jueves, 28 de junio de 2018

Recetas poderosas para frenar la guadaña

“Acá se trabaja”, sentencia Macri, con facha de recién levantado al mediodía, en el video que difundió el lunes del paro general. Por la entonación confusa que ya conocemos, no se sabe si es una simple descripción o una orden. El uso del impersonal genera la duda de por qué no incluyó a nadie: es una acción sin sujetos ni objetivos. Quizá por su conocida pulsión vacacional, vio la necesidad de destacar el cumplimiento de su función como un logro, pero de una manera absurda, porque nadie espera que un mandatario se adhiera a un paro en su contra. El breve video está destinado a sus fans, los caceroleros de la primera hora que aplauden el deterioro ajeno sin advertir que el propio está a la vuelta de la esquina. Una provocación para expandir la Grieta y alimentar los prejuicios de los odiadores. Una provocación a la espera de una respuesta: la repulsa o la sumisión.
Como ya se suponía, los amarillos salieron en coro a denostar y minimizar la medida de fuerza con pamplinas de catálogo. El más audaz fue el ministro Dujovne –que mantiene su fortuna en el extranjero y tributa su mansión como baldío- que fantaseó con que el paro costó unos 30 mil millones de pesos, sin evaluar que la fuga de divisas de mayo es seis veces más que eso. Al menos reconoce que los trabajadores generan riqueza y no son sólo un costo más. Los demás no se esforzaron tanto y sus dichos recayeron en que “un paro no cambia nada” y que “hay que dialogar”. El empresidente Macri, como siempre, tuvo que mentir para articular su argumentación. Desde Tandil, su ciudad natal y Capital Nacional del Salame, el Ingeniero declaró, sin pudor: “yo no creo que haya habido un Gobierno en décadas con tanta preocupación por el empleo, por el trabajador, por generar nuevas oportunidades, por fortalecer los empleos que tenemos y crear nuevos”.
Al menos, confesó que es lo que cree y no lo que es. Mientras la Selección perdía ante Croacia, el INDEC dio a conocer que la cifra de desempleo en el primer trimestre del año supera el nueve por ciento. Y debe ser más, porque la industria perdió más de 2200 puestos por mes desde el inicio de este engendro. Y el Estado agrega lo suyo con el desmantelamiento de áreas de investigación y control o las feroces guadañas que sacude en los medios públicos. En medio de las expectativas por el partido entre Argentina y Nigeria, 354 profesionales de Télam fueron despedidos porque “no respondían al perfil”, de acuerdo al comunicado de la agencia estatal de noticias. Muchos de ellos, trabajan allí desde hace décadas. Sin embargo, el plan “Télam tiene futuro” no se fija en nimiedades. Ni en incongruencias, pues el titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos festejó con una frase que suena a burla: hoy ganó el periodismo y ganaron los ciudadanos. Hoy ganó el futuro de la Agencia Télam”. Sin dudas, los PRO, además de cínicos, son perversos: destruyen y dicen que construyen, despiden y dicen que cuidan el empleo, aumentan y dicen que velan por nuestros ingresos, devalúan y dicen que valoran nuestra moneda, nos endeudan y dicen que hay que vivir con lo nuestro. O no entienden el idioma o nos están tomando el pelo.
La banda gobernante
También durante el partido, el INDEC decidió difundir datos que indican el inicio de la caída en la actividad: abril mostró un retroceso de 0,9 por ciento interanual y del 2,7 respecto al mes anterior; el déficit alcanzó 9623 millones de dólares, el 34,4 por ciento más que el año pasado; la deuda se incrementó el 27,7 por ciento desde 2017 y el 57,5 desde diciembre de 2015: unos 213 millones de dólares por día; y los capitales de argentinos fuera del país superan los 280 mil millones de dólares. Por eso sorprende que Macri asegure que “estamos en una argentina que viene creciendo”.
El país emergente que aplaudieron la semana pasada se está convirtiendo en un país en emergencia. Ni el endiosado Mercado –que siempre gana cifras siderales- confía en el inescrupuloso plan gubernamental. Mimados con casi todas las medidas del Gran Equipo, sus sanguinarios integrantes siguen vaciando el país y exigiendo cada vez más. Los especuladores no son ajenos a la hecatombe a la que nos encaminamos; al contrario, muchos son sus gestores y ocupan sillones en el gabinete. Las celadas financieras no apuntan a alterar la gobernabilidad, sino a atentar contra la dignidad de casi todos.
Mientras el Mercado amenaza con el Riesgo País, la vida de muchos argentinos corre riesgo de vida. Si no es por la depreciación de sus ingresos es por la pérdida del empleo; si no es porque los hospitales públicos no dan abasto con los pacientes que caen de las pre pagas es por el presupuesto hogareño que no alcanza a llenar la mesa en un país que produce alimentos para 400 millones de personas; si no es por la delincuencia creciente -silenciada por los medios cómplices- es por la feroz represión oficial desatada contra los que se resisten al despojo. Al principio de la Revolución de la Alegría, Gerardo Morales hizo de la provincia de Jujuy la capital de la persecución a militantes sociales y de la feudalización de la democracia. Un poco después, la Patagonia empezó a remasterizar la Conquista del Desierto en beneficio de estancieros foráneos, demonizando, reprimiendo y asesinando mapuches. Ahora, el gobernador Mariano Arcioni convirtió a la provincia de Chubut en un ensayo de lo que será el país cuando empiece el ajuste en serio.
Todo lo que hemos padecido desde que el perro Balcarce se sentó en el Sillón de Rivadavia ha sido apenas un tanteo. El Mejor Equipo de los Últimos 50 Años nos está haciendo revivir los peores momentos de nuestra historia. Hasta ellos lo están anunciando: el Cambio recién empieza y no lo disfrutaremos nunca. Esto no es exagerado: La Rosada está invadida por especuladores y avarientos despiadados que nos han endeudado por cien años para su exclusivo beneficio; salvajes y crueles, dispuestos a matar por unas cuantas monedas; hipócritas que prometen mieles pero sólo reparten palos.
Y después vienen a decir que las medidas de fuerza no solucionan nada, cuando ellos apoyaban todos los paros que algunos sindicalistas hacían contra Cristina por motivos más insignificantes que los actuales. Ellos son los que no pueden solucionar nada porque han asumido para generar problemas; para bajar nuestra autoestima con el verso del país pobre. Los Amarillos no están para cumplir con las enternecedoras promesas que a diario realizan, sino para repartir el país entre los miembros de una oligarquía parasitaria que pretende seguir engrosando sus arcas con el trabajo y las penurias del resto. La salida de este túnel no debe tener semejantes acompañantes: salimos solos o nos quedaremos para siempre en este tortuoso laberinto.

