jueves, 31 de marzo de 2022

Los ricos no piden permiso

 

La oposición está desencajada y el oficialismo busca su rumbo, mientras gran parte de los argentinos padece la irracionalidad de los precios. Los primeros disputan ante las cámaras la candidatura a la presidencia, aunque falta más de un año para las elecciones. Macri no sólo piensa en el bridge, sino también en el tan temido Segundo Tiempo. Él afirma que quiere volver al Poder, como si alguna vez lo hubiera perdido: gran parte de las gravísimas causas que lo tienen como protagonista descansan en cajones que sus jueces amigos ni se animan a abrir; los periodistas de los medios cómplices y los propios practican las volteretas más sorprendentes para blanquear su imagen y la de todos los cambiemitas; todos gozan de una impunidad verbal que debería avergonzar a los que escuchan. El FDT, en tanto, trata de sanar las heridas internas provocadas por el acuerdo con el Fondo a la vez que el presidente busca atenuar los daños de la escalada de los precios.

En verdad, Alberto se muestra demasiado calmo ante tanto abuso. Que un trabajador registrado con un salario cercano a los 100 mil pesos apenas llegue a cubrir las necesidades básicas de su familia debería enojar a cualquier representante de la mayoría. Por eso, el problema no es la inflación sino las cifras con que adornan todos los productos. La Guerra contra la Inflación no puede encararse si no se hace un estudio profundo de cómo se forman los precios y cuál es la ganancia de cada uno de los actores. En todo caso, deberían establecer por ley, como en muchos países, la tasa de rentabilidad máxima para que nadie se apropie de renta ajena. Que aumenten los salarios puede atenuar la emergencia alimenticia pero no soluciona el problema de fondo: no puede haber trabajadores pobres. Y éste es el punto de partida: un sueldo no debe alcanzar sólo para comer, sino también para la vivienda, los servicios, la indumentaria, la recreación y el ahorro. La comida no debe exigir más que un 20 por ciento de la remuneración mensual. Por supuesto, estamos muy lejos de esa meta y también de la discusión.

Que el presidente proponga “una suerte de terapia de grupo y para encontrar una solución en conjunto, dialogada" parece un chiste en un velorio. O que pida que “reflexionen” a los que considera “diablos”. Los formadores de precios ya reflexionaron y por eso se la llevan toda. El Primer Mandatario tiene el hábito de eludir las definiciones para que no se alteren los destinatarios, pero no hay que tratar con algodones a los abusadores económicos, evasores y especuladores. Que exprese que “hay una inflación autoconstruida” confunde bastante, más aún si agrega que “el hecho de que tengan una especie de oligopolio no los autoriza a subir los precios”. Pero, como son oligopolios no necesitan autorización para hacer lo que quieran. Para eso se concentran y cartelizan. Primero hay que atenuarlos como poder y después, disciplinarlos. Con los que reparten injusticias no hay diálogo posible.

En este sentido, las intervenciones de Alberto y todos sus funcionarios, más que calmar las aguas, las agitan. Quizá porque no experimentan la desesperación de no poder nutrir la mesa, de depender de las viandas, de no llegar nunca, de vivir en el límite de la miseria. En su afán de demostrar que está mejorando la distribución del ingreso, celebran la baja de la pobreza y el desempleo y anuncian que el salario le tiene que ganar a la inflación. La vida real no se transforma con números. De nada vale lograr incrementos salariales que superen por dos puntos a la inflación cuando el despropósito de los precios nos ataca todos los días. Y los precios no tienen la culpa, sino los que los inventan. Ellos son los que nos atacan y no es sólo desde el inicio de la Guerra, sino desde hace mucho tiempo. En lugar de metáforas, circunloquios y pipas de la Paz, habría que desarmar de una vez y para siempre a estos conspiradores.

sábado, 26 de marzo de 2022

Los “Nunca Más” que nos faltan

 

Después de dos años de pandemia, el Día de la Memoria volvió a las calles de manera contundente en muchos puntos del país. También volvieron los odiadores a simular desconcierto, denostar a los participantes y burlarse de banderas y cánticos. Los negacionistas que cuestionan el número de desaparecidos y resucitan a los Dos Demonios asomaron una vez más el hocico. Los refunfuñadores de siempre no callaron sus quejas al kirchnerismo que –según refunfuñan- se apropió de la fecha. Algunos periodistas del establishment cuestionaron la modalidad de las marchas: “deberían ser reflexivas y en silencio”, pontificaron. Claro, no entienden que la Memoria no significa un ancla, sino una perspectiva al futuro; que no es un lamento prolongado de individuos sino una construcción colectiva constante. No entienden porque no les conviene, por supuesto.

