. ¿Qué evidencia falta para que una parte de los votantes de Macri comience a sentirse estafado y salga a la calle para reclamar por el fraude? 
Un referente de esta pandilla de sátrapas lo ha expresado claramente en estos días. Aunque han tenido bastante rebote, las declaraciones del ex presidente del Banco Central que produjo la hiperinflación en 1989 y fundió una fábrica de dulce de leche, Javier González Fraga, no merecieron ninguna réplica por parte de sus compinches amarillos. Al contrario, van en sintonía con lo expresado por adherentes e integrantes del gobierno de Macri. La metáfora de lomo, la fiesta inmerecida, la renuncia a lo que no podamos comprar son algunas muestras de que, en el país PRO, el disfrute no debe ser un derecho, sino una exclusividad. Para González Fraga, el kirchnerismo le hizo creer  “a un empleado medio que su sueldo medio servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior. Eso era una ilusión. Eso no era normal”. En primer lugar, no hubo ilusión. Viajar, adquirir vehículos o renovar sus aparatos fue la realidad de muchos en estos años pasados. En segundo lugar, lo de la normalidad es discutible porque proviene de un posicionamiento ideológico.
En sí mismo, no tiene nada de malo que un trabajador medio pueda adquirir bienes con sus ingresos. Al contrario, eso hace girar la rueda del mercado interno, alienta la producción, genera nuevos empleos, además del modesto placer que produce poder darse los gustos. Pero, en la normalidad que valora González Fraga los sectores medios sólo deberían satisfacer sus necesidades elementales y sin demasiadas pretensiones. Estas obscenas declaraciones deberían encender las alarmas de muchos votantes del cambio que forman parte del corpus delineado por el ex funcionario. En el futuro PRO sólo unos pocos elegidos podrán acceder a aquellos bienes que dan colorido a la vida de cualquier mortal.
Algo para recordar
En estos meses, gran parte de los argentinos estamos conociendo lo que antes nos habían vedado: la ceocracia de Macri no está destinada a todos. Por fin descubrimos que cuando habla de la gente se refiere a muy pocos. La mayoría no seremos bienvenidos al mundo PRO, salvo los que estén dispuestos a someterse a su ideario clasista y padecer las consecuencias. Así piensan el mundo: selecto, exclusivo, opresor y muy desigual. Por eso la idea del sinceramiento se convierte en macabra. Ellos mismos reconocen las angustias que provocan sus medidas, pero siguen adelante. “El sinceramiento de la economía ha sido una pesada carga para muchos”, admite Macri ante los micrófonos que intentan encontrar un poco de piedad en su voz. El sinceramiento no es otra cosa que recuperar la normalidad que pondera González Fraga. Sincerar o normalizar el país no es más que volver a la lógica de una mayoría sometida a las angurrias de una minoría insaciable.
La normalidad es la transferencia de recursos fenomenal que se ha efectivizado en estos meses. La mega devaluación, la eliminación o reducción de las retenciones, la aceleración inflacionaria y la bicicleta financiera ha quitado de nuestras manos unos 281100 millones de pesos. Una cifra nada despreciable que equivale al 175 por ciento del presupuesto a obras públicas y un 130 por ciento del monto destinado a las universidades nacionales. Si esa fortuna se hubiera volcado en la base de la pirámide social, no estaríamos atravesando esta temible recesión. En cambio, como se destinó a los acumuladores patológicos no sirvió para reactivar la economía, sino para frenarla. La propia Gabriela Michetti reconoció en una entrevista en Perfil estar decepcionada con los empresarios por las subas de precios y la falta de inversiones. Casi al borde del llanto, confesó sentir “una expectativa no cumplida”.
Un simulacro más, entre tantos. Como si no conociera a los pares de su compañero de fórmula. “Creíamos que iba a haber mayor acompañamiento de los sectores” más poderosos de la economía, confesó Michetti. Y con un dolor patético, la vicepresidente suplicó que “deberían confiar plenamente en nosotros”. Confiar en los que mintieron a sus propios votantes es una sugerencia suicida. A pesar de que han cedido a todos los requerimientos -devaluación, desregulación, sometimiento a los buitres, veto a la ley anti despidos- el establishment sigue succionando sin dar nada a cambio. En lugar de acompañar al modelo que alentaban, los miembros del Círculo Rojo provocaron la mayor inflación del siglo, despidieron empleados como nunca y batieron records en fuga de divisas.
Y ahora el Gran Equipo ha presentado una trampa más: la del blanqueo de capitales para saldar deudas con los jubilados vip. Nuevos beneficios para los que más tienen por una doble vía. Encima, detrás de esta movida se esconde el objetivo real, el mayor botín del que se quieren apropiar: el fondo de garantías de sustentabilidad de la ANSES, que ha crecido más de un 500 por ciento desde su creación. La participación accionaria del Estado se convierte en el mejor control de las grandes empresas y garantiza ganancias para sustentar el sistema previsional. Ese es el principal requerimiento que Macri debe cumplir como una condición más para mantener su poder.
No para mejorar nuestra vida, por supuesto, sino para empeorarla. La Pobreza Cero está cada vez más lejos. Según el Observatorio de la UCA, en estos meses hay un 5,5 por ciento más de pobres, un crecimiento que no se daba desde 2002. Y no por accidente, sino por voracidad. En un país que produce alimentos para más de 400 millones de personas resulta inadmisible que haya personas que no puedan llenar su mesa de manera satisfactoria. Esa es la pesada herencia: un puñado de empresarios que quieren quedarse con todo aunque nos dejen en la vía. Ellos son el principal escollo para avanzar hacia un país más justo. Lo peor que puede pasarnos es que nos consustanciemos con su angurriento ideario. Ellos no están de nuestro lado y así constituyen la famosa grieta. Mientras más rápido nos demos cuenta de esto, más temprano alcanzaremos nuestros sueños. Ellos son nuestra pesadilla y cuanto antes debemos despertar para recuperar el país que desde hace mucho manejan a su antojo.

