jueves, 30 de agosto de 2018

Una espiral de desastres


Las discusiones cotidianas cada vez se tornan más tensas entre los que siguen aplaudiendo al Gran Equipo sin saber muy bien por qué y los que ya consideramos que esto es una hecatombe histórica. Los colonizados se trepan a la mala broma de los flanes mientras la asistencia a los comedores comunitarios crece de manera alarmante. Aunque miren con preocupación cuánto se llevan de sus ingresos las facturas de los servicios públicos y el vacío que deja en la billetera llenar el tanque del coche, siguen pensando que esto es mejor que lo anterior. Aunque consideren pedir un préstamo para tener una heladera surtida o planear unas vacaciones más modestas, el orgullo de haber optado por el Cambio entorpece hasta los razonamientos más simples.
Tan obnubilados que creen que las cosas se enderezarán en este enredado sendero, que de golpe aparecerá la bonanza y el neoliberalismo más bestial endulzará la vida con su beatífica miel. Tanto, que convencerlos de lo contrario nos puede arruinar la mañana. Más aún cuando alguien, en una charla ocasional, sugiere con picardía que el PBI que se robaron los K debe estar escondido en el ARSAT. Ni por su peso ni por su volumen pueden entrar los más de 500 mil millones de dólares de un PBI en un satélite de dimensiones similares a un dormitorio y que no alcanza las tres toneladas. Además, ¿quién sería tan tonto de esconder semejante botín en un aparato que se autodestruye sin poder recuperar nada?
Para ocultar dinero ilícito no hay que recurrir a tecnología espacial ni artilugios arquitectónicos, pues con las guaridas fiscales basta y sobra. Los PRO pueden dar cátedra sobre eso, ya que sus nombres abundan en las filtraciones de Panamá, Bahamas y demás paraísos fiscales. Como ningún kirchnerista aparece como titular de cuentas off shore, esperan que una bóveda o un par de bolsos fundamente los prejuicios que orientaron su voto. Mientras aguardan en vano tal novedad, se consuelan con la persecución política, los mecanismos medievales de desesperación judicial y la salvaje destrucción de símbolos.
El caso más obsceno es el de la estatua de Morón, que ilustra los tres tópicos mencionados: el acoso, la condena y la aniquilación. Después de la decisión municipal de retirar el busto de Néstor Kirchner de la plaza, el intendente convocó a la policía para impedir el homenaje que muchos ciudadanos hacen en el lugar con flores y cartas. La prepotencia de los que no hacen nada para mejorar la vida de la mayoría no puede borrar el recuerdo de los que sí lo hicieron.
La espalda para el pueblo
Para no reconocer que el gobierno amarillo opera para deteriorar nuestro bienestar hay que ser muy fanático. Una economía atada al dólar e integrada al peor mundo no puede ocasionar otra cosa. Un modelo que transfiere recursos de los que menos tienen hacia los que más tienen no provoca más que empobrecimiento. Un plan de negociados que involucran millones sin producir nada no derrama más que miseria. Un candidato que aseguró bajar la inflación en dos minutos y que al cabo de dos años y medio de medidas inflacionarias la llevó a casi 35 por ciento debería reconocer su incapacidad. O la pésima intención de empeorar todo.
Mientras tanto, la mayoría que padece la impiedad de un plan que no está pensado para ella debe escuchar al empresidente Macri que suplica a los especuladores que dejen de comprar dólares. En un mensaje desesperado, anunció un nuevo acuerdo con el FMI para un desembolso que sólo alimentará la fuga de divisas, que supera los 52 mil millones de dólares. Tanto el Ingeniero como los analistas incluyen en la escena la idea de “la confianza de los mercados” que “le dieron la espalda”. Eso que llaman ‘Mercado’ no hace más que jugar al único juego que sabe con las herramientas que el Gran Equipo habilitó desde el inicio de La Revolución de la Alegría. El resultado era previsible: ante un mandatario suplicante, un dólar imparable.
Mientras no frene el drenaje ocasionado por el descontrol cambiario, la importación desbocada, la exportación angurrienta y la acumulación de utilidades en el exterior, la inestabilidad económica y el riesgo país seguirán estando entre nosotros. La ‘Libertad de Mercado’ es el libertinaje de las corporaciones especulativas y no produce más que opresión y miseria para el pueblo. Y el candidato que prometió Pobreza Cero, anuncia nuevos ajustes fiscales que no solucionarán los problemas del frente externo y empeorarán la realidad interna.
Ante un panorama tan calamitoso, una respuesta tardía comienza a articularse. Las organizaciones sociales y los desempleados hace tiempo que reclaman un socorro ante la acuciante situación de los más vulnerables. Ahora se suman los trabajadores de la Educación, que claman por una recomposición salarial que alcance para hacer frente a la inalcanzable canasta familiar. Mientras la inflación promete superar el 35 por ciento, el oficialismo sólo ofrece un mísero 15 y más estigmatización con eso de la alianza kirchnerotroskista, una tontuela etiqueta que sólo puede agradar a los odiadores empecinados. A todo esto se suman las CTA y la CGT que convocaron a una marcha y paro general para finales de septiembre. Una protesta bienvenida, aunque debería ser mucho antes porque este desastre ya no merece tanta tregua.
Si el Mercado le da la espalda a una gestión que ha hecho todo para satisfacer su avidez, ¿qué debería darle el resto de la población, acosado por tarifazos y una dolarización de todo menos de los salarios? Este breve período de la historia será recordado por la excesiva paciencia ante una receta que tiene el objetivo de desigualar de la peor manera, ante una banda de egoístas que supo aprovechar la incomprensión de una porción del electorado que se dejó llevar de la nariz hacia el iceberg más duro y previsible.