Tampoco entienden –o simulan- que “Nunca Más” no sólo es un rechazo a los golpes de Estado, sino también la exigencia de Justicia a los ejecutores y los instigadores. Además, incluye la necesidad de desmontar el (des) orden económico y social instaurado en aquellos años. Por eso, el Día de la Memoria debería marcar el rumbo de la Argentina deseada por la mayoría.

Casualmente –valga la ironía-, los denostadores de esta fecha no quieren ese país. Mentira que fuerzas políticas antagónicas quieren llegar al mismo punto por diferentes caminos. No se puede disminuir la pobreza precarizando el trabajo y desmantelando el sistema previsional. No hay desarrollo si se abren las importaciones de todo y se manda a los científicos a lavar los platos. Nunca van a derramar los ricachones que claman pagar menos impuestos por más empachados que estén. No quieren el mismo país esos privilegiados que ordenan respetar las reglas del juego; reglas que nadie puede citar pero sirven para que una minoría siga multiplicando el contenido de sus arcas mientras gran parte de la población recibe cada vez menos migajas.

El Día de la Memoria está para dejarlos al desnudo. Como no les da la cara para reivindicar la Dictadura, recorren sinuosos caminos que rozan la apología. Sus eufemismos son tan confusos que llegan a convencer a los desprevenidos. Un recorrido por los dichos de estos días demandaría mucho más que un apunte. Además, sabemos quiénes son, qué color los identifica, la embajada que visitan y el destructivo modelo que defienden.

El ex presidente Mauricio Macri es la síntesis de todo esto, pero, por supuesto, no es el único. El que calificó como curro los DDHH, que considera la Dictadura como “eso tan terrible que nos pasó”, que tilda a la democracia como “el peor de los sistemas pero el único posible", sale a ponderar a Menem. Más preocupado por el bridge que por el futuro de los argentinos, afirmó que Menem resolvió los problemas de La Grieta y pacificó el país. No hay que ser un experto para descifrar esto como un contundente aplauso a los indultos.

Convencido de que el Infame Riojano será reivindicado con el tiempo, Macri piensa que intentó “unir a los argentinos detrás de la producción, el empleo y progreso pacífico de la Argentina”. Nada de esto pasó: la convertibilidad destruyó la producción nacional, generó más desempleo y aniquiló el progreso. Sólo un constructor de amnesia puede balbucear tantas patrañas y seguir en carrera. Lo que admira de Menem es el desmantelamiento del Estado, la privatización de empresas públicas, la invasión de multinacionales, la integración al mundo como anexo del Imperio, la renuncia de la Soberanía a cambio de relaciones carnales.

Pero hay más, porque el ex gerente de La Rosada quiere retornar y sus promesas no son tan dulces como las de 2015, al menos por ahora. Muy cómodo en su sincericidio, amenazó con privatizar a Aerolíneas Argentinas con la excusa de que es un despilfarro de recursos públicos, un latiguillo que no tiene sustento. Y en un exceso de comodidad en su propio canal, confesó que “la democracia es un sistema improductivo porque requiere tiempo de debate y está llena de problemas”. En todo está su mirada empresarial. Pero no es el único: todos los juntistas comparten ese ideario porque representan intereses minoritarios. Los mismos que pergeñaron los golpes, la misma oligarquía que quiere incrementar sus privilegios, los mismos estancieros que hoy exhiben en las rutas sus tractores 0 km y sus camionetas de alta gama. La Democracia los incomoda si no satisface sus apetencias. El Día de la Memoria los pone en evidencia y saben que el Nunca Más los incluye.

martes, 22 de marzo de 2022

La unidad no es ceder siempre

 

El resultado de las elecciones legislativas evidenció diferencias entre el kirchnerismo y el albertismo y desde entonces comenzó a palparse una posible derrota en las presidenciales del año próximo. Claro, a pesar del buen manejo de la pandemia y los positivos índices de crecimiento, los números fueron esquivos para el oficialismo. La presentación del acuerdo con el FMI en el Congreso provocó un cimbronazo mayor en el frente gobernante y algunos agoreros alientan una peligrosa ruptura. La imagen de culebrón con Cristina y Alberto sin dirigirse la palabra circula en boca de los analistas, algunos felices y otros preocupados. Ambos advierten que un divorcio facilitaría el regreso de halcones, palomas y buitres a La Rosada, con todo lo que eso significa. Para unos, el retorno de los amarillos sería la llegada al Paraíso neoliberal del que jamás hemos disfrutado; para otros esa foto sería el comienzo de una aterradora película.

