miércoles, 13 de julio de 2011

El triunfalismo de los derrotados

Festivos, trasnochados, burbujeantes se mostraron el lunes algunos referentes de la oposición al gobierno nacional. Aunque los números obtenidos en las elecciones porteñas por las fuerzas políticas a las que representan no alcanzan en conjunto al diez por ciento del electorado se apropiaron del triunfo del PRO y se subieron a un tren al que todavía no fueron invitados. Carrió, Alfonsín y Duhalde, sin ponerse colorados –salvo por el consumo exagerado de champagne- comenzaron a repartirse los votantes de Macri de cara a las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) del próximo 14 de agosto. Claro, desde su lógica política basada exclusivamente en lo que ocurre en los estudios de un canal de TV, Capital Federal es la Argentina y ya ven una contundente derrota del kirchnerismo en las elecciones nacionales.
Pero no. CABA no es el país. Si bien las encuestadoras quedaron descolocadas por los resultados de los comicios del pasado domingo, la tendencia del electorado es mantener las autoridades actuales. De sostenerse esta paradoja, la combinación Macri en Capital Federal y Cristina a nivel nacional es una fija que ningún analista se atreve a negar. Claro, salvo los perdedores absolutos, los que sueñan con trasladar los votos obtenidos por el Jefe de Gobierno porteño a sus filas como si fueran mansas ovejas pastando en la pradera de la 9 de julio. Desde ahora y hasta el 14 de agosto, el Isidoro Cañones de la política será tironeado por las tres fuerzas desplazadas y suplicantes para que se declare a favor de alguna de ellas. Quien puede ser el beneficiario es el candidato radical, aunque los próceres del partido más que centenario –y más aún, Don Raúl Alfonsín- abucheen desde la eternidad ese caudal conservador.
Hasta el 31 de julio, que es la fecha establecida para el esperado balotaje, la capital del país será el escenario de la confrontación de dos modelos y quien más deberá remar  será el senador Daniel Filmus, muy lejos del porcentaje necesario para alcanzar el triunfo.
El actual Jefe de Gobierno no tendrá que hacer ningún esfuerzo en su estrategia de campaña. Lo realizado durante estos últimos meses –o lo no-realizado- le bastó para superar el discurso fuertemente persuasivo de Daniel Filmus. En efecto, Macri seguirá flotando en su laguna, atrincherado en el búnker mediático construido por sus aliados, los exponentes del periodismo independiente. Sólo tendrá que repetir algunas veces más las insulsas consignas de sus afiches y apuntar a la felicidad, a los globos coloridos, al olvido del pasado y algunas frases memorizadas extraídas de libros de autoayuda.
Y Filmus está ante el gran desafío: revertir el resultado conquistando al electorado que le fue esquivo. Si lo logra, si puede ampliar su aceptación, si puede convencer al número necesario de votantes, su victoria será histórica. Y hay algo de eso. No en vano circuló en estos días la versión de que el candidato del Frente para la Victoria renunciaría al mano a mano para obtener el cargo de Jefe de Gobierno porteño. Si no alcanza a superar a Mauricio Macri, será la validación de los resultados del pasado domingo.  Pero si Filmus persuade a los que votaron a otras fuerzas, a los que no votaron y a los posibles arrepentidos será como el final feliz de una película pochoclera. Será David derrotando a Goliath.
¿Tiene que cambiar Filmus su estrategia de campaña? ¿Tiene que apelar a las frases sencillas y efectistas?¿Deberá aprender a bailar cumbias entre globos de colores? No, porque eso sería una vulgar imitación de algo que de por sí es vergonzante. Filmus tiene que ampliar su auditorio, visibilizar sus propuestas invisibilizadas por la prensa hegemónica, reforzar la claridad de sus ideas. Deberá mostrar el contraste entre una gestión ineficiente, descafeínada, incumplidora y victimizante y su discurso poblado de acciones tendientes a la equidad, a la justicia, a la ampliación de derechos, a la construcción de una ciudad más solidaria. Deberá hacerse oir entre el estruendo fatuo y ensordecedor de la nada macrista. Tiene que vencer el viejo prejuicio que dice que cada cual tiene su idea; debe demostrar que las consignas del PRO son vacías; sólo con ideas se vencen los prejuicios. Son los buenos argumentos los que convencen al otro. Las meras consignas seducen, distraen, desvían. Filmus tiene que señalar un camino de transformación para una ciudad que parece a contramano del resto del país. El balotaje es una segunda oportunidad que los ciudadanos de la CABA deben aprovechar.
En la provincia de Santa Fe no tenemos esa posibilidad de votar “en borrador” para después hacer un original más prolijo. Es una sola vez y chau. Los números del domingo inyectaron en el candidato Miguel Torres del Sel un optimismo desmedido. Sus propuestas son tan huecas como las de su jefe político porteño. El sábado será el debate entre los candidatos a la gobernación. Si bien es una puesta en escena, con textos memorizados y ensayados, permitirá que los electores santafesinos visualicen las propuestas del futuro habitante de la Casa Gris.