lunes, 27 de agosto de 2018

El dilema de los flanes


Esta semana, el marketing amarillo protagonizó un nuevo tropiezo. Un exceso de demagogia condujo a los PRO a un error en la interpretación de la “Metáfora de los Flanes”. Hasta su creador, Alfredo Casero, protestó por tamaña brutalidad. El actor que en los noventa parodiaba a Domingo Cavallo se burló de los hambreados en el programa de Alejandro Fantino. Con eso de “se incendia la casa y todos tus hijos te piden flan” intentó graficar la cruel realidad argentina: mientras el buen Mauricio trata de combatir las llamas, los angurrientos piqueteros piden flanes. A partir de allí, la parábola del postre se extravió en una exégesis absurda, no sólo en la nublada mente de los pocos seguidores oficialistas sino también en la de sus dirigentes.
Los diez mil caceroleros que se juntaron frente al Congreso dieron el primer paso. El reclamo de flan por parte de manifestantes que no necesitan dádivas conformó la imagen ridícula de la jornada. En algunos carteles aparecía la foto de un flan de restaurante con la leyenda “la grieta no es ideológica, sino de valores”, un diseño viralizado en las redes que tan bien manejan los trolls de Marcos Peña Braum. Al día siguiente, en el Senado, el ex ministro de Educación, Esteban Bullrich se enredó en una nueva de sus barrabasadas discursivas al tomar el flan como representación del soborno. En un exceso de delirio, declamó que en tiempos del kirchnerismo, “cuando no te gustaba el flan te agarraban del cogote”.
Pero hay más: el duranbarbismo para necios que guía los pasos de la Revolución de la Alegría inspiró que el empresidente Macri, funcionarios y legisladores PRO se juntaran en Olivos para grabar un video donde canturrearon “queremos flan”. Una torpeza con gotas de crueldad o un sincericidio histórico. ¿A quién reclaman los flanes que no necesitan? ¿Acaso estarán pidiendo sobornos, a pesar de las abundantes divisas que amontonan en las cientos de cuentas off shore que ostentan?
Y siempre hay mucho más con esta banda de engendros del demonio que des-gobierna Argentina desde el infausto 10 de diciembre de 2015. Por supuesto, este show tiene muchas estrellas, pero el Gerente de La Rosada SA acapara todos los laureles, además de negociados innumerables. En un acto en Tucumán, Macri dijo: “lamentablemente, toda la plata de la corrupción explica todo lo que nos falta”. Claro, si forma parte de los beneficiados de la deuda externa que creció con la dictadura, el menemato y la pesificación asimétrica de Duhalde; si tiene en sus guaridas fiscales parte de los 300 mil millones de dólares de argentinos en el exterior; él sabrá adónde fueron a parar los 100 mil millones de dólares que tomó como deuda externa desde el Bailecito en el Balcón. Hay que ser muy ignorante para creer que no tiene nada que ver con la corrupción corporativa que vacía nuestra dignidad desde hace décadas.
La mesa de la Verdad
Aunque parezca mentira, Macri y su troupe siguen estafando a un público hartamente estafado. El Ingeniero asegura que hay que “estar orgullosos de haber podido sacar la verdad y ponerla sobre la mesa”. ¿Qué verdad, que son capaces de hacer cualquier cosa para destruir a Cristina y a todos los que intentaron hacer más justa la distribución de la riqueza en nuestro país? ¿Qué verdad, que los empresarios contratistas de la obra pública coimean a funcionarios de cualquier color para obtener ventajas? Poner la verdad sobre la mesa sería anular la causa de los no-cuadernos, reconocer que Nisman se suicidó, que el pacto con Irán no encierra ningún ilícito, que lo del dólar futuro es un delito más de los funcionarios macristas que de los kirchneristas, que los allanamientos a las propiedades de la ex presidenta sólo buscan proscribir a una candidata que crece en las preferencias electorales, que Aníbal Fernández no es el ideólogo de ningún homicidio, que no estábamos aislados del mundo y que la Pesada Herencia es un verso más grande que la mansión que el ministro Dujovne tenía declarada como baldío. Poner la verdad sobre la mesa sería aceptar que Macri estafó al Estado en muchas oportunidades, es un contrabandista de autopartes y evadió al fisco con empresas en paraísos fiscales.
Poner la verdad sobre la mesa sería confesar –ya que estamos con la moda de los arrepentidos- que lavaron fortunas con falsos aportantes en las dos últimas campañas y que las bolsas que la vice Michetti denunció como robadas contenían dinero ilegal. Poner la verdad sobre la mesa sería sacar de la Oficina Anti Corrupción a la ultra apologista Laura Alonso y a todos los funcionarios afectados por conflictos de intereses, el mote que toma la corrupción en las élites. Poner la verdad sobre la mesa sería admitir que se hizo más durante el tiempo de los que se robaron todo que ahora y que el angelical “amigo gay” Piter Robledo aprovechó su cargo para hacerse de un millón de pesos con el sueldo engrosado de una embarazada despedida.
Si hubieran puesto la verdad sobre la mesa, Macri ni siquiera hubiera llegado a Jefe de Gobierno porteño. Pero estamos acá, con un oficialismo que todavía actúa como oposición porque no tiene nada mejor para mostrar a la sociedad, con números que desmienten esa patraña del “mejor equipo de los últimos 50 años”, con una imagen negativa que supera con amplitud el porcentaje obtenido en el balotaje, con un abismo que se abre de nuevo a nuestros pies, con un blindaje mediático insólito y una prensa internacional que se sorprende ante la tímida reacción del pueblo y una impronta autoritaria que ha bajado la intensidad de nuestra democracia.
Si algo interesante tiene la Metáfora de los Flanes es el reconocimiento del incendio. La diferencia está en que el actor piensa a Macri más como un bombero que como un pirómano. Incendio o tormenta, el empresidente es el autor y no está en sus manos ni en sus intenciones mejorar nada, sino todo lo contrario. Y como siempre, las ideas amarillas se tropiezan con una inconsistencia madre de todas: el famoso cartelito que, con orgullo, muchos flaneros sacudían en la plaza. La Grieta es ideológica y, por tanto, también de valores. La negación de la ideología es una de las tretas que mejor ha resultado en el triunfo espurio de este destructivo plan. Hasta que los individuos que se dejan llevar por estos cantos de sirena no lo entiendan siempre estaremos a merced de las amenazas de las peores restauraciones.

