La desaparición
forzada de Santiago Maldonado seguirá siendo una piedra en el zapato de Macri sólo si comprendemos su gravedad y
sus consecuencias. Más allá de los intentos de los medios hegemónicos por
desviar el foco o alivianar el caso, debemos
evitar que lo desplacen de la agenda. Aunque jueguen a los dados con la opinión pública, no debemos permitir que salgan airosos de este nefasto episodio.
Por más que ahora empujen a la hoguera
a un puñado de gendarmes, no debemos olvidar que apelaron a las más obscenas tretas para evitar que el fango salpique a
la fuerza de seguridad que garantiza la ejecución del Cambio. Pero lo que
necesitamos no perder de vista es que están dispuestos a todo con tal de preservar los privilegios de la clase a la
que verdaderamente representan. Si dejamos que lo conviertan en un simple
caso policial, no habrá antorcha que pueda disipar las sombras que pronto nos envolverán.
La confusión reina en los que se dejan
confundir por el
disparatado relato que construyen a diario. Que Santiago era un agente encubierto del terrorismo
internacional o un experto karateca capaz de vencer a una brigada de
efectivos armados como si fuera un héroe
de película; que peinaba rastras o usaba capucha; que era un hippie
vip con tres celulares que apoyaba la causa mapuche; que quería escaparse
de su familia; que está escondido en territorio sagrado o que sacrificó su nombre para pasar a la clandestinidad.
Absurdos que sólo un voluntario podría
tomar como ciertos. Chismes que no alcanzan para desaparecer a una persona. Excusas que sólo sirven para seguir acosando a las comunidades que reclaman sus
tierras ancestrales, para que sus derechos sigan siendo pisoteados, para
que los grandes terratenientes sigan
apropiándose de nuestras riquezas.
Mientras
reflexionamos sobre estas cosas, quizá estén buscando un lugar más o menos verosímil para aparecer a Santiago con una
historieta funcional a la campaña. Una fábula que les permita simular preocupación y eficacia y que aleje las
similitudes con la dictadura a la que
tanto se quieren parecer. Un final feliz que descoloque a los mal pensados
que quieren hacer política con algo tan dramático, como si Ellos no hubieran explotado el suicido de Nisman para
invadir La Rosada. Una escena tan convincente que los convierta en angelicales constructores de un futuro
próspero para esta Argentina tan
castigada por los doce años de kirchnerismo.
Si consiguen algo así, estamos fritos. Si logran legitimar la violencia
institucional para imponer este modelo de despojo, será mejor que empecemos a buscar refugio. Si convencen a los votantes
de que éste es el mejor camino, en breve protagonizaremos una remake de los peores momentos de nuestra historia.
La Grieta recargada
Ningún gobierno
podría subsistir afectando a tantos sectores de la sociedad, prometiendo ajustes y tarifas de miedo,
destruyendo la industria y el comercio y endeudando el país como nunca si no
fuera por la nociva complicidad de los
medios hegemónicos. Los principales diarios del mundo son más críticos de Macri que los más vendidos en nuestro país. Los
Panamá Papers, la prisión de Milagro Sala, el escándalo del Correo Argentino,
la alteración de los números electorales son tópicos inaceptables para el mundo
civilizado. Una marcha de
personas en sillas de rueda y muletas para exigir la restitución de las
pensiones por discapacidad es la imagen
más cruel que podría imaginarse. Hasta denuncian que Argentina se ha
convertido en un paraíso financiero para
los especuladores. No es para menos, si las Lebacs ya amontonan una deuda
que supera el billón de pesos. Y a
esto hay que sumar los préstamos cercanos a los 140 mil millones de dólares, cifra récord en nuestra historia. Si
una parte de esa cifra se hubiera invertido en estímulo a la producción y obra
pública en serio, estaríamos más cerca
del paraíso que prometen. Pero no: nos están endeudando bestialmente para
que sus amigotes engrosen fortunas gracias a la perniciosa timba.
Lejos de mostrar
buenas intenciones, las medidas del Gran Equipo buscan perjudicar a los más vulnerables. El ministerio de Agroindustria
serruchó un programa de asistencia a pequeños y medianos productores de
verduras de hoja que afectará a más de
diez mil familias. ¿Acaso los votantes PRO aplaudirán esta decisión porque la mayoría de los damnificados son
bolivianos radicados en el país? Lo más enojoso es que los funcionarios
deben tener en carpeta una serie de subsidios y compensaciones para
los grandes productores por las inundaciones que, en parte, se agravan por
la deforestación angurrienta. Para los más ricos quita de retenciones, bajas
impositivas, libertad para especular con los granos y el dólar, pero para los más desfavorecidos, la
implacable guadaña.
¿Tan difícil es
comprender que gobiernan para una élite y que, en breve, casi todos estaremos afectados por esta fiebre amarilla? Mientras ponen las fuerzas represivas para
proteger latifundios, los diputados del
Cambio se niegan a prorrogar la ley 26160 que prohíbe los desalojos a los
pueblos originarios. ¿Cuán voluntario hay que ser para creer que los objetivos de esta ceocracia son la pobreza cero, el
pleno empleo y el desarrollo? ¿Qué confundido hay que estar para creer en la transparencia, el diálogo y la
verdad que pregonan?
El escenario
electoral auspicia una inevitable polarización entre estos ajustadores y los que quieren frenar el saqueo. En el
medio quedan aquellos que susurran tímidas
críticas al oficialismo y se hacen eco de la despiadada demonización del kirchnerismo.
De tan timoratos, terminan siendo funcionales
al plan destructivo al que simulan oponerse. De tan acomodaticios, acabarán descartados en un lado del camino
o succionados por la banda que nos des-gobierna. El rechazo a la convocatoria
de CFK para la unidad de los opositores deja
en evidencia a estos ‘dirigentes’ que obedecen sin dudar las directivas del
establishment. El Cambio no admite medias tintas: convalidarlo en las urnas significa profundizar el sufrimiento de
muchos argentinos. Que Macri balbucee mal el Padre Nuestro puede inspirar
algunos chistes en las redes, pero que asista a la inauguración de un comedor
revela que la caridad es la única
respuesta que tienen para atenuar la pobreza. El horizonte es mayor
desigualdad y el que crea otra cosa padece
una sobredosis de voluntarismo.
gracias gustavo, comparto-besos
ResponderBorrarCREO QUE YA ESTAMOS FRITOS..LA IMAGEN DE MACRI COMO DE LA BULLRICH CRECIERON UN 3% EN BASE A LA DESAPARICION DE M,ALDNADO...SE LO MERECIA POR HIPPIE,BARBUDO,SOLIDARIO...UNA SOCIEDAD EN QUE SE PRODUCE ESTE HECHO DE AUMENTO DE LOS NIVELES DE ADHESION A AMBOS,GRACIAS A LA DESAPARICION DE UN COMPATRIOTA,ES UNA SOCIEDAD DEFINITIVAMENTE ENFERMA.
ResponderBorrarCreo efectivamente que estamos en el horno,sancochados,al asador o al spiedo..basicamente porque no tenemos conciencia que estos turros vinieron para quedarse
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