viernes, 18 de diciembre de 2015

El comienzo de la alegría



Los peronistas clásicos interpretaron el baile de Macri en el balcón de La Rosada como una falta de respeto hacia un símbolo del histórico movimiento. Después de las medidas económicas anunciadas por Alfonso Prat Gay, el baile se convierte en una burla hacia muchos de sus votantes, que verán reducida su capacidad de consumo en poco tiempo. Y también en una especie de desafío: ¿hasta cuándo seguirán coreando “no me arrepiento de este amor”? Pero la burla triunfalista estuvo en muchas bocas triunfadoras. El presidente de la SRA, Luis Etchevehere, feliz ante la posibilidad de exportar todo sin preocupación por nuestra mesa, aseguró que “el común de los argentinos no le encuentra gusto –al lomo- generalmente lo comemos cuando queremos bajar de peso o estamos saliendo de alguna enfermedad”. Menos mal que los argentinos somos tan sanos que podemos arreglarnos con falda, rabo y bofe, porque los otros cortes serán inalcanzables para nuestros bolsillos.
En realidad, todo parece burla. Que el empresidente Macri anuncie, satisfecho, que ya no nos engañarán más con la inflación también muestra su cinismo: si los que dibujaban los índices eran sus diputados, para que los medios los amplifiquen y los grandes empresarios los conviertan en realidad. Ahora será todo tan confuso que nunca sabremos quién pondrá los números, aunque tenemos la sospecha de que serán enloquecedores. Que nos digan que liberar el dólar y el comercio exterior provocará una baja de la inflación y la pobreza es el cuentito que siempre ha precedido las más angustiantes crisis. Nada indica que esta vez será distinto, salvo que tengan un as en la manga. Por ahora, el artilugio será el endeudamiento que sólo servirá para que se enriquezcan los de siempre y que después pagaremos entre todos con el bienestar que hemos conseguido en estos años.  
 Ya lo estaremos pagando en breve, cuando los precios de lo que consumimos a diario vuelen en sintonía con la cotización del dólar. Si los consumidores caceroleaban por insignificantes aumentos que sólo percibían en los titulares, ¿qué harán cuando comiencen a experimentar cifras astronómicas?; ¿qué revolución de la alegría celebrarán cuando el poder adquisitivo de sus ingresos se reduzca a la mitad?; ¿cómo seremos cada día más felices si mañana podremos comprar menos que hoy? Ahora que no vengan con lemas de filosofía oriental para denostar el consumismo porque en una sociedad capitalista eso es esencial.
El ministro de Hacienda y Finanzas, Prat Gay, adornó con un moño esta broma de mal gusto. “La lógica de este anuncio es que nosotros retiramos las trabas para que ustedes los trabajadores, los microemprendedores, los creativos, los docentes, hagan lo que tienen que hacer sin que haya un Estado que les esté diciendo: ‘usted puede hacer esto, usted puede hacer lo otro’”, explicó, como un pedagogo. Lo que no dijo el ministro es que esas trabas no buscaban perjudicar a esos sectores, sino controlar a una minoría que siempre está dispuesta a quedarse con todo. Ahora que la jaula está abierta, las fieras podrán salir de cacería y nosotros seremos las más codiciadas presas.
Del amarillo al verde
El paraíso neoliberal está otra vez entre nosotros. Una economía sin controles ni límites y un Estado dispuesto a dejar hacer para que las cosas se desarrollen con normalidad. Otra vez el salario como variable de ajuste y los puestos de trabajo como pieza de extorsión. La confianza es la única regla que impone el gobierno. Cuando Macri anunció la eliminación de las retenciones, advirtió a sus amigos rurales que paguen los impuestos con alegría, para no despertar su enojo. Cuando le preguntaron a Prat Gay cuál será el límite de los precios, aseguró que confiaba en la responsabilidad de los empresarios. En breve, lloverán inversiones gracias a la confianza.