lunes, 11 de julio de 2011

Una sorpresa amarilla

Después de los resultados de una elección, lo más importante es tratar de encontrar una explicación a las intenciones del votante. Incluso cuando la foto del día después rompe con todos los análisis previos de las encuestadoras, politólogos y sociólogos. En el caso de la contundente, sorpresiva y exagerada victoria del macrismo en Capital Federal hay que partir más de las dudas que de las certezas en la voluntad del electorado. Porque no es Macri ni su equipo el que sorprendió a todas las predicciones, sino el electorado. El porcentual obtenido por el actual Jefe de Gobierno sobrepasó hasta las encuestas más optimistas, que le daban una ventaja del doce por ciento sobre el candidato del Frente para la Victoria, el senador Daniel Filmus. Evidentemente, hay algo en Macri que los ciudadanos de Buenos Aires ven y quien escribe estos Apuntes Discontinuos no puede apreciar.
Todo lo que uno puede conocer, leer, escuchar sobre la gestión en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, CABA, presenta un déficit respecto de las promesas realizadas en 2007. Los kilómetros de subte no construídos, las viviendas sociales, la seguridad, la educación y la salud pública es el saldo deudor de una gestión basada en la culpa ajena y no en deficiencias propias, en la victimización permanente por la incapacidad de solucionar los problemas en la capital del país. Además, están las anomalías de la administración macrista, la superpoblación de funcionarios, las escuchas ilegales, la represión racista de la UCEP, el contrato escandaloso por las neetbook con sobreprecios para las escuelas públicas. Y está su discurso, que expresa un desprecio hacia los que menos tienen, una visión light y clasista de la realidad, despolitizada, descomprometida. Las palabras triunfalistas del domingo por la noche, más parecían la aceptación de un destino no deseado, un cargo tomado más con resignación que con la pasión que la política requiere.
A pesar de todo esto, que es lo que uno percibe desde la distancia, el ciudadano de Buenos Aires otorgó un desmesurado triunfo a la fuerza no-política identificada con el color amarillo; premió una gestión a partir de los logros que el PRO no puede ostentar; apoyó las expectativas que Macri no despierta. Un grosero error que se puede cometer en la lectura de esta realidad es explicar el voto porteño desde la desinformación, desde el desinterés. Eso sería descalificar el voto popular, algo muy tentador, pero equivocado. Recordemos las declaraciones de Pino Solanas después del triunfo del Frente Para la Victoria en Catamarca, cuando se refirió a la baja calidad del voto en los sectores pobres.
La mayoría de las encuestadoras preveían una casi paridad entre los dos candidatos; cuanto mucho, una diferencia de diez o doce puntos. Sin embargo, los veinte puntos existentes entre Macri y Filmus descalifica más a los expertos que a los votantes. Tal vez las encuestas están más para torcer las voluntades que para leer las intenciones. Esto es una duda, no una afirmación.
Una explicación que circuló previamente –una excusa anticipada- se relaciona con el cerco informativo realizado por los principales medios informativos. Es un dato: no había una sola noticia que reflejara aspectos negativos de la gestión macrista en la prensa hegemónica. Eso puede afectar al público del interior, que ante la imposibilidad de comprobar de manera directa el estado de la CABA, la percepción se da a través de las noticias. Pero el habitante porteño puede apreciar los déficit –o los logros- de manera directa.
Para el autor de estos apuntes, el personaje que Macri presenta en cada aparición mediática resulta indigerible. El esfuerzo por mostrarse alejado de toda ideología, la superficialidad con que aborda los temas que se le plantean, la intencionalidad de comportarse como un hombre común alejan al líder del PRO de mis preferencias electorales. Pero tal vez sea eso lo que encante a los porteños, el personaje canchero, desinformado, ganador, improvisado y hasta con una inocente figura de chantún.
Si no se tuvieron en cuenta los déficit –los no-logros- ni tampoco la visión ideológica ni las promesas incumplidas, ¿qué se valoró de Macri? ¿Qué se premió?
Hay dos formas de convencer al otro, de ganar su voluntad: la persuasión y la seducción. En la persuasión entran en juego los argumentos, las evidencias, los logros, las ideas. En la seducción no hay nada de eso. Lo que seduce es lo que no se muestra, el secreto, el ocultamiento. Lo que no se dice seduce. Quizá haya sido esto lo efectivo de la campaña de Macri a través de frases como “vos sos bienvenido” o “juntos vamos bien”, ideas que no dicen mucho –no persuaden- pero sí seducen. Son consignas sin promesas concretas. En las elecciones de 2007 Macri ganó con promesas que no cumplió a lo largo de sus cuatro años de gobierno. Ahora no hace hincapié en los incumplimientos de su anterior campaña ni en nuevas promesas sino que en esas frases descafeínadas transforma lo que no se hizo en una gestión eficiente. Seduce con la nada.
Y lo que viene en estas tres semanas es la incertidumbre. La manera en que se reparta la torta electoral de cara al balotaje es una incógnita. El electorado a repartir se ubica en los que no votaron o los que votaron a otras fuerzas. Tal vez haya arrepentidos. Es posible que la victoria desmesurada de la fuerza gobernante se origine en la intención de garantizar una segunda vuelta. Y hay un riesgo. Lo que está en juego en la segunda vuelta es sólo la jefatura de gobierno. Los legisladores y los comuneros ya están elegidos y hay mayoría amarilla. En el caso de que el electorado corone a Filmus como alcalde de CABA se conformará un licuado de gestión imposible de predecir.
Un último punto: qué rol juega la autonomía de la CABA en todo esto. Recordemos que esta situación es nueva. Antes, era el Poder Ejecutivo Nacional quien elegía al intendente de Capital Federal.  Desde hace quince años el ciudadano porteño elige sus autoridades y la autonomía puede significar una necesidad imperiosa de diferenciarse de las autoridades nacionales. En este caso, sería más importante la diferencia que la gestión. Esto es que el ciudadano porteño se siente tan autónomo que prescinde de los logros de una gestión, que lo único que puede garantizar su autonomía es la diferencia. ¿Será eso?
Lo más preocupante para los santafesinos es la imagen de un Miguel Torres Del Sel exultante, exaltado, compartiendo el escenario triunfalista de tonalidad amarillenta, como un peligroso empujón para acceder a la gobernación de la provincia en las elecciones del próximo 24 de julio. Gracias por el chiste.