lunes, 25 de junio de 2018

Manotazos de ahogadores


La pluma más obsecuente del oficialismo, Joaquín Morales Solá, en su columna del último domingo, destacó que, de acuerdo a una reciente medición de Poliarquía, la imagen positiva del empresidente Macri subió seis puntos en lo que va del mes. Algo funciona mal en esto: el número desentona no sólo con el ánimo que se palpa a diario sino también con los resultados de este desquicio del Cambio. Si la desocupación supera los nueve puntos, la inflación traspasa el dos por ciento y afecta más a los que menos tienen, negocios y PYMES acusan una abrupta caída de la actividad y las tarifas de los servicios públicos atentan contra el confort de los usuarios, ¿qué motivos hay para que la imagen presidencial ascienda de manera favorable? O estamos ante una estafa informativa monstruosa o han duplicado la dosis de alucinógenos que ponen en el agua. Si hasta los funcionarios aseguran que se vienen meses duros, ¿qué motivos puede haber para que la imagen de Macri mejore?
Los resultados de un sondeo de opinión no pueden considerarse en términos de verdad o mentira: los números no tienen validez por sí mismos sino por el método de elaboración. Por eso, para encontrar optimismo habría que indagar sólo entre los beneficiados con el Cambio. ¿Qué parte de La Revolución de la Alegría puede enamorar a un ciudadano de a pie? ¿Acaso puede seducir un mandatario que felicita a su saliente ministro de Energía por haber materializado un tarifazo histórico, y que después, en una entrevista amigable, confiesa que no había considerado su impacto en la inflación? ¿Cómo puede encantar el Ingeniero que afirma que el gradualismo beneficia a los más vulnerables y que después promete el abandono del gradualismo? Al que se entusiasme con la idea de empobrecer a los más pobres habría que inyectarle unas cuantas dosis de sentimientos.
Esa encuesta que cita Joaquín Morales Solá debería ser sometida a un riguroso control de calidad. O habría que sentar en un diván a una parte importante de nuestros conciudadanos, como esa panadera que atiende a sus clientes muy abrigada porque cree que consumiendo menos energía contribuye al futuro del país o ese trabajador dispuesto a renunciar a su aguinaldo para que la economía mejore. ¿Cómo han permitido estos individuos que el discurso hegemónico deteriore tanto su entender? ¿Por qué han dejado que el pensar de la clase dominante haya invadido su espíritu de dominado? ¿Acaso no perciben que mientras el ajuste afecta su dignidad, las fortunas de los privilegiados se multiplican? ¿Qué parte de esta película de desigualación social tan didáctica no quieren comprender? ¿Qué hizo Macri en estos dos años y medio para que las picadas zanahorias que sacude se conviertan en un delicioso plato de optimismo para las narices que las huelen?
La maldad al desnudo
Nada. Al contrario, gobernó para castigar a gran parte de los que votaron por él. Y si, a pesar de eso, los afectados siguen confiando estamos ante una distorsión perceptiva muy seria. Pero antes de considerar los problemas psicológicos de los encuestados, habría que pensar en una operación de prensa para debilitar el paro; que sea un nuevo titular plagado de falacias para desalentar la adhesión a la huelga que se convirtió en contundente o al menos, para profundizar los prejuicios que algunos tienen hacia los huelguistas. Ya salieron los PRO a recitar las tonterías de siempre: “que una protesta no resuelve nada”, “que nuestro país necesita que todos pongamos el hombro”, “que el dinero que se pierde”… Y hasta llegan a decir –con desbordante cinismo- que hay que apostar al diálogo, cuando imponen sus nefastas medidas con el monólogo de los poderosos.
¿Con quién dialogaron antes de decidir la quita de retenciones, la eliminación de subsidios o los recortes en salud y educación? ¿Acaso consultaron con alguien la liquidación de terrenos públicos a sus amigotes o la entrega sin costo de la base aérea de Moreno –de tres millones de metros cuadrados- a la empresa Vía Bariloche? Si hay tanto déficit, ¿por qué regalan tanto lo que es de todos? ¿Alguien puede creer que esto contribuye al ascenso de la imagen positiva de un presidente, por más Macri que sea?
¿Cómo puede subir la imagen positiva de un gobernante que firma un perjudicial acuerdo con el FMI justo el día de la Bandera? Si unas semanas atrás casi todos los sondeos revelaban que más del 70 por ciento de los argentinos rechazaba la vuelta al fondo, ¿por qué afirman que se recuperó la imagen del entregador? Si la fuga de divisas superó en mayo los 6000 millones de dólares, ¿qué de bueno puede aportar este plan? Y menos cuando una investigación publicada por los diarios norteamericanos The Washington Post y The New York Times revela que el ministro de Modernización Andrés Ibarra estuvo mal sobreseído por la compra de maquinaria para el voto electrónico antes del rechazo legislativo a la reforma electoral. Según estos medios, “las máquinas que se utilizarán para votar en los próximos comicios nacionales del Congo fueron creadas para las elecciones argentinas de 2017”. Además, estas “máquinas de votación generan desconfianza pues expertos en sistemas emitieron alertas sobre la transparencia y credibilidad”. Sin dudas, los amarillos querían adulterar las elecciones y sin embargo, nos dicen que subió la imagen positiva.
Y si estas cosas no alteran la mirada positiva hacia esta banda de saqueadores, debería hacerlo la andanada de promesas incumplidas, no sólo las de campaña sino también las que formularon después del bailecito en el Balcón: el shock de confianza, la lluvia de inversiones, el segundo semestre, la luz al final del túnel, lo peor ya pasó. ¿O esperan que Macri diga “qué lindo es dar buenas noticias” para saltar a los botes? ¿Cómo puede mejorar la imagen positiva del empresidente si su flamante ministro de la Producción, Dante Sica advirtió que este segundo semestre va a ser mucho más difícil, como si estuviéramos en una sala de guardia”?
Si la valoración positiva del presidente asciende a pesar de sus propios esfuerzos por boicotearla, estamos frente a encuestados crueles o masoquistas. O, lo que es más seguro, ante una torpe artimaña para seguir engañando a los engañados y recuperar a los que se están desengañando. Por estos manotazos de ahogado, no hay dudas de que están en retirada. Lástima el lamentable estado de vulnerabilidad en que dejan a nuestra economía, dependiente de la ayuda externa para subsidiar las fortunas fugadas que pagaremos entre todos. Un país como el nuestro se levanta en poco tiempo cuando la convicción, el compromiso y la solidaridad vuelvan a iluminar el sentir de gran parte de los argentinos.

