jueves, 14 de septiembre de 2017

Un horizonte sombrío



La desaparición forzada de Santiago Maldonado seguirá siendo una piedra en el zapato de Macri sólo si comprendemos su gravedad y sus consecuencias. Más allá de los intentos de los medios hegemónicos por desviar el foco o alivianar el caso, debemos evitar que lo desplacen de la agenda. Aunque jueguen a los dados con la opinión pública, no debemos permitir que salgan airosos de este nefasto episodio. Por más que ahora empujen a la hoguera a un puñado de gendarmes, no debemos olvidar que apelaron a las más obscenas tretas para evitar que el fango salpique a la fuerza de seguridad que garantiza la ejecución del Cambio. Pero lo que necesitamos no perder de vista es que están dispuestos a todo con tal de preservar los privilegios de la clase a la que verdaderamente representan. Si dejamos que lo conviertan en un simple caso policial, no habrá antorcha que pueda disipar las sombras que pronto nos envolverán.
La confusión reina en los que se dejan confundir por el disparatado relato que construyen a diario. Que Santiago era un agente encubierto del terrorismo internacional o un experto karateca capaz de vencer a una brigada de efectivos armados como si fuera un héroe de película; que peinaba rastras o usaba capucha; que era un hippie vip con tres celulares que apoyaba la causa mapuche; que quería escaparse de su familia; que está escondido en territorio sagrado o que sacrificó su nombre para pasar a la clandestinidad. Absurdos que sólo un voluntario podría tomar como ciertos. Chismes que no alcanzan para desaparecer a una persona. Excusas que sólo sirven para seguir acosando a las comunidades que reclaman sus tierras ancestrales, para que sus derechos sigan siendo pisoteados, para que los grandes terratenientes sigan apropiándose de nuestras riquezas.
Mientras reflexionamos sobre estas cosas, quizá estén buscando un lugar más o menos verosímil para aparecer a Santiago con una historieta funcional a la campaña. Una fábula que les permita simular preocupación y eficacia y que aleje las similitudes con la dictadura a la que tanto se quieren parecer. Un final feliz que descoloque a los mal pensados que quieren hacer política con algo tan dramático, como si Ellos no hubieran explotado el suicido de Nisman para invadir La Rosada. Una escena tan convincente que los convierta en angelicales constructores de un futuro próspero para esta Argentina tan castigada por los doce años de kirchnerismo.
Si consiguen algo así, estamos fritos. Si logran legitimar la violencia institucional para imponer este modelo de despojo, será mejor que empecemos a buscar refugio. Si convencen a los votantes de que éste es el mejor camino, en breve protagonizaremos una remake de los peores momentos de nuestra historia.
La Grieta recargada
Ningún gobierno podría subsistir afectando a tantos sectores de la sociedad, prometiendo ajustes y tarifas de miedo, destruyendo la industria y el comercio y endeudando el país como nunca si no fuera por la nociva complicidad de los medios hegemónicos. Los principales diarios del mundo son más críticos de Macri que los más vendidos en nuestro país. Los Panamá Papers, la prisión de Milagro Sala, el escándalo del Correo Argentino, la alteración de los números electorales son tópicos inaceptables para el mundo civilizado. Una marcha de personas en sillas de rueda y muletas para exigir la restitución de las pensiones por discapacidad es la imagen más cruel que podría imaginarse. Hasta denuncian que Argentina se ha convertido en un paraíso financiero para los especuladores. No es para menos, si las Lebacs ya amontonan una deuda que supera el billón de pesos. Y a esto hay que sumar los préstamos cercanos a los 140 mil millones de dólares, cifra récord en nuestra historia. Si una parte de esa cifra se hubiera invertido en estímulo a la producción y obra pública en serio, estaríamos más cerca del paraíso que prometen. Pero no: nos están endeudando bestialmente para que sus amigotes engrosen fortunas gracias a la perniciosa timba.
Lejos de mostrar buenas intenciones, las medidas del Gran Equipo buscan perjudicar a los más vulnerables. El ministerio de Agroindustria serruchó un programa de asistencia a pequeños y medianos productores de verduras de hoja que afectará a más de diez mil familias. ¿Acaso los votantes PRO aplaudirán esta decisión porque la mayoría de los damnificados son bolivianos radicados en el país? Lo más enojoso es que los funcionarios deben tener en carpeta una serie de subsidios y compensaciones para los grandes productores por las inundaciones que, en parte, se agravan por la deforestación angurrienta. Para los más ricos quita de retenciones, bajas impositivas, libertad para especular con los granos y el dólar, pero para los más desfavorecidos, la implacable guadaña.
