viernes, 18 de marzo de 2016

Confusiones de siempre



Que los asesores de Barack Obama llamen ‘guerra sucia’ al terrorismo de Estado no es casualidad, sino una posición sobre la estrategia aplicada en los ’70 para incrustar el neoliberalismo en nuestra región. El experimento comenzó en Chile y avanzó como una plaga artificial. Los Chicago boy’s desembarcaron en estas tierras y desplegaron todo su saber para sembrar desigualdad y cosechar fortunas. El ex presidente uruguayo, José Mujica, de visita en Argentina, se preguntó, respecto a los mega-millonarios, “¿para qué quiere un tipo tener tanta guita?” y después, la que deberíamos hacernos todos: “¿de dónde sacamos que tiene derecho a tenerla?”. En este mundo donde una minoría succiona la dignidad de la mayoría se inserta la discusión sobre el acuerdo con los fondos buitre. El SI a la propuesta del oficialismo es retornar a las dramáticas postales de nuestro peor pasado, no para resolver problemas sino para profundizarlos.
Para disimular la incomodidad que les provoca, los medios hegemónicos tratan de mostrar a Pepe Mujica como un personaje pintoresco. Su sincera austeridad se utilizó, muchas veces, como ejemplo para el populacho, aunque no para los encumbrados miembros del establishment. Las fotos de su chacra y sus modestas instalaciones aparecieron en incontables páginas como un contraste edificante destinado a los políticos. La hipocresía de siempre: la suntuosa vida de un empresario es sinónimo de éxito pero la de un político, en cambio, de condenable corrupción. Si el empresario especula, evade impuestos, estafa con sus precios y explota a sus trabajadores sólo responde a las leyes del mercado. Y si para facilitar su camino al éxito debe adornar varias manos es porque sabe que los cañones mediáticos y judiciales nunca apuntarán hacia él, sino hacia el dueño de esas manos. El discurso único está elaborado de tal manera que el repudio siempre embarra al funcionario, pero nunca salpica al avaricioso que apela a sus malas artes para acrecentar su fortuna.
Un sentido común que logra que el pobre idolatre al rico que provoca su pobreza. Que confunde tanto que consigue que el sometido avale los planes del opresor. Tanto enceguece el discurso único con sus nuevas tretas mediáticas que convierte al mejor exponente del Poder Económico en un representante del Pueblo. Mauricio Macri alcanzó La Rosada con la más verificada falacia convertida en verdad sagrada por las voces más amplificadas: se puede alcanzar la Pobreza Cero enriqueciendo más a los que más tienen. O dicho de otra forma, para combatir la desigualdad nada mejor que profundizar la desigualdad. Un modelo que llena incansablemente las copas de arriba a la espera de un derrame que nunca se produce. A veces, apenas logra un mísero goteo que no alcanza para aliviar la sed que el saqueo genera. Con la simpleza de un sabio, José Mujica derrumba esta mirada: “la igualdad tiene que ser un derecho de largada, no de llegada”.
La batalla cultural no se detiene
El término ‘igualdad’ puede sonar muy idílico para algunos oídos patricios. Y un poco amenazante para laderos, cómplices, idólatras y sirvientes. ¿O no encontramos jubilados entre los que protestan contra la moratoria previsional? ¿O no vemos algunas madres trabajadoras que denuestan la AUH? ¿O no había trabajadores apoyando la quita de retenciones a los grandes exportadores agropecuarios? El discurso del establishment es eficaz porque resulta muy fácil de asimilar y así, logra que las víctimas sean los principales defensores del sistema que los despoja. Por eso, los que más obstaculizan la igualdad son los que más se beneficiarían con ella. Hasta la palabra ‘equidad’ desata sus prejuicios y sólo la humillante caridad dibuja una emocionada sonrisa en rostros que simulan pertenencia de clase.
