lunes, 18 de junio de 2018

De la desconfianza al rechazo


En sintonía con el Mundial, los cambios en el Cambio pueden inspirar metáforas futboleras que pretenden ilustrar el entendimiento, pero al final, lo confunden. Un equipo de fútbol, por más selección que sea, no modifica la vida de un país. Apenas la altera por unas horas, pero no más que eso. Un equipo de gobierno, sí; más aún cuando ha sido presentado como el mejor de los últimos 50 años. Tan bueno que ha generado una situación crítica de la que no se sale trocando figuritas. Tan eficiente que sólo ha convertido goles en contra de la mayoría. Tan selecto que ha trastocado todas las variables. Tan veraz que no cesa de mentir. Con jugadores tan confiables que se la pasan suplicando confianza. Embusteros que exigen a los demás sacrificios que jamás harían. Hipócritas que pontifican sobre una honestidad que nunca han tenido. El maquillaje al que apela el artífice de este caos resulta sospechoso: anunciar la salida de funcionarios sostenidos durante más de dos años la noche del sábado en que debutó la Selección es un indicio de desesperación y una muestra más del engaño que comenzó antes de diciembre de 2015. El pantano al que nos acercamos es el desagüe del túnel propuesto para alejarnos de una Pesada Herencia que no existía.
Después del burlón bailecito en el balcón de la Casa de Gobierno, Macri expresó su optimismo por el futuro económico del país gracias al shock de confianza que generarían sus políticas. La lluvia de inversiones produciría desarrollo y convertiría al peso en una moneda fuerte ante el dólar. El fin del aislamiento implicaría múltiples beneficios para nuestro país. Que seríamos el supermercado del mundo con el crecimiento de las economías regionales. Que en dos minutos solucionaría el problema de la inflación, a la que catalogó como una muestra de la incapacidad para gobernar. Todo esto dijo y mucho más para ilusionar a sus votantes, conquistar a los dudosos y conseguir el apoyo de tibios opositores. Nada de eso pasó. La confianza inicial fue excesiva, además de improductiva y ahora el Gerente exige una fe ciega para seguir por este tortuoso sendero.
Camino que, como auguran casi todos, no nos llevará a ningún futuro venturoso. Con la desmemoria como inspiración, el empresidente y sus secuaces presentan el acuerdo con el FMI como lo mejor que podría pasarnos. Sin embargo, los términos de la Carta de Intención y el Memorándum de Políticas Económicas y Financieras indican algo diferente. Con la expresión de feliz cumpleaños que suelen vestir, los amarillos aseguran que el organismo multilateral no impondrá condiciones y que el plan económico estará definido por el gobierno. Pero el documento expresa todo lo contrario: no sólo degradará la autonomía de la actual gestión, sino de las que la sucedan.
Un poco de desprecio, también
El FMI no es una sociedad de beneficencia conformada por nobles y generosos multimillonarios que ponen sus fortunas al servicio de los países necesitados. Como ya hemos experimentado, es una banda de especuladores en busca de fáciles ganancias con la complicidad de cipayos con disfraz de Presidente. Si apuestan sus fichas es para ganar la partida. Si deciden jugar es porque imponen las reglas y el mazo con los naipes marcados. Y, por las dudas, varios ases en la manga. Los que pierden son los que ni se acercan al casino, que deben sacrificar derechos para saldar cuentas ajenas.
Con la excusa de bajar el déficit fiscal, los gerentes del Estado recortan las partidas destinadas a la distribución en lugar de incrementar los tributos de los que más tienen. Si hay déficit es por la renuncia a recaudar y por los estragos producidos por ajustes y tarifazos. Si la cotización del dólar desafía las previsiones es porque las medidas del Gran Equipo alientan la acumulación y la fuga. Si la inflación es como una bola de nieve es porque La Revolución de la Alegría construyó el escenario ideal para aplicar una economía de shock, que no es lo que hemos vivido hasta ahora, sino algo peor. El ajuste fiscal de 500 mil millones de pesos en obra pública, transferencia a las provincias, empleo público, subsidios a los servicios y seguridad social significará menos dinero en el mercado interno y más pobreza en la mayoría. Entre las exigencias del FMI está la liquidación del FGS de la ANSES y la privatización de empresas públicas. Y todo para no molestar a los agrogarcas y especuladores financieros que pueden acumular y fugar sin tributar un centavo. Todo para seguir alimentando el juego del dólar.
Macri cambia a los funcionarios sin modificar un milímetro sus planes para profundizar la desigualdad. Si saca a Sturzenegger para meter a Caputo no es porque quiera conquistar nuestra confianza. Que el Banco Central esté en manos de un especulador como El Toto es como poner a un oso al cuidado de un barril de miel. Que desplace a Aranguren no significará que las tarifas de los servicios públicos dejarán de succionar nuestras billeteras. Que saque a Pancho Cabrera del Ministerio de Producción no indica el inicio de una era industrialista. La confianza que busca es la del Mercado, ese eufemismo que camufla a las mil familias que se enriquecen con lo que producimos entre todos. La confianza de los que no forman parte de esa élite está fuera de lugar, porque nada de lo realizado por El Ingeniero los tiene como beneficiarios. Más bien como víctimas de los innecesarios ajustes.
Quizá por eso la desconfianza se palpa en el rostro de los transeúntes y el optimismo no colorea las miradas. Hasta los apologistas mediáticos esbozan un tímido desánimo en sus editoriales. Hasta los más consustanciados con el ideario de la derecha gobernante pintan un futuro más turbulento que el actual. Por eso la ministra de Seguridad Patricia Bullrich patotea a los sindicalistas y amenaza a los disconformes. Sólo con la prepotencia intentan sofrenar las demandas de los que no pueden sacrificar nada más que su vida.
La multitud que pobló los alrededores del Congreso durante el tratamiento de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo demuestra que no existe destino inevitable. Si el día anterior parecía triunfar el rechazo entre los Diputados, la presencia de miles de manifestantes festivos torció el resultado hacia el lado de la conquista de derechos. Y más contundente deberá ser para convencer a los Senadores.
De ahora en más, las calles tienen la palabra. No sólo con la despenalización del aborto sino con todo lo que se viene. Ahora podemos empezar a escribir nuestro futuro, rechazando el acuerdo con el FMI y toda la deuda tomada para activar la bicicleta financiera, la flexibilización laboral que tienen bajo el sobaco, la entrega del patrimonio y los recursos naturales, la represión al pueblo mapuche para los estancieros foráneos y vernáculos, la sumisión a los intereses del Imperio y todo lo que planean hacer con nuestro país. Nada bueno podemos esperar de estos sátrapas. Desconfianza es lo que inspiran y desprecio es lo que merecen. Cuanto antes, mejor. 