¿Tan difícil es comprender que gobiernan para una élite y que, en breve, casi todos estaremos afectados por esta fiebre amarilla? Mientras ponen las fuerzas represivas para proteger latifundios, los diputados del Cambio se niegan a prorrogar la ley 26160 que prohíbe los desalojos a los pueblos originarios. ¿Cuán voluntario hay que ser para creer que los objetivos de esta ceocracia son la pobreza cero, el pleno empleo y el desarrollo? ¿Qué confundido hay que estar para creer en la transparencia, el diálogo y la verdad que pregonan?
El escenario electoral auspicia una inevitable polarización entre estos ajustadores y los que quieren frenar el saqueo. En el medio quedan aquellos que susurran tímidas críticas al oficialismo y se hacen eco de la despiadada demonización del kirchnerismo. De tan timoratos, terminan siendo funcionales al plan destructivo al que simulan oponerse. De tan acomodaticios, acabarán descartados en un lado del camino o succionados por la banda que nos des-gobierna. El rechazo a la convocatoria de CFK para la unidad de los opositores deja en evidencia a estos ‘dirigentes’ que obedecen sin dudar las directivas del establishment. El Cambio no admite medias tintas: convalidarlo en las urnas significa profundizar el sufrimiento de muchos argentinos. Que Macri balbucee mal el Padre Nuestro puede inspirar algunos chistes en las redes, pero que asista a la inauguración de un comedor revela que la caridad es la única respuesta que tienen para atenuar la pobreza. El horizonte es mayor desigualdad y el que crea otra cosa padece una sobredosis de voluntarismo.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Un huracán de entrecasa



Acosados por las evidencias, los PRO necesitan cambiar su discurso para gambetear el impacto producido por la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Después de intentar la demonización de la víctima y la angelización de los victimarios, ahora probarán con la instalación de un chivo expiatorio para demostrar a la sociedad un compromiso inexistente con los DDHH. Que todo quede resumido a “un gendarme que se le fue la mano” es inaceptable en un estado de derecho, más aún si ésta fue la posición que evitaron desde el comienzo de este conflicto. Si hubieran empezado por ahí, por tomar como sospechosos a todos los efectivos que participaron en la invasión a la comunidad mapuche y los hubieran interrogado en lugar de protegerlos, otra sería la historia. Si los uniformados cometen excesos –eufemismo doloroso en la memoria- es porque tienen rienda suelta para cometerlos.
No sólo la vía libre, sino el sustento ideológico: los Amarillos construyen un enemigo despreciable que no merece ni la vida. Y ese enemigo puede tomar la forma de un opositor apenas crítico o de un ciudadano que reclama la restauración de sus derechos. Un uniformado que se alimenta con tanto veneno descarga su ponzoña con palos, balas o gas pimienta. Y si no recibe la orden ‘aniquilar’, actúa como si la hubiera recibido.
Por eso, que Patricia Bullrich deje de ser ministra no modificará un ápice la pulsión represora del Cambio. No olvidemos que sacrificó a 40 gendarmes a poco tiempo de estrenar su cargo para satisfacer el espíritu vengativo del gobernador Gerardo Morales. Y se sacrifica ella antes que tirar por la ventana a un agente ‘desbocado’. Cualquier cosa antes que reubicar a esa fuerza en las fronteras, como corresponde. Lejos de ser garantía de seguridad, la Gendarmería actúa como tropa de ocupación en todo el país. Y no para solucionar conflictos sino para desatarlos. Que sean gendarmes los custodios de Milagro Sala no sólo es una invasión jurisdiccional y un atropello a las instituciones, sino una provocación monstruosa. Si en algún momento se confió en esta fuerza para sofocar delitos de narcotráfico, ahora se ha convertido en el brazo ejecutor del control ideológico que el Gran Equipo pretende realizar.
La semana pasada, una clase pública organizada por docentes y estudiantes del instituto Olga Cosettini de Rosario fue interrumpida por uniformados con perros y armas de fuego. Y todo porque estaban reflexionando sobre la desaparición de Santiago Maldonado. A un joven que colgaba un cartel en la esquina uno de los agentes le gritó: “vení flaco. Yo soy la autoridad, vení para acá, callate la boca”. El diálogo, el consenso y la pluralidad de voces, te las debo.