Con sus perversos mecanismos, el pensar hegemónico hace que un distraído integrante de la clase media sienta que quien está un par de escalones más abajo es mantenido con sus impuestos, en lugar de dirigir su mirada hacia la cima, donde están los principales succionadores de todos sus esfuerzos. Con sus reiterativos lemas, construyen un individuo con pretensiones de ciudadano que adopta como si fueran propias las ideas de la clase dominante.
Así va por la calle, justificando ajustes, despidos y tarifazos; culpando de todo a los K, que se chorearon todo; indignado por lo que ve en la tele, alimento de sus prejuicios, inspiración de sus charlas, motivo del ceño fruncido, fuente de todos sus conocimientos y origen de un malhumor permanente. Así va por la vida, convencido de que las deudas, aunque no sean tales, deben ser pagadas. Así va, olvidado de su historia, despojado de experiencias y huérfano de memoria, aplaudiendo una vez más, el triunfo de los victimarios. Así va, aferrado a titulares, ignorante de los hechos; desbordante de consignas absurdas y contradictorias pero inmune a los argumentos sólidos y fundados. Así, tan vacío como una hoja recién sacada de la resma, se deja escribir el medio pelo para ser funcional a esa minoría que impide que nuestro país sea más justo, más desarrollado, más soberano. Ante todo esto estamos desde hace varias décadas. Ante todo esto estamos ahora, cuando nuestros Senadores se aprontan a votar el acuerdo con los buitres.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Cuando el Norte sonríe



A pocos sorprende que, mientras los diputados debatían la vergonzante propuesta de la gerencia que nos gobierna y una multitud se manifestaba en contra, desde el Norte, el juez Griesa soplara su fétido aliento para oscurecer el escenario. O iluminarlo más, en todo caso. Si el Congreso renuncia a nuestra soberanía y el Gran Equipo nos endeuda de por vida, el Magistrado Imperial dispuso que "cualquier intento de embargar o interferir de alguna manera los fondos destinados al pago de los acuerdos alcanzados entre Argentina y sus acreedores será considerado como contrario al interés público". Interés de Ellos, no el nuestro. El juez que estuvo obstaculizando el pago a los bonistas durante varios años ahora se opone a que otros practiquen su pasatiempo favorito: embargar patrimonio argentino. Y a eso le llaman justicia. Un mamarracho. A eso nos estamos sometiendo, gracias a una banda de entreguistas que conquistaron La Rosada apelando a las más nocivas estrategias del marketing.
Si Thomas Griesa aporta luz a este espeluznante panorama, Barack Obama nos enceguece. En una entrevista con la cadena CNN, Obama señaló que, a pesar de la cordial relación que tenía con CFK, “en lo que respecta a sus políticas, eran siempre antiestadounidenses”. Claro, para el Norte, lo que no sea sumiso acatamiento se convierte en rabiosa contra. La Presidenta nunca planeó embargar fondos ni bombardear ninguna ciudad de ese país; tampoco pergeñó golpes de Estado ni diseñó gravosos planes económicos para implantar en esas latitudes. Entonces, ¿en qué sentido las políticas de Cristina eran antiestadounidenses? ¿O será que todo lo que sea la defensa de los intereses de cualquier nación del planeta se transforma, de manera automática, en antiestadounidense?
Y para que nadie se confunda, el inverosímil Premio Nobel de la Paz celebró el cambio de ocupantes de La Rosada y señaló que “Argentina es un buen ejemplo de un cambio que ha ocurrido en cuanto a las relaciones con los Estados Unidos y otros países en general”. El cambio es la docilidad y en este caso, la complacencia absoluta. “El presidente Macri reconoce que estamos en una nueva era y que debemos mirar hacia adelante”, agregó, para asegurarse una buena recepción en su visita de la semana próxima. ¿Dónde quedará ‘adelante’ para alguien que nos piensa como el patio trasero?