Sin embargo, el combo no es confiable. Con un par de medidas, los productores agropecuarios –sobre todo los más grandes- multiplicarán sus ganancias cuando la libre exportación nos deje sin sustento. Lo poco que quede, deberemos pagarlo a precios internacionales, o tal vez más, porque la avaricia se extiende a toda la cadena de comercialización. Las grandes empresas también podrán exportar sus productos industriales a riesgo de dejar las góndolas sin una galletita. La tan mentada competitividad tiene como ítems la cotización del dólar y el salario-hora, pero nunca incluye la ganancia empresarial, un monto incalculable aunque siempre insuficiente para Ellos. Claro, para abastecer el mercado interno quedarán las PYMES que deberán competir con productos importados que, gracias a los bajísimos sueldos en origen y la intención invasora del precio dumping, pronto estarán en desventaja. Como son las que más absorben mano de obra local, deberán elegir entre internacionalizar estipendios o bajar las persianas.
Pero ni se nos ocurra pensar en la desocupación: las empresas extranjeras vendrán a instalar sucursales en nuestras tierras, siempre y cuando el Estado garantice la seguridad jurídica que no es otra cosa más que obreros al costo, impuestos mínimos y remisión ilimitada de utilidades. Y como siempre, invertirán lo mínimo indispensable para sacar el máximo de ganancias, que fugarán al instante hacia paraísos fiscales. ¿Será Miguel del Sel quien haga los arreglos para agilizar el flujo, desde la embajada en Panamá?
Además, gracias a la confianza, podrán comprar hasta dos millones de dólares por mes sin decir de donde provienen. Demasiada confiabilidad depositada en sectores que han demostrado poco corazón. Quizá por un tiempo, hasta parezcan humanos, pero pronto se desatará su instinto y cuando despertemos del sueño amarillo, estaremos a un paso de la pesadilla. No es que uno sea agorero, pero este futuro huele tanto a pasado, que el hedor nos está incomodando. Que el gobierno alimente la pulsión por el verde no alienta tanto la esperanza. Que el Mercado vuelva a administrar nuestra vida desde La Rosada no permite un sueño tranquilo. Que tantos poderosos celebren el retorno de la libertad sugiere que pronto veremos amenazados nuestros derechos. La Revolución de la Alegría está en marcha y los que la están celebrando, por ahora, son unos pocos.
Mientras tanto, hay un sector de la sociedad expectante que marca los límites desde la calle. Aunque las cámaras no posen su mirada sobre estos hechos, de alguna manera, las manifestaciones se sienten en todo el país. Una advertencia que comenzó después de las PASO y que atravesó toda la campaña, pero el establishment mediático logró desarticularla con la campaña del miedo. “Yo te avisé y vos no me escuchaste” dice la letra de una canción de Los Fabulosos Cadillac. Ahora que las fuerzas del mercado están liberadas, no es buen momento para los reproches. Cuando arrecia la tormenta lo mejor es protegernos y nuestros brazos deben estar más abiertos que nunca para acoger a los confundidos. Un colectivo no debe tener derecho de admisión si su horizonte es la equidad. El tiempo nos dará la razón: con los poderes fácticos no hay conciliación posible y cuando están descontrolados la felicidad de la mayoría estará siempre en peligro. Una explicación para el presente y una lección para el futuro cuando las urnas nos estén esperando nuevamente.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Primeros pasos avasalladores



Aunque ya lo ha hecho hasta Laje, un sencillo ejercicio ayudará a comprender mejor la incidencia de los medios de comunicación en el ánimo de la ciudadanía: imaginar cómo hubiera presentado Clarín, en su tapa, el nombramiento de dos miembros de la Corte Suprema por decreto si, en lugar de Macri, la firma la hubiera estampado Cristina. Los titulares diseñarían un escenario de catástrofe institucional, de un acabose de atropellos, de copamiento de la Justicia; hasta alarmarían al lector sobre la presencia de una dictadora. Seguramente, ante una decisión así, jamás veríamos un título tan anodino como: “Cristina cubrió las vacantes en la Corte Suprema”.  Pero como el sujeto es distinto, con Macri el tono es sólo informativo y hasta complaciente. En otros tiempos, sin duda, todos los opinadores de la otrora cadena del desánimo –que ahora son muy optimistas- habrían convocado a cacerolazos y todo tipo de movidas destituyentes. Y lo han hecho, por supuesto, con motivos más insignificantes.