viernes, 27 de mayo de 2016

Una Patria casi privatizada



La peor foto de la semana es la de la Plaza que Macri quiso. Lejos de las fiestas de los años anteriores, la conmemoración de este 25 de mayo estuvo sumergida en la paz de los cementerios. Vallas que impedían el paso de turistas, caminantes, vendedores y posibles protestones. El único brillo lo aportaron las botas de los uniformados. Las malas lenguas dicen que hubo más banderas durante la visita de Obama. La primera fecha patria de La Revolución de la Alegría se redujo a un puñado de selectos y al tedeum del que el empresidente no salió incólume. Volver a los actos solemnes con discursos vacíos es una señal indiscutible de que no hay mucho para festejar. Cuando unos pocos logran sus objetivos, los brindis se hacen en privado. Que en su jura de asunción haya omitido el ‘patriotismo’ no fue una muestra de rebeldía, sino de su sentir. Muchas señales se pueden apreciar en la postal de esta nueva plaza y entre todas, la más riesgosa: la grieta ya no separa a un gobierno de las corporaciones, sino del pueblo que le concedió el poder.
Gabriela Michetti, en el contexto de los gestos adversos vertidos por Francisco, consideró que la “situación es bastante complicada” y se debe a “una distancia en términos de comprender el proyecto político que estamos llevando adelante”. En eso, la vice está equivocada: tanto el Papa como muchos compatriotas comprendemos muy bien ese proyecto y por eso lo cuestionamos. Ella es la que no comprende por qué el jefe de Estado no salió al balcón a exhibir su cinismo coreográfico o no esté, al menos, “saltando en una pata”, como ella misma graficó. Desde diciembre a hoy, la relación de Macri con sus representados se ha deteriorado, a pesar de los esfuerzos de los medios apologistas. Cuando la peor realidad cruza el umbral de tu casa, no hay pantalla que te pueda distraer.
Si las promesas de campaña cayeron en saco roto, no fue por imposibilidad, sino por decisión. El Gran Equipo ha tomado medidas de catálogo no para bregar por el bien común, como suelen declamar sus integrantes, sino para satisfacer la angurria privada. Si las compras cotidianas se han convertido en un suplicio no fue por un error de cálculo, sino por una exigencia del modelo. Si las facturas nos aterran es porque ellos las han transformado en pesadilla. Nada de lo que han hecho era necesario si lo que buscaban era mejorar nuestra vida. La pesada herencia será la que dejarán ellos. La famosa bomba de la que ahora habla Macri es la que están confeccionando para que estalle en breve. Ellos son los que están generando una crisis y si la Plaza estuvo vallada es por temor a la reacción. Por lo que parece, todos comprendemos lo que está pasando menos Gabriela Michetti, que sigue flotando en una nube de incongruencias y slogans de una campaña que ya ha terminado. Todos comprendemos el modelo que nos está llevando al abismo; lo que no logramos entender es cómo triunfaron en el balotaje.
 La comprensión que despierta
 Una de las excusas para prohibir el acceso al histórico espacio fue aportada por la ministra de Seguridad Patricia Bullrich que, en su delirio crónico, invocó a todos los fantasmas. Unos quemacoches capturados mutaron en peligrosos terroristas con la intención de provocar disturbios en la Plaza de Mayo. Por eso se sitió el predio, a pesar de la falacia de una funcionaria con tanta responsabilidad. Según Bullrich, “los niveles de violencia son muy altos” y “se quiere generar una situación de descontrol en la calle por grupos que están todos los días haciendo manifestaciones”. La mejor manera de desarticular una protesta es satisfaciendo la demanda, no invadiendo con policías. Pero como la restauración no se detiene en los noventa, los peores vientos setentistas empiezan a apestar el ambiente.