sábado, 9 de julio de 2011

Paranoia, fatalismo y Del Sel y la nada

Observador de las cosas que como autor de estos apuntes debo ser, trato de que no se me escape detalle cuando recorro las calles de mi ciudad. También escucho los relatos que familiares y amigos me hacen de lugares apartados de mi centro de operaciones. Para completar, leo diarios y veo los informativos locales y nacionales. No por esto voy a decir que accedo a la totalidad del mundo que uno puede conocer. Al contrario, más allá de mi extrema atención y la cantidad de fuentes de información, mi percepción es sobre una realidad limitada, como la de todo sujeto ligado a su espacio y a su tiempo. Esto quiere decir que me pierdo muchas cosas, como todos los seres humanos de cualquier parte del mundo.
A pesar de estas limitaciones, propias de la naturaleza humana, uno puede apreciar el pulso de los aconteceres en las cosas cotidianas; se advierte el clima que se vive en la calle, en los negocios, en las conversaciones, en los rostros. Sin ir más lejos, el jueves llevé al cine a mi sobrina menor, paseamos por las peatonales y entre las personas que se nos cruzaban -multitudes por las vacaciones- había un clima festivo, alegre, tranquilo. Es posible que al mismo tiempo, en otros lugares, ocurrieran cosas terribles, como asaltos, robos, asesinatos, explosiones, guerras, huracanes, terremotos, trombas marinas y ataques de tiburones a bañistas despreocupados. Pero todas esas cosas pasan todo el tiempo y llenan las páginas de los diarios. Más me alarmaría la tapa de un diario que anunciara con grandes letras “Tío y sobrina pasan una tranquila tarde en el centro de la ciudad”  y en las páginas interiores aparezcan amables relatos similares. No. Los diarios y los informativos se dedican a difundir malas noticias y en cierta forma nos hacen sentir a salvo. Aunque no siempre.
El viernes, la carta de un lector del diario –es un decir- La Capital traslucía el temor agónico de quien está rodeado de ratas famélicas. El texto se titula “La sociedad desciende a la D” y lo firma una tal Adriana. Relaciona el descenso de River con la decadencia moral, humana, política y económica que –según sus dichos- vive nuestro país, con mucha imaginación y también, paranoia. Perdón, dije “nuestro país” y debería haber dicho “su país”. Porque si bien no estamos en el país de las maravillas, el territorio de las pesadillas que incluye Adriana en su relato está muy lejos de ser la realidad de un país que está comenzando a recuperarse.
Al mediodía, en uno de los noticieros locales, informaban sobre el corte de energía eléctrica en una cuadra poblada de edificios. Los vecinos se quejaban, con justo motivo, pues tenían que subir y bajar escaleras y sobre todo gente mayor que no puede hacer tamaño esfuerzo. Pero un señor lanzó la frase mágica que hace que un escalofrío recorra mi espalda: “este país no da para más”. Oración fatalista –si las hay- que no significa nada y a la vez significa mucho. Porque uno la escucha a menudo ante los accidentes más cotidianos e insignificantes. En su momento –cuando agregué algunas zonceras al libro de Aníbal Fernández, sin que haya enviado acuse de recibo, por supuesto- analicé esta idea que circula por algunos conciudadanos. Si nuestro país –no “este” que suena como si no nos perteneciera- no da para más, no nos queda otra cosa más que el suicidio colectivo, porque no hay nada ya que lo mejore. El único camino es esperar su muerte definitiva. Además, cada vez que circuló esa frase, que se hizo carne en la mayoría de los ciudadanos, caímos más bajo todavía. Afortunadamente, la mayoría de los ciudadanos sabe que nuestro país da para mucho más.