Uno de los episodios más memorables de la manipulación mediática ocurrió a mediados de septiembre de 2012. Todo comenzó con la Cadena Nacional del jueves 6, ante denuncias de favoritismos por parte del juez Luis Armella en la limpieza del Riachuelo. Este magistrado amenazaba a los funcionarios que denunciaban estos ilícitos y La Presidenta expresó: “sólo hay que tenerle miedo a Dios… y a mí un poquito los funcionarios que de mí dependen”. Por supuesto, el titular de Clarín omitía la última parte y se convirtió en una amenaza para todos los argentinos. Periodistas, políticos, analistas y demás siervos del establishment saltaron al unísono: no se puede gobernar con el miedo. A los pocos días, un masivo cacerolazo sacudió las plazas de muchas ciudades del país. Todos los manifestantes anunciaban a los gritos no temer a Cristina, en medio de un creativo abanico de insultos y agravios. Una tormenta perfecta para unificar todos los problemas mediáticos –el dólar, la inseguridad, la dictadura, los planes, los impuestos- en uno solo. Desde entonces, lo intentaron siempre con más o menos éxito hasta desembocar en el 10 de diciembre de 2015 con un presidente impensado, como un cacerolazo convertido en voto.
 Ahora, esos mismos medios son más que oficialistas: casi apologistas. Difícil que no sea de esa manera, pues el programa de gobierno de Macri no es otra cosa que la materialización de los deseos del Multimedios y todos los que se escudan detrás de él. En los cinco días que lleva gobernando, el empresidente no ha hecho más que satisfacer las angurrias del Poder Fáctico: quita de retenciones para favorecer a unos pocos y eliminación gradual de subsidios para compensar la pérdida en la recaudación; endeudamiento para ayudar a los bancos con el dólar a futuro y liberar el cepo para seguir endeudándonos y facilitar la fuga; planear una devaluación para transferir recursos, alejándonos una vez más del anhelo de disminuir la desigualdad. Aunque todo esto favorece a unos pocos, el clima festivo de titulares y editoriales intenta contagiar a todos. Estos son los elefantes que avanzan a paso ligero mientras el público se entretiene con el triunfalismo mediático.
Un rosario provocador
Camuflaje, justificación o simple ocultamiento. A eso apelaron estos días en que pasaron muchas cosas: un accionar presuroso producto de una ansiedad contenida durante unos cuantos años. Todo a fuerza de decretos y con el Congreso en receso. Algunos justificados, porque tienen que ver con nombramientos y algunas modificaciones ministeriales; otros, cuestionables, como la quita de retenciones a las exportaciones industriales y agropecuarias; y los más escandalosos, como el que mitiga la autarquía del AFSCA y el que cubre las vacantes en la Corte.
Pero además de lo visible, está lo invisibilizado. El sábado cerca de la medianoche, con patrulleros sin patente, un grupo de policías irrumpió en un Centro Cultural barrial de Vicente López. El objetivo era clausurarlo sin orden judicial, aunque cuenta con habilitación municipal y, de paso, amedrentar un poco a los militantes. Para “abollar ideologías”, diría Mafalda. Algunos de los chicos fueron golpeados y apresados, a pesar de ser menores. Nadie se escandalizó, salvo los propios. Si apareció en los medios dominantes, fue para justificar el accionar disciplinador.  
Otro hecho tapado fue la manifestación que se realizó en distintas ciudades del país para defender la Ley de SCA, amenazada por el flamante ministro de Comunicación, Oscar Aguad. Si a esto sumamos que uno de los nuevos Supremos es abogado de Clarín, la adecuación del Grupo a la ley tiene fecha de vencimiento. En el medio, un micro con efectivos de Gendarmería se accidentó cuando acudían a auxiliar las pulsiones represivas del nuevo gobernador de Jujuy, Gerardo Morales. Ante la muerte de más de cuarenta gendarmes, Macri culpó al gobierno anterior –el de Cristina, no el de Pinedo- por el estado de las rutas. Sin embargo, el vocero de Vialidad Nacional, Ernesto Arriaga, desmintió al ex Alcalde. Finalmente, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich confirmó que el accidente fue producto de la pinchadura de una cubierta y que la "ruta donde sucedió el accidente estaba bien y lisa, así que no se puede decir que fue porque el micro esquivó un pozo”. A pesar de todo esto, el Huésped Temporal de La Rosada no pidió disculpas por expresar sus prejuicios. Tampoco lo hará, porque los patricios no hacen esas cosas.