El intendente de Bahía Blanca, Héctor Gay, en su discurso por la fecha patria recicló el detestable ideario de los represores: enemigos de adentro y de afuera, grupos perfectamente organizados, sin patria ni bandera, quieren subvertir valores. No es el único integrante de Cambiemos que ostenta estos conceptos. Si rascamos un poco, no encontraremos muchas excepciones. Con la Plaza vedada, los fantasmas de Bullrich y los dichos de Gay, la foto se vuelve amarilla de tan vieja. Los PRO advierten lo que se viene y están preparando las excusas. Quienes se manifiesten en las calles no será porque están desocupados o hambreados, sino porque han sido cooptados por la subversión que viene a interrumpir tanta alegría. La ministra Bullrich, a tono con el futuro represor, advirtió que “debemos tener cuidado de no entrar en situaciones de provocación que buscan poner al gobierno en una situación límite”. Para ella, la situación límite no es el desempleo que este modelo produce sino la invitación a reprimir.   
La vice habla de incomprensión mientras la ministra advierte sobre las provocaciones, aunque en realidad ambas cosas provienen de la misma fuente. Michetti se lamenta porque el Papa no comprende el proyecto amarillo y Bullrich veda la Plaza porque olfatea provocaciones. Ellos ganaron el balotaje con la promesa de Pobreza Cero, de no quitarnos nada de lo que tenemos, de no perseguir al que piensa distinto, de estar de nuestro lado. Si algunos no comprenden es porque están haciendo todo lo contrario de lo que han prometido. Y no nos pueden acusar de incomprensión si interpretamos el accionar PRO como una provocación. ¿O de qué otra manera se puede descifrar la descomunal transferencia de recursos hacia los sectores más poderosos? ¿Cómo puede entenderse que hablen de honestidad y transparencia mientras esconden sus fortunas mal habidas en paraísos fiscales? ¿O que denuncien a los empresarios amigos del gobierno anterior los que han pasado toda su vida succionando los recursos públicos desde la dictadura hasta acá? ¿O que hablen de los intereses del país los que operan para abrir nuestras puertas al Imperio?
Claro que los comprendemos. Mauricio Macri y sus secuaces han engañado a los votantes y nos están provocando desde el mismo momento de la asunción. Y el colmo de la provocación fue la privatización de la Plaza, un símbolo de que nos quieren privar de nuestra historia, de nuestro futuro, de todo. Claro que comprendemos que el engaño continúa. Si las promesas de campaña fueron incumplidas, las que hacen ahora también lo serán. Después de los experimentos tortuosos a los que nos someten no vendrán los gloriosos tiempos de mieles y flores. Si al gobierno de Macri le va bien al país le irá mal.
La Plaza del 25 estuvo vedada porque Ellos saben que empezamos a comprender cómo viene la cosa. La Argentina de Macri no será para todos. Las vallas avanzarán para resguardar a un puñado de privilegiados de una mayoría despojada y enardecida. El bicentenario de nuestra independencia inaugurará el tránsito hacia al país del Centenario: una minoría patricia que goza los bienes producidos por la mayoría empobrecida. Ese día sí debe ser de festejos. Los PRO intentarán copar las calles con protocolo superficial y actos desideologizados para simular patriotismo, un sentir que les es ajeno. El 9 de julio puede ser un día de celebraciones herméticas, reservadas a ceos, obsecuentes, cómplices y algunos confundidos o una jornada ideal para manifestar a la gerencia de La Rosada que estamos dispuestos a recuperar la independencia que en pocos meses comenzamos a perder.