El presidente del país que más guerras inicia en defensa de la paz, más desigualdad genera para combatir la pobreza y más ha segregado para apuntalar los DDHH, aportó el argumento fundamental en la discusión sobre el acuerdo con los buitres. La propuesta del oficialismo -la derogación de tres leyes a pedido de un juez distrital- es PRO norteamericana porque es la renuncia a nuestra soberanía. El acuerdo con los buitres apenas es un primer paso; que el proyecto oficialista se presente como ‘normalización’ es un indicio. El endeudamiento bestial será el siguiente y después, el Tratado Transpacífico será el moño del regalo. La normalidad de retornar a la dependencia. Eso es mirar para adelante. Por eso Obama está feliz.
Avanzar hacia el pasado
Obama no es el problema. Apenas es un símbolo, una síntesis. Obama es la cara visible de un sistema que, aunque en agonía, sigue siendo un poder. Macri también representa algo parecido, aunque en menor escala. El empresidente es un emisario, un virrey, un verdugo. El brazo ejecutor de la revancha neoliberal. El pasado recargado de rencor que se reitera en una versión más frenética y bestial. A los masivos despidos en diversas áreas del Estado, a las consecuentes cesantías en el sector privado, a la devaluación y quita de retenciones, al libre comercio que nos impide consumir, a la desinversión para generar crisis, al cerco mediático casi dictatorial, ahora se suma la claudicación ante la extorsión de los buitres. Pero no lo ha hecho Macri en soledad, como los anticonstitucionales decretos de sus primeras semanas de gobierno: Diputados propios y alquilados contribuyeron con enormes incoherencias y contradicciones.
Un día para recordar. Traidores, cómplices y timoratos. Una correlación de fuerzas que no fue la votada en octubre sino fruto de presiones y sanguchitos. Al doloroso caso de Diego Bossio, su suma el extraño voto de la diputada por Tucumán, Miriam Gallardo, que, por orden del gobernador Juan Manzur, apoyó el proyecto amarillo. Después de las operaciones mediáticas y políticas en torno a las elecciones provinciales, que tuvo como gestores al ex candidato José Cano y al propio Macri, ¿por qué Manzur manda apoyar la iniciativa de los que quisieron impedir –con violencia incluida- su asunción como gobernador? Tan sospechoso como los sanguchitos de Massot, que no ameritan siquiera para una investigación judicial. ¿Qué pasó? ¿Pusieron algo en el agua para que una fuerza política que apenas un año atrás no podía cruzar la avenida General Paz se haya convertido en hegemónica? ¿Un ataque de amnesia repentina en nuestros representantes? ¿Cómo lograron que diputados voten a favor después de enumerar los peligros del acuerdo? Nunca debemos olvidar este día cuando las cosas estallen. Esta vez debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para que sean ellos –presidente, funcionarios y diputados- los que paguen los costos de esta resignación histórica.
Mientras tanto, los medios dominantes celebran el triunfo del establishment y siguen alimentando el odio hacia la administración K. El silencio sobre los incontables despidos –o peor, la justificación- enloquece aún más. Las protestas contra el gobierno amarillo son ignoradas o minimizadas. La angustia le gana a la esperanza. Sólo algunas chispitas surgen en medio de tanta oscuridad que, por contraste, parecen antorchas poderosas. Aunque no prospere, el fiscal Federico Delgado impulsó la denuncia contra Macri y su gabinete por “traición con sometimiento, defraudación con administración fraudulenta, abuso de autoridad y violación de deberes de funcionario público”. Los abogados Eduardo Barcesat, Horacio Corti y Jorge Cholvis intentan, desde el instituto Arturo Sampay, frenar el acuerdo con los buitres.
Después de todas las denuncias y procesamientos que rebotan desde hace más de 20 años en la coraza de Macri, una más no nos va a sorprender. Al menos, por un rato, nos ilusiona. El integrante del grupo económico que se benefició con la dictadura y con todos los endeudamientos públicos, ahora se convirtió en presidente y nos vuelve a endosar deuda privada. Sorpresa, humillación, dolor. Inexplicable que hayamos abierto este paréntesis que nos conducirá a los peores momentos del pasado, de la mano de Ellos, que siempre insisten con mirar para adelante.