4 comentarios:

  1. Antes, cuando el virreinato era una posibilidad ominosa, desagradable pero incierta, uno tendía a creer que era imposible que esta sociedad se suicidara tan "alegremente"... y fue un error, aunque por poco, eligieron esta porquería.
    Primero fue desconcertante, ahora, ante el continuo espectáculo de ineptitud, corrupción y descalabro económico social, desempleo y colapso de empresas y empresitas, la cosa ya pinta para insoportable y la pregunta es ¿hasta cuándo?... y la respuesta parece ser ...hasta estar mucho peor. Porque ésa y no otra es la vía virreinal, que ni siquiera repara en la inmundicia simbólica del acta de rendición con el FMI, el 20 de junio, día de la Bandera, de Belgrano y de una historia tan, pero tan distinta a ésto que debiera abrumar y sin embargo, no se ve que pase.
    Quisiera creer que es por culpa del Mundial, pero sospecho que no, que el re-formateo amorfo e imbécil de tanto compatriota sigue dando sus frutos envenenados... la verdad, si se pueden ver tuiteos de quienes hablan de "castigo divino" (por votar a favor de la despenalización del aborto) en la tragedia familiar de un diputado oficial, casi que no dan ganas de pensar optimistamente, no?. Cuesta reconocerse que aún queden cosas en común con gentes así.
    En fin, de su post, lo más pesado es la degradación de tanta palabra valiosa como confianza, futuro, progreso... sólo para terminar en la codicia satisfecha de la porquería desgobernante... ¿merecen desprecio, Gustavo?, se queda corto, muy.....

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  2. Que burro que sos! Anda a vivir a venezuela! Si estas cagado de hambre es porque no generaste en tu vida riqueza en la sociedad.

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  3. Che, Anónimo. ¿Me decís burro a mí? ¿Por qué me tengo que ir? Además, no estoy "cagado de hambre". No escribo mirando mi ombligo, sino cuestiono la situación en general. Por lo que se ve, tu intolerancia es incontenible. Abrazos

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