Da para tanto nuestro país, que hasta Miguel del Sel puede jugar a ser candidato a gobernador. Y para tanto más que algunos santafesinos hasta pueden llegar a votarlo, aunque todavía no presentó el libro con sus propuestas que había prometido a mediados de mayo. Es más, para conocer algunas de sus ideas, tuve que recurrir a entrevistas realizadas en diferentes medios, porque ni siquiera en la página oficial del PRO Federal se puede encontrar algo parecido a una propuesta de campaña. El sábado 16 de  julio lo veremos en el debate con los otros dos candidatos a gobernador y tal vez pueda hacer una convincente imitación de un político.
Para que vayamos pensando, voy a exponer algunas declaraciones que hizo en distintas oportunidades, desde el momento en que anunció su intención de presentarse como candidato a gobernador de la “invencible” provincia de Santa Fe. Apelé al buscador de internet, lo que me brindó entrevistas en distintos medios gráficos, radiales y televisivos.
Como figura mediática más que política, lo primero que hizo al lanzar su candidatura en Santa Fe fue recorrer distintos medios capitalinos… no de la capital santafesina, sino de Capital Federal, porque, según dijo, su estrategia es estar en contacto con “la gente” y así se llega a lo cotidiano familiar. ¿Está clara la paradoja? Además, expresó que su perfil de votante es similar al de Carlos Reutemann, para tranquilizar a los santafesinos que padecieron la peor inundación durante la gobernación del expiloto.
Una de sus expresiones habituales, junto con las críticas a toda la dirigencia política en general, es ser alguien que viene de “afuera”. Venir de afuera singnifica ni más ni menos que no viene del terreno político, sino que se baja del escenario para ser nada menos que gobernador y va a superar a todos los políticos desde lo no-político. Esto quiere decir algo así: como no soy político voy  a ser mejor político que todos los políticos que me antecedieron o todos son malos menos yo que nunca estuve en política.
A pesar de que no promete mucho, ya hay personajes del pasado que lo apuntalan como el futuro gobernador. Uno es el caso de Luciano Miguens. El discurso del candidato hace eje en la producción agropecuaria, uno de sus hobbies cuando no está haciendo otros personajes en escena. Todo indica que va a ser un representante incondicional de ese sector de la economía local y que sus medidas apuntarán a favorecer a la producción primaria, aunque desliza sin convicciones que se interesa por la industria asociada.
Una de las cosas que siempre repite es ser un candidato transparente porque “la gente me ve como buen tipo, porque me fue bárbaro durante treinta años y tengo plata”. Eso en política se llama “honestismo”, cuando la figura del candidato se basa en la honestidad futura y no en sus propuestas políticas. Por último, afirma que la gente ve tanto a él como a su candidato a vice como “gente normal”. ¡Cuánta profundidad hay en los dichos de Del Sel! Tanta que parece que sus promesas nos pueden conducir a un abismo.
Claro. Nadie dice que un actor cómico no pueda dedicarse a la política. Hay numerosos ejemplos como Luis Brandoni, Lidia Satraño, Irma Roy, Nito Artaza que han ligado su vida a la construcción política, pero de a pasos. Ninguno de los personajes dieron un salto tan grande ni tan irrespetuoso como él. Comenzaron en la tarea legislativa y tal vez no salgan de ahí. Otros comienzan como concejales, después diputados provinciales, nacionales… La política es construcción, voluntad, compromiso. Miguel Torres del Sel ha sido construido desde la nada y parece que más que gobernar va a ser gobernado por los sectores a los que él representa. Por lo pronto, parece que crece en las encuestas y su aceptación alcanza el veinte por ciento. ¿Caeremos tan bajo en la “invencible”?

