miércoles, 9 de diciembre de 2015

La despedida de quien no se va



Uno está acostumbrado a despedir a un familiar, un amigo o un compañero de trabajo. ¿Cómo se despide a una Presidenta a la que nunca ha visto a menos de cuarenta metros o a través de una pantalla? ¿Cómo despedirla sin estrechar su mano, brindarle un beso y quizá también un abrazo? ¿Qué vacío puede quedar si uno nunca ha acariciado su pelo o palmeado su espalda? Uno nunca extrañará un perfume que jamás ha olido. Sin embargo, millones la despiden, la lloran y seguro la nostalgiarán. Unos irán a la Plaza y otros se juntarán con amigos a vivir el momento desde la tele, pues ahora las pantallas brindan una extraña forma de proximidad. Y más con Ella, que rompe cualquier distancia. Cristina se va, pero de alguna forma se queda. Unos la seguirán odiando y otros, amándola, pero Ella será inevitable. Tanto como Evita, que tiene el mérito de haber saltado a la Historia desde un lugar muy pequeño y obrar en la vida real por poco tiempo para eternizarse en el mito. Cristina, en cambio, no se va para siempre. Ni siquiera se va: apenas deja de hacer lo que hacía, al menos por un tiempo. Aún es mucho presente para que empiece a ser pasado.
Para convertirse en leyenda, el paso del tiempo debe limar las asperezas. Pero Ella no será leyenda hasta dentro de mucho tiempo, cuando los recuerdos batallen con la historia oficial, ésa que se escribió desde los medios hegemónicos. ¡Pobres los que dentro de unas décadas investiguen estos tiempos desde esas fantasiosas tapas que lograron envolver a muchos en un clima de catástrofe inexistente! Más que para la historia, esas portadas podrían servir a psiquiatras o estudiosos de la manipulación mediática, si es que no se han usado para envolver huevos. Pero en la memoria del pueblo habitará otra historia, ésa que es verdadera porque se construyó con la pasión. Cuando tanto corazón despide a un mandatario, ése es el lugar que ocupará en el futuro. Ni las más extremas proscripciones podrán borrar su nombre; ni las más exaltadas demonizaciones despertarán rechazo o temor; ni los más sesudos tratados podrán torcer ese amor por líderes de este tamaño. Ni siquiera la humillación de una medida cautelar que la aleja de la presidencia doce horas antes de lo que estaba previsto. En nuestro país ya hay tres personajes imborrables: Perón, Evita y Kirchner. Cristina completará el cuarteto, pero todavía está en construcción.
Las sombras y la luz
Por frases como “la Patria es el Otro” será por siempre ‘Presidenta’. Casi un legado que personifica el símbolo y traza un plan de acción. Una brújula para no errar en el camino. Una antorcha para espantar las sombras que pueden amenazarnos. Sin el Otro, no podremos construir ninguna Patria. Sin el Otro, se interpone un témpano para separarnos. Como ahora, que incrustaron un paréntesis en nuestra historia. Por eso seguirá siendo Presidenta, aunque deje de serlo.
Otros se referirán a Ella con epítetos procaces y despectivos. Con Evita pasa lo mismo y esos adjetivos sólo carcomen al portador. Palabras que evidencian que la famosa grieta es insalvable. Nadie duda que podrán maquillarla por un tiempo, disimularla con cartón pintado o apuntar la cámara a otro lado para vender la ilusión de un país unido. De esa manera lograron instalar a muchos monigotes en La Rosada. En estos días, la historia parece repetirse y, por lo que parece, esta vez nos toca comedia, que siempre es más breve que la tragedia. La grieta es la diferencia entre los beneficiarios de toda acción de gobierno. Los monigotes del lado oscuro buscan multiplicar privilegios; los líderes del lado luminoso, conquistar derechos. Y siempre quedan algunos con un pie en cada borde y oscilan como pelota en un bote. Esta vez, la ola los volcó para aquel lado pero pronto van a rebotar para éste. Ya veremos cómo hacer para que no se bamboleen más.