jueves, 21 de junio de 2018

Colonizados en la niebla


Como el Autor de Estos Apuntes es considerado un hereje por el Vaticano, empezar con una reflexión del Papa puede hacer temblar los cimientos de las más sólidas catedrales. El riesgo vale la pena. En una homilía en Santa Marta, Francisco advirtió que los medios de comunicación alteran la vida democrática con sus calumnias y “destruyen la libre información”. “Todas las dictaduras han comenzado así –reflexionó el pontífice- adulterando la comunicación, poniendo la información en manos de una persona sin escrúpulos, de un gobierno sin escrúpulos”. Si esto puede ser interpretado como una síntesis del accionar del Grupo Clarín en nuestro país, con lo que agregó, no quedarán dudas: “existe una ley de medios de comunicación, se cancela esa ley; se entrega todo el aparato comunicativo a una empresa que calumnia, que dice falsedades y debilita la vida democrática”. Macri llegó a presidente gracias a las falacias vomitadas por los medios del monopolio y sus satélites que, con oscuros nubarrones, enturbiaron el prejuicioso entender del público cautivo. Y si continúa en ese inmerecido cargo es porque la turbación todavía mantiene su efecto tóxico.
Los votantes que querían ver la telenovela sin las interrupciones de las cadenas de Cristina, hoy miran en continuado y HD un blindaje comunicacional sin precedentes. Los que se indignaban con una bóveda de cartón prensado en un programa dominguero hoy ni se alteran por las bóvedas off shore que proliferan en La Rosada SA. Los que se ilusionaron con las promesas de desarrollo y Pobreza Cero no advierten que por este camino estamos cada vez más lejos de cualquier meta beneficiosa. Ninguno de los prejuicios que los llevó a votar por el Cambio se ha confirmado en la Justicia, aunque de vez en cuando algún titular amañado recuerde que “los k se llevaron todo” o patrañas por el estilo. Ni se enteran de que el recién estrenado ministro de Energía, Javier Iguacel, además de figurar en los Paradise Papers con una empresa fantasma, testimonió en contra de Cristina, Lázaro Báez y demás ex funcionarios, a pesar de que los informes de Vialidad Nacional no señalaban ninguna irregularidad en la obra pública de Santa Cruz.
Tan adormecido está el entendimiento del público cautivo que el descubrimiento del blanqueo a través de aportantes truchos a la campaña legislativa no provoca ni un pestañeo. Si al anterior gobierno le hubieran descubierto la maniobra de lavar dinero con contribuyentes de montos mínimos que figuraban como beneficiarios de planes sociales ya estarían sacudiendo las cacerolas. Si el gobierno anterior hubiera provocado una devaluación que lleve al dólar a más de 28 pesos –casi el triple que como los M lo recibieron- esos tele-ciudadanos ya estarían construyendo un patíbulo para todos los K. Nada de esto ocurre con las tropelías del Gran Equipo porque el Monstruo comunicacional sabe cómo manipular el ánimo de sus colonizados.
Disipar los nubarrones
Tan despistados están los clarinadictos que son capaces de creer que la seguridad del empresidente Macri no estaba garantizada en Rosario. Si los rosarinos se quedaron sin visita nacional no fue porque el Monumento a la Bandera estaba cercado por hordas de terroristas despiadados, sino porque las vallas no iban a poder contener el descontento de muchos sectores damnificados por el paso de La Revolución de la Alegría. No es para menos: desde diciembre de 2015 la industria ha perdido más de 2000 puestos de trabajo por mes debido a la avalancha de importaciones, la caída del consumo y el incremento de los costos; la inflación que Macri prometía bajar en dos minutos no para de crecer y afecta a los que menos tienen, con un 4,8 por ciento para la canasta de indigencia y un 3,2 para la canasta básica de pobreza, muy por encima del 2,1 general del INDEC; el bestial incremento de las tarifas de los servicios públicos aleja nuestros hogares de la más elemental idea del confort; los locales vacíos brotan como hongos en la línea de edificación. A pesar de haber ocasionado todo esto y mucho más con sus medidas, el Ingeniero no está dispuesto a escuchar los reproches que, merecidamente, hubiera recibido desde las calles.
Ni tan efectivos ni tan honestos. A las trapisondas cotidianas de muchos de los funcionarios, se agrega el intendente narco Sergio Varisco, que no sólo recibió dinero sucio para su campaña sino también comercializaba insumos ilícitos desde las dependencias de la municipalidad de Paraná. Tanto hacer actos para amenazar a los popes del narcotráfico y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich no advirtió que algunos están entre las filas del Cambio. Tanto se muestran preocupados por el tema que ahora quieren sacar las milicias de los cuarteles para combatir cualquier cosa que se venga. Sin dudas, empezarán a presentar como terroristas, narcos o subversivos a los que obstaculicen los planes de apropiación de lo público que los amarillos están ejecutando. Este régimen de despojo necesita el terror para llevarnos a la Argentina del Centenario, donde un puñado de turros vivía con holgura gracias al trabajo esclavo del resto.
Quizá por miedo los integrantes de la oposición descafeinada muestran los colmillos ante las cámaras pero se esconden con el rabo entre las patas cuando les toca defender los intereses de todos. Aunque escucharon la voz de sus representados a la hora de retrotraer las tarifas y desafiar el enojo de Carrió con la despenalización del aborto, ante el acuerdo con el FMI se alinean con la voz embaucadora del oficialismo. Sin pudor, sostienen que el presupuesto 2018 lo incluía aunque saben que no es así. De cualquier modo, ese presupuesto ya fue alterado a las pocas horas de aprobarse, cuando patearon las metas de inflación del 10 al 15 por ciento, de crecimiento del 3,9 al 2,5 y del dólar de 19 a más de 28 pesos. Si se respeta, que se respete todo. Y de eso deben encargarse los que votaron el presupuesto en el Congreso.
¿Tanto temen que los tilden de irracionales? ¿O piensan seguir actuando como copilotos de esta calesita chocadora? Que no olviden que fueron votados para ser oposición y no voceros de este oficialismo destructivo. Tanta preocupación por los jubilados pero no dicen ni una palabra sobre el vaciamiento de la ANSES y la amenaza de liquidar el Fondo de Garantía de Sustentabilidad. ¿No advierten que son cómplices de este camino al colapso y que serán incluidos en el “que se vayan todos” que se viene? Tanto condenar la corrupción ficticia y actúan como aliados de estos corruptos reales. ¿O prefieren permanecer en la zona de confort mediática para no perder pantalla?
“Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”. Ya no es momento de diálogo ni de garantizar una gobernabilidad para la entrega. No es tiempo para dudas: si a Macri le sigue yendo bien, al país le irá muy mal. El optimismo no tiene lugar aunque camuflen de buenos los pésimos pasos que los gerentes están dando. Hay que poner muchos palos en la rueda para detener este saqueo. Despertar a los hipnotizados es una tarea dura, pero necesaria para salir de este entuerto en el que la nociva hegemonía discursiva nos ha metido.