jueves, 23 de agosto de 2018

Un carnaval de prejuicios


La Revolución de la Alegría abandonó la cacerola y adoptó, como emblema, al clásico y movedizo flan. Como dulce de leche no tenían, lo sazonaron con una frase que está muy lejos de la genialidad: “no somos boludos” o su síntesis para tazas, NSB. Que los amarillos tengan al actor Alfredo Casero como luminaria guía sugiere una decadencia de su intelectualidad. El duranbarbismo derrapa por el subsuelo de la creatividad. Los motivos de la convocatoria al Congreso se concentran en el odio hacia Cristina que acumularon con tanta sobredosis de hegemonía mediática. Cualquier observación sobre este hecho no podrá superar lo dicho por Macri durante una entrevista con la CNN: el Cuadernogate es más exitoso que cualquier serie de Netflix.
Los que dicen no ser boludos se dejan llevar de la nariz hacia una hecatombe que también a ellos dejará en la lona, lo que demostrará que sí lo son. Que la corrupción anime sus espíritus es comprensible, pero el bullying es condenable. Que mientras estallan de rabia por lo que ven en la tele, consientan las trapisondas del Gran Equipo, sugiere que la corrupción es una excusa. O peor, que la piensan como una exclusividad irrenunciable de la clase que está gobernando en su propio beneficio. Que estallen de indignación por bóvedas inexistentes y bolsos de capacidad infinita pero justifiquen las cuentas off shore y las empresas no declaradas es una evidencia de eso.
No buscan justicia, sino venganza. Por eso gritan “cárcel ya para CFK”, acusada de delitos que aún no se han demostrado por operaciones de prensa cada vez más obscenas. Y magistrados que, lejos de mantener un equilibrio, se desequilibran para complacer al Poder Real. El juez Bonadío, el más vergonzante de Comodoro Py, dirige esta comparsa que ensucia más a los desfilantes que a los acusados. Y a los que demuestran no saber cantar, los mandan a la sombra como una versión vernácula y menos cuidada de la serie yanqui “Sesenta días preso”. Pero la muchedumbre canturreó en la plaza del Congreso “Bonadío, el pueblo está contigo”, la coronación de un heroísmo que no le cuadra y debería abochornarlo. Si el pueblo está conformado por esos diez mil individuos acomodados que basan su entendimiento en los panfletos dominantes, estamos en problemas.
El monstruo equivocado
Mientras los caceroleros claman por un flan, la pobreza crece en un país donde no debería existir. Mientras los colonizados mediáticos afirman no ser boludos, la devaluación, el déficit y la fuga baten records. Mientras los flaneros bailan alrededor de la hoguera, los especuladores cargan en nuestras mochilas una deuda superior a 150 mil millones de dólares. Estos reivindicadores del absurdo son capaces de aplaudir el gatillo fácil, los palos a los despedidos y el empobrecimiento de los jubilados. Tan perdidos están que son capaces de creer que la crisis que ya se olfatea es por la Pesada Herencia, la neblina turca o una tormenta de frente. Tan obnubilados están que todavía esperan la lluvia de inversiones, el segundo semestre y los brotes verdes. Tan entorpecidos, que piensan que todo se solucionará cuando Cristina esté presa. Tan confundidos, que vitorean la promesa del empresidente de dinamitar el astillero Río Santiago.
Y aunque no entiendan demasiado, también festejan cuando la represión puebla las calles. En el caso del astillero, el ajuste huele a revancha. Un emblema de la Soberanía inaugurado por Perón en 1953 no podría tener otro destino que vaciamiento y explosión en un gobierno destructivo como éste. Un emprendimiento estatal que construyó símbolos nacionales como las fragatas Azopardo, Piedrabuena y Libertad, buques de guerra y mercantes, el techo del Estadio Único de La Plata y las columnas de iluminación de la cancha de Gimnasia y las turbinas de Yaciretá, además de contratos con otros países. Que algo público funcione mejor que algo privado es inaceptable para la ceocracia gobernante y en el clima de “libre competencia” que reina, bombardearlo es lícito. Eso festejan los flaneros cuando un patrullero atropella a un manifestante.
Tan acostumbrados están a que las pantallas muestren la vida como un partido de fútbol que hasta ven a los jueces como grandes estrellas. Así, alientan a los injustos y abuchean a los justos. Hasta creen que la justicia independiente debe ser vengativa. Por eso gritan como ante un gol cuando el Consejo de la Magistratura destituye a algún juez que les falla en contra. Como les puede pasar a Enrique Arias Gibert y Néstor Rodríguez Brunengo, que resolvieron la suspensión de los despidos en Télam o a los que osen aceptar los amparos contra la estafa del tarifazo.
Como buenos caceroleros, los flaneros están reñidos con los argumentos: sólo vomitan excusas y, por lo general, infundadas. Si abrieran sus oídos, si se alejaran unos pasos de la vocinglería de los grandes medios, si se atrevieran a prestar atención a la intervención de CFK en el Senado, comprenderían el error que han cometido, que están cometiendo y que van a cometer. Si se animaran a volver el rostro a lo que la monotonía discursiva del Régimen Amarillo intenta tapar a cada instante, dejarían de ver al monstruo que creen tener enfrente. Entonces descubrirían que son lo que dicen no ser y que están del lado de la Grieta en donde habitan todos los monstruos.

lunes, 20 de agosto de 2018

La tormenta es Macri


Uno insiste tanto con el tema que parece obsesión patológica, pero si no fuera por el esfuerzo constante de los medios hegemónicos, un gobierno tan destructivo como éste no duraría ni dos minutos. A toda hora, las usinas de Clarín, La Nación y algunos más presentan blindaje, justificación y ocultamiento con formato de información. La distracción es una de las tretas más obvias de manipulación y es lo que brindan a diario. Quien, de manera exclusiva, nutre su entendimiento con estos engendros desinformativos jamás advierte las toxinas que ingiere y es probable que ruede por la vida recitando pavadas que ni entiende y votando fórmulas impresentables y nocivas. Hasta puede insertar en un diálogo cotidiano eso de que en Europa hay empresas que alquilan juguetes, sin advertir el ardid del libelo de la corneta ante la caída de las ventas por el día del niño. O para brindar una esperanza a aquellos que ni piensan comprar regalos porque la comida está primero.
Tan mal están las cosas que las fuerzas gobernantes y sus acólitos mediáticos y judiciales apuestan todas sus fichas al Caso de los Cuadernos Invisibles, aunque nadie sabe qué tipo de justicia saldrá de todo eso. Ni quiénes serán los ajusticiados, si los acusados de todo o los que se sientan ante los magistrados para declamar el guion que despierta la complacencia del Círculo Rojo. La historia ya la tienen; sólo faltan las pruebas; el relato de los millones ya está, pero sin los millones. Ni una alcancía debajo de un mosaico flojo tienen para dar verosimilitud a la telenovela que presentan como el lava jato vernáculo. Hasta quieren rescatar de las polillas la antigua causa de las valijas de Antonini Wilson para hacer más convincente el acoso.
Sin embargo, la plata de la corrupción de los castos amarillos no sólo burbujea en los paraísos fiscales sino también brota del cielorraso domiciliario de algún que otro intendente. Las bóvedas que buscan en los otros abundan más en los propios. Pero estos hechos son apenas susurrados por los voceros, más ocupados por vociferar las novedades del desfile de arrepentidos. A pesar del secreto de sumario, los chismes que se ventilan en el juzgado de Bonadío aparecen en titulares con una velocidad insólita. Tanto empeño están poniendo que, en su edición dominical, La Nación publicó un plano del departamento de Cristina, tal vez para que los lectores jueguen a la búsqueda del tesoro. Tanto, que hasta ofrecen una recompensa al que logre convertir a los cuadernos en la piedra filosofal del Siglo XXI.
Las burlas de siempre
El público colonizado mira para otro lado sin advertir que lo que viene es peor. Los miembros del Gran Equipo abandonan la sonrisa publicitaria para exhibir en el rostro un “sálvese quien pueda” gigante. Hasta el ministro Dujovne dejó de lado las metas amigables para anticipar la posibilidad de una megacrisis. Y el empresidente Macri, líder de este entuerto, el que prometió bajar la inflación en dos minutos, augura que los números serán mejores cuando termine su mandato. Obvio, si las decisiones que se toman desde La Rosada SA son las principales generadoras del aumento de los precios. Además de evasores, fugadores y especuladores, son aumentadores seriales.
Mientras el show intenta convencer a la audiencia de que CFK cobró una millonada por firmar un decreto, el inexplicable consenso obtenido por el Cambio empieza a mostrar grietas indisimulables. Muchos de los que apoyaron con énfasis la llegada de Macri a la presidencia expresan su arrepentimiento con un leve desencanto, como los integrantes de la UIA. Ante la caída de un 8,4 por ciento interanual de la actividad industrial, el vicepresidente de esa entidad, Daniel Funes de Rioja anticipa una fuerte contracción que durará un par de trimestres. Y la caída del consumo en casi todos los rubros aporta mayor pesimismo a los nada prometedores pronósticos.
Encima, en lo único que piensan es en profundizar el ajuste, tal como exigen los expertos del FMI a los que nadie votó. A las protestas de desocupados, suspendidos y en espera, se suman los empleados públicos que pierden poder adquisitivo con cada oferta de incremento salarial. Los comerciantes, que han visto mermar el movimiento en sus locales de manera alarmante, tiemblan al pensar en el vacío que reinará en los bolsillos de sus escasos clientes. Hasta los gobernadores que, serviles, garantizaron la gobernabilidad para llegar a esto, están a punto de rebelarse por el decreto con el que el Ingeniero dejará de distribuir el Fondo Federal Solidario, que se nutre de la soja producida en muchas de esas provincias.
Amparado por la exagerada protección mediática, Macri sólo puede ofrecer su desbordante cinismo. Como si no tuviera nada que ver con el asunto, esputó: “lamentablemente, esta devaluación trajo un rebote de la inflación, que es el mayor generador de pobreza”. No, en eso está equivocado: el mayor generador de pobreza es El. La receta que aplica es la que provoca todo eso de lo que se lamenta. Y lejos de admitir su responsabilidad, asegura que “éste es el camino que estamos recorriendo. Sabíamos que iba a tener obstáculos. Lo importante es mantener la convicción”. ¿Convicción, de qué? Como si la concentración de la riqueza mejorara la distribución; como si la especulación financiera auspiciara la inversión y el desarrollo; como si el saqueo a jubilaciones, asignaciones y salarios potenciaran la actividad. Eso no es convicción: es fanatismo. Y para colmo habla de obstáculos cuando, en realidad, es la ceocracia gobernante la que arroja todas las piedras que entorpecen cualquier camino.
Y por si todo esto fuera poco, el buen Mauricio siempre apela a la burla cuando quiere mostrarse humano. Cuando improvisa, aparece su Yo más profundo, el que, de manera incomprensible, conquistó el corazón de sus votantes. “A mí me duele muchísimo porque es mi principal compromiso –miente- y sé lo que significa estar en la pobreza porque los visito”. Quien vea en esto humanidad, debería visitar al oftalmólogo. Quien se conmueva ante la imagen del rico que visita al pobre y se ilumina, debe ser tan cínico como él o vivir en una caja de condones.
Si le doliera la pobreza, dejaría de hacer lo que ha hecho hasta ahora, no desde que aterrizó en la presidencia, sino desde que se alió con la dictadura para enriquecerse con evasión, estafas, licuación de deudas y especulación. Todos los que son como él dejarían de ser como son si pudieran tan sólo imaginarse lo que es estar cercados por las imposibilidades. Pero para eso hay que tener corazón y Ellos demuestran a toda hora que eso es lo que más les falta.