La voluntad de los manipulados
Todo pasa tan rápido que muchas cosas quedan en el tintero. A fines de agosto, un grupo de padres muy consustanciados con las operetas mediáticas clamó un “con los chicos no” en las redes sociales porque los docentes debían introducir en clase el debate sobre la desaparición forzada, tal como disponen la ley y el calendario escolar. Que algunas empresas desembarquen en las aulas para explicar las bondades de sus productos no inspira una letra de estos comprometidos progenitores. Ni que la policía invada los colegios para detectar estudiantes rebeldes y profesores díscolos. Y menos aún la reforma educativa que impondrán como prueba en algunos establecimientos de la CABA para que los adolescentes se acostumbren a ser esclavos con propina o changueros con traje de emprendedor. Hasta aplauden en la soledad del baño que la ministra de Educación porteña pretenda criminalizar a los chicos que tomen colegios para rechazar la “Secundaria del Futuro”, porque saben que sus hijos no hacen esas cosas. Con nuestros chicos no; con los demás, lo que sea.
Autómatas que responden a las órdenes de la pantalla, que creen que todo es culpa de los K y que están convencidos de que el Cambio es lo mejor para la Argentina. Individuos a destajo que sostienen que el bienestar conseguido es fruto de su propio esfuerzo y que para permanecer en el peldaño que ocupan deben escupir a los de abajo y besuquear a los de arriba. Serviles inconscientes del ideario del amo que jamás sospechan que serán tan víctimas de la guadaña como sus despreciados vecinos. Por ahora, vitorean los males que padecen los otros pero cuando les llegue la hora buscarán apoyo en los que antes vieron caer. Manipulados que destilan bilis ante los fabulados delitos de la gestión anterior y consienten con indiferencia los actuales latrocinios. Cautivos que se conmueven con las imágenes del huracán Irma en el fin de semana de los ricachones pero no destinan una lágrima para los olvidados damnificados de las inundaciones vernáculas. Practicantes de una indignación selectiva que piden cárcel para los corruptos y tronos para evasores, especuladores y fugadores.
Un manojo de ellos se juntará el sábado para expresar su incondicional apoyo a los ceócratas que convirtieron la Casa de Gobierno en La Rosada SA. Muchos o pocos, allí estarán, disfrazados de ciudadanos para alentar la continuidad del saqueo que estamos padeciendo. Ajenos a la hecatombe, a la prepotencia, a la burla, a la inoperancia, aplaudirán al rabino Bergman con su traje vegetal, a la Bullrich vestida de Rambo y al Bullrich como conquistador del desierto, a Laura Alonso denunciadora de la corrupción pasada y apologista de la presente y a todos los miembros del Gran Equipo que operan para hacer de Argentina el mejor de los negocios. Y si aparece en la fiesta la diputada Carrió, coronarán su incoherencia con las más desproporcionadas muestras de adhesión. Ese día nadie preguntará por Santiago Maldonado, la deuda del Correo o el blanqueo de los familiares. Ni se acordarán de los Panamá Papers ni contarán cuántos jardines de infantes se han construido en estos casi dos años.
El sábado será un paraíso de globos y felicidad, aunque coincida con la conmemoración del golpe de Estado de 1955 o de La Noche de los Lápices. O quizá sea eso lo que celebren en las calles: el retorno de una impronta fatal que alejará para siempre los peligros del populismo que, más por identificación errónea que por interpretación certera, están obligados a rechazar. Aunque sean pocos, se sentirán como muchos y si la desinformación gobierna esas amarillas cabecitas, el ceño severo y los labios fruncidos simularán estar al tanto de lo que defienden. Nadie convoca a una catástrofe climática para que amenace su casa, pero en el cuarto oscuro muchos eligen la peor de las tormentas.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Turbulencias de agosto



Los Amarillos están perdiendo el control y no atinan con la clave para recuperarlo. Si no es la economía que no se despierta son las fuerzas de seguridad que están desbocadas. Ni la Selección de fútbol dibuja una sonrisa que pueda distraer un poco. Después de probar con patrañas y demonizaciones durante más de un mes, el empresidente Macri y su Gran Equipo descubrieron que la desaparición forzada de una persona preocupa a muchos más que a sus familiares. Por fin se enteran que el marketing no puede disfrazar el desdén y que detrás de los números hay gente de carne y hueso. Nadie puede augurar si agosto porta lecciones para modificar la impronta PRO o para simular un poco de humanidad como parte de la campaña, pero con el caso Maldonado la gobernabilidad recibió heridas que no se sanan con globos ni bailecitos.