lunes, 18 de junio de 2018

De la desconfianza al rechazo


En sintonía con el Mundial, los cambios en el Cambio pueden inspirar metáforas futboleras que pretenden ilustrar el entendimiento, pero al final, lo confunden. Un equipo de fútbol, por más selección que sea, no modifica la vida de un país. Apenas la altera por unas horas, pero no más que eso. Un equipo de gobierno, sí; más aún cuando ha sido presentado como el mejor de los últimos 50 años. Tan bueno que ha generado una situación crítica de la que no se sale trocando figuritas. Tan eficiente que sólo ha convertido goles en contra de la mayoría. Tan selecto que ha trastocado todas las variables. Tan veraz que no cesa de mentir. Con jugadores tan confiables que se la pasan suplicando confianza. Embusteros que exigen a los demás sacrificios que jamás harían. Hipócritas que pontifican sobre una honestidad que nunca han tenido. El maquillaje al que apela el artífice de este caos resulta sospechoso: anunciar la salida de funcionarios sostenidos durante más de dos años la noche del sábado en que debutó la Selección es un indicio de desesperación y una muestra más del engaño que comenzó antes de diciembre de 2015. El pantano al que nos acercamos es el desagüe del túnel propuesto para alejarnos de una Pesada Herencia que no existía.
Después del burlón bailecito en el balcón de la Casa de Gobierno, Macri expresó su optimismo por el futuro económico del país gracias al shock de confianza que generarían sus políticas. La lluvia de inversiones produciría desarrollo y convertiría al peso en una moneda fuerte ante el dólar. El fin del aislamiento implicaría múltiples beneficios para nuestro país. Que seríamos el supermercado del mundo con el crecimiento de las economías regionales. Que en dos minutos solucionaría el problema de la inflación, a la que catalogó como una muestra de la incapacidad para gobernar. Todo esto dijo y mucho más para ilusionar a sus votantes, conquistar a los dudosos y conseguir el apoyo de tibios opositores. Nada de eso pasó. La confianza inicial fue excesiva, además de improductiva y ahora el Gerente exige una fe ciega para seguir por este tortuoso sendero.
Camino que, como auguran casi todos, no nos llevará a ningún futuro venturoso. Con la desmemoria como inspiración, el empresidente y sus secuaces presentan el acuerdo con el FMI como lo mejor que podría pasarnos. Sin embargo, los términos de la Carta de Intención y el Memorándum de Políticas Económicas y Financieras indican algo diferente. Con la expresión de feliz cumpleaños que suelen vestir, los amarillos aseguran que el organismo multilateral no impondrá condiciones y que el plan económico estará definido por el gobierno. Pero el documento expresa todo lo contrario: no sólo degradará la autonomía de la actual gestión, sino de las que la sucedan.
Un poco de desprecio, también
El FMI no es una sociedad de beneficencia conformada por nobles y generosos multimillonarios que ponen sus fortunas al servicio de los países necesitados. Como ya hemos experimentado, es una banda de especuladores en busca de fáciles ganancias con la complicidad de cipayos con disfraz de Presidente. Si apuestan sus fichas es para ganar la partida. Si deciden jugar es porque imponen las reglas y el mazo con los naipes marcados. Y, por las dudas, varios ases en la manga. Los que pierden son los que ni se acercan al casino, que deben sacrificar derechos para saldar cuentas ajenas.
Con la excusa de bajar el déficit fiscal, los gerentes del Estado recortan las partidas destinadas a la distribución en lugar de incrementar los tributos de los que más tienen. Si hay déficit es por la renuncia a recaudar y por los estragos producidos por ajustes y tarifazos. Si la cotización del dólar desafía las previsiones es porque las medidas del Gran Equipo alientan la acumulación y la fuga. Si la inflación es como una bola de nieve es porque La Revolución de la Alegría construyó el escenario ideal para aplicar una economía de shock, que no es lo que hemos vivido hasta ahora, sino algo peor. El ajuste fiscal de 500 mil millones de pesos en obra pública, transferencia a las provincias, empleo público, subsidios a los servicios y seguridad social significará menos dinero en el mercado interno y más pobreza en la mayoría. Entre las exigencias del FMI está la liquidación del FGS de la ANSES y la privatización de empresas públicas. Y todo para no molestar a los agrogarcas y especuladores financieros que pueden acumular y fugar sin tributar un centavo. Todo para seguir alimentando el juego del dólar.
Macri cambia a los funcionarios sin modificar un milímetro sus planes para profundizar la desigualdad. Si saca a Sturzenegger para meter a Caputo no es porque quiera conquistar nuestra confianza. Que el Banco Central esté en manos de un especulador como El Toto es como poner a un oso al cuidado de un barril de miel. Que desplace a Aranguren no significará que las tarifas de los servicios públicos dejarán de succionar nuestras billeteras. Que saque a Pancho Cabrera del Ministerio de Producción no indica el inicio de una era industrialista. La confianza que busca es la del Mercado, ese eufemismo que camufla a las mil familias que se enriquecen con lo que producimos entre todos. La confianza de los que no forman parte de esa élite está fuera de lugar, porque nada de lo realizado por El Ingeniero los tiene como beneficiarios. Más bien como víctimas de los innecesarios ajustes.
Quizá por eso la desconfianza se palpa en el rostro de los transeúntes y el optimismo no colorea las miradas. Hasta los apologistas mediáticos esbozan un tímido desánimo en sus editoriales. Hasta los más consustanciados con el ideario de la derecha gobernante pintan un futuro más turbulento que el actual. Por eso la ministra de Seguridad Patricia Bullrich patotea a los sindicalistas y amenaza a los disconformes. Sólo con la prepotencia intentan sofrenar las demandas de los que no pueden sacrificar nada más que su vida.
La multitud que pobló los alrededores del Congreso durante el tratamiento de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo demuestra que no existe destino inevitable. Si el día anterior parecía triunfar el rechazo entre los Diputados, la presencia de miles de manifestantes festivos torció el resultado hacia el lado de la conquista de derechos. Y más contundente deberá ser para convencer a los Senadores.
De ahora en más, las calles tienen la palabra. No sólo con la despenalización del aborto sino con todo lo que se viene. Ahora podemos empezar a escribir nuestro futuro, rechazando el acuerdo con el FMI y toda la deuda tomada para activar la bicicleta financiera, la flexibilización laboral que tienen bajo el sobaco, la entrega del patrimonio y los recursos naturales, la represión al pueblo mapuche para los estancieros foráneos y vernáculos, la sumisión a los intereses del Imperio y todo lo que planean hacer con nuestro país. Nada bueno podemos esperar de estos sátrapas. Desconfianza es lo que inspiran y desprecio es lo que merecen. Cuanto antes, mejor. 