jueves, 16 de agosto de 2018

Cuando el guion no basta


El apunte 1000
En abril de 2011 publiqué el primer apunte, cuando empezábamos a construir la re elección de CFK. Este blog surgió más como una pulsión personal que como una contribución a la sociedad, más para ahorrar en terapia que para convocar casi 580 mil visitas, la publicación en medios digitales y en papel y la viralización en las redes. Alcanzar los mil textos –más de 2500 páginas- para alguien tan inconstante como yo es toda una sorpresa. Eso sí: desde el primero hasta el de hoy están presentes la coherencia, la honestidad intelectual y el sueño de un país más equitativo. Gracias a todos los que se fueron sumando a este espacio que seguirá bregando para comprender esta realidad cada vez más trastocada por los medios del establishment.

Cuando el guion no basta
Los cuadernos invisibles de Centeno han inspirado una historieta mediático-político-judicial que merece un lugar destacado en los análisis comunicacionales. Tan densa se está tejiendo esta trama que la aparición de los originales ya no preocupa a nadie ni tampoco aportaría nada. Así son los culebrones, incongruentes, atrapantes y sencillos de entender. Ni siquiera necesitan un poco de verosimilitud para absorber la atención del público cautivo. Esto no encierra ningún peligro cuando el televidente sabe que está ante una ficción, pero cuando le dicen que es una noticia, el asunto se torna delicado: estamos ante la vulneración del derecho constitucional a la información.
Una mentira amplificada puede alterar la voluntad del electorado. ¿Cuántos bonaerenses habrán votado por Vidal convencidos de que Aníbal Fernández había sido el ideólogo del Triple Crimen de la Efedrina? ¿O acaso muchos no votaron por Macri seguros de que lo hacían contra la Morsa? Lo que se sospechaba en 2015 se confirma con la declaración de Martín Lanatta ante un juez de La Plata. Sin las cámaras de Clarín, el reo confesó que le hicieron “esa nota arreglada para el programa de Lanata, donde tenía que meter a Aníbal en la causa de General Rodríguez”. Algo parecido a lo de Leonardo Fariña, que frente al Tribunal dijo lo contrario que en el set. Y no vengan con que no hay que creerle a un delincuente si tres años atrás tomaron sus dichos como palabra santa.
La toxicidad mediática se potencia con la credulidad de la audiencia. Tanto como para confundir retorno con aporte y complicidad con extorsión. Hasta para tomar como acusación la confesión de asociación ilícita. Carlos Wagner, ex presidente de la Cámara de la Construcción, relató, con naturalidad, que falsearon las licitaciones, fijaron sobreprecios a escondidas y compraron la complicidad de funcionarios. Y los odiadores babean sus prejuicios sin advertir que esto salpica más a la familia presidencial que a Cristina. Aun así, alientan allanamientos, desafueros y prisiones preventivas, sumados a una venganza de clase que pronto los tendrá como víctimas.
Las ventanas del alma
Tan intensa es esta telenovela que los actores se esfuerzan para exhibir su patetismo. El objetivo es que el teleadicto se concentre en la trama para que no vea el bosque, en vías de extinción y poblado por espíritus oscuros que creíamos exorcizados: inflación, desempleo, devaluación, deterioro, prepotencia. La alegría que nunca llegó empieza a alejarse. El cero que prometieron para la pobreza superó los tres dígitos en un país en el que todos deberíamos nadar en la abundancia. La integración al mundo terminó como un festín de buitres en el que somos el plato principal. Y el protagonista estrella de esta tragicomedia, el buen Mauricio, suelta un bocadillo con sabor a burla. “No pasa nada con el dólar, tranquilos”, largó, en medio de una escalada del 60 por ciento en este año y un 210 por ciento desde el Bailecito en el balcón.
‘No pasa nada’, no, porque los precios locales están atados al dólar y nosotros cobramos en pesos. ‘No pasa nada’, no, porque mientras los timberos juegan con nuestra moneda, la vida de muchos corre peligro de hambre. ‘No pasa nada’, no, porque mientras los especuladores fugan divisas, la deuda que no ha servido para nada engorda sobre nuestra espalda cada vez más flacucha. Si no pasa nada, será porque tanto él como sus amigotes de clase están cotizando sus fortunas como nunca. O como siempre cuando a casi todos nos va mal.
No pasa nada, dice el empresidente; vean la novela de la persecución, de la lapidación con traje de justicia; vean cómo pisoteamos las instituciones en pos de la República, de Nuestra república, la de unos pocos; vean cómo cambiamos futuro por pasado, granero por supermercado; vean cómo convertimos soberanía en coloniaje en un abrir y cerrar de ojos;  vean cómo seguimos hundiéndolos con cara de feliz cumple. Así dice el Gerente. Así nos aconseja, que veamos la realidad en la tele, que pronto arderá la hoguera con todos los K y los que se atrevan a imitarlos. Ellos son chorros y tienen bóvedas que todavía no encontramos; nosotros, en cambio, somos especuladores, evasores y explotadores con cuentas off shore que ya fueron reveladas; ellos usan bolsos y nosotros, transferencias y blanqueos. Así dice el presidente y sus acólitos sonríen ante tamaña picardía. Y los serviles voceros, con el buche lleno de pauta oficial, tratan de poner buena cara al mal tiempo, deslindar de toda responsabilidad tormentosa al Gran Equipo y hablar de la Pesada Herencia.
La telenovela sigue. Los no-cuadernos de Centeno inspiran allanamientos a propiedades hartamente allanadas para encontrar pruebas de hechos ocurridos nueve años atrás. También, allanar cualquier cosa que se encuentre cerca del blanco para que los inventores de titulares se hagan la fiesta. Y poner a los senadores como payasos del circo para desaforar a CFK y servir su cabeza en bandeja para deleite del establishment.
El televidente, alelado, cree que ése es el origen de su mal, aunque su deterioro comenzó con el Cambio; piensa que si Ella está presa, todo andará mejor y recuerda los tiempos en que el sueldo alcanzaba para más y las tarifas no infartaban; Ella interrumpía la telenovela, en cambio, Mauricio la deja ver completa, todo el día. Ese querido televidente, si abandonara las pantallas –todas- por un rato y mirara por la ventana, tanto de su casa como de su alma, vería el mundo que se ha estado perdiendo. No es mejor que el que transmiten, pero al menos es real; más comprensible, también. Con el sabor del desengaño, pero con la posibilidad de trocar el encierro por la apertura. El precio a pagar por dejar de ser televidente y convertirse en ciudadano.