En estos días, los intelectuales de ambas partes –K y A- expusieron sus diferencias a través de sendas cartas, lo que sugiere la necesidad de salvarlas para seguir adelante. María Seoane –periodista y ex directora de Radio Nacional- fue firmante de ambas cartas y no por un problema de personalidad múltiple sino porque considera que “la unidad no se negocia”. En un ultimátum vía twitter, Seoane manifestó: “nos sentamos a discutir a los besos o a los gritos, pero del Frente no se baja nadie. Enfrente hay una derecha vengativa que quiere terminar la faena de Macri. Es la muerte de la Argentina posible y popular. Sépanlo". Ese es el diagnóstico que parece común: la unidad aunque duela. Ya dolió en 2019 eso de codearse con personajes tan críticos de Cristina que terminaron auspiciando la asunción de Macri. Ante un momento tan crucial, la disolución del FDT preanuncia una nueva tragedia.

Ya lo decía Perón: “unidos o dominados”. El dilema es el “para qué” de esa unidad. Si no está claro el objetivo, la unidad termina siendo un pegote. Por eso aparece el gobernador Perotti –que ya había operado para frenar la expropiación de Vicentín y la estatización de la mal llamada Hidrovía- para dejar en claro su oposición a la suba de retenciones. Si bien el presidente aclaró en estos días que en el Frente no sobra nadie, ¿qué pito toca este representante de los agrogarcas? ¿Con alguien así se cuenta para combatir a los deformadores de precios? Si no se tienen en claro los objetivos de la unidad, las fracturas siempre serán expuestas.

En una entrevista con Roberto Navarro, el Presidente llamó a “convivir con las diferencias”, pero a veces las diferencias son infumables. "Me sentiría muy mal si, por nuestras diferencias, le abriéramos paso a la derecha", agregó, aunque algunos integrantes del Frente sean más amarillos que un PRO. "Yo escucho a todos –frase muy repetida y cumplida por Macri- pero el presidente soy yo y el que tiene que tomar las decisiones soy yo”. Claro que, a veces, las decisiones, los retrocesos, las confusiones, los anuncios que no llegan a nada amenazan la ruptura.

Como si fuera un valor, Alberto repite que, aunque comparta el ideario de la vicepresidenta, es un moderado. Una pena, porque la moderación ante los voraces es una señal de debilidad. Si no fuera moderado, ordenaría retrotraer los precios de TODO al 1 de febrero y no al 10 de marzo. Si no fuera moderado, investigaría en serio la cadena de valor de cada producto para concluir en su precio exacto, sin abusos en la rentabilidad de cada parte. Si no fuera moderado, extraería mucho más de los ricos para disminuir la monstruosa desigualdad. Quizá la unidad está en riesgo por exceso de moderación. Un gobierno con pretensiones de popular debe proteger a la mayoría de las angurrias de la minoría y eso no lo hace un moderado. El presidente, cada tanto, evoca muchos momentos vividos con Néstor Kirchner pero olvida citar una frase que lo haría abandonar su centrismo: “es fácil ser fuerte con los débiles y ser débil con los poderosos”. Así comprendería que para recuperar la dignidad perdida y conquistar lo que falta hay que invertir esa ecuación y si se enojan los poderosos, será la mejor señal de que la unidad está en su mejor momento.

sábado, 19 de marzo de 2022

Esto es todo, amigos

 

Nadie empieza una guerra agitando la bandera blanca. Las expectativas generadas por los anuncios del Presidente atravesaron toda la semana y por eso muchos esperaban algo más de lo que fue. Seguro que, mientras Alberto hablaba, los formadores de precio remarcaban en sus madrigueras. Tanto es así que los productos que integran la canasta básica de alimentos aumentaron un 2,5 por ciento en promedio los últimos siete días. Ellos dispararon primero y el Primer Mandatario respondió con un armisticio. Nadie espera de él discursos exaltados ni extensos, pero 18 minutos y sin Cadena Nacional es demasiado poco. "Nuestra batalla hoy es contra los especuladores –aclaró- Contra los codiciosos. Contra quienes buscan aún en situaciones tan complejas sacar una renta extraordinaria”. Pero las medidas anunciadas no son suficientes para semejante enemigo.