jueves, 14 de junio de 2018

El iceberg es el Cambio


La paciencia parece estar agotándose. La hipnosis deja de surtir efecto. El maquillaje se descascara. De a poco, los ánimos comienzan a agitarse. El deterioro se expande para hacer agobiante la vida de los mansos. Las excusas hacen aguas y los buenos pronósticos quedan desubicados. Las metas del Gran Equipo ya no se modifican, sino que desaparecen de la noche a la mañana sin dejar un mísero rastro. Los números están desquiciados y las recetas no terminan en tentadores platos. Los apologistas mediáticos no saben cómo tapar las fisuras del blindaje que hasta hace poco resultaba efectivo. El episodio de los Bolsos de López parece una travesura adolescente ante las incontables trapisondas amarillas. Ni la enésima muerte de Nisman alcanza para camuflar el precipicio al que se aproxima la Argentina del Cambio.
En un intento de iluminar, el ex presidente del Banco Nación, Carlos Melconián esbozó una metáfora ante el selecto auditorio del Rotary Club. “Veo venir al FMI de siempre –explicó- Creo que se terminan las políticas pseudopopulistas. A partir de ahora, pechuguita con puré de calabaza”. Claro, en el imaginario de los que son como él, ése es el menú de la miseria pero para muchos, ese plato debe ser un lujo. Como el pan y cebolla de otros tiempos, aunque el primer ingrediente hoy está por las nubes. “Tenemos una tragedia fiscal –agregó- Si ustedes me preguntan en cuánto se arregla esto, no tengo idea. Muchos años, a menos que una devaluación e inflación licúen todo”. Un licuado que dejará en la lona a los trabajadores y multiplicará las fortunas de los especuladores.
Un ejemplo más de esa forma de gobernar sin tener en cuenta a los ciudadanos. Las recetas desmadran todo al instante pero los buenos resultados se postergan al infinito. Lo inmediato no entra en los planes de estos prometedores de paraísos distantes. La dificultad de imaginar la acotada vida de los ajustados, de los despedidos, de los marginados. La falta de calle de los que piden paciencia a los que están en problemas para llenar la olla. Los que ganaron en las urnas con el insustancial “Sí, se puede” reparten imposibilidades hasta a los que confiaron en ellos.
Los números son sagrados para los ceos que convirtieron la casa de gobierno en La Rosada SA. El salario es una abstracción que jamás experimentaron y por eso no pueden dimensionar lo que significa la caída sistemática del poder adquisitivo. Mientras las ganancias corporativas se incrementan en tres cifras, los sueldos apenas sobrepasan el 15 por ciento. Y en la CABA, la ciudad más rica del país, ya empiezan a aparecer casos de niños desnutridos, ante el silencio cómplice de los periodistas hegemónicos que unos años atrás surcaban miles de kilómetros para encontrar alguno para fotografiar. Y esto no es un efecto indeseado sino un presente que se pretende consolidar para el resto del camino.
Más cerca de la salida
Si llegamos hasta acá es porque el plan es éste. La desregulación es la premisa para atraer las inversiones que no llegan. Ni llegarán si el mercado interno sigue reduciendo su volumen. Y menos aún si los funcionarios que las suplican mantienen sus fortunas muy lejos de nuestra economía. Pero si llegan tampoco moverán demasiado el amperímetro de la dignidad porque la tributación y la carga salarial serán mínimas. La Libertad de Mercado –presentada como garantía constitucional- es la brújula de este camino desigualador y deja indefensa a gran parte de la población.
Si llegamos hasta acá es porque el cinismo gobierna. En teoría, la Libertad de Mercado propone el Estado mínimo, que no intervenga en la economía, que no controle a sus actores y que abandone la protección a los más débiles de la cadena alimenticia. Eso que con tanto desprecio llaman populismo. En esta lógica, los subsidios a los servicios públicos y todo lo que beneficie a la mayoría son inaceptables. Sin embargo, son bienvenidas todas las iniciativas que garanticen las ganancias empresariales, como quita de impuestos, ausencia de controles y precarización laboral. Esto también es intervencionismo, pero a favor de una minoría insaciable. Un Estado gigante que se pone del lado de los más fuertes para convertir a los ciudadanos en presa fácil de la avaricia de los libertinos. Los cada vez más empobrecidos subsidian a los que acumulan fortunas en paraísos fiscales.
Si llegamos hasta acá es porque la hipocresía es el espíritu que se derrama desde el trono. Tanto pontificar transparencia pero casi todos los funcionarios ostentan su opacidad. El caso Dujovne es emblemático: a pesar de ser ministro de Hacienda, confía tan poco en sus recetas que mantiene su tesoro en el exterior; tan evasor que su mansión de más 280 metros cuadrados figura como un mísero terreno baldío y todo para ahorrarse 4000 pesos mensuales en impuestos. Tan infame y miserable que inspiró la creatividad popular en la campaña “un techo para Dujovne”. Y no es el único caso, por supuesto.  
  El hasta acá al que llegamos incluye el arribo del Fondo, el broche de oro del camino al abismo. Aunque Macri esté exultante por el acuerdo con ese organismo, el recorte fiscal de 500 mil millones de pesos sólo producirá mayor recesión y desempleo. Más aún si no se toman las medidas necesarias para que ese auxilio no alimente la fuga de divisas que ya se está tornando histórica. La libertad de adquirir dólares sin tope y su remisión al extranjero no provoca más que vaciamiento. La libertad de una élite genera opresión para el resto.
Por eso gran parte de los argentinos están manifestando su disconformidad con lo que los PRO consideran un triunfo. Los gobernadores de Chaco, La Rioja, Catamarca, La Pampa, Entre Ríos, Misiones y Tucumán emitieron un comunicado para rechazar el monumental endeudamiento con el FMI. El paro de las CTAs y el convocado por la CGT es el mensaje de las bases. Las respuestas oficiales rondan por las tonteras de siempre: la medida de fuerza “no soluciona los problemas de los trabajadores”, como dijo el ministro Triaca o, en boca de Macri, “la CGT tiene que pensar que un paro no soluciona nada”. Si las calles están cada vez más convulsionadas es por la soberbia insistencia en este equivocado sendero.
Ni el inicio del Mundial puede entibiar el caldeado ánimo de los ajustados. Ni el debate habilitado por el empresidente para despenalizar el aborto logra remontar su alicaída imagen positiva. Al contrario, los argumentos de los legisladores oficialistas que apelaron a perras o marsupiales para expresar su negativa al proyecto deja más al descubierto su perversidad. Ni las oportunistas y tibias críticas esbozadas por los voceros del establishment alcanzan para frenar el descontento creciente. Si el objetivo es recuperar los derechos escamoteados por La Revolución de la Alegría ya no hay que mendigar con un paro sino exigir que nos saquen de este túnel o que se vayan antes de seguir destruyendo lo que tanto nos costará reparar.