lunes, 13 de agosto de 2018

Un Cambio muy tortuoso


Mientras algunos celebran con euforia los azotes periodísticos y judiciales descargados sobre los K, muchos padecen las consecuencias de un modelo económico que se desmorona a poco de comenzar a andar. Nadie pondría en duda que el Gran Equipo construyó un escenario para la catástrofe y ninguno de sus integrantes mueve un dedo para evitarla. Al contrario, apelan al circo porque no tienen intenciones de repartir panes. Ni los Gerentes de La Rosada SA ni los que se beneficiaron con estos dos años y medio de desregulación, exenciones impositivas y festichola especulativa. Los acumuladores de fortunas se apropiaron del control del país y están succionando lo más posible con la intención de dejarnos secos y súper endeudados.
Tanto que se quejaban los cautivos de los medios hegemónicos de los “vagos mantenidos por el Estado”, ahora que alimentamos la timba financiera con intereses de magia y que la fuga de divisas ya es alarmante, ¿no dicen nada? Por si no se entendió: entre todos contribuimos a colmar las arcas de tipos que no producen nada; que sólo mueven cifras exorbitantes de un lado a otro sin derramar un centavo. Los colonizados que se quejaban porque las tarifas de los servicios eran muy baratas, que se tragaron el verso de la crisis energética y que pedían la eliminación de los subsidios, ¿lloran en silencio cuando reciben sus facturas? Y si se llegaran a enterar de que, con los tarifazos, las productoras y distribuidoras de energía embolsaron miles de millones de dólares más invirtiendo mucho menos que en años anteriores, ¿qué dirían? ¿Deducirían que los subsidios que aliviaban la economía hogareña ahora van a parar a las cuentas de los que no necesitan nada?
El discurso oficial intenta convencer a su audiencia de que estamos en un país pobre y que hay que sacrificarse para sacarlo adelante, mientras unos pocos se reparten la ganancia que generamos entre todos. Argentina no es un país pobre: padece una desigual distribución de la riqueza y eso no se resuelve con un trayecto como éste. Ningún país es pobre si produce alimentos para 400 millones de personas y tiene asegurada todas las formas de energía por muchas décadas. Mentira que nos tenemos que conformar con migajas mohosas. Mentira que tenemos que renunciar al confort de la calefacción o el aire acondicionado. Mentira que era necesario hacer todo lo que hicieron para mejorar las cosas. El cambio vino para desequilibrar la distribución de los ingresos, la balanza de la Justicia y la convivencia democrática en beneficio de unos glotones que no se empachan nunca.
La calesita de la persecución
Los cuadernos invisibles de Centeno están levantando polvareda. Aunque sea en una causa amañada por un juez y un fiscal que sólo buscan ejecutar una venganza de clase, los grandes empresarios contratistas históricos del Estado empiezan a entrar en escena. Los arrepentidos cuentan cualquier cosa con tal de que no los dejen afuera de la escasa obra pública del Régimen Amarillo. De acá puede salir cualquier cosa, como eso de que los inversores se escapan del cuadernazo o que la causa quedará anulada por el error de que los magistrados no han salido por sorteo. O, quizá lo más novedoso, es que la sociedad advierta que si hay políticos corruptos es porque hay empresarios corruptores. Cuando hablan de la plata de la política no incluyen que hubo alguien que la entregó para obtener alguna ventaja en una licitación o como agradecimiento por el blanqueo de algún chanchullo.
Sin ánimos de exagerar, la carrera por el podio de los más ricos no es una competencia saludable: situarse entre los primeros requiere especulación, evasión y explotación, además de ser un experto en cargarse a los competidores. Que las grandes corporaciones pierdan su pátina inmaculada en el imaginario popular permite ver la película completa: un sistema nocivo que concentra la riqueza en pocas manos dejando al resto en la miseria. Si las cifras de la corrupción política asombran a los espectadores, las de la corrupción privada los dejarían espantados. Una investigación que se dio a conocer en el Tercer Encuentro de Periodistas sobre Flujos Financieros Ilícitos indica que la corrupción privada multiplicó por 150 el dinero de las coimas que se menciona en los no-cuadernos de Centeno. Si Stornelli y Bonadío encarcelan empresarios y ex funcionarios por 160 millones de dólares de coimas, ¿qué deberían hacer con los 24 mil millones de dólares de elusión tributaria del comercio internacional argentino?
Claro que la corrupción política es un problema en casi todos los países del mundo, pero gran parte del dinero que se amontona en los paraísos fiscales proviene de la rapiña empresarial. Y no de empresas que producen bienes de consumo, sino de las que se enriquecen con los bonos de deuda de los países vulnerables, de las que se aprovechan de la desesperación de algunos gobiernos por conseguir dólares, de las que se presentan como inversoras pero lo único que hacen es especular.
Una tarea muy pesada elevar la mirada hacia el sistema económico global vigente desde los ochenta y que deja un tendal de desplazados en todas las latitudes. Presentado como el paraíso de la libertad y la integración, cuando en realidad es un infierno de despojo. Los gobiernos voceros de este modelo logran convencer a sus votantes sobre los males del populismo con tretas y mentiras que calan hondo en los prejuiciosos. En este capítulo de la historia de nuestro país, los medios hegemónicos han logrado que una parte de la ciudadanía tome la decisión suicida de poner como presidente a un exponente fiel a ese plan desigualador.
Con más excusas que argumentos, con más patrañas que datos, Macri está desmadrando nuestra vida para potenciar los privilegios de una minoría y adorna su propósito con una persecución política más propia de una dictadura. Desde las presiones mafiosas a los opositores hasta la extorsión de empresarios para que reciten un guion, desde la destrucción de estatuas hasta el silenciamiento de voces críticas, desde el encarcelamiento arbitrario hasta los militares en seguridad interior. Un escenario oscuro que parece no tener salida. Pero siempre la hay, sobre todo cuando el pueblo tome conciencia de que tenemos que salir cuanto antes de este tortuoso túnel que sólo producirá más dolor.

