lunes, 27 de mayo de 2019

De la alegría a la depresión


En cierta forma, la vice Michetti tuvo razón al usar la metáfora del túnel y la lucecita que se veía al final. Claro que en el túnel nos metieron estos sátrapas y esa luminosidad sólo será visible cuando abandonen el gobierno. Aún sorprende que conserven una intención de votos que, aunque menguante, todavía es alta. Que aún atraiga casi un 30 por ciento de voluntades el que será recordado como el peor presidente desde la vuelta a la democracia asusta un poco. Que la imagen negativa del Cambio alcance el 70 por ciento indica una ausencia de crítica en el resto. Ni los macristas saben cómo defender a Macri y cada tanto, en lugar de pronunciar ese apellido, tropiezan con un “Mariú…” vergonzante. Vidal, por supuesto, como figura de recambio, cuyas angelicales poses, por más poncho que lleve, son menos creíbles que un tiempo atrás.
Aunque la monstruosa persecución que terminó en La Masacre de San Miguel del Monte impactó en todos los rincones del país, la imagen de la gobernadora bonaerense parece a prueba de salpicaduras. Ni siquiera altera su rostro celestial cuando asiente las barbaridades verbales del empresidente Macri. Si bien la apología del gatillo fácil corre por cuenta de la bestial Bullrich, los siete policías involucrados en la salvaje cacería y el encubrimiento pertenecen a la provincia. El blindaje mediático hace que Vidal esté a salvo de los desastres de su gestión, aunque los de Macri reducen su intención de voto. Y sobre todo, a diferencia de los demás PRO, ella sabe guardar silencio ante hechos siniestros. ¿Qué dijo sobre esta matanza? Nada: desde el lunes 20 hasta ahora, sus mensajes en las redes la mostraron muy lejos. En Twitter, escribió de todo, pero de esto, ni una palabra. Cuando hay muertes, enmudece.
Algo muy diferente de Patricia Bullrich, cuya locuacidad recrudece con la proximidad de la sangre y expele su aliento al exterminio. Inmune al espanto que provoca el video de la persecución -en la que se ve a un poli disparando con su “linterna calibre 9 mm”- no pierde la ocasión de reivindicar el nefasto accionar de las fuerzas a su cargo. En cada una de sus bravatas, no para de recitar el cambio de “doctrina, para que los policías no siempre sean culpables”, aunque para ella siempre resulten inocentes. Ante cada exceso represivo, la indefendible ministra prefiere inundar la opinión pública de mentiras pueriles antes que reconocer cualquier culpabilidad. Hasta es capaz de falsear el pasado con tal de justificar su actuación, al decir que la muerte y desaparición de Luciano “Arruga fue una construcción, como quisieron hacer con el caso Maldonado”. O de seguir pregonando que “el caso Chocobar es un claro ejemplo de cómo deben actuar las fuerzas policiales en cumplimiento de su deber”. Aunque tarde, las reprimendas judiciales llegan desde General Roca y los pedidos de juicio político no deberían caer en saco roto. Un monstruo como Bullrich no puede quedar impune.
Sin sol del 25
En los últimos años, las fiestas patrias son más amarillas que celeste y blancas, una impronta que comenzó en el Bicentenario de la Independencia con eso de “los héroes angustiados, querido rey”. Sin jolgorio ni muchedumbres en las calles, un poco porque no lo valoran y otro poco porque no lo conseguirían. Una pantalla gigante en la Plaza observada por tres o cuatro custodios aburridos basta para hacer público el Tedeum y las morisquetas de Macri al persignarse. También para que todos –los tres o cuatro- sean testigos de la lección de civismo que dio el cardenal Mario Poli. En sintonía con la campaña electoral y en contra del “es por acá” presidencial, el prelado hizo suyas algunas propuestas de la oposición. Poli afirmó que "es el momento de ir hacia un gran pacto nacional con mirada amplia y generosa, que no sea funcional ni coyuntural, un gran pacto de honor, que deje de lado las mezquindades personales". El orador debió haber aclarado que lo de las ‘mezquindades personales’ no apuntaba sólo a los postulantes que quieren ser estrellas, sino también a los especuladores que se están llevando todo.
El arzobispo porteño debió haber agregado que “una convivencia en paz, justicia, educación y trabajo” no se logra con plazas valladas e inundadas de uniformados; ni con declaraciones belicosas, amenazas a los jueces, ajustes constantes y desaliento de la producción. Y después adornó su homilía con algunos lugares comunes como “propuesta superadora”, “la unidad sobre el conflicto”, “cultura del encuentro” y la famosa “mesa de diálogo que acentúe las coincidencias y no tanto las diferencias”. Frases que parecen decir todo pero terminan diciendo nada, como ésa de que “hay que tirar todos para el mismo lado” sin aclarar para qué lado. Si la divinidad que inspiró el discurso de Poli es la misma del Evangelio, en lugar de dar tantas vueltas, debería haber acusado de “raza de víboras, sepulcros blanqueados” a los asistentes, como dicen que hizo Cristo a los mercaderes del Templo. O sin tantas metáforas, debería haber ordenado a la minoría que representa Macri que abandonen tanta avaricia.
Si de eso se trata la Grieta, de la angurria desaforada de los que tienen de sobra. De ésos a los que no les basta con explotar trabajadores y multiplicar sus ganancias con especulación, evasión y precios de pesadilla, sino que exigen quitas impositivas y menos controles, que casi no existen. De ésos que se han beneficiado con la fuga del 60 por ciento de la deuda externa que el Cambio ha tomado. Deuda que, por supuesto, pagaremos entre todos. De ésos que han adquirido bienes del Estado que Macri ha vendido a precios bajos por un valor de 1130 millones de dólares con la sola firma de un decreto.
¿Por qué el próximo gobierno se tendrá que hacer cargo de tanto desquicio por medio del diálogo y el consenso con los que nos han saqueado y quieren seguir haciéndolo sin pedirnos permiso? Si el principal candidato de la oposición, Alberto Fernández promete “tender la mano y traer adentro” a los cuatro millones y medio de pobres que dejará Macri, que aclare cómo lo hará sin afectar los privilegios de la minoría. Con la pesificación de las tarifas de los servicios públicos no se devuelve todo lo que nos han escamoteado a fuerza de tarifazos. Con un control de precios no se recupera lo que nos han estafado desde las góndolas.
En definitiva, habría que aclarar a los que quieren evitar todo conflicto que así no se resuelve nada. Que los poderosos no van a ceder gentilmente parte de sus fortunas a cambio de la sonrisa de un candidato. Que es injusto que entre todos subsidiemos el patrimonio de unos pocos. Que no es democrático que gobiernen los que nunca han sido votados. Que el país debe brindar dignidad para todos sus habitantes. Que nunca debemos adoptar los argumentos de los que más tienen. Que el sentido común es la anulación del entendimiento. Que el camino no es por acá, sino para el otro lado, como siempre.