No es un día para opacar este momento con el próximo presidente. Si su objetivo es unir a los argentinos, comenzó muy mal: sus caprichos y su voluntad destituyente ya lo han alejado de una mitad del país. No es oportuno pensar en el vacío, el silencio, el bullicio, las sombras y la incertidumbre que nos amenazan. Ni en las toneladas de neblina que intentarán enturbiar la mirada de los argentinos. Donde no hay pasión, pronto habrá olvido. Estos tiempos son más adecuados para un nuevo compromiso. Desde 2003 comenzamos a recuperar autoestima, que llegó más alto de lo que nunca imaginamos. Claro que esta idea recibirá burlas por parte de los negadores que sólo ocupan tiempo en chequear cuentas bancarias. Y de los manipulables laderos, que nunca faltan. Pero el Himno se canta distinto y el celeste y el blanco han dejado de ser sólo los colores de una camiseta de fútbol. El compromiso es preservar esto a pesar de la frivolidad que tratará de salpicar todos los símbolos.
Una vez más, nuestra historia está en peligro. El camino glorioso que iniciaron los patriotas parece tomar un rumbo diferente. Los traidores están por usurpar La Rosada, pero de manera legal, al menos en apariencia. Para eso tuvieron que apelar a mentiras, escarnios y confabulaciones gracias a su intocable poder concentrado, capaz de comprar voluntades y forzar decisiones. Pronto tendrán la ocasión de demostrar si sus recetas importadas y entreguistas pueden conseguir la felicidad del pueblo. O al menos, lograr un simulacro aceptable.
Nada les será tan fácil. El punto en el que estamos no admite sacrificios patrióticos ni perforaciones nuevas en el cinturón. La pesada herencia son derechos que ellos tienen ganas de cercenar, pero nosotros, el desafío de proteger. Entre otras cosas, Cristina demostró que muchos sueños se pueden convertir en realidad. Por eso no se va y menos ahora, que estamos cercados por las pesadillas. Ahora que vienen las sombras, la luz de estos doce años brillará mucho más a medida que pase el tiempo. Después, cuando seamos más los que comprendamos, ya no habrá más tinieblas que nos puedan asustar.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Muchas decepciones y ninguna sorpresa



El nuevo presidente no sorprenderá a nadie pero decepcionará a casi todos, tanto a los que lo votaron con convicción clasista como por confusión mediática. La única promesa que se hará realidad es la devaluación de la moneda, que ya se está manifestando con el sinceramiento de precios, fenómeno especulativo que días atrás llamaban ‘inflación’. Sin dudas, los medios dominantes se encargarán de subtitular la tragedia para dulcificar los estragos y responsabilizar por lo que se viene a la culpable de todos nuestros males: CFK. La Presidenta lo había anticipado en la apertura del Congreso: dejará un país cómodo para la gente pero incómodo para los dirigentes. Cambiar fue la impronta que condujo a Macri hasta La Rosada, sin recorrido ni límites. Desde liberar el dólar hasta erradicar la pobreza, desde el dominio del mercado hasta la búsqueda de la felicidad. Todo sin enojos ni conflictos, con buenos modales y mucho republicanismo. Nada de eso será posible porque, un poco antes de asumir, está tratando de incumplir leyes y desplegar su poder para imponer sus caprichos. Y cada tanto se le escapa un poco su desconocimiento  y bastante la adoración imperial y su espíritu anti democrático.
Uno de los principales señuelos que Mauricio Macri presentó en su campaña fue la eliminación del llamado cepo cambiario, un control de la moneda dominante para que la especulación no nos vacíe ni condicione la economía doméstica. Una promesa para los dolaradictos que en el clímax cacerolero pretendían convertir la pulsión por el verde en un derecho constitucional. Según muchas de sus declaraciones, el día siguiente de su asunción ya todos podrán comprar dólares sin restricciones. Sin embargo, su seguro ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, advirtió que eso sería una medida irresponsable. Los controles y restricciones seguirán pero ya no irritarán tanto a la población porque el ex Gran Diario Argentino lo desplazará de su agenda o lo transformará en una excelente medida para cuidar la economía del país. Manipulación en estado puro.