jueves, 9 de agosto de 2018

Los malos ganadores


Quienes saben de antemano el resultado, siempre rezan “lo importante es competir”. Los que se creen triunfadores agregan un tono burlón, canchero. El empresidente Macri siempre redobla la apuesta porque todas las cartas parecen estar en sus manos, además de tener de su lado a árbitros y relatores. Por eso dice lo que dice con tanta soltura, sin rubor, tanto ante las cámaras como en un tuit, a sabiendas de que sus zonceras serán convertidas en genialidades y su oscuridad, en luz. En medio del debate por la despenalización del aborto, difundió un anodino “no importa cuál sea el resultado, hoy ganará la democracia”. Como si con eso se saldara la deuda de tantas muertes en clínicas clandestinas, de tantos dramas provocados por la sinrazón de las creencias convertida en ley. Como si fuera fácil creer que al Ingeniero le importa la democracia, la Constitución, las leyes, el país y todos nosotros.
Una democracia viciada por represión, rapiña, engaño, venganza, entrega y muchas delicias más del catálogo neoliberal. Un plan para desigualar, precarizar y subdesarrollar. Un mar de promesas que se estampa contra el acantilado de los intereses corporativos ligados a los negocios presidenciales. Una pluralidad de voces que confluye en un discurso hegemónico embrutecedor, en un simulacro de libertad de expresión para que el público someta su pensar a la voluntad de los succionadores. Y como moño del paquete democrático que tanto encanta al Gerente, jueces y fiscales acólitos al Poder Económico, dispuestos a convertir las fantasías más descabelladas en procesos judiciales para alimentar las pullas de los odiadores.
Después del resultado negativo del debate en el Senado uno advierte la jugada del oficialismo con la despenalización del aborto: habilitar algo a lo que su fuerza política se opone para simular apertura y después asegurar el rechazo con presiones en estéreo, desde la crudeza de la billetera a las provincias y el látigo de las convicciones religiosas a los legisladores. La figura de las dos vidas sirve como excusa para continuar con la clandestinidad, pero se archiva a la hora de preservar la vida de los desplazados por este modelo de despojo.
La hipocresía que nos gobierna desde diciembre de 2015, capaz de pontificar sobre honestidad y transparencia con una mochila de corrupción pasada y presente sobre la espalda, que deplora la impunidad ajena pero hace lo imposible para obtener la propia, que finge preocupación por el bienestar de la mayoría pero toma decisiones para restringirlo cada vez más.
Egoísmo en el poder
En más de dos años y medio –como ya todos sabemos- el régimen de Macri ha malogrado todo en beneficio de un puñado. La Pobreza Cero subió al 33 por ciento y el país del desarrollo tiene un 40 por ciento de la capacidad industrial ociosa. Del “no vas a perder nada de lo que tenés” a serruchar las asignaciones familiares; de “cuidar a nuestros abuelos” a una pérdida del poder adquisitivo del 10 por ciento en las jubilaciones y pensiones; del país desendeudado y soberano a una colonia regenteada por el FMI; del cepo al dólar al descontrol de la fuga, que ya acumula 88 mil millones de dólares.
A pesar de tanto desastre, el Gran Equipo sigue reivindicando el Cambio, aunque despierte muy pocos aplausos. Los vítores sólo aparecen en la tribuna de los colonizados, cuando los serviles magistrados descargan latigazos con forma de procesamientos sobre los que osaron desafiar al establishment. La condena al ex vicepresidente Amado Boudou por la causa Ciccone es un ejemplo de eso. Aunque se demostró que la imprenta y la compradora The Old Found no son del ex funcionario, que no conoce a Alejandro Vanderbroele, que fue Raúl Britos el que puso el dinero y que la indemnización por la nacionalización fue reclamada por Raúl Moneta, Boudou fue sentenciado a prisión. Un claro caso de arbitrariedad judicial que más parece la venganza de Clarín, que aspiraba a comprar Ciccone Calcográfica para tener también el control sobre nuestros billetes.
Todo forma parte del circo que este infausto sistema dominante despliega para entretener a su cada vez más menguante núcleo duro; para que los distraídos con énfasis sigan pensando que la culpa de lo que hoy padecemos la tienen los K; para que nunca más un gobierno popular –el despreciable populismo- vuelva a acercarse a la Rosada para mejorar la vida de la mayoría a fuerza de limar los privilegios de la minoría. Y la desesperación por demostrar que son mejores a pesar de los indiscutibles fracasos y las evidentes trapisondas los lleva a someter a sus víctimas a los peores escarnios, como en el caso de Milagro Sala, a la que siguen torturando con caprichosas decisiones judiciales.
Por eso el embaucador Mauricio deja aflorar cada vez más su cinismo, para convencer que el camino es el de la desigualdad, el sometimiento y el autoritarismo. Como si fuera un sabio, consideró que el debate por la despenalización del aborto “nos obliga como individuos a comprometernos a aceptar que hay otros que piensan distinto”. Todo un aprendizaje para un egoísta como él, aunque los individuos jamás se comprometen a nada. Y, como un auténtico predicador de tonterías, explicó que “si aceptamos vivir entre los vaivenes de una sociedad que discute con intensidad los cambios que quiere para sí misma, si entendemos que nuestras creencias a veces ganarán y otras perderán, llegaremos a ser algo sin igual: verdaderamente libres y mejores personas”.
Pavadas para poster. Superficialidades con pretensiones de profundidad. Filosofía para sobrecitos de azúcar. Un individuo como el que piensa Macri nunca es sano para la sociedad y jamás será libre ni mejor persona porque vive sometido a su individualismo. Pensar la vida política de un país como si fuera un cotejo deportivo en el que a veces se gana y otras se pierde es la forma más banal de entender el presente. Como queda demostrado con el Cambio, cuando ganan Ellos, todos perdemos casi todo. En cambio, cuando ganamos desde este lado de la Grieta, todos conquistamos derechos y alcanzamos mayor dignidad. Cuando nosotros ganamos, hasta Ellos ganan, pero son tan individuos que se irritan con la felicidad ajena y cuando acceden a gobernar hacen lo imposible para alejarnos de todo disfrute. Una nueva lección para que nunca más la voluntad popular siente en el trono al mejor representante de los intereses más egoístas –y, por tanto, más destructivos- que anidan en una sociedad en construcción.