miércoles, 6 de julio de 2011

El rubro 59 y las travesuras de Marcelo

Antes de comenzar con este Apunte Discontínuo debo aclarar que jamás veo el programa de Marcelo Tinelli. No entra en mis opciones de entretenimiento ni aunque no me queden opciones, a pesar de que sus engendros televisivos tienen más horas de transmisión que la Cadena Nacional. Sin embargo, a veces, la casualidad pone ante mis ojos algunos instantes de semejante aquelarre. Algo así pasó el lunes 4 de julio, cerca de la medianoche. Por simple curiosidad quería saber qué temperatura estaba haciendo en Rosario y puse canal 5 que en ese momento estaba pasando publicidad. Me vi obligado entonces a poner canal 3, la repetidora sin vergüenza ni reparos de cuanta estupidez se produzca en canal 13 de Buenos Aires, que a esa hora emite Show Match. Mientras miraba el número que indicaba la temperatura, había un chico y una chica terminando su exhibición de saltos y contorsiones espasmódicos vestidos con un atuendo inadecuado para una noche invernal… o mejor dicho, casi desvestidos. Cuando acabaron de sacudir cada milímetro  de su piel brillante y ante el aplauso desproporcionado del público presente, la pareja se fundió en un abrazo y se arrojó al suelo, el muchacho de espaldas y ella sobre él, cara a cara, pecho a pecho, cual simulación de coito. La cámara, ni corta ni perezosa, hizo un primer plano de las protuberantes nalgas de la bailarina y su insinuante entrepierna.
Como si esto fuera poco, el conductor de semejante bazofia televisiva se acercó titubeante, se arrodilló junto a los bailarines y se acostó sobre la espalda de ella, simulando un desmayo. Mientras ocurría esa travesura de Marcelo, el público aplaudía desaforadamente y la locutora en off decía las estupideces que sólo ella sabe decir. Pero ahora viene lo peor, porque lo relatado puede formar parte de la canallesca picardía explotada hasta el hartazgo por tan mercenario personaje.
La pantalla estaba poblada por este triplete humano: Tinelli parecía la frutilla del postre. De fondo, la malsana bulla del público y la locutora que simulaba retar al conductor. Claro, para perfeccionar el mal gusto de la escena, Tinelli intentaba levantarse pero no podía, excusa perfecta para apoyar su mano izquierda en cuanto trozo de piel femenina tenía cerca. Con la mano derecha  sostenía el micrófono, el símbolo fálico de su composición escénica. Todo esto no duró más de dos minutos, tal vez menos. Mi estómago no hubiera soportado más que eso. Pero el asco me dura. No por lo provocativo de la fusión de los cuerpos desnudos ni por la obscenidad que destilaba, sino por la relación de poder que allí se establecía. Eso es consenso, cuando alguien poderoso somete a alguien débil. El consenso no es un acuerdo entre iguales, sino que conlleva una relación de jerarquía.
Tinelli, el jefe, podía manosear frente a todos a la sometida muchacha. El joven, su pareja de baile, debía ser testigo de la escena con absoluta impotencia, aceptando esa “virtual” violación. El, dominante, estaba por encima de los dos. El dueño de casa toqueteando a la mucama con total impunidad. El gerente de la empresa –un viejo baboso- abusando de su secretaria. Si eso no es explotación y abuso de género no entiendo nada. No vengan con el verso de que las chicas aceptan eso, que hay un contrato, un acuerdo. No, estimados lectores, hay consenso. Nadie va a aceptar ser humillado de esa manera ante las cámaras, aunque quiera acceder al estrellato. Eso es abuso de poder y me da asco. Debe producir asco.
Pero más me asquea el disfrute masturbatorio que tamaña monstruosidad puede despertar en el espectador hogareño, que se convierte en cómplice de una violación –actuada o no- para su beneplácito. Quien se ríe de una escena así debería sentirse avergonzado.
En textos anteriores manifesté mi rechazo rotundo a la “marca Tinelli”. Es un residuo de otras épocas, no-contenidos que resultan extemporáneos y embrutecedores, además de despojados de todo valor humano.
Probablemente muchos aplaudieron la prohibición del rubro 59 a través de un decreto firmado por la Presidenta. Resulta contradictorio que después de tal medida, un número importante de ciudadanos decida regalar rating a este deleznable sujeto público  que sólo merece nuestro repudio. A veces parece que algunos no entienden nada. Por lo pronto, prometo no preocuparme más por la temperatura invernal.