El cambio de discurso resulta notorio. El Ingeniero se refirió al tema por primera vez en estos días, aunque no de la mejor manera: primero para condenar los hechos de violencia que Ellos mismos habían planeado y después para recitar algunos formalismos de catálogo. Cualquier cosa menos reconocer que el conflicto por las tierras ancestrales de los mapuches no se soluciona con palos. En realidad, nada se soluciona de esa manera, sino con eso que tanto pregonan pero no practican: el diálogo. El diálogo no como un camuflaje para imposiciones, sino como la búsqueda de un camino para resolver un problema. Claro, parece fácil, pero no lo es. Más aún cuando los administradores del Estado, en lugar de arbitrar, ayudan a los poderosos. En lugar de planear sus medidas para atenuar las penurias de los más vulnerables, operan para favorecer a los que nada necesitan.
Con una mano en el corazón, Benetton y algunos más tienen tierras de sobra. Y quieren más a costa de lo que sea. El Estado, en lugar de acotar la ambición para evitar que despojen al resto, alienta la pulsión y la facilita; de esta forma, pronto estaremos los 40 millones amontonados en un islote. Y este razonamiento permite analizar cada una de las decisiones y propuestas de los gerentes. Desde las reformas laborales que hacen vibrar sus duros corazones hasta las quitas impositivas que excitan sus hormonas. Desde sus excusas hasta sus razones, desde los estigmas que vomitan hasta las adulaciones que lengüetean. En todo está la intención de esquilmar derechos para potenciar privilegios.
La desaparición como amenaza
Por supuesto, no lo dicen de esa manera: el maquillaje abunda en las zanahorias que exhiben. La engorrosa y engañosa propuesta de la Reparación Histórica permitió el blanqueo de amigos y familiares a cambio de casi nada. Delincuentes de guante blanco que arrojaron unas monedas a las arcas del Estado para legalizar una evasión de años. Ni siquiera los invitaron a repatriar los capitales fugados para invertirlos en algo más productivo que la bicicleta financiera. Ni los obligaron a servir la copa de leche en algún comedor comunitario para que aprecien de cerca el daño que produce tanta especulación. Ahora son legales sin recibir, al menos, un edificante rapapolvo.
Con las tarifas de los servicios públicos han hecho lo mismo: nos convencieron de que estafábamos a los distribuidores de servicios consumiendo como parásitos por chaucha y palitos. Ahora que sacaron los subsidios y multiplicaron las ganancias empresariales, nos tratan como niños malcriados por pretender usar calefacción en invierno y refrigeración en verano. Una perversa ecuación se ha instalado en nuestras vidas: adquirimos menos confort por mayor precio y en lugar de invertir en producción, fugan las ganancias a paraísos inalcanzables.
Pero la ola ajustadora no se detiene porque hay que reducir el déficit que Ellos mismos producen. Mientras anuncian en los medios que despiden a ñoquis choriplaneros –la grasa militante- contratan globoludos con sueldos triplicados para que se conviertan en timbreros o activistas de las redes sociales. Mientras sub-ejecutan partidas presupuestarias aprobadas por el Congreso en áreas esenciales, reparten pautas publicitarias encubiertas o sobornan operadores de los medios para que tapen las trapisondas con historias inverosímiles. Ni los discapacitados se salvaron de la guadaña, aunque la Justicia ya ordenó restituir las pensiones que –por cruel capricho- habían eliminado.
La vaselina con que pasa todo esto tiene dos fuentes: los medios hegemónicos que confunden el entendimiento colectivo y las cuevas de Comodoro Py donde hay alimañas tribunalicias siempre dispuestas a inventar las causas más estrambóticas. Ahora que el encubrimiento por el caso Maldonado puede salpicar a varios, el eficiente y mañoso juez Claudio Bonadío sale al escenario para reflotar la vergonzante denuncia de traición a la Patria contra CFK y el ex canciller Héctor Timerman. El memorándum con Irán ponderado en su momento por el fiscal Alberto Nisman, aprobado en el Congreso por amplia mayoría, bien recibido por dos agrupaciones de familiares de víctimas de la AMIA y que nunca se puso en funcionamiento, sólo sirve para alimentar prejuicios desde titulares reiterativos. De la intención de la gerencia PRO de entregar los archivos de inteligencia por el atentado a una empresa estadounidense casi nadie esboza una protesta.