lunes, 11 de junio de 2018

Sin lugar para las dudas


Si la Selección avanza en el Mundial, que el triunfalismo no nos tape el siniestro bosque que el Cambio pergeñó para nuestro futuro. Los amarillos  convirtieron en realidad el mito de la Pesada Herencia y de esto no se sale con un indignado “que se vayan todos”. Si estamos en la pendiente, “¿cómo llegamos hasta aquí?” debería ser la pregunta del siglo. Por supuesto, quedarán exentos de esta reflexión los tránsfugas que se han beneficiado con este modelo de despojo, esta brutal transferencia de recursos hacia el 10 por ciento más rico de la sociedad. También los que, desde mucho antes de las elecciones, esquivamos las falacias informativas de los medios hegemónicos y las hipócritas promesas de Macri y sus secuaces. Los que más deben activar el entendimiento son los que interpretaron las advertencias como “Campaña del Miedo”, como un primer paso para escapar del engaño en el que aún están inmersos. Si después de esto no asumen que han sido víctimas de una perversa manipulación es porque están afectados por un punzante masoquismo que no se cura con las urnas.
Que las encuestas señalen una abismal caída en la imagen positiva del empresidente no significa un despertar de la conciencia colectiva. Que tres de cada cuatro argentinos rechacen el acuerdo con el Fondo no expresa una recuperación de la Memoria. Estos datos también pueden interpretarse como un fugaz malestar producto del ombliguismo extremo: el individuo considera que todo está mal si el fango empieza a trepar por su pierna, pero cuando baja unos milímetros celebra como si el pantano se hubiera secado; entonces, todo estará bien, aunque quienes lo rodean apenas puedan asomar la nariz del hediondo fluido. Más quejoso que crítico, jamás se preguntará cómo y por qué está empantanado en un charco de barro. Tan retorcido en su contorsión ombliguista que considera propios sus triunfos y ajenos sus fracasos; tan desorientado que asimila la lógica del amo y la defiende en todas sus conversaciones; tan perezoso que prefiere recitar lemas mediáticos por más absurdos que sean, antes que pensar por sí mismo.
Tan individuo que justifica despidos y recortes sin sopesar cómo pueden afectarlo; que no puede empatizar con los dramas ajenos hasta que no los experimenta en carne propia; que consolida sus prejuicios cuando la crueldad se manifiesta contra el prejuiciado. Tan hermético que observa la realidad por las pantallas sin asomarse jamás a su ventana. Tan tozudo que se empecina en considerar como opiniones propias lo que en realidad es un catálogo de lemas colonizadores. Cuando muchos ombliguistas dejen de serlo, podremos aplaudir con euforia el “que se vayan todos” los que nos trajeron hasta aquí.
Los que se tienen que ir
Por lo general, ese clamor está acompañado por los ritmos de un instrumento muy versátil: la cacerola, efectiva para expresar descontento pero tan bullanguera que dificulta el raciocinio. Como toda protesta, no soluciona nada, pues exige una solución o intenta poner límites a un atropello. El problema es que la cacerola es un artefacto en el que se puede poner cualquier cosa: desde la liberación del dólar hasta la inflación producida por la dolarización; desde la quita de las retenciones al Campo hasta el descomunal precio de los alimentos; desde “los K se robaron todo” hasta “al final son todos iguales”; desde la defensa de “las dos vidas” hasta la exigencia de balas a cualquiera que parezca delincuente; desde la eliminación de los subsidios hasta los despropósitos del Tarifazo. Semejante guiso protestón puede desembocar en el peor de los mundos: en Macrilandia, que es donde estamos o en algo parecido que se presente como ‘nuevo’.
Más allá de la indecisión de la CGT para convocar a un paro, de alguna manera hay que poner fin al saqueo. El diálogo está fuera de lugar en esta historia porque el Gran Equipo diseñó este escabroso escenario imponiendo un clasista monólogo. Y el consenso al que hay que aspirar no es para seguir profundizando la desigualdad, sino para revertirla. Y esto no se logrará con más ajustes a los que menos tienen sino con la justa tributación de los que ganan fortunas; no con flexibilización laboral ni reducciones salariales, sino con sueldos que incrementen el poder adquisitivo.
El acuerdo con el FMI debe ser un punto de inflexión para salir de este laberinto en que nos han metido los ceos de La Rosada SA. Si a nadie incomodó que Sturzenegger y Dujovne se presenten como gobernadores de Argentina ante el Fondo, al menos debería perturbar que Roberto Cardarelli, emisario de ese organismo exija “un fuerte compromiso político de toda la sociedad”. ¿Compromiso para qué, para continuar con la sangría de la especulación financiera, el empobrecimiento, la desindustrialización y la precarización? ¿Para condicionar la voluntad popular o sentenciar la decadencia para las próximas generaciones?
Aunque el senador y presidente de facto por 12 horas Federico Pinedo considere que el acuerdo con el Fondo “es un extraordinario éxito político”, muchos intuimos todo lo contrario. A pesar de que los emisarios del FMI crean “en el objetivo de Macri de reducir fuertemente la pobreza”, las medidas a implementar no harán más que potenciarla. Aunque vendan este retorno al peor pasado como un salvataje, muchos sabemos que será un hundidaje. Detrás de esa suma que los PRO presentan como un regalo de Navidad se esconden reformas que sólo traerán más miseria, además de una virreinal pérdida de soberanía.
El presidente que recibió el país en mejores condiciones que todos sus predecesores nos ha llevado a una situación de catástrofe en muy poco tiempo.  Que intente exhibir este stand by como un triunfo es una muestra más de su cinismo. No sólo porque dos años y medio atrás no necesitábamos este salvavidas de plomo sino porque tampoco lo precisamos ahora. Llegar al punto del quebranto fue una decisión política: el déficit no se soluciona con deuda ni con ajuste, sino con la contribución de los que ganan de sobra. Si nos hemos convertido en el país que más ha tomado deuda en tan poco tiempo no fue para emprender el camino del crecimiento y la distribución: todas las decisiones presidenciales alientan la especulación financiera y la desinversión productiva y nada indica que se vaya a abandonar esta impronta.
Ya no es tiempo para dubitativos. Si los triunviros de la CGT aún esperan algo bueno de La Rosada SA, allá ellos. Si algunos aún no han descubierto que las intenciones del Gran Equipo están muy lejos del país para todos, no lo descubrirán jamás. Los que todavía interpretan que la malaria del presente es consecuencia del gobierno anterior, deberán empezar a atender los millones de argumentos que desmontan esa falaz explicación. Y esos que mascullan lo del triunfo en las urnas, aún no han comprendido que la democracia se debilita cuando se gobierna contra el pueblo. Estos tiempos exigen más atención que nunca para detener a estos embusteros que, disfrazados de buenas personas, vinieron a repartirse el país. Detenerlos, obligarlos a que reviertan el saqueo y que se vayan calladitos al oscuro agujero del que jamás debieron salir.