2 comentarios:

  1. Que el camino era para el otro lado, cualquier lado diferente a esta porquería, lo sabíamos desde siempre.... quizás ahora estemos un poquito más acompañados por tanta víctima del desastre que va descubriendo que lo que se lees decía era así, tal cual o peor. Algo es algo.
    Decepción, para mí, es esa idea de AF de dar por terminada la guerra mediática, algo que no depende de él y que no tiene variantes (en todo caso, la única variante es que AF es el nuevo objetivo a bombardear), una idea fuera de tiempo y circunstancia donde, más temprano que tarde, la agenda es la de ellos y siempre en un planeta diferente al de la desventura cotidiana de los argentinos.
    Enternecedor el discurso del monseñor, casi parecía un opositor, lástima que el destinatario sea impermeable y creyente de otras fábulas.... una pena, pero bueno, me contaron que lo entrenaron para que se persigne de modo menos ridículo, lo dicho antes, algo es algo.
    "Alegría, decepción", parece una novela de Jane Austen pero la nuestra, la del subvirreinato es de Stephen King y de terror, con doña malbec en yunta con la virginal heidi y sus respectivos rambos, la verdad es que hay que entender, para vivir seguros siempre hay algún daño colateral, ya sabemos, la seguridad segura es un gran negocio y a algunos les toca invertir algún hijo, pero así son los costos, vió?. Acabo de escuchar que, lamentablemente, CFK no tiene prohibido usar el celular en comodoro pro .... ¿adónde iremos a parar con tanto libertinaje?. Y usted que la defiende...

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