 Con todo esto han jugado hasta ahora pero la desaparición de Santiago Maldonado se convierte en un límite. Las mentiras que han propalado y los versitos recitados los deja al desnudo. El marketing no alcanza a tapar tanto atropello. Con la impunidad que los caracteriza, tildan de ‘política’ cualquier crítica cuando son Ellos los que han perpetrado un crimen político. Ellos se escandalizan por el uso que los opositores hacen de este caso cuando sobre explotaron el suicidio de Nisman presentándolo como un homicidio. Y lo siguen haciendo, tratando de validar nuevas pericias cuando cualquiera sabe que eso ya es imposible. Con tantas trampas que tienden van a terminar entrampados.
Agosto brinda muchas lecciones pero no para los ceócratas, que jamás aprenderán nada bueno, sino para los que siguen confiando en ellos sin beneficiarse en nada. Si no alcanza la barbarie de los gendarmes ni las torpezas defensivas de la ministra para el desencanto de los incautos, un macabro detalle debería bastar para que algunos desorientados crucen de este lado de la grieta: la nueva tendencia represiva incluye la desaparición como amenaza. Si esto no convence es porque la oscuridad ha invadido esos confundidos corazones. Entonces, ya son irrecuperables.

lunes, 4 de septiembre de 2017

La receta del Ingeniero



Con todas las letras: hay que estar muy confundido para esperar que el Cambio cambie. Esto es el Cambio: prepotencia presentada como institucionalidad y diálogo, empobrecimiento generalizado en beneficio de una minoría específica y anulación del adversario de la peor manera posible. Quien espere otra cosa, se momificará en la espera. Por más que los funcionarios amarillos hilvanen excusas y reciten promesas de manera encantadora, están conformes con el engendro que están amasando: los miedos que siembran justifican las tormentas que pergeñan. Si alguien esperaba una reacción humana en los miembros del Gran Equipo por la desaparición de Santiago Maldonado, la decepción lo habrá inundado. Ni humana ni lógica. Lejos de reconocer errores, se ufanan de una precisión inexistente y nadie los acusa de soberbios, como ocurría en tiempos de Cristina. No tan en secreto, se enorgullecen de los daños que han provocado y de los que producirán en los tiempos que se vienen.
La marcha del viernes pone en evidencia la distancia que nos separa de los Gerentes y sus adeptos. El “¿dónde está Santiago?” que clamorearon las multitudes en estos días cae en el saco roto de los oídos gubernamentales. Mientras se producía el conmovedor reclamo en Plaza de Mayo, el empresidente Macri estaba catando helados en Tucumán. Ni un mensaje de apoyo o solidaridad con la familia. Su desprecio sólo inspiró una opinión favorable al helado de mate cocido y un apoyo al accionar de Patricia Bullrich al frente del ministerio de Seguridad. La reacción de los ceócratas deja al descubierto una intencionalidad macabra: inventar un clima de violencia que justifique el recrudecimiento de la represión.
Como desde el principio de su gestión, lo importante es provocar. Después de la masiva concentración del viernes, un grupo de desaforadosléase ‘infiltrados de los servicios’- atentó contra el histórico Cabildo con piedras y pintadas. Los uniformados de la CABA entraron en la escena, no para apresar a los vándalos, sino para iniciar una cacería contra los que nada habían hecho. Las cámaras mostraban que los encapuchados que habían iniciado los desmanes se escudaban detrás de las filas policiales para aparecer después como efectivos de civil. Una coreografía para estrenar en el noticiero de la noche en HD y destinada a alejar al público cautivo de cualquier empatía con el desaparecido artesano. Durante agosto, funcionarios y acólitos mediáticos trataron de construir un enemigo con las víctimas del Sur y, con las pintadas en el Cabildo, concluyeron el plan de demonización del adversario. Y Macri avaló todo.
