jueves, 2 de agosto de 2018

La tormenta del Gran Equipo


Día a día, cambian el diagnóstico. De las turbulencias de mayo pasamos a la tormenta y de ésta, al tormentón. De una previsión del 10 por ciento de inflación a fines del año pasado, pasaron al 15 y ahora, el empresidente Macri habla de un 30. De la Revolución de la Alegría que pocos disfrutan a la Revolución del Trabajo a la que muchos temen. Del Mejor Equipo de los Últimos 50 años a “la gente tiene que caminar” para conseguir mejores precios. De “no vas a perder nada de lo que tenés” a cada vez dejarnos con menos. El deterioro es cada vez más notorio y tiene como principal relator al postulante que aseguraba “bajar la inflación en dos minutos” porque lo contrario “es una muestra de la incapacidad para gobernar”. A pocos meses de terminar el tercer año de gobierno amarillo, las expectativas están en extinción y lo único que esperanza es que esta pesadilla termine cuanto antes.
Porque es eso lo que estamos viviendo: una pesadilla con todas las letras. Nada bueno para destacar, por más que los apologistas del Cambio dibujen los mejores elogios. Como no pueden ser tan creativos, incrustan violentos en la presentación del documental “El camino de Santiago” y convierten en causa judicial los delirios escritos por un chofer en unos extemporáneos cuadernos escolares. Los expertos del establishment no son más que saqueadores descontrolados que se empecinan en destruir la vida de los que viven fuera de la burbuja.
El balbuceante Mauricio ya no sabe cómo encuadrar los estragos en los lineamientos de un inexistente plan de gobierno. Después de evocar a Lita de Lázzari con su consejo, reconoció que habían subestimado el impacto de los tarifazos en el incremento de la inflación. Hasta un equipo de reserva intuye esto mientras calienta el café del desayuno, ¿y al Gran Equipo se le pasó por alto? Ya lo había dicho Prat Gay a poco de asumir como ministro respecto al dólar: si baja hasta diez es porque hicimos las cosas bien pero si sube a los 17 es porque hicimos las cosas mal.
Ellos toman la dirección que todos advierten equivocada y, cuando se estampan con la realidad, admiten el error como si nada y siguen pontificando sobre cómo hacer las cosas bien. Ellos siguen afirmando que “no son lo mismo”, pero día a día demuestran que son de lo peor. Y encima, ante los escándalos del financiamiento de las campañas del Cambio, lo único que recitan es que es una denuncia periodística y que hay que respetar lo que diga la Justicia. Justo ellos, que se trepaban a cualquier historieta mediática para horadar la imagen de Cristina y presionaban a los jueces para que inventen procesamientos que faciliten el cada vez más espurio triunfo. Justo ellos, que con los medios dominantes, convirtieron los chismes de un espía en una acusación de traición a la Patria y el suicidio de un fiscal acorralado, en un crimen de Estado. Justo ellos pontifican sobre honestidad, transparencia y republicanismo, que contrataron a la empresa Cambridge Analytica para que haga campaña sucia contra el kirchnerismo en las redes sociales. Ellos que siempre acusan de mafiosos, coimeros, corruptos, ineficaces y violentos a los que se oponen en serio, nos brindan el ejemplo en directo cada vez que salen a exhibir sus desmanes como logros a futuro.
Bilingüismo en Globolandia
Los tropiezos de este modelo no dan lugar a dudas: el Cambio es un retroceso, por más que le pongan maquillaje siglo XXI. Las conciencias aleladas por las zonceras hegemónicas ponen su paciencia a disposición de este certero rumbo a la catástrofe. Porque lo escuchan en la tele, toman como propias las excusas del establishment para el descalabro que se ejecuta sobre el presupuesto hogareño. Porque los convencieron de que las tarifas estaban bajas, hacen suyos los argumentos para el saqueo que esgrimen los empresarios eléctricos. Si el Gerente de la Rosada SA dice que tuvieron “que subir las tarifas un 1000 por ciento”, habrá que tomarlo como un mandato divino, aunque provoque inflación y haya que renunciar a otros consumos para pagar las facturas.
