jueves, 9 de agosto de 2018

Los malos ganadores


Quienes saben de antemano el resultado, siempre rezan “lo importante es competir”. Los que se creen triunfadores agregan un tono burlón, canchero. El empresidente Macri siempre redobla la apuesta porque todas las cartas parecen estar en sus manos, además de tener de su lado a árbitros y relatores. Por eso dice lo que dice con tanta soltura, sin rubor, tanto ante las cámaras como en un tuit, a sabiendas de que sus zonceras serán convertidas en genialidades y su oscuridad, en luz. En medio del debate por la despenalización del aborto, difundió un anodino “no importa cuál sea el resultado, hoy ganará la democracia”. Como si con eso se saldara la deuda de tantas muertes en clínicas clandestinas, de tantos dramas provocados por la sinrazón de las creencias convertida en ley. Como si fuera fácil creer que al Ingeniero le importa la democracia, la Constitución, las leyes, el país y todos nosotros.
Una democracia viciada por represión, rapiña, engaño, venganza, entrega y muchas delicias más del catálogo neoliberal. Un plan para desigualar, precarizar y subdesarrollar. Un mar de promesas que se estampa contra el acantilado de los intereses corporativos ligados a los negocios presidenciales. Una pluralidad de voces que confluye en un discurso hegemónico embrutecedor, en un simulacro de libertad de expresión para que el público someta su pensar a la voluntad de los succionadores. Y como moño del paquete democrático que tanto encanta al Gerente, jueces y fiscales acólitos al Poder Económico, dispuestos a convertir las fantasías más descabelladas en procesos judiciales para alimentar las pullas de los odiadores.
Después del resultado negativo del debate en el Senado uno advierte la jugada del oficialismo con la despenalización del aborto: habilitar algo a lo que su fuerza política se opone para simular apertura y después asegurar el rechazo con presiones en estéreo, desde la crudeza de la billetera a las provincias y el látigo de las convicciones religiosas a los legisladores. La figura de las dos vidas sirve como excusa para continuar con la clandestinidad, pero se archiva a la hora de preservar la vida de los desplazados por este modelo de despojo.
La hipocresía que nos gobierna desde diciembre de 2015, capaz de pontificar sobre honestidad y transparencia con una mochila de corrupción pasada y presente sobre la espalda, que deplora la impunidad ajena pero hace lo imposible para obtener la propia, que finge preocupación por el bienestar de la mayoría pero toma decisiones para restringirlo cada vez más.
Egoísmo en el poder
En más de dos años y medio –como ya todos sabemos- el régimen de Macri ha malogrado todo en beneficio de un puñado. La Pobreza Cero subió al 33 por ciento y el país del desarrollo tiene un 40 por ciento de la capacidad industrial ociosa. Del “no vas a perder nada de lo que tenés” a serruchar las asignaciones familiares; de “cuidar a nuestros abuelos” a una pérdida del poder adquisitivo del 10 por ciento en las jubilaciones y pensiones; del país desendeudado y soberano a una colonia regenteada por el FMI; del cepo al dólar al descontrol de la fuga, que ya acumula 88 mil millones de dólares.
A pesar de tanto desastre, el Gran Equipo sigue reivindicando el Cambio, aunque despierte muy pocos aplausos. Los vítores sólo aparecen en la tribuna de los colonizados, cuando los serviles magistrados descargan latigazos con forma de procesamientos sobre los que osaron desafiar al establishment. La condena al ex vicepresidente Amado Boudou por la causa Ciccone es un ejemplo de eso. Aunque se demostró que la imprenta y la compradora The Old Found no son del ex funcionario, que no conoce a Alejandro Vanderbroele, que fue Raúl Britos el que puso el dinero y que la indemnización por la nacionalización fue reclamada por Raúl Moneta, Boudou fue sentenciado a prisión. Un claro caso de arbitrariedad judicial que más parece la venganza de Clarín, que aspiraba a comprar Ciccone Calcográfica para tener también el control sobre nuestros billetes.
Todo forma parte del circo que este infausto sistema dominante despliega para entretener a su cada vez más menguante núcleo duro; para que los distraídos con énfasis sigan pensando que la culpa de lo que hoy padecemos la tienen los K; para que nunca más un gobierno popular –el despreciable populismo- vuelva a acercarse a la Rosada para mejorar la vida de la mayoría a fuerza de limar los privilegios de la minoría. Y la desesperación por demostrar que son mejores a pesar de los indiscutibles fracasos y las evidentes trapisondas los lleva a someter a sus víctimas a los peores escarnios, como en el caso de Milagro Sala, a la que siguen torturando con caprichosas decisiones judiciales.
Por eso el embaucador Mauricio deja aflorar cada vez más su cinismo, para convencer que el camino es el de la desigualdad, el sometimiento y el autoritarismo. Como si fuera un sabio, consideró que el debate por la despenalización del aborto “nos obliga como individuos a comprometernos a aceptar que hay otros que piensan distinto”. Todo un aprendizaje para un egoísta como él, aunque los individuos jamás se comprometen a nada. Y, como un auténtico predicador de tonterías, explicó que “si aceptamos vivir entre los vaivenes de una sociedad que discute con intensidad los cambios que quiere para sí misma, si entendemos que nuestras creencias a veces ganarán y otras perderán, llegaremos a ser algo sin igual: verdaderamente libres y mejores personas”.
Pavadas para poster. Superficialidades con pretensiones de profundidad. Filosofía para sobrecitos de azúcar. Un individuo como el que piensa Macri nunca es sano para la sociedad y jamás será libre ni mejor persona porque vive sometido a su individualismo. Pensar la vida política de un país como si fuera un cotejo deportivo en el que a veces se gana y otras se pierde es la forma más banal de entender el presente. Como queda demostrado con el Cambio, cuando ganan Ellos, todos perdemos casi todo. En cambio, cuando ganamos desde este lado de la Grieta, todos conquistamos derechos y alcanzamos mayor dignidad. Cuando nosotros ganamos, hasta Ellos ganan, pero son tan individuos que se irritan con la felicidad ajena y cuando acceden a gobernar hacen lo imposible para alejarnos de todo disfrute. Una nueva lección para que nunca más la voluntad popular siente en el trono al mejor representante de los intereses más egoístas –y, por tanto, más destructivos- que anidan en una sociedad en construcción.