lunes, 6 de agosto de 2018

Cuadernos sin Gloria


La bronca que inspira el Cambio está cocinando la necesaria reacción. La famosa Grieta al rojo vivo. Unos alientan la rebelión para cambiar de rumbo y otros para amoldar el descontento con palos, balas y gases. Unos dicen que los amarillos están perdiendo legitimidad mientras otros se aferran con uñas y dientes a las excusas que decidieron su voto. Unos esperan que esto termine cuanto antes y otros esgrimen que hay que respetar la democracia. Si el clima se está enrareciendo es porque así lo quiere el Gran Equipo que comanda este escabroso viaje. No hay turbulencias ni tormentas; tampoco conspiraciones destituyentes: hay errores como consecuencia de medidas erróneas y tragedias ocasionadas adrede por el afán de enriquecer a unos pocos. Eso es el Cambio, la estafa electoral más desigualadora de la historia y un engendro así no puede tener un final feliz.
El engaño está en todo y es cada vez más evidente. Por eso la imagen positiva de Macri no alcanza los 35 puntos y más de un 70 por ciento de la población considera que la situación económica actual es muy mala, de acuerdo a muchas encuestas recientes. Hasta la gobernadora Vidal experimenta el desplome de su personaje de hada buena, un poco salpicada por el Gobierno Nacional y bastante por su propio barro. Al escándalo por los aportantes falsos en las campañas se suma la explosión en la escuela de Moreno, que acabó con la vida de la vicedirectora Sandra Calamano y el auxiliar Rubén Rodríguez. La desidia ministerial de no responder a los reclamos de mantenimiento en las instalaciones de gas de un colegio terminó de la peor manera, no con chicos helados en las aulas sino con dos muertos.
Y si ellos exigen con un tuit que no se haga política con la tragedia, habrá que recordarles que Macri llegó a alcalde de la CABA gracias al incendio de Cromañón y el accidente con visos de sabotaje de Once aportó bastante a su campaña presidencial. Lo único que inspira un simulacro de empatía con las víctimas es todo lo que pueda servir a la estrategia de colonizar el país y convertir a sus habitantes en sirvientes de un establishment cruelmente egoísta. Los diez rescatistas muertos en Iron Mountain, los aplastados por derrumbes de muros y edificios en la Capital, los caídos por gatillo fácil o represión callejera, los mártires del submarino, Santiago Maldonado, Rafael Nahuel y ahora, Sandra y Rubén, no provocan una lágrima porque son productos de la rapiña que representan.
Al contrario, se burlan, como Macri, al hablar de un “problemita o un escape de gas” o declamar “queremos estar cerca, queremos seguir cerca, porque para nosotros gobernar es cuidar. Gobernar es que el Estado esté ahí para dar una respuesta en la vida diaria de cada uno”. Una respuesta como el ajuste brutal que se viene con el presupuesto del próximo año que dejará más desamparados a los sumergidos en el desamparo.
Sobre el circo y los panes
Y acá estamos, camino al abismo, en medio de una crisis voluntaria –en lengua amarilla, ‘tormenta’ o ‘tormentón’-, con una inflación que no bajó en dos minutos sino que intenta superar el 30 por ciento, con industria decadente, desempleo en alza y pobreza cada vez más lejos del cero. Acá estamos, con un staff de saqueadores que se pintaron como inmaculados pero están más manchados que el resto, tanto por dentro como por fuera. Acá estamos, decayendo en todos los rubros gracias al antojo de cambiar lo bueno por lo macabro. Y también estamos ante una hipnosis mediática insólita, capaz de convertir al sujeto en un autómata recitador de incongruencias con pretensiones de ciudadano.
Si algo faltaba en el culebrón que estamos presenciando es el encarcelamiento de empresarios y ex funcionarios a partir de los dislates escritos por un minucioso chofer en unos cuadernos Gloria que, después de fotocopiados, fueron a parar a una hoguera. Cárcel hasta que inventen un delito contra Cristina. Ahora que son muchos más los que la extrañan, salen con este mamarracho en las tapas de los diarios para alimentar los prejuicios del público cautivo con el mito de “se robaron todo”. Para tapar el escándalo de sus campañas, señalan con millones de dedos las campañas ajenas. En esta ensalada discursiva, coimas y aportes significan lo mismo, un extorsionado se puede convertir en un ‘arrepentido’, un empresario ligado a Macri será quien revele delitos inexistentes y unos cuadernos que ya no están serán la prueba irrefutable para desterrar al “populismo” para siempre.
Una operación política-periodística-judicial tan fácil que se puede desmontar con media falange de frente. Sin embargo, algunos caen tanto que ya están diseñando un monumento a los cuadernos Gloria. Tanto que ni piensan que, de estar los cuadernos, establecer antigüedad y caligrafía, no serían prueba de nada. Hasta la lectura de la fotocopia aporta nulos elementos probatorios, porque los hechos, además de indemostrables, también son inverosímiles. Todo lo que haga de Cristina un monstruo será bien recibido por el público cautivo, por más pueril, incoherente o desmesurado que sea. Y claro, Macri sigue siendo el favorito de su núcleo duro. Ni las evidencias de su oscuridad opacan su aura para los que lo idolatran. Ni su pasado estafador o contrabandista ni su presente de facilitador de negocios para él como para sus amigotes. Aunque aparezcan pruebas fehacientes de lavado de dinero en las campañas, seguirán creyendo que lo otro fue peor. Aunque los tarifazos quiten el sueño y el paseo por las góndolas se torne un tren fantasma, mantendrán su inexplicable adhesión. Los que se emocionaban con la promesa de Pobreza Cero, hoy aplauden recortes hasta en la distribución de leche.
Habrá que ver qué pasa cuando la guadaña cercene un poco más su bienestar y el ajuste los despierte del sueño de estar entre los privilegiados. Egoístas que sólo miran la realidad a través de su ombligo y jamás se esfuerzan por expandir su mirada. Así seguirán abrazando el circo hasta que se queden sin pan. Entonces, como en 2001, se acordarán de buscar nuestro abrazo. Y lo encontrarán y es de esperar que para siempre: la única manera de construir un país para todos.