lunes, 14 de marzo de 2016

Acorralados y casi indefensos



Según parece, los sanguchitos de Massot deben ser exquisitos porque han convencido a muchos diputados de votar a favor del acuerdo con los buitres y anular dos leyes a pedido del juez Griesa. Pavada de soberanía estamos construyendo. Aunque la Revolución de la Alegría no llegó a estas latitudes, en Wall Street ya están celebrando porque muchos de sus operadores volverán a tomar el mando en Argentina. Mientras tanto, el ministro de Hacienda y (muchas) Finanzas, Alfonso Prat Gay, amenaza con las duras medidas que tomará el gobierno amarillo en caso de que el Congreso no apruebe la propuesta. En la ahora amable y distendida mesa de Mirtha, el funcionario denunciado por fugar divisas sin declarar aseguró que ante un traspié legislativo “estaríamos forzados a hacer un ajuste fiscal tremendo”. Por si alguien no comprendió, estamos rodeados por los sobornos sandwicheros, la extorsión de los buitres y las amenazas de Prat Gay. Y nosotros, desacostumbrados a tantos peligros, permanecemos apabullados, a la espera del héroe que nos saque de encima a semejantes sanguijuelas.
 Ni el Zorro ni Martín Fierro nos sacarán de ésta, salvo nosotros, los héroes colectivos. Aunque no nos hayamos dejado engañar por las hipócritas promesas de campaña, ahora somos responsables de defender el país. Si nuestros representantes en el Congreso todavía tienen dudas sobre cómo votar el martes es porque no están interesados en consolidar nuestra soberanía sino en entregarnos de pies y manos a la usura internacional. En los primeros tres meses de gobierno, Macri y su Gran Equipo han demostrado que no tienen vocación para mejorar nuestra vida. Todo lo que han hecho hasta ahora no ha sido más que transferir recursos hacia los que más tienen. Y quieren provocar una crisis fenomenal para que la sangría sea mayor.
Con todos los medios a su servicio, los Pro pueden mentir sin pudor porque nadie los va a incomodar. Gracias a esa antigua estrategia, conquistaron La Rosada y gracias a ella se mantendrán así hasta que descubramos sus embustes. Entre bocado y bocado, Prat Gay explicó que “el tema de los holdouts atravesó cuatro o cinco gobiernos diferentes”, pero no es así. La deuda es vieja, pero si son ‘holdouts’, aparecen después del canje de 2005 y no antes. Los principales litigantes compraron bonos en default al 30 por ciento de su valor nominal sólo para especular y negociar con gobiernos dóciles o cómplices. Y desestabilizar a los dos presidentes que supieron defender los intereses soberanos, con el auxilio de un juez imperial que convirtió la avaricia en inadmisibles fallos judiciales.
Pero no fue ésta la única mentira del funcionario. En toda cena sabatina no está demás algún absurdo lugar común. También el empresidente lo recita y todos sus funcionarios lo convierten en norma. Prat Gay, con la controlada calma de un timador, eructó “sin crédito no se puede crecer”. Pero no estamos discutiendo un préstamo para inversión y desarrollo, sino una generosa propina para la pandilla que financió parte de la campaña de Cambiemos. Además, con el riesgo de que los bonistas comiencen a demandar al Estado los mismos beneficios de los buitres, lo que haría de nuestra deuda un monstruo de 300 mil millones de dólares. En ningún idioma de este planeta eso puede ser considerado crédito y de ninguna manera nos ayudará a crecer.