No es que uno se oponga a la continuidad del cepo tan denostado por los que ahora se convertirán en sus apologistas. Al contrario, eso tranquiliza un poco. Lo que más molesta es la hipocresía, porque eso sirvió como ariete para desgastar al segundo gobierno de Cristina de manera incansable. No sólo eso molesta. El jueves pasado, el entrante ministro mantuvo una conversación telefónica con el titular del Departamento del Tesoro norteamericano, Jack Lew, para detallar cuáles serán sus primeras medidas económicas. Y esto no se conoció gracias al espionaje ni a una delación, sino porque sus asesores lo contaron con orgullo. A partir del jueves ocuparán la Casa Rosada funcionarios argentinos que se jactan de que el imperio acaricie tiernamente sus colonizadas cabezas.
Alambrar la independencia
Sin embargo, Macri insiste en mostrarse como un exponente de la no-política. Gran paradoja en un político, como si un carpintero renegase de la madera. Ni bien terminó su aséptica reunión con Dilma Rousseff, el Presidente Amarillo se comprometió a “trabajar desideologizando la región”. Pretensión patricia, si las hay, porque no reconoce sus ideas como tales, sino como sentido común. Para él –y muchos como él- no es ideología que un futuro ministro explique sus medidas económicas al presidente del Tesoro Imperial antes que a los ciudadanos. Para él –y muchos como él- no es ideología considerar “preso político” a un opositor que organizó una revuelta callejera con barricadas y francotiradores, con el objetivo de tomar el poder y matar al presidente venezolano, con un saldo de 40 muertos y condenado a prisión en un juicio legal. Para él –y muchos como él- no es ideología aplaudir si hechos similares que ocurren en el país del Norte terminan con el autor fusilado en plena calle sin necesidad de demostrar la culpabilidad. Para él –y muchos como él- es habitual condenar los atentados que ocurren en Europa pero mirar para el costado cuando bombardeos indiscriminados masacran población civil en tierras inundadas de petróleo. Para él –y muchos como él- lo primero es terrorismo y lo segundo, daño colateral. Y eso no es ideología, según él y los que son como él.
¿Cómo hará el Ingeniero para borrar las ideas de liberación que forjaron estas tierras? ¿Prohibirá los sueños de San Martín, Belgrano, Bolívar, Martí y muchos otros que sangraron por su pluma? ¿O dirá, como siempre, que el pasado no importa sino que la vida es puro futuro? O peor, sólo presente. Desideologizar, para Macri y todos los que son como él significa deskirchnerizar Argentina, deslulizar Brasil, deschavizar Venezuela, desevorizar Bolivia. ¿Deslatinoamericanizar Latinoamérica? El sueño de Macri es la Alianza del Pacífico, que será la pesadilla para la región. Desideologizar es abandonar la independencia para volver a ser colonia, retornar al patio trasero, a las relaciones carnales, a un nuevo consenso que nos someta por unas cuantas décadas.
Por eso quiere controlar los medios públicos, porque gran parte de los privados ya están con él. Las presiones mediáticas, políticas y judiciales contra Martín Sabbatella, ¿buscan desmantelar el AFSCA para que Clarín pueda sepultar la adecuación a la ley? Desideologizar, ¿será acrecentar aún más el poder concentrado del Multimedios? La embestida contra Tristán Bauer, ¿tendrá como objetivo descafeinar medios públicos como Paka Paka, Encuentro y la TV Pública? El pedido de que 678 desaparezca de la escena televisiva, ¿sugerirá la idea de recrudecer la colonización de las conciencias para quedarse por siempre?