Una Cadena en la que difunda las monstruosas ganancias que han tenido las principales empresas durante el año pasado –sin incrementos de la producción ni el consumo de manera notoria- bastaría para desnudarlos. Más aún si se los señala como evasores que sub-facturan exportaciones y sobre-facturan importaciones para acumular cada vez más. ¿Con ellos piensa hacer un acuerdo? ¿Basta con un fondo que contenga el precio de la harina y el aceite? ¿Alcanza con el precio fijo de 50 productos en todo el país mientras todo lo demás sube por un ascensor de máxima velocidad? ¿Los precios empezaron a inflarse con la guerra o este saqueo comenzó mucho antes? En febrero, los alimentos y bebidas escalaron un 7,5 por ciento, el índice más elevado desde enero de 2017. Y sólo se preocupa por la harina y el aceite. ¿Qué pasa con los artículos de limpieza, los medicamentos, la indumentaria y todo lo demás? ¿Dejará que continúe la estafa?

“No permaneceré pasivo” advirtió el Presidente, casi una confesión de que hasta ahora fue ésa su actitud, como si recién ahora tomara la decisión de abandonar la pasividad para defender nuestros bolsillos. Y si un juez presenta una medida cautelar contra el leve aumento de las retenciones, ¿abandonará la pasividad? Además de especuladores y codiciosos, los calificó como “agoreros”, pero Ellos no sólo anuncian catástrofes, sino también las construyen. Y el incremento metódico de los precios es esa catástrofe. La angurria está en el ADN de un 5 por ciento de la población que se cree dueño y merecedor de todo. Una minoría privilegiada que está por encima de la ley porque ejerce el primer poder del país.

Y lo más doloroso: el Presidente consideró “histórica” la aprobación del acuerdo con el FMI. Histórico hubiera sido el desconocimiento de esa deuda fraudulenta e ilegítima. Histórico sería que los que fugaron la monstruosa cifra la devuelvan sin chistar y los que la pidieron estén en la cárcel. El camino al 2023 se oscurece cada vez más. Las elecciones de medio término expresaron el desencanto, sobre todo de los que lo votaron en las presidenciales. El acuerdo con el FMI produjo una severa fisura con el kirchnerismo, que aportó la mayor cantidad de votos en 2019. Si Alberto aborda con sonrisas los problemas de los argentinos, preparémonos para ver a La Rosada teñida de amarillo.

miércoles, 16 de marzo de 2022

La guerra de siempre

 

Desde finales de febrero, la invasión de  Rusia a Ucrania –alentada por la OTAN- convirtió en sobrentendido la palabra ‘guerra’, a tal punto que parece la única existente desde hace décadas. Mencionar ese vocablo en cualquier charla cotidiana basta para que los participantes evoquen las imágenes, videos e interpretaciones alocadas que se difunden por los medios hegemónicos. Hasta fragmentos de un video juego fueron analizados por dos periodistas como si formaran parte del conflicto. Cualquier guerra es inaceptable, dramática, cruenta y. sobre todo, innecesaria. La pérdida de vidas deja heridas muy profundas. Todo deja heridas muy profundas cuando estalla algo así.

Tan grave como todo esto es utilizar un escenario bélico como excusa, sobre todo por los que siguen expoliando a los siempre vulnerados. El presidente Fernández anticipó que el viernes comienza la “Guerra contra la inflación”, una manera un poco rimbombante de tomar las riendas del descontrol de los precios con el que convivimos desde hace años. En realidad, esta guerra comenzó hace tiempo pero no es la inflación quien nos ataca. Iniciar una contienda contra algo tan abstracto es señal de que no se tiene bien en claro quién es el enemigo. La inflación no es una divinidad ni un fenómeno meteorológico, sino el resultado de una nociva y avarienta acción de un puñado de privilegiados que se apropia de la dignidad del resto. Si la guerra no es contra Ellos, estamos condenados a una segura derrota.

Dos datos pueden aclarar estas afirmaciones. El primero se relaciona con las ganancias que obtuvo Arcor el año pasado. De acuerdo a lo informado por la empresa de Luis Pagani a la Comisión Nacional de Valores, más que duplicó el favorable saldo de 2020, con casi 20 mil millones de pesos, lo que representa más del 142 por ciento. Una ganancia excepcional que no merece aplausos, sino una ejemplar condena porque ni el incremento de precios del año pasado ni la evolución del consumo consiguen explicarla. La única receta para lograr esta “exitosa” acumulación es el aumento bestial del precio de los productos que Arcor elabora y comercializa, todos relacionados con los alimentos. Un abuso inadmisible de apropiación de ganancias.