Las amenazas amarillas
El andamiaje endeudador de la Gerencia PRO se sostiene gracias a dos falacias: que la economía argentina no ha crecido en los últimos años y que por el conflicto con los buitres no tenemos acceso al crédito. Durante el gobierno de Cristina, los primeros años marcaron un crecimiento entre el 8 y el 9 por ciento. En 2009 hubo un retroceso por la crisis global hasta el 1 por ciento pero al año siguiente repuntó a casi el 9. Después del despunte de los años siguientes –entre el 8 y el 9 por ciento- el frente externo nos hizo crecer menos, pero siempre entre uno y dos puntos. Argentina ha crecido y distribuido al punto de duplicar la clase media, de acuerdo a los informes del Banco Mundial. Los PRO, que parecen expertos en crecimiento y equilibrio, en tres meses de gobierno nos han hecho retroceder varias décadas, con el doble de inflación, récord en fuga de divisas, despidos y caída de un 10 por ciento de compras en supermercados.
Pero la gran mentira es la segunda, que Argentina no tiene acceso al crédito. No sólo son mendaces, sino ingratos. De acuerdo a la nota Plan B de David Cufré publicada en Página/12, durante los años del kirchnerismo, gran parte de las obras de infraestructura y desarrollo fueron financiadas por organismos multilaterales de crédito, como el Banco Mundial, el BID, el Banco Nacional de Desarrollo de Brasil y el Banco Popular de China. Además, como parte de la pesada herencia, La Presidenta dejó pactado créditos por unos 30 mil millones de dólares para continuar con un enorme plan de obras públicas, paralizado ahora para crear la sensación de crisis. Créditos mucho más beneficiosos que los que el Gran Equipo podrá conseguir en la banca privada para favorecer a los buitres.
Aunque digan lo contrario desde todos los micrófonos y por la cadena nacional de los grandes medios, Argentina no está en default ni en crisis y no necesita medidas drásticas para seguir su curso. Si ahora empezamos a estar mal es por el mero capricho de aplicar las recetas destructivas que hacen fracasar a cualquier país. El ajuste que se está haciendo no era necesario desde el punto de vista económico, pero sí desde el ideológico, además de ser una manifestación de poder autoritario, legal pero ilegítimo, consensuado pero menguante. El empresidente amenaza con hiperinflación o ajuste si no acordamos con los buitres. Hermoso panorama nos presenta el Cambio de los globitos: endeudamiento fenomenal, hiperinflación o ajuste bestial. ¿No empiezan a extrañar un poquito a Cristina, que sólo interrumpía la telenovela para alguno de sus ilustrativos discursos?
Encima, se dan todos los gustos: liberan el dólar y el comercio exterior, devalúan, eliminan retenciones, derogan leyes por decreto, le regalan el fútbol, la telefonía y las netbooks a Clarín, persiguen periodistas y en lugar de reducir el número de afectados por el impuesto a las ganancias, hacen pagar a los que no pagaban. Y como frutilla del postre, después de años de destilar veneno sobre el tema, suspenderán a partir de septiembre las moratorias para las personas en edad de jubilarse sin aportes o con aportes incompletos. El gran orgullo de incluir se convirtió en la avaricia de excluir.
En unos meses, aquellos trabajadores informales o estafados por sus patrones deberán bregar hasta el último suspiro porque el Estado se ha convertido en una gran empresa. Después vendrá una ley, en un par de años, para encuadrar el sistema. Pero hay un ‘mientras tanto’ que no contemplan, que no les importa. Los que nos iban a cuidar, los que no nos iban a sacar nada, los que emocionaban a sus seguidores con el “sí, se puede”, dejan a los más viejos en la desprotección. Todavía están a tiempo de renovar la moratoria hasta que se apruebe la ley pero, como no tienen corazón sino calculadora, buscarán la manera de justificar esa barbaridad.