A partir del 11 de diciembre Macri necesita que todas las voces sean oficialistas para garantizar una libertad de expresión que consolide un discurso que exprese una sola ideología: la del mercado más bestial. El periodismo independiente estará al servicio de los que quieren nuestra dependencia. Durante todos estos años tendieron la trampa y muchos cayeron en ella.
Pero no por mucho tiempo. El público desconfía de los medios que sólo hablan bien de los gobiernos. Desde ahora, muchos canales y radios capitalinas serán oficialistas en 3D: CABA, Buenos Aires y Nación, algo que romperá la rutina denuncista de la programación habitual. Si dicen que las cosas andan muy bien será porque las cosas funcionan muy mal. La sospecha que ellos mismos han instalado se les volverá en contra. Esa perversa lógica que han construido terminará desmoronando la credibilidad de estos medios que “siempre han estado del lado de la gente”. Una nueva batalla surgirá en estos tiempos desde los más pequeños lugares de participación: la calle, el club, el colegio, la facultad, las redes sociales. Primero será la resistencia, después, la memoria y finalmente, el retorno. Cuando se desmorone el maquillaje del cambio –“más temprano que tarde”- tendremos la fortaleza y las convicciones necesarias para que nunca más nos engañen con tanto jolgorio, cotillón y bailecitos. Entonces, bailaremos nosotros una danza que nunca más deberemos abandonar: la de los pueblos felices que, con sus manos, han construido el país libre y justo con el que siempre hemos soñado.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Sobre el tamaño de las puertas



Aunque faltan pocos días para su asunción como presidente, Mauricio Macri sigue estando en campaña. En la primaveral presentación de su equipo de gobierno, el des procesado –pero no inocente- Alcalde elegido por una apretada mayoría continuó denostando a La Presidenta como desde el primer día. Dos hechos justifican sus berrinches: la solución que Cristina encontró al fallo de la Corte sobre la coparticipación y el escenario donde se realizará el traspaso de mando. Con la imaginación y el desprecio que lo caracterizan, Macri consideró que La Presidenta ha decidido retirarse “por la puerta chica”, justo Ella, que conserva una imagen positiva altísima después de ocho años de gestión y que quedará para la historia como el mejor presidente desde el retorno a la democracia, después de Néstor Kirchner. Claro, como empresario neo patricio cree tener la potestad para medir el tamaño de las puertas. La puerta por la que se va Cristina es tan grande que por ella podemos pasar casi todos codo a codo. Que Macri no se descuide porque si pretende aplicar los planes que tiene en mente, no se irá por la puerta chica, ni siquiera en helicóptero –que ya usó Sanz- sino por una alcantarilla y mucho antes de lo que piensa.
Porque en el desafío de medir puertas, el presidente electo entra por una muy maltrecha. O al menos opacada por las falacias que aceitaron su camino, el prontuario de algunos de los integrantes de su futuro gabinete y la calaña de gran parte de sus aliados. Y si a todo esto sumamos que sus celestiales promesas quedarán como letra muerta ni bien comience a tomar sus decisiones, más que por una puerta, Macri entra a La Rosada por un boquete tamaño rata. Por lo que parece, su objetivo no es gobernar sino generar caos y victimizarse ante las reacciones, con el pertinente auxilio de los medios dominantes, principales hacedores de la tragedia que estamos a punto de protagonizar.    
En los prolegómenos de la asunción, ya comenzó con los caprichos. El Ingeniero está empecinado en recibir los atributos presidenciales en la Casa Rosada, como se hizo costumbre en los gobiernos de facto. Pero la Constitución Nacional establece que debe hacerse en el Congreso, ante los representantes del Pueblo. Como si quisiera convertir un protocolo republicano en una coronación, reveló ante las cámaras televisivas un sueño casi adolescente, que incluye transitar Avenida de Mayo a contramano en un descapotable mientras la multitud aplaude, saluda y arroja flores. Pero la vida real dispone otra cosa y deberá adecuarse a ello. Este sólo es un detalle de lo que será convivir con su gestión y la intención de adaptar la cabeza al sombrero, en lugar de hacerlo a la inversa.