El segundo dato se relaciona con la incidencia de los salarios en las cuentas empresariales. En 2015, el pago de sueldos representaba alrededor de un 20 por ciento y hoy apenas alcanza la mitad. Ese diez por ciento explica una pérdida del poder adquisitivo del 50 por ciento y para recuperarlo no basta con que los salarios “le ganen a la inflación”. La puja distributiva la ganan los formadores de precios y todos padecemos las consecuencias.

Por todo esto, el viernes no empieza la guerra contra la inflación sino una respuesta tardía de un gobierno que confía demasiado en acuerdos que siempre son pisoteados por los poderosos. No sólo Arcor, sino también Clarín, Techint, Ledesma, Molinos Ríos de la Plata y todas las empresas grandotas que operan en nuestro país han comenzado este conflicto. Cualquier medida que tome el Ejecutivo no debe ser temporal ni dubitativa: ya no es tiempo de negociar, sino de derrotar a los que nos hacen la vida imposible, por más amenazas que el Poder Real haga contra la democracia.

viernes, 11 de marzo de 2022

¿Ganamos o perdimos?

 

Difícil estar feliz después de la aprobación en Diputados del Acuerdo con el FMI. No sólo porque ninguna tratativa con ese organismo merece ser festiva, sino también porque el tamiz legislativo dejó fuera de la ley la principal garantía para que el peso de la deuda contraída de forma ilegítima no caiga sobre la espalda de la mayoría. Los que sí están contentos son los juntistas que lograron que la especificación de la (i) responsabilidad de Macri y el programa económico más o menos progresista fueran a parar el cesto. Esta victoria oficialista es confusa porque obtuvo más votos ajenos que propios. Una derrota encubierta después de haber negociado dos años una deuda que debería haberse desconocido desde el principio.

Los cambiemitas tienen más para celebrar porque –por enésima vez- lograron suavizar su prontuario. Como si no hubieran tenido nada que ver con el tema, quedan como paladines del diálogo y el consenso al sacar al Gobierno del riesgo de default. Hasta parecen más solidarios que los integrantes K del FDT. Encima tienen la posibilidad de alimentar la fractura tan deseada entre Alberto y Cristina. Y por si esto fuera poco, en una sola jugada debilitaron al adversario y allanaron más el camino hacia la presidencia. De ganar las elecciones en 2023, además de tener el tema de la deuda arreglado, podrán hacer las soñadas reformas laborales y previsionales y los ajustes regresivos de rigor para que la mayoría pierda derechos en pos de potenciar los privilegios de la minoría a la que representan. Todo esto es posible gracias a los incautos votantes que insisten en dejarse incrustar prejuicios, patrañas y mentiras por la hegemonía mediática.

Tanta insistencia con la reiteración de la tragedia, que Ricardo López Murphy tiene una inmerecida banca en la Cámara de Diputados. El efímero ministro de Economía de la Alianza denostó el proyecto porque no contenía las medidas de ajuste que lo eyectaron del ministerio más de veinte años atrás. Hasta se dio el lujo de “solidarizarse con las fuerzas de seguridad” que se entrenaban fuera del Congreso. La desmemoria de la mitad del país nos va a conducir a la extinción, más aún si siguen las moralinas de la denunciadora serial Margarita Stolbitzer: “no es de buen político andar llorando la herencia recibida, no es de buen político andar mirando cómo echar las culpas hacia el pasado”. Justo ella, que se sumó al rejunte que estuvo cuatro años justificando sus desmanes y atrocidades con la excusa de la inexistente Pesada Herencia.

Pero después de este episodio tiene que haber un futuro. No es justo dejar la cena servida para que se la fagociten los de siempre, porque en realidad, la cena somos nosotros y ya sabemos cómo devoran los angurrientos. El acuerdo con el FMI evidenció un desacuerdo en el frente gobernante que se tendría que haber aclarado antes. De aquí en más, hay que fortalecer los lazos –con más similitudes que diferencias- para enfrentar a quien sea para recuperar todo lo que hemos perdido en este tortuoso camino que venimos recorriendo desde 2015 y conquistar mucho más para garantizar la construcción de un país para todos.

sábado, 5 de marzo de 2022

Banderas, deudas y perlitas

 

La verdadera disputa se desatará cuando se plantee quiénes pagarán la deuda. Entonces, quedará más claro qué defienden los PRO, los jueces y los medios dominantes: los intereses de una minoría enriquecida a costa de nuestros padecimientos.