martes, 24 de mayo de 2016

Los nubarrones del 25



A pocos meses de haber ganado las elecciones, el empresidente Macri celebra el 25 de mayo lejos de los actos públicos. Claro, la alegría amarilla no incluye ninguna patria y, en verdad, es para unos pocos. Si algunos conciudadanos guardan alguna esperanza es por sobredosis de mensajes mediáticos que difunden un optimismo infundado. Hasta los más consustanciados saben que vamos a una crisis fabricada por las medidas del Gran Equipo. Mientras la agencia oficial Telam se explaya sobre la utilidad de las cuentas off shore, la estrellas que militaron por el cambio apenas esbozan algunas críticas ineludibles. El descomunal incremento de las tarifas y la amenaza de la desocupación se ubican entre las principales preocupaciones en este nuevo aniversario de la Revolución de Mayo como hacía mucho tiempo que no veíamos. Pero no hay medidas sueltas: quienes piensen que se podrían haber evitado los pasos más antipáticos no alcanzan a comprender que estamos presenciando la implementación de un modelo en donde cada pieza es esencial para lograr el objetivo de enriquecer a los que más tienen. La profundización de la desigualdad no es una consecuencia, sino el camino obligatorio.
Los que pontifican desde siempre sobre el verso de la pluralidad de voces convierten en apologistas a los periodistas que pagamos entre todos. Los que prometían no hacer propaganda oficialista en los medios del Estado transforman a sus trabajadores en pregones del ideario PRO. Además de soslayar las flagrantes mentiras de Macri y sus secuaces en torno a los Panamá Papers, los escribas de la agencia oficial de noticias Telam ponderan las bondades de tener cuentas en paraísos fiscales. Además de más fácil, resulta más económico inaugurar un negocio evasor. “En cambio, en la Argentina, registrar una sociedad puede demandar mucho tiempo y mayores costos, que quizá no haga redituable el negocio”, explica el texto del martes 24. Y, para hacer más obvia la instauración del discurso único, destaca que el nuestro “es un país considerado ‘poco amistoso’ en relación al pago de impuestos para individuos y para armar negocios”.
El final de la nota titulada “Costos de empresas y de sucesiones, argumentos para abrir una offshore” no podía evitar la mirada del imperio. En el índice Doing Business del Banco Mundial, Argentina se encuentra entre los últimos lugares de los países amigables, de acuerdo al peso de las cargas fiscales. Y eso lo presentan como una debilidad y no como una fortaleza. Desde las propaladoras del establishment han convertido la cotidianeidad tributaria en un suplicio infernal y la avaricia de unos pocos en la causa de muchos. Con miles de argucias con formato periodístico, equiparan la fuga de millones a paraísos fiscales con las molestias de pagar impuestos en la ventanilla de un banco un par de décadas atrás. Los impuestos que pagamos todos no incluyen a los especuladores que nos están enredando una vez más en las cadenas de la deuda externa.
Y el discurso oficial justifica estas tramoyas porque los miembros del Gobierno forman parte de ese selecto grupo. Cuando gobierna una minoría que se pretende patricia, la Patria corre peligro. Más aún cuando quienes no gozan pertenencia explican sus cimbronazos con los argumentos de los patrones: a más sufrimientos en el presente, mayores compensaciones en algún momento del futuro. Ajustarse el cinturón, pasar el invierno, el sacrificio patriótico fueron las frases que adornaron los brutales ajustes de nuestra historia. Hoy se han transformado en el sinceramiento o la pesada herencia, pero conservan el mismo trasfondo burlón.
El paraíso del segundo semestre se fuga hacia horizontes caribeños, mientras el Observatorio de la Deuda Social de la UCA advierte que “poner demasiadas expectativas en el efecto derrame como estrategia de reducción de la pobreza es riesgoso”. Una manera elegante de decir que avanzamos hacia una catástrofe de desigualdad. Ya lo hemos comprobado muchas veces: el modelo del derrame no sólo es riesgoso sino contraproducente. De una vez por todas debemos comprender que en este planeta todo crece de abajo hacia arriba y no a la inversa. Llenar las grandes copas que se ubican en la punta de la pirámide social no produce un derrame hacia los vasitos que están en la base. Mientras el Estado destina más recursos para satisfacer las demandas de esas pocas bocas angurrientas, más crecen los contenedores y cuando nos descuidamos no estamos más ante copas, sino ante toneles inmensos con un fondo inalcanzable.
 El capital no es generoso y siempre exige tener rienda suelta para desplegar su impúdico egoísmo que disfrazan como Libertad. Mientras más libres son los poderosos, más oprimidos vivirán los pueblos. ¿Será por eso que este año tendremos un 25 de mayo casi privatizado?