Cuando gobernar es recortar
Los primeros tropiezos comenzaron con la elección de los miembros del gabinete. El “mejor equipo de los últimos 50 años” incluye gerentes y empresarios con poca experiencia en asuntos públicos, lo que induce a sospechar del sello economicista que imprimirán a su gestión. Una especie de CEOcracia, si cabe el neologismo. Si bien no baten el récord de estar involucrados en 214 causas como el caso del presidente electo, algunos tienen un pasado turbio. El más emblemático es Alfonso Prat Gay, que estará a cargo del ministerio de Hacienda y Finanzas y cuenta en su CV haber facilitado la fuga de capitales durante su gestión en el JP Morgan. También está investigado por su rol de apoderado de una cuenta irregular en Suiza en representación de Amalita Fortabat y su nieta por unos 70 millones de dólares.
 También el futuro secretario de Seguridad, Eugenio Burzaco tiene un pasado oscuro y doloroso. Además de sus bravatas respecto a la realización de piquetes y protestas, Burzaco asesoró a la policía del ex gobernador de Neuquén Jorge Sobisch, que acumula más de mil denuncias por abuso policial y tuvo su clímax con el asesinato del maestro Carlos Fuentealba.
Además de estos casos escabrosos están los de Laura Alonso y Pablo Avelluto, autores de tuits despectivos y casi discriminatorios hacia muchos integrantes del gobierno saliente. En realidad, este punto atraviesa a casi todos los exponentes del PRO, que siempre se muestran angustiados por la famosa grieta. En otros, como la controversial designación del rabino Sergio Bergman al frente del ministerio de Mediambiente y Desarrollo Sustentable, reina el desconocimiento sobre el tema, reconocido por el futuro funcionario. Por eso asusta que el propio Macri haya nombrado a Gabriela Michetti como la encargada de negociar con los fondos buitre porque “está a la altura de las circunstancias”. Si esta pandilla de filibusteros y arribistas conforma el mejor equipo de los últimos 50 años, da escalofríos pensar cómo serán los relevos.
Por lo que parece, el paso de Macri por La Rosada estará signado por incumplir gran parte de lo dicho en sus spots de campaña. “Conmigo no vas a perder nada” será la primera promesa que dejará en la puerta. Si está molesto porque CFK resolvió de manera efectiva el fallo de la Corte Suprema y a la vez asignó recursos para no desfinanciar a la ANSES es porque Macri pensaba tomarlo como excusa para el blanco de sus primeros recortes. En los segundos, también revelará una traición a su palabra.
La designación de Isela Constantini como presidenta de Aerolíneas Argentinas sugiere que la empresa estatal también será víctima de la restauración neoliberal. Si bien en varios momentos de su campaña aseguró que la línea de bandera seguirá en manos del Estado, no explicó en qué condiciones. Constantini es presidenta y Directora Ejecutiva de General Motors de Argentina, Paraguay y Uruguay y fue llamada a la administración pública para inyectar su espíritu privado, no para impulsar su desarrollo sino para desmantelarla. El foco de conflicto estará en que tiene la orden de despedir a 1400 empleados, algo que no se condice con la hermosa frase de Macri citada en el párrafo anterior: esos 1400 argentinos perderán el trabajo. Y sin necesidad, porque la empresa está insumiendo cada vez menos recursos estatales y a su vez cubre recorridos que no son rentables para los privados. Esto sin contar las ganancias que genera por el crecimiento de la actividad turística.