El acuerdo con el FMI ya está en el Congreso para su aprobación, una batalla que será dura no sólo con la oposición propiamente dicha sino también con algunos integrantes del FDT. Para desconocer la deuda ya es tarde, pero siempre es oportuno destacar su ilegitimidad, su monstruosidad y su inutilidad. En realidad, calificarla de inútil es demasiado ingenuo: los que la tomaron sabían de su cipaya utilidad. Las discusiones en el Congreso no deben pasar por aceptar o no este memorándum de entendimiento sino por quiénes son los que deberán devolver lo que fugaron. Los entendidos afirman que es “el mejor acuerdo posible” porque no incluye las reformas estructurales que siempre perjudican a la mayoría. Y el ajuste tan temido se aplicará a los más privilegiados, tal como vienen anunciando algunos funcionarios. Por supuesto, tener a los emisarios del FMI controlando nuestros números es por demás irritante pero es la pesadísima herencia que nos dejó el Infame Ingeniero y el mejor equipo de facinerosos de la historia.

Los PRO, lejos de estar arrepentidos por todas las rocas que dejaron en nuestro camino, están más agrandados que nunca y dispuestos a volver a ser gobierno con cualquiera de los monigotes que conforman su staff. Claro, el inmerecido triunfo que obtuvieron en las elecciones de medio término alimenta el ego de estos irresponsables personajes. Los medios hegemónicos capitalinos y los clones de todo el país contribuyen a presentarlos como angelicales paladines de la patria -por más que sean emisarios del Imperio- y validan todas las incongruencias que recitan frente a cámara. Y lo peor –por más incorrecto que esto suene- son los incomprensibles votantes que bailan al ritmo de las más obscenas manipulaciones. Quizá hasta estén exultantes porque los juntistas colgaron banderitas de Ucrania en sus bancas del Congreso y abandonaron el recinto cuando Alberto recordó que la investigación por la deuda sigue adelante. No todos se fueron: los que se quedaron padecieron un bullyng despiadado que está muy lejos del diálogo, el consenso y el “respeto por los que piensan distinto”.

Sin dudas, la lógica odiadora de los macristas contamina a sus seguidores, que están a la espera de que les señalen el blanco sobre el que atacar: con situar a Cristina en cualquier hipótesis descabellada alcanza para que la rabia los llene de baba espumosa. Si presentan una foto de la vice vestida como soldado ruso, por más inverosímil que sea, por más fallido que sea el fotoshop la toman como real y la incorporan al instante como un argumento válido para denostar al kirchnerismo. Ya sabemos que la tele tradicional influye en una porción pequeña del consumidor de medios, pero los mensajes en las redes se encargan de conducir el entendimiento de muchos hacia la más absoluta irracionalidad. La suspensión de la venta de crema o ensalada rusa sobra para reflejar tamaña estupidez.

La discusión pública está bastardeada como nunca y ya sabemos quiénes la han conducido hasta ese lugar. La mentira, la tergiversación y las más alocadas interpretaciones de hechos inexistentes pululan por todos los rincones y son asimiladas por individuos que se dejan pensar por el discurso dominante. Si toman en serio a Milei o creen que Rodríguez Larreta es la mejor opción para presidir el país no es porque estos personajes sean merecedores de semejante honor. Y para peor, Patricia Bullrich lidera las preferencias. El blindaje mediático es cada vez más poderoso y parece que no basta con el desastre dejado por Macri, las revelaciones sobre la GestaPRO de Vidal ni la CABA convertida en inmobiliaria por Rodríguez Larreta para desalentar a los votantes amarillos.

El panorama parece desolador. Pero siempre hay opciones para escapar del laberinto. El discurso de Alberto Fernández en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso puso el tema de la responsabilidad en la toma de deuda –entre otros temas no menos importantes- en agenda. Sin abusar de ella, la Cadena Nacional es una herramienta necesaria para señalar el rumbo y desenmascarar a los cínicos. Una vez por semana, media hora de discurso contundente puede despabilar muchas cabezas. Y la pauta oficial en los grandes medios destructivos podría ser la clave para debilitar esas vociferaciones que tanto confunden a los argentinos. Tomando las riendas del discurso y convirtiendo en logros las promesas, el camino hacia el 2023 parece más allanado.

Obscenidad de los angurrientos

  La incontinencia verbal de los miembros del establishment y sus apologistas inspira declaraciones insostenibles y hasta groseras. Algun...