martes, 5 de julio de 2011

El antes y el ahora de la información

Para los que estamos cerca del medio siglo, no será difícil evocar aquellos tiempos en que el acceso a la información se reducía a unos pocos medios. Unos cuantos canales abiertos de televisión, algunas radios AM, unas revistas y diarios y no mucho más. Aunque los jóvenes no puedan creerlo los ciudadanos nos informábamos a través de una cantidad de medios que podían contarse con los dedos de las manos. Entonces –estoy hablando  los años de la dictadura- era fácil controlar el flujo de la información; era muy sencillo distraer al público o engañarlo con espejitos de colores; no había que ser un experto en estrategias comunicativas para imponer una idea porque la censura del régimen impedía que se filtrara cualquier tipo de discurso disidente. De esa manera, el público podía ser convencido de cualquier cosa, de la campaña antiargentina, de la locura de las Madres de Plaza de Mayo, del peligro subversivo. Era muy difícil –y hasta arriesgado- encontrar información que mostrara una realidad diferente y peor aún, difundirla.
De esta manera, la construcción de la agenda informativa se basaba en la tapa de algunos diarios y la replicación por la sucesiva cadena de medios controlados. La “realidad” emergía fácilmente ante la percepción del público y no existía manera de construir una mirada alternativa que alcanzara una modesta repercusión. Ocultar, manipular, tergiversar, mentir era la práctica corriente de muchos medios de comunicación, algunos por controles y presiones, otros por miserable complicidad. No era necesario “creer” en los medios porque su veracidad no estaba en discusión, al menos para el grueso del público. Tampoco había muchas posibilidades de contrastar la información porque, como ya se dijo, el número de medios de información era limitado y todos estaban bajo el férreo control de los dictadores y sus inspiradores civiles.
La conjunción entre una dictadura atroz y una cadena de medios sometidos a una disciplina informativa estricta logró conformar un sentido común que dominó durante algunos años la sociedad argentina. Pero eso se hizo realidad bajo la fuerza de las armas y del miedo.
Después de la recuperación de la democracia y los intentos de Alfonsín –tibios, por cierto- de darle otro estatus a los medios de comunicación, vinieron los noventa. Ahí no había armas ni miedo: había dinero. Y los grandes medios actuaron en consecuencia distribuyendo en sus contenidos toda la superficialidad posible, la mayor vanalidad que un ser humano puede soportar. Casi todos se pusieron en sintonía con la despolitización de la ciudadanía, con la exaltación del individualismo, con la divinización del dinero, con el abandono de toda forma de solidaridad. Y no existían las amenazas sino que gobernaban los intereses. De unos pocos, por supuesto.
A mediados de esta década, una importante transformación se estaba operando en el sistema de medios de comunicación y con mucha lentitud, iba conformando un nuevo tipo de público. Los sistemas de TV por cable y satelital –que habían comenzado a aparecer a mediados de los ochenta- reforzaron su presencia  para ofrecer opciones diferentes de entretenimiento e información, para los que podían pagar el abono, claro. Pero esto empezó a socavar la idea de masividad: al menos una parte del público podía acceder a un consumo diferente. También en esa década, comenzó a hacer pie en nuestro país internet, aunque su incorporación al consumo habitual de medios ocurrirá unos años después.
El 2001 es un quiebre. No hay que dudarlo. Es una frontera que como sociedad traspasamos pero no hay que considerarla sólo una línea, un momento aislado de nuestra historia. La crisis del 2001 no fue un accidente, sino un resultado. Y caímos tan bajo, nos sentimos tan derrotados, la sensación de fracaso era tan extendida que nos parecía imposible volver a ser “algo” en un mapa. Los mensajes mediáticos contribuyeron mucho a la desintegración de la sociedad y la percepción negativa hacia nuestro país. Cuando mostraban conciudadanos que había tomado la decisión de comenzar su vida en otro lado, lo hacían para despertar la envidia de quienes no podían emigrar. Con cinismo e impunidad construyeron la imagen de un país que los estaba echando. Los que quedaban parecían cautivos o rehenes en las frías pantallas. Todavía era fácil construir realidad desde la redacción de un medio, pues los cuestionamientos de su accionar se reducían a las cátedras de las carreras de Periodismo o Comunicación social.
Hoy el ciudadano tiene muchas herramientas para ser diferente en comparación con los períodos anteriores. Tenemos a nuestra disposición una infinidad de medios que permiten cotejar, completar, desmentir la información que recibimos de los medios hegemónicos. Además, está instalada y difundida la idea de que la función informativa de muchos canales, diarios y revistas está condicionada –casi diría, orientada- por los intereses políticos y económicos de sus propietarios. Finalmente, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual contribuyó a tomar como bandera la democratización y difusión de la palabra.
Resta decir, por si no lo saben, que la información es un derecho. Tenemos derecho a informar y ser informados más allá de la propiedad privada de los medios comerciales, que casi siempre nos privan de la información que se contrapone con sus intereses. Parece mentira que todavía el ocultamiento de la información condicione la percepción de la realidad de muchos habitantes de nuestro querido país. Por supuesto, no queda dentro de esa caracterización a los que no tienen acceso a TV por cable ni satelital, ni a internet ni a diarios y revistas; aquéllos que sólo pueden “informarse” a través de algunos canales abiertos y alguna radio masiva. Para estos, paciencia, pues la aplicación de la Ley de Medios va avanzando lentamente. Para los primeros, los que, a pesar de tener acceso a la variedad informativa a través de la infinidad de medios que tienen a su alcance, aún siguen percibiendo la realidad condicionada desde ciertos medios hegemónicos, no debe haber piedad en las críticas. Si bien la información es un derecho, como antes se dijo, también es una obligación si se quiere construir un país en serio, inclusivo y solidario. Y es una voluntad, necesaria para alcanzar a ser un ciudadano que debe tomar decisiones todos los días.