jueves, 2 de agosto de 2018

La tormenta del Gran Equipo


Día a día, cambian el diagnóstico. De las turbulencias de mayo pasamos a la tormenta y de ésta, al tormentón. De una previsión del 10 por ciento de inflación a fines del año pasado, pasaron al 15 y ahora, el empresidente Macri habla de un 30. De la Revolución de la Alegría que pocos disfrutan a la Revolución del Trabajo a la que muchos temen. Del Mejor Equipo de los Últimos 50 años a “la gente tiene que caminar” para conseguir mejores precios. De “no vas a perder nada de lo que tenés” a cada vez dejarnos con menos. El deterioro es cada vez más notorio y tiene como principal relator al postulante que aseguraba “bajar la inflación en dos minutos” porque lo contrario “es una muestra de la incapacidad para gobernar”. A pocos meses de terminar el tercer año de gobierno amarillo, las expectativas están en extinción y lo único que esperanza es que esta pesadilla termine cuanto antes.
Porque es eso lo que estamos viviendo: una pesadilla con todas las letras. Nada bueno para destacar, por más que los apologistas del Cambio dibujen los mejores elogios. Como no pueden ser tan creativos, incrustan violentos en la presentación del documental “El camino de Santiago” y convierten en causa judicial los delirios escritos por un chofer en unos extemporáneos cuadernos escolares. Los expertos del establishment no son más que saqueadores descontrolados que se empecinan en destruir la vida de los que viven fuera de la burbuja.
El balbuceante Mauricio ya no sabe cómo encuadrar los estragos en los lineamientos de un inexistente plan de gobierno. Después de evocar a Lita de Lázzari con su consejo, reconoció que habían subestimado el impacto de los tarifazos en el incremento de la inflación. Hasta un equipo de reserva intuye esto mientras calienta el café del desayuno, ¿y al Gran Equipo se le pasó por alto? Ya lo había dicho Prat Gay a poco de asumir como ministro respecto al dólar: si baja hasta diez es porque hicimos las cosas bien pero si sube a los 17 es porque hicimos las cosas mal.
Ellos toman la dirección que todos advierten equivocada y, cuando se estampan con la realidad, admiten el error como si nada y siguen pontificando sobre cómo hacer las cosas bien. Ellos siguen afirmando que “no son lo mismo”, pero día a día demuestran que son de lo peor. Y encima, ante los escándalos del financiamiento de las campañas del Cambio, lo único que recitan es que es una denuncia periodística y que hay que respetar lo que diga la Justicia. Justo ellos, que se trepaban a cualquier historieta mediática para horadar la imagen de Cristina y presionaban a los jueces para que inventen procesamientos que faciliten el cada vez más espurio triunfo. Justo ellos, que con los medios dominantes, convirtieron los chismes de un espía en una acusación de traición a la Patria y el suicidio de un fiscal acorralado, en un crimen de Estado. Justo ellos pontifican sobre honestidad, transparencia y republicanismo, que contrataron a la empresa Cambridge Analytica para que haga campaña sucia contra el kirchnerismo en las redes sociales. Ellos que siempre acusan de mafiosos, coimeros, corruptos, ineficaces y violentos a los que se oponen en serio, nos brindan el ejemplo en directo cada vez que salen a exhibir sus desmanes como logros a futuro.
Bilingüismo en Globolandia
Los tropiezos de este modelo no dan lugar a dudas: el Cambio es un retroceso, por más que le pongan maquillaje siglo XXI. Las conciencias aleladas por las zonceras hegemónicas ponen su paciencia a disposición de este certero rumbo a la catástrofe. Porque lo escuchan en la tele, toman como propias las excusas del establishment para el descalabro que se ejecuta sobre el presupuesto hogareño. Porque los convencieron de que las tarifas estaban bajas, hacen suyos los argumentos para el saqueo que esgrimen los empresarios eléctricos. Si el Gerente de la Rosada SA dice que tuvieron “que subir las tarifas un 1000 por ciento”, habrá que tomarlo como un mandato divino, aunque provoque inflación y haya que renunciar a otros consumos para pagar las facturas.
En realidad, hay que tomar todo lo que dicen –hasta las tonterías más humillantes- como palabra sagrada si se quiere bailar al ritmo del sisepuedismo. Si afirman que quieren educación de calidad habrá que creer que así lo quieren, aunque el presupuesto sea cada vez más bajo, no se haya construido ningún establecimiento nuevo ni mantengan los que están o ignoren el mandato de la ley para discutir paritarias acordes con la escalada inflacionaria. Si echan empleados públicos porque quieren bajar el déficit, habrá que aplaudirlos, aunque ellos hayan incrementado la planta con la creación de nuevos ministerios, secretarías y subsecretarías. Si ellos dicen que son honestos y transparentes, habrá que aceptar que los 269 funcionarios que ocupan 890 cargos en empresas privadas no generan conflictos de intereses, la forma elegante de la corrupción en las élites.
Con sus explicaciones, bajan cada vez más el nivel intelectual de sus seguidores; los obligan a quedar como tontos en los encuentros cotidianos, como odiadores sin límites, como esperanzados sin causa. Y tan contradictorios, que ignoran las evidencias de la corrupción M mientras se abrazan a las inexistentes pruebas de la corrupción K. Si aparecen cuentas off shore, evocan las bóvedas que nunca encontraron, tan invisibles como el crecimiento amarillo o piensan que el latrocinio populista es tan bestial que se traslada en bolsos, desdeñando los novedosos métodos posmodernos, tan comunes hoy en Balcarce 50. Si se difunden los detalles del financiamiento turbio de la campaña de los PRO, vociferan que los otros hicieron lo mismo, aunque sea en las elecciones de la sociedad de fomento de un pueblo de 300 habitantes.
Estos son los aspectos más entretenidos de la agobiante vida en Globolandia: ver como el otro es capaz de recitar las boberías más rústicas y de disimular las incomodidades que acarrea tanto servilismo mal retribuido. Lo otro es más doloroso, porque detrás de las falacias, patrañas y argucias se esconden los peores resultados del experimento cruel que estamos padeciendo. Detrás de las inhumanas medidas que se justifican en un intercambio cotidiano, hay penurias de carne y hueso, imposibilidades que antes estaban lejanas y hoy resoplan en el umbral, sueños que ni siquiera pueden soñarse, un horizonte que se avizora temible y una sobredosis de cinismo que violentaría hasta a una piedra.
Mientras tanto, las tropelías del Gran Equipo se siguen desplegando como si no afectara la caída de la imagen de Macri y sus principales alfiles, como si no llamara a prudencia el fracaso rotundo que ya se vislumbra, como si no advirtieran el arrepentimiento de unos y el llanto de millones, al margen de la alegría que Ellos prometieron. Como si no olfatearan que están perdiendo la legitimidad que conquistaron con engaños ni que la disconformidad es el primer paso de la disolución. Como si no tuvieran en cuenta que el daño que están haciendo será recordado por siempre.

El disfraz insuficiente

Quizás sean relajantes los rodillos limpia trenes e inviten a poner la espalda para comprobarlo. Tal vez sea tentadora la travesura y pued...