El Estado y sus empresas no pueden pensarse sólo desde la mirada empresarial, algo que Macri y sus secuaces jamás entenderán. La búsqueda del equilibrio numérico siempre ocasiona desequilibrios sociales. Quizá la funcionaria de GM no pueda asumir por no haber nacido en el país, algo que exige el Código Aeronáutico. No importa, ya encontrará un recortador de reemplazo que realice el trabajo sucio de sembrar discordia entre argentinos, aunque algunos de ellos hayan votado por Cambiemos. Cambiaron trabajo por desempleo. Cambiaron tranquilidad por inestabilidad, porque siempre estará latente la amenaza, no sólo para esa empresa, sino para todas las dependencias públicas.
Macri llegó a La Rosada no sólo gracias a la protección mediática sino al eficiente maquillaje realizado en la CABA. Una escenografía que pudo sostenerse porque el país creció en los últimos doce años. Cuando la barbarie neoliberal tome las riendas de la República, cada vez le quedarán menos recursos para convertir en camuflaje. Sin dudas, al Alcalde Amarillo le hubiese convenido que Daniel Scioli sea presidente para poder disfrutar de las riquezas que otros le generan. Ahora él y su gran equipo deberán esforzarse para simular desarrollo y bienestar para una parte de los argentinos mientras las fieras desaforadas succionan nuestros recursos, que descansarán, por siempre, en los más alejados y protegidos paraísos fiscales. El tamaño de la puerta por la que se irá el próximo presidente no es difícil de predecir: el cuándo dependerá de la paciencia no de los que no votamos por él, sino los que vieron esperanza donde sólo hay angurria disfrazada de festiva tilinguería.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Casi un experimento conductista



Muchos de los que conforman una mitad del país están inundados por una congoja similar a la del duelo, padeciendo una angustia incontenible que no saben cuánto durará. Otros sienten una especie de culpa, por haber gozado de unos años de gloria –en apariencia- inmerecidos. Algunos se preparan para capear una inminente y poderosa tormenta y otros se acurrucan en un rincón, a la espera del castigo prometido. Esta mitad no está feliz: siente que le han amputado un miembro con malas artes; que le arrancaron, con desprecio, la mejor flor del jardín, para después pisotear las demás. Cuando faltan pocos días para la asunción del nuevo presidente, esta mitad apenada sólo está a la espera del despliegue festivo del modelo que nos hará retroceder muchos años. Pronto, todos seremos sujetos sometidos a un experimento cruel con estímulos que, de antemano, sabemos serán nocivos y nada provechoso traerá para nadie, salvo para los experimentadores.
A esta altura de la vida, afirmar que eliminar retenciones, liberar el dólar, retirar subsidios, desabastecer el mercado interno y abrir las importaciones beneficiará a todos los ciudadanos es uno de los más bestiales engaños que esgrimen los economistas de la Alianza que todavía no asumió. Sostener que con estas medidas bajará la inflación y mejorará el nivel de empleo es de brutos o de cínicos. Y creer en eso, de pavos o desmemoriados. Pero la otra mitad decidió aceptar gustoso el desafío del cambio y nos metió a todos en el alocado laberinto que ya creíamos desechado para siempre.
Si en la previa del balotaje tratamos de advertir a muchos de nuestros conciudadanos sobre los peligros del amoroso libreto de los candidatos amarillos, no fue por paranoia ni para ensanchar la grieta. Los que querían cambiar pronto se verán decepcionados: si les molestaba la incipiente inflación, ahora tendrán una en serio; si les horrorizaba la pobreza mediática, ahora la real se acercará a sus umbrales; si les indignaba la corrupción, ahora la conocerán en grande; si se sentían desprotegidos, ahora se sentirán desamparados; si les afectaba el cepo, en pocos días el dólar será inalcanzable; si querían una Justicia independiente, ahora verán una al servicio del Poder Fáctico sin ningún tipo de pudor; si la Cadena Nacional interrumpía la telenovela favorita, ahora el silencio rodeará a un gobierno que tomará sus decisiones a nuestras espaldas; si les afectaba la falaz dictadura, ahora tendrán un presidente dispuesto a gobernar por decreto, vetar a mansalva y pisotear todas las instituciones que obstaculicen su destructor juego.