domingo, 3 de julio de 2011

Carta abierta a los ciudadanos de Buenos Aires

Lamento ser insistente, pero no entiendo. Trato de comprender algo que, a todas luces, es incomprensible. Soy así, no me conformo con una primera lectura. Busco, pero no encuentro. Sobre todo, me sorprendo. Está bien mantener intacta la capacidad de sorpresa. Según dicen los entendidos, eso conserva joven nuestro espíritu, si es que tenemos algo así. Pero no todas las sorpresas son gratas. Encontrar un rinoceronte en el living de mi casa provocará en mí una sorpresa enorme, acorde al tamaño del animal, pero seguramente no será grata. En cambio, si llego a casa y encuentro a un grupo de amigos con una torta y unos vinos para celebrar mi cumpleaños la cosa es diferente. Será una doble sorpresa, sobre todo porque mi cumpleaños es en marzo y para eso falta mucho.
Pero volvamos a lo que no comprendo. No a todo, no se asusten. El caso es que leo encuestas, análisis, balances, datos, opiniones, informes y nada de eso me da la clave. Para sintetizar, pregunto: ¿por qué si en CABA la imagen positiva de la Presidenta supera el cincuenta por ciento y la intención de voto es más o menos similar, Macri le gana a Filmus? Reformulo la pregunta: ¿por qué si la intención de voto a Cristina alcanza el cincuenta por ciento y la gestión de Macri es tan pero tan mala, las encuestas no dan ganador a Filmus? O pregunto más claramente: ¿por qué si Macri gestionó tan mal la jefatura de gobierno porteño, tiene un pensamiento tan jodido y es tan bruto para hablar tiene más de un “uno por ciento” de intención de voto? O una pregunta más clara, todavía: ¿por qué Dios creó a Macri?
Tal vez algunos de los que lean estas líneas se preguntarán, a su vez, por qué un ignoto profesor de provincias se interesa tanto por la elección a Jefe de Gobierno porteño. Otros, más terminantes: ¿qué se tiene que meter en algo que pasa a más de trescientos kilómetros de su casa? Respondo a ambas preguntas con una sola frase: la elección en CABA no me afecta materialmente, en principio, pero sí simbólicamente. Macri es el símbolo de lo que nos ha dañado durante tanto tiempo; representa lo peor de nuestro pasado hecho presente; es lo que se pinta como gestión transparente y desideologizada pero es todo lo contrario; es el gobernante que se dice eficiente pero no ha cumplido una sola de sus promesas y encima promete cumplirlas en la gestión futura; es el modelo de país que gran parte del país no quiere.
Por eso no entiendo. Es tan claro que representa todo esto. Un botón de muestra, o un globo, para ser más específico. El club 17 de agosto –donde Macri lanzó su reelección con globitos- presentó una factura al gobierno porteño por medio millón de pesos. El presidente de ese club es Sergio Constantino que –oh casualidad- es Director de Infraestructura Social, que depende del Ministerio de Desarrollo Social, a cargo de María Eugenia Vidal, candidata a vice de Mauricio.  Claro, ese club, además de ser el escenario donde el actual Jefe de Gobierno demostró sus dotes de bailarín a falta de capacidad política, funciona también como parador para indigentes, aunque no cuenta con las instalaciones adecuadas y no se sabe a ciencia cierta cuántos indigentes pararon allí. Por si esto fuera poco, hay irregularidades con los papeles, con la firma de los convenios y contratación. En la edición de Página/12 de hoy pueden encontrarse los detalles de estas serias anomalías. Y esto no es lo único. Pero claro, los principales medios no dicen nada de esto o a los votantes no les interesa.
El que vota a Macri no elige eficiencia, transparencia, gestión, inclusión, equidad. Elige clase, glamour y eso resulta doloroso. Por supuesto que en CABA habita un diez o un quince por ciento de ciudadanos que comparten los intereses de clase, pero la intención de votos supera el doble de eso. No se entiende.
Desde el punto de vista material, también me preocupa un triunfo de Macri. En la provincia de Santa Fe hay un emblemático candidato que ya alcanza un veinte por ciento que responde a la agrupación a-política del ingeniero: el ex Midachi Miguel del Sel. Un triunfo en Capital significará un impulso inmerecido para este candidato. Sean solidarios.
Ahora bien, si la imagen positiva de la presidenta y su intención de votos es tan alta en Capital Federal es porque se acuerda con su gestión, porque se comparte la visión de país que ella lleva adelante o porque hay beneficios visibles en su modelo. Entonces, ¿es que no se quiere eso para Buenos Aires?¿No habrá algo de masoquismo en todo esto?
El Isidoro Cañones de la política siempre echa la culpa de los problemas de la ciudad al Gobierno Nacional. Si es así, se podría poner al frente de CABA una intendencia del mismo signo político, así ya no quedan excusas. Filmus no podrá decir que las cosas no se hacen por culpa de Cristina ni tampoco dirá que Scioli manda sus enfermos para los hospitales de Buenos Aires.
En este caso parece haber un poco de capricho. O una necesidad de diferenciarse del resto o tal vez quieran seguir enfrentándose a los problemas que han tenido en los últimos cuatro años. Si se hubieran inaugurado los cuarenta kilómetros de subterráneos prometidos, si las lluvias no provocaran inundaciones insólitas, si los colegios públicos estuvieran en condiciones, si los hospitales públicos atendieran normalmente, si se hubiran solucionado los problemas habitacionales para los que más lo necesitan, esta nota no tendría sentido. Ah, eso sí: están entregando neetbook a los chicos de las escuelas –menos a los que no nacieron en Argentina- aunque a un precio tres veces mayor que el que se consigue en un negocio común. Claro, el Gobierno de la Ciudad se las compró a PRIMA, una empresa del grupo Clarín. ¿No será esa la clave para tanta confusión en el electorado porteño?