jueves, 7 de junio de 2018

Malísimos todo terreno


Al justificar su más reciente veto, el empresidente Macri agitó una inexistente varita mágica para ilustrar la imposibilidad de los subsidios a las tarifas de los servicios públicos. Una varita tan invisible como el crecimiento; tanto como su voluntad de mejorar la vida de la mayoría. De vez en cuando repite que no es un mago para hacer realidad todo lo prometido en campaña. Sin embargo, ejecutó los trucos precisos para incrementar la desigualdad, disminuir la producción, desequilibrar la balanza comercial, potenciar el déficit y multiplicar la deuda. Y con el pétreo rostro del cinismo, sigue embrujando a una parte del electorado para que avale este tortuoso recorrido hacia el destino oscuro que ya todos conocemos.
Nadie le pide magia, sino un poco de humanidad. Mientras él y sus amigotes –Nicolás Caputo y Marcelo Mindlin- ingresan a la lista de los más ricos de la revista Forbes, sus ministros planean más recortes para los que ni conocen esa publicación. Mientras él y sus funcionarios esconden el botín en guaridas fiscales, con la promesa de inversiones, exigen más sacrificios. Mientras las fuerzas imperiales se instalan en el sur del país, la magia del Gran Equipo nos pone de rodillas ante las impiadosas y catastróficas recetas del FMI.
Los más prudentes opinan que no fue magia, sino impericia lo que nos condujo hasta aquí. Algunos sugieren que hace falta más ajuste. ¿Más? ¿Saben esos expertos lo que es vivir de un sueldo que a duras penas alcanza hasta mediados de mes? ¿Experimentaron estos cráneos la angustia de contar monedas para orquestar un simulacro de cena? ¿Entienden estos iluminados que en los sectores medios y bajos perder el empleo es como una condena a la extinción? Otros, más exaltados, consideran que las medidas del Cambio fueron mal implementadas, que confiaron en que la desregulación traería inversiones, que el contexto internacional no era el adecuado para tanto aperturismo… Eufemismos para una única conclusión: que desde ese fatídico 10 de diciembre se hizo todo mal. Malos por incapaces o por cosas peores.
Con el gesto de la varita invisible, el Ingeniero se vuelve a burlar del público, explota la ingenuidad de los embaucados, abusa de la complicidad de sus adláteres. Retuerce la razón hasta volverla su contrario. Macri dice que no hay plata para volver más amable nuestra vida, mientras hay más de 300 mil millones de dólares de argentinos en el exterior. El Gerente de La Rosada SA utiliza en sus insustanciales intervenciones la imagen de un país fundido pero con empresarios multimillonarios: en conjunto, los diez argentinos más ricos acumulan más de 35 mil millones de dólares, producto de la evasión, la explotación y la especulación. Un poco de derrame despejaría las nubes que intoxican el presente.
Los rompedores de platos
Nada de lo realizado por el Gran Equipo era necesario si el objetivo es el desarrollo y la inclusión. Y nada de lo que está por realizar será beneficioso. El episodio de las tarifas de los servicios públicos es por demás ilustrativo: el incremento de más del 1600 por ciento no sirvió para optimizar la distribución de la electricidad y el apagón que afectó a media CABA en la tarde del miércoles es una evidencia de eso; además, un escarmiento para los capitalinos que siguen confiando en los amarillos para un futuro venturoso.
Tampoco los recortes en la administración del Estado aportan nada bueno en esta historia: sólo agrega más desocupación y habilita el destrato de los privados hacia los trabajadores; sólo provoca más recesión en una economía que se está ralentizando. Por más que la hegemonía discursiva haya alimentado el imaginario con bestiales prejuicios sobre los empleados estatales, desmantelar áreas de investigación, control y contención tendrá consecuencias muy lejanas al paraíso. Los mordiscos que pergeñan al sistema jubilatorio tampoco lograrán mejorar el humor de la sociedad, aunque dibujen sonrisas en los directivos del Fondo. Por más que Macri convoque a los dirigentes de la CGT para evitar un paro general, el deterioro provocado en un país que produce alimentos para 400 millones de personas no se revertirá con sobornos.
Y si siguen permitiendo el saqueo de los bolsillos con paritarias contenidas y góndolas de supermercado que asustan, más lejos estaremos del paraíso prometido. Las recetas neoliberales jamás dan buenos resultados: la experiencia en Grecia es una lección y la renuncia del Primer Ministro de Jordania por las protestas que generaron los ajustes del FMI nos sugiere una salida. Cualquier cosa, menos la pasividad. La resignación no debería estar incluida en el catálogo de las reacciones argentinas.
Ningún ciudadano merece la miseria mientras los más ricos tienen la libertad de succionar lo que generamos entre todos sin invertir ni tributar. El director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, Agustín Salvia, aseguró que “todas las evidencias muestran que va a aumentar la pobreza de forma importante”. Con preocupación, reclamó al gobierno que abandone su “exceso de confianza” hacia su programa y empiece a pensar que “el proyecto no es cómo salimos de la pobreza, sino como no la agravamos”.
Esto nos aleja de la Pobreza Cero tan cacareada en campaña. Con la quita de retenciones a las exportaciones agropecuarias, los productos de la tierra no sólo se dolarizaron para el mercado interno, sino que se convirtieron en una eficaz herramienta de especulación y presión sobre nuestra moneda. Esta fue una de las primeras medidas de Macri –de las pocas promesas cumplidas- y la que más contribuyó a incrementar la inflación y devaluar el peso. Con esta concesión a los Estancieros, el Estado renunció a recaudar unos 66 mil millones de pesos en las condiciones actuales. Si semejante cifra hubiera derramado en obras y deflación, estaríamos hablando de un país menos problemático que el actual.
Sin embargo, Macrilandia nos hace chapotear en un fango hediondo. Tanta desesperación reina en las filas del oficialismo, que ahora presentan el swap con China –del que antes se burlaban- como un procedimiento óptimo para cuidar las reservas. Tan mal están las expectativas electorales, que disfrazan las tratativas con el Fondo como si fuera la contratación de animadores para un cumple infantil.
Pero no nos preocupemos tanto. Aunque estén tan equivocados para calificar las protestas de las últimas semanas de pataleos de malos perdedores y quieran vengarse con un desafuero infundado de la capacidad discursiva de Cristina para dibujar caricaturescas expresiones en el rostro de la vice-rodante Michetti, apareció un gesto que aporta tranquilidad. El Jefe de Gabinete, Marcos Peña Braum, desde las entrañas del Imperio, aclaró que son “totalmente responsables del acuerdo. Nosotros vamos a pedir el préstamo. Nosotros somos responsables”. Listo: entonces, que no miren para otro lado cuando llegue el momento de pagar los platos rotos y de recuperar todo lo que han transferido desde el comienzo de la Revolución de la Alegría. Centavo por centavo.