Otro asunto que no tuvo mucha difusión es la solicitud de filiación ideológica y política realizada a los trabajadores del Ministerio de Seguridad. “La ideología no tiene nada que ver con las tareas que desarrollan los trabajadores”, explicó Daniel Catalano, secretario general de ATE Capital. En realidad, para Ellos sí: sueñan con un país sin rastros de kirchnerismo y son capaces de cualquier cosa para lograr el objetivo. La unión que planean necesita la proscripción, si no es por decreto, será por cansancio. Sin dudas, cambiamos futuro por pasado.
Quizá por eso este aluvión de hechos y medidas. Por lo que parece, la estrategia se basa en la vertiginosidad multidireccional a repetición para enloquecernos o extenuarnos. Entre tantos pelotazos, algunos pasan sin que lo advirtamos. Tal vez esté en sus planes la provocación constante, para agotar nuestra paciencia y después victimizarse con nuestra reacción. Como siempre, los violentos seremos los violentados. Con todos los medios a favor, pueden convencer a la sociedad de cualquier cosa. Con gran parte de los jueces de su lado, jamás tendremos la razón. Con todas las fuerzas en sus manos, hasta nuestra vida puede correr peligro. Seguramente, mientras discutimos sobre la constitucionalidad de sus decretos, el Gran Equipo esté planeando nuevas tropelías, como la emergencia energética sacada de la galera.
A menos de una semana con un nuevo presidente, algunos deben estar arrepintiéndose por haberlo votado. Otros tardarán un poco más, pero seguramente, lo harán. Para las próximas presidenciales, en lugar de una campaña, habría que diseñar un simulacro de gobierno con cada candidato. Como un reality show televisado en vivo para que el pueblo pueda apreciar el efecto de las decisiones que tomará el candidato cuando esté en funciones. Si hubiésemos utilizado este sistema en las elecciones pasadas, no tendríamos que padecer a esta banda de irresponsables que lo único que busca es generar caos para justificar el ajuste permanente que nos dejará cada vez más lejos de cualquier forma de dignidad.

domingo, 13 de diciembre de 2015

El republicanismo amarillo



Entre los muchos tópicos de esta apasionante trama y las excesivas contradicciones del recién estrenado gobierno, se encuentra la estrafalaria concepción del uso de los medios del Estado. Más aún, el dato exótico fue que uno de los temas más reiterados de la campaña haya sido la eliminación de la TV Pública del programa 678, un emblema en la deconstrucción del discurso dominante. No sólo se convirtió en una de las promesas del ahora presidente sino en una exigencia de muchos periodistas que lo entrevistaban. Agresivo, autoritario, falaz, mercenario, militante y militonto son algunos calificativos recibidos por el producto y sus panelistas de boca de cada uno de los relatores del sentido común mediático, más merecedores de esos calificativos. Y, por lo que parece, su eliminación de la pantalla –paradójicamente, garantía de libertad- será una de las tantas promesas incumplidas por el ‘empresidente’. Después de esa plaza clamando por su continuidad, una decisión así sería una contribución más para la división que tanto quieren disfrazar.
Después del balotaje, comenzó un tironeo improcedente por la permanencia de Martín Sabbatella al frente del AFSCA y de Tristán Bauer en la presidencia de RTA. La ley ampara la continuidad de ambos hasta 2017, pero la prepotencia de Macri no reconoce ninguna ley. Bauer, un director con trayectoria indiscutible y que dimensionó los medios públicos como nadie, no resistió las presiones del representante de una mitad y presentó su renuncia. En su carta pública, el cineasta cuenta que se sorprendió al escuchar, en boca de Macri, que "yo estaba agarrado al sillón y que debía renunciar por un lado, por mi condición de militante, y por otro por carecer de condiciones de técnico profesional para ejercer el cargo". Claro, un patricio puede decir cualquier cosa sin fundamentos y no hay ley que lo detenga. Tan dispuesto estaba a atropellar lo que no debía, que antes de asumir ya tenía elegidos a los usurpadores.