 De acuerdo a las encuestas, la simpatía aún es mayoritaria, aunque el pesimismo la salpique. ¿Cuántos minutos tendrán que pasar para que los espectadores adviertan que esta peli ya la vimos? ¿Cuántos dramas deberemos presenciar hasta comprender que hemos extraviado el camino? ¿Hasta dónde nos llegará el estiércol cuando muchos conciudadanos comiencen a sentirse estafados? ¿En qué condiciones estaremos cuando los amarillos huyan, después de haber destruido un país que estaba en vías de recuperación?

viernes, 11 de marzo de 2016

El vuelo de los carroñeros



Ya van tres meses de la asunción de Macri y las cosas pintan para peor. No es ingenuo derrotismo, sino cruda realidad. El acuerdo con los buitres - que el oficialismo presenta como panacea y los opo-adherentes, como garantía de gobernabilidad- focaliza la atención de la opinión pública. Los despidos siguen y la locura represiva continúa. Como el cambio incluía un deterioro en nuestra vida, a partir de ahora, los globos deberían traer una advertencia en su superficie, como los cigarrillos. La actividad económica -que el año pasado mostró un crecimiento entre 1,5 y 1,7 por ciento- ahora está estancada y con amenaza de descenso. Y el Estado macrista es el principal artífice de esta situación. Si en la esfera pública la estrategia para crecer incluye recortes, despidos y desinversión, en la esfera privada ocurre lo propio. Eso, habría que avisar, no conduce al crecimiento, sino a la decadencia. Por eso el endeudamiento es la tabla de salvación que tienen a la mano. Salvación de la que no gozaremos, pero pagaremos dólar sobre dólar durante varias décadas.
Quien piense que con pagar a los buitres terminan todos nuestros problemas está mirando el canal equivocado. Al contrario, no sólo no terminarán sino que comenzaremos a saborear problemas nuevos. O viejos problemas que ya habíamos olvidado pero pintados de amarillo, como el de tener una vida condicionada por trajeados extorsionadores. Los buitres no nos prestaron nada, sino que compraron bonos en default a precio vil para después litigar y sacar una mayor tajada. Si les pagamos a ellos, los bonistas del canje estarán en todo su derecho de reclamar la totalidad de la deuda y al contado. Desde el oficialismo no creen que los holdin reclamen más de lo que les ofrece la ley Cerrojo. Pero, no hay que olvidar que Paul Singer, el buitre mayor, también tiene bonos en esa situación y como sus escrúpulos son inexistentes, ya debe tener elegido el juez que aceitará su saqueo. Aprobar el proyecto de ley presentado por el Gran Equipo no sólo es habilitar el drenaje de nuestros recursos, sino renunciar a la soberanía y a cualquier posibilidad de futuro.
Que ante una decisión tan crucial aparezcan sanguchitos entre Diego Bossio y Nicolás Massot enturbia el panorama. Y lo embarra totalmente la jugada del Ejecutivo para seducir a los gobernadores con la coparticipación. Raro que políticos con experiencia no sospechen que la gobernabilidad es imposible en un país sobre-endeudado. Que no hay economía que crezca si su deuda es mayor que el PBI, más aún cuando no contribuye al desarrollo sino al incremento de las cuentas bancarias de unos pocos. Esto ya lo sabemos todos. Todos. Sin embargo, gran parte de los que hemos elegido como representantes tienen decidido su apoyo para no poner palos en la rueda ni piedras en el camino, sin tener en cuenta que, cuando las papas quemen los palos y las piedras caerán sobre nuestras cabezas.
Clarín: un peligro para la democracia
Los resistentes diputados del FPV plantean un camino alternativo. En su dictamen de minoría, proponen que se pague a los buitres lo que recibieron los bonistas re-estructurados; un pari passu como corresponde y no a la inversa, como sugiere el juez Griesa con su fallo. Además, adhieren al pedido de una consulta popular vinculante de Myriam Bregman, del FTS-Frente de Izquierda, para que sea la sociedad la que diga la última palabra. Una idea interesante que pone en juego la potencia del pueblo en la toma de decisiones. La democracia en estado puro.