lunes, 4 de junio de 2018

Un escarmiento para la ruptura


Para quienes siguen la información con cierta responsabilidad y no se dejan llevar por los absurdos de los medios hegemónicos, desde hace mucho tiempo, el Gobierno Amarillo está tensando la vida democrática: en campaña, con promesas que estaban muy lejos de su pensar, como no abrir las importaciones, mantener el Fútbol Para Todos o no quitarle la ayuda a nadie; mucho antes, trepándose a las fantasías informativas de Clarín y todas sus usinas de estiércol y explotando la complicidad de algunos jueces federales, tanto los presionados como los adherentes; y ahora se suma a todo esto el potencial de ser oficialismo para comprar voluntades y castigar rebeldías. Para los que han estado siempre atentos y los que empiezan a estarlo, este desigual forcejeo está pronto a terminar: el Gran Equipo cae por su propio peso o los 40 millones nos sometemos a las apetencias de las mil familias a las que representa. Para el resto cada vez menor, todavía funcionan ciertas frases que alientan una vana esperanza: “hay que darle tiempo” y “no poner palos en la rueda”, porque si a Macri le va bien, al país le va bien” y los sacrificios que hoy estamos haciendo “sirven para un futuro mejor”. Esos que miran el dedo cuando alguien señala la luna, son los que van a despertar del supersticioso ensueño demasiado tarde para advertir que era una pesadilla.
A pesar de todas las señales, todavía quedan algunos que se cuelgan de la Pesada Herencia o abrazan la idea del purgatorio por todo “lo que nos hicieron creer” para seguir apoyando La Revolución de la Alegría. No consideremos a grandes empresarios con los que jamás tendremos un mínimo roce, sino a los iguales con los que nos cruzamos todos los días en taxis, colectivos, ascensores o colas de supermercado, que olfatean la hecatombe pero no atinan con el origen del hedor. Esos que prefieren ostentar sus prejuicios –por más disparatados que sean- para fundar sus conclusiones, antes que escuchar razones mucho más fundadas.
Esos que tuercen el gesto ante cualquier cuestionamiento del presente que no incluya una feroz denostación del gobierno anterior, al estilo de “las tarifas están muy caras pero lo anterior era insostenible”. Todo un triunfo de la manipulación hacer que los usuarios se quejen por pagar poco sus servicios. Como si un comprador protestara porque lo que va a comprar hoy está más barato que la semana anterior. ¿Acaso rechazan el descuento que les hacen en un negocio o desdeñan las engañosas ofertas de los productos de supermercado? Una confusión que saquea el bolsillo para engrosar las ganancias de las empresas ligadas al Ingeniero. Confusión pertinaz que significa un desafío esclarecer.
Embaucadores en decadencia
El argumento oficial es que los servicios deben pagarse a tarifas internacionales -a pesar de que somos productores de energía- porque eso permite más inversión y desarrollo. Tan incongruente es la posición que el empresidente contrapone esta estafa saqueadora con la gratuidad absoluta. La ley aprobada para ser vetada no retraía los precios a diciembre de 2015 sino apenas a noviembre de 2017. Con los incrementos aplicados en el primer año del Cambio basta para garantizar ganancias e inversiones. Pero como los amigotes de Macri –Nicolás Caputo, Marcelo Mindlin, Rogelio Pagano y Joe Lewis- son tan avarientos como él, quieren ganar mucho más. En 2017, las empresas de estos personajes que concentran el 51 por ciento de la generación y distribución de electricidad obtuvieron unos 11300 millones de pesos de ganancia. Más del 90 por ciento fue repartido entre los accionistas y apenas un 5 por ciento fue re invertido.
Con respecto a las empresas de distribución del gas, las ganancias se ubican entre 300 y 400 por ciento y van por mucho más. Lo del desarrollo es un verso más grande que un elefante. Esta transferencia de recursos llegó a 16500 millones de dólares que, en manos de los usuarios se hubiera volcado al mercado interno y no a la simple acumulación en paraísos fiscales. El Estado macrista está más preocupado por multiplicar la fortuna de sus cómplices que por garantizar el bienestar del pueblo y esto es indudable.
Además, inaceptable. Tanto como todo lo realizado desde el comienzo de este Régimen Restaurador. Ahora que están perdiendo gran parte del apoyo conquistado con engaños y patrañas, se dan el lujo de exteriorizar lo que verdaderamente son: una oligarquía que vino a operar para la oligarquía. La mejor muestra de esto es la escena de la gobernadora Vidal en el Sheraton ante empresarios del Rotary: “todos sabemos que nadie que nace en la pobreza llega a la universidad”, seguido de aplausos y risas de los oyentes. ¿Qué aplaudían: la sabiduría de la sentencia o la posibilidad de cerrar universidades? Lo primero es inexistente, como quedó demostrado con testimonios de graduados y las cifras estadísticas difundidas por los propios centros de estudio. Lo segundo, monstruoso, porque el cercenamiento del acceso a las universidades públicas significa más transferencia de recursos hacia los que no necesitan nada. De los dichos de Vidal se desprende la intención de instaurar una estructura de castas donde el ascenso social sea imposible. Y esto revelado por la cara más bondadosa del PRO, la que decía “no vamos a quitarle la ayuda a nadie”.
Ahora que no están en campaña, muestran su faz in-votable: ésa que exige más sacrificios para ir hacia un paraíso cada vez más inalcanzable; ésa que demoniza cualquier objeción y obliga a la obediencia ciega bajo el formato del diálogo y el consenso; ésa que propone un gran acuerdo nacional para seguir desigualando; ésa que piensa recurrir a los militares para garantizar el “apoyo logístico a las fuerzas de seguridad para cuidar a los argentinos frente a las amenazas y desafíos actuales”, cuando en realidad, la principal amenaza para nuestra seguridad se atrinchera en La Rosada SA.
Esa faz que apela a cualquier cosa para no perder su núcleo duro, conformado por un manojo de individuos que odia al ritmo de las tapas de Clarín y La Nación, que se indigna con lo que TN magnifica en sus titulares, que ilustra su opinión con cenas de diva o imitaciones domingueras. Porque el oficialismo está perdiendo terreno, surge otra vez el Operativo Cristina, ya sea por sus locuras o con la invención de delitos. Siempre que las encuestas advierten sobre la caída en la imagen positiva de Macri, los jueces consustanciados con la ceocracia gobernante reciclan las tres o cuatro causas sobrevivientes con recursos muy alejados de la búsqueda de la verdad y más aún de la Justicia. Para alimentar titulares que puedan minimizar las masivas movilizaciones de protesta contra las políticas de Macri que se están realizando en algunos puntos del país, sobre todo en la CABA, dictan procesamientos sin indagatoria, juzgan asesinatos sin asesinos y acusan sin pruebas ni coherencia
El suicidio de Nisman convertido en homicidio es una prueba de esto. Pero no hay que olvidar que, mientras las organizaciones sociales coronaban la Marcha Federal en la Plaza, Macri estaba justificando su veto a la ley de Tarifas junto al opo aliado Juan Manuel Urtubey. Y después del aliento de la gobernadora Vidal al cierre de universidades, el Ingeniero inauguró el primer campo de golf público del mundo en Santiago del Estero. Esa es la cara del Cambio: poner el Estado al servicio de una minoría empachada en perjuicio de la mayoría cada vez más ajustada. ¿Cómo considerar democrático a un gobierno que lo único que hace es castigar a su pueblo?

Lecciones desde el Altiplano

Una semana antes que en Argentina, Bolivia también tendrá elecciones presidenciales. Tanto allá como acá, el resultado es predecible . All...