lunes, 16 de mayo de 2016

Una escalera al infierno amarillo



La meritocracia –tan debatida en estos días- porta más perjuicios que bondades. En principio, parece ideal un sistema que premie a los que demuestran tener méritos suficientes para el lugar que intentan alcanzar en la sociedad, aunque incluya competencia permanente y aliente posiciones individualistas. Hasta puede parecer tentadora una sociedad en la que cada miembro deba superarse a sí mismo a toda hora todos los días, más allá de lo agotador que resulte. Sin embargo, hay dos aspectos que convierten en imposible este peligroso ideal: el punto de partida y los encargados de establecer las metas. Si todos los participantes están en condiciones de igualdad al momento de comenzar la carrera y si las reglas fueron convenidas y no impuestas, podría empezar a discutirse la posibilidad de la meritocracia. Como el mundo es desigual desde hace mucho tiempo y está gobernado por una minoría insaciable, instaurarla no sería más que un intento de legalizar la explotación de una mayoría cada vez más empobrecida.
La meritocracia encierra la promesa de un ascenso social de escalones bajos pero muy difíciles de escalar. Las exigencias son ilimitadas y los premios, exiguos. Sumisión, obediencia, humildad y una dedicación rayana a la obsecuencia componen el entramado del sayo que debe vestir el aspirante. La única ambición es despertar la complaciente sonrisa del Amo Invisible representado por un igual que está apenas unos escalones más arriba. El mayor temor, que un fallo nimio provoque el escarnio de descender unos peldaños o quedar fuera del juego. A pesar de estos riesgos, la meritocracia destila un tentador aroma posmoderno y encierra una irresistible lógica mundana. Hasta parece un método justo y amable de ordenar la sociedad. Y, sobre todo lima las asperezas ideológicas que encierra toda relación laboral.
La meritocracia es muy PRO y como no podía ser de otra manera, el empresidente Macri firmó un convenio con Arcos Dorados-Mc Donald’s Argentina para concretar la promesa del programa Primer Empleo. Esta empresa imperial de comidas rápidas es el emblema del sistema de felicidad explotadora meritocrática y ofrece 5 mil puestos de trabajo para jóvenes de sectores vulnerables. Para el ministro de Trabajo Jorge Triaca, “a partir de este tipo de acciones, muchos podrán acceder al primer empleo y adquirir los conocimientos básicos para incorporarse al mercado del trabajo”. Siempre y cuando acepten trabajar 30 horas semanales por 4800 pesos al mes. Y además, el Estado se vuelve cómplice de la explotación al abonar casi un tercio del salario para beneficiar, una vez más, a los que más tienen. Como contrapartida, los amarillos dan la espalda a las cientos de cooperativas que se han formado en estos años para brindar dignidad a miles de trabajadores.
Excesos de los participantes
Pero la meritocracia PRO es todoterreno. En estos días hemos presenciado las más ominosas muestras de este perverso modelo. Algunos participantes hacen lo imposible para seguir en carrera, aunque deban ofrendar lo poco que les queda de dignidad. El establishment es severo a la hora de evaluar a los jugadores y nada puede atenuar su sentencia. Por eso, lo más conveniente es satisfacer sus exigencias, por más absurdas que sean. Margarita Barrientos, la militante mimada por los amarillos, tuvo que hacer una recorrida mediática para trepar un poco la escalera. La opereta tenía como objetivo horadar la figura del Papa que, según parece, no hace más que destinar su simpatía hacia el ideario K.