Ya estamos viendo ese cambio: sus promesas de libertad de mercado alentaron un libertinaje de piratas. Los aumentos preventivos ante la deseada devaluación no sólo ultrajan nuestras billeteras sino que dificultan la transición. El presidente entrante ya está incidiendo en la Economía y La Presidenta -aunque sus funcionarios lo intentan- no puede detener esta abusiva oleada inflacionaria. Primero porque le quedan diez días de mandato y segundo porque eso es lo que votó la mayoría: la ley de la selva.
De la confusión al optimismo
Que una parte del país se haya cansado de estar bien puede haber motivado el voto por el cambio. O porque no entiende demasiado de qué va la cosa. De acuerdo a una encuesta realizada por OPSM, de Enrique Zuleta Puceiro, un 63 por ciento del electorado cree que “las cosas mejorarán”. La esperanza supera a la preocupación y mucho más al pesimismo. Claro, estos doce años primaverales han convencido a muchos de que las catástrofes económicas han quedado en el pasado. Y todo esto a pesar de las pestes que han destilado los medios hegemónicos en continuado durante todo este tiempo. Desde estas pantallas, ya casi no hay delitos y la luz después del lúgubre túnel K tiene nombre y apellido: Mauricio Macri.
A pesar de que durante la campaña –no en sus spots sino en las lúcidas entrevistas- el todavía Alcalde porteño prometía liberar las fuerzas del mercado para mejorar la vida de todos. En criollo, eso significa una retirada del Estado para que la economía doméstica se convierta en un campo de batalla donde el más vulnerable sea el consumidor o lo que quedará de él. Con la presentación de los miembros del gabinete –extraídos de lo más selecto del gran empresariado- el Estado no será un árbitro sino que jugará en uno de los equipos. Y no en el nuestro, precisamente. Sin embargo, en el estudio de OPSM más de un 89 por ciento de los consultados reclamó la necesidad de una presencia activa del Estado. Un poco incoherente elegir a Macri para que le otorgue ese sello a la Cosa Pública. A partir de esto, uno puede sospechar que en el voto a Cambiemos primó más la confusión que la convicción, al menos en parte.
A esa confusión contribuyeron, por supuesto, los voceros mediáticos del establishment que operan desde hace años para sentar a su mejor exponente en el Sillón de Rivadavia. Ya cumplieron una parte de su objetivo. Ahora deberán mantenerlo el tiempo necesario para revertir el proceso de redistribución del ingreso que comenzó en 2003, obstaculizado por las enloquecedoras operaciones mediáticas y la resistencia de las corporaciones. Uno de esos personajes, el otrora periodista Jorge Lanata, se convirtió en el manipulador más emblemático. Ahora, irá a purificar su espíritu en Miami y promete volver el próximo año con un programa más humorístico. Una pena porque se perderá la oportunidad de investigar hechos de corrupción reales y denunciar el verdadero deterioro de la calidad de vida que portará la Ola Amarilla.
Y no es exagerado afirmar esto porque, sin dudas, se va a abandonar un proyecto de desarrollo con inclusión social por uno especulativo y de acumulación interminable con un insignificante goteo. Eso sí, con muchos globos, bailes y felicidad fingida. Todo lo que ya está ocurriendo no es por culpa de la pesada herencia ni de ninguna bomba de tiempo sino porque se quiere torcer el rumbo hacia una normalidad en donde gobiernen los poderosos. Por eso no importan los personajes que sientan en los ministerios porque el plan ya está armado de antemano y a muchos kilómetros de la Casa de Gobierno.
Si desde 2003 las convicciones no se quedaron en la puerta de La Rosada, ahora que las corporaciones la invadirán, los que quedaremos en la puerta seremos nosotros. Desde el 10 de diciembre, sólo la mitad de la población extrañará a Cristina. En breve, seremos muchos más.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...