O Casi. Si vota el Pueblo –entendido como una mayoría beneficiada por su decisión- estaríamos ante una acción democrática en su máxima expresión. Si, por el contrario, la decisión, lejos de beneficiar, perjudica a un porcentaje importante de los votantes, estamos en el umbral de la demagogia. Esta deformación del sistema embelesa a los sufragantes con elogios, promesas tentadoras difíciles de cumplir, tergiversación del pasado, manipulación del presente, entre otros mecanismos de control social. Las estrategias de marketing, los engaños, la hipocresía y las falacias mediáticas transmitidas en cadena nacional hacen imposible la libre elección del ciudadano, más aún cuando se empecina en ser sólo un individuo. Peligroso definir el futuro por medio de un “SI o NO”, sobre todo cuando los medios hegemónicos exceden los parámetros para hacer posible la convivencia democrática. No sólo los establecidos por nuestra ley –pisoteada por la prepotencia macrista- sino los sugeridos por la Comisión Interamericana de DDHH y otros organismos internacionales.
Con un grupo económico como Clarín la democracia es imposible. No sólo por su tamaño mediático, sino por la expansión de sus intereses. En todas partes aparece el monigote de la cornetita. Basta con recordar el esquema que presentó, en uno de sus programas, el periodista Jorge Lanata cuando era otro, menos pudiente pero más comprometido con su profesión. La decisión de un ciudadano no está nutrida con información completa asimilada por su competencia, sino contaminada por una catarata turbulenta y confusa de lemas, falsedades y difamaciones que sólo pueden alimentar prejuicios. ¿Con qué tinte abordarán Clarín y todos sus medios el tema de los buitres si están asociados con los beneficiados? Además, estos medios de comunicación sólo se preocupan por conquistar público, no construir Pueblo. Todo lo que sale de ellos apuntala la demagogia, la deformación. Por eso es tan importante la distribución de la palabra, la diversidad de voces, el control del tamaño. Y por eso lo primero que desmanteló el Gobierno fue la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
¿Para qué?, preguntará el lector. Para retornar al discurso único que tanto conviene al establishment, ése que nos hace convertir en Mandato el interés de unos pocos. Para cercenar cualquier posibilidad de construir un país equitativo. Para mostrar como Verdad las fantasías que pergeñan. Para conducir la voluntad e impedir que el público se convierta en Pueblo. Para seguir pregonando que los K son todos chorros. Para convencernos de que nos conduce el Mejor Equipo de los últimos 50 años, aunque algunos de sus integrantes deban admitir el desconocimiento de las cosas sobre las que opinan.
Para seguir jugando con Lodenisman por unos meses más, hasta que los televidentes se cansen de esperar una culpabilidad inexistente. Consumidores que siguen pensando que a Nisman lo mandó a matar Cristina, aunque la fiscal Viviana Fein afirme que no ve “ninguna prueba objetiva, directa, precisa y certera que me permita decir que estuve frente a un acto homicida y no tengo nada para pensar que alguien entró al baño”. Manipulados que seguirán considerando contundente la denuncia del Fiscal contra La Presidenta, a pesar de que el juez Daniel Rafecas volvió a desestimarla por inexistencia de delito.
Clarín y todos sus medios quieren seguir convenciendo al público cautivo de que estábamos en una crisis profunda y que todo lo que hace el Gran Equipo nos alejará de ella. Después, cuando todo estalle en serio, se disfrazarán de preocupados, indignados y comprometidos, recitarán un par de qué barbaridad y así no se puede seguir, exigirán renuncias y buscarán un nuevo títere para el relevo. No, mientras exista el Grupo con este tamaño y estas intenciones no habrá democracia en Argentina. Por ahora, deberemos construir ciudadanía con los medios que tenemos a la mano, ganar la calle y luego, cuando volvamos a ser Pueblo, construiremos un país para todos y no sólo para un puñado de insaciables.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...