Sabbatella, en cambio, está dispuesto a continuar con la tarea de democratizar el sistema de medios tal como lo indica la LSCA, aprobada en el Congreso y sentenciada como constitucional por la Corte Suprema cuando tenía posturas para enorgullecerse. Sobre todo cuando, por un DNU, Macri inventó un ministerio para neutralizar su aplicación. El funcionario designado para ese cargo, el radical Oscar Aguad, consideró que “la regulación de la Ley de Medios –que seguramente debe desconocer- no va a subsistir durante nuestro gobierno porque la norma fue creada para aniquilar a medios de comunicación, como el Grupo Clarín”. Errores conceptuales a montones como que la ley no destruye medios de comunicación, pues ha facilitado la creación de un montón a lo largo de estos años, que Clarín no es un medio, sino un monstruoso entramado con un número indeterminado de bocas de expendio, algo inaceptable en cualquier país serio y, por último, la Ley no intenta cerrar medios sino diversificar su propiedad. El recién asumido ministro ya incumplió su juramento y debería estar renunciando por pretender pisotear una norma democrática para proteger los privilegios del director de orquesta de la tragedia venidera: Héctor Magneto.
Una ‘pequeña’ paradoja
La restauración neoliberal incluye todos sus símbolos, como la gala del Colón, que se convirtió en un desfile de mascarones triunfantes por su contribución a que el ex Alcalde porteño se convierta en presidente. Tal vez la concurrencia a tan elegante noche sea una especie de casting para garantizar la pluralidad que el PRO pergeña para la TV Pública. Un desfile de estrellas militantes que consiguieron que una propuesta política para una minoría conquiste una apretada mayoría electoral, vale aclarar, y que, de alguna manera deberá ser recompensada.
 ¿Querrán poblar este canal, que recuperó su presencia en las preferencias del público, con anodinos programas culturosos para ahuyentarlo? ¿Volverán las cortadas manzanitas? ¿Cuál es el rol que debe cumplir un medio estatal en un escenario mediático plagado de voces que distorsionan la realidad al unísono? Más ahora que esas voces, antes opositoras, serán indisimulablemente oficialistas. Lo razonable sería que tanto Canal 7 como la Radio Pública se conviertan en espacios para los periodistas que no coincidan con el modelo gobernante, pues no tendrán lugar en los otros medios. Si el nuevo presidente de RTA, Hernán Lombardi, pontifica sobre la pluralidad de voces, debería dejar la programación tal como está. Absurdo sería que desembarquen profesionales que ya tienen excesivo lugar en los medios dominantes. Los medios públicos deben convertirse en un factor de equilibrio y en un espacio para los que no tienen voz, que no son precisamente los que piden a gritos la desaparición de 678.
Este programa –denostado por unos y necesitado por otros- es un símbolo de dos ideas contrapuestas: la restauración y la resistencia. Su eliminación –además de cumplir con el objetivo de deskirchnerizar Argentina- busca satisfacer los deseos del establishment, que se ven desenmascarados en cada una de sus emisiones y libraría a sus emisarios –periodistas, pensadores y analistas- de los archivos y deconstrucciones que tanto los incomodan. La derecha es así, intolerante aunque declame lo contrario. Ningún simpatizante o funcionario de Cristina sugirió jamás la censura a ningún programa opositor, ni siquiera el del ex periodista Jorge Lanata, cargado de burlas, prejuicios, fábulas y operaciones pero carente de periodismo. De las chiquicientas denuncias televisivas y radiales de este mediático personaje, sólo un reducido porcentaje llegó a la mesa de entradas de tribunales y muchas menos lograron ingresar a un despacho. La tan impactante telenovela orquestada en torno a los crímenes de la efedrina –que acusaban de asesinato a Aníbal Fernández- se desmoronó cuando los denunciantes delincuentes desmintieron todo ante el Juez. Un contra-fáctico permitido: a pesar de todo esto, de haber triunfado Scioli, ningún kirchnerista pediría la prohibición de Lanata ni de ningún otro programa otrora opositor. En cambio, ellos ya han hackeado durante muchos días la versión digital de Página/12, la web de Radio Nacional, quieren desterrar la LSCA y desembarcar en los medios públicos para teñirlos de amarillo.