sábado, 2 de julio de 2011

Lo que en Capital Federal no se logró

Hoy la ciudad de Rosario dio un paso muy importante que puede convertirse en trascendente. Lo que en Capital Federal fue sólo un simulacro grabado, en la cuna de la Bandera se consolidó un debate real entre los tres principales candidatos a intendente. En efecto, Ricardo Schliper del PRO Federal, Mónica Fein del Frente Socialista y Héctor Cavallero del Frente Santa Fe para Todos, se encontraron en un estudio de TV de canal 5 para confrontar sus ideas en vista a las elecciones locales del 24 de julio. Además, este programa especial fue difundido en vivo por la radio LT8 y por la página web del diario La Capital.
Con respecto a este último medio, es necesario abrir un pequeño paréntesis. En su edición de hoy aparece la noticia de la televisación del debate pero se le escapa (creo) algo muy delicado. En el copete de la nota, innecesariamente menciona el fracaso de las negociaciones para concretar el debate en Capital Federal y echa la culpa a la negativa de Daniel Filmus a debatir en el canal de cable TN. Los que seguimos las discusiones previas pudimos apreciar los argumentos de Filmus y de Macri y sabemos que las cosas no fueron así. Macri sólo quería debatir en ese canal de cable, que es como su living, con el argumento –erróneo, por supuesto- de que siempre se había hecho así y no había que romper con un hábito que había costado tanto construir. Filmus aceptaba ir a TN si después se debatía en otros canales. Hasta la Universidad de Buenos Aires se había ofrecido como espacio neutral para su realización. Esto se puede constatar –no en TN ni en ninguno de sus satélites- en distintos medios de las últimas semanas. Uno puede aceptar que el público esté mal informado con respecto a este tema, pero no un periodista que se encarga de titular noticias en un diario (es un decir) como La Capital. Aquí se advierte una intencionalidad que hace sospechar para qué candidatos está jugando el matutino: para los que intentan federalizar las propuestas del PRO. Es por eso que salvan del papelón –entre muchas otras cosas- al jefe capitalino, Mauricio Macri. En su página web, hay muchos comentarios a esta nota en donde se desmiente el contenido del copete, pero los que compraron o leyeron la edición impresa se quedaron con tan flagrante mentira. Deberían revisar el lema que aparece en la segunda página, la creada por el fundador Ovidio Lagos que dice “las columnas de La Capital pertenecen al pueblo” o al menos aclarar de qué pueblo se trata.
Ahora vayamos al programa especial que se realizó para mostrar al público local –y también al capitalino- cómo debaten los candidatos a intendente. Más allá de la insoportable música que eligieron para la apertura, finalización y comienzo de cada bloque, que debe figurar en un catálogo de lugares comunes para debates políticos y las descerebrantes tandas con los anuncios de los programas que vienen desde Telefé Capital –Susana, Marley, AM, PM, Justo a Tiempo y otras sandeces- el programa mantuvo un ordenado equilibrio y por momentos llegó a despertar bastante interés.
Los temas elegidos fueron transporte público, seguridad, salud y planificación.  No es el objetivo de este espacio hacer una crónica completa de lo ocurrido entre los tres candidatos. Estimo que será más útil remitirse a la web del canal para ver el programa completo… ¡y sin las tandas!. Pero Apuntes Discontinuos puede dar una visión general y una conclusión que hará sacudir la blogósfera.
Ricardo Schlieper: el otrora comentarista deportivo y ahora político PRO realizó propuestas y esbozó lineamientos en coincidencia con la línea política de su jefe capitalino. Habló de bicicletas, trenes urbanos, cruces subterráneos, policía ciudadana, cámaras de vigilancia en toda la ciudad… Mostró algunos rasgos de humanidad cuando se refirió a la salud pública como un derecho y la necesidad de redimensionar la obra pública, tal vez para contratar empresas amigas. Tuvo dos momentos ideológicamente muy peligrosos. Uno, cuando expresó que la seguridad no es un tema ideológico y que a los piquetes no había que reprimirlos sino eliminarlos (sic y ¿?). El otro momento cuando propuso rediscutir el código urbano porque las empresas constructoras protestan por sus restricciones. Ahí se notó claramente a dónde apuntará su gobierno.
Mónica Fein: mantuvo un discurso sólido y muy firme, con la confianza de garantizar una continuidad entre el actual gobierno municipal y el futuro, en conjunto con el de la provincia. En algunos momentos responsabilizó al Gobierno Nacional por los subsidios al transporte y otros temas de transferencia de fondos en casos emblemáticos. Con respecto a la seguridad ciudadana propuso entornos más seguros, inclusión social, concejos distritales, reconoció la salud como un derecho, políticas de vivienda e industrialización. En el tema de la obra pública, Héctor Cavallero destacó que entre 2010 y 2011 la municipalidad no había puesto un solo centavo en la inversión de cloacas y pavimentos, lo que provocó un momento de tensión. En líneas generales su discurso fue sólido y puso énfasis en la necesidad de la permanencia del socialismo en la intendencia y la importancia de la gestión femenina, cuya mirada está puesta en las pequeñas cosas y en la realización de grandes cosas.
Héctor Cavallero: el exintendente entre 1989 y 1995 comenzó un poco nervioso, titubeante. Le costó en un principio recordar que no estaba en un acto de campaña sino en un debate. De a poco fue hilvanando algunas propuestas concretas. Estuvo muy atado a su gestión pasada y reconoció muchos logros de los años del socialismo. Propuso la instalación de seis líneas de trolebuses, el incentivo del transporte eléctrico, trenes interurbanos, la eliminación del estacionamiento en las calles del centro. Planteó la seguridad como sinónimo de libertad y no de represión y prometió actuar sobre la economía del delito. Consideró a la salud relacionada con la libertad, la justicia social y la solidaridad. Sus ideas estaban dirigidas a profundizar los lineamientos de la gestión socialista.
Esto por supuesto no pretende ser siquiera una síntesis de lo ocurrido en el programa especial, pero sí dar un par de palmadas a los que idearon, concretaron y participaron de un acontecimiento así. Resulta auspicioso que se haya logrado presentar al público la interacción de tres candidatos, pues pone ante la sociedad la necesidad de discutir políticas y manifestar compromisos. Tal vez los debates no decidan los votos, pero pueden servir para desafiar a los actores políticos a pensar en acciones concretas y a difundir visiones ideológicas. No es buena costumbre eso de dirigirse sólo a los que ya están convencidos en los actos de campaña.  

Aclaro que el diario (es un decir) La Capital retiró de su versión web el copete mentiroso arriba citado, tal vez por vergüenza. De cualquier manera, la edición en papel queda para la historia. Hay que estar atento a las operaciones que hace el decano para favorecer a los candidatos PRO Federal.

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