En realidad, hay que tomar todo lo que dicen –hasta las tonterías más humillantes- como palabra sagrada si se quiere bailar al ritmo del sisepuedismo. Si afirman que quieren educación de calidad habrá que creer que así lo quieren, aunque el presupuesto sea cada vez más bajo, no se haya construido ningún establecimiento nuevo ni mantengan los que están o ignoren el mandato de la ley para discutir paritarias acordes con la escalada inflacionaria. Si echan empleados públicos porque quieren bajar el déficit, habrá que aplaudirlos, aunque ellos hayan incrementado la planta con la creación de nuevos ministerios, secretarías y subsecretarías. Si ellos dicen que son honestos y transparentes, habrá que aceptar que los 269 funcionarios que ocupan 890 cargos en empresas privadas no generan conflictos de intereses, la forma elegante de la corrupción en las élites.
Con sus explicaciones, bajan cada vez más el nivel intelectual de sus seguidores; los obligan a quedar como tontos en los encuentros cotidianos, como odiadores sin límites, como esperanzados sin causa. Y tan contradictorios, que ignoran las evidencias de la corrupción M mientras se abrazan a las inexistentes pruebas de la corrupción K. Si aparecen cuentas off shore, evocan las bóvedas que nunca encontraron, tan invisibles como el crecimiento amarillo o piensan que el latrocinio populista es tan bestial que se traslada en bolsos, desdeñando los novedosos métodos posmodernos, tan comunes hoy en Balcarce 50. Si se difunden los detalles del financiamiento turbio de la campaña de los PRO, vociferan que los otros hicieron lo mismo, aunque sea en las elecciones de la sociedad de fomento de un pueblo de 300 habitantes.
Estos son los aspectos más entretenidos de la agobiante vida en Globolandia: ver como el otro es capaz de recitar las boberías más rústicas y de disimular las incomodidades que acarrea tanto servilismo mal retribuido. Lo otro es más doloroso, porque detrás de las falacias, patrañas y argucias se esconden los peores resultados del experimento cruel que estamos padeciendo. Detrás de las inhumanas medidas que se justifican en un intercambio cotidiano, hay penurias de carne y hueso, imposibilidades que antes estaban lejanas y hoy resoplan en el umbral, sueños que ni siquiera pueden soñarse, un horizonte que se avizora temible y una sobredosis de cinismo que violentaría hasta a una piedra.
Mientras tanto, las tropelías del Gran Equipo se siguen desplegando como si no afectara la caída de la imagen de Macri y sus principales alfiles, como si no llamara a prudencia el fracaso rotundo que ya se vislumbra, como si no advirtieran el arrepentimiento de unos y el llanto de millones, al margen de la alegría que Ellos prometieron. Como si no olfatearan que están perdiendo la legitimidad que conquistaron con engaños ni que la disconformidad es el primer paso de la disolución. Como si no tuvieran en cuenta que el daño que están haciendo será recordado por siempre.

1 comentario:

  1. No sé, Gustavo, está poniendo a sus lectores en una disyuntiva pesada - y algo cruel también - al hacer esa equivalencia entre el virrey caminador y esa señora Lita; mire, esa señora no me caía muy simpática pero, pobrecita, llevarla a esos sótanos de impostura, es mucho.
    A estas alturas ya no sé si a los seguidores de la porquería amarilla los toman por tontos o efectivamente lo son, hace poco tuve que ver un poco de TN, de la cadena nacional de los cuadernos prófugos y., ¿qué quiere que le diga?, mirando ese panel y los televidentes..... la imagen es espantosa, en la adultez pareciera que casi todos somos "Alonso" (sí, el de "cuanto más grande, más zonzo"), por ahí dicen que el gurú ecuatoriano, arma sus chamuyos para "simios racionales" de 9 años de edad mental.... y no, una exageración, los críos de esa edad son muuuuucho más rápidos, a los simios ésos no les doy más de 4 y con síndrome de abstinencia de bananas..... y hoy estoy generoso.

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