Si Radio Nacional y la TV Pública adoptaron una defensa de la gestión de Cristina fue por la abundancia de voces descarnadamente opositoras, además de las coincidencias de muchos de sus periodistas con el proyecto temporalmente en suspenso. En realidad, la pluralidad de voces que pergeña la Banda del Ingeniero es la preponderancia del discurso único neoliberal en los medios privados y las boberías descafeinadas en los públicos. Sin dudas, no les interesa la libertad de expresión: quieren silenciar las voces críticas para vender la ilusión de que todos consensuamos los estragos venideros y ni nos enteremos de lo que pasa diez cuadras más allá de nuestro living. El futuro cultural de la patota amarilla sólo tiene como objetivo colonizar la mayor cantidad posible de conciencias para ahogarnos en la ficción del país unido detrás de la avidez de los poderosos de siempre.

viernes, 11 de diciembre de 2015

La plaza de las hortalizas



La brujería hegemónica intenta mostrar, después de los resultados del balotaje, que el país ya está cambiando. Los insignificantes hechos delictivos que antes poblaban las pantallas ahora son casi inexistentes, lo que confirma esa idea de la sensación de inseguridad tan denostada en su momento. Ahora que lograron el objetivo de instalar en La Rosada un equipo de gerentes sólo quedará amplificar las bondades de cualquier decisión que tome el nuevo presidente. Y por supuesto, culpar a Cristina de todo lo malo que puedan ocasionar esas mismas decisiones. Entre las muchas ficciones que deberemos fumarnos, la principal será la de un país que por fin va camino a superar sus divisiones. Sin embargo, los días previos a su asunción, Mauricio Macri desplegó todo su desprecio para que eso sea imposible. Idas y vueltas, dimes y diretes, marchas y contramarchas y como moño a su paquete de caprichos, una cautelar exprés que le puso coto al mandato de Cristina. Una bestial muestra de destrato hacia los que no votaron por él; una evidencia más de una cooperación entre poderes que puede ser perjudicial; una clara señal de que no somos tan bienvenidos. El mito del país unido no es más que eso y hay muchas pruebas para demostrarlo.
Pero la más evidente está en el resultado del balotaje: un casi empate entre dos miradas diferentes del camino que debemos emprender. Por muy poco, perdió el proyecto iniciado en 2003 y nadie puede predecir hasta qué año retrocederemos con el modelo que comandará Mauricio Macri. Entre miércoles y jueves dos cosas ocurrieron por primera vez. Una, que el poder concentrado acceda al gobierno por medio de las urnas y no a través de golpes de Estado; antes lo habían hecho pero a través de caballos de Troya, como Menem y De la Rúa; aunque ahora han apelado al exceso de maquillaje, nadie ignora que Macri forma parte de una de las empresas más importantes del país.
La otra –y ésta sí es exclusiva-, que un mandatario convoque a una multitud en la Plaza de Mayo para despedirse en el último día de su mandato. Los anteriores se fueron a los empujones militares, humillados por sus fracasos o en artefactos voladores. Entre el rumor de las armas o las rechiflas de las muchedumbres. Ninguno hasta ahora había protagonizado un hecho así. Una plaza desbordada de corazones alegres, exultantes, dispuestos a defender los logros de estos doce años. Todas y cada una de las conquistas, hasta ese pequeño gran espacio de oxigenación informativa que se ha construido en torno del programa televisivo 678, coreado por esas miles de voces cuando La Presidenta se refirió a la libertad de expresión amenazada por la nueva gestión.