Cuando Bergoglio se transformó en Francisco, los miembros del Círculo Rojo esperaban tener en el Vaticano un aliado para la restauración. Pero no, lejos del Papa opositor que deseaban tres años atrás, se toparon con uno casi camporista. Después de encontrarse muchas veces con Cristina y manifestar un “especial afecto”, los voceros del Poder Real comenzaron a cuestionar sus gestos. Y a enloquecer con sus mensajes en contra del capitalismo salvaje y el consumismo enfermizo. El rictus malhumorado del Sumo Pontífice al recibir a Macri ya como presidente indignó a los que se desesperan por mostrarse oficialistas. Y ahora que recibirá a Hebe de Bonafini lo han convertido en el anticristo. Los pucheritos de Barrientos ante las cámaras intentaban evidenciar que Francisco ha tomado partido por un lado de la grieta y no el oscuro, precisamente. La fundadora del Comedor Los Piletones padece las consecuencias de sus contradicciones. Que un pobre apoye a un gobierno para ricos es mucho más que un error de clase, más aún cuando ella misma reconoce que desde la asunción de Macri se incrementó en un 50 por ciento los que van a comer a su institución.
Pero no es el único personaje que deja todo en pos del ascenso social. Otro que se inmola por la causa anti-K es el juez Claudio Bonadío, que no se inhibe de crear adefesios procesales con tal de brindar titulares al Grupo Clarín. Hasta sus superiores de la Sala II de la Cámara Federal admiten que el multi-denunciado magistrado siempre incurre en numerosas irregularidades en cada causa que cae en sus manos. Con el procesamiento a Cristina, Axel Kicillof y otros ex funcionarios está pidiendo a gritos su destitución, pues no hay delito en el caso del dólar futuro. Por el contrario, los sospechosos están del otro lado y son los actuales funcionarios que devaluaron la moneda para obtener enormes ganancias con esa operación. Si no hubieran tomado esa medida, el Banco Central hubiera ganado, en lugar de perder. Pero como el mamarracho de Hotesur se está desarmando y el lavado de dinero de Lázaro Báez se aproxima cada vez más a Macri, nada mejor que un bochornoso proceso para distraer la atención.
El juego de la meritocracia es muy cruel. Todos los participantes pierden una parte de sí mismos con cada escalón que superan. Los que llegan no son como eran y se transforman en seres viles, desconfiados, traicioneros, engreídos. Aunque se crean cerca de la cima, siempre les quedará un poco de ser para abandonar y algunas dignidades que pisotear. Y la mirada del Amo nunca los abandonará para premiar o castigar cada paso.
Como triste consuelo, Macri no es el Amo, sino apenas un participante destacado. Tanto él como sus funcionarios compiten en esta carrera por el mérito. La mirada que evalúa está más allá de nuestras fronteras. Por eso hacen buena letra y amoldan el país a los requerimientos del Norte; por eso hablan de libertad de comercio y supermercado del mundo; por eso buscan sancionar las huelgas; por eso fueron los primeros en reconocer el golpe de Estado en Brasil; por eso abren las puertas a la especulación financiera. Porque quieren obtener las caricias de los poderosos, aunque para ello deban someter al pueblo que dicen representar. De esta manera, alcanzarán destacados puestos en los cuadros de honor de alguna oficina en Wall Street, pero jamás conquistarán el corazón de los que confiaron en ellos. Engaños y traiciones sólo figuran en las peores páginas de los libros de historia y los amarillos ya tienen ganado su lugar.

El gran carnaval

Nada que aplaudir. Pocos están a salvo. La Revolución de la Alegría es una lágrima gigante que va a terminar ahogando a muchos de los que c...