El despertar de la Fuerza
Que el Ingeniero esté satisfecho demuestra que cada ingrediente forma parte de la receta. Desde la expulsión de los mapuches de sus tierras ancestrales usurpadas por los terratenientes hasta las tretas de distracción intentadas por los funcionarios y adláteres mediáticos; desde las discriminadoras expresiones del jefe de Gabinete de Seguridad, Pablo Noceti hasta las desubicadas excusas de la ministra Bullrich; desde la simulada preocupación hasta la histriónica búsqueda; desde la ilegal irrupción de Gendarmería en las tierras mapuches hasta la quema de las pertenencias y la persecución de sus dueños. Con la confirmación de Patricia Bullrich al frente de Seguridad, Macri avala todo, hasta la desaparición de Santiago Maldonado.
Que no haya sido mapuche le agrega un condimento extra. Gracias a eso, el país entero comienza a empaparse de los conflictos por las tierras de los Pueblos Originarios. Si Santiago no fuera un bonaerense rubio y de buena familia, el plan de exterminio y desalojo no hubiera pasado de la repercusión regional. Ahora sabemos que el Estado administrado por Macri, en lugar de proteger el derecho a las tierras de las comunidades indígenas como manda la Constitución y la ley 26160, pone todos los organismos del Estado para resguardar los espurios privilegios de empresarios extranjeros. También sabemos que muchos periodistas acólitos se sumaron a la estrategia de distracción, difamación y encubrimiento. Y lo siguen haciendo, a pesar de que ya es evidente que la nueva Conquista del Desierto está en marcha.
El reclamo por la aparición con vida de Santiago Maldonado recorre el mundo y la marcha del viernes ocupó a la prensa internacional durante el fin de semana. La pacífica concentración en Plaza de Mayo y no los incidentes armados que ocurrieron más de una hora después. Hay que ser muy distraído o estar bastante consustanciado con el Cambio para tomar como kirchneristas a esos vándalos con flamantes banderas negras que gritaban “uno, uno” y que después se calzaron chalecos anti balas para formar parte de la captura de desprevenidos paseantes. En lugar de responder dónde está Santiago, montan una escena para desprestigiar los reclamos en las tapas hegemónicas del sábado. Como en los Tiempos Oscuros, los uniformados salieron en razzia de viernes para invadir bares y pizzerías, tomando rehenes que ni siquiera habían estado en la Plaza. Periodistas, fotógrafos y portadores de celular se convirtieron en blanco de la cacería.
Y Macri avala todo porque es la única manera de imponer el brutal plan de ajuste y desigualdad que tiene en mente. Mientras los dirigentes de la CGT no saben debajo de qué mesa de diálogo esconderse, los empresarios de AEA se frotan las manos por la flexibilización que se viene sin pasar por el Congreso. Mientras los opo-oficialistas no saben qué bandera esgrimir, los familiares de los funcionarios blanquean miles de millones de dólares de dudosa procedencia. Mientras el consumo sigue en caída libre y los importados destruyen la industria local, los ceócratas amparan a los saqueadores extranjeros. Mientras, desde las sombras, los Servicios inventan focos de violencia inadmisibles, gran parte de la sociedad pregunta ¿dónde está Santiago?
Hay que ser muy ingenuo para esperar que lo busquen, porque desde el principio saben dónde está. Ahora hay que exigir que lo devuelvan. Y sin trucos. Que no le dejen en cualquier lado porque ya está comprobado dónde lo chuparon. Que no presenten su aparición como un logro para la campaña porque sería muy obsceno. Santiago no fue abducido por venusinos sino secuestrado por gendarmes. El periodista Ricardo Bustos de FM del Lago en Esquel relató la captura el 2 de agosto con lujo de detalles y, de manera despectiva, describió a Santiago: “el sujeto era de La Plata pero residía en la vecina y marihuanera ciudad de El Bolsón, un hippie con OSDE 510”.
Un caso de desaparición forzada en democracia es muy grave pero ya sabemos que los que fueron Nisman jamás serán Santiago. También sabemos que esto no es una dictadura, pero huele a algo parecido. También sabemos que nos llevan a una catástrofe y que ya no pueden disfrazarse de nada. Y además sabemos que muchos de nuestros conciudadanos olfatean algo parecido pero no se atreven a reaccionar. Ya sabemos muchas cosas y sería bueno que tanto saber nos vuelva tan sabios para salir de esta pesadilla antes de que no podamos despertar jamás.

Un viernes negro

  La fortuna nos dio una chance. El disparo no salió, pero podría haber salido . El feriado del viernes es un casi duelo. La ingrata sorpres...