Calabazas y zapallos
La Plaza de las “calabazas” –por la broma de Cristina- se convirtió en una comunión nada desdeñable a la que debería prestar atención el flamante presidente. Casi una mitad del país a la que debe tratar de incluir o, al menos, no hostigar tanto. Una vez que se aplaque su burlón triunfalismo, debería comenzar a considerar aquellos hitos tan valorados por los seguidores de CFK. Mientras más estiércol arroje sobre su figura, más lejos estará de tenerlos de su lado. Más aún porque La Presidenta desafió a Macri: “si después de tantos palos en la rueda, de tantos golpes e intentos destituyentes, difamaciones y calumnias, podemos estar aquí dando cuentas al pueblo, cuántas cosas podrán hacer los que tienen todos estos factores a su favor”. Lo que no será muy difícil de contar es la cantidad de público que lo acompañará en su despedida, pues a su bienvenida asistió casi la mitad de la noche anterior. No los mismos, por supuesto. Y gran parte de ellos, en poco tiempo, se sentirá decepcionado o, al menos, aburrido de tanto esperar el cambio. Zapallos se sentirán, por haber optado por semejante estafa.  
Estafa manifestada en su discurso de apertura. Un recorrido por las líneas más destacadas sugiere un listado de generalidades que, en gran parte, contradicen su accionar. Eso sí, ya no somos ciudadanos, vecinos, pueblo, colectivo, familia ni nada de eso: ahora somos “un gran equipo”. Nadie sabe lo que puede significar pero el nuevo presidente asegura que así ingresaremos al siglo en el que estamos desde hace quince años. Perder tiempo en estas cosas le impidió explicar cómo alcanzará los tres ejes de su campaña: la pobreza cero, el combate al narcotráfico y la unión de los argentinos. En realidad, con respecto a la pobreza cero, algo dijo de la “universalización de la protección social”, pero se parece tanto a la AUH que no debe ser su novedad. Y si quiere combatir al narcotráfico, lo que menos debe hacer es liberar el mercado cambiario y dar rienda suelta a la voracidad bancaria porque es por ahí donde se blanquean los capitales espurios. Y lo tercero da risa.
Hablar de la unión de los argentinos después de la Plaza de las Calabazas es una pretensión ilusoria. Más aún ante un Congreso sin gran parte de la oposición gracias a esa absurda disputa por el protocolo y la presentación de la cautelar para poner fin al mandato de Cristina. Querer unir al país habiendo ocasionado ese entuerto y con el escaso poder de convocatoria que ha tenido su asunción sugiere que será uno de los objetivos que menos se preocupará por cumplir. Además, cuando desde el establishment se menciona esta idea sólo se busca la obediencia ciega detrás de su tan mezquino ideario. Tampoco desean diálogo y consenso: sólo acatamiento y aceptación.
Otro párrafo hermoso cargado de hipocresía fue cuando se refirió al poder menos transformado y más controversial. En su gobierno, Macri buscará una “Justicia independiente que se limpie de un proceso de politización”, ‘vicio’ que contribuyó bastante para aceitar su camino hacia la Casa Rosada. Aunque aclaró que no habrá “jueces macristas”, fue más contundente al afirmar que no habrá “jueces militantes”. En boca de Macri, la palabra ‘militante’ y sus derivadas tienen una connotación altamente negativa, pero no reniega de toda la militancia sino de la que no es propia. Los periodistas, jueces, intelectuales y demás son militantes –dicho como el peor de los insultos- sólo cuando muestran un atisbo kirchnerista. Todos los que han operado, mentido, confabulado, fallado, cautelado, procesado, sobreseído, caceroleado a favor de los privilegios del Círculo Rojo no son militantes, sino patriotas unidos. Este conjunto de difamaciones, insultos y calumnias ha tenido el objetivo de unirnos en paz y armonía, sin conflictos. La unión que busca Macri no incluye a la mitad de los argentinos y por eso siempre será una falacia.
Pero ya estamos en su baile y debemos tratar de que no nos pisotee tanto ni nos confunda con sus balbuceos, mitad autoayuda, mitad marketing. Argentina comienza una etapa en donde el Discurso Único –que antes era salvajemente opositor- ahora será amorosamente oficialista. Los otros discursos serán desplazados, acallados y desfinanciados. Tiempos más difíciles todavía para informarse en serio. Pero Cristina dejó una advertencia camuflada de súplica: “sólo le pido a Dios una sola cosa. Que quienes nos suceden por imperio de la voluntad popular […] dentro de cuatro años puedan pararse frente a una Plaza como esta y decirles a todos los argentinos que también puede mirarlos a los ojos”. Si todo sale como Macri y su pandilla pergeña, seguro que no podrán hacerlo.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...