1 comentario:

  1. A veces, al leer algunos de sus resúmenes sobre la atual pesadilla, la sensación es desoladora y sbruma si pensamos en cómo fue que llegamos a ésto. Hay quienes aún insisten sobre "autocríticas" y "necesidades de 2do. orden que no fueron satisfechas"..... y la verdad, un chamuyo, peor que falso, ridículo.
    Cualquier proceso político tiene fallas, errores, incomprensiones y, obviamente, corrupciones - la cosa no es nueva, viene desde la noche de los tiempos, por ejemplo, podemos pensar en el paralelo entre Nerón y nuestro amado virrey.... el uno incendiando Roma y éste haciendo moco Argentina. Hay intrépidos más intensos que yo que lo comparan con Calígula y, ay!, alguna razón tienen, si el romano nombró senador al caballo, en estos días vimos en acción a una verdadera manada de equinos en pleno galope declaratorio.
    Los que pasamos por acá tenemos posición tomada, no necesitamos aclararle a ña heidi si "somos kirchneristas", está sobreentendido e incluso ni siquiera hace falta, es puro instinto de conservación, sí, somos "conservadores" de un país vivible, habitable y contenedor de las mayorías...... el contraste entre la impostura siniestra del "cambio" y esa memoria histórica, fresquita, de hace un suspiro, explica todo.
    Además de desagradable y grosera, es interesante ver a quienes se quejaban de que "las cadenas nacionales no dejaban ver la novela", hoy son devotos de una novela en cadena nacional, que junto a lo interminable tiene libretistas de cuarta ("actores" como oyarbide, mamita!!!!), ni drama ni comedia, pura tontería de mala fe, amañada y sin "gloria".
    Supongo que es cuestión de puntos de vista, pero a mí me cuesta pensar en algo distinto a la imbecilidad que justifique haber optado por esta porquería; siendo mínimamente serios, ninguna carencia K haría lógico optar por un parásito corrupto conocido y pretender "no perder nada"..... pero acá estamos, metidos en esta comedia repugnante y sin, todavía, saber cómo, cuándo y en qué derivará.... lindísimo, bah!.

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